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Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Nacer y crecer en tiempos revueltos: 1930-1936

Por Juan Carlos Sierra Freire

La generación de mi padre da sus primeros pasos en el inicio de la década de los treinta del pasado siglo. Fueron años convulsos, de grandes cambios e importantes crisis políticas. Tiempos que acabaron en una Guerra Civil. Le tocó nacer y crecer en tiempos revueltos. A partir, básicamente, de la prensa local de la época, en este artículo se describen acontecimientos ocurridos en la comarca de Parderrubias desde el año 1930 hasta el golpe de estado y posterior inicio de la Guerra en julio de 1936.

El año 1930 terminaba de manera convulsa debido a las posiciones cada vez más enfrentadas entre monárquicos y republicanos. La sublevación en Jaca fue el exponente más claro de movimientos revolucionarios que fueron surgiendo. Durante los meses de noviembre y diciembre de ese año, las huelgas generales fueron habituales en todo el país. Se estima que alrededor de cien mil obreros no tenían trabajo. En Ourense se convoca una huelga general el lunes 15 de diciembre. El comercio echó la persiana y en puntos estratégicos de la capital se situaron parejas de la Benemérita. A las tres y media de la tarde se proclamaba el Estado de Guerra y las tropas de Infantería comenzaron a patrullar las calles. La huelga se mantuvo hasta el jueves, desarrollándose pacíficamente, sin incidentes.

En las Universidades de todo el país, el ambiente era francamente subversivo, lo que obliga al Gobierno a declarar, el 5 de febrero de 1931, un mes de vacaciones extraordinarias. Dimitido el Gobierno en pleno, el 18 de febrero toma posesión un Gobierno de concentración monárquica que convoca elecciones municipales para el 12 de abril. Mientras tanto, la capital ourensana seguía su discurrir cotidiano y el 22 de marzo honraba a San Lázaro. A las ocho de la mañana tenían lugar alboradas y dianas a cargo de la Banda Municipal y de gaitas del país. En torno al mediodía, finalizada la procesión del Santo, se quemaron las acostumbradas madamitas.

Llega la República

El 12 de abril de 1931 se celebran elecciones municipales en España, aunque lo que se votaba en realidad era la continuidad de la Monarquía. Hacía un año que José Manuel Ferreiro regía el Ayuntamiento de A Merca. Las grandes ciudades españolas dan la victoria a los partidos republicanos. Los monárquicos ganan en escasas capitales (entre ellas Ourense) y en el ámbito rural. La consecuencia inmediata de estas elecciones fue el fin del reinado de Alfonso XIII, que se exilia en París la noche del 14 de abril, pues su vida no estaba asegurada en España. La Monarquía había muerto. El titular de La Región del día 15 no dejaba lugar a dudas:

Don Alfonso renunció a todos los derechos de la Corona de España… Quedó virtualmente proclamada la República en España, habiéndose nombrado un Gobierno Provisional, que preside Alcalá Zamora”.

Izado de la bandera republicana en el Ayuntamiento de Madrid. Fuente: Mundo Gráfico, 22 de abril de 1931. Biblioteca Nacional de España

El 14 de abril, el pueblo sale a las calles y se proclama la República. Según informa La Región del día siguiente, en las calles de Ourense, desde las primeras horas de la tarde, se notaba una animación extraordinaria por las noticias que llegaban desde Madrid. En la calle Progreso se organiza una imponente manifestación que se dirige hacia el Ayuntamiento, mientras se vitorea la República de manera incesante. En el balcón del Ayuntamiento ya ondeaban las banderas republicana y gallega. Se descuelga el retrato del Rey, que preside el Salón de Sesiones, y es arrojado a la calle desde una ventana. La Banda de Música Municipal entona la Marsellesa y el Himno Gallego. Desde la Plaza del Ayuntamiento, la manifestación se dirigió hacia el Gobierno Civil, en donde se iza la bandera republicana. El Presidente de la Federación Republicana, Luis Fábrega, dirige unas palabras a los asistentes, destacando que el triunfo alcanzado redundará en la prosperidad y engrandecimiento de España. Se oía música y sonidos de pirotecnia. A las ocho y media de la tarde, el gentío escucha a través de un altavoz colocado en la calle Paz Novoa, el discurso de Niceto Alcalá Zamora, Presidente del Gobierno Provisional. La editorial de La Región hablaba de asombro:

¿Qué republicano, por fervoroso que sea, se atrevería a vaticinar lo que en España ha ocurrido en las últimas cuarenta y ocho horas? Nadie creería realizable lo que hoy España contempla atónita y asombrada”.

El día Primero de de Mayo del primer año de la República se celebra a lo grande en la capital ourensana, pues se había declarado fiesta nacional. A las diez de la mañana se organiza en la Casa del Pueblo una gran manifestación en la que destacan más de cincuenta banderas de Agrupaciones Afiliadas y Sociedades Agrarias. Entre las numerosas bandas de música que amenizaron la marcha se encontraba la de Loiro, dirigida por don Manuel Soto. De los discursos pronunciados en la Alameda destacó el de Albino Núñez, en representación de la Asociación de Maestros de la Casa del Pueblo, centrado en las dificultades de los maestros de los pueblos para llevar a cabo su misión, debido a las necesidades de los hogares campesinos, pues “los niños llegan a la escuela faltos de alimentación y después de rudos trabajos que los agotan para recibir enseñanza, lo que puede llevar a pensar erróneamente que son más torpes que los hijos de familias burguesas”. Mientras esto ocurría en la capital, el alcalde de Celanova, Celestino Nogueira, era destituido fulminantemente por el Gobernador Civil interino, y multado con 250 pesetas, por desobedecer sus órdenes sobre los actos del Primero de Mayo.

En los primeros pasos de la República, la organización de algunos municipios ourensanos no estuvo exenta de polémicas. Así, el Partido Republicano Radical Socialista denuncia ante el Gobernador Civil anomalías en varios de ellos, entre los que estaba el de A Merca, al que se alude en la prensa:

El pueblo expuso cuales candidatos deben ser proclamados por merecer la mayor asistencia de la opinión. Entregaron la lista de candidatos al presidente de la Comisión gestora, quien después hizo proclamar a los que fueron de su agrado, sin tener en cuenta los propuestos por el pueblo. Pide la destitución de la Comisión, entregada hoy al viejo cacique” (La Región, 28 de mayo de 1931).

En las primeras elecciones a diputados de la República, celebradas el 28 de junio de 1931, los candidatos más votados en A Merca fueron José Calvo Sotelo (828 votos), Luis Fábrega Coello (407 votos) y Basilio Álvarez Rodríguez (405). Por la circunscripción provincial de Ourense obtuvieron Acta de Diputado tres republicanos radicales (Luis Fábrega Coello, Basilio Álvarez Rodríguez y Justo Villanueva Gómez), dos radicales socialistas (Alfonso Pazos Cid y Manuel García Becerra), un nacionalista (Ramón Otero Pedrayo), un independiente (José Calvo Sotelo), un socialista (Alfonso Quintana y Pena) y uno de Acción Republicana (Manuel Martínez Risco). En las segundas elecciones, que tuvieron lugar el domingo 19 de noviembre de 1933, votaban por primera vez las mujeres. Nuestras abuelas fueron pioneras del voto femenino en España. Tenían obligación de votar hombres y mujeres mayores de 23 años, pudiendo hacerlo desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Los resultados dieron la victoria a las derechas. Los nueve diputados por Orense ordenados por número de votos fueron José Sabucedo Morales, José Calvo Sotelo, Basilio Álvarez Rodríguez, Justo Villanueva Gómez, Antonio Taboada Tundidor, Luis Fábrega Santamarina, Fernando Ramos Carriño, Andrés Amado Villavardel y Carlos Taboada Tundidor; perdía su acta de diputado Ramón Otero Pedrayo.

La situación a finales de ese año 1933 era preocupante, al menos a la luz de un Bando del Alcalde de Ourense publicado el 25 de noviembre, por el que hasta el 15 de diciembre todos los propietarios de cabezas de ganado caballar, mular, asnal y bovino, así como los de carruajes de tracción animal y de automóviles, motocicletas y bicicletas, deberían inscribirlos en la Secretaría Municipal por la “necesidad imperiosa de precaverse para la defensa nacional”. El 9 de diciembre se declaraba el estado de alarma en todo el país como consecuencia de un movimiento anarco-sindicalista.

La situación más crítica llegó en octubre de 1934 con la huelga revolucionaria que presentó tintes bélicos en Asturias, León y Cataluña. Tuvo que intervenir el Ejército y los muertos se contaron por centenares. Entre los militares enviados a tierras leonesas se encontraba Ceano, Jefe del Batallón que guarnecía la plaza de Ourense. Su intervención en la cuenca de Villablino evitó que los revolucionarios llegasen hasta Monforte. Algunos de los responsables de la revuelta, tanto militares como civiles, fueron fusilados, pues estaba vigente la pena capital. La tragedia fue de tal calibre, que el Obispo de la Diócesis de Ourense presidió el 19 de noviembre un funeral por todas las víctimas en la Catedral, acontecimiento calificado por la esquela publicada en La Región como un “piadoso y patriótico acto”. El 3 de diciembre se celebraban en el Santuario de As Maravillas solemnes funerales en sufragio de las víctimas de octubre, en los que participaron la mayoría de párrocos del Arciprestazgo de A Merca: Merca, Parderrubias (don Alfonso Losada), Faramontaos, Pereira, Sabucedo, Seixadas, Santabaia y Espinoso. Al acto asistieron fieles de las diferentes Parroquias que circundan al Santuario. Durante la homilía, el cura de Sabucedo de Montes se refería a las víctimas como “inocentes, ya que unas sin intervenir en nada, acreditadas por su honradez, fueron ametralladas, y otras locamente arrastradas por la ignorancia y apasionamiento, perecieron en la contienda”.

Fuente: Mundo Gráfico, 31 de octubre de 1934. Biblioteca Nacional de España

El orden público

Uno de los mayores problemas que tuvo que afrontar la Republica fue el orden público, coincidiendo con uno de los períodos más violentos de la historia moderna de España. González-Calleja (2011) identifica entre el 14 de abril de 1931 y el 17 de julio de 1936 más de 650 altercados mortales en todo el país, destacando que, entre el 16 de febrero y el 17 de julio de 1936, el promedio de muertes diarias fue de 2,2. La mitad de ellas eran fruto de atentados o represalias políticas y de enfrentamientos espontáneos entre grupos políticos. Durante ese período, de febrero a julio, en Ourense se produjeron siete víctimas mortales (cinco de ellas en la capital), siendo obra de pequeñas bandas de pistoleros (González-Calleja, 2011).

“Huelgas” y “crisis de gobierno” son palabras habituales en la prensa diaria de la época de la República; a ellas podríamos añadir las de “complot”, “bombas” y “pistoleros”. Las crisis (cambios) de gobierno son difíciles de contabilizar, pues algunos gobiernos duraban semanas. Las huelgas generales inundaron todo el país. En Ourense, a finales de marzo de 1932, coincidiendo con la Semana Santa, se vivió una huelga general, la de mayor duración hasta esa fecha, y durante seis días ni se publicó el diario La Región. La razón por la que obreros, comercio y organismos pararon era la defensa del ferrocarril Zamora-Orense-Coruña, cuyas obras estaban amenazadas de paralización. En respuesta, las Sociedades Obreras de la Casa del Pueblo declaran el domingo 20 de marzo huelga indefinida, que se inicia el lunes a las ocho de la mañana. La capital y las principales villas pararon, y se impidió la introducción de artículos de consumo en la capital, lo que llegó a provocar incidentes como el ocurrido en O Posío, cuando varios individuos intentan introducir pollos para la venta. El martes hubo cargas de la Guardia Civil a las puertas del Gobierno Civil y en el puente de A Burga, que acaban derivando en un tiroteo entre huelguistas y la Fuerza Pública. La desgracia se produce cuando el joven Jenaro Ortiz Neira cae abatido en la Plaza del Trigo, a consecuencia de una bala rebotada, falleciendo a los dos días. El Jueves Santo dimiten, entre otras, las corporaciones de los Ayuntamientos de San Cibrao das Viñas y Barbadás, y llegan desde Madrid 150 Guardias Civiles. El Viernes Santo asisten al entierro de Jenaro más de seis mil personas y el sábado se localizan en el Jardín del Posío siete bombas. Tal vez uno de los hechos más surrealistas relacionado con la huelga general de Ourense, en defensa del ferrocarril, fuese la detención de los jugadores del Betis el Viernes Santo, al ser confundidos en A Gudiña con sindicalistas. Por razones obvias, la Semana Santa ourensana de 1932 no revistió brillantez alguna, al no tener lugar ningún desfile procesional.

El 8 de agosto de 1934, el Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, visitaba Ourense. A la llegada del tren presidencial a la estación, la Banda Militar y la de Alongos interpretaban el himno nacional. Desde allí, la comitiva se dirigió al Parque de San Lázaro en donde le esperaba un enorme gentío. El Presidente lo hacía en coche descapotable junto al Alcalde de la ciudad. A continuación visitó la catedral y metió su mano en las calientes aguas de As Burgas. Desde aquí, aclamado por el público, regresó a la estación para seguir su viaje hasta Vigo. Antes de partir donó mil pesetas al Ayuntamiento y otras mil a la Diputación.

El año 1935 terminaba trágicamente en Ourense, pues el 26 de diciembre, como consecuencia del temporal reinante, una casa en construcción en Ervedelo se derrumba sobre veinte obreros, falleciendo nueve de ellos e hiriendo gravemente a otros siete. Al día siguiente cerró todo el comercio capitalino en señal de duelo. El propietario de la obra y el contratista ingresan en la cárcel por no tener las licencias en regla. Diciembre de 1935 y enero de 1936 fueron meses de campaña electoral y mítines políticos. El día de Reyes, Gil-Robles llenaba los teatros Principal y Losada, en donde hizo la primera y segunda parte del discurso, respectivamente. Era la primera vez que hablaba en Orense y muchos seguidores se quedaron en la calle sin poder escucharle. Al día siguiente se convocaban elecciones para el 16 de febrero y se disolvían las Cortes. El diario La Región hablaba de la necesidad de no solo triunfar, sino de vencer a la revolución. El 5 de febrero le tocaba el turno a Calvo Sotelo, que también llenó ambos teatros. En los pueblos de nuestra comarca, días antes habían aparecido carteles de Acción Popular de Gil Robles.

En Ourense, los resultados electorales otorgaron la victoria a las derechas, que obtuvieron 91.768 votos, por 81.664 los partidos centristas, 63.126 el Partido Radical y 48.200 el Frente Popular, siendo la única provincia gallega en la que triunfaron. Las nuevas actas de diputados se repartieron de la siguiente manera: tres representantes del Bloque Nacional/Renovación Española (José Calvo Sotelo, José Sabucedo Morales y Andrés Amado R. de Villaberdet), tres de la CEDA (Laureano Peláez Canellas, Luis Espada Guntín y Ramón Villarino de Sáa), dos centristas (Antonio Taboada Tundidor y Fernando Ramos Cerviño, el acta de este último será anulada en mayo) y uno del Partido Radical (Justo Villanueva Gómez, que pierde el acta en mayo). El Frente Popular, que no había obtenido acta alguna en un primer momento, consigue en mayo las dos anuladas a los otros partidos: un escaño para Izquierda Republicana (Manuel Martínez Risco) y otro para Unión Republicana (Alfonso Pazos Cid). Para las derechas ourensanas serían unos resultados frustrantes, pues el Frente Popular había ganado las elecciones y el 19 de febrero Manuel Azaña configuraba un nuevo Gobierno, iniciándose de este modo una nueva etapa republicana.

En junio de 1936 encontramos en los diarios locales noticias de agresiones por razones políticas, en las que el uso de armas no era algo extraordinario. A pesar de ello, los ourensanos trataban de olvidarse durante unos días de las problemáticas sociopolíticas celebrando los tradicionales festejos del Corpus. Las verbenas en los paseos de la Alameda y en los jardines de Concepción Arenal, así como el mano a mano entre los matadores Joselito Sánchez Mejías y Juan Belmonte, en la recién estrenada plaza de toros del Couto, eran buenos pretextos para ello. Sin embargo, el domingo 7 de junio, día en el que comenzaban las fiestas, un tiroteo que acaba con muertes deriva en un paro general de cuatro días, con un resultado final de tres fallecidos y varios heridos. La semana grande de Ourense se convertiría en una semana de odio y sangre. En las primeras horas de la tarde de ese domingo soleado, un enfrentamiento entre jóvenes de distintas ideologías, en el Café La Bilbaína, acababa con el asesinato de dos jóvenes del Frente Popular, resultando heridos otros dos, mientras que la ciudad caía presa del terror: gritos, carreras, cargas y disparos. A las siete de la tarde era tiroteado un joven de Acción Popular. El lunes, la ciudad estuvo completamente paralizada y una camioneta que regresaba a Maside, con obreros que habían asistido al entierro de los jóvenes de izquierdas, es acribillada ya de noche en Listanco, falleciendo uno de los ocupantes. Serían detenidos por dichos hechos varios nacional-sindicalistas. La ciudad se ve desabastecida en esos días, y los controles y chequeos se generalizan. Se producen incendios en algunas iglesias (Velle, Santa Cruz da Rabeda y Moreiras) y estallidos de bombas. El jueves, día de Corpus -presumiblemente uno de los más tristes que vivió la ciudad-, la procesión tiene lugar en las naves de la Catedral. La corrida de toros programada para ese día se había suspendido. Para una descripción más detallada de los hechos ocurridos en esa semana de Corpus consúltese Semana Trágica (junio del 36), Crónica Negra de Rafael Salgado (2019).

A la anarquía y caos en la que se veía envuelta parte de la provincia ourensana se unía el crimen en la Casa Rectoral de Parderrubias en la madrugada del 13 de junio. El editorial de La Región del 14 de junio era descarnado:

Ya no respetan nada, ya nada dejan en pie los nuevos bárbaros, toda esta desdichada gente envenenada de las aldeas, ya nada les impone ni coarta, y con el saqueo, con el incendio y con el asesinato están arrasándolo todo. Iglesias, ermitas, casas rectorales, domicilios de gente de orden, hasta Casas Municipales son asaltadas y se les prende fuego o se las saquea y destruye bárbaramente por la cafrería suelta que por ahí anda con todo desembarazo y sin freno alguno” (La Región, 14 de junio de 1936).

En O Barco de Valdeorras había resultado muerto un afiliado a Falange Española, el párroco de Punxín, después de estar detenido en la cárcel de Carballino era confinado a un pueblo de Valladolid para que no continuase con sus actividades subversivas; en una fiesta en Bande se agreden varios individuos de distinta ideología política, etc. El 16 de julio desde el Gobierno Civil se recordaba que la provincia estaba bajo el estado de alarma. El 18 de julio daba inicio una de las etapas más infames de la historia de España.

El anticlericalismo

Uno de los focos de tensión durante la República fue la cuestión religiosa: la educación laica, la supresión de pagos a curas por parte del Gobierno, etc. Hechos como la eliminación de los Crucifijos de las escuelas públicas no fueron bien aceptados por ciertos sectores de la población. Pronto comenzaron campañas y actos reivindicativos a favor del Crucifijo en escuelas rurales ourensanas. Un ejemplo lo encontramos, en febrero de 1932, en Sobrado do Bispo, en donde la indignación del pueblo al saber que el maestro había retirado el Crucifijo acabó con una sonora protesta iniciada por las mujeres del pueblo. Tocaron a rebato las campanas, organizaron una manifestación y allá se fueron a la escuela a decirle al bueno del maestro, que no iban a consentir que la Cruz desapareciese de la escuela. “¡¡Preferimos la ignorancia de nuestros hijos a que les falte la religión!!” gritaban las madres. Echaron mano del Crucifijo que había sido retirado de la pared y en procesión lo llevaron por las calles del pueblo, entre cánticos e himnos, resonando vivas al Redentor del mundo. Al pasar por la iglesia parroquial, pidieron al Párroco que les abriese las puertas del templo. Colocaron la Cruz sobre el Altar Mayor y rezaron una penitencia. A continuación se dirigieron nuevamente a la escuela y colocaron el Crucifijo en donde siempre estuvo, reiterando al maestro la decisión de retirar a sus hijos de la escuela antes de mandarlos a una que no estuviese presidida por la Cruz. En mayo de 1936 se clausuraron varios colegios religiosos en la capital ourensana, en concreto, las Carmelitas, Adoratrices, Siervas de San José y Salesianos.

Frente a la corriente anticlerical que caracterizó a determinados sectores republicanos, se sucedieron actos de afirmación católica como el que tuvo lugar el domingo 29 de enero de 1933 en el teatro Curros Enríquez de Celanova o el mitin del domingo 17 de septiembre de ese mismo año organizado por Juventud Católica en Espinoso, en donde mil quinientas personas, entre las que figuraban campesinos, industriales, curas y maestros, son testigos simultáneamente de la defensa de la autonomía gallega y de la coalición de las derechas, representada en Ourense por Calvo Sotelo. En las elecciones a Cortes del 19 de noviembre de 1933, la situación era de tal crispación, que el diario La Región, caracterizado por una línea editorial claramente católica, invitaba al voto con el siguiente mensaje:

¡¡No olvidaremos!! La quema de conventos, la expulsión del Cardenal Segura, la profanación de imágenes, la disolución de la Compañía de Jesús, la secularización de cementerios, la escuela laica, la Ley de congregaciones y confesiones, la Ley del divorcio. Los electores católicos no olvidaremos la persecución de la Iglesia realizada o consentida por todos los partidos de izquierda” (La Región, 4 de noviembre de 1933).

Los asaltos a lugares sagrados y profanaciones, aun no siendo sucesos tan habituales como en otros lugares del territorio nacional, sí ocurrieron en nuestra comarca. Así, en la madrugada del 22 de enero de 1935, un grupo de individuos sacaron a un prado las imágenes de la capilla de As Lamas, en A Valenzá, y las mutilaron. Días después sería detenido por dichos hechos un vecino de A Valenzá. Al anochecer del día de Navidad de 1935 se produce un incendio en la Casa Rectoral de As Maravillas, que según el diario La Región había sido provocado. Los vecinos consiguieron sofocarlo, pero aun así la mitad de la casa quedó destruida. Además se quemaron maderas y muebles que el industrial de A Manchica, Tomás Atrio, guardaba en los bajos, cuyo valor se estimó en 200 pesetas. En la madrugada del Viernes Santo de 1936, el 10 de abril, fue incendiada la iglesia parroquial de Barbadás, quedando en pie únicamente las paredes. Los autores del hecho habían abierto el templo y sacado al exterior los reclinatorios antes de prenderle fuego, al tiempo que de una caseta que había al lado robaron la cera almacenada y la lanzaron a las llamas. La crónica de La Región señalaba que…

“… la gente estaba allí consternada y estremecida de santa ira. Nunca se creyera allí que nadie llegara a tanto. Los hombres andaban de un lado al otro con la cabeza baja por la pesadumbre y la vergüenza. Las mujeres no reprimían lágrimas amarguísimas”.

El domingo 5 de julio, estando cerca la celebración del día de San Benito, hubo un intento de incendio de la capilla de Cova de Lobo. A pesar de ello, el día 11 de julio la jornada transcurrió con normalidad bajo los acordes de la Banda de Música de Sobrado do Bispo.

El 3 de mayo de 1936, el cura de Barbadás, que iba camino de la capital, fue detenido y cacheado en A Valenzá por un grupo de hombres y mujeres, bajo el pretexto de que llevaba un arma. Al ver que era falso, lo dejaron marchar bajo la amenaza de lincharle si volvía a aparecer por el lugar. Ese mismo domingo se impedía a un grupo de catequistas y a un cura su labor eclesiástica en A Granxa. Pocos días después, por orden del alcalde de A Merca, eran detenidos y conducidos a la cárcel de Celanova los Párrocos de Corvillón y A Mezquita, y el Secretario del Ayuntamiento, por alteración del orden público, siendo puestos en libertad al día siguiente por el Gobernador Civil al no encontrar causa alguna para su detención. Se vivía una campaña encaminada a que unos pocos sembrasen el pánico y la alarma en determinados sectores sociales.

La Semana Santa de 1936 se caracterizó por la limitación de la efusividad en las manifestaciones religiosas públicas. Así, en Celanova, la procesión del Santo Entierro se celebró en los claustros del Convento sin salir a las calles de la villa. Lo mismo ocurría en la Catedral de Ourense.

La vida en nuestra comarca

En el año 1930, Parderrubias contaba con 501 habitantes. Su artería de comunicación principal era la carretera de Ourense a Portugal que cruza el pueblo. A principios de 1934, únicamente estaba asfaltado el primer kilómetro a la salida de la capital; el firme del resto del trayecto, caracterizado por su estrechez, era un apisonado de morrillo y arena. Aparte de Os Escultores, algún otro vecino ya poseía vehículo mecánico. Así, consta que la camioneta con matrícula OR-1357 de Adolfo Garrido fue denunciada por infringir el reglamento de Circulación en diciembre de 1934.

Muchas tradiciones que se conservan en la actualidad eran noticia en la prensa local de los años treinta, especialmente las romerías y fiestas patronales. Así, en julio de 1930 se celebraba la festividad de San Benito de Cova de Lobo:

Desde el amanecer habrá continuamente misas hasta las diez y media. A esta hora saldrá la procesión, después de la cual se celebrará la misa solemne que es aplicada por los bienhechores que contribuyeron con sus limosnas a las obras y mejoras que a honra del poderoso Santo se están ejecutando. La renombrada música de Sobrado del Obispo es la encargada de amenizar esta fiesta, que resultará muy animada y solemne” (La Región, 8 de julio de 1930).

En Allariz, en esas mismas fechas, tenían lugar los festejos en honor a San Benito, que eran inaugurados por la Banda de Música de A Mezquita y anunciados por una salva de bombas. A las diez de la mañana del día 13 tenía lugar la solemne procesión del Glorioso San Benito, en la que figuraban los tradicionales gremios de palillos, entrenzado y danzantes, así como la comparsa de gigantes. En la villa alaricana también era muy concurrida la festividad del Corpus, destacando además de la procesión del Santísimo, junto a la Virgen de Villanueva y San Benito, el tradicional acto de correr el buey a primera hora del jueves:

Al principio no vimos más que mujeres desgreñadas y a medio vestir, chiquillos descalzos y muchos hombres, jóvenes casi todos, en mangas de camisa, y todos con cara de no haberse lavado que gritaban a todo pulmón, dirigiendo la mirada torva y recelosa a un punto determinado, corrían, se paraban y volvían a correr, como mar agitado por fuerte viento. Era el buey que pasaba, y que a pesar de ir atado por una larga soga, en un instante había puesto toda la villa en movimiento” (La Región, 3 de junio de 1934).

En 1931, estando ya vigente la República, Parderrubias celebraba los días 3 y 4 de junio sus fiestas de Corpus, amenizadas por la Unión Musical Santa Cecilia de A Manchica. Ese año, la novena en honor a la Virgen de los Milagros se celebraba con todo esplendor, con misas diarias a cada hora desde de las seis de la mañana hasta las doce del mediodía. El día ocho, día grande, la misa de ocho se oficiaba desde la tribuna de la fachada y a las diez tenía lugar la magna procesión por los alrededores del Santuario. El 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, la Banda de Música de A Manchica, brillantemente dirigida por Aurelio Nieto, amenizó los festejos en su honor. Días atrás, la Corporación Municipal le había otorgado el título de Banda Municipal de La Merca. Además, se llevó a cabo la bendición de una hermosa imagen de la Santa, obra de los Hermanos Garrido. La Banda de Música de A Manchica era un referente entre las bandas de la comarca, gozando de gran popularidad. Prueba de ello era la relación de contratos firmados para amenizar festejos. Solo en el mes de mayo de 1932 amenizó varias fiestas patronales: San Antonio en Villar de Vacas, Santo Cristo en Santa Cruz de la Rabeda y en Ramirás, Ascensión del Señor en Espinoso, San Isidro en Bóbeda (Vilar de Barrio), As Maravillas, Milagrosa en Penusiños, Concepción en Esgos y la procesión de Corpus de la capital ourensana. Esta banda no era la única de la comarca que paseaba su prestigio por muchos de los pueblos cercanos. La Banda de Música de Soutopenedo ganaba el Certamen de Bandas del año 1933 celebrado en Santiago de Compostela; virtuosamente dirigida por Adolfo Valotes, era una de las mejores bandas de la provincia.

Banda de Música de A Manchica. Fotografía de Manuel Garrido

En el mes de mayo de 1932 se celebraba con todo su esplendor la festividad a la Virgen de As Maravillas. El domingo día 15 tenía lugar el traslado de la imagen desde la parroquial al Santuario. Se trataba de una de las romerías más multitudinarias de la comarca. En los días de fiesta, el poético paraje en el que se ubica el Santuario se llenaba de tabernas, cafés, dulcerías y, como no, con las tradicionales pulpeiras. La Banda de Música de A Mezquita fue la encargada de amenizar los festejos. En ese mismo mes, Solveira honraba a San Miguel bajo los sones de la Banda de Música de A Manchica. El 26 de junio de 1932, promovida por los Hermanos Garrido, Parderrubias celebraba con gran efusividad la festividad de la Virgen de Lourdes. Por la mañana, la Banda Santa Cecilia de A Manchica recorría las calles tocando alegres dianas y pasodobles. A las doce se celebraba en el oratorio en el que se veneraba a la milagrosa Virgen una misa solemne a toda orquesta, a la que asistieron innumerables fieles. Ya por la tarde, en A Manchica, la citada Banda ejecutaba un soberbio concierto. El 7 de agosto, Trelle celebraba sus tradicionales fiestas en honor a la Reina de los Ángeles, amenizadas por la Banda de Música de Moreiras. A la sombra de frondosos castaños que allí había se degustaban las clásicas empanadas.

En la madrugada del 17 de marzo de 1933 un ciclón derribaba la espadaña de la iglesia parroquial de Faramontaos, cayendo sobre la nave, quedando toda la iglesia, salvo el altar mayor, completamente destruida. Desde las páginas del diario La Región se invocaba a personas caritativas a que hiciesen donativos para su reconstrucción. El 27 de enero de 1934 aparecía, en el monte de A Bacariza, el cadáver de José Benito Conde Fidalgo, vecino de Armariz (Xunqueira de Ambía), que padecía ataques epilépticos y llevaba ausente del domicilio de su madre viuda desde el día 17. El 8 de diciembre de 1934 tenía lugar en A Merca un entierro, que a decir de las gentes del lugar, ningún otro había reunido a tantas personas. Se trataba de los funerales por doña Dosinda Rodríguez Feijóo, esposa del alcalde don Ramón Rodríguez Rodríguez. Una rápida y traidora enfermedad se la había llevado de este mundo. Los actos fúnebres fueron celebrados por dieciséis sacerdotes. Su suegro, era el Fiscal Municipal, y su hijo Cesáreo Rodríguez era maestro nacional. La desgracia hizo que Cesáreo falleciese tan solo dos meses después víctima de una rápida dolencia.

Un acto religioso con gran arraigo en los pueblos de la comarca era la Novena de las Ánimas. Así, el templo parroquial de San Miguel de Soutopenedo se llenaba de fieles por las noches y por las mañanas. En el año 1933, el párroco don Ramón María Blanco, con su acostumbrada elocuencia y contundencia, hablaba de la existencia del alma humana y del purgatorio. Según las crónicas de la época, el último día de la Novena recibieron la Comunión un millar de personas. El cura don Ramón era activo en el arraigo de las tradiciones religiosas, y así en el mes de mayo celebraba la Fiesta de las Flores. El 27 de mayo de 1934, a las siete de la mañana, se celebraba la misa parroquial, y a las once y media comenzaba la misa solemne cantada a toda orquesta por la Banda de Soutopenedo. A las cinco de la tarde se leyó el Ejercicio del mes de María ante una multitud que llenaba el templo y acto seguido salió la procesión acompañando a la Virgen.

En el año 1934, el 30 (miércoles) y 31 de mayo (jueves), Parderrubias celebraba sus tradicionales fiestas de Corpus, amenizadas por la Banda de Música de A Manchica. En 1935, se volvieron a celebrar con todo esplendor y solemnidad, señalando La Región que “tanto los actos religiosos como los profanos estuvieron animadísimos”. El domingo 17 de junio de 1934, Loiro honraba a San Antonio. Por la mañana recorrió las calles del pueblo la Banda de Música de Soutopenedo, que venía de participar en el Certamen de Bandas que había tenido lugar en la capital ourensana durante las fiestas del Corpus. A las once se celebró la misa concelebrada por el párroco titular, don José Docampo, y los curas de Moreiras y Parderrubias; antes de la celebración eucarística había tenido lugar la procesión. Ya por la tarde, hubo baile amenizado por dicha Banda. Los días 7 y 8 de julio, As Pías celebraba las fiestas de Santa Isabel. A finales del mes de agosto, San Vitoiro de Allariz honraba a su patrón; los festejos de 1935 fueron amenizados por las bandas de música de Santa Leocadia (Taboadela) y A Mezquita. El 27 de agosto, día grande, a las doce del mediodía tenía lugar la misa solemne a toda orquesta y, por la tarde, se concedían importantes premios a las mejores parejas de muiñeiras, continuando con verbena hasta la madrugada.

En A Merca, en el mes de mayo se celebraban los festejos en honor al Espíritu Santo, que en 1935 fueron amenizados por las renombradas bandas de música de A Mezquita y Loiro. Los días 26 de cada mes tenía lugar su tradicional feria. Por los diferentes caminos de acceso llegaban los campesinos y ganaderos con sus ganados, los vendedores de quincalla, de dulces, los panaderos, etc. Los ganaderos solían llegar en mulas o en coches.

El 21 de enero de 1935, a las diez de la mañana, tenían lugar en la parroquial de Parderrubias los magnos funerales por el cura Benito Iglesias González, natural de Solveira, a los que asistieron más de cuarenta sacerdotes. Había sido ordenado en Cuba, en donde favoreció a muchos de sus compatriotas. A su regreso a España, ejerció de párroco en Taboadela, Reza y Villarino de Melias, hasta que una enfermedad le obligó al retiro a su pueblo natal.

En septiembre de 1935 en el municipio de A Merca se recaudaron 202,50 pesetas para el homenaje a la Guardia Civil que tendría lugar el domingo 27 de octubre en la Comandancia de Ourense. Entre los donantes constaban varios nombres relacionados con Parderrubias: los industriales José Garrido y Hermanos, con 25 pesetas; obreros de esta misma casa, 10; Sindicato Agrícola de Parderrubias, 5; el industrial Adolfo Garrido Fernández, 5; el industrial Nicanor Lorenzo, 2; y el maestro de Parderrubias, 5. El Ayuntamiento había donado 75 pesetas, su Alcalde, don Ramón Rodríguez Rodríguez, 1; el Secretario, don Julio Outeiriño, 2; el médico, don José Covelas, 5; y don Castor Gayo, Párroco de Pereira, 2, entre otros muchos.

En mayo de 1935, se producía en A Merca una tumultuosa manifestación promovida por sectores izquierdistas en la que se protestaba por el hecho de que vecinos de Vilaboa, Merouzo y A Merca solicitasen la legitimización de parcelas que venían disfrutando de manera arbitraria en el monte comunal de A Paradela. Estas solicitudes estaban amparadas por el Decreto del Ministerio de Agricultura de fecha 30 de enero de 1935. Los instigadores de la protesta hicieron creer que ese hecho significaba la usurpación del monte con la complicidad del Alcalde. El sábado 25 de mayo se dirigieron hacia el Ayuntamiento, dando gritos subversivos y amenazas al edil y a los solicitantes de dichos terrenos, que lo único que querían era ponerse dentro de la Ley. Dado que no estaba el regidor municipal ese día, se dirigieron al día siguiente domingo a su casa, así como a la de los solicitantes, coaccionándoles mediante amenazas para que retirasen las solicitudes, dado que según ellos “no había más autoridad que la del pueblo y que, por tanto, ellos debían hacer lo que la mayoría acordase, y si no, ardería Troya”. Los incidentes continuaron el sábado 8 de junio coincidiendo con la presencia de un perito que fue a medir para un aparcelamiento destinado a un vecino de A Merca en el monte Rivela. La mitad del pueblo de A Merca se amotinó al toque de las campanas parroquiales lanzadas al vuelo por varios vecinos, exigiendo explicaciones al perito, quien contestó diciendo que cumplía órdenes del Gobernador Civil y del Alcalde. El episodio acabó a palos y pedradas en la carretera entre bandos. Los agitadores solo entraron en razón cuando se presentaron en el lugar el farmacéutico don Aristides Quintairos y el maestro nacional don Sergio Fortes. A dicha pacificación también contribuyó, sin lugar a duda, la llegada de la Guardia Civil de Rairiz de Veiga y de Celanova. El día 19 tuvo que acudir el Gobernador Civil a la localidad para imponer equidad y justicia.

