Categoría: Noticias de Sociedad

¡Y se hizo la luz! Se cumplen 65 años de la llegada de la electricidad a Parderrubias

¡Y se hizo la luz! Se cumplen 65 años de la llegada de la electricidad a Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Cuando hoy gozamos la posibilidad de pedir a un dispositivo inteligente que nos encienda las luces del hogar, no somos conscientes de que disfrutar de luz artificial -cuando la natural se va- constituye un grandioso avance que llegó a nuestras vidas no hace demasiado tiempo. Hasta esa fecha, candiles, faroles o luces de carburo acompañaban a los vecinos de Parderrubias, haciéndoles la vida algo más fácil. Nuestra infancia comenzó a transcurrir en un pueblo en el que no había pasado ni una década desde la llegada de la luz eléctrica. Este enero de 2023 se cumplen 65 años de dicha efemérides, hecho que este artículo pretende recordar.

En 1954, dos de las personas con más influencia para gestionar avances para Parderrubias en aquel momento, don Isolino Camba Casas, como maestro nacional, y don José Rodríguez Barreiros, como párroco, iniciaron los trámites para que llegase la luz eléctrica a la parroquia. El 29 de diciembre de ese año, la Sociedad General Gallega de Electricidad, con sede en A Coruña, remitía al párroco un presupuesto que había solicitado don Isolino Camba para electrificar los pueblos de A Iglesia, Outeiro, Barrio y Carballeira. Quedaban fuera del presupuesto los pueblos de As Campinas y Nigueiroá, teniendo sus vecinos que esperar un poco más de tiempo para se hiciera la luz en sus casas. El presupuesto ascendía a 123.478,61 pesetas. La propia Sociedad aportaba 29.823,45, mientras que las restantes 93.555,16 corrían a cuenta de los vecinos, con la posibilidad de que la Obra Benéfica Social de la Falange subvencionase un 10% de la cuota vecinal. En ese presupuesto estaban incluidos el cobre a 52,40 pesetas y un transformador de 10 KW.

Fotografía cedida por José Luis Camba Seara
Acto social en Parderrubias con (de izquierda a derecha) don José Garrido González, don José Rodríguez Barreiros, Rvdo. don Ángel Temiño y don Isolino Camba Casas. Fotografía cedida por José Luis Camba.

El proceso para que la luz eléctrica llegase a Parderrubias fue largo y laborioso, estando al frente del mismo la Junta Vecinal presidida por el párroco don José Rodríguez Barreiros y actuando como secretario don Isolino Camba. Finalmente, en la tarde del viernes 10 de enero de 1958 tuvo lugar el acto de inauguración en el espacio ubicado entra la tienda de mi abuelo Paulino y la casa de don Isolino. A dicho evento festivo -presidido por el Gobernador Civil- acudieron todos los vecinos de la parroquia, incluidos los de Nigueiroá y As Campinas, que se fueron a sus casas con la promesa de que la electrificación pronto llegaría también a sus pueblos. Tal como se puede observar en el plano conservado por don Isolino, el transformador fue colocado en A Carretera (lugar en el que sigue ubicado a día de hoy), de donde sale una línea paralela a la carretera, de la que parten tres líneas, una a cada uno de los pueblos.

El acontecimiento festivo fue de tal magnitud que el diario La Región se hizo eco de la noticia, eso sí, en formato de propaganda política del Régimen:

Ha comenzado el año nuevo y no es ninguna nueva vida la que se emprende; es exactamente la misma, varían los marcos en que esta se desarrolla, varía el nombre de los lugares a los que, quizá por primera vez se lleva el indescriptible júbilo de la puesta en servicio de alguna mejora, pero, al fin y a la postre, la tarea es la de siempre, Sin desviarse un ápice, sigue los mismos caminos por los que discurrió año tras año. Comienza el año 1958 y otra vez vuelve a sentirse al ajetreo que siempre traen consigo los preparativos de alguna inauguración. Esta vez y como preludio de otra gran etapa en los anales de nuestra provincia, le ha tocado el turno al pueblo de Parderrubias, en el municipio de La Merca, a donde en la tarde de ayer se ha trasladado el gobernador civil, acompañado del ingeniero-jefe de la Agronómica, señor Vega Escandón; del secretario de la Obra Social del Movimiento, señor Montes Domínguez; del delegado provincial de excombatientes, señor Aguilar García y del perito delegado por FENOSA, señor Rionegro. En la citada localidad esperaban a las personalidades orensanas el alcalde de Celanova, señor Rodríguez Alonso; el alcalde de la Merca, don Senén Grande, y don Isolino Camba Casas y don José Rodríguez Barreiros, artífices de la consecución de la luz eléctrica, maestro nacional y párroco, respectivamente; además de las entidades menores locales, un innumerable gentío que incesantemente aclamó a nuestra primera autoridad, la que a su paso por la misma tenía como jalones del camino, pancartas alusivas al acto, bandas de música tocando frenéticamente, y niños agitando banderitas nacionales. Procedió a la bendición del transformador de nueva planta el Rvdo. P. D. Castor Gayo, e inmediatamente, y desde un balcón engalanado al efecto, el presidente de la junta de electrificación rural, señor Camba Casas, dirigió unas breves palabras de salutación a nuestras autoridades y les agradeció todos los esfuerzos por ellas desplegados para conseguir la total finalización de la obra. Terminó solicitando ayuda moral y económica para los dos únicos pueblecitos de la parroquia que aún quedan sin electrificar, puesto que su parquedad de recursos no les permitió la total financiación de las obras. Seguidamente, el alcalde de La Merca, señor Grande Vázquez, dijo que su municipio, parte integrante de esta España que es constante quehacer, no se conformaría con el logro de tan importante servicio, sino que seguiría laborando para su total engrandecimiento, que al fin y al cabo repercutiría en el engrandecimiento mismo de España. Por último, el señor Albert Rodríguez se refirió a los pueblos del municipio que aún no gozan de la luz eléctrica, diciendo que él los apoyaría económicamente, de acuerdo con la cuantía de sus recursos y por medio de la Obra Social del Movimiento. Resaltó la idea de que la mejora lograda no es un fin, sino un medio. Que no debían asustarse cuando les hablasen de concentración parcelaria, de mejoras de cultivos, de selección de semillas, de revalorización de ganados, etc., puesto que todo ello repercutiría en su propio beneficio. Que no debía intimidarles el tener que recurrir al Instituto Nacional de Colonización en solicitud de un crédito agrícola, ya que cualquier deuda puede ser amortizada en breve plazo si el trabajo que dedican a sus propiedades es auténtico. Se congratuló con ellos por aquel acontecimiento que le había llevado a Parderrubias, deseando que en cualquier otro momento pudiesen acudir a él, siempre que el motivo fuese la puesta en marcha de un servicio. Todo el pueblo que atentamente escuchó a los oradores, prodigó incesantemente sus aplausos cuando las autoridades provinciales emprendieron su regreso a la capital. El importe global de las obras ascendió a 250.000 pesetas, que fueron aportadas por el ayuntamiento de la localidad, el vecindario del mismo, la parte correspondiente a la empresa hidroeléctrica FENOSA, Obra Social del Movimiento, que también facilitó 700 kg. de hilo de cobre, e Instituto Nacional de Colonización. La electrificación beneficiará a unos 86 vecinos aproximadamente” (La Región, 11 de enero de 1958).

Resulta llamativo que la diferencia entre el presupuesto inicial y el coste final fuese de 126.522 pesetas, es decir, más del doble.

Seis años después, el 11 de octubre de 1964, el Consejo Local del Movimiento del municipio de A Merca celebraba una reunión con representantes de todas las parroquias, con el objeto de concretar obras urgentes a incluir en el Plan de 1965. Entre las numerosas obras que se priorizaron está la instalación de iluminado público en toda la parroquia de Parderrubias. El alumbrado público también supuso un largo proceso que acabaría bastantes años más tarde con la colocación de luminarias que cambiarían la faz nocturna de los pueblos.

Nota. El autor agradece a José Luis Camba el acceso a la documentación conservada por don Isolino Camba, que ha permitido la elaboración de este artículo.

¡Qué Reyes los de aquel año 1970!

¡Qué Reyes los de aquel año 1970!

Por Juan Carlos Sierra Freire

Muchas de las tradiciones que actualmente marcan la Navidad ourensana se vivían de manera muy similar en 1969. En esas Navidades, el Belén de Baltar era colocado en la nave central de la catedral, junto al Pórtico de la Gloria; al caer la noche, las calles más céntricas de la ciudad se iluminaban con sus brillantes adornos y los pinos navideños proliferaban por doquier; mientras, el Circo de los Muchachos deleitaba con sus funciones a pequeños y mayores. El Gordo de Navidad había caído en Sabadell y entre las felicitaciones que se podían ver esos días en la prensa destacaban las del Banco Hispano Americano, la de la Caja de Ahorros Provincial de Orense, la de Muebles Calvo, la de los Almacenes Celestino o la del Restaurante Sanmiguel. La gélida noche del 31 de diciembre no fue impedimento para que cientos de ourensanos llenaran la plaza mayor para recibir al nuevo año 1970 a ritmo de verbena. Días después, llegarían los Reyes Magos en el Oriente-Expreso a la Estación Empalme, desde donde se dirigirían, acompañados de sus pajes, a la plaza mayor en la que les esperaba una gran multitud, entre la que se hacía notar la numerosa chiquillería.

A los niños de Parderrubias, esas Navidades capitalinas de 1969 nos quedaban un tanto lejanas, por lo que centrábamos nuestro interés en tradiciones más cercanas a nuestro quehacer cotidiano como era poner en la escuela un pino con los típicos adornos navideños y cantar villancicos. Pero aquellas Navidades iban a ser diferentes, porque finalizarían con uno de los actos populares de los que probablemente mejores recuerdos hayan quedado entre los vecinos, especialmente entre los niños de aquella época: la recordada Cabalgata de Reis de 1970. Dada nuestra corta edad en esa fecha, no logro dibujar una imagen nítida de lo acontecido ese día, pero a tenor de la expresión de la cara de los que éramos niños al paso de sus Majestades, que hoy podemos apreciar en las fotografías de la época, mezcla de sorpresa e ilusión, tuvo que ser algo mágico y asombroso.

Finalizada la misa del día de Reyes, comenzó el acto festivo en Nigueiroá, en donde se degustaron galletas y dulces. A continuación, la comitiva bajó hacia As Campinas, en donde al son de la música se degustan roscones y rosquillas hechas por las tres vecinas: María, Isabel y Carmen. Después del almuerzo, ya por la tarde, la fiesta se traslada a los pueblos de A Iglesia y O Outeiro, finalizando en Barrio. Delante de la iglesia se degusta café y ahí llegan, representando a los Magos de Oriente, Jesús, Isolino y Adolfo -vecinos de Nigueiroá- a lomos de la “besta”, el “macho” y un burro, respectivamente. En O Outeiro, la comitiva es recibida, al son de “panxoliñas”, con rosquillas y licores. La Cabalgata de Reis finaliza en Barrio, en donde Castor Quintas, Sergio Martínez y José “O Gafas” a lomos de una yegua de Os Salgados y de las dos “bestas” cedidas por los Magos de Nigueiroá representan espléndidamente, para deleite de niños y mayores, la llegada de los Reyes Magos de Oriente.

La fiesta fue de tal magnitud que el 9 de enero de 1970, el diario La Región se hacía eco de ella en un artículo firmado por A. Sierra, que transcribimos a continuación:

El pasado día 6 vivió Parderrubias una jornada plena de ilusión y entusiasmo. Con motivo de la festividad de Epifanía, tuvo lugar en esta parroquia una típica fiesta muy digna, a nuestro modo de ver, de admirar e imitar. En cada uno de los pueblos, gustosamente adornados y con pancartas colgantes alusivas a la paz y prosperidad para 1970, se exponían sendas mesas con la más variada gama de dulces y bebidas para obsequiar a todos los visitantes; y así numerosas personas, tanto de la parroquia como de los pueblos limítrofes, deleitaron su paladar con la exquisita pastelería de fabricación casera y confitera, gustando al mismo tiempo y al son de las bandurrias, panderetas y otros instrumentos musicales improvisados al momento, sabrosos licores. Una deportiva rivalidad entre los pueblos hizo que todos se superasen por ser los mejores y fruto de ello fueron los diversos espectáculos que nos ofrecieron: danzas regionales y clásicas, música, cantos, chistes escenificados, sainetes cómicos, etc., formaron parte del variado programa. No obstante, cabe destacar los bailes clásicos que las personas más ancianas de Nigueiroá nos ofrecieron, las deliciosas rosquillas de Las Campinas, el café-faria gustosamente preparado por las mozas de Airexe, los villancicos a cargo del coro de Outeiro y la formidable cabalgata de SS. MM. los Reyes Magos en Barrio. Con nuestros sanos deseos de paz y prosperidad para el año 1970, esperamos que no se extinga esta entusiasta romería y que en próximos años recobre la misma brillantez que la del pasado día 6” (La Región, 9 de enero de 1970).

Lamentablemente, y con pesar del cronista, y sin lugar a duda, de los lectores, este acontecimiento no tuvo continuidad en el tiempo. Aquellos Reyes de 1970 se quedaron para siempre en 1970.

<strong>Las Hijas de María de Parderrubias</strong>

Las Hijas de María de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Entre los muchos cometidos que el párroco don Manuel Belvis llevó a cabo en Parderrubias, mientras estuvo al frente de la feligresía desde 1859 a 1894, destaca la creación de la Cofradía de las Hijas de María en 1871. En ese año se puede leer de su puño y letra en el Libro Parroquial un “suplico a mis dignos sucesores la sostengan con celo para la gloria de la Inmaculada Virgen María y pureza de vida de las jóvenes doncellas de la parroquia”. Sin embargo, como ha ocurrido con otras muchas tradiciones ancestrales de la parroquia -en el año 2021 se han cumplido 150 años de su fundación- el tiempo acabó relegando la Hermandad al olvido y únicamente algunas personas mayores guardan en su memoria a las doncellas que daban luminosidad con sus velos blancos a muchas celebraciones religiosas que tenían lugar en la parroquia.

Las Hijas de María eran agrupaciones de mujeres jóvenes que se constituían con tres fines: (1) honrar a la Virgen María, (2) alcanzar la propia santificación, imitando a María y (3) promocionar el apostolado en los contextos familiar y social próximos. En los actos religiosos significativos usaban velo blanco y, en algunos casos, túnica blanca con ceñidor. Además, portaban una medalla con la imagen de la Inmaculada Concepción.

En España, el 17 de diciembre de 1861, por disposición del papa Pío IX, se había establecido la Archicofradía de las Hijas de María en la iglesia de Santa Clara de Barcelona, que tenía la potestad de agregar a todas aquellas cofradías que lo solicitasen a lo largo y ancho del Reino, haciéndolas partícipes de las indulgencias y gracias concedidas por el Sumo Pontífice. La Archicofradía y todas sus Cofradías se integraban a su vez en la Archicofradía Primaria y Universal de Santa Inés de Roma. El 12 de enero de 1871 se agrega a la Archicofradía de Barcelona la Asociación de Hijas de María de Santa Eulalia de Parderrubias, y así consta en documento firmado por el director don Mariano de Segarra. El 27 de julio, la diócesis de Orense acepta la fundación de la Cofradía, nombrando director de esta al párroco don Manuel Belvis.

La Cofradía de Parderrubias estaba organizada en coros. En concreto, el año de su fundación se constituyeron cuatro coros con 31 mujeres cada uno de ellos. Cada una de las doncellas tenía asignado un día del mes . Así, el primer coro fundacional incluía las siguientes jóvenes, muchas de ellas hermanas de sangre: Antonia Pascual (O Outeiro), Gregoria Pascual (O Outeiro), Brígida Pascual (O Outeiro), Bernardina Pascual (O Outeiro), Engracia Pascual (O Outeiro), María Dolores Sierra (O Outeiro), María Socorro Casas (O Outeiro), Josefa Eulalia Casas (O Outeiro), Modesta Justo (O Outeiro), Bernardina Justo (O Outeiro), Filomena Justo (O Outeiro), Generosa Garrido (O Outeiro), Dominga Garrido (O Outeiro), Ramona Garrido (O Outeiro), María Concepción Grande (O Outeiro), Beatriz Outumuro (O Outeiro), Felicidad Pascual (Barrio), María Victoria Grande (Barrio), Encarnación Grande (Barrio), María  Iglesias (Barrio), Benita Iglesias (Barrio), Luisa Garrido (Barrio), Benita Sampedro (Barrio), Carmen Sampedro (Barrio), Generosa Fernández (Barrio), María Pilar Fernández (Barrio), Genoveva Fernández (Barrio), Carmen Mansa (Sandiás), Encarnación Mansa (Sandiás), Ana María Sulvencia (Sandiás) y Rosa Campelo (Sandiás).

La Cofradía participaba de manera activa en todas las celebraciones religiosas que tenían lugar en la parroquia, como era el caso de la celebración del Jueves Santo, pero cobrando especial relevancia en todas aquellas relacionadas con la Virgen. También estuvieron presentes en actos fuera de la propia parroquia, como así ocurrió en la multitudinaria celebración del XIII Centenario de la Unidad Católica, promovido por los Carlistas, que tuvo lugar el 30 de mayo de 1889 en As Maravillas:

Cuando estaba ultimándose la colocación de personas y cosas, un gran murmullo nos hizo mirar hacia la izquierda, y era procedido de la llegada del nunca bien ponderado señor Abad de Parderrubias, capitaneando una gruesa procesión precedida de varios coros de Hijas de María, montado en su yegua, y permaneciendo en este estado hasta dejar unida su gente a la que ya estaba colocada” (José Álvarez, El Siglo Futuro, 11 de junio de 1889). 

La Cofradía Hermanas de María de Santa Eulalia de Parderrubias estuvo activa hasta bien entrado el siglo XX, y así lo atestiguan sus registros de 1915 en los que nos encontramos con cuatro coros, así como las informaciones de personas que aun hoy viven y que fueron testigo de los actos de las doncellas de blanco allá por los años cuarenta. El Primer Coro de 1915 estaba formado por 21 mujeres del pueblo de A Iglesia (Rosa Sierra, Luzdivina Sierra, Francisca Sierra, María Outumuro, Aurora Outumuro, Encarnación Outumuro, Cristalina  Sueiro, Dominga Seara, Juana Seara, Isolina Seara, Josefa Seara, Ester Seara, Rosa Seara, Eusebia Pascual, Concepción Pascual, Carmen Pascual, Ángela Fernández, Bernardina Fernández, Josefa Seara, Nieves Iglesias y Encarnación Seara ) y diez de Nigueiroá (Jovita Rodríguez, Josefa Rodríguez, Clarisa Pascual, Juana Pazos, Piedad Fernández, Pilar Fernández, Ramona Fernández, Celsa Fernández, Hortensia Fernández y Josefa Mouriño).

Como ha ocurrido con otras muchas tradiciones de la parroquia de Parderrubias, el paso del tiempo acabó con la actividad de la Cofradía, quedando únicamente documentos que la acreditan y recuerdos perecederos de aquellas personas que la vieron profesar de manera activa. La petición del cura don Manuel Belvis a «sus dignos sucesores» cayó en el olvido de los tiempos.

Nota. Gran parte de la información recogida en este artículo proviene del Libro Parroquial de Santa Eulalia de Parderrubias, depositado en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense, a cuya Dirección y Personal agradecemos todas las facilidades brindadas para su consulta.

Cofradías de los Corazones de Jesús y María de Parderrubias

Cofradías de los Corazones de Jesús y María de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

El 13 de mayo de 1880, el párroco de Parderrubias, don Manuel Belvis, solicitaba por carta al obispo de Ourense, don Cesáreo Rodrigo y Rodríguez, la creación de las Cofradías de los Santísimos Corazones de Jesús y María.

Exmo. e Ilmo. Señor Obispo de Orense. Don Manuel Belvis, Cura Párroco de Sta. Eulalia de Parderrubias a V.E.I., con el debido respeto, Expone: Que desea promover en esta parroquia el culto a los Corazones de Jesús y María, y suplica a V.E.I. se digne autorizar la creación de ambas cofradías, para luego solicitar de Roma la agregación a aquellas a fin de poder ganar las indulgencias. Gracia que espera de V.E. y cuya vida guarde Dios dilatados años. Parderrubias, mayo 13 de 1880”.

La respuesta afirmativa pronto llegó a Parderrubias:

Damos nuestro consentimiento para que en la parroquia de Sta. Eulalia de Parderrubias se establezcan las asociaciones del Sagrado Corazón de Jesús y María”.

Solicitud y aprobación de las Cofradías de los Corazones de Jesús y María

Don Manuel Belvis justifica la necesidad de ambas cofradías en la parroquia haciendo referencia al origen de esta devoción y a la relevancia que tenía el Sagrado Corazón de Jesús para los católicos. Alude a su origen en la figura de Santa Margarita María de Alacoque. Las revelaciones místicas que esta santa comienza a experimentar en la Francia de 1673 constituyen el nacimiento de este culto. En esas revelaciones, Jesús le dio a entender que el deseo que tenía de ser amado por los hombres le llevó a mostrar su corazón. Le transmite el gusto de ser honrado en la figura de un corazón de carne, prometiendo que en donde se expusiera esta imagen para ser ensalzada, se liberaría todo género de bendiciones. Las apariciones de Fátima del año 1917 generalizarían este culto.

La necesidad de una cofradía en honor al Corazón de María, don Manuel la encuentra en una supuesta conversación entre el papa Pío IX y un cura que había ido a visitarle:

¿Tenéis en vuestra parroquia la Archicofradía del inmaculado corazón de María? ¡Oh, qué medio tan poderoso para la conversión de los pecadores! Su rápida propagación por todas partes, las admirables conversiones que de ella se han seguido y los bienes espirituales que se han alcanzado por la misma son una prueba evidente de que es muy agradable a Dios y utilísima a las parroquias. ¡Oh, cuantas han cambiado por ella su estado normal! ¡Establecedla!”.

El 25 de mayo de 1899, el Papa León XIII, en la encíclica Annum Sacrum anuncia la consagración de la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús, así como diversas indulgencias por su devoción.

Una vez constituidas las cofradías en Parderrubias, don Manuel Belvis adquiere un estandarte con los Sagrados Corazones de Jesús y María que presidiría las procesiones. El obispo don Cesáreo Rodrigo concedió cuarenta días de indulgencia a cada uno de los que se inscribiesen en la Hermandad, más otros cuarenta a los que siendo Hermanos, asistiesen a alguna procesión en la que fuese el estandarte de los Corazones de Jesús y María.

En el año de la constitución de las Cofradías se inscribieron 131 Hermanos, número que se fue incrementando con el paso de los años. El listado de Hermanos registrados en las Cofradías de los Corazones de Jesús y María ocupa quince páginas del libro parroquial, en concreto, aparecen listados 548 nombres, hombres y mujeres naturales de la parroquia (Barrio, A Iglesia, Nigueiroá, O Outeiro, Valdemouro, Bouzas, Fondo de Vila, Matusiños, Nugueira, Solveira y Vilachá) y de pueblos de los alrededores (Barxa, Couxil, Espinoso, Freixo, Loiro, Lovios, A Merca, Merouzo, Montelongo, Ourense, Paio Muñiz, Pereira, Pías, Piñeira, Proente, Rabal, Sabucedo, Sabuz, San Cibrao das Viñas, Sandiás, Santa Comba, Santa Eulalia de Anfeoz, Sobrado, Soutomaior y Soutopenedo). Estos números ponen de manifiesto la importancia que esta Hermandad tuvo en la parroquia de Parderrubias.

Igual que ocurrió con otras muchas instituciones y tradiciones, el paso del tiempo hizo que la Hermandad cayese en la inactividad y en el olvido, quedando como recuerdo únicamente el estandarte de los Sagrados Corazones de Jesús y María, que todavía se puede ver abriendo la procesión del Corpus, el domingo posterior al jueves de Corpus Christi, y la de la Virgen del Rosario, el primero domingo de octubre.

La Casa Rectoral de Parderrubias

La Casa Rectoral de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Cuando el pasado mes de agosto leía en un periódico local ourensano que el Obispado de Ourense poseía más de cuatrocientas rectorales en estado de semi abandono -llegando a contar en tiempos mejores con seiscientas prósperas viviendas a lo largo y ancho de toda la provincia- me vino a la mente el esplendor con la que brilló durante décadas la de Parderrubias. En el recuerdo queda su patio, testigo mudo de múltiples tareas rurales cotidianas. Sus anchos muros, a cuyo abrigo se resguardaban los parroquianos durante las animadas tertulias previas y posteriores a la misa dominical y de fiestas de guardar, fueron testigos callados de múltiples hechos, algunos de ellos luctuosos, como los disparos que sonaron una calurosa noche de junio de 1936 y que a la postre acabarían con la vida del párroco don Alfonso Losada. En sus dependencias se criaban cerdos y se almacenaban cosechas de buenas patatas y mejores cereales, mientras que del horno ubicado en el patio salían crujientes hornadas de pan. Tratando de rescatar del olvido a nuestra Casa Rectoral se ha planteado este artículo contextualizado en las primeras décadas del pasado siglo, cuando el edificio fue objeto de obras y reformas, por parte de sus huéspedes.

En sus casi tres siglos de existencia, la Casa Rectoral fue objeto de múltiples y diversas reformas hasta su demolición a finales del pasado siglo. En este artículo nos centraremos en las que se llevaron a cabo desde los años cuarenta hasta los sesenta, época durante la que estuvieron al frente de la parroquia don José Rodríguez Barreiros (“O Cura Vello”) y don Manuel Fernández Rúas.

El origen

La Casa Rectoral de Parderrubias fue construida a principios del siglo XVIII. En 1709 se hacía cargo de la parroquia don Francisco Álvarez, regentándola durante 17 años. Sería durante su permanencia entre nosotros cuando se edificó la Rectoral, haciéndose cargo de los gastos de la obra el propio cura. Este hecho avala la hipótesis de que la actual iglesia parroquial, construida en 1765, fue levantada sobre una antigua pequeña iglesia existente hasta ese momento, pues cabe pensar que la Casa Rectoral se construyese al lado del templo. A su fallecimiento, don Francisco deja la casa para disfrute de sus sucesores, bajo el encargo de que rogasen a Dios por su alma. Entendemos que, hasta esa fecha, los párrocos vivían en alguna casa próxima a la iglesia.

Antes de las fechas que son objeto de estudio de este artículo, estando inmersa España en plena guerra civil, el 15 de abril de 1937, el Visitador Diocesano llama la atención al cura don Juan Estévez, en su visita a la parroquia, para que resolviese de la mejor forma posible “lo referente a la parte nueva de la casa de abajo”, pues las paredes habían repisado por falta de solidez en los cimientos, con riesgo evidente de colapsar si no se tomaban las medidas oportunas. Un maestro de obras dio la siguiente solución al problema: colocar columnas resistentes para sujetar las vigas del balcón, una en el vértice y otra en el centro de la parte que daba al oeste; de este modo se repartiría el peso entre las columnas y la pared. Las obras darían buen resultado, pues las paredes no repisaron más.

Reforma de 1942

En la década de los cuarenta, recién llegado a la parroquia el cura don José Rodríguez Barreiros, la Rectoral fue objeto de una importante reforma que quedó registrada en los libros parroquiales. Las obras se llevaron a cabo por iniciativa de don José Garrido González (uno de los hermanos de la casa Os Escultores) y los jornales se pagaron a 20 pesetas. La escalera que había en el exterior se trasladó al interior de la casa. Se abrió una puerta principal que comunicaría los pasillos de la sala y el comedor, y otra puerta en la cocina nueva. Se abrieron ventanas nuevas en la sala, en el comedor -en donde además se ensanchó la que había- y en la habitación contigua a la cocina. Toda estas puertas y ventanas nuevas se construyeron con cemento y fuertes barras de hierro en los dinteles. A las ventanas que daban al exterior se las dotó de vidrieras de castaño y en las contras se colocaron planchas de hierro en medio de la madera para mayor seguridad. No se escatimaron gastos en colocarles porlones, bisagras, cerrojos y pestillos de buena calidad, a pesar del elevado coste que tenía el hierro.

El piso de madera se hizo completamente nuevo, repasando todos sus pontones y vigas, poniendo algunos de ellos nuevos. Se colocó cielorraso nuevo de madera machembrada, sin quitar el antiguo. Todos los tabiques y divisiones interiores eran de tablón especial machembrado. Se hizo un retrete nuevo, sin demoler el antiguo. Se reparó todo el tejado, asegurándose que no quedase ni una sola gotera en toda la casa.

