Categoría: Siglo XX

Festividad de la Virgen del Rosario en Parderrubias: 350 años de historia (1673-2023)

Festividad de la Virgen del Rosario en Parderrubias: 350 años de historia (1673-2023)

Por Juan Carlos Sierra Freire

Dice la tradición que, en julio de 1200, la Virgen se apareció, rosario en mano, a Domingo de Guzmán con el mandato de que lo enseñara a toda la Humanidad. Los primeros en recibir dicha enseñanza fueron los soldados de Simón IV de Monfort, gracia a la que atribuyeron la victoria en la Batalla de Muret. Como agradecimiento levantaron la primera capilla dedicada a la advocación de la Virgen del Rosario. Ya en el siglo XVI, a sus favores se atribuye la victoria en la famosa batalla de Lepanto, en la que las tropas cristianas vencen a las turcas el 7 de octubre de 1571. A partir de este momento la devoción a la Virgen del Rosario se difunde por todo el mundo cristiano, celebrándose el 7 de octubre su festividad. Un exponente de la gran expansión que alcanzó su advocación es el número de cofradías repartidas por todo el territorio cristiano.

La Cofradía del Santísimo Rosario fue fundada a finales del siglo XV por la Orden de los Dominicos, siendo por tanto su autor y fundador santo Domingo de Guzmán. Sus miembros se comprometían a rezar semanalmente los quince misterios del Rosario e incluir en sus intenciones las de los demás miembros de la cofradía, beneficiándose de indulgencias plenarias en las festividades de Navidad, Pascua, Purificación, Asunción, Rosario e Inmaculada Concepción, y parciales. Confiesan y comulgan los primeros domingos de mes y participan en las procesiones de la Virgen del Rosario.

Entre las cofradías que fueron surgiendo con el tiempo se encuentra la de Parderrubias, que este año 2023 cumple 350 años de su primera celebración. La Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de la parroquia de Parderrubias probablemente sea la cofradía más antigua de la feligresía al ser fundada en 1672, casi cien años antes de la construcción de la actual iglesia parroquial.

El 11 de diciembre de 1672, frai Jerónimo Bordallo, perteneciente a la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Orense, haciendo uso de la autoridad que ostentaba para fundar cofradías, y con licencia del Señor Obispo Baltasar de los Reyes y el beneplácito del párroco don Lorenzo Gómez Pizarro, funda la Cofradía de la Virgen del Rosario en la parroquia de Parderrubias. En el documento fundacional se instituye como fiesta del Rosario el primer domingo de octubre: “día en el que se celebrará misa, fiesta y procesión, con la solemnidad que se pueda”. Además, se establece que los cofrades que, en ese día, se confiesen, comulguen y visiten el altar de la Virgen del Rosario serán merecedores de ganar el jubileo.

Se nombra capellán de la cofradía al párroco don Lorenzo, que tendrá autoridad para inscribir a cofrades, bendecir rosarios y consagrar velas para el bien morir. Como primer mayordomo es nombrado Pedro Martínez, quien ejercerá hasta el primer domingo de octubre del siguiente año, fecha en la que se renueve su cargo o se elija un sustituto. Entre sus obligaciones están la de pedir todo género de limosnas para la adquisición de velas y adornos de la Virgen, así como colocar a la Virgen en unas andas todos los primeros domingos de mes.

Además, en el acta fundacional se establece que los cofrades que se confiesen, comulguen y visiten el altar de la Virgen del Rosario los primeros domingos de mes ganarán el jubileo, y que el cofrade que muera con una vela bendecida en honra de la Virgen del Rosario ganará el perdón de todos sus pecados.

Aceptación del primer capellán de la Cofradía: el párroco don Lorenzo Gómez Pizarro

Estatutos Fundacionales de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de Parderrubias

Las Constituciones (o Estatutos) Fundacionales son firmadas por el párroco don Lorenzo Gómez, junto con seis Hermanos, el 2 de octubre de 1673, incluyéndose 12 artículos. A saber:

  1. Cualquier persona que quiera ser admitida en dicha Santa Hermandad, deberá pagar dos reales de limosna y, en los años venideros, un real por año, para misas, cera y gastos que tuviese la Hermandad.
  2. A los dos años de la fundación de la Hermandad, si alguna persona la abandona, para su readmisión deberá pagar cuatro reales, y de ahí en adelante dos reales por año.
  3. La Hermandad prima la caridad, la piedad y la misericordia para con el prójimo, por lo que, para no privar a los pobres de solemnidad de sus gracias e indulgencias, el capellán nombrará a dos Hermanos para pedir limosnas por toda la feligresía hasta obtener las cantidades necesarias para su entrada y mantenimiento.
  4. La Hermandad poseerá un arca con tres llaves para las limosnas; dos de ellas para la tapa principal y la otra para un cajón que está dentro. La llave del cajón y una de la cubierta las tendrá el capellán, y la otra estará en posesión del mayordomo, de manera que el capellán sin el mayordomo, ni el mayordomo sin el capellán, puedan sacar dinero, sin estar los dos presentes.
  5. Los Hermanos cumplirán todos los primeros domingos de cada mes jubileo plenísimo en esta iglesia, y en esos días traerán las limosnas recogidas en el mes antecedente, las cuales se echarán al cajón.
  6. Para que no haya deudas ni cargas de dichas limosnas en poder de los mayordomos, un día después de la fiesta principal -el primer domingo de octubre-, se llamará a los cuatro Hermanos más antiguos de dicha Hermandad, para que junto con el capellán hagan cuentas con el mayordomo y depositen en el cajón lo recaudado para las compras necesarias de la Hermandad.
  7. Para celebrar los cuatro Aniversarios que dispone la Bula no se llamará más que a dos sacerdotes y al capellán, y a cada uno se le darán cuatro reales de limosna, más otro real para el desayuno. Y en la fiesta principal, que es dicho primer domingo de octubre, se llamarán tres sacerdotes y al capellán con la misma limosna de los cuatro reales y uno más de desayuno, salvo que el mayordomo quisiese llamar a más sacerdotes por su devoción, que en todo caso correría por su cuenta el darles satisfacción.
  8. En las procesiones de la Santa Hermandad, en los cuatro Aniversarios y en los entierros de los Hermanos, habiendo veinte antorchas y velas, arderán ocho, y si hubiera treinta, arderán doce y, en esta misma conformidad, se irán multiplicando cuatro por diez. Y esto, no solo desde la casa del difunto hasta la iglesia, sino también durante los oficios. Admitiendo que cuando se echase el cuerpo del difunto, ardiese toda la cera que hubiese. Y lo mismo en la fiesta principal del primer domingo de octubre.
  9. Se tendrá mucho cuidado con la cera de la Hermandad, para que no falte, ni se malgaste ni quiebre, por lo que ordenamos que el mayordomo, o persona que nombrase, cobrará los desperfectos. Y el Hermano que entregase la antorcha quebrada pagará al mayordomo medio real si es de una libra, y un real si es de dos libras. De no hacerlo, correrá el mayordomo con los gastos de las faltas y daños que hubiera.
  10. Si en los límites de la feligresía muriese algún pobre mendicante se ordenará la cera para su entierro como si fuese un Hermano de dicha Hermandad.
  11. En todas las ocasiones que saliese públicamente el Viático a cualquier enfermo de dicha feligresía, irán Hermanos con sus antorchas acompañándole. Igualmente, el Hermano que se hallase en el lugar, con entera salud y no impedido, no viniese acompañarle, no acudiese a los entierros de los Hermanos o no asistiese a los cuatro Aniversarios, en la primera, segunda y tercera vez será condenado a cuatro cuartos por cada una de las faltas, y de allí en adelante a un real, todo lo cual se destinará a cera y demás gastos de la Hermandad.
  12. Los ornatos, joyas y cera que hubiera en dicha Hermandad no se podrán prestar para ningún festejo, ni fiestas, ni dentro ni fuera de dicha feligresía, pues son conocidos los grandes inconvenientes y pérdidas que tienen, y de hacerlo es su total destrucción y ruina.

Posteriormente, se añadió un nuevo artículo, el número 13:

13. Todos los que quisiesen formar parte de la Hermandad siendo solteros, serán admitidos con un real de entrada, y de ahí en adelante pagarán un cuartillo de limosna.

En el año 1798, con 48 años, ejerce de mayordomo de la cofradía Bartolomé Sierra, vecino de O Outeiro y trastatarabuelo del autor de este artículo. A su entrada dispone de 266,10 reales, provenientes de las cuotas de los cofrades y de las limosnas. Con ese monto se hace cargo de la misa cantada en el día de la Virgen del Rosario, de la cera y del aceite de la lámpara de la Virgen, dejando un saldo de 72,10 reales.

Un documento con fecha de 16 de mayo de 1806, firmado por José Díaz, Vicario General de la Orden de los Dominicos, con sede en el Convento de Santo Tomás de Madrid oficializa la Cofradía, nombrando capellán de la Hermandad al párroco y ordenando celebrar la Fiesta del Rosario el primer domingo de octubre.

Primera actualización de los estatutos: 1867

Los estatutos redactados en 1673 estarían vigentes durante 194 años, hasta 1867, fecha en la que el párroco don Manuel Belvis los reforma, formulando los siguientes quince artículos:

  1. Todos los vecinos de la parroquia, desde que cumplan los siete años, se contemplan Hermanos.
  2. Para sostener los gastos de la Cofradía, pagará cada matrimonio un real y cada viudo medio real; todos los demás desde los siete años cumplidos pagarán veinticinco céntimos.
  3. La fecha en la que principia la obligación de pagar es desde el mismo día de la Fiesta del Rosario, primer domingo de octubre; de suerte que el que no cumpla los siete años antes de este día, o contraiga matrimonio después, no principia a pagar hasta el año siguiente, aunque gozará de los privilegios de los demás.
  4. A cuenta de la cantidad que resulte se costeará la misa solemne, el día de la Fiesta, con cinco señores sacerdotes al menos, y lo restante se invertirá en cera para sostener diez blandones que arderán durante los funerales de los Hermanos.
  5. Si alguno quisiera tener algún acto voluntario, abonará por cada uno cuatro reales, y siendo con misa seis.
  6. Cada año habrá un mayordomo elegido públicamente por el saliente a su voluntad, que debe tener veinte y cinco años cumplidos y no haber desempeñado dicho cargo.
  7. En el caso de que en una misma casa haya dos o más hermanos, podrá ser nombrado cualquiera de ellos, siempre y cuando alguno no lo hubiese sido en los diez años anteriores.
  8. Las obligaciones de los mayordomos son asistir a las misas de los actos y entierros de los Hermanos, colocar los bancos de la cera con los blandones, cuidar de estos durante el tiempo de estos, distribuir la cera a los Hermanos al salir los cadáveres de la casa, recogerla después colocándola en su sitio, así como los bancos a su puesto. También distribuirá y recogerá otra cera en la procesión de Corpus, y Jueves Santo y Viernes Santo. Será igualmente de su obligación cobrar de los Hermanos lo que le corresponda pagar según la lista que le entregue el párroco. Llamar a los sacerdotes para la función principal que le señale el párroco y rendir al mismo las cuentas cuando se las pida.
  9. También será obligación del mayordomo pedir por toda la parroquia limosnas para la Virgen en las cosechas de centeno y maíz, cuyas limosnas se postrarán a la puerta de la iglesia a la salida de la misa parroquial en algún día festivo inmediato después de haber cobrado, y de cuya cantidad dará cuentas al párroco igualmente.
  10. De la limosna del maíz saldrá para encender la lámpara de la Virgen todos los días festivos, la cera o aceite que alumbre durante el rosario y misa parroquial, y en las procesiones de la Virgen, y para los demás repasos de ropas de la Imagen y sus adornos. Y de las limosnas del centeno se costearán fuegos y músicos para el día y vísperas de la función principal, a proporción de lo que de este fruto se recaude.
  11. Si algún Hermano rehusase servir de mayordomo sin legítima causa a juicio de la mayoría de los Hermanos podrá ser expulsado de la Cofradía y privado de los beneficios de los demás Hermanos con respecto a funerales, sin que se le vuelva a admitir, a menos que entre sirviendo aquel año y abonar además dos libras de cera para la Hermandad.
  12. El mayordomo que incurriera en la falta de poner la cera correspondiente en la misa de los ritos y entierros, así como de presentarla en el sitio y el acto de levantar los cadáveres pagará de multa cuatro reales al heredero o cumplidor que se empleará en una misa por el difunto.
  13. Iguales obligaciones, y bajo las mismas penas, tiene el mayordomo de la hermandad de San José con respecto a entierros, si bien para cobrar solo tiene que hacerlo de un real por cada vecino.
  14. Cuando tengan los mayordomos que asistir en la iglesia para cuidar de la cera, al mismo tiempo que llevarla a la casa mortuoria podrán alternar ambos en uno y otro sitio.
  15. Se establece que todas las dudas o dificultades que ocurran las resolverán a mayoría de votos el párroco con el mayordomo y los tres Hermanos más ancianos.

Estas nuevas constituciones fueron firmadas el 13 de octubre de 1867 por el párroco don Manuel Belvis, y los vecinos Domingo Antonio Casas, Luis Pérez, Manuel Casas, José Grande, Ramón Sampedro e Inocencio Suárez.

Segunda revisión de los Estatutos: años 20

Siendo párroco de Parderrubias don Ambrosio Cid Fariña (1926-1929), las Constituciones por las que se regía la Hermandad, dictadas sesenta años antes por don Manuel Belvis, volverían a ser actualizadas. Tal como consta, “parte de las referidas constituciones había caído en desuso, habiendo ya sido sustituidas por otras nuevas”. Por tanto, para proporcionar estabilidad a las normas por la que debe regirse la Hermandad, con arreglo a las necesidades y exigencias de los nuevos tiempos, se celebró Junta General de los Hermanos de la Cofradía bajo la presidencia del cura-ecónomo de la parroquia don Ambrosio Cid, y de común acuerdo se establecieron las siguientes constituciones.

  1. La Junta Directiva de esta Hermandad se compone del Presidente, que es el señor cura de la parroquia, de un Depositario y de un Fiscal. A estos compete, en unión con dos Hermanos de los más antiguos, el resolver las dudas que ocurran acerca del cumplimiento de las Constituciones por las que se rige la Hermandad.
  2. Se consideran Hermanos de esta Cofradía todos los feligreses de esta parroquia que hayan cumplido siete años y hecho la Primera Comunión. Los padres de familia cuyos hijos hayan practicado la Primera Comunión deberán advertir al señor cura un domingo antes de la Fiesta del Rosario que les inscriba en el libro de la Hermandad.
  3. Para mantenimiento de los gastos de esta, contribuirá cada familia con 0,75 pesetas anuales, y si esta se compone de un solo individuo 0,40 pesetas.
  4. La obligación de pagar comienza el primer domingo de octubre, si para esta fecha constituye familia separada o vecino distinto y determinado.
  5. A expensas de la cantidad recaudada se costearán los gastos ocasionados al señor cura con motivo de la confesión de los Hermanos, que será la víspera o antevíspera, la misa solemne del día de la fiesta, que será con cinco sacerdotes a lo menos, la cera que arderá durante los funerales de los Hermanos, diez blandones en el túmulo o catapulto y seis velas en el altar, y el adquirir y conservar las insignias de la conducción funeraria.
  6. Si algún Hermano desea tener un acto, abonará por la cera cinco pesetas, y si cualquier extraño a la Hermandad desea tener funeral o acto, abonará por el mismo concepto diez pesetas.
  7. Cada año habrá un mayordomo que será elegido en suerte por el saliente; este deberá aceptar con tal que tenga veinticinco años cumplidos, heredado por padre o madre, y no haya desempeñado este cargo en los diez años anteriores.
  8. Las obligaciones de los mayordomos son colocar oportunamente los bancos de la cera con los blandones y cuidar de ellos durante los funerales y actos, y guardar la cera y retirar los bancos en el mismo día del funeral o actos. Si faltasen a algunas de estas citadas obligaciones, pagará dos pesetas de multa a petición del Fiscal. Además, se encargará antes de la Fiesta del Rosario de cobrar la cuota anual con la que debe contribuir todo Hermano.
  9. Si algún Hermano rehusase aceptar el cargo de mayordomo, sin legítima causa a juicio de la Junta Directiva, podrá ser expulsado de la Hermandad y privarle de los beneficios de esta con respecto a los funerales. No podrá admitirse sin que prometa desempeñar este cargo en el primer año y pagar además dos libras de cera para la Hermandad.

