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Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (II)

Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (II)

Por Juan Carlos Sierra Freire

En este artículo, que da continuidad a la serie de trabajos en memoria de los mozos de Parderrubias fallecidos en la Guerra Civil, nos ocupamos de las historias de Modesto y Abelardo, dos jóvenes de Parderrubias a los que, al igual que José Grande Sampedro -cuya semblanza abordamos en un anterior artículo- arrebataron la vida en la flor de su juventud, lejos de sus hogares, con el agravante de que sus restos mortales ni llegaron a recibir sepultura en nuestro camposanto. Un día tomaron un tren en la estación El Empalme de Ourense camino de lo desconocido, con la zozobra de un destino incierto. El destino quiso ser tan cruel, que les negó el regreso a su tierra. En algún lugar del noreste español quedaron para siempre. Descansen en paz.

Modesto Grande Grande (1913-1938)

Modesto nace el 25 de julio de 1913 en el pueblo de A Iglesia, perteneciendo por tanto al reemplazo de 1934 y siendo reclutado para ir al frente de guerra en agosto de 1936. Era hijo de José María y María, y tenía por oficio el de carpintero, profesión con gran arraigo en Parderrubias. Fue alistado a principios de 1934 en el ayuntamiento de A Merca, siendo tallado en 1,66 metros. Por error, es registrado con el segundo apellido de la madre: Álvarez, hecho que dificulta el seguimiento de su historial militar. Es calificado como útil para el Servicio Militar, pero alega ser hijo de sexagenario pobre, por lo que en ese momento queda pendiente de clasificación, a la espera de la presentación de los correspondientes justificantes. Una vez presentados, disfrutó de prórrogas de primera clase. Pero… llega el año 1936 y, con él, la maldita Guerra que lo desbarató todo.

Con el fin de evitar ser enviado al frente, Modesto siguió alegando ser el sustento económico necesario de su familia. Así, en noviembre de 1936, el Secretario del Ayuntamiento de A Merca certifica los bienes rústicos y urbanos de la familia Grande Grande, incluyendo a los padres y a todos los hijos: Antonio (casado con María Casas Sampedro), Eliseo (casado con Hortensia Fernández Rego), Isabel, Dosinda y el propio Modesto. Las múltiples gestiones burocráticas llevadas a cabo para evitar ir a la Guerra no surtieron efecto alguno, de manera que en febrero de 1937, Modesto ya aparece en los registros militares como soldado incorporado a filas en el 5º Batallón del Regimiento de Infantería América nº 23, que se integraría en la 61 División organizada en Navarra el 5 de septiembre de ese año. Este Regimiento tenía su ubicación en el cuartel de Aizoain (Navarra), muy cerca de Pamplona. El 26 de diciembre de 1937, la 61 División es enviada a las inmediaciones de Albarracín –en la provincia de Teruel-, incorporándose al Cuerpo de Ejército de Galicia, encuadrándose como reserva de dicho Cuerpo el 4 de marzo de 1938 (Engel, 2010). Es en este sector en donde Modesto entra en contacto con la Guerra y con sus trágicas consecuencias: la muerte.

Columna motorizada dirigiéndose a Albarracín. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Modesto fallece a los 25 años de edad en el Hospital de Sangre de Cella (Teruel) en los primeros meses de 1938 (desconocemos la fecha exacta). A manos del párroco de Parderrubias, don Juan Estévez, llega una carta firmada por Joaquín Trices, Capitán del 5º Batallón del Regimiento de Infantería América, en la que se informa del fallecimiento de dicho soldado y de su posterior sepultura en el cementerio de Cella. En el Archivo General Militar de Ávila, en donde se encuentran los fondos documentales del Hospital de Cella relativos a los años 1937 y 1938, no encontramos referencia alguna a Modesto. Lo mismo ocurre en el Registro Civil de Cella, en donde no aparece ningún asiento de defunción a su nombre. Tampoco hay información alguna en el Registro de Teruel. Ello nos hace pensar que Modesto pudo ser enterrado en alguna fosa común, sin que haya quedado registro documental alguno del hecho. El lunes 2 de mayo de 1938 se celebraba por su alma un funeral en la iglesia parroquial de Parderrubias con la asistencia de siete curas.

Los hospitales de sangre eran hospitales situados en las proximidades de las líneas de batalla o en poblaciones cercanas a los frentes, en los que se recibía a los heridos en combate. Entre estos hospitales se encontraba el de Cella, en la provincia de Teruel, que funcionó desde el año 1937 hasta el final de la Guerra, alcanzando su mayor actividad durante la Batalla de Teruel.

Se conoce como Batalla de Teruel a una serie de operaciones militares que tienen lugar entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938 en esta ciudad y sus alrededores. Pasó a los anales de la Guerra Civil como uno de los episodios más terribles de la contienda. Las balas y el frío polar acabaron con la vida de miles de gallegos en ambos bandos. En esta batalla, como ocurrió en alguna otra, encontramos a gallegos enfrentándose entre sí, lejos de su tierra (¡la locura de una guerra civil!). El 15 de diciembre, el Ejército Republicano lanza una operación sorpresa para conquistar Teruel con el objetivo de distraer a las Fuerzas Nacionales y así paralizar su interés por la conquista de Madrid. Como bien señala Cocho (2011), una razón de prestigio en las filas nacionales y una estrategia de efecto propagandístico en las republicanas llevaron al matadero a miles de jóvenes gallegos. En un durísimo invierno, con temperaturas que llegaron a ser de 20 grados bajo cero, el Ejército Popular cercó durante tres semanas la ciudad, hasta que el 8 de enero, después de durísimos enfrentamientos cuerpo a cuerpo, cae Teruel en poder de los republicanos. Supuso un simple cambio de papeles: los sitiadores pasaron a sitiados y viceversa, pues al poco tiempo el Ejército sublevado mueve trece Divisiones con el único objetivo egocéntrico de recuperar la capital turolense, sin importar lo más mínimo el número de víctimas. El 22 de febrero, el General Aranda entra en la ciudad, volviendo a pasar a manos del ejército franquista. El coste para los Nacionales fue de 14.000 muertos, 16.000 heridos y 17.000 enfermos por congelación; las bajas republicanas pudieron alcanzar las 60.000 (Cocho, 2011). Integrando esa fría y espantosa cifra de heridos estaría Modesto Grande Grande, joven de Parderrubias forzado a una pelea difícilmente comprensible. En esta batalla también participó su vecino de O Outeiro, Adolfo Outumuro Outumuro, que formaba parte de uno de los batallones que integraban el Regimiento de Infantería nº 28 del Ejército Nacional. Adolfo consigue salir ileso de la contienda, pero vivió con sus consecuencias el resto de sus días: una bronquitis crónica.

Batalla de Teruel. Foto: Robert Capa. Tomada de La Guerra Civil Española en Color

Si examinamos la labor propagandística de los medios afines al Ejército sublevado, La Región del 16 de diciembre de 1937 incluía como titular de portada “En el sector de Teruel han dejado los rojos el campo cubierto de cadáveres al ser rechazados dos ataques por nuestras fuerzas”. El titular del 19 de diciembre no le iba a la zaga: “En el día de ayer y en el sector de Teruel se causaron al enemigo más de dos mil muertos”. Fruto de un exceso de entusiasmo, el 1 de enero de 1938 se anuncia que la ciudad de Teruel es liberada, ya que las fuerzas golpistas habían levantado el cerco llegando a la capital, lo cual distaba de ser verdad. El 11 de enero, La Región alarmaba con que “solo la inepcia y la traición de un jefe facilitó a los rojos la conquista de algunas posiciones”. Sin nombrarlo en ningún momento, la noticia se refiere al Coronel Rey d’Harcourt que rindió la capital al Ejército Rojo, siendo por ello defenestrado por la jerarquía franquista. El 18 de enero abre con el titular “Recomenzada la batalla de Teruel, el enemigo sufrió una espantosa derrota”. El 23 de febrero la portada de La Región sentencia que “Teruel vuelve a ser de España. A las ocho de la mañana fue ocupada la ciudad de Teruel”.

