E42. DON JOSÉ RODRÍGUEZ PORTELA, “O CÓ” (1895-1972). Por Juan Carlos Sierra Freire y José Luis Fernández Seara

E42. DON JOSÉ RODRÍGUEZ PORTELA, “O CÓ” (1895-1972). Por Juan Carlos Sierra Freire y José Luis Fernández Seara

Ha sido el Maestro artífice de la transición de los niños de la Guerra y la Posguerra a los éxitos de los escolares de las siguientes décadas”

 

La persona

Don José Rodríguez Portela fue el maestro de los niños de Parderrubias durante una de las épocas más duras y complicadas del siglo XX, marcada por las necesidades y las carencias: la Guerra Civil (véase Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”) y la Posguerra (véase Aquel Parderrubias de la Posguerra).

Nace en el año 1895 en la Parroquia de San Pedro de Solbeira da Limia, perteneciente al actual Concello de Xinzo da Limia. En su pueblo era conocido como “Os Coiros” y ya siendo Maestro de Parderrubias como “O Có”, apodo derivado posiblemente del diminutivo “codelo/a” (término en gallego que significa trozo de pan pequeño con corteza), que solía llevar habitualmente en el bolsillo delantero de la chaqueta o, lo más probable, debido al uso frecuente que hacía de la muletilla “có”.

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Casa natal de Solbeira
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Iglesia Parroquial de Solbeira

Don José estudia en la Escola Vella de su pueblo natal hasta los 16 años. Posteriormente, inicia los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de Maestros de Ourense, a donde se traslada caminando todas las semanas desde Solbeira, regresando los viernes a su casa de la misma manera.

Termina sus estudios “bajo la dirección del culto y digno profesorado” (La Zarpa, 26 de mayo de 1922) de dicha Escuela en el año 1922. En 1927 es nombrado Maestro Interino en Villarino (Sandiás). Tuvo dificultades para aprobar la oposición, no por falta de valía académica, sino más bien por su ideología no afín a la República y por la despreocupación en su cuidado personal. Así, en el año 1931 solo supera uno de los dos ejercicios de la oposición celebrada en Madrid y vuelve a ser nombrado interino, en esta ocasión, temporalmente, en San Pedro de Laroá (Xinzo de Limia); en el año anterior había ejercido en Chamusiños (Trasmirás). Con el fin de corregir estos sesgos injustos en las oposiciones, se implantó un sistema de examen anónimo que permitió a Don José sacar la oposición sin mayor dificultad.

En el año 1932 ejerce ya de Maestro de la Escuela de Niños de Parderrubias:

Sección Administrativa de Primera Enseñanza de la provincia de Orense-Diligencia: Se hace constar por la presente que el Maestro de la Escuela Nacional de Parderrubias en el Ayuntamiento de La Merca Don José Rodríguez Portela número 903 de la segunda lista de Opositores de 1928, ha cumplido con las pruebas reglamentarias a que estaba sometido y según consta en certificación expedida por la Comisión Visitadora con fecha 30 de septiembre de mil nove cientos treinta y dos el mentado Maestro ha demostrado su suficiencia pedagógica y cultural en las enseñanzas de las materias que abarca el plan de estudios de las escuelas primarias, por lo que procede sea alta en el Escalafón del Magisterio“.

Una década después, en el año 1942, es confirmado como Maestro de la  Escuela de Niños de Parderrubias (La Región, 16 de enero de 1942). Permanecerá en Parderrubias hasta el año 1955 (véase Nuestra Escuela de Parderrubias), al ser relevado por Don José Martínez Sousa, pasando a ser titular de la Escuela de Piñor (Concello de Barbadás). Estuvo, por tanto, al frente de la Escuela de Parderrubias durante 23 años.

Junta Local de Primera Enseñanza del Ayuntamiento de La Merca. Certifico: Que en el día de la fecha, cesa en el cargo de Maestro Propietario de la Escuela Nacional de Parderrubias, Don José Rodríguez Portela, en virtud del concurso de traslado, por haber sido nombrado para Piñor en el Ayuntamiento de Barbadanes. Y para que conste extiendo la presente en La Merca a treinta y uno de agosto de mil novecientos cincuenta y cinco“.

