Categoría: Principios del siglo XX

E53. HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

E53. HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

Por Juan Carlos Sierra Freire y Lucía Garrido

Hermanos Garrido, de Parderrubias, artistas tan excelentes cuanto ignorados, que en estatutaria compiten dignamente, noblemente, con los mejores de Barcelona y de Valencia. Tanto puede el arte cristiano, en que los Garrido brillan, imprimiendo en la madera ese quid divinum que caracterizó a los artistas religiosos medievales” (C. C., 1911).

En el primer tercio del siglo XX, la práctica totalidad de vecinos de Parderrubias se dedicaba a las actividades agrícolas y ganaderas. Es en esa época en la que nos encontramos a una familia para la que estos quehaceres pasaron a ser algo secundario. En toda la comarca eran muy conocidos los negocios familiares y la actividad industrial de los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias): aserradero, molinera, ultramarinos y, sobre todo, los talleres de escultura religiosa. Los Hermanos Garrido disfrutaban de gran estima en toda la comarca, siendo considerada una familia influyente de la época

Los que con el tiempo pasaron a ser conocidos como “Os Escultores” de Parderrubias eran los hijos de Celedonio Garrido y Jacinta González: José (1881-1965), Eliseo (1884-1972), Manuel (1889-1977) y Modesto (1892-1964). Además de estos, Celedonio y Jacinta tuvieron dos hijos más: Encarnación (1876-1918), fallecida a la edad de 42 años a consecuencia de la pandemia de 1918; y Marcelino (1877-1904), fallecido con solo 27 años, debido a las secuelas de un accidente talando un árbol. Se trataba de una familia de labradores de O Outeiro en la que, en sus principios, el padre y el hijo mayor José iban a las siegas a Castilla para complementar los ingresos que les daban las tierras y los trabajos artesanales en madera (Piñeiro, 2018). Celedonio había puesto en funcionamiento en O Outeiro un taller de ebanistería que con el tiempo evolucionaría a uno de imaginería y escultura religiosa. Este taller, en el que todos los hermanos se especializan en el arte de la imaginería, constituye el embrión de las dos marcas comerciales que llevan el sello de “Os Escultores”: José Garrido y Hermanos (José, Manuel y Modesto), y Eliseo Garrido e Hijos (Eliseo).

Artes Católicas José Garrido y Hermanos

José, Manuel y Modesto abren negocios en A Manchica –en aquel momento, pertenecía a la Parroquia de Parderrubias-, lugar al que pasa a vivir Modesto una vez casado. José y Manuel permanecen solteros y viven en A Carretera (Parderrubias). En A Manchica ubican sus afamados talleres de imaginería religiosa Artes Católicas José Garrido y Hermanos, que según Piñeiro pasaría a constituirse legalmente como Sociedad en el año 1924, con un capital de 25.000 pesetas. José y Manuel habían ido a formarse a Barcelona en arte religioso, y es aquí en donde también Manuel entra en contacto con técnicas fotográficas punteras en esa época, convirtiéndose de este modo la fotografía en una de sus aficiones más importantes. Al lado del taller de escultura religiosa, levantan un aserradero, conocido como La Industrial, y una molinera. El aserradero sería inaugurado en el año 1925 con un evento social amenizado por el grupo de gaiteros Os Maravillas de Cartelle, en el que tocaba Aurea, la que hoy está considerada primera mujer gallega gaitera. A este aserradero se le unirían otros dos: uno en Outumuro y otro en Celanova.

En esos años era algo habitual encontrarse en el diario La Zarpa este anuncio publicitario:

La Industrial: fábrica de aserrar y labrar maderas. Talleres de construcción José Garrido y Hermanos. Parderrubias”.

En A Carretera, los Hermanos Garrido construyen una lujosa casa solariega, que incluye hasta una capilla. Este edificio se convierte en la vivienda de José y Manuel, y en él instalan una tienda de ultramarinos y ferretería, en la que se llegó a vender hasta penicilina, pues Manuel poseía algunos conocimientos médicos. Se trataba de una casa tipo indiano, la cual mantiene la estructura en la actualidad, salvo el torreón que ya no existe. Aquí es donde Manuel instala su estudio de fotografía, cuyas técnicas había conocido en su viaje a Barcelona.

Casa de “Os Escultores” en Parderrubias a principios del siglo XX

Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos

Eliseo, después de contraer matrimonio, se separa de sus hermanos y crea en los años veinte su propio taller de imaginería religiosa en Bouzas: Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos. Según una hijuela de 1918, Eliseo hereda de sus difuntos padres tierras en Bouzas y en A Salgueira. Mientras que los talleres de José Garrido y Hermanos no tuvieron continuidad a la muerte de los tres hermanos, el de Eliseo Garrido sí lo hizo con sus hijos Celso y Adolfo. En 1962, Celso emigra a Francia quedándose Adolfo al frente del taller, hasta que cinco años después, una vez retornado de la emigración Celso, ambos hermanos deciden separar sus caminos profesionales. Celso crea la marca Celso Garrido e Hijos, pasando a denominarse Restauraciones Garrido en los años ochenta, marca comercial al frente de la cual se encuentran en la actualidad José Luis y Lucía Garrido (tercera y cuarta generación; véase http://restauracionesgarrido.es/). La firma Taller de Eliseo Garrido e Hijos llevó a cabo multitud trabajos, entre los que destacan el altar mayor y laterales de A Mezquita, altares mayores de Piñor, Taboadela, Baños de Bande, Cabaleiros, Tamallancos, Ramoiños, Arnoia, Cualedro, Olás, Xinzo, retablos mayores de Morgade, Cortegada, Cerreda, Bobadela, Entrimo, Cantoña, retablos laterales de Velle, San Pedro de Bogo, Villarrubín, etc., destacando de manera especial el altar mayor y el lateral construidos para la nueva iglesia de los Padres Franciscanos que se inauguró el día de Corpus del año 1929 en el parque de San Lázaro. Dicho trabajo fue reconocido por el diario La Región, y recibió multitud de felicitaciones, tal como acredita la revista El Eco Franciscano de julio de 1929.

Con motivo del altar construido por esta acreditada firma industrial, para la nueva iglesia de PP. Franciscanos de esta ciudad, fueron muchos y muy merecidos los elogios tributados al señor Garrido, que con esta obra ha demostrado que en sus talleres se producen trabajos de estimable valor artísticos. El crédito de los Talleres de la Sagrada Familia se extiende desde antes de esta fecha por toda la provincia y aún fuera de ella, pues entre otras obras de mérito destacan el altar mayor de la parroquial de Piñor, el de Taboadela, Morgade en Ginzo, Belle, Cortegada de Limia, convento de Padres Franciscanos de Rivadavia, San Pedro de Bojo (Oviedo) y otros que darían para una larga relación. Muy cordialmente felicitamos a don Eliseo Garrido por el elevado grado de perfección a que ha llevado su industria, que honra a nuestra provincia” (La Región, 11 de junio de 1929).

La fotografía que aparece a continuación muestra el plano del retablo de la capilla de Valoiro confeccionado por Eliseo Garrido en el año 1919.

Plano retablo Capilla de Valoiro

Los trabajos en el Taller de la Sagrada Familia, de igual manera que ocurriría en el de José Garrido y Hermanos, comenzaban al amanecer. Rescatamos una anécdota en el quehacer cotidiano del taller, contada por Celso Garrido (hijo de Eliseo), que tiene como protagonistas al abuelo y al bisabuelo de los respectivos autores de este artículo. Paulino Sierra realizaba de manera habitual labores de carpintería para “Os Escultores”. Una mañana, en el Taller de la Sagrada Familia, Paulino y Eliseo Garrido hablaban sobre los coches -probablemente en relación a los primeros vehículos de cuatro ruedas adquiridos por “Os Escultores”-, y en dicha conversación le decía Paulino a Eliseo: “chegará un día no que os coches serán baratos e todos poderán mercalos (llegará un día en que los coches serán baratos y todo el mundo podrá comprarlos)”.

Eliseo era un hombre tranquilo, inteligente, que supo hacer de la adversidad virtud y levantarse de cada caída. Un ejemplo de su forma de ser es la respuesta dada a un debate que tuvieron sus hijos Celso y Adolfo acerca del tipo de trabajos que debían hacerse en el taller, planteándose que los trabajos baratos no debían atenderse. La respuesta de Eliseo fue así de contundente: “Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) un traballo por poucos cuartos que deixe sempre hai que atendelo (Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) (un trabajo por poco dinero que deje siempre hay que hacerlo)”.

Trabajos de imaginería religiosa

Los trabajos de imaginería religiosa de “Os Escultores” pronto son reconocidos en toda la provincia ourensana y fuera de ella, tal como se puede leer en el diario El Progreso de Lugo, del 10 de agosto de 1915, haciéndose eco de la exposición, en uno de los escaparates de la Casa Bravo, sita en la calle Príncipe de Vigo, de un magnífico retablo representando los Sagrados Corazones de Jesús y María, procedente de…

“…los grandes talleres de escultura religiosa José Garrido y Hermanos, situados en Parderrubias, pueblecillo cercano a Orense”.

En el recién aparecido diario La Región era usual encontrar en 1910, casi a diario, el siguiente anuncio:

José Garrido y Hermanos (Orense) Parderrubias. Esta casa cuenta con todos los adelantos modernos para la construcción de Imágenes en madera y cartón-madera, Altares, Doseles, Púlpitos, Monumentos para Semana Santa, y todo lo concerniente al culto católico. También se encarga de la restauración y pintura de Imágenes y Altares, por deteriorados y antiguos que sean, ejecutando estos trabajos en nuestros talleres o a domicilio. Se remiten gratis, dibujos, catálogos, fotografías y cuantos datos necesiten los señores que deseen honrarnos con sus encargos, para lo cual dirigirán su correspondencia a JOSE GARRIDO Y HERMANOS (Orense), Parderrubias” (La Región, 19 de agosto de 1910).

Así describía el corresponsal de La Región en Celanova la majestuosa imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que procesionó el 26 de noviembre de 1911 en la parroquia de San Salvador de Redemuiños, obra creada en los Talleres Hermanos Garrido:

De filigrana se puede calificar la hermosa estatua que, sostenida por cuatro ángeles, ostentadores del Cáliz, de la Cruz, de las Espigas, etc., mide la altura de un metro setenta centímetros, y cuya decoración, severamente armonizada, la llena de vida, hasta el punto de figurarse la mente a nuestro Redentor, marchando con paso lento y solemne por entre la muchedumbre y mostrando su corazón lleno de misericordia“.

O Tío Marcos d’a Portela, primera publicación periódica monolingüe en gallego, que había sido fundada por Valentín Lamas Carvajal en 1876, y recuperada entre 1917 y 1919, incluía la siguiente cuña publicitaria:

ARTES CATÓLICAS. Grandes Talleres d’Escultura Relixiosa, Artística, Talla, Pintura e Dourado. Costrución e reparación de toda crás de imáxenes en madeira e Pasta-madeira, Retablos, Doseles, Púlpitos e Tabernáculos. Variado sortido em Vía-Crucis de Pasta-madeira, de diferentes tamaños, crases e estilos. XOSÉ GARRIDO E HIRMAUS. Parderrubias (Ourense). Sucursal e depósito en Ourense DON VALENTÍN CID. Paz, núm. 2”.

En el año 1929 encontramos en el diario La Región una cuña publicitaria de la marca Eliseo Garrido:

Taller de la Sagrada Familia. Eliseo Garrido. Parderrubias (Orense). Escultura, talla, pintura y dorado. Retablos, doseles y todo lo concerniente al culto católico” (La Región, 12 de junio de 1929).

El día de Corpus del año 1914, La Región dedica un especial a algunos de los comercios y negocios más influyentes de la época en Ourense: Laboratorio Vidal, Gran Hotel Miño, Gran Bazar Andrés Perille, Dentista García del Villar, Almacén de Tejidos Celso Ferro, Máquinas Singer, Droguería Pinal-Yebra-Aperribay, Hotel Cataluña, Gran Garaje Cimadevila, Balneario de Molgas, Relojería Manuel Barbosa, Bazar Avelino Cimadevila, Comercio La Pal y… a los Hermanos Garrido de Parderrubias. El reportaje dedicado a estos últimos, ilustrado con una bellísima escultura religiosa, relataba:

En Parderrubias, un pueblecillo cercano a Orense, están emplazados los talleres de escultura religiosa de los señores Garrido. Quizás en otro pueblo que no fuera el nuestro, los trabajos hermosos, concienzudos y acabados que se ejecutan en estos talleres, serían admirados y ponderados cual en justicia merecen serlo y aún arrancarían la supremacía a otras casas que se dedican a la misma industria. El grabado que publicamos, dice mucho mejor de lo que  nosotros podemos hacerlo, lo notable de la labor de los señores Garrido y ratifica nuestras anteriores manifestaciones. En la construcción de altares hacen primores también en esta casa. Sus imágenes talladas en madera y cartón-madera en forma tan admirable; de una perfección en las líneas y en los menores detalles tan marcada; de un dibujo y naturalidad asombrosa, son exportadas en gran número y pueden verse en muchas, en casi todas las iglesias de esta provincia. Y esta casa, más pronto o más tarde, tendrá que imponerse a las demás similares, porque así lo demandan sus trabajos no superados por los fabricantes del artículo a que nos referimos, que hoy privan en España” (La Región, 11 de junio de 1914).