La Región, 23 de febrero de 1938

La acción propagandística de la prensa del Frente Popular describía una realidad muy distinta. Así, el diario Ahora, el sábado 18 de diciembre, abría portada con el titular “Teruel absolutamente cercado”. Y, el 22 de diciembre, bajo el titular “Teruel conquistado para España y la República” se podía leer:

La jornada de hoy termina con la entrada de las tropas republicanas en Teruel, estando ya en nuestro poder amplios sectores de la ciudad… Nuestras fuerzas no solamente resistieron, sino que contratacaron, aniquilando una Compañía entera, de la que quedaron en el campo los cadáveres de casi todos sus componentes”.

La portada del diario El Pueblo, bajo un “Teruel, liberado”, lanzaba un despiadado mensaje:

“…al comenzar nuestra ofensiva, el ex general locutor de Sevilla [Queipo de Llano en sus alocuciones radiofónicas diarias durante la Guerra] dio a entender que nosotros nunca podríamos tomar Teruel. ¡Se habrían acumulado elementos en la ciudad y qué conocimiento tendrían de que era inexpugnable, que todas las radios facciosas, haciendo digno coro al bizarro locutor sevillano, se permitieron vayas y jactancias en tonos que corresponde a la indigencia mental de que dan muestras en sus habituales emisiones de radio!” (El Pueblo, 22 de diciembre de 1937).

Según Engel (2010), las acciones en Teruel de la 61 División, a la que pertenecía el 5º Batallón del Regimiento América nº 23, en el que estaba alistado Modesto, se inician el 30 de diciembre de 1937, cortando la carretera de Teruel a Masegoso. Al día siguiente conquistan La Muela de Teruel. El 2 de enero de 1938, la División se situó en posiciones defensivas sobre la carretera de Teruel a Zaragoza. Al día siguiente fracasa en el intento por avanzar las líneas. El 7 de enero rechaza un ataque a La Muela y, al día siguiente, tras conocerse la caída de Teruel, abandona sus avances y pasa a fortificarse en La Muela. A principios de febrero repelen fuertes ataques del enemigo y ya el 20 de febrero inician la contraofensiva tomando posiciones enemigas cercanas a La Muela. La batalla de Teruel había costado a la División 2.095 bajas de guerra y 2.000 enfermos. Modesto formaba parte de esa aterradora cifra.

Abelardo González Outumuro (1910-1939)

Abelardo nace en O Outeiro el 8 de marzo de 1910, perteneciendo por tanto al reemplazo de 1931. Es hijo de José y María, y tenía por ofició, al igual que Modesto, el de carpintero. El día de su alistamiento es tallado en 1,61 metros. Reconocido facultativamente, se le detecta un déficit en su agudeza auditiva “que le impide oír a menos de 10 metros y más de 2,50”, según se recoge en su expediente. Por esta razón, es calificado como útil exclusivamente para Servicios Auxiliares. Sin embargo, iniciada la guerra, la Junta Militar, obviando dicho déficit físico, lo declara “soldado útil para todo servicio”, siendo incorporado a filas en noviembre de 1936.

Los datos históricos que disponemos de Abelardo relativos a su presencia en el Ejército son escasos y un tanto confusos. La única referencia documental es su partida de funeral firmada por el párroco de Parderrubias, don Juan Estévez, el 23 de abril de 1939. En dicho documento se informa de la celebración de los funerales de Abelardo, fallecido en el hospital de Cella el 23 de abril de ese año a consecuencia de las heridas recibidas en el frente. Por tanto, desconocemos el lugar preciso, la fecha en la que cayó herido y la fecha exacta de su fallecimiento, pues difícilmente puede coincidir esta con la de los funerales celebrados en Parderrubias. La partida indica que tenía 25 años de edad, cuando en realidad tenía 29.

A la información recogida en este documento parroquial hay que añadir algunos datos biográficos que llegan a nuestros días fruto del boca a boca de los vecinos de Parderrubias. Entre lo que hemos conseguido recopilar, se repite el hecho de que sus familiares le dieron por fallecido en un episodio bélico relacionado con un buque, cuando no existe constancia alguna de ello como veremos. Se llegó a comentar que se habían celebrado en la Parroquia funerales por su alma, apareciendo posteriormente el finado en el pueblo disfrutando de un permiso. La explicación a esta confusión puede estar en el hecho de que la noticia de su fallecimiento llega a Parderrubias a través de un compañero, natural de Barbadás. A diferencia de otras partidas similares, en la de Abelardo no se alude a comunicado militar oficial alguno sobre su fallecimiento. Teniendo en cuenta que en los libros parroquiales no hay doble partida de funeral ni rectificación alguna en la existente, descartamos un doble funeral, salvo que la familia tuviese alguna misa por su alma antes de oficializarse su fallecimiento y se llevase a cabo el correspondiente funeral. Con respecto al buque, hay dos episodios marítimos trágicos en la última fase de la Guerra Civil, en los que se vieron involucrados soldados gallegos: el hundimiento del crucero Baleares en la madrugada del 7 de marzo de 1938 y el hundimiento del buque Castillo Olite, justo un año después, el 7 de marzo de 1939. Nos decantamos por el segundo episodio, como argumentaremos más adelante, descartando relación alguna con el navío Baleares, pues su tripulación estaba compuesta por marineros, por lo que no creemos que Abelardo formase parte de su tripulación. A partir de esta escasa información, únicamente cabe formular hipótesis de cuál pudo ser la historia y el destino final de Abelardo.

En primer lugar, a priori llama nuestra atención el hecho de que fallezca en el Hospital de Sangre de Cella estando ya la guerra finalizada. Como hemos señalado, estos hospitales se levantaban en lugares cercanos a los frentes de batalla, con el fin de recibir de manera inmediata a la multitud de heridos en combate. El frente de Aragón dejó de estar activo a finales de la primavera de 1938, por lo que no tiene mucha lógica pensar que este hospital estuviese funcionando en la primavera de 1939. Caben dos posibles interpretaciones. La primera es que el hospital sí estuviese todavía activo en abril de 1939, recibiendo heridos de la Batalla del Ebro, frente de Levante y del avance sobre Cataluña –frentes todos ellos relativamente próximos a Cella-, y que en alguno de estos campos de batalla fuese herido mortalmente Abelardo, pues en su partida de funeral se habla de heridas sufridas en el frente de guerra. La segunda interpretación es que Abelardo no falleciese en Cella y que el párroco de Parderrubias copiase en su partida de funeral la misma ubicación del anterior soldado fallecido un año antes: Modesto Grande, que sí lo había hecho en Cella. De hecho, en la aparente similitud entre ambas partidas encontramos una diferencia significativa: mientras que en la de Modesto se dice que es sepultado en el cementerio municipal de Cella (a pesar de no haber documento alguno que lo acredite en el Registro Civil de esta localidad), en la de Abelardo no se comenta nada al respecto, es decir, se desconoce el paradero de sus restos mortales. Nos decantamos por la primera hipótesis, dando por buena la información registrada en la partida de funeral firmada por don Juan Estévez, aunque en el Archivo General Militar de Ávila, en donde se archiva la documentación del Hospital de Sangre de Cella, relativa a los años 1937 y 1938, no existe ninguna referencia documental relativa a Abelardo. Tampoco obtuvimos información acerca de su defunción en los Registros Civiles de Cella y de Teruel.

