Categoría: Agricultura

E44. Árboles y arbustos de los montes de Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

E44. Árboles y arbustos de los montes de Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias posee diversas y amplias zonas de monte, tanto de carácter privado como comunal [véase el amplio listado de ellas en el trabajo de Outumuro (2015) Topónimos en la Parroquia de Parderrubias]. A Touza o A Vacariza constituyen buenos ejemplos de ello. Además, son numerosos los arroyos y regatos que irrigan, tanto estos montes como las fértiles zonas de cultivo (e.g., Cavada do Lobo, Augalevada, Regueiriño, Lavandeira, Barreiro o Seixal). Todo ello hace que la Parroquia de Parderrubias se caracterice por una gran diversidad en flora y fauna. La fauna ya fue abordada en otro artículo al que remitimos al lector interesado (Fauna de Parderrubias), por lo que vamos a centrarnos en esta ocasión en la riqueza florística, concretamente en los árboles que podemos encontrarnos en los montes de Parderrubias, en los que tienen su hábitat natural un buen número de frondosas y coníferas. En este trabajo se incluyen los árboles, y algunos arbustos, registrados por la Consellería do Rural de la Xunta de Galicia en Os Montes dos Castros. A la hora de ordenarlos se podrían tomar diferentes criterios; hemos optado por el orden alfabético para realizar una breve descripción de cada uno de ellos a partir, básicamente, de la información que hemos encontrado en Lorenzo Fernández (2018).

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Monte comunal de Parderrubias

Acacia negra (acacia negra, acacia melanosylon). Árbol que nos recuerda a la mimosa, que describiremos más abajo, pero mucho más escaso en nuestros montes. Sus flores son parecidas a las de la mimosa, pero sus hojas son muy diferentes.

Acibro (acebo, ilex aquifolium). Árbol relativamente pequeño, claramente identificable por sus hojas espinosas que permanecen siempre verdes. Sus frutos rojos constituyen el alimento de muchos animales. La combinación de sus hojas y frutos le convierte en un árbol ornamental, especialmente en la época navideña, por lo que en la actualidad es una especie protegida.

Alcipreste (ciprés, cupressus sempervirens). Árbol que destaca por su altura y talla piramidal. Suelen tener un uso ornamental. Se ven incluso en los huertos y jardines de algunas casas.

Alcipreste de Lawson (ciprés de Lawson, chamaecyparis lawsoniana). Árbol foráneo, de la familia de los cipreses, originario de Oregón (Estados Unidos).

Amieiro (aliso, alnus glutinosa). Árbol que nos encontramos a las orillas de los ríos, a los que proporciona grandes sombras. Su dura madera se empleaba para la elaboración de los zocos y los ejes de los carros del país.

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Avelaira (avellano, corylus avellana). Árbol fácilmente reconocible por su pequeño tamaño y copa circular. Su fruto, la “abelá” (avellana), es muy apreciado, tanto por los humanos como por algunas especies animales, como la ardilla. Las primeras avellanas se comen por San Lázaro.

Bidueiro (abedul, betula alba). Árbol que también se puede observar en las orillas de los ríos, siendo fácilmente identificable por su corteza blanca, su tronco recto y por proporcionar escasa sombra. Sus hojas tienen propiedades diuréticas y su madera se empleaba para la elaboración de zocos y aperos de labranza.

Cancereixo (serbal de los cazadores, sorbus aucuparia). Árbol de tamaño mediano característico por su fruto similar a las cerezas, que es alimento de pájaros. Su madera de gran dureza ha servido para la elaboración de los husos empleados en la manufactura del lino (véase Sierra Fernández, 2016 La manufacturación del lino en Parderrubias).

Carballo americano (roble americano, quercus rubra). Roble originario de América del Norte que comenzó a plantarse en Galicia para reforestación. Su madera de calidad y su crecimiento rápido hacen que se trate de árbol atractivo para las industrias madereras. Se ha plantado también con fines ornamentales por sus rojas hojas en la estación de otoño.

Carballo común (roble, quercus robur). Uno de los árboles más típicos que encontramos en cualquier lugar, habitualmente formando “carballeiras”. Su madera es dura, muy preciada para la construcción y bien valorada como leña. Desde hace algunos años está siendo víctima de una plaga provocada por la pulga altica que devora los tejidos de sus hojas secándolas, de modo que sus copas presentan un color marrón cuando deberían ser verdes.

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Carqueixa (carquesa, chamaespartium tridentatum). Arbusto muy ramificado sin apenas hojas y con flores amarillas. Era empleada para hacer estiércol en las casas que había ganado. Se apreciaba también para encender el fuego.

Castiñeiro (castaño, castanea sativa). Otro de los árboles típicos de la zona. Su agrupación forma los famosos “soutos”, que desgraciadamente cada vez son más escasos. Su madera es dura. Su fruto, la castaña, fue un producto básico en la alimentación de los gallegos antes de la llegada de la patata de América.

Cerdeira (cerezo, prunus avium). Árbol que se da en las “touzas”, fragas y bosques de ribera. Conocido básicamente por su fruto, la cereza. En Parderrubias se suele asociar a la zona de A Chousiña.