No les faltaron competencias desleales o quienes les suplantaban en sus obras artísticas. Así, en agosto de 1922, se ven en la necesidad de publicar en la prensa escrita el siguiente anuncio:

Falsa propaganda. Desmintiendo la falsa noticia propagada solapadamente por ciertas personas que con fines lucrativos pretendieron hacer ver que no se seguía trabajando en los TALLERES DE ESCULTURA RELIGIOSA de Parderrubias, JOSE GARRIDO Y HERMANOS participan a su numerosa clientela que en sus talleres recientemente ensanchados y dotados de maquinaria moderna, se trabaja en mayor escala que anteriormente, lo que permite servir en inmejorables condiciones y a precios sin competencia toda clase de imágenes, retablos, restauraciones y todo lo que concierne al culto divino. Fábrica de aserrar maderas y molinera-Talleres de construcción. Grandes existencias de maderas de todas clases. MADERAS MACHEMBRADAS. Servicio de transportes de maderas a domicilio. Se vende gran partida de leña (desperdicios). JOSE GARRIDO Y HERMANOS. Parderrubias (Orense) (La Región, 19 de agosto de 1922).

En marzo de 1923 el Gerente de la razón social José Garrido Hermanos de Parderrubias hacía publica una nota de prensa en la que se informaba que las obras construidas en sus talleres de escultura religiosa se distinguen por una placa de bronce con la marca registrada “Artes Católicas”, de manera que las que no lleven esa placa no son legítimas de sus talleres. Hacía esta advertencia para que su clientela no se dejase engañar con ofrecimientos de otros artistas que con el fin de acreditarse utilizaban el mismo título.

Obras de “Os Escultores” en la Iglesia de Santa Mariña de Augas Santas

La producción artística de los talleres fue en aumento y sus esculturas de Sagrados Corazones, Vírgenes y Santos se hicieron hueco en multitud de iglesias y altares de la provincia. El éxito comercial y la fama de sus trabajos de imaginería no fueron impedimento para que “Os Escultores” llevaran a cabo obras sociales, en ocasiones en forma de donaciones. El Jueves Santo de 1936, estando muy próximo el inicio de la Guerra Civil, la iglesia parroquial de Barbadás fue incendiada por un grupo de insurrectos. Su reconstrucción duró más de un año y costó 10.600 pesetas. Los Hermanos Garrido contribuyeron a dicha obra donando una imagen del patrono San Juan Bautista.

Precios de imágenes en madera en 1916

Relevancia social

El prestigio y la relevancia de “Os Escultores” alcanzaron altas cotas en la sociedad de aquella época. En mayo de 1913 tienen lugar las fiestas Constantinianas en todo el mundo católico con el fin de celebrar la Paz de la Iglesia, conmemorando el decimosexto centenario del Edicto de Milán del año 313, por el que el Emperador Constantino reconoce a los cristianos la libertad de culto. En Ourense, durante las celebraciones, se iluminó la Catedral y en una de las torres se colocó una gran cruz iluminada. Con el objeto de ganar el Jubileo Constantiniano por dicha conmemoración, un grupo selecto de personas de la provincia ourensana viaja a Roma como peregrinos bajo la tutela del Obispo de la Diócesis, don Eustaquio Ilundain. Entre estas personas se encontraban el Rector del Seminario, un Canónigo de la Catedral, algunos párrocos y Manuel Garrido, uno de “Os Escultores”. El viaje en tren les llevó por Oviedo, Zaragoza, Barcelona, Marsella, Génova y, finalmente, Roma, en donde permanecieron desde el 7 al 13 de mayo hospedados en el hotel Babaria, aunque lamentablemente no pudieron ser recibidos en audiencia por su Santidad Pío X, debido a su estado de convalecencia. En Marsella tuvieron oportunidad de visitar el Santuario de Notre-Dame de la Garde, haciendo uso para la ascensión del Ferrocarril de Cremallera. A su regreso pasaron por Lourdes.

José, el hermano mayor, fue elegido Alcalde de A Merca en el año 1926, tomando posesión el 24 de abril. Tenía 45 años. Estando vigente el Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera, una nueva corporación formada por jóvenes, que nunca se habían dedicado a la política, accede al Ayuntamiento de A Merca con ansias de acabar con la vieja política caciquil. La crónica de La Región informaba que:

Todos ellos nuevos dos veces, nuevos porque nunca han figurado en política y nuevos porque todos son jóvenes y además, ganosos de tirar con los moldes de la vieja rutina. Unido a esto como alcalde la prestigiosa persona de D. José Garrido, dio por resultado una corporación que ni soñada” (La Región, 1 de mayo de 1926).

El carácter personal de José Garrido y su discreción quedan reflejados en la carta que vecinos suyos firman en La Región el día en que toma posesión como Alcalde de A Merca:

La  prohibición del Sr. Garrido nos priva del placer de homenajearlo cual era nuestro deseo, pero su modestia personal no le permite aceptar acto de ostentación alguna” (La Región, 1 de mayo de 1926).

Estas mismas características personales ya habían sido empleadas en 1915 por S. Súarez López, cura de San Vitoiro da Mezquita, para describir a los Garrido:

Tan sencillos como modestos, los hermanos Garrido huyen de todo ruido, convencidos de que todo el mérito positivo no necesita que se le anuncie con encomios, como no lo necesita la belleza para atraer las miradas de todos: le basta con presentarse“.

El 6 de enero de 1927 se lleva a cabo la bendición y colocación de la primera piedra de la nueva escuela de Parderrubias, estando presidido el acto por el Alcalde de A Merca, don José Garrido González, acompañado de concejales, sacerdotes, maestros y un numerosísimo público. La obra sería ejecutada por José Garrido y Hermanos. Diecinueve meses después, el 12 de agosto de 1928, se lleva a cabo el solemne acto de inauguración oficial del edificio. La ceremonia fue presidida por el Gobernador Civil, don Vicente Rodríguez Carril; el Inspector de Primera Enseñanza, señor Maceda; y el Jefe Provincial de Unión Patriótica, señor Salgado Biempica. Además, se encontraban el Alcalde de A Merca, señor Garrido, su Corporación, el maestro nacional, el párroco y resto de autoridades locales. La obra había sido sufragada por el presupuesto municipal y la suscripción de los vecinos de la Parroquia de Parderrubias (La Zarpa, 14 de agosto de 1928).

La inauguración del nuevo pabellón escolar formaba parte del programa de fiestas en honor a la Virgen de Lourdes que organizaron los Hermanos Garrido los días 11 y 12 de agosto de ese año 1927, fecha en la que inauguraron un oratorio en su domicilio de Parderrubias. Tal como recoge el diario La Región de esas fechas, el sábado 11 de agosto a las doce del mediodía un repique general de campanas y el disparo de una nutrida salva de bombas anunciaba el comienzo de los festejos. A las ocho de la tarde, tenía lugar la novena a la Santísima Virgen y acto seguido se cantaron solemnes vísperas en su honor. Desde las nueve y media hasta las doce de la noche se celebró una gran verbena en el campo de la fiesta, amenizada por una banda de música, bajo una sorprendente iluminación. Al día siguiente, domingo 12 de agosto, a las cinco de la madrugada, una salva de bombas anunciaba la reanudación de los festejos y la banda de música recorrió las calles de los pueblos tocando dianas y alboradas. A las siete hubo misa parroquial y novena. A las nueve y media, tuvo lugar la bendición del oratorio en el domicilio de los hermanos Garrido, y acto seguido se celebró en el mismo la primera misa, cantada. A las diez y media se procesionó a la Virgen María desde el oratorio a la iglesia parroquial, en donde se celebró una solemne misa cantada a toda orquesta. Por la tarde, a las cuatro y media, se llevó a cabo una ceremoniosa bendición de la Bandera del Sindicato Católico Agrícola de Parderrubias, y ya a las cinco, con la asistencia del Excelentísimo Señor Gobernador Civil se inauguraba la escuela. A las seis comenzaron los bailes populares amenizados por la banda de música hasta el anochecer, cuando una salva de bombas ponía fin a los festejos.

La notabilidad de la familia Garrido queda patente en una fotografía publicada en la revista Vida Gallega del 20 de noviembre de 1923 (véase más abajo), en la que Modesto (de pie, segundo por la izquierda) y José (sentado en el centro) aparecen posando con sus sobrinas junto a los Oficiales del Batallón de Cazadores de Ourense, que estaba realizando en esos días maniobras militares en Parderrubias. En esa misma fotografía también podemos observar, sentado a la derecha, al cura don Adolfo Outumuro, pocos meses antes de su fallecimiento. En 1929, José y Manuel, junto al cura don Castor Gayo (fotografía que aparece al principio del artículo) viajan a la Exposición Internacional de Barcelona. Manuel y José ingresarían en el Somatén de la Octava Región, Auxiliaría de Allariz, durante la primera quincena del mes de enero de 1929.

“Os Escultores” de Parderrubias fueron los que adquirieron el primer vehículo de cuatro ruedas en el pueblo. También fueron los primeros en poseer dos camionetas para el negocio del aserradero. El 25 de octubre de 1921, un devastador incendio que asoló un edificio en O Posío acababa con la vida de un matrimonio y su hija. En los bajos había un taller de pintura propiedad del infortunado y un garaje, en el que se guardaban tres camiones Peugeot, que quedaron completamente carbonizados; uno de esos camiones era de los Hermanos Garrido. El incendio había sido provocado por una negligencia de un chófer al llenar de gasolina el depósito de uno de los camiones, dejando que esta se derramase y alcanzase un farol de aceite. Aparte de la pérdida de vidas humanas, los daños superaron las cien mil pesetas de la época.

Manuel era un apasionado de la fotografía (varias de las fotografías que ilustran este artículo son de su autoría), lo que se puede interpretar como un gran hito en aquella sociedad rural de la época. Tal como relata Piñeiro, en 1911 adquiría los primeros frascos de revelador y sobres de papel de citrato de 13 por 18 en la droguería Sanchón de Vigo. Durante los años veinte se encargó de fotografiar a vivos y muertos de toda la comarca, llegando a acumular cientos de fotografías que hoy constituyen un documento visual valiosísimo que permite conocer y profundizar en la sociedad de principios del siglo XX en toda nuestra comarca. Una de sus fotografías más impactantes corresponde a un entierro celebrado en la iglesia parroquial de Parderrubias, excelentemente inmortalizado por a cámara de Manuel. Pudiera tratarse del entierro de don Adolfo Outumuro.

Entierro en la iglesia parroquial de Parderrubias retratado por Manuel Garrido

En palabras de Piñeiro, Manuel retrató a “ricos y pobres, a burgueses prepotentes que inmortalizaban sus pretendidas riquezas personales y su egocentrismo, y a humildes labriegos que veían en la fotografía el arte de la transformación temporal, superando por momentos, sus particulares miserias… Niños y viejos, vivos y muertos, entierros y romerías y algún que otro pionero, que orgulloso mostraba al mundo su modernidad adquirida, eran los motivos etnográficos que el joven Manuel Garrido iba plasmando en su cámara oscura“.

El nombre de Hermanos Garrido llega a aparecer en la obra “Mitteleuropa” de Vicente Risco, en la que el gran literato gallego relata sus impresiones acerca del viaje que realiza a Berlín:

Cadra xa en Wilmesdorf, e para ir, cómpre atravesar a Kurfürstendamm e coller logo por Olivaer Platz e Parisestrasse. É unha igrexa nova dun oxival que farían os irmáns Garrido de Parderrubias, se como son carpinteiros e escultores, fosen canteiros e arquitectos, posta no medio dun lindo xardinciño”.

Los eventos sociales en la casa de “Os Escultores” saltaban a las páginas de los periódicos locales de la época:

El domingo se celebró en la casa solariega de los señor de Garrido, en Parderrubias, la fiesta de la patrona de la casa, la Virgen de Lourdes. Hubo misa solemne en el oratorio en la que interpretó música de Perosi la Banda de Las Pías, que dirige el competente joven don Aurelio Nieto. Luego se sirvió una suculenta comida a cerca de cien invitados. Por la tarde hubo fiesta popular en los patios de la fábrica de escultura de los Garrido” (La Región, 30 de julio de 1933).

En definitiva, los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias) fueron una familia emprendedora de la época, que colocaron el nombre de Parderrubias en la sociedad de principios del siglo XX, a través de su actividad industrial, política y social. A pesar de que los talleres de imaginería religiosa José Garrido y Hermanos enmudecieron hace ya muchas décadas, su obra perdura con el paso del tiempo, pudiendo todavía hoy ser contemplada, como es el caso del Viacrucis que cuelga de las paredes de la iglesia parroquial de Parderrubias. La tradición prosigue actualmente con Restauraciones Garrido, que dio continuidad a una de las dos sagas: la de Eliseo Garrido.