Se hizo una galería nueva con tres bastidores al oeste y uno al sur, para lo que fue necesario primero nivelar el balcón, pisándolo de nuevo en gran parte y reforzándolo con pontones nuevos, y segundo levantar el techo veinte centímetros. Esta obra de la galería, cuyo coste ascendió a 500 pesetas, la sufragó el propio párroco, no siendo objeto del canon al que sometieron las obras, pues tal como dejó escrito “la hice para comodidad mía y la de mis sucesores”.

Para llevar a cabo estas reformas de la Rectoral, José Garrido y Hermanos (Os Escultores de Parderrubias) pusieron a disposición del párroco un camión para trasportar cemento, cal, arena, madera, etc. Parte del cemento y de la cal que tenían en reserva lo cedieron para la reforma, y regalaron las barras y planchas de hierro, así como la columna del balcón. Además, adelantaron el dinero que necesitaba el cura para hacer frente a los diferentes gastos ocasionados por las obras.

Los costes de la obra tuvieron una cuantía de 6.610,75 pesetas: 2.681,55 en gastos de madera, 2.261 en jornales, 1.170,80 en materiales de construcción y 497,40 en ferretería. A estos gastos se hizo frente con 2.106 pesetas provenientes de un canon de 434 pesetas no invertidas por el anterior párroco, de un canon de 75 pesetas durante 18 meses a 50 pesetas anuales, de los pinos regalados por los feligreses valorados en 1.442 pesetas y de los donativos de José Garrido y Hermanos (100 pesetas), Adolfo Garrido (50 pesetas) y Manuel Pascual Domuro (5 pesetas). El párroco hizo frente a la cantidad restante de 4.504,75 pesetas, que se le iría descontando en las reformas de los años venideros.

Obras de 1946

De mayo de 1942 a abril de 1946 se puso un canon de 100 pesetas anuales para hacer frente a los gastos de la Rectoral. En estos años se hicieron pequeñas obras por un coste total de 470 pesetas. Un cantero arregló durante tres días la portada y el muro de la huerta. Se arregló el techo del alpendre colocándole tres puntales de castaño y retejándolo por completo, para lo que se emplearon cien tejas nuevas. Un carpintero trabajó durante dos días para arreglar el techo y piso del balcón contiguo a la galería. Se colocó cielorraso de madera machembrada en la puerta de la galería y cocina. Finalmente, en el patio de la Rectoral se hizo un horno nuevo de ladrillo, cuyo coste ascendió a 200 pesetas.

Las cuentas de la parroquia, incluidos los gastos de las obras de la Rectoral, serían auditadas por los Visitadores que levantaban acta de la visita. A modo de ejemplo, reproducimos la de 1946:

Vistas y examinadas las cuentas anteriores, las aprobamos conforme a derecho, y le reconocemos un alcance de cuatro mil ciento treinta y cuatro pesetas con setenta y cinco céntimos, de las que se indemnizará en años sucesivos sin desatender las necesidades de la casa”.

Situación de la Casa Rectoral en 1961

A finales de 1961, don José Rodriguez Barreiros abandonaba la parroquia de Parderrubias como consecuencia de su debilitado estado de salud. Al final de su estancia en la Rectoral, los Visitadores diocesanos realizan una minuciosa inspección de esta para valorar su estado en ese momento. Ejercía de visitador el párroco de San Andrés de Proente y de Regulador del Arciprestazgo de A Merca el cura de San Pedro de A Mezquita. Lo primero que destacan en su visita es la falta de blanqueo general y de retoques de las paredes, obligaciones estas del cura saliente. Faltaban cristales en diez y ocho vidrieras: las que daban a la cocina vieja, la que daba a la iglesia, etc. Además, todas sus contras estaban muy deterioradas por claro abandono de estas. A las de la cocina nueva les faltaban las contraventanas. Las puertas de las cuadras demandaban arreglos importantes, especialmente las de los cerdos, que estaban inservibles. En general, el estado de la casa era “muy regular” en palabras de los Visitadores. Quedaba una cocina empotrada muy gastada y con el horno roto, que fue tasada en quinientas pesetas. La instalación eléctrica, incluido el contador, fue valorada en mil pesetas. La parte de la casa que daba a la carretera, y que había sido mal reformada en 1928 por 2.637 pesetas, se encontraba inservible, por lo que se utilizaba como trastero.

Reformas de 1966 y 1967

La antigua galería que se había construido recién llegado don José Rodríguez Barreiros a la parroquia se encontraba muy deteriorada y se había quedado pequeña. La Rectoral necesitaba una dependencia acogedora, por lo que la galería fue remodelada totalmente, haciéndola mucho más espaciosa al integrar en ella el paso que había hasta la cocina. La antigua galería fue completamente demolida y se construyó la nueva a partir de una planchada de hormigón, dotándola de gran solidez. Se elevó el techo para darle suficiente luminosidad y se techó con teja plana. La obra tuvo un coste de 34.647 pesetas, de las que veinte mil fueron aportadas por el Obispado; la cantidad restante la puso el ecónomo de la parroquia don Manuel Fernández Rúas. La relación de gastos incluía dos facturas de la tienda de Paulino Sierra por un importe de 13.001 pesetas, adquisición de madera en la fábrica de Os Escultores y compra de diferentes materiales de construcción (columnas, viguetas, terrazo, etc.). Tres operarios cobraron jornales por un importe de 8.950 pesetas.

En 1967 se construye un salón parroquial en la parte sureste del patio, después de derribar una parte de la casa que estaba en peligro de derrumbe. Peligro que se mantuvo hasta el final de sus días, pues la amenaza de colapso únicamente pudo ser solucionada con el triste final de su derribo. Tal como se puede apreciar en las siguientes fotografías, el lugar de la antigua Casa Rectoral es ocupado en la actualidad por una edificación a la que vamos a calificar simplemente de funcional y que en 2017 pasó a denominarse Local Social don Isolino Camba.


Nota. La fuente de información principal para la elaboración de este artículo fueron los libros parroquiales conservados en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense, a cuya Dirección y Personal hace llegar el agradecimiento el autor.

MANUEL CELSO GARRIDO RODRÍGUEZ (1915-1960)

MANUEL CELSO GARRIDO RODRÍGUEZ (1915-1960)

Por Juan Carlos Sierra Freire

Eu son un home romántico e teño alma, aunque non lapis de poeta. Fago esta confesión sin que me intrese que xentes qu’en nada creen sorrían con sarcasmo ou ironia… Estou por riba de calquer escéptica opinión e tenme sin coidado o medroño ‘que dirán”

(Celso Manuel Garrido, 1942c; tomado de Freire Freire, 2001).

En el año 1876, nacía en el pueblo de Barrio, en Parderrubias, José María Garrido Mouriño. Era hijo de Domingos y Luisa, ambos labradores. A la edad de 39 años, José María se casa en el vecino pueblo de A Merca con Aurora Rodríguez Rodríguez, diecisiete años más joven que él. Ella era hija de José María, comerciante que ejercía de Juez de Paz en la comarca de A Merca, y de Bernardina, natural del cercano pueblo de Matusiños. Bernardina tenía dos hermanos curas: Felipe y Manuel, este último, párroco de San Martiño de Candás, en A Limia.

Además de José María, Domingos y Luisa tenían otros tres hijos: Antonio, Bibiana y María. Antonio se casa en Parderrubias con Josefa Justo Fernández. Fruto de este matrimonio Garrido Justo nacen ocho hijos: María, Manuel, José, Florencio, Luisa, Jesús (casado con una prima del padre del autor de este artículo), Eusebio y Domingos. Bibiana contrae matrimonio también en Parderrubias con Germán Seara Garrido y tienen varios hijos: Julio, Isolina, Isabel (madre de algunos de los primos Freire del autor), Luisa (madre de una tía del autor), María, Sara, José, Manuel y Eulogia.

José María, una vez contraídas nupcias con Aurora, pasa a residir en A Merca, en donde el matrimonio se dedica básicamente a las tareas de labranza. Según Manuel Celso eran “propietarios urbano-agrícolas”. El matrimonio tiene tres hijos: Manuel Celso (1915-1960), María Milagros (1917-1997) y José María (1924-1961). En el año 1933, siendo muy joven, María Milagros se casa en A Merca con Manuel Rodríguez, vecino de dicho pueblo, quien fallece al poco tiempo. Su hija Manuela nacería en febrero de 1934. Ambas emigrarían a Chile en 1954, falleciendo en Santiago: María Milagros el 31 de marzo de 1997 y Manuela el 4 de junio de 2013. Por su parte, José María también emigra a Chile unos años antes de hacerlo su hermana: el 26 de marzo de 1951, contando con 26 años de edad, sale del puerto de Vigo rumbo a América. Se casa en 1957 con Elena Trecha -de raíces lucenses- en Valparaíso y tienen tres hijas: Aurora Isabel, María Elena y María Luisa. Viven en Puerto Montt –pues según él, su clima le recordaba a Galicia-, ciudad portuaria situada a unos mil kilómetros al Sur de Santiago, en donde fallece a la edad de 36 años, el 3 de julio de 1961. El destino quiso que este desenlace se produjese a los pocos meses del fallecimiento de su hermano Manuel Celso. La esposa de José María, Elena, fallece el 11 de septiembre de 2011.

Manuel Celso con su madre Aurora y su hermana María Milagros

La infancia y la adolescencia

Mi nombre completo es Manuel Celso Garrido Rodríguez. Nací el 2 de noviembre de 1915 en el pueblo de La Merca, cabeza del Ayuntamiento del mismo nombre, de la provincia de Orense, España”.

Estas son las primeras líneas de un manuscrito autobiográfico firmado por Manuel Celso el 19 de diciembre de 1956, en Santiago de Chile, en el que sucintamente cuenta “cuanto sinceramente puedo informar de mí mismo”. Según consta en su partida de bautismo, el 4 de noviembre de 1915 (no el día 2), a las cinco de la madrugada, nace Manuel Celso en el pueblo de A Merca, siendo bautizado al día siguiente en la iglesia parroquial de Santa María de Vilar de Paio Muñiz por el párroco don Gerardo Castro. Ejercieron de padrinos su tío abuelo don Manuel Rodríguez (cura hermano de la abuela materna) y Consuelo Rodríguez. Tal como escribirá el mismo Manuel Celso, ya en el exilio chileno, el nombre de Manuel lo lleva por este familiar cura.

Iglesia Parroquial de Santa María de Vilar de Paio Muñiz, A Merca

Llegada la edad escolar, al igual que el resto de niños del pueblo, comienza sus estudios en la Escuela de A Merca. A los diez años, como el propio Manuel Celso relata en el semanario argentino Galicia, llega el momento en el que la familia debe tomar una decisión acerca de su futura formación. Su abuela y, especialmente sus tíos abuelos curas, ansiaban y esperaban que Manuel Celso traspasase las puertas del Seminario y llegase un día a cantar Misa. Sin embargo, el padre (a quien Manuel Celso define como “demócrata, cristiano y anticlerical”), no estaba plenamente convencido de ello, por lo que decide consultar al maestro del pueblo, quien después de algunos intercambios de impresiones no duda en darle el siguiente consejo:

Ser cura no es ser cualquier cosa. O se es bueno, o mejor no serlo. Hace más daño a la Religión un ministro perverso, de los que por desgracia tanto abundan, que los ateos. En resumen, mi consejo es que lo hagan cualquier cosa menos cura” (Garrido, 1943).

De este modo, padre y maestro dispusieron que Manuel Celso no entrase en el Seminario, al menos hasta que él mismo lo decidiese por su cuenta. Nunca decidió ser cura, pues según sus propias palabras no quiso “continuar la tradición apostólica de la familia, en la que desde varias generaciones atrás figuran siempre curas glotones, ricos y  mujeriegos” (Garrido, 1943). Es más, en el periódico Galicia de Buenos Aires del 9 de enero de 1943 da las gracias a su antiguo maestro por aquel consejo proporcionado a su padre en los años veinte en A Merca, escribiendo: “Colega y maestro mío, desde aquí te recuerdo hoy y te agradezco el que tú no hayas querido”. A este posicionamiento de incredulidad clerical pudiera haber contribuido un conflicto que por un tema de avales habían tenido sus padres con sus parientes curas.

Una vez que la familia decide que Manuel Celso no entraría en el Seminario, en el curso 1926/27 comienza sus estudios de Bachillerato en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Ourense (actual Instituto de Educación Secundaria Ramón Otero Pedrayo). Para la descripción de muchos de los hechos biográficos de Manuel Celso, vamos a seguir el excelente y detallado trabajo sobre su vida, publicado por Freire Freire (2001). Según esta autora, la primera experiencia del niño recién llegado a la capital ourensana para cursar el Bachillerato fue el impacto sufrido por ser un “aldeano” objeto de burlas al no saber hablar castellano. En septiembre de 1926 realiza el examen de ingreso al Instituto, siendo miembro de la Comisión Evaluadora Ramón Otero Pedrayo. Obtenido el ingreso, cursa durante tres años el Bachillerato Elemental, comenzándolo por libre y yendo exclusivamente a los exámenes.

Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Orense (actual IES Ramón Otero Pedrayo). Fotografía tomada de Salgado (2020)

En el tercer curso, el 31 de enero de 1929 se produce un hecho traumático en el ámbito familiar: el fallecimiento de su padre José María a consecuencia del tifus, a los 53 años de edad. Su madre Aurora, con solo 36 años, se queda viuda al cargo de tres hijos menores de trece, once y cuatro años, respectivamente. Sus esfuerzos y sacrificios, junto a la ayuda de familiares, hacen que la familia salga adelante y el hijo mayor acabe cursando Estudios Superiores. En un artículo publicado el 27 de diciembre de 1957 en el diario chileno El Mercurio, que amablemente me envió su hija Aurora Elena (Rula, como cariñosamente le llamaba Celso), describe la dicha familiar de una Nochebuena en A Merca, a pesar de la desgracia del padre ausente:

Éramos dichosos en el comedor tibio aquel, con la mesa de manteles de lino repleta de las mejores viandas que ella podía juntar para nosotros… Mientras, ella recordaba nuestra orfandad, y mirándonos a los tres con ese mirar con que solo las madres miran, su recuerdo volaba saudoso hacia nuestro padre muerto, y una lágrima furtiva y delatora, en la más familiar e íntima de las reuniones, delataba, indiscreta, el gran cariño que los había unido y nos tenía” (Garrido, 1957).

El 25 de diciembre de 1957 escribía sobre la noche anterior, la Nochebuena de ese año en Santiago de Chile, recordando a su madre:

A mí atacome un adarme de insomnio y volé imaginativamente a mi tierra natal y mi infancia, y sentí físicamente un instante, os lo juro, el vuelo alegre de las campanas de mi aldea, vilas voltear en la esbelta espadaña cimera, y oí, por fin, entre sueños, la voz suave de mi madre que me decía cariñosa, como cuando era niño: Celsiño, sé siempre bueno, sé siempre bueno y serás feliz. Y arrullado en su consejo, me dormí” (Garrido, 1957).

En el año 1929, Manuel Celso, con 13 años de edad, se queda como el “hombre mayor” de la casa. Este sentimiento de “hijo mayor” en sus relaciones con sus hermanos Milagros y José María estuvo presente a lo largo de toda su vida, tal como atestiguan sus hijos y sobrinas. Ejemplo evidente de ello, es que estando en el exilio, los reclama para juntarse con él en Chile y de este modo pudieran salir de la terrible posguerra española. Primero lo hace José María en el año 1951 y posteriormente María Milagros, y su hija Manuela, en 1954. El cariño y aprecio entre los hermanos era mutuo. En palabras de su hija María Elena, José María adoraba a su hermano Celso.

En septiembre de 1930, con 15 años, supera el examen final de Bachillerato y con fecha de 31 de julio de 1931 recibe el correspondiente Título. Durante esta época reside en una fonda ourensana, que imaginamos cercana al Instituto, en la zona de O Posío. Según Freire Freire, el docente que mayor huella dejó en Manuel Celso, durante esos años, fue don Ramón Otero Pedrayo (Catedrático de Geografía e Historia Universal y, además, Director del Instituto), hacia el que siempre mostró una enorme admiración. Prueba de ello son las siguientes líneas que escribió en el año 1947:

“…Don Ramón era… el maestro completo que nos educaba… y nos acogía paternalmente, con cariño de padre, procurando no herir jamás nuestra sensibilidad. Con inteligencia y bondad, nos daba agilidad al cerebro y ánimos generosos al espíritu. Y cómo se aprende y se le toma cariño al estudio cuando el que nos enseña, además de catedrático o profesor, es un auténtico maestro, un educador, y no una bestia infatuada y prejuiciosa” (Garrido, 1947; tomado de Freire Freire, 2001).

En el curso académico 1930/31, con 16 años de edad, Manuel Celso comienza los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de Ourense, concluyéndolos en junio de 1933. Tenía 18 años cuando obtiene el Título de Maestro Nacional de Primera Enseñanza. Según Freire Freire (2001), fue alumno de Vicente Risco, a quien ya estando en el exilio describe de manera despiadada, manifestándole un nulo aprecio:

“… ese Judas despreciable que parió nuestra provincia y que los falangistas premiaron nombrándole Director de la Escuela Normal, aquel edificio de la calle del Progreso, en donde antes del 18 de julio tanta demagogia le vi hacer, haciendo que nos enseñaba Metodología de la Historia, y luego desde las rejas de la cárcel, enfrente, le vi pasar durante veintiséis meses cautivo, delgado y encorvado, con aquella cartera en la mano, en donde llevaría seguramente los apuntes por los que guiarse para hacer apología del franquismo y de la traición, como antes lo hiciera de la democracia y del galleguismo” (Garrido, 1947; tomado de Freire Freire, 2001).

Según Freire Freire (2001), el 31 de agosto de 1933, debido a un traslado del maestro que la ocupaba, queda vacante la Escuela Nacional Mixta de Sanguñedo (en Verea, Terras de Celanova), siendo destinado a ella Celso Manuel en el mes de septiembre, en donde permaneció hasta julio de 1936, supuestamente como maestro interino, pues la plaza nunca saldría a concurso. En julio de 1933, el Consejo Provincial de Primera Enseñanza de Ourense hacía pública una relación de aspirantes sin servicios que solicitaban plaza, aprobada en las sesiones del 17 y 30 de junio; entre los solicitantes se encontraba Manuel Celso (El Pueblo Gallego, 7 de julio de 1933). En promedio, en el año 1933, un maestro en Ourense percibía 3.278,60 pesetas anuales.

El activismo político durante la República

Soy enemigo de los totalitarismos todos, sean ellos del color que fueren: rojos, azules, pardos, negros o de los que sin color definido son esencialmente eso”.

Desde la instauración de la República en abril de 1931 hasta el inicio de la Guerra Civil, el activismo político cobró gran auge entre muchos ciudadanos españoles. En Galicia, además ocurre un hecho que contribuye al mismo: la puesta en marcha del frustrado Estatuto de Autonomía. Manuel Celso no sería una excepción. La juventud, el contexto estudiantil y la función docente, factores que confluyeron en su persona, propician que ejerza una militancia activa. La figura de Ramón Otero Pedrayo, a quien profesaba gran admiración, como ya señalamos, influye en los posicionamientos ideológicos de Manuel Celso.

Desde muy joven, se posicionó al lado de la República; tenía 16 años cuando esta se instaura. Según Pérez Leira (2011), en su época de maestro, durante el día atendía a la escuela y al atardecer recorría las aldeas de Celanova y Bande animando a los labradores a que defendieran sus intereses y a la República. Cuando le era posible, bajaba a la capital ourensana para reunirse con miembros de su partido: Izquierda Republicana.

En 1956, en el documento autobiográfico que su hija Rula me proporciona, Manuel Celso se autodescribía de la siguiente manera:

Pertenecí, políticamente, a Izquierda Republicana, partido burgués de izquierda. Debo confesar hidalgamente que sigo profesando la misma ideología política. Soy demócrata y liberal cien por ciento. Soy enemigo de los totalitarismos todos, sean ellos del color que fueren: rojos, azules, pardos, negros o de los que sin color definido son esencialmente eso. Por esa razón el franquismo me tuvo detenido durante toda la guerra civil como preso político”.

Izquierda Republicana fue un partido republicano de izquierdas fundado por Manuel Azaña en 1934, como resultado de la fusión de varios partidos, entre ellos la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA) de Santiago Casares Quiroga. Integrada en el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, se convierte en el tercer grupo parlamentario, tras el PSOE y la CEDA. En A Merca, sus candidatos Manuel Martínez Risco y Manuel García Becerra conseguirían 65 y 50 votos, respectivamente, en esas elecciones.

Freire Freire (2001) afirma que Manuel Celso militó en las Juventudes de Izquierda Republicana (JIR) y que, formando parte de las Mocedades Galeguistas de Ourense, participó activamente junto al malogrado Alexandre Bóveda, entre otros, en la campaña electoral y elecciones de febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular, así como en las del plebiscito del Estatuto de Autonomía celebradas en junio de ese mismo año, en las que la mayoría obtenida a favor del mismo no valdría de nada, pues la Guerra abortó dicho proyecto. Así describía Manuel Celso sus sensaciones en ese histórico día:

“…recuerdo aquel día inolvidable, cuando recorriendo algunos colegios electorales de las aldeas apartadas y de la capital de la provincia, en Orense, he visto, he palpado el alma del pueblo galaico en aquel momento trascendental” (Garrido, 1940; tomado de Freire Freire, 2001).

En el poema “Non sei d-adxetivos” publicado en su exilio chileno, Manuel Celso se autodefine como alguien que nunca es indiferente ante las injusticias:

“¿Que ren é posible qu-éu
quede nunca indiferente
cando humillar vexo a home dino
por algún quídam noxento?”

La Guerra y la represión franquista

“-Bárbaros, as ideas non se matan!– berraba, fero, o gran Sarmiento, arxentino;
¡Nin –engadimos- as arelas nobres i-as outas inquedanzas,
tirano noxento, descastado, sátrapa: ¡asesiño!”.

Como consecuencia del golpe de estado del 18 de julio de 1936, las fuerzas sublevadas se hacen con el control de la provincia ourensana, comenzando la persecución y brutal represión de todos aquellos que habían tenido alguna vinculación con el Frente Popular. Ser maestro republicano convertía a Manuel Celso en uno los objetivos prioritarios de la represión falangista. A ello se unió el hecho de que un vecino de Sanguñedo le denunciase por “comunista” (termino genérico para referirse a todo aquel que había estado relacionado con el Frente Popular). Se le culpa, entre otros “delitos”, de haber hablado de política a sus alumnos. Ante este panorama, y siendo consciente del ambiente cainita que se respiraba en la provincia, con encarcelamientos y fusilamientos a diario, a Manuel Celso no le queda otra alternativa que esconderse y “desaparecer” de la vida cotidiana. De la noche a la mañana pasa a ser un fugitivo, permaneciendo durante ocho meses en diferentes escondites de distintos lugares. Uno de esos escondites fue el pajar y el “canastro” (hórreo) que sus parientes cercanos de Parderrubias tenían en la calle de Os Ponchos, en el pueblo de O Outeiro. Su abnegada madre se encargaría de llevarle de comer. Ocho meses “fuxido”, escapado, clandestino a causa de la salvaje represión fascista.

A principios de ese año 1936, al igual que el resto de mozos de la comarca nacidos en 1915, Manuel Celso había sido alistado en el Ayuntamiento de A Merca. Es tallado en 1,74 metros y su perímetro torácico es de 91 cm., siendo calificado como útil para el Servicio Militar. Alega ser hijo de viuda pobre a la que mantiene, y se le dan quince días para justificarlo, por lo que en ese momento es clasificado como pendiente de justificación. Ya en plena Guerra, en noviembre, de igual manera que todos los reclutas del reemplazo de ese año, es llamado a filas para incorporación inmediata. Dada su situación de huido, no se presenta. Por su condición de escondido, primero, y posteriormente de encarcelado, no tiene la posibilidad de luchar durante la Guerra, defendiendo a la República, hecho que según relata Freire Freire (2001), lamentó profundamente:

“…no me cupo la dicha de poder empuñar un fusil en las filas leales y ser un cruzado más de la Libertad, en defensa de nuestra República, tuve la mala suerte de sufrir cautiverio y persecución en mi misma patria… ¡Cuánto hubiera dado por estar al lado de los milicianos!… Pero no fue posible” (Garrido, 1941a; tomado de Freire Freire, 2001).

Dos meses antes, el 1 de septiembre, día que comenzaba la actividad escolar en la Enseñanza Primaria de la España ocupada por los sublevados, Manuel Celso no se había presentado en su puesto de maestro de Sanguñedo. El día 14 era cesado por el Gobernador Civil (Freire Freire, 2001). El 27 de junio de 1937, a través de las páginas de La Región, se le solicita que en el plazo improrrogable de diez días notifique su domicilio actual al Presidente de la Comisión Depuradora del Personal Docente, entendiendo que si no lo hace se le expedientará como si hubiese sido oído.

Manuel Celso, después de ocho meses escondido, es detenido en marzo de 1937 por los falangistas, cuando contaba con 21 años de edad. Desconocemos el lugar exacto de su detención. Es encarcelado en la prisión provincial de Ourense y condenado a trabajos forzosos en los campos del Monasterio de Oseira y de O Cumial. En prisión coincide con muchos presos políticos, entre ellos el médico Manuel Peña Rey. Así relataba esta experiencia en 1941:

En marzo de 1937 nos atraparon los mercenarios de Falange y llevaron a la cárcel de Orense, entre los setecientos y pico de presos políticos que allí había hacinados, durmiendo incluso en el patio interior de la prisión, sin cama en que acostarse ni ropa con que cubrir los maltrechos cuerpos, víctimas de los más inhumanos apaleamientos, teniendo como único techo el helado firmamento” (Garrido, 1941b; tomado de Freire Freire, 2001).

¿Te acuerdas de las dos y media de la tarde, cuando las listas de los que iban a ser paseados?… ¿No aparece todavía en tu retina la imagen siniestra del Conserje o del Abisinio, pistola empuñada con el cerrojo corrido y vista fija de asesinos natos, abriendo violentamente el rastrillo de la celda, para llevarse en aquel momento solemne, a las víctimas de su fobia y de sus instintos caníbales?… Y de las cuatro de la mañana, ¿te acuerdas? ¿Cuándo son sacados los penados a muerte, y nos dejaban mudos y cabizbajos hasta que al oír en el Campo de Aragón la descarga homicida hacía estallar nuestro mutismo en palabras incoherentes de indignación y dolor” (Garrido, 1942a; tomado de Freire Freire, 2001).

Un decreto de mayo de 1937 reconocía a los presos el “derecho” al trabajo. Aunque lo desconocemos, dada su formación, puede que en Oseira fuese obligado a tareas docentes en un reformatorio de menores que allí se había instalado. Lo que sí está refrendado es que fue uno de los muchos presos políticos que trabajaron de manera forzosa en las obras del campo de tiro de O Cumial. Según Freire Freire (2001), la pena de muerte a la que había sido condenado le sería conmutada por estos trabajos forzosos.

“…en el campo de concentración de El Cumial, en la provincia de Orense, donde a la sazón, a pico y pala y con tarea fija y extenuadora, nos tenían los sublevados a sus prisioneros políticos trabajando en la construcción del que ahora es magnífico campo de aviación” (Garrido, 1947; tomado de Freire Freire, 2001).

Finalizada la Guerra, al no poder probársele delito alguno, Manuel Celso es puesto en libertad y obligado a hacer el servicio militar. Según consta en su expediente de mozo del reemplazo de 1936 de A Merca, presta un mes de servicio en el Regimiento Milán nº 32, con sede en Oviedo, siendo destinado el 25 de mayo de 1939 al Parque de Artillería de Gijón, en donde estuvo un año. Finalizada su condición militar de movilizado decide tomar el camino del exilio a mediados de 1940.

El exilio

Fue una mañana espléndida del mes de junio de 1940… En esa mañana, dos republicanos españoles –uno de ellos el que les habla, lector amigo-, caminan cautelosos, los pies y el corazón doloridos, en el último intento de salvar su vida física, hacia afuera de la Patria, para abrazar el exilio incierto, preñado de inquietudes y afanes múltiples, en busca de libertad y de un país en donde nos volvieran a considerar hombres y tratar como a tales… El viaje es costoso y difícil, pero nuestra ambición tiene un nombre: América. Volvíamos de vez en cuando la cabeza para gozar una vez más de la visión dichosa de la Patria que dejábamos hasta sabe quién y cuándo… Más, en aquella atmósfera de Caínes y Pilatos, era imposible vivir: asfixiaba a uno espiritualmente, y nos empañaba el corazón y la conciencia” (Garrido, 1942b; tomado de Freire Freire, 2001).