Estas Constituciones son firmadas por el párroco don Ambrosio Cid y por los Hermanos Serafín Sierra (bisabuelo del autor de este trabajo) y Germán Seara.

Con el tiempo fueron modificados los artículos 3, 6 y 9, pasando a redactarse de la siguiente forma:

3. Para el sostenimiento de los gastos de esta, contribuirá cada Hermano con la cantidad de 0,25 céntimos anualmente.

6. Si algún hermano desea tener un acto, abonará por la cera cinco pesetas. Y si algún extraño a la Hermandad desea tener un funeral o acto, abonará por el mismo concepto veinticinco pesetas, que entregará al depositario antes de conseguir el permiso necesario.

9. Si la Junta Directiva eligiese algún Hermano para desempeñar un cargo en la Cofradía y se negase a aceptarlo, sin causa justificante a juicio de la Junta Directiva, y no haya desempeñado algún cargo en la misma en los diez años anteriores, podrá ser expulsado de la misma sin derecho a indemnización alguna, y no podrá ingresar de nuevo si antes no promete el desempeñar el mismo cargo y pagar dos libras de cera para la Hermandad.

El Rosario Viviente

Relacionado a la Cofradía del Santísimo Rosario, existía el Rosario Viviente, asociación fundada en 1826 por Pauline Marie Jaricot. Se trata de círculos de 15 miembros; cada uno de ellos tiene la obligación de rezar un misterio cada día de la semana, de manera que todos los miembros completan diariamente los quince misterios del Rosario. En Parderrubias, los miembros eran asignados al círculo (o coro, como se denominaba en nuestra parroquia) mediante un sorteo. El sorteo de enero de 1879 dio el siguiente resultado. Misterios Gozosos: Avelina Sueiro (1º), Benito Sueiro (2º), Bernardina Sueiro (3º), Manuel Sueiro (4º) y Dominga Seara (5º). Misterios Dolorosos: Benito Outumuro (1º), Josefa Sueiro (2º), José Outumuro (3º), Ángel Outumuro (4º) y don Manuel Belvis (5º). Y Misterios Gloriosos: Juan Manuel Pérez (1º), Anacleto Belvis (2º), Sabrina Pérez (3º), Isabel Pérez (4º) y Manuel Barracel (5º).

Conclusión

Este año 2023 se cumplen 350 años de la primera festividad de la Virgen del Rosario en Parderrubias, a cargo de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, probablemente la más longeva de la parroquia. El celo y el respeto por las tradiciones que mantuvieron nuestros antepasados han hecho que podamos celebrar este aniversario. Deseamos que las actuales y futuras generaciones sigan velando por las tradiciones de nuestro pueblo y que la Festividad de la Virgen del Rosario -no tanto ya la Hermandad, pues cayó en la inactividad hace ya décadas- pueda seguir celebrándose conforme a las tradiciones, respetando, por ejemplo, la fecha instaurada hace más de tres siglos: el primer domingo de octubre.

Video de José Luis Camba
Recorrido histórico a través de los registros de bautizados de Parderrubias

Recorrido histórico a través de los registros de bautizados de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

El origen de las partidas de bautismo se sitúa en el año 1564, fecha en la que el rey Felipe II decreta la ejecución de los acuerdos del Concilio de Trento (1545-1563), en los que se exige a las parroquias el registro de los bautizos, los casamientos y las defunciones de sus feligreses. La parroquia de Parderrubias tiene registros de bautizados desde ese mismo año 1564, convirtiéndose de esta manera en una las que cuenta con más documentación histórica de toda la diócesis ourensana. El primer bautizo legible que aparece registrado en el libro de bautizados corresponde al de la niña Constança, bautizada el primer domingo de septiembre de 1564 por el párroco don Francisco Casullo. Véase Se cumplen 450 años del nacimiento de 14 vecinos y de cuatro casamientos en Santa Olaia de Parderrubias.

En los registros parroquiales de bautizados se encuentra la fecha de bautismo y de nacimiento, el nombre del bautizado, su sexo, el nombre de sus padres, el de sus abuelos paternos y maternos, el de los padrinos, a los que se les advierte del parentesco espiritual que contraen con el bautizado en enseñarle la doctrina cristiana, así como el nombre y la firma del párroco. El contenido de esta información, y su redacción, fue evolucionando con el paso de los siglos. Este artículo pretende documentar esta evolución desde el año 1700 hasta 1930, mediante ejemplos de partidas de feligreses de distintas generaciones registradas en los libros parroquiales de Parderrubias. La parroquia cuenta con ocho libros en los que se pueden encontrar todos los bautizos realizados desde el año 1564.

Dada la falta de homogeneidad a la hora de inscribir al bautizado, en 1765 se ordena redactar en todos los libros de bautizados de la diócesis un documento estándar que sirviera de modelo para dicha inscripción, en la que se concretan algunas situaciones no habituales. Por ejemplo, si el bautizado no fuese fruto de “legítimo matrimonio” se inscribiría como hijo/a de padres desconocidos -en los libros parroquiales de Parderrubias es común encontrar en su lugar la expresión de “madre soltera”-. Si el recién nacido estuviese en peligro de muerte inminente -realidad bastante habitual durante muchos años-, podía ser bautizado de necesidad por alguno de los padres, familiar o vecino, hecho que quedaría reflejado en la partida. En caso de sobrevivir, y existiendo duda acerca del bautizo doméstico, se llevará a cabo la ceremonia habitual en la iglesia, que quedará reflejada en la partida como bautizo sub-conditione.

Antigua pila bautismal de la iglesia de Parderrubias

1700-1749

Manuela Iglesias Grande, esposa de Antonio Sierra Casas, nace el viernes 29 de marzo de 1715 en O Outeiro, siendo bautizada nueve días más tarde por don Francisco Álvarez, cura que regentó la parroquia entre 1709 y 1726. En esta partida de Manuela se puede observar ya claramente la referencia a “hijo legal” (i.e., fruto de matrimonio legítimo) y a las condiciones contraídas por los padrinos del recién nacido.

En seis de abril de mil siete cientos quince, yo Francisco Álvarez, Abad de esta dicha feligresía de Santa Eulalia de Parderrubias, bauticé solemnemente una niña, hija legítima de Nicolás de la Iglesia y de Cristina Grande, su mujer, a nueve días de su nacimiento. Púsele nombre Manuela. Fueron sus padrinos Pedro de Outumuro y Manuela Grande, todos vecinos de esta feligresía. Advertiles del parentesco y lo demás que dispone el Ritual Romano. Y para que conste, lo firmo de mi nombre, dicho día. Francisco Álvarez”.

Manuel Seara Garrido nace el miércoles 24 de mayo de 1741, en Barrio, siendo bautizado el 1 de junio por don Francisco Antonio Delgado, con licencia del párroco de Parderrubias don Juan Pérez, quien estuvo al frente de la parroquia desde 1730 a 1743. En esta partida de Manuel encontramos un bautizo llevado a cabo por un cura que, al no ser el párroco titular, lo realiza bajo la licencia del regidor de la parroquia, en este caso don Juan Pérez. Este “invitado” solía ser un clérigo cercano a la familia. Como en este caso, es habitual que ambos curas firmen la partida.

En primero de junio del año de mil siete y cientos y cuarenta y uno, Yo Don Francisco Antonio Delgado, Presbítero y vecino del lugar de Proente, con licencia de don Juan Pérez, Abad y Cura propio de la parroquia de Sta. Eulalia de Parderrubias, bauticé solemnemente y puse los Stos. Óleos a Manuel, que nació en veinte y cuatro de mayo, hijo de Baltasar Seara y de Ana María Garrido, su mujer. Fueron sus Padrinos Gabriel Seara y su mujer Ana María Outumuro, vecinos de Montelongo, parroquia de San Miguel de Soutopenedo, a quienes advine el parentesco espiritual. Y con dicho Abad, lo firmo. Francisco Antonio Delgado. Juan Pérez”.

1750-1799

Bartolomé Sierra Iglesias nace en el pueblo de O Outeiro, el viernes 20 de marzo de 1750, siendo bautizado ese mismo día por don José Montes Villar, clérigo que estuvo al frente de la parroquia desde 1743 a 1753.

En veinte de marzo de dicho año 1750, Yo, Don Joseph de Montes y Ulloa, Teniente Cura de la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias bauticé solemnemente y puse los Santos Oleos a Bartholomé, hijo de Antonio Sierra y Manuela Yglesias. Fueron sus padrinos Bartholomé Yglesias y María Yglesias del lugar de Barrio. Y les advertí lo dispuesto por el Ritual Romano. Y lo firmo. Joseph de Montes y Ulloa”.

José Casas Martínez nace también en el pueblo de O Outeiro el sábado 14 de enero de 1769 y es bautizado de necesidad el mismo día por José Barros, ceremonia ratificada por don Manuel Rodríguez al día siguiente, párroco de Parderrubias entre 1754 y 1772. Esta partida de José es un ejemplo de bautizo de necesidad llevado a cabo por un vecino de la familia, dado el elevado riesgo de muerte que tenía el recién nacido. José sobrevive, por lo que al día siguiente el párroco ratifica el bautizo hecho por José Barros. No se realiza bajo el formato de sub-conditione, pues el cura da plena credibilidad al bautizo de necesidad que había tenido lugar el día anterior.

En el día catorce del mes de enero del año de mil setecientos y sesenta y nueve, José Barros, vecino de este lugar de la Iglesia de la feligresía de Sta. Eulalia de Parderrubias, bautizó por necesidad a un niño que nació en dicho día, hijo legítimo de Santiago Casas y de Isabel Martínez, vecinos del lugar del Outeiro, que es de esta feligresía. Y al día quince del mismo mes, yo el infra escrito cura propio de dicha feligresía, suplí las sagradas ceremonias que prescribe el Ritual Romano y no le bauticé sub conditione por no tener duda del valor de su bautismo. Púsele por nombre José, y advertí al bautizarse el parentesco espiritual que contraía con el bautizado y sus padres. Y para que conste, lo firmo. Manuel Rodríguez”.

Fernando Seara Fernández nace el sábado 7 de febrero de 1795 en Barrio, y es bautizado el día 11 de ese mismo mes por el cura don Pedro Fernández, que estuvo al frente de la parroquia de 1791 a 1795. La partida de bautismo de Fernando Seara ejemplifica otro caso de bautizado causa necesitatis en la propia casa por su padrino Fernando Outumuro, dado al evidente peligro de muerte inminente. Una vez que sobrevive, Fernando es bautizado sub-conditione. Este tipo de bautismo se lleva a cabo cuando no hay certeza absoluta de que se haya recibido anteriormente. Ante la duda se bautiza sub-conditione. En este caso, el párroco don Pedro no tendría la certeza de que el bautizo de necesidad realizado por Fernando Outumuro cumpliese con todos los requerimientos necesarios. Otro dato que destaca en esta partida es la inclusión de los nombres de los abuelos paternos y maternos, cumpliendo de este modo la norma establecida en 1765. Hasta esa fecha, las partidas de bautismo de Parderrubias no solía incluir dicha información.

En once de febrero de mil setecientos noventa y cinco, yo el infra escrito cura vacante de esta parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias bauticé sub conditione y en lo demás solemnemente un niño de Blas Seara y de su mujer Jacinta Fernández, del lugar de Barrio, al que puse nombre Fernando, nació el día siete de dicho mes y año. Fue su padrino Fernando Outumuro vecino del Outeiro, el que le había echado el agua de socorro, y le advertí el parentesco que había contraído y demás obligaciones. Abuelos paternos, Manuel Seara y su mujer Benita Casas, vecinos de este lugar de la Iglesia; maternos, Damián Fernández y su mujer Manuela Iglesia, vecinos del otro de Barrio, y todos de esta feligresía. Y para que conste, lo firmo. Don Pedro Fernández”.

1800-1849

El lunes 16 de diciembre de 1805 nace en el pueblo de O Outeiro Matías Sierra Seara, el tercer hijo de Bartolomé y Manuela. Ese mismo día, Matías es bautizado por el cura don Miguel Cayetano Grande, que regentó la parroquia de Parderrubias desde 1795 a 1828.

En dieciséis de diciembre de mil ochocientos y cinco Yo el infra escrito Abad y Cura Párroco de esta feligresía de Santa Eulalia de Parderrubias bauticé solemnemente y puse los Santos Oleos a un niño que se dijo había nacido en el mismo día diez y seis, hijo lexítimo de Bartolomé Sierra y Manuela Seara del lugar del Outeiro de esta de Parderrubias. Púsosele de nombre Mathias. Fue su padrino Josef Casas del referido lugar de Outeiro, a quien advertí el parentesco y obligaciones. Son abuelos paternos de este niño Antonio Sierra y Manuela Iglesia del repetido del Outeiro, y maternos Manuel Seara y Francisca Montes del lugar de Barrio, todos y el Padrino de esta expresada de Parderrubias. Y que conste lo firmo. Miguel Cayetano Grande”.

Tomás Seara Garrido nace en Barrio el miércoles 13 de diciembre de 1848, siendo bautizado al día siguiente por don Antonio Barros, párroco de Parderrubias durante los años 1848 y 1849.

En el día catorce de diciembre año de mil ochocientos cuarenta y ocho, yo Antonio Barros, Ecónomo de Sta. Eulalia de Parderrubias, bauticé solemnemente un niño que dijeron haber nacido el día trece dicho mes y año; púsele por nombre Tomás; es hijo legítimo de Fernando Seara y de Isabel Garrido. Abuelos paternos Blas Seara y Jacinta Fernández; maternos Juan Garrido y Bernarda Outumuro, todos naturales de esta parroquia. Fue su padrino Tomás Garrido a quien advertí lo que manda el Ritual Romano y que lo firmo ut supra. Antonio Barros”.

1850-1899

En la madrugada del martes 23 de enero del año 1866 nace en el pueblo de A Iglesia Serafín Sierra Mosquera, cuarto hijo de Matías Sierra Seara y de Rosa Mosquera Garrido. El cura don Manuel Belvis -que regentó la parroquia entre 1859 y 1894- certificaba el bautismo de Serafín. Don Manuel, siendo fiel a su meticulosidad, orden y afán por dejar a las generaciones venideras la mayor información posible, incorpora a esta partida de Serafín datos que hasta esa fecha estaban ausentes: hora del nacimiento, vinculación familiar del padrino y su profesión, así como el nombre de los testigos.

En el día veinte y cuatro de enero año de mil ochocientos sesenta y seis, yo el infrascrito Cura Párroco de esta bauticé solemnemente un niño que se me dijo haber nacido el día anterior como a las dos de la mañana, hijo legítimo de Matías Sierra, labrador, y Rosa Mosquera, del lugar da Iglesia. Abuelos paternos Bartolomé y Manuela Seara; maternos Felipe y Francisca Garrido del lugar de O Outeiro. Púsele por nombre Serafín. Fue su padrino su tío materno Manuel Mosquera, sastre del mismo lugar. Testigos, Teresa de Castro, mujer de Juan Manuel Pérez de la Iglesia e Ignocencio Seara, sacristán. Al padrino advertí las obligaciones. Y para que conste lo firmo. Manuel Belvis”.

Manuel Seara Casas, hijo de Tomás Seara Garrido y María del Socorro Casas Grande, nace el viernes 24 de julio de 1874 en O Outeiro. Don Manuel Belvis certificaba el bautismo de Manuel.

