Mes: marzo 2021

Cuando la Guerra no devuelve los hijos a sus madres: el tío-abuelo Ramón

Cuando la Guerra no devuelve los hijos a sus madres: el tío-abuelo Ramón

Por Juan Carlos Sierra Freire

Ramón fallece, a los 27 años, en el frente de Asturias, el 11 de marzo de 1937, en las primeras fases de la Guerra. Caía abatido en el cauce del río Nalón por balas cainitas. El lecho del río fue su sepultura.

En un anterior artículo hemos abordado los acontecimientos acaecidos en Parderrubias y su comarca durante la Guerra Civil librada en España entre los años 1936 y 1939. Dando continuidad a dicho trabajo, en una secuencia de artículos centraremos el foco de atención en los jóvenes de nuestra comarca que fueron enviados a los diversos frentes de guerra de los que jamás regresarían. En este primer artículo abordaremos la historia del tío-abuelo Ramón, con el deseo de que este documento sirva para que su recuerdo perdure en el tiempo. Eran jóvenes que no buscaron la guerra, sino que esta les fue a buscar y arrebatar de sus casas, a las que nunca devolvió.

El estallido de la Guerra, en julio de 1936, hizo que el bando insurgente llamase a jóvenes de manera urgente y forzosa. Según los datos aportados por Matthews (2013), el número de jóvenes que en los primeros meses de Guerra tomaron voluntariamente las armas fue más bien escaso: 120.000 en la zona republicana y 100.000 en la rebelde. Obviamente, una contienda bélica de semejante calibre no podía librarse con esas cifras, por lo que muy pronto se recurrió a la movilización forzosa de los hombres de 18 a 45 años de edad: la República movilizó 1,7 millones de hombres en 28 reemplazos, por 1,2 millones en 15 reemplazos del Bando Nacional.

Milicianos al cobijo del fuego durante el frío invierno de 1937. Fuente: Mundo Gráfico, 20 de enero de 1937

Aparte de aquellos que en la fecha del alzamiento contra la República estaban cumpliendo con el Servicio Militar Obligatorio, el 11 de agosto de 1936 fueron llamados en la Zona Nacional, en la que había quedado Parderrubias y su comarca, los soldados de los reemplazos de 1933, 1934 y 1935, incorporándose a los Cuerpos en los que habían prestado servicios. Posteriormente, se fueron movilizando los otros reemplazos que le precedían. Así, en octubre fueron llamados los mozos del reemplazo de 1932 y en noviembre los de 1931. Todos ellos eran citados en el Cuartel de San Francisco, en la capital ourensana.

A mediados de agosto de 1936, Ourense fue testigo de la despedida de unos 700 reclutas que se dirigían hacia sus destinos desde la estación de tren:

Gran parte de Orense acudió a despedirlos. Las autoridades militares, mujeres, niños. Grupos de muchachas estaban colgando sobre el pecho de aquellos valientes la enseña nacional entrecruzada de símbolos religiosos. El andén, rebosante. Nuestra banda municipal lanzando himnos patrióticos y marchas militares. Pita el tren, que marcha despacito y majestuoso. Una alocución brillante. Multitud de vivas y de aplausos. Los muchachos colgados de las ventanillas con el brazo levantado y la mirada ardiente y la garganta delirante de palabras sagradas. La gente prorrumpe en gritos, saludos y aplausos entusiastas. Dios os acompañe, soldados nuestros de la Patria” (La Región, 13 de agosto de 1936).

El editorial del día 15 rezumaba un rancio patriotismo que pesaba como losas sobre las espaldas de centenares de jóvenes obligados a marchar al matadero del frente:

“…Y han marchado también a pelear otra multitud de mozos sedientos de las glorias que para nuestro solar están conquistando los que fueron a pelear antes, ya desde el primer día. Si muchísimos mocosuelos que nos parecían han abandonado las familias, o dícholas adiós, sin que nada pudiera detenerlos, sintiendo como la sangre generosa y española y cristiana les ardía de amor a la Patria en las venas. Y esos soldaditos nuestros, más de siete mil que hemos dado para la cruzada, cómo se nos están marchando henchidos de fervor y de convulsión patrióticas…”.

Con el fin de paliar la situación de necesidad –en ocasiones, extrema- en la que quedaban muchas familias cuando sus hijos eran enviados al frente, se estableció un sistema de Subsidios Pro Familias de Combatientes, cuyos beneficiarios eran los combatientes que constituían el único o principal sostén de la familia. Para ello se tenían en cuenta los ingresos o ventas, sueldos, jornales, etc. que los beneficiarios percibían.