Dado sus antecedentes políticos, la salida de Manuel Celso de la España franquista no era obviamente tarea fácil. La única posibilidad de cruzar la frontera era hacerlo de manera ilegal asumiendo una identidad falsa. La salida más factible era la frontera portuguesa y desde el país vecino tomar rumbo a América. El plan diseñado desde meses atrás se hacía realidad a mediados del año 1940. El riesgo al que se exponía era máximo, pues ser descubierto suponía, en el mejor de los casos, muchos años de cárcel, cuando no, la condena a muerte. Vestido de cura atravesaría la frontera portuguesa. Con la ayuda de su amigo Manuel Fernández Borrajo, a quien había conocido durante el Servicio Militar en Asturias, y a contactos que tenía en Portugal, se apropia de la identidad de un portugués fallecido: José Félix Carpio. Con un pasaporte, al que había cambiado la foto y unos certificados falsificados del Alcalde y del Juez, se presenta en Portugal (Pérez Leira, 2011). Según Freire Freire (2001), el intento resulta fallido, pues en territorio luso la Guardia Republicana desconfía de su documentación, lo que le hace regresar a su pueblo natal de A Merca. Un segundo intento, en el que cuenta con la colaboración de un vecino de Parderrubias, finaliza en Lisboa para tomar rumbo a América. Desconocemos la fecha en la que embarca a bordo de un buque repleto de emigrantes portugueses con destino a Sudamérica. El mismo relata que en noviembre de 1941 llega a Chile después de estar un mes en Brasil y ocho en Argentina, por lo que estimamos que su salida (sin retorno) de la península ibérica se produciría en la segunda mitad del año 1940.

A los responsables de su forzosa salida de España, no le duele prendas describirlos en los siguientes términos, en 1953, en el poema “¡Saúde, hirmáns!”:

Bárbaros, as ideas non se matan! –berraba, fero, o gran Sarmiento, arxentino;
¡Nin –engadimos- as arelas nobres i-as outas inquedanzas,
tirano noxento, descastado, sátrapa: ¡asesiño!

En Buenos Aires comienza a colaborar con la Federación de Sociedades Gallegas, y en junio de 1942 publica su primer artículo en el semanario Galicia: “”Evocación triste de un refugiado”. La Federación de Sociedades Gallegas, Agrarias y Culturales, fundada en 1921, tenía como finalidad principal la superación del atraso económico y cultural de Galicia. Durante la Guerra Civil había estado comprometida con el Frente Popular y, una vez finalizada, su labor se focaliza en la solidaridad con los refugiados españoles, muchos de los cuales escriben en el periódico Galicia. Tal como indica Fasano (2009), la Federación constituyó un ámbito de socialización política y cultural para los gallegos republicanos exiliados.

Siguiendo el detallado trabajo de Freire Freire (2001), gracias a ourensanos, emigrantes en Santiago de Chile, Manuel Celso consigue un trabajo de administrativo en la capital trasandina y es contratado durante algunos meses como editorialista por el diario La Opinión, encargándose además de la sección Página España de su suplemento dominical. Pronto dejaría estos trabajos para dedicarse al sector comercial de la madera, en un primer momento en Chillán y después en Santiago (Maderas Manuel-Celso Garrido Rodríguez). Posteriormente, regentó una panadería y, finalmente, la zapatería Astor. A pesar de ello, no abandonaría nunca sus colaboraciones con diversos periódicos y revistas, tanto nacionales (La Hora, La Nación, La Última Hora, El Mercurio u Occidente) como internacionales (Galicia [Buenos Aires], Lealtad [Montevideo], Izquierda [París], España Libre [Nueva York] o España Nueva [Ciudad de México]). Su interés por las labores periodísticas, unido indudablemente a su morriña, le llevaron a barajar la idea de la creación de un periódico mensual, en gallego, dirigido a la colonia gallega en Chile, pues pensaba que “a nuestra gente emigrante hay que hablarle y darle noticias de su aldea” (tomado de Freire Freire, 2001).

Manuel Celso nunca se desentendería ni de sus ideales galleguistas ni de la defensa de la autonomía de Galicia. Ello le llevó a aceptar el cargo de Delegado del Consello de Galiza en Chile, encomendado por el mismo Alfonso Castelao y designado por Alonso Ríos, quien sería Presidente del Consello una vez fallecido Castelao. El Consello de Galiza era una especie de gobierno autónomo gallego en el exilio, creado en noviembre de 1944, en Montevideo, por Castelao (Monteagudo, 2016). En esa época, Manuel Celso también ocupaba el puesto de Secretario de Propaganda de Galeuzca en Chile, un pacto entre nacionalistas gallegos, vascos y catalanes, que había sido confirmado en 1941. Junto a Ramón Suárez Picallo (diputado a Cortes en 1936 por el Partido Galeguista) lleva a cabo una labor encomiable para mantener viva la llama del galleguismo entre la colectividad gallega de Chile, labor reconocida en las páginas del periódico argentino A Nosa Terra. Galicia, su Galicia, estuvo siempre en el corazón de Celso:

Quixente e quérote con amor eterno, profundamente intenso de Deus antigo. Túa presencia garimosa e inesquecible fai a miña ialma acesamente feliz, optimista, eterna… E agora lonxe de ti, penando d’amor e morriña, qu’e o maior sufrimento” (Manuel Celso Garrido, 1942c; tomado de Freire Freire, 2001).

En una de las estrofas de su poema “¡Saúde, hirmáns!”, Manuel Celso clama a la galleguidad, pidiendo a los acomplejados que se aparten:

“Irmáns: Un berro antergo e sagro
(os acomplexados fuxan da nosa veira:
só nos intresa do mundo un anaco,
só Galiza): ¡Viva nosa Terra meiga!”.

Su posicionamiento ideológico le lleva a entablar amistad con el Presidente de la república chilena Gabriel González Videla, del Partido Radical, con el gran poeta chileno, y Premio Nobel de Literatura en 1971, Pablo Neruda. En noviembre de 1946 asiste a la ceremonia de toma de posesión del Presidente de la República, que tiene lugar en el Palacio del Congreso, en calidad de amigo cercano. El poeta y político chileno participó en algunos de los actos organizados por Manuel Celso en el Centro Republicano Español de Santiago de Chile. Tanto en su casa, como en la de su hermano José María, había libros dedicados por Pablo Neruda. En ese círculo de personas cercanas también se encontraba Salvador Allende, Presidente de la República desde finales de 1970 hasta su derrocamiento en el año 1973 por el golpe de estado de Pinochet.

Manuel Celso (derecha) en compañía de Ramón Suárez Picallo (izquierda) y Eduardo Blanco Amor (centro), durante la visita de este último a Chile en 1948

La familia en Chile

Nós, acougados a veira do mar, nunha solana de pedras con musgos, fitamos o lonxe o océano de Balboa, entre Valparaíso e Concón. ¡Qué bonito e iste mar de Chile! Pro de Pacífico non ten mais que o nome, xúrovolo”.

(Garrido, 1953)

Manuel Celso vive en el número 6019 de Santa Rosa, en donde estaba ubicada la panadería que regentaba. La casualidad (o no tan casualidad) hace que ese número, en uno de las viales más importantes del Santiago actual, esté hoy ocupado por Panadería Maruxa, que presume de producir la mejor marraqueta, recién salida de un horno artesanal santiaguino. El 22 de noviembre de 1951, a la edad de 36 años contrae matrimonio, en el barrio residencial de Quinta Normal, con Olga Elena Bouzo Vidal, 13 años más joven que él. El padre de Olga Elena era un ourensano que había llegado a Chile antes de comenzar la Guerra Civil y era propietario de varias panaderías en la capital, llegando a ocupar la Presidencia de la Federación Chilena de Industriales Panaderos (FECHIPAN), entidad gremial fundada el 25 de septiembre de 1936.

A su esposa, Manuel Celso la llamaba Nena (Niña) de manera cariñosa, llegando a tomar este nombre en el entorno familiar. Me consta que sus sobrinas se refieren a ella como la tía Nena. En el año 1954, escribe para ella el poema “Tú: ella. Yo: él”, en el que le trasmite el gran amor que le profesa:

Eres mi sino y mi estrella,
porque ellos son quererte.
¿Galeote del corazón?
¿Forzado de la ilusión?
Tú eres mi Dios, no te importe.
Tú, mi vida entera. Tú: Ella.

Porque, Nena mía, ¡te amo y me amas!

Dos años después de contraer matrimonio nace la primera hija Aurora Elena (Rula) y once meses después lo hace María Milagros (Mila). A ellas escribe las siguientes líneas, cargadas de amor y ternura, en el artículo “Nochebuena con los míos”, publicado en el periódico El Mercurio, cuando tenían cinco y cuatro años, respectivamente:

Ayer, con gracia leve, palabra fácil y donaire como nunca tuve, ni antaño, contele a mis niñas, a mis retoños del divino Nacimiento el milagro. Ruliña, seria y serena, inteligente, cual a su carácter corresponde, iba al compás de mis palabras, con cariño, dibujando en el semblante infantil de su faz toda la trayectoria vital del Niño. Milagriños, en cambio, locuaz y saltarina, con blanca sonrisa, o dulce y lánguida tristeza, me dijo más de una vez curiosa: papá, ¿por qué no viene ya, dinos?” (Garrido, 1957).

Rula, la hija primogénita, sería protagonista de uno de los catorce poemas de la obra Saudade: “A pombiña i-o corvo”:

¡Ai, miña rula, Ruliña, miña filla:
Tamen eu son avezado cazador.
E matareiche os corvos do teu redor.
E surriréille ledo, mui ledo, as pombiñas!

Después de Milagros llegaría un varón prematuro, fallecido a las pocas horas de nacer. El tercer hijo del matrimonio Garrido-Bouzo muere antes de cumplir el año, víctima de una pulmonía. Finalmente, nace José Manuel; lo haría tres meses después del fallecimiento de su padre. Milagros falleció en Santiago de Chile en noviembre de 2009.

Manuel Celso con su esposa Olga Elena y su hija Rula

La saudade

Unha forcia soave e permanente, implacábel e doce –a saudade- turra por nós arreo car-os nosos lares, sen darnos acougo” (Garrido, 1953).

Como todo gallego en la diáspora, la saudade y la morriña empapan la vida de Manuel Celso en Chile. El mismo llega a definirla como la fuerza suave y permanente, pero implacable, que tira de uno sin descanso hacia su tierra.

Una excelente descripción de este sentimiento la hace María Elena, sobrina de Manuel Celso, refiriéndose a su tía Milagros en Chile: “estaba en Chile, pero su cabeza estaba absolutamente en A Merca, y en el pasado”. Este sentimiento tan gallego, y tan difícil de comprender para quien no lo es, lo hace visible de manera brillante Manuel Celso en su obra escrita en lengua gallega “Saudade. Un limiar e catorce poemas galegos”, dedicada a su única hija en ese momento, Aurora Elena (Ruliña), con “infinito cariño”, y publicada en Santiago de Chile el 20 de marzo de 1953.

Estos son los 14 poemas. Dedicados a su familia de A Merca y a sus vecinos: “A miña nai, n-iste 1º de noviembre (1948)”, a su madre difunta; “Invernía”, a su hermana María Milagros; “Sementeira”, a su hermano José María; «Lembranzas”, a su sobrina Manuela, hija de María Milagros, a la que por su temprana orfandad, Manuel Celso brindó en cierta medida la figura de padre; y “Céltigas vaquiñas”, a sus vecinos de A Merca. Dedicados a su familia de Chile escribe “Com-a volvoreta!” a su esposa Nena; “A pombiña i-o corvo”, a su hija Rula; y “Praia sin nome”, a sus padrinos de boda José Fernández y María Miret, y a sus hijas (madrinas de Aurora Elena y María Milagros). A sus compañeros de exilio dedica: “A Santa Compaña”, a Ramón Suárez Picallo; “Morreo Castelao”, a Virxinia Pereira (esposa de Alfonso Castelao); “Mensaxe de Bóveda”, a Rodolfo Prada (Presidente del Centro Gallego de Buenos Aires e importante figura del galleguismo en tierras argentinas); y “¡Saúde, irmáns!”, a sus amigos del exilio. “Lémbraste…?” se lo dedica a “cualquier mujer bienquerida”. Finalmente, “Non sei d-adxetivos”, tiene a sí mismo como destino en forma de autorretrato.

El sentimiento de desarraigo que experimenta Manuel Celso lo plasma de manera sentida en los poemas dedicados a los personajes centrales de su vida en A Merca, alcanzando su culmen en el que dedica el día de Fieles Difuntos de 1948 a su madre difunta, que había fallecido tres años antes, residiendo sus hermanos todavía en Galicia. El poema es escrito al poco tiempo de tener conocimiento del fallecimiento de la madre, lo que lleva a Manuel Celso a aislarse del mundo durante días, sumido en una enorme amargura. El encerramiento y el dolor anímico experimentado dieron lugar a estas sentidas estrofas:

No exilio eu, lonxe da Terra, ollando alleos eidos;
Meus hirmáns Milagros e Xosé María, ¡probiños!, sois, sen pai tamén,
horfos e tristes, viaos no fogar onde nados fomos d-anguria a tremer,
¡E ti, nai miña, índote con meu nome nos beizos!

Ti, que tan boa fuche, i-agora no Além ficas,
acullle con cariño estas garimosas verbas tenras miñas.
E un primeiro de Novembre, alleo, saudoso, ingrato:
Non poido ire a levarche froles da Terra o noso Camposanto”.

Saudade es revivir lo que hemos dejado atrás, pero ante la imposibilidad de dicha acción, solo queda ensoñarlo para que el recuerdo permanezca. Para ello, el gallego “lembra” y esas “lembranzas” lo ensimisman. Así, quedó reflejado en el poema “Lembranzas” con dedicatoria a su sobrina Manola:

A modiño, a modiño,
sin sentil-as,
chegan as lembranzas.
Vai pingando a vida, miudiño,
Anacos de sí,
¡ai miñas rapazas!...

Esta ensoñación impregnada de morriña se deja ver de manera nítida en el poema “Sementeira”, dedicado a su hermano José María:

¡Sementar! ¡Sementar moito, i-arreo! Regal-a terra coa suor da frente. E fendela a cotío, suxetando a rabiza do arado co puño forte de mau rexa e baril. Cubrila d-estrume primeiro, i-enchela de cheiro a fogar. Rachala logo, cubrind-o ar de cheiro a quentura i-agarrimo. Rizala dempois coa grade, deixándoa tenra, morniña. E o fin, na entrana viva, traballada e quente, diexar cair a semente. Para que maña nos encha de fartura e de ledicia: Na recolleita”.

Los hermanos Manuel Celso (derecha) y José María (izquierda) con las hijas del primero, Rula y Mila

Esta misma experiencia se vuelve a repetir en “Invernía”, con dedicatoria a su hermana Milagros, en el que rememora los quehaceres cotidianos de la familia rural de nuestra comarca en aquellos interminables inviernos:

Apesares, dempois de xantar, císcase a familia:
A nena a tornal-auga. A  muller, o outono.
O rapaz, a apañar castañas, denantes que as rouben.
I-o pai, coas ferramentas o lombo, o Ferreiro”.

Sus recuerdos y remembranzas de niño se dejan ver en el poema “Céltigas vaquiñas”, dedicado a sus paisanos de A Merca:

¡Esas vaquiñas loiras:
Qué ben traballan e pacen nos eidos.
Qué mansiñas son. Qué tenras.
E como ripan o outono, coma cuitelos.
De andar sereo i-acompasado,
-esas vaquiñas loiras, barrosas-,
Van pol-os camiños triscados nos valados,
I-o descuido, ripando verzas nas hortas”.

¿Sería la saudade la causa de que Manuel Celso decidiese poner fin a su vida en Santiago de Chile? Muy difícil contestar a esta pregunta, pero pensamos que sin duda pudo haber contribuido a magnificar estados emocionales depresivos que experimentaba en ciertas épocas, aunque desconocemos en qué medida. El 6 de octubre de 1960 se quitaba la vida en su casa. El día anterior a su fallecimiento toda la familia, incluido su hermano José María que había venido de Puerto Montt, había asistido a una boda de una persona cercana. Al día siguiente a la boda, Manuel Celso decide no ir a una reunión familiar y se queda solo en casa, momento que aprovecha para usar un arma. Será al atardecer de ese día, al llegar a casa, cuando su hija Rula, con solo siete años de edad, busca a su padre y lo halla muerto. Vestía traje, como era habitual en él. Sus restos mortales descansan en el mausoleo familiar ubicado en el Cementerio General de Santiago de Chile. Su hermano José María fallecería al año siguiente, dicen que “de pena”, pues desde ese fatídico 6 de octubre nunca más volvería a sonreír.

Vista del Cementerio General de Santiago (fotografía tomada de @cementeriogral)

En memoria de Manuel Celso

Después de su fallecimiento, el diario Opinión Gallega de Buenos Aires reconocía en sus páginas la figura de Manuel Celso, al informar que el galleguismo perdía un regio luchador y Galicia un hijo fiel. La galleguidad chilena y argentina lloraba su muerte. El Presidente de la Republica Española en el exilio de París, Diego Martínez Barrio, le concede el título póstumo de Caballero de la Orden de la Liberación de España.

Lamentablemente, la figura de Manuel Celso es escasamente conocida y reconocida. En gran medida, ello es lo que nos ha llevado a la elaboración de este artículo. Son escasos los reconocimientos a su figura. Entre las excepciones destacaríamos (1) su inclusión en el Diccionario da Literatura Galega, encontrándonos su nombre en el Tomo 1 “Autores”; (2) la ponencia sobre su vida y obra presentada por Marivel Freire Freire en el Congreso Internacional O Exilio Galego, celebrado en Santiago de Compostela en el año 2001; y (3) un capítulo en el libro “Protagonista de una epopeya colectiva” de Lois Pérez Leira.

Nuestra comarca no debe permitirse que su vida y obra pasen desapercibidas, y no sean reconocidas en su justa medida. Hasta donde sabemos, el único reconocimiento que tuvo lugar en su tierra natal fue el llevado a cabo por el grupo municipal del Bloque Nacionalista Galego en el Concello de A Merca el 24 de abril de 1999. Incomprensiblemente, la corporación municipal de esa época no llegó a un acuerdo para poner su nombre a una calle del pueblo. Desconozco las razones que llevaron a esa falta de acuerdo, pero se me antojan peregrinas y de cortas miras. En dicho acto, promovido por los concejales nacionalistas Luis Seara y Manuel Outumuro, y que tuvo lugar en el Salón de Plenos del Concello de A Merca, participaron los escritores Millán Picouto y Lois Pérez Leira, así como el político Manuel Mera.

Noticia del homenaje a Manuel Celso en A Merca publicada en O Aguillón (febrero de 2000)

Manuel Celso por su hija Rula

No podríamos dar mejor terminación a este artículo que con un epílogo suscrito por Rula, hablando de su padre. A pesar de haberlo perdido a muy corta edad, su recuerdo imborrable perdura en el tiempo, y ese recuerdo lo plasma en estas líneas:

Juan Carlos me pide que describa el recuerdo que tengo de mi padre…. Lo he pensado varios días… Hablar de él sin ser subjetiva es imposible, por el tremendo amor que siento por él, pero aquí va. Celso, mi papá, era un tipo muy buenmozo, siempre vestía impecable, de traje o sport; en las fotos que conservo se ve muy bien en todas. Conmigo y con mi hermana Milagros era muy dulce. Nos leía libros antes de dormir. Recuerdo cuando su hermano José María le enviaba mariscos del Sur de Chile y él nos hacía comer ostras, pulpo y erizos, lo que disfrutaba mucho. Aprendimos con mi madre a lavar los pulpos que ella cocinaba “a la gallega”, exquisitos. MI padre era alegre. Recuerdo que cantaba en reuniones en casa y tenía su grabadora (con cintas), también sus discos. Su oficina, con estantes repletos de libros y discos de música española. Leía muchísimo, y lo recuerdo también escribiendo a menudo. Recuerdo ir con él a la feria semanal del barrio a comprar verduras, frutas y ostras. Después guardábamos algunas para nuestras tortugas, la mía y la de Mila, mi hermana. Visitábamos el Estadio Español y el Stade Français con él y mi madre, en donde disfrutábamos de las piscinas mientras él jugaba al tenis.  La cena en la mesa era muy importante para él, lo recuerdo sentado y yo a su lado escuchándolo. Salíamos de paseo a las playas y a las termas. En fin, para mí estar a su lado era sentirme muy querida, admirada y protegida. Su último negocio fue una zapatería que le compró a mi abuelo, Francisco Bouzo. Allí nos dejaba a veces jugar en las inmensas bodegas de zapatos y cuando decoraban las vidrieras era para nosotras una fiesta; él ponía todo el empeño es que se vieran muy lindas.  Nos permitía llevar a casa cajas para jugar, que Mila y yo llenábamos con otras más pequeñas, él las descubría; era muy divertido. Le gustaba el jardín, y me enseñó a regar las plantas; el agua en la raíz, me explicaba que era importante. A mi mamá la llamaba “mi prójima”, y se refería a nosotras como “sus tres Marías”, las estrellas. Mi padre llenó mi vida de sus recuerdos y son todos dulces y tiernos. Nunca le oí levantarnos la voz, solo mimarnos mucho. A mi hermana le llamaba a veces “lauchita”, porque le gustaba esconderse dentro de los muebles en casa. Yo era su Ruliña, y dice mi madre que desde el día en que nací me encontraba preciosa. ¡Qué más puedo decir de un hombre que era tan especial!  Así era mi papá”.

(Miami, Estados Unidos, junio de 2021).


Fóronse para sempre os tempos en que os galegos coma coitadiños, coma quen pide esmola, pregábamos mansiñamente o que tíñamos dereito incuestionable a lograr ieisixir sin contemplación” (Celso Manuel Garrido, 1950; tomado de Freire Freire, 2001).

Agradecimientos

Agradezco a Aurora Elena (Rula) Garrido, José Manuel Garrido, María Elena Garrido y Marisa Garrido por animarme a escribir este artículo y, sobre todo, por las facilidades, informaciones y documentos que me brindaron para que ello fuese posible. Muy especialmente, quiero hacer evidente este agradecimiento a Rula, hija de Manuel Celso, porque sin ella este trabajo no hubiera sido lo que es. Muchas gracias y queda pendiente compartir un plato de pulpo a feira en A Merca.

Incluyo también en mis agradecimientos a Víctor Fortes, Julio Grande y Manuel Outumuro, por los documentos aportados para completar diferentes apartados del artículo.

Referencias

Fasano, L. (2009). Exiliados gallegos en la Federación de Sociedades Gallegas de la Argentina: una aproximación al tema. XII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Universidad Nacional del Comahue, San Carlos de Bariloche.

Freire Freire, M. (2001). Manuel Celso Garrido: achegamento á súa vida e obra. Actas Congreso Internacional O Exilio Galego. http://consellodacultura.gal/mediateca/extras/CCG_2001_Actas-do-congreso-internacional-O-Exilio-Galego.pdf

Garrido, M. C. (5 de julio de 1940). 28 de junio (1936-1941). Galicia, 734.

Garrido, M. C. (20 de septiembre de 1941). Apostilla a una revista vieja. Galicia, 745.

Garrido, M. C. (1 de noviembre de 1941). Testigos inexorables. Galicia, 751.

Garrido, M. C. (7 de febrero de 1942a). Carta abierta a mi excompañero de cautiverio. Galicia, 765.

Garrido, M. C. (13 de junio de 1942b). Evocación triste de un refugiado. Galicia, 783.

Garrido, M. C. (21 de febrero de 1942c). ¡¡¡Volve, Galicia!!! Galicia, 767.

Garrido, M. C. (9 de enero de 1943). El Maestro no quiso. Galicia, 813.

Garrido, M. C. (12 de julio de 1947). Don Ramón Otero Pedrayo. Saúdo d-un alumno. Galicia, 1014.

Garrido, M. C. (10 de febrero de 1950). Co gallo da mala nova. Galicia, 1100.

Garrido, M. C. (1953). Saudade. Un limiar e quatorce poemas galegos. Talleres de la Casa del Niño.

Garrido, M. C. (27 de diciembre de 1957). Nochebuena con los míos. El Mercurio.

Monteagudo, H. (2016). Castelao en Buenos Aires, 1940-1950. Olivar, 17, Artículo e006. http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.7771/pr.7771.pdf

Pérez, L. (2011). Protagonistas de una epopeya colectiva II parte. Grupo de Comunicación Galicia en el Mundo. https://es.calameo.com/read/001933963309ccc65359a

Salgado, R. (2020). La Biblioteca Provincial. http://ovrense.blogspot.com/2020/10/la-biblioteca-provincial.html

Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (I)

Parderrubias y la Guerra Civil: muerte en el frente de batalla (I)

Por Juan Carlos Sierra Freire

Dando continuidad al relato del periodo histórico de la Guerra Civil en la comarca de Parderrubias, iniciado con los artículos Parderrubias y su comarca en el tiempo de la Guerra y Cuando la Guerra no devuelve los hijos a sus madres, abordaremos en dos artículos sucesivos las historias de los vecinos fallecidos en los diversos frentes de guerra abiertos durante la contienda civil.

Dado que la provincia ourensana quedó desde el primer momento bajo el control de los golpistas, hasta donde conocemos, salvo rara excepción que indicaremos, todos los mozos de Parderrubias, que participaron de una manera u otra en la Guerra Civil, fueron reclutados por el Ejército sublevado, siendo enviados a distintos frentes o zonas de la retaguardia. En palabras de Cocho (2011), fueron “reclamados para combatir en una guerra que no provocaron, que no entendían y que los puso, fusil en mano, a pegar tiros lejos de su casa” (p. 241). «Soldados a la fuerza» como muy bien califica Matthews (2013). Durante las primeras semanas de Guerra, la capital ourensana se convirtió en un hervidero de soldados realizando trámites una vez llamados a filas. El Gobierno Civil y la estación ferroviaria El Empalme, de donde partían trenes repletos de soldados, conforman los principales centros de ebullición. A mediados de agosto de 1936 era incesante la afluencia de reclutas pertenecientes a las tres quintas convocadas (1933, 1934 y 1935), predominando los mozos de las aldeas, como era el caso de Parderrubias, a quienes el diario La Región describía de una manera exageradamente bucólica:

“…sufridos, trabajadores, sobrios y cumplidores. Ellos son la nota más cálida en el desfile constante de estos días… Van y vienen estos mozos alegres por nuestras calles, con sus chaquetas al hombro, sintiendo el pesado agobio de estos calores que sufrimos y que quizá allá en sus aldeas nunca tuvieron. Todos lucen orgullosos en sus pechos medallas y cruces; lacitos de la bandera nacional llevan sus ojales… Para vosotros todos, a los que habéis dejado vuestras ocupaciones en los campos, aun perenne el olor a heno de las yerbas secas… una simpatía inmensa palpita en todos los corazones” (La Región, 15 de agosto de 1936).

Con el fin de aminorar la sensación de separación de los reclutas con respecto a sus familiares, la Comandancia Militar de Ourense dispuso un servicio de coches ligeros y camiones para el frente, con el objeto de transportar todo aquello que los allegados quisieran remitirles. En las primeras fases de la Guerra, este servicio funcionó semanalmente con Luarca, Villablino y Guadarrama, incluyendo correo, paquetes y obsequios dirigidos a la tropa. Los encargos eran recogidos en el número 25 de la calle Paz.

Mozos de Parderrubias reclutados durante la Guerra

En Parderrubias, igual que en el resto de Zona Nacional, fueron movilizados durante la Guerra los mozos pertenecientes a quince reemplazos: los de los tres primeros trimestres de 1941, y los de los años 1940, 1939, 1938, 1937, 1936, 1935, 1934, 1933, 1932, 1931, 1930, 1929, 1928 y 1927. En total fueron llamados o reincorporados a filas 42 vecinos pertenecientes a los pueblos que actualmente integran la Parroquia de Parderrubias (i.e., sin incluir Solveira, A Manchica y Nogueira, pueblos que en esa época también pertenecían a la Parroquia).