En el día veinte y seis de julio de mil ochocientos setenta y cuatro, yo el infra escrito Cura Párroco bauticé solemnemente un niño que se me dijo había nacido al amanecer del día veinte y cuatro, hijo legítimo de Tomás Seara y María del Socorro Casas do Outeiro. Abuelos paternos Fernando e Isabel Garrido de Barrio; maternos Pablo y María Benita Grande do Outeiro. Púsele por nombre Manuel. Fue su padrino su tío materno Manuel Grande da Iglesia al que advertí las obligaciones. Y para que conste lo firmo. Manuel Belvis”.

1900-1929

Paulino Sierra Iglesias, nacido el domingo 18 da agosto de 1901, fue bautizado dos días después, tal como recoge la partida de bautismo firmada por don Santiago Iglesias, coadjutor del párroco don Benito Garrido, quien regentó la parroquia de Parderrubias desde 1900 a 1919.

En la Iglesia Parroquial de Santa Eulalia de Parderrubias Provincia y Obispado de Orense a veinte de agosto de mil novecientos uno, D. Santiago Iglesias, Coadjutor del Párroco D. Benito Garrido bautizó solemnemente y puso por nombre Paulino a un niño que había nacido en el día dieciocho, hijo legítimo de Serafín Sierra y Luisa Iglesias vecinos de esta Parroquia en el lugar de la Iglesia, nieto por parte paterna de Matías Sierra y Rosa Mosquera vecinos de este lugar y Parroquia, y por la materna de Benito Iglesias y María Seara también vecinos de esta Parroquia; siendo su madrina Generosa Iglesias a quién se le advirtió lo que previene el Ritual romano y testigos Juan Seara y otros vecinos de esta Parroquia de Parderrubias. Y que así conste firmo ut supra. Firmado Santiago Iglesias y Benito Garrido”.

Carmen Seara Justo nació el sábado 18 de julio de 1914, a las dos de la madrugada, en O Outeiro. El mismo día en el que nació fue bautizada por don Benito Garrido, actuando como madrina Carmen Garrido, de Barrio, y como testigo el cura vecino don Adolfo Outumuro Outumuro.

En la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Parderrubias, provincia y diócesis de Orense, a diez y ocho días de Julio de mil novecientos catorce, yo D. Benito Garrido, Cura párroco de la misma bauticé solemnemente y puse por nombre María Carmen a una niña que dijeron había nacido el mismo día a las dos de la mañana en el lugar de Outeiro. Es hija legítima de Manuel Seara y de su esposa Isabel Justo naturales y vecinos de esta parroquia, nieta por línea paterna de Tomás y María Casas, difuntos, naturales del referido Outeiro y por la materna de José y Rafaela Casas, también difuntos y naturales del lugar de Barrio; siendo su madrina Carmen Garrido, vecina de dicho Barrio, a quien advertí lo que previene el Ritual Romano, y testigo D. Adolfo Outumuro de esta misma vecindad. Y para que así conste, extiendo esta partida y firmo ut supra. Firmado Benito Garrido”.

Esta última partida, correspondiente a Carmen, ejemplifica el modelo tipo de partida de bautismo, incluyendo la fecha de nacimiento y de bautizo, el nombre de la bautizada, alusión a hija legítima, nombres y lugar de nacimiento de los padres, nombres y lugar de nacimiento de los abuelos paternos y maternos, nombre y lugar de nacimiento de la madrina, advertencia sobre los compromisos adquiridos por los padrinos, nombre del testigo, y nombre y firma del cura.

Nota. La fuente de información de este artículo es el Arquivo Histórico Diocesano de Ourense, a cuya dirección y personal agradecemos la atención y dedicación prestada.

Fútbol en Parderrubias

Fútbol en Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

En Parderrubias siempre hubo tradición de fútbol y gusto por este deporte, siendo un acontecimiento habitual la disputa de partidos contra los pueblos de los alrededores o los que enfrentaban a solteros contra casados. En los años sesenta, esos partidos entre pueblos, catalogados en la categoría de fútbol modesto (“Modestos” como les titulaba la prensa local), tuvieron su escaparate en el diario La Región, con crónicas que poco tenían que envidiar a las de la prensa deportiva nacional. La prensa local era el escenario en el que se retaban los modestos.

A continuación, vamos a hacer un hueco a esas crónicas, rescatándolas de la hemeroteca con el fin de hacer evidente que el fútbol en Parderrubias se vivía con pasión. Los partidos en casa se jugaban en un terreno situado en el monte comunal y en su organización tenía mucho que ver el párroco don José Manuel Fernández Rúas, tal como se puede observar en la fotografía que encabeza este artículo.        

C. D. Parderrubias 2 – R. Mezquita 1

Se celebró en esta villa un partido entre el Parderrubias y el Mezquita, resultando vencedor el primero por dos tantos a uno. Empezó el encuentro con dominio intenso de los locales que en el minuto 12 conseguían el primer tanto por mediación de Moncho, con cuyo resultado termina la primera parte. Al reanudarse el juego, los visitantes acusan su veteranía, por lo que el Parderrubias se hace dueño del campo. Faltando 13 minutos, el delantero centro aprovecha un fallo de la defensa y bate a Sierra, obteniendo así el empate. A raíz de este tanto el Mezquita se encorajina, ligando varios avances, coronados por fuertes disparos que el meta Sierra detiene en brillantes paradas. Poco después Moncho consigue el tanto de la victoria y así termina el partido. El vencedor alineó así: Sierra, Benito I, Manolo, Benito II, Bautista, Fernando, José, Julio, Moncho, Isauro y Alfonso (La Región, 5 de junio de 1962).

C. F. Pereira 0 – C. D. Parderrubias 2

En el partido celebrado en Pereira, C. D. Parderrubias se alzó con una meritísima victoria que muy bien pudo ser más rotunda. Comienza el encuentro con avances del Pereira, pero pronto responde el equipo visitante con profundos contrataques; fruto de ello es un impecable gol de Grande que el colegiado J. T. anula por estimar fuera de juego.  A los 20 minutos Pío sorprende al meta local con un potente cañonazo que vale el primer gol visitante. Sin más variaciones termina la primera parte. En el minuto 37 de la segunda parte, Fernando saca una falta sobre Pepillo, quien después de desbordar a la defensa, pasa a Valderas y a bocajarro marca el segundo y último gol de la tarde. El C. D. Parderrubias cuajó su mejor partido. Su portero estuvo muy decidido en todas sus intervenciones, la defensa muy sólida y siempre firme; la media muy batalladora y la delantera escurridísima y bien apoyada por la media. El vencedor alineó a Julio, Paco, Moncho, Morado, Grande, Fernando, Valderas, Bouzas, Pepillo, Pío y Bautista. El C. D. Parderrubias reta al C. F. Pereira para el partido de vuelta, a jugar el domingo 16 en Parderrubias (La Región, 13 de septiembre de 1962).

La Ulfe 0 – Parderrubias 1

En el campo de La Ulfe se ha celebrado el encuentro entre el equipo local y el Parderrubias. El tanto del Parderrubias fue conseguido a los 8 minutos del encuentro por el extremo izquierdo Alberto a pase de Bautista. Próximamente se disputará el partido de vuelta en el campo de Pereira de Montes. Los vencedores alinearon así: Antonio, José, Mario, Manolo, Bautista, Manuel, Julio, Isauro, Fernando, Isidro y Alberto (La Región, 31 de octubre de 1962).

C. D. Parderrubias 6 – Souto 1

En el minuto 20 se produce el primer gol, obra del mejor hombre del equipo forastero, el interior izquierdo. A raíz de este tanto presiona intensamente el equipo local y en el minuto 32 logra la igualada, fruto de una jugada personal de su delantero centro Fernando. Con este resultado finaliza el primer tiempo. Comenzada la segunda parte, hay un avance de Bautista que centra sobre Julio y este, de forma inteligente, incrusta el cuero en las mallas. Isidro hace subir al marcador un nuevo tanto logrado en el minuto 15. En el 27, Julio marca de nuevo, y a los 39 Isidro obtiene el mejor tanto de la tarde, después de haber desorientado a la defensa con sus habilidades circenses; faltando escasos minutos, Sierra se sitúa solo ante el portero, tira y marca. Era el 6-1 definitivo. Del equipo local merece destacarse su trío defensivo y en la delantera Bautista, Fernando y Julio. Arbitró Seara que estuvo discreto. El vencedor alineó así: Celso, Grande, Sierra, Castor, Eliseo, Adolfo, Bautista, Isolino, Fernando, Isidro y Julio (La Región, 21 de abril de 1965).

Formacíón del C. D. Parderrubias en 1978

Nota. El autor agradece a Manolo Outumuro las fotos que acompañan a este artículo.

¡Y se hizo la luz! Se cumplen 65 años de la llegada de la electricidad a Parderrubias

¡Y se hizo la luz! Se cumplen 65 años de la llegada de la electricidad a Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Cuando hoy gozamos la posibilidad de pedir a un dispositivo inteligente que nos encienda las luces del hogar, no somos conscientes de que disfrutar de luz artificial -cuando la natural se va- constituye un grandioso avance que llegó a nuestras vidas no hace demasiado tiempo. Hasta esa fecha, candiles, faroles o luces de carburo acompañaban a los vecinos de Parderrubias, haciéndoles la vida algo más fácil. Nuestra infancia comenzó a transcurrir en un pueblo en el que no había pasado ni una década desde la llegada de la luz eléctrica. Este enero de 2023 se cumplen 65 años de dicha efemérides, hecho que este artículo pretende recordar.

En 1954, dos de las personas con más influencia para gestionar avances para Parderrubias en aquel momento, don Isolino Camba Casas, como maestro nacional, y don José Rodríguez Barreiros, como párroco, iniciaron los trámites para que llegase la luz eléctrica a la parroquia. El 29 de diciembre de ese año, la Sociedad General Gallega de Electricidad, con sede en A Coruña, remitía al párroco un presupuesto que había solicitado don Isolino Camba para electrificar los pueblos de A Iglesia, Outeiro, Barrio y Carballeira. Quedaban fuera del presupuesto los pueblos de As Campinas y Nigueiroá, teniendo sus vecinos que esperar un poco más de tiempo para se hiciera la luz en sus casas. El presupuesto ascendía a 123.478,61 pesetas. La propia Sociedad aportaba 29.823,45, mientras que las restantes 93.555,16 corrían a cuenta de los vecinos, con la posibilidad de que la Obra Benéfica Social de la Falange subvencionase un 10% de la cuota vecinal. En ese presupuesto estaban incluidos el cobre a 52,40 pesetas y un transformador de 10 KW.

Fotografía cedida por José Luis Camba Seara
Acto social en Parderrubias con (de izquierda a derecha) don José Garrido González, don José Rodríguez Barreiros, Rvdo. don Ángel Temiño y don Isolino Camba Casas. Fotografía cedida por José Luis Camba.

El proceso para que la luz eléctrica llegase a Parderrubias fue largo y laborioso, estando al frente del mismo la Junta Vecinal presidida por el párroco don José Rodríguez Barreiros y actuando como secretario don Isolino Camba. Finalmente, en la tarde del viernes 10 de enero de 1958 tuvo lugar el acto de inauguración en el espacio ubicado entra la tienda de mi abuelo Paulino y la casa de don Isolino. A dicho evento festivo -presidido por el Gobernador Civil- acudieron todos los vecinos de la parroquia, incluidos los de Nigueiroá y As Campinas, que se fueron a sus casas con la promesa de que la electrificación pronto llegaría también a sus pueblos. Tal como se puede observar en el plano conservado por don Isolino, el transformador fue colocado en A Carretera (lugar en el que sigue ubicado a día de hoy), de donde sale una línea paralela a la carretera, de la que parten tres líneas, una a cada uno de los pueblos.

El acontecimiento festivo fue de tal magnitud que el diario La Región se hizo eco de la noticia, eso sí, en formato de propaganda política del Régimen:

Ha comenzado el año nuevo y no es ninguna nueva vida la que se emprende; es exactamente la misma, varían los marcos en que esta se desarrolla, varía el nombre de los lugares a los que, quizá por primera vez se lleva el indescriptible júbilo de la puesta en servicio de alguna mejora, pero, al fin y a la postre, la tarea es la de siempre, Sin desviarse un ápice, sigue los mismos caminos por los que discurrió año tras año. Comienza el año 1958 y otra vez vuelve a sentirse al ajetreo que siempre traen consigo los preparativos de alguna inauguración. Esta vez y como preludio de otra gran etapa en los anales de nuestra provincia, le ha tocado el turno al pueblo de Parderrubias, en el municipio de La Merca, a donde en la tarde de ayer se ha trasladado el gobernador civil, acompañado del ingeniero-jefe de la Agronómica, señor Vega Escandón; del secretario de la Obra Social del Movimiento, señor Montes Domínguez; del delegado provincial de excombatientes, señor Aguilar García y del perito delegado por FENOSA, señor Rionegro. En la citada localidad esperaban a las personalidades orensanas el alcalde de Celanova, señor Rodríguez Alonso; el alcalde de la Merca, don Senén Grande, y don Isolino Camba Casas y don José Rodríguez Barreiros, artífices de la consecución de la luz eléctrica, maestro nacional y párroco, respectivamente; además de las entidades menores locales, un innumerable gentío que incesantemente aclamó a nuestra primera autoridad, la que a su paso por la misma tenía como jalones del camino, pancartas alusivas al acto, bandas de música tocando frenéticamente, y niños agitando banderitas nacionales. Procedió a la bendición del transformador de nueva planta el Rvdo. P. D. Castor Gayo, e inmediatamente, y desde un balcón engalanado al efecto, el presidente de la junta de electrificación rural, señor Camba Casas, dirigió unas breves palabras de salutación a nuestras autoridades y les agradeció todos los esfuerzos por ellas desplegados para conseguir la total finalización de la obra. Terminó solicitando ayuda moral y económica para los dos únicos pueblecitos de la parroquia que aún quedan sin electrificar, puesto que su parquedad de recursos no les permitió la total financiación de las obras. Seguidamente, el alcalde de La Merca, señor Grande Vázquez, dijo que su municipio, parte integrante de esta España que es constante quehacer, no se conformaría con el logro de tan importante servicio, sino que seguiría laborando para su total engrandecimiento, que al fin y al cabo repercutiría en el engrandecimiento mismo de España. Por último, el señor Albert Rodríguez se refirió a los pueblos del municipio que aún no gozan de la luz eléctrica, diciendo que él los apoyaría económicamente, de acuerdo con la cuantía de sus recursos y por medio de la Obra Social del Movimiento. Resaltó la idea de que la mejora lograda no es un fin, sino un medio. Que no debían asustarse cuando les hablasen de concentración parcelaria, de mejoras de cultivos, de selección de semillas, de revalorización de ganados, etc., puesto que todo ello repercutiría en su propio beneficio. Que no debía intimidarles el tener que recurrir al Instituto Nacional de Colonización en solicitud de un crédito agrícola, ya que cualquier deuda puede ser amortizada en breve plazo si el trabajo que dedican a sus propiedades es auténtico. Se congratuló con ellos por aquel acontecimiento que le había llevado a Parderrubias, deseando que en cualquier otro momento pudiesen acudir a él, siempre que el motivo fuese la puesta en marcha de un servicio. Todo el pueblo que atentamente escuchó a los oradores, prodigó incesantemente sus aplausos cuando las autoridades provinciales emprendieron su regreso a la capital. El importe global de las obras ascendió a 250.000 pesetas, que fueron aportadas por el ayuntamiento de la localidad, el vecindario del mismo, la parte correspondiente a la empresa hidroeléctrica FENOSA, Obra Social del Movimiento, que también facilitó 700 kg. de hilo de cobre, e Instituto Nacional de Colonización. La electrificación beneficiará a unos 86 vecinos aproximadamente” (La Región, 11 de enero de 1958).

Resulta llamativo que la diferencia entre el presupuesto inicial y el coste final fuese de 126.522 pesetas, es decir, más del doble. Unos meses más tarde, la luz llegaría también a las Campinas. En junio se denunciaba a la Guardia Civil la sustracción, por parte de unos desconocidos, de los cuatro alambres de cobre del tendido eléctrico de baja tensión, que desde el transformador de Parderrubias suministraba fluido al pueblo de As Campinas; unos 25 kilos en total, valorados en dos mil pesetas.