Choupo (chopo, populus nigra). Árbol que alcanza gran altura y que lo encontramos en lugares frescos. Cuando se hace viejo, su tronco se llena de estrías.

Codeso (rascavieja, adenucarpus complicatus). Arbusto que se puede confundir con la “xesta”. Sus ramas están llenas de pequeñas hojitas y sus flores son también amarillas.

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Corticeiro (alcornoque, quercus suber). Se conoce también por el nombre de “sobreira”. Su corteza se emplea en la elaboración de los corchos de las botellas.

Escambrón (majuelo, crataegus monogyna). Árbol de altura mediana con ramas espinosas y flores blancas olorosas. Se conoce también por árbol espino o “estripeiro”.

Eucalipto (eucalipto, eucalyptus globulus). Árbol originario de Australia e introducido en Galicia hace dos siglos con el objetivo de repoblar los montes. Es inconfundible por su largo y liso tronco, y por el olor de sus hojas. Su crecimiento rápido lo hace muy apetecible a las fábricas de pasta de papel. Los eucaliptos son nefastos para los terrenos, pues los esterilizan y desmineralizan. Como positivo, sus hojas jóvenes tienen múltiples cualidades saludables por sus propiedades antiséptica, expectorante y descongestionante, muy recomendable por tanto su uso como infusión o vahos para el asma, bronquitis, sinusitis, catarros, etc.

Faia (haya, fagus sylvatica). Se caracteriza por su copa redondeada y espesa, y por la dureza de su madera. En otoño nos regala bellísimas estampas por sus tonos amarillentos antes de perder la hoja. Cuando son viejos suelen presentar raíces secundarias a su alrededor.

Falsa acacia (falsa acacia, robinia pseudoacacia). Árbol originario de Estados Unidos, característico por sus flores fragantes, blancas y en racimos. Aunque se considera una especie invasora, está bajo control.

Freixa (fresno de la tierra, fraxinus angustifolia). Crece cerca de los ríos. Caracterizado por un tronco grueso y derecho, cuya madera se empleaba, por su facilidad para ser trabajada, en la elaboración de aperos de labranza (e.g., “forcas”).

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Loureiro (laurel, laurus nobilis). Árbol de zonas húmedas, que tarda mucho en crecer, conocido por el uso culinario que se hace de sus hojas y por ser el protagonista de los Domingos de Ramos en Parderrubias.

Mimosa (mimosa común, acacia dealbata). Árbol invasor, originario de Australia, claramente identificable cuando está en flor, dibujando de un intenso amarillo a los montes.

Moragueiro (madroño, arbutus unedo). Arbusto conocido por sus frutos verrugosos de color rojo/naranja.

Negrillo (olmo común, ulmus minor). Árbol de porte elevado y robusto, que proporciona excelentes sombras.

Nogueira (nogal común, juglans regia). Árbol robusto por su altura y por el grosor de su tronco. Conocido por sus frutos: las nueces. Su madera es estimada por su calidad.

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Piñeiro americano (pino americano, pinus radiata). Árbol originario de California muy empleado en repoblación y muy bien valorado en la elaboración de pasta de papel.

Piñeiro bravo (pino rodeno, pinus pinaster). Se trata del árbol más abundante en toda Galicia, debido a la existencia de suelos silícicos. Inconfundible por sus hojas en forma de aguja y por las piñas.

Piñeiro de Oregón (abeto de Douglas, pseudotsuga menziesii). Conífera que destaca por su altura y por su uso maderero. Se ha empleado en repoblaciones.

Piñeiro silvestre (pino silvestre, pinus sylvestris). Es el pino que proporciona mejor madera.

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Plátano (plátano, platanus hispánica). Árbol característico por sus grandes hojas de las que se desprende en otoño. Muchos lo asociamos a las sombras en las carreteras. Antes de la reforma de la actual carretera nacional que cruza Parderrubias, uno de sus arcenes era testigo de estos robustos árboles. Es curioso su fruto en forma de pequeña bola llena de pelos.

Pradairo (arce, acer pseudoplatanus). Lo encontramos cerca de los regatos. Su madera es dura.

Rebolo (melojo, quercus pirenaica). Conocido también por “cerquiño”. Especie de roble, más menudo que el roble común.

Sabugueiro (sauco, sambucus nigra). Arbusto que se suele encontrar cerca de los ríos e inconfundible por sus blancas flores que desprenden un aroma nada agradable y por sus frutos en forma de bolitas negras o violáceas. Fue un arbusto muy apreciado por algunas generaciones de alumnos de nuestra escuela (véase Nuestra Escuela de Parderrubias), porque con sus ramas se elaboraban las famosas “baquetas”, que cada estudiante solía llevar en su bolsillo a modo de “arma” tipo cerbatana, y con la que se probaba puntería de disparo impactando en la cabeza del compañero una pequeña bola de papel.

Salgueiro (sauce, salix atrocinerea). Árbol que encontramos en las primeras líneas de los regatos y ríos, e incluso en medio de ellos, gracias a su fuerte fijación al terreno.

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Sanguiño (arraclán, rhamnus frangula). Árbol de poca altura, con frutos venenosos muy característicos: bolitas rojas al principio y negras al final. Su nombre se debe a que sus ramas tienen un color similar al de la sangre.