Frente de Levante, abril de 1938. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Dando por válida esta interpretación de los hechos, y teniendo en cuenta la relación de Abelardo con un episodio bélico naval, cabe suponer que el campo de batalla en el que cae herido es el Frente de Levante. Combinando la información disponible relativa a Cella, a los frentes de guerra cercanos a esta localidad y al buque Castillo Olite, llegamos a la conclusión de que Abelardo pertenecía al Batallón 2º o 3º del Regimiento Zamora nº 29 con sede en A Coruña, que estaba integrado en la 83 División del Ejército Nacional. Ambos batallones estaban formados por soldados gallegos. Las operaciones de estos batallones comienzan el 15 de agosto de 1936, al ser enviados a Asturias. Después de participar en la Batalla de Teruel, en marzo de 1938 intervienen en las operaciones del frente mediterráneo con el objetivo de aislar Cataluña, conquistando la zona de Castellón en el mes de junio. En el mes de noviembre, los republicanos lanzan una ofensiva general en la zona, siendo repelida por ambos batallones. Pensamos que es aquí en donde Abelardo es herido y supuestamente enviado al hospital militar de Cella.

Castellón en manos de los Nacionales, junio de 1938. Fuente: Biblioteca Nacional de España
La Región, 14 de junio de 1938

El 5 de marzo de 1939, los batallones del Regimiento Zamora, en retaguardia y con la mente ya puesta en el final de la Guerra, reciben una inesperada orden de embarque en el puerto del Grao de Castellón para dirigirse a Cartagena en auxilio del levantamiento militar que se había producido en la ciudad. Los batallones 2º y 3º del Zamora lo hacen en el buque Castillo Olite, al que entendemos que no sube Abelardo por encontrarse convaleciente. El Castillo Olite era un buque mercante soviético apresado el 31 de mayo de 1938 por el ejército sublevado en aguas del Estrecho, transportando un cargamento de carbón, pasando a formar parte de la flota franquista.

El 4 de marzo tiene lugar en Cartagena una rebelión militar contra el gobierno republicano de Negrín, hecho que lleva a los militares franquistas al envío inmediato de tropas a esta ciudad con el fin de tomar uno de los últimos bastiones militares republicanos. Desde Castellón y Málaga, entre otros puertos, zarpan más de 30 buques que transportan a más de 20.000 hombres con destino a la ciudad milenaria. Mientras la flota surcaba las azules aguas del Mediterráneo buscando su objetivo, la 206 Brigada Mixta reconquista Cartagena, retomando algunas de las baterías costeras sublevadas con el fin de impedir el desembarco Nacional. Ante los acontecimientos, los barcos franquistas regresan a sus puertos de origen, excepto el Castillo Olite que sigue su rumbo mortal al no recibir noticia alguna, pues no llevaba ningún sistema de comunicación, ni con el mando ni con el resto de flotilla. La precipitada y desastrosa acción militar hace que el 7 de marzo, ya cerca de la costa cartaginense, el buque sufra un impacto directo en la santabárbara dirigido desde un cañón de la batería de defensa costera de La Parajola. De los 2.112 hombres que había a bordo –la mayoría gallegos-, fallecen 1.477, 342 resultan heridos y 294 son hechos prisioneros. Es la mayor tragedia de la historia naval española.

Castillo Olite

En la prensa de la zona nacional de la época no encontramos ni una sola línea referida al suceso. El diario La Región, al día siguiente del ahogamiento de cientos de gallegos, lleva a cabecera el caos de la zona roja, informando que la escuadra roja, huida de Cartagena había entrado en Bizerta, puerto tunecino. De manera vergonzosa, ni una sola referencia a la tragedia.

En definitiva, que el relato de las historias de José, Modesto y Abelardo sirva para honrarles, y que sus nombres y sus biografías no caigan en el olvido. Como señala Cocho (2011), conocer sus historias debe servir para interiorizar la lección contra la intolerancia y mantener siempre viva la llama de la libertad y de la paz.

“La paz no puede mantenerse por la fuerza. Solamente puede alcanzarse por medio del entendimiento” (Albert Einstein, 1930).

Agradecimientos

A Víctor Fortes por todas las facilidades prestadas para acceder al Arquivo Municipal da Merca, y al personal del Archivo Histórico Diocesano de Ourense por facilitarme las consultas en los Libros Parroquiales.

La fotografía de portada de este artículo está tomada de La Guerra Civil Española en Color (https://www.facebook.com/GCESPCOLOR)

Referencias

Cocho, F. (2011). Guerra Civil. Que pasou en Galicia e en España. Edicións Xerais.

Engel, C. (2010). Historia de las Divisiones del Ejército Nacional. Almena.

Matthews, J. (2013). Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la guerra civil 1936-1939. Alianza Editorial.

Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Por Juan Carlos Sierra Freire

La generación de mi padre da sus primeros pasos en el inicio de la década de los treinta del pasado siglo. Fueron años convulsos, de grandes cambios e importantes crisis políticas. Tiempos que acabaron en una Guerra Civil. Le tocó nacer y crecer en tiempos revueltos. A partir, básicamente, de la prensa local de la época, en este artículo se describen acontecimientos ocurridos en la comarca de Parderrubias desde el año 1930 hasta el golpe de estado y posterior inicio de la Guerra en julio de 1936.

El año 1930 terminaba de manera convulsa debido a las posiciones cada vez más enfrentadas entre monárquicos y republicanos. La sublevación en Jaca fue el exponente más claro de movimientos revolucionarios que fueron surgiendo. Durante los meses de noviembre y diciembre de ese año, las huelgas generales fueron habituales en todo el país. Se estima que alrededor de cien mil obreros no tenían trabajo. En Ourense se convoca una huelga general el lunes 15 de diciembre. El comercio echó la persiana y en puntos estratégicos de la capital se situaron parejas de la Benemérita. A las tres y media de la tarde se proclamaba el Estado de Guerra y las tropas de Infantería comenzaron a patrullar las calles. La huelga se mantuvo hasta el jueves, desarrollándose pacíficamente, sin incidentes.

En las Universidades de todo el país, el ambiente era francamente subversivo, lo que obliga al Gobierno a declarar, el 5 de febrero de 1931, un mes de vacaciones extraordinarias. Dimitido el Gobierno en pleno, el 18 de febrero toma posesión un Gobierno de concentración monárquica que convoca elecciones municipales para el 12 de abril. Mientras tanto, la capital ourensana seguía su discurrir cotidiano y el 22 de marzo honraba a San Lázaro. A las ocho de la mañana tenían lugar alboradas y dianas a cargo de la Banda Municipal y de gaitas del país. En torno al mediodía, finalizada la procesión del Santo, se quemaron las acostumbradas madamitas.

Llega la República

El 12 de abril de 1931 se celebran elecciones municipales en España, aunque lo que se votaba en realidad era la continuidad de la Monarquía. Hacía un año que José Manuel Ferreiro regía el Ayuntamiento de A Merca. Las grandes ciudades españolas dan la victoria a los partidos republicanos. Los monárquicos ganan en escasas capitales (entre ellas Ourense) y en el ámbito rural. La consecuencia inmediata de estas elecciones fue el fin del reinado de Alfonso XIII, que se exilia en París la noche del 14 de abril, pues su vida no estaba asegurada en España. La Monarquía había muerto. El titular de La Región del día 15 no dejaba lugar a dudas:

Don Alfonso renunció a todos los derechos de la Corona de España… Quedó virtualmente proclamada la República en España, habiéndose nombrado un Gobierno Provisional, que preside Alcalá Zamora”.

Izado de la bandera republicana en el Ayuntamiento de Madrid. Fuente: Mundo Gráfico, 22 de abril de 1931. Biblioteca Nacional de España

El 14 de abril, el pueblo sale a las calles y se proclama la República. Según informa La Región del día siguiente, en las calles de Ourense, desde las primeras horas de la tarde, se notaba una animación extraordinaria por las noticias que llegaban desde Madrid. En la calle Progreso se organiza una imponente manifestación que se dirige hacia el Ayuntamiento, mientras se vitorea la República de manera incesante. En el balcón del Ayuntamiento ya ondeaban las banderas republicana y gallega. Se descuelga el retrato del Rey, que preside el Salón de Sesiones, y es arrojado a la calle desde una ventana. La Banda de Música Municipal entona la Marsellesa y el Himno Gallego. Desde la Plaza del Ayuntamiento, la manifestación se dirigió hacia el Gobierno Civil, en donde se iza la bandera republicana. El Presidente de la Federación Republicana, Luis Fábrega, dirige unas palabras a los asistentes, destacando que el triunfo alcanzado redundará en la prosperidad y engrandecimiento de España. Se oía música y sonidos de pirotecnia. A las ocho y media de la tarde, el gentío escucha a través de un altavoz colocado en la calle Paz Novoa, el discurso de Niceto Alcalá Zamora, Presidente del Gobierno Provisional. La editorial de La Región hablaba de asombro:

¿Qué republicano, por fervoroso que sea, se atrevería a vaticinar lo que en España ha ocurrido en las últimas cuarenta y ocho horas? Nadie creería realizable lo que hoy España contempla atónita y asombrada”.