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Recién llegado a Parderrubias, el Maestro “Có” reside en O Outeiro, en donde entabla buena amistad con el señor Eleuterio, y con la Señora Amalia y su hija Flora, alojándose en la casa de la Tía Merenciana, la cual vivía con su hijo que ejercía de médico en el pueblo vecino de A Venda-Soutopenedo. Con el tiempo esta casa sería adquirida por la Señora Pepa y el Señor Gumersindo; todavía hoy se puede observar su largo corredor. Con posterioridad, muda su residencia al lugar de A Manadela, en el pueblo de A Iglesia. Aquí se aloja en una casa más pequeña, construcción típica de Parderrubias, propiedad de la Señora Josefa Seara, a quien paga una pequeña renta. Esta casa tiene la peculiaridad de compartir las escaleras con la colindante, algo habitual en muchas de las edificaciones antiguas de nuestro pueblo. En la actualidad, esta casa pertenece a la familia de Gonzalo Outumuro y Consuelo Rodríguez. Aquí en A Iglesia era habitual verlo compartir el tiempo, y la mesa en ocasiones, con el Señor Francisco (O Carapucho).

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Casa de O Outeiro en la que residió inicialmente Don José Rodríguez Portela
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Casa de A Manadela (en A Iglesia)  en la que vivió Don José Rodríguez Portela
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Ventana de la casa de A Manadela (en A Iglesia) desde la que se divisa O Outeiro

Su medio de transporte habitual en Parderrubias era su bicicleta, una de las primeras que se dejaron ver por el pueblo. En ella se acercaba a Ourense, a su pueblo natal y, en ocasiones, a la propia escuela de O Trabazo. Se dice que los habituales pinchazos, consecuencia de las pésimas condiciones de los caminos de esa época, los solventaba atando un trapo a la llanta y sujetándolo con firmeza a los radios de la rueda.

Entre sus actividades preferidas destacaba la de recolectar setas en las fincas cercanas, para lo cual madrugaba. Las consideraba un manjar. En la época de las cerezas era habitual encontrarlo comiéndolas con un trozo de pan a la sombra de los cerezos que Os Escultores tenían enfrente de la casa. Fue también el primer vecino de Parderrubias en disponer de una máquina para picar la carne, herramienta tan útil en la época de las matanzas y que prestaba desinteresadamente a los vecinos que la necesitaban. El Maestro “O Có” en los duros inviernos de nuestro pueblo usaba habitualmente una capa. Se dice que era la misma que había vestido el día de su graduación como maestro.

A la edad de 65 años, después de ejercer como maestro más de cuarenta, se jubila, pasando sus años de retiro en el barrio ourensano de Mariñamansa. Ya, a una edad avanzada, a los 72 años, el 13 de septiembre de 1967 se casa en la iglesia de San Miguel de Soutopenedo con Dorinda Pascual Grande natural de Montelongo. Durante la larga etapa de noviazgo, Dorinda tomaba todos los domingos el coche de línea en As Campinas para visitar a Don José en Ourense. Cabe reseñar la anécdota de que el día de la boda se olvidaron las alianzas, teniendo que pedirlas prestadas para salir del paso. Fallece el 21 de marzo de 1972 a los 77 años de edad, siendo sepultado en el cementerio parroquial de San Miguel de Soutopenedo.

