Categoría: Años 40

Los quintos de Parderrubias

Los quintos de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Probes naiciñas d’a yalma que crían os seus filliños, e dempois quedan sin eles cando lle marchan de quintos” (Anónimo, 1887).

El Servicio Militar Obligatorio estuvo vigente en España durante 231 años. El 31 de diciembre de 2001 la “mili” pasaba a ser historia, pero hasta ese día, miles de jóvenes -entre ellos los mozos de Parderrubias- fueron “quintos” en un momento de su juventud, teniendo que prestar muchos de ellos su tiempo y su trabajo al Estado.

En el siglo XVIII, una vez finalizada la Guerra de Sucesión, y con la llegada de los Borbones al trono, se comienza a experimentar una escasez de tropas, lo que conduce a una progresiva implantación del reclutamiento obligatorio con el fin de mantener un Ejército permanente. Estos reclutamientos se denominaron popularmente “quintas”, pues se fijó un cupo anual de 50.000 hombres elegidos por sorteo, de los que salía un soldado por cada cinco hombres: el “quinto”. En 1786, una ordenanza de Carlos III dictaminaba que uno de cada cinco mozos españoles en edad de 16 a 40 años debía trabajar como militar para el Rey. Ya en el siglo XIX el soldado de quintas supondría la base del reemplazo del Ejército español.

En 1912, la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército introduce el término “servicio militar obligatorio”, eliminando la redención en metálico y la sustitución, fórmulas vigentes hasta esa fecha que permitían evitar legalmente la incorporación a filas mediante el pago de determinadas cantidades de dinero, pero muy mal vistas socialmente. Con el fin de que fuese un servicio obligatorio para todos aparece la figura del “soldado de cuota” que a cambio del pago de una cuota de 1.000 o 2.000 pesetas -cantidades que suponían pingües ingresos para el Estado- reducían significativamente su tiempo de servicio a diez o cinco meses, respectivamente. Los que no podían pagar la cuota servían durante tres años al Estado; en definitiva, seguía siendo un sistema socialmente discriminatorio.

Sorteo de soldados destinados a la Guerra de África en 1913. Fotografía tomada del Mundo Gráfico

Finalizada la Guerra Civil, el dictador Franco promulga la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército, por la que el Servicio en Filas tiene una duración de dos años, tiempo durante el que los soldados no podían contraer matrimonio. En 1943 para poder ser funcionario era obligatorio haber cumplido el Servicio Militar. En 1968, la Ley General del Servicio Militar distingue entre servicio militar obligatorio (15-18 meses) y voluntario (se podía elegir la Región Militar, pero su duración era de 15-24 meses). La Ley Orgánica del Servicio Militar de 1991 acorta el servicio militar a nueve meses y los soldados de reemplazo delegan la responsabilidad de las tareas más complejas y especializadas en militares profesionales.

El objetivo de este artículo es proporcionar una visión de la evolución del reclutamiento de los mozos pertenecientes a lo que hoy es la Parroquia de Parderrubias (A Iglesia, Barrio, O Outeiro, A Carretera, As Campinas y Nigueiroá) a lo largo del siglo XX, en concreto, desde 1900 hasta 1990.

Aspectos generales de la evolución del reclutamiento en Parderrubias

Entre 1900 y 1990 fueron alistados 305 mozos de Parderrubias. La citación y correspondiente alistamiento tenía lugar en el Ayuntamiento de A Merca. En dicho acto se asignaba por sorteo un número a cada mozo, y a continuación en orden de menor a mayor eran tallados y alistados, momento en el que se escuchan sus alegaciones, si fuese el caso. En ocasiones, dado que el mozo era emigrante, o se encontraba fuera por razones de trabajo, era el padre o la madre los que comparecían, pues de lo contrario el joven era calificado como prófugo. El número de mozos alistados cada año en Parderrubias se mantuvo relativamente estable a lo largo del siglo (un promedio de 3,35/año), aunque con una ligera tendencia al descenso, tal como se puede apreciar en la Figura 1. Destacan siete años sin alistamiento alguno (1906, 1907, 1928, 1978, 1981, 1983 y 1985), que contrastan con los nueve mozos alistados en 1965, los ocho de 1902, y los siete de 1918 y 1959.

Figura 1. Evolución del número de mozos alistados en Parderrubias

En la primera década del siglo XX, los mozos eran reclutados con 20 años, a partir de 1911 lo hacen a los 21, volviendo a ser llamados a filas con 20 años de edad en el año 1972, rebajándose, finalmente, la citación a los 19 años en 1980.

En los primeros años era el cura que regentaba la Parroquia, quien certificaba a partir del Libro de Bautizados la relación de mozos incluidos en cada reemplazo. Así, a modo de ejemplo, la Alcaldía de A Merca solicita a don Paulino Agromayor que certifique los mozos nacidos en el año 1881, pertenecientes al reemplazo de 1901:

Sr. Cura Párroco de Parderrubias. En cumplimiento de lo prevenido en el artículo 26 del Reglamento para la ejecución de la ley de Reclutamiento vigente, ruego a Ud. se sirva remitir a esta Alcaldía una relación certificada de todos los mozos que en la parroquia de su digno cargo han nacido durante el año 1881 y no le consta que hayan fallecido, expresando además de sus nombres y apellidos, los de sus padres y fecha de nacimiento, sin prejuicio de que el domingo primero de enero próximo, a las diez de la mañana, concurra Ud. u otro eclesiástico que designe a esta Consistorial para formar el alistamiento. Merca, diciembre 8 de 1899”.

Certificado de mozos nacidos en 1881 emitido por don Paulino Agromayor en el año 1899

El 25 de diciembre de 1899, el Párroco certifica que en ese año 1881 habían nacido en la Parroquia de Parderrubias siete mozos: dos en Solveira, dos en A Nugueira, uno en Bouzas, uno en A Iglesia (Manuel Casas Pérez) y otro en Barrio (José Martínez Iglesias). En esa época, Solveira, Bouzas y A Nugueira pertenecían a la Parroquia de Parderrubias, pero recordemos que los datos de este artículo pertenecen a los lugares que en la actualidad conforman la Parroquia. En 1902 el cura don Benito Garrido realiza el mismo trámite.

Certificado de mozos nacidos en 1882 emitido por don Benito Garrido en el año 1902

En el Ayuntamiento, los mozos eran tallados y registrados, momento en el que muchos de ellos alegaban variopintas razones para evitar el servicio militar, tal como veremos más adelante. Estos son ejemplos de registros de quintas de los primeros años del siglo XX:

[…] hijo de […] y de […] talla un metro seiscientos diez milímetros. Alegó que es corto de vista. Reconocido, resultó útil condicional. El Ayuntamiento le declaró soldado”.

[…] hijo de […], talla un metro seiscientos diez milímetros. Reconocido resultó útil. Alegó que es hijo único de madre célibe y pobre a la que mantiene. El Ayuntamiento le declaró pendiente de justificación. Y habiéndola suministrado en expediente instruido al efecto, el Ayuntamiento le declaró soldado condicional”.

[…] hijo de […] y de […], talla un metro quinientos ochenta milímetros. Dijo no tiene excepción. Reconocido, resultó útil. El Ayuntamiento le declaró soldado”.

Una característica física fundamental, tenida en cuenta en el momento del alistamiento, era la estatura, estando establecido un mínimo para La incorporación a filas. En las primeras décadas del siglo, la talla mínima exigida para incorporarse al Ejército era de 1,55 metros. La Figura 2 muestra la evolución ascendente de la estatura de los mozos reclutados en Parderrubias a lo largo del siglo XX, siendo el promedio de 1,65 metros; se pasó de 1,60 metros en el año 1900 a 1,79 en 1990.

Figura 2. Evolución de la estatura de los mozos alistados en Parderrubias

Análisis del reclutamiento por décadas

A continuación realizaremos un análisis más pormenorizado por décadas, contextualizando, en la medida de lo posible, el momento histórico, y examinando las peculiaridades de los alistamientos en ese periodo.

1900-1910

En el período 1900-1910 fueron alistados 35 mozos, de los cuales cuatro fueron excluidos, siendo la causa principal, no alcanzar 1,55 metros estatura. Dos fueron calificados como prófugos. Las alegaciones presentadas por los que serían etiquetados como soldados condicionales fueron ser hijo único de viuda pobre, ser hijo único de madre célibe pobre, ser hijo de sexagenario, ser hijo de padres pobres e impedidos, tener un hermano cumpliendo el servicio militar en ese momento y ser corto de vista. No siempre las alegaciones fructificaban:

[…] hijo de […] y de […], talla un metro quinientos ochenta milímetros. Alegó que es hijo único de padre pobre e impedido para el trabajo al que mantiene. Reconocido el mozo, resultó útil. El Ayuntamiento le declaró pendiente de justificación. Y no habiendo solicitado la instrucción de expediente justificativo, el Ayuntamiento le declara soldado”.

Acta de Clasificación y Declaración de Soldados del año 1907
1911-1920

Este período coincide con la Guerra de África, por lo que los mozos de los reemplazos de estos años vivieron con la angustia de ser destinados a tierras africanas, aunque no nos consta que ninguno estuviese en el frente. En esta década fueron alistados 34 mozos, de los cuales seis fueron excluidos por baja estatura, epilepsia, falta de un miembro superior y sordera. Trece fueron calificados como prófugos, algunos de ellos residentes en Cuba; sin duda, la Guerra tuvo que ver con que un 38% de los jóvenes no se presentasen al alistamiento. Entre las alegaciones expuestas por los mozos tallados encontramos ser hijo único de viuda pobre y ser hijo de sexagenario pobre.

Alistamiento de 1912 con resultado de exclusión
1921-1930

Hasta el año 1927 estuvo activa la Guerra de África, por lo que los mozos de los reemplazos de los años 1921 a 1926 todavía convivieron con la ansiedad de la Guerra. En este periodo se alistaron 27 jóvenes, de los cuales cinco fueron excluidos por diversas causas físicas. Siete serían declarados como prófugos. Un único mozo presentó alegaciones, señalando que el padre era sexagenario y que su hermano mayor padecía una discapacidad.

Alistamiento de 1922 con resultado de soldado útil
1931-1940

En los reemplazos de 1931 a 1940 fueron alistados 38 mozos. Ninguno de ellos fue excluido por razón alguna. Tres no se presentaron a la cita y fueron catalogados como prófugos. Este periodo fue el más dramático de la historia reciente de España como consecuencia de la Guerra Civil, movilizándose en actividades bélicas –en los frentes o en la retaguardia- los reemplazos de 1931 a 1939, ambos incluidos. En Parderrubias, por orden cronológico y alfabético, esta situación afectó a los siguientes mozos: Abelardo González Outumuro, Manuel Fernández Rego, Evencio Fernández Outumuro, José Fernández Pérez, Emilio González Outumuro, Jesús Grande Seara, José Pérez Outumuro, Higinio Grande Garrido, Modesto Grande Álvarez, Jesús Fernández Fernández, Manuel Fernández Sueiro, Manuel María Martínez Gulín, Fernando Pérez Outumuro, Celso Seara Garrido, Eladio Garrido Garrido, José Justo Sampedro, Celso Casanova Casanova, Manuel Garrido Garrido, Isolino Grande Garrido, Carlos Lorenzo Insula, Gumersindo Outumuro Martínez, José Seara Garrido, Felisindo Grande Seara, Adolfo Justo Sampedro, Manuel Martínez Teixeira, Manuel Outumuro Seara, Benigno Seara, Manuel Lorenzo Insula, José Outumuro Martínez, Adolfo Outumuro Outumuro, Benito Pérez Outumuro, Manuel Sampedro Seara, Manuel Seara Garrido, José Atrio Lorenzo, Adelino Casanova Casanova, Modesto Garrido Fernández, José Lorenzo Rodríguez y José Seara Casas. Los cuatro mozos que alegaron pertenecer a familias pobres, y que por tanto necesitaban de su presencia como fuente de mantenimiento del hogar, fueron igualmente enviados a filas.

Alistamiento de 1932 con resultado de soldado útil
1941-1950

En la década de los cuarenta fueron alistados 37 mozos, de los cuales solo uno es excluido por una deficiencia visual y otro es declarado prófugo. Entre las alegaciones que conducen a una prórroga de primera clase encontramos ser hijo de madre pobre y padre ausente, ser hijo de sexagenario pobre al que se necesita mantener y ser hijo de viuda pobre. Aunque ya en el año 1938, el mozo Felisindo Grande Seara había disfrutado de prórroga por estudios, será en esta década cuando la condición de estudiante se convierta en alegación habitual para aprovecharse de una prórroga de segunda clase. Concretamente, tres mozos disfrutaron de prórrogas por estudios.

