La prolija actividad religiosa en Parderrubias durante la segunda mitad del siglo XIX

La prolija actividad religiosa en Parderrubias durante la segunda mitad del siglo XIX

Por Juan Carlos Sierra Freire

 

El paso del tiempo condujo a la desaparición de muchos actos y ceremonias religiosas que contaban con gran arraigo en la parroquia de Parderrubias. Mientras que algunas de ellas han evolucionado, otras simplemente han desaparecido.  Más allá de lo que nos contaron nuestros antepasados  más cercanos, el conocimiento que tenemos de las actividades religiosas que se celebraban en el siglo XIX en Parderrubias es más bien escaso. Basándonos en los detallados escritos dejados por el cura don Manuel Belvis en los libros parroquiales, vamos a tratar de recuperar del olvido los actos religiosos más característicos de la segunda mitad del siglo XIX en Parderrubias. Don Manuel Belvis, al que en su momento dedicamos un apartado en la sección de Vecinos Ilustres de Parderrubias, toma posesión de la parroquia de Parderrubias en el año 1859, permaneciendo en dicho cargo hasta 1894, aunque durante algunos de esos años ejercieron de ecónomos don Veremundo Domínguez y don Ramón Pérez Sampayo. El 18 de junio de 1878, a la edad de 70 años, como “contribución a sus sucesores”, describió en el Libro Parroquial los actos devotos que se practicaban en la parroquia. Su detallada redacción nos permite aproximarnos a la religiosidad de finales del siglo XIX en Parderrubias.

Misas de precepto

Comenzando por las misas de los días festivos, estas tenían lugar muy temprano con el fin de que los feligreses no perdiesen la jornada para ciertos trabajos que no podían esperar por el hecho de ser día festivo. De esta manera, se conseguía, según palabras del párroco, una gran afluencia a la misa. Para que la gente no se quedase de tertulia en el atrio de la iglesia antes del comienzo de la misa, se rezaba el Rosario una vez dado el segundo toque de campana.

Cuaresma

En Cuaresma se rezaba todos los días el Rosario al anochecer en la iglesia, realizándose a continuación la Visita de Altares, concluyendo con la Salve. En los días festivos de este tiempo de Cuaresma se realizaban los Ejercicios de las Tres de la Tarde consistentes en “andar el Calvario” (Viacrucis), una lectura en el púlpito del libro “Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola” (libro de oraciones y meditaciones), canto del Acto de Contrición, finalizando con una procesión de la imagen del Ecce Homo cantando los versos de la Pasión por el libro “Despertador Eucarístico y Dulce Convite,…” de Juan Gabriel de Contreras. El jueves, viernes y sábado de la cuarta semana eran los días en los que se celebraba el precepto pascual.

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Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola

Semana Santa

En Semana Santa, el martes se montaba el Monumento para los Oficios a celebrar el Jueves y Viernes Santo. El Jueves Santo, por la mañana, se realizaban las confesiones y, se celebraba una solemne misa con cantos del “Despertador Eucarístico y Dulce Convite,…” en la comunión. Ya por la tarde se efectuaban las visitas al Calvario hasta las cinco de la tarde, hora a la que se iniciaban los Oficios cantados con toda solemnidad. Tenía lugar el Oficio de las Tinieblas, hoy desaparecido, que giraba en torno a un candelabro (tenebrario) con 15 cirios, que representan a 11 apóstoles, las tres Marías y a la Virgen María, los cuales se van apagando sucesivamente tras la lectura de cada salmo. Una vez finalizado el Oficio salía la procesión hacia O Trabazo, presidida por el Estandarte de Ánimas y la Cruz Parroquial, a los que seguían la Virgen de los Dolores con sus cirios y faroles, el Ecce Homo y el Gran Crucifijo, acompañado también de faroles y cirios. Los sacerdotes que seguían la procesión entonaban el Miserere, y a la vuelta cantaban junto con los niños que participaban en el acto. Al regreso a la iglesia, se rezaba el Rosario. El Viernes Santo, a temprana hora, comenzaban las visitas al Calvario. A las siete se daba inicio al Sermón de la Pasión desde el Púlpito, situándose delante del mismo el Gran Crucifijo fijado en un cepo y que mediante unas ruedas se acercaba al púlpito al finalizar el Sermón. El Sábado Santo tenía lugar una Misa cantada. El Lunes de Pascua se llevaba a cabo una tradición ya desaparecida en la actualidad: la bendición de las casas, que comenzaba en A Nugueira.

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Despertador Eucarístico y Dulce Convite
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Piedad
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Ecce Homo
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Gran Cruz

Mes de Mayo

En el mes de mayo se celebraban las Flores de María, para lo cual se creaba un gran dosel sobre la Custodia con sábanas adornadas de estrellas de papel dorado, formando un altar con la Virgen del Rosario sin el Niño, con diferentes adornos. El altar incluía unas escalerillas sobre las que se colocaban velas y ramos de flores. Durante todo el mes se rezaba el Rosario en la noche. Era tradición que el primer domingo de junio se tuviese una solemne misa con las limosnas que los devotos habían aportado durante todo el mes de mayo, habiendo confesiones el viernes anterior, acudiendo algunos sacerdotes de  parroquias próximas.

Festividad de Corpus Christi

Ya indicamos en otro momento que, probablemente, la Festividad de Corpus se venga celebrando en Parderrubias desde el siglo XVI. Don Manuel Belvis alude a ella como “una función con mucha solemnidad” que incluye una procesión que llega a O Trabazo. En su texto da a entender que previamente a la festividad del Corpus se celebraba una misa en la capilla de San Miguel de Solveira y otra en la de la Magdalena, en las que se cobraban dos reales a cada vecino, entendemos que para la celebración del Corpus.

Festividad del Sagrado Corazón de Jesús e Inmaculado Corazón de María

La Novena del Sagrado de Corazón de Jesús se iniciaba el mismo día de Corpus con la misa de la mañana, para que de este modo terminase el viernes de la semana siguiente a la festividad del Corpus, día del Sagrado Corazón de Jesús.

En el año 1880, don Manuel Belvis, una vez solicitada a Roma la correspondiente bula, instaura en la parroquia la Cofradía de los Purísimos Corazones de Jesús y de María. Por dicho motivo se adquirió un estandarte con ambos corazones para presidir la procesión que tenía lugar el domingo después de la infraoctava de Corpus, día en el que se celebraba el Corazón de María. A dicha Cofradía se refiere don Manuel en la carta que dirige al Director del diario católico El Siglo Futuro (publicada el 23 de diciembre de 1889) para mostrar su oposición, y la de sus feligreses, a una estatua a Giordano Bruno:

“Don Manuel Belvis, Párroco, aunque en la avanzada edad de ochenta y dos años, suplica a Vd. se digne añadir a las numerosas listas de adhesión al mensaje a su Santidad contra el monumento al apóstata Jordán, su persona y las de sus cuatrocientas treinta feligreses, por quienes responde, pues le consta que todos son fervorosos católicos, afiliados a los Corazones de Jesús y María, cuya Hermandad se haya establecida en la parroquia desde hace nueve años”. 

Este estandarte con los corazones de Jesús y María tuvo gran relevancia en la vida religiosa de la parroquia, pues el señor Obispo Cesáreo Rodrigo llegó a conceder 40 días de indulgencia a todos los que asistiesen a las procesiones en las que estuviese dicho pendón. Por ello, presidía también la conducción de los fallecidos de la parroquia desde sus casas hasta la iglesia para que se pudiesen ofrecer por ellos dichas indulgencias.

En el retablo del Altar Mayor fueron colocados dos cuadros, uno con el Corazón de Jesús y otro del Corazón de María, a los que también el señor Obispo concedió 40 días de indulgencias por cada Padre Nuestro o Salve que se rezase delante de cada uno de ellos, respectivamente.

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Sagrado Corazón de Jesús

Meses de verano

Durante los meses de verano, la actividad religiosa no decaía, y así en los días festivos, a las tres de la tarde, se realizaban ejercicios en la iglesia, que consistían en “andar el Calvario”, visitar el Santísimo y a la Virgen María, siguiendo el libro “Camino recto y seguro para llegar al cielo” de Antonio María Claret, concluyendo con un rato de lectura piadosa como, por ejemplo, las obras de Tomás de Kempis, canónigo agustino del siglo XV.

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Camino recto y seguro para llegar al cielo

Fiesta del Rosario

En la Parroquia estaba establecida la Cofradía del Rosario, cuya celebración tenía lugar el primer domingo de octubre, manteniéndose dicha fiesta todavía en la actualidad. Don Manuel Belvis instauró durante su regencia de la parroquia la costumbre de procesionar la Virgen del Rosario dos domingos antes de su festividad. La procesión se hacía con la imagen de la Virgen en las andas de cristal hasta la capilla de Solveira en donde permanecía hasta el siguiente domingo cuando por la tarde regresaba en procesión hasta su iglesia. El sábado anterior al regreso de la Virgen a su iglesia daba comienzo la novena que continuaba en los siguientes días al finalizar la misa diaria. Ya el viernes y sábado previos a la festividad del Rosario se realizaban confesiones con siete u ocho sacerdotes con el objeto de ganar las indulgencias concedidas, comulgando el sábado. Ya el domingo, Día del Rosario, se celebraba una solemne misa con un extenso sermón en el que se explicaban los Misterios del Rosario. Al finalizar el sermón tenía lugar la bendición de los rosarios y las candelas gracias a la facultad que tienen los curas de la parroquia como capellanes de la Hermandad. Ya por la tarde salía en procesión la Virgen por los tres pueblos (A Iglesia, Outeiro y Barrrio) cantando el Rosario y finalizando la novena al regreso a la iglesia.

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Virgen del Rosario

Novena de Ánimas

La Novena de Ánimas fue instaurada en la parroquia de Parderrubias por don Manuel Belvis durante el periodo en el que había sido coadjutor de don Francisco Folguerol (1842-1846), antes de hacerse con las riendas de la parroquia. La novena comenzaba el 24 de octubre. Con la finalidad de que los vecinos tuviesen la mañana libre para la recolección de las castañas, cuya cosecha estaba en pleno apogeo, se tocaba a misa entre las 4,30 y las 4,45 horas de la madrugada; a la media hora se daban tres toques de campana. Se celebraba misa, y a su fin se encendían los blandones y se llevaba a cabo el Acto de Contrición de la Novena de Ánimas de Santiago. A continuación se leía un capítulo del libro “Gritos del Purgatorio y medios para acallarlos” de  José Boneta, y seguían las oraciones correspondientes (Siete Ave Marías y Lamentos en Verso Cantados), concluyendo con el responso Ne Recorderis:

Ne recordéris peccáta mea, Dómine.
Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
Réquiem ætérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis.
Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
Kyrie, eléison, Christe, eléison. Kyrie, eléison.

El último día de la novena tenía lugar el Día de Todos los Santos (1 de noviembre) a las cuatro de la tarde, concluyendo con la renovación del Voto de las Ánimas. Al día siguiente, Día de Fieles Difuntos, con el fin de que los feligreses que acudían a la Feria de Allariz pudiesen oír misa, se celebraban varias, la primera a las cinco de la madrugada.

Gritos
Gritos del Purgatorio y Medios para Acallarlos

Novena de la Purísima Concepción

En esa época, gracias a la labor de don Manuel Belvis, se habían constituido en la parroquia los Coros de las Hijas de María.  A ellos se hace referencia en la noticia publicada en el diario católico El Siglo Futuro, de fecha 11 de junio de 1889, que recoge el Acto de Celebración del XIII Centenario de la Unidad Católica, que había tenido lugar en As Maravillas el 30 de mayo de ese año:

“Cuando estaba ultimándose la colocación de personas y cosas, un gran murmullo nos hizo mirar hacia la izquierda, y era procedido de la llegada del nunca bien ponderado señor Abad de Parderrubias, capitaneando una gruesa procesión precedida de varios Coros de Hijas de María, montado en su yegua, y permaneciendo en este estado hasta dejar unida su gente a la que ya estaba colocada”.

Por dicho motivo, se celebraba la Novena a la Purísima Concepción, que daba comienzo el día de San Andrés, 30 de noviembre. Con la ayuda de las limosnas y donativos recaudados durante la Novena de Las Ánimas y el Día de Fieles Difuntos se organizaba una serie de actos los días 6 y 7 de diciembre con un buen número de confesores. En el día de la Purísima Concepción tenía lugar una misa solemne. Existían también Coros de la Felicitación de la Virgen que tomaban protagonismo los sábados.

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Purísima Concepción

Otras novenas

En la parroquia de Parderrubias, además de las novenas descritas, se celebraban también, en esa época, la Novena de San José (19 de marzo) y la Novena de San Antonio de Padua (13 de junio).

En definitiva, Parderrubias fue durante la segunda mitad del siglo XIX una Parroquia muy prolija en celebraciones religiosas, de las cuales en alguna ocasión hemos oído hablar a nuestros antepasados más cercanos. Gracias al meticuloso trabajo llevado a cabo por el párroco don Manuel Belvis en ese tiempo, las generaciones futuras pueden tener conocimiento de ellas, e incluso imaginárselas, pues los contextos geográficos a los que se alude en sus escritos siguen existiendo.


Nota del autor. Agradezco a César González Fernández la revisión y corrección de la versión final de este artículo.

Sobre como el Clero reglaba conductas y obras de los feligreses de Parderrubias en el siglo XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

Sobre como el Clero reglaba conductas y obras de los feligreses de Parderrubias en el siglo XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

Nota. Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano.


Sobre como o Clero regulaba condutas e obras dos fregueses de Parderrubias no século XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara e Juan Carlos Sierra Freire

A parroquia rural galega chegou a desempeñar funcións que ían moito máis alá das propias da administración eclesiástica. Na actualidade, o seu papel como marco de veciñanza no ámbito rural galego segue tendo gran relevancia (Saavedra, Sobrado e Presedo, 2013). En 1580 contabilizábanse en Galicia 3.571 parroquias, a inmensa maioría de tipo rural e de pequena extensión (8 km2). A extensión actual da Parroquia de Parderrubias é de 8,3 km2.

Tal como sinalan Saavedra et al. (2013), desde a segunda metade do século XVI a vida comunitaria faise ao redor do templo parroquial. A inmensa maioría da poboación española do século XVI era analfabeta, constituíndo polo tanto a lectura e a escritura privilexios propios de clérigos, nobres e burgueses. Gran parte da cultura popular estaba plenamente influenciada polo Clero, influencia que en moitas ocasións caracterizábase pola intolerancia e a represión, atributos claramente reflectidos no Concilio de Trento (1545-1563) e, de maneira extrema, no labor da Inquisición.

As visitas pastorais ás Parroquias, das que en Ourense hai rexistros desde o ano 1480, permítennos apreciar como gran parte da vida comunitaria viraba ao redor do templo parroquial atopándose esta fortemente influenciada polo Clero: pago dos diezmos e outros tributos, cumprimento de obrigacións relixiosas, regulación de múltiples comportamentos, implicación nas obras parroquiais, etc. Baseándonos nas visitas episcopais realizadas no último terzo do século XVI á Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias daremos apoio a esta afirmación, ao longo dunha serie de artigos que iremos publicando. Neste primeiro traballo, referirémonos ás visitas realizadas á Parroquia polo Señor Bispo Juan de San Clemente e/ou o Visitador Xeral do Bispado de Ourense, o Licenciado Gerónimo Martínez, nos anos 1580, 1581, 1582 e 1583, sendo Párroco de Parderrubias Don Juan García, e as cales aparecen rexistradas no Libro Parroquial da época. Neses anos a Parroquia estaba integrada por 30 fregueses, e os seus destros eran valorados en cen ducados (o ducado era a moeda vixente nos séculos XVI e XVII en España, e tiña un peso de 3,6 gramos de ouro, equivalendo a 11 reais casteláns e un maravedí, ou 375 maravedíes).

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Visita pastoral do ano 1580. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Todas as visitas incluían unha primeira fase protocolaria que consistía na revisión e avaliación das condicións nas que se atopaba o Santísimo Sacramento, os Sagrados Oleos e a Pía do Bautizo. Con todo, o contido máis relevante destes rexistros son os mandatos que o Señor Bispo dirixe aos fregueses de Parderrubias. Estes mandatos pódense clasificar en dúas modalidades: 1) mandatos sobre a regulación das boas condutas dos fregueses e 2) mandatos sobre as ordenanzas relativas a obras e loxística do patrimonio que a Igrexa posuía en Parderrubias.

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Visita pastoral do ano 1581. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Regulación de boas condutas

Na visita realizada o 21 de maio de 1580, así como na levada a cabo o 22 de xaneiro de 1582, esíxese a aquelas persoas con testamentos por cumprir que os cumpran no día do enterro do finado que deixara o testamento e ao longo dese ano. Era práctica habitual que os fregueses, vendo preto o final da súa vida, deixasen un testamento verbal no que se establecía o número de curas asistentes ás honras fúnebres, así como o número de misas que estes deberían celebrar pola súa alma. É máis, na visita de 1582 exhórtase aos enfermos, tanto homes como mulleres, a que fagan os seus testamentos para “descargo de sus conciencias”.

O feito de acudir á misa os domingos e festas de gardar é un deber que todo cristián debe cumprir, polo que na visita de 1580 lémbrase aos fregueses, baixo mandato, acerca da obrigación de oír misa enteira todos os domingos e festas de gardar, debendo estar “callados, devotos, atentos e moi obedientes a su cura”. Na visita de 1582 concrétanse as penas ás que se expón todo aquel que non cumpra co devandito precepto:

“…oír misa entera todos los domingos e fiestas de guardar como son obligados de precepto so pena de un real para la fábrica por cada una que faltare en esta manera un cuartillo al que no llegare a la epístola y medio real al que no llegare al evangelio y un real a toda la misa”.

O comportamento en misa tamén era obxectivo do “manual dos bos costumes” e así, por exemplo, prohíbese falar de cousas profanas dentro da igrexa, pídese non arrimarse aos altares e que as mulleres non traian os seus fillos pequenos, pois “lloran e desasosiegan al rector y feligreses”, feito que lles poñería sen dúbida na disxuntiva de con quen deixalos, pois todo fregués estaba obrigado a asistir a misa.

Traballar ou mandar traballar un domingo ou festa de gardar en calquera labor penalízase con multa de catro reais (moeda de prata de 3,35 gramos que equivalía a 34 maravedíes) e penitencia pública participando na misa de domingo ou festa de gardar cunha vela acesa. Non acatar esta condena supoñía un castigo de maior rigor. Así, recóllese esta cuestión na visita do ano 1582:

…no trabajen ni manden trabajar en ningún labor ni casa so pena de cada cuatro reales para la fábrica e siendo rebeldes hagan una sentencia pública en la iglesia un domingo o fiesta de guardar estando a la misa mayor en cuerpo en pies descalzo e sin bonete con una bela de cera encendida en las manos e acabada la misa ofrezca la bela al cura e no lo cumpliendo los heviten de los oficios divinos y executen como bando”.

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Visita pastoral do ano 1582. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Pero talvez, o exemplo máis claro acerca de como se regulaba o comportamento dos fregueses atopémolo no caso do taberneiro Alonso Gulin, o cal constata a presenza de polo menos unha taberna en Parderrubias no ano 1580.

“…no viene a misa él y su mujer sino por días y que cuando viene el uno no viene el otro y se ocupan en de coger los feligreses los domingos y fiestas en su taberna antes de misa por lo cual el señor visitador le condenaron una libra de cera para la fábrica de la yglesia la cual se pague al mayordomo de la yglesia dentro de nueve días so pena de dos ducados y de que lo eviten y executen como bando que de aquí adelante los domingos y fiestas de guardar no recoja en su casa a los feligreses antes de misa a comer ni beber ni otras cosas y vengan oir misa entera marido y mujer y la gente de su casa so pena de dos ducados cada vez que no lo cumplieran aplicados según costumbre”.

Nesta mesma cuestión volve insistir na visita de 1582, o cal parece indicar que o «malo costume» de visitar a taberna antes de acudir á misa estaba bastante arraigada na Parroquia. Nesta ocasión fálase de “tabernas”, o que avalaría a hipótese da existencia de máis dunha, nas que se despacharían comida e bebida:

…los feligreses los domingos e festas de guardar antes de misa mayor no se vayan a las tabernas a comer beber ni jugar ni los taberneros no los reciban en sus casas ni les den naypes para jugar so pena de cada cuatro reales para la fábrica y siendo rebeldes hagan una penitencia pública como horando”.

Na visita de 1580 proponse regular tamén, mediante mandato, a “mala costume” que teñen algúns fregueses de acudir por negocios á misa de domingo ou festas de gardar a Parroquias próximas, polo que se pide que ningún fregués salga neses días da súa freguesía antes de oír misa.

Ademais da corrección de malos hábitos, os mandatos serven para lembrar aos fregueses a necesidade do cumprir cos cultos máis aló de asistir á misa. Nas visitas de 1581 e 1582 pídese ao Cura que ensine aos seus fregueses os misterios do Rosario co fin de que saiban rezalo, e que oito ou quince días antes das festas de Nadal, Corpus Christi e da nosa Señora (en setembro) avise aos fregueses para que se confesen e comulguen para gañar as grazas e indulxencias concedidas polo Santo Pai Gregorio XIII. Este feito avala que a festividade do Corpus Christi vénse celebrando en Parderrubias desde a súa instauración en Galicia alá polo século XVI, tal como xa expomos noutro traballo publicado neste Blogue acerca desta festa [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/02/e12-la-fiesta-de-corpus-en-parderrubias/].

Un dos mandatos incluídos na visita de 1582 fai referencia ao comportamento para seguir nas visitas do Santísimo Sacramento aos enfermos, tradición que o paso do tempo fixo desaparecer:

…luego que el cura e rector tañere las campanas haciendo señal para salir con el Santísimo Sacramento a visitar a los enfermos se junten a la iglesia y los acompañen con sus velas de cera encendidas en las manos los que pudieran so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

A regulación de comportamentos adecuados entre os fregueses tamén se facía explícita para o caso dos enterros. O mandato rubricado en 1582 era moi claro neste sentido:

…y cuando hubieren difuntos bayan a sus entierros y los acompañen desde sus casas a la iglesia y allí asistan a los oficios que se les hiziere so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

Este “manual de boas condutas” tiña espazo tamén para regulacións de obras de acción social. Así, na visita de 1580 ínstase a que se dea continuidade de forma habitual á acción do anterior Párroco, Don Francisco Alonso de Carballos, que doara en esmola 166 fanegas de pan para unha Alhóndiga da Misericordia co fin de repartir nos meses de necesidade entre os veciños (abril e maio, basicamente). A posta en marcha dunha “tulla” (almacén de cereais) regularizouse na visita do seguinte ano, realizada o 20 de agosto:

…todas las personas que deben pan a la tulla le acudan con el dentro de diez días primeros siguientes a la persona que le suele coger y no lo habiendo el Rector los quite de oficios divinos y demás desto les condene de un ducado…”.

Na visita do ano seguinte, a condena por incumprimento do devandito mandato faise explícita na persoa dun fregués de nome Domingo, quen se ve exposto a unha condena exemplarizante por violar o devandito mandato:

…de y pague las nueve fanegas de pan que debe a la tulla de la misericordia de la feligresía dentro de beinte dias primeros siguientes so pena descomunion y de cuatro ducados y de que lo hebiten de los oficios divinos y executen como bando”.

 Ordenanzas relativas a loxística e obras parroquiais

Á parte dos mandatos sobre boas condutas, nos rexistros de visitas episcopais atopámonos cos relativos á loxística e infraestruturas parroquiais. Na visita de 1580 pídese aos fregueses que compren un novo Misal, pois o único que hai é insuficiente cando se reúnen varios clérigos. Debe ser adquirido nun prazo de tres meses baixo multa de catro ducados, cantidade nada despreciable. Na visita realizada o 20 de agosto de 1581 demándase aos fregueses que no prazo de dous meses adquiran catro manteles para os altares e unhas vinaxeiras baixo pena de dous ducados destinados á compra da cera do Santísimo Sacramento, en caso de incumprimento.

Con todo, o mandato máis complexo exposto na visita de 1580 foi a petición da ampliación da igrexa, que quedaba pequena para albergar aos fregueses en misa de domingo. Lembremos que estamos a falar da igrexa que precedeu á actual, a cal sería construída case dous séculos despois, en 1765. Dise textualmente:

 “…que los feligreses alarguen para adelante la puerta principal de la iglesia doce pies a cada lado de buena piedra de cantería con su maderamiento y tejado de obra limpia y lúcida”.

Obra que debería estar rematada en tres anos, baixo pena de 20 ducados en caso de non cumprir co prazo. Esta ampliación da antiga igrexa ía asociada, como solicita o Visitador, ao derrube dunha casa de planta baixa sita diante da porta principal, propiedade de Constança e Domingos da Yglesia. Estas obras son lembradas nas visitas dos seguintes anos 1581 e 1582,  polo que supoñemos que non foron iniciadas no prazo convido. A esta reforma engadíronse outras na visita de 1582. Así, neste ano 1582 ínstase a iniciar outras obras importantes na igrexa. Esíxese arranxar o campanario (“y carguenlo mas pues se menea y podrá caer”) nun prazo de seis meses baixo pena de seis ducados, así como tellar a igrexa nos dous seguintes meses so pena de catro ducados.

Os mandatos da visita realizada o 13 de setembro de 1583 volven incidir nesta cuestión, limitándose practicamente todo o escrito ás esixencias ao cura e aos fregueses de acometer novas obras na igrexa:

…el Rector y feligreses por partes iguales conforme a la costumbre de este obispado levanten el Arco del Coro dos hiladas de piedra o tres… y el cura levante otras tres filadas de piedra al coro porque está muy bajo y le vuelvan a maderar de buena madera y quite la ventana que está en medio del altar mayor y quede todo llano y que los otros feligreses levante las paredes de la Yglesia otra hilada de piedra porque queda muy baja, lo cual cumplan cada uno por lo que le toque dentro de seis meses so pena de veinte ducados aplicados para obras pías”.

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Visita pastoral do ano 1583. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

En definitiva, a partir das visitas pastorais levadas a cabo en Parderrubias desde 1580 a 1583 podemos apreciar como a Igrexa exercía un estrito control sobre os seus fregueses e sobre o seu patrimonio. Este control tiña un carácter marcadamente represivo, pois como moi ben se puido apreciar todo mandato levaba emparellado, de forma explícita, un castigo económico polo seu incumprimento, tratándose en moitos casos de cantidades nada despreciables, que ían parar ás arcas da Igrexa para o seu mantemento. Se a esta fiscalización unimos o pago dos diezmos (décima parte do produto bruto producido en cada casa ao cabo do ano), que estaban vixentes desde o século VI, podemos facernos unha idea acerca da presión fiscal á que estaban sometidos os nosos antepasados por parte da Igrexa.


