Categoría: Años 30

Los quintos de Parderrubias

Los quintos de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Probes naiciñas d’a yalma que crían os seus filliños, e dempois quedan sin eles cando lle marchan de quintos” (Anónimo, 1887).

El Servicio Militar Obligatorio estuvo vigente en España durante 231 años. El 31 de diciembre de 2001 la “mili” pasaba a ser historia, pero hasta ese día, miles de jóvenes -entre ellos los mozos de Parderrubias- fueron “quintos” en un momento de su juventud, teniendo que prestar muchos de ellos su tiempo y su trabajo al Estado.

En el siglo XVIII, una vez finalizada la Guerra de Sucesión, y con la llegada de los Borbones al trono, se comienza a experimentar una escasez de tropas, lo que conduce a una progresiva implantación del reclutamiento obligatorio con el fin de mantener un Ejército permanente. Estos reclutamientos se denominaron popularmente “quintas”, pues se fijó un cupo anual de 50.000 hombres elegidos por sorteo, de los que salía un soldado por cada cinco hombres: el “quinto”. En 1786, una ordenanza de Carlos III dictaminaba que uno de cada cinco mozos españoles en edad de 16 a 40 años debía trabajar como militar para el Rey. Ya en el siglo XIX el soldado de quintas supondría la base del reemplazo del Ejército español.

En 1912, la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército introduce el término “servicio militar obligatorio”, eliminando la redención en metálico y la sustitución, fórmulas vigentes hasta esa fecha que permitían evitar legalmente la incorporación a filas mediante el pago de determinadas cantidades de dinero, pero muy mal vistas socialmente. Con el fin de que fuese un servicio obligatorio para todos aparece la figura del “soldado de cuota” que a cambio del pago de una cuota de 1.000 o 2.000 pesetas -cantidades que suponían pingües ingresos para el Estado- reducían significativamente su tiempo de servicio a diez o cinco meses, respectivamente. Los que no podían pagar la cuota servían durante tres años al Estado; en definitiva, seguía siendo un sistema socialmente discriminatorio.

Sorteo de soldados destinados a la Guerra de África en 1913. Fotografía tomada del Mundo Gráfico

Finalizada la Guerra Civil, el dictador Franco promulga la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército, por la que el Servicio en Filas tiene una duración de dos años, tiempo durante el que los soldados no podían contraer matrimonio. En 1943 para poder ser funcionario era obligatorio haber cumplido el Servicio Militar. En 1968, la Ley General del Servicio Militar distingue entre servicio militar obligatorio (15-18 meses) y voluntario (se podía elegir la Región Militar, pero su duración era de 15-24 meses). La Ley Orgánica del Servicio Militar de 1991 acorta el servicio militar a nueve meses y los soldados de reemplazo delegan la responsabilidad de las tareas más complejas y especializadas en militares profesionales.

El objetivo de este artículo es proporcionar una visión de la evolución del reclutamiento de los mozos pertenecientes a lo que hoy es la Parroquia de Parderrubias (A Iglesia, Barrio, O Outeiro, A Carretera, As Campinas y Nigueiroá) a lo largo del siglo XX, en concreto, desde 1900 hasta 1990.

Aspectos generales de la evolución del reclutamiento en Parderrubias

Entre 1900 y 1990 fueron alistados 305 mozos de Parderrubias. La citación y correspondiente alistamiento tenía lugar en el Ayuntamiento de A Merca. En dicho acto se asignaba por sorteo un número a cada mozo, y a continuación en orden de menor a mayor eran tallados y alistados, momento en el que se escuchan sus alegaciones, si fuese el caso. En ocasiones, dado que el mozo era emigrante, o se encontraba fuera por razones de trabajo, era el padre o la madre los que comparecían, pues de lo contrario el joven era calificado como prófugo. El número de mozos alistados cada año en Parderrubias se mantuvo relativamente estable a lo largo del siglo (un promedio de 3,35/año), aunque con una ligera tendencia al descenso, tal como se puede apreciar en la Figura 1. Destacan siete años sin alistamiento alguno (1906, 1907, 1928, 1978, 1981, 1983 y 1985), que contrastan con los nueve mozos alistados en 1965, los ocho de 1902, y los siete de 1918 y 1959.

Figura 1. Evolución del número de mozos alistados en Parderrubias

En la primera década del siglo XX, los mozos eran reclutados con 20 años, a partir de 1911 lo hacen a los 21, volviendo a ser llamados a filas con 20 años de edad en el año 1972, rebajándose, finalmente, la citación a los 19 años en 1980.

En los primeros años era el cura que regentaba la Parroquia, quien certificaba a partir del Libro de Bautizados la relación de mozos incluidos en cada reemplazo. Así, a modo de ejemplo, la Alcaldía de A Merca solicita a don Paulino Agromayor que certifique los mozos nacidos en el año 1881, pertenecientes al reemplazo de 1901:

Sr. Cura Párroco de Parderrubias. En cumplimiento de lo prevenido en el artículo 26 del Reglamento para la ejecución de la ley de Reclutamiento vigente, ruego a Ud. se sirva remitir a esta Alcaldía una relación certificada de todos los mozos que en la parroquia de su digno cargo han nacido durante el año 1881 y no le consta que hayan fallecido, expresando además de sus nombres y apellidos, los de sus padres y fecha de nacimiento, sin prejuicio de que el domingo primero de enero próximo, a las diez de la mañana, concurra Ud. u otro eclesiástico que designe a esta Consistorial para formar el alistamiento. Merca, diciembre 8 de 1899”.

Certificado de mozos nacidos en 1881 emitido por don Paulino Agromayor en el año 1899

El 25 de diciembre de 1899, el Párroco certifica que en ese año 1881 habían nacido en la Parroquia de Parderrubias siete mozos: dos en Solveira, dos en A Nugueira, uno en Bouzas, uno en A Iglesia (Manuel Casas Pérez) y otro en Barrio (José Martínez Iglesias). En esa época, Solveira, Bouzas y A Nugueira pertenecían a la Parroquia de Parderrubias, pero recordemos que los datos de este artículo pertenecen a los lugares que en la actualidad conforman la Parroquia. En 1902 el cura don Benito Garrido realiza el mismo trámite.

Certificado de mozos nacidos en 1882 emitido por don Benito Garrido en el año 1902

En el Ayuntamiento, los mozos eran tallados y registrados, momento en el que muchos de ellos alegaban variopintas razones para evitar el servicio militar, tal como veremos más adelante. Estos son ejemplos de registros de quintas de los primeros años del siglo XX:

[…] hijo de […] y de […] talla un metro seiscientos diez milímetros. Alegó que es corto de vista. Reconocido, resultó útil condicional. El Ayuntamiento le declaró soldado”.

[…] hijo de […], talla un metro seiscientos diez milímetros. Reconocido resultó útil. Alegó que es hijo único de madre célibe y pobre a la que mantiene. El Ayuntamiento le declaró pendiente de justificación. Y habiéndola suministrado en expediente instruido al efecto, el Ayuntamiento le declaró soldado condicional”.

[…] hijo de […] y de […], talla un metro quinientos ochenta milímetros. Dijo no tiene excepción. Reconocido, resultó útil. El Ayuntamiento le declaró soldado”.

Una característica física fundamental, tenida en cuenta en el momento del alistamiento, era la estatura, estando establecido un mínimo para La incorporación a filas. En las primeras décadas del siglo, la talla mínima exigida para incorporarse al Ejército era de 1,55 metros. La Figura 2 muestra la evolución ascendente de la estatura de los mozos reclutados en Parderrubias a lo largo del siglo XX, siendo el promedio de 1,65 metros; se pasó de 1,60 metros en el año 1900 a 1,79 en 1990.

Figura 2. Evolución de la estatura de los mozos alistados en Parderrubias

Análisis del reclutamiento por décadas

A continuación realizaremos un análisis más pormenorizado por décadas, contextualizando, en la medida de lo posible, el momento histórico, y examinando las peculiaridades de los alistamientos en ese periodo.

1900-1910

En el período 1900-1910 fueron alistados 35 mozos, de los cuales cuatro fueron excluidos, siendo la causa principal, no alcanzar 1,55 metros estatura. Dos fueron calificados como prófugos. Las alegaciones presentadas por los que serían etiquetados como soldados condicionales fueron ser hijo único de viuda pobre, ser hijo único de madre célibe pobre, ser hijo de sexagenario, ser hijo de padres pobres e impedidos, tener un hermano cumpliendo el servicio militar en ese momento y ser corto de vista. No siempre las alegaciones fructificaban:

[…] hijo de […] y de […], talla un metro quinientos ochenta milímetros. Alegó que es hijo único de padre pobre e impedido para el trabajo al que mantiene. Reconocido el mozo, resultó útil. El Ayuntamiento le declaró pendiente de justificación. Y no habiendo solicitado la instrucción de expediente justificativo, el Ayuntamiento le declara soldado”.

Acta de Clasificación y Declaración de Soldados del año 1907
1911-1920

Este período coincide con la Guerra de África, por lo que los mozos de los reemplazos de estos años vivieron con la angustia de ser destinados a tierras africanas, aunque no nos consta que ninguno estuviese en el frente. En esta década fueron alistados 34 mozos, de los cuales seis fueron excluidos por baja estatura, epilepsia, falta de un miembro superior y sordera. Trece fueron calificados como prófugos, algunos de ellos residentes en Cuba; sin duda, la Guerra tuvo que ver con que un 38% de los jóvenes no se presentasen al alistamiento. Entre las alegaciones expuestas por los mozos tallados encontramos ser hijo único de viuda pobre y ser hijo de sexagenario pobre.

Alistamiento de 1912 con resultado de exclusión
1921-1930

Hasta el año 1927 estuvo activa la Guerra de África, por lo que los mozos de los reemplazos de los años 1921 a 1926 todavía convivieron con la ansiedad de la Guerra. En este periodo se alistaron 27 jóvenes, de los cuales cinco fueron excluidos por diversas causas físicas. Siete serían declarados como prófugos. Un único mozo presentó alegaciones, señalando que el padre era sexagenario y que su hermano mayor padecía una discapacidad.

Alistamiento de 1922 con resultado de soldado útil
1931-1940

En los reemplazos de 1931 a 1940 fueron alistados 38 mozos. Ninguno de ellos fue excluido por razón alguna. Tres no se presentaron a la cita y fueron catalogados como prófugos. Este periodo fue el más dramático de la historia reciente de España como consecuencia de la Guerra Civil, movilizándose en actividades bélicas –en los frentes o en la retaguardia- los reemplazos de 1931 a 1939, ambos incluidos. En Parderrubias, por orden cronológico y alfabético, esta situación afectó a los siguientes mozos: Abelardo González Outumuro, Manuel Fernández Rego, Evencio Fernández Outumuro, José Fernández Pérez, Emilio González Outumuro, Jesús Grande Seara, José Pérez Outumuro, Higinio Grande Garrido, Modesto Grande Álvarez, Jesús Fernández Fernández, Manuel Fernández Sueiro, Manuel María Martínez Gulín, Fernando Pérez Outumuro, Celso Seara Garrido, Eladio Garrido Garrido, José Justo Sampedro, Celso Casanova Casanova, Manuel Garrido Garrido, Isolino Grande Garrido, Carlos Lorenzo Insula, Gumersindo Outumuro Martínez, José Seara Garrido, Felisindo Grande Seara, Adolfo Justo Sampedro, Manuel Martínez Teixeira, Manuel Outumuro Seara, Benigno Seara, Manuel Lorenzo Insula, José Outumuro Martínez, Adolfo Outumuro Outumuro, Benito Pérez Outumuro, Manuel Sampedro Seara y Manuel Seara Garrido. Los cuatro mozos que alegaron pertenecer a familias pobres, y que por tanto necesitaban de su presencia como fuente de mantenimiento del hogar, fueron igualmente enviados a filas.

Alistamiento de 1932 con resultado de soldado útil
1941-1950

En la década de los cuarenta fueron alistados 37 mozos, de los cuales solo uno es excluido por una deficiencia visual y otro es declarado prófugo. Entre las alegaciones que conducen a una prórroga de primera clase encontramos ser hijo de madre pobre y padre ausente, ser hijo de sexagenario pobre al que se necesita mantener y ser hijo de viuda pobre. Aunque ya en el año 1938, el mozo Felisindo Grande Seara había disfrutado de prórroga por estudios, será en esta década cuando la condición de estudiante se convierta en alegación habitual para aprovecharse de una prórroga de segunda clase. Concretamente, tres mozos disfrutaron de prórrogas por estudios.

Alistamiento de 1947 con resultado de prórroga de segunda clase por estudios
1951-1960

En el periodo 1951-1960 fueron alistados 37 mozos de Parderrubias. Solo uno de ellos es excluido por defecto físico y cinco declarados prófugos, aunque uno de ellos se comprueba que había fallecido al poco tiempo de nacer. Esta década destaca por el número de mozos que disfrutan de prórrogas por estudios en el Seminario, en concreto nueve. Entre las alegaciones que no surtieron efecto para ser declarado excluido encontramos ser hijo de padre impedido pobre y tener pies planos.

Alistamiento de 1953 con resultado de soldado útil
1961-1970

En la década de los sesenta, el hecho más llamativo es el significativo incremento en el número de mozos alistados, alcanzándose la cifra de 53, siendo la cota más alta de todos los periodos analizados. Son los prodigiosos años sesenta que ya analizamos en otro artículo. La segunda cuestión que llama la atención es el número de mozos que fueron registrados como prófugos por el hecho de ser emigrantes; en concreto, siete de los citados residían en Francia, tres en Alemania, tres en Argentina, dos en Brasil, dos en Venezuela, uno en Suiza, uno en Guipúzcoa, uno en Bilbao y otro en Barcelona. Como ya ocurriera en la década anterior, sigue habiendo mozos que disfrutan de prórrogas por estudios (concretamente, cinco). A estos se unieron los que tuvieron prórrogas de primera por ser hijo de viuda pobre, hijo de padre sexagenario pobre e hijo de madre célibe pobre.

Alistamiento de 1962 con resultado de soldado útil
1971-1980

En la década de los setenta son alistados 29 mozos. Siguiendo la tónica de la década anterior, nos encontramos con siete mozos en la emigración: tres en Alemania, uno en Francia, uno en Brasil, uno en Guipúzcoa y uno en Bilbao. Será en el año 1975 cuando se documenta el primer soldado que realiza milicias universitarias, que eran una modalidad opcional de prestar el servicio militar obligatorio para los estudiantes o titulados universitarios, en los que se adquiría el Grado de Suboficial u Oficial. En este periodo serán seis los mozos que disfruten de prórrogas por estudios.

Papeleta de citación de 1975
1981-1990

Este último período examinado es la época de la objeción de conciencia y del proceso irreversible hacia la desaparición del servicio militar obligatorio. En esta década se alistaron 15 mozos de Parderrubias, de los cuales más de la mitad disfrutaron de prórrogas de segunda clase por estudios. Aparece también la figura del excedente de cupo, a quien el sorteo libraba de incorporarse a filas. Alguno de los mozos de Parderrubias alistados llegó a disfrutar de este beneficio.

Alistamiento de 1986 con resultado de prórroga de segunda clase por estudios
Comunicación de prórroga de segunda clase por estudios de 1988

En definitiva, durante los años en los que el alistamiento de mozos se hizo en el Ayuntamiento de A Merca, el número de jóvenes alistados de Parderrubias fue decreciendo progresivamente con el paso de las décadas (eso sí, de manera inversamente proporcional a su estatura). Las causas de las prórrogas solicitadas –que en ocasiones resultaban en la exención del servicio militar- fueron evolucionando con el transcurrir del siglo, y esta evolución se podría sintetizar en el paso de la pobreza como principal causa de principios del siglo XX a la realización de Estudios Superiores en las últimas décadas del siglo. El paso del tiempo dejó en el olvido a los quintos, a los reclutas, al cuartelero, al maestro armero, al furriel, a los imaginarias, al chusquero, a las dianas y a las retretas…, a la “verde” (hasta los años sesenta) y a la “blanca” (después de los años sesenta).

Cartilla Militar de los años ochenta, coloquialmente conocida como “la blanca”

Nota. El autor agradece a Víctor Fortes toda su ayuda en forma de facilidades dadas para acceder al Archivo Municipal de A Merca y de este modo poder elaborar este artículo.

HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

Por Juan Carlos Sierra Freire y Lucía Garrido

Hermanos Garrido, de Parderrubias, artistas tan excelentes cuanto ignorados, que en estatutaria compiten dignamente, noblemente, con los mejores de Barcelona y de Valencia. Tanto puede el arte cristiano, en que los Garrido brillan, imprimiendo en la madera ese quid divinum que caracterizó a los artistas religiosos medievales” (C. C., 1911).
<p class="has-drop-cap has-text-align-justify" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">En el primer tercio del siglo XX, la práctica totalidad de vecinos de Parderrubias se dedicaba a las actividades agrícolas y ganaderas. Es en esa época en la que nos encontramos a una familia para la que estos quehaceres pasaron a ser algo secundario. En toda la comarca eran muy conocidos los negocios familiares y la actividad industrial de los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias): aserradero, molinera, ultramarinos y, sobre todo, los talleres de escultura religiosa. Los Hermanos Garrido disfrutaban de gran estima en toda la comarca, siendo considerada una familia influyente de la épocaEn el primer tercio del siglo XX, la práctica totalidad de vecinos de Parderrubias se dedicaba a las actividades agrícolas y ganaderas. Es en esa época en la que nos encontramos a una familia para la que estos quehaceres pasaron a ser algo secundario. En toda la comarca eran muy conocidos los negocios familiares y la actividad industrial de los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias): aserradero, molinera, ultramarinos y, sobre todo, los talleres de escultura religiosa. Los Hermanos Garrido disfrutaban de gran estima en toda la comarca, siendo considerada una familia influyente de la época

Los que con el tiempo pasaron a ser conocidos como “Os Escultores” de Parderrubias eran los hijos de Celedonio Garrido y Jacinta González: José (1881-1965), Eliseo (1884-1972), Manuel (1889-1977) y Modesto (1892-1964). Además de estos, Celedonio y Jacinta tuvieron dos hijos más: Encarnación (1876-1918), fallecida a la edad de 42 años a consecuencia de la pandemia de 1918; y Marcelino (1877-1904), fallecido con solo 27 años, debido a las secuelas de un accidente talando un árbol. Se trataba de una familia de labradores de O Outeiro en la que, en sus principios, el padre y el hijo mayor José iban a las siegas a Castilla para complementar los ingresos que les daban las tierras y los trabajos artesanales en madera (Piñeiro, 2018). Celedonio había puesto en funcionamiento en O Outeiro un taller de ebanistería que con el tiempo evolucionaría a uno de imaginería y escultura religiosa. Este taller, en el que todos los hermanos se especializan en el arte de la imaginería, constituye el embrión de las dos marcas comerciales que llevan el sello de “Os Escultores”: José Garrido y Hermanos (José, Manuel y Modesto), y Eliseo Garrido e Hijos (Eliseo).

Artes Católicas José Garrido y Hermanos

José, Manuel y Modesto abren negocios en A Manchica –en aquel momento, pertenecía a la Parroquia de Parderrubias-, lugar al que pasa a vivir Modesto una vez casado. José y Manuel permanecen solteros y viven en A Carretera (Parderrubias). En A Manchica ubican sus afamados talleres de imaginería religiosa Artes Católicas José Garrido y Hermanos, que según Piñeiro pasaría a constituirse legalmente como Sociedad en el año 1924, con un capital de 25.000 pesetas. José y Manuel habían ido a formarse a Barcelona en arte religioso, y es aquí en donde también Manuel entra en contacto con técnicas fotográficas punteras en esa época, convirtiéndose de este modo la fotografía en una de sus aficiones más importantes. Al lado del taller de escultura religiosa, levantan un aserradero, conocido como La Industrial, y una molinera. El aserradero sería inaugurado en el año 1925 con un evento social amenizado por el grupo de gaiteros Os Maravillas de Cartelle, en el que tocaba Aurea, la que hoy está considerada primera mujer gallega gaitera. A este aserradero se le unirían otros dos: uno en Outumuro y otro en Celanova.

En esos años era algo habitual encontrarse en el diario La Zarpa este anuncio publicitario:

La Industrial: fábrica de aserrar y labrar maderas. Talleres de construcción José Garrido y Hermanos. Parderrubias”.

En A Carretera, los Hermanos Garrido construyen una lujosa casa solariega, que incluye hasta una capilla. Este edificio se convierte en la vivienda de José y Manuel, y en él instalan una tienda de ultramarinos y ferretería, en la que se llegó a vender hasta penicilina, pues Manuel poseía algunos conocimientos médicos. Se trataba de una casa tipo indiano, la cual mantiene la estructura en la actualidad, salvo el torreón que ya no existe. Aquí es donde Manuel instala su estudio de fotografía, cuyas técnicas había conocido en su viaje a Barcelona.

Casa de “Os Escultores” en Parderrubias a principios del siglo XX

Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos

Eliseo, después de contraer matrimonio, se separa de sus hermanos y crea en los años veinte su propio taller de imaginería religiosa en Bouzas: Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos. Según una hijuela de 1918, Eliseo hereda de sus difuntos padres tierras en Bouzas y en A Salgueira. Mientras que los talleres de José Garrido y Hermanos no tuvieron continuidad a la muerte de los tres hermanos, el de Eliseo Garrido sí lo hizo con sus hijos Celso y Adolfo. En 1962, Celso emigra a Francia quedándose Adolfo al frente del taller, hasta que cinco años después, una vez retornado de la emigración Celso, ambos hermanos deciden separar sus caminos profesionales. Celso crea la marca Celso Garrido e Hijos, pasando a denominarse Restauraciones Garrido en los años ochenta, marca comercial al frente de la cual se encuentran en la actualidad José Luis y Lucía Garrido (tercera y cuarta generación; véase http://restauracionesgarrido.es/). La firma Taller de Eliseo Garrido e Hijos llevó a cabo multitud trabajos, entre los que destacan el altar mayor y laterales de A Mezquita, altares mayores de Piñor, Taboadela, Baños de Bande, Cabaleiros, Tamallancos, Ramoiños, Arnoia, Cualedro, Olás, Xinzo, retablos mayores de Morgade, Cortegada, Cerreda, Bobadela, Entrimo, Cantoña, retablos laterales de Velle, San Pedro de Bogo, Villarrubín, etc., destacando de manera especial el altar mayor y el lateral construidos para la nueva iglesia de los Padres Franciscanos que se inauguró el día de Corpus del año 1929 en el parque de San Lázaro. Dicho trabajo fue reconocido por el diario La Región, y recibió multitud de felicitaciones, tal como acredita la revista El Eco Franciscano de julio de 1929.

Con motivo del altar construido por esta acreditada firma industrial, para la nueva iglesia de PP. Franciscanos de esta ciudad, fueron muchos y muy merecidos los elogios tributados al señor Garrido, que con esta obra ha demostrado que en sus talleres se producen trabajos de estimable valor artísticos. El crédito de los Talleres de la Sagrada Familia se extiende desde antes de esta fecha por toda la provincia y aún fuera de ella, pues entre otras obras de mérito destacan el altar mayor de la parroquial de Piñor, el de Taboadela, Morgade en Ginzo, Belle, Cortegada de Limia, convento de Padres Franciscanos de Rivadavia, San Pedro de Bojo (Oviedo) y otros que darían para una larga relación. Muy cordialmente felicitamos a don Eliseo Garrido por el elevado grado de perfección a que ha llevado su industria, que honra a nuestra provincia” (La Región, 11 de junio de 1929).

La fotografía que aparece a continuación muestra el plano del retablo de la capilla de Valoiro confeccionado por Eliseo Garrido en el año 1919.

Plano retablo Capilla de Valoiro

Los trabajos en el Taller de la Sagrada Familia, de igual manera que ocurriría en el de José Garrido y Hermanos, comenzaban al amanecer. Rescatamos una anécdota en el quehacer cotidiano del taller, contada por Celso Garrido (hijo de Eliseo), que tiene como protagonistas al abuelo y al bisabuelo de los respectivos autores de este artículo. Paulino Sierra realizaba de manera habitual labores de carpintería para “Os Escultores”. Una mañana, en el Taller de la Sagrada Familia, Paulino y Eliseo Garrido hablaban sobre los coches -probablemente en relación a los primeros vehículos de cuatro ruedas adquiridos por “Os Escultores”-, y en dicha conversación le decía Paulino a Eliseo: “chegará un día no que os coches serán baratos e todos poderán mercalos (llegará un día en que los coches serán baratos y todo el mundo podrá comprarlos)”.

Eliseo era un hombre tranquilo, inteligente, que supo hacer de la adversidad virtud y levantarse de cada caída. Un ejemplo de su forma de ser es la respuesta dada a un debate que tuvieron sus hijos Celso y Adolfo acerca del tipo de trabajos que debían hacerse en el taller, planteándose que los trabajos baratos no debían atenderse. La respuesta de Eliseo fue así de contundente: “Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) un traballo por poucos cuartos que deixe sempre hai que atendelo (Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) (un trabajo por poco dinero que deje siempre hay que hacerlo)”.

Trabajos de imaginería religiosa

Los trabajos de imaginería religiosa de “Os Escultores” pronto son reconocidos en toda la provincia ourensana y fuera de ella, tal como se puede leer en el diario El Progreso de Lugo, del 10 de agosto de 1915, haciéndose eco de la exposición, en uno de los escaparates de la Casa Bravo, sita en la calle Príncipe de Vigo, de un magnífico retablo representando los Sagrados Corazones de Jesús y María, procedente de…

“…los grandes talleres de escultura religiosa José Garrido y Hermanos, situados en Parderrubias, pueblecillo cercano a Orense”.