Seis años después, el 11 de octubre de 1964, el Consejo Local del Movimiento del municipio de A Merca celebraba una reunión con representantes de todas las parroquias, con el objeto de concretar obras urgentes a incluir en el Plan de 1965. Entre las numerosas obras que se priorizaron está la instalación de iluminado público en toda la parroquia de Parderrubias. El alumbrado público también supuso un largo proceso que acabaría bastantes años más tarde con la colocación de luminarias que cambiarían la faz nocturna de los pueblos.

Nota. El autor agradece a José Luis Camba el acceso a la documentación conservada por don Isolino Camba, que ha permitido la elaboración de este artículo.

¡Qué Reyes los de aquel año 1970!

¡Qué Reyes los de aquel año 1970!

Por Juan Carlos Sierra Freire

Muchas de las tradiciones que actualmente marcan la Navidad ourensana se vivían de manera muy similar en 1969. En esas Navidades, el Belén de Baltar era colocado en la nave central de la catedral, junto al Pórtico de la Gloria; al caer la noche, las calles más céntricas de la ciudad se iluminaban con sus brillantes adornos y los pinos navideños proliferaban por doquier; mientras, el Circo de los Muchachos deleitaba con sus funciones a pequeños y mayores. El Gordo de Navidad había caído en Sabadell y entre las felicitaciones que se podían ver esos días en la prensa destacaban las del Banco Hispano Americano, la de la Caja de Ahorros Provincial de Orense, la de Muebles Calvo, la de los Almacenes Celestino o la del Restaurante Sanmiguel. La gélida noche del 31 de diciembre no fue impedimento para que cientos de ourensanos llenaran la plaza mayor para recibir al nuevo año 1970 a ritmo de verbena. Días después, llegarían los Reyes Magos en el Oriente-Expreso a la Estación Empalme, desde donde se dirigirían, acompañados de sus pajes, a la plaza mayor en la que les esperaba una gran multitud, entre la que se hacía notar la numerosa chiquillería.

A los niños de Parderrubias, esas Navidades capitalinas de 1969 nos quedaban un tanto lejanas, por lo que centrábamos nuestro interés en tradiciones más cercanas a nuestro quehacer cotidiano como era poner en la escuela un pino con los típicos adornos navideños y cantar villancicos. Pero aquellas Navidades iban a ser diferentes, porque finalizarían con uno de los actos populares de los que probablemente mejores recuerdos hayan quedado entre los vecinos, especialmente entre los niños de aquella época: la recordada Cabalgata de Reis de 1970. Dada nuestra corta edad en esa fecha, no logro dibujar una imagen nítida de lo acontecido ese día, pero a tenor de la expresión de la cara de los que éramos niños al paso de sus Majestades, que hoy podemos apreciar en las fotografías de la época, mezcla de sorpresa e ilusión, tuvo que ser algo mágico y asombroso.

Finalizada la misa del día de Reyes, comenzó el acto festivo en Nigueiroá, en donde se degustaron galletas y dulces. A continuación, la comitiva bajó hacia As Campinas, en donde al son de la música se degustan roscones y rosquillas hechas por las tres vecinas: María, Isabel y Carmen. Después del almuerzo, ya por la tarde, la fiesta se traslada a los pueblos de A Iglesia y O Outeiro, finalizando en Barrio. Delante de la iglesia se degusta café y ahí llegan, representando a los Magos de Oriente, Jesús, Isolino y Adolfo -vecinos de Nigueiroá- a lomos de la “besta”, el “macho” y un burro, respectivamente. En O Outeiro, la comitiva es recibida, al son de “panxoliñas”, con rosquillas y licores. La Cabalgata de Reis finaliza en Barrio, en donde Castor Quintas, Sergio Martínez y José “O Gafas” a lomos de una yegua de Os Salgados y de las dos “bestas” cedidas por los Magos de Nigueiroá representan espléndidamente, para deleite de niños y mayores, la llegada de los Reyes Magos de Oriente.

La fiesta fue de tal magnitud que el 9 de enero de 1970, el diario La Región se hacía eco de ella en un artículo firmado por A. Sierra, que transcribimos a continuación:

El pasado día 6 vivió Parderrubias una jornada plena de ilusión y entusiasmo. Con motivo de la festividad de Epifanía, tuvo lugar en esta parroquia una típica fiesta muy digna, a nuestro modo de ver, de admirar e imitar. En cada uno de los pueblos, gustosamente adornados y con pancartas colgantes alusivas a la paz y prosperidad para 1970, se exponían sendas mesas con la más variada gama de dulces y bebidas para obsequiar a todos los visitantes; y así numerosas personas, tanto de la parroquia como de los pueblos limítrofes, deleitaron su paladar con la exquisita pastelería de fabricación casera y confitera, gustando al mismo tiempo y al son de las bandurrias, panderetas y otros instrumentos musicales improvisados al momento, sabrosos licores. Una deportiva rivalidad entre los pueblos hizo que todos se superasen por ser los mejores y fruto de ello fueron los diversos espectáculos que nos ofrecieron: danzas regionales y clásicas, música, cantos, chistes escenificados, sainetes cómicos, etc., formaron parte del variado programa. No obstante, cabe destacar los bailes clásicos que las personas más ancianas de Nigueiroá nos ofrecieron, las deliciosas rosquillas de Las Campinas, el café-faria gustosamente preparado por las mozas de Airexe, los villancicos a cargo del coro de Outeiro y la formidable cabalgata de SS. MM. los Reyes Magos en Barrio. Con nuestros sanos deseos de paz y prosperidad para el año 1970, esperamos que no se extinga esta entusiasta romería y que en próximos años recobre la misma brillantez que la del pasado día 6” (La Región, 9 de enero de 1970).

Lamentablemente, y con pesar del cronista, y sin lugar a duda, de los lectores, este acontecimiento no tuvo continuidad en el tiempo. Aquellos Reyes de 1970 se quedaron para siempre en 1970.

<strong>Las Hijas de María de Parderrubias</strong>

Las Hijas de María de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Entre los muchos cometidos que el párroco don Manuel Belvis llevó a cabo en Parderrubias, mientras estuvo al frente de la feligresía desde 1859 a 1894, destaca la creación de la Cofradía de las Hijas de María en 1871. En ese año se puede leer de su puño y letra en el Libro Parroquial un “suplico a mis dignos sucesores la sostengan con celo para la gloria de la Inmaculada Virgen María y pureza de vida de las jóvenes doncellas de la parroquia”. Sin embargo, como ha ocurrido con otras muchas tradiciones ancestrales de la parroquia -en el año 2021 se han cumplido 150 años de su fundación- el tiempo acabó relegando la Hermandad al olvido y únicamente algunas personas mayores guardan en su memoria a las doncellas que daban luminosidad con sus velos blancos a muchas celebraciones religiosas que tenían lugar en la parroquia.

Las Hijas de María eran agrupaciones de mujeres jóvenes que se constituían con tres fines: (1) honrar a la Virgen María, (2) alcanzar la propia santificación, imitando a María y (3) promocionar el apostolado en los contextos familiar y social próximos. En los actos religiosos significativos usaban velo blanco y, en algunos casos, túnica blanca con ceñidor. Además, portaban una medalla con la imagen de la Inmaculada Concepción.

En España, el 17 de diciembre de 1861, por disposición del papa Pío IX, se había establecido la Archicofradía de las Hijas de María en la iglesia de Santa Clara de Barcelona, que tenía la potestad de agregar a todas aquellas cofradías que lo solicitasen a lo largo y ancho del Reino, haciéndolas partícipes de las indulgencias y gracias concedidas por el Sumo Pontífice. La Archicofradía y todas sus Cofradías se integraban a su vez en la Archicofradía Primaria y Universal de Santa Inés de Roma. El 12 de enero de 1871 se agrega a la Archicofradía de Barcelona la Asociación de Hijas de María de Santa Eulalia de Parderrubias, y así consta en documento firmado por el director don Mariano de Segarra. El 27 de julio, la diócesis de Orense acepta la fundación de la Cofradía, nombrando director de esta al párroco don Manuel Belvis.

La Cofradía de Parderrubias estaba organizada en coros. En concreto, el año de su fundación se constituyeron cuatro coros con 31 mujeres cada uno de ellos. Cada una de las doncellas tenía asignado un día del mes . Así, el primer coro fundacional incluía las siguientes jóvenes, muchas de ellas hermanas de sangre: Antonia Pascual (O Outeiro), Gregoria Pascual (O Outeiro), Brígida Pascual (O Outeiro), Bernardina Pascual (O Outeiro), Engracia Pascual (O Outeiro), María Dolores Sierra (O Outeiro), María Socorro Casas (O Outeiro), Josefa Eulalia Casas (O Outeiro), Modesta Justo (O Outeiro), Bernardina Justo (O Outeiro), Filomena Justo (O Outeiro), Generosa Garrido (O Outeiro), Dominga Garrido (O Outeiro), Ramona Garrido (O Outeiro), María Concepción Grande (O Outeiro), Beatriz Outumuro (O Outeiro), Felicidad Pascual (Barrio), María Victoria Grande (Barrio), Encarnación Grande (Barrio), María  Iglesias (Barrio), Benita Iglesias (Barrio), Luisa Garrido (Barrio), Benita Sampedro (Barrio), Carmen Sampedro (Barrio), Generosa Fernández (Barrio), María Pilar Fernández (Barrio), Genoveva Fernández (Barrio), Carmen Mansa (Sandiás), Encarnación Mansa (Sandiás), Ana María Sulvencia (Sandiás) y Rosa Campelo (Sandiás).

La Cofradía participaba de manera activa en todas las celebraciones religiosas que tenían lugar en la parroquia, como era el caso de la celebración del Jueves Santo, pero cobrando especial relevancia en todas aquellas relacionadas con la Virgen. También estuvieron presentes en actos fuera de la propia parroquia, como así ocurrió en la multitudinaria celebración del XIII Centenario de la Unidad Católica, promovido por los Carlistas, que tuvo lugar el 30 de mayo de 1889 en As Maravillas:

Cuando estaba ultimándose la colocación de personas y cosas, un gran murmullo nos hizo mirar hacia la izquierda, y era procedido de la llegada del nunca bien ponderado señor Abad de Parderrubias, capitaneando una gruesa procesión precedida de varios coros de Hijas de María, montado en su yegua, y permaneciendo en este estado hasta dejar unida su gente a la que ya estaba colocada” (José Álvarez, El Siglo Futuro, 11 de junio de 1889). 

La Cofradía Hermanas de María de Santa Eulalia de Parderrubias estuvo activa hasta bien entrado el siglo XX, y así lo atestiguan sus registros de 1915 en los que nos encontramos con cuatro coros, así como las informaciones de personas que aun hoy viven y que fueron testigo de los actos de las doncellas de blanco allá por los años cuarenta. El Primer Coro de 1915 estaba formado por 21 mujeres del pueblo de A Iglesia (Rosa Sierra, Luzdivina Sierra, Francisca Sierra, María Outumuro, Aurora Outumuro, Encarnación Outumuro, Cristalina  Sueiro, Dominga Seara, Juana Seara, Isolina Seara, Josefa Seara, Ester Seara, Rosa Seara, Eusebia Pascual, Concepción Pascual, Carmen Pascual, Ángela Fernández, Bernardina Fernández, Josefa Seara, Nieves Iglesias y Encarnación Seara ) y diez de Nigueiroá (Jovita Rodríguez, Josefa Rodríguez, Clarisa Pascual, Juana Pazos, Piedad Fernández, Pilar Fernández, Ramona Fernández, Celsa Fernández, Hortensia Fernández y Josefa Mouriño).

Como ha ocurrido con otras muchas tradiciones de la parroquia de Parderrubias, el paso del tiempo acabó con la actividad de la Cofradía, quedando únicamente documentos que la acreditan y recuerdos perecederos de aquellas personas que la vieron profesar de manera activa. La petición del cura don Manuel Belvis a «sus dignos sucesores» cayó en el olvido de los tiempos.

Nota. Gran parte de la información recogida en este artículo proviene del Libro Parroquial de Santa Eulalia de Parderrubias, depositado en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense, a cuya Dirección y Personal agradecemos todas las facilidades brindadas para su consulta.

Cofradías de los Corazones de Jesús y María de Parderrubias

Cofradías de los Corazones de Jesús y María de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

El 13 de mayo de 1880, el párroco de Parderrubias, don Manuel Belvis, solicitaba por carta al obispo de Ourense, don Cesáreo Rodrigo y Rodríguez, la creación de las Cofradías de los Santísimos Corazones de Jesús y María.

Exmo. e Ilmo. Señor Obispo de Orense. Don Manuel Belvis, Cura Párroco de Sta. Eulalia de Parderrubias a V.E.I., con el debido respeto, Expone: Que desea promover en esta parroquia el culto a los Corazones de Jesús y María, y suplica a V.E.I. se digne autorizar la creación de ambas cofradías, para luego solicitar de Roma la agregación a aquellas a fin de poder ganar las indulgencias. Gracia que espera de V.E. y cuya vida guarde Dios dilatados años. Parderrubias, mayo 13 de 1880”.

La respuesta afirmativa pronto llegó a Parderrubias:

Damos nuestro consentimiento para que en la parroquia de Sta. Eulalia de Parderrubias se establezcan las asociaciones del Sagrado Corazón de Jesús y María”.

Solicitud y aprobación de las Cofradías de los Corazones de Jesús y María

Don Manuel Belvis justifica la necesidad de ambas cofradías en la parroquia haciendo referencia al origen de esta devoción y a la relevancia que tenía el Sagrado Corazón de Jesús para los católicos. Alude a su origen en la figura de Santa Margarita María de Alacoque. Las revelaciones místicas que esta santa comienza a experimentar en la Francia de 1673 constituyen el nacimiento de este culto. En esas revelaciones, Jesús le dio a entender que el deseo que tenía de ser amado por los hombres le llevó a mostrar su corazón. Le transmite el gusto de ser honrado en la figura de un corazón de carne, prometiendo que en donde se expusiera esta imagen para ser ensalzada, se liberaría todo género de bendiciones. Las apariciones de Fátima del año 1917 generalizarían este culto.

La necesidad de una cofradía en honor al Corazón de María, don Manuel la encuentra en una supuesta conversación entre el papa Pío IX y un cura que había ido a visitarle:

¿Tenéis en vuestra parroquia la Archicofradía del inmaculado corazón de María? ¡Oh, qué medio tan poderoso para la conversión de los pecadores! Su rápida propagación por todas partes, las admirables conversiones que de ella se han seguido y los bienes espirituales que se han alcanzado por la misma son una prueba evidente de que es muy agradable a Dios y utilísima a las parroquias. ¡Oh, cuantas han cambiado por ella su estado normal! ¡Establecedla!”.

El 25 de mayo de 1899, el Papa León XIII, en la encíclica Annum Sacrum anuncia la consagración de la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús, así como diversas indulgencias por su devoción.

Una vez constituidas las cofradías en Parderrubias, don Manuel Belvis adquiere un estandarte con los Sagrados Corazones de Jesús y María que presidiría las procesiones. El obispo don Cesáreo Rodrigo concedió cuarenta días de indulgencia a cada uno de los que se inscribiesen en la Hermandad, más otros cuarenta a los que siendo Hermanos, asistiesen a alguna procesión en la que fuese el estandarte de los Corazones de Jesús y María.