Toxo (tojo, ulex europaeus). Probablemente el arbusto más conocido de Galicia. Se caracteriza por tener hojas en forma de espinas y por sus vistosas flores amarillas (“a flor de toxo”). Se agrupan constituyendo “toxeiras”. Fueron un producto básico en la elaboración de abono orgánico en las casas en las que había ganado, tarea que ha dejado de hacerse, por lo que hoy se puede considerar una planta invasora.

Vimbieira (mimbrera, salix viminalis). Árbol (más bien, un arbusto) muy característico que se encuentra a los lados de los regatos o en los prados, fácilmente identificable por el color amarillo de sus ramas (“vimbios”) muy flexibles, usadas para atar desde los haces de hierba hasta las cepas. Hay quien hizo un uso “pedagógico” de ellos.

Xesta (retama, cytisus scoparius). Arbusto muy ramificado de ramas delgadas, siendo muy vistoso cuando está en floración, por su intenso color amarillo. Son tóxicas para el ganado. Con sus ramas se hacían escobas y era muy apreciada para encender el fuego.

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Nota. El autor agradece a Gonzalo Outumuro, Tino Outumuro y Manolo Outumuro las sugerencias aportadas a la versión final de este artículo.


Referencias

Lorenzo Fernández, S. (2018). A vida nos ríos galegos. Recuperado de http://www.rios-galegos.com/ el 24 de junio de 2018.

Fotografías:

Webs

E26. Sobre la agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

E26. Sobre la agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Es imposible comprender la sociedad de Parderrubias sin la agricultura. Todos nuestros antepasados se dedicaron de forma exclusiva, o parcialmente, a esta labor. Sin duda, un duro trabajo debido a las condiciones en las que se llevaba a cabo y a la falta de medios existentes. Se trata de una agricultura de pura subsistencia. Aunque en la actualidad todavía son muchos los vecinos que cultivan sus huertos, lamentablemente la mayoría de las tierras de cultivo de la Parroquia de Parderrubias se encuentran yermas.

En este artículo, Avelino Sierra Fernández presenta un gran trabajo de investigación sobre la agricultura del siglo XVIII en Parderrubias, cuyos hábitos y cultivos todavía recuerda nuestra generación.

Muchas gracias, Avelino, por documentar y transmitir a las generaciones venideras un duro trabajo que estuvo presente en nuestra Parroquia, generación tras generación, y que forma parte de nuestra idiosincrasia por el hecho de haber nacido en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


 

Sobre a agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

 A calidade de vida dos veciños de Parderrubias fai un cuarto de milenio, era moi precaria, debido a unhas condicións enmarcadas polo contexto histórico, político, económico e social no que lles tocou vivir. Carecían de electricidade (alumeábanse con velas de sebo), de auga corrente (ían a buscala á fonte coa ola), de saneamento (xurreiras superficiais de xurro, a falta de  calquera sumidoiro), de lavadoiros (ían lavar ao Regueiriño), de estradas (agás unha verea de terra batida e camiños de ferradura), de medios de transporte e locomoción (agás o carro e o burro). O único edificio comunitario era a igrexa, e a única industria, dous muíños fariñeiros e dúas forxas. Non existía tenda, taberna nin abacería (carnicería), e o único comercio era unha feira no Campo da Merca o día 26 de cada mes. Non había unha soa Escola nin Mestre en toda a bisbarra, e un 98 % da poboación era analfabeta (tan só sabían ler, escribir e contar o Cura e o escribán do Xuíz). Tampouco existía  Médico, Ciruxán ou Sangrador, nin Boticario nin Botica en toda a contorna. Pola contra, os tributos e gravames feudais e eclesiásticos (Foros, Dezmos, Primicias, Voto a Santiago, etc.) eran abafantes. A situación, sen chegar á miseria, era de grande illamento, atraso e empobrecemento. Por estas razóns, as familias estaban condenadas ao autoabastecemento e consecuentemente obrigadas a adicarse en corpo e alma á agricultura e gandería para poder subsistir. A labranza en Parderrubias era, xa que logo, un destino común para todo veciño, fora labrego, crego, artesán, home, muller ou neno. No ano 1752, só existían dez homes adicados parcialmente a  traballos remunerados distintos da labranza  (un Abade, un Arrieiro, un Carpinteiro, dous Ferreiros, un Muiñeiro, unha Forneira e tres Panadeiros de millo), aparte de 32 Tecedeiras, pero todos eles simultaneaban a súa ocupación, adicando a maior parte do tempo ás angueiras campesiñas. Tódolos demais eran exclusivamente labradores ou xornaleiros do campo

“… todos los demás vezinos  y sus hijos de diez yocho años arriba a excepcion de los que sean de maior edad o estén ymposibilitados son Labradores y jornaleros de sus haciendas…” (C. Ensenada).

Nembargante, non todos contaban con predios de seu, xa que moitos deles non eran donos das leiras que traballaban, pois unha grande parte destas eran latifundios alugados polo  Bispo de Ourense, Señor do Couto de Sobrado ao que pertencía Parderrubias, e outras eran terreos baldíos, ermos ou “a monte”, sendo escasos os alodios individuais. En cambio, abundaban os aparceiros, traballando  terras e coidando gandos a medias.

