Categoría: Guerra Civil

Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (I)

Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (I)

Por Juan Carlos Sierra Freire

Dando continuidad al relato del periodo histórico de la Guerra Civil en la comarca de Parderrubias, iniciado con los artículos Parderrubias y su comarca en el tiempo de la Guerra y Cuando la Guerra no devuelve los hijos a sus madres, abordaremos en dos artículos sucesivos las historias de los vecinos fallecidos en los diversos frentes de guerra abiertos durante la contienda civil.

Dado que la provincia ourensana quedó desde el primer momento bajo el control de los golpistas, hasta donde conocemos, salvo rara excepción que indicaremos, todos los mozos de Parderrubias, que participaron de una manera u otra en la Guerra Civil, fueron reclutados por el Ejército sublevado, siendo enviados a distintos frentes o zonas de la retaguardia. En palabras de Cocho (2011), fueron “reclamados para combatir en una guerra que no provocaron, que no entendían y que los puso, fusil en mano, a pegar tiros lejos de su casa” (p. 241). “Soldados a la fuerza” como muy bien califica Matthews (2013). Durante las primeras semanas de Guerra, la capital ourensana se convirtió en un hervidero de soldados realizando trámites una vez llamados a filas. El Gobierno Civil y la estación ferroviaria El Empalme, de donde partían trenes repletos de soldados, conforman los principales centros de ebullición. A mediados de agosto de 1936 era incesante la afluencia de reclutas pertenecientes a las tres quintas convocadas (1933, 1934 y 1935), predominando los mozos de las aldeas, como era el caso de Parderrubias, a quienes el diario La Región describía de una manera exageradamente bucólica:

“…sufridos, trabajadores, sobrios y cumplidores. Ellos son la nota más cálida en el desfile constante de estos días… Van y vienen estos mozos alegres por nuestras calles, con sus chaquetas al hombro, sintiendo el pesado agobio de estos calores que sufrimos y que quizá allá en sus aldeas nunca tuvieron. Todos lucen orgullosos en sus pechos medallas y cruces; lacitos de la bandera nacional llevan sus ojales… Para vosotros todos, a los que habéis dejado vuestras ocupaciones en los campos, aun perenne el olor a heno de las yerbas secas… una simpatía inmensa palpita en todos los corazones” (La Región, 15 de agosto de 1936).

Con el fin de aminorar la sensación de separación de los reclutas con respecto a sus familiares, la Comandancia Militar de Ourense dispuso un servicio de coches ligeros y camiones para el frente, con el objeto de transportar todo aquello que los allegados quisieran remitirles. En las primeras fases de la Guerra, este servicio funcionó semanalmente con Luarca, Villablino y Guadarrama, incluyendo correo, paquetes y obsequios dirigidos a la tropa. Los encargos eran recogidos en el número 25 de la calle Paz.

Mozos de Parderrubias reclutados durante la Guerra

En Parderrubias, igual que en el resto de Zona Nacional, fueron movilizados durante la Guerra los mozos pertenecientes a quince reemplazos: los de los tres primeros trimestres de 1941, y los de los años 1940, 1939, 1938, 1937, 1936, 1935, 1934, 1933, 1932, 1931, 1930, 1929, 1928 y 1927. En total fueron llamados o reincorporados a filas 42 vecinos pertenecientes a los pueblos que actualmente integran la Parroquia de Parderrubias (i.e., sin incluir Solveira, A Manchica y Nogueira, pueblos que en esa época también pertenecían a la Parroquia).

A los tres primeros trimestres del reemplazo de 1941 (nacidos en 1920 y llamados a filas en agosto de 1938) pertenecían Eladio Grande Garrido, José Outumuro Outumuro y Ángel Pérez Outumuro. Los pertenecientes al reemplazo de 1940 (nacidos en 1919 y llamados en agosto de 1938) eran José Atrio Lorenzo, Modesto Garrido Fernández, José Lorenzo Rodríguez y José Seara Casas. Resulta singular el caso de Modesto, a quien la Guerra sorprende en la provincia de Toledo, zona republicana, a donde se había desplazado a la siega, siendo reclutado por el Ejército Republicano en febrero de 1938. En 1940, finalizada la Guerra, debe volver hacer el Servicio Militar con el otro bando: la conocida “mili de Franco”, que duraba tres años. En su expediente se puede leer que “…prestó servicio en el Ejército Rojo como forzoso. Nada alega. El Ayuntamiento le declara soldado”.

Modesto Garrido Fernández, en Toledo, durante la Guerra Civil

En el reemplazo de 1939 fueron alistados seis mozos. nacidos en 1918 y llamados a filas en julio de 1937: Manuel Lorenzo Ínsula en el Regimiento de Artillería Antiaérea de Madrid; José Outumuro Martínez en el Regimiento de Artillería de Montaña nº 20, con sede en Zaragoza; Adolfo Outumuro Outumuro en el Regimiento de Infantería La Victoria nº 28 de Salamanca y Capitanía General 3º Cuerpo del Ejército de Valencia; Benito Pérez Outumuro en el Regimiento de Artillería de Costa nº 2 Monte Faro, en las Islas Cíes; Manuel Sampedro Seara en el Regimiento Burgos nº 31, con sede en León; y Manuel Seara Garrido en el 5º Grupo de Sanidad Militar, con sede en Huesca.

Al reemplazo de 1938 (nacidos, por tanto, en 1917 y llamados en mayo de 1937) pertenecen cuatro mozos: Felisindo Grande Seara, que en un primer momento disfrutó de prórroga por estudios; Adolfo Justo Sampedro en el Regimiento de Infantería Toledo nº 26, con sede en Zamora (como veremos más adelante, su hermano José fallece en Fuentes de Ebro en agosto de 1937); Manuel Outumuro Seara en Zapadores, Minadores e Ingenieros nº 3, con sede en Valencia, teniendo presencia en la Batalla del Ebro; y Benigno Seara en el Regimiento Zamora nº 29, con sede en A Coruña, que participa en el frente de Zaragoza.

Formaban parte del reemplazo de 1937 los mozos nacidos en 1916 (llamados a filas en febrero de 1937): Manuel Garrido Garrido en Artillería de Costa y Parque de Automóviles de la 8ª Región; Isolino Grande Garrido en el Regimiento de Artillería Ligera 16, con sede en A Coruña, Serrallo 18 y 3º Batallón de Automóviles; Carlos Lorenzo Ínsula, en Intendencia 8ª Región, con sede en A Coruña; Gumersindo Outumuro Martínez en Servicios Auxiliares del Regimiento Zaragoza 30, con sede en Lugo, y Parque de Artillería y Cuerpo Jurídico Militar de Sigüenza; y José Seara Garrido en Regimiento de Infantería Simancas nº 40, con sede en Gijón, y Batallón de Cazadores de Melilla.

Los dos mozos pertenecientes al reemplazo de 1936 (nacidos en 1915 y llamados en noviembre de 1936) fueron Eladio Garrido Garrido en el Parque de Automóviles 8ª Región, y José Justo Sampedro en el Regimiento de Infantería Gerona 18, con base en Zaragoza, fallecido en combate en Fuentes de Ebro el 29 de agosto de 1937. En el reemplazo de 1935 fueron alistados los mozos nacidos en 1914 y llamados en agosto de 1936: Jesús Fernández Fernández, Manuel Fernández Sueiro, Manuel María Martínez Gulín, Fernando Pérez Outumuro y Celso Seara García. Al alistamiento de 1934 pertenecen dos mozos nacidos en 1913 (llamados en agosto de 1936): Higinio Grande Garrido y Modesto Grande Grande, fallecido en el frente de Teruel en marzo de 1938. En el reemplazo de 1933 se encontraba José Pérez Outumuro, nacido en 1912 y llamado a filas en agosto de 1936. En el reemplazo de 1932 estaban los mozos nacidos en 1911 y llamados a filas en octubre de 1936: Manuel Fernández Rego, Evencio Fernández Outumuro, José Fernández Pérez y Jesús Grande Seara. El único mozo del reemplazo de 1931 era Abelardo González Outumuro, nacido en 1910, llamado a filas en noviembre de 1936 y fallecido a los pocos días de finalizar la Guerra. Al reemplazo de 1930 pertenecían Bienvenido Casas Fernández y Antonio Seara García, que habían nacido en 1909 y fueron llamados en marzo de 1937. En el reemplazo de 1929, correspondiente a los mozos nacidos en 1908 y llamados en septiembre de 1937, estaban Perfecto Fernández Outumuro y José María Grande Iglesias. En el reemplazo de 1928 no hubo ningún mozo de Parderrubias. Finalmente, en el reemplazo de 1927, formado por los mozos nacidos en 1906 y llamados en noviembre de 1938, estaban Celestino Grande Outumuro y José María Iglesias Garrido. El destino de estos últimos reemplazos era la formación de batallones de guarnición para atender a las poblaciones que caían en manos de los sublevados.

Aunque la gran mayoría de soldados volvió a casa, hubo tres víctimas mortales, y en ellas focalizaremos la atención. No obstante, algunos de los regresados de los frentes lo hicieron con secuelas de guerra para el resto de su vida. Es el caso de José Seara Casas, quien en la Ofensiva del Levante, en 1938, concretamente en el Frente de Sagunto, fue víctima de la explosión de una bomba que le llenó el cuerpo de metralla, convirtiéndose en mutilado de guerra después de pasar una larga temporada en el Hospital Militar de Zaragoza.

Frente de Aragón en 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Muertes en el frente

Como otros muchos pueblos de España, Parderrubias pagó un elevado tributo en la Guerra Civil en cuanto a heridos y víctimas mortales. Nuestro pueblo, no fue campo de batalla, ni escenario de trincheras ni objetivo de bombardeos, pero la sangre de sus vecinos se derramó en otras tierras en las que la barbarie se libraba a tiros fratricidas. En los libros parroquiales de Parderrubias se contabilizan cinco vecinos fallecidos en los distintos frentes de la Guerra Civil, dos de ellos eran naturales de Solveira y Bouzas, respectivamente, pueblos que en aquellas fechas pertenecían a la Parroquia de Parderrubias. Los tres vecinos, nacidos en los pueblos que actualmente constituyen la Parroquia de Parderrubias, que fallecieron en la Guerra son José, Modesto y Abelardo, a los que dedicamos este artículo y el próximo, con el objeto de que sus nombres y sus historias personales permanezcan en la memoria de todos nosotros.

José Justo Sampedro (1915-1937)

José, hijo de Manuel y de Carmen, nace en Barrio el 11 de septiembre de 1915. De oficio carpintero, es alistado en el reemplazo de 1936, siendo tallado en 1,69 metros. Al no alegar nada para no realizar el Servicio Militar es calificado como soldado útil en primera instancia. El 12 de enero de 1937 se incorpora al Regimiento de Infantería Gerona nº 18, con sede en Zaragoza. El frente de Aragón será su escenario de guerra. Desconocemos el Batallón en el que se integró, pero tomando como referencia los datos de su fallecimiento, presuponemos que era uno de los doce Batallones (101 a 112) que integraban la 105 División, formada el 5 de julio de 1937 en las inmediaciones de Zaragoza, al frente de la que estaba el Coronel de Infantería Mariano Santiago. Estando aun la División en período de organización, sus unidades fueron enviadas a luchar en diferentes puntos durante la Batalla de Belchite (Engel, 2010).

Firmas de los mozos del reemplazo de 1936 (en el centro la de José Justo Sampedro)
José Justo Sampedro

Una vez que Bilbao pasa a manos del ejército sublevado en junio de 1937, la misma suerte estaba a punto de correr Santander, por lo que a finales de agosto el Gobierno lanza como operación de distracción –con el fin de atraer a las tropas nacionales y así aminorar la presión sobre la capital cántabra- una ofensiva en Aragón. El General Pozas estaba al frente del operativo, mientras que las fuerzas sublevadas en el sector de Zaragoza estaban lideradas por el General Ponte.

En la madrugada del 24 de agosto de 1937, el Ejército Republicano lanza una ofensiva para conquistar Zaragoza, enfrentándose al Ejército Nacional a lo largo de todo un frente integrado por Zuera, San Mateo de Gállego, Leciñena, Puerto de Alcubierre, Perdiguera, Villamayor, Alfajarín, Pina de Ebro, Quinto, Codo, Belchite, Fuendetodos y Villanueva de Huerva. La debilidad de los sublevados en la zona hizo que pronto cayesen del lado de la República pueblos como Quinto y Codo. El 26 de agosto las tropas republicanas reciben refuerzos en el sector de Fuentes de Ebro, municipio en manos de los Nacionales, que no llegaría a ser conquistado. Era el último reducto de la defensa antes de llegar a Zaragoza. Los ataques republicanos fueron intensos, pero la resistencia de los Nacionales no se debilitó. La caída de Santander el 27 de agosto y la inesperada resistencia mostrada por las tropas nacionales hizo que se enlenteciesen los avances republicanos sobre Zaragoza –capital que no llegaría a ser tomada-, por lo que las fuerzas republicanas focalizaron sus esfuerzos en Belchite, iniciándose el asalto final sobre el pueblo el 28 de agosto. El día 26 los republicanos sitian completamente el pueblo, pero los Nacionales llegan a resistir entre barricadas hasta el 6 de septiembre, quedando el pueblo completamente destruido. Sus ruinas todavía se conservan en la actualidad. Se estima que en quince días murieron cinco mil personas.

Mapa del frente de Fuentes de Ebro en 1937

Los partes de Guerra del Ejército Nacional informaban de la situación en esos días:

El enemigo ha continuado presionando en este frente, siendo rechazados todos sus ataques y causándole grandísima cantidad de bajas, que se eleva a varios millares. Solo en uno de los ataques en el sector de Zuera han sido totalmente destrozados tres batallones rojos, de los cuales únicamente han podido escapar ochenta o cien hombres, quedando en poder de nuestras tropas más de 1.200 muertos. Es también muy grande el número de cadáveres enemigos que hay frente a otras varias de nuestras posiciones. Son totalmente falsas las noticias de las radios rojas sobre la proximidad del enemigo a Zaragoza, habiendo sido destrozadas sus infiltraciones” (27 de agosto de 1937).

Continuó la presión del enemigo, que atacó en varios sectores, siendo enérgicamente rechazado en todos ellos y sufriendo enormes pérdidas, entre ellas centenares de muertos. Se han hecho muchos prisioneros, y es también muy considerable el número de milicianos que se han pasado a nuestras filas, lo que prueba el gran quebranto y desaliento del enemigo” (28 de agosto de 1937).

En el de Villamayor no solo se ha rechazado a las fuerzas rojas, sino que se les ha perseguido, rectificándose nuestra línea a vanguardia, ocupándose importantes posiciones y cogiéndose mucho armamento, entre el que se encuentran 20 ametralladoras y abundante material que aun no ha sido clasificado. En este sector se inutilizaron tres tanques rusos. En los sectores de Fuentes y Belchite han sido rechazados todos los ataques del enemigo. Son elevadísimas las bajas sufridas por las fuerzas rojas en todos los sectores sin que hayan conseguido ventaja alguna en ninguno de ellos” (29 de agosto de 1937).

Frente de Aragón en 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España

La información proveniente del Ministerio de Defensa Nacional era sustancialmente diferente:

En las primeras horas de la mañana se consiguió romper la organización enemiga. La ruptura se efectuó en tres direcciones, y a virtud de ella quedaron aisladas de su base las fuerzas facciosas que defienden las posiciones del sector de Quinto… Los facciosos hicieron bastante resistencia, a pesar de lo cual, columnas leales profundizaron mucho en dirección a sus objetivos… Los rebeldes, obligados a replegarse, tuvieron grandes bajas, dejando en nuestro poder un centenar de prisioneros… La Aviación cooperó admirablemente a la maniobra del Ejército de Tierra. Desde el amanecer bombardeó intensísimamente los objetivos militares que habían de atacarse y, posteriormente, protegió el avance de las columnas” (Ahora, 25 de agosto de 1937).

El diario La Libertad del 26 de agosto informaba que el Ejército popular había ocupado la línea Mediana, Rodeu y Fuentes de Ebro, tomando Quinto y Codo causándole al enemigo gran número de bajas. Quinto estaba defendida por 1.500 hombres armados de artillería y armas automáticas. Su resistencia les supuso una gran cantidad de bajas. El parte de guerra republicano del 26 de agosto informaba que:

Hoy continúan las operaciones de nuestra ofensiva en el frente de Aragón. Esta mañana nuestras tropas entraron victoriosamente en Villamayor de Gállego. Con la toma de Villamayor, Zaragoza se encuentra bajo el fuego de nuestros cañones”.

Portada del diario La Libertad del 27 de agosto de 1937

El 28 de agosto, el diario Ahora describía la situación en el frente:

“…se ha combatido con intensidad, especialmente en el sector de Zuera. Parte de este pueblo, así como el caserío de la Estación, se hallan en nuestro poder. El enemigo ha sido rechazado en varios contraataques en diversos lugares del frente. Las bajas enemigas son cuantiosas. Continúan pasándose a nuestras filas muchos evadidos”.

En Fuentes de Ebro, municipio que formaba parte del frente abierto por el Ejército Republicano en Aragón, con resultado final fallido en la toma de Zaragoza, dejó su vida José. El diario La Libertad del 27 de agosto de 1937 señalaba que las fuerzas republicanas habían ganado nuevas posiciones en el frente de Fuentes de Ebro, en donde se libró una gran violencia, sufriendo los nacionales un terrible desgaste. Ese día caía en manos republicanas Mediana de Aragón, situado a diez kilómetros de Fuentes de Ebro. El 29 de agosto, el diario El Sol informaba que en el frente de Mediana a Fuentes de Ebro continuaban los combates de manera intensa, mejorando las posiciones de las fuerzas republicanas.

Milicianos en el Frente de Aragón. Foto de Alec Wainman. Fuente: La Guerra Civil Española en Color
Diario La Voz del 29 de agosto de 1937

José fallecía a los 22 años de edad, el sábado 28 de agosto de 1937, en este frente aragonés, quedando sepultado en el mismo campo de batalla; pensamos que en una tumba individual, pues era costumbre entre los nacionales, a diferencia de los republicanos, que solían enterrar a sus muertos en fosas comunes (Mattews, 2013). José luchaba en las filas del Regimiento de Infantería Gerona nº 18, concretamente en uno de los batallones que integraban la 105 División del Ejército Nacional. Un telegrama dirigido al Delegado de Orden Público del Ayuntamiento de A Merca informaba de la trágica noticia:

Don Ricardo Campos García, Comandante Mayor del Regimiento Infantería Gerona número dieciocho, del que es Jefe Principal el Sr. Coronel Don Santiago Ruti Plasencia, certifico: Que el Soldado José Justo Sampedro, que se incorporó a este Regimiento el día 12 de enero de 1937 como perteneciente al reemplazo 1936, 3º trimestre, según antecedentes que obran en esta Oficina, halló muerte gloriosa en el cumplimiento de su deber a consecuencia de heridas recibidas en acción de guerra el día 29 de agosto último en el frente de Fuentes de Ebro. Y para que conste a petición de parte interesada y a sus efectos, expido el presente en Zaragoza a veinticuatro de noviembre de mil novecientos treinta y siete. II Año Triunfal. Rubricado Ricardo Campos. Vº Bº Comandante 1º Jefe Actual”.

Portada del diario La Región del 28 de agosto de 1937

El 10 de octubre se registra su fallecimiento en la Parroquia de Parderrubias. Según consta en su partida de funeral, firmada por el párroco don Juan Estévez, lo había hecho “peleando por Dios y por la Patria”. El alarde de patriotismo derramado sobre esa partida, difícilmente minimizaría el dolor de unos padres por la terrible pérdida de un hijo en plena juventud en estas circunstancias. Por su alma se celebraron Misas Gregorianas. Una Orden del Consejo Supremo de Justicia Militar, fechada el 4 de julio de 1941, declara a sus padres Manuel y Carmen con derecho a una pensión por el fallecimiento de su hijo José.

Sepultura en el campo de batalla. Fuente: Biblioteca Nacional de España

En un próximo artículo abordaremos la historia de Modesto y Abelardo, fallecidos y enterrados también lejos de su Parderrubias natal.

Soldados a la fuerza

“…una amplia proporción del gran número de soldados de reemplazo que nutrieron los ejércitos de ambas zonas no estaban ideológicamente comprometidos con el bando en el que luchaban

(Paul Preston, 2013).

Agradecimientos

A Víctor Fortes por todas las facilidades prestadas para acceder al Arquivo Municipal da Merca, y a Manuel Felipe Garrido, José Manuel Justo y Marivi Seara por la documentación e información aportada a algunas de las secciones del artículo.

Referencias

Cocho, F. (2011). Guerra Civil. Que pasou en Galicia e en España. Edicións Xerais.

Engel, C. (2010). Historia de las Divisiones del Ejército Nacional 1936-1939 (2ª ed.). Almena Ediciones.

Matthews, J. (2013). Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la guerra civil 1936-1939. Alianza Editorial.

Cuando la Guerra no devuelve los hijos a sus madres: el tío-abuelo Ramón

Cuando la Guerra no devuelve los hijos a sus madres: el tío-abuelo Ramón

Por Juan Carlos Sierra Freire

Ramón fallece, a los 27 años, en el frente de Asturias, el 11 de marzo de 1937, en las primeras fases de la Guerra. Caía abatido en el cauce del río Nalón por balas cainitas. El lecho del río fue su sepultura.

En un anterior artículo hemos abordado los acontecimientos acaecidos en Parderrubias y su comarca durante la Guerra Civil librada en España entre los años 1936 y 1939. Dando continuidad a dicho trabajo, en una secuencia de artículos centraremos el foco de atención en los jóvenes de nuestra comarca que fueron enviados a los diversos frentes de guerra de los que jamás regresarían. En este primer artículo abordaremos la historia del tío-abuelo Ramón, con el deseo de que este documento sirva para que su recuerdo perdure en el tiempo. Eran jóvenes que no buscaron la guerra, sino que esta les fue a buscar y arrebatar de sus casas, a las que nunca devolvió.

El estallido de la Guerra, en julio de 1936, hizo que el bando insurgente llamase a jóvenes de manera urgente y forzosa. Según los datos aportados por Matthews (2013), el número de jóvenes que en los primeros meses de Guerra tomaron voluntariamente las armas fue más bien escaso: 120.000 en la zona republicana y 100.000 en la rebelde. Obviamente, una contienda bélica de semejante calibre no podía librarse con esas cifras, por lo que muy pronto se recurrió a la movilización forzosa de los hombres de 18 a 45 años de edad: la República movilizó 1,7 millones de hombres en 28 reemplazos, por 1,2 millones en 15 reemplazos del Bando Nacional.

Milicianos al cobijo del fuego durante el frío invierno de 1937. Fuente: Mundo Gráfico, 20 de enero de 1937

Aparte de aquellos que en la fecha del alzamiento contra la República estaban cumpliendo con el Servicio Militar Obligatorio, el 11 de agosto de 1936 fueron llamados en la Zona Nacional, en la que había quedado Parderrubias y su comarca, los soldados de los reemplazos de 1933, 1934 y 1935, incorporándose a los Cuerpos en los que habían prestado servicios. Posteriormente, se fueron movilizando los otros reemplazos que le precedían. Así, en octubre fueron llamados los mozos del reemplazo de 1932 y en noviembre los de 1931. Todos ellos eran citados en el Cuartel de San Francisco, en la capital ourensana.

A mediados de agosto de 1936, Ourense fue testigo de la despedida de unos 700 reclutas que se dirigían hacia sus destinos desde la estación de tren:

Gran parte de Orense acudió a despedirlos. Las autoridades militares, mujeres, niños. Grupos de muchachas estaban colgando sobre el pecho de aquellos valientes la enseña nacional entrecruzada de símbolos religiosos. El andén, rebosante. Nuestra banda municipal lanzando himnos patrióticos y marchas militares. Pita el tren, que marcha despacito y majestuoso. Una alocución brillante. Multitud de vivas y de aplausos. Los muchachos colgados de las ventanillas con el brazo levantado y la mirada ardiente y la garganta delirante de palabras sagradas. La gente prorrumpe en gritos, saludos y aplausos entusiastas. Dios os acompañe, soldados nuestros de la Patria” (La Región, 13 de agosto de 1936).

El editorial del día 15 rezumaba un rancio patriotismo que pesaba como losas sobre las espaldas de centenares de jóvenes obligados a marchar al matadero del frente:

“…Y han marchado también a pelear otra multitud de mozos sedientos de las glorias que para nuestro solar están conquistando los que fueron a pelear antes, ya desde el primer día. Si muchísimos mocosuelos que nos parecían han abandonado las familias, o dícholas adiós, sin que nada pudiera detenerlos, sintiendo como la sangre generosa y española y cristiana les ardía de amor a la Patria en las venas. Y esos soldaditos nuestros, más de siete mil que hemos dado para la cruzada, cómo se nos están marchando henchidos de fervor y de convulsión patrióticas…”.

Con el fin de paliar la situación de necesidad –en ocasiones, extrema- en la que quedaban muchas familias cuando sus hijos eran enviados al frente, se estableció un sistema de Subsidios Pro Familias de Combatientes, cuyos beneficiarios eran los combatientes que constituían el único o principal sostén de la familia. Para ello se tenían en cuenta los ingresos o ventas, sueldos, jornales, etc. que los beneficiarios percibían.

Fuerzas Nacionales en un pueblo de Asturias en el año 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Tomada de La Voz de Asturias, 24 de mayo de 2018

El tío-abuelo Ramón

Ramón ocupa el cuarto puesto de los seis hijos de José Epifanio y Filomena, vecinos de Montelongo de Arriba (Soutopenedo). La familia Freire Doniz había sido duramente golpeada por la terrible peste de 1918, falleciendo José Epifanio a los 47 años de edad. Al cargo de su madre Filomena y sus hermanos Francisco Javier (15 años), Rosa (12 años), Ramón (8 años), José (6 años) y Raimundo (3 años) quedaba el abuelo Manuel con tan solo 17 años de edad. Ramón, que había nacido una fría madrugada de enero de 1910, se quedaba huérfano de padre a la corta edad de ocho años.

En el año 1931, Ramón es alistado en el Ayuntamiento de San Cibrao de Viñas, siendo declarado soldado, teniendo que cumplir el Servicio Militar Obligatorio. Durante la Segunda República su duración era de 12 meses, por lo que cuando su hermano José es alistado en el año 1933, Ramón ya había finalizado sus prestaciones militares a la República. Sin embargo, escasos años después, en su vida se cruza el estallido de la Guerra Civil que le obliga a reincorporarse de urgencia al Ejército. El 30 de octubre de 1936 es citado en el cuartel de San Francisco y es obligado por los sublevados a “ir a la Guerra”. Como otros muchos jóvenes de la época, a los que sorprendió la Guerra en zona nacional, Ramón había realizado el Servicio Militar defendiendo a la República y el destino le obliga a tomar las armas contra ella.

