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E43. Parderrubias en los años 60, 70 y 80: un análisis sociodemográfico. Por Juan Carlos Sierra Freire

E43. Parderrubias en los años 60, 70 y 80: un análisis sociodemográfico. Por Juan Carlos Sierra Freire

El período comprendido entre los años 1960 y 1990 se ha caracterizado por continuos e intensos cambios en el seno de la sociedad española, alcanzando su cenit en el paso de la dictadura de casi cuarenta años a la democracia que actualmente disfrutamos. En los años sesenta, el régimen franquista trataba de hacerse un lavado de cara asociado a una evolución positiva de la economía, pero a todas luces insuficiente, pues no existía libertad democrática alguna. En esa década y en los primeros años setenta se experimentó un significativo desarrollo económico en la sociedad española, que dio lugar por primera vez a la existencia de una clase media con cierto poder adquisitivo. El salario medio en España en el año 1975 era de 22.000 pesetas aproximadamente (132 euros), un litro de gasolina costaba 24 pesetas, un periódico ocho y una cerveza diez.

En Galicia, en la década de los sesenta se originó un movimiento obrero que constituiría uno de los elementos más importantes de desgaste del régimen franquista, vinculándose a empresas como Astano, Bazán, Barreras, Vulcano, Endesa o Citroën. En 1968 la Universidad de Santiago de Compostela mantenía una larga huelga exigiendo el final de la dictadura. Una parte del clero comenzaba a cambiar su mentalidad, pues muchos curas iban a estudiar a Roma, trayendo ideas nuevas y aperturistas. Buen ejemplo de este aperturismo fueron los párrocos que pasaron por Parderrubias en esa época (e.g., Don José Manuel Fernández Rúas). No obstante, esta entrada de aire fresco no estuvo exenta de choques frontales con las altas jerarquías eclesiásticas. La polémica creada por el Obispo Temiño Saiz al separar la celebración religiosa de la profana en las festividades de la provincia de Ourense constituye un buen ejemplo de ello.

El 15 de junio de 1977 se celebraban las primeras elecciones generales al Congreso de Diputados desde la época de la República, produciéndose una clara victoria de la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez, cuya descomposición progresiva conducirá a la histórica victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el año 1982. Los cinco diputados elegidos en Ourense en esas primeras elecciones fueron Pío Cabanillas Gallas, Eulogio Gómez Franqueira, José Antonio Trillo Torres y Estanislao Reverter Sequeiros por UCD, y Miguel Riestra Paris por Alianza Popular (AP). Lo más parecido a unas elecciones que conocían muchos españoles hasta esa fecha eran los simulacros que organizaba el Régimen para elegir Procuradores a Cortes, como el del 10 de octubre de 1967, o las Elecciones Municipales que se celebraban cada tres años (las últimas, el 13 de noviembre de 1973), en las que la democracia brillaba por su ausencia.

El 4 de diciembre de 1977 los gallegos salían a las calles reclamando un estatuto para Galicia. La autonomía que los gallegos habíamos casi acariciado en el año 1936, y que fue truncada por la Guerra Civil, iniciaba al fin su proceso de hacerse realidad. El 18 de abril de 1978 se constituye la Xunta de Galicia, cuyo primer Presidente fue Antonio Rosón Pérez de UCD. El 28 de abril de 1981 nuestro Estatuto aparecía publicado por fin en el Boletín Oficial del Estado y en octubre de ese año se celebraban las primeras elecciones al Parlamento Gallego, con las que llegó Fernández Albor a la Presidencia, al que acabó sustituyendo Fernández Laxe y a este, Fraga Iribarne.

El Pueblo Gallego_1enero1960
Portada del diario El Pueblo Gallego del 1 de enero de 1960.
El pueblo gallego_30diciembre1970
Sección Orense del diario El Pueblo Gallego del 30 de diciembre de 1970.

Al tiempo que los devenires sociopolíticos seguían su inapelable curso, la juventud se divertía en los famosos guateques en los que sonaban Los Diablos, Los Sirex o Fórmula V, entre otros, y se escuchaba a Miguel Ríos con su “Vuelvo a Granada” cantando a aquel tren que siempre iba muy despacio, pero con tiempo suficiente para llegar, y en el que dos décadas más tarde (¡quién iba a pensarlo!) me tocaría subir… también para volver, aunque eso sí, menos de lo que uno quisiera. Los nostálgicos también recordarán las fiestas de Ourense del año 1970 cuando los ourensanos abarrotaron el Jardín do Posío para ver a un Julio Iglesias que iniciaba su fulgurante carrera artística. Mientras tanto, Parderrubias seguía su propio rumbo, el de una sociedad rural, en el que las familias luchaban por proporcionar el mejor futuro posible a sus hijos, no importándoles tener que recurrir a la emigración si así lo exigían las necesidades. En los años sesenta y setenta, familias y vecinos de la Parroquia tuvieron que buscar un mejor porvenir en otras provincias (Barcelona, Madrid, Guipúzcoa, Álava, etc.) o en otros países europeos (Suiza, Francia, Luxemburgo, etc.) que disfrutaban de un mayor desarrollo económico.

A partir de la información publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) vamos a tratar de proporcionar unas pinceladas de la realidad social de Parderrubias, mostrando su evolución con datos de los años 1965, 1975 y 1986, relativos a la población incluida en los censos electorales. En el año 1965 estaban censados únicamente los residentes mayores de 21 años, pues la mayoría de edad a los 18 años no entraría en vigor hasta el 17 de noviembre de 1978. En 1975 ya se incluyen residentes de 17 a 20 años. Y, finalmente, en el censo de 1986 aparecen residentes de 16 años de edad en adelante. Analizaremos la evolución de la población incluida en estos censos, las profesiones, el nivel educativo y los apellidos. Todo ello nos dará una imagen del Parderrubias de aquella época. En la siguiente presentación se recogen algunas escenas de esos años en Parderrubias:

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Evolución de la población censada desde 1965 a 1986

En el año 1970, Ourense retrocedía su población a niveles de 1920 (Barreiro Fernández, 1991), por lo que presuponemos que en Parderrubias habrá sucedido algo parecido. Según el censo de población y de viviendas de 1960, publicado por el Instituto Nacional de Estadística, la población de derecho, o residentes, del municipio de A Merca era en ese año de 5.266 personas, pasando a 5.268 en 1970. Si hacemos caso a los censos electorales, en la Parroquia de Parderrubias no se evidencia tal estabilidad en la población, pues del censo del año 1965 con 290 personas, de 21 años de edad o más, pasamos a 289 censadas en 1975, incluyendo a residentes de 18, 19 y 20 años. El descenso será más pronunciado desde 1975 a 1986, al llegar únicamente a 255 censados en este último año, estando  también incluidas en esa cifra las personas de 16 y 17 años de edad. Tal como se puede observar en la Figura 1, el descenso se produce básicamente entre la población masculina, no tanto entre la femenina.

Figura1
Figura 1. Evolución del número de personas censadas en Parderrubias.

Actividad profesional en los años 1965 y 1975

Galicia fue, lo sigue siendo, eminentemente rural. En el año 1960 la población rural de la provincia de Ourense suponía el 86,5% del total (Barreiro Fernández, 1991). Parderrubias constituía un vivo ejemplo de esa realidad. En el año 1965, el 89% de las personas censadas tenían la profesión de labrador. El 11% restante se distribuía entre estudiantes, peones, carpinteros, industriales, sacerdotes y empleados, a los que hay que sumar un camarero, un cartero, un capataz de Obras Públicas, un chófer, un maestro, un músico y un tratante. Diez años después, en 1975, la realidad seguía siendo prácticamente igual, con un 87% de la población dedicada a las labores de labranza, distribuyéndose el 13% restante entre estudiantes, chóferes, pintores, camineros, enfermeras, maestros, a los que se sumaban un albañil, un carpintero, un empleado, un capataz de Obras Públicas y un Funcionario. Podemos apreciar como el oficio de carpintero, que tanto arraigo había tenido a lo largo de la historia de Parderrubias (véase Los carpinteros de Parderrubias), iniciaba su decadencia. En las Figuras 2 y 3 se muestra la distribución de las profesiones existentes en Parderrubias en los años 1965 y 1975, respectivamente.

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Figura 2. Distribución de las profesiones en el año 1965.
Figura3
Figura 3. Distribución de las profesiones en el año 1975.

Evolución del nivel educativo de la población

En 1960 la tasa de analfabetismo en España rondaba el 14% (9% en hombres y 18% en mujeres), descendiendo al 9% en 1970 y al 6% en 1981 (De Gabriel, 1987). En Parderrubias, las tasas se situaban significativamente por debajo de esas cifras, evidenciándose eso sí una gran diferencia entre hombres y mujeres, especialmente en el año 1965, en el que nos encontramos con un 19,23% de mujeres que no sabían leer ni escribir por solo un 1,49% de hombres (Figuras 4 y 5). Tal como ya afirmamos en otra ocasión (véase Parderrubias rinde homenaje a Don Isolino Camba Casas, “O Señor Maestro”), la labor del maestro don Isolino Camba Casas tuvo mucho que ver con este hecho. La razón de que Parderrubias se situase en esa época cinco puntos por debajo de la media nacional en analfabetismo se lo debemos en gran medida a don Isolino (el lector interesado en su figura puede consultar Don Isolino Camba Casas (1913-2001)).

Figura4
Figura 4. Evolución del porcentaje de analfabetismo por sexo.
Figura5
Figura 5. Evolución de la tasa de analfabetismo en Parderrubias y en España.

Tal como se puede observar en la Figura 6, en el año 1986 únicamente aparecen censadas en Parderrubias tres personas que no sabían leer ni escribir (es decir, un 1% de la población), aunque una gran mayoría de la misma (76%), aun estando alfabetizada, carecía de estudios. El 11% tenía estudios primarios, el 5% estudios secundarios y un 7% estudios universitarios (en su mayoría estudios de Magisterio). En España, en los años sesenta el porcentaje de hijos de agricultores que llegaban a cursar estudios superiores rondaba el 5% (algunas estadísticas lo sitúan en un 0,2%). Sin embargo, un 32% de los alumnos que pasaron por las aulas de la Escuela de Parderrubias entre los años cincuenta y ochenta terminaron cursando estudios superiores. En una sociedad eminentemente rural, como lo era la de Parderrubias en esa época, el hecho de que uno de cada tres estudiantes alcanzase el nivel educativo más alto es algo a destacar.

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Figura 6. Distribución de los niveles educativos en el año 1986.

Evolución de apellidos: 1965, 1975 y 1986

Establecer el número de apellidos en la dilatada historia de Parderrubias es una tarea probablemente imposible. El lector puede encontrar un listado incompleto de ellos en Onomástica: nombres, apellidos y familias. Si nos basamos en los censos electorales de 1965, 1975 y 1986 encontramos 29 primeros apellidos que están presentes a lo largo de esas tres décadas. Son, por orden alfabético, Atrio, Camba, Canal, Casas, Conde, Delgado, Díaz, Fernández, Freire, Garrido, González, Grande, Gulín, Iglesias, Justo, Lorenzo, Martínez, Outumuro, Pascual, Pazos, Pérez, Quintas, Rodríguez, Sampedro, Seara, Sierra, Suárez, Sueiro y Vieira.