O rendimento das colleitas era, ademais, moi baixo, debido á fragmentación minifundista das terras, á mínima calidade das sementes, á escaseza de esterco e á falta de regadío.

“…las heredades de rregadio por ser de charcos y arroios de Corto caudal que quando mas dura en año abundante de lluvias es hasta san Juan que esceptuadas estas las demas tierras todas son de secano…” (Op. Cit.).

 A ilo había que engadirlle as rudimentarias técnicas e labores empregados, que apenas diferían dos introducidos polos romanos, tal como afirmaba Frei Martín Sarmiento no ano 1765: “… conservan inmemorial la agricultura que les enseñaron los romanos”. Así as cousas, difícilmente se lograban  colleitas de gran que quintuplicaran a semente, e no caso dalgunhas, coma o liño, non pasaba da liñaza sementada:

“… el ferrado de tierra [628,86 m. cuadrados] produze de linaza los mismos dos ferrados [20,8 Kg.] que se le hechan…” (Op. Cit.).

Os cultivos estaban constituídos polos cereais (centeo, trigo, millo groso, millo miúdo e cebada), o liño, a vide, os legumes (fabas, garavanzos, cantudos ou pedróns e guisantes), as verduras e a froita. A pataca non formaba parte dos froitos, xa que o seu cultivo sistemático non se iniciaría ata ben entrada a segunda metade do século XVIII.

Moitas eran as tarefas e angueiras do campo, dende a preparación da terra para a sementeira, ata a colleita dos froitos. E moitos eran os aparellos usados e ferramentas utilizadas nelas. Resumindo, estes eran os principais:

1. Cavar, sachar, esterroar… valéndose de diferentes tipos de aixadas, legóns, sachos,  picarañas, etc., segundo o labor e o lugar.

2 Labrego - Cavar

2. Arar, coas súas variantes de roturar, decruar, asucar, aricar, entravesar, etc., utilizando o arado de pau con rella de ferro, tirado por burros, mulas, vacas ou bois, xunguidos por xugos, cangas ou coleiras diferentes, segundo os animais.

3 Labrego - Arar

3. Segar, gadañar, seiturar, rozar, podar, etc., utilizando para tales mesteres gadañas, coitelas, fouces, fouciños, foucegatas, podóns, tesoiras da poda, etc.

4 Labrego - Segar

4. Mallar, traballo na eira para saca-lo gran  de centeo, trigo ou cebada, da súa espiga e os legumes, das súas baíñas. Utilizábanse  vasoiras, forquitas, angazos, mallos,  cribos, etc.

5 Labrego - Mallar

5. Pesar e medir. Para vender, mercar ou troca-los excedentes, pesábanse coas romanas. Para medir cereais e legumes, usábase o ferrado e o escás. Para medir líquidos, a cuartilla, canada, ola, etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/20/e20-unidades-de-medida-tradicionales-en-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/)

6 Labrego - Pesar

6. Cazar. A caza era un medio de mantenza, pero tamén un xeito de eliminar aos depredadores. Utilizábanse  garduñeiras, paxarelas, mureiras, ratoeiras, etc.

7 Labrego - Cazar

Tal variedade de ferramentas, forzosamente necesitaba de ferreiros que as forxaran e amañaran, pero os campesinos  estaban neste eido ben servidos por “Juan Antonio Yglesia y Juan garrido de par de rrubias al jornal de cada uno trabajando  al dia por su oficio [de herrero] quatro reales de Vellon” (Op. Cit.).

Partindo dos Dezmos satisfeitos á igrexa de Santa Olaia, polos fregueses da parroquia, podemos achegarnos á producción das especies cultivadas daquela en Parderrubias. Aínda coa natural reserva, por tratarse de deduccións, as contías expostas a continuación permítennos coñecer o predominio e a producción dos cultivos de maior arraigamento en Parderrubias fai unhos douscentos cincuenta anos.  

O centeo

Era un cultivo de excelente adaptación aos cambios climáticos e á escasa calidade do solo. Un cereal, ademais, de moita utilidade, tanto polo gran panificable (pan negro), como polo colmo ou palla.

Unha gran parte  cultivábase nos “vedros”, pequenas tenzas roturadas no monte comunal e sementadas para obter o chamado “pan de monte”, que máis adiante darían lugar ás searas ou cupos que resultaron de reparti-lo monte entre os veciños.

O seu cultivo requería arduas angueiras, que variaron pouco ao longo dos tempos. Tales eran a sementeira, no mes de outubro, coa correspondente esterca, decrúa, entravesa, agrada e asuca. Xa nacido, viña a arica co arado e a monda coa man, para quitarlle-las malas herbas. Pola festa de Santiago (xullo), tocaba face-la seitura, amontoando os móllos en brugueiros. Logo viña o carrexo e despois a malla para degrae-lo gran da espiga. Consistía esta,  na xuntanza de varios homes arredor das gavelas de centeo extendidas na eira embostada, baténdoas acompasadamente cos seus mallos. Rematábase coa erga, endeita propia das mulleres, ventando o gran coas cribas para despois metelo na tulla.

 A superficie cultivada era  dunhos 625 ferrados ao ano (39,30 hectáreas), cunha producción total de  500 fanegas de gran, é dicir, 26 toneladas, sendo a terceira parroquia máis productiva da Merca, despois de A Mezquita e Proente, e igualada con Vilar de Paio Muñiz.