Alistamiento de 1947 con resultado de prórroga de segunda clase por estudios
1951-1960

En el periodo 1951-1960 fueron alistados 37 mozos de Parderrubias. Solo uno de ellos es excluido por defecto físico y cinco declarados prófugos, aunque uno de ellos se comprueba que había fallecido al poco tiempo de nacer. Esta década destaca por el número de mozos que disfrutan de prórrogas por estudios en el Seminario, en concreto nueve. Entre las alegaciones que no surtieron efecto para ser declarado excluido encontramos ser hijo de padre impedido pobre y tener pies planos.

Alistamiento de 1953 con resultado de soldado útil
1961-1970

En la década de los sesenta, el hecho más llamativo es el significativo incremento en el número de mozos alistados, alcanzándose la cifra de 53, siendo la cota más alta de todos los periodos analizados. Son los prodigiosos años sesenta que ya analizamos en otro artículo. La segunda cuestión que llama la atención es el número de mozos que fueron registrados como prófugos por el hecho de ser emigrantes; en concreto, siete de los citados residían en Francia, tres en Alemania, tres en Argentina, dos en Brasil, dos en Venezuela, uno en Suiza, uno en Guipúzcoa, uno en Bilbao y otro en Barcelona. Como ya ocurriera en la década anterior, sigue habiendo mozos que disfrutan de prórrogas por estudios (concretamente, cinco). A estos se unieron los que tuvieron prórrogas de primera por ser hijo de viuda pobre, hijo de padre sexagenario pobre e hijo de madre célibe pobre.

Alistamiento de 1962 con resultado de soldado útil
1971-1980

En la década de los setenta son alistados 29 mozos. Siguiendo la tónica de la década anterior, nos encontramos con siete mozos en la emigración: tres en Alemania, uno en Francia, uno en Brasil, uno en Guipúzcoa y uno en Bilbao. Será en el año 1975 cuando se documenta el primer soldado que realiza milicias universitarias, que eran una modalidad opcional de prestar el servicio militar obligatorio para los estudiantes o titulados universitarios, en los que se adquiría el Grado de Suboficial u Oficial. En este periodo serán seis los mozos que disfruten de prórrogas por estudios.

Papeleta de citación de 1975
1981-1990

Este último período examinado es la época de la objeción de conciencia y del proceso irreversible hacia la desaparición del servicio militar obligatorio. En esta década se alistaron 15 mozos de Parderrubias, de los cuales más de la mitad disfrutaron de prórrogas de segunda clase por estudios. Aparece también la figura del excedente de cupo, a quien el sorteo libraba de incorporarse a filas. Alguno de los mozos de Parderrubias alistados llegó a disfrutar de este beneficio.

Alistamiento de 1986 con resultado de prórroga de segunda clase por estudios
Comunicación de prórroga de segunda clase por estudios de 1988

En definitiva, durante los años en los que el alistamiento de mozos se hizo en el Ayuntamiento de A Merca, el número de jóvenes alistados de Parderrubias fue decreciendo progresivamente con el paso de las décadas (eso sí, de manera inversamente proporcional a su estatura). Las causas de las prórrogas solicitadas –que en ocasiones resultaban en la exención del servicio militar- fueron evolucionando con el transcurrir del siglo, y esta evolución se podría sintetizar en el paso de la pobreza como principal causa de principios del siglo XX a la realización de Estudios Superiores en las últimas décadas del siglo. El paso del tiempo dejó en el olvido a los quintos, a los reclutas, al cuartelero, al maestro armero, al furriel, a los imaginarias, al chusquero, a las dianas y a las retretas…, a la “verde” (hasta los años sesenta) y a la “blanca” (después de los años sesenta).

Cartilla Militar de los años ochenta, coloquialmente conocida como “la blanca”

Nota. El autor agradece a Víctor Fortes toda su ayuda en forma de facilidades dadas para acceder al Archivo Municipal de A Merca y de este modo poder elaborar este artículo.

HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

Por Juan Carlos Sierra Freire y Lucía Garrido

Hermanos Garrido, de Parderrubias, artistas tan excelentes cuanto ignorados, que en estatutaria compiten dignamente, noblemente, con los mejores de Barcelona y de Valencia. Tanto puede el arte cristiano, en que los Garrido brillan, imprimiendo en la madera ese quid divinum que caracterizó a los artistas religiosos medievales” (C. C., 1911).

En el primer tercio del siglo XX, la práctica totalidad de vecinos de Parderrubias se dedicaba a las actividades agrícolas y ganaderas. Es en esa época en la que nos encontramos a una familia para la que estos quehaceres pasaron a ser algo secundario. En toda la comarca eran muy conocidos los negocios familiares y la actividad industrial de los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias): aserradero, molinera, ultramarinos y, sobre todo, los talleres de escultura religiosa. Los Hermanos Garrido disfrutaban de gran estima en toda la comarca, siendo considerada una familia influyente de la época.

Los que con el tiempo pasaron a ser conocidos como “Os Escultores” de Parderrubias eran los hijos de Celedonio Garrido y Jacinta González: José (1881-1965), Eliseo (1884-1972), Manuel (1889-1977) y Modesto (1892-1964). Además de estos, Celedonio y Jacinta tuvieron dos hijos más: Encarnación (1876-1918), fallecida a la edad de 42 años a consecuencia de la pandemia de 1918; y Marcelino (1877-1904), fallecido con solo 27 años, debido a las secuelas de un accidente talando un árbol. Se trataba de una familia de labradores de O Outeiro en la que, en sus principios, el padre y el hijo mayor José iban a las siegas a Castilla para complementar los ingresos que les daban las tierras y los trabajos artesanales en madera (Piñeiro, 2018). Celedonio había puesto en funcionamiento en O Outeiro un taller de ebanistería que con el tiempo evolucionaría a uno de imaginería y escultura religiosa. Este taller, en el que todos los hermanos se especializan en el arte de la imaginería, constituye el embrión de las dos marcas comerciales que llevan el sello de “Os Escultores”: José Garrido y Hermanos (José, Manuel y Modesto), y Eliseo Garrido e Hijos (Eliseo).

Artes Católicas José Garrido y Hermanos

José, Manuel y Modesto abren negocios en A Manchica –en aquel momento, pertenecía a la Parroquia de Parderrubias-, lugar al que pasa a vivir Modesto una vez casado. José y Manuel permanecen solteros y viven en A Carretera (Parderrubias). En A Manchica ubican sus afamados talleres de imaginería religiosa Artes Católicas José Garrido y Hermanos, que según Piñeiro pasaría a constituirse legalmente como Sociedad en el año 1924, con un capital de 25.000 pesetas. José y Manuel habían ido a formarse a Barcelona en arte religioso, y es aquí en donde también Manuel entra en contacto con técnicas fotográficas punteras en esa época, convirtiéndose de este modo la fotografía en una de sus aficiones más importantes. Al lado del taller de escultura religiosa, levantan un aserradero, conocido como La Industrial, y una molinera. El aserradero sería inaugurado en el año 1925 con un evento social amenizado por el grupo de gaiteros Os Maravillas de Cartelle, en el que tocaba Aurea, la que hoy está considerada primera mujer gallega gaitera. A este aserradero se le unirían otros dos: uno en Outumuro y otro en Celanova.

En esos años era algo habitual encontrarse en el diario La Zarpa este anuncio publicitario:

La Industrial: fábrica de aserrar y labrar maderas. Talleres de construcción José Garrido y Hermanos. Parderrubias”.

En A Carretera, los Hermanos Garrido construyen una lujosa casa solariega, que incluye hasta una capilla. Este edificio se convierte en la vivienda de José y Manuel, y en él instalan una tienda de ultramarinos y ferretería, en la que se llegó a vender hasta penicilina, pues Manuel poseía algunos conocimientos médicos. Se trataba de una casa tipo indiano, la cual mantiene la estructura en la actualidad, salvo el torreón que ya no existe. Aquí es donde Manuel instala su estudio de fotografía, cuyas técnicas había conocido en su viaje a Barcelona.

Casa de “Os Escultores” en Parderrubias a principios del siglo XX

Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos

Eliseo, después de contraer matrimonio, se separa de sus hermanos y crea en los años veinte su propio taller de imaginería religiosa en Bouzas: Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos. Según una hijuela de 1918, Eliseo hereda de sus difuntos padres tierras en Bouzas y en A Salgueira. Mientras que los talleres de José Garrido y Hermanos no tuvieron continuidad a la muerte de los tres hermanos, el de Eliseo Garrido sí lo hizo con sus hijos Celso y Adolfo. En 1962, Celso emigra a Francia quedándose Adolfo al frente del taller, hasta que cinco años después, una vez retornado de la emigración Celso, ambos hermanos deciden separar sus caminos profesionales. Celso crea la marca Celso Garrido e Hijos, pasando a denominarse Restauraciones Garrido en los años ochenta, marca comercial al frente de la cual se encuentran en la actualidad José Luis y Lucía Garrido (tercera y cuarta generación; véase http://restauracionesgarrido.es/). La firma Taller de Eliseo Garrido e Hijos llevó a cabo multitud trabajos, entre los que destacan el altar mayor y laterales de A Mezquita, altares mayores de Piñor, Taboadela, Baños de Bande, Cabaleiros, Tamallancos, Ramoiños, Arnoia, Cualedro, Olás, Xinzo, retablos mayores de Morgade, Cortegada, Cerreda, Bobadela, Entrimo, Cantoña, retablos laterales de Velle, San Pedro de Bogo, Villarrubín, etc., destacando de manera especial el altar mayor y el lateral construidos para la nueva iglesia de los Padres Franciscanos que se inauguró el día de Corpus del año 1929 en el parque de San Lázaro. Dicho trabajo fue reconocido por el diario La Región, y recibió multitud de felicitaciones, tal como acredita la revista El Eco Franciscano de julio de 1929.

Con motivo del altar construido por esta acreditada firma industrial, para la nueva iglesia de PP. Franciscanos de esta ciudad, fueron muchos y muy merecidos los elogios tributados al señor Garrido, que con esta obra ha demostrado que en sus talleres se producen trabajos de estimable valor artísticos. El crédito de los Talleres de la Sagrada Familia se extiende desde antes de esta fecha por toda la provincia y aún fuera de ella, pues entre otras obras de mérito destacan el altar mayor de la parroquial de Piñor, el de Taboadela, Morgade en Ginzo, Belle, Cortegada de Limia, convento de Padres Franciscanos de Rivadavia, San Pedro de Bojo (Oviedo) y otros que darían para una larga relación. Muy cordialmente felicitamos a don Eliseo Garrido por el elevado grado de perfección a que ha llevado su industria, que honra a nuestra provincia” (La Región, 11 de junio de 1929).

La fotografía que aparece a continuación muestra el plano del retablo de la capilla de Valoiro confeccionado por Eliseo Garrido en el año 1919.

Plano retablo Capilla de Valoiro

Los trabajos en el Taller de la Sagrada Familia, de igual manera que ocurriría en el de José Garrido y Hermanos, comenzaban al amanecer. Rescatamos una anécdota en el quehacer cotidiano del taller, contada por Celso Garrido (hijo de Eliseo), que tiene como protagonistas al abuelo y al bisabuelo de los respectivos autores de este artículo. Paulino Sierra realizaba de manera habitual labores de carpintería para “Os Escultores”. Una mañana, en el Taller de la Sagrada Familia, Paulino y Eliseo Garrido hablaban sobre los coches -probablemente en relación a los primeros vehículos de cuatro ruedas adquiridos por “Os Escultores”-, y en dicha conversación le decía Paulino a Eliseo: “chegará un día no que os coches serán baratos e todos poderán mercalos (llegará un día en que los coches serán baratos y todo el mundo podrá comprarlos)”.

Eliseo era un hombre tranquilo, inteligente, que supo hacer de la adversidad virtud y levantarse de cada caída. Un ejemplo de su forma de ser es la respuesta dada a un debate que tuvieron sus hijos Celso y Adolfo acerca del tipo de trabajos que debían hacerse en el taller, planteándose que los trabajos baratos no debían atenderse. La respuesta de Eliseo fue así de contundente: “Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) un traballo por poucos cuartos que deixe sempre hai que atendelo (Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) (un trabajo por poco dinero que deje siempre hay que hacerlo)”.

Trabajos de imaginería religiosa

Los trabajos de imaginería religiosa de “Os Escultores” pronto son reconocidos en toda la provincia ourensana y fuera de ella, tal como se puede leer en el diario El Progreso de Lugo, del 10 de agosto de 1915, haciéndose eco de la exposición, en uno de los escaparates de la Casa Bravo, sita en la calle Príncipe de Vigo, de un magnífico retablo representando los Sagrados Corazones de Jesús y María, procedente de…

“…los grandes talleres de escultura religiosa José Garrido y Hermanos, situados en Parderrubias, pueblecillo cercano a Orense”.