Ramón, al pertenecer al reemplazo de 1931, es reincorporado a filas en el mes de noviembre de 1936, pasando a formar parte de las Columnas Gallegas (despectivamente conocidas en la España republicana como los “Mariscos”), que fueron enviadas a Asturias en las primeras fases de la Guerra en auxilio de Oviedo. Su hermano Raimundo, perteneciente al reemplazo de 1936, se quedaba al cuidado de la madre viuda, hasta el fallecimiento de Ramón, momento en el que también será enviado al frente. El hermano mayor, el abuelo Manuel, era emigrante en Buenos Aires.

El frente de Asturias

En Asturias había fracasado el golpe de estado, salvo en Oviedo, en donde el Coronel Aranda se había atrincherado con 1.200 militares, quedando asediada la capital por las fuerzas republicanas. En su auxilio acude desde Ourense el 28 de julio la primera Columna Gallega comandada por José Ceano (uno de los responsables de la sublevación en Ourense). Esta columna estaba formada por unos mil hombres procedentes de Ourense y Lugo, soldados de reemplazo, a los que se irían uniendo voluntarios. Entra en Asturias por la costa, tomando Navia el 1 de agosto. Ese primer día de agosto, el diario ourensano La Región comunicaba que los soldados que formaban esa primera columna se encontraban perfectamente y así se hacía público para “tranquilidad y satisfacción de quienes tienen familiares en esas tierras al servicio de la causa de la liberación de España”. En La Región del 5 de agosto nos encontramos con las dos primeras esquelas de militares ourensanos fallecidos en Asturias. Al día siguiente nos sorprende una nueva esquela, en esta ocasión, la de un Capitán de Infantería. Sin embargo, el cronista no desfallece en su arenga triunfalista:

“…no se asusten nuestra gente que tienen en Asturias operando a algún deudo. Afortunadamente no hallan resistencia alguna nuestros soldados en su avance y en la limpia de aquella zona minera. Posiciones y pueblos están siendo todos los días pacificados, sin baja alguna. Estos tres muertos que nos han llegado de allá no lo han sido en combates, sino por paqueos inevitables de los primeros días, y que ya no se repiten. No hay motivo alguno para la inquietud. Nuestros bravos soldados prosiguen en su empresa, que no es dura, sino por el terreno simplemente”.

El 8 de agosto, a pesar de la hospitalización en Ribadeo del Comandante Ceano debido a un tiroteo, la situación de los reclutas gallegos parecía color de rosa a la luz de la crónica de La Región de ese día:

“…la columna de nuestro Batallón sigue avanzando hacia el Norte. El espíritu de los soldados es verdaderamente sorprendente. Deseando constantemente ponerse en contacto con el enemigo. Una prueba de la valentía de los muchachos es que en un encuentro registrado anteayer con los marxistas  les causaron ciento cincuenta  muertos, así como numerosos heridos y prisioneros. Entre las milicias que marchan con las fuerzas regulares, procedentes de varios puntos de Galicia, están destacando magníficamente las de Orense. Su espíritu patriótico pónese de manifiesto en cuantas ocasiones se presentan. De nuestro Batallón solamente ha habido que lamentar ahora cuatro heridos leves y estos se encuentran hospitalizados en Mondoñedo y Ribadeo”.

A la primera Columna se irían uniendo otras a lo largo de las siguientes semanas. En alguna de ellas iba Ramón. La sinrazón de esta guerra hizo que estos “Mariscos” tuvieran que enfrentarse a paisanos suyos integrantes del Batallón Galicia que luchaba contra el fascismo. El testimonio edulcorado por La Región del 21 de agosto de 1936 de un soldado ourensano que disfrutaba de unos días de permiso en casa, permite acercarnos a la rutina (idealizada, sin duda alguna) de estos soldados en el frente asturiano. En cuanto a la comida, el menú consistía en una sopa y dos platos a mediodía y noche (e.g., sopa, fabada asturiana y carne con patadas; sopa, arroz con carne y judías con carne), acompañando de abundante vino de Castilla. La población civil les trataba con cariño, y así por ejemplo, una fonda en un solo día regaló entre 400 y 500 comidas. Facilitan a los soldados lo que necesitan, unas veces gratis y otras a precios muy económicos. Así, nuestro amigo compró unas botas de 20 pesetas por diez y le regalaron una toalla, jabón, un tubo de pasta Dens y ropa. Las casas particulares están siempre abiertas para los soldados que reciben constantes agasajos. En este testimonio se aludía también a unas inmejorables condiciones en el Servicio de Sanidad. En Navia, el Colegio de la Asunción, que dirigían unas monjas, fue reconvertido en hospital y “las monjas con cien señoritas prestan toda clase de cariñosos auxilios a los heridos”.

Tropas Nacionales entrando en Asturias. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Tomada de La Voz de Asturias, 24 de mayo de 2018

En las primeras semanas de septiembre, a pesar de la tenaz resistencia republicana, las Columnas de la costa ocupaban San Pavillo del Mar, San Cristóbal y San Martin. La Columna del Sur continuaba su avance con dirección a Trubia, población bombardeada de manera asidua en los siguientes días. El 10 de septiembre el diario La Región recoge la noticia de otros tres fallecidos ourensanos en San Cosme. Se trata de un sargento, un cabo y un soldado que se defendían en una casa que habían tomado contra un grupo de marxistas. El reguero de muertos continuaría en los días sucesivos. El 11 de octubre las tropas gallegas se encontraban ya en las inmediaciones de Oviedo. Una semana después, el 17 de octubre a las seis y media de la tarde, las tropas gallegas entraban en Oviedo, después de un cerco de tres meses. La Región sintetizaba la noticia en un “Galicia ha liberado a Asturias”, siendo celebrada con enorme júbilo en la capital ourensana.

A pesar de la toma de la capital ovetense, el frente de guerra sigue abierto en otras zonas. El Ejército Republicano continuaba golpeando. En la madrugada del 27 de noviembre lleva a cabo un intenso ataque en toda la línea de posiciones Oviedo-Grado, en la que se encontraban los soldados ourensanos. El 29 de noviembre La Región habla de más 400 republicanos muertos a manos de los Nacionales entre Grado y Escamplero.

Trincheras en las cercanías de Oviedo en 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Tomada de La Voz de Asturias, 24 de mayo de 2018

Muerte en el frente

El 31 de enero de 1937 se leyó en todas las Parroquias de la provincia ourensana, incluida la de San Miguel de Soutopenedo, la siguiente circular:

Se comunica a toda persona que tenga algún familiar o amigo en los frentes de Asturias o de Madrid, que el Batallón de Voluntarios Caballeros de Santiago, de Orense, autorizado por el Excmo. Sr. Gobernador Militar, ha organizado un servicio regular de correo y envíos de toda clase, con objeto de hacer llegar a los combatientes cuantos encargos se le entreguen al expresado Batallón con tal finEste servicio es gratuito y solo tiene que pagar el remitente el sello de Beneficencia que importa diez céntimos por cada carta y veinticinco por cada paquete o envío de dinero. Por estos mismos correos nuestros soldados podrán devolver a sus casas ropas o cartas que deseen enviar“.

Desconocemos si los familiares de Ramón llegaron hacer uso de dicho servicio, pues entre el 21 de febrero y el 17 de marzo de 1937 tiene lugar una importante ofensiva de las milicias republicanas, momento a partir del cual ya empezó a decaer la presión de estas (Sagarra et al., 2016). El diario La Región del 23 de febrero informaba de un ataque general en la línea de posiciones del Frente de Asturias por parte de los republicanos, siendo rechazado con cuantiosas pérdidas, hablando de miles de muertos. Al día siguiente dos batallones republicanos que cruzaron el Nalón, al norte de Trubia, intentaron atacar las posiciones nacionales, siendo rechazados y contraatacados, obligándoles a arrojarse al río, en el que muchos perecieron ahogados. El 25 de febrero fallecía en el frente el Capitán de Infantería Fernando Arturo Rivas Martínez, por quien se celebraron funerales el lunes 1 de marzo en la iglesia parroquial de Santa Eufemia del Centro. No fueron los únicos, pues en esas semanas un buen número de jóvenes ourensanos dejaban su vida en el el frente asturiano. La Región del 3 de marzo informaba de la valiente actuación de los soldados gallegos en el frente asturiano y de las numerosas alabanzas que recibían, y como muestra de gratificación solicitaba a los ourensanos el envío de licores y mermeladas para agasajarles. Ramón no tuvo oportunidad de degustar esos donativos.

El General de la 8ª División pidió que se hiciese llegar a todas las aldeas de Galicia “el orgullo y la admiración con que contemplo la bravura y patriotismo de los 18.000 soldados y falangistas gallegos que unidos a 3.000 marroquíes y legionarios llevan siete días rechazando y castigando duramente los asaltos de 60.000 enemigos provistos de abundantísimo material a los que han causado ya más de 14.000 bajas”. El día 4 de marzo continuaron los ataques republicanos.

En uno de estos ataques, probablemente en Trubia, en las confluencias de los ríos Nalón y Trubia, Ramón Freire se encuentra con la muerte el 11 de marzo de 1937 a los 27 años de edad. Su cadáver nunca retorno a su Montelongo natal. Su sepultura fue el río Nalón. Más de mil combatientes fallecidos en el frente de Asturias fueron sepultados sin identificar en la fosa de San Pedro de los Arcos, en Oviedo. Posteriormente sus restos serían conducidos al Valle de los Caídos. Se estima que tres mil fallecidos en Asturias durante la Guerra Civil descansan en dicho monumento, más de la mitad sin identificar. Desconocemos la ubicación final de los restos de Ramón.

Paradójicamente, el día en el que Ramón caía bajo las balas fratricidas, La Región incluía como titular de portada “La jornada de ayer ha sido brillantísima para las armas españolas”, acompañado de un protocolario “se ha llevado a cabo el adelanto de nuestras líneas en el sector de Pando, ocupándose importantes posiciones y causando al enemigo muchas bajas”. Al día siguiente informaba que en el frente de Asturias se habían mejorado las posiciones, adelantando las líneas después de un brillante ataque, sufriendo el enemigo numerosísimas bajas. A partir de esta fecha, el Ejército sublevado fue ganando posiciones hasta la ocupación final de toda la región. La prensa nacional local apenas hablaba de las víctimas del Ejército Nacional, salvo que fuesen puestos de cierto escalafón o perteneciente a familias importantes. Muertes como la de Ramón eran males menores necesarios que no ocupaban ni una sola línea de los diarios.

Portada de La Región del día del fallecimiento de Ramón Freire
Portada de La Libertad del día del fallecimiento de Ramón Freire

La prensa republicana se hace eco del drama de esos primeros días de marzo de 1937 en el frente de Asturias, dando una visión muy diferente a la que se podía encontrar en La Región:

En Olivares todavía se siguen recogiendo cadáveres de los rebeldes como consecuencia del ataque que intentaron contra nuestras posiciones de Pando… Recientemente han sido reforzados los contingentes del Tercio con un Batallón traído de Galicia” (La Libertad, 2 de marzo de 1937).

Nuestras baterías del 12,7 hacen oír sus voces que dentro de nosotros suenan como pregones de un triunfo seguro. Los del 10,5 y 7,5 se oyen más piano, y su tronar se entremezcla sin solución de continuidad. Solo ayer dispararon nuestros cañones de todos los calibres más de cuatro mil obuses, que sembraron el desconcierto entre los traidores” (Ahora, 7 de marzo de 1937).

A las cuatro de la mañana inició el enemigo un fuerte ataque en el sector de Trubia. Con todas las fuerzas disponibles atacó San Pelayo, San Claudio, La Rebolleda y Pando. En este último punto adquirió gran dureza el ataque, lanzando fuertes contingentes, que al llegar a las alambradas eran destrozados por nuestras ametralladoras… En Pando, después de retirarse a la desbandada, quedó el campo lleno de cadáveres” (Ahora, 9 de marzo de 1937).

Llevamos una semana de lucha. Y  no hay tregua. No hay desánimo. No hay debilidad. El tiempo es duro como los combates. Después de un invierno seco y cálido, ha comenzado a llover y nevar. Hace bastante frío. La tierra está embarrada, llena de charcos. Pero el tiempo no es obstáculo. La voluntad de conquistar a Oviedo está por encima de lo accesorio… El enemigo, acosado ya en Oviedo, ha intentado hoy una acción desesperada en El Fresno. Un tabor de Regulares y dos compañías del Tercio se lanzaron en masa al ataque. Nuestras fuerzas contraatacaron con enorme brío, haciendo retroceder al enemigo, recogiéndose cincuenta cadáveres, varios fusiles, un fusil ametrallador y un prisionero del Tercio. El ataque enemigo fue precedido de una gran preparación artillera. La Artillería republicana bombardeó con éxito concentraciones enemigas en el Naranco” (Ahora, 10 de marzo de 1937).

Noticia del diario republicano Ahora del 10 de marzo de 1937

Visión radicalmente diferente es la que describe el diario El Compostelano de la Zona Nacional:

Las bajas sufridas por el enemigo en los frentes de Asturias rebasan toda medida, habiendo batallones que desaparecieron totalmente en los infructuosos ataques a nuestras líneas (1 de marzo de 1937). “Se confirman las enormes bajas que experimentó el enemigo en los ataques que ha intentado en los frentes de Asturias, pues solo en una posición dejó de nuestro poder más de 400 cadáveres que no pudo recoger en su huida” (8 de marzo de 1937). “…cuando intentaron pasar el río Nalón tuvieron más de mil bajas entre heridos y ahogados, puesto que al ser sorprendidos por nuestras fuerzas de inmensa mayoría tuvo que tirarse al agua para librarse del fuego de nuestros fusiles” (10 de marzo de 1937).

El parte de guerra del 11 de marzo, proporcionado por la prensa republicana informaba que:

Desde las ocho y media de la mañana comenzó una intensa preparación artillera por parte de las baterías rebeldes… Los soldados leales aguantaron primero la lluvia de proyectiles y rechazaron después a los atacantes, obligándoles al repliegue… El duelo de artillería terminó entrada la noche” (El Pueblo, 11 de marzo de 1937).

Toda esta brutalidad, exagerada sin duda alguna por cada uno de los bandos, pero enorme barbarie al fin y al cabo, se llevó por delante la vida de un joven de 27 años, cuyo proyecto de vida estaba muy lejos de la tierra en la que derramó su sangre. El 15 de abril de 1937 se oficiaba el funeral de Ramón en la Parroquia de San Miguel de Soutopenedo con la presencia de siete sacerdotes:

Se tuvieron solemnes funerales en esta iglesia parroquial, en el día de la fecha, por el alma de Ramón Freire Doniz, soltero, hijo de José Freire Villar y Filomena Doniz, natural de Montelongo de Arriba, que falleció el día 11 de marzo de mil novecientos treinta y siete en Oviedo, defendiendo gloriosamente a España a la edad de veintisiete años. Y que conste extiendo la presente nota que firmo en quince de abril de mil  novecientos treinta y siete. Firmado Ramón María”.

El dolor de una madre por no poder enterrar a un hijo, al que las balas cainitas habían segado la vida, supuso el ocaso de la bisabuela Filomena. El cruel destino no le permitió sepultar a su hijo. No hubo sepultura a la que acudir, ni en la que dejar una oración y unas flores. Todo este enorme dolor se vio acrecentado por el hecho de que el hijo caído debía ser reemplazado en filas por uno de sus hermanos. Sin ápice alguno de compasión, la maquinaria de guerra obliga a mandar al frente a otro de los hijos. La familia decide que sea Raimundo, quien terminará en el Frente del Ebro, llegando a participar en una de las batallas más cruentas de toda la Guerra: la Batalla del Ebro (julio a noviembre de 1938). Solo dos años después del funeral de su hijo Ramón, la bisabuela Filomena fallecía a los 65 años de edad.

“Todos eran españoles. Todos en aquellos días nefastos, vivían obsesionados por el afán de exterminar al adversario, en un vértigo cainita”.

Carlos Seco Serrano. El Rencor, mal consejero

Referencias

Matthews (2013). Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la Guerra Civil 1936-1939. Alianza Editorial.

Sagarra, P., González, O. y Molina, L. (2016). Grandes batallas de la Guerra Civil española (1936-1939). La Esfera de los Libros.

Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Por Juan Carlos Sierra Freire

La generación de mi padre da sus primeros pasos en el inicio de la década de los treinta del pasado siglo. Fueron años convulsos, de grandes cambios e importantes crisis políticas. Tiempos que acabaron en una Guerra Civil. Le tocó nacer y crecer en tiempos revueltos. A partir, básicamente, de la prensa local de la época, en este artículo se describen acontecimientos ocurridos en la comarca de Parderrubias desde el año 1930 hasta el golpe de estado y posterior inicio de la Guerra en julio de 1936.

El año 1930 terminaba de manera convulsa debido a las posiciones cada vez más enfrentadas entre monárquicos y republicanos. La sublevación en Jaca fue el exponente más claro de movimientos revolucionarios que fueron surgiendo. Durante los meses de noviembre y diciembre de ese año, las huelgas generales fueron habituales en todo el país. Se estima que alrededor de cien mil obreros no tenían trabajo. En Ourense se convoca una huelga general el lunes 15 de diciembre. El comercio echó la persiana y en puntos estratégicos de la capital se situaron parejas de la Benemérita. A las tres y media de la tarde se proclamaba el Estado de Guerra y las tropas de Infantería comenzaron a patrullar las calles. La huelga se mantuvo hasta el jueves, desarrollándose pacíficamente, sin incidentes.

En las Universidades de todo el país, el ambiente era francamente subversivo, lo que obliga al Gobierno a declarar, el 5 de febrero de 1931, un mes de vacaciones extraordinarias. Dimitido el Gobierno en pleno, el 18 de febrero toma posesión un Gobierno de concentración monárquica que convoca elecciones municipales para el 12 de abril. Mientras tanto, la capital ourensana seguía su discurrir cotidiano y el 22 de marzo honraba a San Lázaro. A las ocho de la mañana tenían lugar alboradas y dianas a cargo de la Banda Municipal y de gaitas del país. En torno al mediodía, finalizada la procesión del Santo, se quemaron las acostumbradas madamitas.

Llega la República

El 12 de abril de 1931 se celebran elecciones municipales en España, aunque lo que se votaba en realidad era la continuidad de la Monarquía. Hacía un año que José Manuel Ferreiro regía el Ayuntamiento de A Merca. Las grandes ciudades españolas dan la victoria a los partidos republicanos. Los monárquicos ganan en escasas capitales (entre ellas Ourense) y en el ámbito rural. La consecuencia inmediata de estas elecciones fue el fin del reinado de Alfonso XIII, que se exilia en París la noche del 14 de abril, pues su vida no estaba asegurada en España. La Monarquía había muerto. El titular de La Región del día 15 no dejaba lugar a dudas:

Don Alfonso renunció a todos los derechos de la Corona de España… Quedó virtualmente proclamada la República en España, habiéndose nombrado un Gobierno Provisional, que preside Alcalá Zamora”.

Izado de la bandera republicana en el Ayuntamiento de Madrid. Fuente: Mundo Gráfico, 22 de abril de 1931. Biblioteca Nacional de España

El 14 de abril, el pueblo sale a las calles y se proclama la República. Según informa La Región del día siguiente, en las calles de Ourense, desde las primeras horas de la tarde, se notaba una animación extraordinaria por las noticias que llegaban desde Madrid. En la calle Progreso se organiza una imponente manifestación que se dirige hacia el Ayuntamiento, mientras se vitorea la República de manera incesante. En el balcón del Ayuntamiento ya ondeaban las banderas republicana y gallega. Se descuelga el retrato del Rey, que preside el Salón de Sesiones, y es arrojado a la calle desde una ventana. La Banda de Música Municipal entona la Marsellesa y el Himno Gallego. Desde la Plaza del Ayuntamiento, la manifestación se dirigió hacia el Gobierno Civil, en donde se iza la bandera republicana. El Presidente de la Federación Republicana, Luis Fábrega, dirige unas palabras a los asistentes, destacando que el triunfo alcanzado redundará en la prosperidad y engrandecimiento de España. Se oía música y sonidos de pirotecnia. A las ocho y media de la tarde, el gentío escucha a través de un altavoz colocado en la calle Paz Novoa, el discurso de Niceto Alcalá Zamora, Presidente del Gobierno Provisional. La editorial de La Región hablaba de asombro:

¿Qué republicano, por fervoroso que sea, se atrevería a vaticinar lo que en España ha ocurrido en las últimas cuarenta y ocho horas? Nadie creería realizable lo que hoy España contempla atónita y asombrada”.

El día Primero de de Mayo del primer año de la República se celebra a lo grande en la capital ourensana, pues se había declarado fiesta nacional. A las diez de la mañana se organiza en la Casa del Pueblo una gran manifestación en la que destacan más de cincuenta banderas de Agrupaciones Afiliadas y Sociedades Agrarias. Entre las numerosas bandas de música que amenizaron la marcha se encontraba la de Loiro, dirigida por don Manuel Soto. De los discursos pronunciados en la Alameda destacó el de Albino Núñez, en representación de la Asociación de Maestros de la Casa del Pueblo, centrado en las dificultades de los maestros de los pueblos para llevar a cabo su misión, debido a las necesidades de los hogares campesinos, pues “los niños llegan a la escuela faltos de alimentación y después de rudos trabajos que los agotan para recibir enseñanza, lo que puede llevar a pensar erróneamente que son más torpes que los hijos de familias burguesas”. Mientras esto ocurría en la capital, el alcalde de Celanova, Celestino Nogueira, era destituido fulminantemente por el Gobernador Civil interino, y multado con 250 pesetas, por desobedecer sus órdenes sobre los actos del Primero de Mayo.

En los primeros pasos de la República, la organización de algunos municipios ourensanos no estuvo exenta de polémicas. Así, el Partido Republicano Radical Socialista denuncia ante el Gobernador Civil anomalías en varios de ellos, entre los que estaba el de A Merca, al que se alude en la prensa:

El pueblo expuso cuales candidatos deben ser proclamados por merecer la mayor asistencia de la opinión. Entregaron la lista de candidatos al presidente de la Comisión gestora, quien después hizo proclamar a los que fueron de su agrado, sin tener en cuenta los propuestos por el pueblo. Pide la destitución de la Comisión, entregada hoy al viejo cacique” (La Región, 28 de mayo de 1931).

En las primeras elecciones a diputados de la República, celebradas el 28 de junio de 1931, los candidatos más votados en A Merca fueron José Calvo Sotelo (828 votos), Luis Fábrega Coello (407 votos) y Basilio Álvarez Rodríguez (405). Por la circunscripción provincial de Ourense obtuvieron Acta de Diputado tres republicanos radicales (Luis Fábrega Coello, Basilio Álvarez Rodríguez y Justo Villanueva Gómez), dos radicales socialistas (Alfonso Pazos Cid y Manuel García Becerra), un nacionalista (Ramón Otero Pedrayo), un independiente (José Calvo Sotelo), un socialista (Alfonso Quintana y Pena) y uno de Acción Republicana (Manuel Martínez Risco). En las segundas elecciones, que tuvieron lugar el domingo 19 de noviembre de 1933, votaban por primera vez las mujeres. Nuestras abuelas fueron pioneras del voto femenino en España. Tenían obligación de votar hombres y mujeres mayores de 23 años, pudiendo hacerlo desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Los resultados dieron la victoria a las derechas. Los nueve diputados por Orense ordenados por número de votos fueron José Sabucedo Morales, José Calvo Sotelo, Basilio Álvarez Rodríguez, Justo Villanueva Gómez, Antonio Taboada Tundidor, Luis Fábrega Santamarina, Fernando Ramos Carriño, Andrés Amado Villavardel y Carlos Taboada Tundidor; perdía su acta de diputado Ramón Otero Pedrayo.

La situación a finales de ese año 1933 era preocupante, al menos a la luz de un Bando del Alcalde de Ourense publicado el 25 de noviembre, por el que hasta el 15 de diciembre todos los propietarios de cabezas de ganado caballar, mular, asnal y bovino, así como los de carruajes de tracción animal y de automóviles, motocicletas y bicicletas, deberían inscribirlos en la Secretaría Municipal por la “necesidad imperiosa de precaverse para la defensa nacional”. El 9 de diciembre se declaraba el estado de alarma en todo el país como consecuencia de un movimiento anarco-sindicalista.

La situación más crítica llegó en octubre de 1934 con la huelga revolucionaria que presentó tintes bélicos en Asturias, León y Cataluña. Tuvo que intervenir el Ejército y los muertos se contaron por centenares. Entre los militares enviados a tierras leonesas se encontraba Ceano, Jefe del Batallón que guarnecía la plaza de Ourense. Su intervención en la cuenca de Villablino evitó que los revolucionarios llegasen hasta Monforte. Algunos de los responsables de la revuelta, tanto militares como civiles, fueron fusilados, pues estaba vigente la pena capital. La tragedia fue de tal calibre, que el Obispo de la Diócesis de Ourense presidió el 19 de noviembre un funeral por todas las víctimas en la Catedral, acontecimiento calificado por la esquela publicada en La Región como un “piadoso y patriótico acto”. El 3 de diciembre se celebraban en el Santuario de As Maravillas solemnes funerales en sufragio de las víctimas de octubre, en los que participaron la mayoría de párrocos del Arciprestazgo de A Merca: Merca, Parderrubias (don Alfonso Losada), Faramontaos, Pereira, Sabucedo, Seixadas, Santabaia y Espinoso. Al acto asistieron fieles de las diferentes Parroquias que circundan al Santuario. Durante la homilía, el cura de Sabucedo de Montes se refería a las víctimas como “inocentes, ya que unas sin intervenir en nada, acreditadas por su honradez, fueron ametralladas, y otras locamente arrastradas por la ignorancia y apasionamiento, perecieron en la contienda”.

Fuente: Mundo Gráfico, 31 de octubre de 1934. Biblioteca Nacional de España

El orden público

Uno de los mayores problemas que tuvo que afrontar la Republica fue el orden público, coincidiendo con uno de los períodos más violentos de la historia moderna de España. González-Calleja (2011) identifica entre el 14 de abril de 1931 y el 17 de julio de 1936 más de 650 altercados mortales en todo el país, destacando que, entre el 16 de febrero y el 17 de julio de 1936, el promedio de muertes diarias fue de 2,2. La mitad de ellas eran fruto de atentados o represalias políticas y de enfrentamientos espontáneos entre grupos políticos. Durante ese período, de febrero a julio, en Ourense se produjeron siete víctimas mortales (cinco de ellas en la capital), siendo obra de pequeñas bandas de pistoleros (González-Calleja, 2011).