Si observamos la Figura 7, que recoge la evolución temporal de esos primeros apellidos, podemos extraer algunas conclusiones. Lo primero que llama la atención son los cuatro apellidos más frecuentes: Grande, Outumuro, Seara y Fernández; a estos siguen, por este orden, Lorenzo, Sierra, Rodríguez, González y Garrido. La segunda cuestión relevante es que la evolución a lo largo de esos treinta años difiere significativamente de unos a otros. El apellido Outumuro no solo destaca por el número de personas que lo llevan, sino también por ser el único (junto con Atrio) que experimenta un incremento década tras década: 35 en 1965, 39 en 1975 y 45 en 1986. El resto de apellidos, como consecuencia del descenso demográfico progresivo que padece Parderrubias, sufren una involución, destacando por orden de la magnitud del retroceso (entre nueve y seis personas) cinco de ellos: Fernández, Seara, Sierra, Grande y Pazos.

Figura7
Figura 7. Evolución del primer apellido a través de los censos de los años 1965, 1975 y 1986.

La mayoría de estos apellidos forman parte de la historia de Parderrubias y su documentación se remonta a los primeros registros parroquiales del siglo XVI, aunque cabe pensar que sus orígenes se sitúen mucho más atrás, concretamente en los siglos XI-XII cuando se empieza a extender el uso de los apellidos en España. En unos casos, se trata de apellidos patronímicos, pues surgen de añadir al nombre del padre el sufijo “ez” (e.g., Fernández, de Fernando; González, de Gonzalo; Martínez, de Martín; o Rodríguez, de Rodrigo). En otros casos, son apellidos toponímicos (e.g., de la Iglesia, de Outumuro, da Seara, da Serra, etc., en los que con el paso del tiempo desaparece la “de” para convertirse en Iglesias, Outumuro, Seara o Sierra). Un ejemplo es el apellido Outumuro, que ya aparece en el registro de una boda celebrada en Parderrubias en el año 1566:

“Año 1566. Domingo treze de enero case a Alonso Ferro vecino de Gimzo con Ynes Doytomuro, hija de Margarida Doytomuro vecina de Santa Olaya de Parderrubias”.

Otro ejemplo es el apellido Sierra, que podemos encontrar con fecha de 19 de diciembre de 1732 en los libros parroquiales de Parderrubias, en referencia a Francisco da Sierra (mi sexta generación de abuelos) y a su hijo Antonio (quinta generación de mis abuelos).

En diez y nueve de diciembre de mil setecientos treinta y dos falleció de esta presente vida Cecilia de Outumuro viuda de Francisco da Sierra, recibió todos los Santos Sacramentos y dejó dicho le ofrecieran por su alma cincuenta misas inclusas las Cantadas de sus tres actos y la limosna acostumbrada, y por su cumplidor dejó a su hijo Antonio da Sierra. Y se le dio sepultura al otro día de su fallecimiento en la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias, de donde era feligresa”.

Conclusiones

Este breve análisis realizado de la población, las actividades profesionales, el nivel educativo y los apellidos de Parderrubias a lo largo de los años 60, 70 y 80 permite hacernos una pequeña idea de aquel pueblo que nos vio nacer, crecer y madurar en una época en la que nos creímos que “no se podía separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga libertad”.


Referencias

Barreiro Fernández, X. R. (1991). La sociedad gallega contemporánea. Tradición y modernidad (Vol. 5). En F. Rodriguez Iglesias (Ed.), Galicia Historia. A Coruña: Hércules de Ediciones.

De Gabriel, N. (1987). Alfabetización, semialfabetización y analfabetismo en España (1860-1991). Revista Complutenses de Educación, 8, 199-231.


Nota: el autor muestra su agradecimiento a José Luis Camba Seara por la información proporcionada para la elaboración de este artículo.

E27. La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

E27. La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Como complemento al artículo publicado sobre las tejedoras de Parderrubias [véase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/], Avelino Sierra Fernández describe en este nuevo trabajo el laborioso proceso que exigía la manufacturación del lino en Parderrubias.  El proceso completo exigía 16 tareas, las cuales en este nuevo documento son perfectamente ilustradas y visualizadas gracias al relevante material fotográfico aportado.

Gracias Avelino.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


A manufacturación do liño en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Parderrubias, tal como quedou constatado no traballo deste Blog “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), mantivo en tempos pasados unha secular tradición textil. Esta Parroquia, xa no ano 1752, era a principal productora de liño da municipalidade da Merca, cunha superficie cultivada de 110 ferrados  (7 hectáreas), e a primeira na súa manufacturación, con 32 tecedeiras e outros tantos obradoiros. Pero na década dos anos cincuenta do pasado século, ante os adiantos tecnolóxicos da Revolución Industrial, as últimas tecedeiras que quedaban deixaron de exercer esta actividade artesanal, ata entón tan común como esencial na vida dos nosos ascendentes. No recordo de cantos  daquela eramos púberes, están aínda Ángela Fernández (a Tía Ánxela da Carreira) e maila súa filla María Grande; María Outumuro (María da tía Antonia), ao lado da  igrexa; Pepa Rodríguez, na Manadela; María Fernández e as irmás Pepa e María Outumuro, en Barrio; e Sara González (Sara da Canella), no Outeiro. Delas, gardo na miña memoria imaxes, reseñas e comentos verbo do procedemento do cultivo e tratamento  do liño, que agora me son de grande utilidade para este traballo. Máis recentemente, algunhos herdeiros das devanditas tecedeiras, que foron testemuñas presenciais dos seus labores, aportáronme pormenores sobre o particular, para min descoñecidos. Toda esta información, contrastada e ampliada coa documentación disponible, xa referenciada  no traballo deste Blog antes citado, e complementada coa mostra dos principais aveños utilizados nas súas enleadas tarefas, permítennos dar a ceñecer con grande fiabilidade os  usos e costumes do cultivo e manufactura do liño polos nosos devanceiros de Parderrubias.

O proceso duraba todo a ano. A sementeira facíana entre abril e maio e a recolleita entre xullo e agosto. Durante os meses de outono, realizaban unha chea de endeitas para transformar o liño bruto en finas estrigas, listas para fiar. Todo o inverno, pasábano fiando, e entre abril e maio, branqueando o fío, para comezar a tecer no tear entre xuño e xullo. Estas eran as 16 angueiras a desenvolver.

  1. A sementeira

Sementaban a liñaza a voleo, en leiras preferentemente chas, de regadío, ben estercadas, labradas e achanzadas coa grade ou con anciños. Procuraban sementalo ben basto para que, medrando máis fino, tivera menos casca leñosa. A proporción da semente viña sendo de dous  ferrados de liñaza (28  litros) por cada ferrado de superficie (628,9 metros cadrados).Tras atuí-la semente, sucaban a terra con varios regos por onde correría despois a auga da rega. Unha vez nacido, procuraban mondalo de cando en vez e regalo a miúdo. As últimas plantacións existentes de liño, foron as cultivadas pola tía Ánxela na súa tapada da Chousiña, na marxe esquerda do río, regadas polo seu caudal.

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A sementeira
  1. A arriga

Entre xullo e agosto, cando o liño amareleaba, arrigábano de raíz, coas mans e con moito mimo, sacudíndolle-la terra contra os chancos e  póndoo en gavelas, para proceder logo a ripalas (quitarlle a semente) ou atalas cun vincallo, facendo móllos para carrexalo e realiza-la ripa na casa. A miúdo, soía ser unha angueira colectiva, de balde e recíproca entre os veciños.

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A arriga
  1. A ripa

Arrigado o liño, procedían á ripa, operación que consistía en pasa-los mañizos polos dentes do ripo para extraérlle-lo froito coa semente. Este púñano logo ao sol para que, abríndose a bagaña (casula), soltara a semente (liñaza), que tras ventala, era reservada para a sementeira do seguinte ano e para remedios caseiros que aliviaran as doenzas mediante mucilaxes de cataplasmas e outras aplicacións.

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A ripa
  1. O empozado

Esta fase  consistía en asulaga-los móllos de liño nalgunha encorada de calquera dos ríos ou  regatos, ou nunha poza calquera, durante 8 ou 9 días, co fin de que se desprendera a febra da parte leñosa. Para evitar que os arrastrara a corrente río abaixo, adoitaban porlle unhos coios por arriba.

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O empozado
  1. A seca

Sacados os móllos do río, levábanos a asollar á eira ou a unha chaira, onde os extendían ao sol, procurando darlle-la volta de cando en vez, ata que secaran ben. Logo enfeixábanos  novamente  e levábanos para a casa.

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A seca
  1. A maza

Esta operación consistía en mallar ben cada mañizo de liño para rompérlle-la tasca (casca) ata separala da febra interior. Para ilo dispuñan cada presa de liño sobre o mazadoiro (unha lousa de pedra ou un cepo liso) e de seguido golpeábano duramente co mazo (rebolo de madeira). Nos últimos tempos inventouse a gramadoira que simplificaba un pouco este traballo, pero non temos constancia de que se empregara en Parderrubias.

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A maza
  1. A espadela

Esta tarefa tiña a finalidade de eliminar os tomentos, arestas ou tascos (cascas) que quedaran soltas despois do mazado. Para conseguilo, colocaban un mañizo de liño mazado encol do gume do espadeleiro (táboa en forma de T invertida), para despois golpealo de refilón coa espadela (especie de machete de madeira), ata deixa-la febra magra. Adoitaba ser un traballo feminino, colectivo, de balde e recíproco, en xuntanzas de mulleres espadeleiras nun pendello ou  palleira durante a noite.

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A espadela
  1. A tasca

Para eliminar definitivamente calquera tasco (casca) restante, fretaban ou deluvaban o liño contra o bisel do tascón ou relo, especie de espada de madeira introducida verticalmente no extremo dun banco. Este traballo soía  facerse na mesma xuntanza da espadela. As casas que carecían deste apeiro, deluvaban o liño fretándoo coas mans  contra unha pedra, coma cando se lavaba a roupa.

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A tasca
  1. A aseda

Libre xa da parte leñosa, a febra necesitaba afinarse e volverse sedosa. Para ilo cardábana, pasando cada presa varias veces polo restrelo  (táboa horizontal con cravos verticais). Con esta tarefa sacaban tres tipos de febras, unha grosa (cabezos), outra mediana (estopa) e finalmente o liño fino. Con cada presa asedada facían unha estriga, manela, cerro ou rocada, porción lista para suxeitar na roca e ser fiada. As estrigas gardábanse en atados chamados afusais, de 36 unidades cada un.