Firmas de los cuatro hermanos Garrido

Referencias

Piñeiro, A. (2018). Cazadores de almas. Tres fotógrafos das terras de Celanova. Raigame, 42, 60-67.

Nota. Los autores agradecen a Antonio Piñeiro permitirnos hacer uso de su documento no publicado “Manuel Garrido: un imaxineiro que dominou a arte da fotografía”, y a Xulio Outumuro el hacerlo llegar a nuestras manos.

E52. La Guerra de África de nuestros abuelos: historias del Rif. Por Juan Carlos Sierra Freire

E52. La Guerra de África de nuestros abuelos: historias del Rif. Por Juan Carlos Sierra Freire

Van los pobres rapaces a pelear por algo que les es tan ajeno como una pugna entre esquimales y nautas del Sur. Van convencidos de que nada se les ha perdido a ellos, ni a su tierra, ni a sus gentes en los riscos pelados ni las planicies quemadas del Magreb. Van, porque los llevan contra su voluntad…”

Lamentablemente, las generaciones de nuestros antepasados se vieron inmersas en violentas guerras. Nuestros tatarabuelos libraron allá por 1809 la Guerra de la Independencia contra Napoleón, y nuestros bisabuelos vivieron las Guerras en ultramar de Cuba y Filipinas, entre 1895 y 1898. A nuestros abuelos les tocó lidiar en las primeras décadas del siglo XX con la segunda Guerra de África o Guerra del Rif.

Durante el reinado de Alfonso XIII, ya finalizadas las aventuras coloniales de ultramar en 1898, el foco de atención se centraba en Marruecos, zona geográfica que había sido adjudicada a España en los repartos internacionales, desencadenándose al poco tiempo la Guerra de África como consecuencia de la sublevación de las tribus del Rif en contra del colonialismo español. La guerra duraría desde 1911 hasta 1927, y supondría una enorme sangría económica y de vidas humanas: España dejaba la vida de sus jóvenes y el dinero de su producción económica en las agrestes tierras marroquíes.

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Tercer Batallón Ceriñola fotografiado en el Rif en el año 1912. Tomada, con permiso de Rafael Salgado, de http://ovrense.blogspot.com/2016/10/batallon-de-cerinola_5.html

Ya en el año 1910, el Regimiento Ceriñola, con guarnición en Ourense, había sido enviado a Melilla para sofocar los ataques de las tribus rifeñas. Es en este momento cuando muchos ourensanos empiezan a tomar conciencia de la contienda africana. Por el devenir de la Guerra, el Regimiento permanecerá durante años en tierras africanas. Nuestros abuelos se vieron involucrados en dicha contienda, convirtiéndose África en un temido destino para realizar el Servicio Militar obligatorio.

Los quintos que tuvieron una vinculación directa con la guerra africana fueron los de los reemplazos de 1911 a 1927. En Parderrubias se vieron implicados 57 mozos, entre ellos mis abuelos Paulino Sierra Iglesias y Manuel Freire Doniz (ambos del reemplazo de 1922) y mis tíos abuelos Juan Bautista Lorenzo Sueiro y Benito Sierra Iglesias (ambos del reemplazo de 1912), Bautista Garrido Reza (reemplazo de 1918), Avelino Sierra Iglesias (reemplazo de 1924) y José Seara Justo (reemplazo de 1925). Todos ellos experimentaron la angustia que suponía la posibilidad de acabar en África. Por ello, algunos se hicieron soldados de cuota, como mi abuelo Manuel; otros emigraron a Cuba, como en el caso de mi tío abuelo José; y otros alegaban razones de diversa índole para evitar el Servicio Militar obligatorio, como mi tío abuelo Benito.

Pase de Caja Paulino
Acuse de recibo del Pase de Caja de Reclutas de Paulino Sierra Iglesias.

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Artilleros transportando una pieza. Tomada del Mundo Gráfico, 21 de septiembre de 1921. Biblioteca Nacional de España.

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Tomada del Mundo Gráfico, 14 de septiembre de 1921. Biblioteca Nacional de España.

El devenir de la Guerra

A mediados de 1910, los diarios ya informaban de soldados gallegos fallecidos en El Rif, en la Campaña de Melilla. En la portada de La Región del 27 de diciembre de 1911 aparecía el siguiente titular:

Las Navidades en nuestras posiciones del Norte de África. Combate en el Kert y muerte del Teniente Coronel Dorado”.

El Teniente Coronel Dorado era ourensano y había fallecido el día de Nochebuena en un enfrentamiento con los rebeldes en las gargantas del río Kert. En los hospitales, los soldados ourensanos no solo se recuperaban de las heridas de guerra, sino también de la fiebre tifoidea e incluso de enajenación mental, como así informaba La Región del 22 de junio de 1912. A finales de 1913 es enviado a África el Regimiento Isabel la Católica con guarnición en A Coruña, del que formaba parte un buen número de soldados ourensanos. En esas fechas, los periódicos informaban casi a diario de bajas en los frentes africanos.

Entre las primeras víctimas mortales se encuentra el Teniente de Tiradores Indígenas Julio Reinoso Fernández, vecino de Olás (A Merca), fallecido heroicamente en el combate de Lauzien, el 11 de junio de 1913. Una vez herido, siendo conducido en camilla, es muerto por los moros. Así narraron los periódicos la batalla en la que falleció:

Anoche los moros, en gran número, atacaron la posición de Samsa; pero las tropas los repelieron valientemente, llegando la persecución al monte Lancy, entablándose un combate a la bayoneta de duración de once horas. Las fuerzas regulares indígenas de Ceuta pelearon con heroísmo sin igual. Las bajas de los rebeldes fueron innumerables. La artillería funcionó constantemente, haciendo enormes destrozos en los cabileños. Los aduares quedaron arrasados. Tomose la posición Lancy, importantísima y cercana al desfiladero del fondak, que da paso a las llanuras de Wad-Bas, camino de Tanger. Los moros murieron en número considerable, viéndose el efecto de la artillería al caer las granadas que los destrozaban” (El Imparcial, 14 de junio de 1913).

Los restos mortales de Julio Reinoso reposan en el cementerio de Tetuán, y en su lápida se puede leer:

D. E. P. Gloria a los Héroes. Aquí reposan las cenizas de D. Julio Reinoso Fernández, 1er Teniente de la Milicia Voluntaria de Ceuta, muerto en el combate de Lauzien el día 11 de junio de 1913. Nació el 19 de abril de 1880 en el pueblo de Olás, provincia de Orense. La colonia gallega de Ceuta y Tetuán le dedican este recuerdo”.

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El momento más dramático de la Guerra de África se vive el 22 de julio de 1921 cuando las tropas españolas sufren la humillante derrota que pasará a la historia como el “Desastre de Annual”, produciéndose la masacre del Monte Arruit y llegando el líder rebelde Abd-el-Krim a fundar la República del Rif, situación que sería revocada en el año 1927. El titular de La Región del 24 de julio era así de explícito:

Doloroso revés en África. Nuestras tropas retroceden con bajas numerosísimas”.

Dos días después describía los sucesos:

Comprometidas las fuerzas que guarnecen Igueriben, el general Silvestre salió rápidamente en su socorro con fuerzas de Regulares y del regimiento de Alcántara, impidiendo que esta determinación tuviera eficacia numerosísimo enemigo debidamente atrincherado, ordenándose en su vista la evacuación de la posición, después de inutilizar el material que no pudieron llevar las fuerzas. La retirada fue muy sangrienta, recogiéndose estas en Annual, a donde se dirigió también el general Silvestre, constantemente hostilizado por la jarka enemiga, muy superior en número a los elementos con que este contaba, perfectamente armada y en condiciones excepcionales para empeñar combate, hasta el extremo de que, una vez refugiado en Annual el general Silvestre y fuerzas a sus órdenes, llegó el enemigo a cortar sus comunicaciones y su línea de abastecimiento de evacuación de bajas, y cuando no le quedaba al general Silvestre más municiones que las necesarias para un combate, ante situación tan comprometida y lo rudo de la pelea entablada, se sabe que, no pudiendo conservar la posición de Annual, reunió los jefes y determinaron evacuarla, diciéndose, sin que hasta ahora se haya confirmado la noticia, que el general Silvestre, después de dirigir la evacuación, y cuando puso a salvo cuantos elementos pudo, permaneciendo en ella hasta el último momento, llevado como siempre por la alta idea de su dignidad y de su temerario arrojo, cuando el último soldado se había retirado, perdió la vida” (La Región, 26 de julio de 1921).

24 julio

En agosto de 1921 éramos conocedores de primera mano de lo ocurrido en los territorios españoles en África a través del testimonio de un soldado de Caballería, perteneciente al regimiento de Alcántara, que formaba parte de la escolta del infortunado general Silvestre. Era natural de Bande, y había regresado a casa para recuperarse de las heridas de bala de un fusil maüser:

El día 20 de julio llegamos a Annual, a la una y media de la tarde, a las órdenes del general Silvestre. La posición que sufría un intenso ataque de los moros se resistía heroicamente. Nosotros tuvimos que entrar en fuego en el mismo momento de llegar. Hasta las nueve de la noche luchamos sin descanso. Pero el enemigo era muy numeroso. A las nueve y media se dio la primera orden de retirada. Nosotros queríamos resistir, pero nuestros jefes obligaron e iniciamos la retirada escalonada, defendiéndonos. El general Silvestre no quiso abandonar Annual. Allí se quedó con su Estado Mayor y su asistente que se negó a separarse de su jefe. Cuando nosotros evacuamos la posición ya los moros habían traspasado las alambradas eléctricas que la defendían, y el fuego era tan continuado y numeroso que no es posible afirmar si el general se suicidó o murió a manos del enemigo. Cuando llegamos a Batel logramos rehacernos, y siete escuadrones de caballería, al mando del teniente coronel Primo de Rivera, realizaron tres heroicos contraataques que obligan a replegarse a los moros hasta las inmediaciones de Dars-Drius. Allí recibí yo el balazo del cuello. Los moros, que nos habían seguido confiados, sorprendidos por nuestro ataque inesperado, murieron a centenares bajo los cascos de los caballos. ¿Y después? Los moros se rehicieron bien pronto y nos atacaron a su vez. Nuestras fuerzas aplastadas por la enorme superioridad del enemigo, huyeron desorganizadas, siendo algunos núcleos perseguidos hasta la segunda Caseta. Los nuestros dejaron muchísimo material de guerra en poder del enemigo, cañones, ametralladoras, camiones automóviles, fusiles… y municiones, muchas municiones. Poco después de llegar nosotros a Melilla, el caballo del general Silvestre, un hermoso caballo andaluz, entraba en la plaza. El pobre animal, al encontrarse sin dueño, tornaba a la plaza para seguir prestando sus servicios en el ejército. ¡Pobre animal! El 6 de agosto salí de Melilla. La escasa población civil que queda todavía en Melilla, pues toda la gente que pudo huyó ya a la Península, cree que aquella plaza no tardará muchos días en caer en poder de los moros. Pero se disponen a la defensa. Se han abierto trincheras en las calles. Los cañones convenientemente situados, se disponen a defender palmo a palmo los exiguos restos que todavía quedan en nuestro poder de la Comandancia General de Melilla. Los soldados lucharon siempre heroicamente. Durante la retirada, los jefes tuvieron que obligarles a abandonar las posiciones, pues ellos querían defenderlas hasta derramar la última gota de sangre” (La Zarpa, 12 de agosto de 1921).

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Tomada del Mundo Gráfico, 16 de noviembre de 1921. Biblioteca Nacional de España.

Entre las numerosas tropas enviadas a África, con el objetivo de recuperar el territorio perdido tras el Desastre de Annual, se encuentra el Segundo Batallón del Regimiento Galicia nº 19. Embarca en Málaga con destino a Melilla, incorporándose a las operaciones militares en octubre de 1921 y regresan las últimas fuerzas en febrero de 1927, con un balance de 24 fallecidos, tres desaparecidos y más de 40 heridos; la mayoría de fallecidos recibieron sepultura en el cementerio de Melilla.

Poco después del toque de diana y cuando ya las tropas habían desayunado, formaron en la llanura en que se asienta el campamento las fuerzas que componían la columna encargada de efectuar un reconocimiento por tierras de Mlad-Buker y recoger los cadáveres que pudiese haber en la antigua posición de Ibaf. Formaban dicha columna el Tercio, Regulares, Policía, los batallones de Segovia y Galicia, el de Caballería de Treviño y el 3º de Montaña y el 6º Ligero de Artillería, y la mandaba el general D. Federico Berenguer” (Ben-Cho-Shey, La Zarpa, 20 de marzo de 1922).

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Público en el puerto de Barcelona despidiendo a expedicionarios rumbo a Melilla. Tomada del Mundo Gráfico, 31 de agosto de 1921. Biblioteca Nacional de España.