Fuerzas Nacionales en un pueblo de Asturias en el año 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Tomada de La Voz de Asturias, 24 de mayo de 2018

El tío-abuelo Ramón

Ramón ocupa el cuarto puesto de los seis hijos de José Epifanio y Filomena, vecinos de Montelongo de Arriba (Soutopenedo). La familia Freire Doniz había sido duramente golpeada por la terrible peste de 1918, falleciendo José Epifanio a los 47 años de edad. Al cargo de su madre Filomena y sus hermanos Francisco Javier (15 años), Rosa (12 años), Ramón (8 años), José (6 años) y Raimundo (3 años) quedaba el abuelo Manuel con tan solo 17 años de edad. Ramón, que había nacido una fría madrugada de enero de 1910, se quedaba huérfano de padre a la corta edad de ocho años.

En el año 1931, Ramón es alistado en el Ayuntamiento de San Cibrao de Viñas, siendo declarado soldado, teniendo que cumplir el Servicio Militar Obligatorio. Durante la Segunda República su duración era de 12 meses, por lo que cuando su hermano José es alistado en el año 1933, Ramón ya había finalizado sus prestaciones militares a la República. Sin embargo, escasos años después, en su vida se cruza el estallido de la Guerra Civil que le obliga a reincorporarse de urgencia al Ejército. El 30 de octubre de 1936 es citado en el cuartel de San Francisco y es obligado por los sublevados a “ir a la Guerra”. Como otros muchos jóvenes de la época, a los que sorprendió la Guerra en zona nacional, Ramón había realizado el Servicio Militar defendiendo a la República y el destino le obliga a tomar las armas contra ella.

Ramón, al pertenecer al reemplazo de 1931, es reincorporado a filas en el mes de noviembre de 1936, pasando a formar parte de las Columnas Gallegas (despectivamente conocidas en la España republicana como los “Mariscos”), que fueron enviadas a Asturias en las primeras fases de la Guerra en auxilio de Oviedo. Su hermano Raimundo, perteneciente al reemplazo de 1936, se quedaba al cuidado de la madre viuda, hasta el fallecimiento de Ramón, momento en el que también será enviado al frente. El hermano mayor, el abuelo Manuel, era emigrante en Buenos Aires.

El frente de Asturias

En Asturias había fracasado el golpe de estado, salvo en Oviedo, en donde el Coronel Aranda se había atrincherado con 1.200 militares, quedando asediada la capital por las fuerzas republicanas. En su auxilio acude desde Ourense el 28 de julio la primera Columna Gallega comandada por José Ceano (uno de los responsables de la sublevación en Ourense). Esta columna estaba formada por unos mil hombres procedentes de Ourense y Lugo, soldados de reemplazo, a los que se irían uniendo voluntarios. Entra en Asturias por la costa, tomando Navia el 1 de agosto. Ese primer día de agosto, el diario ourensano La Región comunicaba que los soldados que formaban esa primera columna se encontraban perfectamente y así se hacía público para “tranquilidad y satisfacción de quienes tienen familiares en esas tierras al servicio de la causa de la liberación de España”. En La Región del 5 de agosto nos encontramos con las dos primeras esquelas de militares ourensanos fallecidos en Asturias. Al día siguiente nos sorprende una nueva esquela, en esta ocasión, la de un Capitán de Infantería. Sin embargo, el cronista no desfallece en su arenga triunfalista:

“…no se asusten nuestra gente que tienen en Asturias operando a algún deudo. Afortunadamente no hallan resistencia alguna nuestros soldados en su avance y en la limpia de aquella zona minera. Posiciones y pueblos están siendo todos los días pacificados, sin baja alguna. Estos tres muertos que nos han llegado de allá no lo han sido en combates, sino por paqueos inevitables de los primeros días, y que ya no se repiten. No hay motivo alguno para la inquietud. Nuestros bravos soldados prosiguen en su empresa, que no es dura, sino por el terreno simplemente”.

El 8 de agosto, a pesar de la hospitalización en Ribadeo del Comandante Ceano debido a un tiroteo, la situación de los reclutas gallegos parecía color de rosa a la luz de la crónica de La Región de ese día:

“…la columna de nuestro Batallón sigue avanzando hacia el Norte. El espíritu de los soldados es verdaderamente sorprendente. Deseando constantemente ponerse en contacto con el enemigo. Una prueba de la valentía de los muchachos es que en un encuentro registrado anteayer con los marxistas  les causaron ciento cincuenta  muertos, así como numerosos heridos y prisioneros. Entre las milicias que marchan con las fuerzas regulares, procedentes de varios puntos de Galicia, están destacando magníficamente las de Orense. Su espíritu patriótico pónese de manifiesto en cuantas ocasiones se presentan. De nuestro Batallón solamente ha habido que lamentar ahora cuatro heridos leves y estos se encuentran hospitalizados en Mondoñedo y Ribadeo”.