A los tres primeros trimestres del reemplazo de 1941 (nacidos en 1920 y llamados a filas en agosto de 1938) pertenecían Eladio Grande Garrido, José Outumuro Outumuro y Ángel Pérez Outumuro. Los pertenecientes al reemplazo de 1940 (nacidos en 1919 y llamados en agosto de 1938) eran José Atrio Lorenzo, Modesto Garrido Fernández, José Lorenzo Rodríguez y José Seara Casas. Resulta singular el caso de Modesto, a quien la Guerra sorprende en la provincia de Toledo, zona republicana, a donde se había desplazado a la siega, siendo reclutado por el Ejército Republicano en febrero de 1938. En 1940, finalizada la Guerra, debe volver hacer el Servicio Militar con el otro bando: la conocida «mili de Franco», que duraba tres años. En su expediente se puede leer que «…prestó servicio en el Ejército Rojo como forzoso. Nada alega. El Ayuntamiento le declara soldado».

Modesto Garrido Fernández, en Toledo, durante la Guerra Civil

En el reemplazo de 1939 fueron alistados seis mozos. nacidos en 1918 y llamados a filas en julio de 1937: Manuel Lorenzo Ínsula en el Regimiento de Artillería Antiaérea de Madrid; José Outumuro Martínez en el Regimiento de Artillería de Montaña nº 20, con sede en Zaragoza; Adolfo Outumuro Outumuro en el Regimiento de Infantería La Victoria nº 28 de Salamanca y Capitanía General 3º Cuerpo del Ejército de Valencia; Benito Pérez Outumuro en el Regimiento de Artillería de Costa nº 2 Monte Faro, en las Islas Cíes; Manuel Sampedro Seara en el Regimiento Burgos nº 31, con sede en León; y Manuel Seara Garrido en el 5º Grupo de Sanidad Militar, con sede en Huesca.

Al reemplazo de 1938 (nacidos, por tanto, en 1917 y llamados en mayo de 1937) pertenecen cuatro mozos: Felisindo Grande Seara, que en un primer momento disfrutó de prórroga por estudios; Adolfo Justo Sampedro en el Regimiento de Infantería Toledo nº 26, con sede en Zamora (como veremos más adelante, su hermano José fallece en Fuentes de Ebro en agosto de 1937); Manuel Outumuro Seara en Zapadores, Minadores e Ingenieros nº 3, con sede en Valencia, teniendo presencia en la Batalla del Ebro; y Benigno Seara en el Regimiento Zamora nº 29, con sede en A Coruña, que participa en el frente de Zaragoza.

Formaban parte del reemplazo de 1937 los mozos nacidos en 1916 (llamados a filas en febrero de 1937): Manuel Garrido Garrido en Artillería de Costa y Parque de Automóviles de la 8ª Región; Isolino Grande Garrido en el Regimiento de Artillería Ligera 16, con sede en A Coruña, Serrallo 18 y 3º Batallón de Automóviles; Carlos Lorenzo Ínsula, en Intendencia 8ª Región, con sede en A Coruña; Gumersindo Outumuro Martínez en Servicios Auxiliares del Regimiento Zaragoza 30, con sede en Lugo, y Parque de Artillería y Cuerpo Jurídico Militar de Sigüenza; y José Seara Garrido en Regimiento de Infantería Simancas nº 40, con sede en Gijón, y Batallón de Cazadores de Melilla.

Los dos mozos pertenecientes al reemplazo de 1936 (nacidos en 1915 y llamados en noviembre de 1936) fueron Eladio Garrido Garrido en el Parque de Automóviles 8ª Región, y José Justo Sampedro en el Regimiento de Infantería Gerona 18, con base en Zaragoza, fallecido en combate en Fuentes de Ebro el 29 de agosto de 1937. En el reemplazo de 1935 fueron alistados los mozos nacidos en 1914 y llamados en agosto de 1936: Jesús Fernández Fernández, Manuel Fernández Sueiro, Manuel María Martínez Gulín, Fernando Pérez Outumuro y Celso Seara García. Al alistamiento de 1934 pertenecen dos mozos nacidos en 1913 (llamados en agosto de 1936): Higinio Grande Garrido y Modesto Grande Grande, fallecido en el frente de Teruel en marzo de 1938. En el reemplazo de 1933 se encontraba José Pérez Outumuro, nacido en 1912 y llamado a filas en agosto de 1936. En el reemplazo de 1932 estaban los mozos nacidos en 1911 y llamados a filas en octubre de 1936: Manuel Fernández Rego, Evencio Fernández Outumuro, José Fernández Pérez y Jesús Grande Seara. El único mozo del reemplazo de 1931 era Abelardo González Outumuro, nacido en 1910, llamado a filas en noviembre de 1936 y fallecido a los pocos días de finalizar la Guerra. Al reemplazo de 1930 pertenecían Bienvenido Casas Fernández y Antonio Seara García, que habían nacido en 1909 y fueron llamados en marzo de 1937. En el reemplazo de 1929, correspondiente a los mozos nacidos en 1908 y llamados en septiembre de 1937, estaban Perfecto Fernández Outumuro y José María Grande Iglesias. En el reemplazo de 1928 no hubo ningún mozo de Parderrubias. Finalmente, en el reemplazo de 1927, formado por los mozos nacidos en 1906 y llamados en noviembre de 1938, estaban Celestino Grande Outumuro y José María Iglesias Garrido. El destino de estos últimos reemplazos era la formación de batallones de guarnición para atender a las poblaciones que caían en manos de los sublevados.

Aunque la gran mayoría de soldados volvió a casa, hubo tres víctimas mortales, y en ellas focalizaremos la atención. No obstante, algunos de los regresados de los frentes lo hicieron con secuelas de guerra para el resto de su vida. Es el caso de José Seara Casas, quien en la Ofensiva del Levante, en 1938, concretamente en el Frente de Sagunto, fue víctima de la explosión de una bomba que le llenó el cuerpo de metralla, convirtiéndose en mutilado de guerra después de pasar una larga temporada en el Hospital Militar de Zaragoza.

Frente de Aragón en 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Muertes en el frente

Como otros muchos pueblos de España, Parderrubias pagó un elevado tributo en la Guerra Civil en cuanto a heridos y víctimas mortales. Nuestro pueblo, no fue campo de batalla, ni escenario de trincheras ni objetivo de bombardeos, pero la sangre de sus vecinos se derramó en otras tierras en las que la barbarie se libraba a tiros fratricidas. En los libros parroquiales de Parderrubias se contabilizan cinco vecinos fallecidos en los distintos frentes de la Guerra Civil, dos de ellos eran naturales de Solveira y Bouzas, respectivamente, pueblos que en aquellas fechas pertenecían a la Parroquia de Parderrubias. Los tres vecinos, nacidos en los pueblos que actualmente constituyen la Parroquia de Parderrubias, que fallecieron en la Guerra son José, Modesto y Abelardo, a los que dedicamos este artículo y el próximo, con el objeto de que sus nombres y sus historias personales permanezcan en la memoria de todos nosotros.

José Justo Sampedro (1915-1937)

José, hijo de Manuel y de Carmen, nace en Barrio el 11 de septiembre de 1915. De oficio carpintero, es alistado en el reemplazo de 1936, siendo tallado en 1,69 metros. Al no alegar nada para no realizar el Servicio Militar es calificado como soldado útil en primera instancia. El 12 de enero de 1937 se incorpora al Regimiento de Infantería Gerona nº 18, con sede en Zaragoza. El frente de Aragón será su escenario de guerra. Desconocemos el Batallón en el que se integró, pero tomando como referencia los datos de su fallecimiento, presuponemos que era uno de los doce Batallones (101 a 112) que integraban la 105 División, formada el 5 de julio de 1937 en las inmediaciones de Zaragoza, al frente de la que estaba el Coronel de Infantería Mariano Santiago. Estando aun la División en período de organización, sus unidades fueron enviadas a luchar en diferentes puntos durante la Batalla de Belchite (Engel, 2010).

Firmas de los mozos del reemplazo de 1936 (en el centro la de José Justo Sampedro)
José Justo Sampedro

Una vez que Bilbao pasa a manos del ejército sublevado en junio de 1937, la misma suerte estaba a punto de correr Santander, por lo que a finales de agosto el Gobierno lanza como operación de distracción –con el fin de atraer a las tropas nacionales y así aminorar la presión sobre la capital cántabra- una ofensiva en Aragón. El General Pozas estaba al frente del operativo, mientras que las fuerzas sublevadas en el sector de Zaragoza estaban lideradas por el General Ponte.

En la madrugada del 24 de agosto de 1937, el Ejército Republicano lanza una ofensiva para conquistar Zaragoza, enfrentándose al Ejército Nacional a lo largo de todo un frente integrado por Zuera, San Mateo de Gállego, Leciñena, Puerto de Alcubierre, Perdiguera, Villamayor, Alfajarín, Pina de Ebro, Quinto, Codo, Belchite, Fuendetodos y Villanueva de Huerva. La debilidad de los sublevados en la zona hizo que pronto cayesen del lado de la República pueblos como Quinto y Codo. El 26 de agosto las tropas republicanas reciben refuerzos en el sector de Fuentes de Ebro, municipio en manos de los Nacionales, que no llegaría a ser conquistado. Era el último reducto de la defensa antes de llegar a Zaragoza. Los ataques republicanos fueron intensos, pero la resistencia de los Nacionales no se debilitó. La caída de Santander el 27 de agosto y la inesperada resistencia mostrada por las tropas nacionales hizo que se enlenteciesen los avances republicanos sobre Zaragoza –capital que no llegaría a ser tomada-, por lo que las fuerzas republicanas focalizaron sus esfuerzos en Belchite, iniciándose el asalto final sobre el pueblo el 28 de agosto. El día 26 los republicanos sitian completamente el pueblo, pero los Nacionales llegan a resistir entre barricadas hasta el 6 de septiembre, quedando el pueblo completamente destruido. Sus ruinas todavía se conservan en la actualidad. Se estima que en quince días murieron cinco mil personas.

Mapa del frente de Fuentes de Ebro en 1937

Los partes de Guerra del Ejército Nacional informaban de la situación en esos días:

El enemigo ha continuado presionando en este frente, siendo rechazados todos sus ataques y causándole grandísima cantidad de bajas, que se eleva a varios millares. Solo en uno de los ataques en el sector de Zuera han sido totalmente destrozados tres batallones rojos, de los cuales únicamente han podido escapar ochenta o cien hombres, quedando en poder de nuestras tropas más de 1.200 muertos. Es también muy grande el número de cadáveres enemigos que hay frente a otras varias de nuestras posiciones. Son totalmente falsas las noticias de las radios rojas sobre la proximidad del enemigo a Zaragoza, habiendo sido destrozadas sus infiltraciones” (27 de agosto de 1937).

Continuó la presión del enemigo, que atacó en varios sectores, siendo enérgicamente rechazado en todos ellos y sufriendo enormes pérdidas, entre ellas centenares de muertos. Se han hecho muchos prisioneros, y es también muy considerable el número de milicianos que se han pasado a nuestras filas, lo que prueba el gran quebranto y desaliento del enemigo” (28 de agosto de 1937).

En el de Villamayor no solo se ha rechazado a las fuerzas rojas, sino que se les ha perseguido, rectificándose nuestra línea a vanguardia, ocupándose importantes posiciones y cogiéndose mucho armamento, entre el que se encuentran 20 ametralladoras y abundante material que aun no ha sido clasificado. En este sector se inutilizaron tres tanques rusos. En los sectores de Fuentes y Belchite han sido rechazados todos los ataques del enemigo. Son elevadísimas las bajas sufridas por las fuerzas rojas en todos los sectores sin que hayan conseguido ventaja alguna en ninguno de ellos” (29 de agosto de 1937).

Frente de Aragón en 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España

La información proveniente del Ministerio de Defensa Nacional era sustancialmente diferente:

En las primeras horas de la mañana se consiguió romper la organización enemiga. La ruptura se efectuó en tres direcciones, y a virtud de ella quedaron aisladas de su base las fuerzas facciosas que defienden las posiciones del sector de Quinto… Los facciosos hicieron bastante resistencia, a pesar de lo cual, columnas leales profundizaron mucho en dirección a sus objetivos… Los rebeldes, obligados a replegarse, tuvieron grandes bajas, dejando en nuestro poder un centenar de prisioneros… La Aviación cooperó admirablemente a la maniobra del Ejército de Tierra. Desde el amanecer bombardeó intensísimamente los objetivos militares que habían de atacarse y, posteriormente, protegió el avance de las columnas” (Ahora, 25 de agosto de 1937).

El diario La Libertad del 26 de agosto informaba que el Ejército popular había ocupado la línea Mediana, Rodeu y Fuentes de Ebro, tomando Quinto y Codo causándole al enemigo gran número de bajas. Quinto estaba defendida por 1.500 hombres armados de artillería y armas automáticas. Su resistencia les supuso una gran cantidad de bajas. El parte de guerra republicano del 26 de agosto informaba que:

Hoy continúan las operaciones de nuestra ofensiva en el frente de Aragón. Esta mañana nuestras tropas entraron victoriosamente en Villamayor de Gállego. Con la toma de Villamayor, Zaragoza se encuentra bajo el fuego de nuestros cañones”.

Portada del diario La Libertad del 27 de agosto de 1937

El 28 de agosto, el diario Ahora describía la situación en el frente:

“…se ha combatido con intensidad, especialmente en el sector de Zuera. Parte de este pueblo, así como el caserío de la Estación, se hallan en nuestro poder. El enemigo ha sido rechazado en varios contraataques en diversos lugares del frente. Las bajas enemigas son cuantiosas. Continúan pasándose a nuestras filas muchos evadidos”.

En Fuentes de Ebro, municipio que formaba parte del frente abierto por el Ejército Republicano en Aragón, con resultado final fallido en la toma de Zaragoza, dejó su vida José. El diario La Libertad del 27 de agosto de 1937 señalaba que las fuerzas republicanas habían ganado nuevas posiciones en el frente de Fuentes de Ebro, en donde se libró una gran violencia, sufriendo los nacionales un terrible desgaste. Ese día caía en manos republicanas Mediana de Aragón, situado a diez kilómetros de Fuentes de Ebro. El 29 de agosto, el diario El Sol informaba que en el frente de Mediana a Fuentes de Ebro continuaban los combates de manera intensa, mejorando las posiciones de las fuerzas republicanas.

Milicianos en el Frente de Aragón. Foto de Alec Wainman. Fuente: La Guerra Civil Española en Color
Diario La Voz del 29 de agosto de 1937

José fallecía a los 22 años de edad, el sábado 28 de agosto de 1937, en este frente aragonés, quedando sepultado en el mismo campo de batalla; pensamos que en una tumba individual, pues era costumbre entre los nacionales, a diferencia de los republicanos, que solían enterrar a sus muertos en fosas comunes (Mattews, 2013). José luchaba en las filas del Regimiento de Infantería Gerona nº 18, concretamente en uno de los batallones que integraban la 105 División del Ejército Nacional. Un telegrama dirigido al Delegado de Orden Público del Ayuntamiento de A Merca informaba de la trágica noticia:

Don Ricardo Campos García, Comandante Mayor del Regimiento Infantería Gerona número dieciocho, del que es Jefe Principal el Sr. Coronel Don Santiago Ruti Plasencia, certifico: Que el Soldado José Justo Sampedro, que se incorporó a este Regimiento el día 12 de enero de 1937 como perteneciente al reemplazo 1936, 3º trimestre, según antecedentes que obran en esta Oficina, halló muerte gloriosa en el cumplimiento de su deber a consecuencia de heridas recibidas en acción de guerra el día 29 de agosto último en el frente de Fuentes de Ebro. Y para que conste a petición de parte interesada y a sus efectos, expido el presente en Zaragoza a veinticuatro de noviembre de mil novecientos treinta y siete. II Año Triunfal. Rubricado Ricardo Campos. Vº Bº Comandante 1º Jefe Actual”.

Portada del diario La Región del 28 de agosto de 1937

El 10 de octubre se registra su fallecimiento en la Parroquia de Parderrubias. Según consta en su partida de funeral, firmada por el párroco don Juan Estévez, lo había hecho “peleando por Dios y por la Patria”. El alarde de patriotismo derramado sobre esa partida, difícilmente minimizaría el dolor de unos padres por la terrible pérdida de un hijo en plena juventud en estas circunstancias. Por su alma se celebraron Misas Gregorianas. Una Orden del Consejo Supremo de Justicia Militar, fechada el 4 de julio de 1941, declara a sus padres Manuel y Carmen con derecho a una pensión por el fallecimiento de su hijo José.

Sepultura en el campo de batalla. Fuente: Biblioteca Nacional de España

En un próximo artículo abordaremos la historia de Modesto y Abelardo, fallecidos y enterrados también lejos de su Parderrubias natal.

Soldados a la fuerza

«…una amplia proporción del gran número de soldados de reemplazo que nutrieron los ejércitos de ambas zonas no estaban ideológicamente comprometidos con el bando en el que luchaban»

(Paul Preston, 2013).

Agradecimientos

A Víctor Fortes por todas las facilidades prestadas para acceder al Arquivo Municipal da Merca, y a Manuel Felipe Garrido, José Manuel Justo y Marivi Seara por la documentación e información aportada a algunas de las secciones del artículo.

Referencias

Cocho, F. (2011). Guerra Civil. Que pasou en Galicia e en España. Edicións Xerais.

Engel, C. (2010). Historia de las Divisiones del Ejército Nacional 1936-1939 (2ª ed.). Almena Ediciones.

Matthews, J. (2013). Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la guerra civil 1936-1939. Alianza Editorial.

Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Por Juan Carlos Sierra Freire

La generación de mi padre da sus primeros pasos en el inicio de la década de los treinta del pasado siglo. Fueron años convulsos, de grandes cambios e importantes crisis políticas. Tiempos que acabaron en una Guerra Civil. Le tocó nacer y crecer en tiempos revueltos. A partir, básicamente, de la prensa local de la época, en este artículo se describen acontecimientos ocurridos en la comarca de Parderrubias desde el año 1930 hasta el golpe de estado y posterior inicio de la Guerra en julio de 1936.

El año 1930 terminaba de manera convulsa debido a las posiciones cada vez más enfrentadas entre monárquicos y republicanos. La sublevación en Jaca fue el exponente más claro de movimientos revolucionarios que fueron surgiendo. Durante los meses de noviembre y diciembre de ese año, las huelgas generales fueron habituales en todo el país. Se estima que alrededor de cien mil obreros no tenían trabajo. En Ourense se convoca una huelga general el lunes 15 de diciembre. El comercio echó la persiana y en puntos estratégicos de la capital se situaron parejas de la Benemérita. A las tres y media de la tarde se proclamaba el Estado de Guerra y las tropas de Infantería comenzaron a patrullar las calles. La huelga se mantuvo hasta el jueves, desarrollándose pacíficamente, sin incidentes.

En las Universidades de todo el país, el ambiente era francamente subversivo, lo que obliga al Gobierno a declarar, el 5 de febrero de 1931, un mes de vacaciones extraordinarias. Dimitido el Gobierno en pleno, el 18 de febrero toma posesión un Gobierno de concentración monárquica que convoca elecciones municipales para el 12 de abril. Mientras tanto, la capital ourensana seguía su discurrir cotidiano y el 22 de marzo honraba a San Lázaro. A las ocho de la mañana tenían lugar alboradas y dianas a cargo de la Banda Municipal y de gaitas del país. En torno al mediodía, finalizada la procesión del Santo, se quemaron las acostumbradas madamitas.

Llega la República

El 12 de abril de 1931 se celebran elecciones municipales en España, aunque lo que se votaba en realidad era la continuidad de la Monarquía. Hacía un año que José Manuel Ferreiro regía el Ayuntamiento de A Merca. Las grandes ciudades españolas dan la victoria a los partidos republicanos. Los monárquicos ganan en escasas capitales (entre ellas Ourense) y en el ámbito rural. La consecuencia inmediata de estas elecciones fue el fin del reinado de Alfonso XIII, que se exilia en París la noche del 14 de abril, pues su vida no estaba asegurada en España. La Monarquía había muerto. El titular de La Región del día 15 no dejaba lugar a dudas:

Don Alfonso renunció a todos los derechos de la Corona de España… Quedó virtualmente proclamada la República en España, habiéndose nombrado un Gobierno Provisional, que preside Alcalá Zamora”.

Izado de la bandera republicana en el Ayuntamiento de Madrid. Fuente: Mundo Gráfico, 22 de abril de 1931. Biblioteca Nacional de España

El 14 de abril, el pueblo sale a las calles y se proclama la República. Según informa La Región del día siguiente, en las calles de Ourense, desde las primeras horas de la tarde, se notaba una animación extraordinaria por las noticias que llegaban desde Madrid. En la calle Progreso se organiza una imponente manifestación que se dirige hacia el Ayuntamiento, mientras se vitorea la República de manera incesante. En el balcón del Ayuntamiento ya ondeaban las banderas republicana y gallega. Se descuelga el retrato del Rey, que preside el Salón de Sesiones, y es arrojado a la calle desde una ventana. La Banda de Música Municipal entona la Marsellesa y el Himno Gallego. Desde la Plaza del Ayuntamiento, la manifestación se dirigió hacia el Gobierno Civil, en donde se iza la bandera republicana. El Presidente de la Federación Republicana, Luis Fábrega, dirige unas palabras a los asistentes, destacando que el triunfo alcanzado redundará en la prosperidad y engrandecimiento de España. Se oía música y sonidos de pirotecnia. A las ocho y media de la tarde, el gentío escucha a través de un altavoz colocado en la calle Paz Novoa, el discurso de Niceto Alcalá Zamora, Presidente del Gobierno Provisional. La editorial de La Región hablaba de asombro:

¿Qué republicano, por fervoroso que sea, se atrevería a vaticinar lo que en España ha ocurrido en las últimas cuarenta y ocho horas? Nadie creería realizable lo que hoy España contempla atónita y asombrada”.

El día Primero de de Mayo del primer año de la República se celebra a lo grande en la capital ourensana, pues se había declarado fiesta nacional. A las diez de la mañana se organiza en la Casa del Pueblo una gran manifestación en la que destacan más de cincuenta banderas de Agrupaciones Afiliadas y Sociedades Agrarias. Entre las numerosas bandas de música que amenizaron la marcha se encontraba la de Loiro, dirigida por don Manuel Soto. De los discursos pronunciados en la Alameda destacó el de Albino Núñez, en representación de la Asociación de Maestros de la Casa del Pueblo, centrado en las dificultades de los maestros de los pueblos para llevar a cabo su misión, debido a las necesidades de los hogares campesinos, pues «los niños llegan a la escuela faltos de alimentación y después de rudos trabajos que los agotan para recibir enseñanza, lo que puede llevar a pensar erróneamente que son más torpes que los hijos de familias burguesas». Mientras esto ocurría en la capital, el alcalde de Celanova, Celestino Nogueira, era destituido fulminantemente por el Gobernador Civil interino, y multado con 250 pesetas, por desobedecer sus órdenes sobre los actos del Primero de Mayo.

En los primeros pasos de la República, la organización de algunos municipios ourensanos no estuvo exenta de polémicas. Así, el Partido Republicano Radical Socialista denuncia ante el Gobernador Civil anomalías en varios de ellos, entre los que estaba el de A Merca, al que se alude en la prensa:

El pueblo expuso cuales candidatos deben ser proclamados por merecer la mayor asistencia de la opinión. Entregaron la lista de candidatos al presidente de la Comisión gestora, quien después hizo proclamar a los que fueron de su agrado, sin tener en cuenta los propuestos por el pueblo. Pide la destitución de la Comisión, entregada hoy al viejo cacique” (La Región, 28 de mayo de 1931).

En las primeras elecciones a diputados de la República, celebradas el 28 de junio de 1931, los candidatos más votados en A Merca fueron José Calvo Sotelo (828 votos), Luis Fábrega Coello (407 votos) y Basilio Álvarez Rodríguez (405). Por la circunscripción provincial de Ourense obtuvieron Acta de Diputado tres republicanos radicales (Luis Fábrega Coello, Basilio Álvarez Rodríguez y Justo Villanueva Gómez), dos radicales socialistas (Alfonso Pazos Cid y Manuel García Becerra), un nacionalista (Ramón Otero Pedrayo), un independiente (José Calvo Sotelo), un socialista (Alfonso Quintana y Pena) y uno de Acción Republicana (Manuel Martínez Risco). En las segundas elecciones, que tuvieron lugar el domingo 19 de noviembre de 1933, votaban por primera vez las mujeres. Nuestras abuelas fueron pioneras del voto femenino en España. Tenían obligación de votar hombres y mujeres mayores de 23 años, pudiendo hacerlo desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Los resultados dieron la victoria a las derechas. Los nueve diputados por Orense ordenados por número de votos fueron José Sabucedo Morales, José Calvo Sotelo, Basilio Álvarez Rodríguez, Justo Villanueva Gómez, Antonio Taboada Tundidor, Luis Fábrega Santamarina, Fernando Ramos Carriño, Andrés Amado Villavardel y Carlos Taboada Tundidor; perdía su acta de diputado Ramón Otero Pedrayo.

La situación a finales de ese año 1933 era preocupante, al menos a la luz de un Bando del Alcalde de Ourense publicado el 25 de noviembre, por el que hasta el 15 de diciembre todos los propietarios de cabezas de ganado caballar, mular, asnal y bovino, así como los de carruajes de tracción animal y de automóviles, motocicletas y bicicletas, deberían inscribirlos en la Secretaría Municipal por la “necesidad imperiosa de precaverse para la defensa nacional”. El 9 de diciembre se declaraba el estado de alarma en todo el país como consecuencia de un movimiento anarco-sindicalista.

La situación más crítica llegó en octubre de 1934 con la huelga revolucionaria que presentó tintes bélicos en Asturias, León y Cataluña. Tuvo que intervenir el Ejército y los muertos se contaron por centenares. Entre los militares enviados a tierras leonesas se encontraba Ceano, Jefe del Batallón que guarnecía la plaza de Ourense. Su intervención en la cuenca de Villablino evitó que los revolucionarios llegasen hasta Monforte. Algunos de los responsables de la revuelta, tanto militares como civiles, fueron fusilados, pues estaba vigente la pena capital. La tragedia fue de tal calibre, que el Obispo de la Diócesis de Ourense presidió el 19 de noviembre un funeral por todas las víctimas en la Catedral, acontecimiento calificado por la esquela publicada en La Región como un “piadoso y patriótico acto”. El 3 de diciembre se celebraban en el Santuario de As Maravillas solemnes funerales en sufragio de las víctimas de octubre, en los que participaron la mayoría de párrocos del Arciprestazgo de A Merca: Merca, Parderrubias (don Alfonso Losada), Faramontaos, Pereira, Sabucedo, Seixadas, Santabaia y Espinoso. Al acto asistieron fieles de las diferentes Parroquias que circundan al Santuario. Durante la homilía, el cura de Sabucedo de Montes se refería a las víctimas como “inocentes, ya que unas sin intervenir en nada, acreditadas por su honradez, fueron ametralladas, y otras locamente arrastradas por la ignorancia y apasionamiento, perecieron en la contienda”.

Fuente: Mundo Gráfico, 31 de octubre de 1934. Biblioteca Nacional de España

El orden público

Uno de los mayores problemas que tuvo que afrontar la Republica fue el orden público, coincidiendo con uno de los períodos más violentos de la historia moderna de España. González-Calleja (2011) identifica entre el 14 de abril de 1931 y el 17 de julio de 1936 más de 650 altercados mortales en todo el país, destacando que, entre el 16 de febrero y el 17 de julio de 1936, el promedio de muertes diarias fue de 2,2. La mitad de ellas eran fruto de atentados o represalias políticas y de enfrentamientos espontáneos entre grupos políticos. Durante ese período, de febrero a julio, en Ourense se produjeron siete víctimas mortales (cinco de ellas en la capital), siendo obra de pequeñas bandas de pistoleros (González-Calleja, 2011).