Referencias

Saavedra, P., Sobrado, H. y Presedo, A. (2013). La red parroquial y el clero rural en la Galicia en los siglos XVI-XIX: resultados de una investigación en curso. Obradoiro de Historia Moderna, 22, 93-128.


 

VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

Sobre como el Clero reglaba conductas y obras de los feligreses de Parderrubias en el siglo XVI (1580-1583). Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

La parroquia rural gallega llegó a desempeñar funciones que iban mucho más allá de las propias de la administración eclesiástica. En la actualidad, su papel como marco de vecindad en el ámbito rural gallego sigue teniendo gran relevancia (Saavedra, Sobrado y Presedo, 2013). En 1580 se contabilizaban en Galicia 3.571 parroquias, la gran mayoría de tipo rural y de pequeña extensión (8 km2). La extensión actual de la Parroquia de Parderrubias es de 8,3 km2.

Tal como señalan Saavedra et al. (2013), desde la segunda mitad del siglo XVI la vida comunitaria se hace en torno al templo parroquial. La inmensa mayoría de la población española del siglo XVI era analfabeta, constituyendo por tanto la lectura y la escritura privilegios exclusivos de clérigos, nobles y burgueses. Gran parte de la cultura popular estaba plenamente influenciada por el Clero, influencia que en muchas ocasiones se caracterizaba por la intolerancia y la represión, atributos claramente reflejados en el Concilio de Trento (1545-1563) y, de manera extrema, en la labor de la Inquisición.

Las visitas pastorales a las Parroquias, de las que en Ourense hay registros desde el año 1480, nos permiten apreciar como gran parte de la vida comunitaria giraba en torno al templo parroquial, encontrándose ésta fuertemente influenciada por el Clero: pago de los diezmos y otros tributos, cumplimiento de obligaciones religiosas, regulación de múltiples comportamientos, implicación en las obras parroquiales, etc. Basándonos en las visitas episcopales realizadas en el último tercio del siglo XVI a la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias daremos apoyo a esta afirmación, a lo largo de una serie de artículos que iremos publicando. En este primer trabajo, nos referiremos a las visitas realizadas a la Parroquia por el Señor Obispo Juan de San Clemente y/o el Visitador General del Obispado de Ourense, el Licenciado Gerónimo Martínez, en los años 1580, 1581, 1582 y 1583, siendo Párroco de Parderrubias Don Juan García, y las cuales aparecen registradas en el Libro Parroquial de la época. En esos años la Parroquia estaba integrada por 30 feligreses, y sus diestros eran valorados en cien ducados (el ducado era la moneda vigente en los siglos XVI y XVII en España, y tenía un peso de 3,6 gramos de oro, equivaliendo a 11 reales castellanos y un maravedí, o 375 maravedíes).

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Visita pastoral del año 1580. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Todas las visitas incluían una primera fase protocolaria que consistía en la revisión y evaluación de las condiciones en las que se encontraba el Santísimo Sacramento, los Sagrados Oleos y la Pila Bautismal. Sin embargo, el contenido más relevante de estos registros tiene que ver con los mandatos que el Señor Obispo dirige a los feligreses de Parderrubias. Estos se pueden clasificar en dos modalidades: 1) mandatos sobre la regulación de las buenas conductas de los feligreses y 2) mandatos sobre las ordenanzas relativas a obras y logística del patrimonio que la Iglesia poseía en Parderrubias.

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Visita pastoral del año 1580. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Regulación de buenas conductas

En la visita realizada el 21 de mayo de 1580, así como en la llevada a cabo el 22 de enero de 1582, se exige a aquellas personas con testamentos por cumplir que los cumplan en el día del entierro del finado que había hecho testamento y a lo largo de ese año. Era práctica habitual que los feligreses, viendo cerca el final de su vida, dejasen un testamento verbal en el que se establecía el número de curas asistentes a las honras fúnebres, así como el número de misas que estos deberían celebrar por su alma. Es más, en la visita de 1582 se exhorta a los enfermos, tanto hombres como mujeres, a que hagan sus testamentos para “descargo de sus conciencias”.

El hecho de acudir a misa los domingos y fiestas de guardar es un deber que todo cristiano debe cumplir, por lo que en la visita de 1580 se recuerda a los feligreses, bajo mandato, acerca de la obligación de oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar, debiendo estar “callados, devotos, atentos e muy obedientes a su cura”. En la visita de 1582 se concretan las penas a las que se expone todo aquel que no cumpla con dicho precepto:

“…oír misa entera todos los domingos e fiestas de guardar como son obligados de precepto so pena de un real para la fábrica por cada una que faltare en esta manera un cuartillo al que no llegare a la epístola y medio real al que no llegare al evangelio y un real a toda la misa”.

El comportamiento en misa también era objetivo del “manual de las buenas costumbres” y así, por ejemplo, se prohíbe hablar de cosas profanas dentro de la iglesia, se pide no arrimarse a los altares y que las mujeres no lleven a sus hijos pequeños, pues “lloran e desasosiegan al rector e feligreses”, hecho que les pondría sin duda en la disyuntiva de con quién dejarlos, pues todo parroquiano estaba obligado a asistir a misa.

Trabajar o mandar trabajar un domingo o fiesta de guardar en cualquier labor se penalizaba con multa de cuatro reales (moneda de plata de 3,35 gramos que equivalía a 34 maravedíes) y penitencia pública participando en misa de domingo o fiesta de guardar con una vela encendida. No acatar esta condena suponía un castigo de mayor rigor. Así, se recoge esta cuestión en la visita del año 1582:

…no trabajen ni manden trabajar en ningún labor ni casa so pena de cada cuatro reales para la fábrica e siendo rebeldes hagan una sentencia pública en la iglesia un domingo o fiesta de guardar estando a la misa mayor en cuerpo en pies descalzo e sin bonete con una bela de cera encendida en las manos e acabada la misa ofrezca la bela al cura e no lo cumpliendo los heviten de los oficios divinos y executen como bando”.

Pero tal vez, el ejemplo más claro acerca de cómo se regulaba el comportamiento de los feligreses nos lo encontremos en el caso del tabernero Alonso Gulin, lo cual constata la presencia de al menos una taberna en Parderrubias en el año 1580.

“…no viene a misa él y su mujer sino por días y que cuando viene el uno no viene el otro y se ocupan en de coger los feligreses los domingos y fiestas en su taberna antes de misa por lo cual el señor visitador le condenaron una libra de cera para la fábrica de la yglesia la cual se pague al mayordomo de la yglesia dentro de nueve días so pena de dos ducados y de que lo eviten y executen como bando que de aquí adelante los domingos y fiestas de guardar no recoja en su casa a los feligreses antes de misa a comer ni beber ni otras cosas y vengan oir misa entera marido y mujer y la gente de su casa so pena de dos ducados cada vez que no lo cumplieran aplicados según costumbre”.

En esta misma cuestión se vuelve a insistir en la visita de 1582, lo cual parece indicar que la costumbre de visitar la taberna antes de acudir a misa estaba bastante arraigada en la Parroquia. En esta ocasión se habla de “tabernas”, lo que avalaría la hipótesis de la existencia de más de una, en las que se despacharían comida y bebida:

…los feligreses los domingos e festas de guardar antes de misa mayor no se vayan a las tabernas a comer beber ni jugar ni los taberneros no los reciban en sus casas ni les den naypes para jugar so pena de cada cuatro reales para la fábrica y siendo rebeldes hagan una penitencia pública como horando”.

En la visita de 1580 se propone regular también, mediante mandato, la “mala costumbre” que tienen algunos feligreses de acudir por negocios a misa de domingo o fiestas de guardar a Parroquias cercanas, por lo que se pide que ningún feligrés salga en esos días de su feligresía antes de oír misa.

Además de la corrección de malos hábitos, los mandatos sirven para recordar a los feligreses la necesidad del cumplir con los cultos más allá de asistir a misa. En la visitas de 1581 y 1582 se pide al Cura que enseñe a sus feligreses los misterios del Rosario con el fin de que sepan rezarlo, y que ocho o quince días antes de las fiestas de Navidad, Corpus Christi y de Nuestra Señora (en septiembre) avise a los feligreses para que se confiesen y comulguen para ganar las gracias e indulgencias concedidas por el Santo Padre Gregorio XIII. Este hecho avala que la festividad del Corpus Christi se viene celebrando en Parderrubias desde su instauración en Galicia allá por el siglo XVI, tal como ya defendimos en otro trabajo publicado en este Blog acerca de esta fiesta [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/02/e12-la-fiesta-de-corpus-en-parderrubias/].

Uno de los mandatos incluidos en la visita de 1582 hace referencia al comportamiento a seguir en las visitas del Santísimo Sacramento a los enfermos, tradición que el paso del tiempo hizo desaparecer:

…luego que el cura e rector tañere las campanas haciendo señal para salir con el Santísimo Sacramento a visitar a los enfermos se junten a la iglesia y los acompañen con sus velas de cera encendidas en las manos los que pudieran so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

La regulación de comportamientos adecuados entre los feligreses también se hacía explícita para el caso de los entierros. El mandato rubricado en 1582 era muy claro en este sentido:

…y cuando hubieren difuntos bayan a sus entierros y los acompañen desde sus casas a la iglesia y allí asistan a los oficios que se les hiziere so pena de cada su real para la lumbre del Santísimo Sacramento”.

Este “manual de buenas conductas” tenía espacio también para regulaciones de obras de acción social. Así, en la visita de 1580 se insta a que se dé continuidad de forma habitual a la acción del anterior Párroco, Don Francisco Alonso de Robles, que había donado en limosna 166 fanegas de pan para una Alhóndiga de la Misericordia con el fin de repartir en los meses de necesidad entre los vecinos (abril y mayo, básicamente). La puesta en marcha de una “tulla” (almacén de cereales) se regularizó en la visita del siguiente año, realizada el 20 de agosto:

…todas las personas que deben pan a la tulla le acudan con el dentro de diez días primeros siguientes a la persona que le suele coger y no lo habiendo el Rector los quite de oficios divinos y demás desto les condene de un ducado…”.

En la visita del año siguiente, la condena por incumplimiento de dicho mandato se hace explícita en la persona de un feligrés de nombre Domingo, quien se ve expuesto a una condena ejemplarizante por violar dicho mandato:

…de y pague las nueve fanegas de pan que debe a la tulla de la misericordia de la feligresía dentro de beinte dias primeros siguientes so pena descomunion y de cuatro ducados y de que lo hebiten de los oficios divinos y executen como bando”.

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Visita pastoral del año 1582. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Ordenanzas relativas a logística y obras parroquiales

Aparte de los mandatos sobre buenas conductas, en los registros de visitas episcopales nos encontramos con los relativos a la logística e infraestructuras parroquiales. En la visita de 1580 se pide a los feligreses que compren un nuevo Misal, pues el único que hay es insuficiente cuando se reúnen varios clérigos. Debe ser adquirido en un plazo de tres meses bajo multa de cuatro ducados, cantidad nada despreciable. En la visita realizada el 20 de agosto de 1581 se demanda a los feligreses que en el plazo de dos meses adquieran cuatro sábanas para los altares y unas vinajeras bajo pena de dos ducados destinados a la compra de la cera del Santísimo Sacramento, en caso de incumplimiento.

No obstante, el mandato más complejo planteado en la visita de 1580 fue la petición de la ampliación de la iglesia que se quedaba pequeña para albergar a los feligreses en misa de domingo. Recordemos que estamos hablando de la iglesia que precedió a la actual, la cual sería construida casi dos siglos después, en 1765. Se dice textualmente:

…que los feligreses alarguen para adelante la puerta principal de la iglesia doce pies a cada lado de buena piedra de cantería con su maderamiento y tejado de obra limpia y lúcida”.

Obra que debería estar terminada en tres años, bajo pena de 20 ducados en caso de no cumplir con el plazo. Esta ampliación de la antigua iglesia iba asociada, como solicita el Visitador, al derribo de una casa de planta baja sita delante de la puerta principal, propiedad de Constança y Domingos de la Yglesia. Estas obras son recordadas en las visitas de los siguientes años 1581 y 1582,  por lo que suponemos que no fueron iniciadas en el plazo convenido. A esta reforma se añadieron otras en la visita de 1582. Así, en este año 1582 se insta a iniciar otras obras importantes en la iglesia. Se exige arreglar el campanario (“…y lo carguen mas pues se menea y podrá caer”) en un plazo de seis meses bajo pena de seis ducados, así como tejar la iglesia en los dos siguientes meses so pena de cuatro ducados.

Los mandatos de la visita realizada el 13 de septiembre de 1583 vuelven a incidir en esta cuestión, limitándose prácticamente todo el escrito a las exigencias al cura y a los feligreses de acometer nuevas obras en la iglesia:

…el Rector y feligreses por partes iguales conforme a la costumbre de este obispado levanten el Arco del Coro dos hiladas de piedra o tres… y el cura levante otras tres filadas de piedra al coro porque está muy bajo y le vuelvan a maderar de buena madera y quite la ventana que está en medio del altar mayor y quede todo llano y que los otros feligreses levante las paredes de la Yglesia otra hilada de piedra porque queda muy baja, lo cual cumplan cada uno por lo que le toque dentro de seis meses so pena de veinte ducados aplicados para obras pías”.

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Visita pastoral de 1583. Fuente: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

En definitiva, a partir de las visitas pastorales llevadas a cabo en Parderrubias desde 1580 a 1583 podemos apreciar como la Iglesia ejercía un estricto control sobre sus feligreses y sobre su patrimonio. Este control tenía un carácter marcadamente represivo, pues como muy bien se ha podido apreciar todo mandato llevaba emparejado, de forma explícita, un castigo económico por su incumplimiento, tratándose en muchos casos de cantidades nada despreciables, que iban parar a las arcas de la Iglesia para su mantenimiento. Si a esta fiscalización unimos el pago de los diezmos (décima parte del producto bruto producido en cada casa al cabo del año), que estaban vigentes ya desde el siglo VI, podemos hacernos una idea más o menos clara sobre la presión fiscal a la que estaban sometidos nuestros antepasados por parte de la Iglesia.


Referencias

Saavedra, P., Sobrado, H. y Presedo, A. (2013). La red parroquial y el clero rural en la Galicia en los siglos XVI-XIX: resultados de una investigación en curso. Obradoiro de Historia Moderna, 22, 93-128.

Se cumplen 450 años del nacimiento de 14 vecinos y de cuatro casamientos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

Se cumplen 450 años del nacimiento de 14 vecinos y de cuatro casamientos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

Afirmaba el filósofo británico Edmund Burke, que “las gentes que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad”. En este afán por mirar a la posteridad situamos este brillante trabajo firmado por José Luis Camba Seara.

No es tarea fácil describir el origen de un pueblo con una dilatada historia como es el caso de Parderrubias, iniciada documentalmente allá por el año 957. José Luis nos adentra en el apasionante mundo de los primeros documentos que ponen nombre y apellidos a nuestros antepasados del siglo XVI. Gracias a su trabajo de investigación podemos conocer, entre otros muchos datos de gran relevancia, los nombres, por ejemplo, del primer vecino bautizado y de la primera pareja de casados en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

Gracias, José Luis.

Juan Carlos Sierra Freire

Nota. Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano.


Cúmprense 450 anos do nacemento de 14 veciños e de catro casamentos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

A parroquia de Parderrubias (a sua denominación cambia duns a outros documentos históricos (Parietes-Rubias, pardeRubias, Parderrubias, etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/ubicacion-y-constitucion/) é un pobo, lugar ou vila, cuxo topónimo antigo data de fai máis de mil anos (Sánchez Pardo, 2008). Este autor fai mención a este lugar coa sua antiga denominación (Parietes Rubias) sendo altamente probable este a orixe da actual toponimia: Parderrubias. A sua primeira mención documental dataría do ano 957 nun documento dunha venda, documento ao que aluden tamén Sáez e Saez (1996) e López Sabatel (2013). Nun párrafo deste documento menciónase que no devandito ano 957:

Nigolago, Getina, Arias e Gogina, no seu propio nome, e Adaulfo e Menegundia, no seu nome e en representación dos seus sobriños, venden ao mosteiro de San Vicente a metade dunha vila” (López Sabatel, 2013, p. 85).

«...Et ipsa villa inter Minio et Arnogia, vocitata Parietes Rubias, pro quo accepimus de vobis precium, in quo et quanto nobis bene complacuit, per germanos capitales, quinque modios, vos dedistis et nos accepimus, et de ipso pretio apud vos nichil remansit in debito…»

É dicir, «…E a mesma vila entre o Miño e o  Arnoya, chamada Parietes Rubias, …».

Igrexa
Igrexa Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias (século XVIII).

A obra citada de Sánchez Pardo (2008) inclúe un mapa coa ubicación das parroquias e aldeas  da hoxe denominada comarca Terras de Celanova, na provincia de Ourense, e no que aparecen os nomes das parroquias mencionadas polos seus topónimos antigos desa época, nun período comprendido entre os séculos IX e XIII (e posteriores), período  estudado por este historiador. Entre estas parroquias aparecen Parietes Rubias (Parderrubias) e pobos limítrofes como Peraria (Pereira), Villa Plana (Vilar), Spinoso (Espinoso), Montilanen (Muntián) ou Ravanal (Rabal). Sánchez Pardo, tendo en conta  o  nome da advocación da Parroquia (Santa Eulalia, Santa Olaya, Santa Olalla, Santa Baia) aventura que a súa orixe podería situarse no século V (véxanse as Figuras 1 e 2) .

No Censo de Pecheros do ano 1527, realizado na época de Carlos I (Instituto Nacional de Estadística, 2008), Parderrubias pertencía administrativamente á demarcación do Coto de Sobrado do Bispo que comprendía os pobos das parroquias de Sobrado do Bispo, Loiro, Parderrubias e Pereira. Este coto tiña entón 80 veciños (pecheros ou familias que pagaban os seus  impostos) e limitaba entre outros cos cotos de Bentrazes, Soutopenedo e Vilar de Paio.

Os Libros de Fábrica da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias

Deixando á marxe o debate cronolóxico sobre a antigüidade do topónimo Parderrubias (Parietes Rubias) vou expoñer algúns datos extraídos dos chamados Libros de Fábrica da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias que se conservan no Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Desde finais do século V estendeuse o costume da Igrexa Católica de levar un control estrito sobre os seus bens e posesións. Será a partir do século VI cando se chame a estos rexistros como Libros de Fábrica, porque neles faise referencia á masa de bens destinados ao mantemento da Igrexa. Será co Concilio de Trento (1545-1563) cando quedarán definitivamente reguladas as recomendacións para o uso e clasificación dos libros parroquiais, xeneralizándose desde entón o seu uso.

Os libros sacramentales dividíanse en libros de Bautizados, Matrimonios, Defuntos, Confirmados e Statu Animorum. Entre os de carácter administrativo diferenciábase os de Fábrica propiamente dos que levaban o control das Confrarías, Obras Pias e Misas Aniversario, Libros de Casas Reitorais, etc. Será precisamente  nesta época, no ano 1562, cando se realizan as primeiras anotacións dos Libros da Parroquia de Parderrubias.

Os Libros de Fábrica da Parroquia de Parderrubias que se conservan no Arquivo Histórico Diocesán de Ourense, son dos máis antigos da Diócese, tendo un incalculable valor e interese polos datos e referencias que neles se inclúen posibilitando coñecer a historia de Parderrubias a partir de mediados do século XVI, pois parte da mesma queda recollida neles. Estes libros constitúen un claro expoñente da realidade económica e social das parroquias rurales ao longo da Idade Moderna e unha magnífica ferramenta para reconstruír unha parte escasamente  coñecida da nosa historia.

Será no ano 1562 cando nos atopemos cos primeiros datos detallados da Parroquia de Parderrubias. No primeiro dos tres libros hai un documento eclesiástico  datado neste ano referido á visita que efectuou «a la parroquia de Santa Olaya de parde Rubias” o Visitador Xeral do Obispado de Ourense e “hallo por rretor  della a Alonso amigo de… y a  su  capellan Gregorio de prado…”.

Visita de la iglesia de sta Olaya depar de Rubias del año de 1562 aºs”(años). En la iglesia de Santaolayade par de R(ubias)… y anos del mes dehenero del ano de m(il e quinientos) y sesentaydos. El mag(nifi)co y muy Rvdmo señor—Anda visitador general  en todo el obispado de ore(nse) don fran(cisco) –larias ob(bis)po del s(ueb)o obispado… Magnifico sr my señor… y hallo por retor della a alonso amigo de… y su capellan que…. Y dice misa todos los domingos y días de fiestas…”.

Visitador
Documento que acredita a visita do Sr. Visitador do Obispado de Ourense á Igrexa Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias no ano 1562. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

O primeiro rexistro legible de bautizados que está documentado no Libro de Bautizados da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias, é o dunha nena chamada “constança” e que foi bautizada “el priº domingo de septiembre del año de 1564”. Foi bautizada polo párroco da igrexa  “francº do Casullo” cuxa sinatura pode verse no asentamento que se fai na dita partida de nacemento.

primeiro bautizo
Documento que acredita ao primeiro bautizado, legible, na Igrexa Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias no año 1564. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Ano de mil e cincocentos sesenta e seis: hai 450 anos

Centrándonos no ano de 1566, é decir hai  450 anos, a Parroquia de Parderrubias comprendía varios núcleos de poboación (Yglesia, aSeara, Bouças, Solbeyra, Nugueyroa), reseñados todos eles nos asentamentos de bautizados, casados e falecidos, así coma nos escritos das Visitas do Señor Visitador. Nestas datas a Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias contaba con 30 feligreses como se pode apreciar nos escritos dos Libros de Fábrica da mesma.

Visita obispo
Acta da Visita do Sr. Obispo de Ourense a Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias en 1581. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

En  1566 foron bautizados na Parroquia de Parderrubias 14 novos veciños, dos cales sete eran varóns e sete mulleres. Os meses nos que tiveron lugar os bautizos (e presumiblemente os nacementos) foron  xaneiro (1), febreiro (1), marzo (2), maio (1), agosto (2), setembro (2), outubro (1) e decembro (4). Todos eles eran veciños da Parroquia de Santa Olaia aínda que algúns dos seus pais procedían dalgunha Parroquia ou lugar diferentes.Os nomes dos novos bautizados e o de seus pais eran os seguintes:

«Cathalina: hija de alonso doniz e margarida

vartulome: hijo de Rº golin y de Antonia

pedro: hijo de alonso golin debaixo y de constança

catalina: hija de Antoº de noboa y de doña cathalina

pedro: hijo de pedro daSeara y de Ysabel golin hija de maria golin

maria: hija de juan de Sampedro y de Eynes

vartolome: hija de Jnº  de Sampedro y de maria

maria: hija de pedro daSeara y de dominga

Juan: hijo de Juan de layglesia y de Ysabel

simon: hijo de Vieyto das pias y de micia

Eynes: hija de francº  gºsy de Luzia

Luzia: hija de fernan pascual y de francª

antonio: hjo de Alonso golin y de margarida

marina : hija de frco martin y de maria «.

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Pila Bautismal da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

Nos asentamentos de bautizos aparecen, ademais do nome dos bautizados e o dos seus pais, o dos padriños, así como a data de celebración,  que normalmente era en domingo. Moitos dos nomes dos veciños apuntados («pedro daSeara», «juan de Sampedro», «juan de layglesia», «gregorio do campelo», etc.) aparecen designados polo seu nome de pila seguido do da súa aldea ou lugar de veciñanza. Esta é unha caracterización  toponímica que aínda pervive actualmente como costume nos nosos pobos e aldeas. Noutros casos faise referencia, xunto co nome, ao seu parentesco («muger da oº golin», «hija de gonzº dasPias», etc. ) ou ao seu oficio («pedro zapateiro», «criado de…», «carpinteiro», «capellan de Pereyras», etc.). Tamén nalgún caso faise referencia a algún alcume  como «alonso golin elviejo» ou «alº do canal coxo».

Algúns dos recén nados foron bautizados “causa necesitatis”. O bautizo únicamente se podía  administrar no propio fogar naqueles casos de máxima gravidade da situación ou perigo de morte. «Se pola distancia ou outras circunstancias o que debe ser bautizado non pode ir ou ser levado sen grave inconveniente á igrexa parroquial… pode e debe conferirse o bautismo noutra igrexa mais próxima… ou noutro lugar decente… Se o neno se atopa en perigo de morte debe ser bautizado sen demora» (Instituto Martín de Azpilcueta, 1983, p. 582).

Entre os anos 1565 e 1575 foron bautizados na parroquia de Santa Olaia de Parderrubias,  segundo se recolle do estudo dos seus asentamentos no Libro Parroquial 1 da devandita Parroquia, 126 nados, dos cales 54 (42,8%) foron homes e 72 (57,2%) mulleres. A media de bautizados nesta década foi duns 12 anuais, dos cales aproximadamente cinco eran homes e sete mulleres. Os anos cun maior número de bautizados foron 1569 e 1574 con 16, e 1566 con 14 (véxase Táboa 1). Todos os bautizados neste período, excepto un, que foi bautizado por “alonso gonzalez capellan de Pereyras”, fórono polo enton abade rector dela Blas Gonzalez.

Blas González
Documento firmado polo abade Blas Gonzalez, retor da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias entre 1565 e 1575. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Na Táboa 1 pódese observar a distribución dos bautizados entre 1565 e 1575 na Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

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Táboa 1. Distribución de bautizados entre os anos 1565 e 1575 na Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias. Elaborada por J. L. Camba Seara.

En canto aos casamentos celebrados na Parroquia no ano de 1566, figuran catro no citado Libro 1:

“Alonso ferro, vecino de ginzo, con Eynes doytomuro vecina de Parderrubias el 13 de henero”.

“Gonzalo doytomuro vecino de bouças con catalina vecina de Parderrubias el 12 de junio”.

“Juan perez, vº de sobrado y Antonia gonzalez vª de solveira el 10 de noviembre”.

“fernan giraldez vº de ulfe y maria daSeara de Parderrubias el 24 de noviembre”.

En todos estes casamentos oficiou como abade tamén Blas Gonzalez párroco de Santa Olaia de Parderrubias. É de destacar que estes matrimonios celebrábanse, como se pode comprobar pola veciñanza dos contraentes, entre os propios veciños de Parderrubias, e entre estes e  os doutras parroquias ou pobos próximos, e mesmo afastados como é o caso de veciños  de “ginzo” (Xinzo de Limia supostamente) ou “Sobrado”.