El 16 de febrero de 1936 se celebraban elecciones de diputados a Cortes y nadie se imaginaba que serían los últimos comicios democráticos en varias décadas. En A Merca fue un día lluvioso y reinó durante toda la jornada electoral una absoluta tranquilidad, siendo los candidatos más votados José Sabucedo Morales (1.771 votos, Bloque Nacional), Andrés Amado R. de Villaberdet (1.757 votos, Bloque Nacional), Laureano Peláez Canellas (1.680 votos, CEDA), Ramón Villarino de Sáa (1.615 votos, CEDA), José Calvo Sotelo (1.475 votos, Bloque Nacional), Antonio Taboada Tundidor (1.353 votos, Partido Agrario Español) y Luis Espada Guntín (1.281 votos, CEDA). Todos ellos consiguieron acta de diputado. Obtuvieron menos de mil votos los siguientes candidatos: Fernando Ramos Cerviño (928 votos, candidato centrista que había abandonado el Partido Radical), Ramón Delage Santos (848 votos, Comunión Tradicionalista), Benito Luis Lorenzo (487 votos, candidato centrista), Luis Fábregas Santamarina (375 votos, candidato centrista), Manuel Suárez Castro (298 votos, Partido Socialista Obrero Español; llegó a ser Alcalde de la ciudad de Ourense durante el periodo del Frente Popular, siendo fusilado por los sublevados, en el Campo de Aragón, el 27 de julio de 1937), Ramón Varela Fernández (282 votos, Partido Agrario Español), Felisindo Menor Quintas (190 votos, Partido Republicano Radical), Bernardo Castro Fernández (171 votos, candidatura centrista), Alfonso Pazos Cid (166 votos, elegido diputado por Unión Republicana, integrada en el Frente Popular), Justo Villanueva Gómez (143 votos, Partido Republicano Radical), Benigno Álvarez González (75 votos, Partido Comunista de España; veterinario nacido en Maceda, fundador de la organización provincial del Partido Comunista en Ourense y asesinado en marzo de 1937 por el bando Nacional), Manuel Martínez Risco (65 votos, elegido diputado por Izquierda Republicana), Ramón Fuentes Canal (50 votos, Partido Socialista Obrero Español; Presidente de las Juventudes Socialistas de Ourense en 1932, fusilado en el Campo de Aragón el 9 de diciembre de 1936 con 28 años de edad), Manuel García Becerra (50 votos, Izquierda Republicana), Alexandre Bóveda Iglesias (49 votos, candidatura gallegista del Frente Popular; fusilado por el bando Nacional el 17 de agosto de 1936 en Poio), Basilio Álvarez Rodríguez (34 votos, candidato centrista que había dejado el Partido Republicano Radical), Leandro Garnedo Fernández (3 votos, Partido Republicano Radical) y Luis Usera Bugallal (2 votos, Partido Republicano Radical). En el municipio de Celanova, las derechas obtuvieron 1.500 votos, por 700 las candidaturas centristas y 400 las izquierdas. Las crónicas señalaron que las derechas habían perdido muchos votos por estar lloviendo incesantemente. Estos resultados ponían de manifiesto el posicionamiento ideológico de nuestra comarca.

Elecciones de febrero de 1936. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de febrero de 1936. Biblioteca Nacional de España

Ajenos al cambio que suponía el Gobierno del Frente Popular a nivel nacional, los vecinos de Parderrubias estaban inmersos en sus labores y tradiciones religiosas. Entre estas últimas, destacamos la celebración de una Santa Misión que tuvo lugar unos días después de las elecciones ganadas por el Frente Popular. Las Santas Misiones eran unas jornadas religiosas, o especie de ejercicios espirituales de varios días, dirigidas por Padres Franciscanos o Dominicos para redimir a los parroquianos. Misas, sermones, confesiones, actos de confraternización entre vecinos y visitas a enfermos constituían el grueso del programa. Así, a principios de marzo, organizada por el Párroco don Alfonso Losada, se celebró en la iglesia parroquial una solemne Misión a cargo de los Padres Franciscanos Puenteareas y Lago, de Ourense, quienes con su locuaz verbo cautivaron a los numerosos fieles que mañana y tarde concurrieron a escuchar sus sermones y liturgias. Durante días, estos Padres Franciscanos se hospedaron en la Rectoral. Los dos últimos días de la Misión se acercaron a comulgar más de un millar de fieles, lo que da una idea de la enorme afluencia de devotos, no solo de la propia Parroquia, sino de parroquias limítrofes. A la entrada de la iglesia se había ubicado un pequeño punto de venta de libros y objetos religiosos.

El jueves 11 de junio de 1936, Parderrubias celebraba su día grande de Corpus con una solemne procesión presidida por el cura don Alfonso Losada. Nada hacía prever, ni nadie podía presagiar, que tan solo dos días después, en la madrugada del sábado al domingo, nuestro Párroco sería acribillado a balazos por Pepe das Hortas en la Casa Rectoral. Mi padre, a escasos meses de cumplir cuatro años de edad, se sobresaltaba en la casa de al lado, pared con pared con la Rectoral. Mi abuela le tranquilizaba atemorizada, pidiendo silencio a todos, pues tenía la certeza de que lo que se había oído en la oscuridad de aquella noche eran disparos mal intencionados. Fue el suceso más impactante en la década de los años treinta en Parderrubias, y del que hemos dado cuenta en otro artículo de este Blog. Cinco semanas después, la sinrazón se imponía en el país, cerrándose el período histórico objeto de este artículo.

Procesión de Corpus Christi en Parderrubias. Fotografía de Manuel Garrido

Referencias

González-Calleja, E. (2011). La necro-lógica de la violencia socio-política en la primavera de 1936. Melanges de la Casa Velázquez, 41, 37-60.


“Deberíamos tratar de ser los padres de nuestro futuro en lugar de los descendientes de nuestro pasado”.

Miguel de Unamuno
Un poema para una Feria

Un poema para una Feria

Por Tino Outumuro

Nota. Este artículo aparece primero en su versión original en gallego y a continuación en castellano.

Fai unhas semanas atopeime por casualidade cun poema titulado “N-a Feira” que describe dunha forma moi particular a antiga Feira que había na Merca os días 26 de cada mes, mencionando de pasada a Parderrubias. Movido pola curiosidade decidín coñecer un pouco da vida e da obra do seu autor, resultando que foi un avogado, periodista e poeta ourensán, contemporáneo de Curros e de Pondal, que no seu momento contaba con certo prestixio entre os poetas máis destacados da nosa lingua, se ben, para min érame totalmente descoñecido. É un deses escritores, que ó igual que a súa obra, foi cuberto polo manto do tempo relegando ao esquecemento das xeracións presentes, ou polo menos ao da maioría. De igual xeito lle está a pasar ao recordo da xa desaparecida Feira da Merca, que despois de tres séculos de actividade hoxe está practicamente esquecida polas novas xeracións, só mitigada esta circunstancia polo feito de que a súa antiga localización sexa hoxe un dos conxuntos de canastros máis importantes de Europa. Foi por isto polo que decidín escribir este artigo, para rescatar do esquecemento, aínda que sexa só por uns intres, este poema tan singular que creo merece un sitio de privilexio a carón da nosa antiga Feira. E de ser posible isto, creo que tanto a Feira como o poema, en mutua unión, perdurarían por máis tempo no recordo da xente.

Feira de Allariz. Fonte: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

O poeta

O autor deste poema naceu o 11 de marzo de 1860 en Ourense. O seu pai era natural de Valladolid e a súa nai de Sobrado do Bispo (Ourense). Cursou o Bacharelato no Instituto de Ourense para seguidamente estudar na Universidade de Santiago de Compostela a carreira de Dereito, obtendo a Licenciatura e especializándose en Dereito Civil e Canónico. Exerceu de avogado en Ourense, onde era coñecido pola súa elocuencia; de feito din del que arrancaba sonoros aplausos despois das súas intervencións. Ó mesmo tempo que exercía de avogado, iniciou unha gran actividade periodística, fundando e dirixindo o periódico La Semana e as revistas La Pluma e La Defensa de Galicia. Desde esta última, mantivo unha acalorada disputa con Valentín Lamas Carvajal, quen lle replicaba desde o xornal El Eco de Orense. Tamén colaborou na revista O Tío Marcos da Portela.

Ourense débelle a estatua de Concepción Arenal, pois foi grazas á súa tenacidade que esta se erixiu na nosa capital. Tamén foi un gran admirador da cidade da Coruña, á que describe nun dos seus poemas máis coñecidos que leva por título “Ben te vin”, recollido no poemario “Follas de papel”. Os tres últimos versos deste poema son patrimonio de tódolos coruñeses conformando deste xeito o slogan máis coñecido da cidade herculina e que di así:

“Si me deran á escoller, eu non sei que escollería: si entrar ná Coruña de noite ou entrar nó Ceo de día”.

Esta é a estrofa completa do poema “Ben te vin”, onde se recollen literalmente estes versos:

"Cando te fun visitar,
Vend’ a miñ´alma a suxeta
a hermosura do teu mar,
díxome Dios, ¡canta, poeta!
¡E chorei… pra te cantar!
Chorei, qu´eu no sabería,
-¡e San Pedro no m’ escoite!_,
d´e escoller, qu´escollería,
¡s’ entrar na Cruña de noite
ou entrar no Ceo de día!".

Nos seus últimos anos afastouse da súa actividade profesional e do periodismo para centrarse na educación dos seus fillos e na literatura, finando aos 42 anos en Santiago de Compostela o 9 de febreiro de 1902. Un ano despois da súa morte, durante a celebración do Corpus Christi, a cidade de Ourense honrou a súa memoria colgando unha placa conmemorativa na casa onde nacera e vivira, que hoxe en día corresponde co número 4 da rúa Barreira, xusto encima do Instituto da Familia, preto do Concello. Nos anos cincuenta a cidade da Coruña, en recoñecemento a súa persoa, púxolle o seu nome a unha rúa, e en Ourense hai outra no barrio de Mariñamansa.

A súa obra

Escribiu tanto en galego como en castelán e é considerado un discípulo de Curros Enríquez, se  ben, sufriu fortes críticas, pois non dominaba ben o galego e chegárono a acusar de querer inventar un dialecto galego. En canto ás súas obras en castelán, publicou Garcilaso de la Vega y sus Obras (1875), Luchar por la Patria (1879) e Gritos del Alma (1880). En galego escribiu unha serie de poemas recollidos nos seguintes libros: Volvoretas (1887), Chorimas (1890), Lenda de Groria (1891) -esta obra é un poema que describe o ataque da flota de Francis Drake contra a cidade da Coruña, sendo galardoado co primeiro premio do Certame Literario organizado polo Liceo Brigantino da Coruña- e Follas de Papel (1892).

O poema “N-a Feira”

O poema “N-a Feira” está recollido no libro Chorimas, sendo o seu autor Alberto García Ferreiro (que así é como se chama o noso poeta e protagonista deste artigo por se non vos decatarades ata agora; o feito de non revelar antes o seu nome era para que o lector vira ata que punto lle era coñecido este poeta. Si o lector foi capaz de identificalo antes de chegar este parágrafo os meus parabéns.

Fonte: Vida Gallega, 14 de febreiro de 1904

De Chorimas di Alberto García Ferreiro que “é un libro feito ás carreiras com’o enterro d’un pobre”. Se lemos a Alberto García Ferreiro veremos que ten moita retranca; que pena que de aquelas non houbera Twitter, pois a saber onde houbera chegado cunha ferramenta de comunicación coma esa un home da súa imaxinación. Neste poema, Alberto García Ferreiro, describe de forma moi particular a Feira que todos los días 26 de cada mes tiña lugar na Merca. Deixo un extracto escollido do poema:

“N-a Feira”

... Desvïado d’a Mezquita
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
...
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
...
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
...
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
...
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!

A Feira da Merca

A Feira da Merca celebrábase os días 26 de cada mes. Nela vendíase principalmente gando, o que fixo que moitos veciños da zona se dedicaran á compra e venta de animais, principalmente vacún e porcino, sendo por isto coñecida A Merca por ser terra de tratantes. Como o mundo evoluciona e todo se acaba, chegou un momento en que a Feira da Merca foi decaendo ata deixar de facerse. No libro Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España de Eugenio Larruga (1798), en concreto no tomo XLIII, faise referencia a Feira da Merca:

“En la jurisdicción de la Merca hay una feria que se celebra el día 26 de cada mes, y se compone de comprar y vender todo género de ganado vacuno, cerdos, granos, cueros curtidos y por curtir, zapatos, paños de lana, tiendas de diferentes mercancías, ollas y cestos, y algunas veces pescado fresco y seco, concurriendo á ella todo género de mantenimientos de los que produce la tierra, todo ello fábrica de este Reyno, sin que se componga de otra cosa; cuya feria se erigió por cédula Real, ganada por Don Melchor Mosquera, Caballero del Orden de Santiago, y Señor de esta jurisdicción y Coto, habrá cosa de cien años” (Larruga, 1798).

Con base nesta información, sabemos que a Feira da Merca tivo o seu orixe na figura de Melchor Benito de Mosquera Soutomaior, que naceu o 6 de setembro do 1637 en Pontevedra. Foi Señor de Vilar de Paio Muñiz, Bentraces, Guimarie, así como Cabaleiro da Orde de Santiago dende o ano 1667, entre outros títulos. Probablemente o Rei que concedeu esta cédula fora Carlos II, pois reinou entre o ano 1665 e 1700, coincidindo co Señorío de Melchor Benito, sendo por tanto entre estas datas na que se iniciaría a Feira da Merca.

No campo onde tiña lugar a antiga Feira hai agora un conxunto de 34 canastros que os veciños da Merca, ca axuda do Concello, levaron nos anos 70 e constitúen o maior conxunto de canastros de España e o segundo de Europa, sendo recoñecido como Ben de Interese Cultural. Hai que agradecerlle aos veciños de A Merca e ó noso Concello esta iniciativa, pois sitúanos no mapa turístico e cultural, non só de Galicia senón tamén no de España e Europa.

Conxunto de canastros da Merca. Fotografía: Juan Carlos Sierra

Fai uns anos, unha iniciativa que partiu do Concello permitiu sinalar mediante carteis informativos os diferentes puntos de interese cultural e turístico do municipio, o que é de gran axuda tanto para aqueles que intencionadamente se acercan a velos coma para os que por casualidade pasan ao lado. Aproveitando estes espazos, desde aquí propoño humildemente, que se inclúa un cartel, ao carón dos xa existentes na aira dos canastros e antiga localización da Feira, onde se recolla o poema “N-a Feira” de Alberto García Ferreiro, se non todo, por ser moi extenso, sí un extracto coma o antes referido, e se engada tamén a información recollida no libro de Eugenio Larruga, que creo aporta unha información relevante para coñecer un pouco máis da nosa historia. De ir adiante esta proposta, conseguiríamos conxugar nun mesmo espazo a cultura popular, a arquitectura agraria e a poesía, o cal faría que perdurara por máis tempo a nosa historia no recordo da xente.

Na feira. Fuente: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

A versión completa do  poema “N-a Feira”:     

N-a Feira

¿Teñen ido a Celanova
en pollino, ou dilixencia.
como por bulra lle chaman
ó volquete d’a carreira?
(¡Queira Dios que por inxurea
non me poña causa a Empresa!)
O que fosen ou non fosen
nin m’afrixe nin m’apena;
si din que sí, vou ganando
o aforrar algunhas señas,
si din que non, non me libro
de ll’as dar todas enteiras.
Mais pol-o sí ou pol-o non,
como din n-a nosa terra,
por señas n’hemos rifar
qu’o que da señas, enseña.
Per’antes de lles dar nada,
si o dito a mal non m’o levan,
y-a resposta non lle custa
nin traballo nin cadelas,
quero saber a esas lamas
y-a eses coyos en ringleira,
(que máis qu’ir pra Celanova
Deben d’ir para Cela.. vella)
que van dend’Ourense á vila
de Curros facendo zetas,
por qué santo de sanguiño
ll’an de chamar carreteira,
habendo a barulo nomes
máis eufónecos n-a lengoa,
verbi gracia, a falta d’outro
que coadrar millor poidera,
creba-pernas veciñal
ou creba-pernas… a secas.
Desvïado d’a Mezquita 
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
N-un outeiro repelado
como dún pelón a testa,
muxe o gado esparexido
ós montós pol-a espaldeira
qu’é tan rasa que non ten
nin un álbore xiquera.
Alí, pol-o mes d’Agosto,
Un tizón é cada area,
y-o sol, cando dan as doce,
val por fopas n-a lareira,
pois basta sacar ó sol
as mariñas pra que fervan,
e pór o pote n-o campo
para que se curtan as berzas.
Dende cuasque media noite
s’hay luar e non hay brétema,
en racimol-os feirantes
van saindo d’as aldeas.
N-as corredoiras rebrincan
os mozos que van de festa;
n’hay mesón onde non paren,
rapaza que non deteñan,
boi que quede sin mocazo
nin atruxo que non dean,
nin cantiga que non boten
nin taberna en que non beban.
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
Alá van en precesión
os labregos y-as labregas,
c’os refaixos y-os xustillos
y-as zaloiras domingueiras;
O patrón co-a sua xugada,
co-as estrigas a parenta,
o rapáz c’o xugo ó lombo
y-a rapaza co-a manteca.
Alá vai, co-a sua bofanda,
cabalgando n-a sua besta,
c’o pretal desfebillado
y-os estribos de madeira,
y-o atafarre con colgantes
de bolriñas amarelas,
un abade pol-o estilo
d’o meu crego de Belxeta,
salvo qu’un turra pr’ó monte
y-outro turra car’ás feiras.

O mesón d’o Zamorano
Vaise enchendo de facenda,
e pr’as copas que lle piden
non fai máis qu’enchél-as xerras,
ir d’o pipo ó mostrador,
ir d’a tenda pr’a trastenda,
y-a muller tampouco para
d’ir d’a fonte pr’á bodega….
C’o cheiror d’óleo rustrido
fede o mesón que rabea,
e n’hay sardiñas qu’abonden
nin sartés para compoñelas.
Un pide resóleo e queixo,
aquél hovos, éste freba,
o de máis alá chourizos,
quén melruza, quén vitela….
Y-o patrón non s’acobarda;
ó d’o queixo, dalle terra
misturada con enxofre
e un escrupo de canela:
ó d’os hovos,, hovos chocos
con pitiños en vez d´hemas;
ó d’o pan, un xitón podre
con pelamia n-a corteza;
ó d’o viño, auga da chuva
remexida c’unhas tellas,
e maldito s’aquivoca
os botós pol-as cadelas,
ou un can que non lle guste
dend’a mau lle cai n-a horteira.
Ben dí un xastre, qu’é, anque xastre,
máis agudo qu’unha frecha,
n-a tonada que cantúrria
cando cose ou tixeirea:
«Pra voar… un elefante,
pra cousa branda… unha pedra,
pra contar verdá… un xitano
un tendeiro… para concencia».
¡Non me choca qu’embarriguen
taberneiro e taberneira!
¡Pr’o traballo que lles custa
trocar bostas por pesetas!
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
Apegadas ás banquillas
botan o as as rosquilleiras,
c’unhas cartas que non poden
co-a carraña terse dreitas,
ós rapaces que n-os ollos
cobizaran ter as lengoas…
Van e veñen os ceviles
en patrula y-en parexas,
trál-o pión d’os furtadores
e husmexando as zacapelas.
C’unha carga de rosareos
e de figas contr’as meigas,
pasa un home que pregoa
¡San Benito, a cadela!...
-¡Cordas de xuncas, riatas,
-outro dí - ¡non hay com’éstas!
-Ouro, prata, galós merco.
vai berrando o d’a carteira,
y-o buhoneiro cordobés
d’a quincala de Locena,
tin qui tin qui n-os pratillos
a compás soniquetexa.
-¡Levo noces com’a chancas
e ningunha sai ferreña!
-¡Pólvora fina! - ¡Afiadoooor!
-¡Merquen mistos! - ¡Sanguigüelas
de la Limia! - ¿Quén quer hovos?
-¡Veñan ver estas peneiras!
-¡Arreparen n-os traballos
d’este méndego sin pernas!
Dios te salve… (non dan nada)
¡qué marráus!) te salve, Reiña….
-«A la mañana bien cedo 
la gosticia se presenta,
y (fagan corro señores)
un cevil abre la puerta
y los tres mortos difuntos
(non arrempuxar ¡puñeflas!)
en la pusición sopina
diante del Guez se presentan»….
Así principia o romance;
¿Quén o leva? ¿quén o leva?
«s’estetuyen capud tacta
las primeras diligencias,
y s’apersona el cadavre
de la mojer interfeuta,
que decrara de qué modo
los maliechores penetran,
y los poñales n-el cuerpo
vinteséis veces ll’espetan»,
«Eiquí verán las noticias
d’esa cabombe tremenda;
custa la historia un rial,
¿quén a  merca? ¿quén a  merca’»
raña que raña n-as cordas
d’o violín o cego berra….
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
Aguilladas que non teñen
qu’aguillar, campando inhiestas,
c’un moqueiro n-o remate,
sirven d’astias de bandeira;
y-ó picar d’as castañolas
y-ó bulir d’as pandeiretas,
san os cregos n-as suas mulas
y-os paisanos n-as suas pernas,
os rapaces co-as rapazas
os cortexos co-as cortexas,
o patrón c’unha coroza,
c’un fusal a sua parenta,
o pequeno c’un candil
e c’un pote a pequerrecha.
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!.

Referencias

Larruga, E. (1798). Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España (Tomo XLIII). Librería de Escribano. Recuperado de https://books.google.es/books?id=3zkktwPKPfUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false


Agradecementos

O autor agradécelle a Juan Carlos Sierra Freire os datos que se aportan neste artigo sobre a orixe da Feira da Merca, así como a búsqueda das fotos que o ilustran.

VERSIÓN EN CASTELLANO

Hace unas semanas me encontré por casualidad con un poema titulado “N-a Feira“, el cual describe de una forma muy particular la antigua Feria que había en A Merca los días 26 de cada mes, y en el que se menciona fugazmente a Parderrubias. Movido por la curiosidad, decidí conocer acerca de la vida y de la obra de su autor, resultando ser este un abogado, periodista y poeta ourensano, contemporáneo de Curros y de Pondal, que en su época contó con cierto prestigio entre los poetas más destacados de la lengua gallega, si bien, para mí era totalmente desconocido. Es uno de esos escritores, que al igual que su obra, fue cubierto por el manto del tiempo relegándole al olvido de las generaciones presentes, o al menos al de la mayoría. Algo similar le está pasando al recuerdo de la ya desaparecida Feria de A Merca, que después de tres siglos de actividad, hoy está prácticamente olvidada por las nuevas generaciones, solo mitigada esta circunstancia por el hecho de que su antigua localización acoge actualmente uno de los conjuntos de hórreos (canastros) más importantes de Europa. Fue por esto por lo que decidí escribir este artículo, con el fin de rescatar del olvido, aunque sea solo por unos instantes, este poema tan singular que creo que merece un sitio de privilegio en el lugar de nuestra antigua Feria. Y de ser esto posible, pienso que tanto la Feria como el poema, en mutua unión, perdurarían con el tiempo en el recuerdo de la gente.

Feria de Allariz. Fuente: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

El poeta

El autor de este poema nació el 11 de marzo de 1860 en Ourense. Su padre era natural de Valladolid y su madre de Sobrado do Bispo (Ourense). Cursó el Bachillerato en el Instituto de Ourense para seguidamente estudiar Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela, obteniendo dicha Licenciatura y especializándose en Derecho Civil y Canónico. Ejerció de abogado en Ourense, donde era conocido por su elocuencia; de hecho, dicen de él que arrancaba sonoros aplausos después de sus intervenciones. Al mismo tiempo que ejercía de abogado, inició una gran actividad periodística, fundando y dirigiendo el periódico La Semana y las revistas La Pluma y La Defensa de Galicia. Desde esta última, mantuvo una acalorada disputa con Valentín Lamas Carvajal, quien le replicaba desde el diario El Eco de Orense. También colaboró en la revista O Tío Marcos da Portela.

Ourense le debe la estatua de Concepción Arenal, pues gracias a su tenacidad dicho monumento se erigió en nuestra capital. También fue un gran admirador de la ciudad de A Coruña, a la que describe en uno de sus poemas más conocidos que lleva por título “Ben te vin”, recogido en el poemario “Follas de papel”. Los tres últimos versos de este poema son patrimonio de todos los coruñeses, conformando de este modo el eslogan más conocido de la ciudad herculina, y que dice así:

“Si me deran á escoller, eu non sei que escollería: si entrar ná Coruña de noite ou entrar nó Ceo de día”.

Esta es la estrofa completa del poema “Ben te vin”, en donde se recogen literalmente estos versos:

"Cando te fun visitar,
Vend’ a miñ´alma a suxeta
a hermosura do teu mar,
díxome Dios, ¡canta, poeta!
¡E chorei… pra te cantar!
Chorei, qu´eu no sabería,
-¡e San Pedro no m’ escoite!_,
d´e escoller, qu´escollería,
¡s’ entrar na Cruña de noite
ou entrar no Ceo de día!".

En sus últimos años se alejó de su actividad profesional y del periodismo para centrarse en la educación de sus hijos y en la literatura, falleciendo a los 42 años en Santiago de Compostela el 9 de febrero de 1902. Un año después de su muerte, durante la celebración del Corpus Christi, la ciudad de Ourense honra su memoria colgando una placa conmemorativa en la casa donde nació y vivió, que hoy en día corresponde con el número 4 de la calle Barreira, justo encima del Instituto de la Familia, cerca del Ayuntamiento. En los años cincuenta, la ciudad de A Coruña, en reconocimiento a su persona puso su nombre a una calle; Ourense hizo lo mismo con otra en el barrio de Mariñamansa.

Su obra

Escribió tanto en gallego como en castellano y es considerado un discípulo de Curros Enríquez, si  bien, fue objeto de fuertes críticas, pues no dominaba bien el gallego, llegando a ser acusado de querer inventar un dialecto gallego. En cuanto a sus obras en castellano destacan “Garcilaso de la Vega y sus Obras” (1875),  “Luchar por la Patria” (1879) y Gritos del Alma (1880). En gallego escribió una serie de poemas recogidos en los siguientes libros: “Volvoretas” (1887), “Chorimas” (1890), “Lenda de Groria) (1891) -esta obra es un poema que describe el ataque de la flota de Francis Drake contra la ciudad de A Coruña, siendo galardonada con el primero premio del Certamen Literario organizado por el Liceo Brigantino de A Coruña- y “Follas de Papel” (1892).

El poema “N-a Feira”

El poema  “N-a Feira” está incluido en el libro Chorimas, siendo su autor Alberto García Ferreiro, que así es cómo se llama nuestro poeta y protagonista de este artículo, por si el lector todavía no se había dado cuenta hasta ahora. El hecho de no revelar antes su nombre era para que el lector viera hasta que punto le era conocido este poeta. Si han logrado identificarlo antes de llegar a este párrafo, mi enhorabuena.

Fuente: Vida Gallega, 14 de febrero de 1904

De Chorimas dice Alberto García Ferreiro que “es un libro hecho deprisa, como el entierro de un pobre“. Si leemos a Alberto García Ferreiro observamos que tiene mucha ironía; que pena que en aquella época no existiese Twitter, pues a saber dónde hubiera llegado con una herramienta de comunicación como esa un hombre de su imaginación. En este poema, Alberto García Ferreiro describe de forma muy particular la Feria que todos  los días 26 de cada mes tenía lugar en A Merca. A continuación aparece un extracto seleccionado del poema:

“N-a Feira”

... Desvïado d’a Mezquita
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
...
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
...
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
...
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
...
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!

La Feria de A Merca

La Feria de A Merca se celebraba los días 26 de cada mes. En ella se comerciaba principalmente ganado, lo que hizo que muchos vecinos de la zona se dedicaran a la compra y venta de animales, principalmente vacuno y porcino, siendo por esto conocida A Merca por ser tierra de tratantes de ganado. Como el mundo evoluciona y todo se acaba, llegó un momento en que la Feria de A Merca fue decayendo hasta dejar de hacerse. En el libro Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España de Eugenio Larruga (1798), en concreto en el tomo  XLIII, se hace referencia a la Feria de A Merca:

“En la jurisdicción de la Merca hay una feria que se celebra el día 26 de cada mes, y se compone de comprar y vender todo género de ganado vacuno, cerdos, granos, cueros curtidos y por curtir, zapatos, paños de lana, tiendas de diferentes mercancías, ollas y cestos, y algunas veces pescado fresco y seco, concurriendo á ella todo género de mantenimientos de los que produce la tierra, todo ello fábrica de este Reyno, sin que se componga de otra cosa; cuya feria se erigió por cédula Real, ganada por Don Melchor Mosquera, Caballero del Orden de Santiago, y Señor de esta jurisdicción y Coto, habrá cosa de cien años” (Larruga, 1798).

Con base en esta información, sabemos que la Feria de A Merca tuvo su origen con la figura de Melchor Benito de Mosquera Soutomaior, quien nació el 6 de septiembre del 1637 en Pontevedra. Fue Señor de Vilar de Paio Muñiz, Bentraces, Guimarie, así como Caballero de la Orden de Santiago desde el año 1667, entre otros títulos. Probablemente, el Rey que concedió esta cédula fue Carlos II, pues reinó entre los años 1665 y 1700, coincidiendo con el Señorío de Melchor Benito, siendo por tanto entre estas fechas en las que principiaría la Feria de A Merca.

El campo en el que tenía lugar la antigua Feria es ocupado en la actualidad por un conjunto de 34 hórreos (canastros) que los vecinos de A Merca, con ayuda del Ayuntamiento, ubicaron en los años setenta, y que constituye el mayor conjunto de España y el segundo de Europa, estando reconocido como Bien de Interés Cultural. Hay que reconocer a los vecinos de A Merca y a su Ayuntamiento esta iniciativa, pues sitúa A Merca en el mapa turístico-cultural, no solo de Galicia, sino también de España y Europa.

Conjunto de hórreos (canastros) de A Merca. Fotografía: Juan Carlos Sierra

Hace unos años, una iniciativa que partió del Ayuntamiento permitió señalar mediante carteles informativos los diferentes puntos de interés cultural y turístico del municipio, lo que es de gran ayuda, tanto para aquellos que intencionadamente se acercan a visitarlos como los que por casualidad pasan por el lugar. Aprovechando estos espacios, desde aquí propongo  humildemente que se ubique un cartel, al lado de los ya existentes en el lugar del conjunto de canastros, y antigua localización de la Feria, con el poema “N-a Feira” de Alberto García Ferreiro, si no en su totalidad, por ser muy extenso, sí un extracto como el antes referido, y que se añada también la información recogida en la obra de Eugenio Larruga, que creo que aporta información relevante para conocer un poco más acerca de nuestra historia. De prosperar esta propuesta, se conseguiría conjugar en un mismo espacio la cultura popular, la arquitectura agraria y la poesía, lo que haría perdurar nuestra historia en el recuerdo de la gente.

En la feria. Fuente: Manuel Rey (fotografía publicada con permiso)

Esta es la versión completa del poema “N-a Feira”:

N-a Feira

¿Teñen ido a Celanova
en pollino, ou dilixencia.
como por bulra lle chaman
ó volquete d’a carreira?
(¡Queira Dios que por inxurea
non me poña causa a Empresa!)
O que fosen ou non fosen
nin m’afrixe nin m’apena;
si din que sí, vou ganando
o aforrar algunhas señas,
si din que non, non me libro
de ll’as dar todas enteiras.
Mais pol-o sí ou pol-o non,
como din n-a nosa terra,
por señas n’hemos rifar
qu’o que da señas, enseña.
Per’antes de lles dar nada,
si o dito a mal non m’o levan,
y-a resposta non lle custa
nin traballo nin cadelas,
quero saber a esas lamas
y-a eses coyos en ringleira,
(que máis qu’ir pra Celanova
Deben d’ir para Cela.. vella)
que van dend’Ourense á vila
de Curros facendo zetas,
por qué santo de sanguiño
ll’an de chamar carreteira,
habendo a barulo nomes
máis eufónecos n-a lengoa,
verbi gracia, a falta d’outro
que coadrar millor poidera,
creba-pernas veciñal
ou creba-pernas… a secas.
Desvïado d’a Mezquita 
pouco máis de medea légoa,
n-un repecho d’o camiño,
entre Rande e Ponte-fechas,
un pobo de poucas casas
a carreteira flanquea.
As casas son… d’os seus donos,
o pobo chámase a Merca,
e n-a Merca os vinteséis
de cada mes faise feira.
¡Alí fun co-a miña xunta
fixo un ano por Coaresma!
Non hay n-a provincea toda
unha feira com’aquela,
e boca abaixo, e que rabien,
Tamallancos e Maceda.
Xugadas hainas bariles
de Mugares e Trellerma,
de Sobrado, de Bentraces,
de Proente e de Freás d’Eiras.
Xotos novos ¡non se diga!
porcos criados ¡ás presas!
y-o acabóuse en crás de vacas
y-en crás de porcos de ceba.
N-un outeiro repelado
como dún pelón a testa,
muxe o gado esparexido
ós montós pol-a espaldeira
qu’é tan rasa que non ten
nin un álbore xiquera.
Alí, pol-o mes d’Agosto,
Un tizón é cada area,
y-o sol, cando dan as doce,
val por fopas n-a lareira,
pois basta sacar ó sol
as mariñas pra que fervan,
e pór o pote n-o campo
para que se curtan as berzas.
Dende cuasque media noite
s’hay luar e non hay brétema,
en racimol-os feirantes
van saindo d’as aldeas.
N-as corredoiras rebrincan
os mozos que van de festa;
n’hay mesón onde non paren,
rapaza que non deteñan,
boi que quede sin mocazo
nin atruxo que non dean,
nin cantiga que non boten
nin taberna en que non beban.
Si s’enzarzan os de Loiro
c’os que son de Taboadela,
¡pau de Dios!, de cada pau
salta en cachos unha testa.
Si os que van de Parderrubias
c’os de Pazos s’entropezan,
moca arriba, moca abaixo,
xa s’armóu a pelamesa,
y-hay algún qu’en tres miutos
catro ducias de paus pega.
¡É boa gana de manter
ós capigorrós d’a Audencia!
Alá van en precesión
os labregos y-as labregas,
c’os refaixos y-os xustillos
y-as zaloiras domingueiras;
O patrón co-a sua xugada,
co-as estrigas a parenta,
o rapáz c’o xugo ó lombo
y-a rapaza co-a manteca.
Alá vai, co-a sua bofanda,
cabalgando n-a sua besta,
c’o pretal desfebillado
y-os estribos de madeira,
y-o atafarre con colgantes
de bolriñas amarelas,
un abade pol-o estilo
d’o meu crego de Belxeta,
salvo qu’un turra pr’ó monte
y-outro turra car’ás feiras.