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A aseda
  1. O fiado

Esta era unha fase que requería especial habelencia. Realizábana mediante dous instrumentos primitivos pero senlleiros: a roca e o fuso. A primeira podía ter formas variadas, pero en xeral consistía nunha vara de madeira ou cana, de 80 ou 90 centímetros de longa, co extremo superior avultado (roquil) para soster o cerro do liño. O fuso era un instrumento fusiforme de unhos 28 centímetros, de madeira torneada, cun extremo aguzado e no outro, un contrapeso (fusaiola) ou abultamento (rodela, cagalla ou torteira). A súa función era a de xirar sobre si, facendo de lastre das febras suxeitas na amosega ou estría da parte superior (osca), mentres se ían retorcendo cos xiros, configurando deste xeito o fío. Posto o cerro na roca, apoiaban esta na cintura, coa parte superior no antebrazo esquerdo, quedando así libre esta man para ir extraendo e dosificando a febra. Cos dedos da man dereita, de forma habelenciosa, impulsaban os xiros do fuso, para retorcer o fío. Este, así retorcido, íano envolvendo no eixe do fuso ata lograr unha mazaroca, que finalmente extraían pola parte estreita do fuso, para trasladar ao sarillo.

Aínda que calquera acougo na casa, a garda do gando no monte ou a espera na moenda, eran aproveitados para fiar, soíanse facer xuntanzas chamadas fiadeiros, nas longas e frías noites do inverno, nun pendello, nunha palleira ou mesmo nunha corte, ao tépedo ambiente das vacas e ao amparo da lánguida luz dun candil de graxa. Neles, a ritmo de fuso, parolábase, cantábanse cantigas e contábanse historias, chismes, adiviñas e contos. Os mozos non fiaban, pero acudían para troulear na xolda.

A utilización da roca e do fuso, era en Parderrubias un traballo de xénero. O fiado era unha tarefa exclusiva das mulleres, pois estaba considerado coma un labor apropiado ás habelencias, mañas e xeito femininos. Fiar con roca e fuso era, xa que logo, unha parte das angueiras que toda muller  tiña, polo mero feito de selo.

Un costume peculiar das fiadeiras era humedecer o fío con cuspe, a medida que o ían estirando, para darlle textura, labor que facían mollando os dedos na lingua, ou coa lingua directamente no fío. De ahí a cantiga:

Quen me dera se-lo liño

que vos na roca fiades.

Quen me dera tantos bicos

como vos ao liño dades.

Non contamos con referencia algunha sobre a cantidade  de fiadeiras  de liño en Parderrubias, pero considerando a chea de tecedeiras das que deixamos constancia no traballo “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), é lóxico pensar que difícilmente quedaría casa onde non se fiase.

Tampouco temos constancia da utilización en Parderrubias do torno de fiar, en lugar do fuso e roca, pero cabe tal posibilidade, por ser frecuente o seu uso nas mesmas  datas en zonas achegadas.

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O fiado
  1. O ensarillado

O liño recén fiado tiña unha cor cincenta que era mester branquear o máis posible. Para iso non tiñan outro remedio que transforma-as mazarocas conseguidas no fuso en meadas (madeixas), para despois branquealas. Para esta función contaban co sarillo, un apeiro de brazos en forma de X, que por medio do  xiro vertical das súas aspas, ía desembeleñando as mazarocas e dándolle forma de madeixa. Era unha angueira propia das mulleres.

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O ensarillado
  1. O branqueo

O branqueo era tal vez o labor máis ingrato de todo o proceso. Aínda que os métodos podían variar lixeiramente, o máis común era mete-las meadas durante 3 ou 4 días, nunha pota chea dunha especie de lixivia fervendo. Chamábanlle lixivia a unha mestura dun balde de auga con tres grandes pratos de cinza de carballo, tras fervela durante media hora. Despois lavaban e secaban as meadas varias veces, e repetían a función da lixivia cos seus respectivos lavados e secados as veces que fora. Finalmente extendían ou penduraban as meadas durante 6 ou 8 días, batuxándoas con auga de cando en vez. Senón acadaran a brancura desexada, volta a comezar a bogada descrita. Nalgunhas casas, engadíanlle tamén ósos e couselos á mestura.

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O branqueo
  1. O debanado

Este labor consistía en pasa-las meadas a novelos, utilizando un apeiro denominado debanadoira, un armazón de aspas horizontais con chuzos verticais que xirando arredor, segundo tiraban do fío, ían desembeleñando éste, mentres coas mans envolvíano facendo un novelo. A miúdo,  suplíanse as aspas de tal aveño polos brazos dos homes.

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O debanado
  1. O canelado

Antes de comezar  co tear, era preciso prepara-los fíos para a trama e para a urdime, mediante as operacións de canelado e urdido. A primeira delas consistía en axeita-las canelas (canas con fío embobinado). Isto conseguíano por medio do caneleiro, aparello que variaba dunhas casas a outras. A canela metíana logo dentro da lanzadeira do tear, unha caixiña ovalada de madeira, que logo utilizaban durante o tecido.

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O canelado
  1. O urdido

Esta función tiña a finalidade de prepara-la urdime, é dicir, dispor paralelamente os fíos que logo se montarían horizontalmente no tear, para proceder a tece-lo lenzo ou pano correspondente. Para esto, utilizábase a urdideira, que viña a ser coma unha debanadoira grande, arredor da que se ía suxeitando a restra de fíos, que despois cortaban á medida do tecido desexado.

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O urdido
  1. O tecido

Era a derradeira operación do longo proceso e a máis complexa e laboriosa de todas. Desenvolvíase no tear, o aparello máis interesante de tódolos pertrechos.  Consistía nunha estructura artesanal de madeira, de forma cúbica, con catro pés, que sostiña a un conxunto de pezas diversas. Na plataforma, a tecedeira colocaba a urdime, tensa e suxeita a ambolosdous lados. Mediante dous pedais (premedeiras), elevaba e baixaba os fíos alternos, quedando cada vez unha abertura entre eles (a calada), a través da cal ía pasando transversalmente a lanzadeira coa canela de fío, que ía apretando co pente, con ritmo acompasado e monótono, logrando así a trama.

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O tecido

Estes eran os 16 pasos de estricto cumprimento dos nosos antepasados de Parderrubias, na súa arela de procura-los indispensables panos ou lenzos ordinarios, para confeccionar despois as sabas, xergóns, toallas, chambras, mandiles, cirolas, camisóns, etc.)  e tamén colchas, con mestura de liño e lá. E a eles estaban condenadas as familias, polo menos ata consegui-los novelos de fío para o tear. Calquera desleixo neste eido estaba considerado coma unha irresponsabilidade, que a sabiduría popular reprobou  musicalizando o rechouchiar das anduriñas tralo retorno da súa invernación no outro hemisferio, e que todos cantabamos de pequenos:

  Fun a mar e vin da mar,

  té-la tea por fiar,

  ¿Qué fixeches, truaniña?

  ¿Qué fixeches? ¡Truanarrrrr!

 


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Parderrubias, tal como quedó constatado en el trabajo “Las tejedoras de Parderrubias”, publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), mantuvo en tiempos pasados una secular tradición textil. Esta  Parroquia, ya en el año 1752, era  la principal productora de lino de toda la municipalidad de A Merca, con una superficie cultivada de 110 ferrados (7 hectáreas), y la primera en manufacturación, con 32 tejedoras y otros tantos talleres. Pero en la década de los años cincuenta del pasado siglo, ante los avances tecnológicos de la Revolución Industrial, las últimas tejedoras que quedaban dejaron de ejercer esta actividad artesanal, hasta entonces tan común como esencial en la vida de nuestros ascendientes. En el recuerdo de cuantos entonces éramos púberes, quedan aún Ángela Fernández (Tía Ánxela da Carreira) y su hija María Grande; María Outumuro (María da Tía Antonia), al lado de la iglesia; Pepa Rodríguez (Pepa da Manadela); María Fernández y las hermanas Pepa y María Outumuro, en Barrio; y Sara González (Sara da Canella), en O Outeiro. De ellas, guardo en mi memoria imágenes, reseñas y comentarios acerca del procedimiento del cultivo y tratamiento del lino, que ahora me son de gran utilidad para este trabajo. Más recientemente, algunos herederos de las citadas tejedoras, que fueron testigos presenciales de sus labores, me aportaron pormenores para mí desconocidos. Toda esta información, contrastada y ampliada con la documentación disponible, ya referenciada en el trabajo de este Blog antes citado, y complementada con la muestra de los principales aperos utilizados en sus intrincadas tareas, nos permiten dar a conocer con gran fiabilidad los usos y costumbres del cultivo y manufactura del lino por nuestros antepasados de Parderrubias.

El proceso duraba todo el año. Hacían la siembra entre abril y mayo, recogiendo la cosecha entre julio y agosto. Durante los meses de otoño, realizaban una serie de faenas para transformar el lino bruto en finas estrigas, listas para hilar. Todo el invierno lo pasaban hilando, y entre abril y mayo, blanqueando el hilo, para comenzar a tejer en el telar entre junio y julio. Estas son las 16 fases que componían todo el proceso.

  1. Siembra

Sembraban la linaza a voleo, en tierras de labradío preferentemente llanas, de regadío, bien abonadas, labradas y allanadas con grada o rastrillos. Procuraban sembrarlo espeso para que, creciendo fino, tuviera menos cáscara leñosa. La proporción de semilla acostumbraba ser de unos dos ferrados de linaza (28 litros) por cada ferrado de superficie (628,90 m2). Tras enterrar la semilla, surcaban la tierra con varios surcos por donde correría después el agua del riego. Una vez nacido, procuraban escardarlo de vez en cuando y regarlo con frecuencia. Las últimas plantaciones de lino en Parderrubias fueron las cultivadas por la Tía Ánxela en su Tapada de A Chousiña, en el margen izquierdo del río, regadas con sus aguas.

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Siembra
  1. Recogida

Entre julio y agosto, cuando el lino comenzaba a amarillear, lo arrancaban de raíz con las manos y con mucho cuidado, sacudiéndole la tierra contra los zuecos y poniéndolo en gavillas, para extraerle luego la semilla, o atarlas en haces con una verga para acarrearlo y realizar esta operación en casa. A menudo, solía ser un trabajo colectivo, gratuito y recíproco entre los vecinos.

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Recogida
  1. Ripa

Arrancado el lino, procedían a la ripa, operación que consistía en pasar los manojos de lino por los dientes del ripo para extraer el fruto con las semillas. Este era puesto al sol para que, abriéndose la  cápsula (bagaña), soltara la semilla (linaza), que tras aventarla era reservada para la siembra del año siguiente o para remedios caseros que aliviaran las dolencias mediante mucílagos de cataplasmas y otras aplicaciones.

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A ripa
  1. Empozado

Esta acción consistía en sumergir los haces de lino en algún remanso de cualquiera de los ríos o regatos, o en alguna charca, durante 8-9 días, con el fin de que se desprendiera la fibra de la parte leñosa. Para evitar que los arrastrara la corriente río abajo, acostumbraban ponerle piedras encima.

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Empozado
  1. Secado

Sacados los haces del río, los exponían extendidos al sol en la era o en alguna explanada, procurando darle la vuelta de vez en cuando, hasta que se secaran completamente. Luego los ataban nuevamente y los llevaban a casa.