Boda 1566
Documento do asentamento dun matrimonio celebrado en “santa olaya deparderrubias” o 13 de xaneiro de 1566. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

No ano anterior, 1565, primeiro dos relacionados, figuran outros catro matrimonios:

“Afonso borrajo y Joana doytomuro el 17 de septiembre”.

“Dominga golin de Parderrubias y Diego de sanmamede vecino de sanmamede, el ultimo domingo de noviembre”.

“Rodrigo golin y Antonia martinez, el dia de San marcos”.

“Afonso doniz y margarida doytomuro el 9 de octubre”.

O casamento de “Bello Afonso borrajo y Joana doytomuro o 17 de septembro de 1565” é  o primeiro dos que aparecen no Libro de Bautizados da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias. «Fueron padrinos y testigos Pero de golín vº de moreras y ysabel muger de jnº dela iglsa«. Los casó Blas Gonzalez.

primeira boda
Documento de asentamento do primeiro casamento rexistrado na Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias o 17 de septembro de 1565. Fonte: Arquivo Histórico Diocesán de Ourense.

Todos estes nomes corresponden a  antepasados da Parroquia de Parderrubias que naceron, foron bautizados, traballaron, casaron e morreron nela e que forman parte da nosa memoria histórica,  o que da fe da existencia no século XVI  dunha  comunidade asentada e bastante numerosa no que hoxe é o noso pobo e arredores.

Noutra ocasión trataremos o estudo de falecidos e confirmados na Parroquia de Parderrubias durante esta época.


Referencias

Instituto Martín Azpilcueta (1983). Código de Derecho Canónico. Barañáin: EUNSA.

Instituto Nacional de Estadística (2008). Censo de Pecheros de 1528 y 1591. Madrid: INE.

López Sabatel, J. A. (2013). La villa altomedieval gallega: núcleo de estructuración social y escenario de feudalización. Social and Education History, 2, 78-100.

Sáez, E. y Sáez, C. (1996). Colección diplomática del monasterio de Celanova (842-1230). Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá.

Sánchez Pardo, J. C. (2008). Territorio y poblamiento en Galicia entre la Antigüedad y la plena Edad Media. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela.


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

Se cumplen 450 años del nacimiento de 14 vecinos y de cuatro casamientos en Santa Olaia de Parderrubias (1566-2016). Por José Luis Camba Seara

La Parroquia de Parderrubias (su denominación cambia de unos documentos históricos a otros: Parietes-Rubias, pardeRubias, Parderrubias,  etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/ubicacion-y-constitucion/) es un pueblo, lugar o villa, cuyo topónimo antiguo data de hace más de mil años (Sánchez Pardo, 2008). Este autor hace mención a este lugar con su antigua nominación (Parietes Rubias), siendo altamente probable éste el origen de la actual toponimia: Parderrubias. Su primera mención documental dataría del año 957 en un documento de una  venta, documento al que aluden también López Sabatel (2013) y  Sáez y Sáez (1996). En un párrafo de este documento se menciona que en dicho año 957:

“Nigolago, Getina, Arias y Gogina, en su propio nombre, y Adaulfo y Menegundia, en su nombre y en representación de sus sobrinos, venden al monasterio de San Vicente la mitad de una villa” (López Sabatel, 2013, p. 85).

«…Et ipsa villa inter Minio et Arnogia, vocitata Parietes Rubias, pro quo accepimus de vobis precium, in quo et quanto nobis bene complacuit, per germanos capitales, quinque modios, vos dedistis et nos accepimus, et de ipso pretio apud vos nichil remansit in debito…»

Es decir, «… Y la misma villa entre el Miño y el Arnoya, llamada Parietes Rubias…».

Igrexa
Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias (siglo XVIII).

La obra citada de Sánchez Pardo (2008) incluye un mapa con la ubicación de las parroquias y aldeas de la hoy denominada comarca Terras de Celanova, en la provincia de Ourense, y en el que aparecen las parroquias nombradas por sus topónimos antiguos entre los siglos X y XIII (y posteriores), periodo estudiado por este historiador. Entre estas parroquias aparece Parietes Rubias (Parderrubias) y pueblos limítrofes como Peraria (Pereira), Villa Plana (Vilar), Spinoso (Espinoso), Montilanen (Muntián) o Ravanal (Rabal). Sánchez Pardo, teniendo en cuenta el nombre de la advocación de la Parroquia (Santa Eulalia, Santa Olaya, Santa Olalla, Santa Baia) aventura que su origen podría situarse incluso en el siglo V. Véanse las Figuras 1 y 2.

 

En el Censo de Pecheros del año 1527, realizado en la época de Carlos I (Instituto Nacional de Estadística, 2008), Parderrubias pertenecía administrativamente a la demarcación del Coto de Sobrado del Obispo que comprendía los pueblos de las parroquias de Sobrado del Obispo, Loiro, Parderrubias y Pereira. Este coto tenía entonces 80 vecinos (pecheros o familias que pagaban sus  impuestos) y limitaba entre otros con los cotos de Bentrazes, Soutopenedo y Vilar de Paio.

Los Libros de Fábrica de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias

Dejando a un lado el debate cronológico sobre la antigüedad del topónimo Parderrubias (Parietes Rubias) voy a exponer algunos datos extraídos de los denominados Libros de Fábrica de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias que se conservan en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

Desde finales del siglo V se extendió la costumbre de la Iglesia Católica de llevar un control estricto sobre sus bienes y posesiones. Será a partir del siglo VI cuando se aluda a estos registros como Libros de Fábrica, denominados así porque en ellos se hace referencia a la masa de bienes destinados al mantenimiento de la Iglesia. Será con  el Concilio de Trento (1545-1563) cuando quedarán definitivamente reguladas las recomendaciones para el uso y clasificación de los libros parroquiales, generalizándose desde entonces su uso.

Los libros sacramentales se dividían en libros de Bautizados, Matrimonios, Difuntos, Confirmados y Statu Animorum. Entre los de carácter administrativo se diferenciaban los Libros de Fábrica propiamente dichos de los que llevaban el control de las Cofradías, Obras Pías y Misas Aniversario, Libros de Casas Rectorales, etc. Será precisamente en esta época, en el año 1562, cuando se realizan las primeras anotaciones de los Libros de la Parroquia de Parderrubias.

Los Libros de Fábrica de la Parroquia de Parderrubias que se conservan en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense son de los más antiguos de la Diócesis, teniendo un incalculable valor e interés por los datos y referencias que en ellos se incluyen, posibilitando conocer la historia de Parderrubias a partir de mediados del siglo XVI,  pues parte de la misma queda recogida en ellos. Estos libros constituyen un claro exponente de la realidad económica y social de las parroquias rurales a lo largo de la Edad Moderna y una magnífica herramienta para reconstruir una parte escasamente conocida de nuestra historia.

Será en el año 1562 cuando nos encontremos con los primeros datos detallados de la Parroquia de Parderrubias. En el primero de los tres libros hay un documento eclesiástico datado en ese año referido a la visita que efectuó “a la parroquia de Santa Olaya de parde Rubias” el Visitador General del Obispado de Ourense, en donde “hallo por rretor  della a Alonso amigo de… y a  su capellan Gregorio de prado…”.

“Visita de la iglesia de sta Olaya depar de Rubias del año de 1562 aºs (años). En la iglesia de Santaolayade par de R(ubias)… y anos del mes dehenero del ano de m(il e quinientos) y sesentaydos. El mag(nifi)co y muy Rvdmo señor—Anda visitador general en todo el obispado de ore(nse) don fran(cisco) –larias ob(bis)po del s(ueb)o obispado… Magnifico sr my señor… y hallo por retor della a alonso amigo de… y su capellan que…. Y dice misa todos los domingos y días de fiestas…..”.

Visitador
Documento que acredita la visita del Sr. Visitador del Obispado de Ourense a la Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias en el año 1562. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

El primer bautizo, legible, que aparece registrado en el Libro de Bautizados de la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias, corresponde al de una niña llamada “constança”, bautizada “el priº domingo de septiembre del año de 1564” por el que era párroco “francº do Casullo”.

primeiro bautizo
Documento que acredita el primer bautizo, legible, en la Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias en el año 1564. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

Año de mil e quinientos sesenta e seis: hace 450 años

Centrándonos en el año de 1566, es decir, hace  450 años, la Parroquia de Parderrubias comprendía varios núcleos de población (Yglesia, aSeara, Bouças, Solbeyra, Nugueyroa), reseñados todos ellos en los asentamientos de bautizados, casados y fallecidos, así como en los escritos de las Visitas del Sr. Visitador. En esta época la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias contaba con 30 feligreses como se puede apreciar en los escritos de los Libros de Fábrica de la misma.

Visita obispo
Acta de la Visita del Sr. Obispo de Ourense a la Parroquia de de Santa Olaia de Parderrubias en 1581. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

En 1566 fueron bautizados en la Parroquia de Parderrubias 14 nuevos vecinos, de los cuales siete eran varones y siete mujeres. Los meses en los que tuvieron lugar los bautizos (y presumiblemente, los nacimientos) fueron enero (1), febrero (1), marzo (2), mayo (1), agosto (2), septiembre (2), octubre (1) y diciembre (4). Todos ellos eran vecinos de la Parroquia de Santa Olaia, aunque algunos de sus padres procedían de alguna parroquia o lugar diferentes. Los nombres de los nuevos bautizados y los de sus padres eran los siguientes:

«Cathalina: hija de alonso doniz e margarida

vartulome: hijo de Rº golin y de Antonia

pedro: hijo de alonso golin debaixo y de constança

catalina: hija de Antoº de noboa y de doña cathalina

pedro: hijo de pedro daSeara y de Ysabel golin hija de maria golin

maria: hija de juan de Sampedro y de Eynes

vartolome: hija de Jnº  de Sampedro y de maria

maria: hija de pedro daSeara y de dominga

Juan: hijo de Juan de layglesia y de Ysabel

simon: hijo de Vieyto das pias y de micia

Eynes: hija de francº  gºsy de Luzia

Luzia: hija de fernan pascual y de francª

antonio: hjo de Alonso golin y de margarida

marina : hija de frco martin y de maria».

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Pila Bautismal de la Iglesia Parroquial de Santa Olaia de Parderrubias.

En los asentamientos de bautizos aparecen, además del nombre de los bautizados y el de sus padres, el de los padrinos, así como la fecha de celebración, que normalmente era en domingo. Muchos de los nombres de los vecinos reseñados («pedro da Seara», «juan de Sampedro», «juan de layglesia», «gregorio do campelo», etc.) aparecen designados por su nombre de pila seguido del de su aldea o lugar de vecindad. Esta es una caracterización toponímica que aún pervive actualmente como costumbre en nuestros pueblos y aldeas. En otros casos se hacía referencia, junto con el nombre, a su parentesco («muger de alº golin», hija de gonzº dasPias», etc.) o a su oficio («pedro zapatero», «criado de…», «carpintero», «capellan de Pereyras», etc.). También en algún caso se hace referencia a algún apodo (alcume) como «alonso golin el viejo» o «alº do canal coxo».

Algunos de los recién nacidos fueron bautizado “causa necesitatis”. El bautizo únicamente se podía administrar en el propio hogar en aquellos casos de máxima gravedad de la situación o peligro de muerte. “Si por la lejanía u otras circunstancias el que ha de ser bautizado no puede ir o ser llevado sin grave inconveniente a la iglesia parroquial… puede y debe conferirse el bautismo en otra iglesia más cercana… o en otro lugar decente… Si el niño se encuentra en peligro de muerte debe ser bautizado sin demora…” (Instituto Martín de Azpilcueta, 1983, p. 582).

Entre los años 1565 y 1575 fueron bautizados en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias, según se extrae del estudio de sus asentamientos en el Libro Parroquial 1 de dicha Parroquia, 126 nacidos, de los cuales 54 (42,8%) fueron varones y 72 (57,2%) mujeres. La media de bautizados en esta década fue de unos 12 anuales, de los cuales aproximadamente cinco eran hombres y siete mujeres. Los años con un mayor número de bautizados fueron 1569 y 1574 con 16, y 1566 con 14 (véase la Tabla 1). Todos los bautizados en este periodo, excepto uno que fue bautizado por “alonso gonzalez capellan de Pereyras”, lo fueron por el entonces abad rector de ella “Blas Gonzalez”.

Blas González
Documento firmado por el abad Blas Gonzalez, rector da Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias entre 1565 y 1575. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

En la Tabla 1 se puede  observar la distribución de los bautizados entre 1565 y 1575 en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias.

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Tabla 1. Distribución de bautizados entre los años 1565 y 1575 en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias. Elaborada por J. L. Camba Seara.

Con respecto a los casamientos celebrados en la Parroquia en el año 1566, figuran cuatro en el citado Libro 1:

“Alonso ferro, vecino de ginzo, con Eynes doytomuro vecina de Parderrubias el 13 de henero”.

“Gonzalo doytomuro vecino de bouças con catalina vecina de Parderrubias el 12 de junio”.

“Juan perez, vº de sobrado y Antonia gonzalez vª de solveira el 10 de noviembre”.

“fernan giraldez vº de ulfe y maria daSeara de Parderrubias el 24 de noviembre.”

En todos estos matrimonios ofició como abad también Blas González párroco de Santa Olaia de Parderrubias. Es de destacar que estos matrimonios se celebraban, como se puede comprobar por la vecindad de los contrayentes, entre los propios vecinos de Parderrubias, o entre estos y los de otras parroquias o pueblos próximos, e incluso alejados como es el caso de vecinos de ginzo (Xinzo de Limia, supuestamente) o Sobrado.

Boda 1566
Documento de asentamiento de un matrimonio celebrado en “santa olaya deparderrubias” el 13 de enero de 1566. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

En el año anterior, 1565, primero de los relacionados, figuran otros cuatro matrimonios:

“Bello Afonso borrajo y Joana doytomuro el 17 de septiembre”.

“Dominga golin de Parderrubias y Diego de sanmamede vecino de sanmamede, el ultimo domingo de noviembre”.

“Rodrigo golin y Antonia martinez, el dia de San marcos”.

“Afonso doniz y margarida doytomuro el 9 de octubre”.

Por tanto, el matrimonio de Bello Afonso borrajo con Joana doytomuro celebrado el 17 de septiembre de 1565 supone el primer casamiento registrado en la Parroquia. Fueron padrinos y testigos”pero de golín vº de moreras y ysabel mujer de jnº dela iglsa”.

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Documento de asentamiento del primer casamiento registrado en la Parroquia de Santa Olaia de Parderrubias el 17 de septiembre de 1565. Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Ourense.

Todos estos nombres corresponden a antepasados de la Parroquia de Parderrubias que nacieron, fueron bautizados, trabajaron, se casaron y fallecieron en ella, y que forman  parte de  nuestra memoria histórica, lo que da fe de la existencia en el siglo XVI de una comunidad asentada y bastante numerosa en lo que hoy es nuestro pueblo y alrededores.

En otra ocasión abordaremos el estudio de fallecidos y confirmados en la Parroquia de Parderrubias durante esta época.


 Referencias

Instituto Martín Azpilcueta (1983). Código de Derecho Canónico. Barañáin: EUNSA.

Instituto Nacional de Estadística (2008). Censo de Pecheros de 1528 y 1591. Madrid: INE.

López Sabatel, J. A. (2013). La villa altomedieval gallega: núcleo de estructuración social y escenario de feudalización. Social and Education History, 2, 78-100.

Sáez, E. y Sáez, C. (1996). Colección diplomática del monasterio de Celanova (842-1230). Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá.

Sánchez Pardo, J. C. (2008). Territorio y poblamiento en Galicia entre la Antigüedad y la plena Edad Media. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela.

La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Como complemento al artículo publicado sobre las tejedoras de Parderrubias [véase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/], Avelino Sierra Fernández describe en este nuevo trabajo el laborioso proceso que exigía la manufacturación del lino en Parderrubias.  El proceso completo exigía 16 tareas, las cuales en este nuevo documento son perfectamente ilustradas y visualizadas gracias al relevante material fotográfico aportado.

Gracias Avelino.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


A manufacturación do liño en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Parderrubias, tal como quedou constatado no traballo deste Blog “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), mantivo en tempos pasados unha secular tradición textil. Esta Parroquia, xa no ano 1752, era a principal productora de liño da municipalidade da Merca, cunha superficie cultivada de 110 ferrados  (7 hectáreas), e a primeira na súa manufacturación, con 32 tecedeiras e outros tantos obradoiros. Pero na década dos anos cincuenta do pasado século, ante os adiantos tecnolóxicos da Revolución Industrial, as últimas tecedeiras que quedaban deixaron de exercer esta actividade artesanal, ata entón tan común como esencial na vida dos nosos ascendentes. No recordo de cantos  daquela eramos púberes, están aínda Ángela Fernández (a Tía Ánxela da Carreira) e maila súa filla María Grande; María Outumuro (María da tía Antonia), ao lado da  igrexa; Pepa Rodríguez, na Manadela; María Fernández e as irmás Pepa e María Outumuro, en Barrio; e Sara González (Sara da Canella), no Outeiro. Delas, gardo na miña memoria imaxes, reseñas e comentos verbo do procedemento do cultivo e tratamento  do liño, que agora me son de grande utilidade para este traballo. Máis recentemente, algunhos herdeiros das devanditas tecedeiras, que foron testemuñas presenciais dos seus labores, aportáronme pormenores sobre o particular, para min descoñecidos. Toda esta información, contrastada e ampliada coa documentación disponible, xa referenciada  no traballo deste Blog antes citado, e complementada coa mostra dos principais aveños utilizados nas súas enleadas tarefas, permítennos dar a ceñecer con grande fiabilidade os  usos e costumes do cultivo e manufactura do liño polos nosos devanceiros de Parderrubias.

O proceso duraba todo a ano. A sementeira facíana entre abril e maio e a recolleita entre xullo e agosto. Durante os meses de outono, realizaban unha chea de endeitas para transformar o liño bruto en finas estrigas, listas para fiar. Todo o inverno, pasábano fiando, e entre abril e maio, branqueando o fío, para comezar a tecer no tear entre xuño e xullo. Estas eran as 16 angueiras a desenvolver.

  1. A sementeira

Sementaban a liñaza a voleo, en leiras preferentemente chas, de regadío, ben estercadas, labradas e achanzadas coa grade ou con anciños. Procuraban sementalo ben basto para que, medrando máis fino, tivera menos casca leñosa. A proporción da semente viña sendo de dous  ferrados de liñaza (28  litros) por cada ferrado de superficie (628,9 metros cadrados).Tras atuí-la semente, sucaban a terra con varios regos por onde correría despois a auga da rega. Unha vez nacido, procuraban mondalo de cando en vez e regalo a miúdo. As últimas plantacións existentes de liño, foron as cultivadas pola tía Ánxela na súa tapada da Chousiña, na marxe esquerda do río, regadas polo seu caudal.

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A sementeira

  1. A arriga

Entre xullo e agosto, cando o liño amareleaba, arrigábano de raíz, coas mans e con moito mimo, sacudíndolle-la terra contra os chancos e  póndoo en gavelas, para proceder logo a ripalas (quitarlle a semente) ou atalas cun vincallo, facendo móllos para carrexalo e realiza-la ripa na casa. A miúdo, soía ser unha angueira colectiva, de balde e recíproca entre os veciños.

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A arriga

  1. A ripa

Arrigado o liño, procedían á ripa, operación que consistía en pasa-los mañizos polos dentes do ripo para extraérlle-lo froito coa semente. Este púñano logo ao sol para que, abríndose a bagaña (casula), soltara a semente (liñaza), que tras ventala, era reservada para a sementeira do seguinte ano e para remedios caseiros que aliviaran as doenzas mediante mucilaxes de cataplasmas e outras aplicacións.

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A ripa

  1. O empozado

Esta fase  consistía en asulaga-los móllos de liño nalgunha encorada de calquera dos ríos ou  regatos, ou nunha poza calquera, durante 8 ou 9 días, co fin de que se desprendera a febra da parte leñosa. Para evitar que os arrastrara a corrente río abaixo, adoitaban porlle unhos coios por arriba.

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O empozado

  1. A seca

Sacados os móllos do río, levábanos a asollar á eira ou a unha chaira, onde os extendían ao sol, procurando darlle-la volta de cando en vez, ata que secaran ben. Logo enfeixábanos  novamente  e levábanos para a casa.

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A seca

  1. A maza

Esta operación consistía en mallar ben cada mañizo de liño para rompérlle-la tasca (casca) ata separala da febra interior. Para ilo dispuñan cada presa de liño sobre o mazadoiro (unha lousa de pedra ou un cepo liso) e de seguido golpeábano duramente co mazo (rebolo de madeira). Nos últimos tempos inventouse a gramadoira que simplificaba un pouco este traballo, pero non temos constancia de que se empregara en Parderrubias.

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A maza

  1. A espadela

Esta tarefa tiña a finalidade de eliminar os tomentos, arestas ou tascos (cascas) que quedaran soltas despois do mazado. Para conseguilo, colocaban un mañizo de liño mazado encol do gume do espadeleiro (táboa en forma de T invertida), para despois golpealo de refilón coa espadela (especie de machete de madeira), ata deixa-la febra magra. Adoitaba ser un traballo feminino, colectivo, de balde e recíproco, en xuntanzas de mulleres espadeleiras nun pendello ou  palleira durante a noite.

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A espadela

  1. A tasca

Para eliminar definitivamente calquera tasco (casca) restante, fretaban ou deluvaban o liño contra o bisel do tascón ou relo, especie de espada de madeira introducida verticalmente no extremo dun banco. Este traballo soía  facerse na mesma xuntanza da espadela. As casas que carecían deste apeiro, deluvaban o liño fretándoo coas mans  contra unha pedra, coma cando se lavaba a roupa.

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A tasca

  1. A aseda

Libre xa da parte leñosa, a febra necesitaba afinarse e volverse sedosa. Para ilo cardábana, pasando cada presa varias veces polo restrelo  (táboa horizontal con cravos verticais). Con esta tarefa sacaban tres tipos de febras, unha grosa (cabezos), outra mediana (estopa) e finalmente o liño fino. Con cada presa asedada facían unha estriga, manela, cerro ou rocada, porción lista para suxeitar na roca e ser fiada. As estrigas gardábanse en atados chamados afusais, de 36 unidades cada un.

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A aseda

  1. O fiado

Esta era unha fase que requería especial habelencia. Realizábana mediante dous instrumentos primitivos pero senlleiros: a roca e o fuso. A primeira podía ter formas variadas, pero en xeral consistía nunha vara de madeira ou cana, de 80 ou 90 centímetros de longa, co extremo superior avultado (roquil) para soster o cerro do liño. O fuso era un instrumento fusiforme de unhos 28 centímetros, de madeira torneada, cun extremo aguzado e no outro, un contrapeso (fusaiola) ou abultamento (rodela, cagalla ou torteira). A súa función era a de xirar sobre si, facendo de lastre das febras suxeitas na amosega ou estría da parte superior (osca), mentres se ían retorcendo cos xiros, configurando deste xeito o fío. Posto o cerro na roca, apoiaban esta na cintura, coa parte superior no antebrazo esquerdo, quedando así libre esta man para ir extraendo e dosificando a febra. Cos dedos da man dereita, de forma habelenciosa, impulsaban os xiros do fuso, para retorcer o fío. Este, así retorcido, íano envolvendo no eixe do fuso ata lograr unha mazaroca, que finalmente extraían pola parte estreita do fuso, para trasladar ao sarillo.

Aínda que calquera acougo na casa, a garda do gando no monte ou a espera na moenda, eran aproveitados para fiar, soíanse facer xuntanzas chamadas fiadeiros, nas longas e frías noites do inverno, nun pendello, nunha palleira ou mesmo nunha corte, ao tépedo ambiente das vacas e ao amparo da lánguida luz dun candil de graxa. Neles, a ritmo de fuso, parolábase, cantábanse cantigas e contábanse historias, chismes, adiviñas e contos. Os mozos non fiaban, pero acudían para troulear na xolda.

A utilización da roca e do fuso, era en Parderrubias un traballo de xénero. O fiado era unha tarefa exclusiva das mulleres, pois estaba considerado coma un labor apropiado ás habelencias, mañas e xeito femininos. Fiar con roca e fuso era, xa que logo, unha parte das angueiras que toda muller  tiña, polo mero feito de selo.

Un costume peculiar das fiadeiras era humedecer o fío con cuspe, a medida que o ían estirando, para darlle textura, labor que facían mollando os dedos na lingua, ou coa lingua directamente no fío. De ahí a cantiga:

Quen me dera se-lo liño

que vos na roca fiades.

Quen me dera tantos bicos

como vos ao liño dades.

Non contamos con referencia algunha sobre a cantidade  de fiadeiras  de liño en Parderrubias, pero considerando a chea de tecedeiras das que deixamos constancia no traballo “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), é lóxico pensar que difícilmente quedaría casa onde non se fiase.

Tampouco temos constancia da utilización en Parderrubias do torno de fiar, en lugar do fuso e roca, pero cabe tal posibilidade, por ser frecuente o seu uso nas mesmas  datas en zonas achegadas.

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O fiado

  1. O ensarillado

O liño recén fiado tiña unha cor cincenta que era mester branquear o máis posible. Para iso non tiñan outro remedio que transforma-as mazarocas conseguidas no fuso en meadas (madeixas), para despois branquealas. Para esta función contaban co sarillo, un apeiro de brazos en forma de X, que por medio do  xiro vertical das súas aspas, ía desembeleñando as mazarocas e dándolle forma de madeixa. Era unha angueira propia das mulleres.

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O ensarillado

  1. O branqueo

O branqueo era tal vez o labor máis ingrato de todo o proceso. Aínda que os métodos podían variar lixeiramente, o máis común era mete-las meadas durante 3 ou 4 días, nunha pota chea dunha especie de lixivia fervendo. Chamábanlle lixivia a unha mestura dun balde de auga con tres grandes pratos de cinza de carballo, tras fervela durante media hora. Despois lavaban e secaban as meadas varias veces, e repetían a función da lixivia cos seus respectivos lavados e secados as veces que fora. Finalmente extendían ou penduraban as meadas durante 6 ou 8 días, batuxándoas con auga de cando en vez. Senón acadaran a brancura desexada, volta a comezar a bogada descrita. Nalgunhas casas, engadíanlle tamén ósos e couselos á mestura.

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O branqueo

  1. O debanado

Este labor consistía en pasa-las meadas a novelos, utilizando un apeiro denominado debanadoira, un armazón de aspas horizontais con chuzos verticais que xirando arredor, segundo tiraban do fío, ían desembeleñando éste, mentres coas mans envolvíano facendo un novelo. A miúdo,  suplíanse as aspas de tal aveño polos brazos dos homes.