En el recién aparecido diario La Región era usual encontrar en 1910, casi a diario, el siguiente anuncio:

José Garrido y Hermanos (Orense) Parderrubias. Esta casa cuenta con todos los adelantos modernos para la construcción de Imágenes en madera y cartón-madera, Altares, Doseles, Púlpitos, Monumentos para Semana Santa, y todo lo concerniente al culto católico. También se encarga de la restauración y pintura de Imágenes y Altares, por deteriorados y antiguos que sean, ejecutando estos trabajos en nuestros talleres o a domicilio. Se remiten gratis, dibujos, catálogos, fotografías y cuantos datos necesiten los señores que deseen honrarnos con sus encargos, para lo cual dirigirán su correspondencia a JOSE GARRIDO Y HERMANOS (Orense), Parderrubias” (La Región, 19 de agosto de 1910).

Así describía el corresponsal de La Región en Celanova la majestuosa imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que procesionó el 26 de noviembre de 1911 en la parroquia de San Salvador de Redemuiños, obra creada en los Talleres Hermanos Garrido:

De filigrana se puede calificar la hermosa estatua que, sostenida por cuatro ángeles, ostentadores del Cáliz, de la Cruz, de las Espigas, etc., mide la altura de un metro setenta centímetros, y cuya decoración, severamente armonizada, la llena de vida, hasta el punto de figurarse la mente a nuestro Redentor, marchando con paso lento y solemne por entre la muchedumbre y mostrando su corazón lleno de misericordia“.

O Tío Marcos d’a Portela, primera publicación periódica monolingüe en gallego, que había sido fundada por Valentín Lamas Carvajal en 1876, y recuperada entre 1917 y 1919, incluía la siguiente cuña publicitaria:

ARTES CATÓLICAS. Grandes Talleres d’Escultura Relixiosa, Artística, Talla, Pintura e Dourado. Costrución e reparación de toda crás de imáxenes en madeira e Pasta-madeira, Retablos, Doseles, Púlpitos e Tabernáculos. Variado sortido em Vía-Crucis de Pasta-madeira, de diferentes tamaños, crases e estilos. XOSÉ GARRIDO E HIRMAUS. Parderrubias (Ourense). Sucursal e depósito en Ourense DON VALENTÍN CID. Paz, núm. 2”.

En el año 1929 encontramos en el diario La Región una cuña publicitaria de la marca Eliseo Garrido:

Taller de la Sagrada Familia. Eliseo Garrido. Parderrubias (Orense). Escultura, talla, pintura y dorado. Retablos, doseles y todo lo concerniente al culto católico” (La Región, 12 de junio de 1929).

El día de Corpus del año 1914, La Región dedica un especial a algunos de los comercios y negocios más influyentes de la época en Ourense: Laboratorio Vidal, Gran Hotel Miño, Gran Bazar Andrés Perille, Dentista García del Villar, Almacén de Tejidos Celso Ferro, Máquinas Singer, Droguería Pinal-Yebra-Aperribay, Hotel Cataluña, Gran Garaje Cimadevila, Balneario de Molgas, Relojería Manuel Barbosa, Bazar Avelino Cimadevila, Comercio La Pal y… a los Hermanos Garrido de Parderrubias. El reportaje dedicado a estos últimos, ilustrado con una bellísima escultura religiosa, relataba:

En Parderrubias, un pueblecillo cercano a Orense, están emplazados los talleres de escultura religiosa de los señores Garrido. Quizás en otro pueblo que no fuera el nuestro, los trabajos hermosos, concienzudos y acabados que se ejecutan en estos talleres, serían admirados y ponderados cual en justicia merecen serlo y aún arrancarían la supremacía a otras casas que se dedican a la misma industria. El grabado que publicamos, dice mucho mejor de lo que  nosotros podemos hacerlo, lo notable de la labor de los señores Garrido y ratifica nuestras anteriores manifestaciones. En la construcción de altares hacen primores también en esta casa. Sus imágenes talladas en madera y cartón-madera en forma tan admirable; de una perfección en las líneas y en los menores detalles tan marcada; de un dibujo y naturalidad asombrosa, son exportadas en gran número y pueden verse en muchas, en casi todas las iglesias de esta provincia. Y esta casa, más pronto o más tarde, tendrá que imponerse a las demás similares, porque así lo demandan sus trabajos no superados por los fabricantes del artículo a que nos referimos, que hoy privan en España” (La Región, 11 de junio de 1914).

No les faltaron competencias desleales o quienes les suplantaban en sus obras artísticas. Así, en agosto de 1922, se ven en la necesidad de publicar en la prensa escrita el siguiente anuncio:

Falsa propaganda. Desmintiendo la falsa noticia propagada solapadamente por ciertas personas que con fines lucrativos pretendieron hacer ver que no se seguía trabajando en los TALLERES DE ESCULTURA RELIGIOSA de Parderrubias, JOSE GARRIDO Y HERMANOS participan a su numerosa clientela que en sus talleres recientemente ensanchados y dotados de maquinaria moderna, se trabaja en mayor escala que anteriormente, lo que permite servir en inmejorables condiciones y a precios sin competencia toda clase de imágenes, retablos, restauraciones y todo lo que concierne al culto divino. Fábrica de aserrar maderas y molinera-Talleres de construcción. Grandes existencias de maderas de todas clases. MADERAS MACHEMBRADAS. Servicio de transportes de maderas a domicilio. Se vende gran partida de leña (desperdicios). JOSE GARRIDO Y HERMANOS. Parderrubias (Orense) (La Región, 19 de agosto de 1922).

En marzo de 1923 el Gerente de la razón social José Garrido Hermanos de Parderrubias hacía publica una nota de prensa en la que se informaba que las obras construidas en sus talleres de escultura religiosa se distinguen por una placa de bronce con la marca registrada “Artes Católicas”, de manera que las que no lleven esa placa no son legítimas de sus talleres. Hacía esta advertencia para que su clientela no se dejase engañar con ofrecimientos de otros artistas que con el fin de acreditarse utilizaban el mismo título.

Obras de “Os Escultores” en la Iglesia de Santa Mariña de Augas Santas

La producción artística de los talleres fue en aumento y sus esculturas de Sagrados Corazones, Vírgenes y Santos se hicieron hueco en multitud de iglesias y altares de la provincia. El éxito comercial y la fama de sus trabajos de imaginería no fueron impedimento para que “Os Escultores” llevaran a cabo obras sociales, en ocasiones en forma de donaciones. El Jueves Santo de 1936, estando muy próximo el inicio de la Guerra Civil, la iglesia parroquial de Barbadás fue incendiada por un grupo de insurrectos. Su reconstrucción duró más de un año y costó 10.600 pesetas. Los Hermanos Garrido contribuyeron a dicha obra donando una imagen del patrono San Juan Bautista.

Precios de imágenes en madera en 1916

Relevancia social

El prestigio y la relevancia de “Os Escultores” alcanzaron altas cotas en la sociedad de aquella época. En mayo de 1913 tienen lugar las fiestas Constantinianas en todo el mundo católico con el fin de celebrar la Paz de la Iglesia, conmemorando el decimosexto centenario del Edicto de Milán del año 313, por el que el Emperador Constantino reconoce a los cristianos la libertad de culto. En Ourense, durante las celebraciones, se iluminó la Catedral y en una de las torres se colocó una gran cruz iluminada. Con el objeto de ganar el Jubileo Constantiniano por dicha conmemoración, un grupo selecto de personas de la provincia ourensana viaja a Roma como peregrinos bajo la tutela del Obispo de la Diócesis, don Eustaquio Ilundain. Entre estas personas se encontraban el Rector del Seminario, un Canónigo de la Catedral, algunos párrocos y Manuel Garrido, uno de “Os Escultores”. El viaje en tren les llevó por Oviedo, Zaragoza, Barcelona, Marsella, Génova y, finalmente, Roma, en donde permanecieron desde el 7 al 13 de mayo hospedados en el hotel Babaria, aunque lamentablemente no pudieron ser recibidos en audiencia por su Santidad Pío X, debido a su estado de convalecencia. En Marsella tuvieron oportunidad de visitar el Santuario de Notre-Dame de la Garde, haciendo uso para la ascensión del Ferrocarril de Cremallera. A su regreso pasaron por Lourdes.

José, el hermano mayor, fue elegido Alcalde de A Merca en el año 1926, tomando posesión el 24 de abril. Tenía 45 años. Estando vigente el Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera, una nueva corporación formada por jóvenes, que nunca se habían dedicado a la política, accede al Ayuntamiento de A Merca con ansias de acabar con la vieja política caciquil. La crónica de La Región informaba que:

Todos ellos nuevos dos veces, nuevos porque nunca han figurado en política y nuevos porque todos son jóvenes y además, ganosos de tirar con los moldes de la vieja rutina. Unido a esto como alcalde la prestigiosa persona de D. José Garrido, dio por resultado una corporación que ni soñada” (La Región, 1 de mayo de 1926).

El carácter personal de José Garrido y su discreción quedan reflejados en la carta que vecinos suyos firman en La Región el día en que toma posesión como Alcalde de A Merca:

La  prohibición del Sr. Garrido nos priva del placer de homenajearlo cual era nuestro deseo, pero su modestia personal no le permite aceptar acto de ostentación alguna” (La Región, 1 de mayo de 1926).

Estas mismas características personales ya habían sido empleadas en 1915 por S. Súarez López, cura de San Vitoiro da Mezquita, para describir a los Garrido:

Tan sencillos como modestos, los hermanos Garrido huyen de todo ruido, convencidos de que todo el mérito positivo no necesita que se le anuncie con encomios, como no lo necesita la belleza para atraer las miradas de todos: le basta con presentarse“.

El 6 de enero de 1927 se lleva a cabo la bendición y colocación de la primera piedra de la nueva escuela de Parderrubias, estando presidido el acto por el Alcalde de A Merca, don José Garrido González, acompañado de concejales, sacerdotes, maestros y un numerosísimo público. La obra sería ejecutada por José Garrido y Hermanos. Diecinueve meses después, el 12 de agosto de 1928, se lleva a cabo el solemne acto de inauguración oficial del edificio. La ceremonia fue presidida por el Gobernador Civil, don Vicente Rodríguez Carril; el Inspector de Primera Enseñanza, señor Maceda; y el Jefe Provincial de Unión Patriótica, señor Salgado Biempica. Además, se encontraban el Alcalde de A Merca, señor Garrido, su Corporación, el maestro nacional, el párroco y resto de autoridades locales. La obra había sido sufragada por el presupuesto municipal y la suscripción de los vecinos de la Parroquia de Parderrubias (La Zarpa, 14 de agosto de 1928).

La inauguración del nuevo pabellón escolar formaba parte del programa de fiestas en honor a la Virgen de Lourdes que organizaron los Hermanos Garrido los días 11 y 12 de agosto de ese año 1927, fecha en la que inauguraron un oratorio en su domicilio de Parderrubias. Tal como recoge el diario La Región de esas fechas, el sábado 11 de agosto a las doce del mediodía un repique general de campanas y el disparo de una nutrida salva de bombas anunciaba el comienzo de los festejos. A las ocho de la tarde, tenía lugar la novena a la Santísima Virgen y acto seguido se cantaron solemnes vísperas en su honor. Desde las nueve y media hasta las doce de la noche se celebró una gran verbena en el campo de la fiesta, amenizada por una banda de música, bajo una sorprendente iluminación. Al día siguiente, domingo 12 de agosto, a las cinco de la madrugada, una salva de bombas anunciaba la reanudación de los festejos y la banda de música recorrió las calles de los pueblos tocando dianas y alboradas. A las siete hubo misa parroquial y novena. A las nueve y media, tuvo lugar la bendición del oratorio en el domicilio de los hermanos Garrido, y acto seguido se celebró en el mismo la primera misa, cantada. A las diez y media se procesionó a la Virgen María desde el oratorio a la iglesia parroquial, en donde se celebró una solemne misa cantada a toda orquesta. Por la tarde, a las cuatro y media, se llevó a cabo una ceremoniosa bendición de la Bandera del Sindicato Católico Agrícola de Parderrubias, y ya a las cinco, con la asistencia del Excelentísimo Señor Gobernador Civil se inauguraba la escuela. A las seis comenzaron los bailes populares amenizados por la banda de música hasta el anochecer, cuando una salva de bombas ponía fin a los festejos.

La notabilidad de la familia Garrido queda patente en una fotografía publicada en la revista Vida Gallega del 20 de noviembre de 1923 (véase más abajo), en la que Modesto (de pie, segundo por la izquierda) y José (sentado en el centro) aparecen posando con sus sobrinas junto a los Oficiales del Batallón de Cazadores de Ourense, que estaba realizando en esos días maniobras militares en Parderrubias. En esa misma fotografía también podemos observar, sentado a la derecha, al cura don Adolfo Outumuro, pocos meses antes de su fallecimiento. En 1929, José y Manuel, junto al cura don Castor Gayo (fotografía que aparece al principio del artículo) viajan a la Exposición Internacional de Barcelona. Manuel y José ingresarían en el Somatén de la Octava Región, Auxiliaría de Allariz, durante la primera quincena del mes de enero de 1929.

“Os Escultores” de Parderrubias fueron los que adquirieron el primer vehículo de cuatro ruedas en el pueblo. También fueron los primeros en poseer dos camionetas para el negocio del aserradero. El 25 de octubre de 1921, un devastador incendio que asoló un edificio en O Posío acababa con la vida de un matrimonio y su hija. En los bajos había un taller de pintura propiedad del infortunado y un garaje, en el que se guardaban tres camiones Peugeot, que quedaron completamente carbonizados; uno de esos camiones era de los Hermanos Garrido. El incendio había sido provocado por una negligencia de un chófer al llenar de gasolina el depósito de uno de los camiones, dejando que esta se derramase y alcanzase un farol de aceite. Aparte de la pérdida de vidas humanas, los daños superaron las cien mil pesetas de la época.

Manuel era un apasionado de la fotografía (varias de las fotografías que ilustran este artículo son de su autoría), lo que se puede interpretar como un gran hito en aquella sociedad rural de la época. Tal como relata Piñeiro, en 1911 adquiría los primeros frascos de revelador y sobres de papel de citrato de 13 por 18 en la droguería Sanchón de Vigo. Durante los años veinte se encargó de fotografiar a vivos y muertos de toda la comarca, llegando a acumular cientos de fotografías que hoy constituyen un documento visual valiosísimo que permite conocer y profundizar en la sociedad de principios del siglo XX en toda nuestra comarca. Una de sus fotografías más impactantes corresponde a un entierro celebrado en la iglesia parroquial de Parderrubias, excelentemente inmortalizado por a cámara de Manuel. Pudiera tratarse del entierro de don Adolfo Outumuro.

Entierro en la iglesia parroquial de Parderrubias retratado por Manuel Garrido

En palabras de Piñeiro, Manuel retrató a “ricos y pobres, a burgueses prepotentes que inmortalizaban sus pretendidas riquezas personales y su egocentrismo, y a humildes labriegos que veían en la fotografía el arte de la transformación temporal, superando por momentos, sus particulares miserias… Niños y viejos, vivos y muertos, entierros y romerías y algún que otro pionero, que orgulloso mostraba al mundo su modernidad adquirida, eran los motivos etnográficos que el joven Manuel Garrido iba plasmando en su cámara oscura“.

El nombre de Hermanos Garrido llega a aparecer en la obra “Mitteleuropa” de Vicente Risco, en la que el gran literato gallego relata sus impresiones acerca del viaje que realiza a Berlín:

Cadra xa en Wilmesdorf, e para ir, cómpre atravesar a Kurfürstendamm e coller logo por Olivaer Platz e Parisestrasse. É unha igrexa nova dun oxival que farían os irmáns Garrido de Parderrubias, se como son carpinteiros e escultores, fosen canteiros e arquitectos, posta no medio dun lindo xardinciño”.

Los eventos sociales en la casa de “Os Escultores” saltaban a las páginas de los periódicos locales de la época:

El domingo se celebró en la casa solariega de los señor de Garrido, en Parderrubias, la fiesta de la patrona de la casa, la Virgen de Lourdes. Hubo misa solemne en el oratorio en la que interpretó música de Perosi la Banda de Las Pías, que dirige el competente joven don Aurelio Nieto. Luego se sirvió una suculenta comida a cerca de cien invitados. Por la tarde hubo fiesta popular en los patios de la fábrica de escultura de los Garrido” (La Región, 30 de julio de 1933).

En definitiva, los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias) fueron una familia emprendedora de la época, que colocaron el nombre de Parderrubias en la sociedad de principios del siglo XX, a través de su actividad industrial, política y social. A pesar de que los talleres de imaginería religiosa José Garrido y Hermanos enmudecieron hace ya muchas décadas, su obra perdura con el paso del tiempo, pudiendo todavía hoy ser contemplada, como es el caso del Viacrucis que cuelga de las paredes de la iglesia parroquial de Parderrubias. La tradición prosigue actualmente con Restauraciones Garrido, que dio continuidad a una de las dos sagas: la de Eliseo Garrido.

Firmas de los cuatro hermanos Garrido

Referencias

Piñeiro, A. (2018). Cazadores de almas. Tres fotógrafos das terras de Celanova. Raigame, 42, 60-67.

Nota. Los autores agradecen a Antonio Piñeiro permitirnos hacer uso de su documento no publicado “Manuel Garrido: un imaxineiro que dominou a arte da fotografía”, y a Xulio Outumuro el hacerlo llegar a nuestras manos.

Parderrubias y su comarca en el tiempo de la Guerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias y su comarca en el tiempo de la Guerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

“No era una sola guerra sino muchas, que coexistieron y se solapaban de tal manera que acentuaron el odio” (Paul Preston, 2015).

Desde niño fui testigo de como las personas mayores incluían en muchas de sus conversaciones la expresión “no tempo da Guerra… (en el tiempo de la Guerra…)”. Pronto percibí que detrás de ese “no tempo da Guerra” había penuria, miedo, tristeza, silencio, persecución, separación, dolor y muerte. La curiosidad por saber más acerca de lo que pasó en ese tiempo en nuestra comarca me llevó, entre otras cosas, a rebuscar en las hemerotecas. Después de muchas horas repasando hojas de periódicos, pude reunir y organizar algunos hechos y acontecimientos publicados por la prensa de esos años, que me permitieron conocer algo más acerca de lo que hay detrás de ese “no tempo da Guerra”. Lo que a continuación encontrará el lector será una secuencia de hechos y sucesos ocurridos en nuestra demarcación y zonas cercanas, expuestos tal y como se recogieron en las páginas de algunos periódicos, influenciados sin duda alguna por la ideología dominante de la zona en la que se publicaban.

El sábado 18 de julio de 1936, con el General Mola como uno de los conspiradores más significativo, se produce un Golpe de Estado, el cual se venía gestando desde hacía meses atrás. Al no tener éxito en todo el país, este queda dividido en dos frentes. Entre los días 20 y 21 de julio finaliza la sublevación militar como tal, y al quedar España partida en zonas controladas por los golpistas y zonas leales a la República da comienzo la Guerra Civil, de cuyo final, el 1 de abril de 1939, se cumplen ahora 80 años. En Galicia, en todo su territorio, triunfan los golpistas sin apenas oposición, quedando desde el primer momento en zona Nacional y así, desde la retaguardia, se convierte en arsenal humano, sanatorio y despensa de las tropas rebeldes contra la República. En nuestra tierra no hubo trincheras, pero la terrible represión franquista se saldó con casi cinco mil fusilados (entre ellos los cuatro gobernadores civiles) y miles de jóvenes gallegos  fueron enviados forzosamente a los frentes -auténticos mataderos-, dejándose allí la vida un incontable número de ellos. Por tanto, todo lo que ocurrió durante el tiempo de la Guerra en la comarca de Parderrubias, se debe observar desde el prisma de ser parte de la Zona Nacional desde el inicio de la contienda civil.

entrega de armasAhora21julio1936
Fotografías del diario Ahora del 21 de julio de 1936

El inicio de la Guerra en Ourense

En la portada del diario La Región del domingo 19 de julio de 1936 se informaba que “ayer se declaró un movimiento subversivo cuyo alcance se desconoce. El Gobierno toma disposiciones encaminadas a dominar la sedición”. El 22 de julio su titular más destacado era mucho más dramático: el lunes 20 de julio se había declarado en Orense el Estado de Guerra. A las doce del mediodía de ese lunes, el Capitán Mira ocupa el Ayuntamiento en representación de la Comandancia Militar y desde ese momento la Guardia Municipal pasa a prestar servicio con fusil en las calles. Esa misma mañana una camioneta del Batallón de Infantería recorrió las arterias más importantes de la capital dando lectura al Bando firmado por el Teniente Coronel Militar de la plaza de Ourense, Luis Soto, publicado en los periódicos locales La Región del 22 de julio y La Zarpa del 30 de julio, diario este último que llevaba varios días sin poder editarse por la ausencia de los trabajadores gráficos en sus puestos. Con dicho Bando, se suspenden todos los derechos civiles, se pasa del mando civil al militar y la provincia ourensana queda bajo un estado de guerra:

  1. Intimo a todos los perturbadores, rebeldes y sediciosos a que en el plazo de dos horas depongan su actitud, se sometan a las autoridades legítimas y denuncien a tiempo de evitar sus consecuencias cuyos actos de violencia sepan van a ejecutarse. Los que así lo hicieren quedarían exentos de pena, excepto las Autoridades o jefes de la rebelión, sedición, desorden.
  2. Queda prohibida la formación y circulación de grupos de más de tres personas y si a la primera intimación no se disolvieran, lo serán por la fuerza.
  3. Queda asimismo prohibido el aproximarse desde las seis de la tarde a las siete de la mañana a las líneas férreas, de energía eléctrica, conducciones de aguas, cuarteles, polvorines, dependencias fabriles e industriales y edificios públicos. La fuerza pública podrá disparar, sin previo aviso sobre quienes se encuentren en esos lugares a las expresadas horas y lo hará sobre cuantos no obedecieron la primera intimación.
  4. Serán repelidos con las armas, sin previa intimación, todos los actos de violencia que las fuerzas encargadas del orden sorprendan y, desde luego, los atentados contra ellas o los objetos encomendados a su custodia se cometan.
  5. Serán considerados, desde luego, como reos de rebelión o sedición común o militar, según las circunstancias, aplicándoles en su caso, las penas del Código de Justicia Militar: a) los que cualquiera que sea su número se resistieren o atacaren a la Autoridad o fuerza pública o desobedecieren sus mandatos; b) los que celebraren reuniones o manifestaciones no autorizadas; c) los que atentaren contra la libertad del trabajo de palabra, por escrito, aunque sea impreso, o empleando la violencia; d) los que por medio de atentados contra personas o cosas o de cualquier otro modo perturbe notoriamente el orden público o tuvieran en su poder armas de fuego sin la debida autorización, explosivos o elementos o material especialmente utilizables para producir incendios y otros estragos; e) los que profirieren cualquier clase de gritos subversivos o por medio de la palabra hablada o escrita injurien al Régimen, a las Autoridades o a sus Agentes o Institutos Armados, o exciten a la comisión de algunos de los delitos comprendidos en este Bando, cualquiera que sea la forma, modo, ocasión o medio empleado, incluso la imprenta; f) los que en cualquier forma perturben o impidan toda clase de comunicaciones o servicios públicos.
  6. Los comprendidos en los apartados del artículo anterior incursos con arreglos al Código de Justicia Militar en pena de RECLUSIÓN PERPETUA A MUERTE y los reos de los demás delitos militares castigados con pena de privación de libertad de más de seis años de duración, serán juzgados por los Tribunales Militares en JUICIO SUMARÍSIMO con sujeción a los artículos 649 y siguientes del mismo Código, de lo cual y lo que atañe a cuantos estén sujetos a la disciplina militar, se hará la oportuna advertencia en la Orden de la Plaza.
  7. Quedan sometidos a la competencia de esta jurisdicción, además de los hechos y delitos cuyo conocimiento le corresponde en todo caso y serán juzgados, por la misma, con arreglo a los preceptos del Código o Ley que corresponde como actos contrarios al orden público: 1) los delitos de rebelión y sedición común y sus conexos y todos los hechos especificados en los diversos incisos del artículo 5º de este Bando, cuando no resulten constitutivos de rebelión o sedición común ni militar; 2) los comprendidos en la Ley de 10 de julio de 1894, llamada de explosivos; 3) los desórdenes públicos y desobediencia y denegación de auxilio de los artículos 266, 268, 269, 374 al 377 y prolongación y abandono de funciones de los artículos 385 y 387, todos del Código Penal; 4) los de allanamiento de morada y robo de armas, y los que tiendan a impedir el abastecimiento de los artículos de primera necesidad.
  8. Serán juzgados en JUICIO SUMARÍSIMO, además de los delitos militares antes sometidos a dicho procedimiento, todos los demás comprendidos en este Bando que tengan señalada pena superior o la de presidio o prisión menor, y siempre que el reo pueda reputarse comprendido en el artículo 650 del Código de Justicia Militar.
  9. La Jurisdicción de Guerra podrá inhibirse o dejar expedita la acción de la ordinaria respecto del conocimiento de las causas incoadas por delitos comunes.
  10. Asumidas por mi Autoridad todas las facultades que me confiere para estos casos el artículo 58 de la Ley del Orden público, castigaré con multas hasta de 10.000 pesetas cuantos actos contrarios al orden público no sean constitutivos de delitos y adoptaré en cada caso con arreglo a la dicha Ley, cuantas medidas considere además necesarias para su restablecimiento.
  11. No podrá celebrarse ninguna reunión, mitin, conferencia o manifestación pública, ni aun las Juntas de Asociaciones o Sindicatos sin mi autorización, que será solicitada por escrito con expresión del objeto de la misma y que otorgaré si lo estimo oportuno, con las restricciones y requisitos pertinentes. Toda reunión o manifestación celebrada sin mi autorización será disuelta por la fuerza si ofrecieran resistencia sus componentes, a los cuales se les exigirá las responsabilidades en que incurran.
  12. Serán sometidos a mi previa censura, antes de empezar a circular, los ejemplares de todo impreso o documento destinado a la publicidad, pudiendo hacerlo los periódicos diarios hasta una hora antes, sin perjuicio de las responsabilidades exigibles por todo escrito delictivo publicado o no, incurrirá en multa hasta 10.000 pesetas el director, editor o empresa que infrinja la censura establecida, recogiéndose en el acto la publicación y suspendiéndolas para lo sucesivo en caso de reincidencia.
  13. Toda persona que presencie cualquier agresión o acto de violencia queda obligada a concurrir inmediatamente a la Comisaría, Cuartel, Juzgado o Tribunal o lugar oficial más próximo para aportar su testimonio y si no lo hiciere incurrirá en desobediencia.
  14. Los Tribunales, Autoridades o Corporaciones civiles continuarán ejerciendo sus respectivas funciones en todo lo que no se halle exceptuado en este Bando, limitándose las de orden gubernativo en lo que atañe al orden público, a las facultades que por mi Autoridad se deleguen.
  15. Los funcionarios públicos o Corporaciones que abandonen sus funciones o no presten el inmediato auxilio que por mi Autoridad o por mis subordinados sea reclamado para el restablecimiento del orden o para la ejecución de lo mandado en este Bando, serán suspendidos en el acto de empleo cargo o función y sueldos anejos, sin perjuicio de la correspondiente responsabilidad criminal que le será exigida por el Tribunal correspondiente.
  16. Se consideran ilegales cuantas huelgas se traten de declarar después de la publicación de este Bando, dándose de plazo para la entrada al trabajo, hasta mañana a las ocho horas, aplicándose las máximas sanciones a los contraventores de este artículo.
  17. Se declaran incautados y a mi disposición los automóviles de carga, viajeros y particulares, motocicletas, bicicletas y vehículos de todas clases quedando absolutamente prohibida la circulación rodada. Tanto en el interior de las poblaciones como fuera del casco de las mismas y en las carreteras, caminos, pistas y veredas en tanto los conductores no se provean de una licencia especial para cada caso o viaje, que será solicitada de mi Autoridad o de la que en su caso se designe.

