Canastros de Parderrubias

Canastros de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

Os canastros son, hoxe, unha reliquia da arquitectura popular” (Araújo Iglesias, 1997)

Una de las imágenes más típicas de la Galicia rural es la de sus canastros (hórreos o cabaceiros). El uso de un término u otro depende de la zona geográfica. En el Sur de Galicia, concretamente en Parderrubias, por su proximidad a Portugal, se emplea de forma generalizada la expresión “canastro” para aludir a estas construcciones rurales.  La palabra “canastro” proviene del latín “canistrum“, que significa canasta o cesto de mimbre. La asociación de esta expresión con el hórreo proviene del arte de elaboración de sus paredes.

Galicia 056
Canastro en A Iglesia

Según el historiador Xaquín Lorenzo (O Xocas), su origen podría situarse en los antiguos castros. En las Cantigas de Santa María (1280), de Alfonso X el Sabio, aparece una ilustración de canastros similares a los que actualmente se dibujan por toda la geografía de Parderrubias. Su auge y desarrollo se alcanza en el siglo XVI con la llegada del maíz desde el Nuevo Mundo.

Cantigas de Santa María. Fotografía recuperada de https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/69/Cantiga_de_Santa_Maria_CLXXXVI_-_Horreos.jpeg
Cantigas de Santa María

El canastro es una construcción hecha para conservar y guardar, básicamente el maíz (millo), aunque también se puede emplear para almacenar otros productos, con el fin de aislarlos de la humedad y de los animales. Para ello, se levanta sobre pilares (entre cuatro y seis) y sus paredes dejan pasar la ventilación a través de ranuras. En otros tiempos, la riqueza de una familia se medía por el número de pilares que tenía su canastro. En zonas húmedas, como Galicia, no se podría conservar el maíz de otra manera. Su forma y materiales varían de una zona geográfica a otra. En Parderrubias todos tienen una estructura similar. Se trata de una construcción de reducido tamaño de forma rectangular, sobre pilares y con tejado a dos aguas. Los pilares son de granito, el piso de madera, las tablas que forman las paredes son de madera de castaño y las tejas de cerámica son curvas. En la pared frontal se sitúa la puerta. Su longitud puede variar, pero el ancho es similar en todos ellos: 1,30-1,50 metros.

En su obra de obligada consulta, “A Merca. Antropoloxía dun Concello Galego“, Araújo Iglesias (1997) realiza una excelente descripción del típico canastro de Parderrubias:

Va sostenido sobre cuatro o más pies de piedra, según su longitud. Dos pies van siempre en las dos esquinas y si es más largo puede llevar en el medio otras dos o cuatro. Sobre estos pies, que suelen ser habitualmente redondeados, descansan unas piedras planas en las que, a su vez, reposan las vigas del piso y las de altura. El tejado o cubierta se arma como el de las casas, con una viga cumbre que se apoya mediante pontones en vigas que, a su vez, son sostenidas por los balaustres verticales que se sostienen en las primeras vigas. Estos balaustres verticales, que dejan un boquete entre sí para la ventilación, van reforzados con una cinta horizontal de madera.

El canastro va a dos aguas. Entre la viga cumbre y las vigas laterales van los pontones sobre los que se clavan las tablas o latas que tienen que sostener las tejas. El piso es de madera. Está formado por tablas clavadas sobre pontones. En uno de los lados pequeños va la puerta, hecha de la misma manera que el resto de paredes. Los pies cónicos que sostienen el canastro en el aire llevan, en muchos casos, un revestimiento de lata para defender el interior del canastro contra los ratones. El ancho del canastro está en torno a 1,30 y 1,50 m., y de altura andará por los dos metros. En el lado de la puerta debe llevar una pequeña escalera para poder subir cómodamente al interior“.

En la Parroquia de Parderrubias, a fecha de hoy, se pueden observar todavía 82 canastros, en mejor o peor estado de conservación, repartidos por todos los pueblos que forman la Parroquia: veinticinco en A Iglesia, veinticinco en Barrio, quince en O Outeiro, nueve en Nigueiroá, dos en A Carretera y dos As Campinas; además, se pueden contabilizar los restos de otros nueve (cuatro de ellos en A Iglesia). Teniendo en cuenta el tamaño poblacional de Parderrubias, se trata de un número muy considerable. Desde cualquier perspectiva de la Parroquia es imposible no avistar algún canastro.

En ocasiones, los canastros se construyen al lado de la casa familiar, en un lugar aireado y soleado, y así nos encontramos con canastros solitarios en As Campinas o en Barrio, por ejemplo. Pero también existen conjuntos formados por varios canastros situados en zonas ventiladas (las airas, tan típicas de Parderrubias), como ocurre en A Iglesia, Barrio o Nigueiroá. Su uso puede ser exclusivo de una sola familia o compartido por varias.

Canastro en Nigueiroá
Canastro en As Campinas
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Conjunto de canastros en A Iglesia
Aldea
Conjunto de canastros de A Iglesia

Lamentablemente, debido a que ya apenas se cosecha maíz en la Parroquia, muchos de estos canastros se encuentran muy deteriorados por el paso del tiempo, la falta de uso y de mantenimiento, cayendo ya algunos en el completo abandono por parte de sus propietarios. En cambio, otros han sido restaurados y siguen cumpliendo con su honorable función de resguardar las espigas doradas de la humedad y de los roedores. Ojalá puedan seguir haciéndolo durante mucho tiempo y que aquellos que ya dejaron de estar operativos puedan ser restaurados para disfrute y admiración de las generaciones venideras. Ya en 1997, Araújo Iglesias planteaba la necesidad de que el Concello y/o la Dirección General de Patrimonio Cultural hiciese todo lo posible para conservar estas reliquias. Dicho queda y, a quién corresponda, que tome debida nota.

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Perspectiva de canastros en A Iglesia
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Perspectiva de canastros en O Valdemouro
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Perspectiva de canastros en O Outeiro
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Perspectiva de canastros en O Outeiro
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Perspectiva de canastros en Barrio
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Perspectiva de canastros en Barrio

Referencias

Araújo Iglesias, M. A. (1997). A Merca. Antropoloxía dun Concello Galego. Vigo: Ir Indo.

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