En el recién aparecido diario La Región era usual encontrar en 1910, casi a diario, el siguiente anuncio:

José Garrido y Hermanos (Orense) Parderrubias. Esta casa cuenta con todos los adelantos modernos para la construcción de Imágenes en madera y cartón-madera, Altares, Doseles, Púlpitos, Monumentos para Semana Santa, y todo lo concerniente al culto católico. También se encarga de la restauración y pintura de Imágenes y Altares, por deteriorados y antiguos que sean, ejecutando estos trabajos en nuestros talleres o a domicilio. Se remiten gratis, dibujos, catálogos, fotografías y cuantos datos necesiten los señores que deseen honrarnos con sus encargos, para lo cual dirigirán su correspondencia a JOSE GARRIDO Y HERMANOS (Orense), Parderrubias” (La Región, 19 de agosto de 1910).

Así describía el corresponsal de La Región en Celanova la majestuosa imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que procesionó el 26 de noviembre de 1911 en la parroquia de San Salvador de Redemuiños, obra creada en los Talleres Hermanos Garrido:

De filigrana se puede calificar la hermosa estatua que, sostenida por cuatro ángeles, ostentadores del Cáliz, de la Cruz, de las Espigas, etc., mide la altura de un metro setenta centímetros, y cuya decoración, severamente armonizada, la llena de vida, hasta el punto de figurarse la mente a nuestro Redentor, marchando con paso lento y solemne por entre la muchedumbre y mostrando su corazón lleno de misericordia“.

O Tío Marcos d’a Portela, primera publicación periódica monolingüe en gallego, que había sido fundada por Valentín Lamas Carvajal en 1876, y recuperada entre 1917 y 1919, incluía la siguiente cuña publicitaria:

ARTES CATÓLICAS. Grandes Talleres d’Escultura Relixiosa, Artística, Talla, Pintura e Dourado. Costrución e reparación de toda crás de imáxenes en madeira e Pasta-madeira, Retablos, Doseles, Púlpitos e Tabernáculos. Variado sortido em Vía-Crucis de Pasta-madeira, de diferentes tamaños, crases e estilos. XOSÉ GARRIDO E HIRMAUS. Parderrubias (Ourense). Sucursal e depósito en Ourense DON VALENTÍN CID. Paz, núm. 2”.

En el año 1929 encontramos en el diario La Región una cuña publicitaria de la marca Eliseo Garrido:

Taller de la Sagrada Familia. Eliseo Garrido. Parderrubias (Orense). Escultura, talla, pintura y dorado. Retablos, doseles y todo lo concerniente al culto católico” (La Región, 12 de junio de 1929).

Cuña publicitaria del Taller de la Sagrada Familia. La Región, 12 de diciembre de 1931

El día de Corpus del año 1914, La Región dedica un especial a algunos de los comercios y negocios más influyentes de la época en Ourense: Laboratorio Vidal, Gran Hotel Miño, Gran Bazar Andrés Perille, Dentista García del Villar, Almacén de Tejidos Celso Ferro, Máquinas Singer, Droguería Pinal-Yebra-Aperribay, Hotel Cataluña, Gran Garaje Cimadevila, Balneario de Molgas, Relojería Manuel Barbosa, Bazar Avelino Cimadevila, Comercio La Pal y… a los Hermanos Garrido de Parderrubias. El reportaje dedicado a estos últimos, ilustrado con una bellísima escultura religiosa, relataba:

En Parderrubias, un pueblecillo cercano a Orense, están emplazados los talleres de escultura religiosa de los señores Garrido. Quizás en otro pueblo que no fuera el nuestro, los trabajos hermosos, concienzudos y acabados que se ejecutan en estos talleres, serían admirados y ponderados cual en justicia merecen serlo y aún arrancarían la supremacía a otras casas que se dedican a la misma industria. El grabado que publicamos, dice mucho mejor de lo que  nosotros podemos hacerlo, lo notable de la labor de los señores Garrido y ratifica nuestras anteriores manifestaciones. En la construcción de altares hacen primores también en esta casa. Sus imágenes talladas en madera y cartón-madera en forma tan admirable; de una perfección en las líneas y en los menores detalles tan marcada; de un dibujo y naturalidad asombrosa, son exportadas en gran número y pueden verse en muchas, en casi todas las iglesias de esta provincia. Y esta casa, más pronto o más tarde, tendrá que imponerse a las demás similares, porque así lo demandan sus trabajos no superados por los fabricantes del artículo a que nos referimos, que hoy privan en España” (La Región, 11 de junio de 1914).

No les faltaron competencias desleales o quienes les suplantaban en sus obras artísticas. Así, en agosto de 1922, se ven en la necesidad de publicar en la prensa escrita el siguiente anuncio:

Falsa propaganda. Desmintiendo la falsa noticia propagada solapadamente por ciertas personas que con fines lucrativos pretendieron hacer ver que no se seguía trabajando en los TALLERES DE ESCULTURA RELIGIOSA de Parderrubias, JOSE GARRIDO Y HERMANOS participan a su numerosa clientela que en sus talleres recientemente ensanchados y dotados de maquinaria moderna, se trabaja en mayor escala que anteriormente, lo que permite servir en inmejorables condiciones y a precios sin competencia toda clase de imágenes, retablos, restauraciones y todo lo que concierne al culto divino. Fábrica de aserrar maderas y molinera-Talleres de construcción. Grandes existencias de maderas de todas clases. MADERAS MACHEMBRADAS. Servicio de transportes de maderas a domicilio. Se vende gran partida de leña (desperdicios). JOSE GARRIDO Y HERMANOS. Parderrubias (Orense) (La Región, 19 de agosto de 1922).

En marzo de 1923 el Gerente de la razón social José Garrido Hermanos de Parderrubias hacía publica una nota de prensa en la que se informaba que las obras construidas en sus talleres de escultura religiosa se distinguen por una placa de bronce con la marca registrada “Artes Católicas”, de manera que las que no lleven esa placa no son legítimas de sus talleres. Hacía esta advertencia para que su clientela no se dejase engañar con ofrecimientos de otros artistas que con el fin de acreditarse utilizaban el mismo título.

Obras de “Os Escultores” en la Iglesia de Santa Mariña de Augas Santas

La producción artística de los talleres fue en aumento y sus esculturas de Sagrados Corazones, Vírgenes y Santos se hicieron hueco en multitud de iglesias y altares de la provincia. El éxito comercial y la fama de sus trabajos de imaginería no fueron impedimento para que “Os Escultores” llevaran a cabo obras sociales, en ocasiones en forma de donaciones. El Jueves Santo de 1936, estando muy próximo el inicio de la Guerra Civil, la iglesia parroquial de Barbadás fue incendiada por un grupo de insurrectos. Su reconstrucción duró más de un año y costó 10.600 pesetas. Los Hermanos Garrido contribuyeron a dicha obra donando una imagen del patrono San Juan Bautista.

Precios de imágenes en madera en 1916

Relevancia social

El prestigio y la relevancia de “Os Escultores” alcanzaron altas cotas en la sociedad de aquella época. En mayo de 1913 tienen lugar las fiestas Constantinianas en todo el mundo católico con el fin de celebrar la Paz de la Iglesia, conmemorando el decimosexto centenario del Edicto de Milán del año 313, por el que el Emperador Constantino reconoce a los cristianos la libertad de culto. En Ourense, durante las celebraciones, se iluminó la Catedral y en una de las torres se colocó una gran cruz iluminada. Con el objeto de ganar el Jubileo Constantiniano por dicha conmemoración, un grupo selecto de personas de la provincia ourensana viaja a Roma como peregrinos bajo la tutela del Obispo de la Diócesis, don Eustaquio Ilundain. Entre estas personas se encontraban el Rector del Seminario, un Canónigo de la Catedral, algunos párrocos y Manuel Garrido, uno de “Os Escultores”. El viaje en tren les llevó por Oviedo, Zaragoza, Barcelona, Marsella, Génova y, finalmente, Roma, en donde permanecieron desde el 7 al 13 de mayo hospedados en el hotel Babaria, aunque lamentablemente no pudieron ser recibidos en audiencia por su Santidad Pío X, debido a su estado de convalecencia. En Marsella tuvieron oportunidad de visitar el Santuario de Notre-Dame de la Garde, haciendo uso para la ascensión del Ferrocarril de Cremallera. A su regreso pasaron por Lourdes.

José, el hermano mayor, fue elegido Alcalde de A Merca en el año 1926, tomando posesión el 24 de abril. Tenía 45 años. Estando vigente el Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera, una nueva corporación formada por jóvenes, que nunca se habían dedicado a la política, accede al Ayuntamiento de A Merca con ansias de acabar con la vieja política caciquil. La crónica de La Región informaba que:

Todos ellos nuevos dos veces, nuevos porque nunca han figurado en política y nuevos porque todos son jóvenes y además, ganosos de tirar con los moldes de la vieja rutina. Unido a esto como alcalde la prestigiosa persona de D. José Garrido, dio por resultado una corporación que ni soñada” (La Región, 1 de mayo de 1926).

El carácter personal de José Garrido y su discreción quedan reflejados en la carta que vecinos suyos firman en La Región el día en que toma posesión como Alcalde de A Merca:

La  prohibición del Sr. Garrido nos priva del placer de homenajearlo cual era nuestro deseo, pero su modestia personal no le permite aceptar acto de ostentación alguna” (La Región, 1 de mayo de 1926).

Estas mismas características personales ya habían sido empleadas en 1915 por S. Súarez López, cura de San Vitoiro da Mezquita, para describir a los Garrido:

Tan sencillos como modestos, los hermanos Garrido huyen de todo ruido, convencidos de que todo el mérito positivo no necesita que se le anuncie con encomios, como no lo necesita la belleza para atraer las miradas de todos: le basta con presentarse“.

El 6 de enero de 1927 se lleva a cabo la bendición y colocación de la primera piedra de la nueva escuela de Parderrubias, estando presidido el acto por el Alcalde de A Merca, don José Garrido González, acompañado de concejales, sacerdotes, maestros y un numerosísimo público. La obra sería ejecutada por José Garrido y Hermanos. Diecinueve meses después, el 12 de agosto de 1928, se lleva a cabo el solemne acto de inauguración oficial del edificio. La ceremonia fue presidida por el Gobernador Civil, don Vicente Rodríguez Carril; el Inspector de Primera Enseñanza, señor Maceda; y el Jefe Provincial de Unión Patriótica, señor Salgado Biempica. Además, se encontraban el Alcalde de A Merca, señor Garrido, su Corporación, el maestro nacional, el párroco y resto de autoridades locales. La obra había sido sufragada por el presupuesto municipal y la suscripción de los vecinos de la Parroquia de Parderrubias (La Zarpa, 14 de agosto de 1928).

La inauguración del nuevo pabellón escolar formaba parte del programa de fiestas en honor a la Virgen de Lourdes que organizaron los Hermanos Garrido los días 11 y 12 de agosto de ese año 1927, fecha en la que inauguraron un oratorio en su domicilio de Parderrubias. Tal como recoge el diario La Región de esas fechas, el sábado 11 de agosto a las doce del mediodía un repique general de campanas y el disparo de una nutrida salva de bombas anunciaba el comienzo de los festejos. A las ocho de la tarde, tenía lugar la novena a la Santísima Virgen y acto seguido se cantaron solemnes vísperas en su honor. Desde las nueve y media hasta las doce de la noche se celebró una gran verbena en el campo de la fiesta, amenizada por una banda de música, bajo una sorprendente iluminación. Al día siguiente, domingo 12 de agosto, a las cinco de la madrugada, una salva de bombas anunciaba la reanudación de los festejos y la banda de música recorrió las calles de los pueblos tocando dianas y alboradas. A las siete hubo misa parroquial y novena. A las nueve y media, tuvo lugar la bendición del oratorio en el domicilio de los hermanos Garrido, y acto seguido se celebró en el mismo la primera misa, cantada. A las diez y media se procesionó a la Virgen María desde el oratorio a la iglesia parroquial, en donde se celebró una solemne misa cantada a toda orquesta. Por la tarde, a las cuatro y media, se llevó a cabo una ceremoniosa bendición de la Bandera del Sindicato Católico Agrícola de Parderrubias, y ya a las cinco, con la asistencia del Excelentísimo Señor Gobernador Civil se inauguraba la escuela. A las seis comenzaron los bailes populares amenizados por la banda de música hasta el anochecer, cuando una salva de bombas ponía fin a los festejos.

La notabilidad de la familia Garrido queda patente en una fotografía publicada en la revista Vida Gallega del 20 de noviembre de 1923 (véase más abajo), en la que Modesto (de pie, segundo por la izquierda) y José (sentado en el centro) aparecen posando con sus sobrinas junto a los Oficiales del Batallón de Cazadores de Ourense, que estaba realizando en esos días maniobras militares en Parderrubias. En esa misma fotografía también podemos observar, sentado a la derecha, al cura don Adolfo Outumuro, pocos meses antes de su fallecimiento. En 1929, José y Manuel, junto al cura don Castor Gayo (fotografía que aparece al principio del artículo) viajan a la Exposición Internacional de Barcelona. Manuel y José ingresarían en el Somatén de la Octava Región, Auxiliaría de Allariz, durante la primera quincena del mes de enero de 1929.