A todos los efectos de los términos legales en los casos en que sea preciso este cómputo se hace la publicación de este Bando a las catorce horas de hoy. A todos los ciudadanos del territorio de mi mando requiero su auxilio para restablecer el orden por el que yo he de procurar absoluta inflexibilidad y rigor. Orense, 20 de julio de 1936. El Teniente Coronel Comandante Militar, Luis Soto”.

LaRegion19julio
Portada del diario ourensano La Región del 19 de julio de 1936

LaZarpa30dejulio
Portada del diario ourensano La Zarpa del 30 de julio de 1936

El Comandante Ceano, jefe del Batallón de Infantería de Ourense, saca las tropas a las calles, produciéndose únicamente un pequeño foco de resistencia por parte de militantes socialistas en la zona de O Posío (Cocho, 2011). Según La Región del 22 de julio, la transmisión de poderes se hizo con “absoluta normalidad” y “los comercios han abierto en su totalidad y el aspecto de la ciudad es de absoluta normalidad”. El día 23 tomaba posesión del Ayuntamiento de la capital el Capitán de Infantería Marcelino Mira Cecilia. La Diputación Provincial pasó a estar presidida por dos militares retirados. Desde un micrófono del Gobierno, a cada hora se pronunciaban alocuciones con instrucciones para los ciudadanos como, por ejemplo, acudir a sus puestos de trabajo bajo amenaza de la cancelación de los contratos en caso de no hacerlo. El 28 de julio se militarizan los servicios de electricidad y agua. Mientras, en la provincia reina una relativa tranquilidad en esos primeros días, salvo altercados aislados en algunos lugares, como en el caso de Maceda. Así, el día 23 era asesinado un joven fascista que junto a otros compañeros hacía un registro de una casa del pueblo; la respuesta fue asesinar al agresor, un concejal comunista, y herir gravemente a su padre. El 11 de agosto se izaba en el Gobierno Civil y Comandancia Militar la bandera bicolor, y el día 12 la roja y negra de la Falange, junto a la bicolor, en la Diputación Provincial. En la provincia fue prácticamente inexistente la resistencia, salvo en algunos puntos. En Maceda, bajo el liderazgo del comunista Benigno Álvarez, se produjo un enfrentamiento con ochenta militares, falangistas y guardia civiles, que pronto solventaron el aguante. En Verín tuvieron que hacer presencia guardias de asalto de A Coruña. Y en A Gudiña y A Mezquita se necesitó la presencia de una columna de 300 guardias civiles y milicianos fascistas (Cocho, 2011).

Un nuevo Bando publicado el  24 de julio movilizaba para la Guerra a todos los ciudadanos disponibles:

Don Luis Soto Rodríguez, teniente coronel de Infantería y comandante militar de Orense, Ordeno y Mando:

  1. Quedan inmovilizados todos los individuos en situación de disponibilidad de servicio activo, acogidos a los beneficios del artículo XVII de la Ley de Reclutamiento (cuotas), de los reemplazos 1931, 1932, 1933 y 1934 y primer llamamiento de 1935, incluso aquellos que han prestado servicio en otras divisiones.
  2. La incorporación a filas se hará inmediatamente después de publicado este Bando, antes de las veinte horas del 24 del actual. Para la incorporación se tendrán en cuenta las normas siguientes: la concentración de todos estos individuos, incluso aquellos que han prestado servicio en otras Divisiones se efectuará precisamente en el Segundo Batallón del Regimiento de Infantería número 30, de guarnición de esta plaza de Orense, donde se presentarán todos los individuos quienes comprende el llamamiento y de los reemplazos antes citados, sea cualquiera el arma o cuerpo en que hayan servido.
  3. El que sin causa plenamente justificada faltase a concentración, incurrirá en las penas que para el delito de deserción señala el Código de Justicia Militar, las que serán ejecutadas inexorablemente.

Dado en Orense, a las ocho horas del día 24 de Julio de 1936. El Comandante Militar, Luis Soto Rodríguez. Rubricado y sellado”.

Al día siguiente, 25 de julio, otro Bando moviliza a los reemplazos de 1927, 1928, 1929 y 1930. Estas nueve quintas de cuotas citadas, que sumaban unos seiscientos hombres, acudieron, según La Región del 28 de julio, “con entusiasmo a la causa de la Patria, hallándose animados del espíritu más disciplinado y heroico, acudiendo a las batidas y operaciones a que se les llama cantando alegremente”.

Al llamamiento obligatorio a filas, se unieron voluntarios que se presentaban para ir al frente. Así, lo recoge efusivamente el diario El Compostelano del 10 de agosto de 1936:

En diez camiones y procedentes de Orense, llegaron ayer a Santiago más de trescientos voluntarios que van a unirse a las fuerzas de nuestro Ejército. El entusiasmo de esos valientes voluntarios era extraordinario, pues daban vivas a España, al Ejército y a la Junta de Defensa Nacional de Burgos… La mayoría de ellos eran obreros que abandonan sus trabajos por defender a la Patria”. 

El 1 de agosto ya había fuerzas militares ourensanas en Ponferrada y en Asturias. De este frente no tardan en llegar las primeras víctimas mortales. Así, el 6 de agosto, la prensa local se hacía eco del entierro de un Capitán, del Jefe de Falange y de un Sargento, todos ellos fallecidos en Asturias. El 9 de septiembre, provenientes del mismo frente, llegaban a la ciudad los cadáveres de un sargento, un cabo y un soldado, fallecidos en San Cosme. La lista se fue agrandando con el paso de los meses. Aparte de Asturias, soldados ourensanos fueron enviados a los montes de León, al  frente de Ávila, a la Sierra de Guadarrama, a las estepas de Huesca, a la batalla de Teruel, a la del Ebro, etc. Sorprende el titular de La Región del 2 de marzo de 1937 “otro falangista que hace guardia a los luceros”, bajo el que se informaba de la muerte de un joven de 18 años de edad en el frente, otro que “había muerto por Dios y por la Patria” (¡apártame del Dios y de la Patria que exigen este derramamiento de sangre!). A principios de 1938 llegan a la capital las primeras víctimas mortales de la batalla de Teruel.

La prensa local de la Zona Nacional, con enorme afán propagandístico, alternaba noticias de detenciones y ejecuciones de personas vinculadas al Frente Popular con las muertes de soldados del Ejército Nacional allá en los lejanos frentes de batalla.

También se supo en Orense, que murió en el frente de Batalla el capitán D. Nicolás. El finado contaba 24 años y antes del Movimiento se había distinguido por su actuación contra el comunismo. Los extremistas de Orense trataron una noche de asesinarle, hiriéndole, cuanto entraba en su domicilio, de dos balazos” (Diario de Pontevedra, 22 de enero de 1938).

También se supo en Orense, que encontraron gloriosa muerte el alférez de aviación, don Luis y el soldado José, este hijo del Secretario del Ayuntamiento de Allariz” (Diario de Pontevedra, 3 de marzo de 1938).

El Boletín Oficial del Estado publica ayer la Orden del Ministerio de Defensa Nacional concediendo la Medalla Militar al cadáver del capitán de la bandera de F.E.T. y de las JONS, de Orense, don Salvador. Este oficial, después de comportarse heroicamente en los reiterados ataques del enemigo a la posición de Calabazas recibió dos balazos en el vientre y, no obstante ello, siguió arengando con entusiasmo y energía a las fuerzas que mandaba hasta que una nueva herida en la cabeza le causó la muerte” (Diario de Pontevedra, 21 de abril de 1938).

Durante los primeros días de Guerra, el Ejército y la Guardia Civil fueron movilizados en la provincia, produciéndose escaramuzas militares.

Otra columna de Orense, formada por fuerzas del Ejército y milicias voluntarias, fue a Verín, en donde sostuvo un tiroteo con algunos núcleos insurgentes, a los que ocasionó cuatro muertos y varios heridos… Las fuerzas afectas al movimiento no experimentaron baja alguna. Hacia La Peroja fue otra columna que ocasionó otros cuatro muertos a un grupo que la tiroteó. Dos afiliados a la Falange Española encontraron a dos marxistas que les hicieron frente con armas de fuego, y cumpliendo el bando de declaración del estado de guerra,  los fusilaron en el acto” (Diario de Pontevedra, 30 de julio de 1936).

Cuando una de las camionetas regresaban por la carretera de Celanova, al llegar al cruce de las carreteras de Piñor y Celanova, frente a la finca del señor Otero, unos individuos ocultos hicieron varios disparos. La fuerza descendió del vehículo, repeliendo la agresión y poniendo en fuga a los agresores, que dejaron tres cadáveres en el campo. Fueron recogidos por la ambulancia que los trasladó al Hospital, de donde fueron llevados luego de la oportuna autopsia al cementerio de esta ciudad” (Diario de Pontevedra, 1 de agosto de 1936).

Hacia la madrugada de hoy, día 6, ha salido una columna formada por el Capitán de la Guardia Civil y Comandante militar de esta plaza, don Juan Ros, que ha operado fraccionariamente. Las fuerzas al mando del capitán Ros hicieron una descarga sin consecuencia y los pueblos al verse protegidos por la fuerza quemaron la tienda del marxista Paragüero, centro de reuniones de los dirigentes comunistas de aquella comarca” (La Región, 8 de agosto de 1936).

Tal como señalaba el artículo 17 del Bando del 20 de julio de 1936, la población comienza a sufrir el requisamiento de los vehículos de su propiedad. Camiones y camionetas de carga de la capital ourensana, debidamente equipados para su uso inmediato, debían ser concentrados en la Alameda. En ocasiones se producían sobornos para evitarlo, aunque su descubrimiento acarreaba importantes multas impuestas por la autoridad militar:

El Gobernador militar de Orense impuso una multa de 1.000 pesetas a Manuel, vecino de Verín, quien para que no le fuese requisado el camión de su propiedad hizo al encargado de la clasificación del material el ofrecimiento de 500 pesetas” (El Diario de Pontevedra, 24 de marzo de 1937).

Un Bando del 27 de julio de 1936, emitido por la Comandancia Militar, decreta la incautación de todas las contribuciones, impuestos, rentas, valores y derechos que corresponden al Estado, así como todas las cuentas corrientes del Tesoro del Banco de España, en las que se seguirán haciendo ingresos, pero estableciéndose límites para las extracciones de dinero. Sin embargo, pocos meses después, en noviembre, el Gobierno Civil alertaba de la reducción de los ingresos bancarios que “no obedece a otra causa que a la codicia mal entendida de quienes en su afán de acaparar dinero, no saben el mal que hacen y el daño que originan a la economía nacional”. Para cortar de raíz tal “exceso”, el Gobernador exhorta especialmente a industriales y comerciantes a que no retengan en casa más dinero que el necesario, bajo amenaza de severas sanciones. El 22 de noviembre se procedía a la detención del dueño de un establecimiento de bebidas de la calle Santo Domingo al que se le incautaron 800 pesetas en monedas de plata. Un bando del 29 de julio hace especial énfasis en la tenencia de armas con un contundente aviso:

Queda terminantemente prohibido la tenencia de toda clase de armas utilizables para fines de lucha o agresión y caducadas cuantas licencias se hallan expedidas para su uso con anterioridad a mi citado bando del veinte del actual. Concedo un plazo de veinticuatro horas a partir de la publicación de este Bando para hacer entrega de las mismas en dependencias y centros militares. Quien, transcurrido dicho plazo, lleve sobre sí o tenga en su domicilio alguna de ellas, será fusilado sin formación de causa” (La Zarpa, 30 de julio de 1936).

Con el fin de restringir el consumo de gasolina y accesorios de automóviles, un Bando del 23 de septiembre autorizaba solamente los viajes de carácter urgente en casos de muerte, servicios médicos, accidentes o viajes derivados o relacionados con asuntos oficiales, teniendo que demostrarse la imposibilidad de efectuar el viaje por ferrocarril o servicio regular en automóvil. Durante toda la Guerra se produjeron suscripciones y donaciones a favor de Acción Ciudadana (milicia cívica armada) para sufragar los gastos de las tropas en los distintos frentes. Así, se destaca la generosidad de una ciudadana, la señora Elvira, que entrega en la Comandancia Militar 25 pesetas, casi la totalidad de su sueldo, o de la Parroquia de la Trinidad que recauda 345 pesetas para la causa, o los comerciantes de la Plaza, que reunieron 5.000 pesetas. La prensa hacía hueco a las donaciones que se realizaban, tanto para el frente como para aquellas ciudades que pasaban a control del Ejército Nacional.

Al llamamiento patriótico que se hizo para recoger licores y dulces, para los soldados de Asturias, con motivo de la felicitación cariñosa que el general Aranda les dedicó por su gesto viril y españolista ante las hordas de dinamiteros e internacionales, han respondido entre otros, los Ayuntamientos de Cortegada, que envió 684 botellas de aguardiente, y Celanova que mandó 486 de varias bebidas” (El Pueblo Gallego, 14 de marzo de 1937).

De Orense salió ayer para Barcelona un importante convoy de víveres, en diez camiones. Entre lo que se envía a la ciudad recientemente liberada van jamones, patatas, alubias y tocino” (Diario de Pontevedra, 30 de enero de 1939).

El 9 de octubre de 1936 se prorrogaba nuevamente la apertura del curso del Seminario Conciliar de San Fernando, debido a que la mitad de sus alumnos estaban incorporados al Ejército Nacional. El curso se iniciaría finalmente en el mes de febrero de 1937. Ese mismo día 9 de octubre de 1936, una circular del Gobernador Civil avisaba de la escolaridad obligatoria, pues “no puede tolerarse el deplorable espectáculo de los niños abandonados por las calles de Orense durante las horas de clase”. Por tanto, “durante las horas de clase –nueve a doce y tres a siete- todo niño comprendido en la edad escolar –seis a catorce años- que se vea fuera de la escuela será detenido, imponiéndosele al padre una multa de dos pesetas la primera vez, tres la segunda y cinco la tercera, efectivas en el día” (La Región, 9 de octubre de 1936).

Ahora18octubre1936
Fotografía del diario Ahora del 18 de octubre de 1936

Actos propagandísticos de los rebeldes en la capital ourensana

Mientras los sumarísimos consejos de guerra celebrados en la capital encadenaban sentencias de muerte, el sábado 3 de octubre de 1936, a las 12 de la mañana, tenía lugar un acto en la Plaza Mayor para conmemorar la designación del General Franco como Jefe del Estado. En el centro de la plaza formaban una compañía del batallón que guarnecía la plaza de Ourense, al mando del comandante Casar, y nutridas representaciones de Requetés, Falange, Juventudes de Acción Popular (JAP), Caballeros de Santiago y Milicias Armadas del Puente. En lo más alto de la torre de la Catedral alguien había colocado la bandera nacional. Media hora antes habían repicado todas las campanas de la ciudad. Los balcones relucían engalanados. Luis Soto Rodríguez, primera autoridad militar de la plaza, desde el balcón del Ayuntamiento dio lectura al decreto de la Junta de Defensa Nacional que designaba a Francisco Franco Bahamonde como Jefe de Estado. Al año siguiente, el 1 octubre de 1937 se vuelven a celebrar diversos actos para conmemorar dicho aniversario. Desde las ocho de la mañana, bandas de cornetas y tambores recorrieron las calles, mientras las campanas de las iglesias tocaban a gloria. A las 11 de la mañana se celebra una misa en la iglesia parroquial de Santa Eufemia del Centro. Cerraron los comercios, y en cuarteles, comedores de Auxilio Social y en la Prisión Provincial se sirvieron comidas extraordinarias. Al año siguiente se vuelve a repetir la misma parafernalia del Día del Caudillo. Por la mañana tuvo lugar una fiesta escolar, coincidiendo con el inicio del curso, que se hizo ese día como homenaje a Franco. En Santa Eufemia del Centro se ofició una misa a la que asistieron las autoridades militares, civiles y eclesiásticas, junto con niños y maestros de las escuelas de la capital, terminando con un homenaje a los Caídos. A continuación se descubrió una placa con la que se daba el nombre de General Franco a la calle Progreso.

El enorme coste en vidas humanas en el Frente de Asturias hizo que el 18 de octubre de 1936 muchos ourensanos recorriesen las calles de la ciudad durante toda la noche, hasta bien entrada la madrugada, cantando himnos patrióticos, una vez que tuvieron conocimiento de que las tropas gallegas habían entrado en Oviedo. Se oyeron bombas de palenque y las campanas de la ciudad echaron al vuelo. El júbilo por la toma de capitales a manos del Ejército Nacional se repitió en la capital ourensana en más ocasiones. La Región del 9 febrero de 1937 informaba que a las cinco de la tarde se había formado una imponente manifestación en la Plaza Mayor, en donde personas de toda índole, milicias y requetés celebraban la caída de Málaga del lado Nacional. De allí se dirigieron al Gobierno Militar, en donde el Gobernador Civil alentó a las masas con un delirante discurso:

Orensanos, os habla una voz sincera, la voz de un hombre acostumbrado a escuchar el tronar del cañón, el ruido de las ametralladoras y el seco estampido de la fusilería… Los que seguimos al glorioso General Franco llevamos en la mano un rosario, con el que hemos emprendido la Revolución… Y hoy hemos tomado Málaga, que ellos llamaban la roja, pero ahora es la roja y gualda…”.

Finalizada la alocución, se puso al frente de la manifestación que se dirigió a la Catedral en donde se celebraría un solemne “Te deum”. Otra extática manifestación tuvo lugar en el mes de junio de ese mismo año cuando el Ejército Nacional toma Bilbao. Bombas de palenque y las campanas de las iglesias vuelven a atronar la ciudad. Ya por la noche tiene lugar un desfile de antorchas a cargo de soldados, milicianos falangistas y numeroso público. La toma de Gijón supone otra manifestación de júbilo en la ciudad el domingo 4 de octubre. El día 29 de ese mismo mes se celebra al Día de los Caídos, teniendo lugar una solemne misa de campaña en la Alameda, que había sido ocupada por las milicias falangistas de toda la provincia. Encendida la llama a los Caídos, se dio lectura a la oración por los muertos de la Falange, concediendo el Obispo de la Diócesis cincuenta días de indulgencia cada vez que esta se rezase. Acto seguido más de cinco mil falangistas desfilaron a lo largo de la calle del Progreso durante más de una hora. Cuando a mediodía del domingo 3 de abril de 1938, día de San Lázaro, llega la noticia de que Lérida pasaba a ser Zona Nacional, volvieron a repetirse en la ciudad las muestras de júbilo de otras ocasiones. Repicó la campana de la capilla de San Lázaro, y la Banda Municipal que a esa hora tocaba en el parque se puso al frente de una manifestación espontánea que recorrió la ciudad.

El 19 de abril de 1938 se conmemora en la ciudad el aniversario de la Unificación con una concentración en la Alameda de las Secciones Femeninas, los Flechas, los de Segunda Línea y varias bandas de música para escuchar el discurso radiado de Franco, acudiendo gentes de toda la provincia. El 13 de julio se celebra con toda solemnidad el segundo aniversario del asesinato de José Calvo Sotelo. Al amanecer, una salva de bombas anuncia la llegada a la ciudad de los alféreces de la Academia de Ávila. Al ritmo que marca la Banda del Requeté de Navarra, desfilan desde la Estación hasta la Alameda y desde aquí se dirigen hacia la Catedral para visitar al Santo Cristo. Con la asistencia de cuatro ministros, se celebran los funerales, situándose en la nave central un “severo y lujoso catafalco, cubierto de tisú de oro, flanqueado por doce blandones y cobijado por la magnífica cruz procesional de la basílica” (La Región, 14 de julio de 1938). Con gran ceremonial también se festejó el segundo aniversario del alzamiento contra la República. Después de numerosos actos durante el día, a las once la noche del 18 de julio de 1938 se inicia una procesión de antorchas, que sale del Jardín del Posío formada por las bandas militar y municipal, soldados del Regimiento Zamora, Guardia de Orden Público y Milicias de la Falange, así como numeroso público, para recorrer diversas calles de la ciudad.

El 28 de marzo de 1939, las calles de Ourense vuelven a llenarse de gente para festejar la conquista de Madrid. Se engalanaron los escaparates, se dispararon bombas de palenque y tocaron todas las campanas de la ciudad. La Banda Municipal, la de Falange, y la de Cornetas y Tambores de Regimiento recorrieron las calles. A las cinco y media de la tarde habló el Alcalde desde el balcón del Ayuntamiento. De ahí la multitud se dirigió al Gobierno Civil y de aquí a la Catedral en donde se ofició un solemne Te Deum.

Ahora31julio1936
Fotografía del diario Ahora del 31 de julio de 1936

Represión franquista en Ourense

Con el triunfo golpista en Galicia, los rebeldes se hacen con el control absoluto del poder (Alcaldías, Gobiernos Civiles, Diputaciones, Delegaciones, etc.) e instauran la política del terror a todo opositor, por el simple hecho de haber sido afín a la República. Se fusila a todo aquel que no era de la partida, justificándolo como un mal necesario. Las persecuciones y detenciones eran algo habitual, por lo que muchas personas relacionadas con el Frente Popular optaron por huir o esconderse, terminando muchas de esas detenciones con resultado de muerte y, en casos extremos, en suicidios previos a la detención. En palabras de Barreiro Fernández (1991), es difícil comprender la salvaje represión llevada a cabo en Galicia, zona que apenas se resistió y no tuvo que ser tomada por un ejército invasor. Se estima que entre 1936 y 1939 se cometieron 8.000 asesinatos en Galicia; Prada Rodríguez (2004) señala que en Ourense se pueden llegar a contabilizar más de 600 víctimas. Al quedar toda la provincia en Zona Nacional, su práctica totalidad fueron personas de izquierdas.

Un buen ejemplo de la barbarie y locura que inundó Ourense durante esos días lo encontramos en el periódico La Región del 1 de septiembre de 1936:

Ayer, a las siete de la tarde, han sido fusilados en el cuartel de San Francisco, por el delito de traición, el Guardia de Asalto excedente, José, y el paisano Antonio. Murieron reincorporándose al seno de la Iglesia, dando muestras de gran arrepentimiento, abrazados al Crucifijo y pidiendo perdón por sus culpas. Que Dios les haya perdonado”.

Una entrevista realizada por el diario nacional ABC a cuatro ourensanos afiliados al Partido Comunista enrolados a la fuerza en la Cuarta Bandera del Tercio, y afiliados posteriormente a las filas del Ejército Republicano, nos aporta información acerca de la salvaje represión vivida en los inicios de la Guerra en Ourense:

El pueblo estaba alerta. El gobernador de la provincia se entrevistó con los jefes militares, quienes le dieron su palabra de honor de permanecer leales al Gobierno de la República. Durante los primeros quince días la reacción estuvo oculta bajo la bandera de la República. Las radios oficiales emitían el himno nacional, hasta que un día la enseña de la República fue sustituida por la bandera monárquica, y el Himno de Riego por el de la Falange. Empezaron los discursos a cargo de monárquicos, requetés y falangistas. El Gobernador fue asesinado por los militares sin honor. Recuerdo que el primer discurso que se radió en Orense después de que se despojaran de la careta estuvo a cargo de un falangista, que terminó diciendo: si veis correr la sangre por las calles, no asustaros, que es sangre de marxistas… La población civil está sometida por el terror. Los fusilamientos efectuados en masa eran cometidos, en su mayor parte, por los falangistas y guardias civiles. Antes de llamar a una quinta hacían fusilamientos dentro de la población, dejando los cadáveres en los lugares  más céntricos para que fueran vistos por todo el mundo… En los mercados no dejan hablar a dos mujeres, y cuando las ven juntas son separadas inmediatamente, siendo sometidas a un interrogatorio. En caso de que, por azoramiento o miedo, no coincidan en sus declaraciones, son encarceladas, les cortan el pelo, las pintan en la frente, con tinta china, las letras U.H.P., y en estas condiciones les obligan a barrer las calles de la ciudad… Sacaban por las noches los presos de la cárcel y después de ser fusilados arrojaban los supuestos cadáveres, sujetos por una cuerda, seis o siete de una vez, al Miño, desde el puente de Castrelo, con orden a los barqueros de empujarlos hacia el mar en vez de recogerlos. También se ha dado el caso de haber curado a los detenidos que habían intentado suicidarse para fusilarlos después por el solo gusto de matar” (ABC, 20 de marzo de 1937).

Las noticias relativas a detenciones relacionadas con ajustes de cuentas plagaban las páginas de la prensa escrita de esos días.