A la primera Columna se irían uniendo otras a lo largo de las siguientes semanas. En alguna de ellas iba Ramón. La sinrazón de esta guerra hizo que estos “Mariscos” tuvieran que enfrentarse a paisanos suyos integrantes del Batallón Galicia que luchaba contra el fascismo. El testimonio edulcorado por La Región del 21 de agosto de 1936 de un soldado ourensano que disfrutaba de unos días de permiso en casa, permite acercarnos a la rutina (idealizada, sin duda alguna) de estos soldados en el frente asturiano. En cuanto a la comida, el menú consistía en una sopa y dos platos a mediodía y noche (e.g., sopa, fabada asturiana y carne con patadas; sopa, arroz con carne y judías con carne), acompañando de abundante vino de Castilla. La población civil les trataba con cariño, y así por ejemplo, una fonda en un solo día regaló entre 400 y 500 comidas. Facilitan a los soldados lo que necesitan, unas veces gratis y otras a precios muy económicos. Así, nuestro amigo compró unas botas de 20 pesetas por diez y le regalaron una toalla, jabón, un tubo de pasta Dens y ropa. Las casas particulares están siempre abiertas para los soldados que reciben constantes agasajos. En este testimonio se aludía también a unas inmejorables condiciones en el Servicio de Sanidad. En Navia, el Colegio de la Asunción, que dirigían unas monjas, fue reconvertido en hospital y “las monjas con cien señoritas prestan toda clase de cariñosos auxilios a los heridos”.

Tropas Nacionales entrando en Asturias. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Tomada de La Voz de Asturias, 24 de mayo de 2018

En las primeras semanas de septiembre, a pesar de la tenaz resistencia republicana, las Columnas de la costa ocupaban San Pavillo del Mar, San Cristóbal y San Martin. La Columna del Sur continuaba su avance con dirección a Trubia, población bombardeada de manera asidua en los siguientes días. El 10 de septiembre el diario La Región recoge la noticia de otros tres fallecidos ourensanos en San Cosme. Se trata de un sargento, un cabo y un soldado que se defendían en una casa que habían tomado contra un grupo de marxistas. El reguero de muertos continuaría en los días sucesivos. El 11 de octubre las tropas gallegas se encontraban ya en las inmediaciones de Oviedo. Una semana después, el 17 de octubre a las seis y media de la tarde, las tropas gallegas entraban en Oviedo, después de un cerco de tres meses. La Región sintetizaba la noticia en un “Galicia ha liberado a Asturias”, siendo celebrada con enorme júbilo en la capital ourensana.

A pesar de la toma de la capital ovetense, el frente de guerra sigue abierto en otras zonas. El Ejército Republicano continuaba golpeando. En la madrugada del 27 de noviembre lleva a cabo un intenso ataque en toda la línea de posiciones Oviedo-Grado, en la que se encontraban los soldados ourensanos. El 29 de noviembre La Región habla de más 400 republicanos muertos a manos de los Nacionales entre Grado y Escamplero.

Trincheras en las cercanías de Oviedo en 1937. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Tomada de La Voz de Asturias, 24 de mayo de 2018

Muerte en el frente

El 31 de enero de 1937 se leyó en todas las Parroquias de la provincia ourensana, incluida la de San Miguel de Soutopenedo, la siguiente circular:

Se comunica a toda persona que tenga algún familiar o amigo en los frentes de Asturias o de Madrid, que el Batallón de Voluntarios Caballeros de Santiago, de Orense, autorizado por el Excmo. Sr. Gobernador Militar, ha organizado un servicio regular de correo y envíos de toda clase, con objeto de hacer llegar a los combatientes cuantos encargos se le entreguen al expresado Batallón con tal finEste servicio es gratuito y solo tiene que pagar el remitente el sello de Beneficencia que importa diez céntimos por cada carta y veinticinco por cada paquete o envío de dinero. Por estos mismos correos nuestros soldados podrán devolver a sus casas ropas o cartas que deseen enviar“.