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O debanado

  1. O canelado

Antes de comezar  co tear, era preciso prepara-los fíos para a trama e para a urdime, mediante as operacións de canelado e urdido. A primeira delas consistía en axeita-las canelas (canas con fío embobinado). Isto conseguíano por medio do caneleiro, aparello que variaba dunhas casas a outras. A canela metíana logo dentro da lanzadeira do tear, unha caixiña ovalada de madeira, que logo utilizaban durante o tecido.

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O canelado

  1. O urdido

Esta función tiña a finalidade de prepara-la urdime, é dicir, dispor paralelamente os fíos que logo se montarían horizontalmente no tear, para proceder a tece-lo lenzo ou pano correspondente. Para esto, utilizábase a urdideira, que viña a ser coma unha debanadoira grande, arredor da que se ía suxeitando a restra de fíos, que despois cortaban á medida do tecido desexado.

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O urdido

  1. O tecido

Era a derradeira operación do longo proceso e a máis complexa e laboriosa de todas. Desenvolvíase no tear, o aparello máis interesante de tódolos pertrechos.  Consistía nunha estructura artesanal de madeira, de forma cúbica, con catro pés, que sostiña a un conxunto de pezas diversas. Na plataforma, a tecedeira colocaba a urdime, tensa e suxeita a ambolosdous lados. Mediante dous pedais (premedeiras), elevaba e baixaba os fíos alternos, quedando cada vez unha abertura entre eles (a calada), a través da cal ía pasando transversalmente a lanzadeira coa canela de fío, que ía apretando co pente, con ritmo acompasado e monótono, logrando así a trama.

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O tecido

Estes eran os 16 pasos de estricto cumprimento dos nosos antepasados de Parderrubias, na súa arela de procura-los indispensables panos ou lenzos ordinarios, para confeccionar despois as sabas, xergóns, toallas, chambras, mandiles, cirolas, camisóns, etc.)  e tamén colchas, con mestura de liño e lá. E a eles estaban condenadas as familias, polo menos ata consegui-los novelos de fío para o tear. Calquera desleixo neste eido estaba considerado coma unha irresponsabilidade, que a sabiduría popular reprobou  musicalizando o rechouchiar das anduriñas tralo retorno da súa invernación no outro hemisferio, e que todos cantabamos de pequenos:

  Fun a mar e vin da mar,

  té-la tea por fiar,

  ¿Qué fixeches, truaniña?

  ¿Qué fixeches? ¡Truanarrrrr!

 


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

La manufacturación del lino en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Parderrubias, tal como quedó constatado en el trabajo “Las tejedoras de Parderrubias”, publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/), mantuvo en tiempos pasados una secular tradición textil. Esta  Parroquia, ya en el año 1752, era  la principal productora de lino de toda la municipalidad de A Merca, con una superficie cultivada de 110 ferrados (7 hectáreas), y la primera en manufacturación, con 32 tejedoras y otros tantos talleres. Pero en la década de los años cincuenta del pasado siglo, ante los avances tecnológicos de la Revolución Industrial, las últimas tejedoras que quedaban dejaron de ejercer esta actividad artesanal, hasta entonces tan común como esencial en la vida de nuestros ascendientes. En el recuerdo de cuantos entonces éramos púberes, quedan aún Ángela Fernández (Tía Ánxela da Carreira) y su hija María Grande; María Outumuro (María da Tía Antonia), al lado de la iglesia; Pepa Rodríguez (Pepa da Manadela); María Fernández y las hermanas Pepa y María Outumuro, en Barrio; y Sara González (Sara da Canella), en O Outeiro. De ellas, guardo en mi memoria imágenes, reseñas y comentarios acerca del procedimiento del cultivo y tratamiento del lino, que ahora me son de gran utilidad para este trabajo. Más recientemente, algunos herederos de las citadas tejedoras, que fueron testigos presenciales de sus labores, me aportaron pormenores para mí desconocidos. Toda esta información, contrastada y ampliada con la documentación disponible, ya referenciada en el trabajo de este Blog antes citado, y complementada con la muestra de los principales aperos utilizados en sus intrincadas tareas, nos permiten dar a conocer con gran fiabilidad los usos y costumbres del cultivo y manufactura del lino por nuestros antepasados de Parderrubias.

El proceso duraba todo el año. Hacían la siembra entre abril y mayo, recogiendo la cosecha entre julio y agosto. Durante los meses de otoño, realizaban una serie de faenas para transformar el lino bruto en finas estrigas, listas para hilar. Todo el invierno lo pasaban hilando, y entre abril y mayo, blanqueando el hilo, para comenzar a tejer en el telar entre junio y julio. Estas son las 16 fases que componían todo el proceso.

  1. Siembra

Sembraban la linaza a voleo, en tierras de labradío preferentemente llanas, de regadío, bien abonadas, labradas y allanadas con grada o rastrillos. Procuraban sembrarlo espeso para que, creciendo fino, tuviera menos cáscara leñosa. La proporción de semilla acostumbraba ser de unos dos ferrados de linaza (28 litros) por cada ferrado de superficie (628,90 m2). Tras enterrar la semilla, surcaban la tierra con varios surcos por donde correría después el agua del riego. Una vez nacido, procuraban escardarlo de vez en cuando y regarlo con frecuencia. Las últimas plantaciones de lino en Parderrubias fueron las cultivadas por la Tía Ánxela en su Tapada de A Chousiña, en el margen izquierdo del río, regadas con sus aguas.

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Siembra

  1. Recogida

Entre julio y agosto, cuando el lino comenzaba a amarillear, lo arrancaban de raíz con las manos y con mucho cuidado, sacudiéndole la tierra contra los zuecos y poniéndolo en gavillas, para extraerle luego la semilla, o atarlas en haces con una verga para acarrearlo y realizar esta operación en casa. A menudo, solía ser un trabajo colectivo, gratuito y recíproco entre los vecinos.

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Recogida

  1. Ripa

Arrancado el lino, procedían a la ripa, operación que consistía en pasar los manojos de lino por los dientes del ripo para extraer el fruto con las semillas. Este era puesto al sol para que, abriéndose la  cápsula (bagaña), soltara la semilla (linaza), que tras aventarla era reservada para la siembra del año siguiente o para remedios caseros que aliviaran las dolencias mediante mucílagos de cataplasmas y otras aplicaciones.

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A ripa

  1. Empozado

Esta acción consistía en sumergir los haces de lino en algún remanso de cualquiera de los ríos o regatos, o en alguna charca, durante 8-9 días, con el fin de que se desprendiera la fibra de la parte leñosa. Para evitar que los arrastrara la corriente río abajo, acostumbraban ponerle piedras encima.

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Empozado

  1. Secado

Sacados los haces del río, los exponían extendidos al sol en la era o en alguna explanada, procurando darle la vuelta de vez en cuando, hasta que se secaran completamente. Luego los ataban nuevamente y los llevaban a casa.

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Secado

  1. Mazado

Esta operación consistía en mazar bien cada manojo de lino para romperle la corteza (tasca) hasta separarla de la fibra interior. Para ello disponían cada puñado de lino sobre el mazadoiro (losa de piedra o tronco liso de madera), golpeándolo duramente con el mazo (tronco cilíndrico de madera). Con el paso del tiempo apareció la agramadera, que simplificaba un poco este trabajo, pero no nos consta su uso en Parderrubias.

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Mazado

  1. Espadado

Esta tarea tenía la finalidad de eliminar las cascarillas (tomentos, arestas o tascos) que quedaran sueltas después del mazado. Para conseguirlo, colocaban cada manojo de lino mazado sobre el filo del espadeleiro (tabla en forma de T invertida), para luego golpearla de refilón con la espadela (especie de machete de madera), hasta dejar la fibra limpia. Acostumbraba ser un trabajo femenino, colectivo, gratuito y recíproco, en reuniones de mujeres en un cobertizo o pajar durante la noche.

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Espadado

  1. Tascado

Para eliminar definitivamente cualquier cascarilla (tasco) restante, frotaban el lino contra el bisel del tascón, especie de espada de madera introducida verticalmente en el extremo de un banco. Este trabajo solía hacerse en la misma reunión del espadado. En las casas en las que se carecía de este apero, se frotaba manualmente el lino contra una piedra, de manera similar al lavado de la ropa.

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Tascado

  1. Asedado

Libre ya de la parte leñosa, la fibra necesitaba afinarse y volverse sedosa. Para ello la cardaban, pasando cada manojo varias veces por el restrelo (tabla horizontal con clavos verticales). Con este trabajo sacaban tres tipos de fibras, una gruesa (cabezos), otra mediana (estopa) y, finalmente, el lino fino. Con cada manojo asedado hacían una estriga, manela, cerro o rocada, porción lista para sujetar en la rueca y ser hilada. Las estrigas se guardaban en atados llamados afusales, de 36 unidades cada uno.

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Asedado

  1. Hilado

Esta era una fase que requería especial habilidad. La realizaban mediante dos instrumentos primitivos, pero singulares: la rueca y el huso. La primera podía tener forma variada, pero en general consistía en una vara de madera o caña de 80 o 90 centímetros de largo, con el extremo superior abultado (roquil) para sostener el copo de lino. El huso era un instrumento fusiforme de unos 28 centímetros, de madera torneada, con un extremo aguzado y en el otro, un contrapeso (fusaiola) o abultamiento (rodela, cagalla o tortera). Su función era la de girar sobre sí mismo, haciendo de lastre de las fibras sujetas en la hendidura o estría de la punta superior (osca), mientras se iban retorciendo con los giros, configurando así el hilo. Puesto el copo (cerro) en la rueca, apoyaban ésta en la cintura, con la parte superior en el antebrazo izquierdo, quedando así libre esta mano para ir extrayendo y dosificando la fibra. Con los dedos de la mano derecha, de manera habilidosa, impulsaban los giros del huso para retorcer el hilo. Éste, ya retorcido, lo iban envolviendo en el eje del huso, hasta lograr una husada (mazaroca), que extraían por la parte estrecha del huso, para trasladarla al sarillo.

Aunque cualquier descanso en casa, cuidado del ganado en el monte o espera en la molienda eran momentos aprovechados para hilar, solían hacerse reuniones llamadas fiadeiros, en las largas y frías noches de invierno, en un cobertizo, pajar o cuadra, al templado ambiente del calor de las vacas y al amparo de la lánguida luz de un candil. En estos fiadeiros, a ritmo de huso, se hablaba, se cantaba y se contaban historias, chismes, adivinanzas y cuentos. Los mozos no hilaban, pero acudían para participar en la juerga.

La utilización de la rueca y el huso era en Parderrubias un trabajo de género. El hilado era una tarea exclusiva de las mujeres, pues estaba considerado como una labor apropiada a las habilidades, mañas y disposición femeninas. Hilar con rueca y huso era, pues, una parte de los quehaceres que toda mujer tenía, por el mero hecho de ser mujer.

Una peculiar costumbre de las hilanderas era humedecer el hilo con saliva, a medida que lo iban estirando, con la finalidad de darle textura, labor que hacían mojando los dedos en la lengua o con la lengua directamente en el hilo. De ahí la copla:

Quen me dera se-lo liño

que vos na roca fiades.

Quen me dera tantos bicos

como vos ao liño dades.

No disponemos de referencia alguna sobre el número de hilanderas de lino en Parderrubias, pero considerando la cantidad de tejedoras constatadas en el artículo “Las tejedoras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/) parece lógico pensar que difícilmente hubiera casa donde no se hilase. Tampoco tenemos constancia de la utilización en Parderrubias del torno de hilar, en lugar del huso y la rueca, pero cabe tal posibilidad, por ser frecuente su empleo durante aquella época en zonas próximas.

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Hilado

  1. Enmadejado

El lino recién hilado tenía un color ceniciento que era necesario blanquear lo más posible. Para ello, no tenían otro remedio que transformar las mazarocas obtenidas en el huso en madejas (meadas), para después blanquearlas. Para esta función contaban con el sarillo, un apero de brazos en forma de X, que por medio del giro vertical de sus aspas iba desenredando las mazarocas y dándoles forma de madeja. Era ésta una faena propia de las mujeres.

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Enmadejado

  1. Blanqueo

El blanqueo era tal vez la labor más ingrata de todo el proceso. Aunque los métodos podían variar ligeramente, el más común era la colocación de las madejas (meadas) durante 3-4 días en una olla llena de una especie de lejía hirviendo. Se trataba de una mezcla de agua, tres platos grandes de ceniza de roble que hervía durante media hora. Después lavaban y secaban las madejas varias veces, y repetían el proceso, con sus respectivos lavados y secados, las veces que fuesen necesarias. Finalmente, extendían o colgaban las madejas durante 6-8 días, salpicándolas con agua de vez en cuando. Si no lograban la blancura deseada, comenzaban de nuevo la colada descrita. En algunas casas, le añadían huesos y ombligos de Venus (couselos) a la mezcla.

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Blanqueo

  1. Devanado

Esta actividad consistía en volver las madejas a ovillos, utilizando un apero llamado devanadera, un armazón de aspas horizontales con palos verticales que girando alrededor, según se tiraba del hilo, iba desenmarañando éste, mientras con las manos lo envolvían en ovillos. A menudo, las aspas eran sustituidas por los brazos de los hombres.

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Devanado

  1. Encanillado

Antes de comenzar con el telar era necesario preparar los hilos para la trama y la urdimbre, mediante las operaciones de encanillado y urdido. La primera de ellas consistía en preparar las canillas (cañas con hilo embobinado). Se conseguía por medio del caneleiro, aparato que variaba según las casas. La canilla se introducía luego dentro de la lanzadera del telar, una cajita ovalada de madera, que luego utilizaban durante el tejido.

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Encanillado

  1. Urdido

Esta función tenía la finalidad de preparar la urdimbre, es decir, disponer paralelamente los hilos que luego se montarían horizontalmente en el telar, para proceder a tejer el lienzo o paño correspondiente. Para ello, utilizaban la urdidera, que venía a ser como una devanadora grande, alrededor de la cual se iban sujetando las ristras de hilos, que después cortaban a medida del tejido deseado.

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Urdido

  1. Tejido

Era la última operación del largo proceso, y la más compleja y laboriosa de todas. Se desarrollaba en el telar, el aparato más complejo de todos los pertrechos. Consistía en una estructura artesanal de madera, de forma cúbica, con cuatro pies, que sostenía a un conjunto de diversas piezas. En la plataforma, la tejedora colocaba la urdimbre, tensa y sujeta a ambos lados. Mediante dos pedales (premedeiras) elevaba y bajaba los hilos alternos, quedando cada vez una abertura entre ellos (calada), a través de la cual iba pasando transversalmente la lanzadera con la canilla de hilo, que iba apretando con el peine (pente), con ritmo acompasado y monótono, logrando así la trama.

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Tejido

Estos constituyen los 16 pasos de estricto cumplimiento de nuestros antepasados de Parderrubias, en su afán de lograr los indispensables paños o lienzos ordinarios, para confeccionar luego sábanas, jergones, toallas, camisolas, mandiles, calzones, camisones, etc., y también colchas con mezcla de lino y lana. Y a todo este largo proceso estanban «condenadas» las familias, al menos hasta conseguir los ovillos de hilo para el telar. Cualquier dejadez en este campo estaba considerada como una irresponsabilidad, que la sabiduría popular reprobó musicalizando el trino de las golondrinas tras el retorno de su invernación en el otro hemisferio, y que de pequeños cantábamos:

Fun a mar e vin da mar,

te-la tea por fiar.

¿Qué fixeches, truaniña?

¿Qué fixeches? ¡Truanarrrrr!

Sobre la agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Sobre la agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Es imposible comprender la sociedad de Parderrubias sin la agricultura. Todos nuestros antepasados se dedicaron de forma exclusiva, o parcialmente, a esta labor. Sin duda, un duro trabajo debido a las condiciones en las que se llevaba a cabo y a la falta de medios existentes. Se trata de una agricultura de pura subsistencia. Aunque en la actualidad todavía son muchos los vecinos que cultivan sus huertos, lamentablemente la mayoría de las tierras de cultivo de la Parroquia de Parderrubias se encuentran yermas.

En este artículo, Avelino Sierra Fernández presenta un gran trabajo de investigación sobre la agricultura del siglo XVIII en Parderrubias, cuyos hábitos y cultivos todavía recuerda nuestra generación.

Muchas gracias, Avelino, por documentar y transmitir a las generaciones venideras un duro trabajo que estuvo presente en nuestra Parroquia, generación tras generación, y que forma parte de nuestra idiosincrasia por el hecho de haber nacido en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


 

Sobre a agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

 A calidade de vida dos veciños de Parderrubias fai un cuarto de milenio, era moi precaria, debido a unhas condicións enmarcadas polo contexto histórico, político, económico e social no que lles tocou vivir. Carecían de electricidade (alumeábanse con velas de sebo), de auga corrente (ían a buscala á fonte coa ola), de saneamento (xurreiras superficiais de xurro, a falta de  calquera sumidoiro), de lavadoiros (ían lavar ao Regueiriño), de estradas (agás unha verea de terra batida e camiños de ferradura), de medios de transporte e locomoción (agás o carro e o burro). O único edificio comunitario era a igrexa, e a única industria, dous muíños fariñeiros e dúas forxas. Non existía tenda, taberna nin abacería (carnicería), e o único comercio era unha feira no Campo da Merca o día 26 de cada mes. Non había unha soa Escola nin Mestre en toda a bisbarra, e un 98 % da poboación era analfabeta (tan só sabían ler, escribir e contar o Cura e o escribán do Xuíz). Tampouco existía  Médico, Ciruxán ou Sangrador, nin Boticario nin Botica en toda a contorna. Pola contra, os tributos e gravames feudais e eclesiásticos (Foros, Dezmos, Primicias, Voto a Santiago, etc.) eran abafantes. A situación, sen chegar á miseria, era de grande illamento, atraso e empobrecemento. Por estas razóns, as familias estaban condenadas ao autoabastecemento e consecuentemente obrigadas a adicarse en corpo e alma á agricultura e gandería para poder subsistir. A labranza en Parderrubias era, xa que logo, un destino común para todo veciño, fora labrego, crego, artesán, home, muller ou neno. No ano 1752, só existían dez homes adicados parcialmente a  traballos remunerados distintos da labranza  (un Abade, un Arrieiro, un Carpinteiro, dous Ferreiros, un Muiñeiro, unha Forneira e tres Panadeiros de millo), aparte de 32 Tecedeiras, pero todos eles simultaneaban a súa ocupación, adicando a maior parte do tempo ás angueiras campesiñas. Tódolos demais eran exclusivamente labradores ou xornaleiros do campo

“… todos los demás vezinos  y sus hijos de diez yocho años arriba a excepcion de los que sean de maior edad o estén ymposibilitados son Labradores y jornaleros de sus haciendas…” (C. Ensenada).

Nembargante, non todos contaban con predios de seu, xa que moitos deles non eran donos das leiras que traballaban, pois unha grande parte destas eran latifundios alugados polo  Bispo de Ourense, Señor do Couto de Sobrado ao que pertencía Parderrubias, e outras eran terreos baldíos, ermos ou “a monte”, sendo escasos os alodios individuais. En cambio, abundaban os aparceiros, traballando  terras e coidando gandos a medias.

O rendimento das colleitas era, ademais, moi baixo, debido á fragmentación minifundista das terras, á mínima calidade das sementes, á escaseza de esterco e á falta de regadío.

“…las heredades de rregadio por ser de charcos y arroios de Corto caudal que quando mas dura en año abundante de lluvias es hasta san Juan que esceptuadas estas las demas tierras todas son de secano…” (Op. Cit.).

 A ilo había que engadirlle as rudimentarias técnicas e labores empregados, que apenas diferían dos introducidos polos romanos, tal como afirmaba Frei Martín Sarmiento no ano 1765: “… conservan inmemorial la agricultura que les enseñaron los romanos”. Así as cousas, difícilmente se lograban  colleitas de gran que quintuplicaran a semente, e no caso dalgunhas, coma o liño, non pasaba da liñaza sementada:

“… el ferrado de tierra [628,86 m. cuadrados] produze de linaza los mismos dos ferrados [20,8 Kg.] que se le hechan…” (Op. Cit.).

Os cultivos estaban constituídos polos cereais (centeo, trigo, millo groso, millo miúdo e cebada), o liño, a vide, os legumes (fabas, garavanzos, cantudos ou pedróns e guisantes), as verduras e a froita. A pataca non formaba parte dos froitos, xa que o seu cultivo sistemático non se iniciaría ata ben entrada a segunda metade do século XVIII.

Moitas eran as tarefas e angueiras do campo, dende a preparación da terra para a sementeira, ata a colleita dos froitos. E moitos eran os aparellos usados e ferramentas utilizadas nelas. Resumindo, estes eran os principais:

1. Cavar, sachar, esterroar… valéndose de diferentes tipos de aixadas, legóns, sachos,  picarañas, etc., segundo o labor e o lugar.

2 Labrego - Cavar

2. Arar, coas súas variantes de roturar, decruar, asucar, aricar, entravesar, etc., utilizando o arado de pau con rella de ferro, tirado por burros, mulas, vacas ou bois, xunguidos por xugos, cangas ou coleiras diferentes, segundo os animais.

3 Labrego - Arar

3. Segar, gadañar, seiturar, rozar, podar, etc., utilizando para tales mesteres gadañas, coitelas, fouces, fouciños, foucegatas, podóns, tesoiras da poda, etc.

4 Labrego - Segar

4. Mallar, traballo na eira para saca-lo gran  de centeo, trigo ou cebada, da súa espiga e os legumes, das súas baíñas. Utilizábanse  vasoiras, forquitas, angazos, mallos,  cribos, etc.

5 Labrego - Mallar

5. Pesar e medir. Para vender, mercar ou troca-los excedentes, pesábanse coas romanas. Para medir cereais e legumes, usábase o ferrado e o escás. Para medir líquidos, a cuartilla, canada, ola, etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/20/e20-unidades-de-medida-tradicionales-en-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/)

6 Labrego - Pesar

6. Cazar. A caza era un medio de mantenza, pero tamén un xeito de eliminar aos depredadores. Utilizábanse  garduñeiras, paxarelas, mureiras, ratoeiras, etc.

7 Labrego - Cazar

Tal variedade de ferramentas, forzosamente necesitaba de ferreiros que as forxaran e amañaran, pero os campesinos  estaban neste eido ben servidos por “Juan Antonio Yglesia y Juan garrido de par de rrubias al jornal de cada uno trabajando  al dia por su oficio [de herrero] quatro reales de Vellon” (Op. Cit.).

Partindo dos Dezmos satisfeitos á igrexa de Santa Olaia, polos fregueses da parroquia, podemos achegarnos á producción das especies cultivadas daquela en Parderrubias. Aínda coa natural reserva, por tratarse de deduccións, as contías expostas a continuación permítennos coñecer o predominio e a producción dos cultivos de maior arraigamento en Parderrubias fai unhos douscentos cincuenta anos.  

O centeo

Era un cultivo de excelente adaptación aos cambios climáticos e á escasa calidade do solo. Un cereal, ademais, de moita utilidade, tanto polo gran panificable (pan negro), como polo colmo ou palla.

Unha gran parte  cultivábase nos “vedros”, pequenas tenzas roturadas no monte comunal e sementadas para obter o chamado “pan de monte”, que máis adiante darían lugar ás searas ou cupos que resultaron de reparti-lo monte entre os veciños.

O seu cultivo requería arduas angueiras, que variaron pouco ao longo dos tempos. Tales eran a sementeira, no mes de outubro, coa correspondente esterca, decrúa, entravesa, agrada e asuca. Xa nacido, viña a arica co arado e a monda coa man, para quitarlle-las malas herbas. Pola festa de Santiago (xullo), tocaba face-la seitura, amontoando os móllos en brugueiros. Logo viña o carrexo e despois a malla para degrae-lo gran da espiga. Consistía esta,  na xuntanza de varios homes arredor das gavelas de centeo extendidas na eira embostada, baténdoas acompasadamente cos seus mallos. Rematábase coa erga, endeita propia das mulleres, ventando o gran coas cribas para despois metelo na tulla.

 A superficie cultivada era  dunhos 625 ferrados ao ano (39,30 hectáreas), cunha producción total de  500 fanegas de gran, é dicir, 26 toneladas, sendo a terceira parroquia máis productiva da Merca, despois de A Mezquita e Proente, e igualada con Vilar de Paio Muñiz.

O trigo

Aínda que preferido ao centeo, pola mellor calidade do pan (pantrigo, pan de flor, pan branco, pan candeal), o seu cultivo era escaso pola falta de adaptación a un clima excesivamente húmido. Con todo, era a terceira parroquia productiva, con 225 ferrados de cultivo (14,14 hectáreas) e 180 fanegas de gran (9,3 toneladas), despois de Corvillón e Vilar de Paio Muñiz. Os labores do seu cultivo e procura eran semellantes aos do centeo. Consta tamén documentalmente que en 1752, “Pedro Yglesia hijo de Theresa gomez vezino de par de rrubias era arriero de Trigo” (Op. Cit.).

O millo

A chegada deste cereal, alá polo ano 1630, supuxo para Parderrubias un desafogo tanto na alimentación humana, coma dos animais. Da súa planta aproveitábase todo, a palla e o pendón para o gando, o cosco ou casulo para folello dos xergóns, e os carozos, como excelente combustible. Pero sobre todo a mazorca, que proporcionaba o gran para a facenda e a fariña coa que se cocía o pan de boroa. Algunhos costumes e tradicións da súa procura, como a sacha, as quendas de rega polo día e noite, a creba dos pendóns, as esfollas ou escasulas rematadas en festa, o almacenamento no canastro e as degrañas, perduraron ata tempos que os máis vellos da parroquia aínda lembran.

Parderrubias era a parroquia máis productiva de toda a municipalidade,  cunha superficie cultivada de 812 ferrados (51 hectáreas) e un froito de 650 fanegas ao ano (42,7 toneladas), seguida de A Mezquita con 470 fanegas (31 toneladas) e Pereira de Montes, con 420 (27,6 toneladas). Parderrubias era tamén a primeira en producir millo miúdo (mijo), con 3.9 toneladas, pero este rematou totalmente  suplantado polo millo gordo.

O grande consumo de pan de millo en Parderrubias, no ano 1752, está testemuñado tamén pola existencia de tres “Panaderos de Maiz: Ysidro Outumuro, Silvestre Outumuro y Rosalia das Casas vezinos de par derrubias”. Ademais,  “Ybona de la Yglesia de par de Rubias tiene en su propia casa su orno y en el cuezen los mas de los Vezinos del Lugar” (Op. Cit.).