Ha sido detenido Manuel Suárez, ex alcalde de Orense y vicepresidente de la Diputación provincial cuando estallo el glorioso movimiento nacional. El detenido era el jefe de los socialistas orensanos y había sido candidato a diputado en las últimas elecciones. Se le creía fugado o desaparecido cuando en realidad estaba escondido” (El Compostelano, 17 de febrero de 1937).

La Guardia civil de Orense detuvo en San Ciprián de Viñas al dirigente comunista José, que en los primeros días del movimiento capitaneó un grupo de marxistas. Estaba oculto en su domicilio encerrado entre dos tabiques, siendo muy difícil que fuera visto” (El Compostelano, 11 de mayo de 1937).

Cuando la Guardia civil y varios falangistas de Orense trataban de detener al vecino de San Payo, Valentín, significativo extremista huido en los primeros días del Movimiento, aquél se escondió en su domicilio y se disparó un tiro, matándose” (El Compostelano, 8 de enero de 1937).

Cuando la pareja de la Guardia civil de La Vega (Orense) conducía desde Riomar a Prada al vecino del primero de dichos pueblos, Santos, de 38 años de edad y ex alcalde pedáneo del Frente Popular, aquel intentó huir aprovechando la densidad de la niebla, y hubo que disparar sobre él. Santos resultó muerto”  (El Compostelano, 8 de enero de 1937).

La Benemérita del puesto de la Vega (Orense), mató al conocido comunista Sigfrido, que trató de huir y disparó sobre las fuerzas cuando iban a detenerlo” (El Compostelano, 12 de enero de 1937).

La Benemérita del puesto del Barco de Valdeorras (Orense) detuvo a Augusto, natural de San Payo, municipio de Petín. El detenido, significado marxista, era alcalde de Villamartín al estallar el movimiento militar y cabecilla de las turbas que el día 29 de julio causaron la muerte de un guardia civil, resultando otros dos heridos. Cuando la Benemérita trataba de comprobar las declaraciones que había hecho, diose a la fuga, y viose precisada a hacer fuego, matándolo” (El Compostelano, 20 de mayo de 1937).

En los montes próximos a Entrimo (Orense), fue descubierta una partida compuesta de cuatro marxistas, provistos de armas. Fuerzas de aquella localidad procedieron a dar una batida, dirigiéndose a unos pinares próximos al pueblo de Ferreirós, donde lograron localizar a los perseguidos, que al verse descubiertos hicieron frente a la fuerza disparando sus armas. Esta repelió la agresión, resultando un marxista tan gravemente herido que falleció momentos después, sin que a pesar de las averiguaciones hechas y reconocimiento del cadáver por varios vecinos, fue posible determinar su personalidad, pues tampoco llevaba en su poder documento alguno de identificación. A este sujeto le fue ocupada una pistola marca F. N. calibre 7,65. Los otros perseguidos, uno de ellos al parecer también herido, lograron desaparecer monte adelante en dirección a la frontera portuguesa”  (El Compostelano, 31 de julio de 1937).

Fue detenido en la Arnoya (Orense), por el jefe local del FET, el peligroso comunista Ramón, que se hallaba escapado desde el principio del Movimiento. Cuando a las dos de la mañana se le iba a detener en su domicilio se dio a la fuga. Fue perseguido hasta que al hacer frente a los que iban en su busca fue herido y capturado” (El Compostelano, 18 de septiembre de 1937).

Por la Guardia civil del puesto de Rúa Petín fue detenido en el desván de su domicilio, Aurelio, de 42 años, casado, vecino del barrio de la Estación de la Rúa, que había sido alcalde de dicho Ayuntamiento durante la dominación del Frente Popular, ordenando la detención de varias personas de derechas, entre ellas la del actual alcalde de dicho municipio, habiendo desaparecido a raíz del Movimiento Nacional. Ingresó en la cárcel del Barco a disposición de la autoridad militar” (El Compostelano, 18 de febrero de 1938).

La Guardia civil de Gomesende (Orense) da cuenta de haber detenido a Severino, de 50 años, y Benigno, de 33 años, denunciados por haber hecho propaganda del Frente Popular antes de las elecciones” (El Compostelano, 2 de julio de 1938).

Las detenciones llevaban emparejadas en muchas ocasiones sumarísimos consejos de guerra con sentencias de muerte. Las causas eran variopintas: rebelión, haber tenido relación con el Frente Popular, ocultar a alguien buscado por la autoridad, proferir gritos subversivos, tenencia de armas, elaboración de explosivos, etc., etc. El diario La Zarpa informa ya el 30 de julio de 1936 de un consejo de guerra contra un vecino de Paderne por delito de rebelión y tenencia ilícita de armas. El 2 de noviembre de 1936, el diario nacional ABC anuncia que el Gobernador Civil de Orense había sido fusilado. Ejemplos de esta barbarie los encontramos a diario en la prensa escrita local, en donde las noticias de los primeros meses de guerra son sinónimo de fusilamientos, los cuales continuaron durante toda la contienda.

Esta noche, a las ocho, en el Campo de Aragón, fueron fusilados el cabo Claudio y los soldados de la reciente incorporación a filas, Manuel y Amaro. Se  les condenó a aquella pena por haber proferido gritos subversivos y realizar propaganda comunista. Todos murieron arrepentidos besando el crucifijo” (El Compostelano, 17 de agosto de 1936). “…El Amaro, hiciera propaganda subversiva entre sus compañeros y había dado vivas a Rusia y al ejército rojo, al ser conducido como soldado a aquella ciudad” (Diario de Pontevedra, 19 de agosto de 1936).

Después de un Consejo de guerra tramitado por el procedimiento sumarísimo, ha sido pasado por las armas en Orense el paisano Ángel, convicto del delito de traición a la Patria… Murió arrepentido besando el Crucifijo” (El Compostelano, 22 de agosto de 1936).

En la tarde de ayer, a las seis, fue pasado por las armas en Orense, el paisano Emilio, por el delito de propaganda marxista y ocultación en su domicilio de un extremista. Hizo testamento y murió arrepentidísimo con el Crucifijo en las manos” (Diario de Pontevedra, 5 de septiembre de 1936).

En la mañana de ayer fueron fusilados en Orense, y en cumplimiento de la sentencia que les ha sido impuesta por Consejo de guerra, los reos Francisco, Juan, Antolín, José Ramón y Juan, todos ellos acusados del delito de rebelión. También ha sido pasada por las armas en la mañana de ayer Erundina, por haber ocultado en su casa a Francisco que estaba reclamado por los Tribunales de Justicia. Todos recibieron los auxilios espirituales” (El Compostelano, 1 de octubre de 1936).

Cumpliendo la sentencia recaída en Consejo de guerra, a las cinco de la tarde de ayer fueron ejecutados junto a las tapias del Cementerio de Orense los paisanos Anibal, alcalde que fue de Junquera de Ambía y jefe del frente popular en Orense, acusado de traición, Leopoldo condenado por rebelión y Secundino acusado por tenencia de armas y explosivos. Los dos últimos recibieron con gran fervor los auxilios espirituales” (El Compostelano, 6 de noviembre de 1936).

El diario La Región acicalaba esta última noticia con una gran dosis de tremendismo religioso al afirmar que “el ex alcalde de Junquera de Ambía rechazó todo auxilio espiritual y murió añadiendo al delito de traición a su patria el de ofensa a Dios” (La Región, 6 de noviembre de 1936). La lista de ajustes de cuentas continúa:

Cumpliendo sentencia de Consejo de guerra, fue pasado por armas, en Orense, el ex alcalde del Barco de Valdeorras” (El Compostelano, 12 de noviembre de 1936).

El cronista de La Región, en un ejercicio de orgía político-tanato-religiosa, hablaba en este caso de una muerte ejemplarísima (¡sí…, un auténtico ejemplo de barbarie y atrocidad!):

“… [su muerte] fue serena, tranquila y además victoriosa. Y en su misma conciencia, como él declaró una vez y otra, reparadora de sus yerros y extravíos. Murió dando ininterrumpidos y clamorosos vivas a Nuestro Señor Jesucristo y a nuestra España… cuando ya iba a transponer las puertas de la eternidad, prorrumpió su alma recobrada enfebrecidamente en gritos de rescate y de triunfo… Que suerte la de aquel alma que, seguramente, se iba derechita al Cielo, no habiendo tenido en su última hora más que pensamientos puros, el Crucifijo en sus manos yertas…” (La Región, 11 de noviembre de 1936).

En el mes de septiembre de 1938 un Bando de la Octava Región Militar daba un plazo de quince días para que se presentasen todos los refugiados que se encontrasen en las montañas con la promesa de que no recibirían daño alguno, a no ser que hubieran cometido delitos por los que deberían responder ante los Tribunales. Aquellos que pasado el plazo hiciesen resistencia a la fuerza pública podrían ser ejecutados en el acto y todo aquel, incluido familiares, que les favoreciese y ayudase, facilitándoles alimentos, ropas o noticias acerca de los movimientos de las fuerzas, serían severamente sancionados.

La visión de los hechos desde la prensa republicana

Para conocer la perspectiva que el otro bando tenía acerca de lo que pasó en Ourense debemos revisar su prensa. El 12 de enero de 1937, la portada del diario republicano El Liberal, bajo el titular “La honradez fascista” informaba que “en Orense se ejecuta a todos los elementos de izquierda, se encarcela a centenares de personas a las que se maltrata ferozmente y por, si era poco, se obliga a los Bancos a que entregaran los valores, alhajas y dinero que poseían en sus cajas. Solo un individuo apodado ‘el Conserje’ fusiló a 168 republicanos”. Otro diario republicano de tirada nacional, Ahora, relata en primera persona las experiencias de un anónimo republicano ourensano:

“…fracasada la causa en Orense, yo formé con doscientos hombres uno de los numerosos grupos que en Galicia se enfrentaron con los militares. Veinte días de lucha terrible nos aniquilaron y tuvimos que disolvernos. Anduve oculto y disfrazado algún tiempo… En Barra de Miño ataron vivo un hombre a una camioneta y lo arrastraron hasta Orense… Lo ocurrido en Verín es inenarrable… Todo lo que olía a izquierdas era chamuscado”  (Ahora, 11 de febrero de 1937).

El diario La Libertad, a los pocos meses del inicio de la Guerra, bajo el titular “Cómo resistió el pueblo gallego la sedición militar”, publica la experiencia y visión personal de un afiliado de la UGT de Verín huido a Madrid:

“…dice que fue detenido en Chaves al presentarse a las autoridades portuguesas y acogerse a ellas como refugiado político. Estando detenido fue pedida su entrega por los fascistas españoles; pero el jefe de la policía portuguesa, amigo particular del detenido, se negó a hacerlo, por tener la convicción de que iba a ser fusilado, igual que habían hecho con el maestro de Vences. En Orense apenas sí hubo resistencia al movimiento militar, por lo que debiera suponerse que la represión fuera menos cruel. Sin embargo, fue todo lo contrario. Se puede calcular en 8.000 el número de fusilados en esta provincia. El administrador de Aduanas de Verín fue apresado, y antes de ser fusilado le desnudaron, paseándole de este modo por las calles, al mismo tiempo que le herían con instrumentos punzantes. Ante el escarnio, el pueblo de Verín reaccionó, oponiéndose a su fusilamiento. Entonces le trasladaron a Orense, donde le ejecutaron en compañía del comunista Valle, después de haber sido condenado a cuatro penas de muerte. Los fusilamientos sin proceso están a la orden del día. A esta labor se dedican cuadrillas de falangistas. Puede afirmarse que todos los elementos de la izquierda que no han logrado huir han desaparecido. Y también a muchos de los que han escapado a Portugal  les ha ocurrido lo mismo, por devolverlos a los fascistas las autoridades portuguesas. Entre las personas que Portugal ha entregado a los fascistas figura el diputado socialista De Pablo, que fue entregado en Elvas. Mejor suerte corrió el coronel Puigdendolas, a cuya devolución se ha opuesto el Ejército portugués. Sin duda, en un momento de reacción han sentido el espíritu de clase. Aparte de los fusilamientos citados hay que añadir los de Bóveda, Pazos, Manrique y Suárez. En Maside y Dacón, lo mismo que en Bande y Santichao, los hombres son cazados como conejos. Por los caminos de la provincia de Orense abundan los cadáveres abandonados. Ante la imposibilidad material de defenderse con armas se respondió con la resistencia pasiva. Los obreros declararon la huelga general. Las zonas que más se distinguieron en la defensa armada fueron la línea de ferrocarril, principalmente en Barco de Valdeorras, Verín, El Bollo y La Gudiña. En esta localidad los obreros volaron con dinamita un camión de guardias civiles y fueron dueños de la situación durante dieciséis días”  (La Libertad, 19 de septiembre de 1936).

Entre las muchas historias plagadas de terror impresiona la de Benigno, veterinario de Maceda, candidato del Partido Comunista por Ourense en las elecciones del 16 de febrero de 1936. El periódico comunista Frente Rojo se hacía eco de su historia:

El 13 de marzo del corriente año, la canalla fascista de Galicia aullaba su efímero triunfo y ordenaba la concentración de sus escuadras en Orense, para festejar la captura y asesinato del jefe comunista Benigno. El Pueblo Gallego del 14 de marzo –órgano de las JONS- publicaba la fotografía del asesino con una glosa macabra de insultos a nuestro inolvidable camarada. El intento era pasear el cadáver de Benigno por la provincia, “recogiendo donativos para Falange” del mismo modo que hacen los campesinos montañeses cuando han cazado un lobo en la sierra. Además desde los primeros días de la sublevación los “potentados de la provincia ofrecieron importantes cantidades por su captura, vivo o muerto”. Ahora bien, las cosas sucedieron de forma distinta. Hasta el 11 de marzo, Benigno, refugiado en los montes de la provincia de Orense, había sufrido el dolor intenso de saber que cinco campesinos habían sido fusilados sin formación de causa por sospecha de haber protegido su huida. Su hermano Demetrio había sido fusilado en el cuartel de San Francisco, el 31 de diciembre, cayendo valientemente al grito de ¡Viva Rusia! Sus hermanos Pepe y Pedrito (este, niño de quince años) habían sido detenidos en una aldea cerca de Braga (Portugal) por la policía de ‘defensa y seguridad del Estado’, guarda negra de Oliveira Salazar, y entregados en la frontera de Tuy, donde fueron rápida y cobardemente asesinados. Su hijito, de un año de edad, había fallecido de inanición, al tener que soportar la huida accidentada de la madre, compañera Enriqueta, hasta la fecha desaparecida. Su hermana María, en la cárcel espantosa de Celanova. Su madre, maestra nacional, no pudo resistir el peso de tanta infamia y falleció de un ataque cardíaco en los primeros días del mes de marzo. Benigno, gravemente enfermo y refugiado últimamente en casa de un compañero campesino –que noblemente sacrifica su vida para proteger a los camaradas perseguidos-, falleció de enfermedad el 11 de marzo de 1937. Momentos antes de morir advirtió que lo llevasen al monte para no comprometer a los compañeros. Mientras vivió lo atendieron con todo lo que podían –que era muy poco-, y una vez muerto lo dejaron en un prado. A los dos días fue encontrado su cadáver por un “valiente” falangista de Maceda, que disparó dos tiros en su amplia frente de mártir del proletariado. Inmediatamente iniciaron la “apoteosis” trasladando su cuerpo a Orense para exponerlo a la voracidad criminal de las patrullas de asesinos. ¡Ah!, pero no pudo ser. Cualquier lego podía darse cuenta que las balas habían entrado en su cabeza después de muerto hacía varios días, y los médicos comprobaron que falleciera de bronconeumonía. A la chita callando hicieron una “exposición vulgar” y lo enterraron en el cementerio de Orense” (Frente Rojo, 24 de junio de 1937).

Celanova en el tiempo de la Guerra

En los primeros días de la Guerra, en Celanova se comenzó a ver en las calles mucha fuerza pública, así como  fascistas uniformados y armados. Según La Región del 23 de julio de 1936, los que no se habían rendido “andaban escapados sin dar la cara”. Pronto se inician campañas de donativos para los soldados del frente. La Región del 27 de septiembre de ese primer año de Guerra informa que Celanova envía 460 sacos de patatas, 200 kilos de habas, tres tocinos, grandes cantidades de chocolate, de garbanzos, tabaco, botellas de licores, arroz, chorizos, conservas, huevos, leche condensada, objetos de farmacia, alpargatas, toallas, sábanas, camisas, jerséis y otras prendas de vestir. Como ya comentamos, Galicia fue despensa de los frentes de guerra.

La parafernalia y excesos propagandísticos típicos de la Zona Nacional se adueñan de la villa. El último domingo de septiembre de 1936, después de la misa de once, desfila la Falange con sus Flechas y las mujeres fascistas, acompañadas de la Banda de Música Municipal. Al día siguiente, para celebrar la toma de Toledo por el Ejército Nacional, se organiza un gran desfile por todas las calles del pueblo, en el que toman parte la Falange, mujeres fascistas y milicianos armados, considerados estos últimos por el cronista de La Región como “los hombres de orden del pueblo”. Finaliza el espectáculo con una arenga del comandante militar Barreiros.

La entrada de las tropas nacionales en Oviedo, en el mes de octubre de 1936, se celebró también en Celanova, organizándose según las crónicas una imponente manifestación patriótica que recorrió las principales calles con vítores a España y a su Ejército, con repique de campanas al vuelo y disparo de gran cantidad de bombas de palenque. A la cabeza de la manifestación iba la banda de música. El domingo 18 de octubre, a las cuatro de la tarde, buscando la siempre socorrida solución divina, se sacó en procesión a la Virgen de la Encarnación, Patrona de la villa, para rogar por la pronta terminación de la Guerra y, claro está, el éxito final de las tropas nacionales. La Virgen iba escoltada por cuatro soldados y un cabo, y acompañada de la bandera de las Juventudes Católicas y representaciones de todas las milicias. En esta misma línea propagandística, el 6 de junio de 1938 se celebra en el Santuario de As Maravillas un acto cívico-religioso, con una procesión de la Virgen y la posterior misa solemne cantada. Por la tarde llegan las Milicias con su parafernalia de músicas y banderas, desfilando en correcta formación por delante del Santuario en donde estaban situadas las altas jerarquías de la Falange. Según La Región, “la multitud enardecida contesta al grito de guerra y brazo en alto saluda al paso de la bandería”. Acto seguido tienen cabida varios discursos: el Profesor salesiano Montero alude al sentido católico de la Falange, el Alcalde de A Merca habla sobre la legislación del nuevo estado nacional-sindicalista y el Secretario Provincial Sindical centra su alocución en el Fuero de los Trabajadores. El acto termina con los sones del Cara al Sol y del Himno Nacional.

El devenir de la Guerra en la Comarca de Celanova se caracterizó por una relativa tranquilidad, salvo la actividad represiva en el Monasterio de San Salvador. El Cuartel General de la Falange se había situado en los bajos del Convento, y este fue transformado en cárcel.

En los locales, donde estaba antiguamente el Casino Recreo, se instaló la Comandancia Militar, con Falange y milicias civiles, las cuales vigilan de noche, por precaución, lo que hasta no hacía falta, porque no se encuentran enemigos, pues hasta los contrarios no pueden considerarse enemigos, por haberse puesto a las órdenes de la autoridad militar. Con estas cosas hay mucha animación en el pueblo y los chiquillos formados andan por todas las calles cantando el himno fascista y dando vivas” (La Región, 5 de agosto de 1936).

“Desde que se iniciaron las horas decisivas que actualmente vive España, tanto en esta villa como en todo el partido judicial, la vida se desarrolla normalmente sin que hubiera que lamentar incidentes de ninguna clase. Declarado el estado de guerra, se efectuó la concentración de todas las fuerzas de la Guardia civil y Carabineros de todos los puestos cercanos, que con ayuda de las milicias ciudadanas cooperan al mantenimiento del orden y a la custodia de los detenidos, trasladados desde distintos puntos de la provincia para albergarlos en dependencias del monasterio habilitadas para tal efecto. Del mando de la plaza se hizo cargo el teniente de Carabineros de Bande don Adolfo Pousa, quien por medio de un Bando se dirigió a todo el vecindario haciendo un llamamiento a la sensatez y cordura del pueblo de Celanova” (El Pueblo Gallego, 6 de agosto de 1936).

La cárcel ubicada en el Monasterio de San Salvador permaneció activa desde el estallido de la Guerra -julio de 1936- hasta septiembre de 1943. Resultan impactantes las fotografías publicadas en la obra de Piñeiro (2007) en las que se puede observar el patio del Monasterio ocupado por estudiantes de los Escolapios en 1910 y por presos políticos en 1938. Comienza como Cárcel del Partido, pasa a ser Prisión Habilitada Provisional y se convierte en Prisión Central en 1938 (Rodríguez Teijeiro, 1995; Vieira Outumuro, 2013), bajo la dirección de Vicente Fortubel, que hasta esa fecha había sido jefe de la prisión de Vigo. Por allí pasaron 1.300 presos políticos, provenientes principalmente del norte de España. El diario La Región, del 27 de julio de 1936, informa de la llegada de trece mujeres comunistas desde la capital. El  5 de agosto habla ya de unos cien presos provenientes de diferentes lugares de la provincia. En una primera etapa tiene la función de descongestionar la masificada Prisión Provincial, agrupando a detenidos pendientes de condena. Ya en una segunda fase, se convierte en un centro de reclusión de presos políticos condenados a penas graves, la mayoría a más de doce años de prisión por adhesión a la rebelión, rebelión militar y auxilio a la rebelión (Rodríguez Teijeiro, 1995). Resulta más que sorprendente que sean condenados por rebelión los afines al sistema establecido: la República. Según Rodríguez Teijeiro (1995), la población reclusa rondó o superó el millar por año, siendo más de la mitad, presos asturianos. La vigilancia era función de doce guardias (la mitad, mutilados de guerra). En el exterior, la guardia la realizaba, en una primera época, una compañía del Ejército acuartelada en el Monasterio, integrada por 176 soldados, y en una segunda etapa, se encargó de dicha misión el Batallón de Depósito del Regimiento de Infantería de Montaña nº 55, compuesto por 175 hombres.

A continuación, se recogen cuatro sobrecogedores testimonios de penados que pasaron por esta cárcel.

“…como la cárcel [Provincial] era incapaz para tanto detenido, los facciosos habilitaron el convento de San Rosendo, en el pueblecito de Celanova. El local habilitado es un patio cubierto que mide cinco metros de largo por ocho de ancho, y en el que se hacinan más de doscientas personas, a las que no se permite salir a ningún sitio aireado, no existiendo siquiera un lugar para las necesidades más perentorias. A cada detenido se le facilitan dos cuartillos de agua por día para beber y asearse. El trato de palabra y obra es brutal. En cuanto a la comida, consiste en una especie de guiso de patatas con sebo, sin un átomo de carne” (El Liberal, 12 de enero de 1937).

 “Por fin me detuvieron, me esposaron hasta las huesos y para ser breve, diré que tres veces estuve a punto de ser “picado” hasta que me llevaron al refectorio viejo del Convento de Celanova, local inmundo, lóbrego, sin luz… Los heridos graves los curaban hasta que podían andar, y entonces los mataban. La primera noche fue terrible. Alaridos de mujer pusieron más amargura a la salida de siete detenidos que iban a morir. Entre ellos, iba uno cuya madre, esperándolo, dormía a la puerta del convento. Cuando lo vio salir con los demás intentó abrazarlo. Pero fue arrojada sin piedad por aquellos verdugos que debían ser hienas. Horroroso suplicio… un hijo muerto, se abrazó al cadáver y un legionario la arrancó del cuerpo de su hijo cogiéndola del pelo. Prefiero callarlo, porque al recordar ahora aún se me hiela el alma. El 18 de enero volvió un teniente del Tercio. Alguien nos hizo saber que si no nos alistábamos seriamos ‘picados’ aquella misma noche. Al Tercio, pues” (Ahora, 11 de febrero de 1937).

Nosotros fuimos detenidos por nuestra significación izquierdista, conduciéndonos al convento de San Rosendo, conocido entre nosotros como la “Villa de la Muerte”, instalado en Celanova, a unos 25 kilómetros de Orense. Allí éramos unos 130 presos. Fuimos apaleados y nos hacían confesar, comulgar y llevar escapularios. Cada noche sacaban unos cuantos y eran fusilados, mientras soltaban a todos los perros de la villa para que sus aullidos amortiguasen el ruido de los disparos. Días después pidieron voluntarios para ir al frente, no consiguiendo ni un solo hombre. Entonces volvimos a ser maltratados brutalmente, distinguiéndose por su ensañamiento el esbirro de Falange capitán Montenegro. Más tarde los comprendidos entre los dieciséis a cuarenta años fuimos obligados a enrolarnos en el tercio” (ABC, 20 de marzo de 1937).

En la cárcel estoy preso, yo la verdad no la niego, solo por obedecer las órdenes de un gobierno. A las órdenes de Franco y encerrado en este Convento, estoy triste aburrido y harto de pasar tormentos. El día 22 de octubre,  a las once de la mañana, me enteré que a mi esposa la tenían castigada, y otras muchas compañeras, todas del Valle de Ardisana. Aquella tarde de otoño en el patio paseaba, muy solo y aburrido y en cosas tristes pensaba. A doscientos compañeros el día 4 de febrero nos trasladan recluidos al Convento de  S. Rosendo. ¡Convento de San Rosendo, construido por romanos, donde nos tienen encerrados a dos cientos asturianos! ¡A doscientos asturianos, que supieron resistir 14 meses de guerra sin más armas que el fusil! Contra Infantería, tanques, artillería, aviación,… en las montañas de Asturias rayantes con León. Llegué el 5 diciembre al Convento de Celanova, y aquí he llorado mi suerte en estas tristes mazmorras. Así un día y otro día, y semana tras semana, 43 meses llevo lejos de mi esposa amada. Pensé en todos mis amigos que en Asturias fusilaban. Pensé  en mi madre y mi familia, en mi hijo, mi mujer y mis hermanos” (Memorias de Pedro el de Conceyu, natural del pueblo asturiano de Ardisana).