“Os Escultores” de Parderrubias fueron los que adquirieron el primer vehículo de cuatro ruedas en el pueblo. También fueron los primeros en poseer dos camionetas para el negocio del aserradero. El 25 de octubre de 1921, un devastador incendio que asoló un edificio en O Posío acababa con la vida de un matrimonio y su hija. En los bajos había un taller de pintura propiedad del infortunado y un garaje, en el que se guardaban tres camiones Peugeot, que quedaron completamente carbonizados; uno de esos camiones era de los Hermanos Garrido. El incendio había sido provocado por una negligencia de un chófer al llenar de gasolina el depósito de uno de los camiones, dejando que esta se derramase y alcanzase un farol de aceite. Aparte de la pérdida de vidas humanas, los daños superaron las cien mil pesetas de la época.

Manuel era un apasionado de la fotografía (varias de las fotografías que ilustran este artículo son de su autoría), lo que se puede interpretar como un gran hito en aquella sociedad rural de la época. Tal como relata Piñeiro, en 1911 adquiría los primeros frascos de revelador y sobres de papel de citrato de 13 por 18 en la droguería Sanchón de Vigo. Durante los años veinte se encargó de fotografiar a vivos y muertos de toda la comarca, llegando a acumular cientos de fotografías que hoy constituyen un documento visual valiosísimo que permite conocer y profundizar en la sociedad de principios del siglo XX en toda nuestra comarca. Una de sus fotografías más impactantes corresponde a un entierro celebrado en la iglesia parroquial de Parderrubias, excelentemente inmortalizado por a cámara de Manuel. Pudiera tratarse del entierro de don Adolfo Outumuro.

Entierro en la iglesia parroquial de Parderrubias retratado por Manuel Garrido

En palabras de Piñeiro, Manuel retrató a “ricos y pobres, a burgueses prepotentes que inmortalizaban sus pretendidas riquezas personales y su egocentrismo, y a humildes labriegos que veían en la fotografía el arte de la transformación temporal, superando por momentos, sus particulares miserias… Niños y viejos, vivos y muertos, entierros y romerías y algún que otro pionero, que orgulloso mostraba al mundo su modernidad adquirida, eran los motivos etnográficos que el joven Manuel Garrido iba plasmando en su cámara oscura“.

El nombre de Hermanos Garrido llega a aparecer en la obra “Mitteleuropa” de Vicente Risco, en la que el gran literato gallego relata sus impresiones acerca del viaje que realiza a Berlín:

Cadra xa en Wilmesdorf, e para ir, cómpre atravesar a Kurfürstendamm e coller logo por Olivaer Platz e Parisestrasse. É unha igrexa nova dun oxival que farían os irmáns Garrido de Parderrubias, se como son carpinteiros e escultores, fosen canteiros e arquitectos, posta no medio dun lindo xardinciño”.

Los eventos sociales en la casa de “Os Escultores” saltaban a las páginas de los periódicos locales de la época:

El domingo se celebró en la casa solariega de los señor de Garrido, en Parderrubias, la fiesta de la patrona de la casa, la Virgen de Lourdes. Hubo misa solemne en el oratorio en la que interpretó música de Perosi la Banda de Las Pías, que dirige el competente joven don Aurelio Nieto. Luego se sirvió una suculenta comida a cerca de cien invitados. Por la tarde hubo fiesta popular en los patios de la fábrica de escultura de los Garrido” (La Región, 30 de julio de 1933).

En definitiva, los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias) fueron una familia emprendedora de la época, que colocaron el nombre de Parderrubias en la sociedad de principios del siglo XX, a través de su actividad industrial, política y social. A pesar de que los talleres de imaginería religiosa José Garrido y Hermanos enmudecieron hace ya muchas décadas, su obra perdura con el paso del tiempo, pudiendo todavía hoy ser contemplada, como es el caso del Viacrucis que cuelga de las paredes de la iglesia parroquial de Parderrubias. La tradición prosigue actualmente con Restauraciones Garrido, que dio continuidad a una de las dos sagas: la de Eliseo Garrido.

Firmas de los cuatro hermanos Garrido

Referencias

Piñeiro, A. (2018). Cazadores de almas. Tres fotógrafos das terras de Celanova. Raigame, 42, 60-67.

Nota. Los autores agradecen a Antonio Piñeiro permitirnos hacer uso de su documento no publicado “Manuel Garrido: un imaxineiro que dominou a arte da fotografía”, y a Xulio Outumuro el hacerlo llegar a nuestras manos.

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

El fin de la Guerra Civil, en un país completamente devastado y arruinado, dio paso a un periodo de dos décadas caracterizado por enormes carencias y necesidades en la sociedad española. La autarquía económica y el intervencionismo del Estado, unido al aislacionismo internacional al que fue sometido el Régimen, dieron como resultado que se acrecentase la miseria y el atraso que había dejado la Guerra. A todo ello se añadió un severo control político e ideológico de la sociedad que reprimía cualquier crítica u oposición al sistema.

La desastrosa política agraria, unida a terribles sequías, como la del año 1946, condujo al racionamiento de alimentos básicos, situación que estuvo vigente hasta el año 1952, lo que dio lugar a un intenso mercado negro: el estraperlo. Se trataba de un comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa, que se extendió como reguero de pólvora por todo el país.

España no comenzó a levantar cabeza hasta finales de los años cincuenta, por lo que no es exagerado hablar de una posguerra de dos décadas (1940-1959), periodo en el que centra su interés este artículo, entendiendo que la década con mayores índices de miseria fue la de los años cuarenta.

Aunque la miseria y las necesidades estaban presentes en todos los tejidos de la sociedad española, en el ámbito rural, como el caso de Parderrubias, se podía disponer al menos con mayor facilidad de ciertos productos básicos como la leche, el centeno o las patatas. Sin embargo, estos bienes básicos estaban expuestos a las desgracias como fue el caso del incendio originado en agosto de 1940, a las tres de la tarde, en A Aira de Parderrubias, que arrasó 14 medas de centeno valoradas en 45.000 pesetas, perdiendo trece familias del pueblo toda la cosecha de cereales, quedándose en la ruina.

En el año 1940 era nombrado párroco de Parderrubias Don José Rodríguez Barreiros (O Cura Vello), que llevaría las riendas de la Parroquia hasta 1960, comenzando a cimentarse por esas fechas una fuerte vinculación entre Parderrubias y el Seminario, hecho que queda reflejado en dos noticias que recoge la prensa escrita de la época. En primer lugar, la donación de 1.000 pesetas que el párroco Don José entrega en 1948 para su construcción, siendo una de las mayores cantidades publicadas en la prensa. Durante ese año 1948, las Partidas de Bautismo y Matrimonio de la Parroquia incluyeron sellos conmemorativos del Proyecto del Nuevo Seminario con distintos valores. Y, en segundo lugar, en la entrevista que el Rector del Seminario Mayor, don Manuel Gil Atrio, concede a La Región en el año 1954, coincidiendo con el Día del Seminario, en la que éste señala que la parroquia de la provincia que más seminaristas aporta es la de Parderrubias, junto con la de la Santísima Trinidad de Ourense, ambas con trece (La Región, 18 de marzo de 1954). Evidencia de esta buena relación entre la Parroquia de Parderrubias y el Seminario es la visita que las niñas del pueblo realizan al Nuevo Seminario en el año 1951, acompañadas del maestro Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/) y los seminaristas Don Aurelio Grande Fernández (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/30/don-aurelio-grande-fernandez-1930-2001-por-merche-grande-gallego/) y Don Jaime Grande Seara.

1951_Visita Seminario1
Visita de las niñas de Parderrubias al Nuevo Seminario en el año 1951

Dado el elevado número de seminaristas en la Parroquia, se hicieron habituales las primeras misas, que suponían actos solemnes y festivos. Así, por ejemplo, en el año 1941 José Aldea escribe sobre una de ellas, la de don Felisindo Grande Seara (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/05/entrada-7-parderrubias-a-principios-de-la-decada-de-los-cuarenta-desde-una-particular-perspectiva/):

…concurren veintitantos sacerdotes, casi todos los de los Ayuntamientos de Barbadanes, La Merca y Cartelle, y algunos otros… Todo el pueblo, toda la parroquia está allí. Es la fiesta mayor de uno de sus hijos más queridos”.

 No se queda atrás, en cuanto a pomposidad, el copioso almuerzo servido a continuación para tal ocasión:

 “Volvemos a la casa de los Garrido un poco tarde. Hay allí tres o cuatro mesas inmensas. En la nuestra, la más grande, están el nuevo presbítero y sus padrinos y los más de los sacerdotes. A mí me toca comer frente al cura de Loiro y al lado de Merino. “Veña a comida, que o pan rabea”. A todos los que estamos allí nos ha dado Dios por lo visto un buen apetito. Pasan las fuentes, incansablemente”.

En la década de los años cuarenta destaca también la figura de Don José Rodríguez Portela (“O Có”), quien obtenía el cargo de maestro de Parderrubias en 1942, dejando su impronta en los niños del pueblo desde ese año hasta 1957, fecha en la que permuta la escuela de Parderrubias con Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/). En ese mismo año 1942, a raíz de lo que se podía leer en el diario La Región del 29 de mayo, la Parroquia se olvidaba de la dura posguerra para centrarse en las fiestas del Corpus:

El día 3 del próximo mes de junio se celebrarán en esta localidad los tradicionales festejos de Corpus, que durarán varios días. Amenizarán los festejos las afamadas bandas de música de Sobrado del Obispo y Souto Penedo, al mando del director don Antonio Valdés. También habrá animadas verbenas. El día cuatro, festividad del Santísimo Christi, se celebrará una misa solemne a toda orquesta en la Iglesia Parroquial con asistencia de las autoridades locales. El Padre don José Sueiro pronunciará un sermón. Este mismo día saldrá la procesión del Corpus que recorrerá las principales calles de la villa. Existe gran animación en todo el pueblo. Durante los festejos se disparará profusión de fuego fijo y volador” (La Región, 29 de mayo de 1942).

Una vez referenciados algunos de los acontecimientos relevantes de esos años, vamos a centrarnos en dos hechos, cuyo análisis realizado a partir de los registros llevados a cabo en los Libros Parroquiales, nos permitirá conocer mejor la realidad de Parderrubias durante la Posguerra: las  bodas celebradas en la Parroquia y los nacimientos.

Desde 1940 a 1959 se celebran 46 bodas en Parderrubias apreciándose una clara tendencia descendiente a lo largo de esos años (véase el Gráfico 1), fenómeno que culminará en las dos décadas más recientes (1996-2015), en las que se contabilizan únicamente 16 bodas en la Parroquia. El promedio de edad de los novios era de 30,85 años, oscilando sus edades entre 23 y 48 años; ellas, las novias, se casaron con un promedio de edad de 26,98 años, fluctuando entre los 19 y 43 años. El 87% de las bodas fueron celebradas por Don José Rodríguez Barreiros (1941-1959), las cuatro de 1940 por Don Juan Estévez Estévez, y dos del año 1949 por el misionero Don Enrique López Rodríguez y Don Felisindo Grande Seara, respectivamente. Tal como se muestra en el Cuadro 1, en el 52% de las bodas uno de los miembros de la pareja no pertenecía a lo que actualmente es la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias (recordemos que en ese momento la Parroquia incluía a Nogueira, Bouzas, Fondodevila y Solveira, cuyos datos relativos a matrimonios y bautizos no están contabilizados en este artículo). Únicamente un 5% de matrimonios tuvo lugar entre personas naturales del mismo núcleo poblacional de la Parroquia, de ellos dos estaban formados por vecinos de A Iglesia, dos por vecinos de Barrio y uno por residentes en O Outeiro. Dado que por tradición la ceremonia religiosa se celebraba -y celebra- en la Parroquia de la novia, todas estas bodas tienen en común el hecho de que la novia era natural de nuestra Parroquia, pudiendo haberse realizado bodas de vecinos de Parderrubias en otras Parroquias, las cuales no están contabilizadas en estos números que aportamos.

Los años de la posguerra en Parderrubias_1
Gráfico 1

Los años de la posguerra en Parderrubias_2
Cuadro 1

En cuanto a los nacimientos, durante el periodo 1940-1959 se produjeron 157 en lo que hoy constituye la Parroquia de Parderrubias. De esos nacimientos, 92 fueron niños (59%) y 65 niñas (41%). Su evolución a lo largo de estas dos décadas refleja también una línea descendente (véase el Gráfico 2). La caída en la tasa de natalidad se produce en realidad en la década de los años 50, en la que tienen lugar únicamente 50 nacimientos, menos de la mitad de los que habían acontecido en la década anterior (107), cifra ésta similar al período previo de los años 30 (108), tal como ya indicamos en otro artículo publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/). La distribución de nacimientos por núcleos poblacionales se puede observar en el Gráfico 3: el 50% de ellos tuvo lugar en O Outeiro y A Iglesia.