“Huelgas” y “crisis de gobierno” son palabras habituales en la prensa diaria de la época de la República; a ellas podríamos añadir las de “complot”, “bombas” y “pistoleros”. Las crisis (cambios) de gobierno son difíciles de contabilizar, pues algunos gobiernos duraban semanas. Las huelgas generales inundaron todo el país. En Ourense, a finales de marzo de 1932, coincidiendo con la Semana Santa, se vivió una huelga general, la de mayor duración hasta esa fecha, y durante seis días ni se publicó el diario La Región. La razón por la que obreros, comercio y organismos pararon era la defensa del ferrocarril Zamora-Orense-Coruña, cuyas obras estaban amenazadas de paralización. En respuesta, las Sociedades Obreras de la Casa del Pueblo declaran el domingo 20 de marzo huelga indefinida, que se inicia el lunes a las ocho de la mañana. La capital y las principales villas pararon, y se impidió la introducción de artículos de consumo en la capital, lo que llegó a provocar incidentes como el ocurrido en O Posío, cuando varios individuos intentan introducir pollos para la venta. El martes hubo cargas de la Guardia Civil a las puertas del Gobierno Civil y en el puente de A Burga, que acaban derivando en un tiroteo entre huelguistas y la Fuerza Pública. La desgracia se produce cuando el joven Jenaro Ortiz Neira cae abatido en la Plaza del Trigo, a consecuencia de una bala rebotada, falleciendo a los dos días. El Jueves Santo dimiten, entre otras, las corporaciones de los Ayuntamientos de San Cibrao das Viñas y Barbadás, y llegan desde Madrid 150 Guardias Civiles. El Viernes Santo asisten al entierro de Jenaro más de seis mil personas y el sábado se localizan en el Jardín del Posío siete bombas. Tal vez uno de los hechos más surrealistas relacionado con la huelga general de Ourense, en defensa del ferrocarril, fuese la detención de los jugadores del Betis el Viernes Santo, al ser confundidos en A Gudiña con sindicalistas. Por razones obvias, la Semana Santa ourensana de 1932 no revistió brillantez alguna, al no tener lugar ningún desfile procesional.

El 8 de agosto de 1934, el Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, visitaba Ourense. A la llegada del tren presidencial a la estación, la Banda Militar y la de Alongos interpretaban el himno nacional. Desde allí, la comitiva se dirigió al Parque de San Lázaro en donde le esperaba un enorme gentío. El Presidente lo hacía en coche descapotable junto al Alcalde de la ciudad. A continuación visitó la catedral y metió su mano en las calientes aguas de As Burgas. Desde aquí, aclamado por el público, regresó a la estación para seguir su viaje hasta Vigo. Antes de partir donó mil pesetas al Ayuntamiento y otras mil a la Diputación.

El año 1935 terminaba trágicamente en Ourense, pues el 26 de diciembre, como consecuencia del temporal reinante, una casa en construcción en Ervedelo se derrumba sobre veinte obreros, falleciendo nueve de ellos e hiriendo gravemente a otros siete. Al día siguiente cerró todo el comercio capitalino en señal de duelo. El propietario de la obra y el contratista ingresan en la cárcel por no tener las licencias en regla. Diciembre de 1935 y enero de 1936 fueron meses de campaña electoral y mítines políticos. El día de Reyes, Gil-Robles llenaba los teatros Principal y Losada, en donde hizo la primera y segunda parte del discurso, respectivamente. Era la primera vez que hablaba en Orense y muchos seguidores se quedaron en la calle sin poder escucharle. Al día siguiente se convocaban elecciones para el 16 de febrero y se disolvían las Cortes. El diario La Región hablaba de la necesidad de no solo triunfar, sino de vencer a la revolución. El 5 de febrero le tocaba el turno a Calvo Sotelo, que también llenó ambos teatros. En los pueblos de nuestra comarca, días antes habían aparecido carteles de Acción Popular de Gil Robles.

En Ourense, los resultados electorales otorgaron la victoria a las derechas, que obtuvieron 91.768 votos, por 81.664 los partidos centristas, 63.126 el Partido Radical y 48.200 el Frente Popular, siendo la única provincia gallega en la que triunfaron. Las nuevas actas de diputados se repartieron de la siguiente manera: tres representantes del Bloque Nacional/Renovación Española (José Calvo Sotelo, José Sabucedo Morales y Andrés Amado R. de Villaberdet), tres de la CEDA (Laureano Peláez Canellas, Luis Espada Guntín y Ramón Villarino de Sáa), dos centristas (Antonio Taboada Tundidor y Fernando Ramos Cerviño, el acta de este último será anulada en mayo) y uno del Partido Radical (Justo Villanueva Gómez, que pierde el acta en mayo). El Frente Popular, que no había obtenido acta alguna en un primer momento, consigue en mayo las dos anuladas a los otros partidos: un escaño para Izquierda Republicana (Manuel Martínez Risco) y otro para Unión Republicana (Alfonso Pazos Cid). Para las derechas ourensanas serían unos resultados frustrantes, pues el Frente Popular había ganado las elecciones y el 19 de febrero Manuel Azaña configuraba un nuevo Gobierno, iniciándose de este modo una nueva etapa republicana.

En junio de 1936 encontramos en los diarios locales noticias de agresiones por razones políticas, en las que el uso de armas no era algo extraordinario. A pesar de ello, los ourensanos trataban de olvidarse durante unos días de las problemáticas sociopolíticas celebrando los tradicionales festejos del Corpus. Las verbenas en los paseos de la Alameda y en los jardines de Concepción Arenal, así como el mano a mano entre los matadores Joselito Sánchez Mejías y Juan Belmonte, en la recién estrenada plaza de toros del Couto, eran buenos pretextos para ello. Sin embargo, el domingo 7 de junio, día en el que comenzaban las fiestas, un tiroteo que acaba con muertes deriva en un paro general de cuatro días, con un resultado final de tres fallecidos y varios heridos. La semana grande de Ourense se convertiría en una semana de odio y sangre. En las primeras horas de la tarde de ese domingo soleado, un enfrentamiento entre jóvenes de distintas ideologías, en el Café La Bilbaína, acababa con el asesinato de dos jóvenes del Frente Popular, resultando heridos otros dos, mientras que la ciudad caía presa del terror: gritos, carreras, cargas y disparos. A las siete de la tarde era tiroteado un joven de Acción Popular. El lunes, la ciudad estuvo completamente paralizada y una camioneta que regresaba a Maside, con obreros que habían asistido al entierro de los jóvenes de izquierdas, es acribillada ya de noche en Listanco, falleciendo uno de los ocupantes. Serían detenidos por dichos hechos varios nacional-sindicalistas. La ciudad se ve desabastecida en esos días, y los controles y chequeos se generalizan. Se producen incendios en algunas iglesias (Velle, Santa Cruz da Rabeda y Moreiras) y estallidos de bombas. El jueves, día de Corpus -presumiblemente uno de los más tristes que vivió la ciudad-, la procesión tiene lugar en las naves de la Catedral. La corrida de toros programada para ese día se había suspendido. Para una descripción más detallada de los hechos ocurridos en esa semana de Corpus consúltese Semana Trágica (junio del 36), Crónica Negra de Rafael Salgado (2019).

A la anarquía y caos en la que se veía envuelta parte de la provincia ourensana se unía el crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en la madrugada del 13 de junio. El editorial de La Región del 14 de junio era descarnado:

Ya no respetan nada, ya nada dejan en pie los nuevos bárbaros, toda esta desdichada gente envenenada de las aldeas, ya nada les impone ni coarta, y con el saqueo, con el incendio y con el asesinato están arrasándolo todo. Iglesias, ermitas, casas rectorales, domicilios de gente de orden, hasta Casas Municipales son asaltadas y se les prende fuego o se las saquea y destruye bárbaramente por la cafrería suelta que por ahí anda con todo desembarazo y sin freno alguno” (La Región, 14 de junio de 1936).

En O Barco de Valdeorras había resultado muerto un afiliado a Falange Española, el párroco de Punxín, después de estar detenido en la cárcel de Carballino era confinado a un pueblo de Valladolid para que no continuase con sus actividades subversivas; en una fiesta en Bande se agreden varios individuos de distinta ideología política, etc. El 16 de julio desde el Gobierno Civil se recordaba que la provincia estaba bajo el estado de alarma. El 18 de julio daba inicio una de las etapas más infames de la historia de España.

El anticlericalismo

Uno de los focos de tensión durante la República fue la cuestión religiosa: la educación laica, la supresión de pagos a curas por parte del Gobierno, etc. Hechos como la eliminación de los Crucifijos de las escuelas públicas no fueron bien aceptados por ciertos sectores de la población. Pronto comenzaron campañas y actos reivindicativos a favor del Crucifijo en escuelas rurales ourensanas. Un ejemplo lo encontramos, en febrero de 1932, en Sobrado do Bispo, en donde la indignación del pueblo al saber que el maestro había retirado el Crucifijo acabó con una sonora protesta iniciada por las mujeres del pueblo. Tocaron a rebato las campanas, organizaron una manifestación y allá se fueron a la escuela a decirle al bueno del maestro, que no iban a consentir que la Cruz desapareciese de la escuela. “¡¡Preferimos la ignorancia de nuestros hijos a que les falte la religión!!” gritaban las madres. Echaron mano del Crucifijo que había sido retirado de la pared y en procesión lo llevaron por las calles del pueblo, entre cánticos e himnos, resonando vivas al Redentor del mundo. Al pasar por la iglesia parroquial, pidieron al Párroco que les abriese las puertas del templo. Colocaron la Cruz sobre el Altar Mayor y rezaron una penitencia. A continuación se dirigieron nuevamente a la escuela y colocaron el Crucifijo en donde siempre estuvo, reiterando al maestro la decisión de retirar a sus hijos de la escuela antes de mandarlos a una que no estuviese presidida por la Cruz. En mayo de 1936 se clausuraron varios colegios religiosos en la capital ourensana, en concreto, las Carmelitas, Adoratrices, Siervas de San José y Salesianos.

Frente a la corriente anticlerical que caracterizó a determinados sectores republicanos, se sucedieron actos de afirmación católica como el que tuvo lugar el domingo 29 de enero de 1933 en el teatro Curros Enríquez de Celanova o el mitin del domingo 17 de septiembre de ese mismo año organizado por Juventud Católica en Espinoso, en donde mil quinientas personas, entre las que figuraban campesinos, industriales, curas y maestros, son testigos simultáneamente de la defensa de la autonomía gallega y de la coalición de las derechas, representada en Ourense por Calvo Sotelo. En las elecciones a Cortes del 19 de noviembre de 1933, la situación era de tal crispación, que el diario La Región, caracterizado por una línea editorial claramente católica, invitaba al voto con el siguiente mensaje:

¡¡No olvidaremos!! La quema de conventos, la expulsión del Cardenal Segura, la profanación de imágenes, la disolución de la Compañía de Jesús, la secularización de cementerios, la escuela laica, la Ley de congregaciones y confesiones, la Ley del divorcio. Los electores católicos no olvidaremos la persecución de la Iglesia realizada o consentida por todos los partidos de izquierda” (La Región, 4 de noviembre de 1933).

Los asaltos a lugares sagrados y profanaciones, aun no siendo sucesos tan habituales como en otros lugares del territorio nacional, sí ocurrieron en nuestra comarca. Así, en la madrugada del 22 de enero de 1935, un grupo de individuos sacaron a un prado las imágenes de la capilla de As Lamas, en A Valenzá, y las mutilaron. Días después sería detenido por dichos hechos un vecino de A Valenzá. Al anochecer del día de Navidad de 1935 se produce un incendio en la Casa Rectoral de As Maravillas, que según el diario La Región había sido provocado. Los vecinos consiguieron sofocarlo, pero aun así la mitad de la casa quedó destruida. Además se quemaron maderas y muebles que el industrial de A Manchica, Tomás Atrio, guardaba en los bajos, cuyo valor se estimó en 200 pesetas. En la madrugada del Viernes Santo de 1936, el 10 de abril, fue incendiada la iglesia parroquial de Barbadás, quedando en pie únicamente las paredes. Los autores del hecho habían abierto el templo y sacado al exterior los reclinatorios antes de prenderle fuego, al tiempo que de una caseta que había al lado robaron la cera almacenada y la lanzaron a las llamas. La crónica de La Región señalaba que…

“… la gente estaba allí consternada y estremecida de santa ira. Nunca se creyera allí que nadie llegara a tanto. Los hombres andaban de un lado al otro con la cabeza baja por la pesadumbre y la vergüenza. Las mujeres no reprimían lágrimas amarguísimas”.

El domingo 5 de julio, estando cerca la celebración del día de San Benito, hubo un intento de incendio de la capilla de Cova de Lobo. A pesar de ello, el día 11 de julio la jornada transcurrió con normalidad bajo los acordes de la Banda de Música de Sobrado do Bispo.

El 3 de mayo de 1936, el cura de Barbadás, que iba camino de la capital, fue detenido y cacheado en A Valenzá por un grupo de hombres y mujeres, bajo el pretexto de que llevaba un arma. Al ver que era falso, lo dejaron marchar bajo la amenaza de lincharle si volvía a aparecer por el lugar. Ese mismo domingo se impedía a un grupo de catequistas y a un cura su labor eclesiástica en A Granxa. Pocos días después, por orden del alcalde de A Merca, eran detenidos y conducidos a la cárcel de Celanova los Párrocos de Corvillón y A Mezquita, y el Secretario del Ayuntamiento, por alteración del orden público, siendo puestos en libertad al día siguiente por el Gobernador Civil al no encontrar causa alguna para su detención. Se vivía una campaña encaminada a que unos pocos sembrasen el pánico y la alarma en determinados sectores sociales.

La Semana Santa de 1936 se caracterizó por la limitación de la efusividad en las manifestaciones religiosas públicas. Así, en Celanova, la procesión del Santo Entierro se celebró en los claustros del Convento sin salir a las calles de la villa. Lo mismo ocurría en la Catedral de Ourense.

La vida en nuestra comarca

En el año 1930, Parderrubias contaba con 501 habitantes. Su artería de comunicación principal era la carretera de Ourense a Portugal que cruza el pueblo. A principios de 1934, únicamente estaba asfaltado el primer kilómetro a la salida de la capital; el firme del resto del trayecto, caracterizado por su estrechez, era un apisonado de morrillo y arena. Aparte de Os Escultores, algún otro vecino ya poseía vehículo mecánico. Así, consta que la camioneta con matrícula OR-1357 de Adolfo Garrido fue denunciada por infringir el reglamento de Circulación en diciembre de 1934.

Muchas tradiciones que se conservan en la actualidad eran noticia en la prensa local de los años treinta, especialmente las romerías y fiestas patronales. Así, en julio de 1930 se celebraba la festividad de San Benito de Cova de Lobo:

Desde el amanecer habrá continuamente misas hasta las diez y media. A esta hora saldrá la procesión, después de la cual se celebrará la misa solemne que es aplicada por los bienhechores que contribuyeron con sus limosnas a las obras y mejoras que a honra del poderoso Santo se están ejecutando. La renombrada música de Sobrado del Obispo es la encargada de amenizar esta fiesta, que resultará muy animada y solemne” (La Región, 8 de julio de 1930).

En Allariz, en esas mismas fechas, tenían lugar los festejos en honor a San Benito, que eran inaugurados por la Banda de Música de A Mezquita y anunciados por una salva de bombas. A las diez de la mañana del día 13 tenía lugar la solemne procesión del Glorioso San Benito, en la que figuraban los tradicionales gremios de palillos, entrenzado y danzantes, así como la comparsa de gigantes. En la villa alaricana también era muy concurrida la festividad del Corpus, destacando además de la procesión del Santísimo, junto a la Virgen de Villanueva y San Benito, el tradicional acto de correr el buey a primera hora del jueves:

Al principio no vimos más que mujeres desgreñadas y a medio vestir, chiquillos descalzos y muchos hombres, jóvenes casi todos, en mangas de camisa, y todos con cara de no haberse lavado que gritaban a todo pulmón, dirigiendo la mirada torva y recelosa a un punto determinado, corrían, se paraban y volvían a correr, como mar agitado por fuerte viento. Era el buey que pasaba, y que a pesar de ir atado por una larga soga, en un instante había puesto toda la villa en movimiento” (La Región, 3 de junio de 1934).

En 1931, estando ya vigente la República, Parderrubias celebraba los días 3 y 4 de junio sus fiestas de Corpus, amenizadas por la Unión Musical Santa Cecilia de A Manchica. Ese año, la novena en honor a la Virgen de los Milagros se celebraba con todo esplendor, con misas diarias a cada hora desde de las seis de la mañana hasta las doce del mediodía. El día ocho, día grande, la misa de ocho se oficiaba desde la tribuna de la fachada y a las diez tenía lugar la magna procesión por los alrededores del Santuario. El 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, la Banda de Música de A Manchica, brillantemente dirigida por Aurelio Nieto, amenizó los festejos en su honor. Días atrás, la Corporación Municipal le había otorgado el título de Banda Municipal de La Merca. Además, se llevó a cabo la bendición de una hermosa imagen de la Santa, obra de los Hermanos Garrido. La Banda de Música de A Manchica era un referente entre las bandas de la comarca, gozando de gran popularidad. Prueba de ello era la relación de contratos firmados para amenizar festejos. Solo en el mes de mayo de 1932 amenizó varias fiestas patronales: San Antonio en Villar de Vacas, Santo Cristo en Santa Cruz de la Rabeda y en Ramirás, Ascensión del Señor en Espinoso, San Isidro en Bóbeda (Vilar de Barrio), As Maravillas, Milagrosa en Penusiños, Concepción en Esgos y la procesión de Corpus de la capital ourensana. Esta banda no era la única de la comarca que paseaba su prestigio por muchos de los pueblos cercanos. La Banda de Música de Soutopenedo ganaba el Certamen de Bandas del año 1933 celebrado en Santiago de Compostela; virtuosamente dirigida por Adolfo Valotes, era una de las mejores bandas de la provincia.

Banda de Música de A Manchica. Fotografía de Manuel Garrido

En el mes de mayo de 1932 se celebraba con todo su esplendor la festividad a la Virgen de As Maravillas. El domingo día 15 tenía lugar el traslado de la imagen desde la parroquial al Santuario. Se trataba de una de las romerías más multitudinarias de la comarca. En los días de fiesta, el poético paraje en el que se ubica el Santuario se llenaba de tabernas, cafés, dulcerías y, como no, con las tradicionales pulpeiras. La Banda de Música de A Mezquita fue la encargada de amenizar los festejos. En ese mismo mes, Solveira honraba a San Miguel bajo los sones de la Banda de Música de A Manchica. El 26 de junio de 1932, promovida por los Hermanos Garrido, Parderrubias celebraba con gran efusividad la festividad de la Virgen de Lourdes. Por la mañana, la Banda Santa Cecilia de A Manchica recorría las calles tocando alegres dianas y pasodobles. A las doce se celebraba en el oratorio en el que se veneraba a la milagrosa Virgen una misa solemne a toda orquesta, a la que asistieron innumerables fieles. Ya por la tarde, en A Manchica, la citada Banda ejecutaba un soberbio concierto. El 7 de agosto, Trelle celebraba sus tradicionales fiestas en honor a la Reina de los Ángeles, amenizadas por la Banda de Música de Moreiras. A la sombra de frondosos castaños que allí había se degustaban las clásicas empanadas.

En la madrugada del 17 de marzo de 1933 un ciclón derribaba la espadaña de la iglesia parroquial de Faramontaos, cayendo sobre la nave, quedando toda la iglesia, salvo el altar mayor, completamente destruida. Desde las páginas del diario La Región se invocaba a personas caritativas a que hiciesen donativos para su reconstrucción. El 27 de enero de 1934 aparecía, en el monte de A Bacariza, el cadáver de José Benito Conde Fidalgo, vecino de Armariz (Xunqueira de Ambía), que padecía ataques epilépticos y llevaba ausente del domicilio de su madre viuda desde el día 17. El 8 de diciembre de 1934 tenía lugar en A Merca un entierro, que a decir de las gentes del lugar, ningún otro había reunido a tantas personas. Se trataba de los funerales por doña Dosinda Rodríguez Feijóo, esposa del alcalde don Ramón Rodríguez Rodríguez. Una rápida y traidora enfermedad se la había llevado de este mundo. Los actos fúnebres fueron celebrados por dieciséis sacerdotes. Su suegro, era el Fiscal Municipal, y su hijo Cesáreo Rodríguez era maestro nacional. La desgracia hizo que Cesáreo falleciese tan solo dos meses después víctima de una rápida dolencia.

Un acto religioso con gran arraigo en los pueblos de la comarca era la Novena de las Ánimas. Así, el templo parroquial de San Miguel de Soutopenedo se llenaba de fieles por las noches y por las mañanas. En el año 1933, el párroco don Ramón María Blanco, con su acostumbrada elocuencia y contundencia, hablaba de la existencia del alma humana y del purgatorio. Según las crónicas de la época, el último día de la Novena recibieron la Comunión un millar de personas. El cura don Ramón era activo en el arraigo de las tradiciones religiosas, y así en el mes de mayo celebraba la Fiesta de las Flores. El 27 de mayo de 1934, a las siete de la mañana, se celebraba la misa parroquial, y a las once y media comenzaba la misa solemne cantada a toda orquesta por la Banda de Soutopenedo. A las cinco de la tarde se leyó el Ejercicio del mes de María ante una multitud que llenaba el templo y acto seguido salió la procesión acompañando a la Virgen.

En el año 1934, el 30 (miércoles) y 31 de mayo (jueves), Parderrubias celebraba sus tradicionales fiestas de Corpus, amenizadas por la Banda de Música de A Manchica. En 1935, se volvieron a celebrar con todo esplendor y solemnidad, señalando La Región que “tanto los actos religiosos como los profanos estuvieron animadísimos”. El domingo 17 de junio de 1934, Loiro honraba a San Antonio. Por la mañana recorrió las calles del pueblo la Banda de Música de Soutopenedo, que venía de participar en el Certamen de Bandas que había tenido lugar en la capital ourensana durante las fiestas del Corpus. A las once se celebró la misa concelebrada por el párroco titular, don José Docampo, y los curas de Moreiras y Parderrubias; antes de la celebración eucarística había tenido lugar la procesión. Ya por la tarde, hubo baile amenizado por dicha Banda. Los días 7 y 8 de julio, As Pías celebraba las fiestas de Santa Isabel. A finales del mes de agosto, San Vitoiro de Allariz honraba a su patrón; los festejos de 1935 fueron amenizados por las bandas de música de Santa Leocadia (Taboadela) y A Mezquita. El 27 de agosto, día grande, a las doce del mediodía tenía lugar la misa solemne a toda orquesta y, por la tarde, se concedían importantes premios a las mejores parejas de muiñeiras, continuando con verbena hasta la madrugada.

En A Merca, en el mes de mayo se celebraban los festejos en honor al Espíritu Santo, que en 1935 fueron amenizados por las renombradas bandas de música de A Mezquita y Loiro. Los días 26 de cada mes tenía lugar su tradicional feria. Por los diferentes caminos de acceso llegaban los campesinos y ganaderos con sus ganados, los vendedores de quincalla, de dulces, los panaderos, etc. Los ganaderos solían llegar en mulas o en coches.

El 21 de enero de 1935, a las diez de la mañana, tenían lugar en la parroquial de Parderrubias los magnos funerales por el cura Benito Iglesias González, natural de Solveira, a los que asistieron más de cuarenta sacerdotes. Había sido ordenado en Cuba, en donde favoreció a muchos de sus compatriotas. A su regreso a España, ejerció de párroco en Taboadela, Reza y Villarino de Melias, hasta que una enfermedad le obligó al retiro a su pueblo natal.

En septiembre de 1935 en el municipio de A Merca se recaudaron 202,50 pesetas para el homenaje a la Guardia Civil que tendría lugar el domingo 27 de octubre en la Comandancia de Ourense. Entre los donantes constaban varios nombres relacionados con Parderrubias: los industriales José Garrido y Hermanos, con 25 pesetas; obreros de esta misma casa, 10; Sindicato Agrícola de Parderrubias, 5; el industrial Adolfo Garrido Fernández, 5; el industrial Nicanor Lorenzo, 2; y el maestro de Parderrubias, 5. El Ayuntamiento había donado 75 pesetas, su Alcalde, don Ramón Rodríguez Rodríguez, 1; el Secretario, don Julio Outeiriño, 2; el médico, don José Covelas, 5; y don Castor Gayo, Párroco de Pereira, 2, entre otros muchos.

En mayo de 1935, se producía en A Merca una tumultuosa manifestación promovida por sectores izquierdistas en la que se protestaba por el hecho de que vecinos de Vilaboa, Merouzo y A Merca solicitasen la legitimización de parcelas que venían disfrutando de manera arbitraria en el monte comunal de A Paradela. Estas solicitudes estaban amparadas por el Decreto del Ministerio de Agricultura de fecha 30 de enero de 1935. Los instigadores de la protesta hicieron creer que ese hecho significaba la usurpación del monte con la complicidad del Alcalde. El sábado 25 de mayo se dirigieron hacia el Ayuntamiento, dando gritos subversivos y amenazas al edil y a los solicitantes de dichos terrenos, que lo único que querían era ponerse dentro de la Ley. Dado que no estaba el regidor municipal ese día, se dirigieron al día siguiente domingo a su casa, así como a la de los solicitantes, coaccionándoles mediante amenazas para que retirasen las solicitudes, dado que según ellos “no había más autoridad que la del pueblo y que, por tanto, ellos debían hacer lo que la mayoría acordase, y si no, ardería Troya”. Los incidentes continuaron el sábado 8 de junio coincidiendo con la presencia de un perito que fue a medir para un aparcelamiento destinado a un vecino de A Merca en el monte Rivela. La mitad del pueblo de A Merca se amotinó al toque de las campanas parroquiales lanzadas al vuelo por varios vecinos, exigiendo explicaciones al perito, quien contestó diciendo que cumplía órdenes del Gobernador Civil y del Alcalde. El episodio acabó a palos y pedradas en la carretera entre bandos. Los agitadores solo entraron en razón cuando se presentaron en el lugar el farmacéutico don Aristides Quintairos y el maestro nacional don Sergio Fortes. A dicha pacificación también contribuyó, sin lugar a duda, la llegada de la Guardia Civil de Rairiz de Veiga y de Celanova. El día 19 tuvo que acudir el Gobernador Civil a la localidad para imponer equidad y justicia.

El 16 de febrero de 1936 se celebraban elecciones de diputados a Cortes y nadie se imaginaba que serían los últimos comicios democráticos en varias décadas. En A Merca fue un día lluvioso y reinó durante toda la jornada electoral una absoluta tranquilidad, siendo los candidatos más votados José Sabucedo Morales (1.771 votos, Bloque Nacional), Andrés Amado R. de Villaberdet (1.757 votos, Bloque Nacional), Laureano Peláez Canellas (1.680 votos, CEDA), Ramón Villarino de Sáa (1.615 votos, CEDA), José Calvo Sotelo (1.475 votos, Bloque Nacional), Antonio Taboada Tundidor (1.353 votos, Partido Agrario Español) y Luis Espada Guntín (1.281 votos, CEDA). Todos ellos consiguieron acta de diputado. Obtuvieron menos de mil votos los siguientes candidatos: Fernando Ramos Cerviño (928 votos, candidato centrista que había abandonado el Partido Radical), Ramón Delage Santos (848 votos, Comunión Tradicionalista), Benito Luis Lorenzo (487 votos, candidato centrista), Luis Fábregas Santamarina (375 votos, candidato centrista), Manuel Suárez Castro (298 votos, Partido Socialista Obrero Español; llegó a ser Alcalde de la ciudad de Ourense durante el periodo del Frente Popular, siendo fusilado por los sublevados, en el Campo de Aragón, el 27 de julio de 1937), Ramón Varela Fernández (282 votos, Partido Agrario Español), Felisindo Menor Quintas (190 votos, Partido Republicano Radical), Bernardo Castro Fernández (171 votos, candidatura centrista), Alfonso Pazos Cid (166 votos, elegido diputado por Unión Republicana, integrada en el Frente Popular), Justo Villanueva Gómez (143 votos, Partido Republicano Radical), Benigno Álvarez González (75 votos, Partido Comunista de España; veterinario nacido en Maceda, fundador de la organización provincial del Partido Comunista en Ourense y asesinado en marzo de 1937 por el bando Nacional), Manuel Martínez Risco (65 votos, elegido diputado por Izquierda Republicana), Ramón Fuentes Canal (50 votos, Partido Socialista Obrero Español; Presidente de las Juventudes Socialistas de Ourense en 1932, fusilado en el Campo de Aragón el 9 de diciembre de 1936 con 28 años de edad), Manuel García Becerra (50 votos, Izquierda Republicana), Alexandre Bóveda Iglesias (49 votos, candidatura gallegista del Frente Popular; fusilado por el bando Nacional el 17 de agosto de 1936 en Poio), Basilio Álvarez Rodríguez (34 votos, candidato centrista que había dejado el Partido Republicano Radical), Leandro Garnedo Fernández (3 votos, Partido Republicano Radical) y Luis Usera Bugallal (2 votos, Partido Republicano Radical). En el municipio de Celanova, las derechas obtuvieron 1.500 votos, por 700 las candidaturas centristas y 400 las izquierdas. Las crónicas señalaron que las derechas habían perdido muchos votos por estar lloviendo incesantemente. Estos resultados ponían de manifiesto el posicionamiento ideológico de nuestra comarca.