El día Primero de de Mayo del primer año de la República se celebra a lo grande en la capital ourensana, pues se había declarado fiesta nacional. A las diez de la mañana se organiza en la Casa del Pueblo una gran manifestación en la que destacan más de cincuenta banderas de Agrupaciones Afiliadas y Sociedades Agrarias. Entre las numerosas bandas de música que amenizaron la marcha se encontraba la de Loiro, dirigida por don Manuel Soto. De los discursos pronunciados en la Alameda destacó el de Albino Núñez, en representación de la Asociación de Maestros de la Casa del Pueblo, centrado en las dificultades de los maestros de los pueblos para llevar a cabo su misión, debido a las necesidades de los hogares campesinos, pues “los niños llegan a la escuela faltos de alimentación y después de rudos trabajos que los agotan para recibir enseñanza, lo que puede llevar a pensar erróneamente que son más torpes que los hijos de familias burguesas”. Mientras esto ocurría en la capital, el alcalde de Celanova, Celestino Nogueira, era destituido fulminantemente por el Gobernador Civil interino, y multado con 250 pesetas, por desobedecer sus órdenes sobre los actos del Primero de Mayo.

En los primeros pasos de la República, la organización de algunos municipios ourensanos no estuvo exenta de polémicas. Así, el Partido Republicano Radical Socialista denuncia ante el Gobernador Civil anomalías en varios de ellos, entre los que estaba el de A Merca, al que se alude en la prensa:

El pueblo expuso cuales candidatos deben ser proclamados por merecer la mayor asistencia de la opinión. Entregaron la lista de candidatos al presidente de la Comisión gestora, quien después hizo proclamar a los que fueron de su agrado, sin tener en cuenta los propuestos por el pueblo. Pide la destitución de la Comisión, entregada hoy al viejo cacique” (La Región, 28 de mayo de 1931).

En las primeras elecciones a diputados de la República, celebradas el 28 de junio de 1931, los candidatos más votados en A Merca fueron José Calvo Sotelo (828 votos), Luis Fábrega Coello (407 votos) y Basilio Álvarez Rodríguez (405). Por la circunscripción provincial de Ourense obtuvieron Acta de Diputado tres republicanos radicales (Luis Fábrega Coello, Basilio Álvarez Rodríguez y Justo Villanueva Gómez), dos radicales socialistas (Alfonso Pazos Cid y Manuel García Becerra), un nacionalista (Ramón Otero Pedrayo), un independiente (José Calvo Sotelo), un socialista (Alfonso Quintana y Pena) y uno de Acción Republicana (Manuel Martínez Risco). En las segundas elecciones, que tuvieron lugar el domingo 19 de noviembre de 1933, votaban por primera vez las mujeres. Nuestras abuelas fueron pioneras del voto femenino en España. Tenían obligación de votar hombres y mujeres mayores de 23 años, pudiendo hacerlo desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Los resultados dieron la victoria a las derechas. Los nueve diputados por Orense ordenados por número de votos fueron José Sabucedo Morales, José Calvo Sotelo, Basilio Álvarez Rodríguez, Justo Villanueva Gómez, Antonio Taboada Tundidor, Luis Fábrega Santamarina, Fernando Ramos Carriño, Andrés Amado Villavardel y Carlos Taboada Tundidor; perdía su acta de diputado Ramón Otero Pedrayo.

La situación a finales de ese año 1933 era preocupante, al menos a la luz de un Bando del Alcalde de Ourense publicado el 25 de noviembre, por el que hasta el 15 de diciembre todos los propietarios de cabezas de ganado caballar, mular, asnal y bovino, así como los de carruajes de tracción animal y de automóviles, motocicletas y bicicletas, deberían inscribirlos en la Secretaría Municipal por la “necesidad imperiosa de precaverse para la defensa nacional”. El 9 de diciembre se declaraba el estado de alarma en todo el país como consecuencia de un movimiento anarco-sindicalista.

La situación más crítica llegó en octubre de 1934 con la huelga revolucionaria que presentó tintes bélicos en Asturias, León y Cataluña. Tuvo que intervenir el Ejército y los muertos se contaron por centenares. Entre los militares enviados a tierras leonesas se encontraba Ceano, Jefe del Batallón que guarnecía la plaza de Ourense. Su intervención en la cuenca de Villablino evitó que los revolucionarios llegasen hasta Monforte. Algunos de los responsables de la revuelta, tanto militares como civiles, fueron fusilados, pues estaba vigente la pena capital. La tragedia fue de tal calibre, que el Obispo de la Diócesis de Ourense presidió el 19 de noviembre un funeral por todas las víctimas en la Catedral, acontecimiento calificado por la esquela publicada en La Región como un “piadoso y patriótico acto”. El 3 de diciembre se celebraban en el Santuario de As Maravillas solemnes funerales en sufragio de las víctimas de octubre, en los que participaron la mayoría de párrocos del Arciprestazgo de A Merca: Merca, Parderrubias (don Alfonso Losada), Faramontaos, Pereira, Sabucedo, Seixadas, Santabaia y Espinoso. Al acto asistieron fieles de las diferentes Parroquias que circundan al Santuario. Durante la homilía, el cura de Sabucedo de Montes se refería a las víctimas como “inocentes, ya que unas sin intervenir en nada, acreditadas por su honradez, fueron ametralladas, y otras locamente arrastradas por la ignorancia y apasionamiento, perecieron en la contienda”.

Fuente: Mundo Gráfico, 31 de octubre de 1934. Biblioteca Nacional de España

El orden público

Uno de los mayores problemas que tuvo que afrontar la Republica fue el orden público, coincidiendo con uno de los períodos más violentos de la historia moderna de España. González-Calleja (2011) identifica entre el 14 de abril de 1931 y el 17 de julio de 1936 más de 650 altercados mortales en todo el país, destacando que, entre el 16 de febrero y el 17 de julio de 1936, el promedio de muertes diarias fue de 2,2. La mitad de ellas eran fruto de atentados o represalias políticas y de enfrentamientos espontáneos entre grupos políticos. Durante ese período, de febrero a julio, en Ourense se produjeron siete víctimas mortales (cinco de ellas en la capital), siendo obra de pequeñas bandas de pistoleros (González-Calleja, 2011).

