Categoría: Religiosidad

Religiosas de Parderrubias en Perú. Por Aurora Outumuro Sierra y Conchita Grande Fernández

Parderrubias ha sido a lo largo de su historia cuna de muchos religiosos y religiosas. Desde este Blog queremos tener un lugar para reconocer su labor allá en donde estén.

En esta ocasión, desde el otro lado del Océano Atlántico, contamos con una colaboración muy especial de dos religiosas de Parderrubias que llevan gran parte de su vida en Perú, y a las que tengo un especial afecto: Aurora Outumuro Sierra y Conchita Grande Fernández. Tuve la oportunidad de compartir con ellas momentos muy emotivos allá en las queridas tierras peruanas, pudiendo conocer el trabajo ensalzable y conmovedor que vienen llevando a cabo desde hace varias décadas. El concepto de “solidaridad”, que está tan de moda en la actualidad, lo llevan poniendo en práctica desde hace muchísimo tiempo, lejos de su familia, de su pueblo, de sus raíces, y casi siempre en silencio, sin hacer ruido, sin propaganda. Ello me llevó a pedirles que nos regalasen una pequeña muestra de sus experiencias y de su vida con el objetivo de conocer mejor su trabajo dedicado a los demás, especialmente a los más necesitados y, de este modo, poder reconocerlo y valorarlo en su justa medida.

Muchas gracias, Aurora, muchas gracias, Conchita, por aceptar la invitación.

Juan Carlos Sierra Freire

 

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Aurora, Juan Carlos y Conchi en Lima (Perú)

Religiosas de Parderrubias en Perú. Por Aurora Outumuro Sierra y Conchita Grande Fernández

Aurora Outumuro Sierra y Conchita Grande Fernández, vecinas de Parderrubias, acogemos con gusto la invitación que nos hace Juan Carlos para compartirles algo de lo que ha sido nuestra permanencia en Perú, país que nos acogió con tanto cariño hace ya 54 años, y en el cual nos sentimos orgullosas de vivir y poder compartir la vida con una gente tan hospitalaria.

Yo, Aurora, salí de España en el año 1959 con destino a Cuba, en donde estuve dos años. En 1961 salí rumbo a Lima, capital del Perú, país en el que permanezco hasta el día de hoy. Esos dos años en Cuba han estado marcados por la incertidumbre y el desconcierto. He vivido parte de la transición (Revolución) por la que pasó Cuba. Cuba tenía “todo”, luego “nada”, ni la libertad para poder expresar los sentimientos. Familias que de la noche a la mañana se quedaron sin nada. Fueron años de mucho dolor para el pueblo cubano. Y  junto con ellos, hemos sufrido todos y todas.

Yo, Conchita, desde el mismo año 1961 permanezco aquí en Perú. En aquella época los viajes se hacían eternos, pasábamos casi un mes en un barco, pero al llegar a estas tierras, las hermanas nos recibían con mucho cariño y mucha alegría, lo que nos ayudó a dejar a un lado la morriña de nuestro pueblo Parderrubias y de nuestra patria.

El Señor nos ha llamado desde muy jóvenes a seguirle de cerca y nos regaló la vocación de “Siervas de San José”. Hicimos el Noviciado en Ourense y enseguida fuimos destinadas a esta tierra.

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Catedral de Lima, Perú

Geográficamente hablando, Perú se divide en tres grandes regiones, muy distintas entre sí en cuanto a costumbres y cultura: la Sierra, la Costa y la Selva. Nosotras hemos trabajado en las tres regiones, pues la Congregación tiene presencia en todas ellas, a través de la Educación, la promoción de la mujer trabajadora pobre y la labor en comunidades indígenas. No hemos coincidido en la misma época en los diferentes lugares, pero no era difícil la comunicación. En cada una de ellas tuvimos que adaptarnos a su ritmo de vida, y cada cual nos ofreció su encanto en sus variadas celebraciones, sobre todo, en su música y folclore. Perú es un pueblo acogedor, hospitalario, festivo,… lleno de colorido en sus fiestas, que nos hace gozar y celebrar de verdad, de verdad.