“Huelgas” y “crisis de gobierno” son palabras habituales en la prensa diaria de la época de la República; a ellas podríamos añadir las de “complot”, “bombas” y “pistoleros”. Las crisis (cambios) de gobierno son difíciles de contabilizar, pues algunos gobiernos duraban semanas. Las huelgas generales inundaron todo el país. En Ourense, a finales de marzo de 1932, coincidiendo con la Semana Santa, se vivió una huelga general, la de mayor duración hasta esa fecha, y durante seis días ni se publicó el diario La Región. La razón por la que obreros, comercio y organismos pararon era la defensa del ferrocarril Zamora-Orense-Coruña, cuyas obras estaban amenazadas de paralización. En respuesta, las Sociedades Obreras de la Casa del Pueblo declaran el domingo 20 de marzo huelga indefinida, que se inicia el lunes a las ocho de la mañana. La capital y las principales villas pararon, y se impidió la introducción de artículos de consumo en la capital, lo que llegó a provocar incidentes como el ocurrido en O Posío, cuando varios individuos intentan introducir pollos para la venta. El martes hubo cargas de la Guardia Civil a las puertas del Gobierno Civil y en el puente de A Burga, que acaban derivando en un tiroteo entre huelguistas y la Fuerza Pública. La desgracia se produce cuando el joven Jenaro Ortiz Neira cae abatido en la Plaza del Trigo, a consecuencia de una bala rebotada, falleciendo a los dos días. El Jueves Santo dimiten, entre otras, las corporaciones de los Ayuntamientos de San Cibrao das Viñas y Barbadás, y llegan desde Madrid 150 Guardias Civiles. El Viernes Santo asisten al entierro de Jenaro más de seis mil personas y el sábado se localizan en el Jardín del Posío siete bombas. Tal vez uno de los hechos más surrealistas relacionado con la huelga general de Ourense, en defensa del ferrocarril, fuese la detención de los jugadores del Betis el Viernes Santo, al ser confundidos en A Gudiña con sindicalistas. Por razones obvias, la Semana Santa ourensana de 1932 no revistió brillantez alguna, al no tener lugar ningún desfile procesional.

El 8 de agosto de 1934, el Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, visitaba Ourense. A la llegada del tren presidencial a la estación, la Banda Militar y la de Alongos interpretaban el himno nacional. Desde allí, la comitiva se dirigió al Parque de San Lázaro en donde le esperaba un enorme gentío. El Presidente lo hacía en coche descapotable junto al Alcalde de la ciudad. A continuación visitó la catedral y metió su mano en las calientes aguas de As Burgas. Desde aquí, aclamado por el público, regresó a la estación para seguir su viaje hasta Vigo. Antes de partir donó mil pesetas al Ayuntamiento y otras mil a la Diputación.

El año 1935 terminaba trágicamente en Ourense, pues el 26 de diciembre, como consecuencia del temporal reinante, una casa en construcción en Ervedelo se derrumba sobre veinte obreros, falleciendo nueve de ellos e hiriendo gravemente a otros siete. Al día siguiente cerró todo el comercio capitalino en señal de duelo. El propietario de la obra y el contratista ingresan en la cárcel por no tener las licencias en regla. Diciembre de 1935 y enero de 1936 fueron meses de campaña electoral y mítines políticos. El día de Reyes, Gil-Robles llenaba los teatros Principal y Losada, en donde hizo la primera y segunda parte del discurso, respectivamente. Era la primera vez que hablaba en Orense y muchos seguidores se quedaron en la calle sin poder escucharle. Al día siguiente se convocaban elecciones para el 16 de febrero y se disolvían las Cortes. El diario La Región hablaba de la necesidad de no solo triunfar, sino de vencer a la revolución. El 5 de febrero le tocaba el turno a Calvo Sotelo, que también llenó ambos teatros. En los pueblos de nuestra comarca, días antes habían aparecido carteles de Acción Popular de Gil Robles.

En Ourense, los resultados electorales otorgaron la victoria a las derechas, que obtuvieron 91.768 votos, por 81.664 los partidos centristas, 63.126 el Partido Radical y 48.200 el Frente Popular, siendo la única provincia gallega en la que triunfaron. Las nuevas actas de diputados se repartieron de la siguiente manera: tres representantes del Bloque Nacional/Renovación Española (José Calvo Sotelo, José Sabucedo Morales y Andrés Amado R. de Villaberdet), tres de la CEDA (Laureano Peláez Canellas, Luis Espada Guntín y Ramón Villarino de Sáa), dos centristas (Antonio Taboada Tundidor y Fernando Ramos Cerviño, el acta de este último será anulada en mayo) y uno del Partido Radical (Justo Villanueva Gómez, que pierde el acta en mayo). El Frente Popular, que no había obtenido acta alguna en un primer momento, consigue en mayo las dos anuladas a los otros partidos: un escaño para Izquierda Republicana (Manuel Martínez Risco) y otro para Unión Republicana (Alfonso Pazos Cid). Para las derechas ourensanas serían unos resultados frustrantes, pues el Frente Popular había ganado las elecciones y el 19 de febrero Manuel Azaña configuraba un nuevo Gobierno, iniciándose de este modo una nueva etapa republicana.

En junio de 1936 encontramos en los diarios locales noticias de agresiones por razones políticas, en las que el uso de armas no era algo extraordinario. A pesar de ello, los ourensanos trataban de olvidarse durante unos días de las problemáticas sociopolíticas celebrando los tradicionales festejos del Corpus. Las verbenas en los paseos de la Alameda y en los jardines de Concepción Arenal, así como el mano a mano entre los matadores Joselito Sánchez Mejías y Juan Belmonte, en la recién estrenada plaza de toros del Couto, eran buenos pretextos para ello. Sin embargo, el domingo 7 de junio, día en el que comenzaban las fiestas, un tiroteo que acaba con muertes deriva en un paro general de cuatro días, con un resultado final de tres fallecidos y varios heridos. La semana grande de Ourense se convertiría en una semana de odio y sangre. En las primeras horas de la tarde de ese domingo soleado, un enfrentamiento entre jóvenes de distintas ideologías, en el Café La Bilbaína, acababa con el asesinato de dos jóvenes del Frente Popular, resultando heridos otros dos, mientras que la ciudad caía presa del terror: gritos, carreras, cargas y disparos. A las siete de la tarde era tiroteado un joven de Acción Popular. El lunes, la ciudad estuvo completamente paralizada y una camioneta que regresaba a Maside, con obreros que habían asistido al entierro de los jóvenes de izquierdas, es acribillada ya de noche en Listanco, falleciendo uno de los ocupantes. Serían detenidos por dichos hechos varios nacional-sindicalistas. La ciudad se ve desabastecida en esos días, y los controles y chequeos se generalizan. Se producen incendios en algunas iglesias (Velle, Santa Cruz da Rabeda y Moreiras) y estallidos de bombas. El jueves, día de Corpus -presumiblemente uno de los más tristes que vivió la ciudad-, la procesión tiene lugar en las naves de la Catedral. La corrida de toros programada para ese día se había suspendido. Para una descripción más detallada de los hechos ocurridos en esa semana de Corpus consúltese Semana Trágica (junio del 36), Crónica Negra de Rafael Salgado (2019).

A la anarquía y caos en la que se veía envuelta parte de la provincia ourensana se unía el crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en la madrugada del 13 de junio. El editorial de La Región del 14 de junio era descarnado:

Ya no respetan nada, ya nada dejan en pie los nuevos bárbaros, toda esta desdichada gente envenenada de las aldeas, ya nada les impone ni coarta, y con el saqueo, con el incendio y con el asesinato están arrasándolo todo. Iglesias, ermitas, casas rectorales, domicilios de gente de orden, hasta Casas Municipales son asaltadas y se les prende fuego o se las saquea y destruye bárbaramente por la cafrería suelta que por ahí anda con todo desembarazo y sin freno alguno” (La Región, 14 de junio de 1936).

En O Barco de Valdeorras había resultado muerto un afiliado a Falange Española, el párroco de Punxín, después de estar detenido en la cárcel de Carballino era confinado a un pueblo de Valladolid para que no continuase con sus actividades subversivas; en una fiesta en Bande se agreden varios individuos de distinta ideología política, etc. El 16 de julio desde el Gobierno Civil se recordaba que la provincia estaba bajo el estado de alarma. El 18 de julio daba inicio una de las etapas más infames de la historia de España.

El anticlericalismo

Uno de los focos de tensión durante la República fue la cuestión religiosa: la educación laica, la supresión de pagos a curas por parte del Gobierno, etc. Hechos como la eliminación de los Crucifijos de las escuelas públicas no fueron bien aceptados por ciertos sectores de la población. Pronto comenzaron campañas y actos reivindicativos a favor del Crucifijo en escuelas rurales ourensanas. Un ejemplo lo encontramos, en febrero de 1932, en Sobrado do Bispo, en donde la indignación del pueblo al saber que el maestro había retirado el Crucifijo acabó con una sonora protesta iniciada por las mujeres del pueblo. Tocaron a rebato las campanas, organizaron una manifestación y allá se fueron a la escuela a decirle al bueno del maestro, que no iban a consentir que la Cruz desapareciese de la escuela. “¡¡Preferimos la ignorancia de nuestros hijos a que les falte la religión!!” gritaban las madres. Echaron mano del Crucifijo que había sido retirado de la pared y en procesión lo llevaron por las calles del pueblo, entre cánticos e himnos, resonando vivas al Redentor del mundo. Al pasar por la iglesia parroquial, pidieron al Párroco que les abriese las puertas del templo. Colocaron la Cruz sobre el Altar Mayor y rezaron una penitencia. A continuación se dirigieron nuevamente a la escuela y colocaron el Crucifijo en donde siempre estuvo, reiterando al maestro la decisión de retirar a sus hijos de la escuela antes de mandarlos a una que no estuviese presidida por la Cruz. En mayo de 1936 se clausuraron varios colegios religiosos en la capital ourensana, en concreto, las Carmelitas, Adoratrices, Siervas de San José y Salesianos.

Frente a la corriente anticlerical que caracterizó a determinados sectores republicanos, se sucedieron actos de afirmación católica como el que tuvo lugar el domingo 29 de enero de 1933 en el teatro Curros Enríquez de Celanova o el mitin del domingo 17 de septiembre de ese mismo año organizado por Juventud Católica en Espinoso, en donde mil quinientas personas, entre las que figuraban campesinos, industriales, curas y maestros, son testigos simultáneamente de la defensa de la autonomía gallega y de la coalición de las derechas, representada en Ourense por Calvo Sotelo. En las elecciones a Cortes del 19 de noviembre de 1933, la situación era de tal crispación, que el diario La Región, caracterizado por una línea editorial claramente católica, invitaba al voto con el siguiente mensaje:

¡¡No olvidaremos!! La quema de conventos, la expulsión del Cardenal Segura, la profanación de imágenes, la disolución de la Compañía de Jesús, la secularización de cementerios, la escuela laica, la Ley de congregaciones y confesiones, la Ley del divorcio. Los electores católicos no olvidaremos la persecución de la Iglesia realizada o consentida por todos los partidos de izquierda” (La Región, 4 de noviembre de 1933).

Los asaltos a lugares sagrados y profanaciones, aun no siendo sucesos tan habituales como en otros lugares del territorio nacional, sí ocurrieron en nuestra comarca. Así, en la madrugada del 22 de enero de 1935, un grupo de individuos sacaron a un prado las imágenes de la capilla de As Lamas, en A Valenzá, y las mutilaron. Días después sería detenido por dichos hechos un vecino de A Valenzá. Al anochecer del día de Navidad de 1935 se produce un incendio en la Casa Rectoral de As Maravillas, que según el diario La Región había sido provocado. Los vecinos consiguieron sofocarlo, pero aun así la mitad de la casa quedó destruida. Además se quemaron maderas y muebles que el industrial de A Manchica, Tomás Atrio, guardaba en los bajos, cuyo valor se estimó en 200 pesetas. En la madrugada del Viernes Santo de 1936, el 10 de abril, fue incendiada la iglesia parroquial de Barbadás, quedando en pie únicamente las paredes. Los autores del hecho habían abierto el templo y sacado al exterior los reclinatorios antes de prenderle fuego, al tiempo que de una caseta que había al lado robaron la cera almacenada y la lanzaron a las llamas. La crónica de La Región señalaba que…

“… la gente estaba allí consternada y estremecida de santa ira. Nunca se creyera allí que nadie llegara a tanto. Los hombres andaban de un lado al otro con la cabeza baja por la pesadumbre y la vergüenza. Las mujeres no reprimían lágrimas amarguísimas”.

El domingo 5 de julio, estando cerca la celebración del día de San Benito, hubo un intento de incendio de la capilla de Cova de Lobo. A pesar de ello, el día 11 de julio la jornada transcurrió con normalidad bajo los acordes de la Banda de Música de Sobrado do Bispo.

El 3 de mayo de 1936, el cura de Barbadás, que iba camino de la capital, fue detenido y cacheado en A Valenzá por un grupo de hombres y mujeres, bajo el pretexto de que llevaba un arma. Al ver que era falso, lo dejaron marchar bajo la amenaza de lincharle si volvía a aparecer por el lugar. Ese mismo domingo se impedía a un grupo de catequistas y a un cura su labor eclesiástica en A Granxa. Pocos días después, por orden del alcalde de A Merca, eran detenidos y conducidos a la cárcel de Celanova los Párrocos de Corvillón y A Mezquita, y el Secretario del Ayuntamiento, por alteración del orden público, siendo puestos en libertad al día siguiente por el Gobernador Civil al no encontrar causa alguna para su detención. Se vivía una campaña encaminada a que unos pocos sembrasen el pánico y la alarma en determinados sectores sociales.

La Semana Santa de 1936 se caracterizó por la limitación de la efusividad en las manifestaciones religiosas públicas. Así, en Celanova, la procesión del Santo Entierro se celebró en los claustros del Convento sin salir a las calles de la villa. Lo mismo ocurría en la Catedral de Ourense.

La vida en nuestra comarca

En el año 1930, Parderrubias contaba con 501 habitantes. Su artería de comunicación principal era la carretera de Ourense a Portugal que cruza el pueblo. A principios de 1934, únicamente estaba asfaltado el primer kilómetro a la salida de la capital; el firme del resto del trayecto, caracterizado por su estrechez, era un apisonado de morrillo y arena. Aparte de Os Escultores, algún otro vecino ya poseía vehículo mecánico. Así, consta que la camioneta con matrícula OR-1357 de Adolfo Garrido fue denunciada por infringir el reglamento de Circulación en diciembre de 1934.

Muchas tradiciones que se conservan en la actualidad eran noticia en la prensa local de los años treinta, especialmente las romerías y fiestas patronales. Así, en julio de 1930 se celebraba la festividad de San Benito de Cova de Lobo:

Desde el amanecer habrá continuamente misas hasta las diez y media. A esta hora saldrá la procesión, después de la cual se celebrará la misa solemne que es aplicada por los bienhechores que contribuyeron con sus limosnas a las obras y mejoras que a honra del poderoso Santo se están ejecutando. La renombrada música de Sobrado del Obispo es la encargada de amenizar esta fiesta, que resultará muy animada y solemne” (La Región, 8 de julio de 1930).

En Allariz, en esas mismas fechas, tenían lugar los festejos en honor a San Benito, que eran inaugurados por la Banda de Música de A Mezquita y anunciados por una salva de bombas. A las diez de la mañana del día 13 tenía lugar la solemne procesión del Glorioso San Benito, en la que figuraban los tradicionales gremios de palillos, entrenzado y danzantes, así como la comparsa de gigantes. En la villa alaricana también era muy concurrida la festividad del Corpus, destacando además de la procesión del Santísimo, junto a la Virgen de Villanueva y San Benito, el tradicional acto de correr el buey a primera hora del jueves:

Al principio no vimos más que mujeres desgreñadas y a medio vestir, chiquillos descalzos y muchos hombres, jóvenes casi todos, en mangas de camisa, y todos con cara de no haberse lavado que gritaban a todo pulmón, dirigiendo la mirada torva y recelosa a un punto determinado, corrían, se paraban y volvían a correr, como mar agitado por fuerte viento. Era el buey que pasaba, y que a pesar de ir atado por una larga soga, en un instante había puesto toda la villa en movimiento” (La Región, 3 de junio de 1934).

En 1931, estando ya vigente la República, Parderrubias celebraba los días 3 y 4 de junio sus fiestas de Corpus, amenizadas por la Unión Musical Santa Cecilia de A Manchica. Ese año, la novena en honor a la Virgen de los Milagros se celebraba con todo esplendor, con misas diarias a cada hora desde de las seis de la mañana hasta las doce del mediodía. El día ocho, día grande, la misa de ocho se oficiaba desde la tribuna de la fachada y a las diez tenía lugar la magna procesión por los alrededores del Santuario. El 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, la Banda de Música de A Manchica, brillantemente dirigida por Aurelio Nieto, amenizó los festejos en su honor. Días atrás, la Corporación Municipal le había otorgado el título de Banda Municipal de La Merca. Además, se llevó a cabo la bendición de una hermosa imagen de la Santa, obra de los Hermanos Garrido. La Banda de Música de A Manchica era un referente entre las bandas de la comarca, gozando de gran popularidad. Prueba de ello era la relación de contratos firmados para amenizar festejos. Solo en el mes de mayo de 1932 amenizó varias fiestas patronales: San Antonio en Villar de Vacas, Santo Cristo en Santa Cruz de la Rabeda y en Ramirás, Ascensión del Señor en Espinoso, San Isidro en Bóbeda (Vilar de Barrio), As Maravillas, Milagrosa en Penusiños, Concepción en Esgos y la procesión de Corpus de la capital ourensana. Esta banda no era la única de la comarca que paseaba su prestigio por muchos de los pueblos cercanos. La Banda de Música de Soutopenedo ganaba el Certamen de Bandas del año 1933 celebrado en Santiago de Compostela; virtuosamente dirigida por Adolfo Valotes, era una de las mejores bandas de la provincia.

Banda de Música de A Manchica. Fotografía de Manuel Garrido

En el mes de mayo de 1932 se celebraba con todo su esplendor la festividad a la Virgen de As Maravillas. El domingo día 15 tenía lugar el traslado de la imagen desde la parroquial al Santuario. Se trataba de una de las romerías más multitudinarias de la comarca. En los días de fiesta, el poético paraje en el que se ubica el Santuario se llenaba de tabernas, cafés, dulcerías y, como no, con las tradicionales pulpeiras. La Banda de Música de A Mezquita fue la encargada de amenizar los festejos. En ese mismo mes, Solveira honraba a San Miguel bajo los sones de la Banda de Música de A Manchica. El 26 de junio de 1932, promovida por los Hermanos Garrido, Parderrubias celebraba con gran efusividad la festividad de la Virgen de Lourdes. Por la mañana, la Banda Santa Cecilia de A Manchica recorría las calles tocando alegres dianas y pasodobles. A las doce se celebraba en el oratorio en el que se veneraba a la milagrosa Virgen una misa solemne a toda orquesta, a la que asistieron innumerables fieles. Ya por la tarde, en A Manchica, la citada Banda ejecutaba un soberbio concierto. El 7 de agosto, Trelle celebraba sus tradicionales fiestas en honor a la Reina de los Ángeles, amenizadas por la Banda de Música de Moreiras. A la sombra de frondosos castaños que allí había se degustaban las clásicas empanadas.

En la madrugada del 17 de marzo de 1933 un ciclón derribaba la espadaña de la iglesia parroquial de Faramontaos, cayendo sobre la nave, quedando toda la iglesia, salvo el altar mayor, completamente destruida. Desde las páginas del diario La Región se invocaba a personas caritativas a que hiciesen donativos para su reconstrucción. El 27 de enero de 1934 aparecía, en el monte de A Bacariza, el cadáver de José Benito Conde Fidalgo, vecino de Armariz (Xunqueira de Ambía), que padecía ataques epilépticos y llevaba ausente del domicilio de su madre viuda desde el día 17. El 8 de diciembre de 1934 tenía lugar en A Merca un entierro, que a decir de las gentes del lugar, ningún otro había reunido a tantas personas. Se trataba de los funerales por doña Dosinda Rodríguez Feijóo, esposa del alcalde don Ramón Rodríguez Rodríguez. Una rápida y traidora enfermedad se la había llevado de este mundo. Los actos fúnebres fueron celebrados por dieciséis sacerdotes. Su suegro, era el Fiscal Municipal, y su hijo Cesáreo Rodríguez era maestro nacional. La desgracia hizo que Cesáreo falleciese tan solo dos meses después víctima de una rápida dolencia.

Un acto religioso con gran arraigo en los pueblos de la comarca era la Novena de las Ánimas. Así, el templo parroquial de San Miguel de Soutopenedo se llenaba de fieles por las noches y por las mañanas. En el año 1933, el párroco don Ramón María Blanco, con su acostumbrada elocuencia y contundencia, hablaba de la existencia del alma humana y del purgatorio. Según las crónicas de la época, el último día de la Novena recibieron la Comunión un millar de personas. El cura don Ramón era activo en el arraigo de las tradiciones religiosas, y así en el mes de mayo celebraba la Fiesta de las Flores. El 27 de mayo de 1934, a las siete de la mañana, se celebraba la misa parroquial, y a las once y media comenzaba la misa solemne cantada a toda orquesta por la Banda de Soutopenedo. A las cinco de la tarde se leyó el Ejercicio del mes de María ante una multitud que llenaba el templo y acto seguido salió la procesión acompañando a la Virgen.

En el año 1934, el 30 (miércoles) y 31 de mayo (jueves), Parderrubias celebraba sus tradicionales fiestas de Corpus, amenizadas por la Banda de Música de A Manchica. En 1935, se volvieron a celebrar con todo esplendor y solemnidad, señalando La Región que “tanto los actos religiosos como los profanos estuvieron animadísimos”. El domingo 17 de junio de 1934, Loiro honraba a San Antonio. Por la mañana recorrió las calles del pueblo la Banda de Música de Soutopenedo, que venía de participar en el Certamen de Bandas que había tenido lugar en la capital ourensana durante las fiestas del Corpus. A las once se celebró la misa concelebrada por el párroco titular, don José Docampo, y los curas de Moreiras y Parderrubias; antes de la celebración eucarística había tenido lugar la procesión. Ya por la tarde, hubo baile amenizado por dicha Banda. Los días 7 y 8 de julio, As Pías celebraba las fiestas de Santa Isabel. A finales del mes de agosto, San Vitoiro de Allariz honraba a su patrón; los festejos de 1935 fueron amenizados por las bandas de música de Santa Leocadia (Taboadela) y A Mezquita. El 27 de agosto, día grande, a las doce del mediodía tenía lugar la misa solemne a toda orquesta y, por la tarde, se concedían importantes premios a las mejores parejas de muiñeiras, continuando con verbena hasta la madrugada.

En A Merca, en el mes de mayo se celebraban los festejos en honor al Espíritu Santo, que en 1935 fueron amenizados por las renombradas bandas de música de A Mezquita y Loiro. Los días 26 de cada mes tenía lugar su tradicional feria. Por los diferentes caminos de acceso llegaban los campesinos y ganaderos con sus ganados, los vendedores de quincalla, de dulces, los panaderos, etc. Los ganaderos solían llegar en mulas o en coches.

El 21 de enero de 1935, a las diez de la mañana, tenían lugar en la parroquial de Parderrubias los magnos funerales por el cura Benito Iglesias González, natural de Solveira, a los que asistieron más de cuarenta sacerdotes. Había sido ordenado en Cuba, en donde favoreció a muchos de sus compatriotas. A su regreso a España, ejerció de párroco en Taboadela, Reza y Villarino de Melias, hasta que una enfermedad le obligó al retiro a su pueblo natal.

En septiembre de 1935 en el municipio de A Merca se recaudaron 202,50 pesetas para el homenaje a la Guardia Civil que tendría lugar el domingo 27 de octubre en la Comandancia de Ourense. Entre los donantes constaban varios nombres relacionados con Parderrubias: los industriales José Garrido y Hermanos, con 25 pesetas; obreros de esta misma casa, 10; Sindicato Agrícola de Parderrubias, 5; el industrial Adolfo Garrido Fernández, 5; el industrial Nicanor Lorenzo, 2; y el maestro de Parderrubias, 5. El Ayuntamiento había donado 75 pesetas, su Alcalde, don Ramón Rodríguez Rodríguez, 1; el Secretario, don Julio Outeiriño, 2; el médico, don José Covelas, 5; y don Castor Gayo, Párroco de Pereira, 2, entre otros muchos.

En mayo de 1935, se producía en A Merca una tumultuosa manifestación promovida por sectores izquierdistas en la que se protestaba por el hecho de que vecinos de Vilaboa, Merouzo y A Merca solicitasen la legitimización de parcelas que venían disfrutando de manera arbitraria en el monte comunal de A Paradela. Estas solicitudes estaban amparadas por el Decreto del Ministerio de Agricultura de fecha 30 de enero de 1935. Los instigadores de la protesta hicieron creer que ese hecho significaba la usurpación del monte con la complicidad del Alcalde. El sábado 25 de mayo se dirigieron hacia el Ayuntamiento, dando gritos subversivos y amenazas al edil y a los solicitantes de dichos terrenos, que lo único que querían era ponerse dentro de la Ley. Dado que no estaba el regidor municipal ese día, se dirigieron al día siguiente domingo a su casa, así como a la de los solicitantes, coaccionándoles mediante amenazas para que retirasen las solicitudes, dado que según ellos “no había más autoridad que la del pueblo y que, por tanto, ellos debían hacer lo que la mayoría acordase, y si no, ardería Troya”. Los incidentes continuaron el sábado 8 de junio coincidiendo con la presencia de un perito que fue a medir para un aparcelamiento destinado a un vecino de A Merca en el monte Rivela. La mitad del pueblo de A Merca se amotinó al toque de las campanas parroquiales lanzadas al vuelo por varios vecinos, exigiendo explicaciones al perito, quien contestó diciendo que cumplía órdenes del Gobernador Civil y del Alcalde. El episodio acabó a palos y pedradas en la carretera entre bandos. Los agitadores solo entraron en razón cuando se presentaron en el lugar el farmacéutico don Aristides Quintairos y el maestro nacional don Sergio Fortes. A dicha pacificación también contribuyó, sin lugar a duda, la llegada de la Guardia Civil de Rairiz de Veiga y de Celanova. El día 19 tuvo que acudir el Gobernador Civil a la localidad para imponer equidad y justicia.

El 16 de febrero de 1936 se celebraban elecciones de diputados a Cortes y nadie se imaginaba que serían los últimos comicios democráticos en varias décadas. En A Merca fue un día lluvioso y reinó durante toda la jornada electoral una absoluta tranquilidad, siendo los candidatos más votados José Sabucedo Morales (1.771 votos, Bloque Nacional), Andrés Amado R. de Villaberdet (1.757 votos, Bloque Nacional), Laureano Peláez Canellas (1.680 votos, CEDA), Ramón Villarino de Sáa (1.615 votos, CEDA), José Calvo Sotelo (1.475 votos, Bloque Nacional), Antonio Taboada Tundidor (1.353 votos, Partido Agrario Español) y Luis Espada Guntín (1.281 votos, CEDA). Todos ellos consiguieron acta de diputado. Obtuvieron menos de mil votos los siguientes candidatos: Fernando Ramos Cerviño (928 votos, candidato centrista que había abandonado el Partido Radical), Ramón Delage Santos (848 votos, Comunión Tradicionalista), Benito Luis Lorenzo (487 votos, candidato centrista), Luis Fábregas Santamarina (375 votos, candidato centrista), Manuel Suárez Castro (298 votos, Partido Socialista Obrero Español; llegó a ser Alcalde de la ciudad de Ourense durante el periodo del Frente Popular, siendo fusilado por los sublevados, en el Campo de Aragón, el 27 de julio de 1937), Ramón Varela Fernández (282 votos, Partido Agrario Español), Felisindo Menor Quintas (190 votos, Partido Republicano Radical), Bernardo Castro Fernández (171 votos, candidatura centrista), Alfonso Pazos Cid (166 votos, elegido diputado por Unión Republicana, integrada en el Frente Popular), Justo Villanueva Gómez (143 votos, Partido Republicano Radical), Benigno Álvarez González (75 votos, Partido Comunista de España; veterinario nacido en Maceda, fundador de la organización provincial del Partido Comunista en Ourense y asesinado en marzo de 1937 por el bando Nacional), Manuel Martínez Risco (65 votos, elegido diputado por Izquierda Republicana), Ramón Fuentes Canal (50 votos, Partido Socialista Obrero Español; Presidente de las Juventudes Socialistas de Ourense en 1932, fusilado en el Campo de Aragón el 9 de diciembre de 1936 con 28 años de edad), Manuel García Becerra (50 votos, Izquierda Republicana), Alexandre Bóveda Iglesias (49 votos, candidatura gallegista del Frente Popular; fusilado por el bando Nacional el 17 de agosto de 1936 en Poio), Basilio Álvarez Rodríguez (34 votos, candidato centrista que había dejado el Partido Republicano Radical), Leandro Garnedo Fernández (3 votos, Partido Republicano Radical) y Luis Usera Bugallal (2 votos, Partido Republicano Radical). En el municipio de Celanova, las derechas obtuvieron 1.500 votos, por 700 las candidaturas centristas y 400 las izquierdas. Las crónicas señalaron que las derechas habían perdido muchos votos por estar lloviendo incesantemente. Estos resultados ponían de manifiesto el posicionamiento ideológico de nuestra comarca.