O trigo

Aínda que preferido ao centeo, pola mellor calidade do pan (pantrigo, pan de flor, pan branco, pan candeal), o seu cultivo era escaso pola falta de adaptación a un clima excesivamente húmido. Con todo, era a terceira parroquia productiva, con 225 ferrados de cultivo (14,14 hectáreas) e 180 fanegas de gran (9,3 toneladas), despois de Corvillón e Vilar de Paio Muñiz. Os labores do seu cultivo e procura eran semellantes aos do centeo. Consta tamén documentalmente que en 1752, “Pedro Yglesia hijo de Theresa gomez vezino de par de rrubias era arriero de Trigo” (Op. Cit.).

O millo

A chegada deste cereal, alá polo ano 1630, supuxo para Parderrubias un desafogo tanto na alimentación humana, coma dos animais. Da súa planta aproveitábase todo, a palla e o pendón para o gando, o cosco ou casulo para folello dos xergóns, e os carozos, como excelente combustible. Pero sobre todo a mazorca, que proporcionaba o gran para a facenda e a fariña coa que se cocía o pan de boroa. Algunhos costumes e tradicións da súa procura, como a sacha, as quendas de rega polo día e noite, a creba dos pendóns, as esfollas ou escasulas rematadas en festa, o almacenamento no canastro e as degrañas, perduraron ata tempos que os máis vellos da parroquia aínda lembran.

Parderrubias era a parroquia máis productiva de toda a municipalidade,  cunha superficie cultivada de 812 ferrados (51 hectáreas) e un froito de 650 fanegas ao ano (42,7 toneladas), seguida de A Mezquita con 470 fanegas (31 toneladas) e Pereira de Montes, con 420 (27,6 toneladas). Parderrubias era tamén a primeira en producir millo miúdo (mijo), con 3.9 toneladas, pero este rematou totalmente  suplantado polo millo gordo.

O grande consumo de pan de millo en Parderrubias, no ano 1752, está testemuñado tamén pola existencia de tres “Panaderos de Maiz: Ysidro Outumuro, Silvestre Outumuro y Rosalia das Casas vezinos de par derrubias”. Ademais,  “Ybona de la Yglesia de par de Rubias tiene en su propia casa su orno y en el cuezen los mas de los Vezinos del Lugar” (Op. Cit.).

O viño

Parderrubias era daquela, a parroquia máis vitícola das terras da Merca,  cunha producción de 160 moios ao ano (23.600 litros), seguida de Olás, con 18.300 litros. As videiras consistían en pequenos bacelos, xeralmente cerrados con valados en chousas, ou en parras altas nos patios, fachadas e arredores da casa. As extremas xeadas que queimaban os xermolos dos follatos e as pragas de fungos que hoxe coñecemos coma oidio e mildio, para as que daquela descoñecían os actuais tratamentos do xofre e sulfato de cobre, a escaseza de sol, os tipos de cepas, malas estercas, podas, rodrigas, etc., daban como resultado un viño matute, frouxo e acedo, que ademais, tal como acontecía cos chourizos, filloas ou caldo, era diferente en cada casa e picábase fácilmente coas primeiras calores do verán. Esta falta de calidade, quedou ratificada máis tarde nos  Diccionarios de Sebastián Miñano (1826) e Pascual Madoz (1846), afirmando que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”. O rendimento era tamén escaso, pois a superficie dunha cavadura  de bacelo (medida equivalente a 436 metros cadrados) daba dez cuartas de viño (123 litros), sendo a viñeira de primeira calidade, 6 cuartas (74 litros) a de segunda, e 3 cuartas (37 litros) a de terceira.

“… cada Cavadura de Viña de primera calidad por la Uba que rinde dara a el año diez quartas de vino la de segunda calidad seis y la de tercera tres…” (Op. Cit.).

As castañas

Custa imaxinarse unha alimentación básica sen patacas no rural de fai 250 anos. A pataca, traída do altiplano peruano a España polas hostes de Pizarro, non se cultivou como alimento humano en Parderrubias ata ben entrada a segunda metade do século XVIII. Ante tal carencia, as castañas eran esenciais na alimentación dos nosos devanceiros, sendo consumidas crúas, cocidas (mamotas, zonchos) ou asadas (bullós), mentres estaban verdes; cocidas no caldo ou leite, despois de secas (pilongas), ao longo do ano. Así o confirmaba o Bispo de Ourense, Juan Muñoz de la Cueva (1717-1728):

“La castaña además de ser regalo, a tiempos es un alimento común que suele suplir para los labradores muchos meses de pan”.

Parderrubias era a terceira parroquia da Merca en producción de castañas, con 25 fanegas, despois de Corvillón e Olás. A toponimia deixounos constancia da súa abundancia cos nomes de Souto, Souto da Seara, Souto do Lagar, Souto da Cova e Soutiño. O máis extenso deles estaba na Vacariza:

“… en el [término] de Parderrubias ai otro [monte] de siete mil novecientos y veinte y ocho ferrados de los quales ciento y veinte y seis y medio son de soto…” (Op. Cit.).