En el año de la constitución de las Cofradías se inscribieron 131 Hermanos, número que se fue incrementando con el paso de los años. El listado de Hermanos registrados en las Cofradías de los Corazones de Jesús y María ocupa quince páginas del libro parroquial, en concreto, aparecen listados 548 nombres, hombres y mujeres naturales de la parroquia (Barrio, A Iglesia, Nigueiroá, O Outeiro, Valdemouro, Bouzas, Fondo de Vila, Matusiños, Nugueira, Solveira y Vilachá) y de pueblos de los alrededores (Barxa, Couxil, Espinoso, Freixo, Loiro, Lovios, A Merca, Merouzo, Montelongo, Ourense, Paio Muñiz, Pereira, Pías, Piñeira, Proente, Rabal, Sabucedo, Sabuz, San Cibrao das Viñas, Sandiás, Santa Comba, Santa Eulalia de Anfeoz, Sobrado, Soutomaior y Soutopenedo). Estos números ponen de manifiesto la importancia que esta Hermandad tuvo en la parroquia de Parderrubias.

Igual que ocurrió con otras muchas instituciones y tradiciones, el paso del tiempo hizo que la Hermandad cayese en la inactividad y en el olvido, quedando como recuerdo únicamente el estandarte de los Sagrados Corazones de Jesús y María, que todavía se puede ver abriendo la procesión del Corpus, el domingo posterior al jueves de Corpus Christi, y la de la Virgen del Rosario, el primero domingo de octubre.

La Casa Rectoral de Parderrubias

La Casa Rectoral de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Cuando el pasado mes de agosto leía en un periódico local ourensano que el Obispado de Ourense poseía más de cuatrocientas rectorales en estado de semi abandono -llegando a contar en tiempos mejores con seiscientas prósperas viviendas a lo largo y ancho de toda la provincia- me vino a la mente el esplendor con la que brilló durante décadas la de Parderrubias. En el recuerdo queda su patio, testigo mudo de múltiples tareas rurales cotidianas. Sus anchos muros, a cuyo abrigo se resguardaban los parroquianos durante las animadas tertulias previas y posteriores a la misa dominical y de fiestas de guardar, fueron testigos callados de múltiples hechos, algunos de ellos luctuosos, como los disparos que sonaron una calurosa noche de junio de 1936 y que a la postre acabarían con la vida del párroco don Alfonso Losada. En sus dependencias se criaban cerdos y se almacenaban cosechas de buenas patatas y mejores cereales, mientras que del horno ubicado en el patio salían crujientes hornadas de pan. Tratando de rescatar del olvido a nuestra Casa Rectoral se ha planteado este artículo contextualizado en las primeras décadas del pasado siglo, cuando el edificio fue objeto de obras y reformas, por parte de sus huéspedes.

En sus casi tres siglos de existencia, la Casa Rectoral fue objeto de múltiples y diversas reformas hasta su demolición a finales del pasado siglo. En este artículo nos centraremos en las que se llevaron a cabo desde los años cuarenta hasta los sesenta, época durante la que estuvieron al frente de la parroquia don José Rodríguez Barreiros (“O Cura Vello”) y don Manuel Fernández Rúas.

El origen

La Casa Rectoral de Parderrubias fue construida a principios del siglo XVIII. En 1709 se hacía cargo de la parroquia don Francisco Álvarez, regentándola durante 17 años. Sería durante su permanencia entre nosotros cuando se edificó la Rectoral, haciéndose cargo de los gastos de la obra el propio cura. Este hecho avala la hipótesis de que la actual iglesia parroquial, construida en 1765, fue levantada sobre una antigua pequeña iglesia existente hasta ese momento, pues cabe pensar que la Casa Rectoral se construyese al lado del templo. A su fallecimiento, don Francisco deja la casa para disfrute de sus sucesores, bajo el encargo de que rogasen a Dios por su alma. Entendemos que, hasta esa fecha, los párrocos vivían en alguna casa próxima a la iglesia.

Antes de las fechas que son objeto de estudio de este artículo, estando inmersa España en plena guerra civil, el 15 de abril de 1937, el Visitador Diocesano llama la atención al cura don Juan Estévez, en su visita a la parroquia, para que resolviese de la mejor forma posible “lo referente a la parte nueva de la casa de abajo”, pues las paredes habían repisado por falta de solidez en los cimientos, con riesgo evidente de colapsar si no se tomaban las medidas oportunas. Un maestro de obras dio la siguiente solución al problema: colocar columnas resistentes para sujetar las vigas del balcón, una en el vértice y otra en el centro de la parte que daba al oeste; de este modo se repartiría el peso entre las columnas y la pared. Las obras darían buen resultado, pues las paredes no repisaron más.

Reforma de 1942

En la década de los cuarenta, recién llegado a la parroquia el cura don José Rodríguez Barreiros, la Rectoral fue objeto de una importante reforma que quedó registrada en los libros parroquiales. Las obras se llevaron a cabo por iniciativa de don José Garrido González (uno de los hermanos de la casa Os Escultores) y los jornales se pagaron a 20 pesetas. La escalera que había en el exterior se trasladó al interior de la casa. Se abrió una puerta principal que comunicaría los pasillos de la sala y el comedor, y otra puerta en la cocina nueva. Se abrieron ventanas nuevas en la sala, en el comedor -en donde además se ensanchó la que había- y en la habitación contigua a la cocina. Toda estas puertas y ventanas nuevas se construyeron con cemento y fuertes barras de hierro en los dinteles. A las ventanas que daban al exterior se las dotó de vidrieras de castaño y en las contras se colocaron planchas de hierro en medio de la madera para mayor seguridad. No se escatimaron gastos en colocarles porlones, bisagras, cerrojos y pestillos de buena calidad, a pesar del elevado coste que tenía el hierro.

El piso de madera se hizo completamente nuevo, repasando todos sus pontones y vigas, poniendo algunos de ellos nuevos. Se colocó cielorraso nuevo de madera machembrada, sin quitar el antiguo. Todos los tabiques y divisiones interiores eran de tablón especial machembrado. Se hizo un retrete nuevo, sin demoler el antiguo. Se reparó todo el tejado, asegurándose que no quedase ni una sola gotera en toda la casa.

Se hizo una galería nueva con tres bastidores al oeste y uno al sur, para lo que fue necesario primero nivelar el balcón, pisándolo de nuevo en gran parte y reforzándolo con pontones nuevos, y segundo levantar el techo veinte centímetros. Esta obra de la galería, cuyo coste ascendió a 500 pesetas, la sufragó el propio párroco, no siendo objeto del canon al que sometieron las obras, pues tal como dejó escrito “la hice para comodidad mía y la de mis sucesores”.

Para llevar a cabo estas reformas de la Rectoral, José Garrido y Hermanos (Os Escultores de Parderrubias) pusieron a disposición del párroco un camión para trasportar cemento, cal, arena, madera, etc. Parte del cemento y de la cal que tenían en reserva lo cedieron para la reforma, y regalaron las barras y planchas de hierro, así como la columna del balcón. Además, adelantaron el dinero que necesitaba el cura para hacer frente a los diferentes gastos ocasionados por las obras.

Los costes de la obra tuvieron una cuantía de 6.610,75 pesetas: 2.681,55 en gastos de madera, 2.261 en jornales, 1.170,80 en materiales de construcción y 497,40 en ferretería. A estos gastos se hizo frente con 2.106 pesetas provenientes de un canon de 434 pesetas no invertidas por el anterior párroco, de un canon de 75 pesetas durante 18 meses a 50 pesetas anuales, de los pinos regalados por los feligreses valorados en 1.442 pesetas y de los donativos de José Garrido y Hermanos (100 pesetas), Adolfo Garrido (50 pesetas) y Manuel Pascual Domuro (5 pesetas). El párroco hizo frente a la cantidad restante de 4.504,75 pesetas, que se le iría descontando en las reformas de los años venideros.

Obras de 1946

De mayo de 1942 a abril de 1946 se puso un canon de 100 pesetas anuales para hacer frente a los gastos de la Rectoral. En estos años se hicieron pequeñas obras por un coste total de 470 pesetas. Un cantero arregló durante tres días la portada y el muro de la huerta. Se arregló el techo del alpendre colocándole tres puntales de castaño y retejándolo por completo, para lo que se emplearon cien tejas nuevas. Un carpintero trabajó durante dos días para arreglar el techo y piso del balcón contiguo a la galería. Se colocó cielorraso de madera machembrada en la puerta de la galería y cocina. Finalmente, en el patio de la Rectoral se hizo un horno nuevo de ladrillo, cuyo coste ascendió a 200 pesetas.

Las cuentas de la parroquia, incluidos los gastos de las obras de la Rectoral, serían auditadas por los Visitadores que levantaban acta de la visita. A modo de ejemplo, reproducimos la de 1946:

Vistas y examinadas las cuentas anteriores, las aprobamos conforme a derecho, y le reconocemos un alcance de cuatro mil ciento treinta y cuatro pesetas con setenta y cinco céntimos, de las que se indemnizará en años sucesivos sin desatender las necesidades de la casa”.

Situación de la Casa Rectoral en 1961

A finales de 1961, don José Rodriguez Barreiros abandonaba la parroquia de Parderrubias como consecuencia de su debilitado estado de salud. Al final de su estancia en la Rectoral, los Visitadores diocesanos realizan una minuciosa inspección de esta para valorar su estado en ese momento. Ejercía de visitador el párroco de San Andrés de Proente y de Regulador del Arciprestazgo de A Merca el cura de San Pedro de A Mezquita. Lo primero que destacan en su visita es la falta de blanqueo general y de retoques de las paredes, obligaciones estas del cura saliente. Faltaban cristales en diez y ocho vidrieras: las que daban a la cocina vieja, la que daba a la iglesia, etc. Además, todas sus contras estaban muy deterioradas por claro abandono de estas. A las de la cocina nueva les faltaban las contraventanas. Las puertas de las cuadras demandaban arreglos importantes, especialmente las de los cerdos, que estaban inservibles. En general, el estado de la casa era “muy regular” en palabras de los Visitadores. Quedaba una cocina empotrada muy gastada y con el horno roto, que fue tasada en quinientas pesetas. La instalación eléctrica, incluido el contador, fue valorada en mil pesetas. La parte de la casa que daba a la carretera, y que había sido mal reformada en 1928 por 2.637 pesetas, se encontraba inservible, por lo que se utilizaba como trastero.

Reformas de 1966 y 1967

La antigua galería que se había construido recién llegado don José Rodríguez Barreiros a la parroquia se encontraba muy deteriorada y se había quedado pequeña. La Rectoral necesitaba una dependencia acogedora, por lo que la galería fue remodelada totalmente, haciéndola mucho más espaciosa al integrar en ella el paso que había hasta la cocina. La antigua galería fue completamente demolida y se construyó la nueva a partir de una planchada de hormigón, dotándola de gran solidez. Se elevó el techo para darle suficiente luminosidad y se techó con teja plana. La obra tuvo un coste de 34.647 pesetas, de las que veinte mil fueron aportadas por el Obispado; la cantidad restante la puso el ecónomo de la parroquia don Manuel Fernández Rúas. La relación de gastos incluía dos facturas de la tienda de Paulino Sierra por un importe de 13.001 pesetas, adquisición de madera en la fábrica de Os Escultores y compra de diferentes materiales de construcción (columnas, viguetas, terrazo, etc.). Tres operarios cobraron jornales por un importe de 8.950 pesetas.

En 1967 se construye un salón parroquial en la parte sureste del patio, después de derribar una parte de la casa que estaba en peligro de derrumbe. Peligro que se mantuvo hasta el final de sus días, pues la amenaza de colapso únicamente pudo ser solucionada con el triste final de su derribo. Tal como se puede apreciar en las siguientes fotografías, el lugar de la antigua Casa Rectoral es ocupado en la actualidad por una edificación a la que vamos a calificar simplemente de funcional y que en 2017 pasó a denominarse Local Social don Isolino Camba.


Nota. La fuente de información principal para la elaboración de este artículo fueron los libros parroquiales conservados en el Archivo Histórico Diocesano de Ourense, a cuya Dirección y Personal hace llegar el agradecimiento el autor.

Historia de Parderrubias a través de sus párrocos

Historia de Parderrubias a través de sus párrocos

Por Juan Carlos Sierra Freire

Los primeros registros parroquiales que se conservan de la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias (o Santa Baia, como así aparece en los libros parroquiales) se hallan en un Libro de Fábrica del año 1562. Era el año en que Carlos I de España y V de Alemania abdicaba del trono. En 1564 se encuentran los registros con los primeros vecinos bautizados, y en 1565 y 1567 los primeros casamientos y enterramientos, respectivamente. La primera lista de vecinos confirmados data del año 1590.

A lo largo de estos casi 500 años, la parroquia de Parderrubias fue regida por numerosos párrocos. Aunque su cuantificación exacta es prácticamente imposible -sobre todo, antes del siglo XVI-, un examen detallado de todos los libros parroquiales, así como de documentos previos a estos, nos ha permitido elaborar una lista lo más completa posible de los curas que estuvieron al frente de la parroquia, y que ya fue publicada en su momento en el Blog de Parderrubias. En este artículo trataremos de contextualizar el paso de estos clérigos por la parroquia y precisar, con el mayor detalle posible, su vida y sus obras.

Aunque los primeros nombres de párrocos registrados en los libros parroquiales datan del siglo XVI, en el Libro de Notas del Regidor Álvaro Afonso del año 1434 ya se hace alusión al clérigo rector de la Iglesia de Parderrubias, don Gonçalvo Afonso; y, en 1435, diversos documentos redactados por notarios aluden a clérigos de Parderrubias, entre ellos a don Juan Fernández. En esa época existía una pequeña iglesia, en donde ya se honraba a Santa Eulalia.

Iglesia de Santa Eulalia de Parderrubias

Siglo XVI

Durante buena parte del siglo XVI, la presencia eclesiástica en el mundo rural no era tan intensa como lo sería en los siglos venideros. En general, los edificios parroquiales sufren bastante abandono -en Parderrubias no existía todavía una casa rectoral- y los vecinos se limitaban a ir a misa los domingos y a cumplir con el precepto pascual. Antes del Concilio de Trento, hubo intentos por parte de algunos obispos por dignificar el clero, mejorando por ejemplo el nivel cultural de los párrocos, con el objeto de diferenciarlos del campesinado (Saavedra, 1991).

En el año 1562, la parroquia de Parderrubias estaba conformada por 25 feligreses, al frente de los cuales estaba don Gregorio Prado, cura que sería reemplazado en 1564 por don Francisco Casullo. Desde 1565 a 1575, la parroquia fue regida por el fray don Blas González, cuyo puesto pasaría a ocupar, durante 20 años, don Juan García, desde 1576 hasta 1596, año de su fallecimiento, siendo enterrado en la antigua iglesia de Parderrubias. A su muerte, dejó el encargo de una importante obra pía para estudiantes pobres en Huércanos (La Rioja), pueblo en el que había nacido en 1530.

Durante los últimos años del siglo XVI y primeros del XVII -en concreto, desde 1597 hasta 1624- será don Gaspar Feijoo quién rija los destinos parroquiales. En esta época ya estaban activas en la parroquia la Cofradía de Santa María Magdalena y la Cofradía de San Miguel; esta última tenía su centro de acción en la capilla de San Miguel de Solveira.

Siglo XVII

El siglo XVII en Galicia se caracterizó por hambrunas provocadas por el exceso de lluvias que llevaban emparejadas multitudes de epidemias. Son numerosas las rogativas registradas en las distintas Diócesis para que dejase de llover. Entre 1693 y 1695 se vivió el período más dramático en cuanto a número de fallecidos (Saavedra, 1991). En Parderrubias, como en el resto de Galicia, predominaban las pequeñas propiedades que los propios campesinos trabajaban.

Según Gallego Domínguez (1973), en 1649, el Ayuntamiento de Orense notifica a los boticarios la necesidad de disponer de medicinas para hacer frente a las enfermedades y a la peste, dándoles un plazo de veinte días para cumplimiento de la norma, so pena de 20 ducados por cada medicina hallada en falta. En 1650 se ordena el control de las puertas a la ciudad mediante guardas y alguaciles con el fin de defenderse de las epidemias.