Elecciones de febrero de 1936. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de febrero de 1936. Biblioteca Nacional de España

Ajenos al cambio que suponía el Gobierno del Frente Popular a nivel nacional, los vecinos de Parderrubias estaban inmersos en sus labores y tradiciones religiosas. Entre estas últimas, destacamos la celebración de una Santa Misión que tuvo lugar unos días después de las elecciones ganadas por el Frente Popular. Las Santas Misiones eran unas jornadas religiosas, o especie de ejercicios espirituales de varios días, dirigidas por Padres Franciscanos o Dominicos para redimir a los parroquianos. Misas, sermones, confesiones, actos de confraternización entre vecinos y visitas a enfermos constituían el grueso del programa. Así, a principios de marzo, organizada por el Párroco don Alfonso Losada, se celebró en la iglesia parroquial una solemne Misión a cargo de los Padres Franciscanos Puenteareas y Lago, de Ourense, quienes con su locuaz verbo cautivaron a los numerosos fieles que mañana y tarde concurrieron a escuchar sus sermones y liturgias. Durante días, estos Padres Franciscanos se hospedaron en la Rectoral. Los dos últimos días de la Misión se acercaron a comulgar más de un millar de fieles, lo que da una idea de la enorme afluencia de devotos, no solo de la propia Parroquia, sino de parroquias limítrofes. A la entrada de la iglesia se había ubicado un pequeño punto de venta de libros y objetos religiosos.

El jueves 11 de junio de 1936, Parderrubias celebraba su día grande de Corpus con una solemne procesión presidida por el cura don Alfonso Losada. Nada hacía prever, ni nadie podía presagiar, que tan solo dos días después, en la madrugada del sábado al domingo, nuestro Párroco sería acribillado a balazos por Pepe das Hortas en la Casa Rectoral. Mi padre, a escasos meses de cumplir cuatro años de edad, se sobresaltaba en la casa de al lado, pared con pared con la Rectoral. Mi abuela le tranquilizaba atemorizada, pidiendo silencio a todos, pues tenía la certeza de que lo que se había oído en la oscuridad de aquella noche eran disparos mal intencionados. Fue el suceso más impactante en la década de los años treinta en Parderrubias, y del que hemos dado cuenta en otro artículo de este Blog. Cinco semanas después, la sinrazón se imponía en el país, cerrándose el período histórico objeto de este artículo.

Procesión de Corpus Christi en Parderrubias. Fotografía de Manuel Garrido

Referencias

González-Calleja, E. (2011). La necro-lógica de la violencia socio-política en la primavera de 1936. Melanges de la Casa Velázquez, 41, 37-60.


“Deberíamos tratar de ser los padres de nuestro futuro en lugar de los descendientes de nuestro pasado”.

Miguel de Unamuno
Los quintos de Parderrubias

Los quintos de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Probes naiciñas d’a yalma que crían os seus filliños, e dempois quedan sin eles cando lle marchan de quintos” (Anónimo, 1887).

El Servicio Militar Obligatorio estuvo vigente en España durante 231 años. El 31 de diciembre de 2001 la “mili” pasaba a ser historia, pero hasta ese día, miles de jóvenes -entre ellos los mozos de Parderrubias- fueron “quintos” en un momento de su juventud, teniendo que prestar muchos de ellos su tiempo y su trabajo al Estado.

En el siglo XVIII, una vez finalizada la Guerra de Sucesión, y con la llegada de los Borbones al trono, se comienza a experimentar una escasez de tropas, lo que conduce a una progresiva implantación del reclutamiento obligatorio con el fin de mantener un Ejército permanente. Estos reclutamientos se denominaron popularmente “quintas”, pues se fijó un cupo anual de 50.000 hombres elegidos por sorteo, de los que salía un soldado por cada cinco hombres: el “quinto”. En 1786, una ordenanza de Carlos III dictaminaba que uno de cada cinco mozos españoles en edad de 16 a 40 años debía trabajar como militar para el Rey. Ya en el siglo XIX el soldado de quintas supondría la base del reemplazo del Ejército español.

En 1912, la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército introduce el término “servicio militar obligatorio”, eliminando la redención en metálico y la sustitución, fórmulas vigentes hasta esa fecha que permitían evitar legalmente la incorporación a filas mediante el pago de determinadas cantidades de dinero, pero muy mal vistas socialmente. Con el fin de que fuese un servicio obligatorio para todos aparece la figura del “soldado de cuota” que a cambio del pago de una cuota de 1.000 o 2.000 pesetas -cantidades que suponían pingües ingresos para el Estado- reducían significativamente su tiempo de servicio a diez o cinco meses, respectivamente. Los que no podían pagar la cuota servían durante tres años al Estado; en definitiva, seguía siendo un sistema socialmente discriminatorio.

Sorteo de soldados destinados a la Guerra de África en 1913. Fotografía tomada del Mundo Gráfico

Finalizada la Guerra Civil, el dictador Franco promulga la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército, por la que el Servicio en Filas tiene una duración de dos años, tiempo durante el que los soldados no podían contraer matrimonio. En 1943 para poder ser funcionario era obligatorio haber cumplido el Servicio Militar. En 1968, la Ley General del Servicio Militar distingue entre servicio militar obligatorio (15-18 meses) y voluntario (se podía elegir la Región Militar, pero su duración era de 15-24 meses). La Ley Orgánica del Servicio Militar de 1991 acorta el servicio militar a nueve meses y los soldados de reemplazo delegan la responsabilidad de las tareas más complejas y especializadas en militares profesionales.

El objetivo de este artículo es proporcionar una visión de la evolución del reclutamiento de los mozos pertenecientes a lo que hoy es la Parroquia de Parderrubias (A Iglesia, Barrio, O Outeiro, A Carretera, As Campinas y Nigueiroá) a lo largo del siglo XX, en concreto, desde 1900 hasta 1990.

Aspectos generales de la evolución del reclutamiento en Parderrubias

Entre 1900 y 1990 fueron alistados 305 mozos de Parderrubias. La citación y correspondiente alistamiento tenía lugar en el Ayuntamiento de A Merca. En dicho acto se asignaba por sorteo un número a cada mozo, y a continuación en orden de menor a mayor eran tallados y alistados, momento en el que se escuchan sus alegaciones, si fuese el caso. En ocasiones, dado que el mozo era emigrante, o se encontraba fuera por razones de trabajo, era el padre o la madre los que comparecían, pues de lo contrario el joven era calificado como prófugo. El número de mozos alistados cada año en Parderrubias se mantuvo relativamente estable a lo largo del siglo (un promedio de 3,35/año), aunque con una ligera tendencia al descenso, tal como se puede apreciar en la Figura 1. Destacan siete años sin alistamiento alguno (1906, 1907, 1928, 1978, 1981, 1983 y 1985), que contrastan con los nueve mozos alistados en 1965, los ocho de 1902, y los siete de 1918 y 1959.

Figura 1. Evolución del número de mozos alistados en Parderrubias

En la primera década del siglo XX, los mozos eran reclutados con 20 años, a partir de 1911 lo hacen a los 21, volviendo a ser llamados a filas con 20 años de edad en el año 1972, rebajándose, finalmente, la citación a los 19 años en 1980.

En los primeros años era el cura que regentaba la Parroquia, quien certificaba a partir del Libro de Bautizados la relación de mozos incluidos en cada reemplazo. Así, a modo de ejemplo, la Alcaldía de A Merca solicita a don Paulino Agromayor que certifique los mozos nacidos en el año 1881, pertenecientes al reemplazo de 1901:

Sr. Cura Párroco de Parderrubias. En cumplimiento de lo prevenido en el artículo 26 del Reglamento para la ejecución de la ley de Reclutamiento vigente, ruego a Ud. se sirva remitir a esta Alcaldía una relación certificada de todos los mozos que en la parroquia de su digno cargo han nacido durante el año 1881 y no le consta que hayan fallecido, expresando además de sus nombres y apellidos, los de sus padres y fecha de nacimiento, sin prejuicio de que el domingo primero de enero próximo, a las diez de la mañana, concurra Ud. u otro eclesiástico que designe a esta Consistorial para formar el alistamiento. Merca, diciembre 8 de 1899”.

Certificado de mozos nacidos en 1881 emitido por don Paulino Agromayor en el año 1899

El 25 de diciembre de 1899, el Párroco certifica que en ese año 1881 habían nacido en la Parroquia de Parderrubias siete mozos: dos en Solveira, dos en A Nugueira, uno en Bouzas, uno en A Iglesia (Manuel Casas Pérez) y otro en Barrio (José Martínez Iglesias). En esa época, Solveira, Bouzas y A Nugueira pertenecían a la Parroquia de Parderrubias, pero recordemos que los datos de este artículo pertenecen a los lugares que en la actualidad conforman la Parroquia. En 1902 el cura don Benito Garrido realiza el mismo trámite.

Certificado de mozos nacidos en 1882 emitido por don Benito Garrido en el año 1902

En el Ayuntamiento, los mozos eran tallados y registrados, momento en el que muchos de ellos alegaban variopintas razones para evitar el servicio militar, tal como veremos más adelante. Estos son ejemplos de registros de quintas de los primeros años del siglo XX:

[…] hijo de […] y de […] talla un metro seiscientos diez milímetros. Alegó que es corto de vista. Reconocido, resultó útil condicional. El Ayuntamiento le declaró soldado”.

[…] hijo de […], talla un metro seiscientos diez milímetros. Reconocido resultó útil. Alegó que es hijo único de madre célibe y pobre a la que mantiene. El Ayuntamiento le declaró pendiente de justificación. Y habiéndola suministrado en expediente instruido al efecto, el Ayuntamiento le declaró soldado condicional”.

[…] hijo de […] y de […], talla un metro quinientos ochenta milímetros. Dijo no tiene excepción. Reconocido, resultó útil. El Ayuntamiento le declaró soldado”.

Una característica física fundamental, tenida en cuenta en el momento del alistamiento, era la estatura, estando establecido un mínimo para La incorporación a filas. En las primeras décadas del siglo, la talla mínima exigida para incorporarse al Ejército era de 1,55 metros. La Figura 2 muestra la evolución ascendente de la estatura de los mozos reclutados en Parderrubias a lo largo del siglo XX, siendo el promedio de 1,65 metros; se pasó de 1,60 metros en el año 1900 a 1,79 en 1990.

Figura 2. Evolución de la estatura de los mozos alistados en Parderrubias

Análisis del reclutamiento por décadas

A continuación realizaremos un análisis más pormenorizado por décadas, contextualizando, en la medida de lo posible, el momento histórico, y examinando las peculiaridades de los alistamientos en ese periodo.

1900-1910

En el período 1900-1910 fueron alistados 35 mozos, de los cuales cuatro fueron excluidos, siendo la causa principal, no alcanzar 1,55 metros estatura. Dos fueron calificados como prófugos. Las alegaciones presentadas por los que serían etiquetados como soldados condicionales fueron ser hijo único de viuda pobre, ser hijo único de madre célibe pobre, ser hijo de sexagenario, ser hijo de padres pobres e impedidos, tener un hermano cumpliendo el servicio militar en ese momento y ser corto de vista. No siempre las alegaciones fructificaban:

[…] hijo de […] y de […], talla un metro quinientos ochenta milímetros. Alegó que es hijo único de padre pobre e impedido para el trabajo al que mantiene. Reconocido el mozo, resultó útil. El Ayuntamiento le declaró pendiente de justificación. Y no habiendo solicitado la instrucción de expediente justificativo, el Ayuntamiento le declara soldado”.

Acta de Clasificación y Declaración de Soldados del año 1907
1911-1920

Este período coincide con la Guerra de África, por lo que los mozos de los reemplazos de estos años vivieron con la angustia de ser destinados a tierras africanas, aunque no nos consta que ninguno estuviese en el frente. En esta década fueron alistados 34 mozos, de los cuales seis fueron excluidos por baja estatura, epilepsia, falta de un miembro superior y sordera. Trece fueron calificados como prófugos, algunos de ellos residentes en Cuba; sin duda, la Guerra tuvo que ver con que un 38% de los jóvenes no se presentasen al alistamiento. Entre las alegaciones expuestas por los mozos tallados encontramos ser hijo único de viuda pobre y ser hijo de sexagenario pobre.

Alistamiento de 1912 con resultado de exclusión
1921-1930

Hasta el año 1927 estuvo activa la Guerra de África, por lo que los mozos de los reemplazos de los años 1921 a 1926 todavía convivieron con la ansiedad de la Guerra. En este periodo se alistaron 27 jóvenes, de los cuales cinco fueron excluidos por diversas causas físicas. Siete serían declarados como prófugos. Un único mozo presentó alegaciones, señalando que el padre era sexagenario y que su hermano mayor padecía una discapacidad.

Alistamiento de 1922 con resultado de soldado útil
1931-1940

En los reemplazos de 1931 a 1940 fueron alistados 38 mozos. Ninguno de ellos fue excluido por razón alguna. Tres no se presentaron a la cita y fueron catalogados como prófugos. Este periodo fue el más dramático de la historia reciente de España como consecuencia de la Guerra Civil, movilizándose en actividades bélicas –en los frentes o en la retaguardia- los reemplazos de 1931 a 1939, ambos incluidos. En Parderrubias, por orden cronológico y alfabético, esta situación afectó a los siguientes mozos: Abelardo González Outumuro, Manuel Fernández Rego, Evencio Fernández Outumuro, José Fernández Pérez, Emilio González Outumuro, Jesús Grande Seara, José Pérez Outumuro, Higinio Grande Garrido, Modesto Grande Álvarez, Jesús Fernández Fernández, Manuel Fernández Sueiro, Manuel María Martínez Gulín, Fernando Pérez Outumuro, Celso Seara Garrido, Eladio Garrido Garrido, José Justo Sampedro, Celso Casanova Casanova, Manuel Garrido Garrido, Isolino Grande Garrido, Carlos Lorenzo Insula, Gumersindo Outumuro Martínez, José Seara Garrido, Felisindo Grande Seara, Adolfo Justo Sampedro, Manuel Martínez Teixeira, Manuel Outumuro Seara, Benigno Seara, Manuel Lorenzo Insula, José Outumuro Martínez, Adolfo Outumuro Outumuro, Benito Pérez Outumuro, Manuel Sampedro Seara, Manuel Seara Garrido, José Atrio Lorenzo, Adelino Casanova Casanova, Modesto Garrido Fernández, José Lorenzo Rodríguez y José Seara Casas. Los cuatro mozos que alegaron pertenecer a familias pobres, y que por tanto necesitaban de su presencia como fuente de mantenimiento del hogar, fueron igualmente enviados a filas.

Alistamiento de 1932 con resultado de soldado útil
1941-1950

En la década de los cuarenta fueron alistados 37 mozos, de los cuales solo uno es excluido por una deficiencia visual y otro es declarado prófugo. Entre las alegaciones que conducen a una prórroga de primera clase encontramos ser hijo de madre pobre y padre ausente, ser hijo de sexagenario pobre al que se necesita mantener y ser hijo de viuda pobre. Aunque ya en el año 1938, el mozo Felisindo Grande Seara había disfrutado de prórroga por estudios, será en esta década cuando la condición de estudiante se convierta en alegación habitual para aprovecharse de una prórroga de segunda clase. Concretamente, tres mozos disfrutaron de prórrogas por estudios.

Alistamiento de 1947 con resultado de prórroga de segunda clase por estudios
1951-1960

En el periodo 1951-1960 fueron alistados 37 mozos de Parderrubias. Solo uno de ellos es excluido por defecto físico y cinco declarados prófugos, aunque uno de ellos se comprueba que había fallecido al poco tiempo de nacer. Esta década destaca por el número de mozos que disfrutan de prórrogas por estudios en el Seminario, en concreto nueve. Entre las alegaciones que no surtieron efecto para ser declarado excluido encontramos ser hijo de padre impedido pobre y tener pies planos.

Alistamiento de 1953 con resultado de soldado útil
1961-1970

En la década de los sesenta, el hecho más llamativo es el significativo incremento en el número de mozos alistados, alcanzándose la cifra de 53, siendo la cota más alta de todos los periodos analizados. Son los prodigiosos años sesenta que ya analizamos en otro artículo. La segunda cuestión que llama la atención es el número de mozos que fueron registrados como prófugos por el hecho de ser emigrantes; en concreto, siete de los citados residían en Francia, tres en Alemania, tres en Argentina, dos en Brasil, dos en Venezuela, uno en Suiza, uno en Guipúzcoa, uno en Bilbao y otro en Barcelona. Como ya ocurriera en la década anterior, sigue habiendo mozos que disfrutan de prórrogas por estudios (concretamente, cinco). A estos se unieron los que tuvieron prórrogas de primera por ser hijo de viuda pobre, hijo de padre sexagenario pobre e hijo de madre célibe pobre.

Alistamiento de 1962 con resultado de soldado útil
1971-1980

En la década de los setenta son alistados 29 mozos. Siguiendo la tónica de la década anterior, nos encontramos con siete mozos en la emigración: tres en Alemania, uno en Francia, uno en Brasil, uno en Guipúzcoa y uno en Bilbao. Será en el año 1975 cuando se documenta el primer soldado que realiza milicias universitarias, que eran una modalidad opcional de prestar el servicio militar obligatorio para los estudiantes o titulados universitarios, en los que se adquiría el Grado de Suboficial u Oficial. En este periodo serán seis los mozos que disfruten de prórrogas por estudios.

Papeleta de citación de 1975
1981-1990

Este último período examinado es la época de la objeción de conciencia y del proceso irreversible hacia la desaparición del servicio militar obligatorio. En esta década se alistaron 15 mozos de Parderrubias, de los cuales más de la mitad disfrutaron de prórrogas de segunda clase por estudios. Aparece también la figura del excedente de cupo, a quien el sorteo libraba de incorporarse a filas. Alguno de los mozos de Parderrubias alistados llegó a disfrutar de este beneficio.

Alistamiento de 1986 con resultado de prórroga de segunda clase por estudios
Comunicación de prórroga de segunda clase por estudios de 1988

En definitiva, durante los años en los que el alistamiento de mozos se hizo en el Ayuntamiento de A Merca, el número de jóvenes alistados de Parderrubias fue decreciendo progresivamente con el paso de las décadas (eso sí, de manera inversamente proporcional a su estatura). Las causas de las prórrogas solicitadas –que en ocasiones resultaban en la exención del servicio militar- fueron evolucionando con el transcurrir del siglo, y esta evolución se podría sintetizar en el paso de la pobreza como principal causa de principios del siglo XX a la realización de Estudios Superiores en las últimas décadas del siglo. El paso del tiempo dejó en el olvido a los quintos, a los reclutas, al cuartelero, al maestro armero, al furriel, a los imaginarias, al chusquero, a las dianas y a las retretas…, a la “verde” (hasta los años sesenta) y a la “blanca” (después de los años sesenta).

Cartilla Militar de los años ochenta, coloquialmente conocida como “la blanca”

Nota. El autor agradece a Víctor Fortes toda su ayuda en forma de facilidades dadas para acceder al Archivo Municipal de A Merca y de este modo poder elaborar este artículo.

Parderrubias y su comarca en el tiempo de la Guerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias y su comarca en el tiempo de la Guerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

“No era una sola guerra sino muchas, que coexistieron y se solapaban de tal manera que acentuaron el odio” (Paul Preston, 2015).

Desde niño fui testigo de como las personas mayores incluían en muchas de sus conversaciones la expresión “no tempo da Guerra… (en el tiempo de la Guerra…)”. Pronto percibí que detrás de ese “no tempo da Guerra” había penuria, miedo, tristeza, silencio, persecución, separación, dolor y muerte. La curiosidad por saber más acerca de lo que pasó en ese tiempo en nuestra comarca me llevó, entre otras cosas, a rebuscar en las hemerotecas. Después de muchas horas repasando hojas de periódicos, pude reunir y organizar algunos hechos y acontecimientos publicados por la prensa de esos años, que me permitieron conocer algo más acerca de lo que hay detrás de ese “no tempo da Guerra”. Lo que a continuación encontrará el lector será una secuencia de hechos y sucesos ocurridos en nuestra demarcación y zonas cercanas, expuestos tal y como se recogieron en las páginas de algunos periódicos, influenciados sin duda alguna por la ideología dominante de la zona en la que se publicaban.

El sábado 18 de julio de 1936, con el General Mola como uno de los conspiradores más significativo, se produce un Golpe de Estado, el cual se venía gestando desde hacía meses atrás. Al no tener éxito en todo el país, este queda dividido en dos frentes. Entre los días 20 y 21 de julio finaliza la sublevación militar como tal, y al quedar España partida en zonas controladas por los golpistas y zonas leales a la República da comienzo la Guerra Civil, de cuyo final, el 1 de abril de 1939, se cumplen ahora 80 años. En Galicia, en todo su territorio, triunfan los golpistas sin apenas oposición, quedando desde el primer momento en zona Nacional y así, desde la retaguardia, se convierte en arsenal humano, sanatorio y despensa de las tropas rebeldes contra la República. En nuestra tierra no hubo trincheras, pero la terrible represión franquista se saldó con casi cinco mil fusilados (entre ellos los cuatro gobernadores civiles) y miles de jóvenes gallegos  fueron enviados forzosamente a los frentes -auténticos mataderos-, dejándose allí la vida un incontable número de ellos. Por tanto, todo lo que ocurrió durante el tiempo de la Guerra en la comarca de Parderrubias, se debe observar desde el prisma de ser parte de la Zona Nacional desde el inicio de la contienda civil.

entrega de armasAhora21julio1936
Fotografías del diario Ahora del 21 de julio de 1936

El inicio de la Guerra en Ourense

En la portada del diario La Región del domingo 19 de julio de 1936 se informaba que “ayer se declaró un movimiento subversivo cuyo alcance se desconoce. El Gobierno toma disposiciones encaminadas a dominar la sedición”. El 22 de julio su titular más destacado era mucho más dramático: el lunes 20 de julio se había declarado en Orense el Estado de Guerra. A las doce del mediodía de ese lunes, el Capitán Mira ocupa el Ayuntamiento en representación de la Comandancia Militar y desde ese momento la Guardia Municipal pasa a prestar servicio con fusil en las calles. Esa misma mañana una camioneta del Batallón de Infantería recorrió las arterias más importantes de la capital dando lectura al Bando firmado por el Teniente Coronel Militar de la plaza de Ourense, Luis Soto, publicado en los periódicos locales La Región del 22 de julio y La Zarpa del 30 de julio, diario este último que llevaba varios días sin poder editarse por la ausencia de los trabajadores gráficos en sus puestos. Con dicho Bando, se suspenden todos los derechos civiles, se pasa del mando civil al militar y la provincia ourensana queda bajo un estado de guerra:

  1. Intimo a todos los perturbadores, rebeldes y sediciosos a que en el plazo de dos horas depongan su actitud, se sometan a las autoridades legítimas y denuncien a tiempo de evitar sus consecuencias cuyos actos de violencia sepan van a ejecutarse. Los que así lo hicieren quedarían exentos de pena, excepto las Autoridades o jefes de la rebelión, sedición, desorden.
  2. Queda prohibida la formación y circulación de grupos de más de tres personas y si a la primera intimación no se disolvieran, lo serán por la fuerza.
  3. Queda asimismo prohibido el aproximarse desde las seis de la tarde a las siete de la mañana a las líneas férreas, de energía eléctrica, conducciones de aguas, cuarteles, polvorines, dependencias fabriles e industriales y edificios públicos. La fuerza pública podrá disparar, sin previo aviso sobre quienes se encuentren en esos lugares a las expresadas horas y lo hará sobre cuantos no obedecieron la primera intimación.
  4. Serán repelidos con las armas, sin previa intimación, todos los actos de violencia que las fuerzas encargadas del orden sorprendan y, desde luego, los atentados contra ellas o los objetos encomendados a su custodia se cometan.
  5. Serán considerados, desde luego, como reos de rebelión o sedición común o militar, según las circunstancias, aplicándoles en su caso, las penas del Código de Justicia Militar: a) los que cualquiera que sea su número se resistieren o atacaren a la Autoridad o fuerza pública o desobedecieren sus mandatos; b) los que celebraren reuniones o manifestaciones no autorizadas; c) los que atentaren contra la libertad del trabajo de palabra, por escrito, aunque sea impreso, o empleando la violencia; d) los que por medio de atentados contra personas o cosas o de cualquier otro modo perturbe notoriamente el orden público o tuvieran en su poder armas de fuego sin la debida autorización, explosivos o elementos o material especialmente utilizables para producir incendios y otros estragos; e) los que profirieren cualquier clase de gritos subversivos o por medio de la palabra hablada o escrita injurien al Régimen, a las Autoridades o a sus Agentes o Institutos Armados, o exciten a la comisión de algunos de los delitos comprendidos en este Bando, cualquiera que sea la forma, modo, ocasión o medio empleado, incluso la imprenta; f) los que en cualquier forma perturben o impidan toda clase de comunicaciones o servicios públicos.
  6. Los comprendidos en los apartados del artículo anterior incursos con arreglos al Código de Justicia Militar en pena de RECLUSIÓN PERPETUA A MUERTE y los reos de los demás delitos militares castigados con pena de privación de libertad de más de seis años de duración, serán juzgados por los Tribunales Militares en JUICIO SUMARÍSIMO con sujeción a los artículos 649 y siguientes del mismo Código, de lo cual y lo que atañe a cuantos estén sujetos a la disciplina militar, se hará la oportuna advertencia en la Orden de la Plaza.
  7. Quedan sometidos a la competencia de esta jurisdicción, además de los hechos y delitos cuyo conocimiento le corresponde en todo caso y serán juzgados, por la misma, con arreglo a los preceptos del Código o Ley que corresponde como actos contrarios al orden público: 1) los delitos de rebelión y sedición común y sus conexos y todos los hechos especificados en los diversos incisos del artículo 5º de este Bando, cuando no resulten constitutivos de rebelión o sedición común ni militar; 2) los comprendidos en la Ley de 10 de julio de 1894, llamada de explosivos; 3) los desórdenes públicos y desobediencia y denegación de auxilio de los artículos 266, 268, 269, 374 al 377 y prolongación y abandono de funciones de los artículos 385 y 387, todos del Código Penal; 4) los de allanamiento de morada y robo de armas, y los que tiendan a impedir el abastecimiento de los artículos de primera necesidad.
  8. Serán juzgados en JUICIO SUMARÍSIMO, además de los delitos militares antes sometidos a dicho procedimiento, todos los demás comprendidos en este Bando que tengan señalada pena superior o la de presidio o prisión menor, y siempre que el reo pueda reputarse comprendido en el artículo 650 del Código de Justicia Militar.
  9. La Jurisdicción de Guerra podrá inhibirse o dejar expedita la acción de la ordinaria respecto del conocimiento de las causas incoadas por delitos comunes.
  10. Asumidas por mi Autoridad todas las facultades que me confiere para estos casos el artículo 58 de la Ley del Orden público, castigaré con multas hasta de 10.000 pesetas cuantos actos contrarios al orden público no sean constitutivos de delitos y adoptaré en cada caso con arreglo a la dicha Ley, cuantas medidas considere además necesarias para su restablecimiento.
  11. No podrá celebrarse ninguna reunión, mitin, conferencia o manifestación pública, ni aun las Juntas de Asociaciones o Sindicatos sin mi autorización, que será solicitada por escrito con expresión del objeto de la misma y que otorgaré si lo estimo oportuno, con las restricciones y requisitos pertinentes. Toda reunión o manifestación celebrada sin mi autorización será disuelta por la fuerza si ofrecieran resistencia sus componentes, a los cuales se les exigirá las responsabilidades en que incurran.
  12. Serán sometidos a mi previa censura, antes de empezar a circular, los ejemplares de todo impreso o documento destinado a la publicidad, pudiendo hacerlo los periódicos diarios hasta una hora antes, sin perjuicio de las responsabilidades exigibles por todo escrito delictivo publicado o no, incurrirá en multa hasta 10.000 pesetas el director, editor o empresa que infrinja la censura establecida, recogiéndose en el acto la publicación y suspendiéndolas para lo sucesivo en caso de reincidencia.
  13. Toda persona que presencie cualquier agresión o acto de violencia queda obligada a concurrir inmediatamente a la Comisaría, Cuartel, Juzgado o Tribunal o lugar oficial más próximo para aportar su testimonio y si no lo hiciere incurrirá en desobediencia.
  14. Los Tribunales, Autoridades o Corporaciones civiles continuarán ejerciendo sus respectivas funciones en todo lo que no se halle exceptuado en este Bando, limitándose las de orden gubernativo en lo que atañe al orden público, a las facultades que por mi Autoridad se deleguen.
  15. Los funcionarios públicos o Corporaciones que abandonen sus funciones o no presten el inmediato auxilio que por mi Autoridad o por mis subordinados sea reclamado para el restablecimiento del orden o para la ejecución de lo mandado en este Bando, serán suspendidos en el acto de empleo cargo o función y sueldos anejos, sin perjuicio de la correspondiente responsabilidad criminal que le será exigida por el Tribunal correspondiente.
  16. Se consideran ilegales cuantas huelgas se traten de declarar después de la publicación de este Bando, dándose de plazo para la entrada al trabajo, hasta mañana a las ocho horas, aplicándose las máximas sanciones a los contraventores de este artículo.
  17. Se declaran incautados y a mi disposición los automóviles de carga, viajeros y particulares, motocicletas, bicicletas y vehículos de todas clases quedando absolutamente prohibida la circulación rodada. Tanto en el interior de las poblaciones como fuera del casco de las mismas y en las carreteras, caminos, pistas y veredas en tanto los conductores no se provean de una licencia especial para cada caso o viaje, que será solicitada de mi Autoridad o de la que en su caso se designe.