Elecciones de febrero de 1936. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de febrero de 1936. Biblioteca Nacional de España

Ajenos al cambio que suponía el Gobierno del Frente Popular a nivel nacional, los vecinos de Parderrubias estaban inmersos en sus labores y tradiciones religiosas. Entre estas últimas, destacamos la celebración de una Santa Misión que tuvo lugar unos días después de las elecciones ganadas por el Frente Popular. Las Santas Misiones eran unas jornadas religiosas, o especie de ejercicios espirituales de varios días, dirigidas por Padres Franciscanos o Dominicos para redimir a los parroquianos. Misas, sermones, confesiones, actos de confraternización entre vecinos y visitas a enfermos constituían el grueso del programa. Así, a principios de marzo, organizada por el Párroco don Alfonso Losada, se celebró en la iglesia parroquial una solemne Misión a cargo de los Padres Franciscanos Puenteareas y Lago, de Ourense, quienes con su locuaz verbo cautivaron a los numerosos fieles que mañana y tarde concurrieron a escuchar sus sermones y liturgias. Durante días, estos Padres Franciscanos se hospedaron en la Rectoral. Los dos últimos días de la Misión se acercaron a comulgar más de un millar de fieles, lo que da una idea de la enorme afluencia de devotos, no solo de la propia Parroquia, sino de parroquias limítrofes. A la entrada de la iglesia se había ubicado un pequeño punto de venta de libros y objetos religiosos.

El jueves 11 de junio de 1936, Parderrubias celebraba su día grande de Corpus con una solemne procesión presidida por el cura don Alfonso Losada. Nada hacía prever, ni nadie podía presagiar, que tan solo dos días después, en la madrugada del sábado al domingo, nuestro Párroco sería acribillado a balazos por Pepe das Hortas en la Casa Rectoral. Mi padre, a escasos meses de cumplir cuatro años de edad, se sobresaltaba en la casa de al lado, pared con pared con la Rectoral. Mi abuela le tranquilizaba atemorizada, pidiendo silencio a todos, pues tenía la certeza de que lo que se había oído en la oscuridad de aquella noche eran disparos mal intencionados. Fue el suceso más impactante en la década de los años treinta en Parderrubias, y del que hemos dado cuenta en otro artículo de este Blog. Cinco semanas después, la sinrazón se imponía en el país, cerrándose el período histórico objeto de este artículo.

Procesión de Corpus Christi en Parderrubias. Fotografía de Manuel Garrido

Referencias

González-Calleja, E. (2011). La necro-lógica de la violencia socio-política en la primavera de 1936. Melanges de la Casa Velázquez, 41, 37-60.


«Deberíamos tratar de ser los padres de nuestro futuro en lugar de los descendientes de nuestro pasado».

Miguel de Unamuno
Un poema para una Feria

Un poema para una Feria

Por Tino Outumuro

Nota. Este artículo aparece primero en su versión original en gallego y a continuación en castellano.

Fai unhas semanas atopeime por casualidade cun poema titulado «N-a Feira» que describe dunha forma moi particular a antiga Feira que había na Merca os días 26 de cada mes, mencionando de pasada a Parderrubias. Movido pola curiosidade decidín coñecer un pouco da vida e da obra do seu autor, resultando que foi un avogado, periodista e poeta ourensán, contemporáneo de Curros e de Pondal, que no seu momento contaba con certo prestixio entre os poetas máis destacados da nosa lingua, se ben, para min érame totalmente descoñecido. É un deses escritores, que ó igual que a súa obra, foi cuberto polo manto do tempo relegando ao esquecemento das xeracións presentes, ou polo menos ao da maioría. De igual xeito lle está a pasar ao recordo da xa desaparecida Feira da Merca, que despois de tres séculos de actividade hoxe está practicamente esquecida polas novas xeracións, só mitigada esta circunstancia polo feito de que a súa antiga localización sexa hoxe un dos conxuntos de canastros máis importantes de Europa. Foi por isto polo que decidín escribir este artigo, para rescatar do esquecemento, aínda que sexa só por uns intres, este poema tan singular que creo merece un sitio de privilexio a carón da nosa antiga Feira. E de ser posible isto, creo que tanto a Feira como o poema, en mutua unión, perdurarían por máis tempo no recordo da xente.

Feira de Allariz. Fonte: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

O poeta

O autor deste poema naceu o 11 de marzo de 1860 en Ourense. O seu pai era natural de Valladolid e a súa nai de Sobrado do Bispo (Ourense). Cursou o Bacharelato no Instituto de Ourense para seguidamente estudar na Universidade de Santiago de Compostela a carreira de Dereito, obtendo a Licenciatura e especializándose en Dereito Civil e Canónico. Exerceu de avogado en Ourense, onde era coñecido pola súa elocuencia; de feito din del que arrancaba sonoros aplausos despois das súas intervencións. Ó mesmo tempo que exercía de avogado, iniciou unha gran actividade periodística, fundando e dirixindo o periódico La Semana e as revistas La Pluma e La Defensa de Galicia. Desde esta última, mantivo unha acalorada disputa con Valentín Lamas Carvajal, quen lle replicaba desde o xornal El Eco de Orense. Tamén colaborou na revista O Tío Marcos da Portela.

Ourense débelle a estatua de Concepción Arenal, pois foi grazas á súa tenacidade que esta se erixiu na nosa capital. Tamén foi un gran admirador da cidade da Coruña, á que describe nun dos seus poemas máis coñecidos que leva por título “Ben te vin”, recollido no poemario “Follas de papel”. Os tres últimos versos deste poema son patrimonio de tódolos coruñeses conformando deste xeito o slogan máis coñecido da cidade herculina e que di así:

«Si me deran á escoller, eu non sei que escollería: si entrar ná Coruña de noite ou entrar nó Ceo de día».

Esta é a estrofa completa do poema “Ben te vin”, onde se recollen literalmente estes versos:

"Cando te fun visitar,
Vend’ a miñ´alma a suxeta
a hermosura do teu mar,
díxome Dios, ¡canta, poeta!
¡E chorei… pra te cantar!
Chorei, qu´eu no sabería,
-¡e San Pedro no m’ escoite!_,
d´e escoller, qu´escollería,
¡s’ entrar na Cruña de noite
ou entrar no Ceo de día!".

Nos seus últimos anos afastouse da súa actividade profesional e do periodismo para centrarse na educación dos seus fillos e na literatura, finando aos 42 anos en Santiago de Compostela o 9 de febreiro de 1902. Un ano despois da súa morte, durante a celebración do Corpus Christi, a cidade de Ourense honrou a súa memoria colgando unha placa conmemorativa na casa onde nacera e vivira, que hoxe en día corresponde co número 4 da rúa Barreira, xusto encima do Instituto da Familia, preto do Concello. Nos anos cincuenta a cidade da Coruña, en recoñecemento a súa persoa, púxolle o seu nome a unha rúa, e en Ourense hai outra no barrio de Mariñamansa.

A súa obra

Escribiu tanto en galego como en castelán e é considerado un discípulo de Curros Enríquez, se  ben, sufriu fortes críticas, pois non dominaba ben o galego e chegárono a acusar de querer inventar un dialecto galego. En canto ás súas obras en castelán, publicou Garcilaso de la Vega y sus Obras (1875), Luchar por la Patria (1879) e Gritos del Alma (1880). En galego escribiu unha serie de poemas recollidos nos seguintes libros: Volvoretas (1887), Chorimas (1890), Lenda de Groria (1891) -esta obra é un poema que describe o ataque da flota de Francis Drake contra a cidade da Coruña, sendo galardoado co primeiro premio do Certame Literario organizado polo Liceo Brigantino da Coruña- e Follas de Papel (1892).

O poema “N-a Feira”

O poema «N-a Feira» está recollido no libro Chorimas, sendo o seu autor Alberto García Ferreiro (que así é como se chama o noso poeta e protagonista deste artigo por se non vos decatarades ata agora; o feito de non revelar antes o seu nome era para que o lector vira ata que punto lle era coñecido este poeta. Si o lector foi capaz de identificalo antes de chegar este parágrafo os meus parabéns.

Fonte: Vida Gallega, 14 de febreiro de 1904

De Chorimas di Alberto García Ferreiro que “é un libro feito ás carreiras com’o enterro d’un pobre”. Se lemos a Alberto García Ferreiro veremos que ten moita retranca; que pena que de aquelas non houbera Twitter, pois a saber onde houbera chegado cunha ferramenta de comunicación coma esa un home da súa imaxinación. Neste poema, Alberto García Ferreiro, describe de forma moi particular a Feira que todos los días 26 de cada mes tiña lugar na Merca. Deixo un extracto escollido do poema:

“N-a Feira”

... Desvïado d’a Mezquita
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
...
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
...
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
...
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
...
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!

A Feira da Merca

A Feira da Merca celebrábase os días 26 de cada mes. Nela vendíase principalmente gando, o que fixo que moitos veciños da zona se dedicaran á compra e venta de animais, principalmente vacún e porcino, sendo por isto coñecida A Merca por ser terra de tratantes. Como o mundo evoluciona e todo se acaba, chegou un momento en que a Feira da Merca foi decaendo ata deixar de facerse. No libro Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España de Eugenio Larruga (1798), en concreto no tomo XLIII, faise referencia a Feira da Merca:

“En la jurisdicción de la Merca hay una feria que se celebra el día 26 de cada mes, y se compone de comprar y vender todo género de ganado vacuno, cerdos, granos, cueros curtidos y por curtir, zapatos, paños de lana, tiendas de diferentes mercancías, ollas y cestos, y algunas veces pescado fresco y seco, concurriendo á ella todo género de mantenimientos de los que produce la tierra, todo ello fábrica de este Reyno, sin que se componga de otra cosa; cuya feria se erigió por cédula Real, ganada por Don Melchor Mosquera, Caballero del Orden de Santiago, y Señor de esta jurisdicción y Coto, habrá cosa de cien años” (Larruga, 1798).

Con base nesta información, sabemos que a Feira da Merca tivo o seu orixe na figura de Melchor Benito de Mosquera Soutomaior, que naceu o 6 de setembro do 1637 en Pontevedra. Foi Señor de Vilar de Paio Muñiz, Bentraces, Guimarie, así como Cabaleiro da Orde de Santiago dende o ano 1667, entre outros títulos. Probablemente o Rei que concedeu esta cédula fora Carlos II, pois reinou entre o ano 1665 e 1700, coincidindo co Señorío de Melchor Benito, sendo por tanto entre estas datas na que se iniciaría a Feira da Merca.

No campo onde tiña lugar a antiga Feira hai agora un conxunto de 34 canastros que os veciños da Merca, ca axuda do Concello, levaron nos anos 70 e constitúen o maior conxunto de canastros de España e o segundo de Europa, sendo recoñecido como Ben de Interese Cultural. Hai que agradecerlle aos veciños de A Merca e ó noso Concello esta iniciativa, pois sitúanos no mapa turístico e cultural, non só de Galicia senón tamén no de España e Europa.

Conxunto de canastros da Merca. Fotografía: Juan Carlos Sierra

Fai uns anos, unha iniciativa que partiu do Concello permitiu sinalar mediante carteis informativos os diferentes puntos de interese cultural e turístico do municipio, o que é de gran axuda tanto para aqueles que intencionadamente se acercan a velos coma para os que por casualidade pasan ao lado. Aproveitando estes espazos, desde aquí propoño humildemente, que se inclúa un cartel, ao carón dos xa existentes na aira dos canastros e antiga localización da Feira, onde se recolla o poema «N-a Feira» de Alberto García Ferreiro, se non todo, por ser moi extenso, sí un extracto coma o antes referido, e se engada tamén a información recollida no libro de Eugenio Larruga, que creo aporta unha información relevante para coñecer un pouco máis da nosa historia. De ir adiante esta proposta, conseguiríamos conxugar nun mesmo espazo a cultura popular, a arquitectura agraria e a poesía, o cal faría que perdurara por máis tempo a nosa historia no recordo da xente.

Na feira. Fuente: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

A versión completa do  poema «N-a Feira»:     

N-a Feira

¿Teñen ido a Celanova
en pollino, ou dilixencia.
como por bulra lle chaman
ó volquete d’a carreira?
(¡Queira Dios que por inxurea
non me poña causa a Empresa!)
O que fosen ou non fosen
nin m’afrixe nin m’apena;
si din que sí, vou ganando
o aforrar algunhas señas,
si din que non, non me libro
de ll’as dar todas enteiras.
Mais pol-o sí ou pol-o non,
como din n-a nosa terra,
por señas n’hemos rifar
qu’o que da señas, enseña.
Per’antes de lles dar nada,
si o dito a mal non m’o levan,
y-a resposta non lle custa
nin traballo nin cadelas,
quero saber a esas lamas
y-a eses coyos en ringleira,
(que máis qu’ir pra Celanova
Deben d’ir para Cela.. vella)
que van dend’Ourense á vila
de Curros facendo zetas,
por qué santo de sanguiño
ll’an de chamar carreteira,
habendo a barulo nomes
máis eufónecos n-a lengoa,
verbi gracia, a falta d’outro
que coadrar millor poidera,
creba-pernas veciñal
ou creba-pernas… a secas.
Desvïado d’a Mezquita 
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
N-un outeiro repelado
como dún pelón a testa,
muxe o gado esparexido
ós montós pol-a espaldeira
qu’é tan rasa que non ten
nin un álbore xiquera.
Alí, pol-o mes d’Agosto,
Un tizón é cada area,
y-o sol, cando dan as doce,
val por fopas n-a lareira,
pois basta sacar ó sol
as mariñas pra que fervan,
e pór o pote n-o campo
para que se curtan as berzas.
Dende cuasque media noite
s’hay luar e non hay brétema,
en racimol-os feirantes
van saindo d’as aldeas.
N-as corredoiras rebrincan
os mozos que van de festa;
n’hay mesón onde non paren,
rapaza que non deteñan,
boi que quede sin mocazo
nin atruxo que non dean,
nin cantiga que non boten
nin taberna en que non beban.
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
Alá van en precesión
os labregos y-as labregas,
c’os refaixos y-os xustillos
y-as zaloiras domingueiras;
O patrón co-a sua xugada,
co-as estrigas a parenta,
o rapáz c’o xugo ó lombo
y-a rapaza co-a manteca.
Alá vai, co-a sua bofanda,
cabalgando n-a sua besta,
c’o pretal desfebillado
y-os estribos de madeira,
y-o atafarre con colgantes
de bolriñas amarelas,
un abade pol-o estilo
d’o meu crego de Belxeta,
salvo qu’un turra pr’ó monte
y-outro turra car’ás feiras.

O mesón d’o Zamorano
Vaise enchendo de facenda,
e pr’as copas que lle piden
non fai máis qu’enchél-as xerras,
ir d’o pipo ó mostrador,
ir d’a tenda pr’a trastenda,
y-a muller tampouco para
d’ir d’a fonte pr’á bodega….
C’o cheiror d’óleo rustrido
fede o mesón que rabea,
e n’hay sardiñas qu’abonden
nin sartés para compoñelas.
Un pide resóleo e queixo,
aquél hovos, éste freba,
o de máis alá chourizos,
quén melruza, quén vitela….
Y-o patrón non s’acobarda;
ó d’o queixo, dalle terra
misturada con enxofre
e un escrupo de canela:
ó d’os hovos,, hovos chocos
con pitiños en vez d´hemas;
ó d’o pan, un xitón podre
con pelamia n-a corteza;
ó d’o viño, auga da chuva
remexida c’unhas tellas,
e maldito s’aquivoca
os botós pol-as cadelas,
ou un can que non lle guste
dend’a mau lle cai n-a horteira.
Ben dí un xastre, qu’é, anque xastre,
máis agudo qu’unha frecha,
n-a tonada que cantúrria
cando cose ou tixeirea:
«Pra voar… un elefante,
pra cousa branda… unha pedra,
pra contar verdá… un xitano
un tendeiro… para concencia».
¡Non me choca qu’embarriguen
taberneiro e taberneira!
¡Pr’o traballo que lles custa
trocar bostas por pesetas!
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
Apegadas ás banquillas
botan o as as rosquilleiras,
c’unhas cartas que non poden
co-a carraña terse dreitas,
ós rapaces que n-os ollos
cobizaran ter as lengoas…
Van e veñen os ceviles
en patrula y-en parexas,
trál-o pión d’os furtadores
e husmexando as zacapelas.
C’unha carga de rosareos
e de figas contr’as meigas,
pasa un home que pregoa
¡San Benito, a cadela!...
-¡Cordas de xuncas, riatas,
-outro dí - ¡non hay com’éstas!
-Ouro, prata, galós merco.
vai berrando o d’a carteira,
y-o buhoneiro cordobés
d’a quincala de Locena,
tin qui tin qui n-os pratillos
a compás soniquetexa.
-¡Levo noces com’a chancas
e ningunha sai ferreña!
-¡Pólvora fina! - ¡Afiadoooor!
-¡Merquen mistos! - ¡Sanguigüelas
de la Limia! - ¿Quén quer hovos?
-¡Veñan ver estas peneiras!
-¡Arreparen n-os traballos
d’este méndego sin pernas!
Dios te salve… (non dan nada)
¡qué marráus!) te salve, Reiña….
-«A la mañana bien cedo 
la gosticia se presenta,
y (fagan corro señores)
un cevil abre la puerta
y los tres mortos difuntos
(non arrempuxar ¡puñeflas!)
en la pusición sopina
diante del Guez se presentan»….
Así principia o romance;
¿Quén o leva? ¿quén o leva?
«s’estetuyen capud tacta
las primeras diligencias,
y s’apersona el cadavre
de la mojer interfeuta,
que decrara de qué modo
los maliechores penetran,
y los poñales n-el cuerpo
vinteséis veces ll’espetan»,
«Eiquí verán las noticias
d’esa cabombe tremenda;
custa la historia un rial,
¿quén a  merca? ¿quén a  merca’»
raña que raña n-as cordas
d’o violín o cego berra….
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
Aguilladas que non teñen
qu’aguillar, campando inhiestas,
c’un moqueiro n-o remate,
sirven d’astias de bandeira;
y-ó picar d’as castañolas
y-ó bulir d’as pandeiretas,
san os cregos n-as suas mulas
y-os paisanos n-as suas pernas,
os rapaces co-as rapazas
os cortexos co-as cortexas,
o patrón c’unha coroza,
c’un fusal a sua parenta,
o pequeno c’un candil
e c’un pote a pequerrecha.
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!.

Referencias

Larruga, E. (1798). Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España (Tomo XLIII). Librería de Escribano. Recuperado de https://books.google.es/books?id=3zkktwPKPfUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false


Agradecementos

O autor agradécelle a Juan Carlos Sierra Freire os datos que se aportan neste artigo sobre a orixe da Feira da Merca, así como a búsqueda das fotos que o ilustran.

VERSIÓN EN CASTELLANO

Hace unas semanas me encontré por casualidad con un poema titulado «N-a Feira«, el cual describe de una forma muy particular la antigua Feria que había en A Merca los días 26 de cada mes, y en el que se menciona fugazmente a Parderrubias. Movido por la curiosidad, decidí conocer acerca de la vida y de la obra de su autor, resultando ser este un abogado, periodista y poeta ourensano, contemporáneo de Curros y de Pondal, que en su época contó con cierto prestigio entre los poetas más destacados de la lengua gallega, si bien, para mí era totalmente desconocido. Es uno de esos escritores, que al igual que su obra, fue cubierto por el manto del tiempo relegándole al olvido de las generaciones presentes, o al menos al de la mayoría. Algo similar le está pasando al recuerdo de la ya desaparecida Feria de A Merca, que después de tres siglos de actividad, hoy está prácticamente olvidada por las nuevas generaciones, solo mitigada esta circunstancia por el hecho de que su antigua localización acoge actualmente uno de los conjuntos de hórreos (canastros) más importantes de Europa. Fue por esto por lo que decidí escribir este artículo, con el fin de rescatar del olvido, aunque sea solo por unos instantes, este poema tan singular que creo que merece un sitio de privilegio en el lugar de nuestra antigua Feria. Y de ser esto posible, pienso que tanto la Feria como el poema, en mutua unión, perdurarían con el tiempo en el recuerdo de la gente.

Feria de Allariz. Fuente: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

El poeta

El autor de este poema nació el 11 de marzo de 1860 en Ourense. Su padre era natural de Valladolid y su madre de Sobrado do Bispo (Ourense). Cursó el Bachillerato en el Instituto de Ourense para seguidamente estudiar Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela, obteniendo dicha Licenciatura y especializándose en Derecho Civil y Canónico. Ejerció de abogado en Ourense, donde era conocido por su elocuencia; de hecho, dicen de él que arrancaba sonoros aplausos después de sus intervenciones. Al mismo tiempo que ejercía de abogado, inició una gran actividad periodística, fundando y dirigiendo el periódico La Semana y las revistas La Pluma y La Defensa de Galicia. Desde esta última, mantuvo una acalorada disputa con Valentín Lamas Carvajal, quien le replicaba desde el diario El Eco de Orense. También colaboró en la revista O Tío Marcos da Portela.

Ourense le debe la estatua de Concepción Arenal, pues gracias a su tenacidad dicho monumento se erigió en nuestra capital. También fue un gran admirador de la ciudad de A Coruña, a la que describe en uno de sus poemas más conocidos que lleva por título “Ben te vin”, recogido en el poemario “Follas de papel”. Los tres últimos versos de este poema son patrimonio de todos los coruñeses, conformando de este modo el eslogan más conocido de la ciudad herculina, y que dice así:

«Si me deran á escoller, eu non sei que escollería: si entrar ná Coruña de noite ou entrar nó Ceo de día».

Esta es la estrofa completa del poema “Ben te vin”, en donde se recogen literalmente estos versos:

"Cando te fun visitar,
Vend’ a miñ´alma a suxeta
a hermosura do teu mar,
díxome Dios, ¡canta, poeta!
¡E chorei… pra te cantar!
Chorei, qu´eu no sabería,
-¡e San Pedro no m’ escoite!_,
d´e escoller, qu´escollería,
¡s’ entrar na Cruña de noite
ou entrar no Ceo de día!".

En sus últimos años se alejó de su actividad profesional y del periodismo para centrarse en la educación de sus hijos y en la literatura, falleciendo a los 42 años en Santiago de Compostela el 9 de febrero de 1902. Un año después de su muerte, durante la celebración del Corpus Christi, la ciudad de Ourense honra su memoria colgando una placa conmemorativa en la casa donde nació y vivió, que hoy en día corresponde con el número 4 de la calle Barreira, justo encima del Instituto de la Familia, cerca del Ayuntamiento. En los años cincuenta, la ciudad de A Coruña, en reconocimiento a su persona puso su nombre a una calle; Ourense hizo lo mismo con otra en el barrio de Mariñamansa.

Su obra

Escribió tanto en gallego como en castellano y es considerado un discípulo de Curros Enríquez, si  bien, fue objeto de fuertes críticas, pues no dominaba bien el gallego, llegando a ser acusado de querer inventar un dialecto gallego. En cuanto a sus obras en castellano destacan «Garcilaso de la Vega y sus Obras» (1875),  «Luchar por la Patria» (1879) y Gritos del Alma (1880). En gallego escribió una serie de poemas recogidos en los siguientes libros: «Volvoretas» (1887), «Chorimas» (1890), «Lenda de Groria) (1891) -esta obra es un poema que describe el ataque de la flota de Francis Drake contra la ciudad de A Coruña, siendo galardonada con el primero premio del Certamen Literario organizado por el Liceo Brigantino de A Coruña- y «Follas de Papel» (1892).

El poema “N-a Feira”

El poema  «N-a Feira» está incluido en el libro Chorimas, siendo su autor Alberto García Ferreiro, que así es cómo se llama nuestro poeta y protagonista de este artículo, por si el lector todavía no se había dado cuenta hasta ahora. El hecho de no revelar antes su nombre era para que el lector viera hasta que punto le era conocido este poeta. Si han logrado identificarlo antes de llegar a este párrafo, mi enhorabuena.

Fuente: Vida Gallega, 14 de febrero de 1904

De Chorimas dice Alberto García Ferreiro que “es un libro hecho deprisa, como el entierro de un pobre«. Si leemos a Alberto García Ferreiro observamos que tiene mucha ironía; que pena que en aquella época no existiese Twitter, pues a saber dónde hubiera llegado con una herramienta de comunicación como esa un hombre de su imaginación. En este poema, Alberto García Ferreiro describe de forma muy particular la Feria que todos  los días 26 de cada mes tenía lugar en A Merca. A continuación aparece un extracto seleccionado del poema:

“N-a Feira”

... Desvïado d’a Mezquita
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
...
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
...
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
...
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
...
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!

La Feria de A Merca

La Feria de A Merca se celebraba los días 26 de cada mes. En ella se comerciaba principalmente ganado, lo que hizo que muchos vecinos de la zona se dedicaran a la compra y venta de animales, principalmente vacuno y porcino, siendo por esto conocida A Merca por ser tierra de tratantes de ganado. Como el mundo evoluciona y todo se acaba, llegó un momento en que la Feria de A Merca fue decayendo hasta dejar de hacerse. En el libro Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España de Eugenio Larruga (1798), en concreto en el tomo  XLIII, se hace referencia a la Feria de A Merca:

“En la jurisdicción de la Merca hay una feria que se celebra el día 26 de cada mes, y se compone de comprar y vender todo género de ganado vacuno, cerdos, granos, cueros curtidos y por curtir, zapatos, paños de lana, tiendas de diferentes mercancías, ollas y cestos, y algunas veces pescado fresco y seco, concurriendo á ella todo género de mantenimientos de los que produce la tierra, todo ello fábrica de este Reyno, sin que se componga de otra cosa; cuya feria se erigió por cédula Real, ganada por Don Melchor Mosquera, Caballero del Orden de Santiago, y Señor de esta jurisdicción y Coto, habrá cosa de cien años” (Larruga, 1798).

Con base en esta información, sabemos que la Feria de A Merca tuvo su origen con la figura de Melchor Benito de Mosquera Soutomaior, quien nació el 6 de septiembre del 1637 en Pontevedra. Fue Señor de Vilar de Paio Muñiz, Bentraces, Guimarie, así como Caballero de la Orden de Santiago desde el año 1667, entre otros títulos. Probablemente, el Rey que concedió esta cédula fue Carlos II, pues reinó entre los años 1665 y 1700, coincidiendo con el Señorío de Melchor Benito, siendo por tanto entre estas fechas en las que principiaría la Feria de A Merca.

El campo en el que tenía lugar la antigua Feria es ocupado en la actualidad por un conjunto de 34 hórreos (canastros) que los vecinos de A Merca, con ayuda del Ayuntamiento, ubicaron en los años setenta, y que constituye el mayor conjunto de España y el segundo de Europa, estando reconocido como Bien de Interés Cultural. Hay que reconocer a los vecinos de A Merca y a su Ayuntamiento esta iniciativa, pues sitúa A Merca en el mapa turístico-cultural, no solo de Galicia, sino también de España y Europa.

Conjunto de hórreos (canastros) de A Merca. Fotografía: Juan Carlos Sierra

Hace unos años, una iniciativa que partió del Ayuntamiento permitió señalar mediante carteles informativos los diferentes puntos de interés cultural y turístico del municipio, lo que es de gran ayuda, tanto para aquellos que intencionadamente se acercan a visitarlos como los que por casualidad pasan por el lugar. Aprovechando estos espacios, desde aquí propongo  humildemente que se ubique un cartel, al lado de los ya existentes en el lugar del conjunto de canastros, y antigua localización de la Feria, con el poema «N-a Feira» de Alberto García Ferreiro, si no en su totalidad, por ser muy extenso, sí un extracto como el antes referido, y que se añada también la información recogida en la obra de Eugenio Larruga, que creo que aporta información relevante para conocer un poco más acerca de nuestra historia. De prosperar esta propuesta, se conseguiría conjugar en un mismo espacio la cultura popular, la arquitectura agraria y la poesía, lo que haría perdurar nuestra historia en el recuerdo de la gente.