Con o sin episodios de peste, el problema casi endémico de la comarca era el hambre. En verano de 1674, la situación se describe como la mayor miseria jamás experimentada por la falta de productos del campo durante cuatro años seguidos, pues los campesinos no recolectaban más que para pagar rentas e impuestos, y para sembrar. En 1677 se pide a todos los pueblos que instauren como fiesta de guardar a San Roque y a San Sebastián, como abogados de la peste, o al menos digan una misa cantada con su rogativa.

El hambre, endémica en toda esta época, se agrava por la guerra de separación de Portugal. Ourense, por ser zona fronteriza, aparte del sostenimiento de tropas, soporta las penetraciones enemigas con quemas, talas, robos, etc. El 6 de abril de 1681 se decide embargar los cereales de los eclesiásticos y seglares. Sin embargo, a finales de mes, es tal la necesidad, que los pobres se mueren en los caminos. En 1697 y 1698 el hambre se recrudece, lo que obliga al Obispo Damián Cornejo a ordenar la apertura de las tullas de los monasterios de Oseira, Montederramo, Xunqueira, Celanova y Ribas de Sil con el fin de que los campesinos pudiesen comer.

En nuestra parroquia, desde 1655 hasta 1672 está a su frente don Miguel Gómez Mayor. En 1673, don Lorenzo Gómez Pizarro es nombrado párroco y ejerce dicha función durante 29 años, hasta 1702, año en que fallece. Comenzó a servir a la parroquia sin haber recibido las Ordenes Mayores. En su primer año de ejercicio, el 2 de octubre de 1673, funda una de las cofradías con mayor arraigo en la parroquia: la Hermandad del Santo Rosario. Con el paso de los años, probablemente cayese en inactividad o se exigiese una renovación de su constitución, pues el 16 de mayo de 1806, don José Díaz, vicario de la Orden de los Dominicos, concede licencia y facultad para instituir una Hermandad del Rosario en la parroquia de Parderrubias, como respuesta a una solicitud hecha para tal fin.

En 1673 también se funda la Cofradía de San José, de la que hay registros hasta 1856. Bartolomé Sierra -antepasado del autor de este trabajo- fue su mayordomo en el año 1798, haciéndose cargo ese año de la gestión de 266 reales y diez céntimos, parte de los cuales fueron gastados en una misa cantada, y en la compra de cera y aceite para las lámparas de la iglesia. Entre las obras de don Lorenzo destaca la fundación de un Vínculo con encargo a Pedro Iglesias, de O Valdemouro, de seis misas rezadas, que debían decirse los días de San José, San Antonio de Padua, San Benito (11 de julio), San Lorenzo, Inmaculada Concepción y Santa Eulalia. Los descendientes de Pedro siguieron haciéndose cargo de las misas por casi doscientos años, hasta que el 26 de abril de 1888 fueron redimidas por el obispo de Ourense don Cesáreo Rodríguez.

Siglo XVIII

A partir del trabajo de Sierra Fernández (2018), podemos afirmar que, en general, la calidad de vida de los vecinos de Parderrubias a lo largo del siglo XVIII fue muy pobre. En toda la comarca no existía ni una sola escuela, ni una farmacia, no había médico alguno ni comercio. La única industria reseñable eran dos modestos molinos de río para la producción de harina, situados en el regato, que Sierra Fernández (2016) denomina río Boutureira, conocido en la actualidad por Cavada do Lobo. Por tanto, la supervivencia de las familias de Parderrubias pasaba obligatoriamente por trabajar duramente y subsistir a base de la agricultura y la ganadería. La mayor parte de las tierras eran latifundios de la nobleza o comunales, siendo muy escasas las propiedades individuales. Entre los artesanos de Parderrubias durante el siglo XVIII destacan las 32 mujeres tejedoras propietarias de otros tantos telares. A la dura vida que les tocó a nuestros antepasados contribuyó en gran medida la enorme carga tributaria a la que estaban sometidos. Según Sierra Fernández (2018) eran “muchos y muy variados”, estimando que unidos a los sufragados al clero, suponían un 25-50% de las cosechas de cada familia. Entre 1670 y 1740 fueron habituales las revueltas de campesinos que se negaban a pagar las elevadas rentas forales al Monasterio de Celanova. La que tuvo lugar entre 1723 y 1725 acabó siendo sofocada con la ayuda militar, valiéndose de ejecuciones y destierros.

Durante esta época la imagen del párroco era básicamente la de un abad autoritario que dirigía prácticamente toda la actividad religiosa, sociopolítica y económica de la misma. Económicamente eran personas pudientes gracias a la riqueza que les proporcionaban los diestros y al cobro de los diezmos. Tomando como referencia el Catastro de Ensenada podemos saber, tal como indica Sierra Fernández (2018), que la parroquia de Parderrubias en el año 1752 había percibido en concepto de diezmos y otros tributos 50 fanegas de centeno, 18 de trigo, 65 de maíz, 25 de castañas y 1,40 de habas, 16 moyos de vino y 55 “afusais” de lino. A los diezmos había que unir las primicias para el sostenimiento de la Iglesia. En Parderrubias pagaban este impuesto únicamente las familias que tenían yugada, contribuyendo con 26 kilogramos de centeno y maíz menudo.

En 1702 el puesto dejado por don Lorenzo en la parroquia es tomado por el fray don Martín Pizarro, ocupándose de los feligreses hasta 1704. En la primera década del siglo XVIII, los párrocos se van sucediendo rápidamente en la vacante, permaneciendo muy pocos años en su puesto: don Benito Míguez Araújo desde 1704 a 1705, don Francisco Soto de 1705 a 1706 y don Gregorio Altamira desde 1706 a 1709. Será ya en 1709 cuando don Francisco Álvarez se ponga al frente de la parroquia, permaneciendo en ella durante 17 años. Su obra más destacable es la construcción de la Casa Rectoral, haciéndose cargo él mismo de los gastos de la obra. En 1726, antes de fallecer, escribe en el Libro de Fábrica que deja la Rectoral a sus sucesores con el encargo de que rueguen a Dios por su alma. A su muerte, la vacante es cubierta durante los años 1727 y 1728 por don Juan Diéguez y por Domingo Gallego.

En el período de 1728 a 1730, la Rectoral es ocupada por don Juan Navarro. A continuación, don Juan Pérez se hace cargo de la parroquia durante trece años (1730-1743), contando con la ayuda de otro cura que residía en Parderrubias: don Lorenzo Álvarez Movilla. Durante la década de 1743 a 1753, el párroco será don José Montes Villar. Uno de los períodos más relevante de la historia religiosa de Parderrubias es el comprendido entre 1753 y 1772, siendo párroco don Manuel Rodríguez. Durante su paso por la parroquia se reconstruye completamente la iglesia, edificio que llega hasta nuestros días. La pequeña capilla, en la que se honraba a Santa Eulalia, se transforma en la actual iglesia parroquial. La nueva iglesia data del año 1765 y será bendecida por el Sr. Obispo de Ourense, don Francisco Galindo Sanz, en 1766. Este obispo, aprovechando la expulsión de los Jesuitas en 1767, adquiere su antiguo colegio mayor y lo convierte en el Seminario de Ourense. El 24 de noviembre de 1765 con un coste de 9.400 reales se finaliza la construcción del cuerpo principal, la sacristía y el coro. En la descripción de Couselo-Bouzas (1933) se señala que mide 14 varas (1 vara = 0,84 metros) de largo, siete de ancho y seis de alto. Incluye tres arcos en el cuerpo o nave en forma de bóveda, uno en la entrada del crucero, dos arcos colaterales, cuatro ventanas en el cuerpo (dos de cada lado) y otras dos en la capilla cuyo formato es cuadrado con cubierta a varias aguas. Tres años después, en 1768, se concluyen los retablos de la iglesia parroquial, concretamente un retablo mayor y dos laterales. Tal como indica Couselo Bouzas (1933), los autores de dichos retablos fueron Manuel das Seixas y Juan Antonio Martínez, ambos vecinos de Vilanova dos Infantes, cobrando por dicha obra la cantidad de 7.500 reales. El retablo mayor ocupa toda la pared frontal e incluye ocho cajas para otras tantas imágenes: en la fila inferior situarían a San Benito y a San Antonio de Padua; en la de en medio a Santa Bárbara, Santa Lucía y Santa Eulalia (patrona de la parroquia); y, en la superior, se colocaría en primer lugar a una Virgen Dolorosa con el hijo en brazos, al pie de la cruz, acompañada de dos ángeles, uno con la corona de espinas y el otro con los clavos, y en segundo lugar, a San Francisco Javier con un crucifijo en la mano y a San Antonio Abad. Esta descripción de Couselo Bouzas (1933) no coincide con la distribución del retablo que el lector puede observar en la actualidad si visita la iglesia. Como otras muchas iglesias parroquiales, recibe bajo el pontificado de Clemente XIII (1758-1769) la indulgencia plenaria de Altar Privilegiado, tal como reza un rótulo al lado del altar mayor, aplicable al alma del purgatorio por la cual se celebra la misa.

Retirado don Manuel Rodríguez, la vacante es ocupada por don Felipe González y don Francisco Sanjurjo en los años 1772 y 1773. Estando don Francisco como cura, llama poderosamente la atención que prácticamente todos los bautizados en esos dos años recibieran como segundo nombre el de Francisco o Francisca (hemos podido constatarlo en 18 de los 22 bautizados), tal vez en honra al propio párroco.

A don Felipe y don Francisco le seguiría durante una década (1773-1784) don Vicente Portejo. Don Manuel Seara, natural de Sobrado do Bispo, ejerció de cura en la vacante de Parderrubias desde el 13 de noviembre de 1784 hasta abril de 1788. En su biografía destaca un serio conflicto que tuvo con el párroco de A Merca por el enterramiento de un fallecido. En 1785, un feligrés de Nugueira (lugar que, en esa época, pertenecía a la parroquia de Parderrubias) fallece en una casa de A Merca, dejando el finado dispuesto ser enterrado en Parderrubias. Sin embargo, el párroco del pueblo vecino, haciendo caso omiso de su voluntad, dio levantamiento al cadáver y lo enterró en el camposanto de A Merca, por lo que fue sancionado por el Prelado.

Desde 1788 hasta abril de 1791, la parroquia estuvo a cargo de don Francisco Domínguez Lobera, natural de Loiro. De 1791 a 1795 ejerció de cura ecónomo de la parroquia don Pedro Fernández. Finalmente, en abril de 1795 toma posesión de la feligresía don Miguel Cayetano Grande, natural del pueblo de A Torre (San Miguel de Soutopenedo), regentando la parroquia hasta el 11 de junio de 1828. Provenía de la parroquia de Santa María de Vilamaior, en el municipio de Baltar. Falleció estando al frente de la feligresía de Parderrubias y su entierro constituyó una gran ceremonia fúnebre, tal como se acredita en el Libro Parroquial:

En once de junio de mil ochocientos veintiocho murió asistido de los santos sacramentos de Penitencia, Eucaristía y Extremaunción Don Miguel Caetano Grande, cura Párroco de esta Parroquia de Sta. Eulalia de Parderrubias, y en el trece del mismo se le dio sepultura en la capilla mayor de la misma, con asistencia de más de cincuenta sacerdotes, con los que se le tuvo su entierro y honras; y en los días catorce, quince y diez y seis túvosele por su alma un Novenario con las misas correspondientes y asistencia de más de doce sacerdotes. Hizo Testamento judicial en el que dejó por sus testamentarios, herederos y cumplidores a Don Ignacio Boullosa, Cura Párroco de Santa Eulalia de Anfeoz, a Don Juan Benito Gil, Teniente cura de Santa María de Cougil y al infrascrito actual Teniente Cura de esta; a la conciencia de estos encomendó el puntual cumplimiento de su alma, dejando a su arbitrio lo dispusieron según lo hallaron por conveniente. Dijéronse por su alma quinientas sesenta y ocho misas, todas de estipendio de a cuatro reales; ofrenda de cuerpo presente lo que dijeron los cumplidores. Y que así conste, lo firmo. Felipe Sousa”.

Don Miguel Cayetano tenía un sobrino con el oficio de Escribano Real, es decir que podía ejercer su profesión en todo el Reino a excepción de aquellos lugares en que los hubiera numerarios. Falleció el 14 de septiembre de 1819 en la Casa Rectoral de Parderrubias y fue sepultado en el cuerpo de la iglesia:

En catorce de septiembre de mil ochocientos diez y nueve murió en esta Rectoral asistido de los Santos Sacramentos de Penitencia, Viático y Extremaunción, y más auxilios de nuestra Santa Madre Iglesia Dn. Francisco María Laxe y Grande, celibato, Escribano Real vecino residente en Sn. Miguel de Souto de Penedo, sobrino del actual suscribiente Abad de esta feligresía de Santa Eulalia de Parderrubias, confinante con la predicha de Souto de Penedo; y en diez y seis del mismo septiembre se dio sepultura a su cadáver dentro de la Capilla mayor de la Iglesia Parroquial de esta misma de Parderrubias en una de las sepulturas parroquiales con asistencia de cincuenta y uno Eclesiásticos Seculares y Regulares que cantaron Nocturno de Difuntos, Misa y Oficio de Sepultura con el demás Rito acostumbrado, y enseguida con los mismos Eclesiásticos se le tuvieron los dos Autos de honras con sus correspondientes misas, todo ello cantado con la debida solemnidad y además, sin embargo, de haberse cumplido en parte con lo dispuesto por el difunto, los mismos Sres. Eclesiásticos asistentes quisieron y voluntariamente le han cantado todos ellos otro cuarto Auto o vigilia con su misa. Había hecho Testamento Judicial en veinte y nueve de diciembre del año pasado de diez y ocho y posteriormente corrigió en diez y siete de Agosto del presente año, y en aquel dispuso que a su Entierro Tercio y Cabo de Año asistieran diez y ocho Señores Sacerdotes y cantasen vigilias, Misas y más de estilo con Diácono y Subdiácono y que con inclusión de estas Misas se le celebraran doscientas rezadas, de las cuales se aplicasen veinte y cuatro por el alma de su difunta tía Dña. Benita Antonia Grande y veinte y seis por las de los padres del testador, por cada uno trece, y las restantes por el Alma del mismo; y también se le dijesen otras nueve votivas, seis de ellas a Sn. Gregorio, una a Ntra. Sra. del Carmen, otra a la de Penedo en su propia Capilla sita en la parroquia de donde era vecino y otra al Santo Ángel de su Guarda; y entre otras cosas dispuso así mismo se le ofrendase con ofrenda mayor y menor y para aquella con una fanega de centeno y un carnero. Cumpliose con todas esas misas, entregose la limosna de ellas y encargándose de decirlas las Comunidades Religiosas de Santo Domingo y San Francisco de Orense, San Francisco de Ribadavia, los presbíteros Dn. Manuel Seara de Sobrado del Obispo, Dn. Manuel Vieira, Abad de Sn. Martín de Loiro y D. Juan Antonio Míguez, Teniento Cura en Vacante de la repetida de Souto de Penedo; y que conste de haberse cumplido correctamente lo dispuesto para el difunto testador lo firmo. D. Miguel Cayetano Grande”.

Siglo XIX

Los vecinos de Parderrubias, probablemente ajenos a los acontecimientos que tenían lugar a nivel nacional, se dedicaban a sus tareas agrícolas y ganaderas de mera subsistencia. Así, la crianza de cerdos para el autoconsumo o el cultivo del lino eran ejemplos de actividades que contribuían a ello. Una denuncia por robo en la casa de Francisco y María Outumuro, vecinos de Barrio, ante el Juzgado de Primera Instancia de Celanova, deja entrever los bienes que se podían guardar en una casa típica de Parderrubias de esa época. El robo había sido perpetrado en la noche del 16 de marzo de 1837 por una banda de una docena de hombres, que se llevan dos tocinos y parte de otro, con peso de 4-5 arrobas, cuatro lacones, dos “entrecostos” y un “lombelo”, una porción de mondongo, quince libras de unto nuevo y dos de viejo, tres libras de jabón, dos sacos de estopa, una sábana de lienzo nueva y otra usada, una mantilla de paño fino negro con su cinta casi nueva, una saya de bayeta azul fina nueva, tres varas de picote, un mandil nuevo, un dengue de paño azul fino nuevo, una camisa de hombre usada, dos manteles de mesa de alemanisco nuevos, y dos varas y media de somonte.