Muchos de los presos fueron “paseados” en O Furriolo o conducidos a la capital ourensana en donde eran fusilados. Según Rodríguez Teijeiro (1995), existe constancia de siete ejecuciones en el interior de la prisión, todas ellas llevadas a cabo a las siete de la mañana. Otros muchos reclusos no tuvieron este cruel final, pero sí su particular “longa noite de pedra” (larga noche de piedra) entre cadenas, la cual terminaban pagando con el tifus, la tuberculosis, la sarna, la anemia hemorrágica, la bronquitis asmática, la neumonía gripal, la gastroenteritis, la caquexia, la septicemia, etc., y finalmente… la muerte. Alguno de  los reclusos fue ejecutado desde el exterior por el simple hecho de asomarse a las ventanas, conducta que estaba terminantemente prohibida. La base de datos Nomes e Voces de la Universidade de Santiago de Compostela (2006) registra 194 víctimas relacionadas directamente con Celanova durante el período 1936-1939. Su historia va desde ejecuciones fruto de “paseos” en O Viveiro, A Bola, Ansemil, Furriolo, Amorece, Ourille, Entrimo, etc. hasta muertes por múltiples enfermedades en la cárcel, condenas a muerte con ejecuciones en Celanova, cumplimientos de condenas perpetuas o de varios años, deportaciones a campos de concentración como el de la Illa San Simón o Mauthausen, y exilio a países hispanoamericanos (Cuba o México). No obstante, la maquinaria propagandística del Movimiento posibilitaba en ocasiones mejor suerte a algunos:

El Caudillo ha tenido la magnanimidad de indultar de la pena de muerte, con la ocasión de las festividades de estos días, a un cierto número de condenados que se encuentran repartidos en las prisiones [entre ellas la Prisión Central de Celanova]” (El Pueblo Gallego, 1 de enero de 1939).

La comarca de Celanova no quedó al margen del recibimiento de víctimas mortales de los frentes de guerra. Así, La Región del 17 de diciembre de 1936 informa de una de las primeras. En el frente de Grado (Oviedo) perecía un teniente cuya familia residía en la villa. Su cadáver fue velado en la Comandancia por milicianos cívicos, falangistas, requetés y JAPs. El 3 de noviembre de 1937 llegaba el cadáver de un alférez, vecino de Verea, que sería velado el en local de la Falange. El ejemplo más dramático de la barbarie tal vez sea el fallecimiento de un adolescente de 15 años, un Flecha, en el frente de Castellón, en Morella, concretamente. El cronista de La Región hablaba de que “los flechas orensanos tienen ya su héroe; un héroe de 15 años que, alegre dio su vida por el triunfo de la Patria” (La Región, 31 de mayo de 1928). La historia de este joven se vuelve a rememorar en La Región del 17 de julio a raíz de una carta que su madre envía a Franco, solicitándole un retrato autografiado por “el orgullo que siento por que el pedestal de la nueva España quede amasado con la sangre preciosa de mi hijito flecha, muerto heroica y santamente en el frente de Castellón”. A la edad de 13 años, con el comienzo de la guerra, se hizo Flecha y, por su entusiasmo y cualidades, pronto fue designado para puestos de la Organización Juvenil de la provincia, combinando estas funciones con sus estudios de quinto año de Bachillerato. Por sus elevadas aspiraciones, se alistó a la Cuarta Bandera de la Falange Española Tradicionalista de Navarra. Pasa por varios frentes (Huesca, Guadalajara y Lérida), hasta que llega a Levante, en donde es herido de muerte, falleciendo en el hospital de Morella.

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Fotografía del diario Ahora del 6 de septiembre de 1936

A Merca en el tiempo de la Guerra

Como ocurrió en el resto de municipios ourensanos, el de A Merca contribuyó al Ejército Nacional aportando capital humano y recursos económicos. En agosto de 1936, tiene lugar una recaudación para la suscripción pro Acción Ciudadana, que finaliza de manera muy satisfactoria por la cantidad recaudada, aunque tal como señala La Región del 6 de septiembre de 1936, “se han portado mejor los pobres que los ricos; estos se conoce están poseídos de la avaricia y les duele mucho desprenderse de una ínfima parte de sus intereses”. El Ayuntamiento reúne 384 sacos de patatas, 600 kilos de maíz, 200 de centeno, 200 de habas, huevos, conservas, calzados y ropas para enviar al frente. Al mes siguiente se recolectan 750 gallinas para el mismo fin.

El 5 de septiembre de 1936 es nombrado Delegado del Gobierno y Alcalde del Municipio el joven maestro nacional José Montes Domínguez. En el mes de diciembre repone en sus cargos al Secretario Municipal, al Oficial y al Depositario de fondos municipales, que habían sido cesados por el Frente Popular, y rebaja el presupuesto municipal en 10.000 pesetas, quedando en 42.000, con el fin de “aliviar las cargas a los labriegos” (La Región, 12 de diciembre de 1936).

En el pueblo de A Mezquita, el domingo 13 de septiembre tuvo lugar un acto religioso en honor a la Virgen del Carmen. Finalizada la solemne misa, una sección de requetés de la Parroquia desfila delante de la iglesia, “siendo muy aplaudidos y cantándose a su paso himnos patrióticos”. Se destacó la generosidad patriótica del párroco de Sabucedo, que rehusó aceptar la gratificación por el sermón, rogando que se dejara a favor de los requetés (La Región, 3 de octubre de 1936). A medida que el Ejército Nacional iba ganando terreno a lo largo de la península, se repetían actos propagandísticos en el municipio. Así, el domingo 17 de enero de 1937 se celebraban en las parroquias de Proente y Faramontaos actos de afirmación falangista, que a pesar del mal tiempo, estuvieron muy concurridos.

El 3 de febrero de 1937 se constituía en el Ayuntamiento la Junta Municipal de Subsidio Pro-Combatientes, presidida por el alcalde José Montes Domínguez, siendo el mayor contribuyente el industrial de Parderrubias José Garrido. En esa misma fecha fue colocado con gran solemnidad en el salón de sesiones del Ayuntamiento el retrato del Generalísimo Franco, con asistencia de todas las autoridades locales. El domingo 28 de febrero se lleva a cabo la bendición de las banderas de las JONS y de la Sección Femenina por parte del párroco de Proente don Felipe Rodríguez, a cuyo término tuvo lugar un mitin falangista. El domingo 25 de abril, en el pueblo de A Mezquita tiene lugar un acto de adhesión al Generalísimo por la unificación en el que intervienen las Milicias de los Requetés y Falange Española. Según La Región del 1 de mayo, “en correcta formación mezclados Requetés y Falangistas recorrieron las calles a los acordes de la marcha Los Voluntarios, ejecutada con gran maestría por la banda del pueblo”. Acto seguido, en la plaza de la iglesia, desde el balcón del Círculo Tradicionalista, el Secretario de Falange Española de la localidad ofreció un discurso, al que dio continuidad el Alcalde, José Montes, explicando lo que era el nuevo Estado Totalitario. El 21 de junio de 1937, todos los curas del Arciprestazgo celebraron en Vilar de Paio Muñiz un solemne funeral por el General Mola, que unos días antes había fallecido en un accidente de aviación. Dieron guardia de honor al túmulo seis falangistas y requetés. En el mes de agosto se celebró con enorme júbilo en el Municipio la toma de la ciudad de Santander por el ejército franquista, disparándose por tal motivo salvas de bombas y sonando con fuerza las sirenas del aserradero de los Hermanos Garrido de Parderrubias transmitiendo de este modo la nueva a toda la comarca. Tal fue el paroxismo, que el delegado gubernativo cursó en nombre del Ayuntamiento y vecindario el siguiente telegrama al Caudillo:

Salamanca. Secretario Generalísimo. En nombre propio, Ayuntamiento y vecindario de este municipio, ruego a V. E, transmita felicitación respetuosa y fervorosa al Caudillo, honor de España, por la reconquista provincia y capital Santander, que señala nuevos horizontes a la Patria imperial. José Montes, alcalde La Merca (Orense)”.

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Fotografía del diario Ahora del 1 de agosto de 1936

El 30 de diciembre de 1937, mientras toda la prensa centraba su interés en la batalla de Teruel, La Región informaba que en el pueblo de Vilachá había tenido lugar la recaudación pro Aguinaldo del Soldado. Tres niños, bajo la tutela del maestro, fueron de puerta en puerta pidiendo a los vecinos para los combatientes del frente, llegando a recaudar 29,25 pesetas.

Mientras la Guerra seguía su devenir, la vida continuaba, y la necesidad hacía que 500 segadores del municipio de A Merca se viesen obligados en el verano de 1937 a acudir a Castilla. La noticia no estaba exenta de proclamas patrióticas de tipo propagandístico del Régimen,  pues según La Región del 27 de junio “salieron cantando himnos patrióticos y se despidieron saludando al estilo nacional sindicalista y gritando ¡arriba España!”.

En la base de datos Nomes e Voces, con respecto al municipio de A Merca, únicamente aparecen referidos cinco casos de represión franquista: (1) Julio Manuel, labrador de 28 años, vecino de A Merca, juzgado en 1936 en Lugo, condenado a muerte por rebelión y ejecutado en la tapia del cuartel de la Guardia Civil; (2) dos varones de 40 y 35 años, respectivamente, de los que se desconocen sus nombres y orígenes, “paseados” en agosto de 1936 en Pereira de Montes, con resultado de fallecimiento por conmoción cerebral traumática; (3) Víctor, vecino de A Merca, de 50 años, de profesión sastre, “paseado” en la carretera Ourense-Reza con resultado de fallecimiento a causa de hemorragia interna; (4) Albino Núñez Domínguez, maestro de 35 años, natural de A Merca, escondido durante tres años y apartado del servicio (posteriormente se convertiría en un afamado escritor y pedagogo); y (5) Juan Manuel Arias Jares, médico de 46 años, natural de Viana de Bolo, fundador de la Agrupación Local del PSOE, cesado de su cargo y desterrado en A Merca durante siete meses. No obstante, cabe suponer que la represión franquista afectó a más personas. Así, por ejemplo, El Pueblo Gallego de 31 de diciembre de 1937 informa que la Policía había capturado en este municipio a Antonio, alias O Carnoxo, destacado comunista asturiano que “por los datos que se tienen, se supone haya sembrado el pánico y terror en Pola de Somiedo”.

Parderrubias en el tiempo de la Guerra

Teniendo en cuenta que los frentes de guerra distaban mucho de Parderrubias y que las actividades represivas, al menos a la luz de los datos de Nomes e Voces, fueron escasas en todo el municipio, la vinculación de la Parroquia con la Guerra se limitó a los vecinos llamados a filas forzosamente e enviados a los diversos frentes bélicos (a esta cuestión dedicaremos otro artículo), y a las donaciones a la causa Nacional. No obstante, hubo un punto geográfico de nuestro pueblo que fue escenario de fusilamientos. Personas mayores de la Parroquia, especialmente de Nigueiroá, y vecinos del pueblo próximo de Montelongo, relatan como algunas noches se escuchaban gritos y disparos de ejecuciones de reclusos, presumiblemente de la cárcel de Ourense, que eran “paseados” hasta el puente de O Seixal (As Campinas). Al poco tiempo de escucharse los disparos, se oía el motor de una camioneta que se encargaba de recoger los cadáveres. Incluso no llegó a ser extraño que vecinos madrugadores que salían en sus mulas hacia Ourense se encontrasen en este lugar con cadáveres a la espera de ser retirados.

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Portada del diario Ahora del 13 de octubre de 1936

A los dos meses del estallido de la Guerra, tuvo lugar en Parderrubias un acto cívico-religioso con el objeto de reponer el Crucifijo en la Escuela. El laicismo de la República había eliminado los símbolos religiosos de las aulas. Todas las localidades que iban quedando bajo el control del Ejército Nacional realizaron actos de este tipo. En la ciudad de Ourense, dicha celebración había tenido lugar el domingo 30 de agosto, consistiendo en una procesión de más de 10.000 personas que se dirigió hacia la Escuela Normal y la Graduada para reponer los Crucifijos. Según el diario La Región, el domingo 6 de septiembre de 1936, a las diez de la mañana, llegaban a Parderrubias los balillas de Celanova acompañados de señoritas falangistas, siendo recibidos en la carretera por los niños y niñas, con banderas, acompañados de sus respectivos maestros, don José Rodríguez y doña Concepción Vázquez. Un poco más tarde llegarían las autoridades municipales, a cuyo frente estaba don José Montes, juventudes de Falange Española y balillas de A Manchica acompañados de la Banda de Música de Santa Cecilia. Toda esta comitiva procedía de la entronización de Cristo Rey que había tenido lugar en la Escuela de A Manchica. Cantando el himno de la Falange desfilan los niños, balillas, milicias y numeroso público hasta la iglesia adornada para dicho acto, en donde se celebró una misa solemne. Al final de la misa, el cura don Castor Gayo dirige unas palabras a la audiencia y procede a la bendición de los Crucifijos. Finalizado el acto religioso desfilaron hacia la escuela seis escuadras de la Falange, tres de balillas, los niños y niñas, los dos maestros portando los Crucifijos, el clero, las autoridades, la banda de música y los vecinos de la Parroquia. Todos los balcones estaban engalanados con la bandera rojigualda y a lo largo de todo el trayecto no faltaron los cánticos y las vivas a Cristo Rey. Ya en la Escuela, el joven seminarista Felisindo Grande (véase Don Felisindo Grande Seara (1917-1987) dirige un discurso a los asistentes que versó sobre el canto a la Cruz, terminando con un soneto que emocionó al auditorio. Acto seguido, se entroniza el Crucifijo, se gritan vivas a Cristo Rey, a España y a la Falange Española. El acto finalizaría con un nuevo desfile de los falangistas y balillas, que provocó fuertes aplausos y saludos a la romana (La Región, 17 de septiembre de 1936).

Los niños de Parderrubias no eran ajenos  -les era imposible serlo- a la realidad que estaba viviendo el país, y así consta en el artículo “El patriotismo de los niños” publicado en La Región, en el que se transcribía la carta que la niña Eulogia Seara, en nombre de todas sus compañeras, dirigía al Gobernador Militar:

En el día de la fecha hacemos entrega en Acción Femenina de esa capital de trece jerséis de punto, los cuales hemos confeccionado todas las niñas de esta escuela bajo la dirección de nuestra profesora y mediante la aportación metálica del señor maestro y otros buenos patriotas de este pueblo, queriendo con ello contribuir con nuestro óbolo, y en la medida de nuestras fuerzas, a evitar pasen frío los valientes soldados que luchan en el frente por la salvación de nuestra querida Patria. Haciéndole presente seguimos confeccionando más que iremos entregando sucesivamente. Viva siempre España” (La Región, 29 de octubre de 1936).

En diciembre, las niñas Milagros Grande, Josefa Pazos y Paz Fernández, en nombre de sus compañeras de la escuela, entregaban al gobernador militar 12 jerséis que habían confeccionado bajo la dirección de su maestra para los soldados.

En la primera Navidad del país en guerra, en el Bando Nacional se solicitó el aguinaldo del soldado. En el Ayuntamiento de A Merca, el Secretario contribuyó con cinco pesetas y seis botellas de aguardiente, José Garrido y Hermanos (Os Escultores de Parderrubias)  contribuyen con una caja de higos de once kilogramos y medio, una botella de licor café, una botella de anís, una de moscatel, una de ojén dulce y 20 cajetillas de tabaco de 0,10. Todos estos donativos fueron entregados en la Comandancia Militar de Celanova. No sería esta la única donación de José Garrido. Así, en el mes de enero de 1937 condona al Gobierno Militar de Ourense el importe de una factura de madera por importe de 664,10 pesetas, y a la Comandancia de Celanova otra de 513 pesetas. El cronista destaca que “ambos rasgos de desprendimiento merecen destacarse por el espíritu patriótico que suponen y para que sirvan de saludable ejemplo a los propietarios” (La Región, 22 de enero de 1937). En el mes de febrero de 1937, ante la solicitud de donativos para los hospitales de sangre y habitantes de Madrid, la Parroquia de Parderrubias aportó una cama con sus ropas, 17 cobertores, 19 sábanas y una funda. En el mes de abril se realizó una nueva entrega de una cama con sus ropas, 17 cobertores, dos sábanas, una colcha y una almohada. La suscripción de Acción Ciudadana llevada a cabo en la Escuela de Niños alcanzó la suma de 31 pesetas. En el pueblo de Solveira, perteneciente en esa época a la Parroquia de Parderrubias, las niñas dejaron de creer en los Reyes Magos de 1937, y el día 6 de enero recorrieron las calles cantando los “reises” y recogiendo solamente metálico para “rellenar el zapato” de los soldados del frente.

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Portada del diario Ahora del 11 de diciembre de 1937

Conclusiones

El examen de la prensa escrita del período comprendido entre julio de 1936 y abril de 1939 nos ratifica que lo que había detrás de la expresión “no tempo da Guerra”, tan empleada por nuestros mayores, eran penurias, miedos, tristezas, silencios, persecuciones, separaciones…,  dolor y muerte. Tomando textualmente las palabras de Cocho (2011): “bágoas, moitas bágoas. Dor e sufrimento inimaxinables na Galicia de hoxe” [lágrimas, muchas lágrimas. Dolor y sufrimiento inimaginables en la Galicia de hoy].


Referencias

Cocho, F. (2011). Guerra Civil. Que pasou en Galicia e en España. Vigo: Edicións Xerais.

Piñeiro, A. (2007). Celanova 1900-1981. Memoria fotográfica. Ourense: Diputación Provincial de Ourense.

Prada Rodríguez, J. (2004). Ourense, 1936-1939. Alzamento, guerra e represión. Sada: Edicións do Castro.

Rodríguez Teijeiro, D. (1995). La prisión del Monasterio de Celanova, 1936-1943. Un análisis de la población reclusa. MINIUS, IV, 103-115.

Universidad de Santiago de Compostela (2006). Nomes o Voces. Recuperado de http://vitimas.nomesevoces.net/gl/axuda/presentacion/.

Vieira Outumuro, S. (2013). Los archivos de las instituciones penitenciarias. La prisión central de Celanova. Fronda, 47.

Poemario de Don Felisindo Grande Seara. Por Juan Carlos Sierra Freire

Poemario de Don Felisindo Grande Seara. Por Juan Carlos Sierra Freire

En un anterior artículo hemos abordado la figura de don Felisindo Grande Seara como Vecino Ilustre de Parderrubias (véase Don Felisindo Grande Seara). Una de las facetas que hemos destacado de su persona es su importante producción literario-periodística y, dentro de esta, su obra poética. Sus poemas se publicaron en los años 1934, 1935, 1936 y  1952 en diversos medios escritos: la revista Vida Gallega (editada en Vigo), y los periódicos El Compostelano (de Santiago de Compostela) y La Región (de Ourense). Hemos recuperado toda esa obra dispersa, compuesta por nueve poemas, reuniéndolos en el presente artículo con el objetivo de conservarlos, difundirlos y que se reconozca la obra de su autor. Se presentan por orden cronológico de publicación, estando los primeros firmados bajo el pseudónimo F. Paredes Rubias: Ledicias de Mocedá, Anoitecer de Morriña, Naiciña, Atardecer, Caminito de mi Aldea, Nos Remedios, A Santiña do Cristal, Balada do Cementerio y A la Imagen de Nuestra Señora de Fátima.

“¡Cuánto podrían enseñarnos e influir en nuestro futuro y en el futuro de la Humanidad esas obras inmortales si se divulgasen!”

(Felisindo Grande Seara, 19 de mayo de 1950).

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Ledicias de Mocedá

Xa estoupan ledos os fogos
Tecendo cordas no ar,
As cantigas do alalá
Que leva tras de sí o vento
Toando no piñeiral.
Son os mozos Rabaleiros
Que deixan soy’o lugar,
E van camiño das Pías
Cos seus tenros alalás.
…Injujú…¡ei carvalleira!
-Ledicias da mocedá-
Ox’háy que botar un trago,
Na taverna do Tomás,
E siguen cantando ledos
Seu Rabaleiro alalá

Agora xa non se sinte
O feiticeiro cantar,
Y-o vento c’o carrexaba
Dorme quedo no pinal
C’os qu’entran no turreiro,
Os mociños de Rabal,
E queren entrar á festa
Cal xente d’actoridá.
Eu quixera referir
(No meu modo de cantar)
Os ensoños festexeiros
Da aquela tarde de bran,
No calvelo da capela
Alumeado surrinte
Por un sol primadeiral:
Vislumábans’entr-a xente
Unhas lareiras no chan,
Que tiñan sabor das potas
Algunhos pratos de pau,
Darredor estabá xente
Arealndo merendas.
Y-outros comían o pulpo
Na verd’alfombra do chan
E sempre tiñan ó lado
O seu xerro riveirán.
-Pois, caracio- di un vello-
Podes’un emborrachar
Porque xa venden o viño
A dous netos nun rayal.

Ouvense ledas as notas
Dun garimoso cantar,
Namentres as mozas bailan,
Cas carcaños po-lo ar.
¡E qué mozas mais garridas!
¡Qué feitura anxelical!
¡Qué tenro mirar brandido
Nunha tardiña de bran!
¡Qué faceiras mais fermosas
C-aquis labres de coral!
Que mociñas mais garridas
Ten as Pias no seu chan,
Por exempro… aquelas tales…
Do poviño de Rabal.

Namentres as mozas bailan,
Xa por detrás do pinal,
O sol dourado s’esconde
A luz da tarde se vay.
Xa soyo qued’o turreiro
C-o queixarse do pinal.
Y-as lareiras qu’iña arden
Na verd’alfombra do chan,
E polo camiño s’ouve
Un Rabaleiro alalá,
Que leva tras sí o vento,
Zoando no piñeiral…

(F. Paredes Rubias, 10 de agosto de 1934 en Vida Gallega).

 


Anoitecer de Morriña

Os vislumes da tardiña
Con melancónica cor
Fan chorar a miña i-alma,
¡qué triste desolación!
Pregando sobor das lousas
Que cobexan meus abós,
Que-m’a naiciña cobexan,
Miña nay do curazón.

¡Todo s’hacha asosegado!
Nin siquiera s’oube’a voz
Da lastimeira campá,
Que pregoa con amor,
Praos coitadiños dos mortos,
A compasiva oración.

Soy-o silencio interrompe,
Ateigado de dolor
O vencexo esmorecido
Chorando de compasión.
As brétemas deloridas
Amortaxan de terror,
Os solitarios sartegos
Que cobexan meus abós,
Que m’a naiciña cobexan
Miña Nay do curazón.

¡Todo s’hacha asosegado
No recinto do delor!

Saudosa chora-ma y-alma
¡qué triste desolación!
Y-as vágoas canme pesadas
Nos solitarios sartegos,
Que cobexan  meus abós,
Que- m’a naiciña cobexan,
Miña Nay do curazón.

(F. Paredes Rubias, 20 de septiembre de 1934 en Vida Gallega).

 


Naiciña

¿Dó van aquiles tempos pracenteiros,
Ateigados de doces aloumiños?
¿Dó van aquiles brazos manseliños,
Que ma-anainaban sempre garimeiros?

¿Volverán aquís labres flamexeiros
Que o pousar os seus veixos melosiños,
Endondecían meus nervios cativiños,
Tembrando cal si foran milagreiros?

-Non volverán- me di a triste memoria
Qu’en  min despertou o fogo e a pasión-
Porque fay tempo que xa rubin a groria
A muller que  m’enrroba na oración,
A mais nobre que ten a miña historia
A naiciña, nanay do curazón.

(F. Paredes Rubias, 20 de diciembre de 1934 en Vida Gallega).

 


Atardecer

Com’ón meniño choroso,
Deiteime triste na cama,
Contemprando nun espello
Estas guedexas de prata,
Dond’houbo cavelos d-ouro
Alá nos tempos da infancia…

Y-acordeime d’unha tarde,
¡Veigame Dios a lembranza!
En que contigo bailei
Ond’ós palleiros da Aira,
No medio do mullerío
Que d’envexa nos ollaba,
Pois éras a mais feituca,
Entr-as garridas rapazas,
Y-eu er’ó millor mociño
C-había na foliada…

Parez qu’iña estou ouvindo
Do portugués das Cavadas
Aquil berro resoante:
-Nau hay mais Farrucadas,
Bailo Chintiño Fanegas
Ca Farruquiña das Airas-
Ben me lembro que quixeches,
N-iste berro avergonzada,
Escaparte do turreiro
Con fera espiña na y-alma,
Pro… mais eu non te deixei
¡Dios que me deu toleadas!
E bailamos hastra noite,
Ond’ós palleiros da Aira…

¿Non t-amorriñas, Farruca,
Co-estas tristes lembranzas?
¡Pouco vos queda de vida,
Din as guedellas de prata!…

Cay a tardiña d’Octoño
Sabor d-aldea calada:
Botou o Chinto pro monte
Y-a Farruquiña das Airas,
E van có esta conversa
Levando diant’a xugada,
Ela cun neto do dedo,
Y el arrimado a aguillada
Ca que martela nos zocos
Que se-lla atuan na lama.

O neno fitand’aboa
Di o que sinte na y-alma:
-Agora soyo lles queda
Meter o pé na burata-,
Mais o cazurro do Chinto
Sig’afalando nas bacas,
Faguendo que non atende,
E prél soyo, nas caladas,
Bay decindo: -Seica pensa
Qu’eu xa non poido co as calzas,
Ind’hei de vivir cen anos,
¡Hó vermella condanada!…

(F. Paredes Rubias, 10 de febrero de 1935 en Vida Gallega).

 


Caminito de mi aldea

Parco perdido en la bruma,
Vislumbro lejos mi aldea
La tarde muere. Gimiendo
Se oye lejana carreta,
Con la canción del boyero
Que va escalando la sierra.
El zagal en la llanura,
Pastorea sus ovejas…,
Ellas pacen…, corren…, balan…
Se revuelcan por la hierba.

