Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (II)

Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (II)

Por Juan Carlos Sierra Freire

En este artículo, que da continuidad a la serie de trabajos en memoria de los mozos de Parderrubias fallecidos en la Guerra Civil, nos ocupamos de las historias de Modesto y Abelardo, dos jóvenes de Parderrubias a los que, al igual que José Grande Sampedro -cuya semblanza abordamos en un anterior artículo- arrebataron la vida en la flor de su juventud, lejos de sus hogares, con el agravante de que sus restos mortales ni llegaron a recibir sepultura en nuestro camposanto. Un día tomaron un tren en la estación El Empalme de Ourense camino de lo desconocido, con la zozobra de un destino incierto. El destino quiso ser tan cruel, que les negó el regreso a su tierra. En algún lugar del noreste español quedaron para siempre. Descansen en paz.

Modesto Grande Grande (1913-1938)

Modesto nace el 25 de julio de 1913 en el pueblo de A Iglesia, perteneciendo por tanto al reemplazo de 1934 y siendo reclutado para ir al frente de guerra en agosto de 1936. Era hijo de José María y María, y tenía por oficio el de carpintero, profesión con gran arraigo en Parderrubias. Fue alistado a principios de 1934 en el ayuntamiento de A Merca, siendo tallado en 1,66 metros. Por error, es registrado con el segundo apellido de la madre: Álvarez, hecho que dificulta el seguimiento de su historial militar. Es calificado como útil para el Servicio Militar, pero alega ser hijo de sexagenario pobre, por lo que en ese momento queda pendiente de clasificación, a la espera de la presentación de los correspondientes justificantes. Una vez presentados, disfrutó de prórrogas de primera clase. Pero… llega el año 1936 y, con él, la maldita Guerra que lo desbarató todo.

Con el fin de evitar ser enviado al frente, Modesto siguió alegando ser el sustento económico necesario de su familia. Así, en noviembre de 1936, el Secretario del Ayuntamiento de A Merca certifica los bienes rústicos y urbanos de la familia Grande Grande, incluyendo a los padres y a todos los hijos: Antonio (casado con María Casas Sampedro), Eliseo (casado con Hortensia Fernández Rego), Isabel, Dosinda y el propio Modesto. Las múltiples gestiones burocráticas llevadas a cabo para evitar ir a la Guerra no surtieron efecto alguno, de manera que en febrero de 1937, Modesto ya aparece en los registros militares como soldado incorporado a filas en el 5º Batallón del Regimiento de Infantería América nº 23, que se integraría en la 61 División organizada en Navarra el 5 de septiembre de ese año. Este Regimiento tenía su ubicación en el cuartel de Aizoain (Navarra), muy cerca de Pamplona. El 26 de diciembre de 1937, la 61 División es enviada a las inmediaciones de Albarracín –en la provincia de Teruel-, incorporándose al Cuerpo de Ejército de Galicia, encuadrándose como reserva de dicho Cuerpo el 4 de marzo de 1938 (Engel, 2010). Es en este sector en donde Modesto entra en contacto con la Guerra y con sus trágicas consecuencias: la muerte.

Columna motorizada dirigiéndose a Albarracín. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Modesto fallece a los 25 años de edad en el Hospital de Sangre de Cella (Teruel) en los primeros meses de 1938 (desconocemos la fecha exacta). A manos del párroco de Parderrubias, don Juan Estévez, llega una carta firmada por Joaquín Trices, Capitán del 5º Batallón del Regimiento de Infantería América, en la que se informa del fallecimiento de dicho soldado y de su posterior sepultura en el cementerio de Cella. En el Archivo General Militar de Ávila, en donde se encuentran los fondos documentales del Hospital de Cella relativos a los años 1937 y 1938, no encontramos referencia alguna a Modesto. Lo mismo ocurre en el Registro Civil de Cella, en donde no aparece ningún asiento de defunción a su nombre. Tampoco hay información alguna en el Registro de Teruel. Ello nos hace pensar que Modesto pudo ser enterrado en alguna fosa común, sin que haya quedado registro documental alguno del hecho. El lunes 2 de mayo de 1938 se celebraba por su alma un funeral en la iglesia parroquial de Parderrubias con la asistencia de siete curas.