El 26 de noviembre de 1922 se celebraba un funeral en la iglesia parroquial de Santo Domingo por el alma del Teniente de Regulares Elías Puga Noguerol fallecido el día 1 en Tizzi-Azza. Aunque en los medios escritos no era habitual encontrarnos con nombres de víctimas mortales, como ocurriría años después en la Guerra Civil, irremediablemente algunos nombres iban saliendo a la luz. La Zarpa del 3 de octubre de 1924 lamenta el fallecimiento del Teniente Coronel Martínez Monje, cuya familia residía en Ourense. Era jefe de los Regulares de Tetuán y moría a consecuencia de las graves heridas sufridas en los encarnizados combates de Xauen, cerca de Tetuán. El 2 de octubre de 1925, este mismo periódico publicaba la esquela de Pedro Martínez Carbalo, Oficial del Cuerpo de Telégrafos, que había fallecido el 18 de septiembre en África a los 23 años de edad.

A los que fallecían en el frente se sumaban los que pagaron el cautiverio con su vida, como es el caso del Teniente Alfonso Alcocer, que había caído prisionero después de una heroica resistencia en septiembre de 1924, sufriendo duras penalidades durante 19 meses, falleciendo poco antes de producirse la liberación de los presos de guerra.

No faltaron nombres que los medios de comunicación encumbraron a héroes como es el caso del Cabo Manuel Rapela Rodríguez, natural de Sobral (Gustey), que fue propuesto para la Laureada de San Fernando, la cual obtendría después de un largo proceso el 18 de marzo de 1931, por su comportamiento en Estigua, en donde impidió que un grupo de moros se apoderase de un soldado herido, defendiendo su posición hasta que recibió un séptimo balazo, momento en el que fue auxiliado por fuerzas de refuerzo a las que lo primero que dijo fue: “¡e non me levaron o fusil!”. Como consecuencia de las heridas sufridas en el pecho y en un brazo quedó inútil. El domingo 25 de septiembre de 1925 era objeto de un emotivo homenaje en su pueblo natal, en el que la banda de música estrenó el pasodoble “Cabo Rapela”; en la visita que los Reyes hicieron a Ourense, el 29 de septiembre de 1927, recibió personalmente la atención del Monarca, quien le felicitó por su heroísmo. Ingresó en el Cuerpo de Inválidos en donde llega a ser Capitán.

La Legión también contaba en sus filas con un buen número de gallegos, entre los que destacaron nombres como el propio fundador, José Millán-Astray, o el mismo Francisco Franco. Ben-Cho-Shey, destinado al frente de guerra africano, en sus crónicas publicadas por el diario La Zarpa se refería a esta cuestión:

Para mí una visita al Campamento de la Legión me supone algo así como un paseo por una de nuestras pintorescas aldeas. Cuando ya no puedo resistir más los enormes deseos de hablar en gallego enxebre y quiero encontrar paisanos con quien desahogar mi corazón rebosante de morriña corro al Tercio y allí rodeado de paisanos veo pasar horas y horas de incansable parloteo, de dulces lembranzas, de añoranzas saudosas” (La Zarpa, 15 de marzo de 1922).

La vieja estación ferroviaria ourensana de Canedo se convirtió en lugar de paso de  las tropas que tenían Vigo como puerto de destino para embarcar hacia África. El 26 de julio de 1921, a las 12 de la mañana, pasó dirección a la ciudad olívica, con destino final Melilla, un batallón del Regimiento de Infantería Toledo que estaba de guarnición en Zamora. Ya de madrugada hacía lo mismo un batallón del Regimiento Burgos que guarnecía León. El 14 de agosto se detenía en la estación un convoy militar especial que transportaba el 2º Batallón Zamora, de guarnición en Lugo; entre la tropa de este Batallón iban muchos soldados ourensanos de reemplazo. El 26 de agosto ocurría lo mismo con el Regimiento Victoria. En el andén se obsequiaba a la tropa con café y cigarrillos. El 19 de agosto, las autoridades de Vigo requisaban tres buques para embarcar con celeridad a las tropas y evitar de esto modo la larga espera antes de partir hacia Melilla. Dada la falta de plazas de alojamiento, los soldados dormían a la intemperie mientras esperaban.

Era habitual que las tropas se encomendaran a la protección divina antes de partir. Así, por ejemplo, la Compañía de Ametralladoras, perteneciente al Batallón de Cazadores Mérida, con plaza en la capital ourensana, antes de partir hacia Sevilla, asistió a una misa en la capilla del Santísimo Cristo. Una vez finalizada, el Sr. Vicario obsequió a oficiales y soldados con escapularios, dando también dos pesetas a los cabos y sargentos, y una a los soldados, además de una cajetilla de tabaco (La Región, 20 de octubre de 1921). El detalle del escapulario se puede apreciar en la fotografía del soldado que aparece más abajo.

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Embarque de tropas en la estación madrileña con dirección a Marruecos. Tomada del Mundo Gráfico, 3 de agosto de 1921. Biblioteca Nacional de España.

A principios de septiembre de 1924 se notifica al Batallón de Cazadores Mérida, de guarnición en Ourense, que se preparen para partir hacia Larache. Tres compañías de fusileros que suman un total de 600 hombres, al mando del Teniente Coronel Salvador Fernández Vaamonde, embarcarían hacia África desde Vigo, en el vapor Capitán Segura. En noviembre de 1924 llegó a haber 145.000 hombres en tierras africanas. En el sorteo de enero de 1925, 167 ourensanos fueron enviados a África. Los 83 mozos destinados a Melilla salieron el 11 de enero en el tren correo hacia León, en donde los recogió un tren militar que los conduciría a Málaga, a donde llegaron el día 14 para embarcar en el vapor Síster; los 56 mozos destinados a Ceuta viajaron hasta Monforte el día 15, para desde allí ir hacia Sevilla, en donde embarcarían en el vapor Castilla; los 12 reclutas con destino Larache toman en Monforte un tren militar hasta Cádiz, desde donde embarcan hacia tierras africanas.pdf (13)

Las cartas de la Guerra

La realidad de la guerra africana se pudo conocer en Ourense con toda su crudeza a través de un diario que un soldado gallego, hecho prisionero por las fuerzas de Abd-el-Krim, fue publicando en La Zarpa gracias a Ben Cho-Shey, que también estaba destinado a África:

“…era, como todo el mundo sabe, el día 22 de julio de 1921; cinco días hacía que sitiado por el enemigo el campamento de Igueriben y hostilizado sin descanso se hubo de hacer imposible la entrada del convoy por cuyo motivo tuvo que ser abandonado y asaltado por los fieros sectarios de Mahoma. El campamento de Dar-Buy-Meyan, situado a 3 kilómetros de Annual, también llevaba sin descansar otros tantos días defendiéndose él y defendiendo al mismo tiempo a Igueriben; pero al llegar dicha fecha, tuvo también que abandonarse por órdenes superiores, abandonando también desde ese día todos los campamentos que componían el Protectorado en el territorio de Melilla… Los campos africanos por donde ayer paseaban triunfantes nuestras fuerzas aparecen hoy sembrados de cadáveres de los mártires de la civilización que después de un ¡ay! desgarrador despidiéndose de aquella que les vio dar el primer suspiro, se alejan para la eternidad dando su vida por la Patria que los vio nacer… Borrachos de sangre los infieles escarnecían los cadáveres profanándolos con herejías increíbles; a unos ofendiéndoles de palabra y a otros martirizando sus cuerpos con piedras, palos y hasta haciendo uso de sus armas, escupiendo sus retratos de familia y pisándoles con furia y con fiereza; otros los arrastraban por el suelo y algunos pasaban sus caballos atropellándoles sin respetar la muerte que se extendía por prados y llanuras… En uno de las casas de Nador establecieron uno que llamaban hospital donde vilmente asesinaban los que después de ser prisioneros caían con alguna enfermedad; y cuando los cobardes tuvieron que huir de Monte-Arruit, los españoles que tenían prisioneros, fueron clavados de pies y manos encontrando nuestras fuerzas en su reconquista un calvario de sangre regado con la misma de los que defendiéndolo murieron. Annual, enero, 1922” (La Zarpa, 27 de enero de 1922).

Nuestro régimen de vida desde que España nos envía convoy es el siguiente. Por la mañana, un barreño de agua con un poco de café y azúcar; a las doce o a la una, otro barreño lleno de garbanzos, arroz, agua y un poco de tocino, y cuando hay pan hecho por nosotros, de nuestra harina, medio bollo de 350 gramos, y si no hay harina para hacerlo, un pan de moro de una libra escasa para cuatro hombres; y por la noche otro barreño de judías, arroz, agua y tocino… hay días que sobra comida, pero no porque se harte uno de comer, no, sino porque es comida que odiarían los animales mismos (La Zarpa, 30 de enero de 1922).

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Una carta de un oficial prisionero publicada también en el mismo diario ourensano en febrero de 1922 describe la situación de los cautivos:

“… Desde octubre empezó a cambiar esto y sucesivamente hemos llegado a la condición de cautivos; desde la última decena de noviembre estamos encerrados en habitaciones que son verdaderos calabozos sin ventilación y tan reducidas que es un verdadero milagro no se hayan registrado casos de asfixia. Puedes juzgar por la habitación en que yo estoy de 9 metros de largo, 2’30 de ancha y 2’10 de alta que ocupamos 14 oficiales. Teníamos cinco horas de paseo por el patio y hacíamos una sola comida; desde el 11 del actual se suprimieron esas horas de libertad y permanecemos en encierro permanente e incomunicados con los que habitan en otra casa situada a 100 metros escasos… Nuestra salida ahora se reduce a una salida relámpago que hacemos todos a una hora determinada para necesidades naturales (La Zarpa, 16 de febrero de 1922).

Al que ama Sierra Nevada, y se deleita a diario viendo sus cumbres, le resulta estremecedora la realidad que describe, desde su cautiverio, un soldado ourensano en tierras africanas:

Allá a lo lejos, tras la cinta celeste y multicolor que junto con el azul del cielo formaba la anchurosa patria de los piratas y cubierta por el dorado arrebol que cual traje de carmín y grana la envolvía, se divisaban los altos picos de Sierra Nevada, producían en nuestras almas la más amarga sensación producida por el más puro sentimiento de nostalgia que hería nuestros corazones, trayendo a nuestra memoria los dulces recuerdos de nuestra Patria y la voz santa de nuestra libertad” (La Zarpa, 11 de febrero de 1922).

La correspondencia de un soldado ourensano, prisionero de Abd-el-Krim, mantenida con un amigo deja entrever la dura situación de los mozos enviados a la Guerra de África:

Acabo de recibir su carta del 16 del pasado, la cual me llenó de placer al ver que se hallan bien de salud, yo gozo de igual beneficio. Pues José, no puede figurarse la satisfacción que experimenté con su carta y al mismo tiempo con otra de casa y de mi hermano, pues en todo mi cautiverio solo una había recibido, y en esta triste situación es muy satisfactorio el tener noticias de familia y amigos. Pues aquí estamos 360; también hay paisanos, mujeres y niños, y de nuestra situación no puedo darle explicaciones y del rescate desde luego confiamos en nuestro jefe; cuando será no se puede precisar. Lo más grave aquí son las enfermedades, pues ataca el paludismo. Me complace mucho el saber que sus relaciones con mi familia son cada vez más estrechas. Sin más, haga presente mis cariños a su señora y besos a los niños y se despide de usted con un fuerte abrazo su amigo Julio. Annual, 1º-10-1921. P. D. Cuando me conteste hará el favor de enviarme papel y sobre para contestarle, que aquí no hay donde comprarle ni facilidades de ninguna especie. Adiós” (La Zarpa, 20 de octubre de 1921).

Así era la Guerra de África contada por un reportero de lujo, Ben-Cho-Shey:

De pronto suenan unos disparos que ponen en movimiento a toda la gente. Son los moros que aprovechando la obscuridad de la noche se acercan a las próximas barrancadas y desde allí nos hostilizan. Se produce una pequeña confusión en el campamento y precipitadamente salen de sus tiendas los soldados entontecidos por el brusco despertar; a medio vestir y tropezando con los vientos de las tiendas que la obscuridad oculta acuden con rapidez al parapeto y en breves instantes este vomita fuego por sus cuatro costados; los infinitos disparos semejan una monumental traca en día de fiesta, afortunadamente el buen sentido se impone y el general Berenguer ordena alto el fuego quedando todo callado como por ensalmo. Solamente en el campamento del Tercio continua el fuego mezclado con los insultos que de ambas partes se cruzan. La osadía de los moros es tal que los legionarios se han visto precisados a lanzar bombas de mano. Entre el tableteo de las balas se oye el alegre sonar del cornetín que borda unas sentidas granadinas en medio de un silencio floreado; callan atentos los legionarios y al final del toque se oye una inmensa ovación al trompetilla, que por cierto es de Orense, y vivas a España y a la Legión” (Ben-Cho-Shey, Drius, 29 enero 1922; La Zarpa, 18 de febrero de 1922).