O liño

Parderrubias era tamén a parroquia máis productiva de liño, cunha superficie cultivada de 110 ferrados (6,92 hectáreas), como se expuxo ampliamente no traballo deste Blog, “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/).

A mecanización do campo, a concentración parcelaria, o cooperativismo e a industrialización do mercado acabaron coas penurias sufridas polo labrego tradicional de Parderrubias, redimíndoo das arduas angueiras e longas xeiras agrarias ás que estaba condenado. Lonxe quedan aqueles tempos antergos nos que os nosos devanceiros, traballando de sol a sol (mellor sería dicir de estrela a estrela), regaron de suor as toxeiras rozando estrume, os restroballos dos vedros seiturando centeo, ou as veigas sachando o millo. Imaxes evocadoras do esforzo e afouteza de tantas xeracións pasadas que contribuiron a conquerer o confort e  benestar que Parderrubias goza no presente.

Valia esta lembranza como unha pequena homenaxe a todas elas,  traendo á memoria colectiva tantos afáns, desvelos e inquidanzas intensamente vividos e agora testemuñados  nesta  escolma de aveños  por elas utilizados e que forman parte dun patrimonio etnográfico vencellado á escravitude dun duro traballo que ao longo de séculos constituiu o seu único medio de subsistencia.


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

Sobre la agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

La calidad de vida de los vecinos de Parderrubias hace un cuarto de milenio era muy precaria, debido a unas condiciones enmarcadas por el contexto histórico, político, económico y social en el que les tocó vivir. Carecían de electricidad (se alumbraban con velas de sebo), de agua corriente (iban a buscarla a la fuente con cántaros), de saneamiento (corrientes superficiales de purines a falta de alcantarillado), de lavaderos (iban lavar la ropa al río Regueiriño), de carreteras (excepto una  vereda de tierra batida y caminos de herradura), de medios de transporte y locomoción (salvo el carro y el burro). El único edificio comunitario era la iglesia, y la única industria, dos molinos harineros y dos fraguas. No existía tienda, taberna ni abacería (carnicería) alguna, y el único comercio era una feria en el Campo de A Merca el día 26 de cada mes. No había una sola escuela ni Maestro en toda la comarca, y el 98% de la población era analfabeta (tan sólo sabían leer, escribir y contar el Cura y el Escribano del Juez). Tampoco existía  Médico, Cirujano o Sangrador, ni Boticario ni botica en todo el contorno. Por el contrario, los tributos y gravámenes feudales y eclesiásticos (Fueros, Diezmos, Primicias, Voto a Santiago, etc.) eran asfixiantes. La situación, sin llegar a la miseria, era de gran aislamiento, atraso y empobrecimiento. Por estas razones, las familias estaban condenadas al autoabastecimiento y consecuentemente obligadas a dedicarse en cuerpo y alma a la agricultura y ganadería para poder subsistir. La labranza en Parderrubias era, de esta manera, un destino común para todo vecino, fuera labriego, clérigo, artesano, hombre, mujer o niño. En el año 1752, sólo existían diez hombres dedicados parcialmente a trabajos remunerados distintos de la labranza (un abad, un arriero, un carpintero, dos herreros, un molinero, una hornera y tres panaderos de maíz), aparte de 32 tejedoras, pero todos ellos simultaneaban su ocupación, dedicando la mayor parte del tiempo a los quehaceres  campesinos. Todos los demás eran exclusivamente labradores o jornaleros del campo:

“… todos los demas vezinos  y sus hijos de diez yocho años arriba a excepción de los que sean de maior edad o estén ymposibilitados son Labradores y jornaleros de sus haciendas” (C. Ensenada).

Sin embargo, no todos contaban con predios suyos, ya que muchos de ellos no eran dueños de las tierras que trabajaban, pues una gran parte de éstas eran latifundios arrendados por el Obispo de Ourense, Señor del Coto de Sobrado al que pertenecía Parderrubias, y otros eran terrenos baldíos, yermos o monte, siendo escasos los alodios individuales. En cambio, abundaban los aparceros, trabajando tierras y cuidando ganados a medias.

El rendimiento de las cosechas era, además,  muy bajo, debido a la fragmentación minifundista de las tierras, la poca calidad de las semillas, la escasez de estiércol y la falta de regadío.

“…las heredades de rregadio por ser de charcos y arroios de Corto caudal que quando mas dura en año abundante de llubias es hasta san Juan que esceptuadas estas las demas tierras todas son de secano…” (Op. Cit.).

A ello había que añadirle las rudimentarias técnicas y labores empleadas, que apenas diferían de las introducidas por los romanos, tal como afirmaba Fray Martín Sarmiento en el año 1765: “…conservan inmemorial la agricultura que les enseñaron los romanos”. Así las cosas, difícilmente se lograban cosechas que quintuplicaran la semilla, y en el caso de algunas, como el lino, la linaza no pasaba de la que se había sembrado:

“…el ferrado de tierra [628,86 m. cuadrados] produze de linaza los mismos dos ferrrados [20,8 Kg.] que se le hechan…” (Op. Cit.).

Los cultivos estaban constituidos por cereales (centeno, trigo, maíz grueso, maíz menudo y cebada), lino, vid, legumbres (habas, garbanzos, cantudos o pedrones y guisantes), verduras y frutas. La patata no formaba parte de los frutos, ya que su cultivo sistemático no se iniciaría hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII.