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Sepultura de Don José Rodríguez Portela

El Maestro

Fueron muchos, y prácticamente imposible de cuantificar, los alumnos que pasaron por  la escuela de Parderrubias con Don José Rodríguez Portela, “O Có”. Por citar algunos de ellos: Alfredo Fernández, Benigno Fernández, Fino Fernández, José Fernández, José Luis Fernández, Jaime Freire, José Germán Freire, Juan Freire, Bautista Garrido, Aurelio González, Alfonso Grande, Celso Grande, Claudino Grande, Delmiro Grande, Isidro Grande, Jaime Grande, José Grande, Manuel Grande, Modesto Grande, Serafín Grande, Sergio Grande, Manuel Gulín, José Iglesias, Antonio Lorenzo, José Lorenzo, Manuel Lorenzo, Manuel Lorenzo (hijo de Soledad), Nicanor Lorenzo, Celso Martínez, Adolfo Outumuro, Benito Outumuro, Isolino Outumuro, José Outumuro, Joaquín Pazos, Raúl Pazos, Fernando Pérez, Ramón Quintas, Eliseo Rodríguez, Manuel Rodríguez, Fernando Sampedro, José Seara, Valentín Seara, Avelino Sierra, Benigno Sierra, César Sierra, José Sierra, Manuel Sierra, Paulino Sierra, Serafín Sierra, Benito Suárez, Manuel Suárez, Adolfo Sueiro, etc.

[NOTA: si algún lector fue alumno o conoce a alumnos de Don José Rodríguez Portela en Parderrubias, puede contactar con los autores del artículo con el fin de incluir sus nombres en esta lista].

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Escuela de Parderrubias

Sus ex-alumnos, desde la perspectiva que da el paso del tiempo, describen al Maestro “Có” como un hombre sencillo, muy buena persona (un bonachón), afable, muy inteligente, pero con escasa autoridad para imponer la disciplina en el aula. A ello se unía su despreocupación por el cuidado personal. Una de las consecuencias de esa falta de autoridad entre su alumnado, debida en gran parte a su carácter de bonachón, es que en ocasiones era objeto de abusos y mofas por parte de sus propios pupilos, incluso de estudiantes de Magisterio que venían hacer sus prácticas a la Escuela de Parderrubias. El caso de los caramelos laxantes ofrecidos por estos aprendices de maestro constituye un buen ejemplo de ello.

Su método de enseñanza era integral, ameno, pero a su vez desorganizado y falto de disciplina. A pesar de ello, fue el impulsor del desarrollo personal de varias generaciones y, entre otras virtudes, supo transmitir el respeto hacia los mayores. Fue capaz de incentivar el interés  por la lectura, los números y  los conocimientos sobre el universo. Su mayor obsesión era la caligrafía: que sus pupilos escribiesen bien. Todos sus alumnos procedían del campo, hijos de labradores, muchos de los cuales mostraban mayor interés por el “sacho” y el arado que por los libros. Pero a pesar de todo ello, consiguió alfabetizar a todos y supo despertar las capacidades de algunos, que con el paso del tiempo llegaron a docentes o curas. Por la noche enseñaba a leer y a escribir a personas mayores analfabetas, y capacitaba en dichas aptitudes a aspirantes a la Guardia Civil, que acudían a él desde pueblos cercanos.

Se le critica el hecho de que prestase más atención a aquellos escolares que mostraban mejores aptitudes y/o actitudes, manifestando menor interés por los menos motivados por formarse. Esta crítica debe entenderse en el contexto que le tocó vivir. Sin duda, eran tiempos muy difíciles, en los que en muchos de los casos, las necesidades básicas estaban por encima de la educación y la cultura. En ese contexto de la posguerra, la máxima de que “la letra con sangre entra” estaba asumida por docentes, alumnos y padres. En una ocasión, reprendiendo de forma enérgica y efusiva a uno de sus alumnos que no terminaba de integrar los conocimientos de ese día,  llegó a fracturarse un brazo al golpear la mesa por no acertar con el pupilo, pues éste se apartó mostrando unos excelentes reflejos. Previsiblemente, ese brazo maltrecho fuese “compuesto” por la Señora Luzdivina de O Alcouzo.