Yo, Aurora, los años que más recuerdo son los pasados en la selva, años convulsionados, debido al terrorismo tan fuerte, muertes…, muchas muertes inocentes. La gente vivía aterrada y llena de miedo. Acompañamos al pueblo durante estos años difíciles y de dolor. Visitamos a muchas familias, ayudándoles en lo que podíamos para llevarle un poco de consuelo y esperanza.

Nuestro trabajo principal ha sido la enseñanza en los colegios y  la evangelización de los pueblos visitando comunidades, escuchando a la gente, visitando enfermos, presos y ancianos, llevándoles la palabra de Dios, y toda la ayuda posible, según sus necesidades. Todo esto les animaba a sobrellevar tantas cargas familiares que deben afrontar, la pobreza, a veces maltratos, la exclusión, etc. Ante la impotencia que a veces se siente ponemos  todo en manos de Dios, pues es lo mejor que podemos hacer. Él nos sostiene y anima en este proceso de acompañamiento al pueblo. Nos sentimos muy felices de haber podido poner nuestro grano de arena en la construcción del Reino.

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Iglesia de San Francisco, Lima, Perú

Ahora estamos ya jubiladas y compartimos la misma Comunidad en Lima. Es otro estilo de vida, colaborando en los trabajos de la casa, atendiendo a lo que se presenta y elevando cada día nuestra oración por la realidad de nuestro mundo tan convulsionado por las guerras, la pobreza, etc. Y apoyando a nuestras hermanas que trabajan en Provincias.

Sin olvidarnos en nuestras oraciones de nuestro querido pueblo, Parderrubias, al que le debemos tantas cosas buenas que nos ha enseñado cuando éramos niñas y en los reencuentros cuando visitamos a la familia. A sus vecinos les agradecemos su colaboración solidaria en beneficio de muchos niños del Perú, lo que nos permite continuar con comedores escolares.

Una de las experiencias  bonitas que hemos tenido en estos últimos años fueron las visitas de mi primo Juan Carlos. La primera vez compartimos unas horas en Urcos, Provincia del Cuzco. En la segunda pasamos juntos un día entero en Lima. Gracias Juan Carlos por una visita cariñosa y cercana. Poco tiempo, pero muy emotivo el encuentro. Otra visita, fue la de Pablo a su tía Conchita, también un momento de mucha alegría, pudiendo compartir la vida aquí en nuestra casa, donde todos los que llegan de la Patria son BIENVENIDOS.

Un abrazo fuerte a cada vecino y vecina de Parderrubias.

Aurora Outumuro y Conchita Grande

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Laguna de Urcos, Cuzco, Perú
Cruceiros de Parderrubias

Cruceiros de Parderrubias

Por Juan Carlos Sierra Freire

 

Los cruceiros constituyen, sin lugar a duda, una de las manifestaciones más típicas de la arquitectura popular gallega (de hecho, están protegidos como patrimonio artístico-cultural). Se estima que existen en torno a 12.000 a lo largo de toda la geografía de la Comunidad. En el Concello de A Merca, Araújo Iglesias en el año 1997 cataloga 16 cruceiros: uno en Corvillón, tres en Entrambosríos,  uno en Faramontaos, uno en A Manchica, dos en Parderrubias, uno en Olás, uno en Pereira de Montes, tres en Vilar de Paio Muñiz-A Merca y tres en Zarracós.

El cruceiro es una cruz de piedra, de dimensiones variables, que se coloca en el cruce de caminos, atrios y en lugares cercanos a iglesias, ermitas o cementerios. «Suele alzarse sobre una plataforma con peldaños y tiene esculpido el crucifijo y, frecuentemente además, la Piedad o Quinta Angustia» (RAE). Según Araújo Iglesias (1997), está formado por una plataforma, un pedestal, el fuste, el capitel y la cruz. Todos estos elementos están claramente identificados en los cruceiros de Parderrubias. 