A todos los efectos de los términos legales en los casos en que sea preciso este cómputo se hace la publicación de este Bando a las catorce horas de hoy. A todos los ciudadanos del territorio de mi mando requiero su auxilio para restablecer el orden por el que yo he de procurar absoluta inflexibilidad y rigor. Orense, 20 de julio de 1936. El Teniente Coronel Comandante Militar, Luis Soto”.

LaRegion19julio
Portada del diario ourensano La Región del 19 de julio de 1936

LaZarpa30dejulio
Portada del diario ourensano La Zarpa del 30 de julio de 1936

El Comandante Ceano, jefe del Batallón de Infantería de Ourense, saca las tropas a las calles, produciéndose únicamente un pequeño foco de resistencia por parte de militantes socialistas en la zona de O Posío (Cocho, 2011). Según La Región del 22 de julio, la transmisión de poderes se hizo con “absoluta normalidad” y “los comercios han abierto en su totalidad y el aspecto de la ciudad es de absoluta normalidad”. El día 23 tomaba posesión del Ayuntamiento de la capital el Capitán de Infantería Marcelino Mira Cecilia. La Diputación Provincial pasó a estar presidida por dos militares retirados. Desde un micrófono del Gobierno, a cada hora se pronunciaban alocuciones con instrucciones para los ciudadanos como, por ejemplo, acudir a sus puestos de trabajo bajo amenaza de la cancelación de los contratos en caso de no hacerlo. El 28 de julio se militarizan los servicios de electricidad y agua. Mientras, en la provincia reina una relativa tranquilidad en esos primeros días, salvo altercados aislados en algunos lugares, como en el caso de Maceda. Así, el día 23 era asesinado un joven fascista que junto a otros compañeros hacía un registro de una casa del pueblo; la respuesta fue asesinar al agresor, un concejal comunista, y herir gravemente a su padre. El 11 de agosto se izaba en el Gobierno Civil y Comandancia Militar la bandera bicolor, y el día 12 la roja y negra de la Falange, junto a la bicolor, en la Diputación Provincial. En la provincia fue prácticamente inexistente la resistencia, salvo en algunos puntos. En Maceda, bajo el liderazgo del comunista Benigno Álvarez, se produjo un enfrentamiento con ochenta militares, falangistas y guardia civiles, que pronto solventaron el aguante. En Verín tuvieron que hacer presencia guardias de asalto de A Coruña. Y en A Gudiña y A Mezquita se necesitó la presencia de una columna de 300 guardias civiles y milicianos fascistas (Cocho, 2011).

Un nuevo Bando publicado el  24 de julio movilizaba para la Guerra a todos los ciudadanos disponibles:

Don Luis Soto Rodríguez, teniente coronel de Infantería y comandante militar de Orense, Ordeno y Mando:

  1. Quedan inmovilizados todos los individuos en situación de disponibilidad de servicio activo, acogidos a los beneficios del artículo XVII de la Ley de Reclutamiento (cuotas), de los reemplazos 1931, 1932, 1933 y 1934 y primer llamamiento de 1935, incluso aquellos que han prestado servicio en otras divisiones.
  2. La incorporación a filas se hará inmediatamente después de publicado este Bando, antes de las veinte horas del 24 del actual. Para la incorporación se tendrán en cuenta las normas siguientes: la concentración de todos estos individuos, incluso aquellos que han prestado servicio en otras Divisiones se efectuará precisamente en el Segundo Batallón del Regimiento de Infantería número 30, de guarnición de esta plaza de Orense, donde se presentarán todos los individuos quienes comprende el llamamiento y de los reemplazos antes citados, sea cualquiera el arma o cuerpo en que hayan servido.
  3. El que sin causa plenamente justificada faltase a concentración, incurrirá en las penas que para el delito de deserción señala el Código de Justicia Militar, las que serán ejecutadas inexorablemente.

Dado en Orense, a las ocho horas del día 24 de Julio de 1936. El Comandante Militar, Luis Soto Rodríguez. Rubricado y sellado”.

Al día siguiente, 25 de julio, otro Bando moviliza a los reemplazos de 1927, 1928, 1929 y 1930. Estas nueve quintas de cuotas citadas, que sumaban unos seiscientos hombres, acudieron, según La Región del 28 de julio, “con entusiasmo a la causa de la Patria, hallándose animados del espíritu más disciplinado y heroico, acudiendo a las batidas y operaciones a que se les llama cantando alegremente”.

Al llamamiento obligatorio a filas, se unieron voluntarios que se presentaban para ir al frente. Así, lo recoge efusivamente el diario El Compostelano del 10 de agosto de 1936:

En diez camiones y procedentes de Orense, llegaron ayer a Santiago más de trescientos voluntarios que van a unirse a las fuerzas de nuestro Ejército. El entusiasmo de esos valientes voluntarios era extraordinario, pues daban vivas a España, al Ejército y a la Junta de Defensa Nacional de Burgos… La mayoría de ellos eran obreros que abandonan sus trabajos por defender a la Patria”. 

El 1 de agosto ya había fuerzas militares ourensanas en Ponferrada y en Asturias. De este frente no tardan en llegar las primeras víctimas mortales. Así, el 6 de agosto, la prensa local se hacía eco del entierro de un Capitán, del Jefe de Falange y de un Sargento, todos ellos fallecidos en Asturias. El 9 de septiembre, provenientes del mismo frente, llegaban a la ciudad los cadáveres de un sargento, un cabo y un soldado, fallecidos en San Cosme. La lista se fue agrandando con el paso de los meses. Aparte de Asturias, soldados ourensanos fueron enviados a los montes de León, al  frente de Ávila, a la Sierra de Guadarrama, a las estepas de Huesca, a la batalla de Teruel, a la del Ebro, etc. Sorprende el titular de La Región del 2 de marzo de 1937 “otro falangista que hace guardia a los luceros”, bajo el que se informaba de la muerte de un joven de 18 años de edad en el frente, otro que “había muerto por Dios y por la Patria” (¡apártame del Dios y de la Patria que exigen este derramamiento de sangre!). A principios de 1938 llegan a la capital las primeras víctimas mortales de la batalla de Teruel.

La prensa local de la Zona Nacional, con enorme afán propagandístico, alternaba noticias de detenciones y ejecuciones de personas vinculadas al Frente Popular con las muertes de soldados del Ejército Nacional allá en los lejanos frentes de batalla.

También se supo en Orense, que murió en el frente de Batalla el capitán D. Nicolás. El finado contaba 24 años y antes del Movimiento se había distinguido por su actuación contra el comunismo. Los extremistas de Orense trataron una noche de asesinarle, hiriéndole, cuanto entraba en su domicilio, de dos balazos” (Diario de Pontevedra, 22 de enero de 1938).

También se supo en Orense, que encontraron gloriosa muerte el alférez de aviación, don Luis y el soldado José, este hijo del Secretario del Ayuntamiento de Allariz” (Diario de Pontevedra, 3 de marzo de 1938).

El Boletín Oficial del Estado publica ayer la Orden del Ministerio de Defensa Nacional concediendo la Medalla Militar al cadáver del capitán de la bandera de F.E.T. y de las JONS, de Orense, don Salvador. Este oficial, después de comportarse heroicamente en los reiterados ataques del enemigo a la posición de Calabazas recibió dos balazos en el vientre y, no obstante ello, siguió arengando con entusiasmo y energía a las fuerzas que mandaba hasta que una nueva herida en la cabeza le causó la muerte” (Diario de Pontevedra, 21 de abril de 1938).

Durante los primeros días de Guerra, el Ejército y la Guardia Civil fueron movilizados en la provincia, produciéndose escaramuzas militares.

Otra columna de Orense, formada por fuerzas del Ejército y milicias voluntarias, fue a Verín, en donde sostuvo un tiroteo con algunos núcleos insurgentes, a los que ocasionó cuatro muertos y varios heridos… Las fuerzas afectas al movimiento no experimentaron baja alguna. Hacia La Peroja fue otra columna que ocasionó otros cuatro muertos a un grupo que la tiroteó. Dos afiliados a la Falange Española encontraron a dos marxistas que les hicieron frente con armas de fuego, y cumpliendo el bando de declaración del estado de guerra,  los fusilaron en el acto” (Diario de Pontevedra, 30 de julio de 1936).

Cuando una de las camionetas regresaban por la carretera de Celanova, al llegar al cruce de las carreteras de Piñor y Celanova, frente a la finca del señor Otero, unos individuos ocultos hicieron varios disparos. La fuerza descendió del vehículo, repeliendo la agresión y poniendo en fuga a los agresores, que dejaron tres cadáveres en el campo. Fueron recogidos por la ambulancia que los trasladó al Hospital, de donde fueron llevados luego de la oportuna autopsia al cementerio de esta ciudad” (Diario de Pontevedra, 1 de agosto de 1936).

Hacia la madrugada de hoy, día 6, ha salido una columna formada por el Capitán de la Guardia Civil y Comandante militar de esta plaza, don Juan Ros, que ha operado fraccionariamente. Las fuerzas al mando del capitán Ros hicieron una descarga sin consecuencia y los pueblos al verse protegidos por la fuerza quemaron la tienda del marxista Paragüero, centro de reuniones de los dirigentes comunistas de aquella comarca” (La Región, 8 de agosto de 1936).

Tal como señalaba el artículo 17 del Bando del 20 de julio de 1936, la población comienza a sufrir el requisamiento de los vehículos de su propiedad. Camiones y camionetas de carga de la capital ourensana, debidamente equipados para su uso inmediato, debían ser concentrados en la Alameda. En ocasiones se producían sobornos para evitarlo, aunque su descubrimiento acarreaba importantes multas impuestas por la autoridad militar:

El Gobernador militar de Orense impuso una multa de 1.000 pesetas a Manuel, vecino de Verín, quien para que no le fuese requisado el camión de su propiedad hizo al encargado de la clasificación del material el ofrecimiento de 500 pesetas” (El Diario de Pontevedra, 24 de marzo de 1937).

Un Bando del 27 de julio de 1936, emitido por la Comandancia Militar, decreta la incautación de todas las contribuciones, impuestos, rentas, valores y derechos que corresponden al Estado, así como todas las cuentas corrientes del Tesoro del Banco de España, en las que se seguirán haciendo ingresos, pero estableciéndose límites para las extracciones de dinero. Sin embargo, pocos meses después, en noviembre, el Gobierno Civil alertaba de la reducción de los ingresos bancarios que “no obedece a otra causa que a la codicia mal entendida de quienes en su afán de acaparar dinero, no saben el mal que hacen y el daño que originan a la economía nacional”. Para cortar de raíz tal “exceso”, el Gobernador exhorta especialmente a industriales y comerciantes a que no retengan en casa más dinero que el necesario, bajo amenaza de severas sanciones. El 22 de noviembre se procedía a la detención del dueño de un establecimiento de bebidas de la calle Santo Domingo al que se le incautaron 800 pesetas en monedas de plata. Un bando del 29 de julio hace especial énfasis en la tenencia de armas con un contundente aviso:

Queda terminantemente prohibido la tenencia de toda clase de armas utilizables para fines de lucha o agresión y caducadas cuantas licencias se hallan expedidas para su uso con anterioridad a mi citado bando del veinte del actual. Concedo un plazo de veinticuatro horas a partir de la publicación de este Bando para hacer entrega de las mismas en dependencias y centros militares. Quien, transcurrido dicho plazo, lleve sobre sí o tenga en su domicilio alguna de ellas, será fusilado sin formación de causa” (La Zarpa, 30 de julio de 1936).

Con el fin de restringir el consumo de gasolina y accesorios de automóviles, un Bando del 23 de septiembre autorizaba solamente los viajes de carácter urgente en casos de muerte, servicios médicos, accidentes o viajes derivados o relacionados con asuntos oficiales, teniendo que demostrarse la imposibilidad de efectuar el viaje por ferrocarril o servicio regular en automóvil. Durante toda la Guerra se produjeron suscripciones y donaciones a favor de Acción Ciudadana (milicia cívica armada) para sufragar los gastos de las tropas en los distintos frentes. Así, se destaca la generosidad de una ciudadana, la señora Elvira, que entrega en la Comandancia Militar 25 pesetas, casi la totalidad de su sueldo, o de la Parroquia de la Trinidad que recauda 345 pesetas para la causa, o los comerciantes de la Plaza, que reunieron 5.000 pesetas. La prensa hacía hueco a las donaciones que se realizaban, tanto para el frente como para aquellas ciudades que pasaban a control del Ejército Nacional.

Al llamamiento patriótico que se hizo para recoger licores y dulces, para los soldados de Asturias, con motivo de la felicitación cariñosa que el general Aranda les dedicó por su gesto viril y españolista ante las hordas de dinamiteros e internacionales, han respondido entre otros, los Ayuntamientos de Cortegada, que envió 684 botellas de aguardiente, y Celanova que mandó 486 de varias bebidas” (El Pueblo Gallego, 14 de marzo de 1937).

De Orense salió ayer para Barcelona un importante convoy de víveres, en diez camiones. Entre lo que se envía a la ciudad recientemente liberada van jamones, patatas, alubias y tocino” (Diario de Pontevedra, 30 de enero de 1939).

El 9 de octubre de 1936 se prorrogaba nuevamente la apertura del curso del Seminario Conciliar de San Fernando, debido a que la mitad de sus alumnos estaban incorporados al Ejército Nacional. El curso se iniciaría finalmente en el mes de febrero de 1937. Ese mismo día 9 de octubre de 1936, una circular del Gobernador Civil avisaba de la escolaridad obligatoria, pues “no puede tolerarse el deplorable espectáculo de los niños abandonados por las calles de Orense durante las horas de clase”. Por tanto, “durante las horas de clase –nueve a doce y tres a siete- todo niño comprendido en la edad escolar –seis a catorce años- que se vea fuera de la escuela será detenido, imponiéndosele al padre una multa de dos pesetas la primera vez, tres la segunda y cinco la tercera, efectivas en el día” (La Región, 9 de octubre de 1936).

Ahora18octubre1936
Fotografía del diario Ahora del 18 de octubre de 1936

Actos propagandísticos de los rebeldes en la capital ourensana

Mientras los sumarísimos consejos de guerra celebrados en la capital encadenaban sentencias de muerte, el sábado 3 de octubre de 1936, a las 12 de la mañana, tenía lugar un acto en la Plaza Mayor para conmemorar la designación del General Franco como Jefe del Estado. En el centro de la plaza formaban una compañía del batallón que guarnecía la plaza de Ourense, al mando del comandante Casar, y nutridas representaciones de Requetés, Falange, Juventudes de Acción Popular (JAP), Caballeros de Santiago y Milicias Armadas del Puente. En lo más alto de la torre de la Catedral alguien había colocado la bandera nacional. Media hora antes habían repicado todas las campanas de la ciudad. Los balcones relucían engalanados. Luis Soto Rodríguez, primera autoridad militar de la plaza, desde el balcón del Ayuntamiento dio lectura al decreto de la Junta de Defensa Nacional que designaba a Francisco Franco Bahamonde como Jefe de Estado. Al año siguiente, el 1 octubre de 1937 se vuelven a celebrar diversos actos para conmemorar dicho aniversario. Desde las ocho de la mañana, bandas de cornetas y tambores recorrieron las calles, mientras las campanas de las iglesias tocaban a gloria. A las 11 de la mañana se celebra una misa en la iglesia parroquial de Santa Eufemia del Centro. Cerraron los comercios, y en cuarteles, comedores de Auxilio Social y en la Prisión Provincial se sirvieron comidas extraordinarias. Al año siguiente se vuelve a repetir la misma parafernalia del Día del Caudillo. Por la mañana tuvo lugar una fiesta escolar, coincidiendo con el inicio del curso, que se hizo ese día como homenaje a Franco. En Santa Eufemia del Centro se ofició una misa a la que asistieron las autoridades militares, civiles y eclesiásticas, junto con niños y maestros de las escuelas de la capital, terminando con un homenaje a los Caídos. A continuación se descubrió una placa con la que se daba el nombre de General Franco a la calle Progreso.

El enorme coste en vidas humanas en el Frente de Asturias hizo que el 18 de octubre de 1936 muchos ourensanos recorriesen las calles de la ciudad durante toda la noche, hasta bien entrada la madrugada, cantando himnos patrióticos, una vez que tuvieron conocimiento de que las tropas gallegas habían entrado en Oviedo. Se oyeron bombas de palenque y las campanas de la ciudad echaron al vuelo. El júbilo por la toma de capitales a manos del Ejército Nacional se repitió en la capital ourensana en más ocasiones. La Región del 9 febrero de 1937 informaba que a las cinco de la tarde se había formado una imponente manifestación en la Plaza Mayor, en donde personas de toda índole, milicias y requetés celebraban la caída de Málaga del lado Nacional. De allí se dirigieron al Gobierno Militar, en donde el Gobernador Civil alentó a las masas con un delirante discurso:

Orensanos, os habla una voz sincera, la voz de un hombre acostumbrado a escuchar el tronar del cañón, el ruido de las ametralladoras y el seco estampido de la fusilería… Los que seguimos al glorioso General Franco llevamos en la mano un rosario, con el que hemos emprendido la Revolución… Y hoy hemos tomado Málaga, que ellos llamaban la roja, pero ahora es la roja y gualda…”.

Finalizada la alocución, se puso al frente de la manifestación que se dirigió a la Catedral en donde se celebraría un solemne “Te deum”. Otra extática manifestación tuvo lugar en el mes de junio de ese mismo año cuando el Ejército Nacional toma Bilbao. Bombas de palenque y las campanas de las iglesias vuelven a atronar la ciudad. Ya por la noche tiene lugar un desfile de antorchas a cargo de soldados, milicianos falangistas y numeroso público. La toma de Gijón supone otra manifestación de júbilo en la ciudad el domingo 4 de octubre. El día 29 de ese mismo mes se celebra al Día de los Caídos, teniendo lugar una solemne misa de campaña en la Alameda, que había sido ocupada por las milicias falangistas de toda la provincia. Encendida la llama a los Caídos, se dio lectura a la oración por los muertos de la Falange, concediendo el Obispo de la Diócesis cincuenta días de indulgencia cada vez que esta se rezase. Acto seguido más de cinco mil falangistas desfilaron a lo largo de la calle del Progreso durante más de una hora. Cuando a mediodía del domingo 3 de abril de 1938, día de San Lázaro, llega la noticia de que Lérida pasaba a ser Zona Nacional, volvieron a repetirse en la ciudad las muestras de júbilo de otras ocasiones. Repicó la campana de la capilla de San Lázaro, y la Banda Municipal que a esa hora tocaba en el parque se puso al frente de una manifestación espontánea que recorrió la ciudad.

El 19 de abril de 1938 se conmemora en la ciudad el aniversario de la Unificación con una concentración en la Alameda de las Secciones Femeninas, los Flechas, los de Segunda Línea y varias bandas de música para escuchar el discurso radiado de Franco, acudiendo gentes de toda la provincia. El 13 de julio se celebra con toda solemnidad el segundo aniversario del asesinato de José Calvo Sotelo. Al amanecer, una salva de bombas anuncia la llegada a la ciudad de los alféreces de la Academia de Ávila. Al ritmo que marca la Banda del Requeté de Navarra, desfilan desde la Estación hasta la Alameda y desde aquí se dirigen hacia la Catedral para visitar al Santo Cristo. Con la asistencia de cuatro ministros, se celebran los funerales, situándose en la nave central un “severo y lujoso catafalco, cubierto de tisú de oro, flanqueado por doce blandones y cobijado por la magnífica cruz procesional de la basílica” (La Región, 14 de julio de 1938). Con gran ceremonial también se festejó el segundo aniversario del alzamiento contra la República. Después de numerosos actos durante el día, a las once la noche del 18 de julio de 1938 se inicia una procesión de antorchas, que sale del Jardín del Posío formada por las bandas militar y municipal, soldados del Regimiento Zamora, Guardia de Orden Público y Milicias de la Falange, así como numeroso público, para recorrer diversas calles de la ciudad.

El 28 de marzo de 1939, las calles de Ourense vuelven a llenarse de gente para festejar la conquista de Madrid. Se engalanaron los escaparates, se dispararon bombas de palenque y tocaron todas las campanas de la ciudad. La Banda Municipal, la de Falange, y la de Cornetas y Tambores de Regimiento recorrieron las calles. A las cinco y media de la tarde habló el Alcalde desde el balcón del Ayuntamiento. De ahí la multitud se dirigió al Gobierno Civil y de aquí a la Catedral en donde se ofició un solemne Te Deum.

Ahora31julio1936
Fotografía del diario Ahora del 31 de julio de 1936

Represión franquista en Ourense

Con el triunfo golpista en Galicia, los rebeldes se hacen con el control absoluto del poder (Alcaldías, Gobiernos Civiles, Diputaciones, Delegaciones, etc.) e instauran la política del terror a todo opositor, por el simple hecho de haber sido afín a la República. Se fusila a todo aquel que no era de la partida, justificándolo como un mal necesario. Las persecuciones y detenciones eran algo habitual, por lo que muchas personas relacionadas con el Frente Popular optaron por huir o esconderse, terminando muchas de esas detenciones con resultado de muerte y, en casos extremos, en suicidios previos a la detención. En palabras de Barreiro Fernández (1991), es difícil comprender la salvaje represión llevada a cabo en Galicia, zona que apenas se resistió y no tuvo que ser tomada por un ejército invasor. Se estima que entre 1936 y 1939 se cometieron 8.000 asesinatos en Galicia; Prada Rodríguez (2004) señala que en Ourense se pueden llegar a contabilizar más de 600 víctimas. Al quedar toda la provincia en Zona Nacional, su práctica totalidad fueron personas de izquierdas.

Un buen ejemplo de la barbarie y locura que inundó Ourense durante esos días lo encontramos en el periódico La Región del 1 de septiembre de 1936:

Ayer, a las siete de la tarde, han sido fusilados en el cuartel de San Francisco, por el delito de traición, el Guardia de Asalto excedente, José, y el paisano Antonio. Murieron reincorporándose al seno de la Iglesia, dando muestras de gran arrepentimiento, abrazados al Crucifijo y pidiendo perdón por sus culpas. Que Dios les haya perdonado”.