Los hospitales de sangre eran hospitales situados en las proximidades de las líneas de batalla o en poblaciones cercanas a los frentes, en los que se recibía a los heridos en combate. Entre estos hospitales se encontraba el de Cella, en la provincia de Teruel, que funcionó desde el año 1937 hasta el final de la Guerra, alcanzando su mayor actividad durante la Batalla de Teruel.

Se conoce como Batalla de Teruel a una serie de operaciones militares que tienen lugar entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938 en esta ciudad y sus alrededores. Pasó a los anales de la Guerra Civil como uno de los episodios más terribles de la contienda. Las balas y el frío polar acabaron con la vida de miles de gallegos en ambos bandos. En esta batalla, como ocurrió en alguna otra, encontramos a gallegos enfrentándose entre sí, lejos de su tierra (¡la locura de una guerra civil!). El 15 de diciembre, el Ejército Republicano lanza una operación sorpresa para conquistar Teruel con el objetivo de distraer a las Fuerzas Nacionales y así paralizar su interés por la conquista de Madrid. Como bien señala Cocho (2011), una razón de prestigio en las filas nacionales y una estrategia de efecto propagandístico en las republicanas llevaron al matadero a miles de jóvenes gallegos. En un durísimo invierno, con temperaturas que llegaron a ser de 20 grados bajo cero, el Ejército Popular cercó durante tres semanas la ciudad, hasta que el 8 de enero, después de durísimos enfrentamientos cuerpo a cuerpo, cae Teruel en poder de los republicanos. Supuso un simple cambio de papeles: los sitiadores pasaron a sitiados y viceversa, pues al poco tiempo el Ejército sublevado mueve trece Divisiones con el único objetivo egocéntrico de recuperar la capital turolense, sin importar lo más mínimo el número de víctimas. El 22 de febrero, el General Aranda entra en la ciudad, volviendo a pasar a manos del ejército franquista. El coste para los Nacionales fue de 14.000 muertos, 16.000 heridos y 17.000 enfermos por congelación; las bajas republicanas pudieron alcanzar las 60.000 (Cocho, 2011). Integrando esa fría y espantosa cifra de heridos estaría Modesto Grande Grande, joven de Parderrubias forzado a una pelea difícilmente comprensible. En esta batalla también participó su vecino de O Outeiro, Adolfo Outumuro Outumuro, que formaba parte de uno de los batallones que integraban el Regimiento de Infantería nº 28 del Ejército Nacional. Adolfo consigue salir ileso de la contienda, pero vivió con sus consecuencias el resto de sus días: una bronquitis crónica.

Batalla de Teruel. Foto: Robert Capa. Tomada de La Guerra Civil Española en Color

Si examinamos la labor propagandística de los medios afines al Ejército sublevado, La Región del 16 de diciembre de 1937 incluía como titular de portada “En el sector de Teruel han dejado los rojos el campo cubierto de cadáveres al ser rechazados dos ataques por nuestras fuerzas”. El titular del 19 de diciembre no le iba a la zaga: “En el día de ayer y en el sector de Teruel se causaron al enemigo más de dos mil muertos”. Fruto de un exceso de entusiasmo, el 1 de enero de 1938 se anuncia que la ciudad de Teruel es liberada, ya que las fuerzas golpistas habían levantado el cerco llegando a la capital, lo cual distaba de ser verdad. El 11 de enero, La Región alarmaba con que “solo la inepcia y la traición de un jefe facilitó a los rojos la conquista de algunas posiciones”. Sin nombrarlo en ningún momento, la noticia se refiere al Coronel Rey d’Harcourt que rindió la capital al Ejército Rojo, siendo por ello defenestrado por la jerarquía franquista. El 18 de enero abre con el titular “Recomenzada la batalla de Teruel, el enemigo sufrió una espantosa derrota”. El 23 de febrero la portada de La Región sentencia que “Teruel vuelve a ser de España. A las ocho de la mañana fue ocupada la ciudad de Teruel”.