Habíamos regresado cansados y molidos por el continuo ajetreo de un día de fatigas y sinsabores. Todos nosotros traíamos en el rostro las huellas del sol abrasador; una espesa capa de polvo nos cubría totalmente y se introducía por las narices hasta secarnos la garganta. Alrededor de un aljibe se agolpaban los soldados provistos de vasos, cantimploras y platos con que recoger el agua para remojar sus sedientes fauces. Ni una sola gota se perdía; allí en donde quiera que el aljibe destilara un poco de líquido, por pequeño que fuese, allí se encontraba un soldado que interponía un plato para que el agua deseada no mojase el polvoriento suelo. Llegados a la tienda nos desprendimos del equipo y sin cuidarnos de las odiosas judías nos tendimos en la cama que nos llamaba con desgarradoras voces. El duro lecho formado por un mal saco mediado de paja trillada era en tales momentos un cómodo colchón de pluma… Todavía con el corazón oprimido por la pesadilla encendí un fósforo y vi a mi lado una rata enorme que se había estado paseando encima de mí y ahora me miraba, no sé si estúpida o desafiadoramente… encendí otro nuevo y agarré una alpargata, la rata continuaba idiotizada mirándome, no quise perder tiempo y ¡zas! de un golpetazo la hice dar una voltereta, secundé el golpe y contemplé gozoso los estertores de su agonía como si me vengase de algún terrible Mohamed… me imaginaba que los millares de ratas que invaden el campamento y sus alrededores vendrían en tropel a vengar la muerte de su hermana… ¡Oh esta tierra del Rif tan pródiga en bichos molestos de todas las especies cuanto ingrata con el hombre! Hay aquí Pacos y moscas, ratas y tremípteros, microbios y ápteros, ácaros y arácnidos en cantidades suficientes para llenar el planeta” (Ben-Cho-Shey, marzo de 1922; La Zarpa, 17 de marzo de 1922).

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Tercios de Ceuta desembarcando en Melilla. Tomada del Mundo Gráfico, de 3 de agosto de 1921. Biblioteca Nacional de España.

Con el fin de distraer la mente de los reclutas durante el periodo bélico se ideó la figura de la Madrina de Guerra: señorita que sin conocer al soldado se comprometía a mantener correspondencia con él. Era habitual leer en la prensa escrita de la época anuncios como estos:

El soldado Castor Vizcaya Macías, natural del municipio del Barco de Valdeorras, y actualmente prestando servicios en Melilla en la batería expedicionaria del Ferrol, solicita una señora o señorita para madrina de guerra. El referido soldado no tiene padres ni hermanos (La Región, 29 de junio de 1922).

El soldado de artillería de la primera unidad del Parque móvil, con residencia en Dar Quedzni, nos escribe una carta en la que manifiesta el deseo de tener en esta hermosa tierra de Galicia una madrina de guerra para mitigar los sinsabores y penalidades de su campaña en África” (La Zarpa, 20 de septiembre de 1923).

En ocasiones se publicaban cartas más extensas dirigidas a los periódicos con los mismos fines, como la publicada en La Región el 17 de octubre de 1923:

“…Únicamente suplicamos a Usted que se digne insertar las presentes líneas, por si algunas caritativas jóvenes gallegas quieren honrarnos con el sublime título de ‘madrinas de Guerra’ pues está siempre en lo posible de que una bala traidora arrebate nuestras vidas, las que con la sonrisa en el corazón y en los labios ofrecemos por nuestra querida Patria, pues así lo juramos con un santo beso a  nuestra sagrada bandera. Si así sucediera, nuestra mayor alegría al expirar, sería saber que una madrinita rezaba por su ahijado, y después de haber cumplido un deber patrio, ir a gozar de Nuestro Señor por mediación de una madrinita…” (Monte Adgos, 9 de octubre de 1923. Tercera Bandera, Séptima Compañía, Tetuán, Marruecos).

El pueblo contra la Guerra

Las penosas, y prácticamente inexistentes comunicaciones entre la Península y el continente africano, incrementaban la desesperación de las familias de los soldados en el frente de guerra. Así, en octubre de 1921, un anciano agricultor de Quintela de Canedo, después de múltiples y farragosas gestiones, consigue esclarecer el paradero de su hijo, perteneciente al Regimiento de la Reina número 2, con guarnición en Córdoba, y destinado al campo de operaciones de Melilla. Le habían herido gravemente el 26 de septiembre. Mediante telegrama, en nombre del Rey, se le comunica que su hijo se encuentra en un hospital de Málaga.

Pronto comenzarían a surgir voces críticas contra la guerra y las condiciones de los soldados en territorio africano. Así, un artículo firmado por Manuel Lustres Rivas en La Zarpa del 4 noviembre de 1921, argumentaba el por qué a Galicia no se le perdía nada en África, lamentando que…

“… esta desventurada aventura española exija un tributo de sangre gallega, a fluir caliente sobre la tierra ocre del Rif, y de sangre gallega arrancada, en forma de oro, de nuestros exhaustos bolsillos”.

El 7 de abril de 1922 un duro editorial de La Zarpa, titulado “Una plaga pornográfica”, habla del penoso cuidado y atención que recibían los soldados de Marruecos. Suciedad, abundancia de parásitos, comida detestable, falta de la más elemental higiene, desorganización, abandono, a lo que se la añadía la suciedad espiritual pues “en un mes se habían vendido libros y folletos pornográficos por valor de 55.000 pesetas”.

Marruecos se convierte en una sangría económica y de vidas humanas para el país. A modo de ejemplo, en junio de 1922 el Consejo de Ministros aprueba 46.000 millones de pesetas más para la Guerra; todo ello da la medida de la “obra insensata y criminal que el Gobierno realiza contra los intereses de la nación y la vida de los ciudadanos” (La Zarpa, 13 de junio de 1922).

Otro duro editorial contra la Guerra de África aparece coincidiendo con la partida desde Vigo hacia tierras africanas de los mozos gallegos del reemplazo de 1921. De Ourense, en el tren mixto de la madrugada del 9 de septiembre partían 26 soldados pertenecientes al batallón de Cazadores Mérida, de guarnición en esta plaza, pertenecientes al cupo de instrucción de 1921 que iban a reemplazar a los de 1919, que en breve regresarían a la Península.

Van los pobres rapaces a pelear por algo que les es tan ajeno como una pugna entre esquimales y nautas del Sur. Van convencidos de que nada se les ha perdido a ellos, ni a su tierra, ni a sus gentes en los riscos pelados ni las planicies quemadas del Magreb. Van, porque los llevan contra su voluntad… Allá, en las ásperas tierras africanas, esos mozos que Galicia envía –como tributo a ese Moloch insaciable de sangre que se llama Estado español, sufrirán los rigores de una vida penosísima, serán fieles soldados de España…” (La Zarpa, 8 de septiembre de 1922).

El domingo 31 de diciembre de 1922 tenía lugar en la capital ourensana una manifestación para exigir responsabilidades por el desastre de Marruecos. Partía a las once y media de la mañana de la Plaza Mayor con la Corporación Municipal al frente. Eran numerosas las pancartas pidiendo el abandono de Marruecos.

Ante el repunte bélico que se experimenta en el verano de 1923, las voces de protesta se intensifican, incluso dentro del propio Ejército. En Málaga tiene lugar la sublevación del Batallón Garellano cuando iba a embarcar hacia Melilla al grito de “¡Viva la rebeldía! ¡No vamos a Marruecos!”. Los rebeldes son reprimidos por el Batallón Borbón, cruzándose entre ambos multitud de disparos a consecuencia de los que fallecen un Alférez y un Teniente del Garellano.

Otra vez Marruecos es la guerra sin cuartel. Mueren a centenares los hombres allí. Movilizan hacia las costas africanas los barcos de la escuadra y las estaciones férreas y los puertos de España presencian las escenas dolorosas de las madres doloridas que ven marchar a sus hijos a una lucha que odian con toda el alma… Ha llegado la hora de poner el país contra un Estado que por donde pasa solo deja rastros de inepcia, de impudicia o de sangre (La Zarpa, 25 de agosto de 1923).

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Tomadas del Mundo Gráfico. Biblioteca Nacional de España.

El pueblo solidario con los soldados

De manera paralela a estas posturas antibelicistas tenían lugar acciones de solidaridad con nuestros soldados en el frente. La lamentable situación de las tropas en tierras africanas se intentaba mejorar mediante llamamientos a la población. A través de la iniciativa particular, las unidades militares pudieron disfrutar de ciertas comodidades. Así,  el diario La Región lanza una suscripción popular para regalar impermeables a los pobres soldados del Batallón Mérida para que pudieran hacer frente a la época de lluvias en tierras africanas. Esta iniciativa venía a dar respuesta a opiniones de soldados ourensanos en el frente como esta:

El pueblo de Mérida, al que solo debemos el nombre, manda dinero y tabaco para la compañía. Orense, de donde somos casi todos, permanece mudo. Buenas son plegarias y oraciones, pero para soportar la inclemencia de este inhospitalario país y afrontar con decisión y éxito los trabajos que exige la imposición del merecido castigo a las fieras que lo pueblan, se necesita algo más que oraciones(La Región, 3 de noviembre de 1921).

En agosto de 1921 se celebraba en la Capilla del Santo Cristo de Ourense un novenario en sufragio de las almas de los militares españoles fallecidos en la campaña de África “para obtener de Dios la gracia de una gloriosa victoria para nuestra patria” (La Zarpa, 12 de agosto de 1921). El 11 de septiembre, festividad de la Virgen de los Remedios, tenía lugar en su capilla una misa costeada por una devota para impetrar del Altísimo suerte a los oficiales y soldados de la provincia ourensana que luchaban en Melilla. El 27 de ese mismo mes, al afamado Café La Unión organizaba un “té patriótico” a beneficio de los heridos en la campaña de Marruecos con 267 asistentes. El 4 de octubre en el Teatro Principal tenía lugar un festival solidario por la misma causa. En el mes de noviembre, una colecta en Allariz da como resultado la recaudación de 1.101 pesetas para los heridos de África y la apertura de 45 libretas de ahorro con valor de 25 pesetas cada una para los soldados del municipio que se encontraban en la guerra. En el mes de diciembre se desarrolló la campaña Aguinaldo para el Soldado, para que los familiares de los que luchaban en África pudieran enviarles productos de consumo corrientes en las fiestas navideñas. Los destinos eran los puertos de Cádiz, Algeciras y Málaga, desde donde se hacían llegar a Larache, Ceuta o Tetuán y Melilla, respectivamente.

Fueron también destacables las iniciativas del Arciprestazgo de A Merca, a cuyo frente estaba don Francisco Coello (párroco de Soutopenedo, cura ilustrado de su época y columnista de La Región, que llegó a participar con gran éxito en el Congreso Mariano celebrado en 1929 en Sevilla), y que fueron publicadas en La Región del 27 de agosto de 1921, llegando a recibir el agradecimiento del propio Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, y de su Ministro de Gracia y Justicia. Dice el comunicado de Maura:

Sr. don Francisco Coello. Muy distinguido señor mío y de toda mi consideración. Recibo copia de los acuerdos tomados por el Clero de ese Arciprestazgo. En nombre de la causa nacional que este Gobierno sirve y representa me complazco en hacer llegar a ustedes con un cordial saludo, la expresión de la más sincera gratitud por el alto ejemplo de noble desinterés y acendrado patriotismo que acaban de dar. Les ofrece el testimonio de su consideración su atento afectísimo seguro servidor q. ss. mm. A. Maura”.

Estas fueron las iniciativas del Arciprestazgo de A Merca:

  • Primera. Contribuir con un día de haber que ponemos a disposición del ilustre Sr. Vicario Capitular para que llegue a manos de S. M. la Reina Victoria, con destino a la suscripción que tan egregia dama ha iniciado a favor de los heridos de la guerra de África.
  • Segunda. Celebrar un solemne funeral en sufragio de las almas de los soldados muertos en Marruecos.
  • Tercera. Adquirir una Medalla de Oro con la cual será condecorado el soldado que, siendo natural de este Arciprestazgo, más se haya distinguido defendiendo la bandera española en el suelo africano. Esta medalla ostentará la siguiente inscripción: Arciprestazgo Merca al héroe de África, o esta otra si hubiera fallecido dando heroicamente la vida por la Patria: Arciprestazgo Merca a la familia del héroe de África.
  • Cuarta. En caso de fallecimiento, celebrar en la parroquia en donde residan sus familias un solemne funeral, al cual serán invitadas todas las clases sociales de la comarca, y hacer entrega a los parientes del finado de la Medalla condecorativa”.