O mesón d’o Zamorano
Vaise enchendo de facenda,
e pr’as copas que lle piden
non fai máis qu’enchél-as xerras,
ir d’o pipo ó mostrador,
ir d’a tenda pr’a trastenda,
y-a muller tampouco para
d’ir d’a fonte pr’á bodega….
C’o cheiror d’óleo rustrido
fede o mesón que rabea,
e n’hay sardiñas qu’abonden
nin sartés para compoñelas.
Un pide resóleo e queixo,
aquél hovos, éste freba,
o de máis alá chourizos,
quén melruza, quén vitela….
Y-o patrón non s’acobarda;
ó d’o queixo, dalle terra
misturada con enxofre
e un escrupo de canela:
ó d’os hovos,, hovos chocos
con pitiños en vez d´hemas;
ó d’o pan, un xitón podre
con pelamia n-a corteza;
ó d’o viño, auga da chuva
remexida c’unhas tellas,
e maldito s’aquivoca
os botós pol-as cadelas,
ou un can que non lle guste
dend’a mau lle cai n-a horteira.
Ben dí un xastre, qu’é, anque xastre,
máis agudo qu’unha frecha,
n-a tonada que cantúrria
cando cose ou tixeirea:
«Pra voar… un elefante,
pra cousa branda… unha pedra,
pra contar verdá… un xitano
un tendeiro… para concencia».
¡Non me choca qu’embarriguen
taberneiro e taberneira!
¡Pr’o traballo que lles custa
trocar bostas por pesetas!
¡Qué montós de cristiandade
atrancando a carreteira!
¡Qué rubumbio! ¡Cántos cornos!...
¡Cánto alcalde! ¡Cánta besta!...
Apegadas ás banquillas
botan o as as rosquilleiras,
c’unhas cartas que non poden
co-a carraña terse dreitas,
ós rapaces que n-os ollos
cobizaran ter as lengoas…
Van e veñen os ceviles
en patrula y-en parexas,
trál-o pión d’os furtadores
e husmexando as zacapelas.
C’unha carga de rosareos
e de figas contr’as meigas,
pasa un home que pregoa
¡San Benito, a cadela!...
-¡Cordas de xuncas, riatas,
-outro dí - ¡non hay com’éstas!
-Ouro, prata, galós merco.
vai berrando o d’a carteira,
y-o buhoneiro cordobés
d’a quincala de Locena,
tin qui tin qui n-os pratillos
a compás soniquetexa.
-¡Levo noces com’a chancas
e ningunha sai ferreña!
-¡Pólvora fina! - ¡Afiadoooor!
-¡Merquen mistos! - ¡Sanguigüelas
de la Limia! - ¿Quén quer hovos?
-¡Veñan ver estas peneiras!
-¡Arreparen n-os traballos
d’este méndego sin pernas!
Dios te salve… (non dan nada)
¡qué marráus!) te salve, Reiña….
-«A la mañana bien cedo 
la gosticia se presenta,
y (fagan corro señores)
un cevil abre la puerta
y los tres mortos difuntos
(non arrempuxar ¡puñeflas!)
en la pusición sopina
diante del Guez se presentan»….
Así principia o romance;
¿Quén o leva? ¿quén o leva?
«s’estetuyen capud tacta
las primeras diligencias,
y s’apersona el cadavre
de la mojer interfeuta,
que decrara de qué modo
los maliechores penetran,
y los poñales n-el cuerpo
vinteséis veces ll’espetan»,
«Eiquí verán las noticias
d’esa cabombe tremenda;
custa la historia un rial,
¿quén a  merca? ¿quén a  merca’»
raña que raña n-as cordas
d’o violín o cego berra….
Foi un feirón d’aquel’alma;
houbo xugada vianesa
que se vendéu por dez onzas…
y-as alcabalas d’a feira.
Os monfortinos deixaron
un culeiro de moedas,
y-os chalás de San Gregorio
cén de croas portuguesas.
Pons’o sol, e d’os tingrados
e d’os toldos e d’as tendas
van tirando as baratixas
y-alforxándoas pezas a peza.
Aguilladas que non teñen
qu’aguillar, campando inhiestas,
c’un moqueiro n-o remate,
sirven d’astias de bandeira;
y-ó picar d’as castañolas
y-ó bulir d’as pandeiretas,
san os cregos n-as suas mulas
y-os paisanos n-as suas pernas,
os rapaces co-as rapazas
os cortexos co-as cortexas,
o patrón c’unha coroza,
c’un fusal a sua parenta,
o pequeno c’un candil
e c’un pote a pequerrecha.
¡Arde o mundo! ¡mau de Dios!
¡Esta si que che foi feira!.

Referencias

Larruga, E. (1798). Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España (Tomo XLIII). Librería de Escribano. Recuperado de https://books.google.es/books?id=3zkktwPKPfUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false


Agradecemientos

El autor agradece a Juan Carlos Sierra Freire los datos incluidos en este artículo acerca del origen de la Feria de A Merca, así como la búsqueda de las fotos que lo ilustran.

DON ADOLFO OUTUMURO OUTUMURO (1891-1924)

DON ADOLFO OUTUMURO OUTUMURO (1891-1924)

Por Tino Outumuro

Nota. Este artículo aparece primero en su versión original en gallego y a continuación en castellano.

Don Adolfo Outumuro Outumuro naceu a finais do século XIX en Parderrubias, estudou no Seminario Conciliar de Ourense e ordenouse sacerdote en 1916. Nese mesmo ano, le a Cátedra de Latín e Humanidades, sendo así o primeiro veciño da Parroquia de Parderrubias do que se ten constancia que alcanzara esta distinción. Nos seus primeiros anos como sacerdote desempeñou diversos cargos no Seminario de Ourense ata que unha enfermidade o incapacita obrigándoo a retirarse o seu pobo natal onde se fixo cargo da Parroquia ata súa morte en 1924.

Primeiros anos

Don Adolfo naceu o oito de marzo do 1891. O seu nacemento non estivo exento de riscos; tal foi así, que a súa tía materna Rosa, que estaba presente nese momento, viuse na necesidade de bautizar ao rapaciño, pois todo parecía indicar que non pasaría dese día. Non se sabe certo se foi polos coidados que lle deron ou pola graza do Sacramento recen adquirido, o caso é que a criatura conseguiu abrazarse á vida e ao día seguinte, xa de forma oficial, o cura de aquel entón, don Manuel Belvis, bautizouno con nome de Adolfo, seguindo así unha tradición familiar de chamar con ese nome ao primoxénito.

Foi o maior de dous irmáns, o seu irmán David nacería o día 16 de xaneiro do 1897. Os seus pais foron, Nemesio Outumuro e María Purificación Outumuro, do pobo do Outeiro; os avós paternos, Manuel Outumuro e Vicenta Grande, de Barrio, e os maternos, Jenaro Outumuro e María Seara, do Outeiro. A casa onde naceu é na que actualmente viven as súas sobriñas Josefa e Bernardina, e o seu sobriño político Benito.

Unha das persoas que máis influíu na súa vida foi o seu tío materno, Adolfo Outumuro Seara, que no momento do seu nacemento xa estudaba no Seminario de Ourense. Dado que tío e sobriño se chamaban igual, as xeracións futuras da familia, para diferencialos, referíanse ao de maior idade como  o “tío vello” e ao de menor como o “ tío novo”. O “tío vello”, tras ordenarse sacerdote asignáronlle o 18 de decembro do 1899 a Parroquia de Sotomandrás, no concello de San Cristovo de Cea, onde permaneceu ata a súa morte.

En canto a formación de don Adolfo, supoñemos que o seu tío, durante as vacacións, iniciaríao nos coñecementos máis elementais. Tamén acudiría á escola do pobo, que por aquel entón estaba situada nunha casa da pobo da Igrexa. A nova escola non se inauguraría ata 1928. A ensinanza nesa época estaba regulada pola Lei Moyano, que establecía o ensino obrigatorio para os nenos menores de nove anos, o cal non deixaba de ser algo anecdótico, pois en moitos casos os rapaces cumprían máis na casa que na escola. Nos pobos cunha densidade de poboación similar a de Parderrubias (nesta época andaba polos 600 habitantes) estaba previsto que houbera unha Escola Pública Elemental para nenos e outra incompleta para nenas. En canto aos mestres, moitos carecían de título e os honorarios corrían a cargo dos concellos que na maior parte das ocasións non podían facer fronte estes gastos e eran os propios pais dos alumnos os que tiñan que correr cos seus honorarios. Foi nesta época cando se fraguou o dito pasar máis fame que un mestre de escola”. Non foi ata que se promulgou o Real Decreto do 26 de outubro do 1901, promovido polo Conde de Romanones, cando os mestres pasaron a ser considerados funcionarios, cobrando do Estado. A conta desta reforma, o 9 de abril de 1907 foi nomeado mestre en propiedade da escola de Parderrubias don Cesáreo Pérez Rodríguez, cuns honorarios anuais de 500 pesetas, segundo informa o diario El Correo de Galicia, desa mesma data.

Supoñemos que o día de Corpus Christi do ano 1899, don Adolfo recibiu a Primeira Comuñón de mans de don Paulino Agromayor, Párroco por aquel entón de Parderrubias. Seguindo os pasos do seu tío materno, en outubro do ano 1902, aos 12 anos, ingresou no Seminario Conciliar de Ourense, iniciando así unha nova etapa da súa vida.

Breve historia do Seminario Conciliar de San Fernando de Ourense

O xerme dos seminarios atopámolo no Concilio de Trento (1545–1563), onde se acordou que os bispos debían dispor de centros onde formar adecuadamente ao clero. Polo que respecta a Ourense, o Bispado carecía dun edificio axeitado que puidera albergar aos seminaristas, e non foi ata que o Rei Carlos III, mediante a promulgación da orden “Pragmática Sanción de 1767”, expulsou aos Xesuítas de España, que se conseguiu finalmente un centro axeitado para esta función.

A Compañía de Xesús tiña en propiedade no centro de Ourense un colexio e unha igrexa anexa o mesmo. Coa súa expulsión en 1767, estes bens foron expropiados polo Estado e unha parte deles foron cedidos ao Bispado de Ourense. Deste xeito, a igrexa dos Xesuítas pasou a ser a nova Parroquia de Santa Eufemia la Real e parte do antigo colexio foi utilizado para a formación dos seminaristas, nacendo así o Seminario Conciliar de Ourense, que foi inaugurado o día 8 de xaneiro do 1804 polo Cardeal Don Pedro de Quevedo (1776-1818). Hoxe en día, se nos acercamos á librería Betel na Rúa Lamas Carvajal, podemos ver escrito sobre cerámica a inscrición “SEMINARIO CONCILIAR SAN FERNANDO” e coroando a porta da librería encóntrase o escudo de armas do Rei Carlos III, mandado colocar polo Deán Juan Manuel Bedoya, sen dubida en agradecemento pola cesión de tan formidable edificio.

Fachado do antigo Seminario Conciliar de Ourense

Os inicios do antigo Seminario non estiveron exentos de sobresaltos. Ao pouco da súa inauguración, o 20 de xaneiro do ano 1809, tropas napoleónicas pertencentes ao corpo de exercito do mariscal Ney, que viñan en persecución das tropas do Marques de la Romana e do coronel Robert Craufurd, tomaron Ourense. Nesta primeira incursión se ve que o seminario non sufriu danos, mais no mes de maio, cando o franceses estaban xa de retirada, tropas do mariscal Soult, incendiaron o edificio de tal xeito que só quedou en pé a habitación do Reitor e a dos Catedráticos de Filosofía. Como consecuencia deste desastre, durante case dez anos o Seminario non puido facer a súa función, sendo restaurado no ano 1817 e volvendo a admitir seminaristas a partir do 20 de xaneiro do 1818.

O antigo colexio dos Xesuítas non só sería a sede do Seminario Conciliar, senón que tamén acollería, antes de mediados do século XIII, a Escola de Latín; o Instituto de Segunda Ensinanza, inaugurado no ano 1845; La Normal, a primeira escola de mestres de Galicia inaugurada en 1841; a Biblioteca e o Museo provinciais., Esto supuña a concentración, en moi pouco espazo, do saber e da cultura da cidade de Ourense.

A segunda metade do século XIX foi a do maior esplendor do Seminario, chegando a ter 631 matriculados no curso 1861-1862, un número meritorio de alumnos tendo en conta que a capital ourensena no ano 1848 só contaba con 4.260 habitantes, polo que é de supor que a maior parte procedían do rural. 

En 1889, o Bispo Cesáreo Rodrigo Rodríguez mandou construír un novo edificio, o que sería a actual sede do Bispado, e amplía a capela que logo remataría o Bispo Eustaquio Ilundaín Esteban (1904-1921). Nesta época, os seminaristas entraban pola porta que dá á Praza Bispo Cesáreo, en concreto por onde hoxe se accede a Cáritas. Esta praza estivo presidida entre os anos 1898 a 1969 pola estatua de Concepción Arenal, momento en que foi trasladada a praza que leva o seu nome, diante dos antigos xulgados.

Tras a súa reforma, a distribución do complexo era a seguinte: entrando polo acceso da Praza Bispo Cesáreo, atopábase de fronte a capela, que era o epicentro do Seminario; á dereita, estaba a parte vella cas habitacións dos teólogos, 66 en total; á esquerda, a parte nova, cun amplío dormitorio con 75 camas para os filósofos e os latinos. Na planta baixa estaban as clases, a secretaría, o refectorio e as demais dependencias. O Seminario tamén contaba cunha biblioteca con máis de 10.000 volumes clasificados por materias.

O Seminario Conciliar de Ourense estivo activo ata o 7 de xaneiro de 1952, momento en que se inauguraría o Seminario Maior “Divino Maestro”  polo bispo Francisco Blanco Nájera (1945-1952), que falecería o 15 de xaneiro, só unha semana despois da inauguración. Foron 148 anos dedicados á formación e ao ensino. Por darmos algúns datos estatísticos coincidentes no tempo co motivo deste artigo, dicir que entre os anos 1900 a 1915 matriculáronse de media 175 alumnos, dos que 90 eran internos e 85 externos, e a media de ordenacións era de 13 por ano.

Etapa como estudante do Seminario Conciliar de Ourense

Para poder formar parte dos alumnos do Seminario Conciliar, o pequeno Adolfo tivo que superar unha serie de exames que tiñan lugar a finais de setembro. As probas a realizar para acceder ao primeiro curso de Latín, como era o seu caso, consistían en ler un texto correctamente e facer un ditado; en Matemáticas tiña que demostrar que sabía ler números, sumar, restar, multiplicar e dividir, tanto número enteiros como decimais; tamén tiña unha proba sobre coñecementos de gramática da lingua castelá e, por último, demostrar que coñecía o Catecismo de memoria.

Na época do noso protagonista, o curso académico ía desde o 1 de outubro ata o 31 de maio, e tiña por costume inaugurarse cunha misa solemne na capela do Seminario, onde asistían tanto os alumnos coma os seus pais. En canto ao réxime aceptaba tanto a alumnos internos como externos, e o plan de estudos que se seguía comprendía catro anos de Latín e Humanidades, tres de Filosofía, cinco de Teoloxía e o de Canons. A ollos dun neno de primeiro de Latín, unha eternidade.

Desde a súa inauguración, os estudos no Seminario tiñan validez de universitarios, e estaban recoñecidas pola Universidade de Santiago de Compostela as Cátedras de Filosofía e Teoloxía. Profesores de recoñecido prestixio, en diferentes épocas, que deron clase no Seminario Conciliar de Ourense foron Juan Manuel Bedoya, Marcelo Macías ou Juan Antonio Saco y Arce.

Tres anos despois de entrar no Seminario, en 1905, morre o seu pai, Nemesio Outumuro Grande. Ao ano seguinte, o día 26 de marzo, morre o seu avó materno Jenaro Outumuro aos 70 anos de idade, con anterioridade, en xaneiro de 1902, xa morrera a súa avoa materna, María Seara Barracel. Sen dúbida deberon ser uns anos duros para a familia. Na casona do Outeiro, en só catro anos pasaron de vivir a diario seis persoas a quedar unha viúva e un neno de oito anos. Esta situación tan dramática, por desgraza, era algo cotiá nas familias de principios do século XX. Nestes casos, a única axuda social que existía non viña do Estado, senón do entorno familiar e veciñal, e dicir, a comunidade na que vivían que unindo esforzos sacaban adiante estas familias.

Podemos dicir de don Adolfo que era bo estudante. Así, en 2º de Filosofía, curso 1907-1908, tivo as seguintes notas nestas tres materias: en Metafísica Especial, Benemeritus; en Cosmogonia e Higiene, Meritissimus, e en Historia Natural y Agricultura, Benemeritus. No curso seguinte, 1908-1909, sacou en Ética e en Física e Química, un Benmeritus. Aparte das súas notas, sabemos que destacou nos estudos polo feito de figurar como primeiro de lista da súa clase, polo menos nos cursos de 2º e 3º de Filosofía, lugar reservado como premio para o alumno máis destacado.

O 19 de outubro de 1910, con só 19 anos de idade, escribiu un Viacrucis en verso que é gardado polas súa sobriñas na súa casa natal coma unha reliquia. Anos despois, en 1924, un grande das letras españolas, Gerardo Diego, membro destacado da Xeración do 27, escribiu un Viacrucis en verso que logo sería publicado en 1931, converténdose así no Viacrucis en verso máis coñecido de todos. Salvando as diferenzas obvias, o poema escrito por don Adolfo non ten que envexar o do gran autor santanderino, como mostra un fragmento do manuscrito correspondente ó inicio da undécima estación.

Extracto do Viacrucis escrito por don Adolfo

Coma todo fillo de veciño, aos 21 anos foi chamado a filas xunto con outros seis mozos do pobo. Corría o ano 1912 e coincidiulle coa publicación da Lei de Recrutamento e Reemplazo do Exército, do 27 de febreiro, que como novidade introducía a universalidade do servizo militar, e dicir, que se acababa co “soldado de cuota”, que favorecía ás familias ricas que se podían costear a exención do servizo. Nestas datas estábamos en plena Guerra de África, polo que para estes mozos ser recrutados supuña, á parte de pasar tres anos fora de casa, a probabilidade de acabar en África diante dos rifeños.

Na súa ficha de recrutamento consta que medía 1,64 metros de estatura, pesaba 64 quilos e tiña un perímetro torácico de  82 centímetros, o que viña a ser un prototipo de home estándar de principios do século XX. Tamén consta que foi considerado inútil temporalmente para o servizo por ter miopía. Durante os seguintes catro anos, a súa nai presentouse periódicamente ás sucesivas renovacións da suspensión, alegando en cada unha delas que era único fillo de viúva pobre a quen mantiña (como fillo único refírese a que era o único fillo en idade de traballar, non que fora o único fillo biolóxico).

Nestes anos, cando estaba de vacacións no pobo, gustáballe escribir ás oportunas anotacións nos Libros Parroquiais, sobre todo no de bautizos e matrimonios,  de tal forma, que a súa letra clara e perfectamente lexible figura en moitos destes asentos, os cales sempre ían asinados, como é lóxico, por don Benito Garrido, Párroco titular da Parroquia de Parderrubias por aquel entón.

De don Adolfo aínda se conserva unha pequena biblioteca na súa casa natal, da que salvo un libro sobre o uso dunha cámara de fotos editado en 1916, e do que non se sabe que función tiña pois ninguén recorda ningún aparello deses na casa, o resto está relacionado coa temática relixiosa ou co estudo da lingua latina. Moitos deste libro levan o selo da librería “Nemesio Pérez Resvie”, que se encontraba daquelas na rúa das Tendas nº 3 de Ourense, rúa que partindo da Praza Maior pasa por debaixo da escalinata de acceso á entrada principal da catedral. Outros foron mercados na librería “La Viuda”, que seguramente se trate da librería que en 1886 inaugurou Lisardo Castro, bisavó da actual propietaria da librería que con ese mesmo nome se atopa hoxe en día na rúa Lamas Carvajal. Seguramente estas dúas librerías, xunto ca do diario La Región, serían das poucas que había por aquel entón en Ourense. Hai que ter en conta que na primeira quincena do século XX Ourense era unha pequena vila cunha poboación censada que oscilou entre os 15.000 e os 16.000 habitantes. O seu núcleo urbano circunscribíase practicamente ao que hoxe é o casco vello; ía desde o Xardín do Posío ao Parque de San Lázaro e desde a Rúa Progreso ata o que hoxe é a rúa Pena Trevinca.

Os últimos anos de don Adolfo como estudante de Teoloxía, de 1913 a 1914, estiveron marcados polas sucesivas Ordes Menores que foi adquirindo, entre elas a Tonsura, que hoxe está en desuso e que consistía en rapar a zona da coroa. Estas seguíronas as Ordes Maiores: Subdiaconado e Diaconado. Por último, probablemente o 10 ou o 11 de xuño de 1916, recibiu de mans do Bispo don Eustaquio Ilundain e Esteban o Sacramento do Sacerdocio.

Tarxeta de visita de don Adolfo
Seminaristas de 1912. Don Adolfo, situado na fila superior, o primeiro pola dereita, contaba con 21 anos
Don Adolfo sentado a dereita
Don Adolfo sentado entre dous compañeiros

Unha semana despois da súa ordenación como sacerdote, o domingo día 18, tivo lugar a súa primeira misa na Igrexa Parroquial de San Salvador de Soutomandrás. Como padriño eclesiástico tivo o seu tío don Adolfo Outumuro Seara, que ademais exerceu como anfitrión. Entre os asistentes contábase un nutrido grupo de sacerdotes e seminaristas, así como personalidades laicas entre as que figuraba un representante dos “Escultores” de Parderrubias. Descoñecemos quen dos irmáns Garrido acudiu ao acto, pero supoñemos que foi ou ben José ou Manuel, sendo o máis probable este último pois uníaos unha forte amizade. O evento foi recollido na prensa local, e unha vez finalizado tivo lugar un ágape na Reitoral, onde en palabras do articulista houbo:

 “… un opíparo y espléndido convite, durante el cual reinó la mayor expansión y alegría, y al que pusieron digno remate oportunos y chispeantes brindis”.

Con motivo deste artigo despraceime ata Soutomandrás, onde me atopei cunha igrexa pequena e moi ben coidada, separada un cento de metros do núcleo urbano. A antiga Reitoral, lugar onde fai máis de 100 anos tivo lugar o “opíparo banquete”, atópase a carón da igrexa, e hoxe en día non son máis ca catro paredes cubertas polas silvas. Ao pé da porta principal da igrexa, e por tanto de paso obrigado para acceder e saír dela, atópase a sepultura de don Adolfo Outumuro Seara, o “tío vello”.

Igrexa de Soutomandrás. Na sepultura diante da porta principal está enterrado o tío de don Adolfo

Comenzo dunha nova vida

Unha vez alcanzado o presbiterado e logo de toda unha xuventude adicada ao estudo, en outubro de 1916 le a Cátedra de Latín, pasando así a ostentar este título. Para alcanzar esta distinción, segundo o regulamento, era preciso estar ordenados “in sacris”, ter competencia recoñecida na materia da que se trate e estar en posesión do grado de Licenciado ou de Doutor. Tamén se podía obter a Cátedra de forma interina en espera de obter o grado. A partir deste momento comenza a exercer diferentes cargos de responsabilidade no Seminario Conciliar de Ourense: no curso 1916-1917 como Profesor de Disciplina, para o curso do 1917-1918 consta como Perfecto Disciplinario e Profesor de Latín en 1º e 2º curso de Humanidades e, por último, entre os anos 1919 o 1921 desempeñará a función de Mordomo e Secretario. Como Mordomo encárgase da xestión económica do Seminario: cobro das rendas e cotas, pago de gastos, compra de suministros, conservación do inmoble, xestión do persoal, levar a contabilidade e os seus libros correspondentes, do que renderá contas ante Reitor. En canto ás súas funcións como Secretario debía, entre outras cousas, custodiar o arquivo, expedir certificacións, levar a correspondencia oficial, toda xestión dos expedientes dos alumnos, etc.

Selos de don Adolfo (o de arriba é de propia creación)

Nestes anos gaña fama de bo orador e a súa presenza é reclamada para dirixir sermóns en datas destacadas. Así atopamos que foi o encargado de dar o sermón do día 4 novembro do 1916 na igrexa de Santa María Nai co galo da Novena das Ánimas. O día 4 de abril do 1917, Venres Santo, na catedral de Ourense, predica sobre as “Sete Palabras de Xesús na Cruz”, e o día 17 de abril do 1919, Xoves Santo, tamén na catedral da outro sobre o  “Sermón do Mandato”. Na pequena biblioteca que aínda se conserva de don Adolfo atópanse varios libros relacionados con predicacións o que denota o seu interese por destacar neste campo. Igualmente, no recordo que quedou del na familia  destacase esta faceta, incluso se achaca a causa da súa morte a un sermón que deu na Praza Maior de Ourense un día de frío, causándolle unha pulmonía da que non se recuperaría, pero como veremos máis adiante este acto nada tivo que ver co seu óbito.

Se ben é certo que o Seminario era o centro da súa vida, isto non impediu que tivese un lugar na vida social de Ourense de aquel entón. Nesta época asiste e incluso oficia vodas de personaxes importantes da cidade e ten unha relación directa cos xornalistas do diario La Región, sendo noticia neste diario o simple feito de que se vaia de vacacións, que non supuña para el outra cousa máis que subir a Parderrubias.

É de destacar a confianza que deposita nel o Bispo don Eustaquio Ilundain, que ademais dos diferentes postos no Seminario tamén o nomea Secretario de Visitas, o que lle permite percorrer, en representación do Bispo, diferentes Parroquias da nosa contorna para comprobar que os Libros Parroquiais estiveran debidamente cumprimentados. 

Visita parroquial a Vilar de Paio Muñiz do 18 de marzo de 1919 firmada por don Adolfo. Fonte: Arquivo Histórico Diocesano de Ourense

Estes últimos cinco anos demostrou que por capacidade, talento e dedicación augurábase nel unha carreira prometedora. Por desgraza, a súa traxectoria viuse truncada por unha infección de tuberculose que contraeu no propio Seminario e que o afastou definitivamente da capital ourensá para trasladarse a vivir, a partir de finais do ano 1921, á súa casa natal xunto á súa familia, encargándose ata súa morte da xestión da Parroquia de Parderrubias en calidade de Ecónomo.

Os últimos anos

A finais do 1921 establécese na súa casa natal de Parderrubias ca súa nai e o seu irmán David, xa casado dende o 24 de decembro do 1917 con Aurora Outumuro Sueiro, natural do pobo da Igrexa. Na casa tamén viven os seus sobriños de curta idade,  Adolfo e José. Despois nacería a súa sobriña Anuncia, a quen terá a oportunidade de bautizar el mesmo. Estes últimos anos transcorren plácidamente entre o coidado da Parroquia, a lectura incansable dos seus libros e os curtos paseos que a súa fráxil saúde lle permite dar. Don Adolfo encárgase da xestión parroquial ata os seus últimos días, sendo significativo o feito que no Libro Parroquial, a partida de enterro anterior á súa estea asinada por el mesmo soamente tres meses antes. Tamén é recordado sentado ao sol nun banco que había no campo diante da súa casa.

No outono de 1923, aproveitando unhas prácticas militares do Batallón de Cazadores de Ourense, celébrase unha misa campestre nun souto de Parderrubias, seguramente situada entre o Outeiro e Barrio. Ó finalizar este acto, os irmáns Garrido convidan aos mandos militares e a don Adolfo a unha visita ao seu taller. Tanto a misa coma os asistentes a visita quedan inmortalizados en dúas fotos que serán publicadas o 20 de novembro do 1923 na revista Vida Gallega, xunto con unha terceira que mostra unha panorámica de Parderrubias.

Misa campestre no souto de Parderrubias. Fonte: Vida Gallega
Don Adolfo na fila do medio, sentado a dereita. Fonte: Vida Gallega
Vista xeral de Parderrubias nos anos 20 do pasado século. Vese o pobo de Barrio, a casa dos irmáns Garrido, na Carretera, e ao lonxe a Igrexa. Fonte: Vida Gallega

Na segunda das fotos, vemos a un don Adolfo moi delgado e con mala cara, indicio claro que a enfermidade estáballe a gañar a batalla, tal é así, que só cinco meses e medio despois de publicarse esa foto, o 8 de maio do 1924, falecía na súa casa do Outeiro aos 33 anos de idade a causa da tuberculose. A súa necrolóxica foi publicada en diferentes diarios do momento. Foi enterrado no cemiterio parroquial de Parderrubias o 9 de maio por don Alfonso Losada, sendo testemuñas do seu enterro o sancristán Francisco Seara e Manuel Garrido (dos Escultores). Mentres tanto, en Soutomandrás, o 22 de febreiro dese mesmo ano, falecía o “tío vello” á idade de 54 anos, pondo desta maneira, con só dous meses de diferenza, o punto e final a dúas vidas consagradas a Deus e o próximo.

Necrolóxica de don Adolfo publicada no diario La Región. Tanto na necrolóxica como na lápida da súa sepultura consta que tiña 31 anos, cando en realidade tiña 33 anos e dous meses
Lápida de don Adolfo no Camposanto de Parderrubias

Como derradeiro homenaxe a don Adolfo dedícolle este soneto:

Mente viva que del saber añora,
con mano diestra la pluma esbelta esgrime
que surcando rauda en el lienzo imprime,
la Luz Divina que arde, y enamora.

En su celda siente pasar la hora,
dedicado al estudio que redime,
como bálsamo del dolor que oprime
su corazón, que por Dios se devora.

Si de su pecho el espíritu brota,
si al Señor con su palabra engrandece,
solo es reflejo de su alma devota.

Cuida su rebaño mientras padece
enfermedad, que juventud derrota,
mas su recuerdo vence y permanece.

(Tino Outumuro, 22 de dezembro de 2020).

Agradecementos

O autor agradece a Juan Carlos Sierra Freire pola información que aportou o artigo, sobre todo relacionada con reseñas en diarios, libros parroquiais e Arquivo Municipal. A Xosé Anxo Outumuro agradézolle as súas ideas e o tempo que botou revisando o artigo.

VERSIÓN EN CASTELLANO

Don Adolfo Outumuro Outumuro nació a finales del siglo XIX en Parderrubias, estudió en el Seminario Conciliar de Ourense y se ordenó sacerdote en 1916. En ese mismo año, lee la Cátedra de Latín y Humanidades, siendo así el primer vecino de la Parroquia de Parderrubias del que se tiene constancia que alcanzase dicha distinción. En sus primeros años como sacerdote desempeñó diversos cargos en el Seminario de Ourense hasta que una enfermedad le incapacita, obligándole a retirarse a su pueblo natal, en donde se hace cargo de la Parroquia hasta su muerte.

Primeros años

Don Adolfo nació el 8 de marzo de 1891. Su nacimiento no estuvo exento de riesgos; tal fue así, que su tía materna Rosa, que estaba presente en ese momento, se vio en la necesidad de bautizar al recién nacido, pues todo parecía indicar que no pasaría de ese día. No se sabe cierto si fue por los cuidados que le dieron o por la gracia del Sacramento recién adquirido, pero el caso es que la criatura consiguió abrazarse a la vida y al día siguiente, ya de forma oficial, el cura de aquel entonces, don Manuel Belvis, lo bautizó con el nombre de Adolfo, siguiendo así una tradición familiar de poner ese nombre al primogénito.

Fue el mayor de dos hermanos. Su hermano David nacería el día 16 de enero del 1897. Sus padres fueron Nemesio Outumuro y María Purificación Outumuro, naturales del pueblo de O Outeiro. Los abuelos paternos eran Manuel Outumuro y Vicenta Grande, de Barrio; y los maternos, Jenaro Outumuro y María Seara, de O Outeiro. La casa donde nació es en la que actualmente viven sus sobrinas Josefa y Bernardina, y su sobrino político Benito.

Una de las personas que más influyó en su vida fue su tío materno, Adolfo Outumuro Seara, que en el momento de su nacimiento ya estudiaba en el Seminario de Ourense. Dado que tío y sobrino se llamaban igual, las generaciones futuras de la familia, para diferenciarlos, se referían al de mayor edad como “o tío vello” y al de menor como “o tío novo”. Al “tío vello”, tras ordenarse sacerdote, le asignaron el 18 de diciembre del 1899 la Parroquia de Sotomandrás, en el Ayuntamiento de San Cristovo de Cea, en donde permaneció hasta su muerte.

En cuanto a la formación de don Adolfo, suponemos que su tío, durante las  vacaciones, lo iniciaría en los conocimientos más elementales. También acudiría a la escuela del pueblo, que por aquel entonces estaba ubicada en una casa del pueblo de A Igrexa. La nueva escuela no se inauguraría hasta 1928. La enseñanza en esa época estaba regulada por la Ley Moyano, que establecía la enseñanza obligatoria para los niños menores de nueve años, lo cual no dejaba de ser algo anecdótico, pues en muchos casos los chicos eran más necesarios en casa que en la escuela. En los pueblos con una densidad de población similar a la de Parderrubias -en esta época contaba con unos 600 habitantes-, estaba previsto que hubiera una Escuela Pública Elemental para niños y otra incompleta para niñas. En cuanto a los maestros, muchos carecían de título y sus honorarios corrían a cargo de los Ayuntamientos, que en la mayoría de ocasiones no podían hacer frente a estos gastos, teniendo que ser los propios padres de los alumnos los que se hiciesen cargo de sus emolumentos. Fue en esta época cuando se forjó el dicho “pasar más hambre que un maestro de escuela”. No fue hasta que se promulgó el Real Decreto de 26 de octubre del 1901, promovido por el Conde de Romanones, cuando los maestros pasen a ser considerados funcionarios que cobraban del Estado. Como consecuencia de esta reforma, el 9 de abril de 1907 fue nombrado maestro en propiedad de la escuela de Parderrubias don Cesáreo Pérez Rodríguez, con unos honorarios anuales de 500 pesetas, según informa al diario El Correo de Galicia de esa misma fecha.

Suponemos que el día de Corpus Christi del año 1899, don Adolfo recibió la Primera Comunión de manos de don Paulino Agromayor, Párroco por aquel entonces de Parderrubias. Siguiendo los pasos de su tío materno, en octubre del año 1902, a los 12 años de edad, ingresó en el Seminario Conciliar de Ourense, iniciando así una nueva etapa de su vida.

Breve historia del Seminario Conciliar de San Fernando de Orense

El germen de los seminarios lo encontramos en el Concilio de Trento (1545–1563), en el que se acordó que los obispos debían disponer de centros donde formar adecuadamente al clero. En lo que respecta a Ourense, el Obispado carecía de un edificio idóneo que pudiera albergar a los seminaristas, y no fue hasta que el Rey Carlos III, mediante la promulgación de la orden “Pragmática Sanción de 1767”, expulsó a los Jesuitas de España, cuando se consiguió finalmente un centro idóneo para esta función. La Compañía de Jesús tenía en propiedad en el centro de Ourense un colegio y una iglesia anexa el mismo. Con su expulsión en 1767, estos bienes fueron expropiados por el Estado, y una parte de ellos fueron cedidos el Obispado de Ourense. De este modo, la iglesia de la Orden paso a ser la nueva Parroquia de Santa Eufemia la Real y parte del antiguo colegio fue utilizado para la formación de los seminaristas, naciendo así el Seminario Conciliar de Orense, que fue inaugurado el 8 de enero del 1804 por el Cardenal don Pedro de Quevedo (1776-1818). Hoy en día, si nos acercamos a la librería Betel en la calle Lamas Carvajal, podemos ver escrito sobre cerámica la siguiente inscripción “SEMINARIO CONCILIAR SAN FERNANDO”, y coronando la puerta de la librería el escudo de armas del Rey Carlos III, mandado colocar por el Deán Juan Manuel  Bedoya, sin duda, en agradecimiento por la cesión de tan formidable edificio.

Fachada del antiguo Seminario Conciliar de Ourense

Los inicios del antiguo Seminario no estuvieron exentos de sobresaltos. Al poco de su inauguración, el 20 de enero de 1809 tropas napoleónicas pertenecientes al cuerpo del ejército del mariscal Ney, que venían en persecución de las tropas del Marqués de la Romana y del coronel Robert Craufurd, tomaron Ourense. En esta primera incursión el Seminario no sufrió daños, pero en el mes de mayo, cuando los franceses estaban ya de retirada, las tropas del mariscal Soult incendiaron el edificio, quedando solamente en pie la habitación del Rector y la de los Catedráticos de Filosofía. A consecuencia de este desastre, durante casi diez años el Seminario no pudo hacer su función, siendo restaurado en el año 1817 y volviendo a admitir seminaristas a partir del 20 de enero de 1818.

El antiguo colegio de los Jesuitas no solo sería la sede del Seminario Conciliar, sino que también acogería, antes de mediados del siglo XIII, a la Escuela de Latín; al Instituto de Segunda Enseñanza, inaugurado en el año 1845; a La Normal, la primera escuela de maestros de Galicia inaugurada en 1841; a la Biblioteca y al Museo provinciales. Todo ello suponía la concentración, en muy poco espacio, del saber y de la cultura de la ciudad de Ourense.