La Región, 23 de febrero de 1938

La acción propagandística de la prensa del Frente Popular describía una realidad muy distinta. Así, el diario Ahora, el sábado 18 de diciembre, abría portada con el titular “Teruel absolutamente cercado”. Y, el 22 de diciembre, bajo el titular “Teruel conquistado para España y la República” se podía leer:

La jornada de hoy termina con la entrada de las tropas republicanas en Teruel, estando ya en nuestro poder amplios sectores de la ciudad… Nuestras fuerzas no solamente resistieron, sino que contratacaron, aniquilando una Compañía entera, de la que quedaron en el campo los cadáveres de casi todos sus componentes”.

La portada del diario El Pueblo, bajo un “Teruel, liberado”, lanzaba un despiadado mensaje:

“…al comenzar nuestra ofensiva, el ex general locutor de Sevilla [Queipo de Llano en sus alocuciones radiofónicas diarias durante la Guerra] dio a entender que nosotros nunca podríamos tomar Teruel. ¡Se habrían acumulado elementos en la ciudad y qué conocimiento tendrían de que era inexpugnable, que todas las radios facciosas, haciendo digno coro al bizarro locutor sevillano, se permitieron vayas y jactancias en tonos que corresponde a la indigencia mental de que dan muestras en sus habituales emisiones de radio!” (El Pueblo, 22 de diciembre de 1937).

Según Engel (2010), las acciones en Teruel de la 61 División, a la que pertenecía el 5º Batallón del Regimiento América nº 23, en el que estaba alistado Modesto, se inician el 30 de diciembre de 1937, cortando la carretera de Teruel a Masegoso. Al día siguiente conquistan La Muela de Teruel. El 2 de enero de 1938, la División se situó en posiciones defensivas sobre la carretera de Teruel a Zaragoza. Al día siguiente fracasa en el intento por avanzar las líneas. El 7 de enero rechaza un ataque a La Muela y, al día siguiente, tras conocerse la caída de Teruel, abandona sus avances y pasa a fortificarse en La Muela. A principios de febrero repelen fuertes ataques del enemigo y ya el 20 de febrero inician la contraofensiva tomando posiciones enemigas cercanas a La Muela. La batalla de Teruel había costado a la División 2.095 bajas de guerra y 2.000 enfermos. Modesto formaba parte de esa aterradora cifra.

Abelardo González Outumuro (1910-1939)

Abelardo nace en O Outeiro el 8 de marzo de 1910, perteneciendo por tanto al reemplazo de 1931. Es hijo de José y María, y tenía por ofició, al igual que Modesto, el de carpintero. El día de su alistamiento es tallado en 1,61 metros. Reconocido facultativamente, se le detecta un déficit en su agudeza auditiva “que le impide oír a menos de 10 metros y más de 2,50”, según se recoge en su expediente. Por esta razón, es calificado como útil exclusivamente para Servicios Auxiliares. Sin embargo, iniciada la guerra, la Junta Militar, obviando dicho déficit físico, lo declara “soldado útil para todo servicio”, siendo incorporado a filas en noviembre de 1936.

Los datos históricos que disponemos de Abelardo relativos a su presencia en el Ejército son escasos y un tanto confusos. La única referencia documental es su partida de funeral firmada por el párroco de Parderrubias, don Juan Estévez, el 23 de abril de 1939. En dicho documento se informa de la celebración de los funerales de Abelardo, fallecido en el hospital de Cella el 23 de abril de ese año a consecuencia de las heridas recibidas en el frente. Por tanto, desconocemos el lugar preciso, la fecha en la que cayó herido y la fecha exacta de su fallecimiento, pues difícilmente puede coincidir esta con la de los funerales celebrados en Parderrubias. La partida indica que tenía 25 años de edad, cuando en realidad tenía 29.