O viño

Parderrubias era daquela, a parroquia máis vitícola das terras da Merca,  cunha producción de 160 moios ao ano (23.600 litros), seguida de Olás, con 18.300 litros. As videiras consistían en pequenos bacelos, xeralmente cerrados con valados en chousas, ou en parras altas nos patios, fachadas e arredores da casa. As extremas xeadas que queimaban os xermolos dos follatos e as pragas de fungos que hoxe coñecemos coma oidio e mildio, para as que daquela descoñecían os actuais tratamentos do xofre e sulfato de cobre, a escaseza de sol, os tipos de cepas, malas estercas, podas, rodrigas, etc., daban como resultado un viño matute, frouxo e acedo, que ademais, tal como acontecía cos chourizos, filloas ou caldo, era diferente en cada casa e picábase fácilmente coas primeiras calores do verán. Esta falta de calidade, quedou ratificada máis tarde nos  Diccionarios de Sebastián Miñano (1826) e Pascual Madoz (1846), afirmando que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”. O rendimento era tamén escaso, pois a superficie dunha cavadura  de bacelo (medida equivalente a 436 metros cadrados) daba dez cuartas de viño (123 litros), sendo a viñeira de primeira calidade, 6 cuartas (74 litros) a de segunda, e 3 cuartas (37 litros) a de terceira.

“… cada Cavadura de Viña de primera calidad por la Uba que rinde dara a el año diez quartas de vino la de segunda calidad seis y la de tercera tres…” (Op. Cit.).

As castañas

Custa imaxinarse unha alimentación básica sen patacas no rural de fai 250 anos. A pataca, traída do altiplano peruano a España polas hostes de Pizarro, non se cultivou como alimento humano en Parderrubias ata ben entrada a segunda metade do século XVIII. Ante tal carencia, as castañas eran esenciais na alimentación dos nosos devanceiros, sendo consumidas crúas, cocidas (mamotas, zonchos) ou asadas (bullós), mentres estaban verdes; cocidas no caldo ou leite, despois de secas (pilongas), ao longo do ano. Así o confirmaba o Bispo de Ourense, Juan Muñoz de la Cueva (1717-1728):

“La castaña además de ser regalo, a tiempos es un alimento común que suele suplir para los labradores muchos meses de pan”.

Parderrubias era a terceira parroquia da Merca en producción de castañas, con 25 fanegas, despois de Corvillón e Olás. A toponimia deixounos constancia da súa abundancia cos nomes de Souto, Souto da Seara, Souto do Lagar, Souto da Cova e Soutiño. O máis extenso deles estaba na Vacariza:

“… en el [término] de Parderrubias ai otro [monte] de siete mil novecientos y veinte y ocho ferrados de los quales ciento y veinte y seis y medio son de soto…” (Op. Cit.).

O liño

Parderrubias era tamén a parroquia máis productiva de liño, cunha superficie cultivada de 110 ferrados (6,92 hectáreas), como se expuxo ampliamente no traballo deste Blog, “As tecedeiras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/).

A mecanización do campo, a concentración parcelaria, o cooperativismo e a industrialización do mercado acabaron coas penurias sufridas polo labrego tradicional de Parderrubias, redimíndoo das arduas angueiras e longas xeiras agrarias ás que estaba condenado. Lonxe quedan aqueles tempos antergos nos que os nosos devanceiros, traballando de sol a sol (mellor sería dicir de estrela a estrela), regaron de suor as toxeiras rozando estrume, os restroballos dos vedros seiturando centeo, ou as veigas sachando o millo. Imaxes evocadoras do esforzo e afouteza de tantas xeracións pasadas que contribuiron a conquerer o confort e  benestar que Parderrubias goza no presente.

Valia esta lembranza como unha pequena homenaxe a todas elas,  traendo á memoria colectiva tantos afáns, desvelos e inquidanzas intensamente vividos e agora testemuñados  nesta  escolma de aveños  por elas utilizados e que forman parte dun patrimonio etnográfico vencellado á escravitude dun duro traballo que ao longo de séculos constituiu o seu único medio de subsistencia.


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

Sobre la agricultura en Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

La calidad de vida de los vecinos de Parderrubias hace un cuarto de milenio era muy precaria, debido a unas condiciones enmarcadas por el contexto histórico, político, económico y social en el que les tocó vivir. Carecían de electricidad (se alumbraban con velas de sebo), de agua corriente (iban a buscarla a la fuente con cántaros), de saneamiento (corrientes superficiales de purines a falta de alcantarillado), de lavaderos (iban lavar la ropa al río Regueiriño), de carreteras (excepto una  vereda de tierra batida y caminos de herradura), de medios de transporte y locomoción (salvo el carro y el burro). El único edificio comunitario era la iglesia, y la única industria, dos molinos harineros y dos fraguas. No existía tienda, taberna ni abacería (carnicería) alguna, y el único comercio era una feria en el Campo de A Merca el día 26 de cada mes. No había una sola escuela ni Maestro en toda la comarca, y el 98% de la población era analfabeta (tan sólo sabían leer, escribir y contar el Cura y el Escribano del Juez). Tampoco existía  Médico, Cirujano o Sangrador, ni Boticario ni botica en todo el contorno. Por el contrario, los tributos y gravámenes feudales y eclesiásticos (Fueros, Diezmos, Primicias, Voto a Santiago, etc.) eran asfixiantes. La situación, sin llegar a la miseria, era de gran aislamiento, atraso y empobrecimiento. Por estas razones, las familias estaban condenadas al autoabastecimiento y consecuentemente obligadas a dedicarse en cuerpo y alma a la agricultura y ganadería para poder subsistir. La labranza en Parderrubias era, de esta manera, un destino común para todo vecino, fuera labriego, clérigo, artesano, hombre, mujer o niño. En el año 1752, sólo existían diez hombres dedicados parcialmente a trabajos remunerados distintos de la labranza (un abad, un arriero, un carpintero, dos herreros, un molinero, una hornera y tres panaderos de maíz), aparte de 32 tejedoras, pero todos ellos simultaneaban su ocupación, dedicando la mayor parte del tiempo a los quehaceres  campesinos. Todos los demás eran exclusivamente labradores o jornaleros del campo:

“… todos los demas vezinos  y sus hijos de diez yocho años arriba a excepción de los que sean de maior edad o estén ymposibilitados son Labradores y jornaleros de sus haciendas” (C. Ensenada).

Sin embargo, no todos contaban con predios suyos, ya que muchos de ellos no eran dueños de las tierras que trabajaban, pues una gran parte de éstas eran latifundios arrendados por el Obispo de Ourense, Señor del Coto de Sobrado al que pertenecía Parderrubias, y otros eran terrenos baldíos, yermos o monte, siendo escasos los alodios individuales. En cambio, abundaban los aparceros, trabajando tierras y cuidando ganados a medias.

El rendimiento de las cosechas era, además,  muy bajo, debido a la fragmentación minifundista de las tierras, la poca calidad de las semillas, la escasez de estiércol y la falta de regadío.

“…las heredades de rregadio por ser de charcos y arroios de Corto caudal que quando mas dura en año abundante de llubias es hasta san Juan que esceptuadas estas las demas tierras todas son de secano…” (Op. Cit.).

A ello había que añadirle las rudimentarias técnicas y labores empleadas, que apenas diferían de las introducidas por los romanos, tal como afirmaba Fray Martín Sarmiento en el año 1765: “…conservan inmemorial la agricultura que les enseñaron los romanos”. Así las cosas, difícilmente se lograban cosechas que quintuplicaran la semilla, y en el caso de algunas, como el lino, la linaza no pasaba de la que se había sembrado:

“…el ferrado de tierra [628,86 m. cuadrados] produze de linaza los mismos dos ferrrados [20,8 Kg.] que se le hechan…” (Op. Cit.).

Los cultivos estaban constituidos por cereales (centeno, trigo, maíz grueso, maíz menudo y cebada), lino, vid, legumbres (habas, garbanzos, cantudos o pedrones y guisantes), verduras y frutas. La patata no formaba parte de los frutos, ya que su cultivo sistemático no se iniciaría hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII.

Muchas eran las tareas y los trabajos del campo, desde la preparación de la tierra para la siembra, hasta la recolección de los frutos. Y muchos eran los aparejos usados y herramientas utilizadas. De manera resumida, estos eran los principales:

1) Cavar, sachar, desterronar… valiéndose de diferentes tipos de azadas, legones, sachos, rastros, etc., según las labores y los lugares.

2 Labrego - Cavar

2) Arar, con las variantes de roturar, barbechar, surcar, aricar, entravesar, etc., utilizando el arado de palo con reja de hierro, tirado por burros, mulas, vacas o bueyes, uncidos por diferentes yugos o colleras, según el tipo de animales.

3 Labrego - Arar

3) Segar, guadañar, rozar, podar, etc., utilizando para tales menesteres guadañas, hoces de distintos tamaños y formas, podaderas, tijeras, etc.

4 Labrego - Segar

4) Trillar, trabajo en la era para sacar el grano de centeno, trigo o cebada de su espiga, o las legumbres de sus vainas. Se utilizaban escobas de retamas, horcas, rastrillos, mayales y cribas.

5 Labrego - Mallar

5) Pesar y medir. En las ventas, compras o intercambios de excedentes se pesaba con las romanas. Para medir cereales y legumbres se usaba el ferrado y el escás. Para medir líquidos, la cuartilla, la canada, la ola, etc. (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/20/e20-unidades-de-medida-tradicionales-en-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/)

6 Labrego - Pesar

6) Cazar. La caza era un medio de manutención, pero también una forma de eliminar a las alimañas. Se utilizaban diversas trampas de animales de monte, paxarelas, ratoneras, etc.

7 Labrego - Cazar

Tal variedad de herramientas, obligatoriamente necesitaba de herreros que las forjaran y arreglaran, pero los campesinos estaban en este aspecto bien servidos por “Juan Antonio Yglesia y Juan garrido de par de rrubias al jornal de cada uno travajando al dia por su oficio [de herrero] quatro reales de Vellon” (Op. Cit.).

Partiendo de los Diezmos satisfechos a la iglesia de Santa Eulalia, por los feligreses de la parroquia, podemos acercarnos a la producción de especies cultivadas en aquel entonces en Parderrubias. Aún con la natural reserva, por tratarse de deducciones, las cantidades expuestas a continuación nos permiten conocer el predominio y la producción  de los cultivos de mayor arraigo en Parderrubias hace unos doscientos cincuenta años.

Centeno

Era un cultivo de excelente adaptación a los cambios climáticos y a la escasa calidad del suelo. Un cereal, además, de mucha utilidad, tanto por el grano panificable (pan negro), como por la paja.

Una gran parte de él se cultivaba en los vedros, pequeñas parcelas roturadas en el monte comunal y sembradas para obtener el denominado pan de monte, que más adelante darían lugar a las searas o cupos que resultaron de repartir el monte entre los vecinos.

Su cultivo requería arduas faenas, que variaron poco a lo largo de los tiempos. Tales eran la siembra, en el mes de octubre, con el correspondiente estercado, decruado, entravesado, gradado y asucado. Ya nacido, venía el aricado con el arado y el mondado con la mano, para quitarle las malas hierbas. Por la fiesta de Santiago (julio), se realizaba la siega, amontonando los haces o  gavillas en hacinas. Luego venía  el acarreo y después la trilla para desgranar el grano de la espiga. Consistía ésta en la colocación de varios hombres alrededor de las gavillas de centeno extendidas en la era emboñigada (embostada), batiéndolas acompasadamente con los mayales (mallos). Se terminaba con el aventado, tarea  propia de las mujeres, que consistía en echar  al aire el grano con las cribas, para separarlo de los restos de paja, almacenándolo luego en las arcas.

La superficie cultivada era de unos 625 ferrados al año (39,30 hectáreas), con una producción total de 500 fanegas de grano, es decir, 26 toneladas, siendo la tercera parroquia más productiva de A Merca, después de A Mezquita y Proente, e igualada con Vilar de Paio Muñiz.

Trigo

Aunque preferido al centeno, por la mejor calidad del pan (pantrigo, pan de flor, pan blanco, pan candeal), su cultivo era escaso por la falta de adaptación a un clima excesivamente húmedo. Con todo, era la tercera parroquia productiva, con 225 ferrados de cultivo (14,14 hectáreas) y 180 fanegas de grano (9,3 toneladas), después de Corvillón  y Vilar de Paio Muñiz. Los trabajos del cultivo eran semejantes a los del centeno. Consta también documentalmente que en 1752, “Pedro Yglesia hijo de Theresa gomez vezino de par de rrubias era arriero de Trigo”.

Maíz

La llegada de este cereal, allá por el año 1630, supuso para Parderrubias un desahogo tanto en la alimentación humana, como de los animales. De su planta se aprovechaba todo, la paja y el pendón para el ganado, las vainas de la mazorca para rellenar los colchones y los zuros o raspas de las espigas desgranadas, como excelente combustible. Pero sobre todo la mazorca, que proporcionaba el grano para los animales y la harina con la que se hacía el pan de boroa. Algunas costumbres y tradiciones en su tratamiento, como la sacha, las tandas de  riega  día y noche, la recogida de pendones, las deshojas (escasullas) terminadas en fiesta, el almacenamiento en el hórreo y las desgranas, perduraron hasta tiempos en los que las personas mayores aún recuerdan.

Parderrubias era la parroquia más productiva de toda la municipalidad, con una superficie cultivada de 812 ferrados (51 hectáreas) y un fruto de 650 fanegas al año (42,7 toneladas), seguida de A Mezquita con 470 fanegas (31 toneladas) y Pereira de Montes con 420 (27,6 toneladas). Parderrubias era también la primera en producir mijo (maíz menudo), con 3,9 toneladas, pero éste terminó totalmente suplantado por el maíz grueso.

El gran consumo de pan de maíz en Parderrubias, en el año 1752, está testimoniado también por la existencia de tres “Panaderos de Maiz: Ysidro Outumuro, Sivestre Outumuro y Rosalia das Casas vezinos de par derrubias”. Además, “Ybona de la Yglesia de par de rrubias tiene en su propia casa su orno y en el cuezen los mas de los Vezinos del Lugar” (Op. Cit.).

Vino

Parderrubias era entonces, la parroquia más vitivinícola de todas las tierras de A Merca, con una producción de 160 moyos al año (23.600 litros), seguida de Olás, con 18.300. Los viñedos consistían en pequeñas viñas, generalmente valladas, o en parrales altos en los patios, fachadas y alrededores de  casa. Las extremas heladas que quemaban los brotes  de los sarmientos y las  plagas de hongos que hoy conocemos como el oídium y el mildeu, para las que desconocían los actuales tratamientos de azufre y sulfato de cobre, la falta de sol y estiércol, los tipos de cepas, podas, rodrigas, etc. daban como resultado un vino flojo y ácido, que además, tal como acontecía con los chorizos, las filloas o el caldo, era diferente en cada casa, y se picaba fácilmente con los primeros calores del verano. Esta falta de calidad quedó ratificada más tarde en los Diccionarios de Sebastián Miñano (1826) y Pascual Madoz (1846), afirmando que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”. El rendimiento era también escaso, pues la superficie de una cavadura de viña (medida equivalente a 436 metros cuadrados) producía diez cuartas de vino (123 litros), siendo el viñedo de primera calidad, 6 cuartas (74 litros)  la de segunda, y 3 cuartas (37 litros) la de tercera.

“…cada cavadura de Viña de primera calidad por la Uba que rinde dara a el año diez quartas de vino la de segunda calidad seis y la de tercera tres…” (Op. Cit.).

Castañas

Cuesta imaginarse una alimentación básica  sin patatas en el rural de hace 250 años. La patata, traída del altiplano peruano a España por las huestes de Pizarro, no se cultivó como alimento humano en Parderrubias hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII. Ante tal carencia, las castañas eran esenciales en la alimentación de nuestros antepasados, siendo consumidas crudas, cocidas (manotas, zonchos) o asadas (bullós), mientras estaban verdes; cocidas en el caldo o leche, después de secas (pilongas), a lo largo de todo el año. Así lo confirmaba  el Obispo de Ourense, Juan Muñoz de la Cueva (1717-1728):

“La castaña además de ser regalo, a tiempos es un alimento común que suele suplir para los labradores muchos meses de pan”.

Parderrubias era la tercera parroquia de A Merca en producción de castañas, con 25 fanegas, después de Corvillón y Olás. La toponimia nos dejó constancia de su abundancia con los nombres de Souto, Souto da Seara, Souto do Lagar, Souto da Cova e Soutiño. El más extenso de ellos estaba en la Vacariza:

“…en el [término] de Parderrubias ai otro [monte] de siete mil novecientos y veinte y ocho ferrados de los quales ciento y veinte y seis y medio son de soto…”. (Op. Cit.)

Lino

Parderrubias era también la parroquia más productiva de lino, con una superficie cultivada de 110 ferrados (6,92 hectáreas), como ya se expuso ampliamente en el trabajo de este Blog “Las tejedoras de Parderrubias” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/).

La mecanización del campo, la concentración parcelaria, el cooperativismo y la industrialización del mercado acabaron con las penurias sufridas por el labriego tradicional de Parderrubias, redimiéndolo de las arduas labores y largas jornadas agrarias a las que estaba condenado. Lejos quedan aquellos tiempos en los que nuestros antepasados, trabajando de sol a sol (mejor sería decir de estrella a estrella), regaron de sudor los tojales rozando esquilmo, los rastrojos de los vedros segando centeno o las veigas sachando el maíz. Imágenes evocadoras del esfuerzo y tesón de tantas generaciones pasadas que contribuyeron a alcanzar el confort y  bienestar que Parderrubias goza en el presente.

Valga este recuerdo como pequeño homenaje a todas esas generaciones, trayendo a la memoria colectiva tantos afanes, desvelos e inquietudes intensamente vividos y ahora testimoniados en esta pequeña selección de aperos por ellas utilizados y que forman parte de un patrimonio etnográfico vinculado a la esclavitud de un duro trabajo que a lo largo de siglos constituyó su único medio de subsistencia.

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

Aquel Parderrubias de la Posguerra. Por Juan Carlos Sierra Freire

El fin de la Guerra Civil, en un país completamente devastado y arruinado, dio paso a un periodo de dos décadas caracterizado por enormes carencias y necesidades en la sociedad española. La autarquía económica y el intervencionismo del Estado, unido al aislacionismo internacional al que fue sometido el Régimen, dieron como resultado que se acrecentase la miseria y el atraso que había dejado la Guerra. A todo ello se añadió un severo control político e ideológico de la sociedad que reprimía cualquier crítica u oposición al sistema.

La desastrosa política agraria, unida a terribles sequías, como la del año 1946, condujo al racionamiento de alimentos básicos, situación que estuvo vigente hasta el año 1952, lo que dio lugar a un intenso mercado negro: el estraperlo. Se trataba de un comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa, que se extendió como reguero de pólvora por todo el país.

España no comenzó a levantar cabeza hasta finales de los años cincuenta, por lo que no es exagerado hablar de una posguerra de dos décadas (1940-1959), periodo en el que centra su interés este artículo, entendiendo que la década con mayores índices de miseria fue la de los años cuarenta.

Aunque la miseria y las necesidades estaban presentes en todos los tejidos de la sociedad española, en el ámbito rural, como el caso de Parderrubias, se podía disponer al menos con mayor facilidad de ciertos productos básicos como la leche, el centeno o las patatas. Sin embargo, estos bienes básicos estaban expuestos a las desgracias como fue el caso del incendio originado en agosto de 1940, a las tres de la tarde, en A Aira de Parderrubias, que arrasó 14 medas de centeno valoradas en 45.000 pesetas, perdiendo trece familias del pueblo toda la cosecha de cereales, quedándose en la ruina.

En el año 1940 era nombrado párroco de Parderrubias Don José Rodríguez Barreiros (O Cura Vello), que llevaría las riendas de la Parroquia hasta 1960, comenzando a cimentarse por esas fechas una fuerte vinculación entre Parderrubias y el Seminario, hecho que queda reflejado en dos noticias que recoge la prensa escrita de la época. En primer lugar, la donación de 1.000 pesetas que el párroco Don José entrega en 1948 para su construcción, siendo una de las mayores cantidades publicadas en la prensa. Durante ese año 1948, las Partidas de Bautismo y Matrimonio de la Parroquia incluyeron sellos conmemorativos del Proyecto del Nuevo Seminario con distintos valores. Y, en segundo lugar, en la entrevista que el Rector del Seminario Mayor, don Manuel Gil Atrio, concede a La Región en el año 1954, coincidiendo con el Día del Seminario, en la que éste señala que la parroquia de la provincia que más seminaristas aporta es la de Parderrubias, junto con la de la Santísima Trinidad de Ourense, ambas con trece (La Región, 18 de marzo de 1954). Evidencia de esta buena relación entre la Parroquia de Parderrubias y el Seminario es la visita que las niñas del pueblo realizan al Nuevo Seminario en el año 1951, acompañadas del maestro Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/) y los seminaristas Don Aurelio Grande Fernández (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/30/don-aurelio-grande-fernandez-1930-2001-por-merche-grande-gallego/) y Don Jaime Grande Seara.

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Visita de las niñas de Parderrubias al Nuevo Seminario en el año 1951

Dado el elevado número de seminaristas en la Parroquia, se hicieron habituales las primeras misas, que suponían actos solemnes y festivos. Así, por ejemplo, en el año 1941 José Aldea escribe sobre una de ellas, la de don Felisindo Grande Seara (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/05/entrada-7-parderrubias-a-principios-de-la-decada-de-los-cuarenta-desde-una-particular-perspectiva/):

…concurren veintitantos sacerdotes, casi todos los de los Ayuntamientos de Barbadanes, La Merca y Cartelle, y algunos otros… Todo el pueblo, toda la parroquia está allí. Es la fiesta mayor de uno de sus hijos más queridos”.

 No se queda atrás, en cuanto a pomposidad, el copioso almuerzo servido a continuación para tal ocasión:

 “Volvemos a la casa de los Garrido un poco tarde. Hay allí tres o cuatro mesas inmensas. En la nuestra, la más grande, están el nuevo presbítero y sus padrinos y los más de los sacerdotes. A mí me toca comer frente al cura de Loiro y al lado de Merino. “Veña a comida, que o pan rabea”. A todos los que estamos allí nos ha dado Dios por lo visto un buen apetito. Pasan las fuentes, incansablemente”.

En la década de los años cuarenta destaca también la figura de Don José Rodríguez Portela (“O Có”), quien obtenía el cargo de maestro de Parderrubias en 1942, dejando su impronta en los niños del pueblo desde ese año hasta 1957, fecha en la que permuta la escuela de Parderrubias con Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/). En ese mismo año 1942, a raíz de lo que se podía leer en el diario La Región del 29 de mayo, la Parroquia se olvidaba de la dura posguerra para centrarse en las fiestas del Corpus:

El día 3 del próximo mes de junio se celebrarán en esta localidad los tradicionales festejos de Corpus, que durarán varios días. Amenizarán los festejos las afamadas bandas de música de Sobrado del Obispo y Souto Penedo, al mando del director don Antonio Valdés. También habrá animadas verbenas. El día cuatro, festividad del Santísimo Christi, se celebrará una misa solemne a toda orquesta en la Iglesia Parroquial con asistencia de las autoridades locales. El Padre don José Sueiro pronunciará un sermón. Este mismo día saldrá la procesión del Corpus que recorrerá las principales calles de la villa. Existe gran animación en todo el pueblo. Durante los festejos se disparará profusión de fuego fijo y volador” (La Región, 29 de mayo de 1942).

Una vez referenciados algunos de los acontecimientos relevantes de esos años, vamos a centrarnos en dos hechos, cuyo análisis realizado a partir de los registros llevados a cabo en los Libros Parroquiales, nos permitirá conocer mejor la realidad de Parderrubias durante la Posguerra: las  bodas celebradas en la Parroquia y los nacimientos.

Desde 1940 a 1959 se celebran 46 bodas en Parderrubias apreciándose una clara tendencia descendiente a lo largo de esos años (véase el Gráfico 1), fenómeno que culminará en las dos décadas más recientes (1996-2015), en las que se contabilizan únicamente 16 bodas en la Parroquia. El promedio de edad de los novios era de 30,85 años, oscilando sus edades entre 23 y 48 años; ellas, las novias, se casaron con un promedio de edad de 26,98 años, fluctuando entre los 19 y 43 años. El 87% de las bodas fueron celebradas por Don José Rodríguez Barreiros (1941-1959), las cuatro de 1940 por Don Juan Estévez Estévez, y dos del año 1949 por el misionero Don Enrique López Rodríguez y Don Felisindo Grande Seara, respectivamente. Tal como se muestra en el Cuadro 1, en el 52% de las bodas uno de los miembros de la pareja no pertenecía a lo que actualmente es la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias (recordemos que en ese momento la Parroquia incluía a Nogueira, Bouzas, Fondodevila y Solveira, cuyos datos relativos a matrimonios y bautizos no están contabilizados en este artículo). Únicamente un 5% de matrimonios tuvo lugar entre personas naturales del mismo núcleo poblacional de la Parroquia, de ellos dos estaban formados por vecinos de A Iglesia, dos por vecinos de Barrio y uno por residentes en O Outeiro. Dado que por tradición la ceremonia religiosa se celebraba -y celebra- en la Parroquia de la novia, todas estas bodas tienen en común el hecho de que la novia era natural de nuestra Parroquia, pudiendo haberse realizado bodas de vecinos de Parderrubias en otras Parroquias, las cuales no están contabilizadas en estos números que aportamos.

Los años de la posguerra en Parderrubias_1
Gráfico 1

Los años de la posguerra en Parderrubias_2
Cuadro 1

En cuanto a los nacimientos, durante el periodo 1940-1959 se produjeron 157 en lo que hoy constituye la Parroquia de Parderrubias. De esos nacimientos, 92 fueron niños (59%) y 65 niñas (41%). Su evolución a lo largo de estas dos décadas refleja también una línea descendente (véase el Gráfico 2). La caída en la tasa de natalidad se produce en realidad en la década de los años 50, en la que tienen lugar únicamente 50 nacimientos, menos de la mitad de los que habían acontecido en la década anterior (107), cifra ésta similar al período previo de los años 30 (108), tal como ya indicamos en otro artículo publicado en este Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/). La distribución de nacimientos por núcleos poblacionales se puede observar en el Gráfico 3: el 50% de ellos tuvo lugar en O Outeiro y A Iglesia.