Desconocemos si los familiares de Ramón llegaron hacer uso de dicho servicio, pues entre el 21 de febrero y el 17 de marzo de 1937 tiene lugar una importante ofensiva de las milicias republicanas, momento a partir del cual ya empezó a decaer la presión de estas (Sagarra et al., 2016). El diario La Región del 23 de febrero informaba de un ataque general en la línea de posiciones del Frente de Asturias por parte de los republicanos, siendo rechazado con cuantiosas pérdidas, hablando de miles de muertos. Al día siguiente dos batallones republicanos que cruzaron el Nalón, al norte de Trubia, intentaron atacar las posiciones nacionales, siendo rechazados y contraatacados, obligándoles a arrojarse al río, en el que muchos perecieron ahogados. El 25 de febrero fallecía en el frente el Capitán de Infantería Fernando Arturo Rivas Martínez, por quien se celebraron funerales el lunes 1 de marzo en la iglesia parroquial de Santa Eufemia del Centro. No fueron los únicos, pues en esas semanas un buen número de jóvenes ourensanos dejaban su vida en el el frente asturiano. La Región del 3 de marzo informaba de la valiente actuación de los soldados gallegos en el frente asturiano y de las numerosas alabanzas que recibían, y como muestra de gratificación solicitaba a los ourensanos el envío de licores y mermeladas para agasajarles. Ramón no tuvo oportunidad de degustar esos donativos.

El General de la 8ª División pidió que se hiciese llegar a todas las aldeas de Galicia “el orgullo y la admiración con que contemplo la bravura y patriotismo de los 18.000 soldados y falangistas gallegos que unidos a 3.000 marroquíes y legionarios llevan siete días rechazando y castigando duramente los asaltos de 60.000 enemigos provistos de abundantísimo material a los que han causado ya más de 14.000 bajas”. El día 4 de marzo continuaron los ataques republicanos.

En uno de estos ataques, probablemente en Trubia, en las confluencias de los ríos Nalón y Trubia, Ramón Freire se encuentra con la muerte el 11 de marzo de 1937 a los 27 años de edad. Su cadáver nunca retorno a su Montelongo natal. Su sepultura fue el río Nalón. Más de mil combatientes fallecidos en el frente de Asturias fueron sepultados sin identificar en la fosa de San Pedro de los Arcos, en Oviedo. Posteriormente sus restos serían conducidos al Valle de los Caídos. Se estima que tres mil fallecidos en Asturias durante la Guerra Civil descansan en dicho monumento, más de la mitad sin identificar. Desconocemos la ubicación final de los restos de Ramón.

Paradójicamente, el día en el que Ramón caía bajo las balas fratricidas, La Región incluía como titular de portada “La jornada de ayer ha sido brillantísima para las armas españolas”, acompañado de un protocolario “se ha llevado a cabo el adelanto de nuestras líneas en el sector de Pando, ocupándose importantes posiciones y causando al enemigo muchas bajas”. Al día siguiente informaba que en el frente de Asturias se habían mejorado las posiciones, adelantando las líneas después de un brillante ataque, sufriendo el enemigo numerosísimas bajas. A partir de esta fecha, el Ejército sublevado fue ganando posiciones hasta la ocupación final de toda la región. La prensa nacional local apenas hablaba de las víctimas del Ejército Nacional, salvo que fuesen puestos de cierto escalafón o perteneciente a familias importantes. Muertes como la de Ramón eran males menores necesarios que no ocupaban ni una sola línea de los diarios.

Portada de La Región del día del fallecimiento de Ramón Freire
Portada de La Libertad del día del fallecimiento de Ramón Freire

La prensa republicana se hace eco del drama de esos primeros días de marzo de 1937 en el frente de Asturias, dando una visión muy diferente a la que se podía encontrar en La Región:

En Olivares todavía se siguen recogiendo cadáveres de los rebeldes como consecuencia del ataque que intentaron contra nuestras posiciones de Pando… Recientemente han sido reforzados los contingentes del Tercio con un Batallón traído de Galicia” (La Libertad, 2 de marzo de 1937).

Nuestras baterías del 12,7 hacen oír sus voces que dentro de nosotros suenan como pregones de un triunfo seguro. Los del 10,5 y 7,5 se oyen más piano, y su tronar se entremezcla sin solución de continuidad. Solo ayer dispararon nuestros cañones de todos los calibres más de cuatro mil obuses, que sembraron el desconcierto entre los traidores” (Ahora, 7 de marzo de 1937).

A las cuatro de la mañana inició el enemigo un fuerte ataque en el sector de Trubia. Con todas las fuerzas disponibles atacó San Pelayo, San Claudio, La Rebolleda y Pando. En este último punto adquirió gran dureza el ataque, lanzando fuertes contingentes, que al llegar a las alambradas eran destrozados por nuestras ametralladoras… En Pando, después de retirarse a la desbandada, quedó el campo lleno de cadáveres” (Ahora, 9 de marzo de 1937).