A las diez de la mañana del 11 de octubre de 1921 tenía lugar en el templo parroquial de A Merca un solemne funeral por los muertos de África. Según el corresponsal de La Región, nadie recordaba haber presenciado en este Arciprestazgo un acto tan grandioso y solemne. En el acto fúnebre participaron el Alcalde y el Juez Municipal, con sus respectivos Secretarios, así como todo el clero del Arciprestazgo. Multitud de cirios llameaban tristemente en el interior del templo, en el altar y alrededor del catafalco. Severas colgaduras negras exornaban las paredes, y en el centro del Altar Mayor destacaba una gran y hermosa cruz blanca. El catafalco colocado en el centro de la iglesia representaba una urna cineraria que terminaba con una soberbia cruz dorada, rodeado de multitud de luces. La misa fue celebrada por el coadjutor de Soutopenedo, asistido por el párroco de Olás como maestro de ceremonias, y un diácono y un subdiácono. Los cantos fueron dirigidos magistralmente por el Señor Abad de Proente.

El 18 de noviembre de 1926, una vez finalizada la Guerra, regresaba a la capital el Batallón de Cazadores Mérida, siendo recibido en la estación de tren por las autoridades civiles y militares. A continuación desfilaron por el Puente, calle del Progreso, Pereira, Plaza de la Constitución, Tiendas, Juan de Austria, para llegar a San Francisco, en donde después del rancho se celebró un animado baile.

El numerosísimo público que llenaba el andén al entrar el tren en agujas prorrumpió en una salva de aplausos vitoreando a los recién llegados, los cuales también daban vivas. Entre los soldados repatriados y sus familiares y amigos se desarrollaron escenas de íntima emoción” (La Zarpa, 21 de noviembre de 1926).

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Tropas desfilando por la calle Cardenal Quiroga (probablemente de regreso de tierras africanas). Tomada, con permiso de Rafael Salgado, de https://ourensenotempo.blogspot.com/2012/03/na-busca-de-axuda.html

Finalizada la Guerra, el 12 de octubre de 1927 tiene lugar en toda España una fiesta en honor del soldado que luchó en África. En Orense, a las 10 de la mañana se celebraba en la catedral una misa cantada en sufragio de las almas de los soldados que perdieron la vida en tierras africanas. A la una y media, el Ayuntamiento ofreció una comida a los soldados que lucharon en África, cuyo menú consistió en entremeses variados, empanadas de pollo, merluza a la vinagreta, ternera asada, ensalada, frutas, dulces, café, licores y habanos. Las bandas municipal y militar amenizaron los postres hasta bien entrada la noche. En la iglesia parroquial de Mundil, ese mismo día se celebró con extraordinaria solemnidad un acto fúnebre con misa cantada y responsos en sufragio de dos soldados fallecidos en África. A continuación se obsequió con una suculenta comida amenizada por gaiteiros a 67 veteranos del Rif.

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Tomadas del Mundo Gráfico. Biblioteca Nacional de España.

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E50. Carretera de Ourense a Portugal: a su vera, Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

E50. Carretera de Ourense a Portugal: a su vera, Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

A mediados del siglo XVIII, las vías de comunicación existentes en la comarca de Parderrubias se limitaban, según Sierra Fernández (2018), a un par de veredas y un sinfín de “caminos de herradura” (senderos estrechos, por donde únicamente transitaban caballerías) y “caminos de rueda” (caminos de tierra pisada por el paso de personas, animales y carros). Una de las dos veredas era la que unía la capital ourensana con las tierras de Celanova, vía que se acabaría convirtiendo con el paso del tiempo en la actual carretera de Ourense a Portugal. Se trataba de un camino de tierra batida, plagado de obstáculos, con terraplenes, barrancos escavados por el agua y cruces de regatos sin puente alguno que había que vadear. Todo ello hacía que fuese una senda prácticamente intransitable durante los crudos inviernos. El tramo más transitado y, por tanto, con un firme más consolidado, era el que unía Bentraces con la ciudad. Ello era debido al uso diario que los arrieros de los Cotos de Bentraces, Sobrado do Bispo y Barbadás hacían de él para el transporte de cereales y vino hacia Ourense y Pontevedra. Sierra Fernández (2018) llega a contabilizar en el año 1750 hasta 20 arrieros en Bentraces, 24 en Barbadás y 47 en Sobrado.

Será a finales del siglo XIX cuando se inicien los trámites para ejecutar una de las obras que cambiaría la fisonomía del pueblo de Parderrubias, incluso llegando a dar nombre a una zona de la Parroquia: A Carretera. La obra en cuestión es la construcción de la carretera de Ourense a Portugal, pasando por Celanova. La vida de algunos vecinos de Parderrubias estuvo y está asociada a ella, pues nacimos y crecimos a su vera, viendo pasar vehículos en muy distintas épocas y siendo testigos del transcurrir de la vida a través de su calzada. A sus márgenes, desde la primera década del siglo XX, se fueron levantando viviendas. La primera casa fue la de Os Escultores, y más tarde vendrían la de don Isolino Camba, Felipe Garrido, Nicanor Lorenzo, mi abuelo Paulino, Adolfo Garrido, José Seara, Aurelio Grande, hasta llegar a la década de los setenta, época en la que tiene lugar el auge de la construcción en esta zona del pueblo, con la edificación de otras viviendas (Ramón Quintas, Higinio Grande, José Outumuro, Benito Rodríguez, Hermenegildo Outumuro, Eladio Grande, Paulino Sierra, José Sueiro, Isidro Grande, etc.).

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Carretera de Ourense a Portugal, a su paso por Parderrubias en los años sesenta.

Las obras de la construcción de la carretera se dividieron en dos secciones (Ourense a Celanova y Celanova a la frontera con Portugal), que a su vez se subdividieron en trozos, iniciándose primero los tramos más próximos a Portugal. En noviembre de 1884, ante el Gobernador Civil, en la Dirección de Obras Públicas, se llevaba a cabo la subasta de las obras del trozo noveno de la segunda sección, que enlazaba Aceredo (pueblo hoy sumergido bajo las aguas del embalse) con Lindoso; el presupuesto ascendía a 160.452,21 pesetas (Diario de Avisos de La Coruña, 3 de octubre de 1884). En abril de 1886, el Consejo de Ministros aprobaba la subasta de las obras de la Sección de Orense a Celanova que enlazaría con la carretera de Villacastín a Vigo, frente al Jardín del Posío. En julio de ese año se celebraban subastas de obras en la primera y segunda sección, haciéndose con ellas José Rodríguez Sotelo por 705.000 pesetas (El Eco de Galicia, 4 de julio de 1886). Sin embargo, debido a problemas en la subasta, el ministro de Fomento acuerda, en febrero de 1889, la rescisión de la contrata, remitiendo el proyecto a la Jefatura de Obras Públicas de Ourense para un nuevo estudio con un plazo de 30 días, a fin de anunciarse inmediatamente, en forma, la subasta de las obras (Crónica de Pontevedra, 21 de febrero de 1889). Ya en octubre de 1891, gracias a las gestiones del diputado a Cortes por Celanova, Senén Canido, es aprobado por el Ministerio de Fomento un nuevo proyecto de la primera sección, cuyo presupuesto de contrata ascendía a la cantidad de 660.174,90 pesetas, incluyendo la travesía de Celanova (El Lucense, 26 de octubre de 1891). Las obras tenían que comenzarse antes de los sesenta días y deberían quedar terminadas en el plazo de cinco años, es decir, en 1896. Con respecto a los tramos más adelantados, próximos a la frontera con Portugal, en noviembre de 1890 se verificaba la recepción de las obras correspondientes a los trozos noveno y décimo (El Regional, 1 de noviembre de 1890). A principios de 1891 se abrían al tráfico tramos de la segunda sección.

A finales de 1893 se concluía la construcción del puente sobre el río Orga, entre Celanova y Vilanova dos Infantes, que consistía en una obra de fábrica (El Eco de Galicia, 5 de diciembre de 1893). En ese año trabajaban en las inmediaciones de Vilanova un total de 600 jornaleros. En esas mismas fechas, se iniciaban las obras en el término municipal de Barbadás (El Regional, 14 de octubre de 1893). En el último trimestre de 1894 se ejecutan expedientes de expropiación de terrenos en el término municipal de Lovios y estaban próximos a terminarse los de los municipios de Lobeira y Celanova (El Diario de Galicia, 26 de octubre de 1894). A principios de ese año 1894 se trabajaba con intensidad en las inmediaciones de Bentraces (Diario de Lugo, 21 de marzo de 1894).

En abril de 1895 se intensifican los trabajos en las inmediaciones de la capital ourensana haciéndose contratas a un gran número de jornaleros. En el mes de noviembre se había finalizado la roturación de los terrenos en las inmediaciones de A Valenzá. Este tramo facilitaría la comunicación entre los pueblos de A Valenzá, Sobrado y Bentraces, que en ese momento eran importantes zonas vinícolas. En octubre de ese año ya se podía ir en carruaje desde A Merca hasta la villa de San Rosendo. Una cantera en el Polvorín proporcionaba materiales para los cimientos del puente sobre el Barbaña, cerca de los Jardines del Posío (El Diario de Galicia, 2 de junio de 1896). Dicho puente se finalizó a finales de agosto del año 1897, siendo sustituido en el año 1963 por otro que costaría diez millones de pesetas. Los trabajos del puente se habían iniciado en agosto de 1896, teniendo que desalojar importante caudal del río mediante una bomba y braceros, con el fin de poder colocar las piedras de los cimientos. El problema de ese puente era que estaba en el fondo de un desnivel por lo que los autos y los carruajes que entraban o salían de la ciudad tenían que acelerar bajando para poder ganar la cuesta al salir de él, con el peligro que ello suponía para los peatones y los propios conductores.

El 5 de agosto de 1897 se llevó a cabo en el Gobierno Civil la subasta de acopios para la conservación de la segunda sección por el importe de 3.460,31 pesetas. El 12 de agosto de 1905 se adjudicaban en pública subasta los acopios para conservación durante los años 1905 a 1907 de toda la carretera por 18.079,22 pesetas (La Correspondencia Gallega, 29 de julio de 1905). Estos acopios consistían básicamente en piedra machacada para conservación del firme. Así, en mayo de 1930, se le adjudica a Aurelio Fernández el tramo desde el kilómetro uno al doce por 53.000 pesetas (La Región, 16 de mayo de 1930).

Las obras no estuvieron exentas de accidentes y víctimas. En julio de 1893, en las inmediaciones de Vilanova dos Infantes, un desprendimiento de tierras ocasionaba la muerte de un jornalero y heridas de consideración a otro (Gaceta de Galicia, 9 de julio de 1893). También hubo paralizaciones provocadas por el mal tiempo, como la causada por el temporal de enero de 1896.

En el año 1896 se hace pública la lista de vecinos de Parderrubias que eran propietarios de fincas que, en todo o en parte, serían expropiadas para la construcción de la carretera.

A los efectos de art. 17 de la ley de expropiación forzosa se publica a continuación la relación nominal rectificada por el Sr. Alcalde de la Merca, de los propietarios de las fincas que es necesario ocupar con las obras de construcción de parte de los trozos 3º y 4º de la primera sección de la carretera de tercer orden Orense a Portugal por Celanova y Bande a fin de que las personas o corporaciones interesadas puedan exponer dentro del plazo de quince días contra la necesidad de la ocupación que se intenta. Lo que se hace público mediante este diario oficial para conocimiento de los interesados. Orense 18 de julio de 1896. El Gobernador Sérvulo M. González” (Boletín Oficial de la Provincia de Orense, 20 de julio de 1896).

Entre los terrenos expropiados había robledos, pinares, prados, tojales, montes, tierras de labradío de secano y de regadío, y viñedos. Se expropiaron fincas en la Cubela, Seixal, Campinas, Val das Fentas, Siesteiro, Seixo, Porto de Nigueiroá, Curtiña, Besada, Veiga, Corredoira, Veiga da Fonte, Carballeiriña, Carballeira, Táboa, Barge, Campo do Forno, Longuda, Xesteiriña, Nogueiriña, Ladeira de Bouzas, Salgueira y Fonticeira. En la fotografía de más abajo, correspondiente al Boletín Oficial de la Provincia de Orense del lunes 20 de julio de 1896, se pueden leer los nombres de algunos propietarios de fincas expropiadas, entre ellos los de mis bisabuelos Benigno Fernández Seara y Manuel Seara Casas, y mi tatarabuelo Benito Iglesias Pascual. En marzo de 1898 se ordena el pago de los terrenos expropiados en el municipio de A Merca, que se haría efectivo el 21 de noviembre en la Casa Consistorial. En ese mes de marzo había una gran actividad en las obras que transcurrían en el municipio, en donde el contratista había dado empleo a muchos jornaleros de la zona con el enorme beneficio económico que ello suponía para la comarca (El Eco de Galicia, 20 de abril de 1898). A principios de marzo de 1898 tres brigadas de jornaleros trabajaban en las obras del trozo tercero.

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Boletín Oficial de la Provincia de Orense, 20 de julio de 1896.