Los años de la posguerra en Parderrubias_3
Gráfico 2

Los años de la posguerra en Parderrubias_4
Gráfico 3

Un índice que refleja con toda crudeza las carencias y necesidades vividas durante esos años es la tasa de mortalidad infantil, la cual castigaba mucho más a las zonas rurales debido a la ausencia de servicios médicos especializados. Las causas más importantes eran la alimentaria (diarrea y enteritis), las infecciones y la debilidad congénita. La tasa de mortalidad infantil (fallecidos menores de un año por 1.000 nacidos vivos) se situaba entre 1936 y 1950 en 97,97, muy por encima del resto de países occidentales. En Galicia, entre 1946 y 1950, estaba en 72,20, la sexta más alta de las actuales comunidades autónomas; los coeficientes de Orense oscilaban entre 71,70 y 84,30 (Dopico, 1985). En Parderrubias, durante este período analizado, fallecieron 14 niños, 11 de ellos el mismo año de nacimiento, 2 a los dos años y 1 a los tres años, siendo 1941 el año más trágico, produciendo 5 fallecimientos, todos ellos de recién nacidos. Es decir, el 8,92% de los niños nacidos entre 1940 y 1959 en Parderrubias fallecieron antes de cumplir los 3 años de edad.

En promedio, los nacidos en estas décadas, años 40 y 50, fueron bautizados a los 4 días de nacer. Los nueve bautizos del año 1941 fueron celebrados por Don Juan Estévez Estévez; los restantes 148 (1942-1959) por Don José Rodríguez Barreiros.

De igual manera que cuando abordamos el tema de los Niños de la Guerra (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/), que estas líneas sirvan de tributo a esos 157 niños y niñas nacidos en Parderrubias en una época sumamente difícil y complicada. Sus nombres, por orden cronológico de su nacimiento, son: Antonia, Benigno, José, María Luisa, Aurora, Sergio, Manuel, Hortensia, María, María Teresa-Josefina, Serafín, Abelardo, Cándida, Manuel, Sergio, María de la Concepción, Julio, Manuel, María de la Concepción, José, Manuel, María, José Germán, José Raúl, Alfonso, Manuel, María, José, Juan Bautista, Manuel, Josefa, Alfredo, Ángela, Consuelo, Aurelio, Manuel, Flora, Josefa, María Eulalia, Juan, José, Jesús, Avelino, Virgilio, José, Fernando, Victorina, Filomena, Antonio, Ángela, Isidro, María del Cristal, José, Antonio, María de la Asunción, Isolino, Corona Eulalia, María de la Asunción, Sergio, Martina, José, Manuel, Serafín, José, Florinda, María Luisa, Aurora, José, Fernando, Claudio, Rosa, Manuel, Benito, Alicia, Manuel, Adolfo, José, Isolino, José, Consuelo, Avelina, María del Consuelo, Jaime, Eliseo, Celso, Nicanor, Emilio, Eulalia, Esperanza, María del Carmen, Adolfo, Manuel, Cesáreo, Teresa, Javier, Gonzalo, Josefa, José, Marina, Julita, José Luis, Josefa, Adolfo, María del Carmen, José, María del Carmen, Delmira, María del Carmen, Julia, Encarnación, José Manuel, José, José, Darío, Celso, María, Florinda, Antonio, Manuel, María del Carmen, Guillermo, María José, Amelia, Modesto, Jaime, Genoveva, María Felisa, Serafín, Piedad, Evaristo, Josefa, Manuel, Manuel, Manuela, Rosa, Natalia, Cándida, José Luis, Rosa, José, Eugenio, Enrique, Antonio, José Luis, Manuel, David, Manuel, César, José Manuel, Manuel, Manuel, María Teresa, Aurora, José Luis, María del Rosario, Eladio y Manuela.


Referencias

Dopico, F. (1985). Desarrollo económico y social y mortalidad infantil. Diferencias regionales (1860-1950). Dynamics: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, 5, 381-396.

Los antiguos molinos de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Los antiguos molinos de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Nuestra generación fue la última que cumplió con el rito de “ir o muíño”, aunque bien es verdad que nuestro proceder en esta costumbre fue ya muy diferente al de nuestros antepasados. Nosotros fuimos testigos de los molinos eléctricos (yo recuerdo ir muchos viernes al de A Manchica ), pero no de los de río. El desarrollo socioeconómico del mundo rural gallego acabo extinguiendo esta tradición fundamental durante mucho tiempo en el sustento de nuestras familias y, con ello, el oficio de “muiñeiro”.

En este artículo, Avelino Sierra Fernández aborda de manera brillante la existencia de molinos (“muíños) de río en nuestra Parroquia, de los que hay documentación desde el siglo XVIII, pero que con total seguridad datan de la Edad Media, como en el resto de Galicia.

Gracias, Avelino, por actualizarnos y salvaguardar esta tradición arraigada, y desaparecida, en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo, a excepción de la rueda de molino, pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


Os antigos muíños de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Un minucioso estudo dos Dezmos  sufragados á Igrexa no ano 1750,  por cada unha das Freguesías que na actualidade conforman o Concello da Merca, autorízanos a afirmar que, naquela andaina, Parderrubias era a maior productora de cereais de tódalas parroquias, con  42,7 toneladas de gran de millo ao ano, 26 de centeo, 9,3 de trigo, 3,9 de millo miúdo (mijo) e 0,6 de orxo. A pesares de tan considerable abastecemento cerealístico, a industria fariñácea de que dispuña era, precaria e insuficiente, contando só con dous rudimentarios muíños hidráulicos. Nas terras do actual Concello da Merca, existían daquela  18 muíños. Todos moían con auga do río Arnoia ou dalgún afluente seu, agás os dous de Parderrubias que eran movidos pola auga do río da Boutureira, como nos confirma o Catastro de Ensenada:

“… y los otros dos [molinos] se hallan en par de rrubias… y muelen con agua del citado rrio da Boutureira”.

O río da Boutureira segue existindo na actualidade, sen  que os veciños o lembren con ese topónimo, que ao noso parecer debería  recuperarse. Trátase do que nace na Cabada do Lobo, pasa polo Portatrelle, Chousiña e Ponte do Couso. Despois da Chousiña, recibe ao Regueiriño  e, pasando a Ponte, conflúe co da Labandeira que vén da Manchica, continuando curso a Loiro de Abaixo e Barbadás, para ir a desembocar no Barbaña.

Descoñecemos a etimoloxía da palabra Boutureira. Particularmente, ocúrresenos que ben puidera provir dos vocábulos “bouta” e “eira”. Bouta, chamábaselle á costra impermeable que se formaba con bosta de vaca disolta en auga para extender sobre a eira, co fin de endurece-lo chan no tempo da malla. Eira, era o nome do lugar onde se realizaban os labores da malla. É posible que o caudal do citado río adoitara levar disoltos ou flotando, sobre todo no estío, resíduos do citado excremento, non só pola bouta das eiras, senón tamén porque  as mandas de vacas e rabaños de ovellas que bibían (e libraban) diariamente no río, indo, andando e vindo da Vacariza, eran numerosos. Segundo as Primicias  pagadas no ano 1752 á Igrexa de Santa Olaia polos fregueses que tiñan xugada de bois ou vacas, sabemos que nese ano había en Parderrubias, cando menos, 128 reses. A Vacariza tiña unha extensión de 7.928 ferrados (preto de 500 hectáreas) de souto e monte “propio de los vezinos… y todos en Comun los aprovechan y estan Baldios y Comun abiertos para entrar y salir los Ganados de los Vezinos sin que aiga separacion que se utiliza del fruto y Pasto que produzen”.   

Voltando aos muíños, sabemos que os dous pertencían ao Bispo de Ourense, daquela Frei Ramón Francisco Agustín de Eura, Prelado da diócese entre 1738 e 1763, que os traía alugados aos veciños, co resto das terras e casas, pois cabe recordar que Parderrubias pertencía ao Couto de Sobrado, feudo do debandito Bispo. Ambolosdous muíños eran atendidos polo muiñeiro “Bartholome Martínez Vecino de dho Lugar de par de rrubias”, estimándose que “cada uno dava de ganancia y producto al año cien rreales de Vellon”. Escaso rendimento, pero hai que considerar que tan só moían catro meses ao ano, por falta de caudal suficiente para move-lo rodicio, fóra do inverno.

“…muelen con agua del citado rrio da Boutureira solo la tercera parte del año por no estar en tambuena situazión…”.

Os dous muíños eran de rodicio horizontal, negreiros, é dicir, coa moa ordinaria para poder moer calquera tipo de gran (millo, centeo, trigo, orxo ou fabas). Os dous eran tamén maquieiros, que cobraban maquía (parte do gran á moer). A cantidade de fariña moída por cada un deles era igual á de calquera outro muíño  da zona que tivera unha soa moa: dúas fanegas entre día e noite, ou sexa, unhos 130 Kg. de millo, ou 104 de centeo, cada 24 horas, moendo sen parar.

“… tiene una rueda de Piedra negra y muele entre dia y noche dos fanegas”.

Con toda probabilidade, estes dous muíños foron os precursores dos dous pertencentes á familia dos Venturas de Parderrubias,  que as persoas maiores da Parroquia lembran no mesmo río, ocupando  seguramente o mesmo sitio. Un deles, coñecido como Muíño Vello ou Muíño do Evaristo, estaba situado trala confluencia co río da Labandeira, a unhos trescentos pasos despois da Ponte do Couso. O outro estaba antes, no río Regueiriño, a escasos pasos da súa desembocadura no Boutureira, a medio camiño entre a Ponte do Couso e A Chousiña, e pertencía a Benigno Seara, veciño de Barrio, do que os seus herdeiros gardan aínda certas pezas. Os dous eran tamén “negreiros” e “maquieiros”, o primeiro con dúas moas de moer e o outro con unha. A construcción de ambolosdous era moi semellante. Esta consistía básicamente nunha humilde caseta con muros  anchos feitos de pequenas lousas, lascas e cachotes asentados con barro, con teito dunha soa auga,  tella do país e unha única porta. Estaban situados a escasa distancia do río e ligados a el por unha corta canle (lovada) que conducía a auga encorada nunha cativa presa (ceña). No soto, ou parte baixa (inferno), dispuñan dunha grande roda de madeira dun metro de diámetro aproximadamente (rodicio), por cada pedra de moer, con radios en forma de pá (penas), que coa forza da auga puñan o rodicio en movimento, imprimindo o xiro a un eixe vertical (beo) provocando, xa na parte superior do muíño, a rotación da pedra de moer (moa), á que estaba xunguido mediante unha peza de ferro (segorella). A moa era unha pedra circular de un metro de diámetro aproximadamente e unhos 25 centímetros de groso, cun ollal no medio por onde entraba o gran verquido pola moega (adella), sendo triturado co rozamento da moa contra outra pedra inferior fixa (), do mesmo diámetro que a moa, pero dun expesor moito maior. A fariña, co impulso da moa, saía despedida ao chan (tremiñado).

Roda Muiño
Roda do muíño

Consideramos que tan só dous muíños de río, moendo únicamente  catro meses ao ano, eran insuficientes para toda a moenda dunha parroquia cunha poboación de 548 habitantes, como lle atribúe o Diccionario de Sebastián Miñano a Parderrubias no ano 1826, ou como mínimo de 234 almas, segundo lle outorga Pascual Madoz no 1846. Coidamos, polo tanto, que tal como sucedía nas parroquias veciñas de Pereira de Montes, Vilar de Paio Muñiz ou A Mezquita, que non contaban con río, e xa que logo tampouco con muíño hidráulico algún, debía obrigatoriamente valerse de muíños caseiros de man, consonte á información e descrición que nos proporciona  o  andarego bieito Frei Martín Sarmiento:

“…era común aquel género de molinos para sacar la harina del centeno… una pobre mujer movía circularmente la muela superior que, al menos, tenía el diámetro de un harnero (criba)”.

Os muíños hidráulicos  referidos, foron no seu tempo parte esencial na vida dos nosos devanceiros de Parderrubias, pero logo, foron abandonados e paseniñamente fóronse esmorecendo ata ser derruídos e desaparecer, porque a modernidade relevounos polos muíños do Baldovino, que comezaron a funcionar na Manchica (Parderrubias) co mesmo vapor do serradoiro, xa antes de chega-la  electricidade, seguíndo despois con eles “O Benito”, á par cos  dos irmáns Garrido (Os Escultores). Pero tamén estes remataron desaparecendo máis tarde, porque xa  non eran ncesarios. Agora, xa non se precisa cargar co saco de gran ao lombo ou no burro, anda-lo camiño cheo de lama ata o muíño, bota-lo gran na moega, agarda-la moenda, a veces toda a noite, mete-la fariña no costal e voltar á casa para amasala na artesa, busca-lo fermento onda algún veciño que o tivera, pedi-lo forno, quentalo con leña e coce-lo pan. E todo para poder levar á boca unhas rebandas de boroa, cando agora pasa o panadeiro a diario pola porta con “pantrigo” quentiño. Claro que, se non fora así, coas ansias, présas e impaciencias con que vivimos hoxe, tampouco teriamos  vagar sequera de porlle o cabeceiro ao burro.

Pertrechos Muiño.JPG
Pertrechos do muíño

Escribindo estas liñas, pecho os ollos un cantiño e o maxín lévame ao muíño vello do Evaristo que eu vira de neno, coaquela atronadora caída de auga no inferno, obrigando ao rodicio a dar voltas coma un tolo. Coaquela indeleble escuridade  que apenas deixaba albiscar a adella do gran, tremeleando co vaivén do tarangaño, e as moas ciscando a fariña polo tremiñado. Coaquelas inxénitas teas de araña, embranquecidas e domeadas polo po da fariña, pendurando das tellas e paredes. E imaxino a tanta xentiña de Barrio, do Outeiro, da Iglesia e de Nigueiroá indo e vindo a pé ou a cabalo do burro, co saco medio cheo ou medio vacío, e a tantas xeracións de nenos e anciáns migando bica no caldo, á carón da lareira, en tempos de subsistencia. Abro os ollos e penso que, por algo o benquerido amigo de sempre, o José do Benigno de Barrio, conserva aínda con tanto agarimo, no seu museo doméstico, os restos daquel muíño que o seu pai tiña no Regueiriño, e que tantas necesidades remediou naquela andaina de pan duro e viño acedo.


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

Los antiguos molinos de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

 Un minucioso estudio de los Diezmos sufragados a la Iglesia en el año 1750, por cada una de las Feligresías que en la actualidad conforman el Concello de A Merca, nos autoriza  a afirmar que, en aquella época, Parderrubias era la mayor productora de cereales de todas las parroquias, con 42,7 toneladas de grano de maíz al año, 26 de centeno, 9,3 de trigo, 3,9 de maíz menudo (mijo) y 0,6 de cebada. A pesar de tan considerable abastecimiento de cereales, la industria harinera de que disponía era, precaria e insuficiente, contando sólo con dos rudimentarios molinos hidráulicos. En las tierras del actual Concello de A Merca, existían entonces 18 molinos. Todos molían con agua del río Arnoia o de algún afluente suyo, excepto los dos de Parderrubias que eran movidos con agua del río Boutureira, como nos confirma el Catastro de Ensenada:

“… y los otros dos [molinos] se hallan en par de rrubias… y muelen con agua del citado rrio Boutureira”.

El río Boutureira sigue existiendo en la actualidad, sin que los vecinos lo recuerden con este topónimo, que a nuestro parecer debería recuperarse. Se trata del que nace en Cabada do Lobo, pasa por Portatrelle, A Chousiña y A Ponte do Couso. Después de A Chousiña, recibe al Regueiriño y, pasando A Ponte, confluye con el de A Labandeira que viene de A Manchica, continuando curso a Loiro de Abaixo y Barbadás, para ir a desembocar en el Barbaña.

Desconocemos la etimología de la palabra Boutureira. Particularmente, se nos ocurre que bien pudiera provenir de los vocablos “bouta” e “eira”. Con el nombre de bouta se conocía la costra impermeable que se formaba con excrementos de vaca disueltos en agua para extender sobre la era, a fin de endurecer el suelo en los tiempos de la trilla. Eira, significa era, lugar donde precisamente se realizaban las labores de la trilla para separar el grano de la paja. Es posible que el caudal del citado río acostumbrara llevar disueltos o flotando, sobre todo durante el estío, residuos del citado excremento, no sólo por la bouta de las eiras, sino también porque las manadas de vacas y rebaños de ovejas que bebían (y libraban) diariamente en el río, yendo, estando y regresando del monte de la Vacariza, eran numerosos. Según las Primicias pagadas en el año 1752 a la Iglesia de Santa Eulalia por los feligreses que poseían yunta de bueyes o vacas, sabemos que en aquel año había en Parderrubias, cuando menos, 128 reses. La Vacariza tenía una extensión de 7.928 ferrados (cerca de 500 hectáreas) de sotomonte “propio de los vecinos… y todos en Común los aprovechan y están Baldios y Comun abiertos para entrar y salir los Ganados de los Vezinos sin que aiga separación que se utiliza del fruto y Pasto que producen”.

Volviendo a los molinos, sabemos que los dos pertenecían al Obispo de Ourense, entonces Fray Ramón Francisco Agustín de Eura, Prelado de la diócesis entre 1738 y 1763, que los traía arrendados a los vecinos, con el resto de las tierras y casas, pues cabe recordar que Parderrubias pertenecía al Coto de Sobrado, feudo de dicho Obispo. Ambos molinos eran atendidos por el molinero “Bartholome Martinez Vecino de dho Lugar de par de rrubias”, estimándose que “cada uno dava de ganancia y producto al año cien reales de Vellon”. Escaso rendimiento, pero hay que considerar que tan sólo molían cuatro meses al año, por falta de caudal suficiente para mover el rodicio, fuera del invierno.

“… muele con agua del citado rrio da Boutureira solo la tercera parte del año por no estar en tambuena situazión…”.

Los dos molinos eran de rodicio horizontal, “negreiros”, es decir, con muela (moa) ordinaria para poder moler cualquier tipo de grano (maíz, centeno, trigo, cebada o habas). Los dos eran también “maquieiros”, que cobraban maquila (porción del grano a moler). La cantidad de harina molida por cada uno de ellos era igual a la de cualquier otro molino de la zona que tuviera una sola muela: dos fanegas entre día y noche, es decir, unos 130 kg. de maíz, o 104 de centeno, cada 24 horas, moliendo sin parar.

“… tiene una rueda de Piedra negra y muele entre día y noche dos fanegas”.

Con toda probabilidad, estos dos molinos fueron los precursores de los dos pertenecientes a la familia de Os Venturas de Parderrubias, que las personas mayores de la Parroquia recuerdan en el mismo río, ocupando seguramente el mismo sitio. Uno de ellos, conocido como Muíño Vello o Muíño do Evaristo, estaba situado tras la confluencia con el río de la Labandeira, a unos trescientos pasos después de A Ponte do Couso. El otro estaba antes, en el río Regueiriño, a escasos pasos de su desembocadura en el Boutureira, a medio camino entre A Ponte do Couso y A Chousiña, y pertenecía a Benigno Seara, vecino de Barrio, del que sus herederos guardan aún algunas piezas. Los dos eran también “negreiros” y “maquieiros”, el primero con dos muelas de moler y el otro con una. Ambos eran de semejante construcción. Esta consistía básicamente en una humilde caseta con anchos muros hechos de pequeñas losas, lascas y cascotes asentados con barro, con techo de una sola agua, de teja del país y una única puerta. Estaban situados a escasa distancia del río y a él ligados por una corta acequia (lovada) que conducía el agua embalsada en una pequeña presa (ceña). En el sótano (inferno), disponían de una gran rueda de madera de un metro de diámetro aproximadamente (rodicio, rodezno), por cada muela, con radios en forma de pala (penas), que con la fuerza del agua ponían al rodicio en movimiento, imprimiendo el giro a un eje vertical (beo) provocando, ya en la parte superior del molino, la rotación de la piedra de moler (muela), a la que estaba unido mediante una pieza de hierro (segorella). La muela era una piedra circular de un metro de diámetro aproximadamente y unos 25 centímetros de grueso, con un ojo en el centro por donde entraba el grano vertido por la tolva, siendo triturado con el rozamiento de la muela contra otra piedra inferior fija (pie), del mismo diámetro que la muela, pero de un espesor mucho mayor. La harina, con el impulso de la muela, salía despedida al suelo (tremiñado).

Roda Muiño
Rueda de molino

Consideramos que tan sólo dos molinos de río, moliendo únicamente cuatro meses al año, eran insuficientes para toda la molienda de una parroquia con una población de 548 habitantes, como le atribuye el Diccionario de Sebastián Miñano a Parderrubias en el año 1826, o como mínimo de 234 almas, según le otorga Pascual Madoz en 1846. Pensamos, por lo tanto, que tal como sucedía en las parroquias vecinas de Pereira de Montes, Vilar de Payo Muñiz o A Mezquita, que no contaban con río, y por lo tanto tampoco con molino hidráulico alguno, debía obligatoriamente valerse de molinos caseros de mano, tal como nos informa y describe el andariego benedictino Fray Martín Sarmiento:

“… era común aquel género de molinos para sacar la harina del centeno… una pobre mujer movía circularmente la muela superior que, al menos tenía el diámetro de un harnero (criba)”.

Los molinos hidráulicos referidos fueron en su tiempo parte esencial en la vida de nuestros antepasados de Parderrubias, pero luego, fueron abandonados y poco a poco se fueron desmoronando hasta desaparecer, porque la modernidad los relevó por los molinos de Baldovino, que comenzaron a funcionar en A Manchica (Parderrubias) con el mismo vapor del aserradero, ya antes de llegar la electricidad, siguiendo después con ellos “O Benito”, a la par con los de los hermanos Garrido (Os Escultores). Pero también estos terminaron despareciendo más tarde, porque ya no eran necesarios. Ahora ya no se precisa cargar con el saco de grano a cuestas o en el burro, andar el camino lleno de barro hasta el molino, vaciar el grano en la tolva, esperar la molienda, a veces toda la noche, meter la harina en el costal y regresar a casa para amasarla en la artesa, buscar la levadura junto a algún vecino que la tuviera, pedir el horno, calentarlo con leña y cocer el pan. Y todo para poder llevar a la boca unas rebanadas de boroa, cuando ahora pasa el panadero todos los días por la puerta con “pantrigo” caliente. Claro que si no fuera así, con las ansias, prisas e impaciencias con que vivimos hoy, siquiera tendríamos tiempo de ponerle el cabezal al burro.

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Pertrechos de un molino

Escribiendo estas líneas, cierro un momento los ojos y la imaginación me lleva al “Muíño Vello do Evaristo” que yo viera siendo niño, con aquella atronadora caída de agua en el “inferno”, obligando al “rodicio” a dar vueltas como un loco. Con aquella indeleble oscuridad que apenas dejaba vislumbrar la tolva del grano oscilando con el  vaivén del “tarangaño”. Con aquellas ingénitas telarañas emblanquecidas y arqueadas por el polvo de la harina, colgando de las tejas y las paredes. E imagino a tanta gente de Barrio, de O Outeiro, de A Iglesia y de Nigueiroá yendo y viniendo a pie o en burro, con el costal medio lleno o medio vacío, y a tantas generaciones de niños y ancianos migando bica en el caldo, arrimados a la lumbre, en tiempos de subsistencia. Abro los ojos y pienso que, por algo el bienquerido amigo de siempre, “o José do Benigno de Barrio”, conserva aún con tanta estima, en su museo doméstico, los restos de aquel molino que su padre tenía en el Regueiriño, y que tantas necesidades remedió en aquella época de pan duro y vino ácido.

Campanas de Parderrubias…. cuando os oigo tocar. Por Juan Carlos Sierra Freire

Campanas de Parderrubias…. cuando os oigo tocar. Por Juan Carlos Sierra Freire

Cando vos oio tocar, campaniñas, campaniñas,… cando de lonxe vos oio, penso que por min chamades”.

(Rosalía de Castro)

En la actualidad, en Parderrubias, se oyen las campanas con mucha menor frecuencia que antiguamente, siendo su sonido cada día más ocasional en nuestra Parroquia, coincidiendo casi exclusivamente con algún acto litúrgico y, en la mayoría de ocasiones, se trata de frías campanadas provocadas por un impasible sistema mecánico completamente ajeno a la virtuosa mano del ser humano. El avance y desarrollo socioeconómico hizo que las campanas dejasen de cumplir con su noble función de comunicación y anunciación de nuevas en beneficio de métodos más modernos. Antiguamente, las campanas de la iglesia de Santa OIaia de Parderrubias hablaban todos los días, y todo el vecindario era conocedor de su rico y variado lenguaje. Marcaban las horas más importantes de cada jornada, convocaban al rezo, llamaban a los feligreses a misa, anunciaban las festividades más importantes de la Parroquia, avisaban de los peligros lanzando llamadas de auxilio (en caso de incendios, por ejemplo) y, como no, comunicaban la muerte y emplazaban al duelo.

“Si por siempre enmudecieran, ¡qué tristeza en el aire y el cielo!, ¡qué silencio en las iglesias!, ¡qué extrañeza entre los muertos!”.

(Rosalía de Castro)

Basándome en un excelente trabajo de mi antiguo Profesor, tristemente desaparecido, Fidalgo Santamariña (2009), vamos a adentrarnos en la cultura y en el lenguaje de las campanas en el ámbito rural gallego, tomando como referencia el ejemplo de Parderrubias. El emotivo sonido del tañido de unas campanas en nuestro mundo rural tiene detrás de sí una dilatadísima historia. Su origen habría que buscarlo tres mil años antes de Cristo en la cultura china, en principio, sin relación aparente con la religión. Será el cristianismo quien comience a hacer uso de este ingenio, a partir del siglo V, para llamar a la oración. En esa primera época no se denominaba “campana”, el término como tal tiene su origen en las primeras fundiciones que se hicieron en la región italiana de Campania en el siglo VI.

A pesar de que existen diferentes tipos de campanas, el más habitual en el mundo rural gallego, como es el caso de Parderrubias, es el esquilón: campana con un perfil largo y estilizado. Las campanas eran elaboradas por los fundidores, oficio que se transmitía de padres a hijos. Su constitución es una mezcla de cobre (80%) y estaño (20%). En épocas más modernas se optaba en ocasiones por refundir la vieja campana agrietada y deteriorada para elaborar una nueva. Así, por ejemplo, en el año 1951, siendo párroco Don José Rodríguez Barreiros (O Cura Vello), se lleva a cabo en Lalín la refundición de la campana grande de la iglesia de Parderrubias. En ocasiones, el sonido de la campana nueva no mejoraba al de su predecesora, y así se lo he escuchado a personas mayores de la Parroquia refiriéndose a nuestra campana más reciente.