Muchas eran las tareas y los trabajos del campo, desde la preparación de la tierra para la siembra, hasta la recolección de los frutos. Y muchos eran los aparejos usados y herramientas utilizadas. De manera resumida, estos eran los principales:

1) Cavar, sachar, desterronar… valiéndose de diferentes tipos de azadas, legones, sachos, rastros, etc., según las labores y los lugares.

2 Labrego - Cavar

2) Arar, con las variantes de roturar, barbechar, surcar, aricar, entravesar, etc., utilizando el arado de palo con reja de hierro, tirado por burros, mulas, vacas o bueyes, uncidos por diferentes yugos o colleras, según el tipo de animales.

3 Labrego - Arar

3) Segar, guadañar, rozar, podar, etc., utilizando para tales menesteres guadañas, hoces de distintos tamaños y formas, podaderas, tijeras, etc.

4 Labrego - Segar

4) Trillar, trabajo en la era para sacar el grano de centeno, trigo o cebada de su espiga, o las legumbres de sus vainas. Se utilizaban escobas de retamas, horcas, rastrillos, mayales y cribas.

5 Labrego - Mallar

5) Pesar y medir. En las ventas, compras o intercambios de excedentes se pesaba con las romanas. Para medir cereales y legumbres se usaba el ferrado y el escás. Para medir líquidos, la cuartilla, la canada, la ola, etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/20/e20-unidades-de-medida-tradicionales-en-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/)

6 Labrego - Pesar

6) Cazar. La caza era un medio de manutención, pero también una forma de eliminar a las alimañas. Se utilizaban diversas trampas de animales de monte, paxarelas, ratoneras, etc.

7 Labrego - Cazar

Tal variedad de herramientas, obligatoriamente necesitaba de herreros que las forjaran y arreglaran, pero los campesinos estaban en este aspecto bien servidos por “Juan Antonio Yglesia y Juan garrido de par de rrubias al jornal de cada uno travajando al dia por su oficio [de herrero] quatro reales de Vellon” (Op. Cit.).

Partiendo de los Diezmos satisfechos a la iglesia de Santa Eulalia, por los feligreses de la parroquia, podemos acercarnos a la producción de especies cultivadas en aquel entonces en Parderrubias. Aún con la natural reserva, por tratarse de deducciones, las cantidades expuestas a continuación nos permiten conocer el predominio y la producción  de los cultivos de mayor arraigo en Parderrubias hace unos doscientos cincuenta años.

Centeno

Era un cultivo de excelente adaptación a los cambios climáticos y a la escasa calidad del suelo. Un cereal, además, de mucha utilidad, tanto por el grano panificable (pan negro), como por la paja.

Una gran parte de él se cultivaba en los vedros, pequeñas parcelas roturadas en el monte comunal y sembradas para obtener el denominado pan de monte, que más adelante darían lugar a las searas o cupos que resultaron de repartir el monte entre los vecinos.

Su cultivo requería arduas faenas, que variaron poco a lo largo de los tiempos. Tales eran la siembra, en el mes de octubre, con el correspondiente estercado, decruado, entravesado, gradado y asucado. Ya nacido, venía el aricado con el arado y el mondado con la mano, para quitarle las malas hierbas. Por la fiesta de Santiago (julio), se realizaba la siega, amontonando los haces o  gavillas en hacinas. Luego venía  el acarreo y después la trilla para desgranar el grano de la espiga. Consistía ésta en la colocación de varios hombres alrededor de las gavillas de centeno extendidas en la era emboñigada (embostada), batiéndolas acompasadamente con los mayales (mallos). Se terminaba con el aventado, tarea  propia de las mujeres, que consistía en echar  al aire el grano con las cribas, para separarlo de los restos de paja, almacenándolo luego en las arcas.

La superficie cultivada era de unos 625 ferrados al año (39,30 hectáreas), con una producción total de 500 fanegas de grano, es decir, 26 toneladas, siendo la tercera parroquia más productiva de A Merca, después de A Mezquita y Proente, e igualada con Vilar de Paio Muñiz.

Trigo

Aunque preferido al centeno, por la mejor calidad del pan (pantrigo, pan de flor, pan blanco, pan candeal), su cultivo era escaso por la falta de adaptación a un clima excesivamente húmedo. Con todo, era la tercera parroquia productiva, con 225 ferrados de cultivo (14,14 hectáreas) y 180 fanegas de grano (9,3 toneladas), después de Corvillón  y Vilar de Paio Muñiz. Los trabajos del cultivo eran semejantes a los del centeno. Consta también documentalmente que en 1752, “Pedro Yglesia hijo de Theresa gomez vezino de par de rrubias era arriero de Trigo”.

Maíz

La llegada de este cereal, allá por el año 1630, supuso para Parderrubias un desahogo tanto en la alimentación humana, como de los animales. De su planta se aprovechaba todo, la paja y el pendón para el ganado, las vainas de la mazorca para rellenar los colchones y los zuros o raspas de las espigas desgranadas, como excelente combustible. Pero sobre todo la mazorca, que proporcionaba el grano para los animales y la harina con la que se hacía el pan de boroa. Algunas costumbres y tradiciones en su tratamiento, como la sacha, las tandas de  riega  día y noche, la recogida de pendones, las deshojas (escasullas) terminadas en fiesta, el almacenamiento en el hórreo y las desgranas, perduraron hasta tiempos en los que las personas mayores aún recuerdan.