En el albor del siglo XX, se abría a la circulación la carretera de Ourense a Celanova, arteria fundamental para el desarrollo de toda la comarca. En octubre de 1901, únicamente restaba por abrir al tráfico un tramo de dos kilómetros en el término de Parderrubias. De todos modos, todavía en el año 1906, gracias a las gestiones de Bullagal, diputado a cortes por el distrito de Bande, tenía lugar la subasta de un pequeño trozo en las proximidades de Entrimo. Los viajeros con destino final Entrimo llegaban a Cabaleiros y, desde este punto, tenían que terminar a pie el trayecto. La contrata ascendió a 59.756,65 pesetas.

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Casa de Parderrubias al lado de la carretera.

Periódicamente, y hasta nuestros días, el trazado fue objeto de reparaciones y mejoras. Así, por ejemplo, en agosto de 1915 se adjudicaron en subasta pública las obras de reparación de explanación y firme de los kilómetros 11 a 13, 18 a 25, 29 a 31, 37, 40, 41, 52 y 60 a 62 por 211.400,36 pesetas. En enero de 1924 se adjudicaban obras de reparación de los kilómetros 11 y 12 a Guillermo Gallego por la cantidad de 118.000 pesetas. En junio de 1935 se adjudicaron los kilómetros 11, 12 y 13, con riego superficial asfáltico, a Benito Malvar Corbal, de Pontevedra, por la cantidad de 36.000 pesetas; en septiembre le serían adjudicadas las obras de mejora de los kilómetros 14 al 19 por 37.900 pesetas.

En su apertura, la carretera no estaba asfaltada en todo su recorrido, hecho que se haría realidad varias décadas más tarde. Así, todavía en 1956, a pesar del ya intenso tránsito de camiones y turismos que había de Ourense a Entrimo y Lovios, únicamente estaba asfaltado el tramo hasta Celanova, hallándose a partir de ese punto el firme cubierto de tierra:

“…mejor dicho, de ese polvo que en las épocas secas se levanta en cegadoras nubes que se meten por los ojos, nariz y boca de quien vaya detrás, a pie o en coche, del auto que las levanta…“ (La Región, 10 de noviembre de 1956).

A principios del siglo XX, a pesar de encontrarse ya terminada la carretera, el servicio de transporte prestado por la empresa de carruajes era de escasa calidad y caro. Así, desde el diario El Eco de Orense, del 7 de agosto de 1901, se reclaman vehículos más amplios y cómodos, y que se abaratase el precio del billete a 2 pesetas a Celanova, y a 1,25 a Parderrubias. Las reclamaciones surtieron efecto y a finales de año la empresa puso en circulación coches de diez asientos a un precio de 2,50 pesetas a Celanova. En 1904, una plaza de asiento en el carruaje de Ourense a Celanova, en los servicios de las seis de la mañana y de las cuatro de la tarde costaba 3 pesetas. A finales de 1923, la empresa de automóviles que unía la capital ourensana con Celanova y Entrimo tardaba tres horas en llegar al destino. En 1913 eran ya dos las compañías de automóviles que hacen la línea Orense-Celanova-Bande-Entrimo, pues en agosto de ese año Enrique y Paulino Fernández y Compañía adquirían dos flamantes Hispano-Suiza fabricados en Barcelona para realizar dicho trayecto; la competencia a Dion Bouton, la otra empresa que hacía el recorrido de Ourense a la frontera portuguesa, se hacía realidad. En 1927, las empresas La Competencia y Suárez hacían ese recorrido a diario. Las rudimentarias características técnicas de estos vehículos, junto con las condiciones de la carretera, hacían que de vez en cuando saltasen a las páginas de noticias accidentes en los que se veían involucrados estos coches de línea. Era habitual que en el techo de estos vehículos viajasen pasajeros. Dado el riesgo de caídas, el 22 de julio de 1927, la Junta Central de Transportes obliga a las empresas de transportes a colocar en la parte superior de sus coches una barandilla horizontal de hierro de 80 centímetros.

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A Carretera. Primer automóvil de Parderrubias a finales de los años veinte. Fotografía de Manuel Garrido “Os Escultores”  (tomada de De los Ríos Conde, 2018).

Aunque el problema de los accidentes de tráfico, obviamente, no tenía la magnitud actual, sí se producían sucesos que más bien eran consecuencia de las paupérrimas condiciones de las carreteras y de las limitaciones de los vehículos que las transitaban, como fue el vuelco de una camioneta en el puente de Parderrubias, que en dirección a Ourense fue envestida por otra que intentaba adelantarla, resultando heridos sus tres ocupantes, que tuvieron que ser evacuados a la Casa de Socorro por el coche de línea que provenía de Entrimo (El Orzán, 18 de septiembre de 1926; La Región, 19 de septiembre de 1926). Tal vez la evidencia más clara de las condiciones en las que se encontraba la carretera de Ourense a Celanova y de las características de los vehículos de esa época la encontremos en la noticia publicada por El Eco de Santiago el 8 de octubre de 1919 en la que se alude al accidente que sufre el automóvil correo de Orense a Entrimo a su paso por A Manchica: al transitar el vehículo por un bache, el viajero Antonio Álvarez (“Rabias”) sale despedido del cupé lesionándose la cara y sufriendo una grave hemorragia, perdiendo el conocimiento y teniendo que ser conducido en un colchón hasta Parderrubias, en donde se le hacen las primeras curas. El 9 de septiembre de 1920 el automóvil de línea de Ourense a Entrimo, que llevaba un exceso de pasaje, era embestido en la cuesta de O Cristal por un camión que bajaba hacia la capital. Gracias al tronco de un castaño, que hizo de barrera, no acabó en el fondo del precipicio, por lo que el accidente se saldó únicamente con algunos heridos. Un accidente similar tiene lugar en mayo de 1927 cuando el coche de línea de la empresa Suárez, que hacía el itinerario Entrimo-Ourense, bajando en O Cristal, sufre el reventón de una rueda acabando en un terraplén. A consecuencia del accidente resulta muerto uno de los pasajeros, un vecino de Vilanova dos Infantes, siendo conducidos los heridos en caballerías hasta Celanova; entre los más graves estaba el chófer, Eladio Feijoó, vecino de A Merca. Esta misma empresa tendría otro percance el 4 de noviembre de 1929, en el puente de As Escorregas, en donde una camioneta que bajaba sin frenos hacía Ourense se empotra contra uno de sus autos de línea, resultando herido únicamente el chófer de la camioneta.

En definitiva, el próximo año 2021 se cumplirán 120 años de la apertura a la circulación de la carretera de Ourense a Portugal, una infraestructura que contribuyó en gran medida al desarrollo económico de nuestra comarca, cambió la fisonomía del pueblo de Parderrubias y terminó dando nombre a una de sus zonas: A Carretera.


Referencias

De los Ríos Conde,  A. (2018). XVII Romaría Etnográfica Raigame. Fiesta de la cultura gallega. Recuperado de http://vialethes.es/xvii-romaria-etnografica-raigame-fiesta-la-cultura-gallega

Sierra Fernández, A. (2018). A Merca no Réxime Señorial (1750). Vigo: Ir Indo Edicións.

E34. Emigración gallega de principios del siglo XX hacia América a través de la experiencia de mi abuelo Manuel. Por Juan Carlos Sierra Freire

E34. Emigración gallega de principios del siglo XX hacia América a través de la experiencia de mi abuelo Manuel. Por Juan Carlos Sierra Freire


¡Deixo a casa onde nacín,
 deixo a aldea que conozo
 por un mundo que non vin!
 Deixo amigos por estraños,
 deixo a veiga polo mar,
 deixo, en fin, canto ben quero...
 ¡Quen pudera non deixar!...
         (Rosalía de Castro)

Se estima que entre 1880 y 1930 embarcaron hacia ultramar entre 3,5 y 5 millones de españoles buscando un porvenir que España era incapaz de proporcionarles. Cuba, Argentina, Brasil y Uruguay se convirtieron en los destinos preferentes. Asturianos, canarios, pero sobre todo gallegos, la gran mayoría hombres jóvenes solteros, partían de los puertos españoles con la ilusión de “hacer las Américas”. Los 15 puertos con autorización para embarcar emigrantes eran Almería, Barcelona, Bilbao, Cádiz, A Coruña, Gijón, Las Palmas, Málaga, Palma de Mallorca, Santa Cruz de la Palma, Santa Cruz de Tenerife, Santander, Valencia, Vigo y Villagarcía. Más de la mitad de estos emigrantes embarcaron desde los puertos de A Coruña y Vigo.

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La despedida

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La partida

Pero, ¿qué era ser emigrante en esa época? La Ley de Emigración de 21 de diciembre de 1907, promulgada para regular la emigración a las colonias y Estados de América define como emigrantes “a aquellos españoles que se propongan abandonar el territorio patrio, con pasaje retribuido o gratuito de tercera clase, o de otra que el Consejo Superior de Emigración declare equivalente, y con destino a cualquier punto de América, Asia u Oceanía”. En este sentido son sumamente clarificadoras las palabras de Castelao (1944, p. 221) cuando escribe que “los gallegos sabemos arreglar los papeles y pedir un pasaje de tercera”.

La regulación de la emigración en España durante esos años alcanzó tintes obsesivos; baste señalar que entre 1907 y 1935 se dictaron nada menos que 1.135 leyes y disposiciones para “proteger” al emigrante. Esta protección se centraba en gran medida en controlar la emigración de mujeres solteras (o casadas que no disponían del permiso de sus maridos) e impedir la salida de hombres con edades próximas a la prestación del servicio militar obligatorio. Así, por ejemplo, las mujeres no emancipadas que viajasen sin sus “guardadores” legales debían presentar una autorización que recogiese el permiso de su representante legal para emigrar. Como cabe suponer, todos estos controles hacían que los trámites burocráticos para poder salir de España fuesen excesivamente engorrosos, aunque no costosos económicamente, y así se hace saber: “todos los servicios relacionados con la documentación precisa a los que vayan a emigrar y para este solo fin, son absolutamente gratuitos”.

Aunque en esa época comenzaron a surgir algunas navieras españolas con barcos de vapor capaces de cruzar el Atlántico (como era el caso de la Compañía Trasatlántica Española, con sede en Santander), la mayoría de emigrantes españoles utilizaron navieras extranjeras (inglesas, francesas, alemanas o italianas) al disponer éstas de mejores barcos y contar con itinerarios más directos, lo que repercutía en una reducción considerable del tiempo de travesía, aunque éste no bajaba nunca de las tres semanas. Tal como describe Rodher (2010), la odisea del trayecto comenzaba días antes, pues habitualmente los emigrantes tenían que esperar en el puerto durante días la salida del buque correspondiente. Esa espera se convertía en el caldo de cultivo perfecto para falsificadores de documentos, funcionarios corruptos, amigos de lo ajeno, posaderos desalmados, cambistas sin escrúpulo alguno, desaprensivos agentes de viajes, etc. Las condiciones en las que se realizaba el viaje se pueden resumir en el hecho de que era el propio emigrante quien debía llevar consigo su silla de viaje. Contra el mal endémico de la travesía, el mareo, se recomendaba “oler o comer limones” que el propio emigrante debería llevar consigo.

La Cartera de Identidad de Emigrante (documento acreditativo del rol de emigrante) recogía las recomendaciones para preparar el viaje:

“El emigrante debe tener en cuenta que el equipaje que habrán de trasportarle obligatoriamente las Compañías navieras por el precio del billete podrá llegar, cuando menos, a 100 kilogramos, sin que su volumen sea superior a medio metro cúbico. Cuando el equipaje alcance esas proporciones de peso y tamaño, máxime si está reunido en un solo bulto, no podrá ir junto a su dueño, por no tolerar la capacidad ni los espacios libres que deben quedar en los sollados o en los locales en donde se da acomodo a los emigrantes, el amontonamiento de baúles y fardos que aminorarían el obligado cubo de aire respirable y sería estorbo para el tránsito sin peligro ni apreturas. Por eso, los equipajes de cierto tamaño se almacenan en las bodegas del buque, y el emigrante no suele verlos ya hasta el momento del despacho de Aduanas en el puerto de destino; contingencia que aconseja la adopción de las siguientes elementales previsiones. No meter en los baúles ni en los bultos, que por ser grandes, hayan de encerrarse en las bodegas, las ropas y los objetos de uso preciso, ni víveres para el camino, puesto que no les será dable el consumirlos; ni metálico, ni efectos de valor. Acondicionar, en cambio, en maletas o en hatijos que por su tamaño se admiten en los dormitorios, una muda de ropa blanca por persona, cuando menos; los efectos de uso personal; jabón para aseo y lavado de ropas, pues adquirirlo a bordo es difícil o es caro; las prendas de uso exterior con que piensen desembarcar, y las precisas para prevenirse contra las alteraciones climatológicas de un viaje por latitudes diversas. En este aspecto, los emigrantes que se dirijan a América del Sur deben recordar que allá las estaciones tienen rotación opuesta a la de aquí; que cuando en España es invierno, en la Argentina, por ejemplo, es verano, y viceversa, con cuyo recuerdo sabrán evitarse las molestias y riesgos a que se exponen embarcando en pleno verano sin otra defensa, contra un frío para ellos inopinado, que un simple traje de dril, o en pleno invierno, sin otro alivio contra el calor ecuatorial y la alta temperatura que encontrarán a su arribo, que la compañía inseparable de un traje de pana y recia manta”.