Yo voy siguiendo mi ruta,
Caminito de mi aldea;
La de las rubias casitas,
La de encantadas robledas,
La de negruzcos pinares,
La de magníficas vegas,
La de alquería y trofín,
La de verbenas y fiestas,
La de ancianos chocarreiros,
La de rapazas morenas…
Son las nueve. Yo adelante
Caminito de mi aldea.

Me asombra la lontananza,
Resbalando en la vereda,
Que trepa por las montañas
De encantadas arboledas.
Yo voy siguiendo mi ruta.
Caminito de mi aldea.

¡Qué soledad tan amable…!
¡Qué montañas tan desiertas…!
¡Se oye lejana canción…
Se oye lejana carreta…
Se oyen lejanas campanas
-Campanita de mi aldea-!

(F. Paredes Rubias, 20 de julio de 1935 en Vida Gallega).

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Nos Remedios

¡Sobor das tellas da ermida,
Hay duas pombas pousadas…!

¡Baixan as augas do Miño,
Respetosas e caladas…!

Acurrunchadas na aurela,
Dos verdes agros das Caldas
Gardan contentes os gandos
Duas fermosas rapazas,
Escoitando, ó son do vento,
As doces notas da gaita;
É qu’hay festa nos Remedios…
Oxe, as nenas ourensanas
San cara beira do rio,
A bej’ar a riveirana…
Hoxe as mulleres d-aldea,
Locindo festeiras chambras,
Panos e medias de seda,
Con dengues e muradanas,
Os  nenos, homes e vellos
Vestidos de festa e gala
Veñen as portas da ermida,
Nos labres a unha pregaria,
Ant-a Virxe dos Remedios
O amor da  nosa raza.

Y’as almas pecadentas,
Avelainas sin aás,
Que só buen rente á terra
Po los praceres maguadas
Veñen ás portas da hermida,
E boltan,  fortes coa gracia…
As probes y esconsolados…,
Os que ximen na desgracia…,
As que viven tristes días
Embolve’os entre bagoas…,
As que sinten a sandade
D-algunha a nistá lexana,
Do que se marchou para Cuba
Ou pos campos de batalla,
Veñen ás portas da hermida,
Nos labres a unha pregaria,
e todos boltan contentes,
don-ós o’los da Nay Santa…

¡Vinde, meus paisanos, vinde,
E erguey bosa pregaria,
Ant-a Virxe dos Remedios
O amor da nosa raza;
Remedio é, para todos maes-
Pros do corpo e pros da y-alma.

(F. Paredes Rubias, 20 de septiembre de 1935 en La Región).

 


A Santiña do Cristal

No pobo do Vilanova,
Nobre e distinto lugar,
Nome de sonada vila
En non lexanas edás,
Apenas se encobr’a tarde,
Péchans-as portas do lar,
y-a xente vaise, piadosa,
car’a ermida do Cristal…

Na soeade da  noite,
Pol-o prácido luar,
Van os romeiros cantando
Car’a ermida do Cristal…
Todos os romeiros calan
Ó tocaren as campás,
E reverentes, piadosos,
Collendo a gorra na man,
Marmuran unha pregaria
Pra Santiña do Cristal;
Pr-aquela pedra sagrada
Qu’en tempos de peste e mal,
Feituqueira e bunitiña,
s-apareceu ó arar,
a un homilde labrego
entr-os cheirumes do val:
¿Será un tesouro? –excramou.
¿Algún miragre será…?

Era d-aquela un Ferreiro,
Moi sonado no lugar,
Sin mais ciencia en xoyería
c-a de sinxelo artesán,
y-ante il leva o labrego
o tesouro de Cristal.

Ainda contan os vellos,
Que, co martelo na man,
O pousou sobor da fragua,
Con mentes de escachifar,
Entre ditos e brasfemias
Do mais rastreiro villán.

Sonou un golpe feros…,
E zoando pol-o ar,
Pulan espiñas ferentes
Car-os ollos do artesán…
¡Ay, cegou…,  cegou…! Mais logo,
Con voz mimosa e saugal,
Cal ditada pol-o amor
Da mesma ferida Nai:
-¡Virxe do Cristal me valia!-
Excramou, e quedou san.

Esí o contan os vellos
Qu’iña quedan no lugar,
No pobo de Vilanova,
O que en non lonxana edá,
Era a tan sonada vila
Da Santiña do Cristal…

(F. Paredes Rubias, 14 de septiembre de 1935 en La Región).

 


Balada do Cementerio

O contemplar, pol-a tarde,
Tan soyos os panteós
Sinto saudade na y-alma
Y-angustia no curazón:
E co rego dos meus ollos
Enloitados pol-o door,
Medran as flores na terra
Onde durmen meus abós
Onde durme, feinta cinsa
Cal rosiña que secou,
Aquil anxo qu’eu adoro
-Miña nay du curazón-.
¡Cantas veces, cando neno,
Miña rula…, meu amor…,
Hastr’eiquí contigo viñen
A rezar por meus abós!…
¡Cantas veces, cantas lembro,
Con salayos do meu cor,
Aquelas tardes de vrán
Cando, soyiños os dous,
Inzabamos n-iste adrio
A compasiva ouración
Pol-os defuntos quiridos
-por meus queridos abós-
¡Hoxe rezo eu por ti,
Entre breixas de delor!
¡Por ti eu deixo unha bágoa
Nas lousas dos panteós!
¡Hoxe eu por ti rego as flores
Con bágoas du curazón!…
¡Da campá, o toque d’ánemas
Con agarimosa voz,
Rach’o silencio da tarde!…
¡Marmura sua ouración
O carreteiro nas corgas!…
¡Cantan os nenos na rua
Unha abafada canzón!…
¡Voa un paxaro dorido
Por riba dos panteós,
Buscando acónchego quente
Nas lousas do torreón!…
¡Caiu a tarde, x-as brétemas
Amortaxan de terror,
As margaridas da terra
Onde durmen meus abós,
Onde durme, feita cinsa
Cal rosiña que secou,
Aquil anxo qu’eu adoro
-Miña nay do curazón!-.

(F. Paredes Rubias, 23 de junio de 1936 en El Compostelano).

 


A la Imagen de Nuestra Señora de Fátima

Se han prendido en su manto los albores
De una aurora infinita de blancura,
Y en su rostro el hechizo de las flores,
Y un misterio infinito de dulzura.

No podrían soñar nuestros pintores
Una mujer tan bella ni tan pura,
Pues trasciende del arte los valores,
Lo mismo en sencillez que en hermosura.

La más honda emoción el alma siente,
Al contemplar la nueva Inmaculada.
¡Oh inefable dicha del creyente!
El alma, de María enamorada,
Ante la Virgen blanca cual aurora,
Sintiéndose feliz, se alegra y llora.

(F. Grande Seara, 13 de mayo de 1952 en La Región).

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Emigración gallega de principios del siglo XX hacia América a través de la experiencia de mi abuelo Manuel. Por Juan Carlos Sierra Freire

Emigración gallega de principios del siglo XX hacia América a través de la experiencia de mi abuelo Manuel. Por Juan Carlos Sierra Freire


¡Deixo a casa onde nacín,
 deixo a aldea que conozo
 por un mundo que non vin!
 Deixo amigos por estraños,
 deixo a veiga polo mar,
 deixo, en fin, canto ben quero...
 ¡Quen pudera non deixar!...
         (Rosalía de Castro)

Se estima que entre 1880 y 1930 embarcaron hacia ultramar entre 3,5 y 5 millones de españoles buscando un porvenir que España era incapaz de proporcionarles. Cuba, Argentina, Brasil y Uruguay se convirtieron en los destinos preferentes. Asturianos, canarios, pero sobre todo gallegos, la gran mayoría hombres jóvenes solteros, partían de los puertos españoles con la ilusión de “hacer las Américas”. Los 15 puertos con autorización para embarcar emigrantes eran Almería, Barcelona, Bilbao, Cádiz, A Coruña, Gijón, Las Palmas, Málaga, Palma de Mallorca, Santa Cruz de la Palma, Santa Cruz de Tenerife, Santander, Valencia, Vigo y Villagarcía. Más de la mitad de estos emigrantes embarcaron desde los puertos de A Coruña y Vigo.

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La despedida

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La partida

Pero, ¿qué era ser emigrante en esa época? La Ley de Emigración de 21 de diciembre de 1907, promulgada para regular la emigración a las colonias y Estados de América define como emigrantes “a aquellos españoles que se propongan abandonar el territorio patrio, con pasaje retribuido o gratuito de tercera clase, o de otra que el Consejo Superior de Emigración declare equivalente, y con destino a cualquier punto de América, Asia u Oceanía”. En este sentido son sumamente clarificadoras las palabras de Castelao (1944, p. 221) cuando escribe que “los gallegos sabemos arreglar los papeles y pedir un pasaje de tercera”.

La regulación de la emigración en España durante esos años alcanzó tintes obsesivos; baste señalar que entre 1907 y 1935 se dictaron nada menos que 1.135 leyes y disposiciones para “proteger” al emigrante. Esta protección se centraba en gran medida en controlar la emigración de mujeres solteras (o casadas que no disponían del permiso de sus maridos) e impedir la salida de hombres con edades próximas a la prestación del servicio militar obligatorio. Así, por ejemplo, las mujeres no emancipadas que viajasen sin sus “guardadores” legales debían presentar una autorización que recogiese el permiso de su representante legal para emigrar. Como cabe suponer, todos estos controles hacían que los trámites burocráticos para poder salir de España fuesen excesivamente engorrosos, aunque no costosos económicamente, y así se hace saber: “todos los servicios relacionados con la documentación precisa a los que vayan a emigrar y para este solo fin, son absolutamente gratuitos”.

Aunque en esa época comenzaron a surgir algunas navieras españolas con barcos de vapor capaces de cruzar el Atlántico (como era el caso de la Compañía Trasatlántica Española, con sede en Santander), la mayoría de emigrantes españoles utilizaron navieras extranjeras (inglesas, francesas, alemanas o italianas) al disponer éstas de mejores barcos y contar con itinerarios más directos, lo que repercutía en una reducción considerable del tiempo de travesía, aunque éste no bajaba nunca de las tres semanas. Tal como describe Rodher (2010), la odisea del trayecto comenzaba días antes, pues habitualmente los emigrantes tenían que esperar en el puerto durante días la salida del buque correspondiente. Esa espera se convertía en el caldo de cultivo perfecto para falsificadores de documentos, funcionarios corruptos, amigos de lo ajeno, posaderos desalmados, cambistas sin escrúpulo alguno, desaprensivos agentes de viajes, etc. Las condiciones en las que se realizaba el viaje se pueden resumir en el hecho de que era el propio emigrante quien debía llevar consigo su silla de viaje. Contra el mal endémico de la travesía, el mareo, se recomendaba “oler o comer limones” que el propio emigrante debería llevar consigo.

La Cartera de Identidad de Emigrante (documento acreditativo del rol de emigrante) recogía las recomendaciones para preparar el viaje:

“El emigrante debe tener en cuenta que el equipaje que habrán de trasportarle obligatoriamente las Compañías navieras por el precio del billete podrá llegar, cuando menos, a 100 kilogramos, sin que su volumen sea superior a medio metro cúbico. Cuando el equipaje alcance esas proporciones de peso y tamaño, máxime si está reunido en un solo bulto, no podrá ir junto a su dueño, por no tolerar la capacidad ni los espacios libres que deben quedar en los sollados o en los locales en donde se da acomodo a los emigrantes, el amontonamiento de baúles y fardos que aminorarían el obligado cubo de aire respirable y sería estorbo para el tránsito sin peligro ni apreturas. Por eso, los equipajes de cierto tamaño se almacenan en las bodegas del buque, y el emigrante no suele verlos ya hasta el momento del despacho de Aduanas en el puerto de destino; contingencia que aconseja la adopción de las siguientes elementales previsiones. No meter en los baúles ni en los bultos, que por ser grandes, hayan de encerrarse en las bodegas, las ropas y los objetos de uso preciso, ni víveres para el camino, puesto que no les será dable el consumirlos; ni metálico, ni efectos de valor. Acondicionar, en cambio, en maletas o en hatijos que por su tamaño se admiten en los dormitorios, una muda de ropa blanca por persona, cuando menos; los efectos de uso personal; jabón para aseo y lavado de ropas, pues adquirirlo a bordo es difícil o es caro; las prendas de uso exterior con que piensen desembarcar, y las precisas para prevenirse contra las alteraciones climatológicas de un viaje por latitudes diversas. En este aspecto, los emigrantes que se dirijan a América del Sur deben recordar que allá las estaciones tienen rotación opuesta a la de aquí; que cuando en España es invierno, en la Argentina, por ejemplo, es verano, y viceversa, con cuyo recuerdo sabrán evitarse las molestias y riesgos a que se exponen embarcando en pleno verano sin otra defensa, contra un frío para ellos inopinado, que un simple traje de dril, o en pleno invierno, sin otro alivio contra el calor ecuatorial y la alta temperatura que encontrarán a su arribo, que la compañía inseparable de un traje de pana y recia manta”.

Detrás de las cifras de la emigración a América, como es obvio, hay personas con nombres propios, historias individuales y experiencias personales singulares. Coincidiendo que en este mes de julio de 2016 se cumplen 90 años de que mi abuelo Manuel Freire cruzase el Océano Atlántico como emigrante, rumbo a Argentina, quiero aportar algunos datos más concretos y personalizados que permitan conocer mejor y humanizar la realidad del emigrante gallego a América de principios del siglo pasado.

Como ya hemos dejado intuir en los párrafos anteriores, cualquier hombre español, antes de emigrar, debía cumplir sus compromisos con el Estado prestando el servicio militar obligatorio, cuya duración era de tres años en esa época. Manuel es alistado en el año 1921 y pasa a formar parte del reemplazo de 1922. Con el objetivo de no salir de Ourense, y especialmente con la finalidad de evitar el difícil, y a su vez peligroso, destino de África, opta por el sistema de Reducción de Servicio por Abono de Cuota que estuvo vigente en el país desde 1912 hasta el inicio de la Guerra Civil en el año 1936. Este sistema permitía reducir, nunca redimir como había ocurrido en décadas precedentes, una buena parte del tiempo en el Ejército y elegir la Unidad Militar en la que prestarlo a cambio de abonar una cuota militar a las arcas del Estado. La cuota era de 2.000 pesetas por un período de servicio de 5 meses y de 1.000 pesetas por uno de 10 meses, que se podían hacer de forma continuada o interrumpida. Además del pago de la cuota, el aspirante a este beneficio debía superar un curso para obtener el Certificado de Instrucción Militar que costaba entre 150 y 200 pesetas (Cañete Páez, 2005). Realizar el Servicio Militar bajo esta modalidad implicaba que el propio soldado asumía la compra del uniforme y demás pertenencias, y que la manutención y pernoctación se hacían fuera del acuartelamiento, a cuenta del interesado.

Soldado
Manuel Freire , Soldado de Infantería. Fotografía de J.C.Sierra

Una vez cumplidas sus obligaciones militares, Manuel inicia los trámites para emigrar a Buenos Aires, hecho que ocurre en el año 1926. Las gestiones burocráticas previas al embarque pasan por acreditar debidamente una serie de circunstancias, todas ellas certificadas en la Cartera de Identidad del Emigrante. A saber:

  1. El Juzgado Parroquial certifica el 17 de junio de 1926 su nombre y apellidos, el destino al que se propone emigrar, el número de cédula y el lugar de expedición, lugar y fecha de nacimiento, y nombre de los padres. Esta certificación va acompañada de la impresión dactiloscópica de los cinco dedos de ambas manos.
  2. Ese mismo día, el Secretario del Ayuntamiento de San Ciprián de Viñas (en la actualidad, San Cibrao das Viñas), con la presencia de dos testigos (José Iglesias y Claudio Grande), certifica las características físicas más importantes del emigrante. En el caso de Manuel concurrían las siguientes: estatura regular, corpulencia fuerte, pelo castaño, cejas pobladas, existencia de bigote, existencia de barba, frente ancha, ojos castaños, nariz recta, boca regular, labios finos, orejas regulares, cutis sano, color moreno, presencia de una cicatriz en la mejilla izquierda y ausencia de pecas, lunares, calvas, imperfecciones y otras señas.
  3. El mismo 17 de junio, el Secretario del Juzgado Parroquial, Don Víctor Fernández, certifica que a esa fecha el emigrante no presenta en el Registro antecedentes penales ni está sujeto a procesamiento alguno.
  4. El 19 de junio de 1926, el Comandante del puesto de la Guardia Civil de A Mezquita (Don Alejandro Araujo) certifica la situación militar del emigrante: año de alistamiento (1921), año de reemplazo (1922), Cuerpo (Infantería) y el escalafón al que perteneció (Soldado). En esta certificación aparece reflejado el día estimado de embarque: 11 de julio. Sin embargo, esta autorización que aparece reflejada en la Cartera de Identidad del Emigrante, carece de validez alguna si no obra en poder del Inspector de Emigración del puerto de embarque el oportuno aviso de la Comandancia del puesto de la Guardia Civil, acompañado del retrato del emigrante.
  5. Dado que algunos países de América, caso de Argentina, exigían algunos requisitos especiales a los emigrantes, Manuel tuvo que aportar las siguientes certificaciones firmadas por el Alcalde de San Ciprián de Viñas, Don José Rodríguez Cardero, fechadas en el mes de junio sin día concreto:
  • El Alcalde certifica que en los Archivos de la Corporación Municipal existe un documento expedido por un facultativo (en este caso, Don Enrique Azpilcueta) en el que consta que ni el titular ni el resto de personas reseñadas en la Cartera de Identidad del Emigrante padecen enfermedad mental alguna.
  • El Alcalde certifica que en los antecedentes que obran en los archivos a su cargo, y una vez realizadas las averiguaciones pertinentes por los agentes de su autoridad, no aparece en ninguno de ellos que el titular de la Cartera y personas que le acompañan hayan ejercido la mendicidad.
  • El Alcalde hace constar, según los datos adquiridos, que la profesión de Manuel es la de labrador.
  1. Por último, se emite el Visado Consular para poder ingresar en Argentina.

Cartera de Identidad
Cartera de Identidad del Emigrante

Una vez acreditados todos estos requisitos, el Inspector de Emigración, en vista de los datos precedentes, y documentos complementarios, autoriza el embarque, por lo que los consignatarios autorizados para el tráfico de la emigración estaban ya en disposición de expedir el billete. El embarque tendrá lugar el jueves 15 de julio de 1926, por lo que probablemente, como era habitual, ya estuviese algún día antes en el puerto a la espera del mismo; de hecho el sello de Emigración de su Cartera de Identidad de Emigrante tiene fecha de 14 de julio. El viaje había comenzado en Montelongo, dirigiéndose posteriormente de Ourense a Vigo en ferrocarril, línea ferroviaria que ya venía funcionando desde el año 1881. Sin embargo, antes de partir cumple con el protocolo de hacerse un retrato para dejar a su familia con el fin de paliar la larga ausencia. Manuel, envía a su madre y hermanos una fotografía realizada en el afamado estudio de José Pacheco, sito en la calle del Alba (hoy Cardenal Quiroga) de Ourense. En ese documento estampa la fecha de 15 de julio de 1926 debajo de un “les mando mi retrato por ausentarme”.

Retrato
“Les mando mi retrato por ausentarme”. Fotografía de J.C. Sierra

El buque que se encarga ese 15 de julio de cubrir el trayecto Vigo-Buenos Aires es el Köln, perteneciente a la compañía naviera alemana Norddeutscher Lloyd. El pasaje en tercera categoría costaba 570,10 pesetas. Teniendo en cuenta el anuncio publicitario de la Compañía en el diario La Región del 15 de julio de 1926, el trayecto no era directo, sino con escalas en Lisboa, Río de Janeiro, Santos y Montevideo, antes de desembarcar en Buenos Aires:

Lloyd Norte Aleman (Bremen). Servicio regular de vapores correos rápidos entre España y Sud América. Directamente para Lisboa, Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires saldrán de Vigo los rápidos vapores correos de gran porte: 15 Julio “Koeln” Ptas. 570’10, 5 Agosto “Madrid” 590’10 Ptas., 25 de Agosto Weser 590’10 Ptas., 8 Setiembre “Sierra Morena” 635’10, 16 Setiembre “Werra” 590’10 Ptas., 29 Setiembre “Sierra Córdoba” 635’10 Ptas. Todos los pasajeros de tercera clase tienen a su disposición un amplio salón comedor, fumador y sala de conversación. Las comidas son abundantes y muy variadas siendo servidas por camareros uniformados. Para más detalles informa el Agente general para España de la Compañía: Luis G. Reboredo Isla. Vigo, García Olloqui, 2” (La Región, 15 de julio de 1926).

El Köln era un navío con un limitado número de plazas de cabina (únicamente 50), pero preparado para el transporte de hasta 1.600 pasajeros de tercera clase. Medía 136 metros de largo, 15 de ancho y 13 de profundidad, con una capacidad de carga de 9.265 toneladas. Alcanzaba una velocidad de 13 nudos. Como cabe imaginar, las condiciones del viaje en tercera clase distaban mucho de lo que podrían ser ciertas comodidades. El objetivo de los armadores era transportar el mayor número posible de emigrantes, asumiendo los mínimos costes posibles, lo que repercutía en espacios reducidos, comida de mala calidad, temperaturas extremas, dependiendo de la época del año, y precarias condiciones higiénicas. Los pasajeros de tercera disponían de agua dulce para lavarse una vez al día. A bordo, los hombres eran separados de las mujeres y niños en dormitorios colectivos, produciéndose el reencuentro durante el día en la cubierta, en la que podían desplegar sus sillas personales para charlar, jugar a las cartas o hacer calceta las mujeres.

Buque
Buque Köln que hizo el trayecto Vigo-Buenos Aires el 15 de julio de 1926

Tal como está registrado en el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA), el 7 de agosto de 1926, Manuel Freire, de 24 años de edad, soltero, de nacionalidad española y natural de Orense, de profesión labrador, arribaba al puerto de Buenos Aires a bordo del buque Köln, es decir, llegaba a su destino 23 días después de zarpar del puerto de Vigo. Uno que ha tenido la posibilidad de cruzar el Atlántico para ir a América en decenas de ocasiones, a bordo de modernos y cómodos aviones, alargándose el trayecto a 12 horas a lo sumo, es consciente del esfuerzo, enorme sacrificio, y hasta penuria, que supuso un viaje de ese tipo en esas condiciones durante algo más de tres semanas.

En algún lugar suena el tango de Armando Tagini:

América fue la tierra qu’el soñó conquistar con su labor. Y un día de invierno en Buenos Aires desembarcó”.

Una vez atracado el barco en el desembarcadero del puerto de Buenos Aires, éste fue abordado por una Junta de Visita que examinó la documentación de cada uno de los pasajeros con el fin de permitir a estos el ingreso en el país. Un equipo médico realizó el correspondiente control sanitario a bordo, prohibiendo la entrada al país a cualquier persona con enfermedad infecciosa o demencia. Como era habitual entre los emigrantes recién llegados a Buenos Aires, Manuel se alojaría durante los primeros días de estancia en la ciudad -que en esas fechas padecía los rigores del invierno austral- en el impresionante Hotel de Inmigrantes, a los ojos del recién llegado. Se trata de un edificio de cuatro pisos, de hormigón armado, muy próximo al desembarcadero. La planta baja era ocupada por los comedores y la cocina, en las superiores estaban ubicados los dormitorios. En cada planta, cuatro dormitorios con capacidad para 250 huéspedes, es decir, el hotel tenía capacidad para albergar a 3.000 personas. A la mañana siguiente desayunaría café con leche, mate cocido y pan horneado en la panadería del hotel. El almuerzo de ese día, organizado en turnos de 1.000 personas, consistiría en alguno de los platos habituales: una sopa abundante, un guiso de carne, un puchero, una pasta, un arroz o, tal vez, un estofado (Dirección General de Migraciones, 2015). El alojamiento era gratuito durante cinco días, mientras el emigrante realizaba los trámites para su empleo y vivienda.

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Llegada de emigrantes al Puerto de Buenos Aires. Fotografía de Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados

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Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires

Sirvan estas líneas de homenaje y reconocimiento a mi abuelo Manuel Freire y a todos aquellos que a finales del siglo XIX y principios del XX dejaron su familia y su tierra, su Galicia, para aventurarse en un viaje desconocido, y hacia lo desconocido, con la única aspiración de mejorar el porvenir de los suyos. Las remesas enviadas por los emigrantes supusieron un alivio a muchas carencias y dificultades que padecían las familias gallegas de aquella época.

Hago mía la estrofa de Alberto Cortez:

El abuelo un día cuando era joven, allá en su Galicia, miró el horizonte, y pensó que otra senda tal vez existía”.


Referencias

Cañete Páez, F. A. (2005). El soldado de cuota en el Ejército Español del primer tercio del siglo XX. Recuperado el 9 de enero de 2016, de http://www.belt.es/expertos/HOME2_experto.asp?id=2625

Castelao, A. (1944/1977). Sempre en Galicia. Madrid: Akal (versión castellana).

Dirección General de Migraciones (2015). El Hotel de los Inmigrantes. Recuperado de http://www.migraciones.gov.ar/accesible/indexP.php?hotel, el 20 de junio de 2016.

Rodher, J. (2010). Caminos del mar: los barcos de la emigración. Recuperado de http://www.xn--cartadeespaa-khb.es/index.php?seccion=0&reportaje=362, el 18 de junio de 2016.

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

El fin de la Guerra Civil, en un país completamente devastado y arruinado, dio paso a un periodo de dos décadas caracterizado por enormes carencias y necesidades en la sociedad española. La autarquía económica y el intervencionismo del Estado, unido al aislacionismo internacional al que fue sometido el Régimen, dieron como resultado que se acrecentase la miseria y el atraso que había dejado la Guerra. A todo ello se añadió un severo control político e ideológico de la sociedad que reprimía cualquier crítica u oposición al sistema.