Los años de la posguerra en Parderrubias_3
Gráfico 2

Los años de la posguerra en Parderrubias_4
Gráfico 3

Un índice que refleja con toda crudeza las carencias y necesidades vividas durante esos años es la tasa de mortalidad infantil, la cual castigaba mucho más a las zonas rurales debido a la ausencia de servicios médicos especializados. Las causas más importantes eran la alimentaria (diarrea y enteritis), las infecciones y la debilidad congénita. La tasa de mortalidad infantil (fallecidos menores de un año por 1.000 nacidos vivos) se situaba entre 1936 y 1950 en 97,97, muy por encima del resto de países occidentales. En Galicia, entre 1946 y 1950, estaba en 72,20, la sexta más alta de las actuales comunidades autónomas; los coeficientes de Orense oscilaban entre 71,70 y 84,30 (Dopico, 1985). En Parderrubias, durante este período analizado, fallecieron 14 niños, 11 de ellos el mismo año de nacimiento, 2 a los dos años y 1 a los tres años, siendo 1941 el año más trágico, produciendo 5 fallecimientos, todos ellos de recién nacidos. Es decir, el 8,92% de los niños nacidos entre 1940 y 1959 en Parderrubias fallecieron antes de cumplir los 3 años de edad.

En promedio, los nacidos en estas décadas, años 40 y 50, fueron bautizados a los 4 días de nacer. Los nueve bautizos del año 1941 fueron celebrados por Don Juan Estévez Estévez; los restantes 148 (1942-1959) por Don José Rodríguez Barreiros.

De igual manera que cuando abordamos el tema de los Niños de la Guerra (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/), que estas líneas sirvan de tributo a esos 157 niños y niñas nacidos en Parderrubias en una época sumamente difícil y complicada. Sus nombres, por orden cronológico de su nacimiento, son: Antonia, Benigno, José, María Luisa, Aurora, Sergio, Manuel, Hortensia, María, María Teresa-Josefina, Serafín, Abelardo, Cándida, Manuel, Sergio, María de la Concepción, Julio, Manuel, María de la Concepción, José, Manuel, María, José Germán, José Raúl, Alfonso, Manuel, María, José, Juan Bautista, Manuel, Josefa, Alfredo, Ángela, Consuelo, Aurelio, Manuel, Flora, Josefa, María Eulalia, Juan, José, Jesús, Avelino, Virgilio, José, Fernando, Victorina, Filomena, Antonio, Ángela, Isidro, María del Cristal, José, Antonio, María de la Asunción, Isolino, Corona Eulalia, María de la Asunción, Sergio, Martina, José, Manuel, Serafín, José, Florinda, María Luisa, Aurora, José, Fernando, Claudio, Rosa, Manuel, Benito, Alicia, Manuel, Adolfo, José, Isolino, José, Consuelo, Avelina, María del Consuelo, Jaime, Eliseo, Celso, Nicanor, Emilio, Eulalia, Esperanza, María del Carmen, Adolfo, Manuel, Cesáreo, Teresa, Javier, Gonzalo, Josefa, José, Marina, Julita, José Luis, Josefa, Adolfo, María del Carmen, José, María del Carmen, Delmira, María del Carmen, Julia, Encarnación, José Manuel, José, José, Darío, Celso, María, Florinda, Antonio, Manuel, María del Carmen, Guillermo, María José, Amelia, Modesto, Jaime, Genoveva, María Felisa, Serafín, Piedad, Evaristo, Josefa, Manuel, Manuel, Manuela, Rosa, Natalia, Cándida, José Luis, Rosa, José, Eugenio, Enrique, Antonio, José Luis, Manuel, David, Manuel, César, José Manuel, Manuel, Manuel, María Teresa, Aurora, José Luis, María del Rosario, Eladio y Manuela.


Referencias

Dopico, F. (1985). Desarrollo económico y social y mortalidad infantil. Diferencias regionales (1860-1950). Dynamics: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, 5, 381-396.

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Continuando con la línea editorial centrada en los oficios tradicionales de Parderrubias, que hemos iniciado con las tejedoras [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/], Avelino Sierra Fernández nos aproxima en esta ocasión al oficio de carpintero, el cual tuvo y tiene tanto arraigo en nuestra Parroquia. Partiendo de la premisa de que carpintero es el que trabaja la madera, sus diferentes especialidades (ebanistas, armadores, “fragueiros“, “cubeiros“, “chanqueiros“, etc.) requerían habilidades muy diferentes. De forma rigurosa, este artículo hace un recorrido desde el siglo XVIII, época en la que ya se documenta la labor de los carpinteros en nuestro pueblo, hasta la fecha de hoy.

Gracias, Avelino, por acercarnos de manera sobresaliente a la tradición de este oficio en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

 Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


Os carpinteiros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Na historia de Parderrubias, salientan Clérigos e Mestres, algunhos xa tratados neste Blog, que coa súa entrega e xenerosidade deixaron imborrable impronta na formación das xeracións desta parroquia. Houbo tamén outros profesionais, como tecedeiras, tamén tratadas, e costureiras, ferreiros, canteiros, etc., que seguramente algún día serán asimesmo traídos a estas páxinas pola súa senlleira aportación á mellora das condicións de vida dos seus coetáneos. Pero nesta ocasión, queremos ocuparnos dun gremio de artesáns que co seu traballo, moitas veces desinteresado, quizabes foran quen máis contribuíran á mellora-la particular vida material dos veciños ao longo da historia. Referímonos aos  carpinteiros.

Debido á abundancia de madeira en toda a zona, e á súa utilización como un dos primeiros materiais en estado natural para fabrica-los útiles necesarios para o desenrolo humano, que ían dende o berce ata o ataúde, o oficio de carpinteiro era, despois do agrogandeiro e tecedeiro, o máis estendido en toda a municipalidade. No ano 1750, exercían este oficio nas terras que actualmente constitúen o Concello da Merca, 13 artesáns, un deles, polo menos, en Parderrubias. Todos traballaban por un xornal de catro reais ao día a secas, ou dous a mantidas. O seu traballo ía dende tronza-las toradas no monte e saca-las táboas coa serra de aire, ao artellamento de apeiros e trebellos (carros, arados, anciños…), útiles domésticos (arcas, maseiras, cubas…), mobles (escanos, leitos, alacenas…) ou portas, xanelas, armazón dos teitos, etc. Hai que dicir que daquela, as casas eran case todas terreas, é dicir, dunha soa planta, distribuída en espazos adicados a cortes, lareira e leitos,  separados por estacas e táboas, ou raramente con sobrado nunha segunda planta, sobre piso tamén de madeira e tabiques de táboas verticais. As portas e fiestras eran de táboas perpendiculares, con travesas horizontais, xirando por medio de couzóns ou guiceiros,  cerradas con pancas ou pechos e aseguradas con trancas, todo ilo de madeira.

Logo, transcorren tempos escuros na historia de Parderrubias, dos que carecemos de novas sobre esta actividade, ata chegadas épocas posteriores. A comezos do século pasado, foron asentados na Manchica, que entón pertencía a Parderrubias, os serradoiros a vapor, do Baldovino, onde hoxe está a cerámica, e os dos irmáns Manuel, José e Modesto Garrido, un pouco máis abaixo. Esta industrialización da madeira veu a redimir aos serranchíns, da esgotadora tarefa de sacar á man as táboas e pontóns das toradas, valéndose dunha extenuante serra de aire de dous metros e medio de longa, manexada por dous homes. Polas mesmas datas, creáronse tamén na Manchica os obradoiros de imaxinería relixiosa dos propios irmáns Garrido (coñecidos dende entón como Os Escultores), e os de Eliseo Garrido, seu irmán, situados entre A Manchica e Parderrubias. Obradoiros que pola súa relevancia e o seu cuño empresarial, merecen estudo aparte. Da mesma andaina, eran os carpinteiros artesáns, Avelino Martínez na Manchica, Hixinio Grande na Aldea, Manuel Grande no Valdemouro, Felipe Garrido e Paulino Sierra, na Carretera, e Modesto González en Nigueiroá.

O señor Avelino (así era coñecido) traballou durante 25 anos nos obradoiros dos Escultores (1918-1943). Tras independizarse, seguiu adicado á escultura pola súa conta, tallando, modelando, decorando e restaurando arte sacro. Obras súas son, ducias de imaxes, viacrucis, altares e dourados de retábulos de igrexas nas provincias de Ourense e Pontevedra, pero entre as últimas, están a imaxe da Virxe de Lourdes que preside o altar maior da Manchica, así como as 14 estacións do Viacrucis, os confesionarios e outros decorados da mesma igrexa, obras todas elas talladas, pintadas e doadas gratuitamente por el.

O Señor Hixinio estaba considerado como Mestre Carpinteiro entendido en tódalas especialidades e aplicacións da madeira. Un profesional coñecido, recoñecido e apreciado en toda a bisbarra, onde era solicitado para aqueles traballos máis técnicos, de grande envergadura e  maior responsabilidade.

Manuel Grande era o único carpinteiro de Parderrubias adicado a unha soa especialidade de carpintería, a de toneleiro. Experto en armar, pero sobre todo reparar e restaurar todo tipo de cubas, barrís, tonéis, pipotes, etc., acudía solícito a cantas adegas o necesitaran, ben pertrechado das súas especiais ferramentas de cubeiro, como eran as aixolas curvas, cepillos de volta, xabreadores, chazos e martelos alcotana.

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Cónstanos que, xa a mediados do século XVIII, Parderrubias era a parroquia máis vitícola de todo o Concello da Merca. Concretamente, no ano 1752, satisfacía 16 moios de viño á igrexa de Santa Olaia, en concepto de Dezmos, o que supón, polo menos,  unha producción de 23.616 litros anuais. Isto significa que as cubas, únicas presexas de almacenamento do viño para o consumo anual, tiñan que ser usuais en tódalas casas, así que tamén a Manuel Grande precedéronlle outros toneleiros en Parderrubias. Ben é verdade que, dito sexa de paso, inda que o viño abundaba, este non era de grande calidade, tal como certifica Sebastián Miñano no ano 1826 ao afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz vinte anos despois, ratificando que unha das principais produccións de Parderrubias era “vino inferior”.

O tío Paulino, como cariñosamente era coñecido, home creativo e mañoso, traballou tamén durante os seus anos mozos nos obradoiros dos Escultores, pero finalmente adicouse a outras ocupacións industriais, sen deixar de tallar e armar roupeiros, cómodas ou leitos no seu obradoiro particular. El facía, sempre de balde, as maletas de madeira para os mozos de Parderrubias que ían a cumplir o servicio militar.

O tío Felipe era o carpinteiro ebanista máis inxeñoso e habelencioso coñecido en toda a contorna. Home de pouco traballo, pero de senlleira e abraiante realización. De neno, oín dicir del (supoño que sarcásticamente) que era quen de facer cofres para gardar tesouros, tan seguros que unha vez pechados coa chave por fóra, só se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, a súa  maña quedou manifesta nunha chea de inxeños que, aínda sen chega-la electricidade, funcionaban automáticamente, como era o caso dun barril de viño que, segundo o seu antollo, manipulando unha pequena panca a distancia, desprazábase el só por un raíl dende a adega ata o obradoiro onde traballaba e, unha vez servido o seu vaso de viño, o barril tornaba el soíño á adega polo mesmo carril. Isto, segundo contaba a xente.

O tío Modesto de Nigueiroá, era un ebanista arteiro, mañoso e curioso coma poucos, que traballaba a madeira de castiñeiro como naide. Os últimos anos adicouse á especialidade de fragueiro, armando carros  para toda a contorna, no seu obradoiro de As Campinas.

A estes seis Mestres artesáns, sucedéronlle  cinco dignos e salientables discípulos do Sr. Hixinio, como foron os irmáns Benito, Hermenegildo e Manolo Outomuro, e os seus curmáns Julio e José Seara, todos veciños da Aldea. Deles pódese dicir que eran verdadeiros “milmañas”, que o mesmo amoblaban unha casa nova con madeiras nobres, que botaban un remendo nunha palleira, ou amañaban o chedeiro dun carro. Para eles, ningunha especialidade de carpinteiro, ebanista, fragueiro, toneleiro, etc. lles era allea. Sempre facendosos e xenerosos, nunca rexeitaron  arranxarlle, de xeito desinteresado, calquera pequeno problema surxido a un veciño. Aínda que pasaban a maior parte do tempo nas obras, dispuñan de obradoiro nas súas casas, onde abundaban os apeiros e ferramentas, iso sí, sempre ben afiadas, lizadas, ordenadas e coidadas como ouro en pano.