La vacante que deja don Miguel Cayetano será ocupada por don Felipe Sousa durante dos años, desde 1828 hasta mayo de 1830. Era natural de Santa Baia de Anfeoz y, anteriormente, había sido párroco de Vilamaior do Val -en la comarca de Verín- y de Acebedo -en la comarca de Celanova-; años más tarde tomaría posesión de la parroquia de Espinoso.

En mayo de 1830 llega a la parroquia don Francisco Folguerol, gobernando sus destinos durante 18 años, hasta marzo de 1848, fecha en la que fallece a los 89 años. Había sido párroco en Santa Cruz de Queixa y en Santa María de Rabal, ambas en el arciprestazgo de Os Milagres. Don Manuel Belvis se refiere a él como “un párroco muy celoso, principalmente en la asistencia a los enfermos, en la enseñanza de los niños, en la predicación y en el aseo de la iglesia”. Entre sus obras al frente de la parroquia, destaca la pintura de los tres retablos de la parroquial que habían sido construidos unos 65 años antes, concretamente en 1767. El retablo mayor se pintó con fondos de la Iglesia y los laterales con fondos del propio cura, a pesar de que en esa época ya no estaban vigentes los diezmos y su salario era más bien escaso. También regaló a la parroquia unas vinajeras de plata y sus correspondientes platillos. Durante cuatro años fue su coadjutor don Manuel Belvis, quien le tenía gran aprecio. En 1843 deja hecha una fundación de dos misas por Marcos Sampedro, que quedan redimidas el 5 de abril de 1883, es decir, cuarenta años después. Don Francisco fallecía, estando al frente de la parroquia, el 4 de marzo de 1848:

En el día cuatro de Marzo de mil ochocientos cuarenta y ocho murió D. Francisco Folguerol, Abad que fue de esta Parroquia. Recibió el Sacramento de la Extremaunción solamente por haberle acometido un accidente de apoplejía que le privó del conocimiento por espacio de dos días. Fue sepultado en el Atrio de esta Iglesia junto a la puerta mayor el día seis, a cuyo entierro y honras asistieron más de treinta Señores Sacerdotes. Hizo testamento ante el Excmo. Dn. Santos de la Torre de Orense el día siete del mes de Agosto año de mil ochocientos treinta y ocho, y en el instituyó por su heredera y cumplidora a Dña. Isabel Ordóñez. Dispuso asistieran a su entierro doce Señores Sacerdotes y se aplicasen por su Alma trescientas Misas con otras obras de caridad que mandó y cumplió con esmero la referida testamentaria, la cual también tuvo por su cuenta nueve actos fúnebres por tres días consecutivos con asistencia de gran número de sacerdotes, y la misma heredera cumplió con las misas y todo lo más que en el testamento se expresa. Y para que conste lo firmo como Cura Ecónomo de esta Parroquia a nueve de marzo del año expresado. Antonio Barros”.

Don Antonio Barros ejerce de ecónomo de la parroquia desde 1848 a 1849. Era un religioso exclaustrado del Convento de Bon Xesús de Trandeiras, en la comarca de A Limia. Será reemplazado en el puesto por don Juan Ignacio Lumbreras.

Uno de los párrocos con una de las biografías más distintivas, tal vez sea don Juan Ignacio Lumbreras, cura que regentó la parroquia durante cinco años, desde 1849 hasta 1853. Llega a nuestra tierra desde el pueblo riojano de Calahorra, acompañando como paje en 1947 al recién nombrado obispo de Ourense, el navarro don Pedro José de Zarandía y Endara, quien venía curtido de la persecución liberal sufrida en la diócesis de Calahorra y La Calzada (La Cigüeña De La Torre, 2019). Fue nombrado párroco de Parderrubias, hallándose ordenado de Menores. Pronto enfermó y unas fiebres le hicieron regresar a su tierra en donde falleció. A pesar del poco tiempo que estuvo al frente de la parroquia, acreditó ser una persona muy piadosa y celosa de sus funciones, según don Manuel Belvis. La actual campana vieja de la iglesia está grabada con su nombre. También adquirió la imagen de la Dolorosa ubicada actualmente en uno de los laterales de la iglesia y mandó construir su camarín, así como el púlpito hoy desaparecido.

A don Juan Ignacio le sustituyó don Veremundo Domínguez, natural de Pereira de Montes, que ejerció de párroco de Parderrubias desde 1853 a 1857. En 1957 ocupará su puesto don Ramón Pérez Sampayo, que permanecerá en la parroquia hasta 1859. El primer bautizo que oficia será el de mi antepasado Felipe Sierra, hermano de mi bisabuelo Serafín.

El 6 de junio de 1859 toma posesión uno de los párroco más prolijos y activos de la parroquia: don Manuel Belvis, al que hemos dedicado un artículo como Vecino Ilustre de Parderrubias. Su mandato duró 35 años, desde 1859 hasta 1894, año de su fallecimiento, siendo el más extenso de los párrocos registrados. Era natural de A Venda, en Soutopenedo. Llegaba a Parderrubias después de 13 años al frente de la parroquia de San Juan de Baños, en Bande. Desde 1842 venía actuando de coadjutor del párroco don Ignacio Folguerol. Había sido también ecónomo durante dos años de la parroquia de San Martín de Loiro. En su gran labor al frente de la parroquia de Parderrubias -que fue abordada en el artículo referido anteriormente– destacamos varias actuaciones, como las reformas del cementerio y de la entrada al atrio con la colocación de una reja, con un coste de 2.400 escudos. Asimismo, adquirió la imagen de la Virgen del Rosario- cuyo rostro fue diseñado y confeccionado en Santiago de Compostela-, las andas de cristal para su procesión y dos mantos, uno de ellos por valor de 840 escudos. En aquella época, las paredes interiores de la iglesia estaban encaladas, por lo que don Manuel hizo frente a su pintura, así como a la del techo. Mandó construir cajones y guarniciones a los lados del Altar Mayor. Adquirió un Santo Cristo con un escaparate que se colocó sobre la puerta de la sacristía. Renovó las puertas de la iglesia, la escalera interior hacia la tribuna y los andamios del campanario. Adquirió vestuario y candelabros.

En esta época destaca el robo que sufre la iglesia parroquial en noviembre de 1871. Así informaba el cura don Ramón Pérez Sampayo del suceso al Obispo de la Diócesis:

1871.11.16. Tengo el gran sentimiento de manifestar a vuestra señoría que en el día de ayer amaneció robada esta Iglesia habiendo bajado los ladrones por el tejado, bajaron a la sacristía de donde se llevaron la cruz parroquial que pesaba ocho libras, los dos cálices que había, uno de peso de 28 onzas, el otro de 22, el relicario de dos onzas y media, como unos 60 reales en dinero limosna de las ánimas, fracturaron la puerta de la sacristía y abrieron el sagrario llevándose el copón y arrojando las sagradas formas que se hallaron unas sobre el altar y otras en el suelo. No llevaron ropas, aunque las hay de algún valor, se salvó el viril que lo tenía en la rectoral, el incensario con su naveta y vinajeras de plata, las ampollas de los santos óleos y una buena corona de la virgen que no dieron con estos objetos. He pedido prestado un cáliz al señor Abad de la Merca mientras no me haga con alguno, más a causa de la consagración no podré mandar hacerlo nuevo y así apreciaría mucho a vuestra señoría que pagándolo por mi cuenta al menos en cuanto no tenga fondos la Iglesia se dignase facilitarme alguno que pueda haber sobrante en la catedral y otra iglesia. Estar esperando a la autoridad civil para hacer el reconocimiento me impide de pasar a vuestra señoría estas noticias personalmente haciéndolo por conducto del dador quien podrá dar a vuestra señoría más pormenores Manuel Belvis” (González García, 2019).

El cura don Manuel Belvis dejó escrito en el Libro Parroquial que:

Por reparto vecinal se reunieron algunos fondos con los que se compró un cáliz todo de plata con su patena y cucharilla, todo de peso de veinte y seis onzas y media, y costó setecientos noventa reales, habiendo sido consagrado por el Excmo. E Ilmo. Señor Obispo de Tuy, según escrito que acompañó a la devolución del cáliz. Con los mismos fondos se compró un relicario de plata de algo más peso de tres onzas sobre dorado adentro, figurando un copón roturado y con una cruz de remate; su coste ciento y cuarenta reales. También se mandó hacer a un escultor una Cruz Parroquial, que se hizo de madera, plateada y con un crucifijo de metal por un lado y por otro una imagen de estaño que representa la Purísima Concepción, estas con los remates de la cruz dorados; y su coste cien reales. Para asegurar la sacristía se echaron a costa de los vecinos gruesos tablones con los que se cubrió como de cielo raso toda ella. Y para que conste lo firmo como Párroco con el Depositario a quince de febrero año de mil ochocientos setenta y dos. Manuel Belvis. Francisco Sueiro”.

Como se puede leer, a raíz de este robo, don Manuel reformó el techo de la sacristía con el fin de dotar de más seguridad a la iglesia. En el mes de febrero de 1894, el párroco cae enfermo y ya no se recupera, falleciendo el 11 de febrero a los 86 años. Durante esas semanas se encarga de la parroquia su sobrino don Victoriano Grande.

A los pocos días del entierro de don Manuel Belvis, es nombrado párroco de Parderrubias don Paulino Agromayor, quien ejerció desde 1894 hasta diciembre de 1900, cuando toma posesión del cargo don Benito Garrido.

Iglesia de Santa Eulalia de Parderrubias

Siglo XX

Don Benito Garrido Santiago, natural de Guamil, en Baños de Molgas, está al cargo de la parroquia desde 1900 hasta mayo de 1919, fecha en la que se retiró a su pueblo natal, en donde falleció el 2 de enero de 1922. Entre sus tareas parroquiales destaca la compra del reloj de la torre por mil pesetas y una cruz de plata por 1.700 pesetas. Adquirió también unos ciriales de alpaca que costaron 260 pesetas. Para hacer frente a estas compras, los feligreses tuvieron que escotar y el párroco contribuyó con 750 pesetas. La generosidad de don Benito queda también reflejada en 1918 -ya con 67 años- cuando contribuye con cinco mil pesetas a los gastos de la iglesia y de la Casa Rectoral.

Después de la retirada de don Benito, llega a Parderrubias, el párroco que ejercía en Pereira de Montes, don Alfonso Losada Fernández para cubrir su primera etapa al frente de la parroquia, desde 1919 hasta 1921, año en que le sustituye don Adolfo Outumuro. Ambos curas fueron objeto de sendos artículos en este Blog; el primero, por ser víctima de uno de los crímenes más sonados en nuestra parroquia, y el segundo como Vecino Ilustre de Parderrubias. Don Adolfo, era natural del pueblo de O Outeiro y rigió como ecónomo la parroquia hasta su fallecimiento acaecido en la rectoral el 7 de mayo de 1924, a consecuencia de la tuberculosis que padecía y que había contraído siendo mayordomo del Seminario.

En junio de 1924 sería nombrado ecónomo de la parroquia don José Balboa González, puesto que ocupó hasta julio de 1925. En esta fecha es sustituido por don Pedro Vázquez González, que estará al frente de la parroquia también durante un corto período de tiempo, concretamente hasta julio de 1926.

En 1926 se pone al frente de la parroquia don Ambrosio Cid Fariña, natural de Xunqueira de Ambía, haciéndose cargo de esta hasta julio de 1929. Entre sus obras destaca la venta, como pajar, de la casa que había en la zona norte de la huerta de la casa rectoral, con acceso desde la plazuela de la iglesia. Con el dinero de la venta construyó habitaciones en el sur de la Casa Rectoral.

A don Ambrosio le sustituye en 1926 don Alfonso Losada. De esta manera, el cura natural de Leborín, en la vecina parroquia de Barxa, da inicio a una segunda etapa al frente de la parroquia que finalizará dramáticamente en la madrugada del 13 de junio de 1936 al ser brutalmente tiroteado en su habitación de la Casa Rectoral a consecuencia de un robo. En estado gravísimo fue llevado al hospital de Ourense, regresando a la Rectoral el día 26 totalmente desahuciado, falleciendo a las seis de la tarde del 28 de junio. Al entierro, celebrado el día 30 de junio, asistieron 30 curas y todo un pueblo embargado por el dolor. Su sepultura se puede ver hoy a la entrada principal de la iglesia.

Desde ese fatídico mes de junio hasta noviembre de 1936 -con España ya inmersa en una atroz guerra civil- toma las riendas parroquiales el párroco de Pereira de Montes don Cástor Gayo Arias. Será a finales de año cuando es nombrado párroco de Parderrubias don Juan Estévez Estévez, puesto que ocupa hasta octubre de 1940, cuando es destinado como ecónomo a la parroquia vecina de Santa María de Olás. Era un hombre de carácter; a modo de ejemplo, no le dolían prendas disparar de noche tiros de escopeta al aire, desde alguna ventana de la rectoral, al escuchar ruidos y, de este singular modo, disuadir a posibles forajidos. Durante su paso por la parroquia se ejecutan diversas obras en la iglesia que perduran a día de hoy: se coloca la techumbre interior en madera de castaño, se techa la cubierta de teja plana y se lleva a cabo el desencalado del interior de la iglesia, obra realizada por Antonio Martínez Correa (“O Portugués”). Don Juan fallece en el año 1996 y está sepultado en el cementerio parroquial de Santa María de Olás.

En 1940 llegaba a la parroquia don José Rodríguez Barreiros (conocido como “O Cura Vello”), estando al frente de la misma durante 21 años, hasta el primero de noviembre de 1961, que ya enfermo tuvo que renunciar y retirarse a su pueblo natal de Outeiro, en Allariz, en donde fallecía el 27 de mayo de 1967. Con 52 años, toma posesión de la parroquia el 23 de octubre de 1940, asistido como Notario por don Higinio Rodríguez Diéguez, párroco de A Merca. Venía de estar 15 años al frente de la parroquia de Pontebrués, en el arciprestazgo de O Carballiño, y había sido ordenado sacerdote el 16 de febrero de 1913 por el obispo don Eustaquio Ilundáin y Esteban, a la postre arzobispo de Sevilla. A modo de bienvenida, don José recibió múltiples obsequios de sus feligreses durante las primeras semanas al frente de la parroquia. Los hermanos Garrido (Os Escultores) le brindaron dos “olas” de vino y varias botellas de vino tostado, llegando a ofrecerle -según palabras del mismo cura- el dinero que necesitase; Adolfo Garrido le obsequió con un jamón y un lomo, Benito Outumuro Pascual con un saco de patatas, Antonio Garrido Mouriño con una botella de aguardiente, etc. De feligreses de Solveira y Nugueira recibió manteca, pollos, cebollas, etc. Hubo vecinos que le regalaron la madera que necesitó para acondicionar la casa rectoral, así como la leña necesaria para uso diario. El sacristán, Ángel Outumuro, le sembró la huerta de centeno. Además, en ese año y en los restantes que estuvo en Parderrubias, los feligreses le obsequiaban con “ferrados” de centeno, maíz o trigo. En 1940, muchos vecinos ya habían hecho esta donación al anterior párroco, don Juan Estévez, pero aun así don José contabilizó en esos primeros tres meses que estuvo al frente de la parroquia, 32 ferrados de maíz, 7 de centeno y 1 de trigo. En el año 1950 recibió de sus feligreses 111 ferrados de cereales: 42 de centeno, 29 de maíz y 40 de trigo (1.300 kg. en total, aproximadamente). Cabe señalar que, en febrero de 1951, la parroquia de Parderrubias contaba con 804 almas y 151 vecinos (en el año 2021 cuenta con 200 almas). Según el padrón de 1959, en la Casa Rectoral, además del párroco don José, vivían su hermana, una sobrina y un hijo de esta. Durante su mandato, en 1942 acomete una importante reforma de la casa rectoral y en 1951 se realiza en Lalín la refundición de la campana grande de la iglesia. En junio de 1948 donaba mil pesetas para la construcción del nuevo Seminario.