La segunda mitad del siglo XIX fue la de mayor esplendor del Seminario, llegando a tener 631 matriculados en el curso 1861-1862, un número meritorio de alumnos, toda vez que la capital ourensana en el año 1848 solo contaba con 4.260 habitantes, por lo que es de suponer que la mayor parte procedían del rural. 

En 1889, el Obispo Cesáreo Rodrigo Rodríguez mandó construir un nuevo edificio, que hoy es la actual sede del Obispado, y amplía la capilla, que luego finalizaría el Obispo Eustaquio Ilundaín Esteban (1904-1921). En esta época, los seminaristas entraban por la puerta que da a la Plaza Obispo Cesáreo, en concreto por donde hoy se accede a Cáritas. Esta plaza estuvo presidida entre los años 1898 y 1969 por la estatua de Concepción Arenal; después sería trasladada a la plaza que lleva su nombre, delante de los antiguos Juzgados.

Tras su reforma, la distribución del complejo era la siguiente. Entrando por el acceso de la Plaza Obispo Cesáreo, se encontraba de frente la capilla, que era el epicentro del Seminario; a la derecha estaba la parte vieja con las habitaciones de los teólogos, 66 en total; a la izquierda, la parte nueva, con un amplío dormitorio con 75 camas para los filósofos y los latinos. En la planta baja estaban las clases, la secretaría, el  refectorio y las demás dependencias. El Seminario también contaba con una biblioteca con más de 10.000 volúmenes clasificados por materias.

El Seminario Conciliar de Ourense estuvo en funcionamiento hasta el 7 de enero de 1952, momento en que se inauguraría el Seminario Mayor “Divino  Maestro” por el Obispo Francisco Blanco Nájera (1945-1952), que fallecería el 15 de enero, solo una semana después de la inauguración. Fueron 148 años dedicados a la formación y a la enseñanza. Por dar algunos datos estadísticos coincidentes en el tiempo con el motivo de este artículo, cabe decir que entre los años 1900 y 1915 se matricularon de media 175 alumnos, de los que 90 eran internos y 85 externos, y la media de ordenaciones era de 13 por año.

Etapa como estudiante del Seminario Conciliar de Ourense

Para poder formar parte de los alumnos del Seminario Conciliar, don Adolfo tuvo que superar una serie de exámenes que tenían lugar a finales de septiembre. Las pruebas a realizar para acceder al primer curso de Latín, como era su caso, consistían en leer un texto correctamente y hacer un dictado; en Matemáticas, tenía que demostrar que sabía leer números, sumar, restar, multiplicar y dividir, tanto números enteros como decimales; también tenía una prueba sobre conocimientos de Gramática de Lengua Castellana y, por último, debía demostrar que dominaba el Catecismo de memoria.

En la época de nuestro protagonista, el curso académico duraba desde el 1 de octubre hasta el 31 de mayo, y se inauguraba con una misa solemne en la capilla del Seminario, a la que asistían tanto los alumnos como sus padres. En cuanto el régimen, se aceptaba tanto a alumnos internos como externos, y el plan de estudios que se seguía comprendía cuatro años de Latín y Humanidades, tres de Filosofía, cinco de Teología y el de Cánones. A ojos de un niño de primero de Latín, una eternidad.

Desde su inauguración, los estudios en el Seminario tenían validez de universitarios, y estaban reconocidos por la Universidad de Santiago de Compostela las Cátedras de Filosofía y Teología. Profesores de reconocido prestigio, en diferentes épocas, que dieron clases en el Seminario Conciliar de Ourense fueron Juan Manuel  Bedoya, Marcelo Macías o Juan Antonio Saco y Arce.

Tres años después de que don Adolfo entrase en el Seminario, en 1905, muere su padre Nemesio Outumuro Grande. Al año siguiente, el día 26 de marzo, fallece su abuelo materno Jenaro Outumuro a los 70 años de edad. Con anterioridad, en enero de 1902, ya había fallecido su abuela materna María Seara Barracel. Sin duda, debieron ser unos años duros para la familia. En la  casona de O Outeiro, en solo cuatro años pasaron de vivir a diario seis personas a quedar una viuda y un niño de ocho años. Esta situación tan dramática, por desgracia, era algo cotidiano en las familias de principios del siglo XX. En estos casos, la única ayuda social que había no venía del Estado, sino del entorno familiar y vecinal, es decir, de la comunidad en la que vivían, que uniendo esfuerzos sacaban adelante a estas familias.

Se puede decir que don Adolfo era un buen estudiante. Así, en 2º de Filosofía, curso 1907-1908, tuvo las siguientes notas en estas tres materias: en Metafísica Especial, Benemeritus; en Cosmogonia e Higiene,  Meritissimus; y en Historia Natural y Agricultura, Benemeritus. En el curso siguiente, 1908-1909, obtuvo en Ética, y en Física y Química, un Benmeritus. También sabemos que destacó en los estudios por el hecho de figurar como primero de lista de su clase, al menos en los cursos de 2º y 3º de Filosofía, lugar reservado como premio para el alumno más destacado.

El 19 de octubre de 1910, con solo 19 años de edad, escribió un Viacrucis en verso que es guardado por sus sobrinas en su casa natal como una reliquia. Años después, en 1924, un grande de las letras españolas, Gerardo Diego, miembro destacado de la Generación del 27, escribió un Viacrucis en verso que luego sería publicado en 1931, convirtiéndose así en el Viacrucis en verso más conocido de todos. Salvando las diferencias obvias, el poema escrito por don Adolfo no tiene que envidiar al del gran autor santanderino, como muestra un fragmento del manuscrito correspondiente al inicio de la undécima Estación.

Extracto del Viacrucis escrito por don Adolfo

Como todo hijo de vecino, a los 21 años fue llamado a filas junto con otros seis mozos del pueblo. Corría el año 1912, coincidiendo con la publicación de la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército, de 27 de febrero, que como novedad introducía la universalidad del servicio militar, es decir, que se acababa con la figura del “soldado de cuota”, que favorecía a las familias ricas que se podían costear la exención del servicio. En estas fechas estábamos en plena Guerra de África, por lo que para estos jóvenes ser reclutados suponía, aparte de pasar tres años fuera de casa, la probabilidad de acabar en África, enfrentándose a la tribus rifeñas.

En su ficha de reclutamiento consta que medía 1,64 metros de estatura, pesaba 64 kilos y tenía un perímetro torácico de 82 centímetros, lo que venía a ser un prototipo de hombre estándar de principios del siglo XX. También consta que fue considerado no apto temporalmente para el Servicio Militar por tener miopía. Durante los siguientes cuatro años, su madre se presentó periódicamente a las sucesivas renovaciones de la suspensión, alegando en cada una de ellas que era único hijo de viuda pobre a quién mantenía (como hijo único se refiere a que era el único hijo en edad de trabajar, no que fuera el único hijo biológico).

En estos años, cuando estaba de vacaciones en el pueblo, a don Adolfo le gustaba escribir las oportunas anotaciones en los Libros Parroquiales, sobre todo en el de bautizos y matrimonios, de manera que su letra clara y perfectamente legible figura en muchos de estos asientos, los cuales siempre iban firmados, como es lógico, por don Benito Garrido, Párroco titular de la Parroquia de Parderrubias en aquel entonces.

De don Adolfo aún se conserva una pequeña biblioteca en su casa natal, de la que salvo un libro sobre el uso de una cámara de fotos editado en 1916, y del que no se sabe qué función tenía pues nadie recuerda ningún aparato de esos en casa, el resto de bibliografía está relacionada con la temática religiosa o con el estudio de la lengua latina. Muchos de estos libros llevan el sello de la librería “Nemesio Pérez  Resvie”, que se encontraba en aquel entondes en la calle de las Tiendas nº 3 de Ourense, calle que partiendo de la Plaza Mayor pasa por debajo de la escalinata de acceso a la entrada principal de la catedral. Otros libros fueron comprados en la librería “La Viuda”, que seguramente se trate de la librería que en 1886 inauguró Lisardo Castro, bisabuelo de la actual propietaria de la librería que con ese mismo nombre se encuentra hoy en día en la calle Lamas Carvajal. Seguramente estas dos librerías, junto con la de La Región, serían de las pocas que había por aquel entonces en Ourense. Hay que tener en cuenta que en la primera quincena del siglo XX, Ourense era una pequeña villa con una población censada que osciló entre los 15.000 y los 16.000 habitantes. Su núcleo urbano se circunscribía prácticamente a lo que hoy es el casco viejo; iba desde el Jardín del Posío al Parque de San Lázaro, y desde la calle Progreso hasta lo que hoy es la calle Pena Trevinca.

Los últimos años de don Adolfo como estudiante de Teología, de 1913 a 1914, estuvieron marcados por las sucesivas Órdenes Menores que fue adquiriendo, entre ellas la Tonsura, que hoy está en desuso y que consistía en rapar la zona de la coronilla. A estas le siguieron las Órdenes Mayores: Subdiaconado y Diaconado. Por último, probablemente el 10 o el 11 de junio de 1916, recibió de manos del Obispo don  Eustaquio Ilundain y Esteban el  Sacramento del Sacerdocio.

Tarjeta de visita de don Adolfo
Seminaristas de 1912. Don Adolfo, situado en la fila superior, el primero de la derecha, contaba con 21 años
Don Adolfo sentado a la derecha
Don Adolfo sentado entre dos compañeros

Una semana después de su ordenación como sacerdote, el domingo día 18, tuvo lugar su primera misa en la Iglesia Parroquial de San Salvador de Soutomandrás. Como padrino eclesiástico tuvo a su tío don Adolfo  Outumuro Seara, quién además ejerció como anfitrión. Entre los asistentes se contaba un nutrido grupo de sacerdotes y seminaristas, así como personalidades laicas entre los que figuraba un representante de los “Escultores”  de Parderrubias. Desconocemos quien de los hermanos Garrido acudió al acto, pero suponemos que fue José o Manuel, siendo probablemente este último, dada la gran amistad que les unía. El evento fue recogido en la prensa local, y una vez finalizado tuvo lugar un ágape en la Rectoral, en donde en palabras del articulista hubo:

 “… un  opíparo  y espléndido convite, durante el cual reinó la  mayor expansión  y alegría, y al que pusieron digno final oportunos y chispeantes brindis”.

Con motivo de la elaboración de este artículo me desplacé hasta Soutomandrás, en donde me encontré con una pequeña iglesia parroquial muy bien cuidada, separada un centenar de metros del núcleo urbano. La antigua Rectoral, lugar donde hace más de 100 años tuvo lugar el “opíparo banquete”, se encuentra al lado de la iglesia y hoy en día no son más que cuatro paredes cubiertas por la maleza. A la entrada de la puerta principal de la iglesia y, por tanto, de paso obligado para acceder y salir de ella, se encuentra la sepultura de don Adolfo  Outumuro Seara, el “tío vello”.

Iglesia parroquial de Soutomandrás. En la sepultura situada delante de la puerta principal está enterrado el tío de don Adolfo

Comienzo de una nueva vida

Una vez alcanzado el  presbiterado y después de toda una juventud dedicada al estudio, en octubre de 1916 lee la Cátedra de Latín, pasando así a ostentar esta categoría. Para alcanzar esta distinción, según el reglamento, era preciso estar ordenado “in sacris”, tener competencia reconocida en la materia de la que se trate y estar en posesión del grado de Licenciado o de Doctor. También se podía obtener la Cátedra de forma interina en espera de obtener el Grado. A partir de este momento, comienza a ejercer diferentes cargos de responsabilidad en el Seminario Conciliar de Ourense. En el curso 1916-1917 fue Profesor de disciplina. En el curso 1917-1918 consta como Perfecto Disciplinario y Profesor de Latín en 1º y 2º curso de Humanidades. Por último, entre los años 1919 y 1921 desempeñará la función de Mayordomo y Secretario. Como Mayordomo, se encarga de la gestión económica del Seminario: cobro de las rentas y cuotas, pago de gastos, compra de suministros, conservación del inmueble, gestión del personal, llevar la contabilidad y los libros correspondientes, de lo que rendirá cuentas ante al Rector. En cuanto a sus funciones como Secretario debía, entre otras cosas, custodiar el archivo, expedir certificaciones, llevar la correspondencia oficial, llevar a cabo toda la gestión de los expedientes de los alumnos, etc.

Sellos de don Adolfo (el primero es de propia creación)

En estos años gana fama de buen orador y su presencia es reclamada para dirigir sermones en fechas destacadas. Así, encontramos que fue el encargado de dar el sermón del 4 de noviembre del 1916 en la iglesia de Santa María Madre con motivo de la Novena de las Ánimas. El día 4 de abril del 1917, Viernes Santo, en la catedral de Ourense predica sobre las “Siete Palabras de Jesús en la Cruz”, y el 17 de abril del 1919, Jueves Santo, también en la catedral imparte el “Sermón del Mandato”. En la pequeña biblioteca que aún se conserva de don Adolfo se encuentran varios libros de predicaciones, lo que denota su interés por destacar en esta faceta. Igualmente, en el recuerdo que quedó de él en la familia también se destaca este aspecto, incluso se achaca la acusa de su muerte a un sermón que dio en la Plaza Mayor de Ourense un día de frío, causándole una pulmonía de la que no se recuperaría, pero como veremos más adelante este acto nada tuvo que ver con su muerte.

Si bien es cierto que el Seminario era el centro de su vida, esto no impidió que tuviera un lugar en la vida social de Ourense de aquel entonces. En esta época asiste, e incluso oficia, bodas de personajes importantes de la ciudad y tiene una relación directa con los periodistas del diario La Región, siendo noticia en este diario el simple hecho de que se fuese de vacaciones, algo que no suponía para él otra cosa más que subir a Parderrubias.

Es de destacar la confianza que deposita en él el Obispo don Eustaquio  Ilundain, que además de los diferentes puestos en el Seminario también lo nombra Secretario de Visitas, lo que le permite recorrer, en representación del Obispo, diferentes Parroquias de nuestro entorno para comprobar que los Libros Parroquiales estaban debidamente cumplimentados.

Visita parroquial a Vilar de Paio Muñiz el 18 de marzo de 1919 firmada por don Adolfo. Fuente: Arquivo Histórico Diocesano de Ourense

Estos últimos cinco años, se demostró que por capacidad, talento y dedicación se auguraba en él una carrera prometedora, pero por desgracia su trayectoria se vio truncada por una infección de tuberculosis que contrajo en el propio Seminario y que lo alejó definitivamente de la capital ourensana para trasladarse a vivir, a partir de finales del año 1921, a su casa natal junto a su familia, encargándose hasta su muerte de la gestión de la Parroquia de Parderrubias en calidad de Ecónomo.

Los últimos años

A finales del 1921 don Adolfo se establece en su casa natal de Parderrubias, junto a su madre y su hermano David, ya casado desde el 24 de diciembre del 1917 con Aurora Outumuro Sueiro, natural del pueblo de A Igrexa. En la casa también viven sus sobrinos de corta edad Adolfo y José. Después nacería su sobrina Anuncia, a quién tendrá la oportunidad de bautizar él mismo. Estos últimos años transcurren plácidamente entre el cuidado de la Parroquia, la lectura incansable de sus libros y los cortos paseos que su frágil salud le permite dar. Don Adolfo se encarga de la gestión parroquial hasta sus últimos días, siendo significativo el hecho que en el Libro Parroquial, la partida de entierro anterior a la suya esté firmada por él mismo solamente tres meses antes. También es recordado sentado al sol en un banco que había en la plaza delante de su casa.

En otoño de 1923, aprovechando unas prácticas militares del Batallón de Cazadores de Ourense, se celebra una misa campestre en un “souto” de castaños de Parderrubias, situado entre los pueblos de O Outeiro y Barrio. Al finalizar este acto, los hermanos Garrido invitan a los mandos militares y a don Adolfo a una visita a su taller. Tanto la misa como los asistentes a la visita quedan inmortalizados en dos fotos que serán publicadas el 20 de noviembre del 1923 en la revista Vida Gallega, junto con una tercera que muestra una panorámica de Parderrubias.

Misa campestre en un souto de Parderrubias. Fuente: Vida Gallega
Don Adolfo, en la fila del medio, sentado a la derecha. Fuente: Vida Gallega
Vista general de Parderrubias en los años veinte del pasado siglo. Se observa el pueblo de Barrio, la casa de los hermanos Garrido, en A Carretera, y a lo lejos, la iglesia. Fuente: Vida Gallega

En la segunda de las fotos vemos a un don Adolfo muy delgado y con mala cara, indicio claro que la enfermedad le estaba ganando la batalla. Tal es así, que solo cinco meses y medio después de publicarse esa foto, el 8 de mayo de 1924, fallece en su casa de O Outeiro a los 33 años de edad a causa de la tuberculosis. Su esquela fue publicada en diferentes diarios de la época. Fue enterrado en el cementerio parroquial de Parderrubias el 9 de mayo por don Alfonso Losada, siendo testigos de su entierro el sacristán Francisco Seara y Manuel Garrido (O Escultor). En  Soutomandrás, el 22 de febrero de ese mismo año, había fallecido “o tío vello” a la edad de 54 años, poniéndose de esta manera, con solo dos meses de diferencia, el punto y final a dos vidas consagradas a Dios y al prójimo.

Esquela de don Adolfo publicada en el diario La Región. Tanto en la esquela como en la lápida de su sepultura consta que tenía 31 años, cando en realidad tenia 33 años y dos meses.
Lápida de don Adolfo en el cementerio parroquial de Parderrubias

Como último homenaje a don Adolfo le dedico este soneto:

Mente viva que del saber añora,
con mano diestra la pluma esbelta esgrime
que surcando rauda en el lienzo imprime,
la Luz Divina que arde, y enamora.

En su celda siente pasar la hora,
dedicado al estudio que redime,
como bálsamo del dolor que oprime
su corazón, que por Dios se devora.

Si de su pecho el espíritu brota,
si al Señor con su palabra engrandece,
solo es reflejo de su alma devota.

Cuida su rebaño mientras padece
enfermedad, que juventud derrota,
mas su recuerdo vence y permanece.

(Tino Outumuro, 22 de diciembre de 2020).

Agradecimientos

El autor agradece a Juan Carlos Sierra Freire por la información aportada para la elaboración del artículo, sobre todo la relacionada con reseñas en diarios, Libros Parroquiales y del Archivo Municipal. A Xosé Anxo Outumuro le agradezco su ideas y el tiempo dedicado a la revisión del artículo.

HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

HERMANOS GARRIDO: “OS ESCULTORES” DE PARDERRUBIAS

Por Juan Carlos Sierra Freire y Lucía Garrido

Hermanos Garrido, de Parderrubias, artistas tan excelentes cuanto ignorados, que en estatutaria compiten dignamente, noblemente, con los mejores de Barcelona y de Valencia. Tanto puede el arte cristiano, en que los Garrido brillan, imprimiendo en la madera ese quid divinum que caracterizó a los artistas religiosos medievales” (C. C., 1911).

En el primer tercio del siglo XX, la práctica totalidad de vecinos de Parderrubias se dedicaba a las actividades agrícolas y ganaderas. Es en esa época en la que nos encontramos a una familia para la que estos quehaceres pasaron a ser algo secundario. En toda la comarca eran muy conocidos los negocios familiares y la actividad industrial de los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias): aserradero, molinera, ultramarinos y, sobre todo, los talleres de escultura religiosa. Los Hermanos Garrido disfrutaban de gran estima en toda la comarca, siendo considerada una familia influyente de la época.

Los que con el tiempo pasaron a ser conocidos como “Os Escultores” de Parderrubias eran los hijos de Celedonio Garrido y Jacinta González: José (1881-1965), Eliseo (1884-1972), Manuel (1889-1977) y Modesto (1892-1964). Además de estos, Celedonio y Jacinta tuvieron dos hijos más: Encarnación (1876-1918), fallecida a la edad de 42 años a consecuencia de la pandemia de 1918; y Marcelino (1877-1904), fallecido con solo 27 años, debido a las secuelas de un accidente talando un árbol. Se trataba de una familia de labradores de O Outeiro en la que, en sus principios, el padre y el hijo mayor José iban a las siegas a Castilla para complementar los ingresos que les daban las tierras y los trabajos artesanales en madera (Piñeiro, 2018). Celedonio había puesto en funcionamiento en O Outeiro un taller de ebanistería que con el tiempo evolucionaría a uno de imaginería y escultura religiosa. Este taller, en el que todos los hermanos se especializan en el arte de la imaginería, constituye el embrión de las dos marcas comerciales que llevan el sello de “Os Escultores”: José Garrido y Hermanos (José, Manuel y Modesto), y Eliseo Garrido e Hijos (Eliseo).

Artes Católicas José Garrido y Hermanos

José, Manuel y Modesto abren negocios en A Manchica –en aquel momento, pertenecía a la Parroquia de Parderrubias-, lugar al que pasa a vivir Modesto una vez casado. José y Manuel permanecen solteros y viven en A Carretera (Parderrubias). En A Manchica ubican sus afamados talleres de imaginería religiosa Artes Católicas José Garrido y Hermanos, que según Piñeiro pasaría a constituirse legalmente como Sociedad en el año 1924, con un capital de 25.000 pesetas. José y Manuel habían ido a formarse a Barcelona en arte religioso, y es aquí en donde también Manuel entra en contacto con técnicas fotográficas punteras en esa época, convirtiéndose de este modo la fotografía en una de sus aficiones más importantes. Al lado del taller de escultura religiosa, levantan un aserradero, conocido como La Industrial, y una molinera. El aserradero sería inaugurado en el año 1925 con un evento social amenizado por el grupo de gaiteros Os Maravillas de Cartelle, en el que tocaba Aurea, la que hoy está considerada primera mujer gallega gaitera. A este aserradero se le unirían otros dos: uno en Outumuro y otro en Celanova.

En esos años era algo habitual encontrarse en el diario La Zarpa este anuncio publicitario:

La Industrial: fábrica de aserrar y labrar maderas. Talleres de construcción José Garrido y Hermanos. Parderrubias”.

En A Carretera, los Hermanos Garrido construyen una lujosa casa solariega, que incluye hasta una capilla. Este edificio se convierte en la vivienda de José y Manuel, y en él instalan una tienda de ultramarinos y ferretería, en la que se llegó a vender hasta penicilina, pues Manuel poseía algunos conocimientos médicos. Se trataba de una casa tipo indiano, la cual mantiene la estructura en la actualidad, salvo el torreón que ya no existe. Aquí es donde Manuel instala su estudio de fotografía, cuyas técnicas había conocido en su viaje a Barcelona.

Casa de “Os Escultores” en Parderrubias a principios del siglo XX

Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos

Eliseo, después de contraer matrimonio, se separa de sus hermanos y crea en los años veinte su propio taller de imaginería religiosa en Bouzas: Taller de la Sagrada Familia Eliseo Garrido e Hijos. Según una hijuela de 1918, Eliseo hereda de sus difuntos padres tierras en Bouzas y en A Salgueira. Mientras que los talleres de José Garrido y Hermanos no tuvieron continuidad a la muerte de los tres hermanos, el de Eliseo Garrido sí lo hizo con sus hijos Celso y Adolfo. En 1962, Celso emigra a Francia quedándose Adolfo al frente del taller, hasta que cinco años después, una vez retornado de la emigración Celso, ambos hermanos deciden separar sus caminos profesionales. Celso crea la marca Celso Garrido e Hijos, pasando a denominarse Restauraciones Garrido en los años ochenta, marca comercial al frente de la cual se encuentran en la actualidad José Luis y Lucía Garrido (tercera y cuarta generación; véase http://restauracionesgarrido.es/). La firma Taller de Eliseo Garrido e Hijos llevó a cabo multitud trabajos, entre los que destacan el altar mayor y laterales de A Mezquita, altares mayores de Piñor, Taboadela, Baños de Bande, Cabaleiros, Tamallancos, Ramoiños, Arnoia, Cualedro, Olás, Xinzo, retablos mayores de Morgade, Cortegada, Cerreda, Bobadela, Entrimo, Cantoña, retablos laterales de Velle, San Pedro de Bogo, Villarrubín, etc., destacando de manera especial el altar mayor y el lateral construidos para la nueva iglesia de los Padres Franciscanos que se inauguró el día de Corpus del año 1929 en el parque de San Lázaro. Dicho trabajo fue reconocido por el diario La Región, y recibió multitud de felicitaciones, tal como acredita la revista El Eco Franciscano de julio de 1929.

Con motivo del altar construido por esta acreditada firma industrial, para la nueva iglesia de PP. Franciscanos de esta ciudad, fueron muchos y muy merecidos los elogios tributados al señor Garrido, que con esta obra ha demostrado que en sus talleres se producen trabajos de estimable valor artísticos. El crédito de los Talleres de la Sagrada Familia se extiende desde antes de esta fecha por toda la provincia y aún fuera de ella, pues entre otras obras de mérito destacan el altar mayor de la parroquial de Piñor, el de Taboadela, Morgade en Ginzo, Belle, Cortegada de Limia, convento de Padres Franciscanos de Rivadavia, San Pedro de Bojo (Oviedo) y otros que darían para una larga relación. Muy cordialmente felicitamos a don Eliseo Garrido por el elevado grado de perfección a que ha llevado su industria, que honra a nuestra provincia” (La Región, 11 de junio de 1929).

La fotografía que aparece a continuación muestra el plano del retablo de la capilla de Valoiro confeccionado por Eliseo Garrido en el año 1919.

Plano retablo Capilla de Valoiro

Los trabajos en el Taller de la Sagrada Familia, de igual manera que ocurriría en el de José Garrido y Hermanos, comenzaban al amanecer. Rescatamos una anécdota en el quehacer cotidiano del taller, contada por Celso Garrido (hijo de Eliseo), que tiene como protagonistas al abuelo y al bisabuelo de los respectivos autores de este artículo. Paulino Sierra realizaba de manera habitual labores de carpintería para “Os Escultores”. Una mañana, en el Taller de la Sagrada Familia, Paulino y Eliseo Garrido hablaban sobre los coches -probablemente en relación a los primeros vehículos de cuatro ruedas adquiridos por “Os Escultores”-, y en dicha conversación le decía Paulino a Eliseo: “chegará un día no que os coches serán baratos e todos poderán mercalos (llegará un día en que los coches serán baratos y todo el mundo podrá comprarlos)”.

Eliseo era un hombre tranquilo, inteligente, que supo hacer de la adversidad virtud y levantarse de cada caída. Un ejemplo de su forma de ser es la respuesta dada a un debate que tuvieron sus hijos Celso y Adolfo acerca del tipo de trabajos que debían hacerse en el taller, planteándose que los trabajos baratos no debían atenderse. La respuesta de Eliseo fue así de contundente: “Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) un traballo por poucos cuartos que deixe sempre hai que atendelo (Celso…, Adolfo…, Celso…, Adolfo… (…) (un trabajo por poco dinero que deje siempre hay que hacerlo)”.

Trabajos de imaginería religiosa

Los trabajos de imaginería religiosa de “Os Escultores” pronto son reconocidos en toda la provincia ourensana y fuera de ella, tal como se puede leer en el diario El Progreso de Lugo, del 10 de agosto de 1915, haciéndose eco de la exposición, en uno de los escaparates de la Casa Bravo, sita en la calle Príncipe de Vigo, de un magnífico retablo representando los Sagrados Corazones de Jesús y María, procedente de…

“…los grandes talleres de escultura religiosa José Garrido y Hermanos, situados en Parderrubias, pueblecillo cercano a Orense”.

En el recién aparecido diario La Región era usual encontrar en 1910, casi a diario, el siguiente anuncio:

José Garrido y Hermanos (Orense) Parderrubias. Esta casa cuenta con todos los adelantos modernos para la construcción de Imágenes en madera y cartón-madera, Altares, Doseles, Púlpitos, Monumentos para Semana Santa, y todo lo concerniente al culto católico. También se encarga de la restauración y pintura de Imágenes y Altares, por deteriorados y antiguos que sean, ejecutando estos trabajos en nuestros talleres o a domicilio. Se remiten gratis, dibujos, catálogos, fotografías y cuantos datos necesiten los señores que deseen honrarnos con sus encargos, para lo cual dirigirán su correspondencia a JOSE GARRIDO Y HERMANOS (Orense), Parderrubias” (La Región, 19 de agosto de 1910).

Así describía el corresponsal de La Región en Celanova la majestuosa imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que procesionó el 26 de noviembre de 1911 en la parroquia de San Salvador de Redemuiños, obra creada en los Talleres Hermanos Garrido:

De filigrana se puede calificar la hermosa estatua que, sostenida por cuatro ángeles, ostentadores del Cáliz, de la Cruz, de las Espigas, etc., mide la altura de un metro setenta centímetros, y cuya decoración, severamente armonizada, la llena de vida, hasta el punto de figurarse la mente a nuestro Redentor, marchando con paso lento y solemne por entre la muchedumbre y mostrando su corazón lleno de misericordia“.

O Tío Marcos d’a Portela, primera publicación periódica monolingüe en gallego, que había sido fundada por Valentín Lamas Carvajal en 1876, y recuperada entre 1917 y 1919, incluía la siguiente cuña publicitaria:

ARTES CATÓLICAS. Grandes Talleres d’Escultura Relixiosa, Artística, Talla, Pintura e Dourado. Costrución e reparación de toda crás de imáxenes en madeira e Pasta-madeira, Retablos, Doseles, Púlpitos e Tabernáculos. Variado sortido em Vía-Crucis de Pasta-madeira, de diferentes tamaños, crases e estilos. XOSÉ GARRIDO E HIRMAUS. Parderrubias (Ourense). Sucursal e depósito en Ourense DON VALENTÍN CID. Paz, núm. 2”.

En el año 1929 encontramos en el diario La Región una cuña publicitaria de la marca Eliseo Garrido:

Taller de la Sagrada Familia. Eliseo Garrido. Parderrubias (Orense). Escultura, talla, pintura y dorado. Retablos, doseles y todo lo concerniente al culto católico” (La Región, 12 de junio de 1929).

Cuña publicitaria del Taller de la Sagrada Familia. La Región, 12 de diciembre de 1931

El día de Corpus del año 1914, La Región dedica un especial a algunos de los comercios y negocios más influyentes de la época en Ourense: Laboratorio Vidal, Gran Hotel Miño, Gran Bazar Andrés Perille, Dentista García del Villar, Almacén de Tejidos Celso Ferro, Máquinas Singer, Droguería Pinal-Yebra-Aperribay, Hotel Cataluña, Gran Garaje Cimadevila, Balneario de Molgas, Relojería Manuel Barbosa, Bazar Avelino Cimadevila, Comercio La Pal y… a los Hermanos Garrido de Parderrubias. El reportaje dedicado a estos últimos, ilustrado con una bellísima escultura religiosa, relataba:

En Parderrubias, un pueblecillo cercano a Orense, están emplazados los talleres de escultura religiosa de los señores Garrido. Quizás en otro pueblo que no fuera el nuestro, los trabajos hermosos, concienzudos y acabados que se ejecutan en estos talleres, serían admirados y ponderados cual en justicia merecen serlo y aún arrancarían la supremacía a otras casas que se dedican a la misma industria. El grabado que publicamos, dice mucho mejor de lo que  nosotros podemos hacerlo, lo notable de la labor de los señores Garrido y ratifica nuestras anteriores manifestaciones. En la construcción de altares hacen primores también en esta casa. Sus imágenes talladas en madera y cartón-madera en forma tan admirable; de una perfección en las líneas y en los menores detalles tan marcada; de un dibujo y naturalidad asombrosa, son exportadas en gran número y pueden verse en muchas, en casi todas las iglesias de esta provincia. Y esta casa, más pronto o más tarde, tendrá que imponerse a las demás similares, porque así lo demandan sus trabajos no superados por los fabricantes del artículo a que nos referimos, que hoy privan en España” (La Región, 11 de junio de 1914).

No les faltaron competencias desleales o quienes les suplantaban en sus obras artísticas. Así, en agosto de 1922, se ven en la necesidad de publicar en la prensa escrita el siguiente anuncio:

Falsa propaganda. Desmintiendo la falsa noticia propagada solapadamente por ciertas personas que con fines lucrativos pretendieron hacer ver que no se seguía trabajando en los TALLERES DE ESCULTURA RELIGIOSA de Parderrubias, JOSE GARRIDO Y HERMANOS participan a su numerosa clientela que en sus talleres recientemente ensanchados y dotados de maquinaria moderna, se trabaja en mayor escala que anteriormente, lo que permite servir en inmejorables condiciones y a precios sin competencia toda clase de imágenes, retablos, restauraciones y todo lo que concierne al culto divino. Fábrica de aserrar maderas y molinera-Talleres de construcción. Grandes existencias de maderas de todas clases. MADERAS MACHEMBRADAS. Servicio de transportes de maderas a domicilio. Se vende gran partida de leña (desperdicios). JOSE GARRIDO Y HERMANOS. Parderrubias (Orense) (La Región, 19 de agosto de 1922).

En marzo de 1923 el Gerente de la razón social José Garrido Hermanos de Parderrubias hacía publica una nota de prensa en la que se informaba que las obras construidas en sus talleres de escultura religiosa se distinguen por una placa de bronce con la marca registrada “Artes Católicas”, de manera que las que no lleven esa placa no son legítimas de sus talleres. Hacía esta advertencia para que su clientela no se dejase engañar con ofrecimientos de otros artistas que con el fin de acreditarse utilizaban el mismo título.

Obras de “Os Escultores” en la Iglesia de Santa Mariña de Augas Santas

La producción artística de los talleres fue en aumento y sus esculturas de Sagrados Corazones, Vírgenes y Santos se hicieron hueco en multitud de iglesias y altares de la provincia. El éxito comercial y la fama de sus trabajos de imaginería no fueron impedimento para que “Os Escultores” llevaran a cabo obras sociales, en ocasiones en forma de donaciones. El Jueves Santo de 1936, estando muy próximo el inicio de la Guerra Civil, la iglesia parroquial de Barbadás fue incendiada por un grupo de insurrectos. Su reconstrucción duró más de un año y costó 10.600 pesetas. Los Hermanos Garrido contribuyeron a dicha obra donando una imagen del patrono San Juan Bautista.

Precios de imágenes en madera en 1916

Relevancia social

El prestigio y la relevancia de “Os Escultores” alcanzaron altas cotas en la sociedad de aquella época. En mayo de 1913 tienen lugar las fiestas Constantinianas en todo el mundo católico con el fin de celebrar la Paz de la Iglesia, conmemorando el decimosexto centenario del Edicto de Milán del año 313, por el que el Emperador Constantino reconoce a los cristianos la libertad de culto. En Ourense, durante las celebraciones, se iluminó la Catedral y en una de las torres se colocó una gran cruz iluminada. Con el objeto de ganar el Jubileo Constantiniano por dicha conmemoración, un grupo selecto de personas de la provincia ourensana viaja a Roma como peregrinos bajo la tutela del Obispo de la Diócesis, don Eustaquio Ilundain. Entre estas personas se encontraban el Rector del Seminario, un Canónigo de la Catedral, algunos párrocos y Manuel Garrido, uno de “Os Escultores”. El viaje en tren les llevó por Oviedo, Zaragoza, Barcelona, Marsella, Génova y, finalmente, Roma, en donde permanecieron desde el 7 al 13 de mayo hospedados en el hotel Babaria, aunque lamentablemente no pudieron ser recibidos en audiencia por su Santidad Pío X, debido a su estado de convalecencia. En Marsella tuvieron oportunidad de visitar el Santuario de Notre-Dame de la Garde, haciendo uso para la ascensión del Ferrocarril de Cremallera. A su regreso pasaron por Lourdes.

José, el hermano mayor, fue elegido Alcalde de A Merca en el año 1926, tomando posesión el 24 de abril. Tenía 45 años. Estando vigente el Directorio Militar de Miguel Primo de Rivera, una nueva corporación formada por jóvenes, que nunca se habían dedicado a la política, accede al Ayuntamiento de A Merca con ansias de acabar con la vieja política caciquil. La crónica de La Región informaba que:

Todos ellos nuevos dos veces, nuevos porque nunca han figurado en política y nuevos porque todos son jóvenes y además, ganosos de tirar con los moldes de la vieja rutina. Unido a esto como alcalde la prestigiosa persona de D. José Garrido, dio por resultado una corporación que ni soñada” (La Región, 1 de mayo de 1926).