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Texto de El Primer Manuscrito

Las inspecciones a las que eran sometidos los maestros de la época, anualmente, recogen recomendaciones a Don José Rodríguez Portela con el fin de mejorar la calidad docente, Así, el informe firmado el 20 de enero de 1947 por la Inspectora indica expresamente:

Al profesor que dirige esta Escuela, Don José Rodríguez, se le recomienda la adquisición de libros de lectura que reúnan las condiciones pedagógicas a que se ha hecho mención, con el objeto de que posea instrumentos de enseñanza adecuados y con ayuda de los cuales pueda conseguir que los niños, a él confiados, lleguen a leer con inteligencia y corrección. No olvidará el Profesor que el comentario del texto leído, la explicación del significado de las palabras desconocidas a los escolares juntamente con lecturas modelo que ha de ofrecerles, serán los recursos a utilizar a aquel fin y en cuya utilización el factor constancia juega decisivo papel”.

En abril del siguiente año, en 1948, se elogiaban los avances del Maestro:

El Señor Portela se ha preocupado de poner en práctica las orientaciones dadas por la Inspección en la reunión pedagógica celebrada al efecto en los comienzos del presente curso escolar. En donde se aprecian los mayores éxitos del Sr. Portela es en su preocupación por ajustarse en su hacer escolar a las directrices señaladas en la enseñanza de la geografía nacional, materia en la que los escolares han demostrado poseer conocimientos correspondientes a su edad”.

Sin embargo, este mismo informe, una vez destacados los aspectos positivos, vuelve a recordar la necesidad de la adquisición de libros de texto:

Procede ahora que el Profesor amplíe el margen de sus actividades docentes dedicando sus afanes a procurar a sus alumnos una completa instrucción en cuya tarea ha de auxiliarle el uso discreto de libros de texto que deberá poseer la escuela por los medios sugeridos”.

E incide en la cuestión disciplinar:

La trascendencia de buenos hábitos disciplinarios aconseja se preste el mayor celo para su formación y desarrollo, por lo que el Sr. Portela no descuidará este aspecto de la educación infantil”.

La Inspección del 19 de octubre de 1949 hace recomendaciones muy concretas sobre hábitos que debían mejorar:

Después de comprobar el estado en que se haya la enseñanza en esta Escuela Nacional de Niños de Parderrubias y visto su marcha general se ha recomendado al Sr. Portela, que continúa siendo su maestro propietario, conceda una mayor importancia al trabajo personal de los escolares en relación con los temas que diariamente son objeto de sus explicaciones, ejercitando a los niños en la tarea de resumir lo estudiado con el Profesor, aplicar a casos concretos la doctrina expuesta, en hacer composiciones escritas, etc. Todos estos trabajos con la fecha correspondiente se conservarán en los cuadernos de clase. Parderrubias. 19-10-1949. La Inspectora”.

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Informe año 1949

En julio de 1950, el Informe de Inspección alude, entre otras cuestiones, a la disciplina escolar:

“…su labor se desenvuelve de una manera normal en cuanto a la marcha de las clases. Pero resulta menos eficaz la tarea si se mira al esfuerzo del profesor por llevarla a cabo debido, tal vez, a la benevolencia y tolerancia que suele tener con respecto a los trabajos de los escolares, cuya ejecución obedece en parte al capricho en los dibujos a falta de disciplina en la conducta escolar de los alumnos. Conviene vigilar estos trabajos y exigir pulcritud y esmero en su ejecución para que resulten educativos y al  propio tiempo den una idea más adecuada de la finalidad que con ellos se persiguen. También interesa hacer ejercicios frecuentes de cálculo mental con aplicación de las operaciones fundamentales de la aritmética a la resolución de sencillos problemas con  números enteros y decimales, y ejercicios de redacción sobre temas estudiados o lecturas comentadas en la escuela…”.