Sendo tan numerosas e variadas as ferramentas utilizadas por este gremio de carpinteiros de Parderrubias, máis que relacionalas polo seu nome, coidamos que é preferible mostra-la súa imaxe nunha colección ordenada, segundo as funcións de serrar, tradear, labrar, cepillar, cravar, etc. de cada unha.

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A tradición da carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionais da madeira e obradoiros de carácter industrial, dotados das tecnoloxías máis vanguardistas, pero non debemos esquecer que as súas raíces están na aixola e no berbequí dos protagonistas desta crónica, escrita coa única intencíon de traelos á memoria colectiva das actuais e futuras xeracións.


 

VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

En la historia de Parderrubias destacan Clérigos y Maestros, algunos ya tratados en este Blog, que con su entrega y generosidad dejaron imborrable impronta en la formación de las generaciones de esta Parroquia. Hubo también otros profesionales, como tejedoras, también tratadas, y costureras, herreros, canteros, etc., que seguramente algún día serán asimismo traídos a estas páginas por su singular aportación a la mejora de las condiciones de vida de sus coetáneos. Pero en esta ocasión, queremos  ocuparnos  de un gremio de artesanos que con su trabajo, muchas veces desinteresado, quizás fueran quienes más contribuyeran a mejorar la particular vida material de los vecinos a lo largo de la historia. Nos referimos a los carpinteros.

Debido a la abundancia de madera en toda la zona, y a su utilización como uno de los primeros materiales en estado natural para fabricar los útiles necesarios para el desarrollo humano, que iban desde la cuna hasta el ataúd, el oficio de carpintero era, después del agroganadero y tejedor, el más corriente en toda la municipalidad. En el año 1750, ejercían este oficio en las tierras que actualmente constituyen el Ayuntamiento de La Merca, 13 artesanos, uno de ellos, por lo menos, en Parderrubias. Todos trabajaban por un jornal de cuatro reales al día, a secas, o dos y mantenidos. Su trabajo iba desde cortar los troncos de los árboles en el monte y hacer las tablas con la sierra de aire, a la elaboración de aperos y aparejos (carros, arados, rastrillos…), útiles domésticos (arcas, artesas, cubas…), muebles (bancos, camas, armarios…) o puertas, ventanas, armazón de tejados, etc. Hay que decir que entonces, las casas eran casi todas terrenas, es decir, de una sola planta distribuída en espacios dedicados a cuadras, cocina y dormitorios, separados por estacas y tablas, o excepcionalmente con un sobrado en una segunda planta, sobre piso también de madera y tabiques de tablas verticales. Las puertas y ventanas eran de tablas perpendiculares  con traviesas horizontales, girando por medio de quicios, cerradas con pestillos o pasadores y aseguradas con trancas, todo ello de madera.

Luego transcurren tiempos oscuros en la historia de Parderrubias, de los que carecemos de noticias sobre esta actividad, hasta la llegada de épocas posteriores. A principios del siglo pasado fueron asentados en A Manchica, que entonces pertenecía a Parderrubias, los aserraderos a vapor de Baldovino, en donde hoy está la cerámica, y los de los hermanos Manuel, José y Modesto Garrido, un poco más abajo. Esta industrialización de la madera vino a redimir a los serranchines, de la agotadora tarea de sacar a mano las tablas y pontones de los troncos de los árboles, valiéndose de una extenuante sierra de aire de dos metros y medio de largo, manejada por dos hombres. Por las mismas fechas, se crearon también en A Manchica los talleres de imaginería religiosa de los propios hermanos Garrido (conocidos desde entonces como Os Escultores) y los de Eliseo Garrido, su hermano, situados entre A Manchica y Parderrubias. Talleres que por su relevancia y su cuño empresarial merecen estudio aparte. De la misma época, eran los carpinteros artesanos Avelino Martínez, en A Manchica, Higinio Grande en A Aldea, Manuel Grande en Valdemouro, Felipe Garrido y Paulino Sierra, en A Carretera, y Modesto González en Nigueiroá.

El Señor Avelino (así era conocido) trabajó durante 25 años en los talleres de Os Escultores (1918-1943). Tras independizarse, siguió dedicado a la escultura por su cuenta, tallando, modelando, decorando y restaurando arte sacro. Obras suyas son docenas de imágenes, viacrucis, altares y dorados de retablos de iglesias en las provincias de Orense y Pontevedra, pero entre las últimas, están la imagen de la Virgen de Lourdes que preside el altar mayor de A Manchica, así como las 14 estaciones del Viacrucis, los confesionarios y otros decorados de la misma iglesia, obras todas ellas talladas, pintadas y donadas gratuitamente por él.

El Señor Higinio estaba considerado como Maestro Carpintero entendido en todas las especialidades y aplicaciones de la madera. Un profesional conocido, reconocido y apreciado en toda la comarca, donde era solicitado para aquellos trabajos más técnicos,  de gran envergadura y mayor responsabilidad.

Manuel Grande era el único carpintero de Parderrubias dedicado a una sola especialidad de la carpintería, la de tonelero. Experto en armar, pero sobre todo reparar y restaurar todo tipo de cubas, barriles, toneles, pipotes, etc., acudía solícito a cualquier bodega donde lo necesitaran, bien pertrechado de sus especiales herramientas de cubero, como eran las azuelas curvas, cepillos de vuelta, “xabreadores”, “chazos” y martillos “alcotana”.

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Nos consta que, ya a mediados del siglo XVIII, Parderrubias era la parroquia más vitivinícola de todo el Municipio de A Merca. Concretamente, en el año 1752, satisfacía 16 moyos de vino a la Iglesia de Santa Eulalia, en concepto de Diezmos, lo que supone una producción, al menos, de 23.616 litros anuales. Esto significa que las cubas, únicos recipientes de almacenamiento del vino para el consumo anual, tenían que ser usuales en todas las casas, así que también a Manuel Grande le han precedido otros toneleros en Parderrubias. Bien es verdad que, dicho sea de paso, aunque el vino abundaba, éste no era de gran calidad, tal como certifica Sebastián Miñano en el año 1826 al afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz veinte años después, ratificando que una de las principales producciones de Parderrubias era “vino inferior”.

El tío Paulino, como cariñosame era conocido, hombre creativo y mañoso, trabajó también durante sus años mozos en los talleres de Os Escultores, pero finalmente se dedicó a otras ocupaciones industriales, sin dejar de tallar y armar roperos, cómodas o camas en su taller particular. El hacía, siempre gratis, las maletas de madera para los mozos de Parderrubias que iban a cumplir el servicio militar.

El tío Felipe era el carpintero ebanista más ingenioso y habilidoso conocido en todo el contorno. Hombre de poco trabajo, pero de singular y asombrosa realización. De niño, oí decir (supongo que sarcásticamente) que era capaz de hacer cofres para guardar tesoros, tan seguros que una vez cerrados con llave por fuera, sólo se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, su maña quedó patente en cantidad de ingenios que, aún sin llegar la electricidad, funcionaban automáticamente, como era el caso de un barril de vino que, a su antojo, manipulando una pequeña palanca a distancia, se desplazaba el solo por un raíl desde la bodega hasta el taller donde trabajaba y, una vez servido su vaso de vino, el barril regresaba solito a la bodega por el mismo carril. Esto, según contaba la gente.

El tío Modesto de Nigueiroá era un ebanista artero, mañoso y curioso como pocos, que trabajaba la madera de castaño como nadie. En los últimos años se dedicó a la especialidad de “fragueiro”, armando carros para todo el contorno, en su taller de As Campinas.

A estos seis Maestros artesanos, les sucedieron cinco dignos y destacados discípulos de Señor Higinio, como fueron los hermanos Benito, Hermenegildo y Manolo Outumuro, y sus primos Julio y José Seara, todos vecinos de A Aldea. De ellos se puede decir que eran verdaderos “milmañas”, que igual amueblaban una casa nueva con maderas nobles, que echaban un remiendo en un pajar o componían el lecho de un carro. Para ellos, ninguna especialidad de carpintero, ebanista, “fragueiro”, tonelero, etc. les era ajena. Siempre diligentes y generosos, nunca rehusaron arreglarle, de forma desinteresada, cualquier pequeño problema surgido a un vecino. Aunque pasaban la mayor parte del tiempo en las obras, disponían de taller en sus casas, donde abundaban los aperos y herramientas, eso sí, siempre bien afiladas, lizadas, ordenadas y cuidadas como oro en paño.

Siendo tan numerosas y variadas las herramientas utilizadas por este gremio de carpinteros de Parderrubias, más que relacionarlas por su nombre, pensamos que es preferible mostrar su imagen en una colección ordenada según las funciones de serrar, tradear, labrar, cepillar, clavar, etc. de cada una.

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La tradición de la carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionales de la madera y talleres de carácter industrial, dotados de las tecnologías más vanguardistas, pero no debemos olvidar que sus raíces están en la azuela y en el berbiquí de los protagonistas de esta crónica, escrita con la única intención de traerlos a la memoria colectiva de las actuales y futuras generaciones.

Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”. Por Juan Carlos Sierra Freire

Sin duda alguna, la infancia de nuestros padres estuvo marcada por la mayor barbarie que un país pueda padecer: una guerra civil. Algunos de nuestros abuelos, y en algún caso también alguno de nuestros padres, la sufrieron en el frente de batalla. No obstante, la mayor parte de nuestros progenitores fueron testigos callados de esta brutalidad siendo niños de muy corta edad, e incluso algunos recién nacidos en esas fechas. Aunque oficialmente la guerra duró desde el año 1936 hasta 1939, los años previos se caracterizaron por fuertes convulsiones y un clima casi, o sin casi, prebélico. Este artículo aporta información acerca de los niños que nacieron durante esos años en la Parroquia de Parderrubias, abarcando desde el año en el que se instaura la II República (1931) hasta el año en que finaliza la guerra (1939). Son los “Niños de la Guerra” nacidos en Parderrubias, aunque vaya por delante que el significado oficial de esta expresión no se corresponde con lo que aquí se va a tratar (de ahí el entrecomillado): son niños que no tuvieron que exiliarse, pero que sí a los que les tocó nacer y crecer en una de las épocas más funestas de España. Dado que el acontecimiento más importante de este período entre 1931-1939 es la propia guerra en sí, vamos en primer lugar a aportar algunos datos sobre este hecho en nuestra comarca.

Se estima que entre 1936 y 1939 se cometieron 8.000 asesinatos en Galicia; Prada Rodríguez (2004) señala que en Ourense se pueden llegar a contabilizar 626 víctimas. Al quedar toda la provincia en la zona nacional, su práctica totalidad fueron personas con ideología de izquierdas. El punto neurálgico de la Guerra Civil en la Comarca Terras de Celanova, a la que pertenece la Parroquia de Parderrubias, se sitúa en la cárcel de Celanova, que se ubicó en el Monasterio de San Salvador, permaneciendo activa desde el estallido de la guerra en 1936 hasta el año 1943. Comenzó como Prisión Habilitada Provisional, convirtiéndose en Prisión Central en 1938 (Vieira Outumuro, 2013). Por ella pasaron 1.300 presos políticos, provenientes principalmente del norte de España. Por tanto, cabe presuponer que una imagen habitual durante esos años en la carretera que cruza Parderrubias sería la de vehículos transportando reclusos dirección a Celanova. En los primeros años, muchos de estos presos políticos fueron “paseados” hasta el monte Furriolo en donde eran vilmente ejecutados. Otros muchos no tuvieron este cruel final, pero sí su particular “longa noite de pedra” entre cadenas, la cual terminaban pagando con el tifus, la tuberculosis, la sarna, la anemia hemorrágica, la bronquitis asmática, la neumonía gripal, la gastroenteritis, la caquexia, la septicemia, etc., y… la muerte. Resultan conmovedoras las fotografías publicadas en la obra de Piñeiro (2007) en las que se puede observar el patio del Monasterio de San Salvador en el año 1910 ocupado por estudiantes de los Escolapios y años después, en 1938, por presos políticos.

La base de datos Nomes e Voces de la Universidade de Santiago de Compostela (2006) registra 194 víctimas relacionadas directamente con Celanova durante el período 1936-1939. Su historia va desde ejecuciones fruto de “paseos” a Viveiro, A Bola, Ansemil, Furriolo, Amorece, Ourille, Entrimo, etc., hasta muertes por múltiples enfermedades en la cárcel, condenas a muerte con ejecuciones en Celanova, cumplimientos de condenas perpetuas o de varios años, deportaciones a campos de concentración como el de la Illa San Simón o Mauthausen, y exilio a países hispanoamericanos (Cuba o México).