“Huelgas” y “crisis de gobierno” son palabras habituales en la prensa diaria de la época de la República; a ellas podríamos añadir las de “complot”, “bombas” y “pistoleros”. Las crisis (cambios) de gobierno son difíciles de contabilizar, pues algunos gobiernos duraban semanas. Las huelgas generales inundaron todo el país. En Ourense, a finales de marzo de 1932, coincidiendo con la Semana Santa, se vivió una huelga general, la de mayor duración hasta esa fecha, y durante seis días ni se publicó el diario La Región. La razón por la que obreros, comercio y organismos pararon era la defensa del ferrocarril Zamora-Orense-Coruña, cuyas obras estaban amenazadas de paralización. En respuesta, las Sociedades Obreras de la Casa del Pueblo declaran el domingo 20 de marzo huelga indefinida, que se inicia el lunes a las ocho de la mañana. La capital y las principales villas pararon, y se impidió la introducción de artículos de consumo en la capital, lo que llegó a provocar incidentes como el ocurrido en O Posío, cuando varios individuos intentan introducir pollos para la venta. El martes hubo cargas de la Guardia Civil a las puertas del Gobierno Civil y en el puente de A Burga, que acaban derivando en un tiroteo entre huelguistas y la Fuerza Pública. La desgracia se produce cuando el joven Jenaro Ortiz Neira cae abatido en la Plaza del Trigo, a consecuencia de una bala rebotada, falleciendo a los dos días. El Jueves Santo dimiten, entre otras, las corporaciones de los Ayuntamientos de San Cibrao das Viñas y Barbadás, y llegan desde Madrid 150 Guardias Civiles. El Viernes Santo asisten al entierro de Jenaro más de seis mil personas y el sábado se localizan en el Jardín del Posío siete bombas. Tal vez uno de los hechos más surrealistas relacionado con la huelga general de Ourense, en defensa del ferrocarril, fuese la detención de los jugadores del Betis el Viernes Santo, al ser confundidos en A Gudiña con sindicalistas. Por razones obvias, la Semana Santa ourensana de 1932 no revistió brillantez alguna, al no tener lugar ningún desfile procesional.

El 8 de agosto de 1934, el Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, visitaba Ourense. A la llegada del tren presidencial a la estación, la Banda Militar y la de Alongos interpretaban el himno nacional. Desde allí, la comitiva se dirigió al Parque de San Lázaro en donde le esperaba un enorme gentío. El Presidente lo hacía en coche descapotable junto al Alcalde de la ciudad. A continuación visitó la catedral y metió su mano en las calientes aguas de As Burgas. Desde aquí, aclamado por el público, regresó a la estación para seguir su viaje hasta Vigo. Antes de partir donó mil pesetas al Ayuntamiento y otras mil a la Diputación.

El año 1935 terminaba trágicamente en Ourense, pues el 26 de diciembre, como consecuencia del temporal reinante, una casa en construcción en Ervedelo se derrumba sobre veinte obreros, falleciendo nueve de ellos e hiriendo gravemente a otros siete. Al día siguiente cerró todo el comercio capitalino en señal de duelo. El propietario de la obra y el contratista ingresan en la cárcel por no tener las licencias en regla. Diciembre de 1935 y enero de 1936 fueron meses de campaña electoral y mítines políticos. El día de Reyes, Gil-Robles llenaba los teatros Principal y Losada, en donde hizo la primera y segunda parte del discurso, respectivamente. Era la primera vez que hablaba en Orense y muchos seguidores se quedaron en la calle sin poder escucharle. Al día siguiente se convocaban elecciones para el 16 de febrero y se disolvían las Cortes. El diario La Región hablaba de la necesidad de no solo triunfar, sino de vencer a la revolución. El 5 de febrero le tocaba el turno a Calvo Sotelo, que también llenó ambos teatros. En los pueblos de nuestra comarca, días antes habían aparecido carteles de Acción Popular de Gil Robles.

En Ourense, los resultados electorales otorgaron la victoria a las derechas, que obtuvieron 91.768 votos, por 81.664 los partidos centristas, 63.126 el Partido Radical y 48.200 el Frente Popular, siendo la única provincia gallega en la que triunfaron. Las nuevas actas de diputados se repartieron de la siguiente manera: tres representantes del Bloque Nacional/Renovación Española (José Calvo Sotelo, José Sabucedo Morales y Andrés Amado R. de Villaberdet), tres de la CEDA (Laureano Peláez Canellas, Luis Espada Guntín y Ramón Villarino de Sáa), dos centristas (Antonio Taboada Tundidor y Fernando Ramos Cerviño, el acta de este último será anulada en mayo) y uno del Partido Radical (Justo Villanueva Gómez, que pierde el acta en mayo). El Frente Popular, que no había obtenido acta alguna en un primer momento, consigue en mayo las dos anuladas a los otros partidos: un escaño para Izquierda Republicana (Manuel Martínez Risco) y otro para Unión Republicana (Alfonso Pazos Cid). Para las derechas ourensanas serían unos resultados frustrantes, pues el Frente Popular había ganado las elecciones y el 19 de febrero Manuel Azaña configuraba un nuevo Gobierno, iniciándose de este modo una nueva etapa republicana.

En junio de 1936 encontramos en los diarios locales noticias de agresiones por razones políticas, en las que el uso de armas no era algo extraordinario. A pesar de ello, los ourensanos trataban de olvidarse durante unos días de las problemáticas sociopolíticas celebrando los tradicionales festejos del Corpus. Las verbenas en los paseos de la Alameda y en los jardines de Concepción Arenal, así como el mano a mano entre los matadores Joselito Sánchez Mejías y Juan Belmonte, en la recién estrenada plaza de toros del Couto, eran buenos pretextos para ello. Sin embargo, el domingo 7 de junio, día en el que comenzaban las fiestas, un tiroteo que acaba con muertes deriva en un paro general de cuatro días, con un resultado final de tres fallecidos y varios heridos. La semana grande de Ourense se convertiría en una semana de odio y sangre. En las primeras horas de la tarde de ese domingo soleado, un enfrentamiento entre jóvenes de distintas ideologías, en el Café La Bilbaína, acababa con el asesinato de dos jóvenes del Frente Popular, resultando heridos otros dos, mientras que la ciudad caía presa del terror: gritos, carreras, cargas y disparos. A las siete de la tarde era tiroteado un joven de Acción Popular. El lunes, la ciudad estuvo completamente paralizada y una camioneta que regresaba a Maside, con obreros que habían asistido al entierro de los jóvenes de izquierdas, es acribillada ya de noche en Listanco, falleciendo uno de los ocupantes. Serían detenidos por dichos hechos varios nacional-sindicalistas. La ciudad se ve desabastecida en esos días, y los controles y chequeos se generalizan. Se producen incendios en algunas iglesias (Velle, Santa Cruz da Rabeda y Moreiras) y estallidos de bombas. El jueves, día de Corpus -presumiblemente uno de los más tristes que vivió la ciudad-, la procesión tiene lugar en las naves de la Catedral. La corrida de toros programada para ese día se había suspendido. Para una descripción más detallada de los hechos ocurridos en esa semana de Corpus consúltese Semana Trágica (junio del 36), Crónica Negra de Rafael Salgado (2019).

A la anarquía y caos en la que se veía envuelta parte de la provincia ourensana se unía el crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en la madrugada del 13 de junio. El editorial de La Región del 14 de junio era descarnado:

Ya no respetan nada, ya nada dejan en pie los nuevos bárbaros, toda esta desdichada gente envenenada de las aldeas, ya nada les impone ni coarta, y con el saqueo, con el incendio y con el asesinato están arrasándolo todo. Iglesias, ermitas, casas rectorales, domicilios de gente de orden, hasta Casas Municipales son asaltadas y se les prende fuego o se las saquea y destruye bárbaramente por la cafrería suelta que por ahí anda con todo desembarazo y sin freno alguno” (La Región, 14 de junio de 1936).

En O Barco de Valdeorras había resultado muerto un afiliado a Falange Española, el párroco de Punxín, después de estar detenido en la cárcel de Carballino era confinado a un pueblo de Valladolid para que no continuase con sus actividades subversivas; en una fiesta en Bande se agreden varios individuos de distinta ideología política, etc. El 16 de julio desde el Gobierno Civil se recordaba que la provincia estaba bajo el estado de alarma. El 18 de julio daba inicio una de las etapas más infames de la historia de España.