La desastrosa política agraria, unida a terribles sequías, como la del año 1946, condujo al racionamiento de alimentos básicos, situación que estuvo vigente hasta el año 1952, lo que dio lugar a un intenso mercado negro: el estraperlo. Se trataba de un comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa, que se extendió como reguero de pólvora por todo el país.

España no comenzó a levantar cabeza hasta finales de los años cincuenta, por lo que no es exagerado hablar de una posguerra de dos décadas (1940-1959), periodo en el que centra su interés este artículo, entendiendo que la década con mayores índices de miseria fue la de los años cuarenta.

Aunque la miseria y las necesidades estaban presentes en todos los tejidos de la sociedad española, en el ámbito rural, como el caso de Parderrubias, se podía disponer al menos con mayor facilidad de ciertos productos básicos como la leche, el centeno o las patatas. Sin embargo, estos bienes básicos estaban expuestos a las desgracias como fue el caso del incendio originado en agosto de 1940, a las tres de la tarde, en A Aira de Parderrubias, que arrasó 14 medas de centeno valoradas en 45.000 pesetas, perdiendo trece familias del pueblo toda la cosecha de cereales, quedándose en la ruina.

En el año 1940 era nombrado párroco de Parderrubias Don José Rodríguez Barreiros (O Cura Vello), que llevaría las riendas de la Parroquia hasta 1960, comenzando a cimentarse por esas fechas una fuerte vinculación entre Parderrubias y el Seminario, hecho que queda reflejado en dos noticias que recoge la prensa escrita de la época. En primer lugar, la donación de 1.000 pesetas que el párroco Don José entrega en 1948 para su construcción, siendo una de las mayores cantidades publicadas en la prensa. Durante ese año 1948, las Partidas de Bautismo y Matrimonio de la Parroquia incluyeron sellos conmemorativos del Proyecto del Nuevo Seminario con distintos valores. Y, en segundo lugar, en la entrevista que el Rector del Seminario Mayor, don Manuel Gil Atrio, concede a La Región en el año 1954, coincidiendo con el Día del Seminario, en la que éste señala que la parroquia de la provincia que más seminaristas aporta es la de Parderrubias, junto con la de la Santísima Trinidad de Ourense, ambas con trece (La Región, 18 de marzo de 1954). Evidencia de esta buena relación entre la Parroquia de Parderrubias y el Seminario es la visita que las niñas del pueblo realizan al Nuevo Seminario en el año 1951, acompañadas del maestro Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/) y los seminaristas Don Aurelio Grande Fernández (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/30/don-aurelio-grande-fernandez-1930-2001-por-merche-grande-gallego/) y Don Jaime Grande Seara.

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Visita de las niñas de Parderrubias al Nuevo Seminario en el año 1951

Dado el elevado número de seminaristas en la Parroquia, se hicieron habituales las primeras misas, que suponían actos solemnes y festivos. Así, por ejemplo, en el año 1941 José Aldea escribe sobre una de ellas, la de don Felisindo Grande Seara (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/05/entrada-7-parderrubias-a-principios-de-la-decada-de-los-cuarenta-desde-una-particular-perspectiva/):

…concurren veintitantos sacerdotes, casi todos los de los Ayuntamientos de Barbadanes, La Merca y Cartelle, y algunos otros… Todo el pueblo, toda la parroquia está allí. Es la fiesta mayor de uno de sus hijos más queridos”.

 No se queda atrás, en cuanto a pomposidad, el copioso almuerzo servido a continuación para tal ocasión:

 “Volvemos a la casa de los Garrido un poco tarde. Hay allí tres o cuatro mesas inmensas. En la nuestra, la más grande, están el nuevo presbítero y sus padrinos y los más de los sacerdotes. A mí me toca comer frente al cura de Loiro y al lado de Merino. “Veña a comida, que o pan rabea”. A todos los que estamos allí nos ha dado Dios por lo visto un buen apetito. Pasan las fuentes, incansablemente”.

En la década de los años cuarenta destaca también la figura de Don José Rodríguez Portela (“O Có”), quien obtenía el cargo de maestro de Parderrubias en 1942, dejando su impronta en los niños del pueblo desde ese año hasta 1957, fecha en la que permuta la escuela de Parderrubias con Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/). En ese mismo año 1942, a raíz de lo que se podía leer en el diario La Región del 29 de mayo, la Parroquia se olvidaba de la dura posguerra para centrarse en las fiestas del Corpus:

El día 3 del próximo mes de junio se celebrarán en esta localidad los tradicionales festejos de Corpus, que durarán varios días. Amenizarán los festejos las afamadas bandas de música de Sobrado del Obispo y Souto Penedo, al mando del director don Antonio Valdés. También habrá animadas verbenas. El día cuatro, festividad del Santísimo Christi, se celebrará una misa solemne a toda orquesta en la Iglesia Parroquial con asistencia de las autoridades locales. El Padre don José Sueiro pronunciará un sermón. Este mismo día saldrá la procesión del Corpus que recorrerá las principales calles de la villa. Existe gran animación en todo el pueblo. Durante los festejos se disparará profusión de fuego fijo y volador” (La Región, 29 de mayo de 1942).

Una vez referenciados algunos de los acontecimientos relevantes de esos años, vamos a centrarnos en dos hechos, cuyo análisis realizado a partir de los registros llevados a cabo en los Libros Parroquiales, nos permitirá conocer mejor la realidad de Parderrubias durante la Posguerra: las  bodas celebradas en la Parroquia y los nacimientos.

Desde 1940 a 1959 se celebran 46 bodas en Parderrubias apreciándose una clara tendencia descendiente a lo largo de esos años (véase el Gráfico 1), fenómeno que culminará en las dos décadas más recientes (1996-2015), en las que se contabilizan únicamente 16 bodas en la Parroquia. El promedio de edad de los novios era de 30,85 años, oscilando sus edades entre 23 y 48 años; ellas, las novias, se casaron con un promedio de edad de 26,98 años, fluctuando entre los 19 y 43 años. El 87% de las bodas fueron celebradas por Don José Rodríguez Barreiros (1941-1959), las cuatro de 1940 por Don Juan Estévez Estévez, y dos del año 1949 por el misionero Don Enrique López Rodríguez y Don Felisindo Grande Seara, respectivamente. Tal como se muestra en el Cuadro 1, en el 52% de las bodas uno de los miembros de la pareja no pertenecía a lo que actualmente es la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias (recordemos que en ese momento la Parroquia incluía a Nogueira, Bouzas, Fondodevila y Solveira, cuyos datos relativos a matrimonios y bautizos no están contabilizados en este artículo). Únicamente un 5% de matrimonios tuvo lugar entre personas naturales del mismo núcleo poblacional de la Parroquia, de ellos dos estaban formados por vecinos de A Iglesia, dos por vecinos de Barrio y uno por residentes en O Outeiro. Dado que por tradición la ceremonia religiosa se celebraba -y celebra- en la Parroquia de la novia, todas estas bodas tienen en común el hecho de que la novia era natural de nuestra Parroquia, pudiendo haberse realizado bodas de vecinos de Parderrubias en otras Parroquias, las cuales no están contabilizadas en estos números que aportamos.

Los años de la posguerra en Parderrubias_1
Gráfico 1

Los años de la posguerra en Parderrubias_2
Cuadro 1

En cuanto a los nacimientos, durante el periodo 1940-1959 se produjeron 157 en lo que hoy constituye la Parroquia de Parderrubias. De esos nacimientos, 92 fueron niños (59%) y 65 niñas (41%). Su evolución a lo largo de estas dos décadas refleja también una línea descendente (véase el Gráfico 2). La caída en la tasa de natalidad se produce en realidad en la década de los años 50, en la que tienen lugar únicamente 50 nacimientos, menos de la mitad de los que habían acontecido en la década anterior (107), cifra ésta similar al período previo de los años 30 (108), tal como ya indicamos en otro artículo publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/). La distribución de nacimientos por núcleos poblacionales se puede observar en el Gráfico 3: el 50% de ellos tuvo lugar en O Outeiro y A Iglesia.

Los años de la posguerra en Parderrubias_3
Gráfico 2

Los años de la posguerra en Parderrubias_4
Gráfico 3

Un índice que refleja con toda crudeza las carencias y necesidades vividas durante esos años es la tasa de mortalidad infantil, la cual castigaba mucho más a las zonas rurales debido a la ausencia de servicios médicos especializados. Las causas más importantes eran la alimentaria (diarrea y enteritis), las infecciones y la debilidad congénita. La tasa de mortalidad infantil (fallecidos menores de un año por 1.000 nacidos vivos) se situaba entre 1936 y 1950 en 97,97, muy por encima del resto de países occidentales. En Galicia, entre 1946 y 1950, estaba en 72,20, la sexta más alta de las actuales comunidades autónomas; los coeficientes de Orense oscilaban entre 71,70 y 84,30 (Dopico, 1985). En Parderrubias, durante este período analizado, fallecieron 14 niños, 11 de ellos el mismo año de nacimiento, 2 a los dos años y 1 a los tres años, siendo 1941 el año más trágico, produciendo 5 fallecimientos, todos ellos de recién nacidos. Es decir, el 8,92% de los niños nacidos entre 1940 y 1959 en Parderrubias fallecieron antes de cumplir los 3 años de edad.

En promedio, los nacidos en estas décadas, años 40 y 50, fueron bautizados a los 4 días de nacer. Los nueve bautizos del año 1941 fueron celebrados por Don Juan Estévez Estévez; los restantes 148 (1942-1959) por Don José Rodríguez Barreiros.

De igual manera que cuando abordamos el tema de los Niños de la Guerra (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/), que estas líneas sirvan de tributo a esos 157 niños y niñas nacidos en Parderrubias en una época sumamente difícil y complicada. Sus nombres, por orden cronológico de su nacimiento, son: Antonia, Benigno, José, María Luisa, Aurora, Sergio, Manuel, Hortensia, María, María Teresa-Josefina, Serafín, Abelardo, Cándida, Manuel, Sergio, María de la Concepción, Julio, Manuel, María de la Concepción, José, Manuel, María, José Germán, José Raúl, Alfonso, Manuel, María, José, Juan Bautista, Manuel, Josefa, Alfredo, Ángela, Consuelo, Aurelio, Manuel, Flora, Josefa, María Eulalia, Juan, José, Jesús, Avelino, Virgilio, José, Fernando, Victorina, Filomena, Antonio, Ángela, Isidro, María del Cristal, José, Antonio, María de la Asunción, Isolino, Corona Eulalia, María de la Asunción, Sergio, Martina, José, Manuel, Serafín, José, Florinda, María Luisa, Aurora, José, Fernando, Claudio, Rosa, Manuel, Benito, Alicia, Manuel, Adolfo, José, Isolino, José, Consuelo, Avelina, María del Consuelo, Jaime, Eliseo, Celso, Nicanor, Emilio, Eulalia, Esperanza, María del Carmen, Adolfo, Manuel, Cesáreo, Teresa, Javier, Gonzalo, Josefa, José, Marina, Julita, José Luis, Josefa, Adolfo, María del Carmen, José, María del Carmen, Delmira, María del Carmen, Julia, Encarnación, José Manuel, José, José, Darío, Celso, María, Florinda, Antonio, Manuel, María del Carmen, Guillermo, María José, Amelia, Modesto, Jaime, Genoveva, María Felisa, Serafín, Piedad, Evaristo, Josefa, Manuel, Manuel, Manuela, Rosa, Natalia, Cándida, José Luis, Rosa, José, Eugenio, Enrique, Antonio, José Luis, Manuel, David, Manuel, César, José Manuel, Manuel, Manuel, María Teresa, Aurora, José Luis, María del Rosario, Eladio y Manuela.


Referencias

Dopico, F. (1985). Desarrollo económico y social y mortalidad infantil. Diferencias regionales (1860-1950). Dynamics: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, 5, 381-396.

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Continuando con la línea editorial centrada en los oficios tradicionales de Parderrubias, que hemos iniciado con las tejedoras [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/], Avelino Sierra Fernández nos aproxima en esta ocasión al oficio de carpintero, el cual tuvo y tiene tanto arraigo en nuestra Parroquia. Partiendo de la premisa de que carpintero es el que trabaja la madera, sus diferentes especialidades (ebanistas, armadores, “fragueiros“, “cubeiros“, “chanqueiros“, etc.) requerían habilidades muy diferentes. De forma rigurosa, este artículo hace un recorrido desde el siglo XVIII, época en la que ya se documenta la labor de los carpinteros en nuestro pueblo, hasta la fecha de hoy.

Gracias, Avelino, por acercarnos de manera sobresaliente a la tradición de este oficio en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

 Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


Os carpinteiros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Na historia de Parderrubias, salientan Clérigos e Mestres, algunhos xa tratados neste Blog, que coa súa entrega e xenerosidade deixaron imborrable impronta na formación das xeracións desta parroquia. Houbo tamén outros profesionais, como tecedeiras, tamén tratadas, e costureiras, ferreiros, canteiros, etc., que seguramente algún día serán asimesmo traídos a estas páxinas pola súa senlleira aportación á mellora das condicións de vida dos seus coetáneos. Pero nesta ocasión, queremos ocuparnos dun gremio de artesáns que co seu traballo, moitas veces desinteresado, quizabes foran quen máis contribuíran á mellora-la particular vida material dos veciños ao longo da historia. Referímonos aos  carpinteiros.

Debido á abundancia de madeira en toda a zona, e á súa utilización como un dos primeiros materiais en estado natural para fabrica-los útiles necesarios para o desenrolo humano, que ían dende o berce ata o ataúde, o oficio de carpinteiro era, despois do agrogandeiro e tecedeiro, o máis estendido en toda a municipalidade. No ano 1750, exercían este oficio nas terras que actualmente constitúen o Concello da Merca, 13 artesáns, un deles, polo menos, en Parderrubias. Todos traballaban por un xornal de catro reais ao día a secas, ou dous a mantidas. O seu traballo ía dende tronza-las toradas no monte e saca-las táboas coa serra de aire, ao artellamento de apeiros e trebellos (carros, arados, anciños…), útiles domésticos (arcas, maseiras, cubas…), mobles (escanos, leitos, alacenas…) ou portas, xanelas, armazón dos teitos, etc. Hai que dicir que daquela, as casas eran case todas terreas, é dicir, dunha soa planta, distribuída en espazos adicados a cortes, lareira e leitos,  separados por estacas e táboas, ou raramente con sobrado nunha segunda planta, sobre piso tamén de madeira e tabiques de táboas verticais. As portas e fiestras eran de táboas perpendiculares, con travesas horizontais, xirando por medio de couzóns ou guiceiros,  cerradas con pancas ou pechos e aseguradas con trancas, todo ilo de madeira.

Logo, transcorren tempos escuros na historia de Parderrubias, dos que carecemos de novas sobre esta actividade, ata chegadas épocas posteriores. A comezos do século pasado, foron asentados na Manchica, que entón pertencía a Parderrubias, os serradoiros a vapor, do Baldovino, onde hoxe está a cerámica, e os dos irmáns Manuel, José e Modesto Garrido, un pouco máis abaixo. Esta industrialización da madeira veu a redimir aos serranchíns, da esgotadora tarefa de sacar á man as táboas e pontóns das toradas, valéndose dunha extenuante serra de aire de dous metros e medio de longa, manexada por dous homes. Polas mesmas datas, creáronse tamén na Manchica os obradoiros de imaxinería relixiosa dos propios irmáns Garrido (coñecidos dende entón como Os Escultores), e os de Eliseo Garrido, seu irmán, situados entre A Manchica e Parderrubias. Obradoiros que pola súa relevancia e o seu cuño empresarial, merecen estudo aparte. Da mesma andaina, eran os carpinteiros artesáns, Avelino Martínez na Manchica, Hixinio Grande na Aldea, Manuel Grande no Valdemouro, Felipe Garrido e Paulino Sierra, na Carretera, e Modesto González en Nigueiroá.

O señor Avelino (así era coñecido) traballou durante 25 anos nos obradoiros dos Escultores (1918-1943). Tras independizarse, seguiu adicado á escultura pola súa conta, tallando, modelando, decorando e restaurando arte sacro. Obras súas son, ducias de imaxes, viacrucis, altares e dourados de retábulos de igrexas nas provincias de Ourense e Pontevedra, pero entre as últimas, están a imaxe da Virxe de Lourdes que preside o altar maior da Manchica, así como as 14 estacións do Viacrucis, os confesionarios e outros decorados da mesma igrexa, obras todas elas talladas, pintadas e doadas gratuitamente por el.

O Señor Hixinio estaba considerado como Mestre Carpinteiro entendido en tódalas especialidades e aplicacións da madeira. Un profesional coñecido, recoñecido e apreciado en toda a bisbarra, onde era solicitado para aqueles traballos máis técnicos, de grande envergadura e  maior responsabilidade.

Manuel Grande era o único carpinteiro de Parderrubias adicado a unha soa especialidade de carpintería, a de toneleiro. Experto en armar, pero sobre todo reparar e restaurar todo tipo de cubas, barrís, tonéis, pipotes, etc., acudía solícito a cantas adegas o necesitaran, ben pertrechado das súas especiais ferramentas de cubeiro, como eran as aixolas curvas, cepillos de volta, xabreadores, chazos e martelos alcotana.

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Cónstanos que, xa a mediados do século XVIII, Parderrubias era a parroquia máis vitícola de todo o Concello da Merca. Concretamente, no ano 1752, satisfacía 16 moios de viño á igrexa de Santa Olaia, en concepto de Dezmos, o que supón, polo menos,  unha producción de 23.616 litros anuais. Isto significa que as cubas, únicas presexas de almacenamento do viño para o consumo anual, tiñan que ser usuais en tódalas casas, así que tamén a Manuel Grande precedéronlle outros toneleiros en Parderrubias. Ben é verdade que, dito sexa de paso, inda que o viño abundaba, este non era de grande calidade, tal como certifica Sebastián Miñano no ano 1826 ao afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz vinte anos despois, ratificando que unha das principais produccións de Parderrubias era “vino inferior”.

O tío Paulino, como cariñosamente era coñecido, home creativo e mañoso, traballou tamén durante os seus anos mozos nos obradoiros dos Escultores, pero finalmente adicouse a outras ocupacións industriais, sen deixar de tallar e armar roupeiros, cómodas ou leitos no seu obradoiro particular. El facía, sempre de balde, as maletas de madeira para os mozos de Parderrubias que ían a cumplir o servicio militar.

O tío Felipe era o carpinteiro ebanista máis inxeñoso e habelencioso coñecido en toda a contorna. Home de pouco traballo, pero de senlleira e abraiante realización. De neno, oín dicir del (supoño que sarcásticamente) que era quen de facer cofres para gardar tesouros, tan seguros que unha vez pechados coa chave por fóra, só se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, a súa  maña quedou manifesta nunha chea de inxeños que, aínda sen chega-la electricidade, funcionaban automáticamente, como era o caso dun barril de viño que, segundo o seu antollo, manipulando unha pequena panca a distancia, desprazábase el só por un raíl dende a adega ata o obradoiro onde traballaba e, unha vez servido o seu vaso de viño, o barril tornaba el soíño á adega polo mesmo carril. Isto, segundo contaba a xente.

O tío Modesto de Nigueiroá, era un ebanista arteiro, mañoso e curioso coma poucos, que traballaba a madeira de castiñeiro como naide. Os últimos anos adicouse á especialidade de fragueiro, armando carros  para toda a contorna, no seu obradoiro de As Campinas.

A estes seis Mestres artesáns, sucedéronlle  cinco dignos e salientables discípulos do Sr. Hixinio, como foron os irmáns Benito, Hermenegildo e Manolo Outomuro, e os seus curmáns Julio e José Seara, todos veciños da Aldea. Deles pódese dicir que eran verdadeiros “milmañas”, que o mesmo amoblaban unha casa nova con madeiras nobres, que botaban un remendo nunha palleira, ou amañaban o chedeiro dun carro. Para eles, ningunha especialidade de carpinteiro, ebanista, fragueiro, toneleiro, etc. lles era allea. Sempre facendosos e xenerosos, nunca rexeitaron  arranxarlle, de xeito desinteresado, calquera pequeno problema surxido a un veciño. Aínda que pasaban a maior parte do tempo nas obras, dispuñan de obradoiro nas súas casas, onde abundaban os apeiros e ferramentas, iso sí, sempre ben afiadas, lizadas, ordenadas e coidadas como ouro en pano.

Sendo tan numerosas e variadas as ferramentas utilizadas por este gremio de carpinteiros de Parderrubias, máis que relacionalas polo seu nome, coidamos que é preferible mostra-la súa imaxe nunha colección ordenada, segundo as funcións de serrar, tradear, labrar, cepillar, cravar, etc. de cada unha.

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A tradición da carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionais da madeira e obradoiros de carácter industrial, dotados das tecnoloxías máis vanguardistas, pero non debemos esquecer que as súas raíces están na aixola e no berbequí dos protagonistas desta crónica, escrita coa única intencíon de traelos á memoria colectiva das actuais e futuras xeracións.


 

VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

En la historia de Parderrubias destacan Clérigos y Maestros, algunos ya tratados en este Blog, que con su entrega y generosidad dejaron imborrable impronta en la formación de las generaciones de esta Parroquia. Hubo también otros profesionales, como tejedoras, también tratadas, y costureras, herreros, canteros, etc., que seguramente algún día serán asimismo traídos a estas páginas por su singular aportación a la mejora de las condiciones de vida de sus coetáneos. Pero en esta ocasión, queremos  ocuparnos  de un gremio de artesanos que con su trabajo, muchas veces desinteresado, quizás fueran quienes más contribuyeran a mejorar la particular vida material de los vecinos a lo largo de la historia. Nos referimos a los carpinteros.

Debido a la abundancia de madera en toda la zona, y a su utilización como uno de los primeros materiales en estado natural para fabricar los útiles necesarios para el desarrollo humano, que iban desde la cuna hasta el ataúd, el oficio de carpintero era, después del agroganadero y tejedor, el más corriente en toda la municipalidad. En el año 1750, ejercían este oficio en las tierras que actualmente constituyen el Ayuntamiento de La Merca, 13 artesanos, uno de ellos, por lo menos, en Parderrubias. Todos trabajaban por un jornal de cuatro reales al día, a secas, o dos y mantenidos. Su trabajo iba desde cortar los troncos de los árboles en el monte y hacer las tablas con la sierra de aire, a la elaboración de aperos y aparejos (carros, arados, rastrillos…), útiles domésticos (arcas, artesas, cubas…), muebles (bancos, camas, armarios…) o puertas, ventanas, armazón de tejados, etc. Hay que decir que entonces, las casas eran casi todas terrenas, es decir, de una sola planta distribuída en espacios dedicados a cuadras, cocina y dormitorios, separados por estacas y tablas, o excepcionalmente con un sobrado en una segunda planta, sobre piso también de madera y tabiques de tablas verticales. Las puertas y ventanas eran de tablas perpendiculares  con traviesas horizontales, girando por medio de quicios, cerradas con pestillos o pasadores y aseguradas con trancas, todo ello de madera.

Luego transcurren tiempos oscuros en la historia de Parderrubias, de los que carecemos de noticias sobre esta actividad, hasta la llegada de épocas posteriores. A principios del siglo pasado fueron asentados en A Manchica, que entonces pertenecía a Parderrubias, los aserraderos a vapor de Baldovino, en donde hoy está la cerámica, y los de los hermanos Manuel, José y Modesto Garrido, un poco más abajo. Esta industrialización de la madera vino a redimir a los serranchines, de la agotadora tarea de sacar a mano las tablas y pontones de los troncos de los árboles, valiéndose de una extenuante sierra de aire de dos metros y medio de largo, manejada por dos hombres. Por las mismas fechas, se crearon también en A Manchica los talleres de imaginería religiosa de los propios hermanos Garrido (conocidos desde entonces como Os Escultores) y los de Eliseo Garrido, su hermano, situados entre A Manchica y Parderrubias. Talleres que por su relevancia y su cuño empresarial merecen estudio aparte. De la misma época, eran los carpinteros artesanos Avelino Martínez, en A Manchica, Higinio Grande en A Aldea, Manuel Grande en Valdemouro, Felipe Garrido y Paulino Sierra, en A Carretera, y Modesto González en Nigueiroá.

El Señor Avelino (así era conocido) trabajó durante 25 años en los talleres de Os Escultores (1918-1943). Tras independizarse, siguió dedicado a la escultura por su cuenta, tallando, modelando, decorando y restaurando arte sacro. Obras suyas son docenas de imágenes, viacrucis, altares y dorados de retablos de iglesias en las provincias de Orense y Pontevedra, pero entre las últimas, están la imagen de la Virgen de Lourdes que preside el altar mayor de A Manchica, así como las 14 estaciones del Viacrucis, los confesionarios y otros decorados de la misma iglesia, obras todas ellas talladas, pintadas y donadas gratuitamente por él.

El Señor Higinio estaba considerado como Maestro Carpintero entendido en todas las especialidades y aplicaciones de la madera. Un profesional conocido, reconocido y apreciado en toda la comarca, donde era solicitado para aquellos trabajos más técnicos,  de gran envergadura y mayor responsabilidad.

Manuel Grande era el único carpintero de Parderrubias dedicado a una sola especialidad de la carpintería, la de tonelero. Experto en armar, pero sobre todo reparar y restaurar todo tipo de cubas, barriles, toneles, pipotes, etc., acudía solícito a cualquier bodega donde lo necesitaran, bien pertrechado de sus especiales herramientas de cubero, como eran las azuelas curvas, cepillos de vuelta, “xabreadores”, “chazos” y martillos “alcotana”.

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Nos consta que, ya a mediados del siglo XVIII, Parderrubias era la parroquia más vitivinícola de todo el Municipio de A Merca. Concretamente, en el año 1752, satisfacía 16 moyos de vino a la Iglesia de Santa Eulalia, en concepto de Diezmos, lo que supone una producción, al menos, de 23.616 litros anuales. Esto significa que las cubas, únicos recipientes de almacenamiento del vino para el consumo anual, tenían que ser usuales en todas las casas, así que también a Manuel Grande le han precedido otros toneleros en Parderrubias. Bien es verdad que, dicho sea de paso, aunque el vino abundaba, éste no era de gran calidad, tal como certifica Sebastián Miñano en el año 1826 al afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz veinte años después, ratificando que una de las principales producciones de Parderrubias era “vino inferior”.