El carácter personal de José Garrido y su discreción quedan reflejados en la carta que vecinos suyos firman en La Región el día en que toma posesión como Alcalde de A Merca:

La  prohibición del Sr. Garrido nos priva del placer de homenajearlo cual era nuestro deseo, pero su modestia personal no le permite aceptar acto de ostentación alguna” (La Región, 1 de mayo de 1926).

Estas mismas características personales ya habían sido empleadas en 1915 por S. Súarez López, cura de San Vitoiro da Mezquita, para describir a los Garrido:

Tan sencillos como modestos, los hermanos Garrido huyen de todo ruido, convencidos de que todo el mérito positivo no necesita que se le anuncie con encomios, como no lo necesita la belleza para atraer las miradas de todos: le basta con presentarse“.

El 6 de enero de 1927 se lleva a cabo la bendición y colocación de la primera piedra de la nueva escuela de Parderrubias, estando presidido el acto por el Alcalde de A Merca, don José Garrido González, acompañado de concejales, sacerdotes, maestros y un numerosísimo público. La obra sería ejecutada por José Garrido y Hermanos. Diecinueve meses después, el 12 de agosto de 1928, se lleva a cabo el solemne acto de inauguración oficial del edificio. La ceremonia fue presidida por el Gobernador Civil, don Vicente Rodríguez Carril; el Inspector de Primera Enseñanza, señor Maceda; y el Jefe Provincial de Unión Patriótica, señor Salgado Biempica. Además, se encontraban el Alcalde de A Merca, señor Garrido, su Corporación, el maestro nacional, el párroco y resto de autoridades locales. La obra había sido sufragada por el presupuesto municipal y la suscripción de los vecinos de la Parroquia de Parderrubias (La Zarpa, 14 de agosto de 1928).

La inauguración del nuevo pabellón escolar formaba parte del programa de fiestas en honor a la Virgen de Lourdes que organizaron los Hermanos Garrido los días 11 y 12 de agosto de ese año 1927, fecha en la que inauguraron un oratorio en su domicilio de Parderrubias. Tal como recoge el diario La Región de esas fechas, el sábado 11 de agosto a las doce del mediodía un repique general de campanas y el disparo de una nutrida salva de bombas anunciaba el comienzo de los festejos. A las ocho de la tarde, tenía lugar la novena a la Santísima Virgen y acto seguido se cantaron solemnes vísperas en su honor. Desde las nueve y media hasta las doce de la noche se celebró una gran verbena en el campo de la fiesta, amenizada por una banda de música, bajo una sorprendente iluminación. Al día siguiente, domingo 12 de agosto, a las cinco de la madrugada, una salva de bombas anunciaba la reanudación de los festejos y la banda de música recorrió las calles de los pueblos tocando dianas y alboradas. A las siete hubo misa parroquial y novena. A las nueve y media, tuvo lugar la bendición del oratorio en el domicilio de los hermanos Garrido, y acto seguido se celebró en el mismo la primera misa, cantada. A las diez y media se procesionó a la Virgen María desde el oratorio a la iglesia parroquial, en donde se celebró una solemne misa cantada a toda orquesta. Por la tarde, a las cuatro y media, se llevó a cabo una ceremoniosa bendición de la Bandera del Sindicato Católico Agrícola de Parderrubias, y ya a las cinco, con la asistencia del Excelentísimo Señor Gobernador Civil se inauguraba la escuela. A las seis comenzaron los bailes populares amenizados por la banda de música hasta el anochecer, cuando una salva de bombas ponía fin a los festejos.

La notabilidad de la familia Garrido queda patente en una fotografía publicada en la revista Vida Gallega del 20 de noviembre de 1923 (véase más abajo), en la que Modesto (de pie, segundo por la izquierda) y José (sentado en el centro) aparecen posando con sus sobrinas junto a los Oficiales del Batallón de Cazadores de Ourense, que estaba realizando en esos días maniobras militares en Parderrubias. En esa misma fotografía también podemos observar, sentado a la derecha, al cura don Adolfo Outumuro, pocos meses antes de su fallecimiento. En 1929, José y Manuel, junto al cura don Castor Gayo (fotografía que aparece al principio del artículo) viajan a la Exposición Internacional de Barcelona. Manuel y José ingresarían en el Somatén de la Octava Región, Auxiliaría de Allariz, durante la primera quincena del mes de enero de 1929.

“Os Escultores” de Parderrubias fueron los que adquirieron el primer vehículo de cuatro ruedas en el pueblo. También fueron los primeros en poseer dos camionetas para el negocio del aserradero. El 25 de octubre de 1921, un devastador incendio que asoló un edificio en O Posío acababa con la vida de un matrimonio y su hija. En los bajos había un taller de pintura propiedad del infortunado y un garaje, en el que se guardaban tres camiones Peugeot, que quedaron completamente carbonizados; uno de esos camiones era de los Hermanos Garrido. El incendio había sido provocado por una negligencia de un chófer al llenar de gasolina el depósito de uno de los camiones, dejando que esta se derramase y alcanzase un farol de aceite. Aparte de la pérdida de vidas humanas, los daños superaron las cien mil pesetas de la época.

Manuel era un apasionado de la fotografía (varias de las fotografías que ilustran este artículo son de su autoría), lo que se puede interpretar como un gran hito en aquella sociedad rural de la época. Tal como relata Piñeiro, en 1911 adquiría los primeros frascos de revelador y sobres de papel de citrato de 13 por 18 en la droguería Sanchón de Vigo. Durante los años veinte se encargó de fotografiar a vivos y muertos de toda la comarca, llegando a acumular cientos de fotografías que hoy constituyen un documento visual valiosísimo que permite conocer y profundizar en la sociedad de principios del siglo XX en toda nuestra comarca. Una de sus fotografías más impactantes corresponde a un entierro celebrado en la iglesia parroquial de Parderrubias, excelentemente inmortalizado por a cámara de Manuel. Pudiera tratarse del entierro de don Adolfo Outumuro.

Entierro en la iglesia parroquial de Parderrubias retratado por Manuel Garrido

En palabras de Piñeiro, Manuel retrató a “ricos y pobres, a burgueses prepotentes que inmortalizaban sus pretendidas riquezas personales y su egocentrismo, y a humildes labriegos que veían en la fotografía el arte de la transformación temporal, superando por momentos, sus particulares miserias… Niños y viejos, vivos y muertos, entierros y romerías y algún que otro pionero, que orgulloso mostraba al mundo su modernidad adquirida, eran los motivos etnográficos que el joven Manuel Garrido iba plasmando en su cámara oscura“.

El nombre de Hermanos Garrido llega a aparecer en la obra “Mitteleuropa” de Vicente Risco, en la que el gran literato gallego relata sus impresiones acerca del viaje que realiza a Berlín:

Cadra xa en Wilmesdorf, e para ir, cómpre atravesar a Kurfürstendamm e coller logo por Olivaer Platz e Parisestrasse. É unha igrexa nova dun oxival que farían os irmáns Garrido de Parderrubias, se como son carpinteiros e escultores, fosen canteiros e arquitectos, posta no medio dun lindo xardinciño”.

Los eventos sociales en la casa de “Os Escultores” saltaban a las páginas de los periódicos locales de la época:

El domingo se celebró en la casa solariega de los señor de Garrido, en Parderrubias, la fiesta de la patrona de la casa, la Virgen de Lourdes. Hubo misa solemne en el oratorio en la que interpretó música de Perosi la Banda de Las Pías, que dirige el competente joven don Aurelio Nieto. Luego se sirvió una suculenta comida a cerca de cien invitados. Por la tarde hubo fiesta popular en los patios de la fábrica de escultura de los Garrido” (La Región, 30 de julio de 1933).

En definitiva, los Hermanos Garrido (“Os Escultores” de Parderrubias) fueron una familia emprendedora de la época, que colocaron el nombre de Parderrubias en la sociedad de principios del siglo XX, a través de su actividad industrial, política y social. A pesar de que los talleres de imaginería religiosa José Garrido y Hermanos enmudecieron hace ya muchas décadas, su obra perdura con el paso del tiempo, pudiendo todavía hoy ser contemplada, como es el caso del Viacrucis que cuelga de las paredes de la iglesia parroquial de Parderrubias. La tradición prosigue actualmente con Restauraciones Garrido, que dio continuidad a una de las dos sagas: la de Eliseo Garrido.

Firmas de los cuatro hermanos Garrido

Referencias

Piñeiro, A. (2018). Cazadores de almas. Tres fotógrafos das terras de Celanova. Raigame, 42, 60-67.

Nota. Los autores agradecen a Antonio Piñeiro permitirnos hacer uso de su documento no publicado “Manuel Garrido: un imaxineiro que dominou a arte da fotografía”, y a Xulio Outumuro el hacerlo llegar a nuestras manos.

Una excursión a Parderrubias en el año 1915. Por Juan Carlos Sierra Freire

Una excursión a Parderrubias en el año 1915. Por Juan Carlos Sierra Freire

El 15 de febrero de 1910 iniciaba su andadura el periódico ourensano La Región. A partir de los dos artículos que el cronista Suárez López (1915a, 1915b) publica en dicho diario los días 1 y 2 de julio de 1915, narrando el viaje que realiza a Parderrubias en junio de ese año (“Excursión a Parderrubias”), con motivo de la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, vamos a viajar al Parderrubias de esos años.

En esa época, España estaba dominada por el “turnismo” y el caciquismo de los partidos Conservador y Liberal que apoyaban la Monarquía de Alfonso XIII. Perdidos los territorios de ultramar, el país se ve abocado a la Guerra de África (1911-1927) como consecuencia de la sublevación de las tribus del Rif en contra del colonialismo, acabando el conflicto de la peor manera posible para los intereses nacionales con el Desastre de Annual. Nuestros abuelos se vieron envueltos en dicha contienda y África era un destino nada deseable para realizar el Servicio Militar. El caciquismo funcionaba a las mil maravillas en Galicia, en donde entre 1902 y 1923 (es decir, ¡durante 21 años!) los partidos Socialista, Reformista, Carlista y Galleguista consiguieron un solo diputado en Cortes. Este sistema “…era el único instrumento a disposición del campesinado gallego que le garantizaba resoluciones judiciales favorables, contribuciones más benignas, concesiones de licencias, exenciones del servicio militar, estudios de algunos miembros de la familia, ascensos en las carreras, etc.” (Barreiro Fernández, 1991, p. 39). Este sistema corrupto sería fuertemente criticado por intelectuales, primero, y por obreros y campesinos, más tarde. El anticaciquismo agrario alcanzaría su máxima expresión con la figura del cura ourensano Basilio Álvarez:

Aquí existen millones de hombres honrados que sufren, que han hambre y sed de justicia, que tienen sobre sus hombros la maldición del foro, que pesa sobre sus frentes el escarnio del cacicuelo y sobre sus conciencias el atraco de su voluntad” (Alvarez, 1913, p. 37).

Castelao_Galicia Diario de Vigo 2gosto1922
Viñeta de Castelao en “Galicia: Diario de Vigo” del 2 de agosto de 1922

Este sistema electoral se deja entrever en el contenido de una carta publicada el 7 de abril de 1914 en el diario católico lucense La Voz de la Verdad, y una semana después en el periódico tradicionalista madrileño El Correo Español, que es firmada por varios vecinos de Parderrubias y va dirigida al parlamentario carlista Juan Vázquez de Mella y Fanjul:

Excmo. Sr. Los admiradores con que V. E. cuenta en este municipio de la Merca, se consideran obligados a darle cuenta de su proceder en la pasada contienda electoral. No acudimos a las urnas, obedeciendo nuestra reserva a la premura del tiempo, a la falta de organización y a estar tomadas las posiciones por el bando opuesto. Juzgamos que el nombre del excelso tribuno debe ir siempre asociado a ruidosos triunfos, y una votación, aunque nutrida, nos pareció ofrenda muy pequeña para un hombre de tantos prestigios. Sufre la raza intensa crisis, pero vuestro nombre esclarecido tiene la virtud de producir una reacción atentadora. Esperamos confiadamente no desista de nuestra representación, y en justa correspondencia cuente con el cariño y votos de todos los hombres dignos, que son los más. Nuestra honradez será fiadora de nuestras promesas. Reiterándole nuestra consideración tiene la orden de ponerse a las órdenes de V. E., el párroco de Parderrubias y arcipreste Benito Garrido; José Garrido y hermanos, escultores de Parderrubias; Germán Seara, propietario; Manuel Fernández y Compañía; Modesto Lorenzo, presbítero; Gerardo Castro, párroco de la Merca; Eladio Pereiro, párroco de la Mezquita; Darío Sousa, párroco de Faramontaos; José Casas, comerciante; Nicanor Lorenzo, industrial; José María Garrido, propietario; Benito Iglesias, presbítero de Parderrubias; Adolfo Garrido, industrial; Francisco Iglesias, propietario; Nicasio Magdalena, párroco de Corbillón; Jenero Cid Vispo, coadjutor de Zarracós; Antonio A. Espinosa, párroco de Proente; Emilio Dapía, párroco de Olás; Abelardo Fernández Basalo, presbítero de Zarracós; Francisco Fernández, propietario; Camilo F. Míguez, propietario”.

En este contexto social, vamos a realizar una excursión a Parderrubias del año 1915, época en la que inexcusablemente hay que hacer referencia a la figura de los Hermanos Garrido (Os Escultores de Parderrubias).

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Excursión a Parderrubias

El día estaba espléndido; la luz del sol caracoleaba graciosamente sobre los muros y techumbres y los guijarros del camino, y el firmamento ostentaba el ropaje, no de los valles umbrosos, ni de las airosas colinas, no de los prados floridos, ni de las pintadas aves, sino el de los cielos claros, radiantes, deslumbradores; el purísimo azul en toda su diafanidad y tersura, sin el menor celaje, símbolo expresivo de la limpieza sin par de la Concepción de María.

Apenas transcurrieron veinte minutos, y ya mi cuca me había transportado a Matusiños, residencia señorial de mi amigo, el humorístico hermano Felipe. Tras un breve descanso, y atravesando unos maizales que lagrimeaban el rocío de la noche, emprendimos en amena charla la ascensión al monte, orillando un arroyo, por áspera pero agradable cuesta que va serpenteando o en zig-zag, gargantada en la mitad por enormes peñascos y flanqueada luego por sombríos y altos pinares. Al concluir la ascensión, y en la hondonada, preséntase a la vista la dilatada y verde campiña del pintoresco pueblo de Parderrubias, dividida en dos partes por la carretera que, como cinta de plata, se extiende desde Orense hasta la villa de San Rosendo. Al lado derecho y en una meseta yace muellemente recostada la aldea de dicho nombre con toda la fealdad y falta de arte de las construcciones modernas, sirviéndole de espaldar selváticos y encumbrados montes que unos sobre otros van empinando sus salvajes picachos.

Galantemente invitado por el simpático y jovial Pepe Garrido y sus hermanos, notables escultores y pintores de esta localidad, ventajosamente conocidos por sus relevantes obras de indiscutible mérito artístico que han obtenido lisonjero éxito y sinceros elogios, así de la prensa como de los inteligentes del arte hermanado con la manifestación del más puro sentimiento religioso, he tenido el gusto de admirar sus magníficos talleres montados a la moderna e instalados en la planta baja del edificio de su propiedad, emplazado a orillas de la carretera.

Jóvenes aún los hermanos Garrido, más que una risueña esperanza, son ya una legítima gloria del arte escultórico y pictórico en nuestro suelo patrio, porque no son los años los que hacen la gloria, sino las obras, y estas llevan el sello de lo grande, del talento, del genio, siendo por esto mismo dignas de figurar en las mejores exposiciones así regionales como internacionales.

Y aunque el ambiente en el que se mueven es pequeño, los artistas y sus convicciones son grandes, pues no es el contorno, o como hoy se dice el ambiente, el que forma la grandeza, sino lo que se destaca en él. Y aquí esto es excelente, acabado, perfecto; sus obras son filigranas, verdaderas joyas de arte que suscitan los aplausos y entusiasmos de todas las personas que saben apreciar y valuar el verdadero mérito.

Tan sencillos como modestos, los hermanos Garrido huyen de todo ruido, convencidos de que el mérito positivo no necesita que se le anuncie con encomios, como no los necesita la belleza para atraer las miradas de todos: le basta con presentarse. Esto les pasa a las imágenes y toda clase de obras de escultura y pintura religiosa que sale de los talleres de Parderrubias.

A semejanza de un astro que asciende más y más, radiante y majestuoso, sobre el horizonte, así las nuevas obras que salen de las manos de los artistas Garrido, despiertan doquiera viva admiración, excitan una simpatía siempre creciente, y son alabadas por todo género de publicaciones periódicas en la Península y en ambas Américas.

Ayer eran los hermanos Garrido para muchos solamente los carpinteros del contorno; a lo más los ebanistas con ribetes de pintores. No pocos, quizá llamaron exagerado al cronista que esto escribe cuando, atribuyéndole la llama del genio, los llamaba ‘los genios artísticos de Galicia’. Hoy son mejor conocidos y más estimados. De su nombre y de sus geniales obras se ha apoderado la prensa; individuos y entidades se agrupan alrededor de su modesta personalidad, saludándoles como verdaderos genios.

Hay muchos artistas de su clase llevados y traídos por la prensa de todos los matices en pomposos anuncios y reclamos, que pasan por grandes, y hasta son aclamados cual genios, pero mirados de cerca no valen nada, son genios de arcilla; y si se los compara con los hermanos Garrido, pierden su esplendor, y hasta el eco de su nombre, sin que baste a salvarlos el ruido bullanguero que producen los anuncios periodísticos y tarjetas de propaganda, que la mayor parte de las veces crean glorias sin base y dicen lo que quieren, aunque sea sin sentirlo, y sobre todo, sin merecerlo las obras ni sus autores. Por el contrario, hay artistas humildes, modestos, que trabajan con decisión y talento, sin que sus fotografías aparezcan en las esquinas de las calles o en las hojas del periódico, ni sus bustos en los salones; que todo lo fían a su ideal e inspiración, y evitan con todo cuidado los clamores populares alrededor de su figura, y sin embargo tienen altísimo valor, con un glorioso símbolo de la intuición genial, la gloria del pueblo que los vio nacer y de centuria en que florecen. A este número pertenecen los hermanos Garrido. ¿Queréis verlo? No hay más que visitar los talleres de Parderrubias. Hay allí una galería de obras bellísimas.

Bien quisiera el cronista desplegarla toda entera a vista de los lectores de LA REGION. Pero prefiero detenerme principalmente sobre dos imágenes de talla recientemente adquiridas por el celoso párroco de La Merca, mi amigo Gerardo. Representa la primera a Jesucristo, mostrando su divino Corazón, cuya silueta se dibuja rodeada de una corona de llamas. Nótase a primera vista espontaneidad y elegancia en el modelado, y amplitud de concepción. La figura es verdaderamente inspirada y está trazada con sorprendente vigor. La factura es irreprochable, severa y al par brillante. La tonalidad especial de color y luz que exige el asunto está en proporción y armonía con la composición, sin desviarse del género. Solo sintiendo los inefables latidos del misticismo podía P. Garrido inspirar esa composición en la que palpita un ambiente de espiritualidad tal que el ánimo del espectador se transporta y arroba, forzándole a plegar las rodillas y adorarle poseído del más profundo respeto. La segunda representa la Inmaculada. Es de un carácter distinto de la primera, pues mientras en esta preside la idea de la majestad derramando amor sobre el mundo, en aquella se personifica el candor, la inocencia, la pureza, sin mácula. La figura de esta imagen bastaría a hacer la reputación de un escultor cristiano. En ella se admira la sobriedad y la corrección de escuela. Así la talla como la pintura de ambas obras guardan el propio carácter. Sin perder la serenidad del género espiritual purista, que no permite distraer las miradas a accidentes de forma y a efectos de artificio, y que impulsa al espíritu a concentrarse en el pensamiento de la obra, el pintor, combinando el sentimiento y la expresión de cada personaje de la composición, ha logrado encantadores efectos de luz, una primorosa armonía del conjunto. Indudablemente que estas dos imágenes de talla del más espiritual género purista, como asimismo su pintura, con toques de oro de singular magnificencia, son de las principales joyas de la corona artística de los hermanos Garrido”.

Más allá de la sobreactuación del cronista, era habitual encontrar a los Hermanos Garrido (Os Escultores) en la prensa ourensana de principios del siglo XX. Casi a diario, sus cuñas publicitarias aparecían en periódicos locales como La Región:

TALLER DE ESCULTURA RELIGIOSA. Talle, Pintura y Dorado. José Garrido y Hermanos (Orense, Parderrubias). Esta casa cuenta con todos los adelantos modernos para la construcción de Imágenes en madera y cartón-madera, Altares, Doseles, Púlpitos, Monumentos para Semana Santa, y todo lo concerniente al culto católico. También se encarga de la restauración y pintura de Imágenes y Altares, por deteriorados y antiguos que estén, ejecutando estos trabajos en nuestros talleres o a domicilio. Se remiten gratis dibujos, catálogos, fotografías y cuantos datos necesiten los señores que deseen honrarnos con sus encargos, para lo cual dirigirán su correspondencia a José Garrido y Hermanos, Orense, Parderrubias”.

Anuncio Os Escultores 1910
Cuña publicitaria de La Región en 1910

Anuncio Os Escultores 1913
Cuña publicitaria de La Región en 1913

En esa época, sus obras escultóricas llevaban el nombre de Parderrubias allende de sus fronteras. El 3 de junio de 1915, con el argumento de que “siempre hemos alentado desde estas columnas a los que cultivan con éxito el arte”, La Región abordaba la figura de Os Escultores:

En Parderrubias, pueblecito próximo a Orense, tienen emplazados sus talleres de escultura religiosa, de los que han salido gran número de imágenes; unas destinadas al culto en las iglesias y otras a oratorios particulares. De la visita que efectuamos a los mencionados talleres, obtuvimos una impresión gratísima y el firme convencimiento de que el premio a los desvelos que se imponen los hermanos Garrido, no se hará esperar. Un compañero aficionado a la fotografía, impresionó varias placas con algunas imágenes recientemente terminadas y que en breve van a ser enviadas a los puntos respectivos de destino. Una de ellas es la que hoy ofrecemos a nuestros lectores, la Divina Pastora, construida para las Siervas de la Divina Pastora, de Puenteareas. Todos cuantos elogios hiciésemos, serían pocos”.

Os Escultores_La Región 3junio1915
Escultura de la Divina Pastora creada por los Hermanos Garrido

En el mes de marzo de 1916 se exponía en los elegantes escaparates del comercio de novedades Los Chicos, ubicado en la calle Paz Nóvoa de la capital ourensana, una figura de San Francisco construida en los “afamados talleres de escultura religiosa de los Sres. Garrido y Hermanos de Parderrubias” (La Región, 23 de abril de 1916). Su destino final era la iglesia parroquial de Osmo, en Leiro. En diciembre se bendecía la nueve iglesia de Cambeo, estrenándose un altar que había sido construido, pintado y dorado por “los inteligentes escultores de Parderrubias” (La Región, 10 de diciembre de 1916). En el mes de septiembre de 1917, en los escaparates de la joyería Valentín Cid, los Hermanos Garrido exponían imágenes de los Sagrados Corazones de Jesús y María, del Niño Jesús y de la Sagrada Familia.

Sagrado Corazón
Escultura del Sagrado Corazón de Jesús creada por los Hermanos Garrido. Fotografía: Lucía Garrido

Continuamos la excursión a Parderrubias.

Eran ya las diez de la mañana, cuando una cascada de alegres y argentinos sonidos lanzados estrepitosamente sobre el vecindario desde la alta espadaña de la iglesia, me empujó hacia el templo parroquial, de bastante capacidad, pero de escaso mérito arquitectónico, aunque bien conservado y mejor aseado. Hallábase adornado con el más exquisito primor. Lucía los atavíos de los días de gran gala, y estaba esplendente, radiante, con los focos de acetileno cuyo reflejo mágico bajando de las artísticas arañas hacían surgir de entre la penumbra todos los lindos detalles del brillante decorado. Era una verdadera ascua de oro, y las innúmeras bombillas de variados colores que fulguraban, simétricamente distribuidas, semejaban una visión del cielo.

A duras penas pude franquear la entrada, obstruida por una apiñada masa de público deseoso de rendir público plebiscito de amor al Deífico Corazón de Jesús, cuya fiesta iba a comenzar. A los pocos momentos preludiaba el armónium las notas del Tantum Ergo coreado con afinación y exquisito gusto por numeroso clero, en tanto que en el altar mayor se hacía con exactitud y corrección litúrgica la exposición de S. D. M. Acto continuo dio principio la Misa solemne que fue oficiada por el presbítero de la Merca señor Rodríguez Grande, con acompañamiento a toda orquesta, y oída con todo el recogimiento y religioso silencio posible en actos de tan extraordinaria concurrencia, en los que las dificultades del acomodo no son fáciles de vencer. En los intermedios la afinada banda de la Mezquita desgranó las notas de una inspirada fantasía que volaron sobre el auditorio silencioso, cuya atención se mecía en aquellas ondas de armonía que bajando del coro iban perderse en las ricas colgaduras de la iglesia, comunicando al pasar por los cuerpos, la rítmica y placentera vibración del sonido a los nervios de los espectadores, sumergiendo por un momento sus espíritus en el dulce sueño del arte sin fronteras.

Hubo para mí un momento emocionante, de consoladora expectación, con inenarrables ternezas, que desfloraría el ambiente de la pública opinión. ¡Oh! Los ángeles de la Eucaristía habíanse dado cita deliciosa; un centenar de pequeñuelos aproximadamente, que apenas empezaba a soltarse su lengua en el uso de su nativo idioma, recogidos, fervorosos y sonrientes, con sonrisa cándida y de extrema satisfacción, revoloteando como palomas, símbolo de la paz y tranquilidad de sus almas; acercáronse al sagrado banquete. A su alrededor expandía fragancia de lirios, perfume de cielo… Esta imponente manifestación de amor a Jesús Sacramentado, precisamente en estos tiempos de apatía e indiferencia religiosa, hizo resbalar por las mejillas de más de uno, furtivas lágrimas de ternura y emoción.

Digno epílogo de tan solemnes cultos fue la brillante y tradicional procesión que, si cada año despierta nuevo y fervoroso entusiasmo, al decir de todos, en el presente fue un verdadero acontecimiento en Parderrubias, pues todo el pueblo tomó parte con viva complacencia, ya adornando las casas con vistosas colgaduras, ya formando parte del religioso cortejo. Organizóse en el orden siguiente. Abrían la marcha los pendones y estandartes de distintas parroquias y Asociaciones, siguiendo la hermosa cruz parroquial y ciriales, de estilo renacimiento, tras la que formaban ordenadamente en dos alas, los niños que en la misa hicieran su primera comunión; luego las hijas de María, luciendo su clásica mantilla; a continuación el clero; después la venerada imagen del Sagrado Corazón, y enseguida majestuosa carroza en la que se yergue dulcísima y bella la efigie de María. Seis niñas primorosamente vestidas de ángeles con vistosos ramilletes de gayas flores que ofrendan a su celestial Reina, haciéndole la corte, juntamente con otras seis un poco mayores, formaban su escolta. Cierra la comitiva la banda de música que contribuye a aumentar las emociones del corazón con sus notas delicadas. El estruendo ensordecedor de las tracas y de multitud de cohetes, los acordes de la música, los marciales cantos de los niños, el alegre repiqueteo de las campanas, la lluvia de flores que sin cesar cubría las imágenes y el entusiasmo de todos, producían una emoción y alborozo indescriptibles. Un gentío enorme de las parroquias limítrofes se agolpaba a las bocacalles a contemplar el desfile; en sus fisonomías dibujábase religioso respeto; de sus corazones brotan férvidas plegarias y al mismo tiempo salen de sus manos nubes de flores que ofrendan al Deífico Corazón y alfombran el suelo por donde ha de pasar triunfante el Auxilio de los Cristianos.

Terminóse el acto con la solemne bendición de S. D. M., resultando, en conjunto, grandioso y típico, por ese tinte popular que le comunicara el entusiasmo de la feligresía. Fiesta tan simpática dejará imperecedero recuerdo en el corazón de cuantos tuvimos la dicha de asistir a ella.

El cronista, haciendo justicia y alto honor a los acendrados sentimientos religiosos de tan católico pueblo, quiere estampar aquí esta su impresión recogida en acto tan solemne y conmovedor: Parderrubias es un feudo del Sagrado Corazón. Así lo patentizaron sus habitantes en las numerosas comuniones que con inefable recogimiento hicieron todos, mujeres y hombres, jóvenes y niños, ricos y pobres, en todas las misas que se celebraron, principalmente en la de la comunión general.

Plácemes merecen los hermanos Garrido, a cuya feliz iniciativa y munificencia se deben tan solemnes cultos; el virtuoso arcipreste y párroco de dicha feligresía [don Benito Garrido], cuya alma arde en el celo vivísimo por el bien de sus semejantes; siempre solícito en procurar la paz del alma de sus amados feligreses y afanoso y diligente por todas las cosas de su iglesia; y cuyo desvelo ha sido parte tan principal para que la función se llevase a cabo con el esplendor que admiramos; y, por fin, de un modo particular, el pueblo todo que con entusiasmo y fervor dignos de toda loa, tan hábilmente les han secundado”.

Durante esos años tuvieron lugar algunos hechos que fueron objeto de interés en la prensa local, constituyendo en su mayoría un reflejo de la religiosidad que caracterizaba a Parderrubias en esa época. El 27 de febrero de 1913, salía con destino a Oviedo un grupo de ourensanos presididos por el Obispo de la Diócesis. Se trataba de peregrinos que se unirían en la capital asturiana a otros grupos para dirigirse a Roma con el fin de ganar el Jubileo, con motivo de las fiestas constantinianas. Entre ellos se encontraba un vecino de Parderrubias: Manuel Garrido. El domingo 18 de junio de 1916, en la Parroquia de Soutomandrás, celebraba la primera misa un vecino ilustre de Parderrubias, don Adolfo Outumuro Outumuro, sobrino de don Adolfo Outumuro Seara, párroco de dicha feligresía, quien actuaría de padrino eclesiástico. La solemne misa cantada por un coro dirigido por don Severino Bermello, párroco de Trasalva, terminaría con el tradicional besamanos. Entre los invitados al espléndido convite, que tuvo lugar en la casa rectoral, se encontraban los párrocos de Sobreira, Cornoces, Castrelo, Pereda, Mandrás, Louredo y Boimorto, así como un representante de la famosa casa de escultura Hermanos Garrido (La Región, 25 de junio de 1916). El presbítero David García Álvarez, cronista de la noticia, que se publicaba en la primera página de La Región, no desaprovechó la oportunidad de arremeter contra el periódico satírico y anticlerical El Motín, dirigido por José Neken. Desgraciadamente, la vida del joven y brillante cura, que ejerció de ecónomo de la Parroquia de Parderrubias, se vio truncada en la madrugada del 8 de mayo de 1924 por una grave enfermedad. Tenía tan solo 31 años de edad. Escasos meses antes de que la gripe de 1918 impactase de lleno en la población de Parderrubias (véase Se cumplen 100 años de la peor peste de todos los tiempos: la mal denominada “gripe española” de 1918 en Parderrubias), la prensa publicó durante varios días el anunció del extravío de un cerdo de color blanco “con dos rayas hechas por una tijera”. El cura don Benito Garrido gratificaba a quien diese alguna nueva acerca del descarriado gorrino. A finales de 1920 serían nombrados por el Sindicato Católico Agrícola de Parderrubias, como vendedores de vinos, los siguientes afiliados: Luis Fernández, Germán Seara, Manuel Seara Casas, Emilio Outumuro, José Fernández, Ángel Santos y Francisco Seara. A principios del siglo XX comenzó la asociación de los campesinos gallegos en sindicatos y cámaras agrarias para la adquisición de maquinaria y abonos, así como para la gestión de las ventas de sus productos. Aunque bien es cierto, estas asociaciones nunca lucharon en su justa medida por los derechos de sus asociados, y así no fueron raros los motines y disturbios en el mundo rural.

El Motin, enero 1916
Viñeta satírica publicada en El Motín, año 1916

El Motin 1916_2
Viñeta satírica publicada en El Motín, año 1916


Referencias

Alvarez, B. (1913). Abriendo el surco: Manual de lucha campesina. La Habana: Ricardo Veloso.

Barreiro Fernández, X. R. (1991). Historia contemporánea. Política. Siglo XX (Tomo VIII) En F. Rodríguez Iglesias (Ed.), Galicia Historia. A Coruña: Hércules de Ediciones.

Suárez López, S. (1 de julio de 1915a). Una excursión a Parderrubias. La Región, p. 1.

Suárez López, S. (2 de julio de 1915b). Una excursión a Parderrubias. La Región, p. 1.

Se cumplen 100 años de la peor peste de todos los tiempos: la mal denominada “gripe española” de 1918 en Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

Se cumplen 100 años de la peor peste de todos los tiempos: la mal denominada “gripe española” de 1918 en Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

En el presente año 2018 se cumple un siglo de una de las pandemias más devastadoras que padeció la Humanidad a lo largo de su historia: la gripe de 1918. En Ourense, el otoño de ese año, en concreto el mes de octubre, fue el momento más trágico y dramático de la epidemia. En este artículo describimos el proceso que siguió la peste desde su fase inicial en marzo hasta el otoño/invierno de 1918, así como el impacto que tuvo en Parderrubias y en algunas Parroquias limítrofes (Vilar de Paio Muñiz, Pereira de Montes y Soutopenedo).

Introducción

¿Qué tuvieron en común el soldado Gilbert Mitchell, destinado en el Campamento Funston de Kansas (Estados Unidos) y el labrador José Epifanio Freire, vecino del pueblo de Montelongo, en la provincia de Ourense (España)? A simple vista, absolutamente nada, excepto que los dos compartieron la desgracia de ser víctimas de la plaga más infernal jamás padecida por la Humanidad, que acabó con la vida de más de 50 millones de personas en todo el mundo. Gilbert pasó a la historia por ser el paciente cero de la “gripe española”, José Epifanio es mi bisabuelo.

Probablemente fuese un día de “feira” en Ourense de aquel fatídico otoño de 1918, presumiblemente el 17 de octubre. Mi bisabuelo José Epifanio se había acercado a la capital por negocios relacionados con unas vacas, cuya propiedad compartía con otro ganadero. Su familia, y vecinos de Montelongo, le aconsejaron que no se acercase a la ciudad, pues la gripe estaba ya muy extendida y las noticias que llegaban de allí eran preocupantes. Sin embargo, pudo más la exigencia y el requerimiento del negocio del ganado que la justa valoración del riesgo, y mi bisabuelo vino infectado de Ourense, sintiéndose muy pronto enfermo. Se metió en cama, pidió a mi bisabuela Filomena que bajo ningún concepto dejase entrar a los niños en su habitación y que, en caso de que “pasase lo que podía pasar”, incinerase todas sus ropas. Mi bisabuelo fallecía, siete días más tarde, el 24 de octubre, a las seis de la madrugada, a la edad de 47 años, dejando seis hijos, todos ellos menores de edad, siendo mi abuelo Manuel el mayor, con 17 años, y contando el menor con tan solo dos años de edad. Así de fulminante y cruel fue la peste de 1918.

El soldado estadounidense Mitchell, cocinero en el Campamento Funston, en Kansas, ingresa en la Enfermería el 4 de marzo de 1918 con fiebre y un fuerte dolor de cabeza. Una semana después los enfermos eran incontables. Desde este campamento, en donde enfermó el cocinero, llegaban soldados ya infectados al frente francés de la Primera Guerra Mundial. Así fue como la peste desembarcó en Europa. En abril, la gripe ya producía estragos en las trincheras de Europa Occidental. Llega a España probablemente en tren, desde Francia, de donde regresaban jornaleros españoles y portugueses que suplían la falta de mano de obra en el país vecino debido a la guerra. Aunque el primer fallecido español está fechado oficialmente en el mes de mayo en Madrid, tal como señalaremos más adelante se produjeron muertes por gripe ya en los meses anteriores. La prensa española se hace eco de la mortal infección que se propagaba de manera alarmante, mientras que los países en guerra ocultan la plaga para no minar más la moral de la población y del Ejército. Por el simple hecho de que en España, país neutral, se hablaba abiertamente de la enfermedad sin censura alguna, se le denominó injustamente “gripe española”, creyéndose que era un problema de nuestro país. Así que, además de infectarse un 40% de la población y acabar con la vida de cerca de 300.000 españoles (entre ellos, mi bisabuelo), a nuestro país le quedó el sambenito de dar nombre a una de las plagas más mortíferas jamás padecida por la Humanidad. Baste señalar que en marzo el virus comenzó a matar en Kansas (Estados Unidos) y muy pocos meses después lo hacía en las Parroquias de Parderrubias, Vilar de Paio Muñiz, Pereira de Montes y Soutopenedo, en España.