Por lo que respecta al Concello de A Merca, en dicha base de datos únicamente aparecen referidos cinco casos: 1) Julio Manuel C. R., labrador de 28 años, vecino de A Merca, juzgado en 1936 en Lugo, condenado a muerte y ejecutado en la tapia del Cuartel de la Guardia Civil; 2) dos varones de 40 y 35 años, respectivamente, de los que se desconocen sus nombres y orígenes, “paseados” en agosto de 1936 en Pereira de Montes, con resultado de fallecimiento por conmoción cerebral traumática; 3) Víctor V. vecino de A Merca, de 50 años, de profesión sastre, “paseado” en la carretera Ourense-Reza con resultado de fallecimiento a causa de hemorragia interna; 4) Albino Núñez Domínguez, maestro de 35 años, natural de A Merca, escondido durante tres años y apartado del servicio (posteriormente se convertiría en un afamado escritor y pedagogo); y 5) Juan Manuel Arias Jares, médico de 46 años, natural de Viana de Bolo, fundador de la Agrupación Local del PSOE, cesado de su cargo y desterrado en A Merca durante siete meses.

A la luz de este registro, parece ser que Parderrubias no llegó a ser un lugar destacable por su actividad bélica y represiva durante el desarrollo de la Guerra Civil, aunque personas mayores de la Parroquia, y vecinos del pueblo próximo de Montelongo, relatan como algunas noches se oían en el puente de O Seixal (As Campinas) gritos desgarradores y disparos de ejecuciones de reclusos, presumiblemente de la cárcel de Ourense, que eran “paseados” hasta este lugar. Al tiempo de escucharse los disparos, se oía el paso de una camioneta que se encargaba de recoger los cadáveres. Incluso no llegó a ser extraño que vecinos madrugadores de los alrededores que salían en sus mulas hacia Ourense se encontrasen en este lugar con cadáveres a la espera de ser retirados. La manifestación más relevante del conflicto bélico en Parderrubias posiblemente sea el llamamiento a filas de varios de sus vecinos. Ya una vez finalizada la guerra, fue significativa la persecución por “depuración” que sufrieron algunos maestros nacionales, incluido Don Isolino Camba, maestro durante décadas en la Escuela de Parderrubias, tal como muy bien relata Outumuro Seara en este mismo Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/).

Descrita esta imagen general de la guerra, vayamos al objetivo que nos hemos planteado con este artículo. Entre los años 1931 y 1939 (ambos inclusive), es decir el período completo en el que está vigente la II República, se produjeron en la Parroquia de Parderrubias 109 nacimientos (45 niños y 64 niñas). Si comparamos esta cifra con la de la última década de ese siglo XX nos damos cuenta de su magnitud: de 1991 a 1999 únicamente se registraron en la Parroquia 10 nacimientos. Tal como se recoge en el Libro Parroquial de Bautizos, esos 108 niños fueron bautizados en la iglesia parroquial. Don Alfonso Losada Fernández realizó todos los bautizos del año 1931 a 1935. De los ocho celebrados en 1936, los cuatro últimos fueron oficiados por Don Antonio Seara García (1) y Don Castor Gayo Arias (3), pues como ya hemos descrito en otro artículo publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/08/e17-crimen-en-la-casa-rectoral-de-parderrubias-en-el-ano-1936/), Don Alfonso Losada fue asesinado en junio de 1936. Todos los bautizos de los años 1937, 1938 y 1939 fueron celebrados por Don Juan Estévez Estévez, a excepción de uno de ellos que llevó a cabo Don Antonio Seara García. Del 61% de los bautizados consta como testigo el sacristán Francisco Seara. En promedio, transcurrían tres días desde su nacimiento hasta que eran bautizados; un 9,3% fueron bautizados el mismo día en que nacieron y un 25% al día siguiente. En la Figura 1 se puede observar la evolución anual de los nacimientos, mostrándose ésta relativamente estable hasta el inicio de  la Guerra y apreciándose un claro descenso durante los dos primeros años de la contienda, con un repunte en el último año.

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Figura 1

Si atendemos  a la distribución por sectores poblacionales de la Parroquia, observamos que justo un tercio de los nacimientos se produjeron en A Iglesia. Entre A Iglesia y Barrio coparon el 60% de los nacimientos de la Parroquia durante este período analizado. Véase la distribución en la Figura 2. Un hecho a destacar es que 16 de esos niños nacidos entre 1931 y 1939 fallecieron antes del inicio de la década de los 40, es decir, un 15% nunca dejaron de ser niños.

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Figura 2

Sirvan estas líneas como humilde reconocimiento y homenaje a estos 109 “Niños de la Guerra” nacidos en Parderrubias, gracias a los que hoy nosotros somos lo que somos. Siendo niños fueron testigos de una de las épocas más dramáticas de nuestra historia; ya de jóvenes, una durísima posguerra les obligó a realizar enormes esfuerzos de todo tipo. Lo que hoy sus hijos somos y tenemos se lo debemos en gran medida a sus esfuerzos, sacrificios, privaciones y, especialmente, a su afán de superación y avance.

Los 109 “Niños y Niñas de la Guerra” son, por orden cronológico, Antonio, María, Aquilina, María Ascensión, Julio, Eusebio, Emilio, Celso, Celsa, María Consuelo, David, María, Bernardina, María, Ramón, Delmiro, Filomena, Herminia, José, Bernardina, Marina, María, Olimpia, Celsa, Paulino, María, Benito, Josefa, Ángela, Manuel, María del Carmen, Genoveva, María Clamores, María Dolores, María Livia, María, Isauro, José, Baltasar, María, Carmen, Castor, Valentín, María, Eliseo, Sira, Manuel, María de las Nieves, María, Domingo, Ludivina, Josefa, Carlos, Rosa, Remedios, Indalecio, María, Manuel, José Nicanor, María de la Coronación, María, Delmira, Cristalina, Elisa, María del Carmen, Jesusa, María del Consuelo, Rosa, Jaime y Rosa (nacidos todos ellos antes del año del inicio de la Guerra); María de la Concepción, Eugenio, María Blanca, Rosa, Hermenegildo, José, Serafina, María Dolores, Virginia, Jesús, Pilar, Tomás, César, Manuel, José Benito, María Milagros, Castor, José, Josefa, Manuela, Joaquín, Claudino, Antonio, José, Manuel, Pilar, Manuel, Modesto, José, Serafín, Remedios, María Teresita, Esperanza, María Livia, María, Adelina, Antonio, Ana y Rosa (nacidos durante los años de la Guerra).


Referencias

Piñeiro, A. (2007). Celanova 1900-1981. Memoria fotográfica. Ourense: Diputación Provincial.

Prada Rodríguez, J. (2004). Ourense, 1936-1939: alzamento, guerra e represión. Lugo: Ediciós do Castro.

Universidad de Santiago de Compostela (2006). Nomes o Voces. Recuperado el 14 de octubre de 2015, de http://vitimas.nomesevoces.net/gl/axuda/presentacion/.

Vieira Outumuro, S. (2013). Los archivos de las instituciones penitenciarias. La prisión central de Celanova. Fronda, 47.

Parderrubias a principios de la década de los cuarenta desde una particular perspectiva. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias a principios de la década de los cuarenta desde una particular perspectiva. Por Juan Carlos Sierra Freire

Hablar de la España de la Posguerra es hablar de necesidades, miseria, atraso y aislamiento. En Parderrubias no era diferente. Más allá de la memoria colectiva de nuestros abuelos y de nuestros padres, apenas existe documentación que describa la realidad de la Parroquia de Parderrubias durante la década de los años cuarenta del pasado siglo.

Buceando en las hemerotecas me encontré  con una columna publicada en el diario La Región, firmada por José Aldea el 30 de julio de 1941, en la cual, a partir de un hecho muy concreto, como es la primera misa de un sacerdote de la Parroquia, el autor realiza un relato social del Parderrubias de aquellos años. Siendo consciente del discurso rancio que impregna a todo el texto, me he otorgado la libertad de hacer una transcripción literal del mismo, pues creo que permite vislumbrar algo, o mucho, acerca de cómo era ese Parderrubias que vio nacer y/o crecer a nuestros padres.

Descripción


 

DE ESTO Y DE LO OTRO. UNA MISA NUEVA (Por José Aldea)

“Estos días han ido diciendo su primera misa los diez u once recien ordenados ahora para el sacerdocio. A una de ellas fui yo el domingo ahí en Parderrubias. A las once de la mañana montamos en una camioneta con sillas porque en otros lujos quién hoy piensa, y bastante bien se fue, aunque un poco estrujaditos.

Allí iban entre otros, doña Elena Arias viuda de Cerviño la grande doña Elena, para quien una primera misa es la mayor alegría de su alma. Pero cuán pocos este año, doña Elena cuán pocos. Año venga, que usted vea en que sean tantos los nuevos sacerdotes cuantos el mejor día que usted tuvo soñó su misión ilusionada. Buenos son éstos y escogidos, pero ¡es tanta la mies no recogida y que se pierde…! Los niños que usted ahora llama para el Seminario Dios quiera que arriben todos a feliz puerto y El quiera también que usted muera feliz con la gloria que usted quiso que alcanzaran.

Otro era don Fernando, el coadjutor de Santo Domingo. El y doña Elena son los que en esta iglesia mandan y todo lo disponen, y así la tienen de lucida y de bonita. Buenas manos tiene el  otro don Fernando, el grande, buenas, buenas. Con los tres la parroquia está completa, según juzgan los feligreses, y sin cualquiera de ellos tal vez estos se la imaginaran otra porque les faltara algo.

Otro era Jaime Fernández López, que conoce casi a todos los curas de la diócesis y con muchos pasa grandes ratos. Gran compañero de viaje y de mesa. De viaje porque nos va pintando la munificiencia de los anfitreones, los hermanos Garrido, y regalándonos el gusto con la memoria de las comidas que le tienen dado, y de mesa porque con su buen apetito no cesa de espolearnos el nuestro. Y no es que coma ni beba mucho, sino porque lo que come y bebe lo encarece tanto, que uno se avergonzara un poco si se lo encarceciera menos.

En Barbadanes se nos adjuntó Ingusto Merino, el médico de allí. Otro gran compañero muchacho excelente, cuya amistad, como la de Jaime, es una honra y una delicia para cualquiera, buen animador de fiestas gratas y comidas entre unos pocos amigos, aunque no bebe sino agua, si bien no tanta como yo: una verdadera calamidad ésta porque toda alegría sin vino lanquidece y se hace sosita al cabo. Pero un día es un día, y aquel del domingo Merino y yo empinamos lo nuestro, porque Jaime no dijera.

Acaban poco más arriba de Barbadanes las tierras de vino, y empiezan las de maiz y pan en Loiro, reanundándose también la viña ya cerca de Parderrubias, tierra roja. Excusado decir que en todas éstas también patatas. Era cosa de hacer un canto a la patata ahora, pero conténtense ustedes con comérselas.

Llegamos a la casa principal de los Garrido, que salen a recibirnos como ellos saben hacerlo. Nos presentan a los que no le conocíamos al nuevo sacerdote, que está inquieto y anda de un lado para otro un poco turbado y un mucho conmovido. Tiene el rostro aniñado aun y se halla tan recogido en sí, que de la animación y alegría que le rodea tal vez se de cuenta solo por rasgos y trazos sueltos.

Allí saludamos a muchos amigos. Concurren veintitantos sacerdotes, casi todos los de los Ayuntamientos de Barbadanes, La Merca y Cartelle, y algunos otros.

A las doce partimos todos, en grupos, para la iglesia de Parderrubias. No sé por qué le llaman así al pueblo que abunda en morenas, y morenas bonitas. Nos lleva allá un camino bastante empinado y arcilloso, bordeado de muros de piedra y de taludes cortados con el pico. Llegamos al atrio. ¡Qué iglesa hermosa! Fachada lindísisma con una ornamentación llena de gracia recoleta y de esbeltez airosa, y arriba una espadaña robusta y partida en los dos vanos de arco redondo y amplio para las campanas, y encima el frontón calado con un ojo muy rasgado hacia acá, y de la punta surgiendo la cruz de hierro delicadamente labrada y a su pie el gallo de los vientos de finas patas y cresta muy dentada y orgullosa.

Todo el pueblo, toda la parroquia está allí. Es la fiesta mayor de uno de sus hijos más queridos. Pueblo de acendrada religiosidad, de fe grande, tan metida dentro de sus almas, que solo por ella se explica la pureza y mucha honra que en él hay y siempre hubo.

Los hermanos Garrido ejercen aquí una especie de patronato con su palabra, su fe, su ejemplo, su obra, su amor a todo lo que de tan grandes padres estos hombres suyos recibieron. Sin ellos acaso no se pudieran mantener en los tiempos difíciles las grandes virtudes de esta tierra sin desmayos y quebrantos. Todas las vocaciones para el más grande misterio que aquí apuntan ellos las recogen y estimulan, y las guían y protegen hasta el día feliz igual a éste. Hay que oirlos cuando hablan de sus seminaristas, con el mismo cariño y la misma ilusión que si fueran hijos, suyos.