En la feria. Fuente: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

Esta es la versión completa del poema «N-a Feira»:

N-a Feira

¿Teñen ido a Celanova
en pollino, ou dilixencia.
como por bulra lle chaman
ó volquete d’a carreira?
(¡Queira Dios que por inxurea
non me poña causa a Empresa!)
O que fosen ou non fosen
nin m’afrixe nin m’apena;
si din que sí, vou ganando
o aforrar algunhas señas,
si din que non, non me libro
de ll’as dar todas enteiras.
Mais pol-o sí ou pol-o non,
como din n-a nosa terra,
por señas n’hemos rifar
qu’o que da señas, enseña.
Per’antes de lles dar nada,
si o dito a mal non m’o levan,
y-a resposta non lle custa
nin traballo nin cadelas,
quero saber a esas lamas
y-a eses coyos en ringleira,
(que máis qu’ir pra Celanova
Deben d’ir para Cela.. vella)
que van dend’Ourense á vila
de Curros facendo zetas,
por qué santo de sanguiño
ll’an de chamar carreteira,
habendo a barulo nomes
máis eufónecos n-a lengoa,
verbi gracia, a falta d’outro
que coadrar millor poidera,
creba-pernas veciñal
ou creba-pernas… a secas.
Desvïado d’a Mezquita 
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
N-un outeiro repelado
como dún pelón a testa,
muxe o gado esparexido
ós montós pol-a espaldeira
qu’é tan rasa que non ten
nin un álbore xiquera.
Alí, pol-o mes d’Agosto,
Un tizón é cada area,
y-o sol, cando dan as doce,
val por fopas n-a lareira,
pois basta sacar ó sol
as mariñas pra que fervan,
e pór o pote n-o campo
para que se curtan as berzas.
Dende cuasque media noite
s’hay luar e non hay brétema,
en racimol-os feirantes
van saindo d’as aldeas.
N-as corredoiras rebrincan
os mozos que van de festa;
n’hay mesón onde non paren,
rapaza que non deteñan,
boi que quede sin mocazo
nin atruxo que non dean,
nin cantiga que non boten
nin taberna en que non beban.
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
Alá van en precesión
os labregos y-as labregas,
c’os refaixos y-os xustillos
y-as zaloiras domingueiras;
O patrón co-a sua xugada,
co-as estrigas a parenta,
o rapáz c’o xugo ó lombo
y-a rapaza co-a manteca.
Alá vai, co-a sua bofanda,
cabalgando n-a sua besta,
c’o pretal desfebillado
y-os estribos de madeira,
y-o atafarre con colgantes
de bolriñas amarelas,
un abade pol-o estilo
d’o meu crego de Belxeta,
salvo qu’un turra pr’ó monte
y-outro turra car’ás feiras.

O mesón d’o Zamorano
Vaise enchendo de facenda,
e pr’as copas que lle piden
non fai máis qu’enchél-as xerras,
ir d’o pipo ó mostrador,
ir d’a tenda pr’a trastenda,
y-a muller tampouco para
d’ir d’a fonte pr’á bodega….
C’o cheiror d’óleo rustrido
fede o mesón que rabea,
e n’hay sardiñas qu’abonden
nin sartés para compoñelas.
Un pide resóleo e queixo,
aquél hovos, éste freba,
o de máis alá chourizos,
quén melruza, quén vitela….
Y-o patrón non s’acobarda;
ó d’o queixo, dalle terra
misturada con enxofre
e un escrupo de canela:
ó d’os hovos,, hovos chocos
con pitiños en vez d´hemas;
ó d’o pan, un xitón podre
con pelamia n-a corteza;
ó d’o viño, auga da chuva
remexida c’unhas tellas,
e maldito s’aquivoca
os botós pol-as cadelas,
ou un can que non lle guste
dend’a mau lle cai n-a horteira.
Ben dí un xastre, qu’é, anque xastre,
máis agudo qu’unha frecha,
n-a tonada que cantúrria
cando cose ou tixeirea:
«Pra voar… un elefante,
pra cousa branda… unha pedra,
pra contar verdá… un xitano
un tendeiro… para concencia».
¡Non me choca qu’embarriguen
taberneiro e taberneira!
¡Pr’o traballo que lles custa
trocar bostas por pesetas!
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
Apegadas ás banquillas
botan o as as rosquilleiras,
c’unhas cartas que non poden
co-a carraña terse dreitas,
ós rapaces que n-os ollos
cobizaran ter as lengoas…
Van e veñen os ceviles
en patrula y-en parexas,
trál-o pión d’os furtadores
e husmexando as zacapelas.
C’unha carga de rosareos
e de figas contr’as meigas,
pasa un home que pregoa
¡San Benito, a cadela!...
-¡Cordas de xuncas, riatas,
-outro dí - ¡non hay com’éstas!
-Ouro, prata, galós merco.
vai berrando o d’a carteira,
y-o buhoneiro cordobés
d’a quincala de Locena,
tin qui tin qui n-os pratillos
a compás soniquetexa.
-¡Levo noces com’a chancas
e ningunha sai ferreña!
-¡Pólvora fina! - ¡Afiadoooor!
-¡Merquen mistos! - ¡Sanguigüelas
de la Limia! - ¿Quén quer hovos?
-¡Veñan ver estas peneiras!
-¡Arreparen n-os traballos
d’este méndego sin pernas!
Dios te salve… (non dan nada)
¡qué marráus!) te salve, Reiña….
-«A la mañana bien cedo 
la gosticia se presenta,
y (fagan corro señores)
un cevil abre la puerta
y los tres mortos difuntos
(non arrempuxar ¡puñeflas!)
en la pusición sopina
diante del Guez se presentan»….
Así principia o romance;
¿Quén o leva? ¿quén o leva?
«s’estetuyen capud tacta
las primeras diligencias,
y s’apersona el cadavre
de la mojer interfeuta,
que decrara de qué modo
los maliechores penetran,
y los poñales n-el cuerpo
vinteséis veces ll’espetan»,
«Eiquí verán las noticias
d’esa cabombe tremenda;
custa la historia un rial,
¿quén a  merca? ¿quén a  merca’»
raña que raña n-as cordas
d’o violín o cego berra….
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
Aguilladas que non teñen
qu’aguillar, campando inhiestas,
c’un moqueiro n-o remate,
sirven d’astias de bandeira;
y-ó picar d’as castañolas
y-ó bulir d’as pandeiretas,
san os cregos n-as suas mulas
y-os paisanos n-as suas pernas,
os rapaces co-as rapazas
os cortexos co-as cortexas,
o patrón c’unha coroza,
c’un fusal a sua parenta,
o pequeno c’un candil
e c’un pote a pequerrecha.
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!.

Referencias

Larruga, E. (1798). Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España (Tomo XLIII). Librería de Escribano. Recuperado de https://books.google.es/books?id=3zkktwPKPfUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false


Agradecemientos

El autor agradece a Juan Carlos Sierra Freire los datos incluidos en este artículo acerca del origen de la Feria de A Merca, así como la búsqueda de las fotos que lo ilustran.

DON ADOLFO OUTUMURO OUTUMURO (1891-1924)

DON ADOLFO OUTUMURO OUTUMURO (1891-1924)

Por Tino Outumuro

Nota. Este artículo aparece primero en su versión original en gallego y a continuación en castellano.

Don Adolfo Outumuro Outumuro naceu a finais do século XIX en Parderrubias, estudou no Seminario Conciliar de Ourense e ordenouse sacerdote en 1916. Nese mesmo ano, le a Cátedra de Latín e Humanidades, sendo así o primeiro veciño da Parroquia de Parderrubias do que se ten constancia que alcanzara esta distinción. Nos seus primeiros anos como sacerdote desempeñou diversos cargos no Seminario de Ourense ata que unha enfermidade o incapacita obrigándoo a retirarse o seu pobo natal onde se fixo cargo da Parroquia ata súa morte en 1924.

Primeiros anos

Don Adolfo naceu o oito de marzo do 1891. O seu nacemento non estivo exento de riscos; tal foi así, que a súa tía materna Rosa, que estaba presente nese momento, viuse na necesidade de bautizar ao rapaciño, pois todo parecía indicar que non pasaría dese día. Non se sabe certo se foi polos coidados que lle deron ou pola graza do Sacramento recen adquirido, o caso é que a criatura conseguiu abrazarse á vida e ao día seguinte, xa de forma oficial, o cura de aquel entón, don Manuel Belvis, bautizouno con nome de Adolfo, seguindo así unha tradición familiar de chamar con ese nome ao primoxénito.

Foi o maior de dous irmáns, o seu irmán David nacería o día 16 de xaneiro do 1897. Os seus pais foron, Nemesio Outumuro e María Purificación Outumuro, do pobo do Outeiro; os avós paternos, Manuel Outumuro e Vicenta Grande, de Barrio, e os maternos, Jenaro Outumuro e María Seara, do Outeiro. A casa onde naceu é na que actualmente viven as súas sobriñas Josefa e Bernardina, e o seu sobriño político Benito.

Unha das persoas que máis influíu na súa vida foi o seu tío materno, Adolfo Outumuro Seara, que no momento do seu nacemento xa estudaba no Seminario de Ourense. Dado que tío e sobriño se chamaban igual, as xeracións futuras da familia, para diferencialos, referíanse ao de maior idade como  o “tío vello” e ao de menor como o “ tío novo”. O “tío vello”, tras ordenarse sacerdote asignáronlle o 18 de decembro do 1899 a Parroquia de Sotomandrás, no concello de San Cristovo de Cea, onde permaneceu ata a súa morte.

En canto a formación de don Adolfo, supoñemos que o seu tío, durante as vacacións, iniciaríao nos coñecementos máis elementais. Tamén acudiría á escola do pobo, que por aquel entón estaba situada nunha casa da pobo da Igrexa. A nova escola non se inauguraría ata 1928. A ensinanza nesa época estaba regulada pola Lei Moyano, que establecía o ensino obrigatorio para os nenos menores de nove anos, o cal non deixaba de ser algo anecdótico, pois en moitos casos os rapaces cumprían máis na casa que na escola. Nos pobos cunha densidade de poboación similar a de Parderrubias (nesta época andaba polos 600 habitantes) estaba previsto que houbera unha Escola Pública Elemental para nenos e outra incompleta para nenas. En canto aos mestres, moitos carecían de título e os honorarios corrían a cargo dos concellos que na maior parte das ocasións non podían facer fronte estes gastos e eran os propios pais dos alumnos os que tiñan que correr cos seus honorarios. Foi nesta época cando se fraguou o dito pasar máis fame que un mestre de escola”. Non foi ata que se promulgou o Real Decreto do 26 de outubro do 1901, promovido polo Conde de Romanones, cando os mestres pasaron a ser considerados funcionarios, cobrando do Estado. A conta desta reforma, o 9 de abril de 1907 foi nomeado mestre en propiedade da escola de Parderrubias don Cesáreo Pérez Rodríguez, cuns honorarios anuais de 500 pesetas, segundo informa o diario El Correo de Galicia, desa mesma data.

Supoñemos que o día de Corpus Christi do ano 1899, don Adolfo recibiu a Primeira Comuñón de mans de don Paulino Agromayor, Párroco por aquel entón de Parderrubias. Seguindo os pasos do seu tío materno, en outubro do ano 1902, aos 12 anos, ingresou no Seminario Conciliar de Ourense, iniciando así unha nova etapa da súa vida.

Breve historia do Seminario Conciliar de San Fernando de Ourense

O xerme dos seminarios atopámolo no Concilio de Trento (1545–1563), onde se acordou que os bispos debían dispor de centros onde formar adecuadamente ao clero. Polo que respecta a Ourense, o Bispado carecía dun edificio axeitado que puidera albergar aos seminaristas, e non foi ata que o Rei Carlos III, mediante a promulgación da orden “Pragmática Sanción de 1767”, expulsou aos Xesuítas de España, que se conseguiu finalmente un centro axeitado para esta función.

A Compañía de Xesús tiña en propiedade no centro de Ourense un colexio e unha igrexa anexa o mesmo. Coa súa expulsión en 1767, estes bens foron expropiados polo Estado e unha parte deles foron cedidos ao Bispado de Ourense. Deste xeito, a igrexa dos Xesuítas pasou a ser a nova Parroquia de Santa Eufemia la Real e parte do antigo colexio foi utilizado para a formación dos seminaristas, nacendo así o Seminario Conciliar de Ourense, que foi inaugurado o día 8 de xaneiro do 1804 polo Cardeal Don Pedro de Quevedo (1776-1818). Hoxe en día, se nos acercamos á librería Betel na Rúa Lamas Carvajal, podemos ver escrito sobre cerámica a inscrición “SEMINARIO CONCILIAR SAN FERNANDO” e coroando a porta da librería encóntrase o escudo de armas do Rei Carlos III, mandado colocar polo Deán Juan Manuel Bedoya, sen dubida en agradecemento pola cesión de tan formidable edificio.

Fachado do antigo Seminario Conciliar de Ourense

Os inicios do antigo Seminario non estiveron exentos de sobresaltos. Ao pouco da súa inauguración, o 20 de xaneiro do ano 1809, tropas napoleónicas pertencentes ao corpo de exercito do mariscal Ney, que viñan en persecución das tropas do Marques de la Romana e do coronel Robert Craufurd, tomaron Ourense. Nesta primeira incursión se ve que o seminario non sufriu danos, mais no mes de maio, cando o franceses estaban xa de retirada, tropas do mariscal Soult, incendiaron o edificio de tal xeito que só quedou en pé a habitación do Reitor e a dos Catedráticos de Filosofía. Como consecuencia deste desastre, durante case dez anos o Seminario non puido facer a súa función, sendo restaurado no ano 1817 e volvendo a admitir seminaristas a partir do 20 de xaneiro do 1818.

O antigo colexio dos Xesuítas non só sería a sede do Seminario Conciliar, senón que tamén acollería, antes de mediados do século XIII, a Escola de Latín; o Instituto de Segunda Ensinanza, inaugurado no ano 1845; La Normal, a primeira escola de mestres de Galicia inaugurada en 1841; a Biblioteca e o Museo provinciais., Esto supuña a concentración, en moi pouco espazo, do saber e da cultura da cidade de Ourense.

A segunda metade do século XIX foi a do maior esplendor do Seminario, chegando a ter 631 matriculados no curso 1861-1862, un número meritorio de alumnos tendo en conta que a capital ourensena no ano 1848 só contaba con 4.260 habitantes, polo que é de supor que a maior parte procedían do rural. 

En 1889, o Bispo Cesáreo Rodrigo Rodríguez mandou construír un novo edificio, o que sería a actual sede do Bispado, e amplía a capela que logo remataría o Bispo Eustaquio Ilundaín Esteban (1904-1921). Nesta época, os seminaristas entraban pola porta que dá á Praza Bispo Cesáreo, en concreto por onde hoxe se accede a Cáritas. Esta praza estivo presidida entre os anos 1898 a 1969 pola estatua de Concepción Arenal, momento en que foi trasladada a praza que leva o seu nome, diante dos antigos xulgados.

Tras a súa reforma, a distribución do complexo era a seguinte: entrando polo acceso da Praza Bispo Cesáreo, atopábase de fronte a capela, que era o epicentro do Seminario; á dereita, estaba a parte vella cas habitacións dos teólogos, 66 en total; á esquerda, a parte nova, cun amplío dormitorio con 75 camas para os filósofos e os latinos. Na planta baixa estaban as clases, a secretaría, o refectorio e as demais dependencias. O Seminario tamén contaba cunha biblioteca con máis de 10.000 volumes clasificados por materias.

O Seminario Conciliar de Ourense estivo activo ata o 7 de xaneiro de 1952, momento en que se inauguraría o Seminario Maior “Divino Maestro”  polo bispo Francisco Blanco Nájera (1945-1952), que falecería o 15 de xaneiro, só unha semana despois da inauguración. Foron 148 anos dedicados á formación e ao ensino. Por darmos algúns datos estatísticos coincidentes no tempo co motivo deste artigo, dicir que entre os anos 1900 a 1915 matriculáronse de media 175 alumnos, dos que 90 eran internos e 85 externos, e a media de ordenacións era de 13 por ano.

Etapa como estudante do Seminario Conciliar de Ourense

Para poder formar parte dos alumnos do Seminario Conciliar, o pequeno Adolfo tivo que superar unha serie de exames que tiñan lugar a finais de setembro. As probas a realizar para acceder ao primeiro curso de Latín, como era o seu caso, consistían en ler un texto correctamente e facer un ditado; en Matemáticas tiña que demostrar que sabía ler números, sumar, restar, multiplicar e dividir, tanto número enteiros como decimais; tamén tiña unha proba sobre coñecementos de gramática da lingua castelá e, por último, demostrar que coñecía o Catecismo de memoria.

Na época do noso protagonista, o curso académico ía desde o 1 de outubro ata o 31 de maio, e tiña por costume inaugurarse cunha misa solemne na capela do Seminario, onde asistían tanto os alumnos coma os seus pais. En canto ao réxime aceptaba tanto a alumnos internos como externos, e o plan de estudos que se seguía comprendía catro anos de Latín e Humanidades, tres de Filosofía, cinco de Teoloxía e o de Canons. A ollos dun neno de primeiro de Latín, unha eternidade.

Desde a súa inauguración, os estudos no Seminario tiñan validez de universitarios, e estaban recoñecidas pola Universidade de Santiago de Compostela as Cátedras de Filosofía e Teoloxía. Profesores de recoñecido prestixio, en diferentes épocas, que deron clase no Seminario Conciliar de Ourense foron Juan Manuel Bedoya, Marcelo Macías ou Juan Antonio Saco y Arce.

Tres anos despois de entrar no Seminario, en 1905, morre o seu pai, Nemesio Outumuro Grande. Ao ano seguinte, o día 26 de marzo, morre o seu avó materno Jenaro Outumuro aos 70 anos de idade, con anterioridade, en xaneiro de 1902, xa morrera a súa avoa materna, María Seara Barracel. Sen dúbida deberon ser uns anos duros para a familia. Na casona do Outeiro, en só catro anos pasaron de vivir a diario seis persoas a quedar unha viúva e un neno de oito anos. Esta situación tan dramática, por desgraza, era algo cotiá nas familias de principios do século XX. Nestes casos, a única axuda social que existía non viña do Estado, senón do entorno familiar e veciñal, e dicir, a comunidade na que vivían que unindo esforzos sacaban adiante estas familias.

Podemos dicir de don Adolfo que era bo estudante. Así, en 2º de Filosofía, curso 1907-1908, tivo as seguintes notas nestas tres materias: en Metafísica Especial, Benemeritus; en Cosmogonia e Higiene, Meritissimus, e en Historia Natural y Agricultura, Benemeritus. No curso seguinte, 1908-1909, sacou en Ética e en Física e Química, un Benmeritus. Aparte das súas notas, sabemos que destacou nos estudos polo feito de figurar como primeiro de lista da súa clase, polo menos nos cursos de 2º e 3º de Filosofía, lugar reservado como premio para o alumno máis destacado.

O 19 de outubro de 1910, con só 19 anos de idade, escribiu un Viacrucis en verso que é gardado polas súa sobriñas na súa casa natal coma unha reliquia. Anos despois, en 1924, un grande das letras españolas, Gerardo Diego, membro destacado da Xeración do 27, escribiu un Viacrucis en verso que logo sería publicado en 1931, converténdose así no Viacrucis en verso máis coñecido de todos. Salvando as diferenzas obvias, o poema escrito por don Adolfo non ten que envexar o do gran autor santanderino, como mostra un fragmento do manuscrito correspondente ó inicio da undécima estación.

Extracto do Viacrucis escrito por don Adolfo

Coma todo fillo de veciño, aos 21 anos foi chamado a filas xunto con outros seis mozos do pobo. Corría o ano 1912 e coincidiulle coa publicación da Lei de Recrutamento e Reemplazo do Exército, do 27 de febreiro, que como novidade introducía a universalidade do servizo militar, e dicir, que se acababa co “soldado de cuota”, que favorecía ás familias ricas que se podían costear a exención do servizo. Nestas datas estábamos en plena Guerra de África, polo que para estes mozos ser recrutados supuña, á parte de pasar tres anos fora de casa, a probabilidade de acabar en África diante dos rifeños.

Na súa ficha de recrutamento consta que medía 1,64 metros de estatura, pesaba 64 quilos e tiña un perímetro torácico de  82 centímetros, o que viña a ser un prototipo de home estándar de principios do século XX. Tamén consta que foi considerado inútil temporalmente para o servizo por ter miopía. Durante os seguintes catro anos, a súa nai presentouse periódicamente ás sucesivas renovacións da suspensión, alegando en cada unha delas que era único fillo de viúva pobre a quen mantiña (como fillo único refírese a que era o único fillo en idade de traballar, non que fora o único fillo biolóxico).

Nestes anos, cando estaba de vacacións no pobo, gustáballe escribir ás oportunas anotacións nos Libros Parroquiais, sobre todo no de bautizos e matrimonios,  de tal forma, que a súa letra clara e perfectamente lexible figura en moitos destes asentos, os cales sempre ían asinados, como é lóxico, por don Benito Garrido, Párroco titular da Parroquia de Parderrubias por aquel entón.

De don Adolfo aínda se conserva unha pequena biblioteca na súa casa natal, da que salvo un libro sobre o uso dunha cámara de fotos editado en 1916, e do que non se sabe que función tiña pois ninguén recorda ningún aparello deses na casa, o resto está relacionado coa temática relixiosa ou co estudo da lingua latina. Moitos deste libro levan o selo da librería “Nemesio Pérez Resvie”, que se encontraba daquelas na rúa das Tendas nº 3 de Ourense, rúa que partindo da Praza Maior pasa por debaixo da escalinata de acceso á entrada principal da catedral. Outros foron mercados na librería “La Viuda”, que seguramente se trate da librería que en 1886 inaugurou Lisardo Castro, bisavó da actual propietaria da librería que con ese mesmo nome se atopa hoxe en día na rúa Lamas Carvajal. Seguramente estas dúas librerías, xunto ca do diario La Región, serían das poucas que había por aquel entón en Ourense. Hai que ter en conta que na primeira quincena do século XX Ourense era unha pequena vila cunha poboación censada que oscilou entre os 15.000 e os 16.000 habitantes. O seu núcleo urbano circunscribíase practicamente ao que hoxe é o casco vello; ía desde o Xardín do Posío ao Parque de San Lázaro e desde a Rúa Progreso ata o que hoxe é a rúa Pena Trevinca.

Os últimos anos de don Adolfo como estudante de Teoloxía, de 1913 a 1914, estiveron marcados polas sucesivas Ordes Menores que foi adquirindo, entre elas a Tonsura, que hoxe está en desuso e que consistía en rapar a zona da coroa. Estas seguíronas as Ordes Maiores: Subdiaconado e Diaconado. Por último, probablemente o 10 ou o 11 de xuño de 1916, recibiu de mans do Bispo don Eustaquio Ilundain e Esteban o Sacramento do Sacerdocio.

Tarxeta de visita de don Adolfo
Seminaristas de 1912. Don Adolfo, situado na fila superior, o primeiro pola dereita, contaba con 21 anos
Don Adolfo sentado a dereita
Don Adolfo sentado entre dous compañeiros

Unha semana despois da súa ordenación como sacerdote, o domingo día 18, tivo lugar a súa primeira misa na Igrexa Parroquial de San Salvador de Soutomandrás. Como padriño eclesiástico tivo o seu tío don Adolfo Outumuro Seara, que ademais exerceu como anfitrión. Entre os asistentes contábase un nutrido grupo de sacerdotes e seminaristas, así como personalidades laicas entre as que figuraba un representante dos “Escultores” de Parderrubias. Descoñecemos quen dos irmáns Garrido acudiu ao acto, pero supoñemos que foi ou ben José ou Manuel, sendo o máis probable este último pois uníaos unha forte amizade. O evento foi recollido na prensa local, e unha vez finalizado tivo lugar un ágape na Reitoral, onde en palabras do articulista houbo:

 “… un opíparo y espléndido convite, durante el cual reinó la mayor expansión y alegría, y al que pusieron digno remate oportunos y chispeantes brindis”.

Con motivo deste artigo despraceime ata Soutomandrás, onde me atopei cunha igrexa pequena e moi ben coidada, separada un cento de metros do núcleo urbano. A antiga Reitoral, lugar onde fai máis de 100 anos tivo lugar o “opíparo banquete”, atópase a carón da igrexa, e hoxe en día non son máis ca catro paredes cubertas polas silvas. Ao pé da porta principal da igrexa, e por tanto de paso obrigado para acceder e saír dela, atópase a sepultura de don Adolfo Outumuro Seara, o “tío vello”.

Igrexa de Soutomandrás. Na sepultura diante da porta principal está enterrado o tío de don Adolfo

Comenzo dunha nova vida

Unha vez alcanzado o presbiterado e logo de toda unha xuventude adicada ao estudo, en outubro de 1916 le a Cátedra de Latín, pasando así a ostentar este título. Para alcanzar esta distinción, segundo o regulamento, era preciso estar ordenados “in sacris”, ter competencia recoñecida na materia da que se trate e estar en posesión do grado de Licenciado ou de Doutor. Tamén se podía obter a Cátedra de forma interina en espera de obter o grado. A partir deste momento comenza a exercer diferentes cargos de responsabilidade no Seminario Conciliar de Ourense: no curso 1916-1917 como Profesor de Disciplina, para o curso do 1917-1918 consta como Perfecto Disciplinario e Profesor de Latín en 1º e 2º curso de Humanidades e, por último, entre os anos 1919 o 1921 desempeñará a función de Mordomo e Secretario. Como Mordomo encárgase da xestión económica do Seminario: cobro das rendas e cotas, pago de gastos, compra de suministros, conservación do inmoble, xestión do persoal, levar a contabilidade e os seus libros correspondentes, do que renderá contas ante Reitor. En canto ás súas funcións como Secretario debía, entre outras cousas, custodiar o arquivo, expedir certificacións, levar a correspondencia oficial, toda xestión dos expedientes dos alumnos, etc.

Selos de don Adolfo (o de arriba é de propia creación)

Nestes anos gaña fama de bo orador e a súa presenza é reclamada para dirixir sermóns en datas destacadas. Así atopamos que foi o encargado de dar o sermón do día 4 novembro do 1916 na igrexa de Santa María Nai co galo da Novena das Ánimas. O día 4 de abril do 1917, Venres Santo, na catedral de Ourense, predica sobre as “Sete Palabras de Xesús na Cruz”, e o día 17 de abril do 1919, Xoves Santo, tamén na catedral da outro sobre o  “Sermón do Mandato”. Na pequena biblioteca que aínda se conserva de don Adolfo atópanse varios libros relacionados con predicacións o que denota o seu interese por destacar neste campo. Igualmente, no recordo que quedou del na familia  destacase esta faceta, incluso se achaca a causa da súa morte a un sermón que deu na Praza Maior de Ourense un día de frío, causándolle unha pulmonía da que non se recuperaría, pero como veremos máis adiante este acto nada tivo que ver co seu óbito.

Se ben é certo que o Seminario era o centro da súa vida, isto non impediu que tivese un lugar na vida social de Ourense de aquel entón. Nesta época asiste e incluso oficia vodas de personaxes importantes da cidade e ten unha relación directa cos xornalistas do diario La Región, sendo noticia neste diario o simple feito de que se vaia de vacacións, que non supuña para el outra cousa máis que subir a Parderrubias.

É de destacar a confianza que deposita nel o Bispo don Eustaquio Ilundain, que ademais dos diferentes postos no Seminario tamén o nomea Secretario de Visitas, o que lle permite percorrer, en representación do Bispo, diferentes Parroquias da nosa contorna para comprobar que os Libros Parroquiais estiveran debidamente cumprimentados. 

Visita parroquial a Vilar de Paio Muñiz do 18 de marzo de 1919 firmada por don Adolfo. Fonte: Arquivo Histórico Diocesano de Ourense

Estes últimos cinco anos demostrou que por capacidade, talento e dedicación augurábase nel unha carreira prometedora. Por desgraza, a súa traxectoria viuse truncada por unha infección de tuberculose que contraeu no propio Seminario e que o afastou definitivamente da capital ourensá para trasladarse a vivir, a partir de finais do ano 1921, á súa casa natal xunto á súa familia, encargándose ata súa morte da xestión da Parroquia de Parderrubias en calidade de Ecónomo.

Os últimos anos

A finais do 1921 establécese na súa casa natal de Parderrubias ca súa nai e o seu irmán David, xa casado dende o 24 de decembro do 1917 con Aurora Outumuro Sueiro, natural do pobo da Igrexa. Na casa tamén viven os seus sobriños de curta idade,  Adolfo e José. Despois nacería a súa sobriña Anuncia, a quen terá a oportunidade de bautizar el mesmo. Estes últimos anos transcorren plácidamente entre o coidado da Parroquia, a lectura incansable dos seus libros e os curtos paseos que a súa fráxil saúde lle permite dar. Don Adolfo encárgase da xestión parroquial ata os seus últimos días, sendo significativo o feito que no Libro Parroquial, a partida de enterro anterior á súa estea asinada por el mesmo soamente tres meses antes. Tamén é recordado sentado ao sol nun banco que había no campo diante da súa casa.