Llevamos una semana de lucha. Y  no hay tregua. No hay desánimo. No hay debilidad. El tiempo es duro como los combates. Después de un invierno seco y cálido, ha comenzado a llover y nevar. Hace bastante frío. La tierra está embarrada, llena de charcos. Pero el tiempo no es obstáculo. La voluntad de conquistar a Oviedo está por encima de lo accesorio… El enemigo, acosado ya en Oviedo, ha intentado hoy una acción desesperada en El Fresno. Un tabor de Regulares y dos compañías del Tercio se lanzaron en masa al ataque. Nuestras fuerzas contraatacaron con enorme brío, haciendo retroceder al enemigo, recogiéndose cincuenta cadáveres, varios fusiles, un fusil ametrallador y un prisionero del Tercio. El ataque enemigo fue precedido de una gran preparación artillera. La Artillería republicana bombardeó con éxito concentraciones enemigas en el Naranco” (Ahora, 10 de marzo de 1937).

Noticia del diario republicano Ahora del 10 de marzo de 1937

Visión radicalmente diferente es la que describe el diario El Compostelano de la Zona Nacional:

Las bajas sufridas por el enemigo en los frentes de Asturias rebasan toda medida, habiendo batallones que desaparecieron totalmente en los infructuosos ataques a nuestras líneas (1 de marzo de 1937). “Se confirman las enormes bajas que experimentó el enemigo en los ataques que ha intentado en los frentes de Asturias, pues solo en una posición dejó de nuestro poder más de 400 cadáveres que no pudo recoger en su huida” (8 de marzo de 1937). “…cuando intentaron pasar el río Nalón tuvieron más de mil bajas entre heridos y ahogados, puesto que al ser sorprendidos por nuestras fuerzas de inmensa mayoría tuvo que tirarse al agua para librarse del fuego de nuestros fusiles” (10 de marzo de 1937).

El parte de guerra del 11 de marzo, proporcionado por la prensa republicana informaba que:

Desde las ocho y media de la mañana comenzó una intensa preparación artillera por parte de las baterías rebeldes… Los soldados leales aguantaron primero la lluvia de proyectiles y rechazaron después a los atacantes, obligándoles al repliegue… El duelo de artillería terminó entrada la noche” (El Pueblo, 11 de marzo de 1937).

Toda esta brutalidad, exagerada sin duda alguna por cada uno de los bandos, pero enorme barbarie al fin y al cabo, se llevó por delante la vida de un joven de 27 años, cuyo proyecto de vida estaba muy lejos de la tierra en la que derramó su sangre. El 15 de abril de 1937 se oficiaba el funeral de Ramón en la Parroquia de San Miguel de Soutopenedo con la presencia de siete sacerdotes:

Se tuvieron solemnes funerales en esta iglesia parroquial, en el día de la fecha, por el alma de Ramón Freire Doniz, soltero, hijo de José Freire Villar y Filomena Doniz, natural de Montelongo de Arriba, que falleció el día 11 de marzo de mil novecientos treinta y siete en Oviedo, defendiendo gloriosamente a España a la edad de veintisiete años. Y que conste extiendo la presente nota que firmo en quince de abril de mil  novecientos treinta y siete. Firmado Ramón María”.

El dolor de una madre por no poder enterrar a un hijo, al que las balas cainitas habían segado la vida, supuso el ocaso de la bisabuela Filomena. El cruel destino no le permitió sepultar a su hijo. No hubo sepultura a la que acudir, ni en la que dejar una oración y unas flores. Todo este enorme dolor se vio acrecentado por el hecho de que el hijo caído debía ser reemplazado en filas por uno de sus hermanos. Sin ápice alguno de compasión, la maquinaria de guerra obliga a mandar al frente a otro de los hijos. La familia decide que sea Raimundo, quien terminará en el Frente del Ebro, llegando a participar en una de las batallas más cruentas de toda la Guerra: la Batalla del Ebro (julio a noviembre de 1938). Solo dos años después del funeral de su hijo Ramón, la bisabuela Filomena fallecía a los 65 años de edad.

“Todos eran españoles. Todos en aquellos días nefastos, vivían obsesionados por el afán de exterminar al adversario, en un vértigo cainita”.

Carlos Seco Serrano. El Rencor, mal consejero

Referencias

Matthews (2013). Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la Guerra Civil 1936-1939. Alianza Editorial.

Sagarra, P., González, O. y Molina, L. (2016). Grandes batallas de la Guerra Civil española (1936-1939). La Esfera de los Libros.