A la información recogida en este documento parroquial hay que añadir algunos datos biográficos que llegan a nuestros días fruto del boca a boca de los vecinos de Parderrubias. Entre lo que hemos conseguido recopilar, se repite el hecho de que sus familiares le dieron por fallecido en un episodio bélico relacionado con un buque, cuando no existe constancia alguna de ello como veremos. Se llegó a comentar que se habían celebrado en la Parroquia funerales por su alma, apareciendo posteriormente el finado en el pueblo disfrutando de un permiso. La explicación a esta confusión puede estar en el hecho de que la noticia de su fallecimiento llega a Parderrubias a través de un compañero, natural de Barbadás. A diferencia de otras partidas similares, en la de Abelardo no se alude a comunicado militar oficial alguno sobre su fallecimiento. Teniendo en cuenta que en los libros parroquiales no hay doble partida de funeral ni rectificación alguna en la existente, descartamos un doble funeral, salvo que la familia tuviese alguna misa por su alma antes de oficializarse su fallecimiento y se llevase a cabo el correspondiente funeral. Con respecto al buque, hay dos episodios marítimos trágicos en la última fase de la Guerra Civil, en los que se vieron involucrados soldados gallegos: el hundimiento del crucero Baleares en la madrugada del 7 de marzo de 1938 y el hundimiento del buque Castillo Olite, justo un año después, el 7 de marzo de 1939. Nos decantamos por el segundo episodio, como argumentaremos más adelante, descartando relación alguna con el navío Baleares, pues su tripulación estaba compuesta por marineros, por lo que no creemos que Abelardo formase parte de su tripulación. A partir de esta escasa información, únicamente cabe formular hipótesis de cuál pudo ser la historia y el destino final de Abelardo.

En primer lugar, a priori llama nuestra atención el hecho de que fallezca en el Hospital de Sangre de Cella estando ya la guerra finalizada. Como hemos señalado, estos hospitales se levantaban en lugares cercanos a los frentes de batalla, con el fin de recibir de manera inmediata a la multitud de heridos en combate. El frente de Aragón dejó de estar activo a finales de la primavera de 1938, por lo que no tiene mucha lógica pensar que este hospital estuviese funcionando en la primavera de 1939. Caben dos posibles interpretaciones. La primera es que el hospital sí estuviese todavía activo en abril de 1939, recibiendo heridos de la Batalla del Ebro, frente de Levante y del avance sobre Cataluña –frentes todos ellos relativamente próximos a Cella-, y que en alguno de estos campos de batalla fuese herido mortalmente Abelardo, pues en su partida de funeral se habla de heridas sufridas en el frente de guerra. La segunda interpretación es que Abelardo no falleciese en Cella y que el párroco de Parderrubias copiase en su partida de funeral la misma ubicación del anterior soldado fallecido un año antes: Modesto Grande, que sí lo había hecho en Cella. De hecho, en la aparente similitud entre ambas partidas encontramos una diferencia significativa: mientras que en la de Modesto se dice que es sepultado en el cementerio municipal de Cella (a pesar de no haber documento alguno que lo acredite en el Registro Civil de esta localidad), en la de Abelardo no se comenta nada al respecto, es decir, se desconoce el paradero de sus restos mortales. Nos decantamos por la primera hipótesis, dando por buena la información registrada en la partida de funeral firmada por don Juan Estévez, aunque en el Archivo General Militar de Ávila, en donde se archiva la documentación del Hospital de Sangre de Cella, relativa a los años 1937 y 1938, no existe ninguna referencia documental relativa a Abelardo. Tampoco obtuvimos información acerca de su defunción en los Registros Civiles de Cella y de Teruel.

Frente de Levante, abril de 1938. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Dando por válida esta interpretación de los hechos, y teniendo en cuenta la relación de Abelardo con un episodio bélico naval, cabe suponer que el campo de batalla en el que cae herido es el Frente de Levante. Combinando la información disponible relativa a Cella, a los frentes de guerra cercanos a esta localidad y al buque Castillo Olite, llegamos a la conclusión de que Abelardo pertenecía al Batallón 2º o 3º del Regimiento Zamora nº 29 con sede en A Coruña, que estaba integrado en la 83 División del Ejército Nacional. Ambos batallones estaban formados por soldados gallegos. Las operaciones de estos batallones comienzan el 15 de agosto de 1936, al ser enviados a Asturias. Después de participar en la Batalla de Teruel, en marzo de 1938 intervienen en las operaciones del frente mediterráneo con el objetivo de aislar Cataluña, conquistando la zona de Castellón en el mes de junio. En el mes de noviembre, los republicanos lanzan una ofensiva general en la zona, siendo repelida por ambos batallones. Pensamos que es aquí en donde Abelardo es herido y supuestamente enviado al hospital militar de Cella.