El párroco de aquí asiste al misacantano y le son padrinos Modesto Garrido y su esposa. Vase animando y robusteciendo la voz que al principio aparecía poco segura y tranquila del nuevo sacerdote.

Desde el púlpito nos habla de la dignidad y grandeza del sacerdocio un compañero de estudios, convecino y pariente de él, y luego del Felisindo, hijo de esta parroquia, del Felisindo seminarista, del Felisindo ungido ya con el don más excelso del Señor.

Sigue la misa. Viene la consagracion de la divina Víctima, y al alzarla las manos tiemblan de pavor y maravilla. Ahora el nuevo formado en la divina institución se atreve a decir el Padre Nuestro y luego consumir el Pan y el Vino. Ya la mano suya se vuelve y traza en el aire el signo que recibimos sobre nuestras cabezas, postrados. Pasamos todos después a besar aquella mano que ya todo lo puede en la tierra y en el cielo.

Volvemos a la casa de los Garridos un poco tarde. Hay allí tres o cuatro mesas inmensas. En la nuestra, la más grande, están el nuevo presbítero y sus padrinos y los más de los sacerdotes. A mi me toca comer frente al cura de Loiro y al lado de Merino. “Veña a comida, que o pan rabea”. A todos los que estamos allí nos ha dado Dios por lo visto un buen apetito. Pasan las fuentes, incansablemente.

Jaime, maestro de diplomacia, doctorado en nuestra vida campesina, se sienta al lado de un señor con el que estaba reñido hacía años, y a los dos minutos el señor le deshace en obsequios y cumplidos y está pendiente de su vaso de vino para colmárselo a cada paso. Al despedírsele al final para volver a su aldea  le quitó el sombrero hasta los pies no sé cuantas veces.

El de Loiro me habla de don Isaac, el de la Trinidad, cuando era cuadjunto de Santa Eufemia, él sacristán menor y don Indalecio Rodríguez,  mayor; don Indalecio, tan grande cacho de pan con el que se puede llenar un libro de las cosas que de él se cuentan.

En los postres entran en la sala en donde estábamos las muchachas que habían comido en otra mesa y las señoras cantando al son de un acordeón que terciaba un joven los fulgurantes alalás de nuestra noche de San Juan y de nuestras trillas y rastrojeras, música para mi divina. Salen luego al paseo emparrado, y allí ajustan una joven y otra que ya hacía un rato largo que no lo era el punto suelto y vagarosa de una gentil muñeira.

En una de las mesas de afuera que la fronda entoldaba del sol ceniciento no habían esperado a los postres y ya se habían puesto cuatro a jugar al tresillo y los demás a mirarlos. En la cocina ya acaba el ajetreo y las mozas de brazos remangados se ponían a su vez a la mesa que allí había. Entra en el patio de la casa una pequeña banda que nos regala con el tonante metal de sus instrumentos un buen rato.

¡Cuánto me gustan a mi estas músicas de pueblo! Algún día habrá que hablar de la vida heróica de estos hombres de la aldea. ¡Qué gloria de ver como los rapazuelos a los que cruzan sus madres las tiras con las que sostienen sus pantaloncillos que ya lo fueron remendados de sus padres o abuelos, qué gloria de verlos tan seriotes y engallados sostener con los brazos desplegados el papel pautado muy estiradito, pinzándolo con las puntas de los dedos por el escaso margen, los ojos clavados de admiración y pasmo en el rostro del músico a que sirven de atril, y tan envidiosos de la maravilla de aquellos dedos que suben y bajan y van y vuelven y corren pulsando el teclado sonoro, que gloria de verlos…”.

José Aldea

Sucesos relacionados con Parderrubias publicados en prensa. Por Juan Carlos Sierra Freire

Sucesos relacionados con Parderrubias publicados en prensa. Por Juan Carlos Sierra Freire

El nombre de poblaciones pequeñas, como es el caso de la Parroquia de Parderrubias, suele aparecer en la prensa escrita cuando se produce algún suceso o acto delictivo. A lo largo de la historia, muchas de las veces en las que Parderrubias saltó a las páginas de los periódicos se corresponden con hechos de este tipo. El conocimiento y la información de estos acontecimientos nos ayuda a comprender mejor la sociedad de una determinada época.

A continuación se presenta un listado de sucesos (incompleto, probablemente) relacionados, directa o indirectamente, con la Parroquia de Parderrubias que han visto la luz en la prensa escrita de los siglos XIX y XX.

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Luna sobre A Touza, Parderrubias

  • 1837: Asalto y robo a la casa de Francisco y María Outumuro, vecinos de Barrio, por parte de unos 10-12 hombres desconocidos, llevándose una gran cantidad de efectos (Boletín Oficial de la Provincia de Orense, 12 de mayo de 1837). Véase Noticias y hechos históricos.
  • 1849: Hurto de un pollino propiedad de Miguel Garrido, de Parderrubias, por parte de Gregorio Outumuro, vecino de Proente (Boletín Oficial de la Provincia de Orense, 19 de junio de 1849).
  • 1867: Asalto durante la noche a la casa de Tomás Justo, de Parderrubias, por parte de seis desconocidos, y ante la oposición de éste a entregarles el dinero, lo conducen a un monte próximo en donde le mutilan (La Época, 15 de enero de 1867; La Correspondencia de España, 17 de enero de 1867).
  • 1893: Aparición en el monte, entre Parderrubias y Pereira, del cadáver de Manuel Rodríguez Santos, vecino de Seixalvo, que padecía un trastorno mental grave y había abandonado su casa días atrás (El Lucense, 3 de marzo de 1893).
  • 1900: Búsqueda de María Seara Iglesias, vecina de Parderrubias, por abandono de la casa paterna (Boletín Oficial de la Provincia de Orense, 7 de septiembre de 1900).
  • 1902: Estallido de dos bombas de dinamita en Parderrubias colocadas por “manos criminales” (El Noroeste, 27 de febrero de 1902).
  • 1902: Robo en la tienda de José Álvarez, de Parderrubias, apropiándose los ladrones de tabaco, dinero y géneros que allí había (La Correspondencia Gallega, 26 de diciembre de 1902; El Regional, 28 de diciembre de 1902)
  • 1903: Pérdida de la yegua de José Álvarez Pascual (Boletín Oficial de la Provincia de Orense, 3 de octubre de 1903).
  • 1906: Robo del pollino de Jesusa Seara, de Nigueiroá, a manos de Antonia Iglesias, tendera ambulante natural de Oviedo (Boletín Oficial de la Provincia de Orense, 13 de octubre de 1906).
  • 1907: Don Aurelio Álvarez Belvis, joven y estimadísimo médico de Soutopenedo, cuando se dirigía a Parderrubias, a ser Padrino en la Confirmación, recibe dos coces de su caballo, produciéndole heridas de bastante gravedad (La Correspondencia Gallega, 20 de abril de 1907).
  • 1907: Reyerta entre mozos del pueblo de Solveira (Feligresía de Parderrubias) y los de A Merca en la Romería de San Miguel, con el saldo de un muerto y varios heridos (El Noroeste, 15 de mayo de 1907).
  • 1910: Detención, por parte de la Guardia Civil de Celanova, de María Seara Iglesias, de 30 años, vecina de Parderrubias, por abandono de un bebé que había dado a luz (El Correo de Galicia, 18 de febrero de 1910; Gaceta de Galicia, 21 de febrero de 1910).
  • 1913: Denuncia de Manuel Rodríguez, vecino de Luintra, contra Benigno Fernández, natural de Parderrubias, por la venta de una vaca agresiva que embistió a un viandante (El Progreso, 10 de mayo de 1913).
  • 1919: Accidente del automóvil correo de Orense a Entrimo en A Manchica. Un viajero sale despedido del coche sufriendo fuerte hemorragia en la cara, de la cual es atendido en Parderrubias a donde fue trasladado en un colchón (El Eco de Santiago, 8 de octubre de 1919).
  • 1921: Se declara un violento incendio en la casa del industrial don Bernardo Mueso, junto al Jardín de Posío. En el garaje de la planta baja se hallaban dos camiones pertenecientes a Garrido Hermanos, de Parderrubias. Uno de ellos estaba abarrotado de cajas de petróleo, aceite y sacos de harina. Quedó todo reducido a cenizas. Las pérdidas se calculan en 120.000 pesetas (El Compostelano, 26 de octubre de 1921).
  • 1922: Cae en Parderrubias una granizada tan grande que no se recuerda otra igual, quedando muchos vecinos en la miseria al perderse prácticamente todas sus cosechas, llegando el Gobernador Civil a comunicar tal desgracia a los Ministros de Gobernación y Fomento (El Ideal Gallego, 2 de junio de 1922).
  • 1923: Violento incendio en la casa de Claudino Fernández sofocado gracias a la pericia de los vecinos, terminando herido por quemaduras Manuel Pascual Domuro (El Correo de Galicia, 24 de octubre de 1923).
  • 1926: Nicanor Lorenzo, como Cabo del Somatén de Parderrubias, detiene al súbdito portugués Juan Alfonso por haber sustraído una cartera a una vecina del pueblo, de nombre Rosa. El ladrón venía huyendo de otro robo que había perpetrado en una casa de La Rabaza. Queda a disposición del Somatén de A Merca (La Zarpa, 9 de febrero de 1926).
  • 1926: Choque de camionetas en el puente de Parderrubias y vuelco de la que fue embestida con resultado de tres heridos, que son recogidos por el automóvil de línea y conducidos a la Casa de Socorro de Orense (El Orzán, 18 de septiembre de 1926).
  • 1927: Atestado contra Evaristo Seara, vecino de la Iglesia, por causar heridas de pronóstico reservado a María Conde Otero, vecina de Matusiños (El Heraldo Gallego, 23 de enero de 1927).
  • 1927: Nicanor Lorenzo, industrial de Parderrubias, sufre en Vigo un intento de timo de la estampita. Percatándose de lo que se trataba, el Sr. Lorenzo “reparte una colección de puñetazos” al fracasado timador que huye perseguido por varias personas (El Diario de Pontevedra, 18 de octubre de 1927).
  • 1927: Denuncia presentada por Emilio Rodríguez Álvarez, vecino de Nogueira de Ramuín, contra Antonio Rodríguez Garrido, de Parderrubias, al que compró una vaca por 562,50 pesetas, condicionada la compra a que el animal tuviese determinadas características, y cuando entiende que no las tiene, pide la devolución de los cuartos, a lo cual se opone el vendedor (El Heraldo Gallego, 25 de diciembre de 1927).
  • 1929: Atestado contra Jacinto Iglesias Seara por daños causados en la finca de David Outumuro, vecinos ambos de Parderrubias (El Pueblo Gallego, 5 de diciembre de 1929).
  • 1931: Robo en el domicilio de los cuñados Manuel Sueiro y Jacinto Iglesias. Los ladrones se hacen con todo su dinero, consistente en varios miles de euros, casi en su totalidad en monedas de plata de cinco pesetas (La Región, 12 de junio de 1931).
  • 1934: El 27 de enero aparece en el monte de A Bacariza el cadáver de José Benito Conde Fidalgo, vecino de Armariz (Xunqueira de Ambía). El infortunado, que padecía ataques epilépticos, vivía con su madre viuda, y había desaparecido el día 17 (La Región, 31 de enero de 1934).
  • 1936: Asalto en la Casa Rectoral de Parderrubias, en donde reside el Párroco don Alfonso Losada Fernández y ante el intento de evitar que le robasen resulta gravemente herido por disparos. Fallece a los pocos días en el hospital. Sus asesinos son detenidos en O Furriolo por la Guardia Civil (El Compostelano, 15 de junio de 1936; El Pueblo Gallego, 25 de junio de 1936; La Libertad, 26 de junio de 1936; La Vanguardia, 14 de junio de 1936). Véase Crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en el año 1936. 
  • 1940: Un voraz incendio ocurrido a las tres de la tarde, en la Aira de Parderrubias, destruye 14 medas de centeno valoradas en 45.000 pesetas (La Región, 2 de agosto de 1940).
  • 1942: Robo de 30.000 pesetas en metálico en la casa de la vecina Josefa Iglesias Sueiro (El Compostelano, 7 de agosto de 1942).
  • 1942: Fallece el seminarista, natural de Parderrubias, Manuel Grande Seara (La Región, 26 de septiembre de 1942).
  • 1943: Tala y sustracción de pinos maderables en el Coto das Pías, parroquia de Parderrubias, siendo denunciados varios vecinos de la parroquia de San Jorge (El Pueblo Gallego, 21 de abril de 1943).
  • 1948: Manuel Outumuro, de Parderrubias, denuncia a la Guardia Civil el intento de forzar la puerta de su casa mediante un disparo. Es detenido el convecino Antonio Martínez (El Pueblo Gallego, 2 de enero de 1948).

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Atardecer en Parderrubias