Las campanas pueden ser tocadas de varias maneras, dependiendo de lo que sus sonidos quieran transmitir. Fidalgo Santamariña (2009) habla de tres modos habituales en nuestro contexto: 1) volteo (las campanas giran completamente, quedando totalmente invertidas durante el giro), 2) repicado o “repenicado” (se lleva a cabo con las manos, de forma muy viva, sin imprimir movimiento a las campanas), y 3) toque (el badajo golpee de forma pausada los laterales de la campana). En Parderrubias, el primero de ellos, el volteo, no se ha empleado debido a la colocación de los esquilones en el campanario. En cualquiera de los casos, el proceso de toque era manual, siendo el “repenicado” el más complejo, pues requiere de fuerza, habilidad y ritmo para sacar sonido a las dos campanas a la vez.

Tocar las campanas, o al menos algunos de los toques, no estaba ni está al alcance de cualquiera. La habilidad que se requería, sumada a la dedicación que está tarea exigía (se tocaba varias veces al día y, en ocasiones, horas seguidas, como en el caso del toque a difunto), hace que sobresalga en nuestro ámbito rural la figura del sacristán. Entre las múltiples funciones que realizaba, incluía la de tocar las campanas. Esta tarea la combinaba con el mantenimiento de la iglesia, ayudar a misa, ayudar al cura en bautizos, bodas y entierros, recoger el dinero de las limosnas o de los responsos, etc. Hemos señalado en otra ocasión que en la década de los años treinta, en Parderrubias, el sacristán (Tío Francisco) había sido el testigo del 60% de los bautizos que habían tenido lugar en esos años [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/15/e19-parderrubias-sus-ninos-de-la-guerra/]. El oficio de sacristán, por sí mismo, tenía la suficiente relevancia como para dar el nombre a la familia a la que pertenecía; así, por ejemplo, en Parderrubias se habla de la familia de “Os Sancristás”. Como ocurría con otros oficios, el de sacristán tenía su remuneración, en la mayoría de casos en especies. Así, era habitual que un domingo después de la Pascua pasase por las diferentes casas de los vecinos pidiendo «a avinza” (en Parderrubias también se denominaba “o copelo”) en maíz, trigo, centeno, patatas, etc. (Araújo Iglesias,  1997). En Parderrubias, la figura del sacristán desaparece a finales de la década de los años ochenta del pasado siglo. Los últimos tres sacristanes de la Parroquia fueron Francisco Seara (Tío Francisco) hasta finales de los años 30, Ángel Outumuro (Tío Anxel) hasta finales de la década de los años 70 y Hermenegildo Outumuro hasta finales de los años 80.

Centrémonos en los mensajes que nos transmitían las campanas, es decir, en aquello que se encargaron de comunicarnos durante siglos. Tomando como referencia básica el trabajo de Fidalgo Santamariña (2009), los toques de campanas en nuestro ámbito tenían cuatro grandes funciones: llamar a la población, iniciar alguna actividad, comunicar noticias y dar una señal de alarma.

Una de las funciones con más arraigo, y que en cierta medida se sigue manteniendo, es llamar a los vecinos a la oración o convocarlos a actos litúrgicos. En el trabajo publicado en este Blog, en el que Sierra Fernández aborda las medidas del tiempo, [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/20/e20-unidades-de-medida-tradicionales-en-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/] se indica que las campanas de Parderrubias tocaban en cuatro momentos diferentes del día convocando a la oración: 1) Toque del Alba a las 6 de la mañana, 2) Toque del Angelus a mediodía, 3) Toque de Oración a las 6 de la tarde, y 4) Toque de Ánimas al final del día. Indirectamente, estos toques de campana marcaban la distribución de la jornada laboral. El Toque del Alba -una tanda de campanadas- habitualmente convocaba a la misa y se producía media hora antes de iniciarse ésta. El Angelus consistía en tres campanadas de tres toques, seguidas de una pausa, terminando con nueve toques más suaves, que convocaban al rezo del Angelus o del Ave María, exigiendo una pausa en las labores que se estaban realizando en ese momento. En el Toque de Ánimas sonaban cinco campanadas dobles pausadas, alternándose ambas campanas, que llamaban al rezo por las Ánimas del Purgatorio. De todos estos toques, únicamente se conservan en la actualidad los del Angelus y los de llamar a misa, la cual durante la semana se celebra al atardecer, mientras que en domingos y festivos tiene lugar por la  mañana. La llamada a misa se hace media hora antes de su inicio (“A Primeira”, que consiste en una tanda de toques seguidos de una pausa y de un toque final), y quince minutos antes (“A Segunda”, tanda de toques seguidos de una pausa y de dos toques finales).

En medio do concerto sin segundo que fan as noites dolces e caladas,  resoa o triste son das campás, que cal voces doutro mundo dobran con misteriosas bateladas o toque de oración”.

(Lamas Carvajal)

La segunda función importante de las campanas es comunicar el inicio de ciertas actividades, básicamente de corte religioso. Muchos de los actos litúrgicos, y ciertos fragmentos de los mismos, eran y son anunciados a los vecinos de Parderrubias a toque de campana. En la actualidad todavía se anuncia el inicio de la misa con tres toques de campana (“A Terceira”). En la misa de Jueves Santo y de Sábado Santo -antiguamente Sábado de Gloria-, las campanas repican durante la misa anunciando el inicio del Gloria (Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis…). En la festividad del Corpus Christi, el repique de campanas anuncia la presencia de la Santa Custodia en las calles, manteniéndose durante todo el recorrido de la Procesión desde la iglesia hasta el Cruceiro de O Trabazo y viceversa. En la actualidad, son únicamente estas tres ocasiones (Jueves Santo, Sábado Santo y Corpus Christi) en las que todavía se sigue tocando manualmente las campanas; el resto de toques son resultado de automatismos mecánicos. Dada su larga duración, probablemente sea en la procesión de Corpus cuando las campanas de la iglesia de Santa Olaia de Parderrubias muestran su mayor espectacularidad. Dado el esfuerzo que supone mantener el repicado durante un prolongado tiempo, son dos vecinos, subidos en el campanario, los que se turnan para ejecutar dicha tarea. Como ya hemos señalado, el repicado exige fuerza, habilidad y ritmo, estando una brillante ejecución al alcance de muy pocos. En estas últimas décadas esta función viene siendo realizada de forma virtuosa por Benito Outumuro y Valentín Seara.

La tercera función relevante que las campanas han tenido desde siempre en Parderrubias ha sido la de comunicar nuevas. Hay zonas de Galicia en las que las campanas anunciaban un nacimiento o una despedida de soltero, sin embargo, en Parderrubias esta función se limitó básicamente al momento de la muerte. Sin duda alguna, los sonidos de campana más impactantes y conmovedores que yo recuerdo desde niño son el toque a agonía y el toque de difunto. El fallecimiento de un vecino se comunicaba mediante el toque de agonía, que consistía en una serie de, aproximadamente, treinta toques (“badaladas”) a las que seguía un silencio y tres toques, dos con la campana grande y uno con la pequeña. El velorio es comunicado mediante toques de difunto, que se realizan desde que el fallecido está de cuerpo presente hasta momentos previos a la conducción del féretro a la iglesia parroquial. Consiste en la repetición de toques individuales, combinados por momentos con dos toques, entre los que se producen silencios prudenciales. La salida del féretro de la vivienda del finado (en la actualidad, del velatorio) se anuncia apurando el toque de difunto, el cual es mantenido hasta que el féretro traspasa el umbral de la iglesia para iniciarse el funeral. Antiguamente el toque de difunto también se escuchaba desde el anochecer del Jueves Santo hasta el Viernes Santo, incluyendo su madrugada.

Campás da miña aldeia, que tendes tristura na serán crara, vós sodes a lingua i o alento dende onde nos dan o derradeiro adeus as ialmas”.

(Mariño Lago)

Por último, la cuarta función que cumplieron las campanas en Parderrubias -a fecha de hoy prácticamente extinguida-, era la de dar señales de alarma o llamadas de auxilio a la población. En nuestro pueblo, el toque más frecuente que cumplía con esta función era el de arrebato cuando se producía algún incendio en una “palleira”, “palleiro”, “aira”, casa o, en tiempos más recientes, en el monte. Lamentablemente, este tipo de sucesos fueron habituales entre nuestro vecindario. A modo de ejemplos, el 24 de octubre de 1923, El Correo de Galicia publica la noticia de un violento incendio en la casa de Claudino Fernández sofocado gracias a la pericia de los vecinos. En el verano de 1940 se desencadena, a las tres de la tarde, en A Aira un voraz incendio que arrasa 14 medas de centeno, perdiendo 13 familias del pueblo toda la cosecha de cereales (La Región, 2 de agosto de 1940). La Voz de Galicia, el 13 de septiembre de 2003, informa que la importante movilización de los vecinos evitó que el fuego de un incendio forestal alcanzase las viviendas. En todos estos casos el sonido de las campanas pedía auxilio a los vecinos para que acudiesen a sofocar las llamas. Se trataba de un toque muy acelerado con la campana grande que solía comenzar con tres toques separados. Aunque la llamada de auxilio más frecuente emitida por las campanas de la iglesia de Parderrubias se asocia a los incendios, ésta no fue la única. Este hecho queda avalado en el crimen que tuvo lugar en el año 1936 en la Casa Rectoral, el cual abordamos en otro artículo [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/08/e17-crimen-en-la-casa-rectoral-de-parderrubias-en-el-ano-1936/]. En este suceso, una de las primeras acciones que llevaron a cabo los asaltantes fue la de cortar el cable que permitía tocar las campanas de la iglesia, con el fin de evitar que se solicitase auxilio.

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En definitiva, las campanas y sus sonidos forman parte del patrimonio de Parderrubias, y a pesar de que algunas de sus funciones hayan desaparecido, así como en gran medida el virtuosismo humano necesario para hacerlas hablar, delegándolo a un frío automatismo mecánico, las “badaladas” seguirán siendo, en Parderrubias, un estímulo añorado para nuestro oído. Parafraseando a nuestra gran poetisa «…cuando os oigo tocar …sin querer vuelvo a llorar».

“Campanas de Bastabales, cando vos oio tocar mórromo de soidades”.

(Rosalía de Castro)


Referencias

Araújo Iglesias, M. A. (1997). A Merca. Antropoloxía dun Concello Galego. Vigo: Ir Indo Edicións.

Fidalgo Santamariña, A, (2009). A linguaxe tradicional das campás: un exemplo de patrimonio sonoro. En X.A. Fidalgo Santamariña, X.M. Cid Fernández, M. Fernández Senra y X. Fernández Senra (Coords.), II Congreso de Patrimonio etnográfico galego. Actas (pp. 67-82). Ourense: Deputación de Ourense.

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Continuando con la línea editorial centrada en los oficios tradicionales de Parderrubias, que hemos iniciado con las tejedoras [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/01/09/e18-las-tejedoras-de-parderrubias-por-avelino-sierra-fernandez/], Avelino Sierra Fernández nos aproxima en esta ocasión al oficio de carpintero, el cual tuvo y tiene tanto arraigo en nuestra Parroquia. Partiendo de la premisa de que carpintero es el que trabaja la madera, sus diferentes especialidades (ebanistas, armadores, «fragueiros«, «cubeiros«, «chanqueiros«, etc.) requerían habilidades muy diferentes. De forma rigurosa, este artículo hace un recorrido desde el siglo XVIII, época en la que ya se documenta la labor de los carpinteros en nuestro pueblo, hasta la fecha de hoy.

Gracias, Avelino, por acercarnos de manera sobresaliente a la tradición de este oficio en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

 Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


Os carpinteiros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

Na historia de Parderrubias, salientan Clérigos e Mestres, algunhos xa tratados neste Blog, que coa súa entrega e xenerosidade deixaron imborrable impronta na formación das xeracións desta parroquia. Houbo tamén outros profesionais, como tecedeiras, tamén tratadas, e costureiras, ferreiros, canteiros, etc., que seguramente algún día serán asimesmo traídos a estas páxinas pola súa senlleira aportación á mellora das condicións de vida dos seus coetáneos. Pero nesta ocasión, queremos ocuparnos dun gremio de artesáns que co seu traballo, moitas veces desinteresado, quizabes foran quen máis contribuíran á mellora-la particular vida material dos veciños ao longo da historia. Referímonos aos  carpinteiros.

Debido á abundancia de madeira en toda a zona, e á súa utilización como un dos primeiros materiais en estado natural para fabrica-los útiles necesarios para o desenrolo humano, que ían dende o berce ata o ataúde, o oficio de carpinteiro era, despois do agrogandeiro e tecedeiro, o máis estendido en toda a municipalidade. No ano 1750, exercían este oficio nas terras que actualmente constitúen o Concello da Merca, 13 artesáns, un deles, polo menos, en Parderrubias. Todos traballaban por un xornal de catro reais ao día a secas, ou dous a mantidas. O seu traballo ía dende tronza-las toradas no monte e saca-las táboas coa serra de aire, ao artellamento de apeiros e trebellos (carros, arados, anciños…), útiles domésticos (arcas, maseiras, cubas…), mobles (escanos, leitos, alacenas…) ou portas, xanelas, armazón dos teitos, etc. Hai que dicir que daquela, as casas eran case todas terreas, é dicir, dunha soa planta, distribuída en espazos adicados a cortes, lareira e leitos,  separados por estacas e táboas, ou raramente con sobrado nunha segunda planta, sobre piso tamén de madeira e tabiques de táboas verticais. As portas e fiestras eran de táboas perpendiculares, con travesas horizontais, xirando por medio de couzóns ou guiceiros,  cerradas con pancas ou pechos e aseguradas con trancas, todo ilo de madeira.

Logo, transcorren tempos escuros na historia de Parderrubias, dos que carecemos de novas sobre esta actividade, ata chegadas épocas posteriores. A comezos do século pasado, foron asentados na Manchica, que entón pertencía a Parderrubias, os serradoiros a vapor, do Baldovino, onde hoxe está a cerámica, e os dos irmáns Manuel, José e Modesto Garrido, un pouco máis abaixo. Esta industrialización da madeira veu a redimir aos serranchíns, da esgotadora tarefa de sacar á man as táboas e pontóns das toradas, valéndose dunha extenuante serra de aire de dous metros e medio de longa, manexada por dous homes. Polas mesmas datas, creáronse tamén na Manchica os obradoiros de imaxinería relixiosa dos propios irmáns Garrido (coñecidos dende entón como Os Escultores), e os de Eliseo Garrido, seu irmán, situados entre A Manchica e Parderrubias. Obradoiros que pola súa relevancia e o seu cuño empresarial, merecen estudo aparte. Da mesma andaina, eran os carpinteiros artesáns, Avelino Martínez na Manchica, Hixinio Grande na Aldea, Manuel Grande no Valdemouro, Felipe Garrido e Paulino Sierra, na Carretera, e Modesto González en Nigueiroá.

O señor Avelino (así era coñecido) traballou durante 25 anos nos obradoiros dos Escultores (1918-1943). Tras independizarse, seguiu adicado á escultura pola súa conta, tallando, modelando, decorando e restaurando arte sacro. Obras súas son, ducias de imaxes, viacrucis, altares e dourados de retábulos de igrexas nas provincias de Ourense e Pontevedra, pero entre as últimas, están a imaxe da Virxe de Lourdes que preside o altar maior da Manchica, así como as 14 estacións do Viacrucis, os confesionarios e outros decorados da mesma igrexa, obras todas elas talladas, pintadas e doadas gratuitamente por el.

O Señor Hixinio estaba considerado como Mestre Carpinteiro entendido en tódalas especialidades e aplicacións da madeira. Un profesional coñecido, recoñecido e apreciado en toda a bisbarra, onde era solicitado para aqueles traballos máis técnicos, de grande envergadura e  maior responsabilidade.

Manuel Grande era o único carpinteiro de Parderrubias adicado a unha soa especialidade de carpintería, a de toneleiro. Experto en armar, pero sobre todo reparar e restaurar todo tipo de cubas, barrís, tonéis, pipotes, etc., acudía solícito a cantas adegas o necesitaran, ben pertrechado das súas especiais ferramentas de cubeiro, como eran as aixolas curvas, cepillos de volta, xabreadores, chazos e martelos alcotana.

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Cónstanos que, xa a mediados do século XVIII, Parderrubias era a parroquia máis vitícola de todo o Concello da Merca. Concretamente, no ano 1752, satisfacía 16 moios de viño á igrexa de Santa Olaia, en concepto de Dezmos, o que supón, polo menos,  unha producción de 23.616 litros anuais. Isto significa que as cubas, únicas presexas de almacenamento do viño para o consumo anual, tiñan que ser usuais en tódalas casas, así que tamén a Manuel Grande precedéronlle outros toneleiros en Parderrubias. Ben é verdade que, dito sexa de paso, inda que o viño abundaba, este non era de grande calidade, tal como certifica Sebastián Miñano no ano 1826 ao afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz vinte anos despois, ratificando que unha das principais produccións de Parderrubias era “vino inferior”.

O tío Paulino, como cariñosamente era coñecido, home creativo e mañoso, traballou tamén durante os seus anos mozos nos obradoiros dos Escultores, pero finalmente adicouse a outras ocupacións industriais, sen deixar de tallar e armar roupeiros, cómodas ou leitos no seu obradoiro particular. El facía, sempre de balde, as maletas de madeira para os mozos de Parderrubias que ían a cumplir o servicio militar.

O tío Felipe era o carpinteiro ebanista máis inxeñoso e habelencioso coñecido en toda a contorna. Home de pouco traballo, pero de senlleira e abraiante realización. De neno, oín dicir del (supoño que sarcásticamente) que era quen de facer cofres para gardar tesouros, tan seguros que unha vez pechados coa chave por fóra, só se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, a súa  maña quedou manifesta nunha chea de inxeños que, aínda sen chega-la electricidade, funcionaban automáticamente, como era o caso dun barril de viño que, segundo o seu antollo, manipulando unha pequena panca a distancia, desprazábase el só por un raíl dende a adega ata o obradoiro onde traballaba e, unha vez servido o seu vaso de viño, o barril tornaba el soíño á adega polo mesmo carril. Isto, segundo contaba a xente.

O tío Modesto de Nigueiroá, era un ebanista arteiro, mañoso e curioso coma poucos, que traballaba a madeira de castiñeiro como naide. Os últimos anos adicouse á especialidade de fragueiro, armando carros  para toda a contorna, no seu obradoiro de As Campinas.

A estes seis Mestres artesáns, sucedéronlle  cinco dignos e salientables discípulos do Sr. Hixinio, como foron os irmáns Benito, Hermenegildo e Manolo Outomuro, e os seus curmáns Julio e José Seara, todos veciños da Aldea. Deles pódese dicir que eran verdadeiros “milmañas”, que o mesmo amoblaban unha casa nova con madeiras nobres, que botaban un remendo nunha palleira, ou amañaban o chedeiro dun carro. Para eles, ningunha especialidade de carpinteiro, ebanista, fragueiro, toneleiro, etc. lles era allea. Sempre facendosos e xenerosos, nunca rexeitaron  arranxarlle, de xeito desinteresado, calquera pequeno problema surxido a un veciño. Aínda que pasaban a maior parte do tempo nas obras, dispuñan de obradoiro nas súas casas, onde abundaban os apeiros e ferramentas, iso sí, sempre ben afiadas, lizadas, ordenadas e coidadas como ouro en pano.

Sendo tan numerosas e variadas as ferramentas utilizadas por este gremio de carpinteiros de Parderrubias, máis que relacionalas polo seu nome, coidamos que é preferible mostra-la súa imaxe nunha colección ordenada, segundo as funcións de serrar, tradear, labrar, cepillar, cravar, etc. de cada unha.

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A tradición da carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionais da madeira e obradoiros de carácter industrial, dotados das tecnoloxías máis vanguardistas, pero non debemos esquecer que as súas raíces están na aixola e no berbequí dos protagonistas desta crónica, escrita coa única intencíon de traelos á memoria colectiva das actuais e futuras xeracións.


 

VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

Los carpinteros de Parderrubias. Por Avelino Sierra Fernández

En la historia de Parderrubias destacan Clérigos y Maestros, algunos ya tratados en este Blog, que con su entrega y generosidad dejaron imborrable impronta en la formación de las generaciones de esta Parroquia. Hubo también otros profesionales, como tejedoras, también tratadas, y costureras, herreros, canteros, etc., que seguramente algún día serán asimismo traídos a estas páginas por su singular aportación a la mejora de las condiciones de vida de sus coetáneos. Pero en esta ocasión, queremos  ocuparnos  de un gremio de artesanos que con su trabajo, muchas veces desinteresado, quizás fueran quienes más contribuyeran a mejorar la particular vida material de los vecinos a lo largo de la historia. Nos referimos a los carpinteros.

Debido a la abundancia de madera en toda la zona, y a su utilización como uno de los primeros materiales en estado natural para fabricar los útiles necesarios para el desarrollo humano, que iban desde la cuna hasta el ataúd, el oficio de carpintero era, después del agroganadero y tejedor, el más corriente en toda la municipalidad. En el año 1750, ejercían este oficio en las tierras que actualmente constituyen el Ayuntamiento de La Merca, 13 artesanos, uno de ellos, por lo menos, en Parderrubias. Todos trabajaban por un jornal de cuatro reales al día, a secas, o dos y mantenidos. Su trabajo iba desde cortar los troncos de los árboles en el monte y hacer las tablas con la sierra de aire, a la elaboración de aperos y aparejos (carros, arados, rastrillos…), útiles domésticos (arcas, artesas, cubas…), muebles (bancos, camas, armarios…) o puertas, ventanas, armazón de tejados, etc. Hay que decir que entonces, las casas eran casi todas terrenas, es decir, de una sola planta distribuída en espacios dedicados a cuadras, cocina y dormitorios, separados por estacas y tablas, o excepcionalmente con un sobrado en una segunda planta, sobre piso también de madera y tabiques de tablas verticales. Las puertas y ventanas eran de tablas perpendiculares  con traviesas horizontales, girando por medio de quicios, cerradas con pestillos o pasadores y aseguradas con trancas, todo ello de madera.

Luego transcurren tiempos oscuros en la historia de Parderrubias, de los que carecemos de noticias sobre esta actividad, hasta la llegada de épocas posteriores. A principios del siglo pasado fueron asentados en A Manchica, que entonces pertenecía a Parderrubias, los aserraderos a vapor de Baldovino, en donde hoy está la cerámica, y los de los hermanos Manuel, José y Modesto Garrido, un poco más abajo. Esta industrialización de la madera vino a redimir a los serranchines, de la agotadora tarea de sacar a mano las tablas y pontones de los troncos de los árboles, valiéndose de una extenuante sierra de aire de dos metros y medio de largo, manejada por dos hombres. Por las mismas fechas, se crearon también en A Manchica los talleres de imaginería religiosa de los propios hermanos Garrido (conocidos desde entonces como Os Escultores) y los de Eliseo Garrido, su hermano, situados entre A Manchica y Parderrubias. Talleres que por su relevancia y su cuño empresarial merecen estudio aparte. De la misma época, eran los carpinteros artesanos Avelino Martínez, en A Manchica, Higinio Grande en A Aldea, Manuel Grande en Valdemouro, Felipe Garrido y Paulino Sierra, en A Carretera, y Modesto González en Nigueiroá.

El Señor Avelino (así era conocido) trabajó durante 25 años en los talleres de Os Escultores (1918-1943). Tras independizarse, siguió dedicado a la escultura por su cuenta, tallando, modelando, decorando y restaurando arte sacro. Obras suyas son docenas de imágenes, viacrucis, altares y dorados de retablos de iglesias en las provincias de Orense y Pontevedra, pero entre las últimas, están la imagen de la Virgen de Lourdes que preside el altar mayor de A Manchica, así como las 14 estaciones del Viacrucis, los confesionarios y otros decorados de la misma iglesia, obras todas ellas talladas, pintadas y donadas gratuitamente por él.

El Señor Higinio estaba considerado como Maestro Carpintero entendido en todas las especialidades y aplicaciones de la madera. Un profesional conocido, reconocido y apreciado en toda la comarca, donde era solicitado para aquellos trabajos más técnicos,  de gran envergadura y mayor responsabilidad.

Manuel Grande era el único carpintero de Parderrubias dedicado a una sola especialidad de la carpintería, la de tonelero. Experto en armar, pero sobre todo reparar y restaurar todo tipo de cubas, barriles, toneles, pipotes, etc., acudía solícito a cualquier bodega donde lo necesitaran, bien pertrechado de sus especiales herramientas de cubero, como eran las azuelas curvas, cepillos de vuelta, “xabreadores”, “chazos” y martillos “alcotana”.

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Nos consta que, ya a mediados del siglo XVIII, Parderrubias era la parroquia más vitivinícola de todo el Municipio de A Merca. Concretamente, en el año 1752, satisfacía 16 moyos de vino a la Iglesia de Santa Eulalia, en concepto de Diezmos, lo que supone una producción, al menos, de 23.616 litros anuales. Esto significa que las cubas, únicos recipientes de almacenamiento del vino para el consumo anual, tenían que ser usuales en todas las casas, así que también a Manuel Grande le han precedido otros toneleros en Parderrubias. Bien es verdad que, dicho sea de paso, aunque el vino abundaba, éste no era de gran calidad, tal como certifica Sebastián Miñano en el año 1826 al afirmar que “Parderrubias produce vino de inferior calidad”, cuestión que corrobora Pascual Madoz veinte años después, ratificando que una de las principales producciones de Parderrubias era “vino inferior”.

El tío Paulino, como cariñosame era conocido, hombre creativo y mañoso, trabajó también durante sus años mozos en los talleres de Os Escultores, pero finalmente se dedicó a otras ocupaciones industriales, sin dejar de tallar y armar roperos, cómodas o camas en su taller particular. El hacía, siempre gratis, las maletas de madera para los mozos de Parderrubias que iban a cumplir el servicio militar.

El tío Felipe era el carpintero ebanista más ingenioso y habilidoso conocido en todo el contorno. Hombre de poco trabajo, pero de singular y asombrosa realización. De niño, oí decir (supongo que sarcásticamente) que era capaz de hacer cofres para guardar tesoros, tan seguros que una vez cerrados con llave por fuera, sólo se podían abrir secretamente por dentro (¿?). En todo caso, su maña quedó patente en cantidad de ingenios que, aún sin llegar la electricidad, funcionaban automáticamente, como era el caso de un barril de vino que, a su antojo, manipulando una pequeña palanca a distancia, se desplazaba el solo por un raíl desde la bodega hasta el taller donde trabajaba y, una vez servido su vaso de vino, el barril regresaba solito a la bodega por el mismo carril. Esto, según contaba la gente.