Parderrubias era la parroquia más productiva de toda la municipalidad, con una superficie cultivada de 812 ferrados (51 hectáreas) y un fruto de 650 fanegas al año (42,7 toneladas), seguida de A Mezquita con 470 fanegas (31 toneladas) y Pereira de Montes con 420 (27,6 toneladas). Parderrubias era también la primera en producir mijo (maíz menudo), con 3,9 toneladas, pero éste terminó totalmente suplantado por el maíz grueso.

El gran consumo de pan de maíz en Parderrubias, en el año 1752, está testimoniado también por la existencia de tres “Panaderos de Maiz: Ysidro Outumuro, Sivestre Outumuro y Rosalia das Casas vezinos de par derrubias”. Además, “Ybona de la Yglesia de par de rrubias tiene en su propia casa su orno y en el cuezen los mas de los Vezinos del Lugar” (Op. Cit.).

Vino

Parderrubias era entonces, la parroquia más vitivinícola de todas las tierras de A Merca, con una producción de 160 moyos al año (23.600 litros), seguida de Olás, con 18.300. Los viñedos consistían en pequeñas viñas, generalmente valladas, o en parrales altos en los patios, fachadas y alrededores de  casa. Las extremas heladas que quemaban los brotes  de los sarmientos y las  plagas de hongos que hoy conocemos como el oídium y el mildeu, para las que desconocían los actuales tratamientos de azufre y sulfato de cobre, la falta de sol y estiércol, los tipos de cepas, podas, rodrigas, etc. daban como resultado un vino flojo y ácido, que además, tal como acontecía con los chorizos, las filloas o el caldo, era diferente en cada casa, y se picaba fácilmente con los primeros calores del verano. Esta falta de calidad quedó ratificada más tarde en los Diccionarios de Sebastián Miñano (1826) y Pascual Madoz (1846), afirmando que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”. El rendimiento era también escaso, pues la superficie de una cavadura de viña (medida equivalente a 436 metros cuadrados) producía diez cuartas de vino (123 litros), siendo el viñedo de primera calidad, 6 cuartas (74 litros)  la de segunda, y 3 cuartas (37 litros) la de tercera.

“…cada cavadura de Viña de primera calidad por la Uba que rinde dara a el año diez quartas de vino la de segunda calidad seis y la de tercera tres…” (Op. Cit.).

Castañas

Cuesta imaginarse una alimentación básica  sin patatas en el rural de hace 250 años. La patata, traída del altiplano peruano a España por las huestes de Pizarro, no se cultivó como alimento humano en Parderrubias hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII. Ante tal carencia, las castañas eran esenciales en la alimentación de nuestros antepasados, siendo consumidas crudas, cocidas (manotas, zonchos) o asadas (bullós), mientras estaban verdes; cocidas en el caldo o leche, después de secas (pilongas), a lo largo de todo el año. Así lo confirmaba  el Obispo de Ourense, Juan Muñoz de la Cueva (1717-1728):

“La castaña además de ser regalo, a tiempos es un alimento común que suele suplir para los labradores muchos meses de pan”.

Parderrubias era la tercera parroquia de A Merca en producción de castañas, con 25 fanegas, después de Corvillón y Olás. La toponimia nos dejó constancia de su abundancia con los nombres de Souto, Souto da Seara, Souto do Lagar, Souto da Cova e Soutiño. El más extenso de ellos estaba en la Vacariza:

“…en el [término] de Parderrubias ai otro [monte] de siete mil novecientos y veinte y ocho ferrados de los quales ciento y veinte y seis y medio son de soto…”. (Op. Cit.)

Lino

Parderrubias era también la parroquia más productiva de lino, con una superficie cultivada de 110 ferrados (6,92 hectáreas), como ya se expuso ampliamente en el trabajo de este Blog “Las tejedoras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/).

La mecanización del campo, la concentración parcelaria, el cooperativismo y la industrialización del mercado acabaron con las penurias sufridas por el labriego tradicional de Parderrubias, redimiéndolo de las arduas labores y largas jornadas agrarias a las que estaba condenado. Lejos quedan aquellos tiempos en los que nuestros antepasados, trabajando de sol a sol (mejor sería decir de estrella a estrella), regaron de sudor los tojales rozando esquilmo, los rastrojos de los vedros segando centeno o las veigas sachando el maíz. Imágenes evocadoras del esfuerzo y tesón de tantas generaciones pasadas que contribuyeron a alcanzar el confort y  bienestar que Parderrubias goza en el presente.

Valga este recuerdo como pequeño homenaje a todas esas generaciones, trayendo a la memoria colectiva tantos afanes, desvelos e inquietudes intensamente vividos y ahora testimoniados en esta pequeña selección de aperos por ellas utilizados y que forman parte de un patrimonio etnográfico vinculado a la esclavitud de un duro trabajo que a lo largo de siglos constituyó su único medio de subsistencia.