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Secado
  1. Mazado

Esta operación consistía en mazar bien cada manojo de lino para romperle la corteza (tasca) hasta separarla de la fibra interior. Para ello disponían cada puñado de lino sobre el mazadoiro (losa de piedra o tronco liso de madera), golpeándolo duramente con el mazo (tronco cilíndrico de madera). Con el paso del tiempo apareció la agramadera, que simplificaba un poco este trabajo, pero no nos consta su uso en Parderrubias.

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Mazado
  1. Espadado

Esta tarea tenía la finalidad de eliminar las cascarillas (tomentos, arestas o tascos) que quedaran sueltas después del mazado. Para conseguirlo, colocaban cada manojo de lino mazado sobre el filo del espadeleiro (tabla en forma de T invertida), para luego golpearla de refilón con la espadela (especie de machete de madera), hasta dejar la fibra limpia. Acostumbraba ser un trabajo femenino, colectivo, gratuito y recíproco, en reuniones de mujeres en un cobertizo o pajar durante la noche.

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Espadado
  1. Tascado

Para eliminar definitivamente cualquier cascarilla (tasco) restante, frotaban el lino contra el bisel del tascón, especie de espada de madera introducida verticalmente en el extremo de un banco. Este trabajo solía hacerse en la misma reunión del espadado. En las casas en las que se carecía de este apero, se frotaba manualmente el lino contra una piedra, de manera similar al lavado de la ropa.

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Tascado
  1. Asedado

Libre ya de la parte leñosa, la fibra necesitaba afinarse y volverse sedosa. Para ello la cardaban, pasando cada manojo varias veces por el restrelo (tabla horizontal con clavos verticales). Con este trabajo sacaban tres tipos de fibras, una gruesa (cabezos), otra mediana (estopa) y, finalmente, el lino fino. Con cada manojo asedado hacían una estriga, manela, cerro o rocada, porción lista para sujetar en la rueca y ser hilada. Las estrigas se guardaban en atados llamados afusales, de 36 unidades cada uno.

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Asedado
  1. Hilado

Esta era una fase que requería especial habilidad. La realizaban mediante dos instrumentos primitivos, pero singulares: la rueca y el huso. La primera podía tener forma variada, pero en general consistía en una vara de madera o caña de 80 o 90 centímetros de largo, con el extremo superior abultado (roquil) para sostener el copo de lino. El huso era un instrumento fusiforme de unos 28 centímetros, de madera torneada, con un extremo aguzado y en el otro, un contrapeso (fusaiola) o abultamiento (rodela, cagalla o tortera). Su función era la de girar sobre sí mismo, haciendo de lastre de las fibras sujetas en la hendidura o estría de la punta superior (osca), mientras se iban retorciendo con los giros, configurando así el hilo. Puesto el copo (cerro) en la rueca, apoyaban ésta en la cintura, con la parte superior en el antebrazo izquierdo, quedando así libre esta mano para ir extrayendo y dosificando la fibra. Con los dedos de la mano derecha, de manera habilidosa, impulsaban los giros del huso para retorcer el hilo. Éste, ya retorcido, lo iban envolviendo en el eje del huso, hasta lograr una husada (mazaroca), que extraían por la parte estrecha del huso, para trasladarla al sarillo.

Aunque cualquier descanso en casa, cuidado del ganado en el monte o espera en la molienda eran momentos aprovechados para hilar, solían hacerse reuniones llamadas fiadeiros, en las largas y frías noches de invierno, en un cobertizo, pajar o cuadra, al templado ambiente del calor de las vacas y al amparo de la lánguida luz de un candil. En estos fiadeiros, a ritmo de huso, se hablaba, se cantaba y se contaban historias, chismes, adivinanzas y cuentos. Los mozos no hilaban, pero acudían para participar en la juerga.

La utilización de la rueca y el huso era en Parderrubias un trabajo de género. El hilado era una tarea exclusiva de las mujeres, pues estaba considerado como una labor apropiada a las habilidades, mañas y disposición femeninas. Hilar con rueca y huso era, pues, una parte de los quehaceres que toda mujer tenía, por el mero hecho de ser mujer.

Una peculiar costumbre de las hilanderas era humedecer el hilo con saliva, a medida que lo iban estirando, con la finalidad de darle textura, labor que hacían mojando los dedos en la lengua o con la lengua directamente en el hilo. De ahí la copla:

Quen me dera se-lo liño

que vos na roca fiades.

Quen me dera tantos bicos

como vos ao liño dades.

No disponemos de referencia alguna sobre el número de hilanderas de lino en Parderrubias, pero considerando la cantidad de tejedoras constatadas en el artículo “Las tejedoras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/) parece lógico pensar que difícilmente hubiera casa donde no se hilase. Tampoco tenemos constancia de la utilización en Parderrubias del torno de hilar, en lugar del huso y la rueca, pero cabe tal posibilidad, por ser frecuente su empleo durante aquella época en zonas próximas.

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Hilado
  1. Enmadejado

El lino recién hilado tenía un color ceniciento que era necesario blanquear lo más posible. Para ello, no tenían otro remedio que transformar las mazarocas obtenidas en el huso en madejas (meadas), para después blanquearlas. Para esta función contaban con el sarillo, un apero de brazos en forma de X, que por medio del giro vertical de sus aspas iba desenredando las mazarocas y dándoles forma de madeja. Era ésta una faena propia de las mujeres.

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Enmadejado
  1. Blanqueo

El blanqueo era tal vez la labor más ingrata de todo el proceso. Aunque los métodos podían variar ligeramente, el más común era la colocación de las madejas (meadas) durante 3-4 días en una olla llena de una especie de lejía hirviendo. Se trataba de una mezcla de agua, tres platos grandes de ceniza de roble que hervía durante media hora. Después lavaban y secaban las madejas varias veces, y repetían el proceso, con sus respectivos lavados y secados, las veces que fuesen necesarias. Finalmente, extendían o colgaban las madejas durante 6-8 días, salpicándolas con agua de vez en cuando. Si no lograban la blancura deseada, comenzaban de nuevo la colada descrita. En algunas casas, le añadían huesos y ombligos de Venus (couselos) a la mezcla.

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Blanqueo
  1. Devanado

Esta actividad consistía en volver las madejas a ovillos, utilizando un apero llamado devanadera, un armazón de aspas horizontales con palos verticales que girando alrededor, según se tiraba del hilo, iba desenmarañando éste, mientras con las manos lo envolvían en ovillos. A menudo, las aspas eran sustituidas por los brazos de los hombres.

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Devanado
  1. Encanillado

Antes de comenzar con el telar era necesario preparar los hilos para la trama y la urdimbre, mediante las operaciones de encanillado y urdido. La primera de ellas consistía en preparar las canillas (cañas con hilo embobinado). Se conseguía por medio del caneleiro, aparato que variaba según las casas. La canilla se introducía luego dentro de la lanzadera del telar, una cajita ovalada de madera, que luego utilizaban durante el tejido.

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Encanillado
  1. Urdido

Esta función tenía la finalidad de preparar la urdimbre, es decir, disponer paralelamente los hilos que luego se montarían horizontalmente en el telar, para proceder a tejer el lienzo o paño correspondiente. Para ello, utilizaban la urdidera, que venía a ser como una devanadora grande, alrededor de la cual se iban sujetando las ristras de hilos, que después cortaban a medida del tejido deseado.

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Urdido
  1. Tejido

Era la última operación del largo proceso, y la más compleja y laboriosa de todas. Se desarrollaba en el telar, el aparato más complejo de todos los pertrechos. Consistía en una estructura artesanal de madera, de forma cúbica, con cuatro pies, que sostenía a un conjunto de diversas piezas. En la plataforma, la tejedora colocaba la urdimbre, tensa y sujeta a ambos lados. Mediante dos pedales (premedeiras) elevaba y bajaba los hilos alternos, quedando cada vez una abertura entre ellos (calada), a través de la cual iba pasando transversalmente la lanzadera con la canilla de hilo, que iba apretando con el peine (pente), con ritmo acompasado y monótono, logrando así la trama.

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Tejido

Estos constituyen los 16 pasos de estricto cumplimiento de nuestros antepasados de Parderrubias, en su afán de lograr los indispensables paños o lienzos ordinarios, para confeccionar luego sábanas, jergones, toallas, camisolas, mandiles, calzones, camisones, etc., y también colchas con mezcla de lino y lana. Y a todo este largo proceso estanban “condenadas” las familias, al menos hasta conseguir los ovillos de hilo para el telar. Cualquier dejadez en este campo estaba considerada como una irresponsabilidad, que la sabiduría popular reprobó musicalizando el trino de las golondrinas tras el retorno de su invernación en el otro hemisferio, y que de pequeños cantábamos:

Fun a mar e vin da mar,

te-la tea por fiar.

¿Qué fixeches, truaniña?

¿Qué fixeches? ¡Truanarrrrr!

E22. Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

E22. Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Continuando con la línea editorial centrada en los oficios tradicionales de Parderrubias, que hemos iniciado con las tejedoras [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/], Avelino Sierra Fernández nos aproxima en esta ocasión al oficio de carpintero, el cual tuvo y tiene tanto arraigo en nuestra Parroquia. Partiendo de la premisa de que carpintero es el que trabaja la madera, sus diferentes especialidades (ebanistas, armadores, “fragueiros“, “cubeiros“, “chanqueiros“, etc.) requerían habilidades muy diferentes. De forma rigurosa, este artículo hace un recorrido desde el siglo XVIII, época en la que ya se documenta la labor de los carpinteros en nuestro pueblo, hasta la fecha de hoy.

Gracias, Avelino, por acercarnos de manera sobresaliente a la tradición de este oficio en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

 Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


Os carpinteiros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Na historia de Parderrubias, salientan Clérigos e Mestres, algunhos xa tratados neste Blog, que coa súa entrega e xenerosidade deixaron imborrable impronta na formación das xeracións desta parroquia. Houbo tamén outros profesionais, como tecedeiras, tamén tratadas, e costureiras, ferreiros, canteiros, etc., que seguramente algún día serán asimesmo traídos a estas páxinas pola súa senlleira aportación á mellora das condicións de vida dos seus coetáneos. Pero nesta ocasión, queremos ocuparnos dun gremio de artesáns que co seu traballo, moitas veces desinteresado, quizabes foran quen máis contribuíran á mellora-la particular vida material dos veciños ao longo da historia. Referímonos aos  carpinteiros.

Debido á abundancia de madeira en toda a zona, e á súa utilización como un dos primeiros materiais en estado natural para fabrica-los útiles necesarios para o desenrolo humano, que ían dende o berce ata o ataúde, o oficio de carpinteiro era, despois do agrogandeiro e tecedeiro, o máis estendido en toda a municipalidade. No ano 1750, exercían este oficio nas terras que actualmente constitúen o Concello da Merca, 13 artesáns, un deles, polo menos, en Parderrubias. Todos traballaban por un xornal de catro reais ao día a secas, ou dous a mantidas. O seu traballo ía dende tronza-las toradas no monte e saca-las táboas coa serra de aire, ao artellamento de apeiros e trebellos (carros, arados, anciños…), útiles domésticos (arcas, maseiras, cubas…), mobles (escanos, leitos, alacenas…) ou portas, xanelas, armazón dos teitos, etc. Hai que dicir que daquela, as casas eran case todas terreas, é dicir, dunha soa planta, distribuída en espazos adicados a cortes, lareira e leitos,  separados por estacas e táboas, ou raramente con sobrado nunha segunda planta, sobre piso tamén de madeira e tabiques de táboas verticais. As portas e fiestras eran de táboas perpendiculares, con travesas horizontais, xirando por medio de couzóns ou guiceiros,  cerradas con pancas ou pechos e aseguradas con trancas, todo ilo de madeira.