Años después, en 1954, el Inspector redacta el correspondiente informe anual en el que se deja entrever el estado en el que se encontraba la Escuela de Parderrubias en esos momentos:

“…el Sr. Maestro Don José Rodríguez Portela es sin duda bien intencionado, pero no tiene suficiente constancia ni da orden ni pleno sentido a las actividades escolares. Es urgente y fundamental que la escuela esté limpia y los libros y enseres ordenados, pulcros,… Es también urgente reponer libros y mapas. Hay insuficientes y en parte inadecuados. Hay que enseñar todas las materias del programa, sin excepción alguna. Conviene hacer práctica la enseñanza,… Que el maestro tenga en cuenta las normas dadas por la Inspección. Esta Escuela deberá salir del estado de evidente postración en el que se haya. El Sr. Rodríguez Portela se ha dejado ganar por la rutina y es preciso que deje entrar aires de renovación en sus actividades. Parderrubias, 12 de febrero de 1954. El Inspector”.

Juegos y anécdotas escolares

Entre los juegos escolares típicos de esa época, en los que participaba el propio maestro de forma activa con sus alumnos, destacaba “a cadea”. Se formaba una cadena humana que se desplazaba veloz para apresar a alguien. El que rompía la cadena tenía que echar a correr, pues el resto de participantes acabarían aporreándole y golpeándole por su torpeza, siendo el objetivo prioritario en muchas ocasiones el propio Maestro, mientras éste gritaba “así no, có, así nooo”. Otro juego en el que participaba el Maestro era la “porqueira”, que consistía en introducir, mediante un palo, una piña en un agujero hecho en la tierra. Todos estos juegos terminaban con los alumnos embarrados en los múltiples charcos y lodazales que había alrededor de la Escuela de O Trabazo. Antes de entrar de nuevo al aula, la limpieza se limitaba a enjuagarse en una poza cercana que había y sacudirse el barro con las propias manos. Cabe destacar también, como estampa que recuerda alguno de sus pupilos, las ocasionales peleas a pedradas entre los alumnos de un pueblo y otro, antes de entrar al aula, mientras el Maestro abría paso con una vara con el fin de poder cruzar el umbral de la puerta de la escuela.

Las anécdotas cotidianas en la escuela del maestro “Có” son innumerables. A modo de ejemplo, destacamos la predicción que llegó a hacer sobre la preñez de un burro macho, ocurrencia que fue objeto de mofas y risas; el llevar en comitiva la bandera de la escuela hasta el río; el ir los alumnos mayores a buscar agua a la Fonte do Cano y ya no regresar; el esconderse los estudiantes en el suelo mientras explicaba las lecciones de Gramática, Aritmética o la Sagrada Escritura; el adelantar la hora de salida debido a que Aurelio González, aprovechando cualquier descuido del Maestro, avanzaba una hora las agujas del reloj; etc. También era motivo de risas y jolgorio dentro de la escuela, el hecho de que el Maestro saliese a orinar fuera, junto a las ventanas, para de esta manera seguir vigilando a los escolares dentro del aula.

Conclusiones

En definitiva, Don José Rodríguez Portela, “O Có”, es un personaje del que la mayoría  de vecinos de Parderrubias hemos oído hablar y al que nuestros mayores aluden en muchas de sus conversaciones. “O Có” fue un buen maestro que pasó por nuestro pueblo, Parderrubias, al que en muchas ocasiones las circunstancias le superaron debido a su falta de autoridad y al duro período de la posguerra que le tocó vivir entre nosotros.

A pesar de todas las limitaciones y dificultades señaladas, alfabetizó a varias generaciones de Parderrubias, muchos de cuyos integrantes estaban más interesados en ayudar a sus familias en las tareas agrícolas que en los libros. Sin duda alguna, su labor en nuestro pueblo da derecho a Don José Rodríguez Portela, “O Có”, a gozar de un hueco en la historia de Parderrubias y a formar parte del grupo de Personas Relevantes.

Don José Rodríguez Portela, “O Có”, ha sido el Maestro de Parderrubias artífice de la transición de los niños de  la Guerra y la Posguerra a los éxitos de los escolares de las siguientes décadas.


Nota. Los autores mostramos nuestro agradecimiento a todas aquellas personas que nos han proporcionado la información que nos ha permitido hilvanar este artículo.

 

 

 

 

 

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