El primero de noviembre de 1961 es nombrado párroco de Parderrubias don Jose Gayo Arias, que regentaba la vecina parroquia de A Manchica. Durante su gestión, que duró hasta el 1 de julio de 1962, se colocaron bancos en la iglesia. Los gastos se sufragaron a escote por los propios feligreses. Hasta esa fecha se usaban algunas sillas que había en la iglesia, que como en otras cuestiones, reflejaban a las claras los distintos estratos sociales, pues algunas sillas acolchadas de terciopelo convivían con otras humildes sillas de junco. Aparte de estas sillas, era habitual que muchos feligreses llevasen de casa una pequeña banqueta baja de madera que servía para arrodillarse y también para sentarse. Era habitual ver a las mujeres con estas banquetas debajo del brazo camino de la iglesia.

El 1 de julio de 1962 toma posesión de la parroquia don José Manuel Fernández Rúas, que estuvo en Parderrubias durante cinco años, hasta 1967, cuando es trasladado a Carballiño como capellán de la Residencia de Ancianos, y en donde compagina esta labor con la docencia en un colegio de la villa. Sus obras y su implicación en la modernización de Parderrubias fueron realzadas en otro artículo de este Blog, firmado por Manuel Outumuro Seara. Destacamos el haber sido el promotor del salón parroquial o teleclub en el sureste de la casa rectoral, en la que también construyó una galería.

En agosto de 1967 es nombrado ecónomo de la parroquia a don Ramón Blanco Caride. Su estancia en Parderrubias fue muy breve, hasta 1968. Posteriormente, se secularizó. Le sucedió don Hermesindo Andrada Pérez, un cura avanzado para su época que, igual que don José Manuel Fernández Rúas, intentó cambiar tradiciones religiosas ancestrales adaptando las prácticas religiosas a los nuevos tiempos. Fue notoria su acción de llevar una banda de música en una procesión del Corpus, contraviniendo de esta manera la norma impuesta por el obispo don Ángel Temiño Saiz de separar la celebración profana de la religiosa en las festividades de la provincia.  Don Hermesindo también estuvo muy poco tiempo al frente de la parroquia, en concreto desde julio de 1968 hasta octubre de 1970.

El primero de octubre de 1970 toma nuevamente posesión de la parroquia don José Gayo Arias, párroco de A Manchica, siendo el cura de la niñez de nuestra generación. Su etapa en nuestra parroquia también será una de las más longevas, permaneciendo en ella durante 20 años. En 1971 reforma el presbiterio y la mesa del Altar Mayor, en 1982 sonoriza la iglesia, en 1986 instala un reloj conectado a altavoces externos y en 1989 se cambia la cubierta de la iglesia. Don José fallecía el 14 de julio de 1990 a los 67 años, siendo sepultado en el cementerio parroquial de A Manchica.

En julio de 1990 se hace cargo provisionalmente de la parroquia don César González Fernández, antes de tomar posesión de la misma durante dos años don José Gallego Borrajo (1990-1991), natural de Santiago de Folgoso (Allariz) y formador del Seminario Menor. En 1991 pasa a ser párroco de Santa Mariña de Xinzo de Limia, siendo sustituido en Parderrubias por don Vicente Pereiras Villar, que gobierna los destinos de nuestra parroquia durante otros dos años (1991-1993). Don Vicente era un cura humilde y servicial, y muy implicado en la vida parroquial. Es destacable la representación de una Pasión viviente, recorriendo el calvario, que organizó en Semana Santa. Siendo párroco de Parderrubias, una cardiopatía le causó la muerte en Barbadás, siendo todavía joven.

Representación de la Pasión en la época de don Vicente Pereiras. Fotografía cedida por Manuel Lorenzo

En 1993 es nombrado párroco de Parderrubias don Alfonso Iglesias Rodríguez, haciéndose cargo de la parroquia hasta el año 2006. En este tiempo acomete obras importantes en la iglesia, cambiando su suelo y los bancos, que disfrutamos en la actualidad. Además, se instala la calefacción central, obra polémica que todavía es objeto de discusión en la actualidad. En el año 2014, siendo párroco de Bentraces, celebró sus bodas de oro.

Referencias

Couselo Bouzas, J. (1933). Galicia artística en el siglo XVIII y primer tercio del XIX. Seminario.

Gallego Domínguez, O. (1973). La peste en Orense desde el siglo XIV al XIX. Boletín Auriense, III, 15-55.

González Garcia, M. A. (2019). Robos en iglesias del mundo rural de la diócesis de Ourense. Siglos XIX-XX (Notas). Diversarum Rerum, 14, 215-249.

La Cigüeña De La Torre (2019). Los obispos de Orense en el siglo XIX (II, 3): Pedro José de Zarandía y Endara (1847-1851). https://infovaticana.com/blogs/cigona/los-obispos-de-orense-en-el-siglo-xix-ii-3/

Saavedra, P. (1991). La Galicia del Antiguo Régimen. Economía y Sociedad. En F. Rodríguez Iglesias (Ed.), Galicia Historia. Hércules de Ediciones.

Sierra Fernández, A. (2016). Parderrubias: higiene y sanidad en el siglo XVIII. https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/07/19/e35-parderrubias-higiene-y-sanidad-en-el-siglo-xviii-por-avelino-sierra-fernandez/

Sierra Fernández, A. (2018). A Merca no Réxime Señorial (1750). Ir Indo Edicións.

El teleclub de Parderrubias a través de una entrevista a don Isolino Camba

El teleclub de Parderrubias a través de una entrevista a don Isolino Camba

 Por Juan Carlos Sierra Freire

En el año 1962 se fundaba el primer teleclub de España, una modalidad de local social que pronto se extendería prácticamente por toda la geografía rural española. Casi todos los pueblos de España tuvieron su Teleclub, institución que llegaba a codearse en importancia con el ayuntamiento o la parroquia. Se crearon unos seis mil por todo el país, organizados en una red nacional. Su apertura supuso una revolución social, pues era el lugar en el que los vecinos podían ver la televisión: aquel invento que marcaría un antes y un después en la sociedad española de esa época. En muchos casos, el teleclub disponía del único receptor del pueblo. Era un espacio social en torno al invento del momento: la televisión. Pero no todo era televisión. El teleclub cambió la vida social de los pueblos; allí se cantaba, se hacía teatro, se contaban cuentos, se jugaba a las cartas y otros juegos de mesa, se participaba en charlas formativas divulgativas o se leía. No fuimos pocos los vecinos que descubrimos la afición por la lectura en este lugar.

Como no podía ser de otra manera, Parderrubias contó con su Teleclub. Nuestra generación creció al albor de este local. Muchas tardes dominicales transcurrían en el teleclub. Muchos vecinos vimos ahí por primera vez la televisión, descubrimos juegos como el parchís o nos atrevimos con algún clásico de la literatura española que publicaba la colección RTV.

Según consta en escrito de 27 de enero de 1972, dirigido a la Junta Central de Información, Turismo y Educación Popular (CITE) , el teleclub de Parderrubias (el nº 479) fue fundado el miércoles 20 de abril de 1966. Ese día se constituyó su primera Junta Directiva con carácter de Comisión Organizadora, presidida por don José Manuel Fernández Rúas, párroco de Parderrubias en esa fecha, a la postre verdadero mentor de su creación. En la edificación del local, situado a espaldas de la Casa Rectoral, en el núcleo urbano de A Iglesia, colaboró todo el vecindario, llevando a cabo labores de construcción y realizando aportaciones en metálico. A estas ayudas vecinales se unieron las subvenciones del ayuntamiento y de la Hermandad de Labradores. En 1970 la CITE de Ourense le concede una subvención de 40.000 pesetas para su mejora y adquisición de mobiliario. Desde su constitución, su función fundamental fue desarrollar actividades culturales y folclóricas, y la promoción de obras comunitarias. Era un punto de encuentro para ver la televisión, hecho poco habitual y muy preciado por los vecinos de Parderrubias de aquella época, aunque como bien refleja el escrito del año 1972 al que venimos haciendo mención, eran habituales las averías del receptor, el cual había ya sido reparado hasta en cuatro ocasiones desde su adquisición. Pero, por encima de todo, cabe destacar la importante misión que jugó en el fomento de la lectura y de las relaciones de convivencia entre los vecinos.

El progreso y el despoblamiento rural se llevaron por delante la mayoría de teleclubs. El de Parderrubias dejó de funcionar a principios de la década de los noventa del pasado siglo, siendo derruido para construir un local social más moderno y más acorde con los tiempos que corrían: el actual Local Social don Isolino Camba. Una buena parte de la historia reciente de nuestro pueblo se había escrito entre esas cuatro paredes.

La importancia del papel que jugaban los teleclubs en la sociedad de la época queda reflejada en la entrevista que el diario La Región realiza a Don Isolino Camba, maestro de Parderrubias, publicada a página completa el viernes 18 de septiembre de 1970. Dado el interés histórico de su contenido, y con el fin de no descontextualizarla, a continuación se realiza una transcripción literal de la entrevista llevada a cabo por F. Álvarez Alonso y acompañada de fotografías de Reza.


EL TELE-CLUB DE PARDERRUBIAS

(Entrevista a don Isolino Camba publicada en La Región de 18 de septiembre de 1970)

En realidad, Parderrubias es un pueblo que está formado por cuatro núcleos de población perfectamente diferenciados, es decir, Outeiro, La Iglesia, Barrio y Nigueiroá con un total de vecinos que sobrepasa la cifra de 80, por más que entre ellos haya algunos cuyas familias se componen de dos o tres miembros, y en algunos casos, esos miembros están separados por la emigración. Una parte del pueblo se encuentra a ambos lados de la carretera de Orense a Portugal –de la capital dista cosa de 16 kilómetros- pero el viajero no sabe cuándo ha llegado a Parderrubias porque falta toda señal indicadora, lo mismo a la entrada que a la salida, y si no conoce el terreno o no se pregunta, se pasa de largo por el pueblo. El resto se ve en lo alto de dos colinas muy próximas y en medio de una de ellas la torre de la iglesia parece que va a salir disparada hacia el cielo como un cohete teledirigido.

Quería ver el Teleclub que allí funciona y subí por el camino que da la vuelta ante el Outeiro para llegar al barrio de La Iglesia. Hay dos típicos cruceros casi juntos a medio camino y cuando pregunté por el presidente del Teleclub me indicaron que era el cura-párroco, pero que se hallaba ausente, en viaje de estudios.

– Pero si quiere hablar con el Maestro, él le dirá todo lo que quiera saber.

El Maestro, don Isolino Camba Casas, estaba en la escuela. Esperé a que terminase la clase para que me hablase de lo que hasta allí me había llevado.

–  ¿Quiere ver el local del Teleclub?, me preguntó, y como yo asintiera, añadió: está aquí cerca, al lado de la iglesia y en terrenos que fueron cedidos por la Parroquia para este fin.

El pueblo es típico, con ese tipismo un tanto deplorable de calles sórdidas y casas empobrecidas en el aspecto externo, que el progreso ha de ir eliminando, sin duda, con el transcurso del tiempo. Al final se halla una construcción reciente ante la que nos detenemos.

– Aquí es –dice el señor Camba Casas-, al tiempo que adelantándose unos pasos, abre la puerta.

El interior es alegre, amplio, luminoso, pues la claridad penetra a chorros por tres o cuatro ventanales, a pesar de que ahora se hallan cubiertos por unas cortinas. Luego cuento hasta siete bancos, una mesa, la mesa sobre la que suele estar el televisor y dos vitrinas, una en cada rincón del fondo.

– No hay televisor –me dice el maestro de Parderrubias- porque lo tenemos a reparar en este momento. Ya es la tercera vez que se estropea, pero suelen devolverlo en seguida.

Nos sentamos ante la mesa que se encuentra a la entrada.

– ¿Cómo ve usted el Teleclub, en el aspecto educativo? –le pregunto.

– Indudablemente –dice él- es un medio muy eficaz de propagación de la cultura.

– ¿Qué secciones lo componen?

Aparte, como es lógico, el televisor, está la biblioteca, en la que figuran la colección de RTV, enciclopedias, revistas, una colección de “Tele-Radio”, otra de “Tele-Club”, otra del periódico “La Voz Sindical” y otra de la “Historia de España” de Salvat. Además, hay juegos recreativos, tales como el ping-pong, parchís, dominó, etc.

Teleclub
Portada de Teleclub

-¿Se manifiesta su labor, como maestro, en el Tele-Club de alguna manera?

Más que como maestro, como uno de los directivos. Por ejemplo, en Navidades y en colaboración con el párroco, don Hermesindo Andrada Pérez, que es el presidente y verdadero animador de todas las actividades, hemos dado veladas teatrales. También se organizan, con cierta frecuencia, reuniones de la juventud de la parroquia para tratar diversas cuestiones y para dar charlas de carácter cultural u orientador o, simplemente, para una mejor labor de convivencia social.

-¿Participan los jóvenes con interés en estas actividades?

Ya lo creo. Incluso por dos veces han ayudado a construir en la Carretera el “Nacimiento” ensayando villancicos que luego se han ido a cantar por los pueblos del municipio.

-En cuanto a las charlas, ¿cuáles han despertado más interés hasta ahora?

Por regla general, las de divulgación agraria dadas por los agentes de Extensión Agrícola de Celanova.

-¿Cómo centro de reunión social?

Se han desplegado todas las posibilidades de las que se dispone, utilizando el local para celebrar asambleas parroquiales entre los chicos que, de esta manera, encuentran aquí un lugar adecuado para exponer sus opiniones y cambios de impresiones. Por otra parte, y como centro de recreo, se abre todas las tardes al anochecer y se utiliza también como sala de lectura, aunque desgraciadamente no es mucha la afición que hay a ella.

-¿Hay muchos aparatos de televisión en el pueblo?

Siete u ocho. Tres de ellos en establecimientos públicos.

-¿Desde cuándo funciona este Tele-Club?

Es de los primeros que se crearon en nuestra provincia, gracias a donativos del señor Fraga Iribarne y, en parte, gracias igualmente a las gestiones del párroco en aquel entonces, don Manuel Fernández Rúas, hoy capellán en el asilo de Carballino.

-¿Quiere hablarme del edificio?

Fue construido ex profeso para Tele-Club, y no se hizo más amplio por no disponer de terreno suficiente. El solar lo cedió la Parroquia y la construcción del edificio se llevó a cabo gracias a la prestación personal de los vecinos, que también contribuyeron económicamente al coste de las obras.

¿Con cuánto?

Cada vecino pagó una cuota de 300 pesetas. Y no solo hubo que construir, sino que previamente fue preciso echar abajo una edificación vieja que aquí había. Ahora bien la decoración del local y su acondicionamiento ha sido posible gracias a la subvención que nos concedió el Ministerio de Información y Turismo de 40.000 pesetas, que todavía estamos invirtiendo, pues aún falta parte del mobiliario y adecentamiento del exterior.

-¿Suele llenarse de gente?

Para ciertos actos se llena. Normalmente y como tal Tele-Club acude menos, ya que diariamente la gente no tiene tiempo para venir aquí y, por otra parte, no es muy grande que digamos el deseo de promocionarse en el medio rural.

-¿Cree Ud. que el Tele-Club puede contribuir a mejorar el nivel de vida en el campo?

Sí. Lo que hace falta es que haya unas personas capaces de entregarse a la labor adecuada para ello que, aun cuando difícil, es ideal para que se pueda sacar provecho de ella.

-¿Quiénes acuden más al Tele-Club de ordinario, los jóvenes o los mayores?

Los jóvenes suelen venir únicamente cuando los llaman. Los mayores son más asiduos.


Nota del autor. La preparación de este artículo fue posible gracias a la documentación aportada por José Luis Camba y a la información proporcionada por Manuel Outumuro Seara,  a quienes transmito mis agradecimientos.