Logo, transcorren tempos escuros na historia de Parderrubias, dos que carecemos de novas sobre esta actividade, ata chegadas épocas posteriores. A comezos do século pasado, foron asentados na Manchica, que entón pertencía a Parderrubias, os serradoiros a vapor, do Baldovino, onde hoxe está a cerámica, e os dos irmáns Manuel, José e Modesto Garrido, un pouco máis abaixo. Esta industrialización da madeira veu a redimir aos serranchíns, da esgotadora tarefa de sacar á man as táboas e pontóns das toradas, valéndose dunha extenuante serra de aire de dous metros e medio de longa, manexada por dous homes. Polas mesmas datas, creáronse tamén na Manchica os obradoiros de imaxinería relixiosa dos propios irmáns Garrido (coñecidos dende entón como Os Escultores), e os de Eliseo Garrido, seu irmán, situados entre A Manchica e Parderrubias. Obradoiros que pola súa relevancia e o seu cuño empresarial, merecen estudo aparte. Da mesma andaina, eran os carpinteiros artesáns, Avelino Martínez na Manchica, Hixinio Grande na Aldea, Manuel Grande no Valdemouro, Felipe Garrido e Paulino Sierra, na Carretera, e Modesto González en Nigueiroá.

O señor Avelino (así era coñecido) traballou durante 25 anos nos obradoiros dos Escultores (1918-1943). Tras independizarse, seguiu adicado á escultura pola súa conta, tallando, modelando, decorando e restaurando arte sacro. Obras súas son, ducias de imaxes, viacrucis, altares e dourados de retábulos de igrexas nas provincias de Ourense e Pontevedra, pero entre as últimas, están a imaxe da Virxe de Lourdes que preside o altar maior da Manchica, así como as 14 estacións do Viacrucis, os confesionarios e outros decorados da mesma igrexa, obras todas elas talladas, pintadas e doadas gratuitamente por el.

O Señor Hixinio estaba considerado como Mestre Carpinteiro entendido en tódalas especialidades e aplicacións da madeira. Un profesional coñecido, recoñecido e apreciado en toda a bisbarra, onde era solicitado para aqueles traballos máis técnicos, de grande envergadura e  maior responsabilidade.

Manuel Grande era o único carpinteiro de Parderrubias adicado a unha soa especialidade de carpintería, a de toneleiro. Experto en armar, pero sobre todo reparar e restaurar todo tipo de cubas, barrís, tonéis, pipotes, etc., acudía solícito a cantas adegas o necesitaran, ben pertrechado das súas especiais ferramentas de cubeiro, como eran as aixolas curvas, cepillos de volta, xabreadores, chazos e martelos alcotana.

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Cónstanos que, xa a mediados do século XVIII, Parderrubias era a parroquia máis vitícola de todo o Concello da Merca. Concretamente, no ano 1752, satisfacía 16 moios de viño á igrexa de Santa Olaia, en concepto de Dezmos, o que supón, polo menos,  unha producción de 23.616 litros anuais. Isto significa que as cubas, únicas presexas de almacenamento do viño para o consumo anual, tiñan que ser usuais en tódalas casas, así que tamén a Manuel Grande precedéronlle outros toneleiros en Parderrubias. Ben é verdade que, dito sexa de paso, inda que o viño abundaba, este non era de grande calidade, tal como certifica Sebastián Miñano no ano 1826 ao afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz vinte anos despois, ratificando que unha das principais produccións de Parderrubias era “vino inferior”.

O tío Paulino, como cariñosamente era coñecido, home creativo e mañoso, traballou tamén durante os seus anos mozos nos obradoiros dos Escultores, pero finalmente adicouse a outras ocupacións industriais, sen deixar de tallar e armar roupeiros, cómodas ou leitos no seu obradoiro particular. El facía, sempre de balde, as maletas de madeira para os mozos de Parderrubias que ían a cumplir o servicio militar.

O tío Felipe era o carpinteiro ebanista máis inxeñoso e habelencioso coñecido en toda a contorna. Home de pouco traballo, pero de senlleira e abraiante realización. De neno, oín dicir del (supoño que sarcásticamente) que era quen de facer cofres para gardar tesouros, tan seguros que unha vez pechados coa chave por fóra, só se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, a súa  maña quedou manifesta nunha chea de inxeños que, aínda sen chega-la electricidade, funcionaban automáticamente, como era o caso dun barril de viño que, segundo o seu antollo, manipulando unha pequena panca a distancia, desprazábase el só por un raíl dende a adega ata o obradoiro onde traballaba e, unha vez servido o seu vaso de viño, o barril tornaba el soíño á adega polo mesmo carril. Isto, segundo contaba a xente.

O tío Modesto de Nigueiroá, era un ebanista arteiro, mañoso e curioso coma poucos, que traballaba a madeira de castiñeiro como naide. Os últimos anos adicouse á especialidade de fragueiro, armando carros  para toda a contorna, no seu obradoiro de As Campinas.

A estes seis Mestres artesáns, sucedéronlle  cinco dignos e salientables discípulos do Sr. Hixinio, como foron os irmáns Benito, Hermenegildo e Manolo Outomuro, e os seus curmáns Julio e José Seara, todos veciños da Aldea. Deles pódese dicir que eran verdadeiros “milmañas”, que o mesmo amoblaban unha casa nova con madeiras nobres, que botaban un remendo nunha palleira, ou amañaban o chedeiro dun carro. Para eles, ningunha especialidade de carpinteiro, ebanista, fragueiro, toneleiro, etc. lles era allea. Sempre facendosos e xenerosos, nunca rexeitaron  arranxarlle, de xeito desinteresado, calquera pequeno problema surxido a un veciño. Aínda que pasaban a maior parte do tempo nas obras, dispuñan de obradoiro nas súas casas, onde abundaban os apeiros e ferramentas, iso sí, sempre ben afiadas, lizadas, ordenadas e coidadas como ouro en pano.

Sendo tan numerosas e variadas as ferramentas utilizadas por este gremio de carpinteiros de Parderrubias, máis que relacionalas polo seu nome, coidamos que é preferible mostra-la súa imaxe nunha colección ordenada, segundo as funcións de serrar, tradear, labrar, cepillar, cravar, etc. de cada unha.

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A tradición da carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionais da madeira e obradoiros de carácter industrial, dotados das tecnoloxías máis vanguardistas, pero non debemos esquecer que as súas raíces están na aixola e no berbequí dos protagonistas desta crónica, escrita coa única intencíon de traelos á memoria colectiva das actuais e futuras xeracións.


 

VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

En la historia de Parderrubias destacan Clérigos y Maestros, algunos ya tratados en este Blog, que con su entrega y generosidad dejaron imborrable impronta en la formación de las generaciones de esta Parroquia. Hubo también otros profesionales, como tejedoras, también tratadas, y costureras, herreros, canteros, etc., que seguramente algún día serán asimismo traídos a estas páginas por su singular aportación a la mejora de las condiciones de vida de sus coetáneos. Pero en esta ocasión, queremos  ocuparnos  de un gremio de artesanos que con su trabajo, muchas veces desinteresado, quizás fueran quienes más contribuyeran a mejorar la particular vida material de los vecinos a lo largo de la historia. Nos referimos a los carpinteros.

Debido a la abundancia de madera en toda la zona, y a su utilización como uno de los primeros materiales en estado natural para fabricar los útiles necesarios para el desarrollo humano, que iban desde la cuna hasta el ataúd, el oficio de carpintero era, después del agroganadero y tejedor, el más corriente en toda la municipalidad. En el año 1750, ejercían este oficio en las tierras que actualmente constituyen el Ayuntamiento de La Merca, 13 artesanos, uno de ellos, por lo menos, en Parderrubias. Todos trabajaban por un jornal de cuatro reales al día, a secas, o dos y mantenidos. Su trabajo iba desde cortar los troncos de los árboles en el monte y hacer las tablas con la sierra de aire, a la elaboración de aperos y aparejos (carros, arados, rastrillos…), útiles domésticos (arcas, artesas, cubas…), muebles (bancos, camas, armarios…) o puertas, ventanas, armazón de tejados, etc. Hay que decir que entonces, las casas eran casi todas terrenas, es decir, de una sola planta distribuída en espacios dedicados a cuadras, cocina y dormitorios, separados por estacas y tablas, o excepcionalmente con un sobrado en una segunda planta, sobre piso también de madera y tabiques de tablas verticales. Las puertas y ventanas eran de tablas perpendiculares  con traviesas horizontales, girando por medio de quicios, cerradas con pestillos o pasadores y aseguradas con trancas, todo ello de madera.

Luego transcurren tiempos oscuros en la historia de Parderrubias, de los que carecemos de noticias sobre esta actividad, hasta la llegada de épocas posteriores. A principios del siglo pasado fueron asentados en A Manchica, que entonces pertenecía a Parderrubias, los aserraderos a vapor de Baldovino, en donde hoy está la cerámica, y los de los hermanos Manuel, José y Modesto Garrido, un poco más abajo. Esta industrialización de la madera vino a redimir a los serranchines, de la agotadora tarea de sacar a mano las tablas y pontones de los troncos de los árboles, valiéndose de una extenuante sierra de aire de dos metros y medio de largo, manejada por dos hombres. Por las mismas fechas, se crearon también en A Manchica los talleres de imaginería religiosa de los propios hermanos Garrido (conocidos desde entonces como Os Escultores) y los de Eliseo Garrido, su hermano, situados entre A Manchica y Parderrubias. Talleres que por su relevancia y su cuño empresarial merecen estudio aparte. De la misma época, eran los carpinteros artesanos Avelino Martínez, en A Manchica, Higinio Grande en A Aldea, Manuel Grande en Valdemouro, Felipe Garrido y Paulino Sierra, en A Carretera, y Modesto González en Nigueiroá.

El Señor Avelino (así era conocido) trabajó durante 25 años en los talleres de Os Escultores (1918-1943). Tras independizarse, siguió dedicado a la escultura por su cuenta, tallando, modelando, decorando y restaurando arte sacro. Obras suyas son docenas de imágenes, viacrucis, altares y dorados de retablos de iglesias en las provincias de Orense y Pontevedra, pero entre las últimas, están la imagen de la Virgen de Lourdes que preside el altar mayor de A Manchica, así como las 14 estaciones del Viacrucis, los confesionarios y otros decorados de la misma iglesia, obras todas ellas talladas, pintadas y donadas gratuitamente por él.

El Señor Higinio estaba considerado como Maestro Carpintero entendido en todas las especialidades y aplicaciones de la madera. Un profesional conocido, reconocido y apreciado en toda la comarca, donde era solicitado para aquellos trabajos más técnicos,  de gran envergadura y mayor responsabilidad.