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Servicio de la Cruz Roja en Estados Unidos durante la gripe de 1918. Fuente: Centers for Disease Control and Prevention

Ricos y pobres eran víctimas por igual de la gran pandemia, cebándose mayoritariamente en personas jóvenes, a diferencia de otras gripes. Los primeros síntomas se confundían con una gripe común: irritación de garganta, fiebre y dolor de cabeza. Pero pronto aparecían mareos, pérdida de audición, visión borrosa, delirios, convulsiones, etc. Eran típicas unas manchas de color negro que comenzaban en las mejillas y que pronto se expandían por todo el cuerpo. Todo este cuadro se complicaba con una neumonía bacteriana que era la que provocaba la mayoría de las muertes. El proceso era tan rápido que pacientes que comenzaban a toser por la mañana, por la noche fallecían. El virus H1N1 experimentó varias mutaciones a lo largo de 1918, convirtiéndose en letal, llegando lo peor en el otoño de ese año. Se transmitía de una persona a otra por secreciones respiratorias producto de la tos, estornudos o, simplemente, a través del habla. La miseria, la suciedad y el hambre contribuyeron sin duda alguna a su propagación. A ello se unió el hecho de que no existiesen vacunas para protegerse contra el contagio, ni antibióticos para tratar las infecciones bacterianas secundarias; a la penicilina todavía le quedaban diez años para su descubrimiento. Las intervenciones sanitarias se limitaban al aislamiento, cuarentena, recomendar hábitos higiénicos personales, uso de desinfectantes y limitaciones de reuniones públicas (Centers for Disease Control and Prevention, 2018).

La peste en Ourense

Desde agosto de 1918 hasta abril de 1919 se registraron en Ourense 145 muertes por cada 10.000 habitantes a causa de problemas respiratorios, siendo la quinta provincia más afectada del país, solamente superada por Burgos, Almería, Zamora y Palencia (Chowell, Erkoreka, Viboud y Echevarri-Dávila, 2014). El otoño de 1918 supuso el periodo más crítico de la gripe, declarándose el estado epidémico en la provincia. Así, ya el 27 de septiembre la prensa se hacía eco de la peste:

En Orense se desarrolla grandemente la epidemia, existiendo numerosos casos, algunos de ellos graves” (Diario de Pontevedra).

Ocho días más tarde, el 5 de octubre, ya se habla sin disimulo de estado epidémico, pues en esos primeros días del mes ya se contabilizaban 723 infectados en la capital:

El Boletín Oficial publicará una circular del Gobernador Civil, declarando en Orense el estado epidémico. Este acuerdo lo adoptó el Gobernador en vista de la importancia que adquiere la epidemia reinante en aquella capital. Ayer ocurrieron ocho defunciones” (Diario de Pontevedra).

El Gobernador insta al Alcalde a que habilite urgentemente locales para atender a enfermos pobres cuyas viviendas carecían de condiciones higiénicas. El 15 de octubre solicita con urgencia al Gobierno el envío de desinfectantes, pues en las últimas 24 horas habían fallecido once enfermos. La gravedad de la situación provocó la suspensión de las Oposiciones a Maestro que se venían celebrando en la capital durante ese mes de otoño y que el Presidente de la Audiencia de Orense solicitase la suspensión de los juicios orales programados. Por su parte, el Obispo de la Diócesis visitaba al Gobernador con el compromiso de colaborar en la campaña sanitaria.

El único hospital público en la capital ourensana en esas fechas era el Provincial de Las Mercedes, que muy pronto quedaría colapsado. Por ello, en el edificio de la actual Delegación del Ministerio de Defensa (en aquel momento Edificio de los Hermanos Maristas) se instaló un Hospitalillo Municipal de Epidémicos de dos plantas en donde ingresaron 117 enfermos. Estuvo atendido por seis médicos, dos practicantes, dos enfermeros, tres estudiantes de Medicina y seis Hijas de la Caridad (De la Torre Somoza, 2015).

El periódico La Región publicaba a diario los datos de los fallecidos, personas de todas las edades, pero sobre todo menores de 30 años. Con cal, sulfato de cobre, azufre o zotal se desinfectaban pisos, casas y lugares críticos como el asilo, la cárcel o el matadero. Un momento particularmente doloroso fue la prohibición de la Fiesta de Fieles Difuntos de ese año y la entrada a los cementerios por parte del Gobierno Civil (Simón Larda, 2001). La prensa publicaba recurrentes anuncios del tipo “La epidemia reinante se evita desinfectando con zotal” o “Epidemias contagiosas se evitan lavándose con jabón zotal”. El Diario de Pontevedra se hacía eco de un artículo publicado en El Figaro, por el doctor Sobrino Álvarez, en el que se hablaba de un tratamiento eficaz contra la gripe:

En primer término un purgante salino y, con preferencia, el sulfato de sosa. Si el enfermo no tolera el purgante le suministra un enema (38 gramos de sulfato de sosa disueltos en medio litro de agua hervida). Evacuado el intestino, la medicación consiste únicamente en cinco gotas de tintura de yodo, cada tres horas, para los adultos, y de dos a cuatro gotas, cada ocho horas, para los niños. El vehículo que prefiere para suministrar el yodo es la leche” (Diario de Pontevedra, 10 de octubre de 1918).

Vida Gallega 15 de noviembre de 1918
Anuncio en la revista Vida Gallega del 15 de noviembre de 1918

Si la situación en la capital era muy preocupante, en el resto de la provincia alcazaba tintes dramáticos debido a la ausencia de recursos sanitarios. En algunas Parroquias, las campanas ya no tocaban a muerto para no alarmar a los enfermos. Las crónicas que La Región publicaba a diario dejaban bien a las claras la trágica situación. Como ejemplos tomados de Simón Larda (2001) aludimos a dos pueblos relativamente cercanos a Parderrubias. En Bande “la epidemia se extiende de forma alarmante. Los empleados del municipio y la mayoría de la población de esta villa están enfermos, así como la mayor parte de los individuos que componen la Corporación. Los médicos están agotados físicamente, por efecto de las dificultades de este municipio, por tener la población muy diseminada para la atención de los enfermos, cuyo número excede de 1500” (La Región, 19 de octubre de 1918). El cura de Calvos, en Bande, informaba al Gobernador Civil que de los 300 vecinos de la Parroquia, 120 estaban infectados, muchos de ellos graves, careciéndose de medicinas y desinfectante (Diario de Pontevedra, 16 de octubre de 1918). En Piñor (Barbadás) “…en este pueblo a pesar de ser tan sano, la epidemia gripal se difunde de una manera atroz; hay un gran número de personas atacadas. El virtuosísimo párroco, Don Florencio Quintas, no da punto de reposo visitando a todas horas a los enfermos y proporcionándoles no solo los auxilios espirituales, sino también los corporales, a muchos pobres” (La Región, 23 de octubre de 1918). En otra villa importante de la provincia, Ribadavia, la situación era conmovedora:

En Ribadavia, según noticias oficiales, ocurrieron ayer nueve defunciones y hubo nuevas invasiones. Un amigo nuestro que ayer llegó de dicho pueblo nos dice que familias enteras han desaparecido víctimas de este mal. En una casa se murieron el padre, la madre y tres hijos” (Diario de Pontevedra, 5 de octubre de 1918).

En Carballiño, la tragedia alcanzaba niveles propios de una catástrofe, y así lo atestigua un telegrama recibido en el Gobierno Civil de Ourense:

Es verdaderamente espantoso el estado sanitario de esta villa y su partido, adquiriendo proporciones alarmantes, pues diariamente ocurren diez o doce defunciones, sin que las autoridades adopten medida alguna para evitar algo la difusión de tan terrible mal. Como vecino de esta villa acudo a V. S. en demanda de protección, pues se da el caso inaudito de que por ningún lado podemos encontrar desinfectantes para combatirlo por nuestra cuenta” (Diario de Pontevedra, 10 de octubre de 1918).

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Partidas de fallecimientos provocados por la gripe de 1918

La peste en Parderrubias y Parroquias vecinas

Con  el objetivo de examinar el impacto de la gripe en Parderrubias y en algunas Parroquias limítrofes (Vilar de Paio Muñiz, Pereira de Montes y Soutopenedo) hemos revisado el número de enterramientos que tuvieron lugar en dichas feligresías a lo largo de los años 1918 y 1919. Ello nos permite apreciar su evolución e identificar claramente el momento crítico que venimos destacando: otoño de 1918. Si observamos la Figura 1, apreciamos que entre octubre y diciembre de ese año se incrementa de manera significativa la cifra de enterramientos en las cuatro Parroquias, permaneciendo relativamente estable su número antes y después de dicho trimestre. Debemos aclarar que no todos los fallecimientos producidos en esos meses fueron consecuencia de la gripe. En el caso de Parderrubias, el cura don Benito Garrido no incluía en las partidas de entierro la causa del fallecimiento; en las otras parroquias sí aparece registrada la causa y así sabemos que en unos pocos casos no fue la gripe la causante del fallecimiento (lo fueron, por ejemplo, la miocarditis o la debilidad senil). No obstante, es incuestionable, y no puede pasar desapercibido, el significativo incremento de muertes durante esos tres meses.

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Figura 1. Evolución del número de enterramientos durante la gripe de 1918. Fuente: Elaboración propia

Prestando atención a la Figura 1, en primer lugar, percibimos claramente el pico en el número de enterramientos del último trimestre de 1918, pero sin que exista un solapamiento de las cifras en las cuatro Parroquias analizadas; así, por ejemplo, mientras en Parderrubias el mes de octubre es el más trágico con nueve fallecimientos, en Vilar de Paio Muñiz no se produce ninguno en ese mes. En segundo lugar, destaca el hecho de que la Parroquia más castigada fuese la de Parderrubias, debido probablemente a su mayor número de feligreses; recordemos que, en esa época, Solveira, Fondo de Vila y Nogueira pertenecían a la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias. Examinemos con un poco más de detalle los fallecimientos de esos meses.

En Parderrubias, se produce ya una muerte por gripe (presuponemos que la primera) en el mes de abril de 1918; se trata de Encarnación Garrido de 42 años, cuya esquela aparece publicada en La Región. En los meses de octubre, noviembre y diciembre fallecen 16 personas. Como ya se ha señalado, dado que las partidas de fallecimiento de esta Parroquia no recogen la causa de muerte, cabe pensar que no todos estos fallecimientos fueron provocados por la gripe, aunque bien es cierto que por la media de edad de los fallecidos sí podemos intuir que en la mayoría de los casos esa fue la causa. Esta hipótesis es avalada por los datos recogidos en otras Parroquias en las que sí se especifica la causa de muerte, y en donde la mayoría de los fallecimientos se asociaban a la gripe. La edad de los fallecidos en Parderrubias en esos meses osciló entre los pocos meses de vida y los 50 años (media = 20,67 años), es decir, todos fallecieron muy jóvenes; concretamente, seis eran niños o adolescentes. Como hemos dicho, el mes más trágico fue octubre con nueve fallecidos desde el día 13. Cronológicamente hubo entierros los días 13, 15, 16, 20, 21 (dos), 22, 28 y 29 de octubre. Conmueve imaginarse funerales casi todos los días de esa desgraciada quincena. En noviembre, el número de enterramientos desciende a cinco, y ya en diciembre solamente se produce uno. Entre los fallecidos en esos meses había nueve mujeres y seis hombres; un feto completaba el listado de dieciséis. En cuanto a los pueblos, cinco de los difuntos residían en Nogueira, cuatro en Barrio, dos en O Outeiro, dos en Solveira, uno en A Iglesia, uno en Fondo de Vila y en uno de los casos no se ha indicado su ubicación.

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Iglesia de Parderrubias

En Vilar de Paio Muñiz, durante el trimestre octubre-diciembre, fallecen diez personas (cinco hombres y cinco mujeres). En este caso, dado que el cura don Gerardo Castro indicaba expresamente en la partida de defunción la causa de muerte, sabemos que cinco de ellos fallecieron por bronquitis gripal y los restantes por miocarditis. Aunque el período crítico de la epidemia fue el último trimestre de 1918, en esta Parroquia ya habían fallecido tres personas (dos de ellas, niños) por bronquitis capilar aguda en el verano (en junio, julio y agosto, respectivamente). La media de edad de los cinco fallecidos por la gripe en otoño/invierno fue de 35,13 años. En este caso resulta llamativo el adelanto temporal en los fallecimientos por la epidemia a antes del comienzo del otoño y que, en cambio, en el mes de octubre no se produjese ninguna muerte. A raíz de los datos de esta Parroquia podemos saber también que, aunque como está demostrado el período crítico fue el otoño/invierno de 1918, los fallecimientos a causa del virus de la gripe se extendieron al año 1919. Así, aparecen registrados en ese año dos fallecimientos en abril y dos en noviembre por esta causa. En cuanto al sexo, de los fallecidos por gripe en 1918, cinco eran mujeres y tres hombres.

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Iglesia de Vilar de Paio Muñiz

En la Parroquia de Pereira de Montes, se produjo el fallecimiento de un hombre de 69 años por bronquitis capilar aguda en el mes de marzo. Sin embargo, tal como ocurrió en las otras Parroquias, los meses problemáticos fueron octubre con cuatro fallecimientos, todos ellos por gripe, y noviembre con siete muertes. En diciembre se producían dos fallecimientos, uno de ellos por bronquitis gripal. La media de edad de los fallecidos fue de 39,17 años. La gripe no respetaba edades, así en octubre fallece una niña de 10 años y en noviembre lo hace una mujer de 60. De los fallecidos, de igual manera que ocurrió en las dos Parroquias anteriores, la mayoría fueron mujeres.

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Iglesia de Pereira de Montes

Finalmente, en la Parroquia de San Miguel de Soutopenedo, de la que era feligrés mi bisabuelo José Epifanio, en todo el año 1918 tienen lugar 16 fallecimientos, de los cuales el 44% fueron debidos a la gripe, tal como indican las partidas de entierro firmadas por el párroco don Francisco Coello. En el mes de octubre fallece únicamente José Epifanio, a la edad de 47 años. Fue la primera víctima de la peste en Soutopenedo:

“…falleció el veinticuatro de octubre de mil novecientos diez y ocho a las seis de la mañana en el lugar de Montelongo de bronco-neumonía según certificación facultativa…”.

En el mes de noviembre se producen cinco fallecimientos, todos ellos asociados a la gripe. Es decir, en Soutopenedo la gripe provocó seis muertes, únicamente en los meses de octubre y noviembre, de las cuales solamente dos de ellas corresponden a hombres. La media de edad de los fallecidos fue de 36,83 años, oscilando entre 10 y 63 años.

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Iglesia de Soutopenedo

En resumen, la gripe de 1918, la mal denominada “gripe española”, de igual modo que ocurrió en el resto de España y en otros muchos lugares del mundo, dejó un importante número de muertes en Parderrubias y Parroquias limítrofes. El mayor número de víctimas se produjo entre la población femenina durante los meses de otoño e invierno de ese año, sin que existiese un paralelismo exacto entre las Parroquias analizadas. Así, mientras en Parderrubias el mes con mayor número de víctimas fue octubre, en Vilar de Paio Muñiz lo será diciembre; en Pereira de Montes y Soutopenedo el mes más trágico fue noviembre.

Terminamos con el deseo de que estas estas líneas constituyan un pequeño homenaje a todos los fallecidos por la gripe de 1918 en la comarca de Parderrubias, entre ellos, el bisabuelo José Epifanio, de cuyas muertes se cumplen ahora cien años. Aunque la peste no diferenciaba a pobres de ricos, sí es verdad que los labradores fallecidos en estas Parroquias estaban en clara desventaja para hacer frente a la epidemia, debido a las condiciones socioeconómicas en las que les tocó vivir.


Nota. El autor muestra su agradecimiento a don Julio Grande Seara y a don Fernando López Seoane por la información aportada para la elaboración de este artículo. Otra parte de la información procede del Archivo Histórico Diocesano de Ourense.


Referencias

Centers for Disease Control and Prevention (2018). Historia de la pandemia de influenza de 1918. Recuperado de https://espanol.cdc.gov/enes/flu/pandemic-resources/1918-commemoration/1918-pandemic-history.htm

Chowell, G., Erkoreka, A., Viboud, C. y Echevarri-Dávila, B. (2014). Spatial-temporal excess mortality patterns of the 1918-1919 influenza pandemic in Spain. BMC Infectious Diseases, 14, 371. Recuperado de https://bmcinfectdis.biomedcentral.com/track/pdf/10.1186/1471-2334-14-371

De la Torre Somoza, J. (2015). El hospital provincial de Ourense (1930-1979). Ourense: Diputación de Ourense.

Simón Lorda, D. (2001). La epidemia gripal de 1918 en Ourense. MINIUS, IX, 85-96.

Los prodigiosos años 60 y 70: sueños del futuro. Por Juan Carlos Sierra Freire

Los prodigiosos años 60 y 70: sueños del futuro. Por Juan Carlos Sierra Freire

Con el objetivo de dar continuidad al recorrido sobre las distintas generaciones del siglo XX en Parderrubias, que iniciamos en este Blog en los años treinta con “Parderrubias: sus Niños de la Guerra” [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/] y continuamos con “Aquel Parderrubias de la Posguerra” [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/02/13/aquel-parderrubias-de-la-posguerra/], nos adentrarnos ahora en los apasionantes años sesenta y setenta, las décadas prodigiosas. Parafraseando a Thomas Jefferson (1743-1826), la época en la que gustaban más los sueños del futuro que la historia del pasado.

Si por algo se caracterizaron, a nivel mundial, los años sesenta y setenta fue por los grandes movimientos sociales. La Guerra Fría llegaba a su punto álgido, Estados Unidos se desangraba con la Guerra de Vietnam y en América Latina surgían movimientos revolucionarios. Los jóvenes reaccionaban contra el sistema establecido protagonizando el Mayo Francés, la Primavera de Praga, el Movimiento Hippie, la Revolución de los Claveles o el Movimiento por los Derechos civiles para los Afroamericanos en Estados Unidos. El pacifismo, el ecologismo y el feminismo empezaban a abrirse hueco en la sociedad. En España, a pesar de que el desarrollo económico experimentado durante esos años había dado lugar, por primera vez, a una clase media, las libertades individuales y políticas seguían estando muy limitadas. Como consecuencia, las protestas de obreros y estudiantes contra la dictadura se convirtieron en imagen habitual de nuestro país en esa época. Eran tiempos que fueron testigos de la emigración de los pueblos a las grandes ciudades, especialmente de Cataluña y del País Vasco, así como a Europa Occidental (Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, etc.). Esta sangría poblacional no fue ajena a Parderrubias. Y, por fin, la década de los 70 trajo la muerte del Dictador, la llegada de la Democracia y la entrada de España en una nueva época. En 1964 Bob Dylan, a los acordes de su guitarra y su armónica, cantaba al mundo:

“…que el orden se está desvaneciendo rápidamente y el primero ahora más tarde será el último porque los tiempos están cambiando” (The Times They Are A Changin’).

Esta época de sueños y cambios, que supusieron los años 60 y 70, se simbolizó en Parderrubias en la figura de Don José Manuel Fernández Rúas, Párroco desde 1962 a 1967, tal como quedó reflejado en el trabajo de Outumuro Seara (2015) [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/10/e8-don-jose-manuel-fernandez-ruas-impulsor-de-la-modernidad-de-parderrubias-por-manuel-outumuro-seara/]. Su llegada a Parderrubias supuso romper con el pasado gracias a una bocanada de modernidad y aire fresco que inundó toda la Parroquia. Su labor, junto con la de Don Hermesindo Andrada Pérez y Don Isolino Camba Casas [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/], abrió paso a cambios profundos en la sociedad tradicional de la época en nuestro pueblo. Muchos de los avances sociales y culturales tuvieron su epicentro en la actividad del Teleclub durante esa época, de la que ya se dio cuenta en otros trabajos de este mismo Blog [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/category/teleclub/].

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Niños en la década de los 70 en Parderrubias

Estos aires de modernidad que llegaron a Parderrubias en esa época se hacen realidad en el hecho de que la generación de los 60 es la primera en la Parroquia que disfrutó de la electricidad desde el mismo día de nacer. Recordemos que la electrificación del pueblo terminó a finales del año 1957. En ese tiempo también tiene lugar un hecho que cambiará la fisionomía de la Parroquia. El Boletín Oficial del Estado publica el 19 de agosto de 1974 el Decreto 2318/1974 por el que se declara de utilidad pública la concentración parcelaria de la zona de Parderrubias. Se iniciaba así un largo proceso, no exento de complicaciones, que finalizaría ocho años después y que supondría una significativa mejora del estilo de vida de los vecinos. Es ésta también la época en la que empiezan a llegar los coches utilitarios a Parderrubias: el Seat 600, que se adjudicaba tras la espera de varios meses o años, incluso anticipando el dinero, unas 70.000 pesetas; el Seat 850, con mayor comodidad que el 600 y que costaba 80.000 pesetas; el Renault 4; el Seat 124, un coche ya para viajes largos, y el Seat 1430, con mayor potencia; y ya años más tarde, el Seat 127, el Renault 5 y el Renault 8, sin olvidarnos del Mini.

Renault 8
Renault 8 en la década de los 70 en Parderrubias

La bonanza económica experimentada en los años sesenta junto con la mejoría de las condiciones sanitarias, que redujo de manera drástica la tasa de mortalidad infantil, condujo al fenómeno baby boom en España. En el caso de Parderrubias, mientras en el periodo 1940-1959 habían fallecido 14 recién nacidos, únicamente lo hacen dos entre 1960 y 1979. Otro indicador del desarrollo socioeconómico de la época en Parderrubias podría ser el número de bodas celebradas. Mientras en las dos décadas anteriores se habían celebrado 46 bodas, entre 1960 y 1979 se llegaron a oficiar 62 casamientos, de los cuales solamente el 35% se produjeron entre personas de la propia Parroquia, lo que pone de manifiesto el aperturismo que se estaba experimentando. La tendencia en el número de bodas a lo largo de este periodo fue prácticamente plana con dos picos en 1966 y 1971, respectivamente. Véase el Gráfico 1.

Bodas
Gráfico 1

Boda
Boda celebrada en Parderrubias en el año 1965

En el periodo 1960-1979 nacieron en la Parroquia de Parderrubias 103 niños (56% varones y 44% mujeres), frente a los 157 que habían nacido durante el periodo 1940-1959; es decir, un promedio de 5,15 nacimientos por año frente al 7,85 de las dos décadas anteriores. La evolución a lo largo de estos 20 años (1960-1979) marcó una tendencia plana en el caso de las mujeres, mientras que en los hombres fue ligeramente ascendente (véase el Gráfico 2). Si atendemos a la distribución por núcleos poblacionales, apreciamos que entre O Outeiro y Barrio suman el 58% de los nacimientos, siendo muy significativa la caída que experimentó A Iglesia con respecto a las décadas anteriores, pasando de un 24% a un 8% del total de la Parroquia. Posibles explicaciones a este hecho podemos encontrarlas en el trasvase poblacional de A Iglesia a otros núcleos (A Carretera, por ejemplo) o en el mayor castigo que haya podido recibir de parte de la emigración. Cabe señalar que a inicios de la década de los 70 se produjo la expansión urbanística de A Carretera.

Nacimientos por sexo
Gráfico 2

Nacimientos por nucleo poblacional
Gráfico 3

A tenor de estos datos relativos al número de nacimientos, la pregunta que nos planteamos es si existió en Parderrubias un fenómeno baby boom similar al ocurrido en España entre 1960 y 1974. Obviamente, responder a esta cuestión no es tarea fácil, pues a la par de analizar el número de nacimientos habría que considerar el fenómeno de la emigración que sacudió a Parderrubias en la década de los años 60 y 70. En 1977 la Parroquia de Parderrubias contaba con 250 habitantes (76 familias) distribuidos de la siguiente manera: 73 en Barrio, 65 en A Iglesia/Valdemouro, 42 en O Outeiro, 36 en A Carretera y 34 en Nigueiroá/Campinas (Fuente: Registro de la Visita Pastoral a la Parroquia del 15 de marzo de 1977). Aparte de la emigración al País Vasco y Cataluña, y a Europa Occidental, el hecho de que naciesen menos personas de las que fallecían estaba dando lugar al inicio del proceso de despoblamiento que todavía Parderrubias padece en la actualidad. Entre el 13 de septiembre de 1970 y el 15 de marzo de 1977 se produjeron en la Parroquia 31 nacimientos frente a 34 defunciones. El problema de natalidad era ya un hecho evidente, aunque muy lejos todavía de la magnitud actual. De hecho, de 1977 a 1982 se llega producir un incremento poblacional, pasando de 250 a 275 vecinos, con la presencia de dos nuevas familias (Fuente: Registro de la Visita Pastoral a la Parroquia del 5 de marzo de 1982).

Si examinamos con cierto detalle el Gráfico 4, que muestra la evolución del número de nacimientos desde el año 1931 hasta 1979, apreciamos que la tendencia es claramente descendente. Si fijamos el foco de atención en el período 1960-1974, observamos que salvo en el año 1967, no se produce en absoluto esa explosión de natalidad que los demógrafos sitúan durante esa época en España. El número de nacimientos de ese período en Parderrubias está muy lejos del contabilizado entre los años 1939 y 1949, dato éste muy llamativo pues se sitúa justo al final de la Guerra Civil, produciéndose de esta manera el efecto contrario al experimentado habitualmente por poblaciones víctimas de guerras. El promedio anual de nacimientos del período 1939-1949 fue de 10,91 frente al 4,81 del de 1960-1974. Si comparamos la década de los 50 (1950-1959) con la de los 60 (1960-1969) observamos que el promedio anual de nacimientos desciende ligeramente, pasando de 4,78 a 4,50, recuperándose en la de los 70 (1970-79) al llegar a 5,8 nacimientos por año. Mención aparte merece el año 1967, el cual sí podría ser considerado como un exponente del baby boom, produciéndose 12 nacimientos e igualando de este modo los del año 1948. Esta cifra está directamente asociada a la del número de matrimonios celebrados el año anterior, siete, que supone la cifra más elevada de este ciclo.

Evolución número de nacimientos
Gráfico 4

Los que hemos nacido en aquella época, impregnada de profundos cambios, y que hoy observamos el mundo desde la perspectiva que nos da la madurez propia de la edad, cuando echamos la vista atrás nos damos cuenta de que muchas de las utopías de esos años, hoy siguen siendo eso, utopías.

“Si algo enseñan los años es la poca importancia que tiene todo. Todo, tarde o temprano, pasa… La vaga juventud, con sus sueños, sus grandes esperanzas” (Nada importa nada de Javier Salvago, 1997).

Sobre como el Clero reglaba conductas y obras de los feligreses de Parderrubias en el siglo XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

Sobre como el Clero reglaba conductas y obras de los feligreses de Parderrubias en el siglo XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

Nota. Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano.


Sobre como o Clero regulaba condutas e obras dos fregueses de Parderrubias no século XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara e Juan Carlos Sierra Freire

A parroquia rural galega chegou a desempeñar funcións que ían moito máis alá das propias da administración eclesiástica. Na actualidade, o seu papel como marco de veciñanza no ámbito rural galego segue tendo gran relevancia (Saavedra, Sobrado e Presedo, 2013). En 1580 contabilizábanse en Galicia 3.571 parroquias, a inmensa maioría de tipo rural e de pequena extensión (8 km2). A extensión actual da Parroquia de Parderrubias é de 8,3 km2.

Tal como sinalan Saavedra et al. (2013), desde a segunda metade do século XVI a vida comunitaria faise ao redor do templo parroquial. A inmensa maioría da poboación española do século XVI era analfabeta, constituíndo polo tanto a lectura e a escritura privilexios propios de clérigos, nobres e burgueses. Gran parte da cultura popular estaba plenamente influenciada polo Clero, influencia que en moitas ocasións caracterizábase pola intolerancia e a represión, atributos claramente reflectidos no Concilio de Trento (1545-1563) e, de maneira extrema, no labor da Inquisición.

As visitas pastorais ás Parroquias, das que en Ourense hai rexistros desde o ano 1480, permítennos apreciar como gran parte da vida comunitaria viraba ao redor do templo parroquial atopándose esta fortemente influenciada polo Clero: pago dos diezmos e outros tributos, cumprimento de obrigacións relixiosas, regulación de múltiples comportamentos, implicación nas obras parroquiais, etc. Baseándonos nas visitas episcopais realizadas no último terzo do século XVI á Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias daremos apoio a esta afirmación, ao longo dunha serie de artigos que iremos publicando. Neste primeiro traballo, referirémonos ás visitas realizadas á Parroquia polo Señor Bispo Juan de San Clemente e/ou o Visitador Xeral do Bispado de Ourense, o Licenciado Gerónimo Martínez, nos anos 1580, 1581, 1582 e 1583, sendo Párroco de Parderrubias Don Juan García, e as cales aparecen rexistradas no Libro Parroquial da época. Neses anos a Parroquia estaba integrada por 30 fregueses, e os seus destros eran valorados en cen ducados (o ducado era a moeda vixente nos séculos XVI e XVII en España, e tiña un peso de 3,6 gramos de ouro, equivalendo a 11 reais casteláns e un maravedí, ou 375 maravedíes).

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Visita pastoral do ano 1580. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Todas as visitas incluían unha primeira fase protocolaria que consistía na revisión e avaliación das condicións nas que se atopaba o Santísimo Sacramento, os Sagrados Oleos e a Pía do Bautizo. Con todo, o contido máis relevante destes rexistros son os mandatos que o Señor Bispo dirixe aos fregueses de Parderrubias. Estes mandatos pódense clasificar en dúas modalidades: 1) mandatos sobre a regulación das boas condutas dos fregueses e 2) mandatos sobre as ordenanzas relativas a obras e loxística do patrimonio que a Igrexa posuía en Parderrubias.

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Visita pastoral do ano 1581. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Regulación de boas condutas

Na visita realizada o 21 de maio de 1580, así como na levada a cabo o 22 de xaneiro de 1582, esíxese a aquelas persoas con testamentos por cumprir que os cumpran no día do enterro do finado que deixara o testamento e ao longo dese ano. Era práctica habitual que os fregueses, vendo preto o final da súa vida, deixasen un testamento verbal no que se establecía o número de curas asistentes ás honras fúnebres, así como o número de misas que estes deberían celebrar pola súa alma. É máis, na visita de 1582 exhórtase aos enfermos, tanto homes como mulleres, a que fagan os seus testamentos para “descargo de sus conciencias”.

O feito de acudir á misa os domingos e festas de gardar é un deber que todo cristián debe cumprir, polo que na visita de 1580 lémbrase aos fregueses, baixo mandato, acerca da obrigación de oír misa enteira todos os domingos e festas de gardar, debendo estar “callados, devotos, atentos e moi obedientes a su cura”. Na visita de 1582 concrétanse as penas ás que se expón todo aquel que non cumpra co devandito precepto:

“…oír misa entera todos los domingos e fiestas de guardar como son obligados de precepto so pena de un real para la fábrica por cada una que faltare en esta manera un cuartillo al que no llegare a la epístola y medio real al que no llegare al evangelio y un real a toda la misa”.

O comportamento en misa tamén era obxectivo do “manual dos bos costumes” e así, por exemplo, prohíbese falar de cousas profanas dentro da igrexa, pídese non arrimarse aos altares e que as mulleres non traian os seus fillos pequenos, pois “lloran e desasosiegan al rector y feligreses”, feito que lles poñería sen dúbida na disxuntiva de con quen deixalos, pois todo fregués estaba obrigado a asistir a misa.

Traballar ou mandar traballar un domingo ou festa de gardar en calquera labor penalízase con multa de catro reais (moeda de prata de 3,35 gramos que equivalía a 34 maravedíes) e penitencia pública participando na misa de domingo ou festa de gardar cunha vela acesa. Non acatar esta condena supoñía un castigo de maior rigor. Así, recóllese esta cuestión na visita do ano 1582:

…no trabajen ni manden trabajar en ningún labor ni casa so pena de cada cuatro reales para la fábrica e siendo rebeldes hagan una sentencia pública en la iglesia un domingo o fiesta de guardar estando a la misa mayor en cuerpo en pies descalzo e sin bonete con una bela de cera encendida en las manos e acabada la misa ofrezca la bela al cura e no lo cumpliendo los heviten de los oficios divinos y executen como bando”.

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Visita pastoral do ano 1582. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Pero talvez, o exemplo máis claro acerca de como se regulaba o comportamento dos fregueses atopémolo no caso do taberneiro Alonso Gulin, o cal constata a presenza de polo menos unha taberna en Parderrubias no ano 1580.

“…no viene a misa él y su mujer sino por días y que cuando viene el uno no viene el otro y se ocupan en de coger los feligreses los domingos y fiestas en su taberna antes de misa por lo cual el señor visitador le condenaron una libra de cera para la fábrica de la yglesia la cual se pague al mayordomo de la yglesia dentro de nueve días so pena de dos ducados y de que lo eviten y executen como bando que de aquí adelante los domingos y fiestas de guardar no recoja en su casa a los feligreses antes de misa a comer ni beber ni otras cosas y vengan oir misa entera marido y mujer y la gente de su casa so pena de dos ducados cada vez que no lo cumplieran aplicados según costumbre”.

Nesta mesma cuestión volve insistir na visita de 1582, o cal parece indicar que o “malo costume” de visitar a taberna antes de acudir á misa estaba bastante arraigada na Parroquia. Nesta ocasión fálase de “tabernas”, o que avalaría a hipótese da existencia de máis dunha, nas que se despacharían comida e bebida:

…los feligreses los domingos e festas de guardar antes de misa mayor no se vayan a las tabernas a comer beber ni jugar ni los taberneros no los reciban en sus casas ni les den naypes para jugar so pena de cada cuatro reales para la fábrica y siendo rebeldes hagan una penitencia pública como horando”.

Na visita de 1580 proponse regular tamén, mediante mandato, a “mala costume” que teñen algúns fregueses de acudir por negocios á misa de domingo ou festas de gardar a Parroquias próximas, polo que se pide que ningún fregués salga neses días da súa freguesía antes de oír misa.

Ademais da corrección de malos hábitos, os mandatos serven para lembrar aos fregueses a necesidade do cumprir cos cultos máis aló de asistir á misa. Nas visitas de 1581 e 1582 pídese ao Cura que ensine aos seus fregueses os misterios do Rosario co fin de que saiban rezalo, e que oito ou quince días antes das festas de Nadal, Corpus Christi e da nosa Señora (en setembro) avise aos fregueses para que se confesen e comulguen para gañar as grazas e indulxencias concedidas polo Santo Pai Gregorio XIII. Este feito avala que a festividade do Corpus Christi vénse celebrando en Parderrubias desde a súa instauración en Galicia alá polo século XVI, tal como xa expomos noutro traballo publicado neste Blogue acerca desta festa [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/02/e12-la-fiesta-de-corpus-en-parderrubias/].

Un dos mandatos incluídos na visita de 1582 fai referencia ao comportamento para seguir nas visitas do Santísimo Sacramento aos enfermos, tradición que o paso do tempo fixo desaparecer:

…luego que el cura e rector tañere las campanas haciendo señal para salir con el Santísimo Sacramento a visitar a los enfermos se junten a la iglesia y los acompañen con sus velas de cera encendidas en las manos los que pudieran so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

A regulación de comportamentos adecuados entre os fregueses tamén se facía explícita para o caso dos enterros. O mandato rubricado en 1582 era moi claro neste sentido:

…y cuando hubieren difuntos bayan a sus entierros y los acompañen desde sus casas a la iglesia y allí asistan a los oficios que se les hiziere so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

Este “manual de boas condutas” tiña espazo tamén para regulacións de obras de acción social. Así, na visita de 1580 ínstase a que se dea continuidade de forma habitual á acción do anterior Párroco, Don Francisco Alonso de Carballos, que doara en esmola 166 fanegas de pan para unha Alhóndiga da Misericordia co fin de repartir nos meses de necesidade entre os veciños (abril e maio, basicamente). A posta en marcha dunha “tulla” (almacén de cereais) regularizouse na visita do seguinte ano, realizada o 20 de agosto:

…todas las personas que deben pan a la tulla le acudan con el dentro de diez días primeros siguientes a la persona que le suele coger y no lo habiendo el Rector los quite de oficios divinos y demás desto les condene de un ducado…”.