El tío Modesto de Nigueiroá era un ebanista artero, mañoso y curioso como pocos, que trabajaba la madera de castaño como nadie. En los últimos años se dedicó a la especialidad de “fragueiro”, armando carros para todo el contorno, en su taller de As Campinas.

A estos seis Maestros artesanos, les sucedieron cinco dignos y destacados discípulos de Señor Higinio, como fueron los hermanos Benito, Hermenegildo y Manolo Outumuro, y sus primos Julio y José Seara, todos vecinos de A Aldea. De ellos se puede decir que eran verdaderos “milmañas”, que igual amueblaban una casa nueva con maderas nobles, que echaban un remiendo en un pajar o componían el lecho de un carro. Para ellos, ninguna especialidad de carpintero, ebanista, “fragueiro”, tonelero, etc. les era ajena. Siempre diligentes y generosos, nunca rehusaron arreglarle, de forma desinteresada, cualquier pequeño problema surgido a un vecino. Aunque pasaban la mayor parte del tiempo en las obras, disponían de taller en sus casas, donde abundaban los aperos y herramientas, eso sí, siempre bien afiladas, lizadas, ordenadas y cuidadas como oro en paño.

Siendo tan numerosas y variadas las herramientas utilizadas por este gremio de carpinteros de Parderrubias, más que relacionarlas por su nombre, pensamos que es preferible mostrar su imagen en una colección ordenada según las funciones de serrar, tradear, labrar, cepillar, clavar, etc. de cada una.

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La tradición de la carpintería continúa en Parderrubias con versados profesionales de la madera y talleres de carácter industrial, dotados de las tecnologías más vanguardistas, pero no debemos olvidar que sus raíces están en la azuela y en el berbiquí de los protagonistas de esta crónica, escrita con la única intención de traerlos a la memoria colectiva de las actuales y futuras generaciones.

1966-2016: se cumplen 50 años de la creación del Teleclub de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara

1966-2016: se cumplen 50 años de la creación del Teleclub de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara

Como es conocido, en este año 2016 se conmemora el 50 aniversario de la fundación del Teleclub de Parderrubias. En un artículo publicado en el mes de diciembre de 2015 hicimos un primer análisis de la función que este local social tuvo en la sociedad de Parderrubias durante los años 60 y 70, análisis enriquecido con una entrevista realizada en 1970 a Don Isolino Camba Casas (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/12/08/e16-se-cumplen-50-anos-de-la-fundacion-del-teleclub-de-parderrubias/). En este nuevo artículo sobre esta temática, José Luis Camba Seara lleva a cabo una descripción histórica de su fundación y de sus primeras actividades, avalada por documentos redactados por los propios protagonistas principales de esa época. Entendemos que es el complemento necesario al artículo publicado con anterioridad.

Quiero agradecer a José Luis esta excelente y necesaria colaboración con el Blog aportando datos y documentos que forman parte de la historia reciente de nuestro pueblo, permitiéndonos salvaguardarlos y difundirlos. Gracias.

Juan Carlos Sierra Freire

Nota. Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y justo a continuación el lector encontrará una versión en castellano.


1966-2016: cúmprense 50 anos da creación do Teleclub de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara

A petición de Juan Carlos Sierra, que escribiu o anterior artigo sobre este tema, e para completar o mesmo, vou lembrar algúns datos máis da creación e funcionamento nos seus primeiros anos do Teleclub de Parderrubias, dos que gardo algunha documentación.

 Os primeiros anos do Teleclub

Ainda que a Acta de creación do Teleclub é de 20 de abril de 1966, como consta na copia de documento adxunto, a súa actividade real como tal comeza a finais de 1967 cando queda rematado o “Salón Parroquial” construído para a Parroquia e que foi cedido para o seu uso como sede local do mesmo. Este local construíuse en terreos da Casa Parroquial para o que foi necesario o derrubamento dunha parte da mesma así como do muro que a protexía. Lembrar tamen que dentro do recinto desa casa había un patio onde se atopaba un forno no que ate ben entrado o século pasado se facía o pan de boa parte do pobo da Igrexa e sobre cuxa actividade tamén haberá que escribir algún día.

Na data sinalada constitúese a primeira Xunta Organizadora Provisional para a creación do Teleclub que estaba formada por Don Manuel Fernández Rúas (Párroco de Parderrubias) como Presidente, Don Isolino Camba Casas (Mestre) como Vicepresidente, Don Benigno Seara como Secretario-Monitor, D. Laurentino Outomuro Outomuro como Tesoureiro e os seguintes vocais: Don Eladio Grande Garrido, Don Alejandro Justo Sampedro, Don Jesús Fernández Fernández e Don Valentín Seara Prieto (Documento 1).

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Documento 1. Acta de constitución do Teleclub

Daquela unha das primeiras funcións foi a de redactar as Normas Estatutarias do Teleclub para o funcionamento do mesmo, normas que quedaban resumidas en cinco capítulos dos que entresaco o mais importante.

O Capítulo 1  trata sobre a Localización do Teleclub e di:

El Teleclub de Parderrubias, que así se llamará, tendrá como domicilio social el local Salón Parroquial”.

O Capítulo 2 refírese aos fins da asociación:

Su fin primordial será el perfeccionamiento cultural de sus asociados y fomentar la convivencia social y el espíritu asociativo”. Tamén “…conseguir poner un medio de esparcimiento y recreo a disposición de los asociados”.

O Capítulo 3 fala dos socios:

La asociación al Teleclub será voluntaria y en beneficio de todos los vecinos pertenezcan o no a la parroquia o municipio”.

Los socios tendrán voz y voto en las Juntas Generales y podrán ser elegidos miembros de la Junta Directiva”.

Los socios estarán obligados a acatar las normas de funcionamiento y respetar las decisiones de la Junta Directiva y satisfacer las cuotas acordadas”.

O Capítulo 4 refírese á Xunta Directiva:

El Teleclub será regido por una Junta Directiva que integrará un Presidente, Vicepresidente, Secretario-Monitor, Monitor 2º, y como máximo tres vocales, uno de los cuales actuará como Tesorero”.

Será elegida y renovada anualmente por la Junta General de Socios y velará por el perfecto funcionamiento del Teleclub, presentando estado de cuentas anual y proyecto de actividades”.

“La administración de los fondos públicos le corresponde al Tesorero con el Visto Bueno del Presidente”.

Los cargos directivos serán honoríficos y sin derecho a retribución alguna”.

O Capítulo 5 define as cuotas dos asociados:

Las cuotas de los asociados serán mensuales y destinadas al sostenimiento del Teleclub”.

Nunha disposición transitoria sinálase que:

Con carácter provisional se constituirá la primera Junta Directiva”.

Nunha primeira relación de socios do Teleclub figuran 50 socios. Existe tamén un escrito de cesión do Local que está a ser construido pola Parroquia como Salón Parroquial para sua utilización polo Teleclub, establecéndose nel o seu Domicilio Social para a realización das funcións e actividades do mesmo.

A construcción deste Salón Parroquial fora iniciada no ano 1965 e non foi rematada ata o ano 1967. Na construcción do mesmo colaboraron tanto co seu traballo coma cunha aportación económica de 300 pesetas os veciños de Parderrubias e Negueiroá, acadándose un importe de 24.000 pesetas. Tamén colaborou a “Hermandad de Labradores” cun importe de 1.000 pesetas. Como datos históricos hai que sinalar que traballaron albaneis e carpinteiros da Parroquia, como os irmáns Hermenegildo, Benito e Manuel Outomuro, o Adolfo e o Higinio. Foi empregado tamén un camión da Deputación de Ourense que o cedeu un día para desescombro. Moito do material que se utilizou foi dos almacéns de construcción Sierra. A porta da entrada custou 675 pesetas e as ventas 2.000. Adxúntase documento manuscrito por Don Manuel Fernández Rúas dos gastos desas obras (Documento 2).

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Documento 2. Gastos do Salón Parroquial

Según consta en Acta do 17 de nadal de 1967 hai unha Xuntanza da Asamblea Xeral do Teleclub, e nela dase conta do Regulamento redactado aos socios. Nesta asamblea tamén se comunica o cese do Presidente e cura de Parderrubias Don Manuel Fernández Rúas que fora destinado a outra parroquia e sustituído por D. Ramón Blanco Caride como novo cura. Acórdase pois nomear a este último como Presidente do Teleclub e que o resto da Xunta Directiva quede como estaba. Nesa xuntanza faise saber o estado de contas e trátase da admisión de novos socios quedando o asunto en estudio. Dáselle á nova Xunta a confianza para rematar as obras do local solicitando a colaboración dos socios para rematar os traballos que faltan (Documento 3).

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Documento 3. Comunicación da Acta da Asamblea Xeral de Socios ano 1967

O primeiro de novembro de 1969 hai unha xuntanza na que se da conta do cese de Don Ramón Blanco Presidente do Teleclub por ser destinado cura a outra parroquia. Nesta Xunta dase conta tamén da falta de fondos para o funcionamento do Teleclub. Procédese ao nomeamento como novo Presidente de Don Hermesindo Andrade Pérez e renóvase o resto da Xunta, quedando como Vicepresidente Don Benigno Seara, como Secretario-Monitor Don Isolino Camba, como Tesoureiro Don Laurentino Outomuro e como Vocais Don Eladio Grande, Don Alejandro Justo e Don Jesús Fernández. Acórdase arranxar o televisor e realizar algunas obras de acondicionamento do local e adquisición de mobiliario para o que se solicita unha subvención ao Gobernador Civil (Documento 4).

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Documento 4. Comunicación de Acta da Asamblea Xeral ano 1969

O 23 de xaneiro de 1970 recíbese a subvención solicitada por un importe de 40.000 pesestas que foron investidas no acondicionamento do local. De novo hai cambios na Xunta directiva. O 3 de xaneiro de 1971 e baixo a presidencia de Don Benigno Seara reúnese a Xunta Directiva para dar conta unha vez máis do cese do Presidente do Teleclub Don Hermesindo Andrade por ser destinado de párroco a outro lugar. Nesa xuntanza dase tamén conta da subvención recibida polo Teleclub das 40.000 pesetas e  acórdase regular mellor o uso do local e solicitar unha axuda do Concello para gastos ordinarios. Tamén se acorda convocar unha Asamblea de Socios para elexir novo Presidente, propoñendo para o cargo ao novo cura encargado da parroquia Don José Gayo Arias, párroco da Manchica onde reside.

A partir deste momento a actividade do Teleclub vai minguando e apenas hai actividade por parte da sua Xunta Directiva, salvo a organización dunha peregrinación o 28 de abril de 1971 a Santiago de Compostela con motivo do Ano Santo e á que acudiron uns 40 veciños do pobo (Documentos 5 e 6).

Segue funcionando o Teleclub nos anos seguintes  como sinala Sierra Freire no anterior artigo ate os anos 90, pero esta actividade redúcese sobretodo pola existencia xa nas casas e bares de televisión particular. A asistencia ao local limítase á dos vecinos do barrio da Igrexa e a algunhas das xuntanzas da Parroquia con motivo dalgunha actividade especial ou dos mozos e mozas.

Asistencia e materiais do Teleclub

Dunha enquisa feita no ano 1972 para a Oficina de Información e Turismo (CITE) podemos entresacar cales foron os datos máis destacabeis da actividade deste Teleclub durante estes anos, sobretodo entre  1967 e  1972. O número de socios chegou a ser duns 160, polo cal pódese decir que case todos os vecinos da parroquia chegaron a ser socios do Teleclub. A asistencia ao local era dunhas 15 ou 20 persoas diarias pola semana, sendo moito maior a asistencia os fins de semana ou cando había algunha actividade importante. A mellor hora de asistencia era polas tardes-noite pois era cando, sobretodo no inverno cesaba a actividade laboral do campo e tamén a televisión tiña os programas de maior audiencia, así como os domingos. Os programas de televisión máis vistos naquela época eran as novelas, Cesta e puntos, partidos de fútbol, os telediarios…

O material que había ao principio no Teleclub era escaso: un televisor en branco e negro que se estropeaba a miúdo, unha libraría para os poucos libros que había (unha colección de Historia de España de Salvat, unha colección de libros de lectura da colección de RTV, e revistas de Teleradio e Teleclub), un armario, catro mesas, vinte sillas e oito bancos así como unha mesa para o televisor. Mais adiante foise renovando este material e adquirindo algún novo.

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Interior Teleclub

As actividades do Teleclub

A maiores das actividades individuais que se realizaban nel como o visionado da televisión ou a lectura, o Teleclub servíu tamén como dinamizador de actividades deportivas, culturais e de programación e deseño de obras básicas na Parroquia. Das actividades de obras de mellora de infraestruturas da Parroquia hai que salientar algunhas como a propia construción do Teleclub e a mellora das suas instalacións, a construcción dunha pista ó barrio da Igrexa, o arreglo de camiños e fontes (da Igrexa, do Valdemouro e de Negueiroá), de lavadoiros, da luz pública, etc.

Neses anos tivo lugar unha chea de realizacións de obras fundamentais  para Parderrubias que rematou coa Concentración Parcelaria e que foron daquela unha aposta modernizadora fundamental,  que nalgúns casos xerou certa controversia pero que vista coa perspectiva do tempo,  foi fundamental para modernización do pobo. E  todo isto fixose co esforzo, colaboración e aportación económica de todos o cal ben merece unha louvanza para afortalar a nosa autoestima como pobo.

Dentro da actividade sociocultural foron estes anos os do florecemento dunha inesquecible actividade cultural que se concretou en veladas teatrais, na que os actores e actrices eran mozos e mozas do pobo, actividades nas festas de Nadal e Reises, con Cabalgatas e festivais de panxoliñas, xantares populares na festa de Corpus, actividades deportivas como partidos de fútbol, carreiras ciclistas, carreiras de sacos, carreiras de burros, festas na Chousiña, etc. Todos os que temos unha certa idade lembramos con certa nostalxia aqueles anos.

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Hai que sinalar tamen outras actividades como un Curso de Promoción Cultural e Alfabetización de Adultos de 75 días, as Conferencias de Extensión Agraria sobre actividades agrícolas e da concentración parcelaria, ou tamén cursos do Programa de Promoción Profesional Obrera (PPO) a mediados dos anos 70 sobre temas como cociña e costura, dirixidos ás mulleres. Neses cursos as nosas nais coñeceron como se facían uns ovos a flamenca, uns emparedados fritos ou os canelóns con bechamel. Tamén a facer alfombras, coxíns  ou unha colcha.

Seguramente hai moitas mais actividades que eu non lembro pero que quedaron ahí na memoria colectiva dos veciños de Parderrubias e que forman parte do patrimonio inmaterial da nosa Parroquia que debe alomenos ser lembrado para as novas xeracións.

PD: Invito a todos aqueles que teñan fotografías ou carteis dalgunha actividade levada a cabo durante estes anos a que as acheguen a Juan Carlos Sierra para que poidan ser recollidas e documentadas para ser espostas nun futuro.


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego

1966-2016: se cumplen 50 años de la creación del Teleclub de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara

A petición de Juan Carlos Sierra, que escribió el anterior artículo sobre este tema, y con el fin de complementarlo, voy a exponer algunos datos sobre la creación y funcionamiento en sus primeros años del Teleclub de Parderrubias, de los que conservo alguna documentación.

Los primeros años del Teleclub

Aun cuando el Acta de creación del Teleclub está fechada el 20 de abril de 1966, como consta en el documento adjunto (Documento 1), su actividad real como tal comienza a finales de 1967 cuando queda rematado el Salón Parroquial, construido para la Parroquia y que fue cedido para su uso como sede local del mismo. Este local fue edificado en terrenos de la Casa Parroquial para lo que fue necesario derribar una parte de la misma y del muro que la protegía. Debemos recordar que dentro del recinto de esa casa había un patio en el cual existía un horno en el que hasta bien entrado el siglo pasado se elaboraba el pan de buena parte del pueblo de A Igrexa y sobre cuya actividad también habría que escribir algún día.

En la fecha señalada se constituye la primera Junta Organizadora Provisional para la creación del Teleclub, la cual estaba formada por Don Manuel Fernández Rúas (Párroco de Parderrubias) como Presidente, Don Isolino Camba Casas (Maestro) como Vicepresidente, Don Benigno Seara como Secretario-Monitor, Don Laurentino Outumuro Outumuro como Tesorero, y los siguientes vocales: Don Eladio Grande Garrido, Don Alejandro Justo Sampedro, Don Jesús Fernández Fernández y Don Valentín Seara Prieto (Documento 1).

Documento 1_Acta
Documento 1. Acta de constitución del Teleclub

En aquel momento, una de las primeras tareas fue redactar las Normas Estatutarias del Teleclub para su funcionamiento, normas que quedaban resumidas en cinco capítulos, de los cuales extraigo lo más relevante.

El Capítulo 1 trata sobre la Localización del Teleclub y dice:

El Teleclub de Parderrubias, que así se llamará, tendrá como domicilio social el local Salón Parroquial”.

El Capítulo 2 se refiere a los fines de la asociación:

Su fin primordial será el perfeccionamiento cultural de sus asociados y fomentar la convivencia social y el espíritu asociativo”. También “…conseguir poner un medio de esparcimiento y recreo a disposición de los asociados”.

El Capítulo 3 habla de los socios:

La asociación al Teleclub será voluntaria y en beneficio de todos los vecinos, pertenezcan o no a la parroquia o municipio”.

Los socios tendrán voz y voto en las Juntas Generales y podrán ser elegidos miembros de la Junta Directiva”.

Los socios estarán obligados a acatar las normas de funcionamiento y respetar las decisiones de la Junta Directiva y satisfacer las cuotas acordadas”.

El Capítulo 4 se refiere a la Junta Directiva:

El Teleclub será regido por una Junta Directiva que integrará un Presidente, Vicepresidente, Secretario-Monitor, Monitor 2º, y como máximo tres vocales, uno de los cuales actuará como Tesorero”.

Será elegida y renovada anualmente por la Junta General de Socios y velará por el perfecto funcionamiento del Teleclub, presentando estado de cuentas anual y proyecto de actividades”.

“La administración de los fondos públicos le corresponde al Tesorero con el Visto Bueno del Presidente”.

Los cargos directivos serán honoríficos y sin derecho a retribución alguna”.

El Capítulo 5 define las cuotas de los asociados:

Las cuotas de los asociados serán mensuales y destinadas al sostenimiento del Teleclub”.

Una disposición transitoria señala que:

Con carácter provisional se constituirá la primera Junta Directiva”.

En una primea relación de socios del Teleclub figuran 50 socios. Existe también un escrito de cesión del Local que está siendo construido por la Parroquia como Salón Parroquial para su empleo como Teleclub, estableciéndose en él su Domicilio Social para la realización de las funciones y actividades del mismo.

La construcción de este Salón Parroquial se inició en el año 1965, finalizándose en 1967. En su edificación colaboraron, tanto con su trabajo como con una aportación económica de 300 pesetas, los vecinos de Parderrubias y Nigueiroá, obteniéndose una cantidad de 24.000 pesetas. También contribuyó la Hermandad de Labradores con una cantidad de 1.000 pesetas. Como datos históricos hay que señalar que trabajaron albañiles y carpinteros de la Parroquia, como los hermanos Hermenegildo, Benito y Manuel Outumuro, Adolfo e Higinio. Se empleó un camión de la Diputación de Ourense cedido durante un día para el desescombro. Mucho de los materiales empleados fueron suministrados por los Almacenes de Construcción Sierra. La  puerta principal tuvo un coste de 675 pesetas y las ventanas 2.000. Se adjunta documento manuscrito de Don Manuel Fernández Rúas de los gastos de las obras (Documento 2).

Documento 2_Gastos
Documento 2. Gastos del Salón Parroquial

Según consta en Acta de 17 de diciembre de 1967, tiene lugar una Reunión de la Asamblea General del Teleclub en la que se da cuenta a los socios del Reglamento redactado. En esta asamblea también se comunica el cese del Presidente, Párroco de Parderrubias, Don Manuel Fernández Rúas que había sido destinado a otra parroquia y sustituido por Don Ramón Blanco Caride como nuevo párroco. Se acuerda nombrar a este último como Presidente del Teleclub y que el resto de Junta Directiva quede como estaba. En esta reunión se comunica el estado de cuentas y se aborda la admisión de nuevos socios quedando el asunto en estudio. Se le otorga a la nueva Junta la confianza para finalizar las obras del local solicitando la colaboración de los socios para rematar los trabajos restantes (Documento 3).

Documento 3_Junta diciembre 1967
Documento 3. Comunicación del Acta de la Asamblea General de Socios año 1967

El día 1 de noviembre de 1969 hay otra reunión en la que cesa Don Ramón Blanco como Presidente del Teleclub por ser destinado párroco en otra parroquia. Además se informa de la falta de fondos para el funcionamiento del Teleclub. Se procede al nombramiento de Don Hermisindo Andrade Pérez como Presidente y se renueva el resto de Junta, quedando como Vicepresidente Don Benigno Seara, como Secretario-Monitor Don Isolino Camba, como Tesorero Don Laurentino Outumuro y como Vocales Don Eladio Grande, Don Alejandro Justo y don Jesús Fernández. Se acuerda arreglar el televisor y realizar algunas obras de acondicionamiento del local y adquisición de mobiliario  para lo que se solicita una subvención al Gobierno Civil (Documento 4).

Documento 4_Junta 1969
Documento 4. Comunicación del Acta de la Asamblea General año 1969

El 23 de enero de 1970 se recibe la subvención solicitada por un importe de 40.000 pesetas que fueron invertidas en el acondicionamiento del local. Nuevamente se produjeron cambios en la Junta Directiva. El 3 de enero de 1971, bajo la presidencia de Don Benigno Seara, se reúne la Junta Directiva para formalizar el cese como Presidente de Don Hermisindo Andrade por ser destinado como párroco a otra localidad. En esta reunión se informa también de la subvención recibida de 40.000 pesetas y se acuerda regular mejor el uso del local y solicitar una ayuda al Concello para gastos ordinarios. También se acuerda convocar una Asamblea de Socios para elegir nuevo Presidente, proponiéndose para el cargo al nuevo párroco Don José Gayo Arias, natural de A Manchica.

A partir de este momento la actividad del Teleclub va decreciendo y apenas se producen movimientos en su Junta Directiva, salvo la organización de una peregrinación el 28 de abril de 1971 a Santiago de Compostela con motivo de la celebración del Año Santo, a la que acudieron unos 40 vecinos del pueblo (Documentos 5 y 6).

El Teleclub sigue en funcionamiento, tal como señala Sierra Freire en el anterior artículo hasta los años 90, pero su actividad se reduce drásticamente debido especialmente a la presencia de televisores en los bares y casas particulares. La asistencia al local se limita a los vecinos de A Iglesia y algunas reuniones parroquiales con motivo de alguna actividad especial o reuniones de mozos y mozas.

Asistencia y materiales del Teleclub

En una encuesta realizada en el año 1972 para la Oficina de Información y Turismo (CITE) podemos entresacar datos destacables acerca de la actividad del Teleclub durante su época dorada (1967-1972). El número de socios llegó a ser de 160, por lo que se puede afirmar que prácticamente todos los vecinos de la Parroquia llegaron a ser socios del Teleclub. La asistencia al local era de unas 15-20 personas diarias por la semana, cifra mucho más elevada en los fines de semana o cuanto tenía lugar alguna actividad importante. La hora de mayor asistencia era por la tarde-noche, pues era cuando, especialmente en invierno, cesaban lan actividades laborales en el campo y era cuando la televisión emitía los programas de mayor audiencia. El domingo era el mejor día. Los programas televisivos más vistos en aquella época eran las novelas, el concurso Cesta y Puntos, los partidos de fútbol, los telediarios…

Los materiales existentes en el Teleclub en un primer momento eran escasos: un televisor en blanco y negro, que se estropeaba frecuentemente, mesa del televisor, una librería para unos escasos libros (colección de Historia de España de Salvat, colección de libros RTV, y revistas de Teleradio y Teleclub), un armario, cuatro mesas, veinte sillas y ocho bancos. Con el tiempo se fue renovando este material y adquiriendo alguno nuevo.

Teleclub2
Interior del Teleclub

Actividades del Teleclub

A pesar de que la actividad individual más frecuente realizada en el Teleclub era ver la televisión y la lectura, éste sirvió también de dinamizador de actividades deportivas, culturales, así como de programación y diseño de obras básicas en la Parroquia. Entre las actividades relativas a obras de mejora de infraestructuras en la Parroquia destacan la propia construcción del Teleclub y la mejora de sus instalaciones, la construcción de una pista a A Iglesia, el arreglo de caminos y fuentes (en A Iglesia, O Valdemouro o Nigueiroá), lavaderos, luz pública, etc.

En esos años tuvo lugar un gran número de obras fundamentales para Parderrubias, culminando con la Concentración Parcelaria, que supusieron en aquel momento una apuesta fundamental por la modernización, que en algunos casos llegó a generar cierta controversia, pero que vistas con la perspectiva del tiempo, fueron claves para la modernización del pueblo. Y todo esto se hizo con el esfuerzo, colaboración y aportación económica de todos, lo cual fue merecedor de alabanzas en el fortalecimiento de nuestra autoestima como pueblo.

En cuanto a actividades culturales, estos años supusieron una brillante e inolvidable actividad cultural reflejada en veladas teatrales, en las que los actores y actrices eran los mozos y mozas del pueblo, actividades en Navidades y Reyes con festivales de villancicos y cabalgatas, comidas populares en la Fiesta de Corpus, actividades deportivas como partidos de fútbol, carreras ciclistas, carreras de sacos o de burros, fiestas en A Chousiña, etc. Todos los que tenemos cierta edad recordamos con cierta nostalgia aquellos años.

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Son destacables también otras actividades como el Curso de Promoción Cultural e Alfabetización de Adultos de 75 días, las Conferencias de Extensión Agraria sobre actividades agrícolas y de la concentración parcelaria, o los Cursos del Programa de Promoción Profesional Obrera (PPO) a mediados de los años 70 sobre cocina y costura, dirigidos a las mujeres. En ese curso nuestras madres aprendieron, entre otras cosas, a cocinar unos huevos a la flamenca, unos emparedados fritos o unos canelones con bechamel; también a hacer alfombras, cojines o una colcha.

Seguramente hay muchas más actividades que yo no recuerdo, pero que quedaron en la memoria colectiva de los vecinos de Parderrubias y que forman parte del patrimonio inmaterial de nuestra Parroquia, que deben ser al menos recordados para nuestras nuevas generaciones.

PD: Invito a todos aquellos que tengan fotografías o carteles de alguna de las actividades realizadas durante estos años que contacten con Juan Carlos Sierra, Editor de este Blog, para que puedan ser recogidas y documentadas para una futura exposición.