Manuel Grande era el único carpintero de Parderrubias dedicado a una sola especialidad de la carpintería, la de tonelero. Experto en armar, pero sobre todo reparar y restaurar todo tipo de cubas, barriles, toneles, pipotes, etc., acudía solícito a cualquier bodega donde lo necesitaran, bien pertrechado de sus especiales herramientas de cubero, como eran las azuelas curvas, cepillos de vuelta, “xabreadores”, “chazos” y martillos “alcotana”.

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Nos consta que, ya a mediados del siglo XVIII, Parderrubias era la parroquia más vitivinícola de todo el Municipio de A Merca. Concretamente, en el año 1752, satisfacía 16 moyos de vino a la Iglesia de Santa Eulalia, en concepto de Diezmos, lo que supone una producción, al menos, de 23.616 litros anuales. Esto significa que las cubas, únicos recipientes de almacenamiento del vino para el consumo anual, tenían que ser usuales en todas las casas, así que también a Manuel Grande le han precedido otros toneleros en Parderrubias. Bien es verdad que, dicho sea de paso, aunque el vino abundaba, éste no era de gran calidad, tal como certifica Sebastián Miñano en el año 1826 al afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz veinte años después, ratificando que una de las principales producciones de Parderrubias era “vino inferior”.

El tío Paulino, como cariñosame era conocido, hombre creativo y mañoso, trabajó también durante sus años mozos en los talleres de Os Escultores, pero finalmente se dedicó a otras ocupaciones industriales, sin dejar de tallar y armar roperos, cómodas o camas en su taller particular. El hacía, siempre gratis, las maletas de madera para los mozos de Parderrubias que iban a cumplir el servicio militar.

El tío Felipe era el carpintero ebanista más ingenioso y habilidoso conocido en todo el contorno. Hombre de poco trabajo, pero de singular y asombrosa realización. De niño, oí decir (supongo que sarcásticamente) que era capaz de hacer cofres para guardar tesoros, tan seguros que una vez cerrados con llave por fuera, sólo se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, su maña quedó patente en cantidad de ingenios que, aún sin llegar la electricidad, funcionaban automáticamente, como era el caso de un barril de vino que, a su antojo, manipulando una pequeña palanca a distancia, se desplazaba el solo por un raíl desde la bodega hasta el taller donde trabajaba y, una vez servido su vaso de vino, el barril regresaba solito a la bodega por el mismo carril. Esto, según contaba la gente.

El tío Modesto de Nigueiroá era un ebanista artero, mañoso y curioso como pocos, que trabajaba la madera de castaño como nadie. En los últimos años se dedicó a la especialidad de “fragueiro”, armando carros para todo el contorno, en su taller de As Campinas.

A estos seis Maestros artesanos, les sucedieron cinco dignos y destacados discípulos de Señor Higinio, como fueron los hermanos Benito, Hermenegildo y Manolo Outumuro, y sus primos Julio y José Seara, todos vecinos de A Aldea. De ellos se puede decir que eran verdaderos “milmañas”, que igual amueblaban una casa nueva con maderas nobles, que echaban un remiendo en un pajar o componían el lecho de un carro. Para ellos, ninguna especialidad de carpintero, ebanista, “fragueiro”, tonelero, etc. les era ajena. Siempre diligentes y generosos, nunca rehusaron arreglarle, de forma desinteresada, cualquier pequeño problema surgido a un vecino. Aunque pasaban la mayor parte del tiempo en las obras, disponían de taller en sus casas, donde abundaban los aperos y herramientas, eso sí, siempre bien afiladas, lizadas, ordenadas y cuidadas como oro en paño.

Siendo tan numerosas y variadas las herramientas utilizadas por este gremio de carpinteros de Parderrubias, más que relacionarlas por su nombre, pensamos que es preferible mostrar su imagen en una colección ordenada según las funciones de serrar, tradear, labrar, cepillar, clavar, etc. de cada una.

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La tradición de la carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionales de la madera y talleres de carácter industrial, dotados de las tecnologías más vanguardistas, pero no debemos olvidar que sus raíces están en la azuela y en el berbiquí de los protagonistas de esta crónica, escrita con la única intención de traerlos a la memoria colectiva de las actuales y futuras generaciones.

E18. Las tejedoras de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

E18. Las tejedoras de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

El mundo rural gallego no se puede comprender sin sus oficios. El oficio es un trabajo manual que perdura en el tiempo y para el que se precisa una determinada preparación, que habitualmente se obtenía estando al lado de un maestro experimentado. Parderrubias no es diferente y así esta Parroquia fue testigo del quehacer de carpinteros, albañiles, tratantes, costureras, etc. Lamentablemente, muchos de estos oficios desaparecieron con el transcurrir de los tiempos y en el peor de los casos las generaciones actuales ni siquiera tienen conocimiento de su existencia entre nuestros antepasados. El ejemplo más claro son las tejedoras de lino que tuvieron un enorme arraigo y tradición en nuestra Parroquia, y cuyo trabajo prácticamente es desconocido para la gran mayoría.

En este excelente artículo, Avelino Sierra Fernández, quien lleva años investigando esta temática, nos acerca al proceso del cultivo y manufacturación del lino en Parderrubias, actividad que llegó a ser un referente en toda la comarca durante mucho tiempo, así como al habilidoso trabajo llevado a cabo por las tejedoras. Sirva este documento como oportunidad para conocer mejor y no olvidar nuestro pasado, y como homenaje a estas infatigables mujeres de Parderrubias.

Gracias, Avelino, por esta brillante colaboración.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada “Seguindo o fío” de Avelino Sierra Fernández.


As tecedeiras de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Algunhos dos que xa nos van quedando poucas canas que peitear, aínda lembramos con agarimo, aglaio e nostalxia, entre outras veciñas, á Pepa da Manadela, a tía Ánxela da Carreira, á Sara do Elpidio, ou as irmáns Pepa e María Outomuro de Barrio,  cos pés nas premedeiras dos seus rústicos teares e coas mans na lanzadeira, tecendo, con monótono pero acompasado son dos pentes, a trama dun abraiante lenzo de liño ou estopa, ou dunha colorida colcha de liño e lá. Eran as últimas tecedeiras que aínda quedaban en Parderrubias a comezos da década dos 50.

Na actualidade, non tendo necesidade daqueles tecidos tradicionais nin de tan arcaica industria tear, as novas xeracións esqueceron os enleados procesos, as duras angueiras, e en xeral a cultura téxtil do liño dos nosos devanceiros. Todo ilo obríganos, aos que dalgún xeito fomos testemuñas dos  últimos latexos daquela historia, a recordar tan senlleira tradición,  co azo de mantela viva na memoria colectiva, como legado da nosa raizame e cerne da nosa propia identidade.

Aínda que carecemos de documentos que o verifiquen, non hai nada que nos impida pensar que a orixe do cultivo, fiado e tecido do liño en Parderrubias, fora cronoloxicamente parella á do resto das terras ourensás, sendo razoable polo tanto, que a situemos, cando menos, na época romana. Outro tanto acontece coas técnicas empregadas no seu proceso, sendo estas caseiras, manuais e semellantes ás de toda a bisbarra, sen que apenas mudaran ao longo dos tempos. Exemplo de canto dicimos, témolo nas fusaiolas e pondus atopados no veciño castro de Castromao (preto de Celanova).

O cultivo e a manufacturación do liño en Parderrubias,  caracterizáronse dende sempre, por ser actividades desenroladas individualmente por cada familia e pola falta de recursos económicos para a súa medra e mellora, causas do  inmobilismo case absoluto nas técnicas de produción empregadas ao longo dos séculos.

Fai 264 anos (1752), había en Parderrubias 32 mulleres tecedeiras con outros tantos obradoiros e teares. Dez delas vivían no lugar da igrexa (na Aldea), chamada así xa daquela, por estar no cerco do antigo oratorio adicado ao culto, que foi substituído no 1765 pola actual igrexa. Outras sete, moraban no lugar coñecido como As Casas, que presumiblemente debía se-lo actual Barrio. As quince restantes residían entre os  outros asentamentos da parroquia (O Outeiro e Nigueiroá). Sabemos tamén que catorce  delas eran casadas e unha, viuva.

De tódolas parroquias daquela data, que actualmente conforman o Concello da Merca, era Parderrubias a que máis tecedeiras tiña, seguida da Mezquita con 17, e Vilar de Paio Muñiz con 13. Se consideramos os datos poboacionais que o Diccionario Estadístico de Pascual Madoz lle atribúe a Parderrubias no 1846 (67 casas e 234 almas), debía corresponder un tear por cada dúas casas.

As 32 tecedeiras eran independentes, co obradoiro na súa casa, con cadanseu tear, aínda que algunha casa podía contar con dous. Tecían para cubri-las necesidades de vestimenta e enxoval da propia familia e do entorno inmediato, se fora o caso, sendo posible que algunhas delas produciran tamén para o mercado, como nos suxire a existencia de dous mercaderes (Antonio Seara e Rosendo Fernández) que con tres “machos” percorrían as aldeas “con el trato y comercio que manexan de Paños pardos y Baietas…”, obtendo a frioleira de “cinco mil reales de vellón de utilidad y ganancia a el año”. Tamén é factible que acudiran cos seus productos á feira mensual da Merca o 26 de cada mes, pois tal era o costume doutras zonas con feira, como Allariz ou Xinzo.

Regularmente, só traballaban no tear 5 ou 6 meses ao ano, a partir de xuño ou xullo, cando xa tiñan os novelos listos, pois hai que dicir que o proceso do liño consistía en 16 angueiras moi laboriosas. Comezaba coa sementeira  entre abril e maio, producíndose  a arriga ou recolleita  entre  xullo e agosto. Durante os meses de outono, realizaban unha chea de endeitas para transformar o liño bruto en finas estrigas, listas para fiar (ripa, empozado, seca, maza, espadela, tasca e aseda). Todo o inverno, ocupábano logo no fiado, coa roca e fuso, e entre abril e maio tiña lugar o ensarillado, branqueado e devanado do fío, para levalo ao tear entre xuño e xullo, onde se procedía ao canelado, urdido e tecido. Cada tear podía chegar a tecer ao día entre 3, 4 ou 5 varas de lenzo (vara = 0,8359 metros). O rendimento económico  de cada tecedeira era moi escaso, por se-lo seu traballo maioritariamente doméstico, oscilando en torno aos 40 reais de vellón anuais, segundo manifesta Antonio Martínez, veciño de Parderrubias e Perito nos interrogatorios do Catastro de Ensenada relativos ao Couto de Sobrado do Bispo ao que pertencía Parderrubias.

Mercé ás certificacións requeridas no ano 1752 ao entón Abade de Parderrubias, Don Juan Pérez, pola Intendencia do Reino, durante o proceso da enquisa fiscal promulgada por Zenón Somodevilla, coñecemos os dezmos do liño percibidos daquela pola igrexa de Santa Olaia, o que nos permite deducir a superficie cultivada e a producción total en toda a parroquia. Os fregueses de Parderrubias pagaban os dezmos do liño en afusais. Un afusai era un atado de estrigas. Unha estriga era un mañizo de liño restrelado ou asedado, listo para suxeitalo na roca e fialo. O número de estrigas dun afusal variaba dunhos lugares a outros, pero en Parderrubias era de 36:

“…cada ferrado de heredad de Regadio, primera calidad, produze seis afusales embruto de a diezyocho pares de estrigas cada uno…”.