Na visita do ano seguinte, a condena por incumprimento do devandito mandato faise explícita na persoa dun fregués de nome Domingo, quen se ve exposto a unha condena exemplarizante por violar o devandito mandato:

…de y pague las nueve fanegas de pan que debe a la tulla de la misericordia de la feligresía dentro de beinte dias primeros siguientes so pena descomunion y de cuatro ducados y de que lo hebiten de los oficios divinos y executen como bando”.

 Ordenanzas relativas a loxística e obras parroquiais

Á parte dos mandatos sobre boas condutas, nos rexistros de visitas episcopais atopámonos cos relativos á loxística e infraestruturas parroquiais. Na visita de 1580 pídese aos fregueses que compren un novo Misal, pois o único que hai é insuficiente cando se reúnen varios clérigos. Debe ser adquirido nun prazo de tres meses baixo multa de catro ducados, cantidade nada despreciable. Na visita realizada o 20 de agosto de 1581 demándase aos fregueses que no prazo de dous meses adquiran catro manteles para os altares e unhas vinaxeiras baixo pena de dous ducados destinados á compra da cera do Santísimo Sacramento, en caso de incumprimento.

Con todo, o mandato máis complexo exposto na visita de 1580 foi a petición da ampliación da igrexa, que quedaba pequena para albergar aos fregueses en misa de domingo. Lembremos que estamos a falar da igrexa que precedeu á actual, a cal sería construída case dous séculos despois, en 1765. Dise textualmente:

 “…que los feligreses alarguen para adelante la puerta principal de la iglesia doce pies a cada lado de buena piedra de cantería con su maderamiento y tejado de obra limpia y lúcida”.

Obra que debería estar rematada en tres anos, baixo pena de 20 ducados en caso de non cumprir co prazo. Esta ampliación da antiga igrexa ía asociada, como solicita o Visitador, ao derrube dunha casa de planta baixa sita diante da porta principal, propiedade de Constança e Domingos da Yglesia. Estas obras son lembradas nas visitas dos seguintes anos 1581 e 1582,  polo que supoñemos que non foron iniciadas no prazo convido. A esta reforma engadíronse outras na visita de 1582. Así, neste ano 1582 ínstase a iniciar outras obras importantes na igrexa. Esíxese arranxar o campanario (“y carguenlo mas pues se menea y podrá caer”) nun prazo de seis meses baixo pena de seis ducados, así como tellar a igrexa nos dous seguintes meses so pena de catro ducados.

Os mandatos da visita realizada o 13 de setembro de 1583 volven incidir nesta cuestión, limitándose practicamente todo o escrito ás esixencias ao cura e aos fregueses de acometer novas obras na igrexa:

…el Rector y feligreses por partes iguales conforme a la costumbre de este obispado levanten el Arco del Coro dos hiladas de piedra o tres… y el cura levante otras tres filadas de piedra al coro porque está muy bajo y le vuelvan a maderar de buena madera y quite la ventana que está en medio del altar mayor y quede todo llano y que los otros feligreses levante las paredes de la Yglesia otra hilada de piedra porque queda muy baja, lo cual cumplan cada uno por lo que le toque dentro de seis meses so pena de veinte ducados aplicados para obras pías”.

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Visita pastoral do ano 1583. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

En definitiva, a partir das visitas pastorais levadas a cabo en Parderrubias desde 1580 a 1583 podemos apreciar como a Igrexa exercía un estrito control sobre os seus fregueses e sobre o seu patrimonio. Este control tiña un carácter marcadamente represivo, pois como moi ben se puido apreciar todo mandato levaba emparellado, de forma explícita, un castigo económico polo seu incumprimento, tratándose en moitos casos de cantidades nada despreciables, que ían parar ás arcas da Igrexa para o seu mantemento. Se a esta fiscalización unimos o pago dos diezmos (décima parte do produto bruto producido en cada casa ao cabo do ano), que estaban vixentes desde o século VI, podemos facernos unha idea acerca da presión fiscal á que estaban sometidos os nosos antepasados por parte da Igrexa.


Referencias

Saavedra, P., Sobrado, H. y Presedo, A. (2013). La red parroquial y el clero rural en la Galicia en los siglos XVI-XIX: resultados de una investigación en curso. Obradoiro de Historia Moderna, 22, 93-128.


 

VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

Sobre como el Clero reglaba conductas y obras de los feligreses de Parderrubias en el siglo XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

La parroquia rural gallega llegó a desempeñar funciones que iban mucho más allá de las propias de la administración eclesiástica. En la actualidad, su papel como marco de vecindad en el ámbito rural gallego sigue teniendo gran relevancia (Saavedra, Sobrado y Presedo, 2013). En 1580 se contabilizaban en Galicia 3.571 parroquias, la gran mayoría de tipo rural y de pequeña extensión (8 km2). La extensión actual de la Parroquia de Parderrubias es de 8,3 km2.

Tal como señalan Saavedra et al. (2013), desde la segunda mitad del siglo XVI la vida comunitaria se hace en torno al templo parroquial. La inmensa mayoría de la población española del siglo XVI era analfabeta, constituyendo por tanto la lectura y la escritura privilegios exclusivos de clérigos, nobles y burgueses. Gran parte de la cultura popular estaba plenamente influenciada por el Clero, influencia que en muchas ocasiones se caracterizaba por la intolerancia y la represión, atributos claramente reflejados en el Concilio de Trento (1545-1563) y, de manera extrema, en la labor de la Inquisición.

Las visitas pastorales a las Parroquias, de las que en Ourense hay registros desde el año 1480, nos permiten apreciar como gran parte de la vida comunitaria giraba en torno al templo parroquial, encontrándose ésta fuertemente influenciada por el Clero: pago de los diezmos y otros tributos, cumplimiento de obligaciones religiosas, regulación de múltiples comportamientos, implicación en las obras parroquiales, etc. Basándonos en las visitas episcopales realizadas en el último tercio del siglo XVI a la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias daremos apoyo a esta afirmación, a lo largo de una serie de artículos que iremos publicando. En este primer trabajo, nos referiremos a las visitas realizadas a la Parroquia por el Señor Obispo Juan de San Clemente y/o el Visitador General del Obispado de Ourense, el Licenciado Gerónimo Martínez, en los años 1580, 1581, 1582 y 1583, siendo Párroco de Parderrubias Don Juan García, y las cuales aparecen registradas en el Libro Parroquial de la época. En esos años la Parroquia estaba integrada por 30 feligreses, y sus diestros eran valorados en cien ducados (el ducado era la moneda vigente en los siglos XVI y XVII en España, y tenía un peso de 3,6 gramos de oro, equivaliendo a 11 reales castellanos y un maravedí, o 375 maravedíes).

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Visita pastoral del año 1580. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Todas las visitas incluían una primera fase protocolaria que consistía en la revisión y evaluación de las condiciones en las que se encontraba el Santísimo Sacramento, los Sagrados Oleos y la Pila Bautismal. Sin embargo, el contenido más relevante de estos registros tiene que ver con los mandatos que el Señor Obispo dirige a los feligreses de Parderrubias. Estos se pueden clasificar en dos modalidades: 1) mandatos sobre la regulación de las buenas conductas de los feligreses y 2) mandatos sobre las ordenanzas relativas a obras y logística del patrimonio que la Iglesia poseía en Parderrubias.

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Visita pastoral del año 1580. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Regulación de buenas conductas

En la visita realizada el 21 de mayo de 1580, así como en la llevada a cabo el 22 de enero de 1582, se exige a aquellas personas con testamentos por cumplir que los cumplan en el día del entierro del finado que había hecho testamento y a lo largo de ese año. Era práctica habitual que los feligreses, viendo cerca el final de su vida, dejasen un testamento verbal en el que se establecía el número de curas asistentes a las honras fúnebres, así como el número de misas que estos deberían celebrar por su alma. Es más, en la visita de 1582 se exhorta a los enfermos, tanto hombres como mujeres, a que hagan sus testamentos para “descargo de sus conciencias”.

El hecho de acudir a misa los domingos y fiestas de guardar es un deber que todo cristiano debe cumplir, por lo que en la visita de 1580 se recuerda a los feligreses, bajo mandato, acerca de la obligación de oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar, debiendo estar “callados, devotos, atentos e muy obedientes a su cura”. En la visita de 1582 se concretan las penas a las que se expone todo aquel que no cumpla con dicho precepto:

“…oír misa entera todos los domingos e fiestas de guardar como son obligados de precepto so pena de un real para la fábrica por cada una que faltare en esta manera un cuartillo al que no llegare a la epístola y medio real al que no llegare al evangelio y un real a toda la misa”.

El comportamiento en misa también era objetivo del “manual de las buenas costumbres” y así, por ejemplo, se prohíbe hablar de cosas profanas dentro de la iglesia, se pide no arrimarse a los altares y que las mujeres no lleven a sus hijos pequeños, pues “lloran e desasosiegan al rector e feligreses”, hecho que les pondría sin duda en la disyuntiva de con quién dejarlos, pues todo parroquiano estaba obligado a asistir a misa.

Trabajar o mandar trabajar un domingo o fiesta de guardar en cualquier labor se penalizaba con multa de cuatro reales (moneda de plata de 3,35 gramos que equivalía a 34 maravedíes) y penitencia pública participando en misa de domingo o fiesta de guardar con una vela encendida. No acatar esta condena suponía un castigo de mayor rigor. Así, se recoge esta cuestión en la visita del año 1582:

…no trabajen ni manden trabajar en ningún labor ni casa so pena de cada cuatro reales para la fábrica e siendo rebeldes hagan una sentencia pública en la iglesia un domingo o fiesta de guardar estando a la misa mayor en cuerpo en pies descalzo e sin bonete con una bela de cera encendida en las manos e acabada la misa ofrezca la bela al cura e no lo cumpliendo los heviten de los oficios divinos y executen como bando”.

Pero tal vez, el ejemplo más claro acerca de cómo se regulaba el comportamiento de los feligreses nos lo encontremos en el caso del tabernero Alonso Gulin, lo cual constata la presencia de al menos una taberna en Parderrubias en el año 1580.

“…no viene a misa él y su mujer sino por días y que cuando viene el uno no viene el otro y se ocupan en de coger los feligreses los domingos y fiestas en su taberna antes de misa por lo cual el señor visitador le condenaron una libra de cera para la fábrica de la yglesia la cual se pague al mayordomo de la yglesia dentro de nueve días so pena de dos ducados y de que lo eviten y executen como bando que de aquí adelante los domingos y fiestas de guardar no recoja en su casa a los feligreses antes de misa a comer ni beber ni otras cosas y vengan oir misa entera marido y mujer y la gente de su casa so pena de dos ducados cada vez que no lo cumplieran aplicados según costumbre”.

En esta misma cuestión se vuelve a insistir en la visita de 1582, lo cual parece indicar que la costumbre de visitar la taberna antes de acudir a misa estaba bastante arraigada en la Parroquia. En esta ocasión se habla de “tabernas”, lo que avalaría la hipótesis de la existencia de más de una, en las que se despacharían comida y bebida:

…los feligreses los domingos e festas de guardar antes de misa mayor no se vayan a las tabernas a comer beber ni jugar ni los taberneros no los reciban en sus casas ni les den naypes para jugar so pena de cada cuatro reales para la fábrica y siendo rebeldes hagan una penitencia pública como horando”.

En la visita de 1580 se propone regular también, mediante mandato, la “mala costumbre” que tienen algunos feligreses de acudir por negocios a misa de domingo o fiestas de guardar a Parroquias cercanas, por lo que se pide que ningún feligrés salga en esos días de su feligresía antes de oír misa.

Además de la corrección de malos hábitos, los mandatos sirven para recordar a los feligreses la necesidad del cumplir con los cultos más allá de asistir a misa. En la visitas de 1581 y 1582 se pide al Cura que enseñe a sus feligreses los misterios del Rosario con el fin de que sepan rezarlo, y que ocho o quince días antes de las fiestas de Navidad, Corpus Christi y de Nuestra Señora (en septiembre) avise a los feligreses para que se confiesen y comulguen para ganar las gracias e indulgencias concedidas por el Santo Padre Gregorio XIII. Este hecho avala que la festividad del Corpus Christi se viene celebrando en Parderrubias desde su instauración en Galicia allá por el siglo XVI, tal como ya defendimos en otro trabajo publicado en este Blog acerca de esta fiesta [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/02/e12-la-fiesta-de-corpus-en-parderrubias/].

Uno de los mandatos incluidos en la visita de 1582 hace referencia al comportamiento a seguir en las visitas del Santísimo Sacramento a los enfermos, tradición que el paso del tiempo hizo desaparecer:

…luego que el cura e rector tañere las campanas haciendo señal para salir con el Santísimo Sacramento a visitar a los enfermos se junten a la iglesia y los acompañen con sus velas de cera encendidas en las manos los que pudieran so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

La regulación de comportamientos adecuados entre los feligreses también se hacía explícita para el caso de los entierros. El mandato rubricado en 1582 era muy claro en este sentido:

…y cuando hubieren difuntos bayan a sus entierros y los acompañen desde sus casas a la iglesia y allí asistan a los oficios que se les hiziere so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

Este “manual de buenas conductas” tenía espacio también para regulaciones de obras de acción social. Así, en la visita de 1580 se insta a que se dé continuidad de forma habitual a la acción del anterior Párroco, Don Francisco Alonso de Robles, que había donado en limosna 166 fanegas de pan para una Alhóndiga de la Misericordia con el fin de repartir en los meses de necesidad entre los vecinos (abril y mayo, básicamente). La puesta en marcha de una “tulla” (almacén de cereales) se regularizó en la visita del siguiente año, realizada el 20 de agosto:

…todas las personas que deben pan a la tulla le acudan con el dentro de diez días primeros siguientes a la persona que le suele coger y no lo habiendo el Rector los quite de oficios divinos y demás desto les condene de un ducado…”.

En la visita del año siguiente, la condena por incumplimiento de dicho mandato se hace explícita en la persona de un feligrés de nombre Domingo, quien se ve expuesto a una condena ejemplarizante por violar dicho mandato:

…de y pague las nueve fanegas de pan que debe a la tulla de la misericordia de la feligresía dentro de beinte dias primeros siguientes so pena descomunion y de cuatro ducados y de que lo hebiten de los oficios divinos y executen como bando”.

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Visita pastoral del año 1582. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Ordenanzas relativas a logística y obras parroquiales

Aparte de los mandatos sobre buenas conductas, en los registros de visitas episcopales nos encontramos con los relativos a la logística e infraestructuras parroquiales. En la visita de 1580 se pide a los feligreses que compren un nuevo Misal, pues el único que hay es insuficiente cuando se reúnen varios clérigos. Debe ser adquirido en un plazo de tres meses bajo multa de cuatro ducados, cantidad nada despreciable. En la visita realizada el 20 de agosto de 1581 se demanda a los feligreses que en el plazo de dos meses adquieran cuatro sábanas para los altares y unas vinajeras bajo pena de dos ducados destinados a la compra de la cera del Santísimo Sacramento, en caso de incumplimiento.

No obstante, el mandato más complejo planteado en la visita de 1580 fue la petición de la ampliación de la iglesia que se quedaba pequeña para albergar a los feligreses en misa de domingo. Recordemos que estamos hablando de la iglesia que precedió a la actual, la cual sería construida casi dos siglos después, en 1765. Se dice textualmente:

…que los feligreses alarguen para adelante la puerta principal de la iglesia doce pies a cada lado de buena piedra de cantería con su maderamiento y tejado de obra limpia y lúcida”.

Obra que debería estar terminada en tres años, bajo pena de 20 ducados en caso de no cumplir con el plazo. Esta ampliación de la antigua iglesia iba asociada, como solicita el Visitador, al derribo de una casa de planta baja sita delante de la puerta principal, propiedad de Constança y Domingos de la Yglesia. Estas obras son recordadas en las visitas de los siguientes años 1581 y 1582,  por lo que suponemos que no fueron iniciadas en el plazo convenido. A esta reforma se añadieron otras en la visita de 1582. Así, en este año 1582 se insta a iniciar otras obras importantes en la iglesia. Se exige arreglar el campanario (“…y lo carguen mas pues se menea y podrá caer”) en un plazo de seis meses bajo pena de seis ducados, así como tejar la iglesia en los dos siguientes meses so pena de cuatro ducados.

Los mandatos de la visita realizada el 13 de septiembre de 1583 vuelven a incidir en esta cuestión, limitándose prácticamente todo el escrito a las exigencias al cura y a los feligreses de acometer nuevas obras en la iglesia:

…el Rector y feligreses por partes iguales conforme a la costumbre de este obispado levanten el Arco del Coro dos hiladas de piedra o tres… y el cura levante otras tres filadas de piedra al coro porque está muy bajo y le vuelvan a maderar de buena madera y quite la ventana que está en medio del altar mayor y quede todo llano y que los otros feligreses levante las paredes de la Yglesia otra hilada de piedra porque queda muy baja, lo cual cumplan cada uno por lo que le toque dentro de seis meses so pena de veinte ducados aplicados para obras pías”.

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Visita pastoral de 1583. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

En definitiva, a partir de las visitas pastorales llevadas a cabo en Parderrubias desde 1580 a 1583 podemos apreciar como la Iglesia ejercía un estricto control sobre sus feligreses y sobre su patrimonio. Este control tenía un carácter marcadamente represivo, pues como muy bien se ha podido apreciar todo mandato llevaba emparejado, de forma explícita, un castigo económico por su incumplimiento, tratándose en muchos casos de cantidades nada despreciables, que iban parar a las arcas de la Iglesia para su mantenimiento. Si a esta fiscalización unimos el pago de los diezmos (décima parte del producto bruto producido en cada casa al cabo del año), que estaban vigentes ya desde el siglo VI, podemos hacernos una idea más o menos clara sobre la presión fiscal a la que estaban sometidos nuestros antepasados por parte de la Iglesia.


Referencias

Saavedra, P., Sobrado, H. y Presedo, A. (2013). La red parroquial y el clero rural en la Galicia en los siglos XVI-XIX: resultados de una investigación en curso. Obradoiro de Historia Moderna, 22, 93-128.

Se cumplen 450 años del nacimiento de 14 vecinos y de cuatro casamientos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

Se cumplen 450 años del nacimiento de 14 vecinos y de cuatro casamientos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

Afirmaba el filósofo británico Edmund Burke, que “las gentes que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad”. En este afán por mirar a la posteridad situamos este brillante trabajo firmado por José Luis Camba Seara.

No es tarea fácil describir el origen de un pueblo con una dilatada historia como es el caso de Parderrubias, iniciada documentalmente allá por el año 957. José Luis nos adentra en el apasionante mundo de los primeros documentos que ponen nombre y apellidos a nuestros antepasados del siglo XVI. Gracias a su trabajo de investigación podemos conocer, entre otros muchos datos de gran relevancia, los nombres, por ejemplo, del primer vecino bautizado y de la primera pareja de casados en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

Gracias, José Luis.

Juan Carlos Sierra Freire

Nota. Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano.


Cúmprense 450 anos do nacemento de 14 veciños e de catro casamentos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

A parroquia de Parderrubias (a sua denominación cambia duns a outros documentos históricos (Parietes-Rubias, pardeRubias, Parderrubias, etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/ubicacion-y-constitucion/) é un pobo, lugar ou vila, cuxo topónimo antigo data de fai máis de mil anos (Sánchez Pardo, 2008). Este autor fai mención a este lugar coa sua antiga denominación (Parietes Rubias) sendo altamente probable este a orixe da actual toponimia: Parderrubias. A sua primeira mención documental dataría do ano 957 nun documento dunha venda, documento ao que aluden tamén Sáez e Saez (1996) e López Sabatel (2013). Nun párrafo deste documento menciónase que no devandito ano 957:

Nigolago, Getina, Arias e Gogina, no seu propio nome, e Adaulfo e Menegundia, no seu nome e en representación dos seus sobriños, venden ao mosteiro de San Vicente a metade dunha vila” (López Sabatel, 2013, p. 85).

“...Et ipsa villa inter Minio et Arnogia, vocitata Parietes Rubias, pro quo accepimus de vobis precium, in quo et quanto nobis bene complacuit, per germanos capitales, quinque modios, vos dedistis et nos accepimus, et de ipso pretio apud vos nichil remansit in debito…”

É dicir, “…E a mesma vila entre o Miño e o  Arnoya, chamada Parietes Rubias, …”.

Igrexa
Igrexa Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias (século XVIII).

A obra citada de Sánchez Pardo (2008) inclúe un mapa coa ubicación das parroquias e aldeas  da hoxe denominada comarca Terras de Celanova, na provincia de Ourense, e no que aparecen os nomes das parroquias mencionadas polos seus topónimos antigos desa época, nun período comprendido entre os séculos IX e XIII (e posteriores), período  estudado por este historiador. Entre estas parroquias aparecen Parietes Rubias (Parderrubias) e pobos limítrofes como Peraria (Pereira), Villa Plana (Vilar), Spinoso (Espinoso), Montilanen (Muntián) ou Ravanal (Rabal). Sánchez Pardo, tendo en conta  o  nome da advocación da Parroquia (Santa Eulalia, Santa Olaya, Santa Olalla, Santa Baia) aventura que a súa orixe podería situarse no século V (véxanse as Figuras 1 e 2) .

No Censo de Pecheros do ano 1527, realizado na época de Carlos I (Instituto Nacional de Estadística, 2008), Parderrubias pertencía administrativamente á demarcación do Coto de Sobrado do Bispo que comprendía os pobos das parroquias de Sobrado do Bispo, Loiro, Parderrubias e Pereira. Este coto tiña entón 80 veciños (pecheros ou familias que pagaban os seus  impostos) e limitaba entre outros cos cotos de Bentrazes, Soutopenedo e Vilar de Paio.

Os Libros de Fábrica da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias

Deixando á marxe o debate cronolóxico sobre a antigüidade do topónimo Parderrubias (Parietes Rubias) vou expoñer algúns datos extraídos dos chamados Libros de Fábrica da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias que se conservan no Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Desde finais do século V estendeuse o costume da Igrexa Católica de levar un control estrito sobre os seus bens e posesións. Será a partir do século VI cando se chame a estos rexistros como Libros de Fábrica, porque neles faise referencia á masa de bens destinados ao mantemento da Igrexa. Será co Concilio de Trento (1545-1563) cando quedarán definitivamente reguladas as recomendacións para o uso e clasificación dos libros parroquiais, xeneralizándose desde entón o seu uso.

Os libros sacramentales dividíanse en libros de Bautizados, Matrimonios, Defuntos, Confirmados e Statu Animorum. Entre os de carácter administrativo diferenciábase os de Fábrica propiamente dos que levaban o control das Confrarías, Obras Pias e Misas Aniversario, Libros de Casas Reitorais, etc. Será precisamente  nesta época, no ano 1562, cando se realizan as primeiras anotacións dos Libros da Parroquia de Parderrubias.

Os Libros de Fábrica da Parroquia de Parderrubias que se conservan no Arquivo Histórico Diocesán de Ourense, son dos máis antigos da Diócese, tendo un incalculable valor e interese polos datos e referencias que neles se inclúen posibilitando coñecer a historia de Parderrubias a partir de mediados do século XVI, pois parte da mesma queda recollida neles. Estes libros constitúen un claro expoñente da realidade económica e social das parroquias rurales ao longo da Idade Moderna e unha magnífica ferramenta para reconstruír unha parte escasamente  coñecida da nosa historia.

Será no ano 1562 cando nos atopemos cos primeiros datos detallados da Parroquia de Parderrubias. No primeiro dos tres libros hai un documento eclesiástico  datado neste ano referido á visita que efectuou “a la parroquia de Santa Olaya de parde Rubias” o Visitador Xeral do Obispado de Ourense e “hallo por rretor  della a Alonso amigo de… y a  su  capellan Gregorio de prado…”.

Visita de la iglesia de sta Olaya depar de Rubias del año de 1562 aºs”(años). En la iglesia de Santaolayade par de R(ubias)… y anos del mes dehenero del ano de m(il e quinientos) y sesentaydos. El mag(nifi)co y muy Rvdmo señor—Anda visitador general  en todo el obispado de ore(nse) don fran(cisco) –larias ob(bis)po del s(ueb)o obispado… Magnifico sr my señor… y hallo por retor della a alonso amigo de… y su capellan que…. Y dice misa todos los domingos y días de fiestas…”.

Visitador
Documento que acredita a visita do Sr. Visitador do Obispado de Ourense á Igrexa Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias no ano 1562. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

O primeiro rexistro legible de bautizados que está documentado no Libro de Bautizados da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias, é o dunha nena chamada “constança” e que foi bautizada “el priº domingo de septiembre del año de 1564”. Foi bautizada polo párroco da igrexa  “francº do Casullo” cuxa sinatura pode verse no asentamento que se fai na dita partida de nacemento.

primeiro bautizo
Documento que acredita ao primeiro bautizado, legible, na Igrexa Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias no año 1564. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Ano de mil e cincocentos sesenta e seis: hai 450 anos

Centrándonos no ano de 1566, é decir hai  450 anos, a Parroquia de Parderrubias comprendía varios núcleos de poboación (Yglesia, aSeara, Bouças, Solbeyra, Nugueyroa), reseñados todos eles nos asentamentos de bautizados, casados e falecidos, así coma nos escritos das Visitas do Señor Visitador. Nestas datas a Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias contaba con 30 feligreses como se pode apreciar nos escritos dos Libros de Fábrica da mesma.

Visita obispo
Acta da Visita do Sr. Obispo de Ourense a Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias en 1581. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

En  1566 foron bautizados na Parroquia de Parderrubias 14 novos veciños, dos cales sete eran varóns e sete mulleres. Os meses nos que tiveron lugar os bautizos (e presumiblemente os nacementos) foron  xaneiro (1), febreiro (1), marzo (2), maio (1), agosto (2), setembro (2), outubro (1) e decembro (4). Todos eles eran veciños da Parroquia de Santa Olaia aínda que algúns dos seus pais procedían dalgunha Parroquia ou lugar diferentes.Os nomes dos novos bautizados e o de seus pais eran os seguintes:

“Cathalina: hija de alonso doniz e margarida

vartulome: hijo de Rº golin y de Antonia

pedro: hijo de alonso golin debaixo y de constança

catalina: hija de Antoº de noboa y de doña cathalina

pedro: hijo de pedro daSeara y de Ysabel golin hija de maria golin

maria: hija de juan de Sampedro y de Eynes

vartolome: hija de Jnº  de Sampedro y de maria

maria: hija de pedro daSeara y de dominga

Juan: hijo de Juan de layglesia y de Ysabel

simon: hijo de Vieyto das pias y de micia

Eynes: hija de francº  gºsy de Luzia

Luzia: hija de fernan pascual y de francª

antonio: hjo de Alonso golin y de margarida

marina : hija de frco martin y de maria “.

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Pila Bautismal da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

Nos asentamentos de bautizos aparecen, ademais do nome dos bautizados e o dos seus pais, o dos padriños, así como a data de celebración,  que normalmente era en domingo. Moitos dos nomes dos veciños apuntados (“pedro daSeara”, “juan de Sampedro”, “juan de layglesia”, “gregorio do campelo”, etc.) aparecen designados polo seu nome de pila seguido do da súa aldea ou lugar de veciñanza. Esta é unha caracterización  toponímica que aínda pervive actualmente como costume nos nosos pobos e aldeas. Noutros casos faise referencia, xunto co nome, ao seu parentesco (“muger da oº golin”, “hija de gonzº dasPias”, etc. ) ou ao seu oficio (“pedro zapateiro”, “criado de…”, “carpinteiro”, “capellan de Pereyras”, etc.). Tamén nalgún caso faise referencia a algún alcume  como “alonso golin elviejo” ou “alº do canal coxo”.

Algúns dos recén nados foron bautizados “causa necesitatis”. O bautizo únicamente se podía  administrar no propio fogar naqueles casos de máxima gravidade da situación ou perigo de morte. “Se pola distancia ou outras circunstancias o que debe ser bautizado non pode ir ou ser levado sen grave inconveniente á igrexa parroquial… pode e debe conferirse o bautismo noutra igrexa mais próxima… ou noutro lugar decente… Se o neno se atopa en perigo de morte debe ser bautizado sen demora” (Instituto Martín de Azpilcueta, 1983, p. 582).

Entre os anos 1565 e 1575 foron bautizados na parroquia de Santa Olaia de Parderrubias,  segundo se recolle do estudo dos seus asentamentos no Libro Parroquial 1 da devandita Parroquia, 126 nados, dos cales 54 (42,8%) foron homes e 72 (57,2%) mulleres. A media de bautizados nesta década foi duns 12 anuais, dos cales aproximadamente cinco eran homes e sete mulleres. Os anos cun maior número de bautizados foron 1569 e 1574 con 16, e 1566 con 14 (véxase Táboa 1). Todos os bautizados neste período, excepto un, que foi bautizado por “alonso gonzalez capellan de Pereyras”, fórono polo enton abade rector dela Blas Gonzalez.

Blas González
Documento firmado polo abade Blas Gonzalez, retor da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias entre 1565 e 1575. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Na Táboa 1 pódese observar a distribución dos bautizados entre 1565 e 1575 na Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

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Táboa 1. Distribución de bautizados entre os anos 1565 e 1575 na Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias. Elaborada por J. L. Camba Seara.

En canto aos casamentos celebrados na Parroquia no ano de 1566, figuran catro no citado Libro 1:

“Alonso ferro, vecino de ginzo, con Eynes doytomuro vecina de Parderrubias el 13 de henero”.

“Gonzalo doytomuro vecino de bouças con catalina vecina de Parderrubias el 12 de junio”.

“Juan perez, vº de sobrado y Antonia gonzalez vª de solveira el 10 de noviembre”.

“fernan giraldez vº de ulfe y maria daSeara de Parderrubias el 24 de noviembre”.

En todos estes casamentos oficiou como abade tamén Blas Gonzalez párroco de Santa Olaia de Parderrubias. É de destacar que estes matrimonios celebrábanse, como se pode comprobar pola veciñanza dos contraentes, entre os propios veciños de Parderrubias, e entre estes e  os doutras parroquias ou pobos próximos, e mesmo afastados como é o caso de veciños  de “ginzo” (Xinzo de Limia supostamente) ou “Sobrado”.

Boda 1566
Documento do asentamento dun matrimonio celebrado en “santa olaya deparderrubias” o 13 de xaneiro de 1566. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

No ano anterior, 1565, primeiro dos relacionados, figuran outros catro matrimonios:

“Afonso borrajo y Joana doytomuro el 17 de septiembre”.

“Dominga golin de Parderrubias y Diego de sanmamede vecino de sanmamede, el ultimo domingo de noviembre”.

“Rodrigo golin y Antonia martinez, el dia de San marcos”.

“Afonso doniz y margarida doytomuro el 9 de octubre”.

O casamento de “Bello Afonso borrajo y Joana doytomuro o 17 de septembro de 1565” é  o primeiro dos que aparecen no Libro de Bautizados da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias. “Fueron padrinos y testigos Pero de golín vº de moreras y ysabel muger de jnº dela iglsa“. Los casó Blas Gonzalez.

primeira boda
Documento de asentamento do primeiro casamento rexistrado na Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias o 17 de septembro de 1565. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Todos estes nomes corresponden a  antepasados da Parroquia de Parderrubias que naceron, foron bautizados, traballaron, casaron e morreron nela e que forman parte da nosa memoria histórica,  o que da fe da existencia no século XVI  dunha  comunidade asentada e bastante numerosa no que hoxe é o noso pobo e arredores.

Noutra ocasión trataremos o estudo de falecidos e confirmados na Parroquia de Parderrubias durante esta época.


Referencias

Instituto Martín Azpilcueta (1983). Código de Derecho Canónico. Barañáin: EUNSA.

Instituto Nacional de Estadística (2008). Censo de Pecheros de 1528 y 1591. Madrid: INE.

López Sabatel, J. A. (2013). La villa altomedieval gallega: núcleo de estructuración social y escenario de feudalización. Social and Education History, 2, 78-100.

Sáez, E. y Sáez, C. (1996). Colección diplomática del monasterio de Celanova (842-1230). Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá.

Sánchez Pardo, J. C. (2008). Territorio y poblamiento en Galicia entre la Antigüedad y la plena Edad Media. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela.


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

Se cumplen 450 años del nacimiento de 14 vecinos y de cuatro casamientos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

La Parroquia de Parderrubias (su denominación cambia de unos documentos históricos a otros: Parietes-Rubias, pardeRubias, Parderrubias,  etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/ubicacion-y-constitucion/) es un pueblo, lugar o villa, cuyo topónimo antiguo data de hace más de mil años (Sánchez Pardo, 2008). Este autor hace mención a este lugar con su antigua nominación (Parietes Rubias), siendo altamente probable éste el origen de la actual toponimia: Parderrubias. Su primera mención documental dataría del año 957 en un documento de una  venta, documento al que aluden también López Sabatel (2013) y  Sáez y Sáez (1996). En un párrafo de este documento se menciona que en dicho año 957:

“Nigolago, Getina, Arias y Gogina, en su propio nombre, y Adaulfo y Menegundia, en su nombre y en representación de sus sobrinos, venden al monasterio de San Vicente la mitad de una villa” (López Sabatel, 2013, p. 85).

“…Et ipsa villa inter Minio et Arnogia, vocitata Parietes Rubias, pro quo accepimus de vobis precium, in quo et quanto nobis bene complacuit, per germanos capitales, quinque modios, vos dedistis et nos accepimus, et de ipso pretio apud vos nichil remansit in debito…”

Es decir, “… Y la misma villa entre el Miño y el Arnoya, llamada Parietes Rubias…”.

Igrexa
Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias (siglo XVIII).

La obra citada de Sánchez Pardo (2008) incluye un mapa con la ubicación de las parroquias y aldeas de la hoy denominada comarca Terras de Celanova, en la provincia de Ourense, y en el que aparecen las parroquias nombradas por sus topónimos antiguos entre los siglos X y XIII (y posteriores), periodo estudiado por este historiador. Entre estas parroquias aparece Parietes Rubias (Parderrubias) y pueblos limítrofes como Peraria (Pereira), Villa Plana (Vilar), Spinoso (Espinoso), Montilanen (Muntián) o Ravanal (Rabal). Sánchez Pardo, teniendo en cuenta el nombre de la advocación de la Parroquia (Santa Eulalia, Santa Olaya, Santa Olalla, Santa Baia) aventura que su origen podría situarse incluso en el siglo V. Véanse las Figuras 1 y 2.

 

En el Censo de Pecheros del año 1527, realizado en la época de Carlos I (Instituto Nacional de Estadística, 2008), Parderrubias pertenecía administrativamente a la demarcación del Coto de Sobrado del Obispo que comprendía los pueblos de las parroquias de Sobrado del Obispo, Loiro, Parderrubias y Pereira. Este coto tenía entonces 80 vecinos (pecheros o familias que pagaban sus  impuestos) y limitaba entre otros con los cotos de Bentrazes, Soutopenedo y Vilar de Paio.

Los Libros de Fábrica de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias

Dejando a un lado el debate cronológico sobre la antigüedad del topónimo Parderrubias (Parietes Rubias) voy a exponer algunos datos extraídos de los denominados Libros de Fábrica de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias que se conservan en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

Desde finales del siglo V se extendió la costumbre de la Iglesia Católica de llevar un control estricto sobre sus bienes y posesiones. Será a partir del siglo VI cuando se aluda a estos registros como Libros de Fábrica, denominados así porque en ellos se hace referencia a la masa de bienes destinados al mantenimiento de la Iglesia. Será con  el Concilio de Trento (1545-1563) cuando quedarán definitivamente reguladas las recomendaciones para el uso y clasificación de los libros parroquiales, generalizándose desde entonces su uso.