Una entrevista realizada por el diario nacional ABC a cuatro ourensanos afiliados al Partido Comunista enrolados a la fuerza en la Cuarta Bandera del Tercio, y afiliados posteriormente a las filas del Ejército Republicano, nos aporta información acerca de la salvaje represión vivida en los inicios de la Guerra en Ourense:

El pueblo estaba alerta. El gobernador de la provincia se entrevistó con los jefes militares, quienes le dieron su palabra de honor de permanecer leales al Gobierno de la República. Durante los primeros quince días la reacción estuvo oculta bajo la bandera de la República. Las radios oficiales emitían el himno nacional, hasta que un día la enseña de la República fue sustituida por la bandera monárquica, y el Himno de Riego por el de la Falange. Empezaron los discursos a cargo de monárquicos, requetés y falangistas. El Gobernador fue asesinado por los militares sin honor. Recuerdo que el primer discurso que se radió en Orense después de que se despojaran de la careta estuvo a cargo de un falangista, que terminó diciendo: si veis correr la sangre por las calles, no asustaros, que es sangre de marxistas… La población civil está sometida por el terror. Los fusilamientos efectuados en masa eran cometidos, en su mayor parte, por los falangistas y guardias civiles. Antes de llamar a una quinta hacían fusilamientos dentro de la población, dejando los cadáveres en los lugares  más céntricos para que fueran vistos por todo el mundo… En los mercados no dejan hablar a dos mujeres, y cuando las ven juntas son separadas inmediatamente, siendo sometidas a un interrogatorio. En caso de que, por azoramiento o miedo, no coincidan en sus declaraciones, son encarceladas, les cortan el pelo, las pintan en la frente, con tinta china, las letras U.H.P., y en estas condiciones les obligan a barrer las calles de la ciudad… Sacaban por las noches los presos de la cárcel y después de ser fusilados arrojaban los supuestos cadáveres, sujetos por una cuerda, seis o siete de una vez, al Miño, desde el puente de Castrelo, con orden a los barqueros de empujarlos hacia el mar en vez de recogerlos. También se ha dado el caso de haber curado a los detenidos que habían intentado suicidarse para fusilarlos después por el solo gusto de matar” (ABC, 20 de marzo de 1937).

Las noticias relativas a detenciones relacionadas con ajustes de cuentas plagaban las páginas de la prensa escrita de esos días.

Ha sido detenido Manuel Suárez, ex alcalde de Orense y vicepresidente de la Diputación provincial cuando estallo el glorioso movimiento nacional. El detenido era el jefe de los socialistas orensanos y había sido candidato a diputado en las últimas elecciones. Se le creía fugado o desaparecido cuando en realidad estaba escondido” (El Compostelano, 17 de febrero de 1937).

La Guardia civil de Orense detuvo en San Ciprián de Viñas al dirigente comunista José, que en los primeros días del movimiento capitaneó un grupo de marxistas. Estaba oculto en su domicilio encerrado entre dos tabiques, siendo muy difícil que fuera visto” (El Compostelano, 11 de mayo de 1937).

Cuando la Guardia civil y varios falangistas de Orense trataban de detener al vecino de San Payo, Valentín, significativo extremista huido en los primeros días del Movimiento, aquél se escondió en su domicilio y se disparó un tiro, matándose” (El Compostelano, 8 de enero de 1937).

Cuando la pareja de la Guardia civil de La Vega (Orense) conducía desde Riomar a Prada al vecino del primero de dichos pueblos, Santos, de 38 años de edad y ex alcalde pedáneo del Frente Popular, aquel intentó huir aprovechando la densidad de la niebla, y hubo que disparar sobre él. Santos resultó muerto”  (El Compostelano, 8 de enero de 1937).

La Benemérita del puesto de la Vega (Orense), mató al conocido comunista Sigfrido, que trató de huir y disparó sobre las fuerzas cuando iban a detenerlo” (El Compostelano, 12 de enero de 1937).

La Benemérita del puesto del Barco de Valdeorras (Orense) detuvo a Augusto, natural de San Payo, municipio de Petín. El detenido, significado marxista, era alcalde de Villamartín al estallar el movimiento militar y cabecilla de las turbas que el día 29 de julio causaron la muerte de un guardia civil, resultando otros dos heridos. Cuando la Benemérita trataba de comprobar las declaraciones que había hecho, diose a la fuga, y viose precisada a hacer fuego, matándolo” (El Compostelano, 20 de mayo de 1937).

En los montes próximos a Entrimo (Orense), fue descubierta una partida compuesta de cuatro marxistas, provistos de armas. Fuerzas de aquella localidad procedieron a dar una batida, dirigiéndose a unos pinares próximos al pueblo de Ferreirós, donde lograron localizar a los perseguidos, que al verse descubiertos hicieron frente a la fuerza disparando sus armas. Esta repelió la agresión, resultando un marxista tan gravemente herido que falleció momentos después, sin que a pesar de las averiguaciones hechas y reconocimiento del cadáver por varios vecinos, fue posible determinar su personalidad, pues tampoco llevaba en su poder documento alguno de identificación. A este sujeto le fue ocupada una pistola marca F. N. calibre 7,65. Los otros perseguidos, uno de ellos al parecer también herido, lograron desaparecer monte adelante en dirección a la frontera portuguesa”  (El Compostelano, 31 de julio de 1937).

Fue detenido en la Arnoya (Orense), por el jefe local del FET, el peligroso comunista Ramón, que se hallaba escapado desde el principio del Movimiento. Cuando a las dos de la mañana se le iba a detener en su domicilio se dio a la fuga. Fue perseguido hasta que al hacer frente a los que iban en su busca fue herido y capturado” (El Compostelano, 18 de septiembre de 1937).

Por la Guardia civil del puesto de Rúa Petín fue detenido en el desván de su domicilio, Aurelio, de 42 años, casado, vecino del barrio de la Estación de la Rúa, que había sido alcalde de dicho Ayuntamiento durante la dominación del Frente Popular, ordenando la detención de varias personas de derechas, entre ellas la del actual alcalde de dicho municipio, habiendo desaparecido a raíz del Movimiento Nacional. Ingresó en la cárcel del Barco a disposición de la autoridad militar” (El Compostelano, 18 de febrero de 1938).

La Guardia civil de Gomesende (Orense) da cuenta de haber detenido a Severino, de 50 años, y Benigno, de 33 años, denunciados por haber hecho propaganda del Frente Popular antes de las elecciones” (El Compostelano, 2 de julio de 1938).

Las detenciones llevaban emparejadas en muchas ocasiones sumarísimos consejos de guerra con sentencias de muerte. Las causas eran variopintas: rebelión, haber tenido relación con el Frente Popular, ocultar a alguien buscado por la autoridad, proferir gritos subversivos, tenencia de armas, elaboración de explosivos, etc., etc. El diario La Zarpa informa ya el 30 de julio de 1936 de un consejo de guerra contra un vecino de Paderne por delito de rebelión y tenencia ilícita de armas. El 2 de noviembre de 1936, el diario nacional ABC anuncia que el Gobernador Civil de Orense había sido fusilado. Ejemplos de esta barbarie los encontramos a diario en la prensa escrita local, en donde las noticias de los primeros meses de guerra son sinónimo de fusilamientos, los cuales continuaron durante toda la contienda.

Esta noche, a las ocho, en el Campo de Aragón, fueron fusilados el cabo Claudio y los soldados de la reciente incorporación a filas, Manuel y Amaro. Se  les condenó a aquella pena por haber proferido gritos subversivos y realizar propaganda comunista. Todos murieron arrepentidos besando el crucifijo” (El Compostelano, 17 de agosto de 1936). “…El Amaro, hiciera propaganda subversiva entre sus compañeros y había dado vivas a Rusia y al ejército rojo, al ser conducido como soldado a aquella ciudad” (Diario de Pontevedra, 19 de agosto de 1936).

Después de un Consejo de guerra tramitado por el procedimiento sumarísimo, ha sido pasado por las armas en Orense el paisano Ángel, convicto del delito de traición a la Patria… Murió arrepentido besando el Crucifijo” (El Compostelano, 22 de agosto de 1936).

En la tarde de ayer, a las seis, fue pasado por las armas en Orense, el paisano Emilio, por el delito de propaganda marxista y ocultación en su domicilio de un extremista. Hizo testamento y murió arrepentidísimo con el Crucifijo en las manos” (Diario de Pontevedra, 5 de septiembre de 1936).

En la mañana de ayer fueron fusilados en Orense, y en cumplimiento de la sentencia que les ha sido impuesta por Consejo de guerra, los reos Francisco, Juan, Antolín, José Ramón y Juan, todos ellos acusados del delito de rebelión. También ha sido pasada por las armas en la mañana de ayer Erundina, por haber ocultado en su casa a Francisco que estaba reclamado por los Tribunales de Justicia. Todos recibieron los auxilios espirituales” (El Compostelano, 1 de octubre de 1936).

Cumpliendo la sentencia recaída en Consejo de guerra, a las cinco de la tarde de ayer fueron ejecutados junto a las tapias del Cementerio de Orense los paisanos Anibal, alcalde que fue de Junquera de Ambía y jefe del frente popular en Orense, acusado de traición, Leopoldo condenado por rebelión y Secundino acusado por tenencia de armas y explosivos. Los dos últimos recibieron con gran fervor los auxilios espirituales” (El Compostelano, 6 de noviembre de 1936).

El diario La Región acicalaba esta última noticia con una gran dosis de tremendismo religioso al afirmar que “el ex alcalde de Junquera de Ambía rechazó todo auxilio espiritual y murió añadiendo al delito de traición a su patria el de ofensa a Dios” (La Región, 6 de noviembre de 1936). La lista de ajustes de cuentas continúa:

Cumpliendo sentencia de Consejo de guerra, fue pasado por armas, en Orense, el ex alcalde del Barco de Valdeorras” (El Compostelano, 12 de noviembre de 1936).

El cronista de La Región, en un ejercicio de orgía político-tanato-religiosa, hablaba en este caso de una muerte ejemplarísima (¡sí…, un auténtico ejemplo de barbarie y atrocidad!):

“… [su muerte] fue serena, tranquila y además victoriosa. Y en su misma conciencia, como él declaró una vez y otra, reparadora de sus yerros y extravíos. Murió dando ininterrumpidos y clamorosos vivas a Nuestro Señor Jesucristo y a nuestra España… cuando ya iba a transponer las puertas de la eternidad, prorrumpió su alma recobrada enfebrecidamente en gritos de rescate y de triunfo… Que suerte la de aquel alma que, seguramente, se iba derechita al Cielo, no habiendo tenido en su última hora más que pensamientos puros, el Crucifijo en sus manos yertas…” (La Región, 11 de noviembre de 1936).

En el mes de septiembre de 1938 un Bando de la Octava Región Militar daba un plazo de quince días para que se presentasen todos los refugiados que se encontrasen en las montañas con la promesa de que no recibirían daño alguno, a no ser que hubieran cometido delitos por los que deberían responder ante los Tribunales. Aquellos que pasado el plazo hiciesen resistencia a la fuerza pública podrían ser ejecutados en el acto y todo aquel, incluido familiares, que les favoreciese y ayudase, facilitándoles alimentos, ropas o noticias acerca de los movimientos de las fuerzas, serían severamente sancionados.

La visión de los hechos desde la prensa republicana

Para conocer la perspectiva que el otro bando tenía acerca de lo que pasó en Ourense debemos revisar su prensa. El 12 de enero de 1937, la portada del diario republicano El Liberal, bajo el titular “La honradez fascista” informaba que “en Orense se ejecuta a todos los elementos de izquierda, se encarcela a centenares de personas a las que se maltrata ferozmente y por, si era poco, se obliga a los Bancos a que entregaran los valores, alhajas y dinero que poseían en sus cajas. Solo un individuo apodado ‘el Conserje’ fusiló a 168 republicanos”. Otro diario republicano de tirada nacional, Ahora, relata en primera persona las experiencias de un anónimo republicano ourensano:

“…fracasada la causa en Orense, yo formé con doscientos hombres uno de los numerosos grupos que en Galicia se enfrentaron con los militares. Veinte días de lucha terrible nos aniquilaron y tuvimos que disolvernos. Anduve oculto y disfrazado algún tiempo… En Barra de Miño ataron vivo un hombre a una camioneta y lo arrastraron hasta Orense… Lo ocurrido en Verín es inenarrable… Todo lo que olía a izquierdas era chamuscado”  (Ahora, 11 de febrero de 1937).

El diario La Libertad, a los pocos meses del inicio de la Guerra, bajo el titular “Cómo resistió el pueblo gallego la sedición militar”, publica la experiencia y visión personal de un afiliado de la UGT de Verín huido a Madrid:

“…dice que fue detenido en Chaves al presentarse a las autoridades portuguesas y acogerse a ellas como refugiado político. Estando detenido fue pedida su entrega por los fascistas españoles; pero el jefe de la policía portuguesa, amigo particular del detenido, se negó a hacerlo, por tener la convicción de que iba a ser fusilado, igual que habían hecho con el maestro de Vences. En Orense apenas sí hubo resistencia al movimiento militar, por lo que debiera suponerse que la represión fuera menos cruel. Sin embargo, fue todo lo contrario. Se puede calcular en 8.000 el número de fusilados en esta provincia. El administrador de Aduanas de Verín fue apresado, y antes de ser fusilado le desnudaron, paseándole de este modo por las calles, al mismo tiempo que le herían con instrumentos punzantes. Ante el escarnio, el pueblo de Verín reaccionó, oponiéndose a su fusilamiento. Entonces le trasladaron a Orense, donde le ejecutaron en compañía del comunista Valle, después de haber sido condenado a cuatro penas de muerte. Los fusilamientos sin proceso están a la orden del día. A esta labor se dedican cuadrillas de falangistas. Puede afirmarse que todos los elementos de la izquierda que no han logrado huir han desaparecido. Y también a muchos de los que han escapado a Portugal  les ha ocurrido lo mismo, por devolverlos a los fascistas las autoridades portuguesas. Entre las personas que Portugal ha entregado a los fascistas figura el diputado socialista De Pablo, que fue entregado en Elvas. Mejor suerte corrió el coronel Puigdendolas, a cuya devolución se ha opuesto el Ejército portugués. Sin duda, en un momento de reacción han sentido el espíritu de clase. Aparte de los fusilamientos citados hay que añadir los de Bóveda, Pazos, Manrique y Suárez. En Maside y Dacón, lo mismo que en Bande y Santichao, los hombres son cazados como conejos. Por los caminos de la provincia de Orense abundan los cadáveres abandonados. Ante la imposibilidad material de defenderse con armas se respondió con la resistencia pasiva. Los obreros declararon la huelga general. Las zonas que más se distinguieron en la defensa armada fueron la línea de ferrocarril, principalmente en Barco de Valdeorras, Verín, El Bollo y La Gudiña. En esta localidad los obreros volaron con dinamita un camión de guardias civiles y fueron dueños de la situación durante dieciséis días”  (La Libertad, 19 de septiembre de 1936).

Entre las muchas historias plagadas de terror impresiona la de Benigno, veterinario de Maceda, candidato del Partido Comunista por Ourense en las elecciones del 16 de febrero de 1936. El periódico comunista Frente Rojo se hacía eco de su historia:

El 13 de marzo del corriente año, la canalla fascista de Galicia aullaba su efímero triunfo y ordenaba la concentración de sus escuadras en Orense, para festejar la captura y asesinato del jefe comunista Benigno. El Pueblo Gallego del 14 de marzo –órgano de las JONS- publicaba la fotografía del asesino con una glosa macabra de insultos a nuestro inolvidable camarada. El intento era pasear el cadáver de Benigno por la provincia, “recogiendo donativos para Falange” del mismo modo que hacen los campesinos montañeses cuando han cazado un lobo en la sierra. Además desde los primeros días de la sublevación los “potentados de la provincia ofrecieron importantes cantidades por su captura, vivo o muerto”. Ahora bien, las cosas sucedieron de forma distinta. Hasta el 11 de marzo, Benigno, refugiado en los montes de la provincia de Orense, había sufrido el dolor intenso de saber que cinco campesinos habían sido fusilados sin formación de causa por sospecha de haber protegido su huida. Su hermano Demetrio había sido fusilado en el cuartel de San Francisco, el 31 de diciembre, cayendo valientemente al grito de ¡Viva Rusia! Sus hermanos Pepe y Pedrito (este, niño de quince años) habían sido detenidos en una aldea cerca de Braga (Portugal) por la policía de ‘defensa y seguridad del Estado’, guarda negra de Oliveira Salazar, y entregados en la frontera de Tuy, donde fueron rápida y cobardemente asesinados. Su hijito, de un año de edad, había fallecido de inanición, al tener que soportar la huida accidentada de la madre, compañera Enriqueta, hasta la fecha desaparecida. Su hermana María, en la cárcel espantosa de Celanova. Su madre, maestra nacional, no pudo resistir el peso de tanta infamia y falleció de un ataque cardíaco en los primeros días del mes de marzo. Benigno, gravemente enfermo y refugiado últimamente en casa de un compañero campesino –que noblemente sacrifica su vida para proteger a los camaradas perseguidos-, falleció de enfermedad el 11 de marzo de 1937. Momentos antes de morir advirtió que lo llevasen al monte para no comprometer a los compañeros. Mientras vivió lo atendieron con todo lo que podían –que era muy poco-, y una vez muerto lo dejaron en un prado. A los dos días fue encontrado su cadáver por un “valiente” falangista de Maceda, que disparó dos tiros en su amplia frente de mártir del proletariado. Inmediatamente iniciaron la “apoteosis” trasladando su cuerpo a Orense para exponerlo a la voracidad criminal de las patrullas de asesinos. ¡Ah!, pero no pudo ser. Cualquier lego podía darse cuenta que las balas habían entrado en su cabeza después de muerto hacía varios días, y los médicos comprobaron que falleciera de bronconeumonía. A la chita callando hicieron una “exposición vulgar” y lo enterraron en el cementerio de Orense” (Frente Rojo, 24 de junio de 1937).

Celanova en el tiempo de la Guerra

En los primeros días de la Guerra, en Celanova se comenzó a ver en las calles mucha fuerza pública, así como  fascistas uniformados y armados. Según La Región del 23 de julio de 1936, los que no se habían rendido “andaban escapados sin dar la cara”. Pronto se inician campañas de donativos para los soldados del frente. La Región del 27 de septiembre de ese primer año de Guerra informa que Celanova envía 460 sacos de patatas, 200 kilos de habas, tres tocinos, grandes cantidades de chocolate, de garbanzos, tabaco, botellas de licores, arroz, chorizos, conservas, huevos, leche condensada, objetos de farmacia, alpargatas, toallas, sábanas, camisas, jerséis y otras prendas de vestir. Como ya comentamos, Galicia fue despensa de los frentes de guerra.

La parafernalia y excesos propagandísticos típicos de la Zona Nacional se adueñan de la villa. El último domingo de septiembre de 1936, después de la misa de once, desfila la Falange con sus Flechas y las mujeres fascistas, acompañadas de la Banda de Música Municipal. Al día siguiente, para celebrar la toma de Toledo por el Ejército Nacional, se organiza un gran desfile por todas las calles del pueblo, en el que toman parte la Falange, mujeres fascistas y milicianos armados, considerados estos últimos por el cronista de La Región como “los hombres de orden del pueblo”. Finaliza el espectáculo con una arenga del comandante militar Barreiros.

La entrada de las tropas nacionales en Oviedo, en el mes de octubre de 1936, se celebró también en Celanova, organizándose según las crónicas una imponente manifestación patriótica que recorrió las principales calles con vítores a España y a su Ejército, con repique de campanas al vuelo y disparo de gran cantidad de bombas de palenque. A la cabeza de la manifestación iba la banda de música. El domingo 18 de octubre, a las cuatro de la tarde, buscando la siempre socorrida solución divina, se sacó en procesión a la Virgen de la Encarnación, Patrona de la villa, para rogar por la pronta terminación de la Guerra y, claro está, el éxito final de las tropas nacionales. La Virgen iba escoltada por cuatro soldados y un cabo, y acompañada de la bandera de las Juventudes Católicas y representaciones de todas las milicias. En esta misma línea propagandística, el 6 de junio de 1938 se celebra en el Santuario de As Maravillas un acto cívico-religioso, con una procesión de la Virgen y la posterior misa solemne cantada. Por la tarde llegan las Milicias con su parafernalia de músicas y banderas, desfilando en correcta formación por delante del Santuario en donde estaban situadas las altas jerarquías de la Falange. Según La Región, “la multitud enardecida contesta al grito de guerra y brazo en alto saluda al paso de la bandería”. Acto seguido tienen cabida varios discursos: el Profesor salesiano Montero alude al sentido católico de la Falange, el Alcalde de A Merca habla sobre la legislación del nuevo estado nacional-sindicalista y el Secretario Provincial Sindical centra su alocución en el Fuero de los Trabajadores. El acto termina con los sones del Cara al Sol y del Himno Nacional.

El devenir de la Guerra en la Comarca de Celanova se caracterizó por una relativa tranquilidad, salvo la actividad represiva en el Monasterio de San Salvador. El Cuartel General de la Falange se había situado en los bajos del Convento, y este fue transformado en cárcel.

En los locales, donde estaba antiguamente el Casino Recreo, se instaló la Comandancia Militar, con Falange y milicias civiles, las cuales vigilan de noche, por precaución, lo que hasta no hacía falta, porque no se encuentran enemigos, pues hasta los contrarios no pueden considerarse enemigos, por haberse puesto a las órdenes de la autoridad militar. Con estas cosas hay mucha animación en el pueblo y los chiquillos formados andan por todas las calles cantando el himno fascista y dando vivas” (La Región, 5 de agosto de 1936).

“Desde que se iniciaron las horas decisivas que actualmente vive España, tanto en esta villa como en todo el partido judicial, la vida se desarrolla normalmente sin que hubiera que lamentar incidentes de ninguna clase. Declarado el estado de guerra, se efectuó la concentración de todas las fuerzas de la Guardia civil y Carabineros de todos los puestos cercanos, que con ayuda de las milicias ciudadanas cooperan al mantenimiento del orden y a la custodia de los detenidos, trasladados desde distintos puntos de la provincia para albergarlos en dependencias del monasterio habilitadas para tal efecto. Del mando de la plaza se hizo cargo el teniente de Carabineros de Bande don Adolfo Pousa, quien por medio de un Bando se dirigió a todo el vecindario haciendo un llamamiento a la sensatez y cordura del pueblo de Celanova” (El Pueblo Gallego, 6 de agosto de 1936).

La cárcel ubicada en el Monasterio de San Salvador permaneció activa desde el estallido de la Guerra -julio de 1936- hasta septiembre de 1943. Resultan impactantes las fotografías publicadas en la obra de Piñeiro (2007) en las que se puede observar el patio del Monasterio ocupado por estudiantes de los Escolapios en 1910 y por presos políticos en 1938. Comienza como Cárcel del Partido, pasa a ser Prisión Habilitada Provisional y se convierte en Prisión Central en 1938 (Rodríguez Teijeiro, 1995; Vieira Outumuro, 2013), bajo la dirección de Vicente Fortubel, que hasta esa fecha había sido jefe de la prisión de Vigo. Por allí pasaron 1.300 presos políticos, provenientes principalmente del norte de España. El diario La Región, del 27 de julio de 1936, informa de la llegada de trece mujeres comunistas desde la capital. El  5 de agosto habla ya de unos cien presos provenientes de diferentes lugares de la provincia. En una primera etapa tiene la función de descongestionar la masificada Prisión Provincial, agrupando a detenidos pendientes de condena. Ya en una segunda fase, se convierte en un centro de reclusión de presos políticos condenados a penas graves, la mayoría a más de doce años de prisión por adhesión a la rebelión, rebelión militar y auxilio a la rebelión (Rodríguez Teijeiro, 1995). Resulta más que sorprendente que sean condenados por rebelión los afines al sistema establecido: la República. Según Rodríguez Teijeiro (1995), la población reclusa rondó o superó el millar por año, siendo más de la mitad, presos asturianos. La vigilancia era función de doce guardias (la mitad, mutilados de guerra). En el exterior, la guardia la realizaba, en una primera época, una compañía del Ejército acuartelada en el Monasterio, integrada por 176 soldados, y en una segunda etapa, se encargó de dicha misión el Batallón de Depósito del Regimiento de Infantería de Montaña nº 55, compuesto por 175 hombres.

A continuación, se recogen cuatro sobrecogedores testimonios de penados que pasaron por esta cárcel.

“…como la cárcel [Provincial] era incapaz para tanto detenido, los facciosos habilitaron el convento de San Rosendo, en el pueblecito de Celanova. El local habilitado es un patio cubierto que mide cinco metros de largo por ocho de ancho, y en el que se hacinan más de doscientas personas, a las que no se permite salir a ningún sitio aireado, no existiendo siquiera un lugar para las necesidades más perentorias. A cada detenido se le facilitan dos cuartillos de agua por día para beber y asearse. El trato de palabra y obra es brutal. En cuanto a la comida, consiste en una especie de guiso de patatas con sebo, sin un átomo de carne” (El Liberal, 12 de enero de 1937).

 “Por fin me detuvieron, me esposaron hasta las huesos y para ser breve, diré que tres veces estuve a punto de ser “picado” hasta que me llevaron al refectorio viejo del Convento de Celanova, local inmundo, lóbrego, sin luz… Los heridos graves los curaban hasta que podían andar, y entonces los mataban. La primera noche fue terrible. Alaridos de mujer pusieron más amargura a la salida de siete detenidos que iban a morir. Entre ellos, iba uno cuya madre, esperándolo, dormía a la puerta del convento. Cuando lo vio salir con los demás intentó abrazarlo. Pero fue arrojada sin piedad por aquellos verdugos que debían ser hienas. Horroroso suplicio… un hijo muerto, se abrazó al cadáver y un legionario la arrancó del cuerpo de su hijo cogiéndola del pelo. Prefiero callarlo, porque al recordar ahora aún se me hiela el alma. El 18 de enero volvió un teniente del Tercio. Alguien nos hizo saber que si no nos alistábamos seriamos ‘picados’ aquella misma noche. Al Tercio, pues” (Ahora, 11 de febrero de 1937).

Nosotros fuimos detenidos por nuestra significación izquierdista, conduciéndonos al convento de San Rosendo, conocido entre nosotros como la “Villa de la Muerte”, instalado en Celanova, a unos 25 kilómetros de Orense. Allí éramos unos 130 presos. Fuimos apaleados y nos hacían confesar, comulgar y llevar escapularios. Cada noche sacaban unos cuantos y eran fusilados, mientras soltaban a todos los perros de la villa para que sus aullidos amortiguasen el ruido de los disparos. Días después pidieron voluntarios para ir al frente, no consiguiendo ni un solo hombre. Entonces volvimos a ser maltratados brutalmente, distinguiéndose por su ensañamiento el esbirro de Falange capitán Montenegro. Más tarde los comprendidos entre los dieciséis a cuarenta años fuimos obligados a enrolarnos en el tercio” (ABC, 20 de marzo de 1937).

En la cárcel estoy preso, yo la verdad no la niego, solo por obedecer las órdenes de un gobierno. A las órdenes de Franco y encerrado en este Convento, estoy triste aburrido y harto de pasar tormentos. El día 22 de octubre,  a las once de la mañana, me enteré que a mi esposa la tenían castigada, y otras muchas compañeras, todas del Valle de Ardisana. Aquella tarde de otoño en el patio paseaba, muy solo y aburrido y en cosas tristes pensaba. A doscientos compañeros el día 4 de febrero nos trasladan recluidos al Convento de  S. Rosendo. ¡Convento de San Rosendo, construido por romanos, donde nos tienen encerrados a dos cientos asturianos! ¡A doscientos asturianos, que supieron resistir 14 meses de guerra sin más armas que el fusil! Contra Infantería, tanques, artillería, aviación,… en las montañas de Asturias rayantes con León. Llegué el 5 diciembre al Convento de Celanova, y aquí he llorado mi suerte en estas tristes mazmorras. Así un día y otro día, y semana tras semana, 43 meses llevo lejos de mi esposa amada. Pensé en todos mis amigos que en Asturias fusilaban. Pensé  en mi madre y mi familia, en mi hijo, mi mujer y mis hermanos” (Memorias de Pedro el de Conceyu, natural del pueblo asturiano de Ardisana).