 Segundo as actas baseadas nas citadas certificacións, o Abade de Parderrubias percibía dos seus fregueses 55 afusais de liño ao ano, en concepto de dezmos:

 “…el Abad y cura de par de rrubias que lo es actual don Juan perez percive de trigo diez y ocho anegas – de centeno cinquenta – de vino diez y seis moios – de mijo maíz sesenta y cinco fanegas – de mijo menudo seis – de Cevada seis ferrados de cantudos o pedrones quinze de abas siete ferrados de Lino cinquenta y cinco afusales de Castañas veinte y cinco anegas de Garvanzos un ferrado…”.

Esta cantidade de 55 afusais satisfeita en concepto de dezmos polos parroquianos, supuña soamente a décima parte da producción, o que nos leva a convir que a colleita anual na parroquia alcanzaría os 550 afusais como mínimo. Se temos en conta, como consta na primeira cita, que cada ferrado de terra de regadío producía 6 afusais, e o de secaño 4 (unha media de 5 afusais por ferrado), é doado deducir que a superficie cultivada era, cando menos, de 110 ferrados, ou sexa 69.175 metros cadrados, unhas 692 áreas, que equivalen á extensión de unhos 15 campos de futbol reglamentarios actuales. Parderrubias, que fai algo máis dun cuarto de milenio (1750) era, de tódalas parroquias que actualmente conforman o Concello  da Merca, a primeira productora  en millo gordo, millo miúdo (mijo) e viño, e a terceira en trigo e castañas,   era  tamén  a que máis liño cultivaba en toda a municipalidade, en consonancia coa  súa manufacturación que tamén era a meirande, seguida a distancia por Vilar de Paio Muñiz e Pereiras de Montes. En comparación con outros cultivos, a superficie adicada ao cultivo do liño en Parderrubias roldaba o 13,5% da do millo (812 ferrados), o 17,5% da do centeo (625 ferrados) e o 48,8% da destinada a trigo (225 ferrados).

No tocante á liñaza (semente do liño), o rendemento, con lixeiras fluctuacións segundo a esterca, calidade da terra, rega, etc., era escaso, non sobrepasando os dous ferrados de gran sementados (28 litros) por cada ferrado de superficie cultivada (628,86 metros cadrados). Un ferrado ou tega de liñaza (13,88 litros) tiña nas parroquias dos arredores un valor de 5,5 reais de vellón, pero en Parderrubias custaba 7, quizabes porque, sendo a área de maior producción, contaría tamén coa mellor semente, como pasaría tempos despois coas patacas da Limia.

Pero a historia do liño en Parderrubias non se limita soamente á época tratada, senón que a tradición, que viña de tempos remotos, continuou manténdose con igual ou maior intensidade ao longo dos douscentos anos seguintes. Durante a segunda metade do século XVIII, mantívose ao mesmo nivel, pero a finais da centuria e comezos da seguínte, a producción debeu aumentar lixeiramente coa mellora dalgúns aveños coma os tornos de fiar que nalgunhos lares deron en substituír ao fuso. O Diccionario Xeográfico Estadístico de Sebastián de Miñano (1827), referíndose a toda a xurisdicción, afirma:

“… produce  lino… hay telares de lienzos ordinarios que fabrican  las mugeres (sic) y no hay casa donde no haya uno o dos”.

O Diccionario Estadístico de Pascual Madoz (1846-1850) segue considerando ao liño coma un dos principais cultivos de Parderrubias, e referíndose a toda a municipalidade, afirma:

“…hay muchos telares de lienzo ordinario, pues apenas hay casa donde no exista uno o dos de esta clase”.

Na segunda metade do século XIX, comezou a devecer en toda Galicia a manufacturación tradicional, debido á introducción do algodón e dos panos leoneses chegados a través da venda ambulante dos arrieiros maragatos, pero en Parderrubias os teares seguiron traballando arreo. Incluso na primeira metade do XX, episodios recesivos, como a Primeira Guerra Mundial (1914-1918) e a Guerra Civil Española (1936-1939), propiciaron un repunte da producción. Nembargante, a partir da posguerra, foi esmorecendo tamén en Parderrubias e, a partir do ecuador do século, a Revolución Industrial, coa aparición de febras sintéticas con medidas xeométricas, diversidade de cores, tallas variadas e prezos asequibles, rematou desprazando ao liño, quedando o cultivo e as técnicas tradicionais do seu proceso reducidos ao oficio dunhas poucas tecedeiras de avanzada idade, como apuntabamos ao principio deste artigo.

Na actualidade, ano 16 do terceiro milenio, de toda esta historia só nos queda lembranza e señardade. Todo foi cambiando, desaparecendo. Mudaron as aldeas, anováronse os poboadores, perdéronse os costumes. O tempo levou canda si o liño, a roca, o fuso, o tear…, e con eles a arte e mañas das habelenciosas fiadeiras e tecedeiras, arrastrando con elas ao fondo do esquecemento, os usos e costumes dunha secular tradición, deixándonos tan só unha esquirla de saudade en algunha crónica ou en algún museo etnográfico particular que sería oportuno facer público. Exigua reserva dunha cultura material, popular e tradicional propia, caída na desmemoria.

Os traballos das fiadeiras e tecedeiras de Parderrubias, nunha andaina de subsistencia, en moitos casos límite, foi de capital importancia para o devir das súas familias. Implicadas principalmente nas arduas tarefas do campo, en coida-lo gando miúdo, pastorea-lo armentío, cultiva-las cortiñas e chousas e cumpri-las restantes angueiras domésticas, estas amas de casa empregaban calquera acougo, mentres lles quedaran folgos, aínda que fora de noite, nas tarefas do fiado, calceta e tecido, para cubri-la demanda familiar ou completa-los recursos mínimos que garantiran a súa supervivencia. Sin pretendelo, a súa figura, coma artesanas creativas independentes, tivo tamén a súa influencia e relevancia na propia cultura local. Valian estas liñas coma un pequeno recoñecemento ao seu arduo e artesanal labor, como reivindicación a un protagonismo históricamente ignorado e coma humilde homenaxe póstuma a todas elas de quen durmiu en sabas de estopa na súa nenez.

Relación das 32 tecedeiras de Parderrubias no ano 1752, transcritas  coa mesma grafía que consta nos documentos:

Benita das Casas (hixa de Jacobo)

Maria das casas (hija de Pedro)

Manuela de la Yglesia (nuera de Antonio de san pedro)

Antonia de san pedro (hixa de Josepha grande)

Ysavel de la Yglesia (hija de Ambrosio)

Ysavel das Casas (hermana de Domingos)

Josepha das Casas (hermana de Domingo)

Ysavel das casas (soltera)

Rosa da Yglesia (nuera de Juan Martinez)

Isavel de outumuro (nuera de Miguel pascual)

Clara doniz (mujer de Santiago Dom.ez)

Fran.ca  doniz (hixa de Estevan)

Ana maria das Casas (nuera de Maria ca…)

Ysavel da carreira (mujerde Juan fernandez)

Lucía da Yglesia (hija de Antonio)

Josepha doniz (mujer de Juan fernandez)

Benita de Barros (hija de Ibona da Yglesia)

Isavel garrido (nuera de Joseph Outumuro)

Ana das Casas (Viuda)

Maria da Yglesia (hija de Isabel das Casas)

Josepha Pasql. (Nuera de carlos martinez)

Francisca das Casas (mujer de Pedro Borrajo)

Barbara outumuro (hija de Rosalía das casas)

Andrea Gonzalez (mujerde Juan de Outumuro)

Ysavel seara (hija de Joseph)

Polina seara (hija de Joseph)

Agustina de la Ygla. (nuera de Juan de outumuro)

Magdalena rrodriguez (madrasta de Pedro outumuro)

Josepha de san pedro (nuera de Juan Antonio da Yglesia)

Birxida da Veiga (hija de miguel)

Agustina de maside (hija de Manuel)

Ysavel de la Yglesia (cuñada de Joseph doniz).


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

Las tejedoras de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Algunos de los que ya nos quedan pocas canas que peinar aun recordamos con cariño, admiración y nostalgia, entre otras vecinas, a Pepa de la Manadela, a la tía Angela de la Carreira, a Sara del Elpidio o a las hermanas Pepa y María Outumuro de Barrio con los pies en las “premedeiras” de sus rústicos telares y con sus manos en la lanzadera, tejiendo con monótono pero acompasado sonido de los peines la trama de un asombroso lienzo de lino o estopa o de una colorida colcha de lino y lana. Fueron las últimas tejedoras que quedaban en Parderrubias a comienzos de la década de los años 50.

En la actualidad, no existiendo ya necesidad de aquellos tejidos tradicionales ni de tan arcaica industria telar, las nuevas generaciones olvidaron los enredados procesos, las duras tareas y, en general, la cultura textil del lino de nuestros antepasados. Todo ello nos obliga a los que de alguna manera fuimos testigos de los últimos latidos de aquella historia a recordar tan honrosa tradición con el fin de mantenerla viva en la memoria colectiva como legado de nuestras raíces y ciernes de nuestra propia identidad.

A pesar de que carecemos de documentos que lo verifiquen, no hay nada que nos impida pensar que el origen del cultivo, hilado y tejido del lino en Parderrubias fue cronológicamente parejo al del resto de tierras ourensanas, siendo razonable por tanto situarlo, cuando menos, en la época romana. Otro tanto ocurre con las técnicas empleadas en su proceso, siendo éstas domésticas, manuales y semejantes a las de toda la comarca, sin que apenas cambiasen con el transcurrir del tiempo. Ejemplo de ello lo tenemos en las “fusaiolas” y “pondus” encontrados en el vecino castro de Castromao (cerca de Celanova).

El cultivo y la manufacturación del lino en Parderrubias se caracterizó desde siempre por tratarse de actividades desarrolladas individualmente por cada familia y por la falta de recursos económicos para su desarrollo y mejora, causas del inmovilismo casi absoluto en las técnicas de producción empleadas a lo largo de los siglos.

Hace 264 años, en 1752, había en Parderrubias 32  mujeres tejedoras con otros tantos talleres y telares. Diez de ellas vivían en A Iglesia (en A Aldea), lugar denominado ya así de aquella por estar en el entorno del antiguo oratorio dedicado al culto, que fue reemplazado en el año 1765 por la actual iglesia. Otras siete moraban en el lugar conocido como As Casas, que presumiblemente sería el actual Barrio. Las quince restantes residían en los otros asentamientos de la Parroquia (O Outeiro y Nigueiroá); se sabe también que catorce de ellas estaban casadas y una era viuda.