Castellón en manos de los Nacionales, junio de 1938. Fuente: Biblioteca Nacional de España
La Región, 14 de junio de 1938

El 5 de marzo de 1939, los batallones del Regimiento Zamora, en retaguardia y con la mente ya puesta en el final de la Guerra, reciben una inesperada orden de embarque en el puerto del Grao de Castellón para dirigirse a Cartagena en auxilio del levantamiento militar que se había producido en la ciudad. Los batallones 2º y 3º del Zamora lo hacen en el buque Castillo Olite, al que entendemos que no sube Abelardo por encontrarse convaleciente. El Castillo Olite era un buque mercante soviético apresado el 31 de mayo de 1938 por el ejército sublevado en aguas del Estrecho, transportando un cargamento de carbón, pasando a formar parte de la flota franquista.

El 4 de marzo tiene lugar en Cartagena una rebelión militar contra el gobierno republicano de Negrín, hecho que lleva a los militares franquistas al envío inmediato de tropas a esta ciudad con el fin de tomar uno de los últimos bastiones militares republicanos. Desde Castellón y Málaga, entre otros puertos, zarpan más de 30 buques que transportan a más de 20.000 hombres con destino a la ciudad milenaria. Mientras la flota surcaba las azules aguas del Mediterráneo buscando su objetivo, la 206 Brigada Mixta reconquista Cartagena, retomando algunas de las baterías costeras sublevadas con el fin de impedir el desembarco Nacional. Ante los acontecimientos, los barcos franquistas regresan a sus puertos de origen, excepto el Castillo Olite que sigue su rumbo mortal al no recibir noticia alguna, pues no llevaba ningún sistema de comunicación, ni con el mando ni con el resto de flotilla. La precipitada y desastrosa acción militar hace que el 7 de marzo, ya cerca de la costa cartaginense, el buque sufra un impacto directo en la santabárbara dirigido desde un cañón de la batería de defensa costera de La Parajola. De los 2.112 hombres que había a bordo –la mayoría gallegos-, fallecen 1.477, 342 resultan heridos y 294 son hechos prisioneros. Es la mayor tragedia de la historia naval española.

Castillo Olite

En la prensa de la zona nacional de la época no encontramos ni una sola línea referida al suceso. El diario La Región, al día siguiente del ahogamiento de cientos de gallegos, lleva a cabecera el caos de la zona roja, informando que la escuadra roja, huida de Cartagena había entrado en Bizerta, puerto tunecino. De manera vergonzosa, ni una sola referencia a la tragedia.

En definitiva, que el relato de las historias de José, Modesto y Abelardo sirva para honrarles, y que sus nombres y sus biografías no caigan en el olvido. Como señala Cocho (2011), conocer sus historias debe servir para interiorizar la lección contra la intolerancia y mantener siempre viva la llama de la libertad y de la paz.

“La paz no puede mantenerse por la fuerza. Solamente puede alcanzarse por medio del entendimiento” (Albert Einstein, 1930).

Agradecimientos

A Víctor Fortes por todas las facilidades prestadas para acceder al Arquivo Municipal da Merca, y al personal del Archivo Histórico Diocesano de Ourense por facilitarme las consultas en los Libros Parroquiales.

La fotografía de portada de este artículo está tomada de La Guerra Civil Española en Color (https://www.facebook.com/GCESPCOLOR)

Referencias

Cocho, F. (2011). Guerra Civil. Que pasou en Galicia e en España. Edicións Xerais.

Engel, C. (2010). Historia de las Divisiones del Ejército Nacional. Almena.

Matthews, J. (2013). Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la guerra civil 1936-1939. Alianza Editorial.

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