No outono de 1923, aproveitando unhas prácticas militares do Batallón de Cazadores de Ourense, celébrase unha misa campestre nun souto de Parderrubias, seguramente situada entre o Outeiro e Barrio. Ó finalizar este acto, os irmáns Garrido convidan aos mandos militares e a don Adolfo a unha visita ao seu taller. Tanto a misa coma os asistentes a visita quedan inmortalizados en dúas fotos que serán publicadas o 20 de novembro do 1923 na revista Vida Gallega, xunto con unha terceira que mostra unha panorámica de Parderrubias.

Misa campestre no souto de Parderrubias. Fonte: Vida Gallega
Don Adolfo na fila do medio, sentado a dereita. Fonte: Vida Gallega
Vista xeral de Parderrubias nos anos 20 do pasado século. Vese o pobo de Barrio, a casa dos irmáns Garrido, na Carretera, e ao lonxe a Igrexa. Fonte: Vida Gallega

Na segunda das fotos, vemos a un don Adolfo moi delgado e con mala cara, indicio claro que a enfermidade estáballe a gañar a batalla, tal é así, que só cinco meses e medio despois de publicarse esa foto, o 8 de maio do 1924, falecía na súa casa do Outeiro aos 33 anos de idade a causa da tuberculose. A súa necrolóxica foi publicada en diferentes diarios do momento. Foi enterrado no cemiterio parroquial de Parderrubias o 9 de maio por don Alfonso Losada, sendo testemuñas do seu enterro o sancristán Francisco Seara e Manuel Garrido (dos Escultores). Mentres tanto, en Soutomandrás, o 22 de febreiro dese mesmo ano, falecía o “tío vello” á idade de 54 anos, pondo desta maneira, con só dous meses de diferenza, o punto e final a dúas vidas consagradas a Deus e o próximo.

Necrolóxica de don Adolfo publicada no diario La Región. Tanto na necrolóxica como na lápida da súa sepultura consta que tiña 31 anos, cando en realidade tiña 33 anos e dous meses
Lápida de don Adolfo no Camposanto de Parderrubias

Como derradeiro homenaxe a don Adolfo dedícolle este soneto:

Mente viva que del saber añora,
con mano diestra la pluma esbelta esgrime
que surcando rauda en el lienzo imprime,
la Luz Divina que arde, y enamora.

En su celda siente pasar la hora,
dedicado al estudio que redime,
como bálsamo del dolor que oprime
su corazón, que por Dios se devora.

Si de su pecho el espíritu brota,
si al Señor con su palabra engrandece,
solo es reflejo de su alma devota.

Cuida su rebaño mientras padece
enfermedad, que juventud derrota,
mas su recuerdo vence y permanece.

(Tino Outumuro, 22 de dezembro de 2020).

Agradecementos

O autor agradece a Juan Carlos Sierra Freire pola información que aportou o artigo, sobre todo relacionada con reseñas en diarios, libros parroquiais e Arquivo Municipal. A Xosé Anxo Outumuro agradézolle as súas ideas e o tempo que botou revisando o artigo.

VERSIÓN EN CASTELLANO

Don Adolfo Outumuro Outumuro nació a finales del siglo XIX en Parderrubias, estudió en el Seminario Conciliar de Ourense y se ordenó sacerdote en 1916. En ese mismo año, lee la Cátedra de Latín y Humanidades, siendo así el primer vecino de la Parroquia de Parderrubias del que se tiene constancia que alcanzase dicha distinción. En sus primeros años como sacerdote desempeñó diversos cargos en el Seminario de Ourense hasta que una enfermedad le incapacita, obligándole a retirarse a su pueblo natal, en donde se hace cargo de la Parroquia hasta su muerte.

Primeros años

Don Adolfo nació el 8 de marzo de 1891. Su nacimiento no estuvo exento de riesgos; tal fue así, que su tía materna Rosa, que estaba presente en ese momento, se vio en la necesidad de bautizar al recién nacido, pues todo parecía indicar que no pasaría de ese día. No se sabe cierto si fue por los cuidados que le dieron o por la gracia del Sacramento recién adquirido, pero el caso es que la criatura consiguió abrazarse a la vida y al día siguiente, ya de forma oficial, el cura de aquel entonces, don Manuel Belvis, lo bautizó con el nombre de Adolfo, siguiendo así una tradición familiar de poner ese nombre al primogénito.

Fue el mayor de dos hermanos. Su hermano David nacería el día 16 de enero del 1897. Sus padres fueron Nemesio Outumuro y María Purificación Outumuro, naturales del pueblo de O Outeiro. Los abuelos paternos eran Manuel Outumuro y Vicenta Grande, de Barrio; y los maternos, Jenaro Outumuro y María Seara, de O Outeiro. La casa donde nació es en la que actualmente viven sus sobrinas Josefa y Bernardina, y su sobrino político Benito.

Una de las personas que más influyó en su vida fue su tío materno, Adolfo Outumuro Seara, que en el momento de su nacimiento ya estudiaba en el Seminario de Ourense. Dado que tío y sobrino se llamaban igual, las generaciones futuras de la familia, para diferenciarlos, se referían al de mayor edad como “o tío vello” y al de menor como “o tío novo”. Al “tío vello”, tras ordenarse sacerdote, le asignaron el 18 de diciembre del 1899 la Parroquia de Sotomandrás, en el Ayuntamiento de San Cristovo de Cea, en donde permaneció hasta su muerte.

En cuanto a la formación de don Adolfo, suponemos que su tío, durante las  vacaciones, lo iniciaría en los conocimientos más elementales. También acudiría a la escuela del pueblo, que por aquel entonces estaba ubicada en una casa del pueblo de A Igrexa. La nueva escuela no se inauguraría hasta 1928. La enseñanza en esa época estaba regulada por la Ley Moyano, que establecía la enseñanza obligatoria para los niños menores de nueve años, lo cual no dejaba de ser algo anecdótico, pues en muchos casos los chicos eran más necesarios en casa que en la escuela. En los pueblos con una densidad de población similar a la de Parderrubias -en esta época contaba con unos 600 habitantes-, estaba previsto que hubiera una Escuela Pública Elemental para niños y otra incompleta para niñas. En cuanto a los maestros, muchos carecían de título y sus honorarios corrían a cargo de los Ayuntamientos, que en la mayoría de ocasiones no podían hacer frente a estos gastos, teniendo que ser los propios padres de los alumnos los que se hiciesen cargo de sus emolumentos. Fue en esta época cuando se forjó el dicho “pasar más hambre que un maestro de escuela”. No fue hasta que se promulgó el Real Decreto de 26 de octubre del 1901, promovido por el Conde de Romanones, cuando los maestros pasen a ser considerados funcionarios que cobraban del Estado. Como consecuencia de esta reforma, el 9 de abril de 1907 fue nombrado maestro en propiedad de la escuela de Parderrubias don Cesáreo Pérez Rodríguez, con unos honorarios anuales de 500 pesetas, según informa al diario El Correo de Galicia de esa misma fecha.

Suponemos que el día de Corpus Christi del año 1899, don Adolfo recibió la Primera Comunión de manos de don Paulino Agromayor, Párroco por aquel entonces de Parderrubias. Siguiendo los pasos de su tío materno, en octubre del año 1902, a los 12 años de edad, ingresó en el Seminario Conciliar de Ourense, iniciando así una nueva etapa de su vida.

Breve historia del Seminario Conciliar de San Fernando de Orense

El germen de los seminarios lo encontramos en el Concilio de Trento (1545–1563), en el que se acordó que los obispos debían disponer de centros donde formar adecuadamente al clero. En lo que respecta a Ourense, el Obispado carecía de un edificio idóneo que pudiera albergar a los seminaristas, y no fue hasta que el Rey Carlos III, mediante la promulgación de la orden “Pragmática Sanción de 1767”, expulsó a los Jesuitas de España, cuando se consiguió finalmente un centro idóneo para esta función. La Compañía de Jesús tenía en propiedad en el centro de Ourense un colegio y una iglesia anexa el mismo. Con su expulsión en 1767, estos bienes fueron expropiados por el Estado, y una parte de ellos fueron cedidos el Obispado de Ourense. De este modo, la iglesia de la Orden paso a ser la nueva Parroquia de Santa Eufemia la Real y parte del antiguo colegio fue utilizado para la formación de los seminaristas, naciendo así el Seminario Conciliar de Orense, que fue inaugurado el 8 de enero del 1804 por el Cardenal don Pedro de Quevedo (1776-1818). Hoy en día, si nos acercamos a la librería Betel en la calle Lamas Carvajal, podemos ver escrito sobre cerámica la siguiente inscripción “SEMINARIO CONCILIAR SAN FERNANDO”, y coronando la puerta de la librería el escudo de armas del Rey Carlos III, mandado colocar por el Deán Juan Manuel  Bedoya, sin duda, en agradecimiento por la cesión de tan formidable edificio.

Fachada del antiguo Seminario Conciliar de Ourense

Los inicios del antiguo Seminario no estuvieron exentos de sobresaltos. Al poco de su inauguración, el 20 de enero de 1809 tropas napoleónicas pertenecientes al cuerpo del ejército del mariscal Ney, que venían en persecución de las tropas del Marqués de la Romana y del coronel Robert Craufurd, tomaron Ourense. En esta primera incursión el Seminario no sufrió daños, pero en el mes de mayo, cuando los franceses estaban ya de retirada, las tropas del mariscal Soult incendiaron el edificio, quedando solamente en pie la habitación del Rector y la de los Catedráticos de Filosofía. A consecuencia de este desastre, durante casi diez años el Seminario no pudo hacer su función, siendo restaurado en el año 1817 y volviendo a admitir seminaristas a partir del 20 de enero de 1818.

El antiguo colegio de los Jesuitas no solo sería la sede del Seminario Conciliar, sino que también acogería, antes de mediados del siglo XIII, a la Escuela de Latín; al Instituto de Segunda Enseñanza, inaugurado en el año 1845; a La Normal, la primera escuela de maestros de Galicia inaugurada en 1841; a la Biblioteca y al Museo provinciales. Todo ello suponía la concentración, en muy poco espacio, del saber y de la cultura de la ciudad de Ourense.

La segunda mitad del siglo XIX fue la de mayor esplendor del Seminario, llegando a tener 631 matriculados en el curso 1861-1862, un número meritorio de alumnos, toda vez que la capital ourensana en el año 1848 solo contaba con 4.260 habitantes, por lo que es de suponer que la mayor parte procedían del rural. 

En 1889, el Obispo Cesáreo Rodrigo Rodríguez mandó construir un nuevo edificio, que hoy es la actual sede del Obispado, y amplía la capilla, que luego finalizaría el Obispo Eustaquio Ilundaín Esteban (1904-1921). En esta época, los seminaristas entraban por la puerta que da a la Plaza Obispo Cesáreo, en concreto por donde hoy se accede a Cáritas. Esta plaza estuvo presidida entre los años 1898 y 1969 por la estatua de Concepción Arenal; después sería trasladada a la plaza que lleva su nombre, delante de los antiguos Juzgados.

Tras su reforma, la distribución del complejo era la siguiente. Entrando por el acceso de la Plaza Obispo Cesáreo, se encontraba de frente la capilla, que era el epicentro del Seminario; a la derecha estaba la parte vieja con las habitaciones de los teólogos, 66 en total; a la izquierda, la parte nueva, con un amplío dormitorio con 75 camas para los filósofos y los latinos. En la planta baja estaban las clases, la secretaría, el  refectorio y las demás dependencias. El Seminario también contaba con una biblioteca con más de 10.000 volúmenes clasificados por materias.

El Seminario Conciliar de Ourense estuvo en funcionamiento hasta el 7 de enero de 1952, momento en que se inauguraría el Seminario Mayor “Divino  Maestro” por el Obispo Francisco Blanco Nájera (1945-1952), que fallecería el 15 de enero, solo una semana después de la inauguración. Fueron 148 años dedicados a la formación y a la enseñanza. Por dar algunos datos estadísticos coincidentes en el tiempo con el motivo de este artículo, cabe decir que entre los años 1900 y 1915 se matricularon de media 175 alumnos, de los que 90 eran internos y 85 externos, y la media de ordenaciones era de 13 por año.

Etapa como estudiante del Seminario Conciliar de Ourense

Para poder formar parte de los alumnos del Seminario Conciliar, don Adolfo tuvo que superar una serie de exámenes que tenían lugar a finales de septiembre. Las pruebas a realizar para acceder al primer curso de Latín, como era su caso, consistían en leer un texto correctamente y hacer un dictado; en Matemáticas, tenía que demostrar que sabía leer números, sumar, restar, multiplicar y dividir, tanto números enteros como decimales; también tenía una prueba sobre conocimientos de Gramática de Lengua Castellana y, por último, debía demostrar que dominaba el Catecismo de memoria.

En la época de nuestro protagonista, el curso académico duraba desde el 1 de octubre hasta el 31 de mayo, y se inauguraba con una misa solemne en la capilla del Seminario, a la que asistían tanto los alumnos como sus padres. En cuanto el régimen, se aceptaba tanto a alumnos internos como externos, y el plan de estudios que se seguía comprendía cuatro años de Latín y Humanidades, tres de Filosofía, cinco de Teología y el de Cánones. A ojos de un niño de primero de Latín, una eternidad.

Desde su inauguración, los estudios en el Seminario tenían validez de universitarios, y estaban reconocidos por la Universidad de Santiago de Compostela las Cátedras de Filosofía y Teología. Profesores de reconocido prestigio, en diferentes épocas, que dieron clases en el Seminario Conciliar de Ourense fueron Juan Manuel  Bedoya, Marcelo Macías o Juan Antonio Saco y Arce.

Tres años después de que don Adolfo entrase en el Seminario, en 1905, muere su padre Nemesio Outumuro Grande. Al año siguiente, el día 26 de marzo, fallece su abuelo materno Jenaro Outumuro a los 70 años de edad. Con anterioridad, en enero de 1902, ya había fallecido su abuela materna María Seara Barracel. Sin duda, debieron ser unos años duros para la familia. En la  casona de O Outeiro, en solo cuatro años pasaron de vivir a diario seis personas a quedar una viuda y un niño de ocho años. Esta situación tan dramática, por desgracia, era algo cotidiano en las familias de principios del siglo XX. En estos casos, la única ayuda social que había no venía del Estado, sino del entorno familiar y vecinal, es decir, de la comunidad en la que vivían, que uniendo esfuerzos sacaban adelante a estas familias.

Se puede decir que don Adolfo era un buen estudiante. Así, en 2º de Filosofía, curso 1907-1908, tuvo las siguientes notas en estas tres materias: en Metafísica Especial, Benemeritus; en Cosmogonia e Higiene,  Meritissimus; y en Historia Natural y Agricultura, Benemeritus. En el curso siguiente, 1908-1909, obtuvo en Ética, y en Física y Química, un Benmeritus. También sabemos que destacó en los estudios por el hecho de figurar como primero de lista de su clase, al menos en los cursos de 2º y 3º de Filosofía, lugar reservado como premio para el alumno más destacado.

El 19 de octubre de 1910, con solo 19 años de edad, escribió un Viacrucis en verso que es guardado por sus sobrinas en su casa natal como una reliquia. Años después, en 1924, un grande de las letras españolas, Gerardo Diego, miembro destacado de la Generación del 27, escribió un Viacrucis en verso que luego sería publicado en 1931, convirtiéndose así en el Viacrucis en verso más conocido de todos. Salvando las diferencias obvias, el poema escrito por don Adolfo no tiene que envidiar al del gran autor santanderino, como muestra un fragmento del manuscrito correspondiente al inicio de la undécima Estación.

Extracto del Viacrucis escrito por don Adolfo

Como todo hijo de vecino, a los 21 años fue llamado a filas junto con otros seis mozos del pueblo. Corría el año 1912, coincidiendo con la publicación de la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército, de 27 de febrero, que como novedad introducía la universalidad del servicio militar, es decir, que se acababa con la figura del “soldado de cuota”, que favorecía a las familias ricas que se podían costear la exención del servicio. En estas fechas estábamos en plena Guerra de África, por lo que para estos jóvenes ser reclutados suponía, aparte de pasar tres años fuera de casa, la probabilidad de acabar en África, enfrentándose a la tribus rifeñas.

En su ficha de reclutamiento consta que medía 1,64 metros de estatura, pesaba 64 kilos y tenía un perímetro torácico de 82 centímetros, lo que venía a ser un prototipo de hombre estándar de principios del siglo XX. También consta que fue considerado no apto temporalmente para el Servicio Militar por tener miopía. Durante los siguientes cuatro años, su madre se presentó periódicamente a las sucesivas renovaciones de la suspensión, alegando en cada una de ellas que era único hijo de viuda pobre a quién mantenía (como hijo único se refiere a que era el único hijo en edad de trabajar, no que fuera el único hijo biológico).

En estos años, cuando estaba de vacaciones en el pueblo, a don Adolfo le gustaba escribir las oportunas anotaciones en los Libros Parroquiales, sobre todo en el de bautizos y matrimonios, de manera que su letra clara y perfectamente legible figura en muchos de estos asientos, los cuales siempre iban firmados, como es lógico, por don Benito Garrido, Párroco titular de la Parroquia de Parderrubias en aquel entonces.

De don Adolfo aún se conserva una pequeña biblioteca en su casa natal, de la que salvo un libro sobre el uso de una cámara de fotos editado en 1916, y del que no se sabe qué función tenía pues nadie recuerda ningún aparato de esos en casa, el resto de bibliografía está relacionada con la temática religiosa o con el estudio de la lengua latina. Muchos de estos libros llevan el sello de la librería “Nemesio Pérez  Resvie”, que se encontraba en aquel entondes en la calle de las Tiendas nº 3 de Ourense, calle que partiendo de la Plaza Mayor pasa por debajo de la escalinata de acceso a la entrada principal de la catedral. Otros libros fueron comprados en la librería “La Viuda”, que seguramente se trate de la librería que en 1886 inauguró Lisardo Castro, bisabuelo de la actual propietaria de la librería que con ese mismo nombre se encuentra hoy en día en la calle Lamas Carvajal. Seguramente estas dos librerías, junto con la de La Región, serían de las pocas que había por aquel entonces en Ourense. Hay que tener en cuenta que en la primera quincena del siglo XX, Ourense era una pequeña villa con una población censada que osciló entre los 15.000 y los 16.000 habitantes. Su núcleo urbano se circunscribía prácticamente a lo que hoy es el casco viejo; iba desde el Jardín del Posío al Parque de San Lázaro, y desde la calle Progreso hasta lo que hoy es la calle Pena Trevinca.

Los últimos años de don Adolfo como estudiante de Teología, de 1913 a 1914, estuvieron marcados por las sucesivas Órdenes Menores que fue adquiriendo, entre ellas la Tonsura, que hoy está en desuso y que consistía en rapar la zona de la coronilla. A estas le siguieron las Órdenes Mayores: Subdiaconado y Diaconado. Por último, probablemente el 10 o el 11 de junio de 1916, recibió de manos del Obispo don  Eustaquio Ilundain y Esteban el  Sacramento del Sacerdocio.

Tarjeta de visita de don Adolfo
Seminaristas de 1912. Don Adolfo, situado en la fila superior, el primero de la derecha, contaba con 21 años
Don Adolfo sentado a la derecha
Don Adolfo sentado entre dos compañeros

Una semana después de su ordenación como sacerdote, el domingo día 18, tuvo lugar su primera misa en la Iglesia Parroquial de San Salvador de Soutomandrás. Como padrino eclesiástico tuvo a su tío don Adolfo  Outumuro Seara, quién además ejerció como anfitrión. Entre los asistentes se contaba un nutrido grupo de sacerdotes y seminaristas, así como personalidades laicas entre los que figuraba un representante de los “Escultores”  de Parderrubias. Desconocemos quien de los hermanos Garrido acudió al acto, pero suponemos que fue José o Manuel, siendo probablemente este último, dada la gran amistad que les unía. El evento fue recogido en la prensa local, y una vez finalizado tuvo lugar un ágape en la Rectoral, en donde en palabras del articulista hubo:

 “… un  opíparo  y espléndido convite, durante el cual reinó la  mayor expansión  y alegría, y al que pusieron digno final oportunos y chispeantes brindis”.

Con motivo de la elaboración de este artículo me desplacé hasta Soutomandrás, en donde me encontré con una pequeña iglesia parroquial muy bien cuidada, separada un centenar de metros del núcleo urbano. La antigua Rectoral, lugar donde hace más de 100 años tuvo lugar el “opíparo banquete”, se encuentra al lado de la iglesia y hoy en día no son más que cuatro paredes cubiertas por la maleza. A la entrada de la puerta principal de la iglesia y, por tanto, de paso obligado para acceder y salir de ella, se encuentra la sepultura de don Adolfo  Outumuro Seara, el “tío vello”.

Iglesia parroquial de Soutomandrás. En la sepultura situada delante de la puerta principal está enterrado el tío de don Adolfo

Comienzo de una nueva vida

Una vez alcanzado el  presbiterado y después de toda una juventud dedicada al estudio, en octubre de 1916 lee la Cátedra de Latín, pasando así a ostentar esta categoría. Para alcanzar esta distinción, según el reglamento, era preciso estar ordenado “in sacris”, tener competencia reconocida en la materia de la que se trate y estar en posesión del grado de Licenciado o de Doctor. También se podía obtener la Cátedra de forma interina en espera de obtener el Grado. A partir de este momento, comienza a ejercer diferentes cargos de responsabilidad en el Seminario Conciliar de Ourense. En el curso 1916-1917 fue Profesor de disciplina. En el curso 1917-1918 consta como Perfecto Disciplinario y Profesor de Latín en 1º y 2º curso de Humanidades. Por último, entre los años 1919 y 1921 desempeñará la función de Mayordomo y Secretario. Como Mayordomo, se encarga de la gestión económica del Seminario: cobro de las rentas y cuotas, pago de gastos, compra de suministros, conservación del inmueble, gestión del personal, llevar la contabilidad y los libros correspondientes, de lo que rendirá cuentas ante al Rector. En cuanto a sus funciones como Secretario debía, entre otras cosas, custodiar el archivo, expedir certificaciones, llevar la correspondencia oficial, llevar a cabo toda la gestión de los expedientes de los alumnos, etc.

Sellos de don Adolfo (el primero es de propia creación)

En estos años gana fama de buen orador y su presencia es reclamada para dirigir sermones en fechas destacadas. Así, encontramos que fue el encargado de dar el sermón del 4 de noviembre del 1916 en la iglesia de Santa María Madre con motivo de la Novena de las Ánimas. El día 4 de abril del 1917, Viernes Santo, en la catedral de Ourense predica sobre las “Siete Palabras de Jesús en la Cruz”, y el 17 de abril del 1919, Jueves Santo, también en la catedral imparte el “Sermón del Mandato”. En la pequeña biblioteca que aún se conserva de don Adolfo se encuentran varios libros de predicaciones, lo que denota su interés por destacar en esta faceta. Igualmente, en el recuerdo que quedó de él en la familia también se destaca este aspecto, incluso se achaca la acusa de su muerte a un sermón que dio en la Plaza Mayor de Ourense un día de frío, causándole una pulmonía de la que no se recuperaría, pero como veremos más adelante este acto nada tuvo que ver con su muerte.

Si bien es cierto que el Seminario era el centro de su vida, esto no impidió que tuviera un lugar en la vida social de Ourense de aquel entonces. En esta época asiste, e incluso oficia, bodas de personajes importantes de la ciudad y tiene una relación directa con los periodistas del diario La Región, siendo noticia en este diario el simple hecho de que se fuese de vacaciones, algo que no suponía para él otra cosa más que subir a Parderrubias.

Es de destacar la confianza que deposita en él el Obispo don Eustaquio  Ilundain, que además de los diferentes puestos en el Seminario también lo nombra Secretario de Visitas, lo que le permite recorrer, en representación del Obispo, diferentes Parroquias de nuestro entorno para comprobar que los Libros Parroquiales estaban debidamente cumplimentados.

Visita parroquial a Vilar de Paio Muñiz el 18 de marzo de 1919 firmada por don Adolfo. Fuente: Arquivo Histórico Diocesano de Ourense

Estos últimos cinco años, se demostró que por capacidad, talento y dedicación se auguraba en él una carrera prometedora, pero por desgracia su trayectoria se vio truncada por una infección de tuberculosis que contrajo en el propio Seminario y que lo alejó definitivamente de la capital ourensana para trasladarse a vivir, a partir de finales del año 1921, a su casa natal junto a su familia, encargándose hasta su muerte de la gestión de la Parroquia de Parderrubias en calidad de Ecónomo.

Los últimos años

A finales del 1921 don Adolfo se establece en su casa natal de Parderrubias, junto a su madre y su hermano David, ya casado desde el 24 de diciembre del 1917 con Aurora Outumuro Sueiro, natural del pueblo de A Igrexa. En la casa también viven sus sobrinos de corta edad Adolfo y José. Después nacería su sobrina Anuncia, a quién tendrá la oportunidad de bautizar él mismo. Estos últimos años transcurren plácidamente entre el cuidado de la Parroquia, la lectura incansable de sus libros y los cortos paseos que su frágil salud le permite dar. Don Adolfo se encarga de la gestión parroquial hasta sus últimos días, siendo significativo el hecho que en el Libro Parroquial, la partida de entierro anterior a la suya esté firmada por él mismo solamente tres meses antes. También es recordado sentado al sol en un banco que había en la plaza delante de su casa.

En otoño de 1923, aprovechando unas prácticas militares del Batallón de Cazadores de Ourense, se celebra una misa campestre en un «souto» de castaños de Parderrubias, situado entre los pueblos de O Outeiro y Barrio. Al finalizar este acto, los hermanos Garrido invitan a los mandos militares y a don Adolfo a una visita a su taller. Tanto la misa como los asistentes a la visita quedan inmortalizados en dos fotos que serán publicadas el 20 de noviembre del 1923 en la revista Vida Gallega, junto con una tercera que muestra una panorámica de Parderrubias.

Misa campestre en un souto de Parderrubias. Fuente: Vida Gallega
Don Adolfo, en la fila del medio, sentado a la derecha. Fuente: Vida Gallega
Vista general de Parderrubias en los años veinte del pasado siglo. Se observa el pueblo de Barrio, la casa de los hermanos Garrido, en A Carretera, y a lo lejos, la iglesia. Fuente: Vida Gallega

En la segunda de las fotos vemos a un don Adolfo muy delgado y con mala cara, indicio claro que la enfermedad le estaba ganando la batalla. Tal es así, que solo cinco meses y medio después de publicarse esa foto, el 8 de mayo de 1924, fallece en su casa de O Outeiro a los 33 años de edad a causa de la tuberculosis. Su esquela fue publicada en diferentes diarios de la época. Fue enterrado en el cementerio parroquial de Parderrubias el 9 de mayo por don Alfonso Losada, siendo testigos de su entierro el sacristán Francisco Seara y Manuel Garrido (O Escultor). En  Soutomandrás, el 22 de febrero de ese mismo año, había fallecido “o tío vello” a la edad de 54 años, poniéndose de esta manera, con solo dos meses de diferencia, el punto y final a dos vidas consagradas a Dios y al prójimo.

Esquela de don Adolfo publicada en el diario La Región. Tanto en la esquela como en la lápida de su sepultura consta que tenía 31 años, cando en realidad tenia 33 años y dos meses.
Lápida de don Adolfo en el cementerio parroquial de Parderrubias

Como último homenaje a don Adolfo le dedico este soneto:

Mente viva que del saber añora,
con mano diestra la pluma esbelta esgrime
que surcando rauda en el lienzo imprime,
la Luz Divina que arde, y enamora.

En su celda siente pasar la hora,
dedicado al estudio que redime,
como bálsamo del dolor que oprime
su corazón, que por Dios se devora.

Si de su pecho el espíritu brota,
si al Señor con su palabra engrandece,
solo es reflejo de su alma devota.

Cuida su rebaño mientras padece
enfermedad, que juventud derrota,
mas su recuerdo vence y permanece.

(Tino Outumuro, 22 de diciembre de 2020).

Agradecimientos

El autor agradece a Juan Carlos Sierra Freire por la información aportada para la elaboración del artículo, sobre todo la relacionada con reseñas en diarios, Libros Parroquiales y del Archivo Municipal. A Xosé Anxo Outumuro le agradezco su ideas y el tiempo dedicado a la revisión del artículo.