De todas las parroquias de aquella época, que en la actualidad conforman el Concello de A Merca, era Parderrubias la que más tejedoras tenía, seguida de A Mezquita con 17 y Vilar de Paio Muñiz con 13. Si consideramos los datos poblacionales que el Diccionario Estadístico de Pascual Madoz le atribuye a Parderrubias en 1846 (67 casas y 234 personas), debía corresponder un telar por cada dos casas.

Las 32 tejedoras eran independientes, con su propio taller en casa equipado con su telar, aunque en alguna casa podría haber dos. Tejían para cubrir las necesidades de vestimenta y ajuar de la propia familia y del entorno inmediato, si fuese el caso, siendo posible que algunas de ellas produjeran también para la venta, tal como nos sugiere la existencia de dos mercaderes (Antonio Seara y Rosendo Fernández) que con tres “machos” recorrían las aldeas “con el trato y comercio que manexan de Paños pardos y Baietas…”, obteniendo la friolera cuantía de “cinco mil reales de vellón de utilidad y ganancia a el año”. También es factible que acudieran con sus productos a la “feira” mensual de A Merca el 26 de cada mes, pues tal era la costumbre en otras zonas con “feira” como Allariz o Xinzo.

Regularmente, solo trabajaban en el telar 5 o 6 meses al año, a partir de junio o julio, cuando ya tenían preparados los ovillos, pues cabe señalar que el proceso del lino consistía en 16 tareas muy laboriosas. Comenzaba con la siembra entre abril y mayo, produciéndose la recogida entre julio y agosto. Durante los meses de otoño se llevaba a cabo un gran número de faenas para transformar el lino bruto en finos manojos listos para hilar (ripiado, enriado, secado, machacado, espadado, tascado y asedado). Todo el invierno era dedicado al hilado con la rueca y el huso, y entre abril y mayo tenía lugar el enmadejado, blanqueado y devanado del hilo para llevarlo al telar entre junio y julio, en donde se procedía al encanillado, urdido y tejido. Cada telar podía llegar a tejer en un día entre 3 y 5 varas de lienzo (vara = 0,8359 metros). El rendimiento económico de cada tejedora era muy escaso, por tratarse de un trabajo básicamente doméstico, oscilando en torno a los 40 reales de vellón anuales, según señala Antonio Martínez, vecino de Parderrubias y Perito en los interrogatorios del Catastro de Ensenada relativos al Coto de Sobrado do Bispo, al cual pertenecía Parderrubias.

Merced a las certificaciones requeridas en el año 1752 al entonces Abad de Parderrubias Don Juan Pérez por la Intendencia del Reino, durante el proceso de la investigación fiscal promulgada por Zenón Somodevilla, conocemos los diezmos de lino percibidos en aquel tiempo por la Parroquia de Santa Olaia, lo cual nos permite deducir la superficie cultivada y la producción total en toda la parroquia. Los feligreses de Parderrubias pagaban los diezmos de lino en “afusais”. Un “afusai” era un atado de “estrigas”, es decir, un manojo de lino rastrillado y asedado, listo para sujetarlo en la rueca e hilarlo. El número de “estrigas” de un “afusal” variaba de unos lugares a otros, pero en Parderrubias era de 36:

“…cada ferrado de heredad de Regadio, primera calidad, produze seis afusales embruto de a diezyocho pares de estrigas cada uno…”.

Según las actas fundamentadas en las citadas certificaciones, el Abad de Parderrubias percibía de sus feligreses 55 “afusais” de lino por año en concepto de diezmos:

“…el Abad y cura de par de rrubias que lo es actual don Juan perez percive de trigo diez y ocho anegas – de centeno cinquenta – de vino diez y seis moios – de mijo maíz sesenta y cinco fanegas – de mijo menudo seis – de Cevada seis ferrados de cantudos o pedrones quinze de abas siete ferrados de Lino cinquenta y cinco afusales de Castañas veinte y cinco anegas de Garvanzos un ferrado…”.

Esta cantidad de 55 “afusais” satisfecha en concepto de diezmos por los parroquianos suponía solamente la décima parte de la producción, lo que nos lleva a concluir que la cosecha anual en la Parroquia alcanzaría los 550 “afusais” como mínimo. Si tenemos en cuenta, tal como consta en la primera cita, que cada “ferrado” de tierra de regadío producía seis “afusais” y el de secano cuatro (una media de cinco afusais por ferrado), es fácil deducir que la superficie cultivada era, cuanto menos, de 110 “ferrados”, es decir, 69.175 metros cuadrados o unas 692 áreas, lo que equivale a la extensión de unos 15 campos de fútbol reglamentarios actuales. Parderrubias, que hace algo más de un cuarto de milenio (en el año 1750) era, de todas las parroquias que actualmente conforman el Concello de A Merca, la primera productora de maíz gordo, maíz menudo (mijo) y vino, y la tercera en trigo y castañas, era también la que más lino cultivaba en toda la municipalidad, en consonancia con su manufacturación que también era la más grande, seguida a distancia por Vilar de Paio Muñiz y Pereira de Montes. En comparación con otros cultivos, la superficie dedicada al cultivo del lino en Parderrubias rondaba el 13,5% de la del maíz (812 “ferrados”) o el 17,5% de la del centeno (625 “ferrados”) y el 48,8% de la destinada al trigo (225 “ferrados).

Por lo que respecta a la linaza (semilla del lino), el rendimiento, con ligeras fluctuaciones según el estercado, la calidad de la tierra, el riego, etc., era escaso, no sobrepasando los dos ferrados de grano sembrado (28 litros) por cada “ferrado” de superficie cultivada (628,86 metros cuadrados). Un “ferrado” o “tega” de linaza (13,88 litros) tenía en las parroquias de los alrededores un valor de 5,5 reales de vellón, pero en Parderrubias costaba 7, quizás porque siendo el área de mayor producción, contaría también con la mejor semilla, tal como sucedería tiempos después con las patatas de A Limia.

Pero la historia del lino en Parderrubias no se limita solamente a la época abordada, sino que la tradición, que venía ya de tiempos remotos, se continuó manteniendo con igual o mayor intensidad a lo largo de los dos siguientes siglos. Durante la segunda mitad del siglo XVIII se mantuvo al mismo nivel, pero a finales de ese siglo y comienzos del siguiente la producción debió aumentar ligeramente con la mejora de algunos aperos como los tornos de hilar, que en algunas casas sustituyeron al huso. El Diccionario Estadístico de Sebastián Miñano (1827), referiéndose a toda la jurisdicción, afirma:

“… produce  lino… hay telares de lienzos ordinarios que fabrican las mugeres (sic) y no hay casa donde no haya uno o dos”.

El Diccionario Estadístico de Pascual Madoz (1846-1850) continúa considerando al lino como uno de los principales cultivos de Parderrubias, y refiriéndose a toda la municipalidad, afirma:

“…hay muchos telares de lienzo ordinario, pues apenas hay casa donde no exista uno o dos de esta clase”.

En la segunda mitad del siglo XIX comenzó a decrecer en toda Galicia la manufacturación tradicional como consecuencia de la introducción del algodón y de los paños leoneses llegados a través de la venta ambulante de los arrieros maragatos, pero en Parderrubias los telares siguieron funcionando sin interrupción. Incluso en la primera mitad del siglo XX, episodios recesivos como la Primera Guerra Mundial (1914-1918) o la Guerra Civil Española (1936-1939), propiciaron un repunte en la producción. Sin embargo, a partir de la posguerra fue desfalleciendo también en Parderrubias y a partir del ecuador del siglo la Revolución Industrial, con la aparición de las fibras sintéticas con medidas geométricas, diversidad de colores, tallas variadas y precios asequibles, acabó desplazando al lino, quedando el cultivo y las técnicas tradicionales de su proceso reducidos al oficio de algunas pocas tejedoras de avanzada edad, tal como apuntábamos al principio del artículo.

En la actualidad, año 16 del tercer milenio, de toda esta historia solamente nos quedan recuerdos y “morriña”. Todo fue cambiando, desapareciendo. Cambiaron las aldeas, se renovaron los pobladores, se perdieron las costumbres. El tiempo llevó consigo al lino, a la rueca, al huso, al telar… y, con ellos, el arte y la maña de las habilidosas hiladoras y tejedoras, arrastrando con ellas al fondo del olvido los usos y las costumbres de una secular tradición, dejándonos tan solo una esquirla de “morriña” en alguna crónica o en algún museo etnográfico particular que sería oportuno hacer público. Exigua reserva de una cultura material, popular y tradicional propia, caída en la desmemoria.

El trabajo de las hiladoras y tejedoras de Parderrubias, en un recorrido de subsistencia, en muchos casos límite, fue de capital importancia para el devenir de sus familias. Implicadas principalmente en las arduas tareas del campo, en cuidar el ganado menudo, pastorear el vacuno, cultivar las tierras y los montes, y llevar a cabo los restantes quehaceres domésticos, estas amas de casa empleaban cualquier descanso, mientras les quedara aliento, aunque fuese de noche, en la tareas del hilado, calceta y tejido para cubrir la demanda familiar o completar los recursos mínimos que garantizasen su supervivencia. Sin pretenderlo, su figura, como artesanas creativas independientes, tuvo su influencia y relevancia en la propia cultura local. Valgan estas líneas como un pequeño reconocimiento a su arduo y artesanal labor, como reivindicación de un protagonismo históricamente ignorado y como humilde homenaje póstumo a todas ellas de quien durmió en sábanas de estopa en su infancia.

Termino con la relación de nombres de las 32 tejedoras de Parderrubias en el año 1752, transcritos con la misma grafía que consta en los documentos:

Benita das Casas (hixa de Jacobo)

Maria das casas (hija de Pedro)

Manuela de la Yglesia (nuera de Antonio de san pedro)

Antonia de san pedro (hixa de Josepha grande)

Ysavel de la Yglesia (hija de Ambrosio)

Ysavel das Casas (hermana de Domingos)

Josepha das Casas (hermana de Domingo)

Ysavel das casas (soltera)

Rosa da Yglesia (nuera de Juan Martinez)

Isavel de outumuro (nuera de Miguel pascual)

Clara doniz (mujer de Santiago Dom.ez)

Fran.ca  doniz (hixa de Estevan)

Ana maria das Casas (nuera de Maria ca…)

Ysavel da carreira (mujerde Juan fernandez)

Lucía da Yglesia (hija de Antonio)

Josepha doniz (mujer de Juan fernandez)

Benita de Barros (hija de Ibona da Yglesia)

Isavel garrido (nuera de Joseph Outumuro)

Ana das Casas (Viuda)

Maria da Yglesia (hija de Isabel das Casas)

Josepha Pasql. (Nuera de carlos martinez)

Francisca das Casas (mujer de Pedro Borrajo)

Barbara outumuro (hija de Rosalía das casas)

Andrea Gonzalez (mujerde Juan de Outumuro)

Ysavel seara (hija de Joseph)

Polina seara (hija de Joseph)

Agustina de la Ygla. (nuera de Juan de outumuro)

Magdalena rrodriguez (madrasta de Pedro outumuro)

Josepha de san pedro (nuera de Juan Antonio da Yglesia)

Birxida da Veiga (hija de miguel)

Agustina de maside (hija de Manuel)

Ysavel de la Yglesia (cuñada de Joseph doniz).