El anticlericalismo

Uno de los focos de tensión durante la República fue la cuestión religiosa: la educación laica, la supresión de pagos a curas por parte del Gobierno, etc. Hechos como la eliminación de los Crucifijos de las escuelas públicas no fueron bien aceptados por ciertos sectores de la población. Pronto comenzaron campañas y actos reivindicativos a favor del Crucifijo en escuelas rurales ourensanas. Un ejemplo lo encontramos, en febrero de 1932, en Sobrado do Bispo, en donde la indignación del pueblo al saber que el maestro había retirado el Crucifijo acabó con una sonora protesta iniciada por las mujeres del pueblo. Tocaron a rebato las campanas, organizaron una manifestación y allá se fueron a la escuela a decirle al bueno del maestro, que no iban a consentir que la Cruz desapareciese de la escuela. “¡¡Preferimos la ignorancia de nuestros hijos a que les falte la religión!!” gritaban las madres. Echaron mano del Crucifijo que había sido retirado de la pared y en procesión lo llevaron por las calles del pueblo, entre cánticos e himnos, resonando vivas al Redentor del mundo. Al pasar por la iglesia parroquial, pidieron al Párroco que les abriese las puertas del templo. Colocaron la Cruz sobre el Altar Mayor y rezaron una penitencia. A continuación se dirigieron nuevamente a la escuela y colocaron el Crucifijo en donde siempre estuvo, reiterando al maestro la decisión de retirar a sus hijos de la escuela antes de mandarlos a una que no estuviese presidida por la Cruz. En mayo de 1936 se clausuraron varios colegios religiosos en la capital ourensana, en concreto, las Carmelitas, Adoratrices, Siervas de San José y Salesianos.

Frente a la corriente anticlerical que caracterizó a determinados sectores republicanos, se sucedieron actos de afirmación católica como el que tuvo lugar el domingo 29 de enero de 1933 en el teatro Curros Enríquez de Celanova o el mitin del domingo 17 de septiembre de ese mismo año organizado por Juventud Católica en Espinoso, en donde mil quinientas personas, entre las que figuraban campesinos, industriales, curas y maestros, son testigos simultáneamente de la defensa de la autonomía gallega y de la coalición de las derechas, representada en Ourense por Calvo Sotelo. En las elecciones a Cortes del 19 de noviembre de 1933, la situación era de tal crispación, que el diario La Región, caracterizado por una línea editorial claramente católica, invitaba al voto con el siguiente mensaje:

¡¡No olvidaremos!! La quema de conventos, la expulsión del Cardenal Segura, la profanación de imágenes, la disolución de la Compañía de Jesús, la secularización de cementerios, la escuela laica, la Ley de congregaciones y confesiones, la Ley del divorcio. Los electores católicos no olvidaremos la persecución de la Iglesia realizada o consentida por todos los partidos de izquierda” (La Región, 4 de noviembre de 1933).

Los asaltos a lugares sagrados y profanaciones, aun no siendo sucesos tan habituales como en otros lugares del territorio nacional, sí ocurrieron en nuestra comarca. Así, en la madrugada del 22 de enero de 1935, un grupo de individuos sacaron a un prado las imágenes de la capilla de As Lamas, en A Valenzá, y las mutilaron. Días después sería detenido por dichos hechos un vecino de A Valenzá. Al anochecer del día de Navidad de 1935 se produce un incendio en la Casa Rectoral de As Maravillas, que según el diario La Región había sido provocado. Los vecinos consiguieron sofocarlo, pero aun así la mitad de la casa quedó destruida. Además se quemaron maderas y muebles que el industrial de A Manchica, Tomás Atrio, guardaba en los bajos, cuyo valor se estimó en 200 pesetas. En la madrugada del Viernes Santo de 1936, el 10 de abril, fue incendiada la iglesia parroquial de Barbadás, quedando en pie únicamente las paredes. Los autores del hecho habían abierto el templo y sacado al exterior los reclinatorios antes de prenderle fuego, al tiempo que de una caseta que había al lado robaron la cera almacenada y la lanzaron a las llamas. La crónica de La Región señalaba que…

“… la gente estaba allí consternada y estremecida de santa ira. Nunca se creyera allí que nadie llegara a tanto. Los hombres andaban de un lado al otro con la cabeza baja por la pesadumbre y la vergüenza. Las mujeres no reprimían lágrimas amarguísimas”.

El domingo 5 de julio, estando cerca la celebración del día de San Benito, hubo un intento de incendio de la capilla de Cova de Lobo. A pesar de ello, el día 11 de julio la jornada transcurrió con normalidad bajo los acordes de la Banda de Música de Sobrado do Bispo.

El 3 de mayo de 1936, el cura de Barbadás, que iba camino de la capital, fue detenido y cacheado en A Valenzá por un grupo de hombres y mujeres, bajo el pretexto de que llevaba un arma. Al ver que era falso, lo dejaron marchar bajo la amenaza de lincharle si volvía a aparecer por el lugar. Ese mismo domingo se impedía a un grupo de catequistas y a un cura su labor eclesiástica en A Granxa. Pocos días después, por orden del alcalde de A Merca, eran detenidos y conducidos a la cárcel de Celanova los Párrocos de Corvillón y A Mezquita, y el Secretario del Ayuntamiento, por alteración del orden público, siendo puestos en libertad al día siguiente por el Gobernador Civil al no encontrar causa alguna para su detención. Se vivía una campaña encaminada a que unos pocos sembrasen el pánico y la alarma en determinados sectores sociales.

La Semana Santa de 1936 se caracterizó por la limitación de la efusividad en las manifestaciones religiosas públicas. Así, en Celanova, la procesión del Santo Entierro se celebró en los claustros del Convento sin salir a las calles de la villa. Lo mismo ocurría en la Catedral de Ourense.

La vida en nuestra comarca

En el año 1930, Parderrubias contaba con 501 habitantes. Su artería de comunicación principal era la carretera de Ourense a Portugal que cruza el pueblo. A principios de 1934, únicamente estaba asfaltado el primer kilómetro a la salida de la capital; el firme del resto del trayecto, caracterizado por su estrechez, era un apisonado de morrillo y arena. Aparte de Os Escultores, algún otro vecino ya poseía vehículo mecánico. Así, consta que la camioneta con matrícula OR-1357 de Adolfo Garrido fue denunciada por infringir el reglamento de Circulación en diciembre de 1934.

Muchas tradiciones que se conservan en la actualidad eran noticia en la prensa local de los años treinta, especialmente las romerías y fiestas patronales. Así, en julio de 1930 se celebraba la festividad de San Benito de Cova de Lobo:

Desde el amanecer habrá continuamente misas hasta las diez y media. A esta hora saldrá la procesión, después de la cual se celebrará la misa solemne que es aplicada por los bienhechores que contribuyeron con sus limosnas a las obras y mejoras que a honra del poderoso Santo se están ejecutando. La renombrada música de Sobrado del Obispo es la encargada de amenizar esta fiesta, que resultará muy animada y solemne” (La Región, 8 de julio de 1930).

En Allariz, en esas mismas fechas, tenían lugar los festejos en honor a San Benito, que eran inaugurados por la Banda de Música de A Mezquita y anunciados por una salva de bombas. A las diez de la mañana del día 13 tenía lugar la solemne procesión del Glorioso San Benito, en la que figuraban los tradicionales gremios de palillos, entrenzado y danzantes, así como la comparsa de gigantes. En la villa alaricana también era muy concurrida la festividad del Corpus, destacando además de la procesión del Santísimo, junto a la Virgen de Villanueva y San Benito, el tradicional acto de correr el buey a primera hora del jueves:

Al principio no vimos más que mujeres desgreñadas y a medio vestir, chiquillos descalzos y muchos hombres, jóvenes casi todos, en mangas de camisa, y todos con cara de no haberse lavado que gritaban a todo pulmón, dirigiendo la mirada torva y recelosa a un punto determinado, corrían, se paraban y volvían a correr, como mar agitado por fuerte viento. Era el buey que pasaba, y que a pesar de ir atado por una larga soga, en un instante había puesto toda la villa en movimiento” (La Región, 3 de junio de 1934).