Muchos de los presos fueron “paseados” en O Furriolo o conducidos a la capital ourensana en donde eran fusilados. Según Rodríguez Teijeiro (1995), existe constancia de siete ejecuciones en el interior de la prisión, todas ellas llevadas a cabo a las siete de la mañana. Otros muchos reclusos no tuvieron este cruel final, pero sí su particular “longa noite de pedra” (larga noche de piedra) entre cadenas, la cual terminaban pagando con el tifus, la tuberculosis, la sarna, la anemia hemorrágica, la bronquitis asmática, la neumonía gripal, la gastroenteritis, la caquexia, la septicemia, etc., y finalmente… la muerte. Alguno de  los reclusos fue ejecutado desde el exterior por el simple hecho de asomarse a las ventanas, conducta que estaba terminantemente prohibida. La base de datos Nomes e Voces de la Universidade de Santiago de Compostela (2006) registra 194 víctimas relacionadas directamente con Celanova durante el período 1936-1939. Su historia va desde ejecuciones fruto de “paseos” en O Viveiro, A Bola, Ansemil, Furriolo, Amorece, Ourille, Entrimo, etc. hasta muertes por múltiples enfermedades en la cárcel, condenas a muerte con ejecuciones en Celanova, cumplimientos de condenas perpetuas o de varios años, deportaciones a campos de concentración como el de la Illa San Simón o Mauthausen, y exilio a países hispanoamericanos (Cuba o México). No obstante, la maquinaria propagandística del Movimiento posibilitaba en ocasiones mejor suerte a algunos:

El Caudillo ha tenido la magnanimidad de indultar de la pena de muerte, con la ocasión de las festividades de estos días, a un cierto número de condenados que se encuentran repartidos en las prisiones [entre ellas la Prisión Central de Celanova]” (El Pueblo Gallego, 1 de enero de 1939).

La comarca de Celanova no quedó al margen del recibimiento de víctimas mortales de los frentes de guerra. Así, La Región del 17 de diciembre de 1936 informa de una de las primeras. En el frente de Grado (Oviedo) perecía un teniente cuya familia residía en la villa. Su cadáver fue velado en la Comandancia por milicianos cívicos, falangistas, requetés y JAPs. El 3 de noviembre de 1937 llegaba el cadáver de un alférez, vecino de Verea, que sería velado el en local de la Falange. El ejemplo más dramático de la barbarie tal vez sea el fallecimiento de un adolescente de 15 años, un Flecha, en el frente de Castellón, en Morella, concretamente. El cronista de La Región hablaba de que “los flechas orensanos tienen ya su héroe; un héroe de 15 años que, alegre dio su vida por el triunfo de la Patria” (La Región, 31 de mayo de 1928). La historia de este joven se vuelve a rememorar en La Región del 17 de julio a raíz de una carta que su madre envía a Franco, solicitándole un retrato autografiado por “el orgullo que siento por que el pedestal de la nueva España quede amasado con la sangre preciosa de mi hijito flecha, muerto heroica y santamente en el frente de Castellón”. A la edad de 13 años, con el comienzo de la guerra, se hizo Flecha y, por su entusiasmo y cualidades, pronto fue designado para puestos de la Organización Juvenil de la provincia, combinando estas funciones con sus estudios de quinto año de Bachillerato. Por sus elevadas aspiraciones, se alistó a la Cuarta Bandera de la Falange Española Tradicionalista de Navarra. Pasa por varios frentes (Huesca, Guadalajara y Lérida), hasta que llega a Levante, en donde es herido de muerte, falleciendo en el hospital de Morella.

Ahora6septiembre1936
Fotografía del diario Ahora del 6 de septiembre de 1936

A Merca en el tiempo de la Guerra

Como ocurrió en el resto de municipios ourensanos, el de A Merca contribuyó al Ejército Nacional aportando capital humano y recursos económicos. En agosto de 1936, tiene lugar una recaudación para la suscripción pro Acción Ciudadana, que finaliza de manera muy satisfactoria por la cantidad recaudada, aunque tal como señala La Región del 6 de septiembre de 1936, “se han portado mejor los pobres que los ricos; estos se conoce están poseídos de la avaricia y les duele mucho desprenderse de una ínfima parte de sus intereses”. El Ayuntamiento reúne 384 sacos de patatas, 600 kilos de maíz, 200 de centeno, 200 de habas, huevos, conservas, calzados y ropas para enviar al frente. Al mes siguiente se recolectan 750 gallinas para el mismo fin.

El 5 de septiembre de 1936 es nombrado Delegado del Gobierno y Alcalde del Municipio el joven maestro nacional José Montes Domínguez. En el mes de diciembre repone en sus cargos al Secretario Municipal, al Oficial y al Depositario de fondos municipales, que habían sido cesados por el Frente Popular, y rebaja el presupuesto municipal en 10.000 pesetas, quedando en 42.000, con el fin de “aliviar las cargas a los labriegos” (La Región, 12 de diciembre de 1936).

En el pueblo de A Mezquita, el domingo 13 de septiembre tuvo lugar un acto religioso en honor a la Virgen del Carmen. Finalizada la solemne misa, una sección de requetés de la Parroquia desfila delante de la iglesia, “siendo muy aplaudidos y cantándose a su paso himnos patrióticos”. Se destacó la generosidad patriótica del párroco de Sabucedo, que rehusó aceptar la gratificación por el sermón, rogando que se dejara a favor de los requetés (La Región, 3 de octubre de 1936). A medida que el Ejército Nacional iba ganando terreno a lo largo de la península, se repetían actos propagandísticos en el municipio. Así, el domingo 17 de enero de 1937 se celebraban en las parroquias de Proente y Faramontaos actos de afirmación falangista, que a pesar del mal tiempo, estuvieron muy concurridos.

El 3 de febrero de 1937 se constituía en el Ayuntamiento la Junta Municipal de Subsidio Pro-Combatientes, presidida por el alcalde José Montes Domínguez, siendo el mayor contribuyente el industrial de Parderrubias José Garrido. En esa misma fecha fue colocado con gran solemnidad en el salón de sesiones del Ayuntamiento el retrato del Generalísimo Franco, con asistencia de todas las autoridades locales. El domingo 28 de febrero se lleva a cabo la bendición de las banderas de las JONS y de la Sección Femenina por parte del párroco de Proente don Felipe Rodríguez, a cuyo término tuvo lugar un mitin falangista. El domingo 25 de abril, en el pueblo de A Mezquita tiene lugar un acto de adhesión al Generalísimo por la unificación en el que intervienen las Milicias de los Requetés y Falange Española. Según La Región del 1 de mayo, “en correcta formación mezclados Requetés y Falangistas recorrieron las calles a los acordes de la marcha Los Voluntarios, ejecutada con gran maestría por la banda del pueblo”. Acto seguido, en la plaza de la iglesia, desde el balcón del Círculo Tradicionalista, el Secretario de Falange Española de la localidad ofreció un discurso, al que dio continuidad el Alcalde, José Montes, explicando lo que era el nuevo Estado Totalitario. El 21 de junio de 1937, todos los curas del Arciprestazgo celebraron en Vilar de Paio Muñiz un solemne funeral por el General Mola, que unos días antes había fallecido en un accidente de aviación. Dieron guardia de honor al túmulo seis falangistas y requetés. En el mes de agosto se celebró con enorme júbilo en el Municipio la toma de la ciudad de Santander por el ejército franquista, disparándose por tal motivo salvas de bombas y sonando con fuerza las sirenas del aserradero de los Hermanos Garrido de Parderrubias transmitiendo de este modo la nueva a toda la comarca. Tal fue el paroxismo, que el delegado gubernativo cursó en nombre del Ayuntamiento y vecindario el siguiente telegrama al Caudillo:

Salamanca. Secretario Generalísimo. En nombre propio, Ayuntamiento y vecindario de este municipio, ruego a V. E, transmita felicitación respetuosa y fervorosa al Caudillo, honor de España, por la reconquista provincia y capital Santander, que señala nuevos horizontes a la Patria imperial. José Montes, alcalde La Merca (Orense)”.

Ahora1agosto1936
Fotografía del diario Ahora del 1 de agosto de 1936

El 30 de diciembre de 1937, mientras toda la prensa centraba su interés en la batalla de Teruel, La Región informaba que en el pueblo de Vilachá había tenido lugar la recaudación pro Aguinaldo del Soldado. Tres niños, bajo la tutela del maestro, fueron de puerta en puerta pidiendo a los vecinos para los combatientes del frente, llegando a recaudar 29,25 pesetas.

Mientras la Guerra seguía su devenir, la vida continuaba, y la necesidad hacía que 500 segadores del municipio de A Merca se viesen obligados en el verano de 1937 a acudir a Castilla. La noticia no estaba exenta de proclamas patrióticas de tipo propagandístico del Régimen,  pues según La Región del 27 de junio “salieron cantando himnos patrióticos y se despidieron saludando al estilo nacional sindicalista y gritando ¡arriba España!”.

En la base de datos Nomes e Voces, con respecto al municipio de A Merca, únicamente aparecen referidos cinco casos de represión franquista: (1) Julio Manuel, labrador de 28 años, vecino de A Merca, juzgado en 1936 en Lugo, condenado a muerte por rebelión y ejecutado en la tapia del cuartel de la Guardia Civil; (2) dos varones de 40 y 35 años, respectivamente, de los que se desconocen sus nombres y orígenes, “paseados” en agosto de 1936 en Pereira de Montes, con resultado de fallecimiento por conmoción cerebral traumática; (3) Víctor, vecino de A Merca, de 50 años, de profesión sastre, “paseado” en la carretera Ourense-Reza con resultado de fallecimiento a causa de hemorragia interna; (4) Albino Núñez Domínguez, maestro de 35 años, natural de A Merca, escondido durante tres años y apartado del servicio (posteriormente se convertiría en un afamado escritor y pedagogo); y (5) Juan Manuel Arias Jares, médico de 46 años, natural de Viana de Bolo, fundador de la Agrupación Local del PSOE, cesado de su cargo y desterrado en A Merca durante siete meses. No obstante, cabe suponer que la represión franquista afectó a más personas. Así, por ejemplo, El Pueblo Gallego de 31 de diciembre de 1937 informa que la Policía había capturado en este municipio a Antonio, alias O Carnoxo, destacado comunista asturiano que “por los datos que se tienen, se supone haya sembrado el pánico y terror en Pola de Somiedo”.

Parderrubias en el tiempo de la Guerra

Teniendo en cuenta que los frentes de guerra distaban mucho de Parderrubias y que las actividades represivas, al menos a la luz de los datos de Nomes e Voces, fueron escasas en todo el municipio, la vinculación de la Parroquia con la Guerra se limitó a los vecinos llamados a filas forzosamente e enviados a los diversos frentes bélicos (a esta cuestión dedicaremos otro artículo), y a las donaciones a la causa Nacional. No obstante, hubo un punto geográfico de nuestro pueblo que fue escenario de fusilamientos. Personas mayores de la Parroquia, especialmente de Nigueiroá, y vecinos del pueblo próximo de Montelongo, relatan como algunas noches se escuchaban gritos y disparos de ejecuciones de reclusos, presumiblemente de la cárcel de Ourense, que eran “paseados” hasta el puente de O Seixal (As Campinas). Al poco tiempo de escucharse los disparos, se oía el motor de una camioneta que se encargaba de recoger los cadáveres. Incluso no llegó a ser extraño que vecinos madrugadores que salían en sus mulas hacia Ourense se encontrasen en este lugar con cadáveres a la espera de ser retirados.

Ahora13octubre1936
Portada del diario Ahora del 13 de octubre de 1936

A los dos meses del estallido de la Guerra, tuvo lugar en Parderrubias un acto cívico-religioso con el objeto de reponer el Crucifijo en la Escuela. El laicismo de la República había eliminado los símbolos religiosos de las aulas. Todas las localidades que iban quedando bajo el control del Ejército Nacional realizaron actos de este tipo. En la ciudad de Ourense, dicha celebración había tenido lugar el domingo 30 de agosto, consistiendo en una procesión de más de 10.000 personas que se dirigió hacia la Escuela Normal y la Graduada para reponer los Crucifijos. Según el diario La Región, el domingo 6 de septiembre de 1936, a las diez de la mañana, llegaban a Parderrubias los balillas de Celanova acompañados de señoritas falangistas, siendo recibidos en la carretera por los niños y niñas, con banderas, acompañados de sus respectivos maestros, don José Rodríguez y doña Concepción Vázquez. Un poco más tarde llegarían las autoridades municipales, a cuyo frente estaba don José Montes, juventudes de Falange Española y balillas de A Manchica acompañados de la Banda de Música de Santa Cecilia. Toda esta comitiva procedía de la entronización de Cristo Rey que había tenido lugar en la Escuela de A Manchica. Cantando el himno de la Falange desfilan los niños, balillas, milicias y numeroso público hasta la iglesia adornada para dicho acto, en donde se celebró una misa solemne. Al final de la misa, el cura don Castor Gayo dirige unas palabras a la audiencia y procede a la bendición de los Crucifijos. Finalizado el acto religioso desfilaron hacia la escuela seis escuadras de la Falange, tres de balillas, los niños y niñas, los dos maestros portando los Crucifijos, el clero, las autoridades, la banda de música y los vecinos de la Parroquia. Todos los balcones estaban engalanados con la bandera rojigualda y a lo largo de todo el trayecto no faltaron los cánticos y las vivas a Cristo Rey. Ya en la Escuela, el joven seminarista Felisindo Grande (véase Don Felisindo Grande Seara (1917-1987) dirige un discurso a los asistentes que versó sobre el canto a la Cruz, terminando con un soneto que emocionó al auditorio. Acto seguido, se entroniza el Crucifijo, se gritan vivas a Cristo Rey, a España y a la Falange Española. El acto finalizaría con un nuevo desfile de los falangistas y balillas, que provocó fuertes aplausos y saludos a la romana (La Región, 17 de septiembre de 1936).

Los niños de Parderrubias no eran ajenos  -les era imposible serlo- a la realidad que estaba viviendo el país, y así consta en el artículo “El patriotismo de los niños” publicado en La Región, en el que se transcribía la carta que la niña Eulogia Seara, en nombre de todas sus compañeras, dirigía al Gobernador Militar:

En el día de la fecha hacemos entrega en Acción Femenina de esa capital de trece jerséis de punto, los cuales hemos confeccionado todas las niñas de esta escuela bajo la dirección de nuestra profesora y mediante la aportación metálica del señor maestro y otros buenos patriotas de este pueblo, queriendo con ello contribuir con nuestro óbolo, y en la medida de nuestras fuerzas, a evitar pasen frío los valientes soldados que luchan en el frente por la salvación de nuestra querida Patria. Haciéndole presente seguimos confeccionando más que iremos entregando sucesivamente. Viva siempre España” (La Región, 29 de octubre de 1936).

En diciembre, las niñas Milagros Grande, Josefa Pazos y Paz Fernández, en nombre de sus compañeras de la escuela, entregaban al gobernador militar 12 jerséis que habían confeccionado bajo la dirección de su maestra para los soldados.

En la primera Navidad del país en guerra, en el Bando Nacional se solicitó el aguinaldo del soldado. En el Ayuntamiento de A Merca, el Secretario contribuyó con cinco pesetas y seis botellas de aguardiente, José Garrido y Hermanos (Os Escultores de Parderrubias)  contribuyen con una caja de higos de once kilogramos y medio, una botella de licor café, una botella de anís, una de moscatel, una de ojén dulce y 20 cajetillas de tabaco de 0,10. Todos estos donativos fueron entregados en la Comandancia Militar de Celanova. No sería esta la única donación de José Garrido. Así, en el mes de enero de 1937 condona al Gobierno Militar de Ourense el importe de una factura de madera por importe de 664,10 pesetas, y a la Comandancia de Celanova otra de 513 pesetas. El cronista destaca que “ambos rasgos de desprendimiento merecen destacarse por el espíritu patriótico que suponen y para que sirvan de saludable ejemplo a los propietarios” (La Región, 22 de enero de 1937). En el mes de febrero de 1937, ante la solicitud de donativos para los hospitales de sangre y habitantes de Madrid, la Parroquia de Parderrubias aportó una cama con sus ropas, 17 cobertores, 19 sábanas y una funda. En el mes de abril se realizó una nueva entrega de una cama con sus ropas, 17 cobertores, dos sábanas, una colcha y una almohada. La suscripción de Acción Ciudadana llevada a cabo en la Escuela de Niños alcanzó la suma de 31 pesetas. En el pueblo de Solveira, perteneciente en esa época a la Parroquia de Parderrubias, las niñas dejaron de creer en los Reyes Magos de 1937, y el día 6 de enero recorrieron las calles cantando los “reises” y recogiendo solamente metálico para “rellenar el zapato” de los soldados del frente.

Ahora11diciembre1937
Portada del diario Ahora del 11 de diciembre de 1937

Conclusiones

El examen de la prensa escrita del período comprendido entre julio de 1936 y abril de 1939 nos ratifica que lo que había detrás de la expresión “no tempo da Guerra”, tan empleada por nuestros mayores, eran penurias, miedos, tristezas, silencios, persecuciones, separaciones…,  dolor y muerte. Tomando textualmente las palabras de Cocho (2011): “bágoas, moitas bágoas. Dor e sufrimento inimaxinables na Galicia de hoxe” [lágrimas, muchas lágrimas. Dolor y sufrimiento inimaginables en la Galicia de hoy].


Referencias

Cocho, F. (2011). Guerra Civil. Que pasou en Galicia e en España. Vigo: Edicións Xerais.

Piñeiro, A. (2007). Celanova 1900-1981. Memoria fotográfica. Ourense: Diputación Provincial de Ourense.

Prada Rodríguez, J. (2004). Ourense, 1936-1939. Alzamento, guerra e represión. Sada: Edicións do Castro.

Rodríguez Teijeiro, D. (1995). La prisión del Monasterio de Celanova, 1936-1943. Un análisis de la población reclusa. MINIUS, IV, 103-115.

Universidad de Santiago de Compostela (2006). Nomes o Voces. Recuperado de http://vitimas.nomesevoces.net/gl/axuda/presentacion/.

Vieira Outumuro, S. (2013). Los archivos de las instituciones penitenciarias. La prisión central de Celanova. Fronda, 47.

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

El fin de la Guerra Civil, en un país completamente devastado y arruinado, dio paso a un periodo de dos décadas caracterizado por enormes carencias y necesidades en la sociedad española. La autarquía económica y el intervencionismo del Estado, unido al aislacionismo internacional al que fue sometido el Régimen, dieron como resultado que se acrecentase la miseria y el atraso que había dejado la Guerra. A todo ello se añadió un severo control político e ideológico de la sociedad que reprimía cualquier crítica u oposición al sistema.

La desastrosa política agraria, unida a terribles sequías, como la del año 1946, condujo al racionamiento de alimentos básicos, situación que estuvo vigente hasta el año 1952, lo que dio lugar a un intenso mercado negro: el estraperlo. Se trataba de un comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa, que se extendió como reguero de pólvora por todo el país.

España no comenzó a levantar cabeza hasta finales de los años cincuenta, por lo que no es exagerado hablar de una posguerra de dos décadas (1940-1959), periodo en el que centra su interés este artículo, entendiendo que la década con mayores índices de miseria fue la de los años cuarenta.

Aunque la miseria y las necesidades estaban presentes en todos los tejidos de la sociedad española, en el ámbito rural, como el caso de Parderrubias, se podía disponer al menos con mayor facilidad de ciertos productos básicos como la leche, el centeno o las patatas. Sin embargo, estos bienes básicos estaban expuestos a las desgracias como fue el caso del incendio originado en agosto de 1940, a las tres de la tarde, en A Aira de Parderrubias, que arrasó 14 medas de centeno valoradas en 45.000 pesetas, perdiendo trece familias del pueblo toda la cosecha de cereales, quedándose en la ruina.

En el año 1940 era nombrado párroco de Parderrubias Don José Rodríguez Barreiros (O Cura Vello), que llevaría las riendas de la Parroquia hasta 1960, comenzando a cimentarse por esas fechas una fuerte vinculación entre Parderrubias y el Seminario, hecho que queda reflejado en dos noticias que recoge la prensa escrita de la época. En primer lugar, la donación de 1.000 pesetas que el párroco Don José entrega en 1948 para su construcción, siendo una de las mayores cantidades publicadas en la prensa. Durante ese año 1948, las Partidas de Bautismo y Matrimonio de la Parroquia incluyeron sellos conmemorativos del Proyecto del Nuevo Seminario con distintos valores. Y, en segundo lugar, en la entrevista que el Rector del Seminario Mayor, don Manuel Gil Atrio, concede a La Región en el año 1954, coincidiendo con el Día del Seminario, en la que éste señala que la parroquia de la provincia que más seminaristas aporta es la de Parderrubias, junto con la de la Santísima Trinidad de Ourense, ambas con trece (La Región, 18 de marzo de 1954). Evidencia de esta buena relación entre la Parroquia de Parderrubias y el Seminario es la visita que las niñas del pueblo realizan al Nuevo Seminario en el año 1951, acompañadas del maestro Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/) y los seminaristas Don Aurelio Grande Fernández (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/30/don-aurelio-grande-fernandez-1930-2001-por-merche-grande-gallego/) y Don Jaime Grande Seara.

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Visita de las niñas de Parderrubias al Nuevo Seminario en el año 1951

Dado el elevado número de seminaristas en la Parroquia, se hicieron habituales las primeras misas, que suponían actos solemnes y festivos. Así, por ejemplo, en el año 1941 José Aldea escribe sobre una de ellas, la de don Felisindo Grande Seara (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/05/entrada-7-parderrubias-a-principios-de-la-decada-de-los-cuarenta-desde-una-particular-perspectiva/):

…concurren veintitantos sacerdotes, casi todos los de los Ayuntamientos de Barbadanes, La Merca y Cartelle, y algunos otros… Todo el pueblo, toda la parroquia está allí. Es la fiesta mayor de uno de sus hijos más queridos”.

 No se queda atrás, en cuanto a pomposidad, el copioso almuerzo servido a continuación para tal ocasión:

 “Volvemos a la casa de los Garrido un poco tarde. Hay allí tres o cuatro mesas inmensas. En la nuestra, la más grande, están el nuevo presbítero y sus padrinos y los más de los sacerdotes. A mí me toca comer frente al cura de Loiro y al lado de Merino. “Veña a comida, que o pan rabea”. A todos los que estamos allí nos ha dado Dios por lo visto un buen apetito. Pasan las fuentes, incansablemente”.

En la década de los años cuarenta destaca también la figura de Don José Rodríguez Portela (“O Có”), quien obtenía el cargo de maestro de Parderrubias en 1942, dejando su impronta en los niños del pueblo desde ese año hasta 1957, fecha en la que permuta la escuela de Parderrubias con Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/). En ese mismo año 1942, a raíz de lo que se podía leer en el diario La Región del 29 de mayo, la Parroquia se olvidaba de la dura posguerra para centrarse en las fiestas del Corpus:

El día 3 del próximo mes de junio se celebrarán en esta localidad los tradicionales festejos de Corpus, que durarán varios días. Amenizarán los festejos las afamadas bandas de música de Sobrado del Obispo y Souto Penedo, al mando del director don Antonio Valdés. También habrá animadas verbenas. El día cuatro, festividad del Santísimo Christi, se celebrará una misa solemne a toda orquesta en la Iglesia Parroquial con asistencia de las autoridades locales. El Padre don José Sueiro pronunciará un sermón. Este mismo día saldrá la procesión del Corpus que recorrerá las principales calles de la villa. Existe gran animación en todo el pueblo. Durante los festejos se disparará profusión de fuego fijo y volador” (La Región, 29 de mayo de 1942).

Una vez referenciados algunos de los acontecimientos relevantes de esos años, vamos a centrarnos en dos hechos, cuyo análisis realizado a partir de los registros llevados a cabo en los Libros Parroquiales, nos permitirá conocer mejor la realidad de Parderrubias durante la Posguerra: las  bodas celebradas en la Parroquia y los nacimientos.

Desde 1940 a 1959 se celebran 46 bodas en Parderrubias apreciándose una clara tendencia descendiente a lo largo de esos años (véase el Gráfico 1), fenómeno que culminará en las dos décadas más recientes (1996-2015), en las que se contabilizan únicamente 16 bodas en la Parroquia. El promedio de edad de los novios era de 30,85 años, oscilando sus edades entre 23 y 48 años; ellas, las novias, se casaron con un promedio de edad de 26,98 años, fluctuando entre los 19 y 43 años. El 87% de las bodas fueron celebradas por Don José Rodríguez Barreiros (1941-1959), las cuatro de 1940 por Don Juan Estévez Estévez, y dos del año 1949 por el misionero Don Enrique López Rodríguez y Don Felisindo Grande Seara, respectivamente. Tal como se muestra en el Cuadro 1, en el 52% de las bodas uno de los miembros de la pareja no pertenecía a lo que actualmente es la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias (recordemos que en ese momento la Parroquia incluía a Nogueira, Bouzas, Fondodevila y Solveira, cuyos datos relativos a matrimonios y bautizos no están contabilizados en este artículo). Únicamente un 5% de matrimonios tuvo lugar entre personas naturales del mismo núcleo poblacional de la Parroquia, de ellos dos estaban formados por vecinos de A Iglesia, dos por vecinos de Barrio y uno por residentes en O Outeiro. Dado que por tradición la ceremonia religiosa se celebraba -y celebra- en la Parroquia de la novia, todas estas bodas tienen en común el hecho de que la novia era natural de nuestra Parroquia, pudiendo haberse realizado bodas de vecinos de Parderrubias en otras Parroquias, las cuales no están contabilizadas en estos números que aportamos.

Los años de la posguerra en Parderrubias_1
Gráfico 1

Los años de la posguerra en Parderrubias_2
Cuadro 1

En cuanto a los nacimientos, durante el periodo 1940-1959 se produjeron 157 en lo que hoy constituye la Parroquia de Parderrubias. De esos nacimientos, 92 fueron niños (59%) y 65 niñas (41%). Su evolución a lo largo de estas dos décadas refleja también una línea descendente (véase el Gráfico 2). La caída en la tasa de natalidad se produce en realidad en la década de los años 50, en la que tienen lugar únicamente 50 nacimientos, menos de la mitad de los que habían acontecido en la década anterior (107), cifra ésta similar al período previo de los años 30 (108), tal como ya indicamos en otro artículo publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/). La distribución de nacimientos por núcleos poblacionales se puede observar en el Gráfico 3: el 50% de ellos tuvo lugar en O Outeiro y A Iglesia.