«Se levantan sobre una plataforma compuesta por varias gradas de sillería. Sobre ellas va un pedestal en un solo cuerpo, normalmente liso, aunque no siempre. Pegada a la base, va en algunos casos, una mesa de piedra destinada a colocar las imágenes de santos (o también la custodia del Santísimo, cuando se trata de la procesión del Corpus). El fuste que encaja en el pedestal viene a ser una vara de formas prismático-octogonales o cilíndricas; puede ser simple sin adornos, o llevar aditamentos decorativos. El capitel resulta muy difícil de clasificar, pues responde mucho a la capacidad imaginativa de los autores. La parte mas sustantiva del cruceiro es, naturalmente, la cruz. En el anverso se representa a Cristo crucificado, que puede ir solo o acompañado. El reverso puede ir limpio, pero casi siempre lleva una representación, teniendo preferencia la imagen de la Virgen María» (Araújo Iglesias, 1997, p. 280).

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Según Castelao (1950), lo correcto sería denominar «cruceiro» a la cruz solitaria y «calvario» a monumentos con episodios de la pasión de Cristo. Es decir, a lo que comúnmente denominamos en Parderrubias O Cruceiro de O Trabazo, es es realidad un Calvario. El propio Castelao alude al cruceiro como una «oración de piedra» o un «perdón del cielo». El cruceiro es un objeto sagrado, así como el lugar en el que se encuentra, pues actúa como instrumento de sacralización y cristianización. Por ello, según Araújo Iglesias (1997), se ubican en los cruces de caminos que eran lugares de superstición y de viejos cultos, en los mismos caminos con la finalidad de proteger a los caminantes, en el campo de la feria o en el mercado para proteger a los animales e, incluso, en lugares en los que se había producido alguna muerte violenta, con el fin de evitar que las almas errantes de las víctimas pudiesen hacer daño a los transeúntes. Sus orígenes se sitúan en plena Edad Media (siglo XIV), alcanzando su mayor auge y esplendor entre los siglos XVII y XIX.

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En Parderrubias destaca un bello calvario, ubicado en O Trabazo, formado por un conjunto de tres cruceiros y un altar en el del centro. A este lugar llega todos los años la procesión de Corpus Christi, función que cumplen muchos cruceiros de este tipo en Galicia. En el siglo XIX existía un Calvario o Viacrucis (serie de cruces) que iba desde la iglesia parroquial hasta este monumento de cruceiros de O Trabazo. Se cuenta que su final fue trágico. Un Párroco de esa época intentó vender todas esas cruces que formaban el Calvario en contra de la opinión de sus feligreses, quienes mostraron una férrea oposición a ello. La noche anterior a ser retiradas por el supuesto comprador, los vecinos las rompieron. El conjunto de Cruceiros de O Trabazo fue restaurado en el año 2008. En las dos primeras fotografías -cedidas por Manuel Outumuro Seara- se puede observar su estado antes de esta restauración, mientras que en las siguientes vemos su estado actual.

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Como hemos comentado, un enclave habitual de los cruceiros gallegos son las encrucijadas de caminos con el fin de proteger a los caminantes. El cruceiro ubicado en O Alcauzo podría responder a esta función, al situarse en la bifurcación del camino que conduce a la iglesia Parroquial y el que lleva a O Alcauzo.

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Entre o cruceiro vou indo
e del non me sei volver.

Somos terra de cruceiro,
somos coroa esquecida,
somos bágoa d'outro peito.
(María Mariño, 1963).

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Desde el Calvario de O Trabazo
Referencias

Araújo Iglesias, M. A. (1997). A Merca. Antropoloxía dun Concello Galego. Ir Indo Edicións.

Castelao, A. (1950). As cruces de pedra na Galiza. Editorial Nós.