En 1931, estando ya vigente la República, Parderrubias celebraba los días 3 y 4 de junio sus fiestas de Corpus, amenizadas por la Unión Musical Santa Cecilia de A Manchica. Ese año, la novena en honor a la Virgen de los Milagros se celebraba con todo esplendor, con misas diarias a cada hora desde de las seis de la mañana hasta las doce del mediodía. El día ocho, día grande, la misa de ocho se oficiaba desde la tribuna de la fachada y a las diez tenía lugar la magna procesión por los alrededores del Santuario. El 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, la Banda de Música de A Manchica, brillantemente dirigida por Aurelio Nieto, amenizó los festejos en su honor. Días atrás, la Corporación Municipal le había otorgado el título de Banda Municipal de La Merca. Además, se llevó a cabo la bendición de una hermosa imagen de la Santa, obra de los Hermanos Garrido. La Banda de Música de A Manchica era un referente entre las bandas de la comarca, gozando de gran popularidad. Prueba de ello era la relación de contratos firmados para amenizar festejos. Solo en el mes de mayo de 1932 amenizó varias fiestas patronales: San Antonio en Villar de Vacas, Santo Cristo en Santa Cruz de la Rabeda y en Ramirás, Ascensión del Señor en Espinoso, San Isidro en Bóbeda (Vilar de Barrio), As Maravillas, Milagrosa en Penusiños, Concepción en Esgos y la procesión de Corpus de la capital ourensana. Esta banda no era la única de la comarca que paseaba su prestigio por muchos de los pueblos cercanos. La Banda de Música de Soutopenedo ganaba el Certamen de Bandas del año 1933 celebrado en Santiago de Compostela; virtuosamente dirigida por Adolfo Valotes, era una de las mejores bandas de la provincia.

Banda de Música de A Manchica. Fotografía de Manuel Garrido

En el mes de mayo de 1932 se celebraba con todo su esplendor la festividad a la Virgen de As Maravillas. El domingo día 15 tenía lugar el traslado de la imagen desde la parroquial al Santuario. Se trataba de una de las romerías más multitudinarias de la comarca. En los días de fiesta, el poético paraje en el que se ubica el Santuario se llenaba de tabernas, cafés, dulcerías y, como no, con las tradicionales pulpeiras. La Banda de Música de A Mezquita fue la encargada de amenizar los festejos. En ese mismo mes, Solveira honraba a San Miguel bajo los sones de la Banda de Música de A Manchica. El 26 de junio de 1932, promovida por los Hermanos Garrido, Parderrubias celebraba con gran efusividad la festividad de la Virgen de Lourdes. Por la mañana, la Banda Santa Cecilia de A Manchica recorría las calles tocando alegres dianas y pasodobles. A las doce se celebraba en el oratorio en el que se veneraba a la milagrosa Virgen una misa solemne a toda orquesta, a la que asistieron innumerables fieles. Ya por la tarde, en A Manchica, la citada Banda ejecutaba un soberbio concierto. El 7 de agosto, Trelle celebraba sus tradicionales fiestas en honor a la Reina de los Ángeles, amenizadas por la Banda de Música de Moreiras. A la sombra de frondosos castaños que allí había se degustaban las clásicas empanadas.

En la madrugada del 17 de marzo de 1933 un ciclón derribaba la espadaña de la iglesia parroquial de Faramontaos, cayendo sobre la nave, quedando toda la iglesia, salvo el altar mayor, completamente destruida. Desde las páginas del diario La Región se invocaba a personas caritativas a que hiciesen donativos para su reconstrucción. El 27 de enero de 1934 aparecía, en el monte de A Bacariza, el cadáver de José Benito Conde Fidalgo, vecino de Armariz (Xunqueira de Ambía), que padecía ataques epilépticos y llevaba ausente del domicilio de su madre viuda desde el día 17. El 8 de diciembre de 1934 tenía lugar en A Merca un entierro, que a decir de las gentes del lugar, ningún otro había reunido a tantas personas. Se trataba de los funerales por doña Dosinda Rodríguez Feijóo, esposa del alcalde don Ramón Rodríguez Rodríguez. Una rápida y traidora enfermedad se la había llevado de este mundo. Los actos fúnebres fueron celebrados por dieciséis sacerdotes. Su suegro, era el Fiscal Municipal, y su hijo Cesáreo Rodríguez era maestro nacional. La desgracia hizo que Cesáreo falleciese tan solo dos meses después víctima de una rápida dolencia.

Un acto religioso con gran arraigo en los pueblos de la comarca era la Novena de las Ánimas. Así, el templo parroquial de San Miguel de Soutopenedo se llenaba de fieles por las noches y por las mañanas. En el año 1933, el párroco don Ramón María Blanco, con su acostumbrada elocuencia y contundencia, hablaba de la existencia del alma humana y del purgatorio. Según las crónicas de la época, el último día de la Novena recibieron la Comunión un millar de personas. El cura don Ramón era activo en el arraigo de las tradiciones religiosas, y así en el mes de mayo celebraba la Fiesta de las Flores. El 27 de mayo de 1934, a las siete de la mañana, se celebraba la misa parroquial, y a las once y media comenzaba la misa solemne cantada a toda orquesta por la Banda de Soutopenedo. A las cinco de la tarde se leyó el Ejercicio del mes de María ante una multitud que llenaba el templo y acto seguido salió la procesión acompañando a la Virgen.

En el año 1934, el 30 (miércoles) y 31 de mayo (jueves), Parderrubias celebraba sus tradicionales fiestas de Corpus, amenizadas por la Banda de Música de A Manchica. En 1935, se volvieron a celebrar con todo esplendor y solemnidad, señalando La Región que “tanto los actos religiosos como los profanos estuvieron animadísimos”. El domingo 17 de junio de 1934, Loiro honraba a San Antonio. Por la mañana recorrió las calles del pueblo la Banda de Música de Soutopenedo, que venía de participar en el Certamen de Bandas que había tenido lugar en la capital ourensana durante las fiestas del Corpus. A las once se celebró la misa concelebrada por el párroco titular, don José Docampo, y los curas de Moreiras y Parderrubias; antes de la celebración eucarística había tenido lugar la procesión. Ya por la tarde, hubo baile amenizado por dicha Banda. Los días 7 y 8 de julio, As Pías celebraba las fiestas de Santa Isabel. A finales del mes de agosto, San Vitoiro de Allariz honraba a su patrón; los festejos de 1935 fueron amenizados por las bandas de música de Santa Leocadia (Taboadela) y A Mezquita. El 27 de agosto, día grande, a las doce del mediodía tenía lugar la misa solemne a toda orquesta y, por la tarde, se concedían importantes premios a las mejores parejas de muiñeiras, continuando con verbena hasta la madrugada.

En A Merca, en el mes de mayo se celebraban los festejos en honor al Espíritu Santo, que en 1935 fueron amenizados por las renombradas bandas de música de A Mezquita y Loiro. Los días 26 de cada mes tenía lugar su tradicional feria. Por los diferentes caminos de acceso llegaban los campesinos y ganaderos con sus ganados, los vendedores de quincalla, de dulces, los panaderos, etc. Los ganaderos solían llegar en mulas o en coches.

El 21 de enero de 1935, a las diez de la mañana, tenían lugar en la parroquial de Parderrubias los magnos funerales por el cura Benito Iglesias González, natural de Solveira, a los que asistieron más de cuarenta sacerdotes. Había sido ordenado en Cuba, en donde favoreció a muchos de sus compatriotas. A su regreso a España, ejerció de párroco en Taboadela, Reza y Villarino de Melias, hasta que una enfermedad le obligó al retiro a su pueblo natal.

En septiembre de 1935 en el municipio de A Merca se recaudaron 202,50 pesetas para el homenaje a la Guardia Civil que tendría lugar el domingo 27 de octubre en la Comandancia de Ourense. Entre los donantes constaban varios nombres relacionados con Parderrubias: los industriales José Garrido y Hermanos, con 25 pesetas; obreros de esta misma casa, 10; Sindicato Agrícola de Parderrubias, 5; el industrial Adolfo Garrido Fernández, 5; el industrial Nicanor Lorenzo, 2; y el maestro de Parderrubias, 5. El Ayuntamiento había donado 75 pesetas, su Alcalde, don Ramón Rodríguez Rodríguez, 1; el Secretario, don Julio Outeiriño, 2; el médico, don José Covelas, 5; y don Castor Gayo, Párroco de Pereira, 2, entre otros muchos.