Los años de la posguerra en Parderrubias_3
Gráfico 2

Los años de la posguerra en Parderrubias_4
Gráfico 3

Un índice que refleja con toda crudeza las carencias y necesidades vividas durante esos años es la tasa de mortalidad infantil, la cual castigaba mucho más a las zonas rurales debido a la ausencia de servicios médicos especializados. Las causas más importantes eran la alimentaria (diarrea y enteritis), las infecciones y la debilidad congénita. La tasa de mortalidad infantil (fallecidos menores de un año por 1.000 nacidos vivos) se situaba entre 1936 y 1950 en 97,97, muy por encima del resto de países occidentales. En Galicia, entre 1946 y 1950, estaba en 72,20, la sexta más alta de las actuales comunidades autónomas; los coeficientes de Orense oscilaban entre 71,70 y 84,30 (Dopico, 1985). En Parderrubias, durante este período analizado, fallecieron 14 niños, 11 de ellos el mismo año de nacimiento, 2 a los dos años y 1 a los tres años, siendo 1941 el año más trágico, produciendo 5 fallecimientos, todos ellos de recién nacidos. Es decir, el 8,92% de los niños nacidos entre 1940 y 1959 en Parderrubias fallecieron antes de cumplir los 3 años de edad.

En promedio, los nacidos en estas décadas, años 40 y 50, fueron bautizados a los 4 días de nacer. Los nueve bautizos del año 1941 fueron celebrados por Don Juan Estévez Estévez; los restantes 148 (1942-1959) por Don José Rodríguez Barreiros.

De igual manera que cuando abordamos el tema de los Niños de la Guerra (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/), que estas líneas sirvan de tributo a esos 157 niños y niñas nacidos en Parderrubias en una época sumamente difícil y complicada. Sus nombres, por orden cronológico de su nacimiento, son: Antonia, Benigno, José, María Luisa, Aurora, Sergio, Manuel, Hortensia, María, María Teresa-Josefina, Serafín, Abelardo, Cándida, Manuel, Sergio, María de la Concepción, Julio, Manuel, María de la Concepción, José, Manuel, María, José Germán, José Raúl, Alfonso, Manuel, María, José, Juan Bautista, Manuel, Josefa, Alfredo, Ángela, Consuelo, Aurelio, Manuel, Flora, Josefa, María Eulalia, Juan, José, Jesús, Avelino, Virgilio, José, Fernando, Victorina, Filomena, Antonio, Ángela, Isidro, María del Cristal, José, Antonio, María de la Asunción, Isolino, Corona Eulalia, María de la Asunción, Sergio, Martina, José, Manuel, Serafín, José, Florinda, María Luisa, Aurora, José, Fernando, Claudio, Rosa, Manuel, Benito, Alicia, Manuel, Adolfo, José, Isolino, José, Consuelo, Avelina, María del Consuelo, Jaime, Eliseo, Celso, Nicanor, Emilio, Eulalia, Esperanza, María del Carmen, Adolfo, Manuel, Cesáreo, Teresa, Javier, Gonzalo, Josefa, José, Marina, Julita, José Luis, Josefa, Adolfo, María del Carmen, José, María del Carmen, Delmira, María del Carmen, Julia, Encarnación, José Manuel, José, José, Darío, Celso, María, Florinda, Antonio, Manuel, María del Carmen, Guillermo, María José, Amelia, Modesto, Jaime, Genoveva, María Felisa, Serafín, Piedad, Evaristo, Josefa, Manuel, Manuel, Manuela, Rosa, Natalia, Cándida, José Luis, Rosa, José, Eugenio, Enrique, Antonio, José Luis, Manuel, David, Manuel, César, José Manuel, Manuel, Manuel, María Teresa, Aurora, José Luis, María del Rosario, Eladio y Manuela.


Referencias

Dopico, F. (1985). Desarrollo económico y social y mortalidad infantil. Diferencias regionales (1860-1950). Dynamics: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, 5, 381-396.

Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”. Por Juan Carlos Sierra Freire

Sin duda alguna, la infancia de nuestros padres estuvo marcada por la mayor barbarie que un país pueda padecer: una guerra civil. Algunos de nuestros abuelos, y en algún caso también alguno de nuestros padres, la sufrieron en el frente de batalla. No obstante, la mayor parte de nuestros progenitores fueron testigos callados de esta brutalidad siendo niños de muy corta edad, e incluso algunos recién nacidos en esas fechas. Aunque oficialmente la guerra duró desde el año 1936 hasta 1939, los años previos se caracterizaron por fuertes convulsiones y un clima casi, o sin casi, prebélico. Este artículo aporta información acerca de los niños que nacieron durante esos años en la Parroquia de Parderrubias, abarcando desde el año en el que se instaura la II República (1931) hasta el año en que finaliza la guerra (1939). Son los “Niños de la Guerra” nacidos en Parderrubias, aunque vaya por delante que el significado oficial de esta expresión no se corresponde con lo que aquí se va a tratar (de ahí el entrecomillado): son niños que no tuvieron que exiliarse, pero que sí a los que les tocó nacer y crecer en una de las épocas más funestas de España. Dado que el acontecimiento más importante de este período entre 1931-1939 es la propia guerra en sí, vamos en primer lugar a aportar algunos datos sobre este hecho en nuestra comarca.

Se estima que entre 1936 y 1939 se cometieron 8.000 asesinatos en Galicia; Prada Rodríguez (2004) señala que en Ourense se pueden llegar a contabilizar 626 víctimas. Al quedar toda la provincia en la zona nacional, su práctica totalidad fueron personas con ideología de izquierdas. El punto neurálgico de la Guerra Civil en la Comarca Terras de Celanova, a la que pertenece la Parroquia de Parderrubias, se sitúa en la cárcel de Celanova, que se ubicó en el Monasterio de San Salvador, permaneciendo activa desde el estallido de la guerra en 1936 hasta el año 1943. Comenzó como Prisión Habilitada Provisional, convirtiéndose en Prisión Central en 1938 (Vieira Outumuro, 2013). Por ella pasaron 1.300 presos políticos, provenientes principalmente del norte de España. Por tanto, cabe presuponer que una imagen habitual durante esos años en la carretera que cruza Parderrubias sería la de vehículos transportando reclusos dirección a Celanova. En los primeros años, muchos de estos presos políticos fueron “paseados” hasta el monte Furriolo en donde eran vilmente ejecutados. Otros muchos no tuvieron este cruel final, pero sí su particular “longa noite de pedra” entre cadenas, la cual terminaban pagando con el tifus, la tuberculosis, la sarna, la anemia hemorrágica, la bronquitis asmática, la neumonía gripal, la gastroenteritis, la caquexia, la septicemia, etc., y… la muerte. Resultan conmovedoras las fotografías publicadas en la obra de Piñeiro (2007) en las que se puede observar el patio del Monasterio de San Salvador en el año 1910 ocupado por estudiantes de los Escolapios y años después, en 1938, por presos políticos.

La base de datos Nomes e Voces de la Universidade de Santiago de Compostela (2006) registra 194 víctimas relacionadas directamente con Celanova durante el período 1936-1939. Su historia va desde ejecuciones fruto de “paseos” a Viveiro, A Bola, Ansemil, Furriolo, Amorece, Ourille, Entrimo, etc., hasta muertes por múltiples enfermedades en la cárcel, condenas a muerte con ejecuciones en Celanova, cumplimientos de condenas perpetuas o de varios años, deportaciones a campos de concentración como el de la Illa San Simón o Mauthausen, y exilio a países hispanoamericanos (Cuba o México).

Por lo que respecta al Concello de A Merca, en dicha base de datos únicamente aparecen referidos cinco casos: 1) Julio Manuel C. R., labrador de 28 años, vecino de A Merca, juzgado en 1936 en Lugo, condenado a muerte y ejecutado en la tapia del Cuartel de la Guardia Civil; 2) dos varones de 40 y 35 años, respectivamente, de los que se desconocen sus nombres y orígenes, “paseados” en agosto de 1936 en Pereira de Montes, con resultado de fallecimiento por conmoción cerebral traumática; 3) Víctor V. vecino de A Merca, de 50 años, de profesión sastre, “paseado” en la carretera Ourense-Reza con resultado de fallecimiento a causa de hemorragia interna; 4) Albino Núñez Domínguez, maestro de 35 años, natural de A Merca, escondido durante tres años y apartado del servicio (posteriormente se convertiría en un afamado escritor y pedagogo); y 5) Juan Manuel Arias Jares, médico de 46 años, natural de Viana de Bolo, fundador de la Agrupación Local del PSOE, cesado de su cargo y desterrado en A Merca durante siete meses.

A la luz de este registro, parece ser que Parderrubias no llegó a ser un lugar destacable por su actividad bélica y represiva durante el desarrollo de la Guerra Civil, aunque personas mayores de la Parroquia, y vecinos del pueblo próximo de Montelongo, relatan como algunas noches se oían en el puente de O Seixal (As Campinas) gritos desgarradores y disparos de ejecuciones de reclusos, presumiblemente de la cárcel de Ourense, que eran “paseados” hasta este lugar. Al tiempo de escucharse los disparos, se oía el paso de una camioneta que se encargaba de recoger los cadáveres. Incluso no llegó a ser extraño que vecinos madrugadores de los alrededores que salían en sus mulas hacia Ourense se encontrasen en este lugar con cadáveres a la espera de ser retirados. La manifestación más relevante del conflicto bélico en Parderrubias posiblemente sea el llamamiento a filas de varios de sus vecinos. Ya una vez finalizada la guerra, fue significativa la persecución por “depuración” que sufrieron algunos maestros nacionales, incluido Don Isolino Camba, maestro durante décadas en la Escuela de Parderrubias, tal como muy bien relata Outumuro Seara en este mismo Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/).

Descrita esta imagen general de la guerra, vayamos al objetivo que nos hemos planteado con este artículo. Entre los años 1931 y 1939 (ambos inclusive), es decir el período completo en el que está vigente la II República, se produjeron en la Parroquia de Parderrubias 109 nacimientos (45 niños y 64 niñas). Si comparamos esta cifra con la de la última década de ese siglo XX nos damos cuenta de su magnitud: de 1991 a 1999 únicamente se registraron en la Parroquia 10 nacimientos. Tal como se recoge en el Libro Parroquial de Bautizos, esos 108 niños fueron bautizados en la iglesia parroquial. Don Alfonso Losada Fernández realizó todos los bautizos del año 1931 a 1935. De los ocho celebrados en 1936, los cuatro últimos fueron oficiados por Don Antonio Seara García (1) y Don Castor Gayo Arias (3), pues como ya hemos descrito en otro artículo publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/08/e17-crimen-en-la-casa-rectoral-de-parderrubias-en-el-ano-1936/), Don Alfonso Losada fue asesinado en junio de 1936. Todos los bautizos de los años 1937, 1938 y 1939 fueron celebrados por Don Juan Estévez Estévez, a excepción de uno de ellos que llevó a cabo Don Antonio Seara García. Del 61% de los bautizados consta como testigo el sacristán Francisco Seara. En promedio, transcurrían tres días desde su nacimiento hasta que eran bautizados; un 9,3% fueron bautizados el mismo día en que nacieron y un 25% al día siguiente. En la Figura 1 se puede observar la evolución anual de los nacimientos, mostrándose ésta relativamente estable hasta el inicio de  la Guerra y apreciándose un claro descenso durante los dos primeros años de la contienda, con un repunte en el último año.

Figura_1
Figura 1

Si atendemos  a la distribución por sectores poblacionales de la Parroquia, observamos que justo un tercio de los nacimientos se produjeron en A Iglesia. Entre A Iglesia y Barrio coparon el 60% de los nacimientos de la Parroquia durante este período analizado. Véase la distribución en la Figura 2. Un hecho a destacar es que 16 de esos niños nacidos entre 1931 y 1939 fallecieron antes del inicio de la década de los 40, es decir, un 15% nunca dejaron de ser niños.

Figuras_2
Figura 2

Sirvan estas líneas como humilde reconocimiento y homenaje a estos 109 “Niños de la Guerra” nacidos en Parderrubias, gracias a los que hoy nosotros somos lo que somos. Siendo niños fueron testigos de una de las épocas más dramáticas de nuestra historia; ya de jóvenes, una durísima posguerra les obligó a realizar enormes esfuerzos de todo tipo. Lo que hoy sus hijos somos y tenemos se lo debemos en gran medida a sus esfuerzos, sacrificios, privaciones y, especialmente, a su afán de superación y avance.

Los 109 “Niños y Niñas de la Guerra” son, por orden cronológico, Antonio, María, Aquilina, María Ascensión, Julio, Eusebio, Emilio, Celso, Celsa, María Consuelo, David, María, Bernardina, María, Ramón, Delmiro, Filomena, Herminia, José, Bernardina, Marina, María, Olimpia, Celsa, Paulino, María, Benito, Josefa, Ángela, Manuel, María del Carmen, Genoveva, María Clamores, María Dolores, María Livia, María, Isauro, José, Baltasar, María, Carmen, Castor, Valentín, María, Eliseo, Sira, Manuel, María de las Nieves, María, Domingo, Ludivina, Josefa, Carlos, Rosa, Remedios, Indalecio, María, Manuel, José Nicanor, María de la Coronación, María, Delmira, Cristalina, Elisa, María del Carmen, Jesusa, María del Consuelo, Rosa, Jaime y Rosa (nacidos todos ellos antes del año del inicio de la Guerra); María de la Concepción, Eugenio, María Blanca, Rosa, Hermenegildo, José, Serafina, María Dolores, Virginia, Jesús, Pilar, Tomás, César, Manuel, José Benito, María Milagros, Castor, José, Josefa, Manuela, Joaquín, Claudino, Antonio, José, Manuel, Pilar, Manuel, Modesto, José, Serafín, Remedios, María Teresita, Esperanza, María Livia, María, Adelina, Antonio, Ana y Rosa (nacidos durante los años de la Guerra).


Referencias

Piñeiro, A. (2007). Celanova 1900-1981. Memoria fotográfica. Ourense: Diputación Provincial.

Prada Rodríguez, J. (2004). Ourense, 1936-1939: alzamento, guerra e represión. Lugo: Ediciós do Castro.

Universidad de Santiago de Compostela (2006). Nomes o Voces. Recuperado el 14 de octubre de 2015, de http://vitimas.nomesevoces.net/gl/axuda/presentacion/.

Vieira Outumuro, S. (2013). Los archivos de las instituciones penitenciarias. La prisión central de Celanova. Fronda, 47.

Crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en el año 1936. Por Juan Carlos Sierra Freire

Crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en el año 1936. Por Juan Carlos Sierra Freire

En el mes de junio de 1919, una vez fallecido el cura don Benito Garrido, se hace cargo de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias don Alfonso Losada Fernández, párroco en ese momento de Pereira de Montes. Permaneció en el cargo hasta junio de 1921, fecha en la que llega como encargado de la Parroquia don Adolfo Outumuro Outumuro, natural de O Outeiro. Lamentablemente, don Adolfo fallece muy joven a la edad de 31 años, víctima de una grave enfermedad. Ello hace que solo tres años después de haberse ido, don Alfonso retome de nuevo las riendas de la Parroquia durante unas semanas. Esta fue su primera etapa en la Parroquia, que sería regentada durante los siguientes cinco años por don José Balboa González (1924-1925), don Pedro Vázquez González (1925-1926) y don Ambrosio Cid Fariñas (1926-1929). Un día de 1929, don Alfonso regresa nuevamente para hacerse cargo de la Feligresía. En ese momento, no se podía imaginar que su nueva etapa al frente de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias finalizaría trágicamente en la madrugada del 13 de junio de 1936. Don Alfonso Losada había nacido en Leborín (Barxa) en 1883 en el seno de la familia de Benito y Agustina.

El 14 de junio de 1936 varios periódicos locales y nacionales (La Región, El Pueblo Gallego, El Compostelano, La Vanguardia, Gaceta de Tenerife, etc.) se hacían eco de uno de los sucesos más dramáticos ocurridos en el siglo XX en Parderrubias: el asalto a la Casa Rectoral (hoy desaparecida con el paso del tiempo) en la que vivía el Párroco don Alfonso Losada Fernández. Aunque en un primer momento, y dada la situación prebélica que vivía España, pudo parecer un crimen político, el suceso no tuvo ninguna connotación política más allá del intento de robo perpetrado por delincuentes comunes. No obstante, el diario La Región del 14 de junio apuntaba a causas de índole político-social asociadas al clima de desconcierto social que se vivía en la provincia, al igual que en el resto del país:

En el fondo nos referimos al cambio de rumbo, o siquiera esbozo de cambio, que piensa imprimirle a su política social el Gobierno. Refiriéndonos a este suelto, una vez más, y van ciento, a la situación anárquica en que se lleva desenvuelto durante esta semana pasada nuestra ciudad y no pocos puntos más de la provincia. Aún ayer de madrugada un nuevo atentado, un nuevo crimen. El cura de Parderrubias vio asaltada a  mano armada su casa y sin haberle dado tiempo ni para intentar levantarse del lecho fue acribillado a balazos, y en estado gravísimo fue trasladado al hospital nuestro. Así están los pueblos nuestros, así se hallan cuantos allí viven en paz a merced de todos los detritus de esta conflagración social. Ya no respetan nada, ya nada dejan en pie los nuevos bárbaros, toda esa desdichada gente envenenada de las aldeas, ya nada les importa ni coarta, y con el saqueo, el incendio y con el asesinato están arrasándolo todo”. 

1980_Cura Gallo
Casa Rectoral de Parderrubias

A partir de las noticias publicadas por la prensa escrita en esos días y del testimonio de  algunos testigos del suceso, podemos saber que, en la madrugada del 13 de junio de 1936, dos individuos entran en la Casa Rectoral con la intención de robar. Habían permanecido escondidos desde varias horas antes en una casa próxima, esperando la oscuridad de la noche y a que abandonasen la Rectoral algunas visitas que había tenido el cura durante la tarde, entre ellas la del seminarista Felisindo Grande Seara (véase Don Felisindo Grande Seara). Como consecuencia de la resistencia que ofrece el cura para evitar el robo y de sus gritos de auxilio, los asaltantes le descerrajan varios tiros, dos de los cuales le dañan mortalmente un pulmón y los intestinos (El Pueblo Gallego, 14 de junio de 1936). Aun así, los asaltantes lograron apoderarse de algún dinero y de varios objetos (La Vanguardia, 14 de junio de 1936). Ante los gritos de auxilio de la víctima, acuden los vecinos del pueblo, que observando la gravedad del herido se organizan para ir a caballo hasta la Parroquia cercana de Pereira de Montes, con la finalidad de avisar a su Párroco, don Castor Gayo Arias, para que se acercase hasta Parderrubias con el objeto de impartir la extremaunción al malherido, y tratar de llevarlo a un centro hospitalario (El Compostelano, 15 de junio de 1936).  Los primeros vecinos que llegan a la Rectoral, ubicada al lado de la iglesia parroquial, intentan repicar las campanas para pedir auxilio, pero se encuentran con la sorpresa de que la cuerda había sido estratégicamente cortada.

Los autores del crimen habían sido los mismos malhechores que en el mes de mayo habían perpetrado el homicidio del ganadero José Mera, de 65 años, en O Furriolo, en la carretera de Bande a Xinzo. El cadáver fue encontrado a las nueve de la mañana del día siguiente a la comisión del crimen. José había ido a una feria en Rairiz de Veiga, llevando encima entre mil y mil quinientas pesetas. Se trataba de Constantino Vázquez, natural de la provincia de Lugo, y José Campos (Pepe das Hortas), de nacionalidad portuguesa. Son detenidos días después del crimen por la Guardia Civil de Celanova en O Forriolo. Se trata de viejos conocidos de la Justicia, pues habían estado ya en prisión en anteriores ocasiones por diversos robos. Manuel era el asesino del ganadero y José el del Párroco de Parderrubias. Manuel había estado en Barcelona afiliado al comunismo y parece ser que había matado a dos personas por encargo, habiendo estado en presidio por robo, pero que una vez amnistiado se dejó caer por nuestra comarca. Se le encontró el reloj de José Mera y confiesa que tenía pensado hacer lo mismo con su hijo, y que al párroco de Parderrubias no pudieron robarle, pues se presentó todo el pueblo de repente, teniendo que huir para que no los cogieran. El diario La Región, 15 idas después del asalto, informaba de la singular detención de los dos criminales:

En Forriolo, pueblecito situado en una montaña del término de La Bola, merodeaban dos sujetos de ‘pinta’ sospechosa. En la tarde del día 23, y en un punto de las inmediaciones del mentado pueblo, y precisamente en el que hace unos dos meses asesinaron a José Mera, vecino de San Mamed, y al pie de una pequeña cruz sugeridora del sitio en donde había sido perpetrado el horroroso hecho, se sentaron dichos sujetos y se pusieron a merendar tranquilamente, a la vez que comentaban aquel triste suceso. En cuyo momento pasó por allí una mujercita enlutada a la que llamó la atención la actitud de aquellos sujetos desconocidos. Dicha mujer era hija política del infortunado Mera. Al pasar les oyó decir: ‘ ¡rezaremos un padrenuestro por el muerto!’ Al llegar al pueblo dio cuenta de lo ocurrido y todos los vecinos coincidieron en que tales sujetos debían de ser unos maleantes. Como al día siguiente les volvieron a ver por aquellos lugares, acordaron detenerles y salieron en su persecución. Aquellos, al verse perseguidos, se internaron en el monte y al ser descubiertos acometieron a tiros a sus perseguidores. Pero estos no se atemorizaron, si bien pidieron auxilio a la Comandancia de la Guardia Civil de Celanova. Inmediatamente con el celo y actividad que ponen en todas sus actuaciones las fuerzas de dicho puesto, salió el cabo y cuatro números a auxiliar a los vecinos de Forriolo y con la ayuda de estos procedieron a la captura y detención de los referidos sujetos. Al ser interrogados dijeron llamarse José Campos (‘Pepe das Hortas’), de unos 40 años y de nacionalidad portuguesa, y Constantino Vázquez Pérez, de la misma edad, natural de Lugo. Al ser registrados le fue encontrado al portugués el reloj que llevaba el José Mera cuando fue asesinado, el que fue reconocido por un hijo de este. Una pistola, un revólver, unos prismáticos y un arsenal de artefactos útiles para el robo. Interrogados sobre la procedencia del reloj confesaron ser efectivamente del infortunado Mera, a quien habían robado y dado muerte. También confesaron ser los autores del asesinato frustrado del cura de Parderrubias don Alfonso Losada. Explicaron el hecho con toda clase de detalles y que el que había hecho los disparos fuera el ‘Pepe das Hortas'” (La Región, 27 de junio de 1936).

El Libro Parroquial de Parderrubias, en el apartado referido a la relación de sacerdotes que rigieron la Parroquia, hace una precisa descripción del suceso con detalles no reflejados en la prensa de la época. En esa relación de curas, al llegar a don Alfonso Losada Fernández, en las páginas escritas años después de su muerte, se señala que “desempeñó el cargo hasta el día 13 de junio de 1936, fecha en que fue vilmente asesinado”. Y a continuación se hace una descripción pormenorizada de los hechos, en la que algunos detalles no coinciden con lo publicado por la prensa:

“A las dos horas (por tanto en plena noche) del mes de junio de mil novecientos treinta y seis, dos hombres, después de haber taladrado y abierto la puerta que da al Cementerio entraron en la habitación-dormitorio del párroco y le dispararon dos tiros hiriéndolo mortalmente.

A las voces de auxilio acudieron los vecinos sin dar tiempo a  los malvados para el robo ni pudieron tan siquiera verlos; a los pocos días fueron capturados y entraron en la cárcel pero enseguida los pusieron en libertad porque gobernaba entonces el Frente Popular. Al ocurrir el Alzamiento de Franco, dieron con ellos; uno cayó cerca de Barbantes perseguido por la Guardia Civil; otro cayó e Corbillón o sea fue capturado por una partida de falangistas que lo llevaron al monte del Furriolo donde, por lo visto, los mismos ladrones habían robado y dado muerte a un ganadero apellidado Mera; de allí lo llevaron a la cárcel de Celanova donde a los pocos días ya no estaba…

Volvamos al Párroco. El Párroco en gravísimo estado fue llevado a un Sanatorio a Orense, pero no quisieron intervenirle por considerarlo gravísimo; así que se vio en la necesidad de entrar en el Hospital Provincial en medio de insultos y blasfemias; tampoco allí quisieron intervenirle por considerar inútil toda intervención, pues los proyectiles le habían atravesado un pulmón.

Toda la parroquia fue a visitarle y él declaró solemnemente que ninguno de sus feligreses había tenido parte en el crimen y que todos eran muy amantes de su párroco.

El día veintiséis del mismo mes volvieron a traerlo a la Rectoral y murió a las 18 horas del día veintiocho o sea dos días después.

El día treinta le dieron sepultura y tuvieron un solemnísimo funeral al que asistieron más de treinta sacerdotes y la parroquia en pleno”.

En el libro de difuntos de la Parroquia de Parderrubias podemos leer:

“…falleció el día veintiocho del actual a consecuencia de un colapso cardíaco según certificación facultativa. Hizo testamento en el Hospital de Orense por ante el Notario Sr. Gambón donde hace constar su última voluntad… Fue funerado con treinta y ocho sacerdotes de cuerpo presente. Testigos D. José y Manuel Garrido vecinos de Parderrubias. Treinta de junio de mil novecientos treinta y seis. Castor Gayo Arias“.

La Región del 30 de junio se hacía eco del fallecimiento, que se había producido  el domingo día 28 a las 10 de la noche, dejando un hermano (Hipólito) y dos sobrinos (Benito y Alfonso):

Anteayer falleció en su casa de Parderrubias el sacerdote don Alfonso Losada Fernández, que hace unos días fue víctima de un salvaje atentado. La noticia de su muerte, no por menos esperada, ha causado gran dolor. Todas aquellas personas que le trataron sabían que se trataba de un hombre ejemplar cuyas virtudes cristianas, puestas a prueba muchas veces en el trascurso de su vida, le hacían acreedor a la consideración, el respeto y el cariño de todos. Sus feligreses lloran hoy su pérdida amargamente. El día en que ocurrió el atentado bien puede decirse sin temor a exageración que el pueblo en pleno vino a Orense a enterarse del estado del herido. Los funerales por el eterno descanso de su alma tendrán lugar hoy por la mañana, a las diez, en Parderrubias, y acto seguido se verificará la conducción del cadáver. A todos sus familiares, y en especial a su cumplidor testamentario, don Castor Gayo, y a los sobrinos, enviamos nuestro más sentido pésame“.

Esquela
Esquela de don Alfonso Losada publicada en La Región del 30 de junio de 1936

El 2 de julio, el diario La Región informaba acerca de los funerales celebrados en la Parroquial de Parderrubias con la asistencia de 38 curas:

La concurrencia a dicho acto fue enorme, imponente. La espaciosa iglesia estaba completamente llena de fieles y feligreses del finado que doloridos rezaban por el alma del hombre bueno y virtuoso sacerdote que una triste noche y en su propio lecho fue víctima de un salvaje atentado. Seguidamente tuvo lugar la conducción del cadáver a su última morada. Fue una enorme manifestación de duelo. Allí hemos visto personas de todos los pueblos de la comarca y muy especialmente de los Ayuntamientos de Cartelle y Celanova“.

Don Alfonso Losada fue sepultado en el cementerio parroquial de Parderrubias, ubicándose su sepultura en la entrada principal de la iglesia.

Sepultuar
Sepultura de don Alfonso Losada en el cementerio parroquial de Parderrubias