Los libros sacramentales se dividían en libros de Bautizados, Matrimonios, Difuntos, Confirmados y Statu Animorum. Entre los de carácter administrativo se diferenciaban los Libros de Fábrica propiamente dichos de los que llevaban el control de las Cofradías, Obras Pías y Misas Aniversario, Libros de Casas Rectorales, etc. Será precisamente en esta época, en el año 1562, cuando se realizan las primeras anotaciones de los Libros de la Parroquia de Parderrubias.

Los Libros de Fábrica de la Parroquia de Parderrubias que se conservan en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense son de los más antiguos de la Diócesis, teniendo un incalculable valor e interés por los datos y referencias que en ellos se incluyen, posibilitando conocer la historia de Parderrubias a partir de mediados del siglo XVI,  pues parte de la misma queda recogida en ellos. Estos libros constituyen un claro exponente de la realidad económica y social de las parroquias rurales a lo largo de la Edad Moderna y una magnífica herramienta para reconstruir una parte escasamente conocida de nuestra historia.

Será en el año 1562 cuando nos encontremos con los primeros datos detallados de la Parroquia de Parderrubias. En el primero de los tres libros hay un documento eclesiástico datado en ese año referido a la visita que efectuó “a la parroquia de Santa Olaya de parde Rubias” el Visitador General del Obispado de Ourense, en donde “hallo por rretor  della a Alonso amigo de… y a  su capellan Gregorio de prado…”.

“Visita de la iglesia de sta Olaya depar de Rubias del año de 1562 aºs (años). En la iglesia de Santaolayade par de R(ubias)… y anos del mes dehenero del ano de m(il e quinientos) y sesentaydos. El mag(nifi)co y muy Rvdmo señor—Anda visitador general en todo el obispado de ore(nse) don fran(cisco) –larias ob(bis)po del s(ueb)o obispado… Magnifico sr my señor… y hallo por retor della a alonso amigo de… y su capellan que…. Y dice misa todos los domingos y días de fiestas…..”.

Visitador
Documento que acredita la visita del Sr. Visitador del Obispado de Ourense a la Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias en el año 1562. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

El primer bautizo, legible, que aparece registrado en el Libro de Bautizados de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias, corresponde al de una niña llamada “constança”, bautizada “el priº domingo de septiembre del año de 1564” por el que era párroco “francº do Casullo”.

primeiro bautizo
Documento que acredita el primer bautizo, legible, en la Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias en el año 1564. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

Año de mil e quinientos sesenta e seis: hace 450 años

Centrándonos en el año de 1566, es decir, hace  450 años, la Parroquia de Parderrubias comprendía varios núcleos de población (Yglesia, aSeara, Bouças, Solbeyra, Nugueyroa), reseñados todos ellos en los asentamientos de bautizados, casados y fallecidos, así como en los escritos de las Visitas del Sr. Visitador. En esta época la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias contaba con 30 feligreses como se puede apreciar en los escritos de los Libros de Fábrica de la misma.

Visita obispo
Acta de la Visita del Sr. Obispo de Ourense a la Parroquia de de Santa Olaia de Parderrubias en 1581. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

En 1566 fueron bautizados en la Parroquia de Parderrubias 14 nuevos vecinos, de los cuales siete eran varones y siete mujeres. Los meses en los que tuvieron lugar los bautizos (y presumiblemente, los nacimientos) fueron enero (1), febrero (1), marzo (2), mayo (1), agosto (2), septiembre (2), octubre (1) y diciembre (4). Todos ellos eran vecinos de la Parroquia de Santa Olaia, aunque algunos de sus padres procedían de alguna parroquia o lugar diferentes. Los nombres de los nuevos bautizados y los de sus padres eran los siguientes:

“Cathalina: hija de alonso doniz e margarida

vartulome: hijo de Rº golin y de Antonia

pedro: hijo de alonso golin debaixo y de constança

catalina: hija de Antoº de noboa y de doña cathalina

pedro: hijo de pedro daSeara y de Ysabel golin hija de maria golin

maria: hija de juan de Sampedro y de Eynes

vartolome: hija de Jnº  de Sampedro y de maria

maria: hija de pedro daSeara y de dominga

Juan: hijo de Juan de layglesia y de Ysabel

simon: hijo de Vieyto das pias y de micia

Eynes: hija de francº  gºsy de Luzia

Luzia: hija de fernan pascual y de francª

antonio: hjo de Alonso golin y de margarida

marina : hija de frco martin y de maria”.

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Pila Bautismal de la Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias.

En los asentamientos de bautizos aparecen, además del nombre de los bautizados y el de sus padres, el de los padrinos, así como la fecha de celebración, que normalmente era en domingo. Muchos de los nombres de los vecinos reseñados (“pedro da Seara”, “juan de Sampedro”, “juan de layglesia”, “gregorio do campelo”, etc.) aparecen designados por su nombre de pila seguido del de su aldea o lugar de vecindad. Esta es una caracterización toponímica que aún pervive actualmente como costumbre en nuestros pueblos y aldeas. En otros casos se hacía referencia, junto con el nombre, a su parentesco (“muger de alº golin”, hija de gonzº dasPias”, etc.) o a su oficio (“pedro zapatero”, “criado de…”, “carpintero”, “capellan de Pereyras”, etc.). También en algún caso se hace referencia a algún apodo (alcume) como “alonso golin el viejo” o “alº do canal coxo”.

Algunos de los recién nacidos fueron bautizado “causa necesitatis”. El bautizo únicamente se podía administrar en el propio hogar en aquellos casos de máxima gravedad de la situación o peligro de muerte. “Si por la lejanía u otras circunstancias el que ha de ser bautizado no puede ir o ser llevado sin grave inconveniente a la iglesia parroquial… puede y debe conferirse el bautismo en otra iglesia más cercana… o en otro lugar decente… Si el niño se encuentra en peligro de muerte debe ser bautizado sin demora…” (Instituto Martín de Azpilcueta, 1983, p. 582).

Entre los años 1565 y 1575 fueron bautizados en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias, según se extrae del estudio de sus asentamientos en el Libro Parroquial 1 de dicha Parroquia, 126 nacidos, de los cuales 54 (42,8%) fueron varones y 72 (57,2%) mujeres. La media de bautizados en esta década fue de unos 12 anuales, de los cuales aproximadamente cinco eran hombres y siete mujeres. Los años con un mayor número de bautizados fueron 1569 y 1574 con 16, y 1566 con 14 (véase la Tabla 1). Todos los bautizados en este periodo, excepto uno que fue bautizado por “alonso gonzalez capellan de Pereyras”, lo fueron por el entonces abad rector de ella “Blas Gonzalez”.

Blas González
Documento firmado por el abad Blas Gonzalez, rector da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias entre 1565 y 1575. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

En la Tabla 1 se puede  observar la distribución de los bautizados entre 1565 y 1575 en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

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Tabla 1. Distribución de bautizados entre los años 1565 y 1575 en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias. Elaborada por J. L. Camba Seara.

Con respecto a los casamientos celebrados en la Parroquia en el año 1566, figuran cuatro en el citado Libro 1:

“Alonso ferro, vecino de ginzo, con Eynes doytomuro vecina de Parderrubias el 13 de henero”.

“Gonzalo doytomuro vecino de bouças con catalina vecina de Parderrubias el 12 de junio”.

“Juan perez, vº de sobrado y Antonia gonzalez vª de solveira el 10 de noviembre”.

“fernan giraldez vº de ulfe y maria daSeara de Parderrubias el 24 de noviembre.”

En todos estos matrimonios ofició como abad también Blas González párroco de Santa Olaia de Parderrubias. Es de destacar que estos matrimonios se celebraban, como se puede comprobar por la vecindad de los contrayentes, entre los propios vecinos de Parderrubias, o entre estos y los de otras parroquias o pueblos próximos, e incluso alejados como es el caso de vecinos de ginzo (Xinzo de Limia, supuestamente) o Sobrado.

Boda 1566
Documento de asentamiento de un matrimonio celebrado en “santa olaya deparderrubias” el 13 de enero de 1566. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

En el año anterior, 1565, primero de los relacionados, figuran otros cuatro matrimonios:

“Bello Afonso borrajo y Joana doytomuro el 17 de septiembre”.

“Dominga golin de Parderrubias y Diego de sanmamede vecino de sanmamede, el ultimo domingo de noviembre”.

“Rodrigo golin y Antonia martinez, el dia de San marcos”.

“Afonso doniz y margarida doytomuro el 9 de octubre”.

Por tanto, el matrimonio de Bello Afonso borrajo con Joana doytomuro celebrado el 17 de septiembre de 1565 supone el primer casamiento registrado en la Parroquia. Fueron padrinos y testigos”pero de golín vº de moreras y ysabel mujer de jnº dela iglsa”.

primeira boda
Documento de asentamiento del primer casamiento registrado en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias el 17 de septiembre de 1565. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

Todos estos nombres corresponden a antepasados de la Parroquia de Parderrubias que nacieron, fueron bautizados, trabajaron, se casaron y fallecieron en ella, y que forman  parte de  nuestra memoria histórica, lo que da fe de la existencia en el siglo XVI de una comunidad asentada y bastante numerosa en lo que hoy es nuestro pueblo y alrededores.

En otra ocasión abordaremos el estudio de fallecidos y confirmados en la Parroquia de Parderrubias durante esta época.


 Referencias

Instituto Martín Azpilcueta (1983). Código de Derecho Canónico. Barañáin: EUNSA.

Instituto Nacional de Estadística (2008). Censo de Pecheros de 1528 y 1591. Madrid: INE.

López Sabatel, J. A. (2013). La villa altomedieval gallega: núcleo de estructuración social y escenario de feudalización. Social and Education History, 2, 78-100.

Sáez, E. y Sáez, C. (1996). Colección diplomática del monasterio de Celanova (842-1230). Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá.

Sánchez Pardo, J. C. (2008). Territorio y poblamiento en Galicia entre la Antigüedad y la plena Edad Media. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela.

La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Como complemento al artículo publicado sobre las tejedoras de Parderrubias [véase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/], Avelino Sierra Fernández describe en este nuevo trabajo el laborioso proceso que exigía la manufacturación del lino en Parderrubias.  El proceso completo exigía 16 tareas, las cuales en este nuevo documento son perfectamente ilustradas y visualizadas gracias al relevante material fotográfico aportado.

Gracias Avelino.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


A manufacturación do liño en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Parderrubias, tal como quedou constatado no traballo deste Blog “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), mantivo en tempos pasados unha secular tradición textil. Esta Parroquia, xa no ano 1752, era a principal productora de liño da municipalidade da Merca, cunha superficie cultivada de 110 ferrados  (7 hectáreas), e a primeira na súa manufacturación, con 32 tecedeiras e outros tantos obradoiros. Pero na década dos anos cincuenta do pasado século, ante os adiantos tecnolóxicos da Revolución Industrial, as últimas tecedeiras que quedaban deixaron de exercer esta actividade artesanal, ata entón tan común como esencial na vida dos nosos ascendentes. No recordo de cantos  daquela eramos púberes, están aínda Ángela Fernández (a Tía Ánxela da Carreira) e maila súa filla María Grande; María Outumuro (María da tía Antonia), ao lado da  igrexa; Pepa Rodríguez, na Manadela; María Fernández e as irmás Pepa e María Outumuro, en Barrio; e Sara González (Sara da Canella), no Outeiro. Delas, gardo na miña memoria imaxes, reseñas e comentos verbo do procedemento do cultivo e tratamento  do liño, que agora me son de grande utilidade para este traballo. Máis recentemente, algunhos herdeiros das devanditas tecedeiras, que foron testemuñas presenciais dos seus labores, aportáronme pormenores sobre o particular, para min descoñecidos. Toda esta información, contrastada e ampliada coa documentación disponible, xa referenciada  no traballo deste Blog antes citado, e complementada coa mostra dos principais aveños utilizados nas súas enleadas tarefas, permítennos dar a ceñecer con grande fiabilidade os  usos e costumes do cultivo e manufactura do liño polos nosos devanceiros de Parderrubias.

O proceso duraba todo a ano. A sementeira facíana entre abril e maio e a recolleita entre xullo e agosto. Durante os meses de outono, realizaban unha chea de endeitas para transformar o liño bruto en finas estrigas, listas para fiar. Todo o inverno, pasábano fiando, e entre abril e maio, branqueando o fío, para comezar a tecer no tear entre xuño e xullo. Estas eran as 16 angueiras a desenvolver.

  1. A sementeira

Sementaban a liñaza a voleo, en leiras preferentemente chas, de regadío, ben estercadas, labradas e achanzadas coa grade ou con anciños. Procuraban sementalo ben basto para que, medrando máis fino, tivera menos casca leñosa. A proporción da semente viña sendo de dous  ferrados de liñaza (28  litros) por cada ferrado de superficie (628,9 metros cadrados).Tras atuí-la semente, sucaban a terra con varios regos por onde correría despois a auga da rega. Unha vez nacido, procuraban mondalo de cando en vez e regalo a miúdo. As últimas plantacións existentes de liño, foron as cultivadas pola tía Ánxela na súa tapada da Chousiña, na marxe esquerda do río, regadas polo seu caudal.

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A sementeira

  1. A arriga

Entre xullo e agosto, cando o liño amareleaba, arrigábano de raíz, coas mans e con moito mimo, sacudíndolle-la terra contra os chancos e  póndoo en gavelas, para proceder logo a ripalas (quitarlle a semente) ou atalas cun vincallo, facendo móllos para carrexalo e realiza-la ripa na casa. A miúdo, soía ser unha angueira colectiva, de balde e recíproca entre os veciños.

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A arriga

  1. A ripa

Arrigado o liño, procedían á ripa, operación que consistía en pasa-los mañizos polos dentes do ripo para extraérlle-lo froito coa semente. Este púñano logo ao sol para que, abríndose a bagaña (casula), soltara a semente (liñaza), que tras ventala, era reservada para a sementeira do seguinte ano e para remedios caseiros que aliviaran as doenzas mediante mucilaxes de cataplasmas e outras aplicacións.

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A ripa

  1. O empozado

Esta fase  consistía en asulaga-los móllos de liño nalgunha encorada de calquera dos ríos ou  regatos, ou nunha poza calquera, durante 8 ou 9 días, co fin de que se desprendera a febra da parte leñosa. Para evitar que os arrastrara a corrente río abaixo, adoitaban porlle unhos coios por arriba.

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O empozado

  1. A seca

Sacados os móllos do río, levábanos a asollar á eira ou a unha chaira, onde os extendían ao sol, procurando darlle-la volta de cando en vez, ata que secaran ben. Logo enfeixábanos  novamente  e levábanos para a casa.

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A seca

  1. A maza

Esta operación consistía en mallar ben cada mañizo de liño para rompérlle-la tasca (casca) ata separala da febra interior. Para ilo dispuñan cada presa de liño sobre o mazadoiro (unha lousa de pedra ou un cepo liso) e de seguido golpeábano duramente co mazo (rebolo de madeira). Nos últimos tempos inventouse a gramadoira que simplificaba un pouco este traballo, pero non temos constancia de que se empregara en Parderrubias.

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A maza

  1. A espadela

Esta tarefa tiña a finalidade de eliminar os tomentos, arestas ou tascos (cascas) que quedaran soltas despois do mazado. Para conseguilo, colocaban un mañizo de liño mazado encol do gume do espadeleiro (táboa en forma de T invertida), para despois golpealo de refilón coa espadela (especie de machete de madeira), ata deixa-la febra magra. Adoitaba ser un traballo feminino, colectivo, de balde e recíproco, en xuntanzas de mulleres espadeleiras nun pendello ou  palleira durante a noite.

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A espadela

  1. A tasca

Para eliminar definitivamente calquera tasco (casca) restante, fretaban ou deluvaban o liño contra o bisel do tascón ou relo, especie de espada de madeira introducida verticalmente no extremo dun banco. Este traballo soía  facerse na mesma xuntanza da espadela. As casas que carecían deste apeiro, deluvaban o liño fretándoo coas mans  contra unha pedra, coma cando se lavaba a roupa.

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A tasca

  1. A aseda

Libre xa da parte leñosa, a febra necesitaba afinarse e volverse sedosa. Para ilo cardábana, pasando cada presa varias veces polo restrelo  (táboa horizontal con cravos verticais). Con esta tarefa sacaban tres tipos de febras, unha grosa (cabezos), outra mediana (estopa) e finalmente o liño fino. Con cada presa asedada facían unha estriga, manela, cerro ou rocada, porción lista para suxeitar na roca e ser fiada. As estrigas gardábanse en atados chamados afusais, de 36 unidades cada un.

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A aseda

  1. O fiado

Esta era unha fase que requería especial habelencia. Realizábana mediante dous instrumentos primitivos pero senlleiros: a roca e o fuso. A primeira podía ter formas variadas, pero en xeral consistía nunha vara de madeira ou cana, de 80 ou 90 centímetros de longa, co extremo superior avultado (roquil) para soster o cerro do liño. O fuso era un instrumento fusiforme de unhos 28 centímetros, de madeira torneada, cun extremo aguzado e no outro, un contrapeso (fusaiola) ou abultamento (rodela, cagalla ou torteira). A súa función era a de xirar sobre si, facendo de lastre das febras suxeitas na amosega ou estría da parte superior (osca), mentres se ían retorcendo cos xiros, configurando deste xeito o fío. Posto o cerro na roca, apoiaban esta na cintura, coa parte superior no antebrazo esquerdo, quedando así libre esta man para ir extraendo e dosificando a febra. Cos dedos da man dereita, de forma habelenciosa, impulsaban os xiros do fuso, para retorcer o fío. Este, así retorcido, íano envolvendo no eixe do fuso ata lograr unha mazaroca, que finalmente extraían pola parte estreita do fuso, para trasladar ao sarillo.

Aínda que calquera acougo na casa, a garda do gando no monte ou a espera na moenda, eran aproveitados para fiar, soíanse facer xuntanzas chamadas fiadeiros, nas longas e frías noites do inverno, nun pendello, nunha palleira ou mesmo nunha corte, ao tépedo ambiente das vacas e ao amparo da lánguida luz dun candil de graxa. Neles, a ritmo de fuso, parolábase, cantábanse cantigas e contábanse historias, chismes, adiviñas e contos. Os mozos non fiaban, pero acudían para troulear na xolda.

A utilización da roca e do fuso, era en Parderrubias un traballo de xénero. O fiado era unha tarefa exclusiva das mulleres, pois estaba considerado coma un labor apropiado ás habelencias, mañas e xeito femininos. Fiar con roca e fuso era, xa que logo, unha parte das angueiras que toda muller  tiña, polo mero feito de selo.

Un costume peculiar das fiadeiras era humedecer o fío con cuspe, a medida que o ían estirando, para darlle textura, labor que facían mollando os dedos na lingua, ou coa lingua directamente no fío. De ahí a cantiga:

Quen me dera se-lo liño

que vos na roca fiades.

Quen me dera tantos bicos

como vos ao liño dades.

Non contamos con referencia algunha sobre a cantidade  de fiadeiras  de liño en Parderrubias, pero considerando a chea de tecedeiras das que deixamos constancia no traballo “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), é lóxico pensar que difícilmente quedaría casa onde non se fiase.

Tampouco temos constancia da utilización en Parderrubias do torno de fiar, en lugar do fuso e roca, pero cabe tal posibilidade, por ser frecuente o seu uso nas mesmas  datas en zonas achegadas.

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O fiado

  1. O ensarillado

O liño recén fiado tiña unha cor cincenta que era mester branquear o máis posible. Para iso non tiñan outro remedio que transforma-as mazarocas conseguidas no fuso en meadas (madeixas), para despois branquealas. Para esta función contaban co sarillo, un apeiro de brazos en forma de X, que por medio do  xiro vertical das súas aspas, ía desembeleñando as mazarocas e dándolle forma de madeixa. Era unha angueira propia das mulleres.

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O ensarillado

  1. O branqueo

O branqueo era tal vez o labor máis ingrato de todo o proceso. Aínda que os métodos podían variar lixeiramente, o máis común era mete-las meadas durante 3 ou 4 días, nunha pota chea dunha especie de lixivia fervendo. Chamábanlle lixivia a unha mestura dun balde de auga con tres grandes pratos de cinza de carballo, tras fervela durante media hora. Despois lavaban e secaban as meadas varias veces, e repetían a función da lixivia cos seus respectivos lavados e secados as veces que fora. Finalmente extendían ou penduraban as meadas durante 6 ou 8 días, batuxándoas con auga de cando en vez. Senón acadaran a brancura desexada, volta a comezar a bogada descrita. Nalgunhas casas, engadíanlle tamén ósos e couselos á mestura.

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O branqueo

  1. O debanado

Este labor consistía en pasa-las meadas a novelos, utilizando un apeiro denominado debanadoira, un armazón de aspas horizontais con chuzos verticais que xirando arredor, segundo tiraban do fío, ían desembeleñando éste, mentres coas mans envolvíano facendo un novelo. A miúdo,  suplíanse as aspas de tal aveño polos brazos dos homes.

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O debanado

  1. O canelado

Antes de comezar  co tear, era preciso prepara-los fíos para a trama e para a urdime, mediante as operacións de canelado e urdido. A primeira delas consistía en axeita-las canelas (canas con fío embobinado). Isto conseguíano por medio do caneleiro, aparello que variaba dunhas casas a outras. A canela metíana logo dentro da lanzadeira do tear, unha caixiña ovalada de madeira, que logo utilizaban durante o tecido.

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O canelado

  1. O urdido

Esta función tiña a finalidade de prepara-la urdime, é dicir, dispor paralelamente os fíos que logo se montarían horizontalmente no tear, para proceder a tece-lo lenzo ou pano correspondente. Para esto, utilizábase a urdideira, que viña a ser coma unha debanadoira grande, arredor da que se ía suxeitando a restra de fíos, que despois cortaban á medida do tecido desexado.

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O urdido

  1. O tecido

Era a derradeira operación do longo proceso e a máis complexa e laboriosa de todas. Desenvolvíase no tear, o aparello máis interesante de tódolos pertrechos.  Consistía nunha estructura artesanal de madeira, de forma cúbica, con catro pés, que sostiña a un conxunto de pezas diversas. Na plataforma, a tecedeira colocaba a urdime, tensa e suxeita a ambolosdous lados. Mediante dous pedais (premedeiras), elevaba e baixaba os fíos alternos, quedando cada vez unha abertura entre eles (a calada), a través da cal ía pasando transversalmente a lanzadeira coa canela de fío, que ía apretando co pente, con ritmo acompasado e monótono, logrando así a trama.

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O tecido

Estes eran os 16 pasos de estricto cumprimento dos nosos antepasados de Parderrubias, na súa arela de procura-los indispensables panos ou lenzos ordinarios, para confeccionar despois as sabas, xergóns, toallas, chambras, mandiles, cirolas, camisóns, etc.)  e tamén colchas, con mestura de liño e lá. E a eles estaban condenadas as familias, polo menos ata consegui-los novelos de fío para o tear. Calquera desleixo neste eido estaba considerado coma unha irresponsabilidade, que a sabiduría popular reprobou  musicalizando o rechouchiar das anduriñas tralo retorno da súa invernación no outro hemisferio, e que todos cantabamos de pequenos:

  Fun a mar e vin da mar,

  té-la tea por fiar,

  ¿Qué fixeches, truaniña?

  ¿Qué fixeches? ¡Truanarrrrr!

 


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Parderrubias, tal como quedó constatado en el trabajo “Las tejedoras de Parderrubias”, publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), mantuvo en tiempos pasados una secular tradición textil. Esta  Parroquia, ya en el año 1752, era  la principal productora de lino de toda la municipalidad de A Merca, con una superficie cultivada de 110 ferrados (7 hectáreas), y la primera en manufacturación, con 32 tejedoras y otros tantos talleres. Pero en la década de los años cincuenta del pasado siglo, ante los avances tecnológicos de la Revolución Industrial, las últimas tejedoras que quedaban dejaron de ejercer esta actividad artesanal, hasta entonces tan común como esencial en la vida de nuestros ascendientes. En el recuerdo de cuantos entonces éramos púberes, quedan aún Ángela Fernández (Tía Ánxela da Carreira) y su hija María Grande; María Outumuro (María da Tía Antonia), al lado de la iglesia; Pepa Rodríguez (Pepa da Manadela); María Fernández y las hermanas Pepa y María Outumuro, en Barrio; y Sara González (Sara da Canella), en O Outeiro. De ellas, guardo en mi memoria imágenes, reseñas y comentarios acerca del procedimiento del cultivo y tratamiento del lino, que ahora me son de gran utilidad para este trabajo. Más recientemente, algunos herederos de las citadas tejedoras, que fueron testigos presenciales de sus labores, me aportaron pormenores para mí desconocidos. Toda esta información, contrastada y ampliada con la documentación disponible, ya referenciada en el trabajo de este Blog antes citado, y complementada con la muestra de los principales aperos utilizados en sus intrincadas tareas, nos permiten dar a conocer con gran fiabilidad los usos y costumbres del cultivo y manufactura del lino por nuestros antepasados de Parderrubias.

El proceso duraba todo el año. Hacían la siembra entre abril y mayo, recogiendo la cosecha entre julio y agosto. Durante los meses de otoño, realizaban una serie de faenas para transformar el lino bruto en finas estrigas, listas para hilar. Todo el invierno lo pasaban hilando, y entre abril y mayo, blanqueando el hilo, para comenzar a tejer en el telar entre junio y julio. Estas son las 16 fases que componían todo el proceso.

  1. Siembra

Sembraban la linaza a voleo, en tierras de labradío preferentemente llanas, de regadío, bien abonadas, labradas y allanadas con grada o rastrillos. Procuraban sembrarlo espeso para que, creciendo fino, tuviera menos cáscara leñosa. La proporción de semilla acostumbraba ser de unos dos ferrados de linaza (28 litros) por cada ferrado de superficie (628,90 m2). Tras enterrar la semilla, surcaban la tierra con varios surcos por donde correría después el agua del riego. Una vez nacido, procuraban escardarlo de vez en cuando y regarlo con frecuencia. Las últimas plantaciones de lino en Parderrubias fueron las cultivadas por la Tía Ánxela en su Tapada de A Chousiña, en el margen izquierdo del río, regadas con sus aguas.

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Siembra

  1. Recogida

Entre julio y agosto, cuando el lino comenzaba a amarillear, lo arrancaban de raíz con las manos y con mucho cuidado, sacudiéndole la tierra contra los zuecos y poniéndolo en gavillas, para extraerle luego la semilla, o atarlas en haces con una verga para acarrearlo y realizar esta operación en casa. A menudo, solía ser un trabajo colectivo, gratuito y recíproco entre los vecinos.

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Recogida

  1. Ripa

Arrancado el lino, procedían a la ripa, operación que consistía en pasar los manojos de lino por los dientes del ripo para extraer el fruto con las semillas. Este era puesto al sol para que, abriéndose la  cápsula (bagaña), soltara la semilla (linaza), que tras aventarla era reservada para la siembra del año siguiente o para remedios caseros que aliviaran las dolencias mediante mucílagos de cataplasmas y otras aplicaciones.

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A ripa

  1. Empozado

Esta acción consistía en sumergir los haces de lino en algún remanso de cualquiera de los ríos o regatos, o en alguna charca, durante 8-9 días, con el fin de que se desprendiera la fibra de la parte leñosa. Para evitar que los arrastrara la corriente río abajo, acostumbraban ponerle piedras encima.

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Empozado

  1. Secado

Sacados los haces del río, los exponían extendidos al sol en la era o en alguna explanada, procurando darle la vuelta de vez en cuando, hasta que se secaran completamente. Luego los ataban nuevamente y los llevaban a casa.

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Secado

  1. Mazado

Esta operación consistía en mazar bien cada manojo de lino para romperle la corteza (tasca) hasta separarla de la fibra interior. Para ello disponían cada puñado de lino sobre el mazadoiro (losa de piedra o tronco liso de madera), golpeándolo duramente con el mazo (tronco cilíndrico de madera). Con el paso del tiempo apareció la agramadera, que simplificaba un poco este trabajo, pero no nos consta su uso en Parderrubias.

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Mazado

  1. Espadado

Esta tarea tenía la finalidad de eliminar las cascarillas (tomentos, arestas o tascos) que quedaran sueltas después del mazado. Para conseguirlo, colocaban cada manojo de lino mazado sobre el filo del espadeleiro (tabla en forma de T invertida), para luego golpearla de refilón con la espadela (especie de machete de madera), hasta dejar la fibra limpia. Acostumbraba ser un trabajo femenino, colectivo, gratuito y recíproco, en reuniones de mujeres en un cobertizo o pajar durante la noche.

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Espadado

  1. Tascado

Para eliminar definitivamente cualquier cascarilla (tasco) restante, frotaban el lino contra el bisel del tascón, especie de espada de madera introducida verticalmente en el extremo de un banco. Este trabajo solía hacerse en la misma reunión del espadado. En las casas en las que se carecía de este apero, se frotaba manualmente el lino contra una piedra, de manera similar al lavado de la ropa.

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Tascado

  1. Asedado

Libre ya de la parte leñosa, la fibra necesitaba afinarse y volverse sedosa. Para ello la cardaban, pasando cada manojo varias veces por el restrelo (tabla horizontal con clavos verticales). Con este trabajo sacaban tres tipos de fibras, una gruesa (cabezos), otra mediana (estopa) y, finalmente, el lino fino. Con cada manojo asedado hacían una estriga, manela, cerro o rocada, porción lista para sujetar en la rueca y ser hilada. Las estrigas se guardaban en atados llamados afusales, de 36 unidades cada uno.

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Asedado

  1. Hilado

Esta era una fase que requería especial habilidad. La realizaban mediante dos instrumentos primitivos, pero singulares: la rueca y el huso. La primera podía tener forma variada, pero en general consistía en una vara de madera o caña de 80 o 90 centímetros de largo, con el extremo superior abultado (roquil) para sostener el copo de lino. El huso era un instrumento fusiforme de unos 28 centímetros, de madera torneada, con un extremo aguzado y en el otro, un contrapeso (fusaiola) o abultamiento (rodela, cagalla o tortera). Su función era la de girar sobre sí mismo, haciendo de lastre de las fibras sujetas en la hendidura o estría de la punta superior (osca), mientras se iban retorciendo con los giros, configurando así el hilo. Puesto el copo (cerro) en la rueca, apoyaban ésta en la cintura, con la parte superior en el antebrazo izquierdo, quedando así libre esta mano para ir extrayendo y dosificando la fibra. Con los dedos de la mano derecha, de manera habilidosa, impulsaban los giros del huso para retorcer el hilo. Éste, ya retorcido, lo iban envolviendo en el eje del huso, hasta lograr una husada (mazaroca), que extraían por la parte estrecha del huso, para trasladarla al sarillo.

Aunque cualquier descanso en casa, cuidado del ganado en el monte o espera en la molienda eran momentos aprovechados para hilar, solían hacerse reuniones llamadas fiadeiros, en las largas y frías noches de invierno, en un cobertizo, pajar o cuadra, al templado ambiente del calor de las vacas y al amparo de la lánguida luz de un candil. En estos fiadeiros, a ritmo de huso, se hablaba, se cantaba y se contaban historias, chismes, adivinanzas y cuentos. Los mozos no hilaban, pero acudían para participar en la juerga.

La utilización de la rueca y el huso era en Parderrubias un trabajo de género. El hilado era una tarea exclusiva de las mujeres, pues estaba considerado como una labor apropiada a las habilidades, mañas y disposición femeninas. Hilar con rueca y huso era, pues, una parte de los quehaceres que toda mujer tenía, por el mero hecho de ser mujer.

Una peculiar costumbre de las hilanderas era humedecer el hilo con saliva, a medida que lo iban estirando, con la finalidad de darle textura, labor que hacían mojando los dedos en la lengua o con la lengua directamente en el hilo. De ahí la copla:

Quen me dera se-lo liño

que vos na roca fiades.

Quen me dera tantos bicos

como vos ao liño dades.

No disponemos de referencia alguna sobre el número de hilanderas de lino en Parderrubias, pero considerando la cantidad de tejedoras constatadas en el artículo “Las tejedoras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/) parece lógico pensar que difícilmente hubiera casa donde no se hilase. Tampoco tenemos constancia de la utilización en Parderrubias del torno de hilar, en lugar del huso y la rueca, pero cabe tal posibilidad, por ser frecuente su empleo durante aquella época en zonas próximas.

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Hilado

  1. Enmadejado

El lino recién hilado tenía un color ceniciento que era necesario blanquear lo más posible. Para ello, no tenían otro remedio que transformar las mazarocas obtenidas en el huso en madejas (meadas), para después blanquearlas. Para esta función contaban con el sarillo, un apero de brazos en forma de X, que por medio del giro vertical de sus aspas iba desenredando las mazarocas y dándoles forma de madeja. Era ésta una faena propia de las mujeres.

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Enmadejado

  1. Blanqueo

El blanqueo era tal vez la labor más ingrata de todo el proceso. Aunque los métodos podían variar ligeramente, el más común era la colocación de las madejas (meadas) durante 3-4 días en una olla llena de una especie de lejía hirviendo. Se trataba de una mezcla de agua, tres platos grandes de ceniza de roble que hervía durante media hora. Después lavaban y secaban las madejas varias veces, y repetían el proceso, con sus respectivos lavados y secados, las veces que fuesen necesarias. Finalmente, extendían o colgaban las madejas durante 6-8 días, salpicándolas con agua de vez en cuando. Si no lograban la blancura deseada, comenzaban de nuevo la colada descrita. En algunas casas, le añadían huesos y ombligos de Venus (couselos) a la mezcla.

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Blanqueo

  1. Devanado

Esta actividad consistía en volver las madejas a ovillos, utilizando un apero llamado devanadera, un armazón de aspas horizontales con palos verticales que girando alrededor, según se tiraba del hilo, iba desenmarañando éste, mientras con las manos lo envolvían en ovillos. A menudo, las aspas eran sustituidas por los brazos de los hombres.

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Devanado

  1. Encanillado

Antes de comenzar con el telar era necesario preparar los hilos para la trama y la urdimbre, mediante las operaciones de encanillado y urdido. La primera de ellas consistía en preparar las canillas (cañas con hilo embobinado). Se conseguía por medio del caneleiro, aparato que variaba según las casas. La canilla se introducía luego dentro de la lanzadera del telar, una cajita ovalada de madera, que luego utilizaban durante el tejido.

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Encanillado

  1. Urdido

Esta función tenía la finalidad de preparar la urdimbre, es decir, disponer paralelamente los hilos que luego se montarían horizontalmente en el telar, para proceder a tejer el lienzo o paño correspondiente. Para ello, utilizaban la urdidera, que venía a ser como una devanadora grande, alrededor de la cual se iban sujetando las ristras de hilos, que después cortaban a medida del tejido deseado.

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Urdido

  1. Tejido

Era la última operación del largo proceso, y la más compleja y laboriosa de todas. Se desarrollaba en el telar, el aparato más complejo de todos los pertrechos. Consistía en una estructura artesanal de madera, de forma cúbica, con cuatro pies, que sostenía a un conjunto de diversas piezas. En la plataforma, la tejedora colocaba la urdimbre, tensa y sujeta a ambos lados. Mediante dos pedales (premedeiras) elevaba y bajaba los hilos alternos, quedando cada vez una abertura entre ellos (calada), a través de la cual iba pasando transversalmente la lanzadera con la canilla de hilo, que iba apretando con el peine (pente), con ritmo acompasado y monótono, logrando así la trama.

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Tejido

Estos constituyen los 16 pasos de estricto cumplimiento de nuestros antepasados de Parderrubias, en su afán de lograr los indispensables paños o lienzos ordinarios, para confeccionar luego sábanas, jergones, toallas, camisolas, mandiles, calzones, camisones, etc., y también colchas con mezcla de lino y lana. Y a todo este largo proceso estanban “condenadas” las familias, al menos hasta conseguir los ovillos de hilo para el telar. Cualquier dejadez en este campo estaba considerada como una irresponsabilidad, que la sabiduría popular reprobó musicalizando el trino de las golondrinas tras el retorno de su invernación en el otro hemisferio, y que de pequeños cantábamos:

Fun a mar e vin da mar,

te-la tea por fiar.

¿Qué fixeches, truaniña?

¿Qué fixeches? ¡Truanarrrrr!