En mayo de 1935, se producía en A Merca una tumultuosa manifestación promovida por sectores izquierdistas en la que se protestaba por el hecho de que vecinos de Vilaboa, Merouzo y A Merca solicitasen la legitimización de parcelas que venían disfrutando de manera arbitraria en el monte comunal de A Paradela. Estas solicitudes estaban amparadas por el Decreto del Ministerio de Agricultura de fecha 30 de enero de 1935. Los instigadores de la protesta hicieron creer que ese hecho significaba la usurpación del monte con la complicidad del Alcalde. El sábado 25 de mayo se dirigieron hacia el Ayuntamiento, dando gritos subversivos y amenazas al edil y a los solicitantes de dichos terrenos, que lo único que querían era ponerse dentro de la Ley. Dado que no estaba el regidor municipal ese día, se dirigieron al día siguiente domingo a su casa, así como a la de los solicitantes, coaccionándoles mediante amenazas para que retirasen las solicitudes, dado que según ellos “no había más autoridad que la del pueblo y que, por tanto, ellos debían hacer lo que la mayoría acordase, y si no, ardería Troya”. Los incidentes continuaron el sábado 8 de junio coincidiendo con la presencia de un perito que fue a medir para un aparcelamiento destinado a un vecino de A Merca en el monte Rivela. La mitad del pueblo de A Merca se amotinó al toque de las campanas parroquiales lanzadas al vuelo por varios vecinos, exigiendo explicaciones al perito, quien contestó diciendo que cumplía órdenes del Gobernador Civil y del Alcalde. El episodio acabó a palos y pedradas en la carretera entre bandos. Los agitadores solo entraron en razón cuando se presentaron en el lugar el farmacéutico don Aristides Quintairos y el maestro nacional don Sergio Fortes. A dicha pacificación también contribuyó, sin lugar a duda, la llegada de la Guardia Civil de Rairiz de Veiga y de Celanova. El día 19 tuvo que acudir el Gobernador Civil a la localidad para imponer equidad y justicia.

El 16 de febrero de 1936 se celebraban elecciones de diputados a Cortes y nadie se imaginaba que serían los últimos comicios democráticos en varias décadas. En A Merca fue un día lluvioso y reinó durante toda la jornada electoral una absoluta tranquilidad, siendo los candidatos más votados José Sabucedo Morales (1.771 votos, Bloque Nacional), Andrés Amado R. de Villaberdet (1.757 votos, Bloque Nacional), Laureano Peláez Canellas (1.680 votos, CEDA), Ramón Villarino de Sáa (1.615 votos, CEDA), José Calvo Sotelo (1.475 votos, Bloque Nacional), Antonio Taboada Tundidor (1.353 votos, Partido Agrario Español) y Luis Espada Guntín (1.281 votos, CEDA). Todos ellos consiguieron acta de diputado. Obtuvieron menos de mil votos los siguientes candidatos: Fernando Ramos Cerviño (928 votos, candidato centrista que había abandonado el Partido Radical), Ramón Delage Santos (848 votos, Comunión Tradicionalista), Benito Luis Lorenzo (487 votos, candidato centrista), Luis Fábregas Santamarina (375 votos, candidato centrista), Manuel Suárez Castro (298 votos, Partido Socialista Obrero Español; llegó a ser Alcalde de la ciudad de Ourense durante el periodo del Frente Popular, siendo fusilado por los sublevados, en el Campo de Aragón, el 27 de julio de 1937), Ramón Varela Fernández (282 votos, Partido Agrario Español), Felisindo Menor Quintas (190 votos, Partido Republicano Radical), Bernardo Castro Fernández (171 votos, candidatura centrista), Alfonso Pazos Cid (166 votos, elegido diputado por Unión Republicana, integrada en el Frente Popular), Justo Villanueva Gómez (143 votos, Partido Republicano Radical), Benigno Álvarez González (75 votos, Partido Comunista de España; veterinario nacido en Maceda, fundador de la organización provincial del Partido Comunista en Ourense y asesinado en marzo de 1937 por el bando Nacional), Manuel Martínez Risco (65 votos, elegido diputado por Izquierda Republicana), Ramón Fuentes Canal (50 votos, Partido Socialista Obrero Español; Presidente de las Juventudes Socialistas de Ourense en 1932, fusilado en el Campo de Aragón el 9 de diciembre de 1936 con 28 años de edad), Manuel García Becerra (50 votos, Izquierda Republicana), Alexandre Bóveda Iglesias (49 votos, candidatura gallegista del Frente Popular; fusilado por el bando Nacional el 17 de agosto de 1936 en Poio), Basilio Álvarez Rodríguez (34 votos, candidato centrista que había dejado el Partido Republicano Radical), Leandro Garnedo Fernández (3 votos, Partido Republicano Radical) y Luis Usera Bugallal (2 votos, Partido Republicano Radical). En el municipio de Celanova, las derechas obtuvieron 1.500 votos, por 700 las candidaturas centristas y 400 las izquierdas. Las crónicas señalaron que las derechas habían perdido muchos votos por estar lloviendo incesantemente. Estos resultados ponían de manifiesto el posicionamiento ideológico de nuestra comarca.

Elecciones de febrero de 1936. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de febrero de 1936. Biblioteca Nacional de España

Ajenos al cambio que suponía el Gobierno del Frente Popular a nivel nacional, los vecinos de Parderrubias estaban inmersos en sus labores y tradiciones religiosas. Entre estas últimas, destacamos la celebración de una Santa Misión que tuvo lugar unos días después de las elecciones ganadas por el Frente Popular. Las Santas Misiones eran unas jornadas religiosas, o especie de ejercicios espirituales de varios días, dirigidas por Padres Franciscanos o Dominicos para redimir a los parroquianos. Misas, sermones, confesiones, actos de confraternización entre vecinos y visitas a enfermos constituían el grueso del programa. Así, a principios de marzo, organizada por el Párroco don Alfonso Losada, se celebró en la iglesia parroquial una solemne Misión a cargo de los Padres Franciscanos Puenteareas y Lago, de Ourense, quienes con su locuaz verbo cautivaron a los numerosos fieles que mañana y tarde concurrieron a escuchar sus sermones y liturgias. Durante días, estos Padres Franciscanos se hospedaron en la Rectoral. Los dos últimos días de la Misión se acercaron a comulgar más de un millar de fieles, lo que da una idea de la enorme afluencia de devotos, no solo de la propia Parroquia, sino de parroquias limítrofes. A la entrada de la iglesia se había ubicado un pequeño punto de venta de libros y objetos religiosos.

El jueves 11 de junio de 1936, Parderrubias celebraba su día grande de Corpus con una solemne procesión presidida por el cura don Alfonso Losada. Nada hacía prever, ni nadie podía presagiar, que tan solo dos días después, en la madrugada del sábado al domingo, nuestro Párroco sería acribillado a balazos por Pepe das Hortas en la Casa Rectoral. Mi padre, a escasos meses de cumplir cuatro años de edad, se sobresaltaba en la casa de al lado, pared con pared con la Rectoral. Mi abuela le tranquilizaba atemorizada, pidiendo silencio a todos, pues tenía la certeza de que lo que se había oído en la oscuridad de aquella noche eran disparos mal intencionados. Fue el suceso más impactante en la década de los años treinta en Parderrubias, y del que hemos dado cuenta en otro artículo de este Blog. Cinco semanas después, la sinrazón se imponía en el país, cerrándose el período histórico objeto de este artículo.

Procesión de Corpus Christi en Parderrubias. Fotografía de Manuel Garrido

Referencias

González-Calleja, E. (2011). La necro-lógica de la violencia socio-política en la primavera de 1936. Melanges de la Casa Velázquez, 41, 37-60.


“Deberíamos tratar de ser los padres de nuestro futuro en lugar de los descendientes de nuestro pasado”.

Miguel de Unamuno