Detrás de las cifras de la emigración a América, como es obvio, hay personas con nombres propios, historias individuales y experiencias personales singulares. Coincidiendo que en este mes de julio de 2016 se cumplen 90 años de que mi abuelo Manuel Freire cruzase el Océano Atlántico como emigrante, rumbo a Argentina, quiero aportar algunos datos más concretos y personalizados que permitan conocer mejor y humanizar la realidad del emigrante gallego a América de principios del siglo pasado.

Como ya hemos dejado intuir en los párrafos anteriores, cualquier hombre español, antes de emigrar, debía cumplir sus compromisos con el Estado prestando el servicio militar obligatorio, cuya duración era de tres años en esa época. Manuel es alistado en el año 1921 y pasa a formar parte del reemplazo de 1922. Con el objetivo de no salir de Ourense, y especialmente con la finalidad de evitar el difícil, y a su vez peligroso, destino de África, opta por el sistema de Reducción de Servicio por Abono de Cuota que estuvo vigente en el país desde 1912 hasta el inicio de la Guerra Civil en el año 1936. Este sistema permitía reducir, nunca redimir como había ocurrido en décadas precedentes, una buena parte del tiempo en el Ejército y elegir la Unidad Militar en la que prestarlo a cambio de abonar una cuota militar a las arcas del Estado. La cuota era de 2.000 pesetas por un período de servicio de 5 meses y de 1.000 pesetas por uno de 10 meses, que se podían hacer de forma continuada o interrumpida. Además del pago de la cuota, el aspirante a este beneficio debía superar un curso para obtener el Certificado de Instrucción Militar que costaba entre 150 y 200 pesetas (Cañete Páez, 2005). Realizar el Servicio Militar bajo esta modalidad implicaba que el propio soldado asumía la compra del uniforme y demás pertenencias, y que la manutención y pernoctación se hacían fuera del acuartelamiento, a cuenta del interesado.

Soldado
Manuel Freire , Soldado de Infantería. Fotografía de J.C.Sierra

Una vez cumplidas sus obligaciones militares, Manuel inicia los trámites para emigrar a Buenos Aires, hecho que ocurre en el año 1926. Las gestiones burocráticas previas al embarque pasan por acreditar debidamente una serie de circunstancias, todas ellas certificadas en la Cartera de Identidad del Emigrante. A saber:

  1. El Juzgado Parroquial certifica el 17 de junio de 1926 su nombre y apellidos, el destino al que se propone emigrar, el número de cédula y el lugar de expedición, lugar y fecha de nacimiento, y nombre de los padres. Esta certificación va acompañada de la impresión dactiloscópica de los cinco dedos de ambas manos.
  2. Ese mismo día, el Secretario del Ayuntamiento de San Ciprián de Viñas (en la actualidad, San Cibrao das Viñas), con la presencia de dos testigos (José Iglesias y Claudio Grande), certifica las características físicas más importantes del emigrante. En el caso de Manuel concurrían las siguientes: estatura regular, corpulencia fuerte, pelo castaño, cejas pobladas, existencia de bigote, existencia de barba, frente ancha, ojos castaños, nariz recta, boca regular, labios finos, orejas regulares, cutis sano, color moreno, presencia de una cicatriz en la mejilla izquierda y ausencia de pecas, lunares, calvas, imperfecciones y otras señas.
  3. El mismo 17 de junio, el Secretario del Juzgado Parroquial, Don Víctor Fernández, certifica que a esa fecha el emigrante no presenta en el Registro antecedentes penales ni está sujeto a procesamiento alguno.
  4. El 19 de junio de 1926, el Comandante del puesto de la Guardia Civil de A Mezquita (Don Alejandro Araujo) certifica la situación militar del emigrante: año de alistamiento (1921), año de reemplazo (1922), Cuerpo (Infantería) y el escalafón al que perteneció (Soldado). En esta certificación aparece reflejado el día estimado de embarque: 11 de julio. Sin embargo, esta autorización que aparece reflejada en la Cartera de Identidad del Emigrante, carece de validez alguna si no obra en poder del Inspector de Emigración del puerto de embarque el oportuno aviso de la Comandancia del puesto de la Guardia Civil, acompañado del retrato del emigrante.
  5. Dado que algunos países de América, caso de Argentina, exigían algunos requisitos especiales a los emigrantes, Manuel tuvo que aportar las siguientes certificaciones firmadas por el Alcalde de San Ciprián de Viñas, Don José Rodríguez Cardero, fechadas en el mes de junio sin día concreto:
  • El Alcalde certifica que en los Archivos de la Corporación Municipal existe un documento expedido por un facultativo (en este caso, Don Enrique Azpilcueta) en el que consta que ni el titular ni el resto de personas reseñadas en la Cartera de Identidad del Emigrante padecen enfermedad mental alguna.
  • El Alcalde certifica que en los antecedentes que obran en los archivos a su cargo, y una vez realizadas las averiguaciones pertinentes por los agentes de su autoridad, no aparece en ninguno de ellos que el titular de la Cartera y personas que le acompañan hayan ejercido la mendicidad.
  • El Alcalde hace constar, según los datos adquiridos, que la profesión de Manuel es la de labrador.
  1. Por último, se emite el Visado Consular para poder ingresar en Argentina.

Cartera de Identidad
Cartera de Identidad del Emigrante

Una vez acreditados todos estos requisitos, el Inspector de Emigración, en vista de los datos precedentes, y documentos complementarios, autoriza el embarque, por lo que los consignatarios autorizados para el tráfico de la emigración estaban ya en disposición de expedir el billete. El embarque tendrá lugar el jueves 15 de julio de 1926, por lo que probablemente, como era habitual, ya estuviese algún día antes en el puerto a la espera del mismo; de hecho el sello de Emigración de su Cartera de Identidad de Emigrante tiene fecha de 14 de julio. El viaje había comenzado en Montelongo, dirigiéndose posteriormente de Ourense a Vigo en ferrocarril, línea ferroviaria que ya venía funcionando desde el año 1881. Sin embargo, antes de partir cumple con el protocolo de hacerse un retrato para dejar a su familia con el fin de paliar la larga ausencia. Manuel, envía a su madre y hermanos una fotografía realizada en el afamado estudio de José Pacheco, sito en la calle del Alba (hoy Cardenal Quiroga) de Ourense. En ese documento estampa la fecha de 15 de julio de 1926 debajo de un “les mando mi retrato por ausentarme”.

Retrato
“Les mando mi retrato por ausentarme”. Fotografía de J.C. Sierra

El buque que se encarga ese 15 de julio de cubrir el trayecto Vigo-Buenos Aires es el Köln, perteneciente a la compañía naviera alemana Norddeutscher Lloyd. El pasaje en tercera categoría costaba 570,10 pesetas. Teniendo en cuenta el anuncio publicitario de la Compañía en el diario La Región del 15 de julio de 1926, el trayecto no era directo, sino con escalas en Lisboa, Río de Janeiro, Santos y Montevideo, antes de desembarcar en Buenos Aires:

Lloyd Norte Aleman (Bremen). Servicio regular de vapores correos rápidos entre España y Sud América. Directamente para Lisboa, Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires saldrán de Vigo los rápidos vapores correos de gran porte: 15 Julio “Koeln” Ptas. 570’10, 5 Agosto “Madrid” 590’10 Ptas., 25 de Agosto Weser 590’10 Ptas., 8 Setiembre “Sierra Morena” 635’10, 16 Setiembre “Werra” 590’10 Ptas., 29 Setiembre “Sierra Córdoba” 635’10 Ptas. Todos los pasajeros de tercera clase tienen a su disposición un amplio salón comedor, fumador y sala de conversación. Las comidas son abundantes y muy variadas siendo servidas por camareros uniformados. Para más detalles informa el Agente general para España de la Compañía: Luis G. Reboredo Isla. Vigo, García Olloqui, 2” (La Región, 15 de julio de 1926).

El Köln era un navío con un limitado número de plazas de cabina (únicamente 50), pero preparado para el transporte de hasta 1.600 pasajeros de tercera clase. Medía 136 metros de largo, 15 de ancho y 13 de profundidad, con una capacidad de carga de 9.265 toneladas. Alcanzaba una velocidad de 13 nudos. Como cabe imaginar, las condiciones del viaje en tercera clase distaban mucho de lo que podrían ser ciertas comodidades. El objetivo de los armadores era transportar el mayor número posible de emigrantes, asumiendo los mínimos costes posibles, lo que repercutía en espacios reducidos, comida de mala calidad, temperaturas extremas, dependiendo de la época del año, y precarias condiciones higiénicas. Los pasajeros de tercera disponían de agua dulce para lavarse una vez al día. A bordo, los hombres eran separados de las mujeres y niños en dormitorios colectivos, produciéndose el reencuentro durante el día en la cubierta, en la que podían desplegar sus sillas personales para charlar, jugar a las cartas o hacer calceta las mujeres.

Buque
Buque Köln que hizo el trayecto Vigo-Buenos Aires el 15 de julio de 1926

Tal como está registrado en el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA), el 7 de agosto de 1926, Manuel Freire, de 24 años de edad, soltero, de nacionalidad española y natural de Orense, de profesión labrador, arribaba al puerto de Buenos Aires a bordo del buque Köln, es decir, llegaba a su destino 23 días después de zarpar del puerto de Vigo. Uno que ha tenido la posibilidad de cruzar el Atlántico para ir a América en decenas de ocasiones, a bordo de modernos y cómodos aviones, alargándose el trayecto a 12 horas a lo sumo, es consciente del esfuerzo, enorme sacrificio, y hasta penuria, que supuso un viaje de ese tipo en esas condiciones durante algo más de tres semanas.

En algún lugar suena el tango de Armando Tagini:

América fue la tierra qu’el soñó conquistar con su labor. Y un día de invierno en Buenos Aires desembarcó”.

Una vez atracado el barco en el desembarcadero del puerto de Buenos Aires, éste fue abordado por una Junta de Visita que examinó la documentación de cada uno de los pasajeros con el fin de permitir a estos el ingreso en el país. Un equipo médico realizó el correspondiente control sanitario a bordo, prohibiendo la entrada al país a cualquier persona con enfermedad infecciosa o demencia. Como era habitual entre los emigrantes recién llegados a Buenos Aires, Manuel se alojaría durante los primeros días de estancia en la ciudad -que en esas fechas padecía los rigores del invierno austral- en el impresionante Hotel de Inmigrantes, a los ojos del recién llegado. Se trata de un edificio de cuatro pisos, de hormigón armado, muy próximo al desembarcadero. La planta baja era ocupada por los comedores y la cocina, en las superiores estaban ubicados los dormitorios. En cada planta, cuatro dormitorios con capacidad para 250 huéspedes, es decir, el hotel tenía capacidad para albergar a 3.000 personas. A la mañana siguiente desayunaría café con leche, mate cocido y pan horneado en la panadería del hotel. El almuerzo de ese día, organizado en turnos de 1.000 personas, consistiría en alguno de los platos habituales: una sopa abundante, un guiso de carne, un puchero, una pasta, un arroz o, tal vez, un estofado (Dirección General de Migraciones, 2015). El alojamiento era gratuito durante cinco días, mientras el emigrante realizaba los trámites para su empleo y vivienda.

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Llegada de emigrantes al Puerto de Buenos Aires. Fotografía de Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados

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Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires

Sirvan estas líneas de homenaje y reconocimiento a mi abuelo Manuel Freire y a todos aquellos que a finales del siglo XIX y principios del XX dejaron su familia y su tierra, su Galicia, para aventurarse en un viaje desconocido, y hacia lo desconocido, con la única aspiración de mejorar el porvenir de los suyos. Las remesas enviadas por los emigrantes supusieron un alivio a muchas carencias y dificultades que padecían las familias gallegas de aquella época.

Hago mía la estrofa de Alberto Cortez:

El abuelo un día cuando era joven, allá en su Galicia, miró el horizonte, y pensó que otra senda tal vez existía”.


Referencias

Cañete Páez, F. A. (2005). El soldado de cuota en el Ejército Español del primer tercio del siglo XX. Recuperado el 9 de enero de 2016, de http://www.belt.es/expertos/HOME2_experto.asp?id=2625

Castelao, A. (1944/1977). Sempre en Galicia. Madrid: Akal (versión castellana).

Dirección General de Migraciones (2015). El Hotel de los Inmigrantes. Recuperado de http://www.migraciones.gov.ar/accesible/indexP.php?hotel, el 20 de junio de 2016.

Rodher, J. (2010). Caminos del mar: los barcos de la emigración. Recuperado de http://www.xn--cartadeespaa-khb.es/index.php?seccion=0&reportaje=362, el 18 de junio de 2016.