El tío Paulino, como cariñosame era conocido, hombre creativo y mañoso, trabajó también durante sus años mozos en los talleres de Os Escultores, pero finalmente se dedicó a otras ocupaciones industriales, sin dejar de tallar y armar roperos, cómodas o camas en su taller particular. El hacía, siempre gratis, las maletas de madera para los mozos de Parderrubias que iban a cumplir el servicio militar.

El tío Felipe era el carpintero ebanista más ingenioso y habilidoso conocido en todo el contorno. Hombre de poco trabajo, pero de singular y asombrosa realización. De niño, oí decir (supongo que sarcásticamente) que era capaz de hacer cofres para guardar tesoros, tan seguros que una vez cerrados con llave por fuera, sólo se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, su maña quedó patente en cantidad de ingenios que, aún sin llegar la electricidad, funcionaban automáticamente, como era el caso de un barril de vino que, a su antojo, manipulando una pequeña palanca a distancia, se desplazaba el solo por un raíl desde la bodega hasta el taller donde trabajaba y, una vez servido su vaso de vino, el barril regresaba solito a la bodega por el mismo carril. Esto, según contaba la gente.

El tío Modesto de Nigueiroá era un ebanista artero, mañoso y curioso como pocos, que trabajaba la madera de castaño como nadie. En los últimos años se dedicó a la especialidad de “fragueiro”, armando carros para todo el contorno, en su taller de As Campinas.

A estos seis Maestros artesanos, les sucedieron cinco dignos y destacados discípulos de Señor Higinio, como fueron los hermanos Benito, Hermenegildo y Manolo Outumuro, y sus primos Julio y José Seara, todos vecinos de A Aldea. De ellos se puede decir que eran verdaderos “milmañas”, que igual amueblaban una casa nueva con maderas nobles, que echaban un remiendo en un pajar o componían el lecho de un carro. Para ellos, ninguna especialidad de carpintero, ebanista, “fragueiro”, tonelero, etc. les era ajena. Siempre diligentes y generosos, nunca rehusaron arreglarle, de forma desinteresada, cualquier pequeño problema surgido a un vecino. Aunque pasaban la mayor parte del tiempo en las obras, disponían de taller en sus casas, donde abundaban los aperos y herramientas, eso sí, siempre bien afiladas, lizadas, ordenadas y cuidadas como oro en paño.

Siendo tan numerosas y variadas las herramientas utilizadas por este gremio de carpinteros de Parderrubias, más que relacionarlas por su nombre, pensamos que es preferible mostrar su imagen en una colección ordenada según las funciones de serrar, tradear, labrar, cepillar, clavar, etc. de cada una.

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La tradición de la carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionales de la madera y talleres de carácter industrial, dotados de las tecnologías más vanguardistas, pero no debemos olvidar que sus raíces están en la azuela y en el berbiquí de los protagonistas de esta crónica, escrita con la única intención de traerlos a la memoria colectiva de las actuales y futuras generaciones.

Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”. Por Juan Carlos Sierra Freire

Sin duda alguna, la infancia de nuestros padres estuvo marcada por la mayor barbarie que un país pueda padecer: una guerra civil. Algunos de nuestros abuelos, y en algún caso también alguno de nuestros padres, la sufrieron en el frente de batalla. No obstante, la mayor parte de nuestros progenitores fueron testigos callados de esta brutalidad siendo niños de muy corta edad, e incluso algunos recién nacidos en esas fechas. Aunque oficialmente la guerra duró desde el año 1936 hasta 1939, los años previos se caracterizaron por fuertes convulsiones y un clima casi, o sin casi, prebélico. Este artículo aporta información acerca de los niños que nacieron durante esos años en la Parroquia de Parderrubias, abarcando desde el año en el que se instaura la II República (1931) hasta el año en que finaliza la guerra (1939). Son los “Niños de la Guerra” nacidos en Parderrubias, aunque vaya por delante que el significado oficial de esta expresión no se corresponde con lo que aquí se va a tratar (de ahí el entrecomillado): son niños que no tuvieron que exiliarse, pero que sí a los que les tocó nacer y crecer en una de las épocas más funestas de España. Dado que el acontecimiento más importante de este período entre 1931-1939 es la propia guerra en sí, vamos en primer lugar a aportar algunos datos sobre este hecho en nuestra comarca.

Se estima que entre 1936 y 1939 se cometieron 8.000 asesinatos en Galicia; Prada Rodríguez (2004) señala que en Ourense se pueden llegar a contabilizar 626 víctimas. Al quedar toda la provincia en la zona nacional, su práctica totalidad fueron personas con ideología de izquierdas. El punto neurálgico de la Guerra Civil en la Comarca Terras de Celanova, a la que pertenece la Parroquia de Parderrubias, se sitúa en la cárcel de Celanova, que se ubicó en el Monasterio de San Salvador, permaneciendo activa desde el estallido de la guerra en 1936 hasta el año 1943. Comenzó como Prisión Habilitada Provisional, convirtiéndose en Prisión Central en 1938 (Vieira Outumuro, 2013). Por ella pasaron 1.300 presos políticos, provenientes principalmente del norte de España. Por tanto, cabe presuponer que una imagen habitual durante esos años en la carretera que cruza Parderrubias sería la de vehículos transportando reclusos dirección a Celanova. En los primeros años, muchos de estos presos políticos fueron “paseados” hasta el monte Furriolo en donde eran vilmente ejecutados. Otros muchos no tuvieron este cruel final, pero sí su particular “longa noite de pedra” entre cadenas, la cual terminaban pagando con el tifus, la tuberculosis, la sarna, la anemia hemorrágica, la bronquitis asmática, la neumonía gripal, la gastroenteritis, la caquexia, la septicemia, etc., y… la muerte. Resultan conmovedoras las fotografías publicadas en la obra de Piñeiro (2007) en las que se puede observar el patio del Monasterio de San Salvador en el año 1910 ocupado por estudiantes de los Escolapios y años después, en 1938, por presos políticos.

La base de datos Nomes e Voces de la Universidade de Santiago de Compostela (2006) registra 194 víctimas relacionadas directamente con Celanova durante el período 1936-1939. Su historia va desde ejecuciones fruto de “paseos” a Viveiro, A Bola, Ansemil, Furriolo, Amorece, Ourille, Entrimo, etc., hasta muertes por múltiples enfermedades en la cárcel, condenas a muerte con ejecuciones en Celanova, cumplimientos de condenas perpetuas o de varios años, deportaciones a campos de concentración como el de la Illa San Simón o Mauthausen, y exilio a países hispanoamericanos (Cuba o México).

Por lo que respecta al Concello de A Merca, en dicha base de datos únicamente aparecen referidos cinco casos: 1) Julio Manuel C. R., labrador de 28 años, vecino de A Merca, juzgado en 1936 en Lugo, condenado a muerte y ejecutado en la tapia del Cuartel de la Guardia Civil; 2) dos varones de 40 y 35 años, respectivamente, de los que se desconocen sus nombres y orígenes, “paseados” en agosto de 1936 en Pereira de Montes, con resultado de fallecimiento por conmoción cerebral traumática; 3) Víctor V. vecino de A Merca, de 50 años, de profesión sastre, “paseado” en la carretera Ourense-Reza con resultado de fallecimiento a causa de hemorragia interna; 4) Albino Núñez Domínguez, maestro de 35 años, natural de A Merca, escondido durante tres años y apartado del servicio (posteriormente se convertiría en un afamado escritor y pedagogo); y 5) Juan Manuel Arias Jares, médico de 46 años, natural de Viana de Bolo, fundador de la Agrupación Local del PSOE, cesado de su cargo y desterrado en A Merca durante siete meses.

A la luz de este registro, parece ser que Parderrubias no llegó a ser un lugar destacable por su actividad bélica y represiva durante el desarrollo de la Guerra Civil, aunque personas mayores de la Parroquia, y vecinos del pueblo próximo de Montelongo, relatan como algunas noches se oían en el puente de O Seixal (As Campinas) gritos desgarradores y disparos de ejecuciones de reclusos, presumiblemente de la cárcel de Ourense, que eran “paseados” hasta este lugar. Al tiempo de escucharse los disparos, se oía el paso de una camioneta que se encargaba de recoger los cadáveres. Incluso no llegó a ser extraño que vecinos madrugadores de los alrededores que salían en sus mulas hacia Ourense se encontrasen en este lugar con cadáveres a la espera de ser retirados. La manifestación más relevante del conflicto bélico en Parderrubias posiblemente sea el llamamiento a filas de varios de sus vecinos. Ya una vez finalizada la guerra, fue significativa la persecución por “depuración” que sufrieron algunos maestros nacionales, incluido Don Isolino Camba, maestro durante décadas en la Escuela de Parderrubias, tal como muy bien relata Outumuro Seara en este mismo Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/).

Descrita esta imagen general de la guerra, vayamos al objetivo que nos hemos planteado con este artículo. Entre los años 1931 y 1939 (ambos inclusive), es decir el período completo en el que está vigente la II República, se produjeron en la Parroquia de Parderrubias 109 nacimientos (45 niños y 64 niñas). Si comparamos esta cifra con la de la última década de ese siglo XX nos damos cuenta de su magnitud: de 1991 a 1999 únicamente se registraron en la Parroquia 10 nacimientos. Tal como se recoge en el Libro Parroquial de Bautizos, esos 108 niños fueron bautizados en la iglesia parroquial. Don Alfonso Losada Fernández realizó todos los bautizos del año 1931 a 1935. De los ocho celebrados en 1936, los cuatro últimos fueron oficiados por Don Antonio Seara García (1) y Don Castor Gayo Arias (3), pues como ya hemos descrito en otro artículo publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/08/e17-crimen-en-la-casa-rectoral-de-parderrubias-en-el-ano-1936/), Don Alfonso Losada fue asesinado en junio de 1936. Todos los bautizos de los años 1937, 1938 y 1939 fueron celebrados por Don Juan Estévez Estévez, a excepción de uno de ellos que llevó a cabo Don Antonio Seara García. Del 61% de los bautizados consta como testigo el sacristán Francisco Seara. En promedio, transcurrían tres días desde su nacimiento hasta que eran bautizados; un 9,3% fueron bautizados el mismo día en que nacieron y un 25% al día siguiente. En la Figura 1 se puede observar la evolución anual de los nacimientos, mostrándose ésta relativamente estable hasta el inicio de  la Guerra y apreciándose un claro descenso durante los dos primeros años de la contienda, con un repunte en el último año.

Figura_1
Figura 1

Si atendemos  a la distribución por sectores poblacionales de la Parroquia, observamos que justo un tercio de los nacimientos se produjeron en A Iglesia. Entre A Iglesia y Barrio coparon el 60% de los nacimientos de la Parroquia durante este período analizado. Véase la distribución en la Figura 2. Un hecho a destacar es que 16 de esos niños nacidos entre 1931 y 1939 fallecieron antes del inicio de la década de los 40, es decir, un 15% nunca dejaron de ser niños.

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Figura 2

Sirvan estas líneas como humilde reconocimiento y homenaje a estos 109 “Niños de la Guerra” nacidos en Parderrubias, gracias a los que hoy nosotros somos lo que somos. Siendo niños fueron testigos de una de las épocas más dramáticas de nuestra historia; ya de jóvenes, una durísima posguerra les obligó a realizar enormes esfuerzos de todo tipo. Lo que hoy sus hijos somos y tenemos se lo debemos en gran medida a sus esfuerzos, sacrificios, privaciones y, especialmente, a su afán de superación y avance.

Los 109 “Niños y Niñas de la Guerra” son, por orden cronológico, Antonio, María, Aquilina, María Ascensión, Julio, Eusebio, Emilio, Celso, Celsa, María Consuelo, David, María, Bernardina, María, Ramón, Delmiro, Filomena, Herminia, José, Bernardina, Marina, María, Olimpia, Celsa, Paulino, María, Benito, Josefa, Ángela, Manuel, María del Carmen, Genoveva, María Clamores, María Dolores, María Livia, María, Isauro, José, Baltasar, María, Carmen, Castor, Valentín, María, Eliseo, Sira, Manuel, María de las Nieves, María, Domingo, Ludivina, Josefa, Carlos, Rosa, Remedios, Indalecio, María, Manuel, José Nicanor, María de la Coronación, María, Delmira, Cristalina, Elisa, María del Carmen, Jesusa, María del Consuelo, Rosa, Jaime y Rosa (nacidos todos ellos antes del año del inicio de la Guerra); María de la Concepción, Eugenio, María Blanca, Rosa, Hermenegildo, José, Serafina, María Dolores, Virginia, Jesús, Pilar, Tomás, César, Manuel, José Benito, María Milagros, Castor, José, Josefa, Manuela, Joaquín, Claudino, Antonio, José, Manuel, Pilar, Manuel, Modesto, José, Serafín, Remedios, María Teresita, Esperanza, María Livia, María, Adelina, Antonio, Ana y Rosa (nacidos durante los años de la Guerra).


Referencias

Piñeiro, A. (2007). Celanova 1900-1981. Memoria fotográfica. Ourense: Diputación Provincial.

Prada Rodríguez, J. (2004). Ourense, 1936-1939: alzamento, guerra e represión. Lugo: Ediciós do Castro.

Universidad de Santiago de Compostela (2006). Nomes o Voces. Recuperado el 14 de octubre de 2015, de http://vitimas.nomesevoces.net/gl/axuda/presentacion/.

Vieira Outumuro, S. (2013). Los archivos de las instituciones penitenciarias. La prisión central de Celanova. Fronda, 47.

Crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en el año 1936. Por Juan Carlos Sierra Freire

Crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en el año 1936. Por Juan Carlos Sierra Freire

En el mes de junio de 1919, una vez fallecido el cura don Benito Garrido, se hace cargo de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias don Alfonso Losada Fernández, párroco en ese momento de Pereira de Montes. Permaneció en el cargo hasta junio de 1921, fecha en la que llega como encargado de la Parroquia don Adolfo Outumuro Outumuro, natural de O Outeiro. Lamentablemente, don Adolfo fallece muy joven a la edad de 31 años, víctima de una grave enfermedad. Ello hace que solo tres años después de haberse ido, don Alfonso retome de nuevo las riendas de la Parroquia durante unas semanas. Esta fue su primera etapa en la Parroquia, que sería regentada durante los siguientes cinco años por don José Balboa González (1924-1925), don Pedro Vázquez González (1925-1926) y don Ambrosio Cid Fariñas (1926-1929). Un día de 1929, don Alfonso regresa nuevamente para hacerse cargo de la Feligresía. En ese momento, no se podía imaginar que su nueva etapa al frente de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias finalizaría trágicamente en la madrugada del 13 de junio de 1936. Don Alfonso Losada había nacido en Leborín (Barxa) en 1883 en el seno de la familia de Benito y Agustina.

El 14 de junio de 1936 varios periódicos locales y nacionales (La Región, El Pueblo Gallego, El Compostelano, La Vanguardia, Gaceta de Tenerife, etc.) se hacían eco de uno de los sucesos más dramáticos ocurridos en el siglo XX en Parderrubias: el asalto a la Casa Rectoral (hoy desaparecida con el paso del tiempo) en la que vivía el Párroco don Alfonso Losada Fernández. Aunque en un primer momento, y dada la situación prebélica que vivía España, pudo parecer un crimen político, el suceso no tuvo ninguna connotación política más allá del intento de robo perpetrado por delincuentes comunes. No obstante, el diario La Región del 14 de junio apuntaba a causas de índole político-social asociadas al clima de desconcierto social que se vivía en la provincia, al igual que en el resto del país:

En el fondo nos referimos al cambio de rumbo, o siquiera esbozo de cambio, que piensa imprimirle a su política social el Gobierno. Refiriéndonos a este suelto, una vez más, y van ciento, a la situación anárquica en que se lleva desenvuelto durante esta semana pasada nuestra ciudad y no pocos puntos más de la provincia. Aún ayer de madrugada un nuevo atentado, un nuevo crimen. El cura de Parderrubias vio asaltada a  mano armada su casa y sin haberle dado tiempo ni para intentar levantarse del lecho fue acribillado a balazos, y en estado gravísimo fue trasladado al hospital nuestro. Así están los pueblos nuestros, así se hallan cuantos allí viven en paz a merced de todos los detritus de esta conflagración social. Ya no respetan nada, ya nada dejan en pie los nuevos bárbaros, toda esa desdichada gente envenenada de las aldeas, ya nada les importa ni coarta, y con el saqueo, el incendio y con el asesinato están arrasándolo todo”. 

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Casa Rectoral de Parderrubias

A partir de las noticias publicadas por la prensa escrita en esos días y del testimonio de  algunos testigos del suceso, podemos saber que, en la madrugada del 13 de junio de 1936, dos individuos entran en la Casa Rectoral con la intención de robar. Habían permanecido escondidos desde varias horas antes en una casa próxima, esperando la oscuridad de la noche y a que abandonasen la Rectoral algunas visitas que había tenido el cura durante la tarde, entre ellas la del seminarista Felisindo Grande Seara (véase Don Felisindo Grande Seara). Como consecuencia de la resistencia que ofrece el cura para evitar el robo y de sus gritos de auxilio, los asaltantes le descerrajan varios tiros, dos de los cuales le dañan mortalmente un pulmón y los intestinos (El Pueblo Gallego, 14 de junio de 1936). Aun así, los asaltantes lograron apoderarse de algún dinero y de varios objetos (La Vanguardia, 14 de junio de 1936). Ante los gritos de auxilio de la víctima, acuden los vecinos del pueblo, que observando la gravedad del herido se organizan para ir a caballo hasta la Parroquia cercana de Pereira de Montes, con la finalidad de avisar a su Párroco, don Castor Gayo Arias, para que se acercase hasta Parderrubias con el objeto de impartir la extremaunción al malherido, y tratar de llevarlo a un centro hospitalario (El Compostelano, 15 de junio de 1936).  Los primeros vecinos que llegan a la Rectoral, ubicada al lado de la iglesia parroquial, intentan repicar las campanas para pedir auxilio, pero se encuentran con la sorpresa de que la cuerda había sido estratégicamente cortada.

Los autores del crimen habían sido los mismos malhechores que cometieran meses atrás el homicidio del conocido ganadero Manuel Mera. Se trataba de Constantino Vázquez, natural de la provincia de Lugo, y José Campos (Pepe das Hortas), de nacionalidad portuguesa. Son detenidos días después del crimen por la Guardia Civil de Celanova en O Forriolo. Se trata de viejos conocidos de la Justicia, pues habían estado ya en prisión en anteriores ocasiones por diversos robos.  El diario La Región, 15 idas después del asalto, informaba de la singular detención de los dos criminales:

En Forriolo, pueblecito situado en una montaña del término de La Bola, merodeaban dos sujetos de ‘pinta’ sospechosa. En la tarde del día 23, y en un punto de las inmediaciones del mentado pueblo, y precisamente en el que hace unos dos meses asesinaron a José Mera, vecino de San Mamed, y al pie de una pequeña cruz sugeridora del sitio en donde había sido perpetrado el horroroso hecho, se sentaron dichos sujetos y se pusieron a merendar tranquilamente, a la vez que comentaban aquel triste suceso. En cuyo momento pasó por allí una mujercita enlutada a la que llamó la atención la actitud de aquellos sujetos desconocidos. Dicha mujer era hija política del infortunado Mera. Al pasar les oyó decir: ‘ ¡rezaremos un padrenuestro por el muerto!’ Al llegar al pueblo dio cuenta de lo ocurrido y todos los vecinos coincidieron en que tales sujetos debían de ser unos maleantes. Como al día siguiente les volvieron a ver por aquellos lugares, acordaron detenerles y salieron en su persecución. Aquellos, al verse perseguidos, se internaron en el monte y al ser descubiertos acometieron a tiros a sus perseguidores. Pero estos no se atemorizaron, si bien pidieron auxilio a la Comandancia de la Guardia Civil de Celanova. Inmediatamente con el celo y actividad que ponen en todas sus actuaciones las fuerzas de dicho puesto, salió el cabo y cuatro números a auxiliar a los vecinos de Forriolo y con la ayuda de estos procedieron a la captura y detención de los referidos sujetos. Al ser interrogados dijeron llamarse José Campos (‘Pepe das Hortas’), de unos 40 años y de nacionalidad portuguesa, y Constantino Vázquez Pérez, de la misma edad, natural de Lugo. Al ser registrados le fue encontrado al portugués el reloj que llevaba el José Mera cuando fue asesinado, el que fue reconocido por un hijo de este. Una pistola, un revólver, unos prismáticos y un arsenal de artefactos útiles para el robo. Interrogados sobre la procedencia del reloj confesaron ser efectivamente del infortunado Mera, a quien habían robado y dado muerte. También confesaron ser los autores del asesinato frustrado del cura de Parderrubias don Alfonso Losada. Explicaron el hecho con toda clase de detalles y que el que había hecho los disparos fuera el ‘Pepe das Hortas'” (La Región, 27 de junio de 1936).

El Libro Parroquial de Parderrubias, en el apartado referido a la relación de sacerdotes que rigieron la Parroquia, hace una precisa descripción del suceso con detalles no reflejados en la prensa de la época. En esa relación de curas, al llegar a don Alfonso Losada Fernández, en las páginas escritas años después de su muerte, se señala que “desempeñó el cargo hasta el día 13 de junio de 1936, fecha en que fue vilmente asesinado”. Y a continuación se hace una descripción pormenorizada de los hechos, en la que algunos detalles no coinciden con lo publicado por la prensa:

“A las dos horas (por tanto en plena noche) del mes de junio de mil novecientos treinta y seis, dos hombres, después de haber taladrado y abierto la puerta que da al Cementerio entraron en la habitación-dormitorio del párroco y le dispararon dos tiros hiriéndolo mortalmente.

A las voces de auxilio acudieron los vecinos sin dar tiempo a  los malvados para el robo ni pudieron tan siquiera verlos; a los pocos días fueron capturados y entraron en la cárcel pero enseguida los pusieron en libertad porque gobernaba entonces el Frente Popular. Al ocurrir el Alzamiento de Franco, dieron con ellos; uno cayó cerca de Barbantes perseguido por la Guardia Civil; otro cayó e Corbillón o sea fue capturado por una partida de falangistas que lo llevaron al monte del Furriolo donde, por lo visto, los mismos ladrones habían robado y dado muerte a un ganadero apellidado Mera; de allí lo llevaron a la cárcel de Celanova donde a los pocos días ya no estaba…

Volvamos al Párroco. El Párroco en gravísimo estado fue llevado a un Sanatorio a Orense, pero no quisieron intervenirle por considerarlo gravísimo; así que se vio en la necesidad de entrar en el Hospital Provincial en medio de insultos y blasfemias; tampoco allí quisieron intervenirle por considerar inútil toda intervención, pues los proyectiles le habían atravesado un pulmón.

Toda la parroquia fue a visitarle y él declaró solemnemente que ninguno de sus feligreses había tenido parte en el crimen y que todos eran muy amantes de su párroco.

El día veintiséis del mismo mes volvieron a traerlo a la Rectoral y murió a las 18 horas del día veintiocho o sea dos días después.

El día treinta le dieron sepultura y tuvieron un solemnísimo funeral al que asistieron más de treinta sacerdotes y la parroquia en pleno”.

En el libro de difuntos de la Parroquia de Parderrubias podemos leer:

“…falleció el día veintiocho del actual a consecuencia de un colapso cardíaco según certificación facultativa. Hizo testamento en el Hospital de Orense por ante el Notario Sr. Gambón donde hace constar su última voluntad… Fue funerado con treinta y ocho sacerdotes de cuerpo presente. Testigos D. José y Manuel Garrido vecinos de Parderrubias. Treinta de junio de mil novecientos treinta y seis. Castor Gayo Arias“.

La Región del 30 de junio se hacía eco del fallecimiento, que se había producido  el domingo día 28 a las 10 de la noche, dejando un hermano (Hipólito) y dos sobrinos (Benito y Alfonso):

Anteayer falleció en su casa de Parderrubias el sacerdote don Alfonso Losada Fernández, que hace unos días fue víctima de un salvaje atentado. La noticia de su muerte, no por menos esperada, ha causado gran dolor. Todas aquellas personas que le trataron sabían que se trataba de un hombre ejemplar cuyas virtudes cristianas, puestas a prueba muchas veces en el trascurso de su vida, le hacían acreedor a la consideración, el respeto y el cariño de todos. Sus feligreses lloran hoy su pérdida amargamente. El día en que ocurrió el atentado bien puede decirse sin temor a exageración que el pueblo en pleno vino a Orense a enterarse del estado del herido. Los funerales por el eterno descanso de su alma tendrán lugar hoy por la mañana, a las diez, en Parderrubias, y acto seguido se verificará la conducción del cadáver. A todos sus familiares, y en especial a su cumplidor testamentario, don Castor Gayo, y a los sobrinos, enviamos nuestro más sentido pésame“.

Esquela
Esquela de don Alfonso Losada publicada en La Región del 30 de junio de 1936

El 2 de julio, el diario La Región informaba acerca de los funerales celebrados en la Parroquial de Parderrubias con la asistencia de 38 curas:

La concurrencia a dicho acto fue enorme, imponente. La espaciosa iglesia estaba completamente llena de fieles y feligreses del finado que doloridos rezaban por el alma del hombre bueno y virtuoso sacerdote que una triste noche y en su propio lecho fue víctima de un salvaje atentado. Seguidamente tuvo lugar la conducción del cadáver a su última morada. Fue una enorme manifestación de duelo. Allí hemos visto personas de todos los pueblos de la comarca y muy especialmente de los Ayuntamientos de Cartelle y Celanova“.

Don Alfonso Losada fue sepultado en el cementerio parroquial de Parderrubias, ubicándose su sepultura en la entrada principal de la iglesia.

Sepultuar
Sepultura de don Alfonso Losada en el cementerio parroquial de Parderrubias